{"id":40109,"date":"2017-04-10T08:10:07","date_gmt":"2017-04-10T06:10:07","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/05\/espiritualidad-vicenciana-humildad\/"},"modified":"2017-01-06T18:59:50","modified_gmt":"2017-01-06T17:59:50","slug":"espiritualidad-vicenciana-humildad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-humildad\/","title":{"rendered":"Espiritualidad vicenciana: Humildad"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"398915\" data-permalink=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/las-obras-de-arturo-asensio\/arturo_asensio\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/10\/arturo_asensio.jpg?fit=450%2C188&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"450,188\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"arturo_asensio\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/10\/arturo_asensio.jpg?fit=300%2C125&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/10\/arturo_asensio.jpg?fit=450%2C188&amp;ssl=1\" class=\"alignnone size-medium wp-image-398915 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/10\/arturo_asensio.jpg?resize=300%2C125\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"125\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/10\/arturo_asensio.jpg?resize=300%2C125&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/10\/arturo_asensio.jpg?resize=100%2C42&amp;ssl=1 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/10\/arturo_asensio.jpg?w=450&amp;ssl=1 450w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>La humildad es la segunda de las cinco virtu\u00addes caracter\u00edsticas del misionero. Es tambi\u00e9n una de las virtudes que constituyen el esp\u00edritu de las Hijas de la Caridad (cf. art. Sencillez).<\/p>\n<p>Este art\u00edculo se divide en tres partes: 1. Un estudio breve de la humildad como la entendi\u00f3 S. Vicente; 2. una descripci\u00f3n de los dos cambios de horizonte que han tenido lugar en la teolog\u00eda y en la espiritualidad entre el siglo XVII y el XX y que afectan a nuestro modo de ver la humildad hoy; 3. un intento de recuperar la humildad en for\u00admas contempor\u00e1neas.<\/p>\n<h2>I. La humildad como la entendi\u00f3 san Vicente<\/h2>\n<p>a) La humildad, para S. Vicente, es el reco\u00adnocimiento de que todo bien viene de Dios. Es\u00adcribe a Ferm\u00edn Get el 8 de marzo de 1658: <em>\u00abNo digamos nunca: soy yo el que ha hecho esta obra buena; porque toda obra buena tiene que hacer\u00adse en el nombre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u2026\u00bb <\/em>(VII, 91). <em>\u00abGu\u00e1rdese de atribuirse usted alg\u00fan bien; cometer\u00eda un robo y una injuria contra Dios, que es el \u00fanico autor de todo lo bueno\u00bb, <\/em>escribe a Santiago Pesnelle el 15 de octubre de 1658 (VII, 250). Dios derrama sus abundantes dones sobre el humilde, <em>\u00abque reconoce que todo lo bueno que ha hecho viene de Dios\u00bb <\/em>(1, 235).<\/p>\n<p>b) La humildad es el reconocimiento de nues\u00adtra propia bajeza y fallos (RC II, 7), acompa\u00f1ado por una gran confianza en Dios III1, 256; V, 152; II, 195. 280; IX, 351. 809s). Escribiendo a Carlos Nacquart el 22 de marzo de 1648, sobre el don de la vocaci\u00f3n, afirma: <em>\u00abS\u00f3lo la humildad es ca\u00adpaz de soportar esta gracia; el perfecto abando\u00adno de todo lo que usted es y puede ser con la exuberante confianza en su soberano Creador\u00bb <\/em>(III, 256).