{"id":403292,"date":"2021-02-09T08:59:32","date_gmt":"2021-02-09T07:59:32","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=403292"},"modified":"2020-11-29T11:01:18","modified_gmt":"2020-11-29T10:01:18","slug":"luisa-de-marillac-v-luisa-de-marillac-siguiendo-a-jesucristo-crucificado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/luisa-de-marillac-v-luisa-de-marillac-siguiendo-a-jesucristo-crucificado\/","title":{"rendered":"LUISA de MARILLAC (V): Luisa de Marillac: siguiendo a Jesucristo crucificado"},"content":{"rendered":"<p><strong>El rostro de Cristo en Luisa de Marillac<\/strong><\/p>\n<p><strong>En los primeros d\u00edas de febrero de 1613<\/strong> tuvo lugar una reuni\u00f3n ceremoniosa en la casa de la familia d&#8217;Attichy en Par\u00eds, con ocasi\u00f3n de la redacci\u00f3n y filma de un contrato matrimonial. Los contratantes eran: Monsieur Antoine Le Gras, secretario de la reina regente Mar\u00eda de M\u00e9dicis, hidalgo rural originario de la Auvernia, cuya familia proced\u00eda de tronco honorable en proceso de convertirse en nobleza de toga, y Mademoiselle Louise de Marillac. Pertenec\u00edan a la familia de esta: un superintendente de la reina, un chambel\u00e1n del rey, un consejero y guardasellos del rey, un consejero del tribunal de apelaciones, quienes, lo mismo que sus esposas, pertenec\u00edan a la alta sociedad.<\/p>\n<p>Hablemos de Luisa: 21 a\u00f1os y un buen partido si se tienen en cuenta los t\u00edtulos citados. Se redact\u00f3 y se firm\u00f3 el contrato.<\/p>\n<p>Luisa podr\u00eda haber sentido una cierta satisfacci\u00f3n al o\u00edr nom\u00adbrar todas aquellas personas con nombres famosos, pero ella tuvo que escuchar la lectura del documento y fumar su nombre, que ella misma describ\u00eda as\u00ed: \u00abLuisa de Marillac, hija natural de Louis de Marillac\u00bb, sin mencionar el nombre de su madre. De modo que a toda aquella compa\u00f1\u00eda ilustre de t\u00edas y t\u00edos se le considerar\u00eda como amigos de los futuros esposos. La familia d&#8217;Attichy, que proporcion\u00f3 su vivienda para la recepci\u00f3n, hab\u00eda sin duda permi\u00adtido que aquella ceremonia tuviera lugar en su mansi\u00f3n, pero una ley f\u00e9rrea no permit\u00eda considerar a la joven esposa como pariente pr\u00f3ximo. Y sin embargo Valence d&#8217;Attichy era hermana del padre de Luisa.<\/p>\n<p>El 5 de febrero de 1613 tuvo lugar la ceremonia religiosa en la iglesia de Saint-Gervais. Luisa ser\u00eda en adelante Mademoiselle Le Gras. Pertenec\u00eda por su matrimonio al entorno de la reina madre, pero no figurar\u00eda en el \u00e1rbol geneal\u00f3gico de los Marillac. Iron\u00edas del destino, se podr\u00eda decir, porque lleg\u00f3 a ser una santa canonizada precisamente con ese apellido, y de ese modo hizo entrar el nombre de la familia en la eternidad, nombre que le fue negado a la ni\u00f1a Luisa de la manera m\u00e1s sistem\u00e1tica y dolorosa.<\/p>\n<p><strong>La felicidad que conoci\u00f3 la joven pareja<\/strong> fue de corta dura\u00adci\u00f3n. El crecimiento de su hijo Michel era fuente de preocupa\u00adciones para Luisa. Los problemas econ\u00f3micos de sus parientes afectaban a la familia Le Gras. Encima de todo ello, Antoine Le Gras cay\u00f3 enfermo, y la amargura se apoder\u00f3 de un coraz\u00f3n que hab\u00eda llevado una cruz durante la infancia y la adolescencia. A\u00f1os m\u00e1s tarde dir\u00eda ella misma que se hab\u00eda casado para obedecer a su familia, que ella hab\u00eda querido hacerse religiosa, ingresar en un convento y llegar a pronunciar votos.<\/p>\n<p>Pero ahora experimentaba dificultades econ\u00f3micas y dom\u00e9s\u00adticas, y se encontraba en un gran desasosiego. Cre\u00eda haber viola\u00addo por su matrimonio el voto de hacerse religiosa. Atraves\u00f3 una prueba de larga duraci\u00f3n, y en la oscuridad de su noche se dej\u00f3 llevar de la desesperaci\u00f3n. Pero luego vino el d\u00eda de Pentecost\u00e9s de 1623, que marc\u00f3 un giro decisivo en su vida. En un instante, durante la santa misa, le sobrevino una gran calma. Sinti\u00f3 la ve\u00adnida del Esp\u00edritu Santo. A partir de ese momento la vida de Luisa seguir\u00e1 ascendiendo hacia la santidad.<\/p>\n<p>Al comienzo del a\u00f1o 1625 Luisa se puso bajo <strong>la direcci\u00f3n espiritual del se\u00f1or Vicente<\/strong> de Pa\u00fal. Aqu\u00ed nos encontramos una vez m\u00e1s con otro milagro de la Providencia. Ambos tuvieron du\u00addas al principio, pero luego lo aceptaron. Luisa estaba ya en los treinta y cuatro a\u00f1os y ten\u00eda un hijo de once. Hab\u00eda sido marcada por el sufrimiento. Esto escribir\u00eda m\u00e1s tarde: \u00ab\u00c9l me ha dado tan\u00adtas gracias tan grandes como la de hacerme saber que su voluntad santa era que yo fuese hacia \u00e9l por la cruz, que su bondad ha que\u00adrido que yo llevase desde mi nacimiento mismo, no dej\u00e1ndome casi nunca en todo tiempo sin ocasiones de sufrimiento\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando el se\u00f1or