{"id":401080,"date":"2019-08-10T08:39:32","date_gmt":"2019-08-10T06:39:32","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=401080"},"modified":"2019-06-08T13:29:19","modified_gmt":"2019-06-08T11:29:19","slug":"la-llegada-las-hijas-la-caridad-espana-contexto-historico-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-llegada-las-hijas-la-caridad-espana-contexto-historico-ii\/","title":{"rendered":"La llegada de las Hijas de la Caridad a Espa\u00f1a y su contexto hist\u00f3rico (II)"},"content":{"rendered":"<ol>\n<li>EL CONTEXTO HISTORICO<\/li>\n<\/ol>\n<p>En efecto, el final del siglo XVIII representa tambi\u00e9n, para Europa y para Espa\u00f1a, el final de la edad moderna y el comienzo de la contempor\u00e1nea. Como ha dicho Juli\u00e1n Mar\u00edas, \u00abel \u00faltimo decenio del siglo XVIII y los primeros a\u00f1os del XIX, es decir, el \u00faltimo reinado del \u00abantiguo r\u00e9gimen\u00bb, es una de esas encru\u00adcijadas en que se decide por mucho tiempo la trayectoria de un pueblo\u00bb. En esa dif\u00edcil \u00e9poca de transici\u00f3n se instalan en Espa\u00f1a las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p><em>El impacto de la Revoluci\u00f3n<\/em><\/p>\n<p>Transici\u00f3n que afect\u00f3 a todos los pa\u00edses europeos. En Francia, como acabamos de ver, tom\u00f3 caracteres de ruptura hist\u00f3rica por efecto de la gran revoluci\u00f3n, que era el cambio abrupto del absolutismo mon\u00e1rquico a los modernos reg\u00edmenes representa\u00adtivos. En Espa\u00f1a la transici\u00f3n se inicia suavemente con un cambio de reinado: el de Carlos III, fallecido el 14 de diciembre de 1788, por el de su hijo Carlos IV.<\/p>\n<p>Se ha subrayado mucho la diferencia entre los dos monarcas y los dos reinados. Inicialmente, la diferencia no es tan percep\u00adtible. Los cuatro primeros a\u00f1os de Carlos IV, que corresponden a los de la venida e instalaci\u00f3n de las Hermanas, son de conti\u00adnuidad: el nuevo rey conserva los mismos ministros y en parti\u00adcular al Primer Secretario de Estado, Conde de Floridablanca, y sigue la misma pol\u00edtica. Es el impacto de la Revoluci\u00f3n francesa el que se\u00f1ala una inflexi\u00f3n. Floridablanca, atemorizado por el sesgo que tomaban los acontecimientos de Francia, inicia un claro repliegue: \u00abnosotros no deseamos aqu\u00ed tantas luces\u00bb, es su co\u00admentario ante las alarmantes noticias que le env\u00eda de Par\u00eds el embajador Fern\u00e1n N\u00fa\u00f1ez\u00bb. La frase revela la quiebra producida por el espect\u00e1culo de la revoluci\u00f3n en la conciencia de los m\u00e1s conspicuos ilustrados espa\u00f1oles. Esa quiebra obligar\u00eda a dejar inconcluso el proceso de reforma emprendido desde comienzos del siglo XVIII por cuatro generaciones sucesivas de espa\u00f1oles: la generaci\u00f3n cr\u00edtica de 1720; la generaci\u00f3n erudita de 1736; la generaci\u00f3n reformista 1751 y la generaci\u00f3n neocl\u00e1sica de 1766. Fue \u00e9sta \u00faltima generaci\u00f3n la que m\u00e1s directamente sufri\u00f3 el derrumbamiento inducido por la Revoluci\u00f3n francesa. A ella pertenec\u00edan por su fecha de nacimiento las seis Hermanas es\u00adpa\u00f1olas. Pero, a pesar de los esfuerzos de los ilustrados, la Espa\u00f1a que a su llegada a Barcelona encuentran las Hermanas difer\u00eda poco de la que hab\u00edan dejado siete a\u00f1os antes y a\u00fan de la que las hab\u00eda recibido a su nacimiento a mediados del siglo.