{"id":403290,"date":"2021-02-07T08:57:47","date_gmt":"2021-02-07T07:57:47","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=403290"},"modified":"2020-11-29T10:59:21","modified_gmt":"2020-11-29T09:59:21","slug":"luisa-de-marillac-iv-el-espiritu-santo-en-la-vida-y-en-la-obra-de-luisa-de-marillac","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/luisa-de-marillac-iv-el-espiritu-santo-en-la-vida-y-en-la-obra-de-luisa-de-marillac\/","title":{"rendered":"LUISA de MARILLAC (IV): El Esp\u00edritu Santo en la vida y en la obra de Luisa de Marillac"},"content":{"rendered":"<p><strong>Perspectivas y fundamentos de la Compa\u00f1\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>Para la familia vicenciana Luisa de Marillac es quien ha for\u00admado y educado a las primeras hermanas y la que ha recibido bajo su protecci\u00f3n a los ni\u00f1os abandonados. Es la santa que ha puesto la caridad en el primer plano, siguiendo en esto a su mentor espi\u00adritual, san Vicente de Pa\u00fal. Pero es mucho menos conocida la im\u00adportancia que ha tenido para ella la veneraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. Sin embargo, si examinamos el proceso del caminar espiritual de Luisa, enseguida nos daremos cuenta de la importancia que tuvo en su vida el Esp\u00edritu Santo. Hasta el 4 de junio de 1623 Luisa de Marillac no hab\u00eda prestado una atenci\u00f3n especial a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. Pero ese 4 de junio, fiesta de Pentecost\u00e9s, se pro\u00addujo un hecho decisivo. Lo sabemos muy bien, qued\u00f3 marcado en la vida de Luisa con el nombre de<\/p>\n<p><strong>\u00abLuz de Pentecost\u00e9s\u00bb. <\/strong>Aquella luz no era simplemente un conocimiento nuevo, una comprensi\u00f3n diferente de las verdades de las que ella hab\u00eda tenido dudas, sino que signific\u00f3 el comienzo de un camino completamente nuevo. Despu\u00e9s de un largo y dif\u00edcil per\u00edodo de incertidumbre, tuvo durante la misa de Pentecost\u00e9s una certeza luminosa que dej\u00f3 en ella la seguridad de que har\u00eda un d\u00eda el voto de pobreza, castidad y obediencia. Supo tambi\u00e9n que tendr\u00eda actividad a favor del pr\u00f3jimo en compa\u00f1\u00eda de otras personas, en un lugar no de clausura, pues habr\u00eda idas y venidas. Tambi\u00e9n se le dio la seguridad de que tendr\u00eda un nuevo gu\u00eda espi\u00adritual. Ella descart\u00f3 en un principio esa idea, pero luego la acept\u00f3.<\/p>\n<p><strong>Esa aceptaci\u00f3n <\/strong>fue el efecto primero de aquella iluminaci\u00f3n recibida el d\u00eda de Pentecost\u00e9s. Todo ello supuso un giro en la vida de Luisa, y a este nuevo comienzo acompa\u00f1\u00f3 un S\u00ed, una acepta\u00adci\u00f3n del camino indicado por Dios. Acept\u00f3 al nuevo director espi\u00adritual, que en un primer momento no le pareci\u00f3 que le conviniera, pues ten\u00eda la convicci\u00f3n \u00edntima de que Dios no nos pide que cum\u00adplamos su voluntad sin enviarnos su ayuda. Ahora bien, la ayuda de Dios significa tambi\u00e9n su amor y ese amor desea la felicidad del ser humano. Por otro lado, el amor de los seres humanos hacia Dios va unido a su deseo de obedecer a Dios. Es el \u00fanico camino que tienen los seres humanos de ir al encuentro de Dios.<\/p>\n<p>Luisa record\u00f3 unos a\u00f1os m\u00e1s tarde aquel hecho luminoso de Pentecost\u00e9s del a\u00f1o 1623 en una carta a Vicente de Pa\u00fal: \u00abEs verdad que tengo un afecto especial por la fiesta de Pentecost\u00e9s y que este tiempo de preparaci\u00f3n me es muy querido; [&#8230;] y como en ese mismo d\u00eda quiso Dios poner en mi coraz\u00f3n una ley que ya no ha salido de \u00e9l, a pesar de todas mis maldades, mucho desea\u00adr\u00eda, si se me lo permitiera, que en ese mismo d\u00eda su bondad me hiciera conocer los medios de observar esa ley, seg\u00fan su santa voluntad\u00bb.<\/p>\n<p>En 1632, antes de la fundaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda, Luisa medit\u00f3 sobre el desarrollo de su vida anterior con ocasi\u00f3n de un retiro que tuvo justo antes de Pentecost\u00e9s. Hab\u00edan pasado nueve a\u00f1os desde el suceso de Pentecost\u00e9s de 1623. Hab\u00eda encontrado un nuevo gu\u00eda espiritual en la persona de Vicente de Pa\u00fal, tal como se le hab\u00eda anunciado. Su esposo, Antoine Le Gras, hab\u00eda muerto. Luisa era libre para cumplir las otras promesas que se le hab\u00edan hecho aquel d\u00eda de Pentecost\u00e9s. Se hab\u00eda puesto a disposici\u00f3n del se\u00f1or Vicente en 1629, le ayudaba, era supervisora y directora de varias Cofrad\u00edas de Caridad.<\/p>\n<p>\u00bfEra ese el camino indicado por el Esp\u00edritu de Pentecost\u00e9s? Pidi\u00f3 en su oraci\u00f3n ser capaz de discernir con mayor claridad el camino que deb\u00eda seguir. No podemos menos de admirar su perseverancia durante tantos a\u00f1os, su confianza en la promesa de Dios, su esperanza inquebrantable en que se cumplir\u00eda lo prome\u00adtido. Vemos en esa actitud el lazo estrecho entra la fe que conf\u00eda y la total disponibilidad para cumplir la voluntad de Dios. Esto podemos leer en un texto redactado hacia 1632: \u00abDebo perseverar en la espera del Esp\u00edritu Santo aunque no conozca el tiempo de su venida; pero aceptando esta ignorancia y sin conocer tam\u00adpoco los caminos por los que Dios quiere que le sirva, me debo abandonar del todo a sus decisiones para ser enteramente suya, y para preparar mi alma debo renunciar voluntariamente a todo para seguirle\u00bb.<\/p>\n<p>Comprendemos por este escrito qu\u00e9 signific\u00f3 la influencia del Esp\u00edritu Santo para la futura cofundadora de la Compa\u00f1\u00eda. Le ayud\u00f3:<\/p>\n<ul>\n<li>a esperar con paciencia sin saber cu\u00e1ndo se cumplir\u00eda la promesa de Pentecost\u00e9s;<\/li>\n<li>a abandonarse enteramente en manos de Dios;<\/li>\n<li>a mantenerse preparada para seguir el camino que Dios le indicara.