Vicente acept\u00f3 encargarse de su direcci\u00f3n espiritual Luisa era ya una mujer madura. Hab\u00eda atravesado una \u00abnoche oscura\u00bb. Esa primera purificaci\u00f3n que hab\u00eda sufrido pa\u00adsivamente, pero que fue muy dolorosa, termin\u00f3 con la muerte de Antoine Le Gras el 21 de diciembre de 1625. Pero a\u00fan ten\u00eda que sufrir mucho, pues iban a caer sobre ella las m\u00faltiples preocu\u00adpaciones anejas a la vida de cada d\u00eda, a las que se iban a a\u00f1adir otros problemas y complicaciones y que ella ten\u00eda que resolver, pero sobre todo ten\u00eda que hacer frente a las incertidumbres del futuro. Vicente de Pa\u00fal le exhortaba a mantenerse en calma y a permanecer alegre, pero ese era precisamente el problema que ten\u00eda que resolver. Hasta el presente hab\u00eda soportado ella sola una lucha por la supervivencia en medio de una sociedad fuertemente jerarquizada y marcada por las diferencias de clase social. Por otro lado, en su vida espiritual persegu\u00eda una sola y \u00fanica meta. Quer\u00eda curarse de las heridas que segu\u00edan abiertas, infligidas por una vida de sufrimientos, por medio de una liberaci\u00f3n radical de todo apego, de un rechazo de todo amor propio, todo lo cual le po\u00addr\u00eda haber llevado a una especie de destrucci\u00f3n de su ser. Vicente de Pa\u00fal caminaba a su lado, pero sin imponerle nada, respetando la espiritualidad que ella hab\u00eda escogido, pero le invitaba, dando pruebas de una gran delicadeza, a dejar de lado sus crispaciones. Tenemos algunos documentos del tiempo que pueden ilustrarnos acerca de su vida de oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>En 1628 <strong>consign\u00f3 por escrito<\/strong> sus ejercicios espirituales para dar cuenta de ellos al se\u00f1or Vicente. Vicente de Pa\u00fal le hab\u00eda dado la regla y el m\u00e9todo con todo detalle, y Luisa obedeci\u00f3. Ella ano\u00adtaba sus consideraciones sobre la divinidad y sobre la humildad, que pide desprenderse de la preocupaci\u00f3n por una misma. En\u00adtrando en el estado m\u00edstico escribe que no quer\u00eda buscar \u00abni las ternuras del Esp\u00edritu ni los consuelos\u00bb. Deseaba abandonar \u00abvo\u00adluntariamente la tierra de nuestras sensualidades para unir[se] a la esencia de su divinidad\u00bb. Como se puede ver, Vicente de Pa\u00fal ten\u00eda a\u00fan mucho que hacer para convencer a Luisa de que llevara una vida en Dios sin excluir el lado puramente humano de una existencia centrada en Cristo.<\/p>\n<p>Hasta aquel momento los pobres no hab\u00edan entrado en su vida. El se\u00f1or Vicente tampoco la orientaba por ese camino; esperaba con paciencia y con prudencia los signos que se\u00f1alaran la volun\u00adtad de Dios. Luisa ve\u00eda desde hac\u00eda tiempo al se\u00f1or Vicente en ac\u00adci\u00f3n en sus numerosas obras misioneras y sus m\u00faltiples activida\u00addes caritativas. Y lleg\u00f3 a comprender que quer\u00eda dedicar su vida al<\/p>\n<p><strong>servicio de los pobres<\/strong>. Tom\u00f3 esa decisi\u00f3n y la comunic\u00f3 al se\u00f1or Vicente, quien dio una muestra de gran alegr\u00eda. \u00a1Por fin! Despu\u00e9s de la muerte de su marido Luisa hab\u00eda estado buscando su camino durante dos a\u00f1os y medio. Por su lado el se\u00f1or Vicen\u00adte se hab\u00eda dado cuenta desde hac\u00eda tiempo del regalo precioso que Dios le hab\u00eda dado en la persona de Luisa de Marillac. Supo orientarla hacia su entrega a Dios, supo llevarla hacia Jesucristo, venido al mundo para cumplir la voluntad de su Padre y para darnos su vida como ejemplo. Podemos conocer bien cu\u00e1l fue el camino de Luisa para acercarse a la persona de Cristo leyendo lo que escribi\u00f3 hacia 1633: \u00abEl \u00fanico medio que tengo de alcanzar misericordia en la hora de la muerte es que se encuentre en mi alma en aquel momento la impronta de Jesucristo62\u00bb. La represen\u00adtaci\u00f3n que hab\u00eda tenido en su juventud de un Dios majestuoso, se\u00advero e incluso vengador, se hab\u00eda metamorfoseado, por influencia de Vicente de Pa\u00fal, en una imagen de Jesucristo que se ha unido a los seres humanos por amor. Entonces Vicente exhort\u00f3 a Lui\u00adsa a seguir su deseo de participar en obras caritativas. \u00c9l estaba seguro de que Luisa estaba ya suficientemente bien dotada para esta nueva forma de vida espiritual. Luisa sali\u00f3 de su soledad. Por fin se encontr\u00f3 a s\u00ed misma, se abri\u00f3 para ser una persona activa. Las Cofrad\u00edas fundadas por Vicente de Pa\u00fal le ofrecieron la oca\u00adsi\u00f3n adecuada. Aquellas cofrad\u00edas, dedicadas a ayudar y a amar al pr\u00f3jimo, se desarrollaron mucho con el entusiasmo inicial, pero pronto hizo falta alguien que cuidara de que se guardase el buen orden y la buena organizaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>\u00ab\u00a1Vaya usted en nombre de Dios!