{"id":403300,"date":"2021-02-17T08:06:39","date_gmt":"2021-02-17T07:06:39","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=403300"},"modified":"2020-11-29T11:21:13","modified_gmt":"2020-11-29T10:21:13","slug":"luisa-de-marillac-la-pedagogia-de-luisa-de-marillac-en-su-correspondencia-con-las-hermanas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/luisa-de-marillac-la-pedagogia-de-luisa-de-marillac-en-su-correspondencia-con-las-hermanas\/","title":{"rendered":"LUISA de MARILLAC (IX): la pedagog\u00eda de Luisa de Marillac en su ccorrespondencia con las Hermanas"},"content":{"rendered":"<p><strong>La Compa\u00f1\u00eda en sus comienzos<\/strong><\/p>\n<p>El 29 de noviembre de 1633 Luisa de Marillac acogi\u00f3 en su casa, de acuerdo con Vicente de Pa\u00fal, a cuatro o cinco j\u00f3venes para prepararles para servir a los pobres y enfermos en las Cofrad\u00edas, form\u00e1ndoles para el trabajo de caridad en el aspecto inte\u00adlectual y en el espiritual como \u00abpobres hijas de la caridad, que os hab\u00e9is entregado a Dios para el servicio de los pobres166\u00bb. En los ocho meses siguientes Vicente les dio tres conferencias en las que les expuso el programa y el reglamento que ten\u00edan que seguir en Par\u00eds. Posteriormente, durante seis a\u00f1os ya no les habl\u00f3 m\u00e1s. Fue sobre todo Luisa la que se encarg\u00f3 de su formaci\u00f3n. La corres\u00adpondencia entre Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac nos da mu\u00adcha luz sobre los principios educativos de Luisa y sus intenciones acerca de las Hijas de la Caridad. Esa educaci\u00f3n no era \u00e1rea f\u00e1cil. Esto escribe Vicente de Pa\u00fal a Luisa de Marillac: \u00abNo tengo du\u00addas de que las j\u00f3venes no sean tales como usted las describe, pero es de esperar que ellas \u00abse hagan\u00bb [&#8230;]. Ser\u00e1 bueno que usted les diga en qu\u00e9 consisten las virtudes s\u00f3lidas, sobre todo la de la mor\u00adtificaci\u00f3n interior y exterior de nuestro juicio, de nuestra volun\u00adtad, de los recuerdos, de la vista, del o\u00eddo y de los otros sentidos; de los afectos que tenemos a las cosas malas, in\u00fatiles e incluso a las buenas, y todo ello por amor a Nuestro Se\u00f1or, que hizo lo mismo; y habr\u00e1 que hacerles fuertes en todo ello, sobre todo en la virtud de la obediencia y en la de la indiferencia\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal ve\u00eda con alegr\u00eda y satisfacci\u00f3n el \u00e9xito de los esfuerzos dedicados a la educaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad. Sin embargo la educaci\u00f3n de aquellas campesinas segu\u00eda sien\u00addo para Luisa una tarea exigente, pues nunca se la pod\u00eda dar por terminada. El caer y el retroceder pertenecen a la esencia de la humanidad ca\u00edda. A pesar de todo, al cabo de algunos a\u00f1os Luisa crey\u00f3 ver coronados sus esfuerzos, y as\u00ed escrib\u00eda a Vicente: \u00abFue un d\u00eda tal como ma\u00f1ana cuando las primeras comenzaron a vivir en comunidad, aunque de manera muy humilde hace cinco o sie\u00adte a\u00f1os. Esta tarde he tenido un pensamiento que me dio mucha alegr\u00eda al ver c\u00f3mo, por la gracia de Dios, ellas son mejores que al comienzo, y que, despu\u00e9s de los pocos a\u00f1os que espero vivir sobre la tierra, las gracias que Dios les d\u00e9 atraer\u00e1n sobre ellas m\u00e1s bendiciones por sus buenos ejemplos; eso es lo que deseo de todo coraz\u00f3n y se lo pido a nuestro buen Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Durante esos a\u00f1os y los veinte a\u00f1os siguientes Luisa de Marillac consagr\u00f3 toda su energ\u00eda a su gran obra: la fundaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda, la formaci\u00f3n y la educaci\u00f3n de sus j\u00f3venes. (Esas \u00abj\u00f3venes\u00bb fueron llamadas \u00abhermanas\u00bb desde 1640, por decisi\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal).<\/p>\n<p><strong>La contribuci\u00f3n de Luisa en el terreno de la educaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>El objetivo principal que santa Luisa ten\u00eda en cuenta en el terreno de la educaci\u00f3n se refer\u00eda a la finalidad de la Compa\u00f1\u00eda: el cumplimiento de la voluntad de Dios sirviendo a Cristo en los pobres. Por medio de sus numerosas cartas Luisa conduc\u00eda a las hermanas a comprender el designio de Dios. Para ella todo discu\u00adrr\u00eda alrededor de un punto central: el cumplimiento de la voluntad divina. Su grado de exigencia era muy firme; dec\u00eda que preferir\u00eda que la Compa\u00f1\u00eda despareciera antes que verla desviarse del plan trazado para ella por Dios. Conocer el designio de Dios y obede\u00adcerle supone y exige la fidelidad al esp\u00edritu de nuestra vocaci\u00f3n. Luisa explicaba a las hermanas cu\u00e1n importante era aspirar a en\u00adcarnar las virtudes que caracterizan a una Hija de la Caridad: la humildad, la sencillez y el amor a Dios y a los pobres, la pobreza, la castidad y la obediencia. Toda la riqueza de su pedagog\u00eda reside justamente en su capacidad para explicar todo ello.<\/p>\n<p><strong>Las cualidades personales de Luisa<\/strong><\/p>\n<p>La educaci\u00f3n que hab\u00eda recibido ella misma, su experiencia de la vida, y sobre todo su virtud, su vida espiritual, toda su perso\u00adnalidad, constitu\u00edan la base y el fundamento de su papel de formadora de aquellas mujeres que deb\u00edan aspirar a vivir una vida santa ayudando a los pobres de una manera del todo nueva y viviendo en una comunidad de calidad religiosa.