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Luisa se esforzaba por dominar su impaciencia, pues le estaba pareciendo muy largo el tiempo de la espera. Pensaba entonces en los ap\u00f3stoles y su espera serena del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p><strong>Los primeros pasos por el camino<\/strong> fueron sin duda guiados por el Esp\u00edritu Santo, pero no por ello tenemos que excluir la decisi\u00f3n libre de Luisa. En efecto, ella hab\u00eda observado el tra\u00adbajo del se\u00f1or Vicente con las Cofrad\u00edas. De modo que poco a poco fue surgiendo en la mente y en las oraciones de Luisa la idea de visitar a los pobres. A la luz de la promesa de Pentecost\u00e9s tom\u00f3 la decisi\u00f3n de comunicar su pensar a Vicente de Pa\u00fal. \u00c9ste respondi\u00f3 entusiasmado, como si hubiera estado esperando esa decisi\u00f3n durante mucho tiempo. Podr\u00edamos ciertamente pregun\u00adtarnos por qu\u00e9 no le hab\u00eda sugerido \u00e9l mismo el que se dedicara a los pobres. Quer\u00eda sin duda que la decisi\u00f3n viniera de ella misma. Comprendemos ahora que el esp\u00edritu de Dios precede a nuestras ideas y nuestro obrar, y que de eso modo orienta nuestras decisio\u00adnes. Gracias a la fuerza del Esp\u00edritu Santo llegamos a conocer y a cumplir la voluntad de Dios. Recordemos el himno del Esp\u00edritu Santo: \u00abIlumina nuestros sentidos con tu luz, infunde tu amor en nuestros corazones, confirma con tu fuerza la debilidad de nues\u00adtro cuerpo\u00bb.<\/p>\n<p>Luisa recibi\u00f3 de Vicente de Pa\u00fal un <strong>env\u00edo a misi\u00f3n<\/strong> en buena y debida forma. Ella march\u00f3 a Montmirail y comenz\u00f3 su activi\u00addad como visitadora de las Cofrad\u00edas de Caridad. Alrededor de un a\u00f1o m\u00e1s tarde se present\u00f3 una joven de familia campesina que se llamaba Margarita Naseau. El se\u00f1or Vicente se sinti\u00f3 muy im\u00adpresionado por aquella se\u00f1al de la divina providencia. Despu\u00e9s de la muerte de Margarita Luisa fue descubriendo que Dios le iba a abrir otros caminos. Pero en este tiempo daba muestras de una gran impaciencia, pues esperaba distinguir con mayor claridad el camino que deb\u00eda seguir. El se\u00f1or Vicente intentaba calmar sus prisas. Esto le escrib\u00eda en mayo de 1633: \u00abEn cuanto al asunto de su ocupaci\u00f3n, no tengo a\u00fan las ideas claras delante de Dios, por una dificultad que me impide ver si es esa la voluntad de su divi\u00adna Majestad. Le ruego, se\u00f1orita, que le encomiende este asunto estos d\u00edas, durante los cuales comunica con abundancia mayor las gracias del Esp\u00edritu Santo, y al Esp\u00edritu Santo mismo. Sigamos orando y mant\u00e9ngase alegre\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente pensaba en este momento en lo legislado por el con\u00adcilio de Trento, que hab\u00eda prohibido la fundaci\u00f3n de \u00f3rdenes nue\u00advas. Luisa hab\u00eda ya pensado sin duda en integrar en las Cofrad\u00edas a las j\u00f3venes que rodeaban a Margarita Naseau. Ella sab\u00eda, desde que recibi\u00f3 la luz de Pentecost\u00e9s, que \u00abpronunciar\u00eda votos, y que servir\u00eda al pr\u00f3jimo ayudada por otras personas\u00bb&#8230;<\/p>\n<p><strong>El itinerario emprendido por Luisa<\/strong> muestra a las claras su firmeza en querer seguir el camino indicado por el Esp\u00edritu. El se\u00f1or Vicente dudaba, Luisa de Marillac se manten\u00eda filme, y, en efecto, el Esp\u00edritu de Dios mostr\u00f3 el camino que conocemos. En noviembre de 1633 Luisa de Marillac acog\u00eda en su propia casa a cuatro o cinco j\u00f3venes para prepararles a asistir a los pobres de las Cofrad\u00edas. Vicente mismo se sinti\u00f3 sorprendido por el derrotero que tom\u00f3 el asunto, de modo que con toda raz\u00f3n pudo decir alg\u00fan tiempo despu\u00e9s: \u00abHijas m\u00edas, es Dios quien os ha creado. Noso\u00adtros no hubi\u00e9ramos sido capaces de fundar nada\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Luisa de Marillac siente a partir de ese momento que est\u00e1 actuando seg\u00fan el plan de Dios<\/strong>.<\/p>\n<p>Animada por la fuerza del Esp\u00edritu Santo, sigui\u00f3 fiune en sus convicciones y busc\u00f3 con determinaci\u00f3n el descifrar el plan de Dios. Veamos lo que dice en uno de sus textos: \u00abLas almas ver\u00addaderamente pobres y deseosas de servir a Dios deben tener una gran confianza en que el Esp\u00edritu Santo, al venir a ellas y no en\u00adcontrar en ellas ninguna resistencia, les colocar\u00e1 en la disposici\u00f3n necesaria para cumplir su sant\u00edsima voluntad, lo cual debe ser su \u00fanico deseo. Y para estar en ese estado de no resistencia hay que ser como los ap\u00f3stoles en el obedecer, en el confesar su impoten\u00adcia y en el entero desapego de toda criatura. [&#8230;] Y el Esp\u00edritu, descendiendo sobre las almas as\u00ed dispuestas, el ardor de su amor consumiendo todo lo que impide el obrar divino, establecer\u00e1 en ellas las leyes de la caridad santa, y les dar\u00e1 fuerzas para obrar por encima de la capacidad humana&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>El acento est\u00e1 puesto una vez m\u00e1s sobre el obrar del Esp\u00edritu Santo, sobre su poder para hacernos capaces de discernir la vo\u00adluntad de Dios. La vida de santa Luisa nos proporciona la prueba de <strong>su constancia en perseguir su meta<\/strong>. La luz de Pentecost\u00e9s no le dej\u00f3 jam\u00e1s en la oscuridad. Habitada por el Esp\u00edritu y segura de reconocer la voluntad de Dios, se resisti\u00f3 al se\u00f1or Vicente. Le expuso sus objetivos y defendi\u00f3 su punto de vista con insistencia, aunque con buenas maneras. Hasta que encontraron el ritmo pre\u00adciso para poder actuar juntos.<\/p>\n<p>No escasearon las dificultades; encontramos un ejemplo en la firma del contrato con las autoridades municipales de Angers. En 1639 Luisa acompa\u00f1\u00f3 a un grupo de hermanas al H\u00f4tel-Dieu de Angers; el viaje dur\u00f3 catorce d\u00edas. Por vez primera las hermanas se iban a encargar ellas solas de todo el hospital, en el que hab\u00eda doscientas camas. Luisa arregl\u00f3 todo el asunto con un talento magn\u00edfico de organizadora. Hab\u00eda redactado, junto con el se\u00f1or Vicente, un reglamento para ese hospital. Ella pensaba que bastar\u00eda un simple acuerdo verbal para establecer la fundaci\u00f3n. \u00a1Qu\u00e9 error! Los \u201cpadres de los pobres\u201d exigieron un contrato escrito. Pero el caso es que la firma de Luisa no ten\u00eda valor legal, pues las hermanas estaban a\u00fan integradas en las Cofrad\u00edas de Caridad, cuya legitimidad jur\u00eddica depend\u00eda de su fundador y presidente, el se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal. La Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad no estaba a\u00fan reconocida, y por ello no constitu\u00eda una persona ju\u00adr\u00eddica. Desde Angers Luisa se dirigi\u00f3 dos veces al se\u00f1or Vicente. \u00c9l le aconsej\u00f3 que firmara como \u00abdirectora de las Hijas de la Ca\u00adridad, siervas de los enfermos pobres en hospitales y parroquias, con aprobaci\u00f3n del Superior General de la Congregaci\u00f3n de los sacerdotes de la Misi\u00f3n, Director de las Hijas de la Caridad, que dependen de sus superiores de Par\u00eds. El \u00fanico poder v\u00e1lido de establecimiento es el que se ha dado al Director y Superior de las Hijas de la Caridad, tal corno se hace en las otras di\u00f3cesis\u00bb.