<\/p>\n<p><em>Absolutismo mon\u00e1rquico <\/em>y <em>regalismo<\/em><\/p>\n<p>En lo pol\u00edtico, esa Espa\u00f1a era una monarqu\u00eda absoluta. El rey ostentaba todos los poderes del Estado. La limitaci\u00f3n que te\u00f3ricamente pod\u00edan ejercer sobre ellos las Cortes de origen me\u00addieval era pr\u00e1cticamente nula, como lo evidenci\u00f3 la \u00faltima de sus convocatorias, realizada en 1789. Las reclamaciones que en ellas efectuaron los procuradores fueron absolutamente irrelevantes. Y es que esos poderes del monarca gozaban de una firme y universal aceptaci\u00f3n social. El pueblo espa\u00f1ol se sent\u00eda y era profundamente mon\u00e1rquico y su adhesi\u00f3n al rey estaba fuera de discusi\u00f3n. Los adjetivos que el an\u00f3nimo autor de la <em>Breve noticia del Instituto de las Hijas de la Caridad <\/em>de 1782 dedicaba a Carlos III: \u00abnuestro Cat\u00f3lico y tan piadoso Monarca, con su celoso Ministerio y Supremo Consejo\u00bb, eran m\u00e1s que una oportunista <em>captatio benevolentiae; <\/em>eran la expresi\u00f3n de un ver\u00addadero y hondo sentimiento.<\/p>\n<p>No obstante lo dicho, el poder real se ejerci\u00f3 en el siglo XVIII y muy particularmente en sus dos \u00faltimas d\u00e9cadas de modo muy diferente a como se hab\u00eda ejercido en los dos siglos anteriores. El sistema \u00abpolisinodal\u00bb de \u00e9stos, basado en la distribuci\u00f3n de poderes entre los diversos Consejos, fue progresivamente susti\u00adtuido por las Secretar\u00edas de estado, que actuaban al modo de los actuales ministerios y que bajo el gobierno de Floridablanca lle\u00adgaron a constituir una especie de Consejo de ministros, la Junta Suprema de Estado, creada en 1787. Causa y efecto a la vez de esta organizaci\u00f3n fue la aparici\u00f3n por primera vez en Espa\u00f1a de una nueva clase pol\u00edtica, integrada por funcionarios de la ad\u00administraci\u00f3n, abogados o magistrados muchos de ellos, y lla\u00admados despectivamente \u00abgolillas\u00bb por sus adversarios, los hom\u00adbres de la antigua aristocracia. Las Secretar\u00edas de Estado fueron el cauce de acceso al poder de los ilustrados que dispusieron as\u00ed del instrumento que necesitaban para imponer sus prop\u00f3sitos reformistas. El r\u00e9gimen resultante es lo que se ha dado en llamar el \u00abdespotismo ilustrado\u00bb y en lo pol\u00edtico, despotismo ministerial. El Primer Secretario de Estado o Secretario de Estado y Asuntos Extranjeros actuaba de hecho como un primer ministro o Presi\u00addente del Gobierno, especialmente cuando el cargo reca\u00eda sobre un hombre de tan decidida visi\u00f3n pol\u00edtica como Floridablanca, que lo fue entre 1777 y 1792, es decir, durante los a\u00f1os en que se gest\u00f3 y realiz\u00f3 la instalaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad en<\/p>\n<p>Espa\u00f1a. A \u00e9l y su equipo de gobierno se refer\u00eda, pues, el autor del folleto de 1782 al hablar del \u00abceloso Ministerio y Supremo Consejo\u00bb.<\/p>\n<p>El despotismo ilustrado emple\u00f3 a fondo y, si cabe, dilat\u00f3 los l\u00edmites del omn\u00edmodo poder real, extendi\u00e9ndolo a todas las es\u00adferas de la vida social y, muy particularmente, a la esfera reli\u00adgiosa, en la que asumi\u00f3 la forma, entonces ampliamente pre\u00addominante en Europa, de regalismo\u00bb, es decir, de intervenci\u00f3n del estado en los asuntos eclesi\u00e1sticos. La expulsi\u00f3n de los Je\u00adsuitas en 1767 y luego la supresi\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda en 1773 son el caso m\u00e1s patente de esa intromisi\u00f3n. En ambas jug\u00f3 papel decisivo el Conde de Floridablanca. Pero no fue el \u00fanico. El regalismo, revestido del mal