<\/p>\n<p>Luisa establec\u00eda contacto con las hermanas gracias a una cor\u00adtes\u00eda natural fundamentada en el respeto a la persona, y de ah\u00ed brotaba su modestia y su reserva. En definitiva la cortes\u00eda y el respeto a los dem\u00e1s brotan, en el plano religioso, de la virtud de la caridad; la modestia y la reserva, por su parte, son la expresi\u00f3n de las virtudes de la humildad y del altruismo.<\/p>\n<p>Su inteligencia y su experiencia de la vida le permit\u00edan adaptarse r\u00e1pidamente a las vicisitudes de la vida de cada d\u00eda. En la vida diaria es, por supuesto, donde se opera la santificaci\u00f3n, que se halla en el encuentro de dos caminos: el que se cruza con la voluntad divina y el que lleva a un callej\u00f3n sin salida. Luisa co\u00adnoc\u00eda muy bien este dilema. Sab\u00eda modificar los sucesos del d\u00eda a d\u00eda, analizarlos y resolver los problemas para que las hermanas se sintieran implicadas en una relaci\u00f3n directa con Jesucristo. La vida de cada d\u00eda manifestaba a los ojos de Luisa la voluntad di\u00advina. Eso era lo que ella transmit\u00eda a las hermanas. Ese su obrar era tanto m\u00e1s leg\u00edtimo cuanto era s\u00f3lida su propia aspiraci\u00f3n a cumplir la voluntad de Dios. Su deseo absoluto e incondicional de cumplir el designio de Dios, su vida ejemplar, sus acciones, su radicalidad en la pr\u00e1ctica de las virtudes, su gran humildad y su amor a Dios, ninguna de esas cosas pod\u00eda pasar desapercibida para las hermanas. Las hermanas lo ve\u00edan, lo sent\u00edan, lo perci\u00adb\u00edan, y la chispa inflamaba a aquellas j\u00f3venes llamadas a obrar de una manera admirable. Luisa nos impresiona porque utilizaba mil medios para dirigir a las hermanas, para estimularles, para comunicarles su entusiasmo, para animarles, para exhortarles y moverles a obrar.<\/p>\n<p><strong>Los m\u00e9todos educativos de Luisa<\/strong><\/p>\n<p>En primer lugar, saber adaptarse:<\/p>\n<p><strong>Ella sab\u00eda ponerse en el mismo tono<\/strong> de la persona a la que se dirig\u00eda.<\/p>\n<p>Era muy consciente de las diferencias de origen y de nivel cultural entre las hermanas, de sus diversos temperamentos y caracteres. Mientras unas ten\u00edan necesidad de que se les trata\u00adse con severidad, otras necesitaban m\u00e1s bien consuelo y aliento. V\u00e9ase, por ejemplo, lo que escrib\u00eda a una hermana que serv\u00eda a los enfermos en Chars: \u00abCre\u00eda yo que le hab\u00eda dicho a usted con toda claridad que el se\u00f1or Vicente me hab\u00eda dicho que hab\u00eda que dejar de tocar la campana de vuestros actos de comunidad por varias razones que ser\u00eda largo de describir, y que adem\u00e1s no es necesario hacerlo en el caso de usted, que sabe muy bien qu\u00e9 es la obediencia\u00bb. Y sigue explicando qu\u00e9 consecuencias tendr\u00eda para los aldeanos si dos hermanas se dedicaran a tocar la campa\u00adna: \u00abEs imposible que dos hermanas se junten para los actos, o que una pueda asistir con regularidad\u00bb. Y a\u00f1ade otra raz\u00f3n para que no lo hagan: \u00ab\u00bfNo ser\u00eda eso &#8216;tocar la trompeta&#8217; acerca de lo que hacen, cuando el Se\u00f1or nos ense\u00f1a que lo hagamos en secreto cuando se trata solo de nuestro inter\u00e9s personal\u00bb.<\/p>\n<p>Luisa iba directamente al tema y Juliana comprendi\u00f3 muy bien las razones de Luisa. La continuaci\u00f3n de la carta muestra que las dos mujeres se entend\u00edan muy bien: \u00abLe doy gracias, mi muy querida hermana, por la buena fruta, pero como me promete m\u00e1s, le ruego que ponga mucha paja en el cesto, incluso entre las frutas, pues han llegado muy estropeadas. No me ha dicho si el pastel es obra suya; si es as\u00ed, es usted una buena repostera; nuestras enfermas se lo agradecer\u00e1n mucho, y tambi\u00e9n la fruta, cuando le escriban\u00bb.<\/p>\n<p>Nos enteramos as\u00ed de a qui\u00e9n vinieron bien aquellas cosas tan buenas. Al final de la carta Luisa alude, como lo hace con frecuen\u00adcia, a la uni\u00f3n entre la vida diaria y la intervenci\u00f3n divina: \u00abRuego a la bondad de Dios que le conceda aumento de sus gracias, y a la hermana Genoveva un gran deseo de su perfecci\u00f3n, y soy en el amor de Jes\u00fas crucificado, mis queridas hermanas&#8230;\u00bb He aqu\u00ed otro ejemplo de carta que muestra c\u00f3mo Luisa adapta su es\u00adtilo a su interlocutora, y qu\u00e9 bien se ci\u00f1e a la realidad diaria: \u00abMi muy querida hermana: Otra vez ha tropezado usted seriamente, e interpreta la falta de nuestra hermana de manera muy distinta de como es. Esa hermana se hab\u00eda sentido molesta al ver unos gatos alrededor de usted y de ella durante la oraci\u00f3n, y usted dice que le desagradan a otra hermana. \u00a1Dios m\u00edo!, hermana, \u00a1qu\u00e9 amable es la verdad! \u00bfCu\u00e1nto tiempo hace que le dije que se deshiciera de esos animales y usted no ha hecho caso?, \u00a1pero si una hermana deja de obedecerle a usted con prontitud&#8230;! [&#8230;] Consu\u00e9lese con la esperanza de que el retiro le har\u00e1 bien. [&#8230;] Ruegue a Dios que me conceda la humildad&#8217;<sup>75<\/sup>\u00bb. A algunas hermanas no les gustaba este lenguaje directo. Luisa no quer\u00eda atosigarles. Las hermanas ten\u00edan que estar seguras de que Luisa les quer\u00eda y les apreciaba.