<\/p>\n<p>Luisa firm\u00f3 como dec\u00eda el se\u00f1or Vicente, pero enseguida se dio cuenta de que era <strong>necesario un verdadero acto de estable\u00adcimiento <\/strong>de la nueva compa\u00f1\u00eda. Escuchaba la voz interior, o\u00edda aquel famoso d\u00eda de Pentecost\u00e9s, que le dec\u00eda que fundara una compa\u00f1\u00eda estable. Luisa intent\u00f3 en consecuencia trabajar por este asunto del reconocimiento oficial. Pero pronto se enter\u00f3 con do\u00adlor que no se hab\u00eda sido arreglado nada en el aspecto jur\u00eddico. Ha\u00adb\u00eda que comprar una casa, pues la vivienda que ocupaban se ha\u00adb\u00eda hecho demasiado peque\u00f1a. Vicente no parec\u00eda comprender la impaciencia de Luisa. Quitaba importancia a sus preocupaciones y la consolaba con estas palabras: \u00abDesde que sabe que estoy en\u00adfermo, le veo a usted algo preocupada por sentimientos humanos, y piensa que todo est\u00e1 perdido. \u00a1Oh, mujer de poca fe y de poca imitaci\u00f3n del modo de comportarse y del ejemplo de Jesucristo! Este salvador del mundo deja en manos de su Padre las reglas y las decisiones en lo que se refiere a la Iglesia; y por un pu\u00f1ado de j\u00f3venes que, como es bien sabido, su providencia ha inspirado y reunido \u00a1piensa usted que \u00e9l nos va a fallar! Vamos, se\u00f1orita, hu\u00admill\u00e9monos delante de Dios, en el amor del cual soy su humilde servidor, V.D.\u00bb.<\/p>\n<p>Se compr\u00f3 por fin una casa. Pero Luisa no pudo firmar m\u00e1s que como persona privada y no en nombre de la Compa\u00f1\u00eda. El se\u00ad\u00f1or Vicente firm\u00f3 el contrato y pag\u00f3, hasta que una vez aprobada la Compa\u00f1\u00eda, pudo Luisa adquirir la propiedad de la casa.<\/p>\n<p>Esos hechos cambian radicalmente la imagen que ten\u00edamos de santa Luisa. Luisa de Marillac consegu\u00eda en efecto imponer sus puntos de vista con seguridad y constancia, permaneciendo a la vez tranquila y respetuosa; sab\u00eda y admit\u00eda que alguien le guiaba.<\/p>\n<p><strong>Reconocimiento de la voluntad de Dios<\/strong><\/p>\n<p>Y comport\u00e1ndose as\u00ed consigui\u00f3 lo que pretend\u00eda en el caso de la elecci\u00f3n de sor Mar\u00eda Joly para la nueva fundaci\u00f3n en Se\u00add\u00e1n. Para conseguirlo hizo uso de su fuerza de convicci\u00f3n, como protectora que era de las hermanas y cuidadosa de su bienestar. Sor Mar\u00eda Joly iba a ser enviada sola a Sed\u00e1n. Se trataba de un verdadero env\u00edo a misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Sed\u00e1n, situada en el este de Francia, hab\u00eda sido una ciudad protestante durante cien a\u00f1os. Habi\u00e9ndose hecho cat\u00f3licos hac\u00eda poco tiempo el duque y la duquesa, la ciudad volvi\u00f3 al catoli\u00adcismo. El se\u00f1or Vicente envi\u00f3 all\u00e1 algunos misioneros, y ahora se ped\u00edan hermanas. El se\u00f1or Vicente ten\u00eda por lo visto una con\u00adfianza inmensa en la solidez de car\u00e1cter de las hermanas, As\u00ed que pens\u00f3 que una hermana podr\u00eda ir sola a trabajar en Sed\u00e1n. Eso era ciertamente una gran prueba de confianza. Pero intervino Luisa. En una carta larga al se\u00f1or Vicente (de 9 de febrero de 1641) le expuso los peligros de un tal viaje para una hermana sola. Pod\u00eda caer enferma, encontrarse con malas compa\u00f1\u00edas. \u00bfY qu\u00e9 dir\u00eda la gente? Que no hab\u00eda suficiente preocupaci\u00f3n por las hermanas. No, aquello no era posible; ser\u00eda demasiado imprudente y una prueba de falta de atenci\u00f3n por las hermanas. Se tom\u00f3 pues la decisi\u00f3n de enviar a dos hermanas. Pero el se\u00f1or Vicente hab\u00eda ya previsto que la hermana se\u00f1alada para acompa\u00f1ar a Mar\u00eda ocupa\u00adr\u00eda su lugar en la Cofrad\u00eda de la Caridad Saint-Germain. Luisa dio las razones de su elecci\u00f3n, intent\u00f3 convencerle educadamente, y luego declar\u00f3 que se atendr\u00eda a su decisi\u00f3n como \u00abhija obedien\u00adte\u00bb. Al se\u00f1or Vicente le mov\u00eda su entusiasmo de sacerdote para aquella nueva misi\u00f3n en Sed\u00e1n. Pero no tuvo en cuenta la perso\u00adnalidad de aquella mujer. Ciertamente, Luisa no se dejaba utilizar. Se sent\u00eda sostenida por la fuerza del Esp\u00edritu Santo, segura de sus consejos, sumergida en su amor, amor que orienta a los seres hu\u00admanos por el camino que lleva hacia Dios y hacia los otros seres humanos. El se\u00f1or Vicente cedi\u00f3; sin duda que extrajo en silencio buenas lecciones de casos parecidos.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal se encontraba por este tiempo sobrecargado de trabajo: los ni\u00f1os abandonados, los mendigos, los galeotes, los refugiados, las Cofrad\u00edas, las necesidades de las hermanas y de los misioneros. Bajo la direcci\u00f3n de la se\u00f1orita Le Gras las hermanas se convirtieron en mujeres admirables, y Vicente no pod\u00eda menos de alabar a Luisa y admirar los frutos de su trabajo. Le dec\u00eda \u00e9l mismo: \u00abSe\u00f1orita, sus hijas hacen maravillas\u00bb. Y Lui\u00adsa respond\u00eda, mientras le ped\u00eda con amabilidad pero con fuerza que siguiera ayud\u00e1ndoles: \u00abSe\u00f1or, esas hijas son tambi\u00e9n hijas de usted\u00bb.<\/p>\n<p>Luisa sab\u00eda muy bien por qu\u00e9 canales repart\u00eda sus dones el Esp\u00edritu Santo: Vicente de Pa\u00fal era el garante espiritual del de\u00adsarrollo de la joven Compa\u00f1\u00eda. \u00c9l representaba los fundamentos sobre los que hab\u00eda que seguir construy\u00e9ndola. Apenas si ten\u00eda tiempo Vicente para tener conferencias con las hermanas, y tuvo que excusarse en muchas ocasiones. Luisa se lo reprochaba edu\u00adcadamente. \u00bfY por qu\u00e9? Hubiera sido capaz de ocuparse ella sola de la formaci\u00f3n de las hermanas. \u00a1Pero eso ser\u00eda olvidarse de la luz de Pentecost\u00e9s! Gracias a la luz del Esp\u00edritu Santo hab\u00eda reco\u00adnocido en Vicente de Pa\u00fal el nuevo gu\u00eda espiritual que necesita\u00adba. Sab\u00eda tambi\u00e9n que \u00abservir\u00eda al pr\u00f3jimo con la ayuda de otras personas\u00bb. No hab\u00eda duda de que Vicente de Pa\u00fal estaba unido a esos hechos y a aquella promesa de Pentecost\u00e9s. Las Cofrad\u00edas eran obra de \u00e9l. Margarita Naseau hab\u00eda sido la primera en entrar. As\u00ed pues, \u00abesas hijas son tambi\u00e9n hijas de usted\u00bb. Luisa sigui\u00f3 imperturbablemente y con toda confianza el camino trazado. No pod\u00eda tener ella ninguna duda sobre eso.