llamado jansenismo&#8217;, ya que de \u00e9ste no conservaba sino ciertos tics secundarios como el recelo ante la Corte romana, el odio a los jesuitas y la enemiga contra las formas de religiosidad popular, llevaba a las autoridades del Estado a intervenir en los m\u00e1s nimios asuntos de disciplina ecle\u00adsi\u00e1stica, tales como la forma en que los obispos deb\u00edan visitar sus di\u00f3cesis, erigir seminarios tridentinos o la admisi\u00f3n y ex\u00adpulsi\u00f3n de candidatos en las \u00f3rdenes religiosas. Por supuesto, intervendr\u00edan m\u00e1s a\u00fan en las cosas importantes: al rey le estaba reservada la presentaci\u00f3n \u2014casi verdadero nombramiento\u2014 de los obispos y titulares de beneficios y la erecci\u00f3n de casas reli\u00adgiosas, que, invariablemente, necesitaban de licencia real para su fundaci\u00f3n. Precisamente la falta de esa licencia impidi\u00f3 que el primer destino de las seis primeras Hijas de la Caridad espa\u00ad\u00f1olas fuera la ciudad de Barbastro, como estaba proyectado, e influy\u00f3 tambi\u00e9n en que no se consolidara la fundaci\u00f3n del Hos\u00adpital de Barcelona.<\/p>\n<p>Otra preocupaci\u00f3n de la pol\u00edtica regalista era la sumisi\u00f3n de las \u00d3rdenes y Congregaciones religiosas espa\u00f1olas a Superiores Generales extranjeros. Esta preocupaci\u00f3n era ampliamente com\u00adpartida por los Obispos espa\u00f1oles. Numerosas disposiciones le\u00adgales de la \u00e9poca, refrendadas de mejor o peor grado por la Santa Sede, tend\u00edan a romper los lazos jer\u00e1rquicos que un\u00edan las co\u00admunidades espa\u00f1oles con sus superiores de m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras. Es un dato a tener en cuenta a la hora de enjuiciar algunos acontecimientos de la historia de las Hijas de la Caridad espa\u00f1olas en estos sus primeros a\u00f1os.<\/p>\n<p><em>La estructura social: la nobleza<\/em><\/p>\n<p>Despu\u00e9s del Rey, el estamento nobiliario constitu\u00eda la segunda instancia de poder. Eran muy numerosos los nobles en la Espa\u00f1a de fines del XVIII. En 1797 se contaba m\u00e1s de un centenar de grandes de Espa\u00f1a y 1323 t\u00edtulos de nobleza. A ellos hay que sumar los nobles de rango inferior, que hacen elevar la cifra total <em>de <\/em>personas nobles a cerca de los 500.000, un 4 por ciento de la poblaci\u00f3n&#8217;. Pero eran a\u00fan m\u00e1s importantes por su riqueza que por su n\u00famero. De los 37 millones de hect\u00e1reas del territorio, m\u00e1s de los dos tercios eran de su propiedad. Y eran tambi\u00e9n importantes por su poder pol\u00edtico. A trav\u00e9s de su instituci\u00f3n se\u00f1orial, ejerc\u00edan jurisdicci\u00f3n sobre una parte muy notable de la poblaci\u00f3n: frente a las 11.921 ciudades, villas y lugares de rea\u00adlengo, 8.681 estaban sometidas a se\u00f1or\u00edo nobiliario, que en al\u00adgunos casos era verdadero se\u00f1or\u00edo de horca y cuchillo&#8217;. Bien es verdad que no era infrecuente que los nobles emplearan en favor de sus vasallos una parte a veces importante de su riqueza. Un ejemplo de ello fue el legado del Marqu\u00e9s de Llupi\u00e1, gracias al cual se establecieron las Hijas de la Caridad en el Hospital de Barcelona. El despotismo ilustrado luch\u00f3 a lo largo de todo el siglo por disminuir el poder de la nobleza y, sobre todo, por transformar la mentalidad social y cambiar el sistema aristocr\u00e1tico de valores, afirmando el \u00abhonor menestral\u00bb. Ese sentido tiene la Real C\u00e9dula del 18 de marzo de 1783 declarando que todos los oficios eran honestos y honrosos. Pero el cambio no era f\u00e1cil de conseguir. Cuando llegaron las Hermanas, la estructura y la mentalidad social tradicionales eran a\u00fan abrumadoramente pre\u00addominantes.