<\/p>\n<p>Luisa sab\u00eda suavizar los reproches cuando hac\u00eda falta, y trans\u00adformarlos en esos casos en <strong>aliento y est\u00edmulo<\/strong>. Muchas cartas nos dan ejemplos de esa manera de obrar. Por ejemplo, la car\u00adta dirigida a las \u00abSiervas de los pobres enfermos en Chantilly\u00bb: \u00abAlabo a Dios con todo mi coraz\u00f3n por la gracia que su bondad os ha concedido de ser buen olor en ese lugar donde \u00e9l ha querido darles empleo; pero aseguraos de estarle muy agradecidas con la pr\u00e1ctica de las virtudes que os pide, sobre todo por una gran cordialidad y buena inteligencia entre todas. \u00bfMe equivoco, mis queridas hermanas, al recomendaros esa virtud sin la que no solo no ser\u00edais buenas Hijas de la Caridad, sino ni siquiera cristianas? Creo tambi\u00e9n que sois muy exactas en cumplir las reglas, sin que sufra el servicio de los pobres. Este servicio debe ser preferido siempre, pero de la manera debida, y no seg\u00fan nuestra voluntad propia. Os hemos enviado las estampas del a\u00f1o, iguales que las nuestras; esa es la santa que debe ense\u00f1amos nuestro oficio, pues fue tan dichosa de servir a los pobres en la persona de Nuestro Se\u00f1or, as\u00ed como nosotras servimos a Nuestro Se\u00f1or en la persona de los pobres\u201d.<\/p>\n<p>Con finura y con amor Luisa subraya el fin y el sentido de nuestro obrar. \u00a1Qu\u00e9 perseverancia y que tenacidad cuando en toda circunstancia ella recuerda a las hermanas la finalidad de su com\u00adpromiso! Emplea en sus cartas una serie de f\u00f3rmulas que revelan un mundo de pensar sorprendente.<\/p>\n<p>Sus escritos expresan su deseo de suscitar emociones, de despertar el deseo de obrar, de provocar ciertas actitudes y de incitar a las hermanas a tomar resoluciones. Podr\u00edamos resumir esto de modo global en unas palabras y citar este dicho banal: \u00abSe termina por corresponder a la imagen que otros tienen de nosotros\u00bb. Leamos ahora un extracto de una carta dirigida a sor Luisa Cristina: \u00abAlabo a Dios con todo mi coraz\u00f3n por el sincero afecto que su bondad os ha dado a la una por la otra; eso es lo que mantiene la uni\u00f3n y la ayuda mutua [&#8230;] lo que hace que una no hable mal de la otra cuando una da cuenta de la otra, porque si tiene lugar alguna cosa peque\u00f1a en la vida com\u00fan, despu\u00e9s de pedirse perd\u00f3n se olvida todo. [&#8230;] Si ahorr\u00e1is algo se puede de\u00addicar a vuestra manutenci\u00f3n, pues s\u00e9 muy bien que no quer\u00e9is atesorar, por la gracia de Dios. Am\u00e1is mucho la santa pobreza y la confianza en Dios, las dos bases de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad\u00bb.<\/p>\n<p>Luisa expuso, sobre todo en las \u00faltimas cartas, su pedagog\u00eda basada en la educaci\u00f3n <strong>por medio del ejemplo y del aprecio<\/strong>. Le guiaba ciertamente su propia modestia y sobre todo su gran humildad y el respeto a los dem\u00e1s. En su vida, igual que lo hac\u00eda en su correspondencia, Luisa daba un lugar especial al respeto a la persona. Para ella el ser humano ten\u00eda la mayor importancia. Jam\u00e1s dej\u00f3 traslucir ning\u00fan sentimiento de superioridad. Al con\u00adtrario, sus peticiones nos sorprenden, pues sol\u00eda m\u00e1s bien pedir que se rezara por ella para que Dios le hiciera m\u00e1s humilde. Re\u00adcomendaba con mucha frecuencia a las hermanas la mayor hu\u00admildad.<\/p>\n<p>Les exhortaba de manera indirecta a ser humildes, como lo podemos leer en la carta siguiente: \u00abMe parece que hago mal en hablarle de ello, pero le digo que mi incapacidad de obrar me ha hecho ver muy claramente la diferencia que hay entre una hermana sirviente que dice: hagamos, y otra que se contente con decir: haga esto, y no ponga manos a la obra; porque en el primer caso se coloca una en igualdad con sus hermanas, y en el segundo se sustrae una a la igualdad y al trabajo y se refugia en su autoridad. [&#8230;] Creo, hermana m\u00eda, que usted no tiene tiempo para otra cosa ni para otro fin que no sea el servicio de los pobres, y que no se le ocurrir\u00e1 que est\u00e1 obligada a visitar a las personas religiosas o a las damas, a no ser que haya una gran necesidad. Si le sobra algo de tiempo pienso que ser\u00e1 mejor que lo emplee en ganar unos sueldos trabajando para los pobres, o bien instruyendo a alg\u00fan enfermo pobre y dici\u00e9ndole unas buenas palabras para su salva\u00adci\u00f3n, que emplear el tiempo en visitas de cortes\u00eda. [&#8230;] La segu\u00adridad que tengo acerca de su amor y firmeza por su vocaci\u00f3n me anima a decirle con toda franqueza lo que se me ocurre, y a darle todos los avisos que me parece debo darle y que preveo ser\u00e1n de provecho para aquellas de las que creo Dios se quiere servir para hacer subsistir a la Compa\u00f1\u00eda en el esp\u00edritu de la sencillez y de la humildad de Jesucristo. Si no le conociera a usted bien y si no estuviera segura de que recibir\u00e1 bien y con gusto lo que le digo, me cuidar\u00eda muy mucho de portarme con usted de este modo\u00bb. Este texto nos muestra cu\u00e1nto se preocupaba Luisa por el futuro de la Compa\u00f1\u00eda y de la fidelidad al esp\u00edritu de los fundadores.