<\/p>\n<p>Pero las exigencias de la vida diaria le devolv\u00edan a la realidad. Se sent\u00eda con frecuencia sobrecargada de trabajo. La formaci\u00f3n de las hermanas no siempre iba bien del todo. Las exigencias de las Damas eran fuertes, inmenso el conjunto del trabajo.<\/p>\n<p>Tuvo lugar entonces, en la v\u00edspera de Pentecost\u00e9s de 1642, un suceso inesperado, un incidente que por poco no se convirti\u00f3 en cat\u00e1strofe. Cedi\u00f3 una viga de la sala de reuniones de la Casa Madre, que se hab\u00eda adquirido hac\u00eda exactamente seis meses, y se hundieron el techo y el suelo. Luisa acababa de salir de la sala, como se lo acababan de pedir las hermanas. No fue herida nin\u00adguna de las hermanas, pero el susto fue grand\u00edsimo. El se\u00f1or Vi\u00adcente hab\u00eda pensado tener una conferencia aquella misma tarde en aquello sala, pero no pudo tenerla por causa del accidente. Cuando le informaron de la noticia se sinti\u00f3 como herido por un rayo. Pero fue capaz ver aquello como hombre de fe, y eso le me\u00adtamorfose\u00f3. Escribi\u00f3 a la se\u00f1orita a la ma\u00f1ana siguiente: \u00abTiene usted en ese suceso un nuevo motivo para amar a Dios m\u00e1s que nunca, pues le ha protegido como a la ni\u00f1a de sus ojos, en un accidente en el que ustedes hubieran sido aplastadas por esas rui\u00adnas, si Dios no hubiera parado el golpe con su providencia divina. Hemos dado gracia a Dios por todo ello; y pronto, con la ayuda de Dios, espero tener la dicha de verle aqu\u00ed, si viene a v\u00edsperas, o en su casa; le env\u00edo estas l\u00edneas para saludarle y darle por adelantado los buenos d\u00edas\u00bb.<\/p>\n<p>Podemos percibir en esta carta un cambio de tono, prueba de que la peque\u00f1a crisis que hab\u00edan atravesado estaba ya superada.<\/p>\n<p>Pero este suceso produjo algunas otras transformaciones. Los dos tendr\u00edan en lo sucesivo la certeza de que les llamaba la divina providencia, que les animaba a atenuar sus diferentes puntos de vista. Ten\u00edan la seguridad de que Dios deseaba el nacimiento de aquella Obra, que la proteger\u00eda y la sostendr\u00eda. Ambos compren\u00addieron que deb\u00edan trabajar al un\u00edsono por el bien de los pobres y la gloria de Dios. Los dos se dieron cuenta de la suerte que tuvie\u00adron en aquel accidente y vieron en aquel suceso un signo del amor de Dios por la joven compa\u00f1\u00eda. Por su parte, Luisa no pudo dejar de relacionar estos hechos sucedidos en Pentecost\u00e9s con las pro\u00admesas recibidas igualmente un cierto d\u00eda de Pentecost\u00e9s: \u00abservir a su pr\u00f3jimo con la ayuda de otras personas\u00bb. As\u00ed escrib\u00eda unos a\u00f1os m\u00e1s tarde: \u00abEl d\u00eda y el tiempo en que nuestro buen Dios ha permitido que yo reconozca su divina providencia por el hecho tan notable de la ca\u00edda del piso, me ha tra\u00eddo ante los ojos el gran cambio interior que tuve cuando su bondad me dio la iluminaci\u00f3n acerca de las grandes inquietudes y dificultades que ten\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Luisa busc\u00f3 una relaci\u00f3n entre la luz recibida en Pentecost\u00e9s y el hundimiento del piso. Sus relaciones con Vicente de Pa\u00fal, igual que su trabajo con las hermanas de la joven Compa\u00f1\u00eda, cam\u00adbiaron de nivel. Ella extrajo de aquel incidente algunas lecciones y algunas conclusiones personales. V\u00e9ase lo que escribi\u00f3: \u00abHe pensado que nuestra familia entera deber\u00eda tener gran devoci\u00f3n a la fiesta de Pentecost\u00e9s, y una dependencia total de la divina providencia, y esto de una manera muy especial&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Para Luisa, esa manera muy especial consist\u00eda en dar a los misioneros del se\u00f1or Vicente y a las Hijas de la Caridad una s\u00f3li\u00adda estructura com\u00fan. Para Luisa la Compa\u00f1\u00eda deb\u00eda depender del superior general de los miembros de la Misi\u00f3n, es decir, del se\u00f1or Vicente y de sus sucesores. Pero no era f\u00e1cil convencer al se\u00f1or Vicente. \u00bfNo se hab\u00eda expresado Dios con claridad cuando cedi\u00f3 la viga? Luisa reflexion\u00f3 y comprendi\u00f3 tres a\u00f1os despu\u00e9s del ac\u00adcidente, que la joven Compa\u00f1\u00eda reposar\u00eda sobre una estructura de escasa solidez y resistencia si no estuviera unida estrechamente a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. La ca\u00edda del piso \u00bfno era una se\u00f1al de ello para el se\u00f1or Vicente? Por la gracia del Esp\u00edritu de Pen\u00adtecost\u00e9s ella ve\u00eda con claridad que, como lo dec\u00eda ella misma, se hab\u00eda producido algo notable en relaci\u00f3n al \u00abestablecimiento s\u00f3li\u00addo de esta peque\u00f1a familia, y que eso deber\u00eda ser una advertencia a nuestro muy honorable Padre para establecer la uni\u00f3n estrecha en la manera de vida que Dios quer\u00eda que llevara esa comuni\u00addad, conforme a la de su instituto [la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n], siendo los intereses comunes en aquella gracia de Dios [se refiere a la ca\u00edda del piso], gracia m\u00e1s bien que accidente<u><sup>34<\/sup><\/u>\u00bb. A\u00f1ade Luisa que sab\u00eda en su \u00abcoraz\u00f3n que aquello era una gracia de Dios su\u00adcedida por un fin que no conocemos, y que Dios ped\u00eda por aquel hecho algo a las unas y a los otros, y esperaba que su bondad se lo hiciera comprender a nuestro muy honorable Padre\u00bb.<\/p>\n<p>Se puede ver claramente por este escrito que Luisa no duda\u00adba del significado que hab\u00eda que atribuir a la iluminaci\u00f3n por parte del Esp\u00edritu. Por sus oraciones al Esp\u00edritu dispensador de consejos y de sabidur\u00eda, pensaba convencer a su director espiritual Vicente de Pa\u00fal que adoptara una posici\u00f3n que antes no ten\u00eda. Luisa estaba del todo segura de su idea, y termin\u00f3 por conseguir su fin gracias a una insistencia suave y constante.<\/p>\n<p>Sorprende el ver hasta qu\u00e9 grado la ca\u00edda del piso influy\u00f3 en la oraci\u00f3n y en la reflexi\u00f3n de Luisa, siempre guiada por la luz del Esp\u00edritu Santo y de la divina providencia. Piensa que la estabili\u00addad jur\u00eddica de la Compa\u00f1\u00eda es el resultado de su actuar orientado por el Esp\u00edritu, hecho que dio origen a la existencia oficial de la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Pero junto a esa estabilidad exterior la Compa\u00f1\u00eda ten\u00eda que encontrar su cohesi\u00f3n interna. Y el hundimiento del piso simbo\u00adlizaba las virtudes necesarias para su unidad. La primera de esas cualidades era la uni\u00f3n de todos los corazones. Luisa se sent\u00eda inspirada al pensar en la influencia del Esp\u00edritu Santo: \u00abMe pa\u00adrece que para ser fieles a Dios debemos tener una gran uni\u00f3n las unas con las otras, y que, como el Esp\u00edritu Santo es la uni\u00f3n del Padre y del Hijo, la vida que hemos asumido voluntariamente debe vivirse en esa gran uni\u00f3n de los corazones que nos impide enfadarnos por las acciones de las otras, y nos da un apoyo y dulzura cordial hacia nuestro pr\u00f3jimo; y para eso podr\u00e1n servir nuestros coloquios familiares que nos hemos propuesto tener los viemes<sup>3<\/sup>6\u00bb.