\u00bb<\/strong> Esa era la <strong>misi\u00f3n<\/strong> que se le encargaba a Luisa: una aventura excepcional para una mujer de su rango. Pero fue capaz de demostrar su competencia en un amplio abanico de actividades. Pero Luisa ten\u00eda una constituci\u00f3n fr\u00e1gil. Tem\u00eda, sobre todo en invierno, no poder soportar los des\u00adplazamientos hacia las cofrad\u00edas situadas en las afueras de Par\u00eds. Esto escribe en febrero de 1630, a la edad de 38 a\u00f1os y viuda desde hac\u00eda cuatro: \u00abEn la santa comuni\u00f3n de aquel d\u00eda me sent\u00ed urgida a hacer un acto de fe, y este sentimiento me dur\u00f3 mucho tiempo, pareci\u00e9ndome que Dios me dar\u00eda salud, convencida de que \u00e9l pod\u00eda, contra toda apariencia, dadme la fuerza, y que \u00e9l lo har\u00eda, acord\u00e1ndome con frecuencia de la fe que hizo caminar a san Pedro sobre las aguas.<\/p>\n<p>Y a lo largo de todo el viaje me pareci\u00f3 que obraba sin po\u00adner nada de mi parte, sinti\u00e9ndome muy consolada por que Dios quisiera, siendo yo tan indigna, que yo ayudara a mi pr\u00f3jimo a conocerle. Sal\u00ed el d\u00eda de santa Agueda, 5 de febrero, hacia Saint-Cloud; en la santa comuni\u00f3n me pareci\u00f3 que Nuestro Se\u00f1or me daba el pensamiento de recibirle como el esposo de mi alma, y que aquello era una suerte de esponsales, y me sent\u00ed unida m\u00e1s fuertemente a Dios con esta consideraci\u00f3n, que me pareci\u00f3 fuera de lo ordinario, y tuve el pensamiento de dejar todo para seguir a mi Esposo y de verle en adelante como tal, y soportar las dificulta\u00addes que encontrara, y recibirlas como en comunidad de bienes\u00bb.<\/p>\n<p>Gracias a san Vicente Luisa ha conseguido <strong>unir contempla\u00adci\u00f3n y acci\u00f3n<\/strong>. Se trataba de la contemplaci\u00f3n de Cristo, pues la experiencia de Dios en Jes\u00fas tiene lugar fundamentalmente en la eucarist\u00eda. De ah\u00ed brota el deseo de seguirle y de imitar su vida humana, de hacer que \u00e9l sea el modelo, y de tomar la resoluci\u00f3n de \u00abimitarle como una esposa trata de conformarse a su esposo\u00bb. Luisa era consciente de que Dios hab\u00eda producido en ella efectos extraordinarios. Lo que sent\u00eda se parec\u00eda, seg\u00fan ella, a un matrimonio consumado. Ten\u00eda la impresi\u00f3n de que a partir de aquel momento hab\u00eda entre ellos comunidad de bienes, como su\u00adcede en lo civil. Pero sobre todo sent\u00eda que Dios obraba en ella como sobre un objeto, \u00absin ninguna contribuci\u00f3n por mi parte\u00bb, por decirlo con sus propias palabras. As\u00ed preparada, se puso en camino para ayudar a los pobres, en Asni\u00e9res, en Saint-Cloud. Movida por esa uni\u00f3n m\u00edstica solucionaba con toda naturalidad los problemas pr\u00e1cticos. Se informaba, aportaba orden y paz y sab\u00eda provocar nuevos \u00e1nimos. Iba en persona a preocuparse por las ra\u00edces de la miseria, pero beb\u00eda tambi\u00e9n de la fuente del amor caritativo. Por desgracia, no era siempre bien comprendida. Hubo tanto laicos como religiosos que le exig\u00edan explicaciones o que la rechazaban. Tuvo que luchar tambi\u00e9n con este tipo de problemas. Se sent\u00eda a veces turbada, pero nunca desanimada. Sab\u00eda cu\u00e1l era su misi\u00f3n. Hab\u00eda consignado por escrito e inscrito en su coraz\u00f3n que Jes\u00fas se hab\u00eda hecho hombre por amor, y que ella ten\u00eda que continuar su obra de amor caritativo.<\/p>\n<p><strong>La encarnaci\u00f3n de Jes\u00fas: <\/strong>Luisa dedic\u00f3 muchas reflexiones y oraciones a este misterio. Admiraba grandemente la venida de un Dios que hab\u00eda aceptado hacerse hombre. Le maravillaba tam\u00adbi\u00e9n la \u00abprofunda humildad de la divinidad\u00bb. S\u00ed, \u00a1aquella memo\u00adrable humildad! Lo que deb\u00eda imitar en Jes\u00fas era ante todo su humildad. Ella era muy consciente de su propio car\u00e1cter altivo. \u00bfEra as\u00ed por naturaleza, o era una reacci\u00f3n al hecho de haber sido marginada en su juventud? Ella, que hab\u00eda sido dejada de lado por su familia y por la sociedad. La humildad que hab\u00eda mostrado Jes\u00fas al encarnarse lo exalt\u00f3 literalmente. Luisa descubri\u00f3 que no llegar\u00eda a Dios en este mundo m\u00e1s que siguiendo el camino de Jes\u00fas. Comprendi\u00f3 que ten\u00eda que aceptar en lo m\u00e1s profundo de s\u00ed misma lo que la sociedad exig\u00eda de ella desde hac\u00eda tiempo. Y por todo ello meditaba en sus ejercicios espirituales los misterios de la encarnaci\u00f3n, del nacimiento, de la infancia, del bautismo y de los sufrimientos de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>La autenticidad de su propia <strong>humildad <\/strong>iba a ser muy pronto puesta a prueba por los sucesos pol\u00edticos que afectaron muy de cerca a la familia Marillac. Sus dos t\u00edos, Michel y Louis, herma\u00adnos de su padre, cayeron en desgracia ante Richelieu. Michel, el guardasellos del reino, fue enviado al destierro y puesto en pri\u00adsi\u00f3n. Muri\u00f3 dos a\u00f1os despu\u00e9s de ser detenido. Su t\u00edo Louis fue condenado a muerte y ejecutado en Par\u00eds. \u00a1Tiempos de verdadero terror en el plano pol\u00edtico! Luisa, una Marillac, sinti\u00f3 una vez m\u00e1s sobre ella el peso de la cruz. El se\u00f1or Vicente intent\u00f3 darle apoyo, orientarle hacia lo esencial, es decir, la compasi\u00f3n de Dios por los fallecidos. En aquel caso recurrir al orgullo familiar no hubiera servido de ninguna ayuda. Jes\u00fas crucificado ense\u00f1a a los que sufren a aceptar. Luisa comprendi\u00f3 una vez m\u00e1s que la verda\u00addera uni\u00f3n del ser humano con Dios no puede tener lugar m\u00e1s que sometiendo nuestra voluntad a la voluntad divina.