<\/p>\n<p><strong>Qu\u00e9 mov\u00eda a Luisa a ser constante en sus esfuerzos<\/strong><\/p>\n<p>Luisa sent\u00eda sin duda en lo m\u00e1s profundo de s\u00ed misma inquie\u00adtud y preocupaci\u00f3n: \u00bfle llevar\u00eda a Dios aquel camino? Sin em\u00adbargo el texto citado revela su seguridad de haber reconocido la voluntad de Dios y su decisi\u00f3n firme de querer cumplirla. Cuanto m\u00e1s se alejaba del d\u00eda de Pentecost\u00e9s de 1623, tanto m\u00e1s el brillo de la luz de aquel d\u00eda se intensificaba para iluminar las vicisitudes de su vida.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de su peregrinaci\u00f3n a Chartres, que tuvo lugar en 1644, y despu\u00e9s del primer reconocimiento de la Compa\u00f1\u00eda, que fue en principio un grupo de vida en com\u00fan, Luisa, animada por una fe incondicional y movida por una obediencia total, sigui\u00f3 trabajando por el crecimiento y la estabilizaci\u00f3n de su obra.<\/p>\n<p><strong>El conocimiento del plan divino, <\/strong>las indicaciones de Vicente de Pa\u00fal y su rica vida interior se expresan de manera a la vez ma\u00adravillosa y sint\u00e9tica en sus numerosas cartas, que serv\u00edan tambi\u00e9n para la edificaci\u00f3n espiritual de las hermanas. El amor que sent\u00eda por sus hermanas estaba impregnado de fe y humildad; las ve\u00eda como regalos de Dios y como pruebas del cumplimiento de la promesa de Pentecost\u00e9s. Por eso dedicaba toda su atenci\u00f3n a cada una de ellas. Se mostraba enteramente disponible y distribu\u00eda ge\u00adnerosamente los dones de su coraz\u00f3n y de su esp\u00edritu. Educaba, escuchaba, ayudaba, exhortaba, prodigaba sus consejos e imper\u00adceptiblemente animaba a las hermanas a los mayores sacrificios.<\/p>\n<p>Su pedagog\u00eda era <strong>una verdadera educaci\u00f3n para la santi\u00addad.<\/strong><\/p>\n<p>Esperaba mucho de las hermanas y de su capacidad para autoeducarse. Sin embargo, no comprend\u00edan esto todas las herma\u00adnas y algunas eran incapaces de responder a lo que Luisa esperaba de ellas. Por eso escrib\u00eda cartas largas a las comunidades y se dirig\u00eda a cada hermana, llamaba al orden a esta o aquella, alaba\u00adba y animaba a otras. Las hermanas comprend\u00edan bien todo eso; por otro lado, han conservado cuidadosamente sus cartas, pues de otro modo no las tendr\u00edamos hoy.<\/p>\n<p><strong>Objetivos a corto plazo<\/strong><\/p>\n<p>Luisa ten\u00eda que apoyarse en las hermanas que estaban lejos de Par\u00eds. Para ese fin desplegaba todo su talento en el terreno de la sicolog\u00eda. Indicaba, por ejemplo, a las hermanas c\u00f3mo comenzar la jornada, \u00ables ruego que todas las ma\u00f1anas se levanten con<\/p>\n<p><strong>una valent\u00eda renovada <\/strong>para servir bien a Dios y a los pobres; [&#8230;] adoremos y amemos siempre la direcci\u00f3n de la divina provi\u00addencia, \u00fanica y verdadera seguridad de las Hijas de la Caridad\u00bb. Otro tema aparece con frecuencia en sus cartas: exhorta a las her\u00admanas a<\/p>\n<p><strong>soportarse unas a otras. <\/strong>Luisa sab\u00eda cu\u00e1n dif\u00edcil era organi\u00adzar la vida en comunidad, mantener un esp\u00edritu de amor, tratar a las otras hermanas con toda la consideraci\u00f3n y paciencia posibles.<\/p>\n<p>Por otro lado, la bondad y la tolerancia son igualmente impor\u00adtantes en el servicio de los pobres. Luisa describe en una de sus cartas las cualidades necesarias para llevar a cabo el dif\u00edcil tra\u00adbajo de las hermanas: \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1n la dulzura y la caridad que deb\u00e9is practicar con tanta solicitud por nuestros queridos amos, los pobres enfermos? Si nos alejamos aunque sea solo un poco del pensamiento de que ellos son los miembros de Jesucristo, eso ser\u00e1 infaliblemente motivo de que disminuyan en nosotras esas bellas virtudes. [&#8230;] Renovaos, pues, mis queridas hermanas, en vues\u00adtro primer fervor [&#8230;], recordando que \u00c9l os ha conducido por su providencia al lugar en que est\u00e1is, y que deb\u00e9is estar unidas unas a otras para ayudaros mutuamente a perfeccionaros. [&#8230;] Si nuestra hermana est\u00e1 triste, si est\u00e1 apenada, si es demasiado viva o demasiado lenta, \u00bfqu\u00e9 quer\u00e9is que haga, si es ese su natural? [&#8230;] Y una hermana que debe amarle como a s\u00ed misma, \u00bfpuede enfadarse, tratarle con aspereza, ponerle mala cara? \u00a1Oh, hermanas m\u00edas! hay que cuidarse bien de todo ello, y no hacer gestos de que una se da cuenta, no rega\u00f1arle; piensa que bien pronto tendr\u00e1s t\u00fa necesidad de que ella haga lo mismo contigo [&#8230;]; la se\u00f1al de la caridad en un alma es, junto con todas las dem\u00e1s virtudes, el soportar todo\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Darse sin economizar sus propias fuerzas<\/strong><\/p>\n<p>Un poco tiempo despu\u00e9s Luisa escrib\u00eda de nuevo a las her\u00admanas de Angers para animarles a renovar el deseo de una vida virtuosa. Envi\u00f3 una palabra de aliento a cada una. En pocas pa\u00adlabras describ\u00eda las debilidades de car\u00e1cter de las hermanas, y les enviaba la ayuda y el apoyo que necesitaban. Se dirige primero a la hermana sirviente, que probablemente sab\u00eda leer, y esto es lo que pudo ver en la carta de Luisa: \u00ab\u00bfEst\u00e1 usted muy