<\/p>\n<p>Querr\u00edamos se\u00f1alar que Luisa insisti\u00f3 hasta el fin de su vida en la uni\u00f3n de las hermanas. Basta recordar su Testamento Es\u00adpiritual: \u00abSed muy cuidadosas [&#8230;] de vivir juntas con una gran uni\u00f3n y cordialidad, am\u00e1ndoos unas a otras, para imitar la uni\u00f3n y la vida de Nuestro Se\u00f1or&#8217;\u00bb.<\/p>\n<p>En abril de 1643, un a\u00f1o despu\u00e9s de la ca\u00edda del techo, Vi\u00adcente de Pa\u00fal tuvo una conferencia \u00abacerca de la uni\u00f3n entre los miembros de la comunidad\u00bb\u00bb. \u00c9l mismo vio en el hundimiento del piso la imagen de falta de unidad. Compar\u00f3 la desuni\u00f3n y la discordia a una viga carcomida.<\/p>\n<p>Junto a la uni\u00f3n como fruto del Esp\u00edritu, Luisa de Marillac subrayaba la importancia de otra virtud: \u00abla dependencia total en la divina providencia, pues me parece que esa es una de las cosas m\u00e1s se\u00f1aladas que Dios nos pide para hacer que la Compa\u00f1\u00eda subsista. Podemos concluir de todo ello que Luisa estaba totalmen\u00adte preparada e incondicionalmente dispuesta a buscar la voluntad de Dios en todo, a reconocerla y a cumplirla sin falta. Construir\u00e1 su vida entera sobre esta disposici\u00f3n.<\/p>\n<p>En los a\u00f1os que siguieron al hundimiento del techo Luisa re\u00adforz\u00f3 e interioriz\u00f3 su devoci\u00f3n al Esp\u00edritu Santo. El texto que evoca la <strong>unidad de la Compa\u00f1\u00eda<\/strong> nos revela tambi\u00e9n c\u00f3mo obra\u00adba Dios en ella: \u00abEn cuanto a m\u00ed, he pensado que debo ser m\u00e1s fiel que nunca a Dios, tanto en cuanto a mi interior cuanto en el servicio que debo a los pobres, pero sobre todo en la instrucci\u00f3n y ayuda a nuestras hermanas\u00bb.<\/p>\n<p>Luisa quer\u00eda dar m\u00e1s fuerza a su <strong>fidelidad a Dios<\/strong>, quer\u00eda que fuese a la par con su amor por \u00c9l. Ese amor, que era un don del Esp\u00edritu y que intensificaba su fidelidad, no era otra cosa que su amor por Dios encarnado en el pr\u00f3jimo. Las pr\u00f3ximas a Luisa eran las hermanas, y ella deb\u00eda consagrarse a su \u00abinstrucci\u00f3n y ayuda\u00bb. Se sent\u00eda colmada por la abundancia de las gracias en\u00adviadas por Dios, y ve\u00eda en ellas ante todo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo: \u00abUnos d\u00edas m\u00e1s tarde [&#8230;] Dios me hac\u00eda conocer que las gracias que \u00c9l me daba no eran para m\u00ed sino por pertenecerle en la manera en que le pertenezco\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando comparamos estos textos con los que escribi\u00f3 en los comienzos de su viudez, tiempo en el que anotaba todo lo que hac\u00eda cada d\u00eda, podemos medir el camino recorrido durante los diez \u00faltimos a\u00f1os, o m\u00e1s bien, nos damos cuenta del camino que \u00c9l le hab\u00eda hecho recorrer. Todas las dudas por las que pas\u00f3 en cuanto si era aquel el camino apropiado, todos los escr\u00fapulos que hab\u00eda tenido en su obrar se volatilizaban gracias a una actitud de abandono total al actuar del Esp\u00edritu y gracias a un fuerte deseo de orientar a las hermanas a ella confiadas a abrirse a este Esp\u00edritu de amor.<\/p>\n<p><strong>Consolidaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>La devoci\u00f3n de Luisa por el Esp\u00edritu Santo atraves\u00f3 varias etapas. Podemos ver que su relaci\u00f3n con el Esp\u00edritu Santo y su oraci\u00f3n fueron de car\u00e1cter muy personal hasta los a\u00f1os 1645\u00ad1646. Pero despu\u00e9s se aprecia una evoluci\u00f3n evidente y coheren\u00adte: Luisa condujo a la Compa\u00f1\u00eda hacia el Esp\u00edritu Santo, el Esp\u00ed\u00adritu de Pentecost\u00e9s, dispensador de dones. Luisa comprend\u00eda que la misi\u00f3n del Esp\u00edritu y la concesi\u00f3n de sus dones depend\u00edan de una condici\u00f3n. Sab\u00eda que deb\u00eda aprender a vaciarse de s\u00ed misma, a fin de que su \u00abalma, estando libre de los impedimentos que le po\u00addr\u00edan servir de obst\u00e1culo, el Esp\u00edritu divino la llene con sus dones y la saque de sus decaimientos, y le haga obrar por su fuerza\u00bb.<\/p>\n<p>En consecuencia, va a subordinar su vida a la voluntad de Dios. Pero <strong>el desarrollo de aquella obra<\/strong>, la fundaci\u00f3n y la for\u00admaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda, le crearon preocupaciones que ella no hab\u00eda esperado. Las hermanas estaban desunidas. Unas quer\u00edan convertirse en religiosas, llevar una vida tranquila en un convento, otras, tal vez porque proced\u00edan de un medio social m\u00e1s modesto, estaban dispuestas a trabajar y a ganarse la vida. Luisa se sent\u00eda turbada. El se\u00f1or Vicente ten\u00eda que encontrar un reglamento y te\u00adner una conferencia para disipar todas aquellas ideas. Y eso es lo que hizo. Pero en lugar de sermonearles, evoc\u00f3 el \u00abesp\u00edritu de las campesinas\u00bb. Son muy reveladoras las frases que introducen la conferencia. Luisa de Marillac escribi\u00f3 el texto con (sic) Vicente de Pa\u00fal: \u00abtodas las hermanas se pusieron de rodillas, y suplicaron al se\u00f1or Vicente que pidiera perd\u00f3n a Dios a favor de ellas por el mal uso que hab\u00edan hecho de la gracia de su vocaci\u00f3n y de todas las ense\u00f1anzas que hab\u00edan tenido la felicidad de recibir de su caridad, y prometieron portarse mejor en el futuro. Este Padre caritativo, seg\u00fan su bondad, pidi\u00f3 tambi\u00e9n perd\u00f3n a nuestro buen Dios y la gracias que necesitaban todas las hermanas\u00bb.<\/p>\n<p>Las hermanas sab\u00edan antes de la conferencia lo que les espe\u00adraba, pues el asunto era serio. Por eso se sorprendieron tanto m\u00e1s por las palabras que oyeron.