{"id":401078,"date":"2017-08-24T08:36:49","date_gmt":"2017-08-24T06:36:49","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=401078"},"modified":"2017-07-24T12:38:58","modified_gmt":"2017-07-24T10:38:58","slug":"la-llegada-las-hijas-la-caridad-espana-contexto-historico-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-llegada-las-hijas-la-caridad-espana-contexto-historico-i\/","title":{"rendered":"La llegada de las Hijas de la Caridad a Espa\u00f1a y su contexto hist\u00f3rico (I)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400140\" data-permalink=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/louis-debras-octavo-superior-general-de-la-congregacion-de-la-mision-y-de-las-hijas-de-la-caridad-1678-1761\/hijas-caridad-3\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?fit=1771%2C886&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"1771,886\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"hijas-caridad\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?fit=300%2C150&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?fit=846%2C423&amp;ssl=1\" class=\"alignnone size-medium wp-image-400140 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?resize=300%2C150\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?resize=300%2C150&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?resize=768%2C384&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?resize=1024%2C512&amp;ssl=1 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?resize=100%2C50&amp;ssl=1 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?resize=846%2C423&amp;ssl=1 846w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?resize=1004%2C502&amp;ssl=1 1004w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?w=1771&amp;ssl=1 1771w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?w=1692 1692w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>En el verano de 1782 se publicaba en Barcelona un folleto an\u00f3nimo titulado Breve noticia del Instituto de las Hijas de la Caridad&#8217;. Escrito con el manifiesto prop\u00f3sito de dar a conocer y procurar la implantaci\u00f3n de la instituci\u00f3n vicenciana en Espa\u00f1a, el librito termina con esta clarividente manifestaci\u00f3n: \u00abSe da ahora una breve noticia de todo esto al p\u00fablico, por juzgarse ser\u00eda muy de la gloria de Dios y de grande utilidad para nuestra Espa\u00f1a que se fuesen introduciendo estas Hijas, no s\u00f3lo en las ciudades, pero a\u00fan en las m\u00e1s principales villas, ya que nuestro Cat\u00f3lico y tan piadoso Monarca, con su celoso Ministerio y Supremo Consejo, ahora m\u00e1s que nunca discurre y trabaja para el com\u00fan alivio y ense\u00f1anza de toda suerte de pobres. Dios se digne mover los co\u00adrazones de todos los que pueden contribuir a tan santa obra. Am\u00e9n\u00bb. Hace tiempo que esas reveladoras palabras de un contempor\u00e1neo de los acontecimientos constituyen un reto para mi instinto de his\u00adtoriador, pues en ellas creo encontrar una de las claves del s\u00f3lido arraigo y el r\u00e1pido crecimiento que la obra de San Vicente de Pa\u00fal iba a experimentar en nuestra Patria. Responder a ese reto es el prop\u00f3sito \u00edntimo de mi exposici\u00f3n.<\/p>\n<ol>\n<li>LA LLEGADA<\/li>\n<\/ol>\n<p>Aunque el relato de la llegada a Espa\u00f1a de las Hijas de la Caridad ha sido hecho varias veces con alg\u00fan que otro error y mayor o menor detalle, pero, en conjunto, con suficiente exactitud&#8217;, creo sin embargo conveniente comenzar mi aproximaci\u00f3n al am\u00adbiente hist\u00f3rico en que se produce evocando al menos los hechos fundamentales y ofreciendo de paso algunas precisiones.