animada? \u00bfHace usted como el buen pastor que pone en peligro su vida por el bien y la conservaci\u00f3n de las ovejas que se le han confiado? As\u00ed lo creo; pues aunque no siempre tenemos ocasi\u00f3n de exponer nuestras vidas, no nos faltar\u00e1n ocasiones en las que ser\u00e1 necesa\u00adrio exponer nuestra voluntad, para acomodarla a la de otras, de romper nuestros h\u00e1bitos e inclinaciones, [&#8230;] de dominar nuestras pasiones para no excitar las de los dem\u00e1s, [&#8230;] para permanecer en la uni\u00f3n estrecha de la verdadera caridad de Cristo crucifi\u00adcado\u00bb. Y luego se dirig\u00eda a cada hermana: \u00abDiga por favor a la hermana Mar\u00eda-Marta que espero que lo sea de nombre y de hecho, pues como se llama Mar\u00eda debe tener una gran pureza, dulzura y modestia, dispuesta a contentar a todo el mundo, y su nombre Marta le obliga a una gran exactitud de la Regla en todos sus aspectos\u00bb.<\/p>\n<p>En una Cofrad\u00eda reci\u00e9n fundada las hermanas tuvieron que superar un sin fin de dificultades; Luisa supo c\u00f3mo darles seguridad y animarles a<\/p>\n<p><strong>mantenerse firmes<\/strong>: \u00ab\u00a1Oh!, mis queridas hermanas, \u00a1cu\u00e1nto consuelo me parece que ten\u00e9is en medio de tanta fatiga! \u00a1Animo! Trabajad en vuestra perfecci\u00f3n y en tantas ocasiones que ten\u00e9is de sufrir, de practicar la dulzura, la paciencia, los rechazos, y de superar todas las contradicciones que encontr\u00e9is\u00bb.<\/p>\n<p><strong>\u00abTened un gran coraz\u00f3n<\/strong>, al que nada se le hace dif\u00edcil por el santo amor de Dios, y de su Hijo crucificado\u00bb.<\/p>\n<p>En aquel tiempo la Fronda hac\u00eda estragos y la miseria de la poblaci\u00f3n tom\u00f3 tales proporciones que no puede menos de asom\u00adbrarnos<\/p>\n<p><strong>la exigencia del compromiso<\/strong> de las hermanas que se dedica\u00adban a actuar en ciertas situaciones de gran desamparo. Advi\u00e9rtase que por otro lado Luisa no intentaba librar a las hermanas de las zonas peligrosas; al contrario, les enviaba a ellas y dejaba que trabajaran en aquellos lugares. Sab\u00eda animarlas y motivarles para que aceptaran los sacrificios m\u00e1s grandes por amor de Jesucristo. Sab\u00eda explicar y justificar esa disponibilidad para la abnegaci\u00f3n. Eso leemos en una carta a las hermanas de Brienne: \u00abEn nombre de Dios mis muy queridas hermanas, no os cans\u00e9is de vuestros sufrimientos&#8230; [&#8230;] Oh, si conoci\u00e9ramos los secretos de Dios cuando nos pone en un estado semejante, ver\u00edamos que ese es el tiempo de nuestros mayores consuelos. Cierto que veis cantidad de miserias que no pod\u00e9is remediar. Dios tambi\u00e9n lo ve as\u00ed, y no act\u00faa para remediarlas. Llevad sus penas con ellos, haced todo lo que pod\u00e1is para darles alguna ayuda, y permaneced en paz. Tal vez tambi\u00e9n vosotras sufr\u00e1is escasez; ese debe ser vuestro con\u00adsuelo, pues si tuvierais abundancia vuestros corazones sufrir\u00edan si usarais de ella, y ver a la vez que nuestros amos y se\u00f1ores sufren tanto. Adem\u00e1s, Dios castiga a su pueblo por nuestros pecados, \u00bfno es razonable que suframos con los dem\u00e1s? \u00bfQui\u00e9nes creemos que somos para pensar que debemos estar exentas de los males p\u00fablicos? Si la bondad de Dios no nos expone a las miserias m\u00e1s grandes d\u00e9mosle gracias, y pensemos que se debe a su sola mise\u00adricordia, y no a ning\u00fan m\u00e9rito\u00bb.<\/p>\n<p>Luisa se preocupaba por las hermanas que se ocupaban de los ni\u00f1os abandonados en el castillo de Bic\u00e9tre. El ej\u00e9rcito hab\u00eda instalado el campamento alrededor del castillo. Luisa expresa su gran preocupaci\u00f3n en una carta, pero intenta a pesar de todo permanecer serena para evitar todo p\u00e1nico y para invitar a las herma\u00adnas a mantener su<\/p>\n<p><strong>confianza en la providencia divina<\/strong>: \u00abMis muy queridas her\u00admanas, estoy segura de que [Dios] os dar\u00e1 a todas suficiente valor para morir antes que permitir que se ofenda a Dios en vosotras, y que vuestra modestia har\u00e1 manifiesto que pertenec\u00e9is al Rey de reyes, a quien todos los poderes est\u00e1n sometidos. Manteneos siempre juntas y cuidad mucho a las ni\u00f1as mayores, a las que deb\u00e9is tener siempre ante vuestra vista o dentro de la escuela, incluso cuando no est\u00e9is trabajando en ella. \u00c1nimo, mis queridas hermanas, y qui\u00e9n debe tener m\u00e1s \u00e1nimo que vosotras, pues est\u00e1is en situaci\u00f3n de sufrimiento porque est\u00e1is practicando la caridad. \u00a1Oh!, \u00a1c\u00f3mo agrada al Se\u00f1or el ver los sentimientos de amor que brotan de vuestros corazones, la sumisi\u00f3n a su voluntad santa, que acepta todo lo que ella quiere en vosotras y de vosotras. No dudo que todas habr\u00e9is pensado en hacer una buena confesi\u00f3n con todas los actos necesarios, pero sobre todo con el de ser sier\u00advas fieles en el futuro y renunciar a vosotras mismas m\u00e1s que nunca. [&#8230;]\n<p>P.S. Os hablo una vez m\u00e1s de confesar, no porque, mis que\u00adridas hermanas, quiera despertar en vosotras miedo a la muerte.<\/p>\n<p>\u00a1Oh, no!, sino solo para ayudaros a que est\u00e9is siempre en gracia de Dios, de tal manera que siempre tenga \u00e9l puesta en vosotras su mirada\u00bb.