<\/p>\n<p><strong>El esp\u00edritu de las buenas campesinas. <\/strong>Vicente no les repren\u00addi\u00f3; al contrario, les dise\u00f1\u00f3 las caracter\u00edsticas de la Compa\u00f1\u00eda tal como deber\u00eda ser. El problema se resolvi\u00f3 por s\u00ed mismo, pero en una direcci\u00f3n que le hizo sufrir a santa Luisa. Las que pertenec\u00edan a una clase social m\u00e1s elevada se marcharon de la Casa Madre. Pero Luisa hab\u00eda dedicado mucho tiempo y dinero a la formaci\u00f3n de las heimanas, hab\u00eda dedicado a ello todas sus fuerzas y todo su amor, y ahora se marchaban. Luisa busc\u00f3 la proximidad de la cruz. No quer\u00eda poner obst\u00e1culos al Esp\u00edritu de Dios, solo quer\u00eda cumplir la voluntad de Dios, ese deb\u00eda ser su \u00fanico deseo. Pidi\u00f3 permiso al se\u00f1or Vicente para ir en<\/p>\n<p><strong>peregrinaci\u00f3n a Chartres. <\/strong>Quer\u00eda someter la obra de su vida a la voluntad de Dios. Habla de su peregrinaci\u00f3n en una carta a Vi\u00adcente de Pa\u00fal en la que le comunica sus convicciones. Su postura decidida no puede dejar de provocar nuestra admiraci\u00f3n: \u00abofrecer a Dios los designios de su providencia sobre la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad; ofrecerle enteramente la dicha Compa\u00f1\u00eda y pedirle su destrucci\u00f3n antes de que la Compa\u00f1\u00eda fuera establecida contra su santa voluntad<sup>4<\/sup>4\u00bb.<\/p>\n<p>No, la Compa\u00f1\u00eda no actuaba en contra de la voluntad de Dios, como se probar\u00eda en tiempos posteriores. El se\u00f1or Vicente sent\u00eda lo mismo cuando afirmaba:<\/p>\n<p><strong>\u00abHijas m\u00edas, Dios os ha creado\u00bb. <\/strong>Luisa tuvo una parte muy activa en el desarrollo y evoluci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda, no se dejaba desviar de su camino, pues lo que le mov\u00eda era el deseo de cono\u00adcer y cumplir la voluntad de Dios. Con todas sus fuerzas animaba a las hermanas a poner todo su amor en la sumisi\u00f3n a la voluntad divina, pues la Compa\u00f1\u00eda era don y fruto del Esp\u00edritu divino. \u00bfFue siempre este deseo suyo coronado con el \u00e9xito? Esto es lo que escribe: \u00abUna de las p\u00e9rdidas m\u00e1s grandes que sufren las almas que no participan de la venida del Esp\u00edritu Santo es que los dones infundidos en el bautismo no producen su efecto, lo que nos hace ver la verdad de una advertencia de Nuestro Se\u00f1or a las almas relajadas y perezosas, que no solamente no se les dar\u00e1 nada, sino que se les quitar\u00e1 aun lo que tienen. Lo cual por nuestra miseria nos pondr\u00e1 en tal impotencia que la gracia no har\u00e1 nada en nosotros. [&#8230;] Y eso me ha hecho ver que todos los des\u00f3rdenes de la vida se deben a no haberse entregado enteramente a Dios para recibir su Esp\u00edritu Santo; y si faltan esos dones, hay una gran di\u00adferencia en el obrar de las personas que est\u00e1n animadas por ellos y las que no lo est\u00e1n, cuyo obrar es terrenal e irrazonable\u00bb.<\/p>\n<p>En textos tales como este, se puede ver que Luisa atribu\u00eda una importancia extrema a la influencia de Esp\u00edritu Santo, que le regalaba con sus dones.<\/p>\n<p>Sab\u00eda desde hac\u00eda mucho tiempo que el Esp\u00edritu Santo la guia\u00adba desde el comienzo, y que \u00e9l la orientaba en lo que se califica como:<\/p>\n<p><strong>\u00abVocaci\u00f3n a vivir en la imitaci\u00f3n de Cristo\u00bb. <\/strong>Los que son llamados a seguir a Cristo deben dar testimonio de Jes\u00fas, es decir, imitar lo que Jes\u00fas hizo en la tierra, practicar la caridad y dar su amor. Este amor que debemos a Dios y que le damos debe ser efec\u00adtivo. Es pues un amor que se debe mostrar en acciones. El amor a Dios se debe hacer concreto en al amor al pr\u00f3jimo, que nos lleva a su vez a Dios. Recordemos lo que escribe Vicente el 30 de junio de 1659: \u00abNo me basta amar a Dios, si mi pr\u00f3jimo no le ama\u00bb.<\/p>\n<p>Luisa de Marillac concluye de todo ello que los dones del Es\u00adp\u00edritu Santo nos permiten conocer la voluntad de Dios. Cumplir la voluntad de Dios es obedecerle y amar a Jes\u00fas en la persona del pobre. Esa es toda nuestra misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Luisa de Marillac y Vicente de Pa\u00fal ir\u00e1n en adelante al mismo paso y al mismo ritmo hacia su prop\u00f3sito com\u00fan: el servicio de los pobres. Podemos pues afirmar que Vicente de Pa\u00fal encontr\u00f3 a Dios consagr\u00e1ndose a los pobres, mientras que fue Dios quien condujo a Luisa hacia el servicio de los pobres. Al cruzarse descu\u00adbrieron ambos la llamada de la voluntad de Dios para la construc\u00adci\u00f3n de una obra com\u00fan. Esa voluntad los introduce en el mundo de la pobreza, de la criminalidad (galeotes y ni\u00f1os abandonados), de la miseria social y espiritual. Hac\u00eda falta para vencer aquella inmensa miseria por un lado un ardor sobrehumano, extra\u00eddo del conocimiento de la voluntad divina, y por otro una madurez total\u00admente humana, aspecto muy notable en nuestros dos fundadores.<\/p>\n<p>Entre tanto, las dos comunidades, Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n e Hijas de la Caridad, hab\u00edan conseguido, gracias a los esfuer\u00adzos de sus fundadores, una cierta estabilidad exterior. Pero la construcci\u00f3n interior es un proceso largo, que parte de cero con el ingreso de nuevos miembros. En este tiempo Luisa de Marillac estaba segura de su camino, pues se apoyaba sobre el recuerdo de la luz de Pentecost\u00e9s. El se\u00f1or Vicente estableci\u00f3 fundamentos s\u00f3lidos y duraderos gracias a las conferencias que les daba. Luisa, por su parte, se dedicaba a los detalles, a las tareas diarias, y no podemos menos que admirar el esp\u00edritu de sacrificio, el valor y el hero\u00edsmo de las primeras hermanas. Luisa de Marillac nunca dej\u00f3 de irradiar y de transmitir el proyecto que fue el fundamento de su vida entera. Cuando Luisa ped\u00eda y deseaba el abandono total en Dios inclu\u00eda tambi\u00e9n a las hermanas: \u00abSi me siento tan dichosa de recibir el Esp\u00edritu Santo, oh, cu\u00e1nto lo debo desear con todo mi coraz\u00f3n. \u00a1No m\u00e1s vida que para ir por este camino; ninguna otras satisfacci\u00f3n que la de amar y querer lo que a vos os agrada!\u00bb.<\/p>\n<p>Lo hemos comprendido claramente hace tiempo: cumplir la voluntad de Dios no es otra cosa que pertenecerle enteramen\u00adte. Ese era el programa de la educaci\u00f3n de las hermanas, a la vez sencillo y grandioso.<\/p>\n<p>El desprendimiento de las cosas de este mundo, de los deseos terrenales, de los apegos, fuera del que debemos tener a Dios, se expresa por otro lado en una actitud de pobreza total. En su vida Luisa obedec\u00eda el consejo evang\u00e9lico que se nos da en las bienaventuranzas: la pobreza de esp\u00edritu. Escrib\u00eda: \u00abNo puedo enten\u00adder que el reino de los cielos sea otra cosa que vos mismo. Pues bien: \u00a1vos pertenec\u00e9is a los que no tienen nada! En verdad, sois el \u00fanico todo, y para teneros debo renunciar a todas las cosas<sup>47<\/sup>\u00bb.