<\/p>\n<p>En este sentido, S. Vicente afirma que la hu\u00admildad abarca tres cosas (RC II, 7): 1\u00b0 admitir con toda honestidad que nosotros merecemos el des\u00adprecio de la gente; 2\u00b0 alegrarnos de que la gen\u00adte conozca nuestras faltas y nos trate de acuer\u00addo con ellas; 3\u00b0 ocultar, si es posible, todo lo que el Se\u00f1or quiera lograr a trav\u00e9s de nosotros o en nosotros.<\/p>\n<p>Nuestros pecados tambi\u00e9n nos ayudar\u00e1n a crecer en la humildad (XI, 277).<\/p>\n<p>c) La humildad lleva consigo un voluntario vaciarse de s\u00ed mismo (V, 510; X1, 486). Esto supone deseo de ser desconocido y arrinconado (VII, 268s; IX, 752. 771; XI, 411s). Significa evitar el aplauso del mundo (1, 495; IX, 546}. Lleva consi\u00adgo elegir el \u00faltimo lugar (IX, 545) y amar la vida oculta (IX, 609).<\/p>\n<p>d) La humildad implica estimar a los otros co\u00admo m\u00e1s dignos que uno mismo (V, 38; IX, 284). En este aspecto, es una virtud comunitaria y no s\u00f3\u00adlo individual. Debemos considerar la Compa\u00f1\u00eda como la m\u00e1s peque\u00f1a de todas (IX, 284. 808; X139. 77. 307. 746).<\/p>\n<p>e) S. Vicente propone numerosos motivos para practicar de la humildad.<\/p>\n<ul>\n<li>Observa que Jes\u00fas era humilde y se sen\u00adt\u00eda feliz de ser considerado como el \u00faltimo de los hombres (1, 235. 527; X1, 279).<\/li>\n<li>Es la virtud caracter\u00edstica de Jes\u00fas (XI, 279), y deber\u00eda ser la virtud caracter\u00edstica de la Con\u00adgregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n (XI, 745). \u00abQue la humildad sea la virtud de la Misi\u00f3n. \u00a1Qu\u00e9 virtud tan santa y tan hermosa! \u00a1 Oh, peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda, qu\u00e9 amable ser\u00e1s si Dios te concede esta gracia!\u00bb (XI, 489). Es tambi\u00e9n la virtud caracter\u00edstica de las Hijas de la Caridad (IX, 1069s).<\/li>\n<li>Los santos eran tambi\u00e9n humildes: \u00abEs la virtud de Jesucristo, la virtud de su santa madre, la virtud de los mayores santos, y finalmente, la virtud de los misioneros\u00bb (XI, 745).<\/li>\n<li>Dios bendice los comienzos humildes (II, 236; V, 462).<\/li>\n<li><em>\u00abLa humildad es el origen de todas las obras buenas que hacemos\u00bb <\/em>(IX, 674).<\/li>\n<li><em>\u00abDios nos ha llamado, pobre gente, para hacer grandes cosas\u00bb <\/em>(IX, 752. 807).<\/li>\n<li>Es el arma con que derrotamos al diablo (I, 528s; X1, 207), ya que el diablo y la soberbia son la misma cosa (IX, 632).<\/li>\n<li>No podemos perseverar sin humildad (1, 520; IX, 1070; X1, 588).<\/li>\n<li>Trae consigo todas las virtudes (XI, 494).<\/li>\n<li>Es el fundamento de toda perfecci\u00f3n evan\u00adg\u00e9lica, el v\u00ednculo de toda vida espiritual (RC II, 7).<\/li>\n<li>Todo el mundo la ama (XI, 484), pero es m\u00e1s f\u00e1cil pensar en ella que practicarla (XI, 743).<\/li>\n<li>Es fuente de paz y uni\u00f3n (XI, 409. 494).<\/li>\n<li>Si la Compa\u00f1\u00eda posee la humildad, ser\u00e1 un para\u00edso: \u00abSi as\u00ed lo hac\u00e9is, \u00bfqu\u00e9 ocurrir\u00eda? Que ha\u00adr\u00e9is de esta Compa\u00f1\u00eda un para\u00edso y que se podr\u00e1 decir con toda raz\u00f3n que es una sociedad de al\u00admas bienaventuradas en la tierra\u00bb (IX, 1000).<\/li>\n<li>La humildad conquista el cielo (RC II, 6).<\/li>\n<\/ul>\n<p>f) S. Vicente suger\u00eda muchos medios para ad\u00adquirir la humildad:<\/p>\n<ul>\n<li>Deber\u00edamos hacer actos de humildad dia\u00adriamente (IX, 609; 1, 236).<\/li>\n<li>Deber\u00edamos confesar nuestras faltas abier\u00adtamente (V, 152; X1, 742) y aceptar los avisos de los dem\u00e1s (RC X, 13-14).<\/li>\n<li>Deber\u00edamos desear ser avisados (IX, 351).<\/li>\n<li>Deber\u00edamos rezar a nuestro Se\u00f1or y a su Bendita Madre como modelos de humildad (IX, 609; XI, 745).