<\/p>\n<p>Cuanto m\u00e1s aumentaba el n\u00famero de hermanas y de Cofrad\u00edas, tanto m\u00e1s Luisa ten\u00eda la convicci\u00f3n \u00edntima de que Dios con\u00adduc\u00eda y dirig\u00eda la obra que ella hab\u00eda comenzado. No quedaba m\u00e1s que remover los obst\u00e1culos que imped\u00edan el cumplimiento de la voluntad de Dios. Todo descansaba sobre un principio b\u00e1sico: tener una confianza total en la direcci\u00f3n de la divina providencia y cumplir la voluntad de Dios. Esto es lo que expresa Luisa en una carta a una hermana que se inquietaba y se impacientaba por el giro que estaban tomando los acontecimientos en una nueva Cofrad\u00eda en Ussel: \u00abNo se inquiete si desde hace tiempo no ve usted las cosas como a usted le gustar\u00eda; haga lo que buenamente pueda con gran paz y tranquilidad para permitir el obrar de Dios en usted, y no sufra por todo lo dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>A una hermana pronta a la cr\u00edtica y al desaliento, Luisa envi\u00f3 un programa de santidad que podr\u00eda constituir las bases de nues\u00adtra regla de vida. Aparece en ese texto una idea que Luisa men\u00adciona con frecuencia. Se trata de la justicia divina, que nos castiga severamente cuando descuidamos nuestra vocaci\u00f3n. \u00abQueridas hermanas, que deseo se\u00e1is todas santas para trabajar \u00fatilmente en la obra de Dios, pues no basta ir y dar, sino que hay que tener un coraz\u00f3n libre de todo inter\u00e9s, y no dejar jam\u00e1s de trabajar en la mortificaci\u00f3n general de todos los sentidos y pasiones, y para eso, mis queridas hermanas, debemos tener continuamente ante los ojos a nuestro modelo, que es la vida ejemplar de Jesucristo, a cuya imitaci\u00f3n hemos sido llamadas, no solo como cristianas, sino a\u00fan m\u00e1s por haber sido escogidas por Dios para servirle en la persona de los pobres; sin eso, mis queridas hermanas, las Hijas de la Caridad son las m\u00e1s dignas de compasi\u00f3n del mundo, y si ellas llega a ser desagradecidas e infieles a las gracias de Dios, creo que la justicia de Dios no sabr\u00e1 castigarles con demasiada severidad en la eternidad\u00bb. La estabilizaci\u00f3n de la joven compa\u00f1\u00eda preocupaba a Luisa, pero cuidaba sobre todo de que las humanas llevaran una vida de pobreza y de sencillez, en sus viviendas o en casas modestas. En eso Luisa era ejemplar. Para la construcci\u00f3n de la Casa Madre no permiti\u00f3 que se usaran m\u00e1s que piedras vie\u00adjas, lo cual ciertamente no contribuir\u00eda a la fama del arquitecto. Cuando se habl\u00f3 de una nueva fundaci\u00f3n en Bernay, Luisa con prudencia se dedic\u00f3 a moderar el entusiasmo de las hermanas: \u00abCr\u00e9ame, mi querida hermana, cuando veo establecimientos tan espl\u00e9ndidos, todo son risas al comienzo, pero siento temor por lo que viene despu\u00e9s. [&#8230;] Pienso, hermana, que cuando se trate de buscar alojamiento definitivo no debe usted buscar m\u00e1s que una vivienda propia de pobres j\u00f3venes\u00bb. El gusto de Luisa por la pobreza reposaba sobre la imitaci\u00f3n de la vida del Hijo de Dios. Vivir como Jesucristo significaba honrar la pobreza del Hijo de Dios. Luisa se lo repet\u00eda a sus hermanas en mil ocasiones. Cierta\u00admente, las j\u00f3venes eran pobres, proced\u00edan efectivamente de medios modestos; pero aquellas j\u00f3venes encontraban al llegar a la Compa\u00f1\u00eda una existencia bien regulada y deb\u00edan seguir ese modo de vida. Ahora bien, ten\u00edan que relacionarse con frecuencia con damas, y por eso era grande la tentaci\u00f3n de querer llevar otro estilo de vida. Luisa se dedicaba por ello a educarles d\u00e1ndoles ejemplo ella misma, pero tambi\u00e9n habl\u00e1ndoles con palabras cons\u00adtructivas y animosas que les ayudaban a entender los problemas de cada d\u00eda.<\/p>\n<p>El talento pedag\u00f3gico de Luisa no se dejaba llevar por segun\u00addas intenciones, por el c\u00e1lculo y por ning\u00fan deseo de poder. Luisa apelaba m\u00e1s bien a la gracia de la vocaci\u00f3n de sus hermanas, que deb\u00edan responder al amor de Jes\u00fas crucificado y cumplir fielmen\u00adte su voluntad. Ella quer\u00eda convencer, despertar y reforzar la bue\u00adna voluntad de cada hermana. La carta que sigue ilustra bien este punto: \u00abY usted, mi querida hermana, a\u00fan se encuentra sumergida en sus peque\u00f1os malos h\u00e1bitos, \u00bfqu\u00e9 piensa de su situaci\u00f3n? [&#8230;] Hija m\u00eda, h\u00e1gase un poco de violencia. [&#8230;] Creo que la causa de la mayor parte de las faltas que comete [&#8230;] es que usted tiene di\u00adnero, y siempre le ha gustado tenerlo. Si quiere creerme, usted se deber\u00eda librar de ese afecto [&#8230;] y excitarse al amor de la pobreza, para honrar la del Hijo de Dios, y por ese medio usted conseguir\u00e1 lo que necesita para ser Hija de la Caridad. Si no es as\u00ed, tengo mu\u00adchas dudas sobre su perseverancia. [&#8230;] \u00c1nimo, mi buena herma\u00adna, yo no creo que usted desprecie mis humildes advertencias, y as\u00ed pueda llegar a reconocer c\u00f3mo Dios debe ser amado y servido, [&#8230;] sobre todo en el lugar en el que ha dado tantas bendiciones a su trabajo.