<\/p>\n<p>Naturalmente no se puede separar la evoluci\u00f3n interior de Luisa, su caminar hacia la santidad, de sus actividades de cada d\u00eda. Los dos mundos se interfieren y se complementan. Le vemos en continua actividad: dirig\u00eda, administraba, resolv\u00eda todo tipo de problemas, organizaba, manten\u00eda correspondencia, ped\u00eda y daba consejos. Pero su obra principal era la direcci\u00f3n y la formaci\u00f3n de sus hijas espirituales. De ese modo pod\u00eda transmitir lo que hab\u00eda recibido en forma de luz.<\/p>\n<p>La seguridad con la que inculcaba a sus hijas las s\u00f3lidas vir\u00adtudes cristianas, su finura de mujer <strong>pedagoga y maternal<\/strong> a un mismo tiempo, y finalmente el hero\u00edsmo natural que esperaba de sus hijas en relaci\u00f3n a los pobres, reflejaban bien su propio ca\u00adminar hacia Dios: \u00ab\u00bfNo quer\u00e9is, mis queridas hermanas, seguir a ese Jes\u00fas tan digno de amor, aunque est\u00e9 cargado de llagas y en la cruz? Creo que yo os he encomendado que lo hag\u00e1is tal como \u00e9l nos lo ha propuesto; y que todas, llenas de amor y de valent\u00eda, le dig\u00e1is con el ap\u00f3stol santo Tom\u00e1s: vayamos y muramos con \u00e9l\u00bb<sub>.<\/sub><\/p>\n<p><strong>El amor que Luisa ten\u00eda a la cruz estaba animado por el Esp\u00edritu<\/strong>, y era como un fuego que deb\u00eda inflamar tambi\u00e9n el co\u00adraz\u00f3n de sus hijas. Deseaba renovar sin cesar la uni\u00f3n de su pro\u00adpia cruz con la cruz y los sufrimientos de Jes\u00fas. Nunca se quedaba Luisa en la teor\u00eda. Daba explicaciones y reglas de comportamien\u00adto claro, por ejemplo: \u00abAcordaos siempre, mis queridas herma\u00adnas, que ha sido la santa voluntad de Dios la que os ha puesto donde os encontr\u00e1is, y que deb\u00e9is trabajar para cumplirla, como har\u00eda un embajador de un rey; quiero decir, con una gran fideli\u00addad, practicando vuestras reglas y los consejos de los superiores [en este caso en el hospital de Montreuil] todo ello con dulzura de coraz\u00f3n y con humildad\u00bb.<\/p>\n<p>Luisa inculcaba a sus hijas que deb\u00edan siempre cumplir la voluntad de Dios como enviadas de Dios, y que deb\u00edan por ello seguir el camino de la perfecci\u00f3n. Todas las hermanas, la comuni\u00addad entera, ten\u00edan que ponerse al servicio de esa voluntad. En la v\u00edspera del largo viaje, al final del cual iba a asumir la direcci\u00f3n del hospital de Nantes, dirigi\u00f3 una carta larga a las hermanas de la Casa Madre. Expresaba en ella el mismo deseo una vez m\u00e1s: \u00abOs encomiendo, para que os conform\u00e9is en todo con la voluntad santa de Dios, el pacto que hemos hecho todas juntas de jam\u00e1s tener nada que murmurar de la conducta de la divina providencia, y de abandonarnos a ella enteramente; tomemos, vosotras y yo, como ejercicio de la pr\u00e1ctica de esa promesa que hemos renovado tantas veces, el proyecto de este viajes\u00bb.<\/p>\n<p>Las j\u00f3venes de Luisa pusieron sus vidas en peligro muchas veces, las sacrificaron incluso <strong>cuidando a los enfermos y a los heridos de guerra<\/strong>. Luisa se daba cuenta ciertamente de lo mucho que esperaba de ellas. Pero, igual que el se\u00f1or Vicente, tambi\u00e9n ella sab\u00eda estimularles y animarles; por eso podemos hoy admi\u00adrar los frutos sorprendentes de aquella entrega. Sin embargo, en ocasiones excepcionales suced\u00eda la rutina diaria. Y tambi\u00e9n hab\u00eda que saber manejarla bien, pues en ella se daba el combate perpe\u00adtuo contra la miseria y la enfermedad. Luisa sab\u00eda estimularlas: \u00ab\u00bfEst\u00e1 con buenos \u00e1nimos? \u00bfHace como el buen pastor que pone en peligro su vida por el bien y la conservaci\u00f3n de las ovejas que se le han confiado? As\u00ed lo creo, pues aunque no siempre te\u00adnemos ocasi\u00f3n de poner en peligro nuestras vidas, no dejarnos de tener ocasiones en que tenemos que poner en peligro nuestras voluntades, para acomodarnos a la de nuestro pr\u00f3jimo, para rom\u00adper nuestros h\u00e1bitos e inclinaciones, para servir de ejemplo a las hermanas, para vencer nuestras pasiones, para no excitar las de otras personas. Mi querida hermana, por eso estamos obligadas a obrar, para mantener la cordialidad, para practicar la ayuda mu\u00adtua, para estar en uni\u00f3n estrecha con la caridad verdadera de Jes\u00fas crucificado, caridad que pido a Dios nos concedas\u00bb. Luisa insiste tambi\u00e9n en este caso en la unidad de las hermanas como fruto del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>La veneraci\u00f3n de Jes\u00fas crucificado conduce a Luisa a honrar <strong>a la madre Jesucristo<\/strong>: Mar\u00eda cumpli\u00f3 la voluntad de Dios al aceptar la encarnaci\u00f3n de Jes\u00fas. Acept\u00f3 su voluntad tambi\u00e9n al pie de la cruz. En aquel momento se convirti\u00f3 en madre de todos. Luisa inici\u00f3 a sus hijas en el misterio de la maternidad de Mar\u00eda. Expres\u00f3 incluso una tesis audaz para la \u00e9poca al afirmar que la aceptaci\u00f3n de la maternidad por parte de Mar\u00eda era testimonio de que la Inmaculada Concepci\u00f3n era un acto de justificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Luisa reconoc\u00eda la uni\u00f3n profunda entre \u00ab<strong>la Inmaculada Concepci\u00f3n<\/strong>\u00bb, \u00abla esposa del Esp\u00edritu Santo\u00bb y el misterio de la Trinidad y la Encarnaci\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>A petici\u00f3n de Luisa, Vicente de Pa\u00fal consagr\u00f3 la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad a la Inmaculada Concepci\u00f3n el 8 de diciembre de 1658. En nombre de las hermanas, Luisa ley\u00f3 el acta que hab\u00eda redactado ella misma. Mar\u00eda, la Inmaculada Concep\u00adci\u00f3n, era declarada en ella \u00fanica madre de la Compa\u00f1\u00eda. Este acto era ratificado todos los a\u00f1os. Y de ese modo entr\u00f3 en la historia de la Inmaculada Concepci\u00f3n, que, pasando por el regalo de la Medalla Milagrosa en 1830, encontr\u00f3 su apogeo en la definici\u00f3n solemne del dogma y en la respuesta de la Virgen en Lourdes:<\/p>\n<p>\u00abYo soy la Inmaculada Concepci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Luisa orientaba a sus hermanas en el <strong>misterio de su vocaci\u00f3n<\/strong> con sencillez y con energ\u00eda; ten\u00edan en efecto que servir a Jesu\u00adcristo en la persona de los pobres, y encontrar a Jes\u00fas en ellos. Las