<\/p>\n<p><em>El estamento eclesi\u00e1stico<\/em><\/p>\n<p>La Iglesia como instituci\u00f3n social era el segundo estamento privilegiado. Era una iglesia poderosa y socialmente influyente. Poderosa por sus abundantes recursos materiales. Seg\u00fan el Censo Floridablanca, de 1787, el clero en sentido amplio se compon\u00eda de 191.101 individuos, lo que representaba el 1,83 por ciento de una poblaci\u00f3n total de 10.409.879 habitantes. Sus propiedades, en cambio, representaban el 14,73 por ciento de la tierra culti\u00advable, el 8,92 por ciento del ganado y el 13,54 de la producci\u00f3n colmenera. Sus rentas totales equival\u00edan al 15,3 por ciento del producto nacional. Por poner algunos ejemplos, en Cifuentes, un pueblecito de la Alcarria, de 313 vecinos hab\u00eda 23 curas, 38 frailes, 23 dominicos y 30 monjas. En Salamanca, para unos 15.000 habitantes se contaban 25 parroquias, 25 conventos de religiosos y 18 conventos de religiosas. Demasiado clero y de\u00admasiadas propiedades. Bien es verdad que una parte importante de esos abundantes recursos revert\u00edan en beneficio de la poblaci\u00f3n a trav\u00e9s de numerosas instituciones de beneficencia, cuya m\u00e1s t\u00edpica representaci\u00f3n era la \u00absopa boba\u00bb de muchos conventos. Eso y el secular arraigo de la religi\u00f3n en el alma popular le confer\u00eda su influencia social que era muy grande en la \u00e9poca de la llegada de las Hermanas. Todav\u00eda en 1809, un mot\u00edn de C\u00e1diz fue apaciguado por la intervenci\u00f3n de los eclesi\u00e1sticos hasta el punto de que a petici\u00f3n popular el cargo de gobernador de la ciudad fue confiado por unos meses al P. Guardi\u00e1n de los Capuchinos. En cuanto a Barcelona, la ciudad donde ven\u00edan a instalarse las Hermanas, que, seg\u00fan el mismo censo, contaba en 1787 con una poblaci\u00f3n de 92.385 habitantes, ten\u00eda 747 ecle\u00adsi\u00e1sticos seculares, 21 Conventos de mujeres con 519 religiosas y 30 conventos de varones con 1165 religiosos, incluyendo entre \u00e9stos la \u00abCasa Misi\u00f3n de los Padres del Seminario\u00bb (los Pa\u00fales), con sus 39 Profesos, 5 Novicios y 1 Donado y excluyendo en todo caso el personal adherido: criados, sacristanes, ac\u00f3litos, pensionistas&#8230; N\u00f3tese que entre la multitud de \u00d3rdenes reli\u00adgiosas no hab\u00eda en Espa\u00f1a ninguna Congregaci\u00f3n femenina de vida activa. Las Hijas de la Caridad ser\u00e1n las primeras en colmar ese vac\u00edo. Radica ah\u00ed una de las razones de su fulgurante \u00e9xito.<\/p>\n<p><em>El pueblo<\/em><\/p>\n<p>El pueblo llano representaba el 94 \u00f3 95 por ciento de la poblaci\u00f3n. F\u00e1cilmente se echa de ver que tan amplio sector ten\u00eda que abarcar estratos sociales muy diferentes: desde los acauda\u00adlados industriales y comerciantes de las ciudades m\u00e1s avanzadas, Barcelona o Madrid, hasta los humildes jornaleros del campo o los componentes de grupos marginados, pasando por las que con denominaci\u00f3n un tanto anacr\u00f3nica podemos llamar profesiones liberales. Esa masa de la poblaci\u00f3n pose\u00eda sin embargo rasgos comunes que la caracterizan con nitidez. Tanto en sus represen-(antes urbanos como en los campesinos era un pueblo, en general, poco ilustrado \u2014el analfabetismo y las supersticiones eran lacras universales\u2014, d\u00f3cil y resignado \u2014los motines son casi siempre