<\/li>\n<li>Deber\u00edamos creernos los peores del mun\u00addo (IX, 1090).<\/li>\n<li>Deber\u00edamos reconocer que todo el mundo tiene faltas; entonces costar\u00eda poco disculpar a los dem\u00e1s (IX, 999).<\/li>\n<li>Deber\u00edamos predicar a Jesucristo y no a nosotros mismos (XI, 339).<\/li>\n<li>Los superiores deber\u00edan actuar de tal ma\u00adnera que los dem\u00e1s no fueran capaces de decir qui\u00e9nes son los superiores (X1, 238; (X, 283).<\/li>\n<\/ul>\n<h2>II. Algunos cambios de horizonte significativos<span id='easy-footnote-1-40109' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-humildad\/#easy-footnote-bottom-1-40109' title='Para algunas consideraciones generales respecto a estos horizontes, lo mismo que para la bibliograf\u00eda, cfr. el art\u00edculo sobre la Sencillez.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span><\/h2>\n<h3>1<em>. Una creciente conciencia de interdependencia<\/em><\/h3>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/05\/humildad02.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-40111\" title=\"humildad02\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/05\/humildad02-300x225.jpg?resize=300%2C225\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" \/><\/a>Las comunicaciones han sido la clave en es\u00adte tema (Instrucci\u00f3n Pastoral sobre los Medios de Comunicaci\u00f3n Social 6-7; cf. J. Naisbitt, Me\u00adgatrends, NY 1984, 14-15). Cuando en el siglo XVII suced\u00eda algo en Europa, pod\u00eda transcurrir un a\u00f1o antes de que la noticia llegase a las colonias de \u00c1frica, Asia y Am\u00e9rica del Norte o del Sur (Ni\u00adcol\u00e1s Etienne andaba escribiendo a san Vicente todav\u00eda en marzo de 1661, mucho tiempo des\u00adpu\u00e9s de la muerte del Fundador). M\u00e1s a\u00fan, mu\u00adchos en las colonias nunca llegar\u00edan a conocer el hecho. En el siglo XX conocemos los aconte\u00adcimientos en todas las partes del mundo se\u00adgundos despu\u00e9s de haber sucedido. Las luchas en Oriente Medio tienen implicaciones en el mundo entero (e. g. por la importancia del pe\u00adtr\u00f3leo en todo el mundo). La gente va siendo progresivamente consciente de la interdepen\u00addencia de todos.<\/p>\n<p>Una consecuencia evidente de este cambio en el horizonte ha sido la perspectiva mundial de los escritos de Juan XXIII, Pablo VI, y Juan Pablo II. Los escritos episcopales y papales recalcan la fra\u00adternidad universal. Las enc\u00edclicas sociales critican la ancha brecha entre las naciones ricas y las po\u00adbres. Voces cr\u00edticas advierten que unos son ricos <em>porque <\/em>otros son pobres.<\/p>\n<p>Este cambio de horizonte ha tenido gran in\u00adfluencia en las comunidades religiosas. La gente joven especialmente, busca nuevas formas de comunidad en las que exista una comunicaci\u00f3n real y una ayuda personal. Rechazan estruturas formalistas que a veces frustran la comunicaci\u00f3n mientras dan a entender que la promueven, y eso estorba las relaciones humanas genuinas. Esperan compartir la responsabilidad. Buscan for\u00admas comunes de oraci\u00f3n que sean vivas y que no huelan a formalismo. Buscan perseguir el fin de sus Congregaciones en comuni\u00f3n con los otros (Cfr. Constituciones de la Congregaci\u00f3n de la Mi\u00adsi\u00f3n, 1, 12, 19, 25, etc).<\/p>\n<p>Este creciente sentido de interdependencia influye en el modo que tenernos de entender la humildad hoy.