hermanas no se pertenec\u00edan a ellas mismas; pertenec\u00edan a los pobres y a los enfermos, que eran sus due\u00f1os visibles. Luisa no olvidaba nunca en sus cartas el recordar a las hermanas el funda\u00admento de su vocaci\u00f3n. Ella misma daba ejemplo continuamente a las hermanas con ocasi\u00f3n de sus numerosas visitas a las Cofra\u00add\u00edas, y tambi\u00e9n por su manera de comportarse con las hermanas que ten\u00eda que formar. Todas se encontraban en el frente del tra\u00adbajo de caridad, con frecuencia lejos de Par\u00eds. Luisa les apoyaba y les animaba en su voluntad de entrega a los dem\u00e1s. Escribe: \u00abLe encargo que diga a todas las hermanas que les saludo, y les ruego que todas la ma\u00f1anas se levanten con nuevos \u00e1nimos para servir a Dios y a los pobres\u00bb. Escrib\u00eda en otra carta: \u00abLlevad con ellos sus penas, haced lo posible por darles alguna ayuda, y permaneced en paz. Tal vez est\u00e9is tambi\u00e9n vosotras pasando ne\u00adcesidad. Sea eso vuestro consuelo, pues si tuvierais abundancia a vuestros corazones les dar\u00eda pena usarla al ver sufrir tanto a nues\u00adtros (amos) y se\u00f1ores\u00bb\u00bb. M\u00e1s tarde les dirigi\u00f3 una advertencia: \u00abLe suplico que me env\u00ede siempre noticias, y me diga sobre todo si mientras trabajan en el servicio exterior, su interior su ocupa por amor de Nuestro Se\u00f1or en estar vigilantes sobre ellas mismas para dominar y controlar las pasiones, rehusando a los sentidos lo que pudiera ofender a Dios. Sin eso, sabe usted bien que las acciones exteriores, aunque sean por el servicio de los pobres, no pueden agradar mucho a Dios, ni merecernos recompensa, pues no est\u00e1n unidas a las de Nuestro Se\u00f1or, que siempre obraba con la vista puesta en Dios, su Padre\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Hacia la uni\u00f3n con Dios<\/strong><\/p>\n<p>\u00a1Tantas veces pidi\u00f3 a Dios en sus oraciones: \u00ab\u00a1Para poseeros, quiero renunciar a todas las cosas!\u00bb. Todo lo que se opon\u00eda al amor puro deb\u00eda ser eliminado. Sol\u00eda decir con frecuencia que ella hab\u00eda sido colmada con las gracias de Dios. Pero tambi\u00e9n sab\u00eda por el se\u00f1or Vicente que no hab\u00eda recibido todos esos dones para s\u00ed misma. Ella quer\u00eda no ser otra cosa que un instrumento, una vara de mimbre en las manos del cestero. En los escritos m\u00e1s tard\u00edos de Luisa descubrimos una vida verdaderamente m\u00edstica. \u00abMe ha parecido que Dios quer\u00eda venir a m\u00ed como a un lugar que es suyo, y que por eso yo no pod\u00eda rehusarle la entrada, lo que me hubiera sido imposible de todos modos, pues ya puse de una vez por todas en sus manos la propiedad de mi libre albedr\u00edo\u00bb.<\/p>\n<p>Luisa vivi\u00f3 esta <strong>uni\u00f3n con el Esp\u00edritu de Dios<\/strong> sin dejar de afrontar las vicisitudes de la vida y dificultades de todas clases. Cuando estaba con los pobres sab\u00eda que estaba unida a la pobreza de Jes\u00fas. Luisa era consciente de que Dios la dirig\u00eda hacia los pobres. Su conciencia cristiana del deber le ped\u00eda que les soco\u00adrriera. Y ella ve\u00eda esta carga como una vocaci\u00f3n que aceptaba de todo coraz\u00f3n y a la que dedicaba su alma entera, su voluntad, sus capacidades y su vida.<\/p>\n<p>La santidad de Luisa me parece que reside fundamentalmente en el despojamiento de s\u00ed misma que practica para seguir la vo\u00adluntad de Dios, en el asentimiento a la cruz y en su aceptaci\u00f3n. Se expresa tambi\u00e9n por la uni\u00f3n de su ser con el amor divino, por el don total de su libre albedr\u00edo, para no ser m\u00e1s que un instrumento en las manos de Dios. La caridad que practicaba, su amor por los desheredados es como la encarnaci\u00f3n del amor que ten\u00eda a Dios.<\/p>\n<p>Ella lo dijo a sus hermanas con insistencia. Escuchemos una vez m\u00e1s sus palabras y ve\u00e1moslas como si quisiera ella compar\u00adtir su santidad con nosotros: \u00abMis queridas hermanas, a las que quiero enteramente santas para trabajar con utilidad en la obra de Dios, pues no basta ir y dar, sino que hace falta un coraz\u00f3n bien purificado de todo inter\u00e9s, y nunca dejar de trabajar en la mortificaci\u00f3n general de todos sus sentidos y pasiones, y para ello debemos tener continuamente ante nuestros ojos a nuestro modelo, que es la vida ejemplar de Jesucristo, a cuya imitaci\u00f3n hemos sido llamadas, no solamente como cristianas, sino adem\u00e1s por haber sido escogidas por Dios para servirle en la persona de los pobres\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abTened un coraz\u00f3n grande que no encuentre nada dif\u00edcil por el amor santo de Dios, en quien soy, y en su Hijo crucificado, mis hermanas queridas, vuestra humilde hermana y sirviente\u00bb.<\/p>\n<p><strong>\u00ab\u00c9l (el se\u00f1or Vicente) nos dijo tambi\u00e9n<\/strong><\/p>\n<p><strong>que deb\u00edamos ir corriendo<\/strong><\/p>\n<p><strong>a las necesidades espirituales de nuestro pr\u00f3jimo<\/strong><\/p>\n<p><strong>como se corre a un incendio\u00bb.<\/strong><\/p>\n<p>Sor Alfonsa Richartz<\/p>\n<p>La Milagrosa<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Perspectivas y fundamentos de la Compa\u00f1\u00eda Para la familia vicenciana Luisa de Marillac es quien ha for\u00admado y educado a las primeras hermanas y la que ha recibido bajo su protecci\u00f3n a los ni\u00f1os abandonados. &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/luisa-de-marillac-iv-el-espiritu-santo-en-la-vida-y-en-la-obra-de-luisa-de-marillac\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":402666,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"#ffffff","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[18],"tags":[],"class_list":["post-403290","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-luisa-de-marillac"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>LUISA de MARILLAC (IV): El Esp\u00edritu Santo en la vida y en la obra de Luisa de Marillac - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/luisa-de-marillac-iv-el-espiritu-santo-en-la-vida-y-en-la-obra-de-luisa-de-marillac\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"LUISA de MARILLAC (IV): El Esp\u00edritu Santo en la vida y en la obra de Luisa de Marillac - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Perspectivas y fundamentos de la Compa\u00f1\u00eda Para la familia vicenciana Luisa de Marillac es quien ha for\u00admado y educado a las primeras hermanas y la que ha recibido bajo su protecci\u00f3n a los ni\u00f1os abandonados. ... 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