<\/p>\n<p><em>La iniciativa barbastrense<\/em><\/p>\n<p>Parece fuera de duda que la iniciativa de implantar en Espa\u00f1a el Instituto de las Hijas de la Caridad surgi\u00f3 en Barbastro y fue idea del P. Jos\u00e9 Dur\u00e1n, superior de la casa de la C.M. en aquella ciudad aragonesa. La ocasi\u00f3n fue la siguiente: algunas personas piadosas hab\u00edan hecho al P. Dur\u00e1n varios donativos destinados a obras de caridad. El superior de Barbastro decidi\u00f3 dedicar aquellas sumas a la fundaci\u00f3n de un establecimiento docente a\u00a0 cargo de las Hijas de la Caridad. Con este objeto, que entonces no desvel\u00f3, el 24 de marzo de 1782 compr\u00f3 al maestro tejedor Vicente Tal\u00f3n unas casas y huertas.<\/p>\n<p>Un a\u00f1o m\u00e1s tarde, el 10 de marzo de 1783, el can\u00f3nigo de Barbastro D. Antonio Jim\u00e9nez, conocedor de los prop\u00f3sitos del P. Dur\u00e1n, redactaba su testamento. En \u00e9l, remiti\u00e9ndose a una declaraci\u00f3n suya posterior que lleva la fecha del 25 de junio, dejaba a disposici\u00f3n del mismo P. Dur\u00e1n varios inmuebles de su propiedad destinados a servir de sede a un establecimiento de ense\u00f1anza regido por las Hijas de la Caridad. Formulaba adem\u00e1s la promesa de entregar a \u00e9stas la suma anual de 50 libras jaquesas.<\/p>\n<p>Una vez en posesi\u00f3n de estos recursos, el P. Dur\u00e1n se puso en acci\u00f3n. El 2 de julio de 1783 dirig\u00eda al Ayuntamiento una exposici\u00f3n solicitando su intervenci\u00f3n para obtener del Rey la licencia necesaria. Lo mismo hizo ante el Obispo y el Cabildo catedralicio. Por otra parte, el d\u00eda 9 firmaba con el nuevo Superior de la casa, P. Rafael Pi&#8217;, una declaraci\u00f3n conjunta haciendo constar que tanto las casas compradas a D. Vicente Tal\u00f3n como las recibidas del Can\u00f3nigo D. Antonio Jim\u00e9nez se destinaban a las Hermanas y el d\u00eda 13 hac\u00eda cesi\u00f3n formal de todo ello en favor de la proyectada fundaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las cosas se resolvieron con prontitud. En los d\u00edas inmediatos las tres autoridades dieron su conformidad y el 15 del mismo mes cada cual por su parte elevaba sendas representaciones al Primer Secretario de Estado, Conde de Floridablanca, no sin acompa\u00f1arlas de una cartita particular al Consejero D. Benito Puente para que interpusiera en el asunto sus buenos oficios. De momento, ah\u00ed acab\u00f3 todo, pues al parecer, las s\u00faplicas se extra\u00adviaron en las laber\u00ednticas covachuelas de Palacio. En todo caso, no hubo respuesta de las altas autoridades de la Naci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>Las primeras aspirantes<\/em><\/p>\n<p>Faltaba, adem\u00e1s lo principal. Faltaban las Hermanas. En agosto de 1781, el P. Nualart, reci\u00e9n nombrado Visitador, pasaba la visita can\u00f3nica a la casa de Barbastro, de donde era Superior el P. Dur\u00e1n. Sin duda, trataron de los proyectos que \u00e9ste tra\u00eda entre manos. No sabremos nunca qui\u00e9n interes\u00f3 a qui\u00e9n en la tra\u00edda de Hermanas a Espa\u00f1a. Lo cierto es que por entonces, bien personalmente, bien por escrito, el P. Nualart gestion\u00f3 la au\u00adtorizaci\u00f3n para fundar en Espa\u00f1a Hijas de la Caridad ante el Superior General P. Jacquier, Este contest\u00f3 afirmativamente con la \u00fanica condici\u00f3n de que, para ello, se enviasen a Francia j\u00f3venes espa\u00f1olas que manifestasen deseo de ingresar en la comunidad y que, una vez formadas en los deberes de su vocaci\u00f3n, regre\u00adsar\u00edan a su pa\u00eds. Ante esa respuesta, Dur\u00e1n y Nualart, cada uno por su parte, se dedicaron a buscar candidatas. Reunieron pronto un grupito de seis, destinadas a ser semilla de la familia espa\u00f1ola de San Vicente de Pa\u00fal. Repitamos sus nombres en esta solemne fecha del comienzo del tercer siglo de historia de las Hijas de la Caridad en nuestra patria.