<\/p>\n<h3>2. Un cambio hacia una actitud m\u00e1s positiva res\u00adpecto de la creaci\u00f3n y de un \u00e9nfasis menor so\u00adbre el pecado<\/h3>\n<p>La lucha con el Jansenismo influy\u00f3 pro\u00adfundamente en el pensamiento del siglo XVII. Los te\u00f3logos y los escritores de espiritualidad, mientras luchaban contra el Jansenismo, se ve\u00edan influenciados por muchos de sus pre\u00adsupuestos. Estaban \u00aben el aire que ellos respi\u00adraban\u00bb, por as\u00ed decir. Lo mismo que el Mani\u00adque\u00edsmo y el Albigenismo, dos de sus prede\u00adcesores, ten\u00eda una visi\u00f3n muy negativa de la realidad creada. Era demasiado riguroso. Enfo\u00adcado al pecado. El siglo XX ha producido un \u00e9n\u00adfasis renovado sobre la dignidad de la persona humana y sobre la bondad de la creaci\u00f3n. Esto se ve evidente particularmente en la Gaudium et Spes (9, 12, 22) y los escritos de Juan Pablo II (Redemptor Hominis, muchas veces). Los te\u00ad\u00f3logos y los escritores de espiritualidad adop\u00adtan una actitud mucho m\u00e1s positiva frente a lo \u00abhumano\u00bb. La persona humana es considerada como el centro de la creaci\u00f3n. Las realidades creadas son extensiones de su ser y caminos en los cuales \u00e9l celebra y comparte los regalos de Dios.<\/p>\n<p>El lado oscuro de este cambio de horizonte es que ha tra\u00eddo con \u00e9l una profunda p\u00e9rdida del sentido de pecado. Como consecuencia, espe\u00adcialmente entre la gente joven, hay una con\u00adciencia disminuida de la necesidad de mortifi\u00adcaci\u00f3n y penitencia. El siglo xx est\u00e1 siendo testigo de una permisividad sexual creciente en la sociedad y un debilitamiento de las estruc\u00adturas familiares. En algunas partes del mundo, uno de cada dos matrimonios termina en el di\u00advorcio. El n\u00famero de familias de padre (madre) soltero es enorme. En algunas ciudades m\u00e1s de la mitad de los ni\u00f1os han nacido fuera de ma\u00adtrimonio. La familia extensa y su apretada red de relaciones se est\u00e1 haciendo menos com\u00fan. El aborto est\u00e1 generalizado.<\/p>\n<p>La actitudes morales hacia la conducta se\u00adxual han cambiado muy significativamente des\u00adde el siglo XVII. En muchas sociedades, el di\u00advorcio es ahora generalmente aceptado como un modo de terminar el compromiso matrimo\u00adnial. El control de natalidad y las relaciones pre\u00admatrioniales est\u00e1n tan aceptados extensiva y frecuentemente como moralmente legitimados. Detr\u00e1s de los esfuerzos por eliminiar los pre\u00adjuicios contra los homosexuales, hay una con\u00adsiderable agitaci\u00f3n para que se acepte el estilo de vida del homosexual como una alternativa m\u00e1s.<\/p>\n<p>Ambos, el lado brillante y el lado oscuro de este cambio de horizonte, tienen implicaciones para la virtud de la humildad.<\/p>\n<h2>III. La humildad hoy<\/h2>\n<p>Particularmente por raz\u00f3n del segundo cam\u00adbio de horizonte mencionado arriba, es dif\u00edcil para los hombres y mujeres modernos aceptar el lenguaje de S. Vicente cuando habla sobre la humildad. Nosotros tendemos a encogernos cuando se llama a s\u00ed mismo el peor de todos los pecadores y habla de su comunidad como la m\u00e1s miserable del mundo.<\/p>\n<p>Prescindiendo del lenguaje en el que habla, cuando S. Vicente pondera la humildad, penetra en una verdad b\u00e1sica del Nuevo Testamento. El Evangelio de S. Lucas, en particular, nos dice que Dios viene para los humildes, los pobres de Isra\u00adel, aquellos que reconocen la necesidad que tie\u00adnen de \u00c9l y anhelan por \u00c9l. En este sentido, la hu\u00admildad <em>\u00abes el fundamento de toda perfecci\u00f3n evang\u00e9lica, el n\u00facleo de toda la vida espiritual\u00bb <\/em>(RC II, 7). Tambi\u00e9n en este sentido S. Vicente lleg\u00f3 al coraz\u00f3n de los evangelios cuando dijo que <em>\u00abla hu\u00admildad es el origen de todo el bien que hace\u00admos\u00bb <\/em>(IX, 604).