<\/p>\n<p>Luisa ten\u00eda la impresi\u00f3n de estar unida a <strong>la voluntad de Dios; <\/strong>hay que situar, por supuesto, su piedad en su propio tiempo. Sa\u00adb\u00eda que Dios ten\u00eda para ella un designio desde toda la eternidad, un plan divino. No ten\u00eda que hacer m\u00e1s que trabajar en su reali\u00adzaci\u00f3n. Conformaba su vida a esa voluntad y en ella encontraba consuelo y seguridad. Al leer sus escritos nos puede sorprender el ver c\u00f3mo para Luisa la predisposici\u00f3n para el sufrimiento se daba por supuesta. Meditando acerca del amor de Dios tom\u00f3 esta resoluci\u00f3n: \u00abQuiero hacer todo lo que pueda para permanecer en la pr\u00e1ctica del santo Amor, y dulcificar mi coraz\u00f3n contra toda acrimonia que le contrar\u00ede\u00bb.<\/p>\n<p>Expone a continuaci\u00f3n su resoluci\u00f3n: \u00abLas almas que Dios destina al sufrimiento deben amar mucho ese estado, y pensar que sin una asistencia muy especial de Dios no pueden serle fie\u00adles&#8230; me ha concedido tantas gracias que me ha dado a conocer que su voluntad santa es que vaya hacia \u00e9l por la cruz, que por su bondad he tenido que llevar desde mi mismo nacimiento, no dej\u00e1ndome en casi ninguna edad sin ocasiones de sufrimiento; y despu\u00e9s de haberme llevado a estimar y desear ese estado, me he confiado a su bondad\u00bb\u00bb. Como dir\u00edamos en un lenguaje m\u00e1s se\u00adcularizado: \u00abhay que hacer de la necesidad virtud\u00bb. Podemos sin embargo comprobar la santidad de su hero\u00edsmo, pues consigui\u00f3 transformar su angustia sicol\u00f3gica en una virtud digna de la m\u00e1s alta admiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La lista de sus sufrimientos es verdaderamente impresionante. No lleg\u00f3 a gozar del amor de una madre, conoci\u00f3 las congojas de la duda por causa de su vocaci\u00f3n, se le cas\u00f3 con un hombre que no hab\u00eda escogido, su matrimonio le asegur\u00f3 una posici\u00f3n muy discreta, la salud fr\u00e1gil de su hijo fue una preocupaci\u00f3n constante. Ella misma se vio afectada por graves depresiones y por una salud fr\u00e1gil. La lista est\u00e1 lejos de ser exhaustiva. Pero Vicente de Pa\u00fal le ense\u00f1\u00f3 otra manera de ver la voluntad de Dios, y le explic\u00f3 que esa voluntad no es un futuro, una predestinaci\u00f3n inevitable (\u00abDios ha querido que yo nazca para sufrir\u00bb), sino la aceptaci\u00f3n de la Buena Nueva anunciada por Jesucristo y el esfuerzo constante por obrar en la tierra como lo hizo el Hijo de Dios mismo. En todo ello tenemos verdaderamente la impresi\u00f3n de que se revela Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Gracias a Vicente de Pa\u00fal, Luisa aprendi\u00f3 a unir el <strong>cumpli\u00admiento<\/strong> de la voluntad divina al de su <strong>misi\u00f3n<\/strong>, como lo dice \u00e9l mismo: \u00abNuestras acciones no son ya acciones humanas, ni ang\u00e9\u00adlicas, sino acciones de Dios, pues est\u00e1n hechas en \u00c9l y por \u00c9l\u00bb. Ella extrae de ello la conclusi\u00f3n de que estamos ya en esta vida unidos a Dios, cuando hacemos lo que \u00e9l mismo hizo en la tie\u00adrra. Pero eso no se resume simplemente en imitar las acciones caritativas de Jes\u00fas; encontramos en sus escritos la \u00abresoluci\u00f3n generosa de honrar la adorable vida oculta de Nuestro Se\u00f1or\u00bb\u00bb. Le atra\u00edan fuertemente las representaciones de Jes\u00fas en brazos de su madre. Ella misma era madre, pero esa forma de piedad puede tambi\u00e9n que encontrara su origen en sus a\u00f1os de infancia.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Vicente le anim\u00f3 a seguir esa direcci\u00f3n y le reco\u00admend\u00f3 el honrar la vida oculta de Jes\u00fas durante los treinta a\u00f1os que pas\u00f3 en Nazareth. Esta contemplaci\u00f3n de Jes\u00fas nos recuerda a B\u00e9rulle, que puso en el centro de su teolog\u00eda y de su espirituali\u00addad lo que \u00e9l llama \u00ab<strong>estados<\/strong>\u00bb de Jes\u00fas. Luisa encontr\u00f3 en su vida razones y ocasiones de dar un contenido a su contemplaci\u00f3n. Por el tiempo en que anotaba esas reflexiones estaba en pleno traslado desde su vivienda para ir a vivir a la calle Monge, en la parroquia de Saint-Nicolas-du-Chardonnet. Vicente de Pa\u00fal se hab\u00eda insta\u00adlado muy cerca, en el edificio de Bons Enfants, que por otro lado dej\u00f3 muy pronto para ir a vivir a San L\u00e1zaro.