<\/p>\n<p>Josefa Esperanza Antonia Miguel, nacida en Barcelona el 4 de marzo de 1753. (Sor Josefa Miguel)<\/p>\n<p>Mar\u00eda Esperanza Ignacia Blanc Ranz\u00f3n, nacida en Barbastro el 18 de diciembre de 1756, hija de Jorge y Mar\u00eda. (Sor Mar\u00eda Blanc)<\/p>\n<p>Mar\u00eda Teresa Manuela Aguas, nacida en Besi\u00e1ns, lugar de Perrar\u00faa, Barbastro, el 6 de agosto de 1760, hija de Jos\u00e9 y Teresa. (Sor Manuela Lecina)<\/p>\n<p>Ana Mar\u00eda Antonia Andreu 011er, nacida en Palau Tordera, Barcelona, el 1 de diciembre de 1762, hija del boticario de Palau. (Sor Antonia Andreu)<\/p>\n<p>Catalina Mar\u00eda Revent\u00f3s o Ravent\u00f3s Rosell, nacida en Vi-lanova de Cubellas, Barcelona, el 11 de diciembre de 1762, hija de Mag\u00ed, pay\u00e9s, y Mar\u00eda. (Sor Luc\u00eda Revent\u00f3s)<\/p>\n<p>Teresa Antonia Francisca Cort\u00e9s Bar\u00f3, nacida en La Pobla de Segur, L\u00e9rida, el 21 de diciembre de 1762, hija de Benedicto, cirujano, y Elisabeth. (Sor Teresa Cort\u00e9s)l<sup>o<\/sup>.<\/p>\n<p><em>Los a\u00f1os de formaci\u00f3n en Francia<\/em><\/p>\n<p>Las seis se pusieron incondicionalmente a la disposici\u00f3n del P. Nualart y \u00e9ste, tras las oportunas gestiones, organiz\u00f3 su viaje a Francia. El destino inmediato era la ciudad de Narbona, donde deber\u00edan hacer su postulantado o per\u00edodo de prueba. Acompa\u00f1adas por el P. Nualart en persona emprendieron el viaje el 18 de marzo de 1782. Consta que los gastos de desplazamiento de las dos aragonesas corrieron a cuenta de la casa de San Vicente de Pa\u00fal de Barbastro: \u00aba sus expensas\u00bb. Al cabo de cinco d\u00edas llegaron a Narbona y fueron distribuidas del siguiente modo: Josefa Miguel, Mar\u00eda de Blanc y Manuela Lecina al Hospital; Teresa Cort\u00e9s a la Parroquia, dependiente tambi\u00e9n del Hospital; Antonia Andreu y Luc\u00eda Revent\u00f3s a la Misericordia. \u00abRepartidas en dos casas\u00bb, dice simplemente el manuscrito de 1830. Permanecieron en Narbona cinco meses. A mediados del siguiente mes de agosto se trasladaron a Par\u00eds para ingresar en el Seminario, lo que hicieron el d\u00eda 25 del mismo mes, fiesta de San Luis Rey de Francia. Al cabo de seis meses \u00abpoco m\u00e1s o menos\u00bb recibieron el h\u00e1bito y fueron destinadas a diversas casas: Sor Miguel, sucesivamente, al hospital de Incurables de Par\u00eds, a Liesse y Chauny, en Aisne, y a la sacrist\u00eda de la Casa Madre; Sor Mar\u00eda Blanc y Sor Luc\u00eda Revent\u00f3s, a la enfermer\u00eda de la Escuela Militar de Gros Caillou; Sor Lecina, al hospicio des Petites Maisons de Par\u00eds; Sor An\u00adtonia Andreu a Fontainebleau, en la Real Casa de Caridad y Sor Teresa Cort\u00e9s primero al hospicio del Ni\u00f1o Jes\u00fas de Par\u00eds y m\u00e1s tarde a la parroquia de Notre Dame de Versalles&#8217;.<\/p>\n<p>Sabemos poco de la vida interior de las seis j\u00f3venes se\u00adminaristas durante los a\u00f1os de su permanencia en Francia, que tan decisivos debieron ser para la formaci\u00f3n de su personalidad. El Seminario segu\u00eda la pauta rutinaria se\u00f1alada en los Estatutos, consuetudinarios y tradiciones de la Compa\u00f1\u00eda. Del ambiente comunitario que all\u00ed les toc\u00f3 vivir tenemos testimonios con\u00adtempor\u00e1neos en la biograf\u00eda de una seminarista ingresada en \u00e9l cuatro a\u00f1os despu\u00e9s de las espa\u00f1olas, Sor Juana Antida Thouret. Era un ambiente de sana y gozosa fraternidad sazo\u00adnada a veces con lances de buen humor, de severidad m\u00e1s aparente que real, dominado por la bondadosa personalidad de las Superioras Generales Madres Magdalena Drouet (1778\u00ad1784) y Renata Dubois (1784-1790). Director de Hermanas era, al menos nominalmente, pues en los \u00faltimos