<\/p>\n<p>Yendo m\u00e1s all\u00e1 del lenguaje de S. Vicente y de una ret\u00f3rica que es caracter\u00edstica del siglo XVII, es importante articular una comprensi\u00f3n de la hu\u00admildad y las formas contempor\u00e1neas que adopta.<\/p>\n<p>a) La humildad es el reconocimiento de nues\u00adtra condici\u00f3n de seres creados y redimidos, sien\u00addo ambas cosas regalos del amor de Dios.<\/p>\n<p>Dependemos completamente del Se\u00f1or. \u00abEn \u00c9l vivimos, nos movemos y existimos\u00bb (Act. 17, 28).<\/p>\n<p>No tenemos nada que no hayamos recibido. \u00abT\u00fa has creado mis entra\u00f1as, me has tejido en el seno materno\u00bb (Sal 139, 13). Cuanto somos, cuan\u00adto hacemos, cuanto tenemos viene del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Dependemos tambi\u00e9n mucho de los dem\u00e1s. Como mencionamos al describir arriba el primer cambio de horizonte, la edad moderna es cada vez m\u00e1s consciente de la interdependencia de todos los hombres y mujeres. La persona humilde re\u00adconoce la interdependencia como un signo de su limitaci\u00f3n y como una fuente de enriquecimien\u00adto. Necesitamos a los dem\u00e1s y no podemos obrar sin ellos. En solidaridad con los dem\u00e1s, camina\u00admos hacia el Reino.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de ser criaturas, somos pecadores que han sido redimidos por el amor gratuito de Dios. \u00abTodos hemos pecado y estamos privados de la gloria de Dios. Ahora estamos, sin merecerlo, justificados por el don de Dios, por la redenci\u00f3n obrada en Cristo Jes\u00fas\u00bb (Rm 3, 23-24).<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 como una deformada reacci\u00f3n a un ex\u00adcesivo \u00e9nfasis sobre el pecado en el pasado, la edad moderna encuentra dificultad en sostener el sentido de pecado (cf. el segundo cambio de horizonte descrito arriba). Sin embargo, el peca\u00addo, si estamos alerta hacia \u00e9l, se muestra de mu\u00adchos y diferentes modos en nuestras vidas: en nuestros prejuicios; en nuestra tendencia a clasificar a otros indiscriminadamente; en nuestro ha\u00adblar ligeramente acerca de los aspectos negati\u00advos de los dem\u00e1s; en nuestra pereza para rezar; en nuestra incapacidad para conmovernos por los valores del evangelio; en nuestra selectividad en leer los evangelios; en nuestra poca disponibili\u00addad para compartir con los pobres lo que tenemos; en nuestra indecisi\u00f3n para despojarnos de poder y ponernos al lado de los necesitados en su mi\u00adseria; en nuestra condescendencia con las es\u00adtructuras sociales injustas. Pese a todo esto, el Se\u00f1or nos perdona ansiosamente y nos da vida en Cristo Jes\u00fas. Que nosotros seamos salvados no se debe a las obras que nosotros hacemos, sino m\u00e1s bien al don de Dios en Cristo Jes\u00fas (Gal 2, 21-22). De otra modo la gracia no ser\u00eda gracia. (Rm II, 6).<\/p>\n<p>b) La humildad es agradecimiento por los dones. En el Nuevo Testamento la gratitud es el lado opuesto de la moneda de la humildad. La per\u00adsona que lo ha recibido todo se pone delante del Se\u00f1or en esp\u00edritu de acci\u00f3n de gracias. En este sentido, la acci\u00f3n de gracias es la actitud central de los cristianos, que celebran como \u00abEucaris\u00adt\u00eda\u00bb su vida diaria.<\/p>\n<p>Mar\u00eda compendia esta actitud en el evange\u00adlio de Lucas:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abProclama mi alma la grandeza del Se\u00f1or. Se alegra mi esp\u00edritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillaci\u00f3n de su esclava.