fen\u00f3menos inducidos y m\u00e1s de una vez, como el famoso de Esquilache en 1766 o el de Aranjuez en 1808, provocados por las mismas clases dirigentes\u2014 apegado a sus tradiciones, alegre y bullanguero, con alegr\u00eda que se manifestaba en romer\u00edas, ferias y carnavales, patriota y profundamente religioso. A la parte m\u00e1s sana de ese pueblo pertenec\u00edan las seis primeras aspirantes a Hijas de la Caridad, entre las que encontramos la hija de un cirujano (Sor Teresa Cort\u00e9s), de un boticario (Sor Antonia Andreu), de un pay\u00e9s (Sor Luc\u00eda Revent\u00f3s), de honrados labradores y me\u00adnestrales.<\/p>\n<p><em>Pobreza y mendicidad<\/em><\/p>\n<p>De lo dicho sobre la distribuci\u00f3n de la riqueza se deduce que era tambi\u00e9n un pueblo pobre. Pobreza que afectaba m\u00e1s o menos a todas las clases populares dada la arcaica estructura econ\u00f3mica: \u00abEspa\u00f1a \u2014se ha escrito\u2014 era una naci\u00f3n rural en un 80 por ciento, tanto desde el punto de vista econ\u00f3mico como demogr\u00e1\u00adfico\u00bb. Seg\u00fan el censo de 1797, se contaban un total de 1.677.172 labradores, de los que 364.514 eran propietarios, 507.423 arren\u00addatarios y 805.235 jornaleros&#8217;, lo que hac\u00eda directa o indirec\u00adtamente dependiente del campo a la casi totalidad de la poblaci\u00f3n. Ese abrumador predominio del sector primario, unido al arca\u00edsmo de los m\u00e9todos de cultivo y a la injusta distribuci\u00f3n de los im\u00adpuestos hace comprensible que los escritores y viajeros de la \u00e9poca describan como miserable la vida de los labriegos espa\u00f1oles en la mayor parte de las provincias&#8217;. No pod\u00eda menos de serlo si se tienen en cuenta, adem\u00e1s, la inseguridad de las cosechas, dependientes en exclusiva de los factores meteorol\u00f3gicos y el baj\u00edsimo nivel de los salarios agr\u00edcolas. En ciertas regiones es\u00adpa\u00f1olas el salario de un jornalero era de un real medio y de comer en invierno y de cinco reales y de comer en la \u00e9poca de la siega.<\/p>\n<p>Y ello para jornadas laborales que usualmente duraban de sol a sol. En \u00e9pocas de crisis y mano de obra abundante, los jornales pod\u00edan bajar hasta l\u00edmites que no permitir\u00edan la m\u00e1s m\u00edsera sub\u00adsistencia. En cambio, en per\u00edodos de prosperidad, los propietarios se concertaban para poner tasas a la subida de salarios. Cosa parecida podr\u00eda decirse de los obreros o trabajadores urbanos. Todo ello lleva a la conclusi\u00f3n de que el n\u00famero de pobres era muy grande, si bien no es f\u00e1cil de cuantificar. Un tratadista de la \u00e9poca aventura la cifra de dos millones de pobres estrictamente dichos, es decir, personas que no dispon\u00edan de ning\u00fan ingreso regular para subsistir. La Ilustraci\u00f3n a trav\u00e9s sobre todo de las Sociedades Econ\u00f3micas de Amigos del Pa\u00eds trabaj\u00f3 seriamente a lo largo de todo el siglo por sacar a Espa\u00f1a de la pobreza fomentando una explotaci\u00f3n m\u00e1s racional de los recursos natu\u00adrales, alumbrando nuevas fuentes de riqueza, favoreciendo una distribuci\u00f3n m\u00e1s justa de la existente, introduciendo nuevos cul\u00adtivos e industrias, difundiendo la educaci\u00f3n: en una palabra, impulsando el desarrollo. Los resultados, aunque apreciables, fueron a todas luces insuficientes.