<\/p>\n<p>Luisa acept\u00f3 la voluntad de Dios: \u00ab<strong>Ir a la nueva vivienda<\/strong>, para honrar a la divina providencia que me conduce a ella, y hacer en ella lo que la divina providencia permita que haga. Por este cambio de morada honrar el de Jes\u00fas y la Sant\u00edsima Virgen de Be\u00adl\u00e9n a Egipto, y luego a otros lugares, no queriendo m\u00e1s que ellos el tener morada propia en la tierra\u00bb\u00bb. No era due\u00f1a de la vivienda, sino que viv\u00eda en alquiler y tuvo que cambiar varias veces de vi\u00advienda, hasta que pudo comprar una casa, la primera Casa Madre. El hijo de Luisa, Miguel, estaba por este tiempo en un internado. Ten\u00eda diecinueve a\u00f1os y era motivo de muchas preocupaciones para su madre.<\/p>\n<p>Se le abrieron a Luisa nuevos horizontes con la <strong>fundaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda de las hermanas<\/strong> en 1633. Vio en ella la realizaci\u00f3n de lo que le hab\u00eda anunciado la luz de Pentecost\u00e9s diez a\u00f1os antes: servir a su pr\u00f3jimo con la ayuda de otras personas, con idas y ve\u00adnidas, lo que exclu\u00eda una vida detr\u00e1s de los muros de un convento. De esta \u00e9poca datan numerosos escritos que dan testimonio de sus actividades as\u00ed como de su espiritualidad.<\/p>\n<p>Por nuestra parte, apreciamos y admiramos en Luisa de Marillac sobre todo a la formadora que forj\u00f3 a tantas hermanas, y a la que ayud\u00f3, junto con las hermanas, en la realizaci\u00f3n de obras numerosas de san Vicente, y en la creaci\u00f3n de otras. El se\u00f1or Vi\u00adcente dirig\u00eda la vida espiritual de Luisa con prudencia y solicitud, pero fue claramente \u00e9l quien le convenci\u00f3 de la importancia del servicio a los pobres. El pobre no era el objeto, sino el fruto de la contemplaci\u00f3n de ambos. El pobre lleg\u00f3 a ser el centro y el fin de sus obras, de la formaci\u00f3n de las hermanas, de sus cartas a las comunidades de las hermanas. La experiencia espiritual vivida en su juventud se expresar\u00eda en adelante en el deseo de seguir los pasos de Cristo, y ella se sent\u00eda como sumergida en su voluntad. Quer\u00eda imitar \u00abla santa humanidad de Nuestro Se\u00f1or\u00bb, y se ins\u00adpiraba enteramente en su manera de obrar. Hacer lo que Jes\u00fas hizo en la tierra, poseer su dulzura y su bondad, tener su humil\u00addad y la misma obediencia hacia el Padre, y sobre todo vivir, igual que \u00e9l, una vida de misericordia y de servicio. Ese Dios, que le hab\u00eda hecho llevar la cruz como una fatalidad, que le hab\u00eda destinado al sufrimiento desde su nacimiento, se revelar\u00eda en adelante en Jes\u00fas como un Dios de amor y de compasi\u00f3n. Eso es lo que dec\u00eda a las hermanas j\u00f3venes anim\u00e1ndoles a servir a Cristo ayudando a los innumerables pobres y miserables que esperaban su ayuda.<\/p>\n<p>Ella era testigo cercano de una pobreza y de una miseria in\u00adcre\u00edbles, y reconoc\u00eda que la <strong>pasi\u00f3n de Cristo <\/strong>era la \u00fanica <strong>fuerza redentora. <\/strong>Escribe: \u00abSin muerte no hay resurrecci\u00f3n. Nadie re\u00adsucitar\u00e1 con Cristo si no ha muerto con \u00e9l\u00bb. Jes\u00fas crucificado ser\u00e1 para ella en adelante el s\u00edmbolo del desprecio, del sufrimiento, pero tambi\u00e9n de la bendici\u00f3n y de la liberaci\u00f3n. Se puede hacer una peque\u00f1a prueba: en efecto, a partir del a\u00f1o 1639 concluir\u00e1 la mayor parte de sus cartas a las hermanas, y a veces tambi\u00e9n las que dirig\u00eda a otras personas, con estas palabras: <strong>En el amor de Jes\u00fas crucificado&#8230; <\/strong>No escribe esas palabras al se\u00f1or Vicente sino a las hermanas, porque la idea de escribir esas palabras era animarles a llevar a cabo su acci\u00f3n caritativa, e incluso a poner su vida en peligro, por el amor de Jes\u00fas crucificado. Despu\u00e9s de contemplar a Cristo flagelado, despreciado y cargado con la cruz, exhortaba a las hermanas: \u00ab\u00bfNo quer\u00e9is, mis queridas hermanas, seguir a ese Jes\u00fas tan amable aunque est\u00e9 lleno de heridas y carga\u00addo con la cruz? Par\u00e9ceme que os veo cargadas con ella tal como \u00e9l nos la ha ofrecido, de modo que todas, llenas de amor y de valor, dig\u00e1is con el ap\u00f3stol santo Tom\u00e1s: vayamos y muramos con \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p>Luisa de Marillac tuvo muchas ocasiones de prodigar a las hermanas palabras de aliento similares a esas, pues deb\u00edan con frecuencia comportarse heroicamente. Las guerras numerosas, con su carga de pillajes y de homicidios, las largas filas de refu\u00adgiados exig\u00edan enormes esfuerzos por parte de la peque\u00f1a Com\u00adpa\u00f1\u00eda. Las hermanas ten\u00edan que estar dispuestas a hacer frente incluso a la muerte, y a no retroceder ante ning\u00fan obst\u00e1culo para llevar su ayuda. Para Luisa se