<br \/>\nDesde ahora me felicitar\u00e1n todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por m\u00ed.<br \/>\nSu nombre es Santo.<br \/>\nY su misericordia llega a sus fieles de gene\u00adraci\u00f3n en generaci\u00f3n\u00bb (Lc. 1, 46-50).<\/p>\n<p>Mar\u00eda grita en oraci\u00f3n y acci\u00f3n de gracias por los grandes dones que Dios le ha dada Recono\u00adce los dones de Dios, sin disminuirlos ni negar\u00adlos, y responde con gratitud. En esto, se hace eco del salmista: \u00abDad gracias al Se\u00f1or porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Dad gracias al Dios de los dioses, porque es eterna su misericordia\u00bb (Sal. 136, 1-3). Este tipo de gratitud caracteriza a los pobres. Enrique Nouwen escri\u00adbe <em>(Humilty, <\/em>en <em>America <\/em>[Dic. II, 19821; id. <em>Gra\u00adcias, <\/em>S. Francisco 1983, p. 146-47):<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/05\/humildad03.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-40112\" title=\"humildad03\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/05\/humildad03-300x217.jpg?resize=300%2C217\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"217\" \/><\/a>\u00abMucha gente pobre vive en una relaci\u00f3n tan estrecha con los muchos ritmos de la naturaleza que todos los bienes que les vienen los experi\u00admentan como dones libres de Dios. Ni\u00f1os y ami\u00adgos, pan y vino, m\u00fasica y pintura, \u00e1rboles y flo\u00adres, agua y vida, una casa, una habitaci\u00f3n s\u00f3lo con una cama, todos son dones para ser agradecidos y ser celebrados. Yo he llegado a conocer este sentimiento b\u00e1sico. Estoy siempre rodeado de palabras de gracias. \u00abGracias por tu visita, tu ben\u00addici\u00f3n, tu serm\u00f3n, tu oraci\u00f3n, tus dones, tu pre\u00adsencia entre nosotros\u00bb. Aun los bienes m\u00e1s peque\u00f1os y m\u00e1s necesarios son motivo para la gratitud. Esta gratitud que lo invade todo es la ba\u00adse para la celebraci\u00f3n. Los pobres no s\u00f3lo est\u00e1n agradecidos por la vida, sino que celebran la vida constantemente\u00bb.<\/p>\n<p>Al reconocer que todo es don, la persona hu\u00admilde estar\u00e1 ansiosa por evitar las comparaciones. \u00c9l o ella recibir\u00e1n la vida con gratitud, dejando el juicio al Se\u00f1or, como los evangelios nos exhortan frecuentemente a hacer (cf. Mt 7, 1-5). A la so\u00adberbia le gustan las comparaciones. El avaro pue\u00adde sentirse satisfecho cuando posee muchas cosas; el soberbio no descansa mientras ve que alg\u00fan otro tiene m\u00e1s que \u00e9l. La humildad desde\u00ad\u00f1a las comparaciones. Puede concentrarse sobre el bien en los dem\u00e1s, como en s\u00ed mismo, y da gracias al Se\u00f1or por \u00e9l.<\/p>\n<p>Hoy los responsables de la formaci\u00f3n est\u00e1n muy al tanto de la importancia de la conciencia de las propias dotes como parte de una autoima\u00adgen positiva. Pero, casi a pesar del segundo cam\u00adbio de horizonte descrito arriba, el problema de la autoimagen negativa, que no tiene nada que ver con la humildad genuina, permanece como algo persistente.<\/p>\n<p>c) La humildad implica una actitud de siervo. Esto es b\u00e1sico en el Nuevo Testamento espe\u00adcialmente para aquellos que ejercen autoridad. \u00abSi alguno quiere ser el primero, debe ser el \u00fal\u00adtimo de todos y el siervo de todos\u00bb (Mc 9, 35). En el evangelio de S. Juan Jes\u00fas demuestra esto a sus disc\u00edpulos por medio de una par\u00e1bola en ac\u00adci\u00f3n cuando les lava los pies.