<\/p>\n<p><strong>C\u00f3mo Luisa abordaba las dificultades por medio de la peda\u00adgog\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>La joven Compa\u00f1\u00eda se encontraba a veces con obst\u00e1culos que no proced\u00edan de las personas o del car\u00e1cter de las hermanas. Peligros graves amenazaban la existencia de la obra de Luisa o de todo un establecimiento; el enemigo era, en aquella \u00e9poca, el jansenismo. Dos hermanas que se encontraban en Chars se deba\u00adt\u00edan entre su confesor, sacerdote jansenista, y los principios de la Compa\u00f1\u00eda. Estas hermanas se ve\u00edan superadas por la situaci\u00f3n, y no solo experimentaban dificultades para mantener su sangre fr\u00eda en ciertas situaciones delicadas, sino que no siempre reacciona\u00adban de manera inteligente. El sacerdote exig\u00eda que una hermana azotara en su presencia a una ni\u00f1a de trece a\u00f1os. La hermana en cuesti\u00f3n rehus\u00f3 hacerlo, y fue por ello apartada delante de todo el mundo en el momento de la comuni\u00f3n. Entonces ella pronunci\u00f3 palabras violentas contra el proceder del sacerdote. Luisa rog\u00f3 a aquel sacerdote que excusara el comportamiento de la hermana. Sin embargo, en el fondo Luisa estaba<\/p>\n<p><strong>del lado de las hermanas. <\/strong>Sab\u00eda que ten\u00eda que apoyar la pos\u00adtura firme de las hermanas, pero tambi\u00e9n que ellas ten\u00edan que tener cuidado con la manera de oponerse a los contradictores. Y acab\u00f3 por retirar de Chars a las hermanas.<\/p>\n<p>La muerte prematura de numerosas hermanas era tambi\u00e9n una fuente de problemas. Cierto que la esperanza de vida no era muy alta en aquella \u00e9poca, pero a pesar de ello aquellos fallecimientos significaban p\u00e9rdidas dif\u00edciles de reponer. Solamente la contemplaci\u00f3n de Cristo muerto en la cruz ayuda a Luisa a superar los duelos. Sin embargo, comprobamos con sorpresa que Luisa no ten\u00eda dudas de<\/p>\n<p><strong>la disposici\u00f3n natural de sus hermanas para afrontar la muerte. <\/strong>La carta que dirige a una hermana de treinta y tres a\u00f1os, que se encontraba en el lecho de muerte \u00bfreflejaba su propia ca\u00adpacidad para aceptar la muerte? O bien, \u00bfhab\u00eda conducido ella misma a sus hermanas a dar pruebas de una cierta fuerza tranquila ante el sacrificio? \u00abAdoro de todo coraz\u00f3n el orden de la divina providencia acerca de su decisi\u00f3n que parece querer tomar so\u00adbre la vida de usted; si es voluntad de Dios llevarse su alma, sea bendito su santo nombre; \u00e9l sabe la pena que tengo de no poder asistirle en este \u00faltimo acto de amor, que creo que har\u00e1 usted de entregar su alma con mucho gusto al Padre eterno, con el deseo de que esa entrega honre el instante de la muerte de su Hijo. Nuestra buena hermana \u00c9lisabeth le va a asegurar el afecto de todas nues\u00adtras hermanas y el deseo que se acuerde de todas ellas en el cie\u00adlo, cuando Dios haya derramado sobre usted su misericordia\u00bb. Descubrimos tambi\u00e9n su<\/p>\n<p><strong>firme convicci\u00f3n <\/strong>de que Dios escuchar\u00e1 las oraciones de la hermana: \u00abAcu\u00e9rdese, pues, mi muy querida hermana, de las ne\u00adcesidades de la pobre Compa\u00f1\u00eda, a la que Dios le ha llamado; sir\u00adva de abogada ante su bondad para que tenga a bien cumplir sus designios sobre ella; y si su bondad se lo permite, pida a nuestros buenos \u00e1ngeles que nos ayuden. Buenas tardes, mi muy querida hermana; suplico con todo el coraz\u00f3n a Jes\u00fas crucificado que le bendiga por todas las virtudes que \u00e9l practic\u00f3 en la cruz\u00bb.<\/p>\n<p>A Luisa siempre le afectaba profundamente la muerte de una hermana, pero<\/p>\n<p><strong>la adhesi\u00f3n del coraz\u00f3n <\/strong>y <strong>de la voluntad <\/strong>a los designios de Dios era cada vez m\u00e1s evidente. As\u00ed lo ense\u00f1aba a las hermanas de manera a la vez clara y discreta. No tem\u00eda afirmar: \u00abDebemos aceptar con buen coraz\u00f3n la voluntad de Dios en la disposici\u00f3n que \u00e9l ha tomado en relaci\u00f3n a nuestra buena hermana, disposi\u00adci\u00f3n que yo lamentar\u00eda, si me atreviera, pero c\u00famplase siempre la voluntad de nuestro gran Due\u00f1o por parte de todas nosotras y en todas nosotras\u00bb.<\/p>\n<p>Y a pesar de la pena, Luisa guardaba su sentido de la rea\u00adlidad y ayudaba a las hermanas en las formalidades anejas al funeral. Sab\u00eda cu\u00e1l era el precio de las velas, recomendaba al co\u00admerciante, indicaba la calle y ordenaba a las hermanas presentes que informaran a las otras. No se olvidaba de nada, y cre\u00f3 para las hermanas un estilo de duelo con el que las hermanas pod\u00edan expresar su pena de manera modesta, pero digna, testimoniando el amor que sent\u00edan por la hermana desparecida. Veamos c\u00f3mo sigue la carta a la hermana B\u00e1rbara Angiboust: \u00abEl se\u00f1or Vicente nos ha ordenado que la enterremos esta tarde, despu\u00e9s de las v\u00eds\u00adperas. Le ruego que se lo diga al se\u00f1or cura p\u00e1rroco para saber si le parece bien. Se tendr\u00e1 una vigilia con el cuerpo presente, y el mi\u00e9rcoles se celebrar\u00e1 el funeral. Si le parece bien, deber\u00eda haber seis hachas de media libra cada una, seis cabos de medio cuarte\u00adr\u00f3n. Creo que podr\u00eda tomar las seis hachas de la iglesia, y en ese caso no har\u00e1 falta comprarlas.