trataba de imitar y seguir a Cristo con plena consciencia de lo que estaba en juego, y aceptar por ello las condiciones y las consecuencias de ese compromiso. \u00a1Cu\u00e1ntas hermanas fallecieron por agotamiento y por enfermedades conta\u00adgiosas! Escrib\u00eda en esos casos: \u00abComo Jes\u00fas hace suyas nuestras necesidades, es muy razonable que sigamos e imitemos su vida humana tan santa. Este pensamiento ha ocupado mi esp\u00edritu, y movido por \u00e9l he tomado la firme resoluci\u00f3n de seguirle en todo, [&#8230;] y con ese fin he tomado la resoluci\u00f3n, en todo asunto y en toda ocasi\u00f3n dudosa, de ver qu\u00e9 es lo que hizo Jes\u00fas, y de honrar su sometimiento a su santa Madre durante alg\u00fan tiempo con la dependencia propia de un hijo. [&#8230;] Con mucho gusto me pondr\u00e9 en una actitud de santa indiferencia para tener una mejor dispo\u00adsici\u00f3n de recibir la llamada de Dios y cumplir su santa voluntad [&#8230;], que deseo sea cumplida en m\u00ed totalmente, y quiero ofrecer toda mi vida a Dios con ese fin\u00bb.<\/p>\n<p>Vistas las vicisitudes de la vida diaria y los obst\u00e1culos que se encontraban las hermanas, Luisa tuvo muchas ocasiones para poder comparar las dificultades a <strong>situaciones semejantes en la vida de Jes\u00fas <\/strong>y seguir su ejemplo para vencerlas. Luisa escrib\u00eda a sus hermanas cartas en las que les hablaba con toda crudeza, en un tono que podr\u00eda sorprendernos. Pero las hermanas le entend\u00edan muy bien, aceptaban lo que les dec\u00eda y obraban en consecuencia. V\u00e9ase por ejemplo esta carta a sor Ana: \u00abNuestras queridas her\u00admanas, a las que deseo totalmente santas para trabajar \u00fatilmente en la obra de Dios, pues no basta ir y dar cosas, sino que hay que tener un coraz\u00f3n despojado de todo inter\u00e9s, y no cesar jam\u00e1s de trabajar en la mortificaci\u00f3n general de todos los sentidos y pa\u00adsiones, y para ello, mis queridas hermanas, debemos tener con\u00adtinuamente ante nuestros ojos a nuestro modelo, que es la vida ejemplar de Jesucristo, a cuya imitaci\u00f3n hemos sido llamadas, no solamente como cristianas sino a\u00fan m\u00e1s por haber sido escogidas por Dios para servirle en la persona de los pobres\u00bb.<\/p>\n<p>Escrib\u00eda en el mismo tono directamente a sor Elisabeth Turgis: \u00abDebemos trabajar para ganarnos la vida. [&#8230;] Dios no nos ha librado de la preocupaci\u00f3n de ganarnos el pan para colocarnos en una vida f\u00e1cil y tranquila, sino para trabajar con mayor dedica\u00adci\u00f3n, a imitaci\u00f3n de su Hijo\u00bb.<\/p>\n<p>Recomendaba incluso esta imitaci\u00f3n a una hermana a punto de fallecer: \u00abSi es la santa voluntad de Dios llevarse su alma, su nombre sea bendito; sabe \u00e9l muy bien la pena que me da no poderle asistir en este \u00faltimo acto de amor que creo que har\u00e1 de entregar su alma con gozo al Padre Eterno, deseando que honre el instante de la muerte de su Hijo\u00bb.<\/p>\n<p>Luisa se sent\u00eda llamada por el <strong>Jes\u00fas del evangelio<\/strong> a <strong>seguirle<\/strong>, a\u00fan m\u00e1s, a imitarle. Bajo esa luz lo presentaba a las hermanas en sus cartas y conferencias, a fin de que las hermanas en sus ejerci\u00adcios espirituales entraran en contemplaci\u00f3n de la vida y la muerte de Jes\u00fas. De los \u00abestados\u00bb, es decir, de las situaciones de la vida de Jes\u00fas, escog\u00eda todos los que las hermanas deb\u00edan practicar en su propia vida, para poder \u00abcaminar \u00fanicamente en seguimiento de Jes\u00fas\u00bb.<\/p>\n<p>Ella misma estaba decidida \u00aba seguirle sin ninguna reserva, sintiendo el consuelo de ser tan dichosa por haber sido aceptada por \u00e9l para vivir toda mi vida en su seguimiento\u00bb.<\/p>\n<p>Ponerse en seguimiento de Cristo, imitarle, no consist\u00eda en copiar de manera a la vez concreta y anacr\u00f3nica lo que Cristo hizo y anunci\u00f3 en su vida. Poner sus pasos en seguimiento de los de Cristo significaba para Luisa asumir su propia vida y de ese modo continuar la de Jes\u00fas. Jes\u00fas representaba para ella el ideal al que tender, el esp\u00edritu que daba vida a su vida.<\/p>\n<p>Quer\u00eda acoger la vida de Jes\u00fas en ella, hacer de \u00e9l el motor de su existencia propia, y nutrirse de la din\u00e1mica interior de la actividad de Jes\u00fas, es decir, de su Esp\u00edritu. Para ello ten\u00eda que despojarse de s\u00ed misma para crear un espacio a las virtudes de Cristo, en particular la humildad, la sencillez y el amor. No pode\u00adrnos asegurar que caminamos tras los pasos de Cristo m\u00e1s que si el Esp\u00edritu de Jes\u00fas est\u00e1 en uni\u00f3n perfecta con el nuestro.<\/p>\n<p>Luisa estaba segura de que transmit\u00eda fielmente los pensa\u00admientos y consejos del se\u00f1or Vicente cuando escrib\u00eda las siguien\u00adtes palabras a la hermana Mathurine Gu\u00e9rin: \u00abLe ruego, mi que\u00adrida hermana, que tenga buen cuidado de leer nuestras cartas [las de los dos fundadores] para recibir por ese medio el esp\u00edritu de Jesucristo, sin el cual todo lo que decimos y hacemos no es m\u00e1s que un c\u00edmbalo que suena\u00bb.