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfEntend\u00e9is lo que acabo de hacer con vo\u00adsotros? Os dirig\u00eds a m\u00ed como maestro y Se\u00f1or, y encaja bien, pues esto es lo que soy. Pero si yo os he lavado los pies \u2014yo, vuestro maestro y Se\u00ad\u00f1or\u2014 entonces vosotros deb\u00e9is lavaros los pies unos a otros. Lo que yo he hecho ha sido para daros ejemplo: como yo he hecho as\u00ed deb\u00e9is ha\u00adcer\u00bb (Jn 13, 12-15).<\/p>\n<p>Nosotros somos llamados, como Jes\u00fas, \u00abno para ser servidos sino para servir\u00bb (Mt 20, 28). Esto es especialmente imperativo a la luz del pri\u00admer cambio de horizonte descrito arriba. La es\u00adperanza de la Iglesia en el mundo moderno es que las figuras de la autoridad ser\u00e1n colegiadas, dia\u00adlogantes, siervos humildes. Un antiguo himno bautismal cristiano capta este punto de vista en Jes\u00fas y lo aplica a sus seguidores:<\/p>\n<p>\u00abTened, pues, los sentimientos de Cristo. Aunque era de condici\u00f3n divina, no consider\u00f3 como presa codiciable el ser igual a Dios. Al con\u00adtrario, se despoj\u00f3 de su grandeza, tom\u00f3 la con\u00addici\u00f3n de esclavo y se hizo semejante a los hom\u00adbres. Y en su condici\u00f3n de hombre, se humill\u00f3 a s\u00ed mismo haci\u00e9ndose obediente hasta la muer\u00adte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exalt\u00f3 y le dio el nombre que est\u00e1 sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jes\u00fas, doble la rodilla todo lo que hay en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame que Je\u00adsucristo es Se\u00f1or, para gloria de Dios Padre\u00bb (Filp. 2, 5-11).<\/p>\n<p>C\u00f3mo siervos, debemos querer hacer cosas humildes. Con el cambio de paradigma en el ejer\u00adcicio de la autoridad (cf. art. mortificaci\u00f3n), las tareas de direcci\u00f3n que antes confer\u00edan presti\u00adgio, como la administraci\u00f3n, hoy deben ser tare\u00adas verdaderamente humildes, que exponen al siervo-l\u00edder a una profunda cr\u00edtica al mismo tiem\u00adpo que lo compromete en muchas reuniones y en un trabajo de papeleo aburrido que lleva consigo poca compensaci\u00f3n positiva.<\/p>\n<p>d) Hoy, la humildad tambi\u00e9n lleva consigo de\u00adjamos evangelizar por los pobres <em>(\u00abnuestros amos y maestros\u00bb, <\/em>como a S. Vicente le gustaba lla\u00admarlos). Este punto de vista, presente tambi\u00e9n en la primitiva Iglesia y recuperado m\u00e1s tarde por S. Vicente, recibe un gran \u00e9nfasis en la teolog\u00eda de Am\u00e9rica Latina y en la eclesiolog\u00eda \u00abdesde aba\u00adjo\u00bb (ascendente) (cf. art. sencillez).<\/p>\n<p>Como ministros, no s\u00f3lo ense\u00f1amos a los de\u00adm\u00e1s, debemos permitir a los dem\u00e1s que nos en\u00adse\u00f1en. Como expuso S. Agust\u00edn, hay semillas de la Palabra en todas partes y en todas las perso\u00adnas. Solamente el humilde puede discernirlas. Debemos escuchar a Dios, que nos habla cuan\u00addo vemos la buena voluntad de los pobres para compartir lo poco que tienen; cuando vemos su gratitud a Dios por los simples dones que el les da; cuando vemos su esperar contra toda espe\u00adranza que Dios proveer\u00e1; cuando vemos su re\u00adverencia, cuidado y respeto hacia nosotros tanto como hacia Dios. Los pobres nos predicar\u00e1n elo\u00adcuentemente si se lo permitimos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La humildad es la segunda de las cinco virtu\u00addes caracter\u00edsticas del misionero. Es tambi\u00e9n una de las virtudes que constituyen el esp\u00edritu de las Hijas de la Caridad (cf. art. Sencillez). 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