a\u00f1os la en\u00adfermedad le imped\u00eda moverse, el P. Bourgeat. Las conferencias espirituales de \u00e9ste, cuidadosamente copiadas a mano en un grueso volumen, ser\u00edan uno de los pocos libros que ellas se traer\u00edan como equipaje espiritual a su regreso de Francia. Un an\u00e1lisis pormenorizado de esas conferencias revelar\u00eda sin duda las claves de la formaci\u00f3n que recibieron y que, como no pod\u00eda menos de ser, respond\u00eda a la venerable tradici\u00f3n vicenciana amorosamente conservada en la comunidad a\u00fan en aquellos a\u00f1os de relativa relajaci\u00f3n&#8217;.<\/p>\n<p>Las seis Hijas de la Caridad espa\u00f1olas presenciaron, unas m\u00e1s directamente que otras, los primeros episodios de la Re\u00advoluci\u00f3n francesa. Sor Teresa Cort\u00e9s ser\u00eda testigo ocular en la parroquia de Notre Dame de Versalles de la sesi\u00f3n constitutiva de los Estados Generales, que se iniciaron con una procesi\u00f3n desde aquella iglesia a la de San Luis, ambas regidas por los Pa\u00fales, y de las agitadas jornadas del juramento del Juego de la Pelota y de la proclamaci\u00f3n de la Asamblea Constituyente. Desde su oficio en la sacrist\u00eda de la Casa Madre, Sor Josefa participar\u00eda en la zozobra de toda la comunidad en la madrugada del 13 de julio de 1789, marcada por el saqueo de San L\u00e1zaro y el doble registro de la Casa Madre de las Hermanas por grupos revolucionarios. Las otras cuatro, m\u00e1s alejadas del escenario principal de los hechos, sobre todo Sor Antonia Andreu, que se encontraba en Fontainebleau, seguir\u00edan con preocupaci\u00f3n los acontecimientos.<\/p>\n<p><em>El regreso<\/em><\/p>\n<p>El estallido de la revoluci\u00f3n iba a ser la ocasi\u00f3n del regreso a la patria de las Hermanas espa\u00f1olas. Para que ese regreso se realizara del modo que conocemos y se concretara en la entrada de las Hermanas en el Hospital de Santa Cruz de Barcelona fue necesaria una larga serie de circunstancias.<\/p>\n<p>Los Padres de la Misi\u00f3n estaban desde bastante antes rela\u00adcionados con el Hospital. Del 19 al 24 de marzo de 1784, el Visitador P. Nualart hab\u00eda dirigido precisamente en la Casa-Misi\u00f3n los ejercicios espirituales con que se prepararon a iniciar su caritativo servicio en el Hospital los diez primeros Hermanos de la Santa Cruz. El intervino en la redacci\u00f3n de sus Constitu\u00adciones, les prescribi\u00f3 los mismos actos de piedad usados en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, les dio como gu\u00eda para su oraci\u00f3n su propio manual de meditaciones y \u00e9l les impuso el h\u00e1bito. Y dos misioneros, los PP. Tost y Rebolleda, les acompa\u00f1aron en la solemne procesi\u00f3n con que en la tarde del 24 de marzo se trasladaron de la casa-misi\u00f3n al hospital&#8217;. Surg\u00eda as\u00ed, en la estela de la caridad y el esp\u00edritu vicencianos, la primera de las asocia\u00adciones hospitalarias catalanas que tanto iban a proliferar en aque\u00adlla vertiente de siglo que era tambi\u00e9n la vertiente de una edad de la historia.<\/p>\n<p><em>La fundaci\u00f3n en Barcelona<\/em><\/p>\n<p>El caso es que cuando a finales de 1789 la Junta de admi\u00adnistradores del Hospital de Santa Cruz decide destinar el legado Llupi\u00e1 a la creaci\u00f3n de una hermandad femenina an\u00e1loga a la de los Hermanos, que atendiese a las salas de mujeres como \u00e9sta atend\u00eda a las de hombres, un haz de diversas fuerzas converge sobre el proyecto y hace que \u00e9ste se concrete en la venida de las Hijas de la Caridad. Ante todo, las Hermanas espa\u00f1olas \u2014y quiz\u00e1 tambi\u00e9n sus Superiores franceses\u2014 deseaban repatriarse bien por realizar los prop\u00f3sitos que las hab\u00edan llevado a Francia, bien por temor a