<\/p>\n<p>Har\u00e1n falta tambi\u00e9n para las hermanas cuarenta velas, de dos liardas cada una. [&#8230;] Hace falta tambi\u00e9n un ata\u00fad, una corona de flores blancas, y que nuestras hermanas de Saint-Nicol\u00e1s avisen a las hermanas de Saint-Benoit, Saint-\u00c9tienne, a las de los Ni\u00f1os; a las dem\u00e1s les avisaremos nosotras\u00bb.<\/p>\n<p>Ten\u00eda plena confianza en sus hermanas, pues a\u00f1ade: \u00abNo s\u00e9 si me olvido de algo, usted har\u00e1 lo que yo pueda haber olvidado\u00bb.<\/p>\n<p>A\u00f1ade la direcci\u00f3n de la tienda de velas: \u00abEncontrar\u00e1 un ven\u00addedor de velas en la plaza Maubert. Avise a madame Metay, (una Dama de la Caridad), ella le ayudar\u00e1 en todo eso\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Transmisi\u00f3n de alimentos espirituales<\/strong><\/p>\n<p>Pero Luisa no se contentaba con organizar los funerales de las hermanas difuntas. Nunca dejaba de dirigirse a toda la Compa\u00f1\u00eda cuando ingresaba una hermana nueva. Participaba en todo, ani\u00admaba a sus hermanas, y sin embargo era ella la que con frecuencia ten\u00eda necesidad de apoyo. Pero segu\u00eda siendo fiel a s\u00ed misma en su aceptaci\u00f3n de la voluntad divina, y jam\u00e1s dejaba de transmitir a sus hermanas el fruto de la experiencia unida a la muerte de una hermana: \u00abHay que bendecir a Dios por todo y rezar por ella, y os ruego que el ejemplo de sus virtudes y en especial de su sumisi\u00f3n y de su amor al servicio de los pobres os sirva para dar a Dios la fidelidad que le deb\u00e9is\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>En aquellos tiempos revueltos se viv\u00eda en la inseguridad y el miedo era un compa\u00f1ero fiel. La voluntad de Luisa de superarse a s\u00ed misma es tanto m\u00e1s admirable, y serv\u00eda de ejemplo a las otras hermanas. En la mayor parte de sus cartas Luisa no cesaba de animar a las hermanas a abandonarse a la Providencia, cuando ellas ten\u00edan que afrontar las dificultades de cada d\u00eda, las preocu\u00adpaciones, los dolores y las contrariedades. Luisa sacaba su valen\u00adt\u00eda de Dios. Hab\u00eda aprendido a acoger la vida de cada d\u00eda con su carga de alegr\u00edas y de penas, porque tal era la voluntad de Dios. Aceptaba lo que suced\u00eda abandon\u00e1ndose al amor de Dios y a la Providencia, en la contemplaci\u00f3n de la cruz de Cristo. Y luego ella pod\u00eda comunicar ese amor a sus semejantes y a Cristo en la persona del pobre. He aqu\u00ed \u00abuna carta para toda la Compa\u00f1\u00eda a la que pido que renueve su valent\u00eda para servir a Dios y a los pobres con mayor fervor, humildad y caridad que nunca; trabajando en recogimiento interior en medio de las ocupaciones, sobre todo en la sumisi\u00f3n a la voluntad de Dios, de abandono en la Providencia, y no en un estudio triste del conocimiento de todo lo que pasa en nuestro esp\u00edritu, que termina a veces en virtud imaginaria [&#8230;] La perfecci\u00f3n no consiste en eso, sino m\u00e1s bien en la caridad<\/p>\n<p>Para Luisa era ciertamente importante elevar el esp\u00edritu a Dios, y esa carta lo prueba; sin embargo, \u00bfno era el amor lo que le dict\u00f3 los buenos consejos que prodig\u00f3 a una hermanas que sufr\u00eda de mal de o\u00eddos: \u00abPara la incomodidad de mi hermana Anne hay que echar una gota de aceite de ruda en el o\u00eddo por la noche antes de acostarse, y poner algod\u00f3n encima. No hay nada mejor'\u00bb\u00bb. Terminemos con esta cita que podr\u00eda estar dirigida a cada una de nosotras: \u00abId, pues, con valent\u00eda, avanzando continuamente en el camino en la que Dios os ha puesto para que llegu\u00e9is a \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p><strong><em>\u00abLe ruego que diga<br \/>\na todas nuestras hermanas que, [&#8230;J<br \/>\ntodas las ma\u00f1anas se levanten<br \/>\ncon nuevos br\u00edos para servir a Dios<br \/>\ny a los pobres\u00bb<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Sor Alfonsa Richartz<\/p>\n<p>La Milagrosa<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Compa\u00f1\u00eda en sus comienzos El 29 de noviembre de 1633 Luisa de Marillac acogi\u00f3 en su casa, de acuerdo con Vicente de Pa\u00fal, a cuatro o cinco j\u00f3venes para prepararles para servir a los &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/luisa-de-marillac-la-pedagogia-de-luisa-de-marillac-en-su-correspondencia-con-las-hermanas\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":402666,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"#ffffff","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[18],"tags":[],"class_list":["post-403300","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-luisa-de-marillac"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>LUISA de MARILLAC (IX): la pedagog\u00eda de Luisa de Marillac en su ccorrespondencia con las Hermanas - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/luisa-de-marillac-la-pedagogia-de-luisa-de-marillac-en-su-correspondencia-con-las-hermanas\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"LUISA de MARILLAC (IX): la pedagog\u00eda de Luisa de Marillac en su ccorrespondencia con las Hermanas - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"La Compa\u00f1\u00eda en sus comienzos El 29 de noviembre de 1633 Luisa de Marillac acogi\u00f3 en su casa, de acuerdo con Vicente de Pa\u00fal, a cuatro o cinco j\u00f3venes para prepararles para servir a los ... 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