<\/p>\n<p>Manifestaci\u00f3n flagrante de la pobreza era la mendicidad. Nu\u00adbes de mendigos pululaban por campos y ciudades, excitando la compasi\u00f3n de los transe\u00fantes y, con frecuencia, exigiendo m\u00e1s que pidiendo la limosna, a veces por la violencia. Esa mendi\u00adcidad, en la que era dif\u00edcil distinguir entre aut\u00e9ntica necesidad y vagancia voluntaria o inclinaci\u00f3n natural al vagabundeo constitu\u00eda una aut\u00e9ntica preocupaci\u00f3n para los gobernantes. Fruto de ella fueron los planes destinados en parte a socorrerla y en parte a erradicarla, que fueron abundantes a lo largo del siglo. Me ocu\u00adpar\u00e9 s\u00f3lo de las ideas y realizaciones de su \u00faltimo decenio y, en particular, de los remedios propugnados por el Conde de Floridablanca y su Gobierno.<\/p>\n<p><em>El reformismo de Floridablanca<\/em><\/p>\n<p>Para Floridablanca, que sigue en esto las ideas de anteriores estudiosos del tema y, en particular, las de Bernardo Ward, hab\u00eda ante todo una preocupaci\u00f3n inicial: distinguir a los pobres ver\u00addaderos de los falsos. Estos eran los que no quer\u00edan trabajar, los vagos de profesi\u00f3n. Para ellos no hab\u00eda m\u00e1s soluci\u00f3n que re\u00adducirlos de grado o por fuerza a integrarse en la poblaci\u00f3n la\u00adboriosa y, en \u00faltimo t\u00e9rmino, enrolarlos en el ej\u00e9rcito. Los pobres verdaderos, incapaces de ganarse el sustento por su edad \u2014ex\u00adp\u00f3sitos o hu\u00e9rfanos y ancianos\u2014, por enfermedad o incapacidad f\u00edsica deb\u00edan ser socorridos. Pero ese socorro deb\u00eda ser organizado conforme a planes racionales. Floridablanca no consideraba la limosna personal e indiscriminada una buena soluci\u00f3n. Al con\u00adtrario, la ve\u00eda como fomentadora de la vagancia y la mendicidad. De ah\u00ed que se opusiera a las limosnas que el Rey sol\u00eda repartir al final de sus jornadas de caza entre los enjambres de pordioseros que segu\u00edan a la comitiva palaciega hasta conseguir que Carlos III suprimiera esa costumbre.<\/p>\n<p>El pensaba, por el contrario, en un plan de beneficencia de alcance nacional, que canalizara los muchos recursos que en todo el pa\u00eds se dedicaban a la caridad. Reconoc\u00eda las grandes iniciativas que en este terreno hab\u00edan impulsado numerosos prelados y \u00f3r\u00addenes religiosas, pero sus proyectos eran distintos y se dispuso a ejecutarlos. Un Breve Pontificio le permiti\u00f3 incautarse en favor de la Hacienda p\u00fablica de las rentas de los beneficios eclesi\u00e1sticos vacantes que no llevaban aneja cura de almas. Con estos recursos cre\u00f3 el llamado fondo P\u00edo Beneficial, cuyas rentas se emplear\u00edan en dotar de instituciones caritativas a todas las provincias. En cada una de \u00e9stas se establecer\u00eda una Junta de Caridad, encargada de velar por la fundaci\u00f3n y el buen funcionamiento de tales centros. Surgieron as\u00ed las Casas de Caridad, que sol\u00edan reunir en una misma instituci\u00f3n el hospital, el asilo de ancianos, el orfanato y la inclusa. Una parte de los ingresos se dedicar\u00eda tambi\u00e9n a la creaci\u00f3n de escuelas. El plan de Floridablanca no se aplic\u00f3 en su totalidad, pero se\u00f1al\u00f3 el camino que a partir de entonces iba a seguir la beneficencia en Espa\u00f1a. Ese camino era el de la relativa secularizaci\u00f3n y progresiva oficializaci\u00f3n de los servicios cari\u00adtativos.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 M\u00aa Rom\u00e1n<\/p>\n<p>CEME<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL CONTEXTO HISTORICO En efecto, el final del siglo XVIII representa tambi\u00e9n, para Europa y para Espa\u00f1a, el final de la edad moderna y el comienzo de la contempor\u00e1nea. 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