<\/p>\n<p>Luisa dirig\u00eda estas l\u00edneas a hermanas que soportaban <strong>la carga pesada del servicio a los pobres<\/strong>, de hermanas que por asistir a los heridos, los hu\u00e9rfanos o los refugiados se encontraban en zo\u00adnas en las que la guerra produc\u00eda estragos. Ella misma ten\u00eda todos los d\u00edas una agenda muy cargada. Planificaba, animaba, exhorta\u00adba, sufr\u00eda encima de todo ello dolores f\u00edsicos, y su hijo le causaba preocupaciones. Por otro lado organizaba fundaciones nuevas y ve\u00eda amenazado el esp\u00edritu de la joven compa\u00f1\u00eda porque padec\u00eda influencias malas. Con ocasi\u00f3n de una peregrinaci\u00f3n a Chartres rog\u00f3 a Dios que destruyera la Compa\u00f1\u00eda antes que dejarla deri\u00advar lejos de la voluntad de Dios. Sin embargo, usando todos los medios a su disposici\u00f3n, aspiraba al reconocimiento de la joven compa\u00f1\u00eda, aun no compartiendo en todos los detalles los puntos de vista del se\u00f1or Vicente. Hab\u00eda adquirido, gracias a lo que deno\u00adminaba la \u00abluz de Pentecost\u00e9s\u00bb, la convicci\u00f3n y la certeza de que ella ten\u00eda que luchar para que se cumpliera aquella predicci\u00f3n. Quer\u00eda vivir hasta la cruz la vida de Jesucristo, y dedicaba a ello todas sus fuerzas, aun cuando los esfuerzos necesarios fueran so\u00adbrehumanos. \u00abOs sigo hasta el pie de la cruz, a la que he escogido como mi claustro7<sup>9<\/sup>\u00bb. Este amor puro no se dirig\u00eda, pues, a un Dios infinitamente grande y todopoderoso, sino a Jes\u00fas crucificado.<\/p>\n<p>Una mujer como Luisa de Marillac, cuya vida no fue m\u00e1s que un sufrimiento continuado, no encontraba ning\u00fan obst\u00e1culo en entrar en la <strong>Pasi\u00f3n de Cristo<\/strong> por medio de la oraci\u00f3n. En su co\u00adrrespondencia con las hermanas pon\u00eda siempre a la vista al Cristo sufriente. Ese era su Cristo, y ese deb\u00eda ser tambi\u00e9n el de las Hijas de la Caridad, que sufr\u00edan de la misma manera que la mayor parte de la gente en el siglo XVII, expuestas a todas clases de enfer\u00admedades graves. De modo que les resultaba natural que tuvie\u00adran que tomar parte en los sufrimientos de Cristo en la cruz. Eso les daba consuelo y esperanza, no solo cuando estaban enfermas sino tambi\u00e9n cuando eran conscientes de pertenecer a una joven Compa\u00f1\u00eda en sus inicios, y de que ten\u00edan que recorrer un camino sembrado de trampas antes de alcanzar el fin querido por Dios. Para Luisa seguir a Jes\u00fas significaba que el Esp\u00edritu de Jesucristo obra en nosotros y que nuestra vida es continuaci\u00f3n de la suya. Y eso supon\u00eda <strong>un estilo de vida<\/strong> semejante al de Cristo. Caminar tras los pasos de Jes\u00fas implicaba el aceptar las luchas que ayuda\u00adr\u00edan a cambiar el mundo de los pobres y de los oprimidos. Pero ante todo aquello exig\u00eda aceptar muchas vicisitudes, tomar parte activamente en los combates y en los sufrimientos de Cristo para el bien y la salvaci\u00f3n de los pobres.<\/p>\n<p>Luisa estaba persuadida de que Dios cargaba a los seres hu\u00admanos con una parte de la cruz de Cristo, seg\u00fan la misi\u00f3n que \u00c9l esperaba de cada uno.<\/p>\n<p><strong>La fe<\/strong> le <strong>hab\u00eda librado<\/strong> para a\u00f1os posteriores <strong>del peso de la vida terrestre<\/strong>, y le hab\u00eda ayudado a superar sus angustias. Ella viv\u00eda en Cristo y Cristo viv\u00eda en ella. Su fe le mov\u00eda a seguir a Jes\u00fas con gozo. Su naturaleza le llevaba ciertamente a retraerse con temor ante la cruz, pero superaba siempre la contradicci\u00f3n entre fe y raz\u00f3n gracias a la esperanza. La esperanza cristiana le daba la \u00fanica respuesta v\u00e1lida que el ser humano puede dar al pro\u00adblema del sufrimiento: todos los que siguen a Cristo encuentran justamente la esperanza en su cruz. La esperanza es lo que libra de la angustia. Vicente de Pa\u00fal fue ciertamente inflexible en esta evoluci\u00f3n; fue incluso con frecuencia el agente principal.<\/p>\n<p>La esperanza es contagiosa, y Luisa se la contagiaba a las hermanas. Lo podemos ver muchas veces en sus cartas: \u00abEspero que Nuestro Se\u00f1or tendr\u00e1 en cuenta su caridad y escuchar\u00e1 sus oraciones [&#8230;], y que por medio de ellas sus penas se mudar\u00e1n en consuelos\u00bb.<\/p>\n<p>Los consejos de Luisa reflejaban su piedad y su agudeza sico\u00adl\u00f3gica, y los acompa\u00f1aba a veces con consejos pr\u00e1cticos y \u00fatiles sobre la salud, tales como preparar las tisanas y otros remedios, de los que ten\u00eda un conocimiento sorprendente. Siempre mostra\u00adba un gran inter\u00e9s por la salud y sus remedios. Nunca aceptaba pasivamente las muchas enfermedades, males o sufrimientos que le afectaban a ella misma, a sus hermanas, o incluso a Vicente de Pa\u00fal mismo. Buscaba remedios, sobre todo en tiempo de guerra, o cuando, por ejemplo, las hermanas cuidaban ni\u00f1os abandonados.<\/p>\n<p>El tono de sus cartas no era jam\u00e1s pesimista. Viv\u00eda la esperanza y la alegr\u00eda de la resurrecci\u00f3n, el gozo y la paz en la aceptaci\u00f3n del sufrimiento. Podemos encontrar el resumen de su disposici\u00f3n y de su vocaci\u00f3n a llevar la cruz en una carta a una hermana enferma:<\/p>\n<p>\u00abMi querida hermana: Nuestro buen Dios le hace participar profundamente en sus sufrimientos permitiendo que est\u00e9 usted muy mal [&#8230;]. Suplico a su bondad que le conceda sus consuelos de costumbre, que \u00e9l da a las almas que quiere llevar a la santidad por ese camino. Dos cosas nos pueden ayudar mucho para ese fin: una, el amor que debemos tener a honrar los sufrimientos del Hijo de Dios, y la otra el pensar con frecuencia que esta vida es de corta duraci\u00f3n, y que los sufrimientos, cuando se soportan bien, nos llevan a la felicidad eterna. Am\u00e9mosles, pues, mi querida her\u00admana, y hagamos tantos actos de aceptaci\u00f3n cuanto la voluntad de Dios los quiera para nosotros. Est\u00e9 segura de que se trata de una se\u00f1al del amor que Dios le tiene a usted, pues por medio de ellos le hace en alg\u00fan modo semejante a su Hijo. Sufra pues con su misma entereza con sumisi\u00f3n a todo lo que Dios quiera de usted, y use todos los medios que se le den para recuperar su sa\u00adlud. Ruego a sor Anne que cuide muy bien de usted [&#8230;]; pero le ruego tambi\u00e9n a usted que le pida con toda confianza las ayudas que necesites\u00bb.<\/p>\n<p>Los grandes cambios en la vida de santa Luisa de Marillac le fueron con frecuencia impuestos con una cierta violencia, como a golpes de martillo; pensemos, por ejemplo, en su marginaci\u00f3n por parte de su familia, en su colocaci\u00f3n en la casa de una \u00abse\u00f1ora pobre\u00bb, en su matrimonio de conveniencia, en la prisi\u00f3n de su t\u00edo Michel y la decapitaci\u00f3n de su t\u00edo Louis de Marillac. Ni tampoco olvidemos las preocupaciones causadas por las rarezas de su hijo ni, adem\u00e1s de otros problemas, los que tuvo que afrontar en la fundaci\u00f3n y consolidaci\u00f3n de la joven Compa\u00f1\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>Luisa sobrevivi\u00f3 a todos esos sucesos aferr\u00e1ndose a la <strong>espe\u00adranza<\/strong> de que lo predicho en la luz de Pentecost\u00e9s, tendr\u00eda lugar con toda seguridad. Cre\u00eda firmemente que Dios la dirig\u00eda, que la amaba, y eso sosten\u00eda su esperanza con la vista puesta en Cris\u00adto crucificado, que le acog\u00eda en su vida y en sus sufrimientos y que, finalmente, le permit\u00eda exultar con un gozo del todo interior, como la visi\u00f3n de una nueva luz, que le ayudaba a ver con toda claridad que \u00abDios es mi Dios\u00bb. Luisa ha respondido a ese amor divino con toda la fuerza de su fervor, con la esperanza de ser liberada por la cruz de Jesucristo. Ella misma antes de morir escogi\u00f3 su epitafio, que se puede leer aun hoy mismo en la capilla lateral de su iglesia parroquial de Saint-Laurent, en Par\u00eds: en una cruz muy sencilla la inscripci\u00f3n:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>SPES UNICA<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u201cNo basta con ir y dar;<\/strong><\/p>\n<p><strong>hace falta un coraz\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p><strong>purificado de todo inter\u00e9s\u201d<\/strong><\/p>\n<p><strong>(SLM, p.259)<\/strong><\/p>\n<p>Sor Alfonsa Richartz<\/p>\n<p>La Milagrosa<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El rostro de Cristo en Luisa de Marillac En los primeros d\u00edas de febrero de 1613 tuvo lugar una reuni\u00f3n ceremoniosa en la casa de la familia d&#8217;Attichy en Par\u00eds, con ocasi\u00f3n de la redacci\u00f3n &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/luisa-de-marillac-v-luisa-de-marillac-siguiendo-a-jesucristo-crucificado\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":402666,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"#ffffff","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-403292","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vicente-de-paul"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>LUISA de MARILLAC (V): Luisa de Marillac: siguiendo a Jesucristo crucificado - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/luisa-de-marillac-v-luisa-de-marillac-siguiendo-a-jesucristo-crucificado\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"LUISA de MARILLAC (V): Luisa de Marillac: siguiendo a Jesucristo crucificado - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"El rostro de Cristo en Luisa de Marillac En los primeros d\u00edas de febrero de 1613 tuvo lugar una reuni\u00f3n ceremoniosa en la casa de la familia d&#8217;Attichy en Par\u00eds, con ocasi\u00f3n de la redacci\u00f3n ... 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