los desmanes revolucionarios; por su parte, el Embajador de Espa\u00f1a en Par\u00eds, Conde de Fern\u00e1n-N\u00fa\u00f1ez\u00bb, quer\u00eda reexpedir a Espa\u00f1a no s\u00f3lo a las Hermanas sino tambi\u00e9n a otros espa\u00f1oles residentes en Francia tanto para librarlos de peligros como para preservarlos del contagio de las ideas revolucionarias y al efecto empieza a buscarles ocupaci\u00f3n en Espa\u00f1a, primero en el Hospital de la Pasi\u00f3n de Madrid y luego en el de Barcelona; los admi\u00adnistradores del Hospital, como acabamos de ver, buscaban c\u00f3mo emplear la fundaci\u00f3n Llupi\u00e1 en beneficio de los acogidos y, de paso, en alivio de los gastos de la Instituci\u00f3n; por fin, los Pa\u00fales espa\u00f1oles no hab\u00edan renunciado nunca al proyecto inicial de hacer volver a las j\u00f3venes que con tanta ilusi\u00f3n hab\u00edan enviado a Par\u00eds siete a\u00f1os antes. Ciertamente que no viv\u00eda ya el P. Dur\u00e1n, fa\u00adllecido en 1784, y que el P. Nualart, alejado en su destino de Palma de Mallorca, morir\u00eda aquel mismo a\u00f1o de 1790. Pero al frente de la Provincia se encontraba como Visitador el mismo P. Rafael Pi que hab\u00eda firmado con el P. Dur\u00e1n la cesi\u00f3n de los bienes de Barbastro a favor de la futura fundaci\u00f3n de Hermanas. Cerrado al parecer por el silencio administrativo el camino de aquel establecimiento, el P. Pi debi\u00f3 pensar que deb\u00eda aprove\u00adcharse la ocasi\u00f3n que se ofrec\u00eda en Barcelona. Desde luego, s\u00f3lo a trav\u00e9s de los Padres de la Misi\u00f3n pod\u00edan conocer los adminis\u00adtradores del Hospital la existencia en Francia del grupito de as\u00adpirantes espa\u00f1olas partidas siete a\u00f1os antes.<\/p>\n<p>No voy a detenerme en relatar las vicisitudes de la negociaci\u00f3n entre los administradores del Hospital y los Superiores de la Compa\u00f1\u00eda, P. F\u00e9lix Cayla de la Garde y la Madre Renata Dubois, con el Conde de Fern\u00e1n N\u00fa\u00f1ez como mediador entre las partes. Lo que s\u00ed me interesa es aclarar las circunstancias que llevar\u00edan al fracaso de la fundaci\u00f3n. Los puntos de partida no pod\u00edan ser m\u00e1s distantes. Los administradores del Hospital bus\u00adcaban una comunidad nueva y sometida por entero a su autoridad. Las Hijas de la Caridad pensaban en una fundaci\u00f3n m\u00e1s, al servicio del establecimiento, desde luego, pero formando \u00ednte\u00adgramente parte de la Compa\u00f1\u00eda y regulada por su legislaci\u00f3n interna. La distancia parec\u00eda insalvable. Un problema an\u00e1logo hab\u00eda hecho fracasar un a\u00f1o antes las tentativas de instalar a las Hermanas en el Hospital de la Pasi\u00f3n de Madrid. Pero ahora las negociaciones se hac\u00edan bajo el signo de la urgencia. El Emba\u00adjador ten\u00eda prisa por ver fuera de Francia a las Hermanas espa\u00ad\u00f1olas. Los superiores parec\u00edan acuciados por la misma preocu\u00adpaci\u00f3n. Sobre uno y otros pesaban las circunstancias pol\u00edticas. De ah\u00ed las imprecisiones del acuerdo final. Las consecuencias no tardar\u00edan en sentirse.<\/p>\n<p>Pero de momento todo parec\u00eda felizmente concluido. En Par\u00eds la Madre Dubois despidi\u00f3 cari\u00f1osamente a las cinco Her\u00admanas espa\u00f1olas. A \u00faltima hora se hab\u00eda decidido que una de ellas, Sor Antonia Andreu, fuera sustituida por una francesa m\u00e1s experimentada cuya compa\u00f1\u00eda se consideraba necesaria para dar solera y veteran\u00eda al grupito de iniciadoras. Fue elegida para el caso la Asistente General, Sor Juana David. Sor Dubois renunciaba generosamente a ella en favor de la nueva funda\u00adci\u00f3n. Junto con su asistente les hizo otro regalo acaso m\u00e1s valioso: el 6 de mayo de 1790 les entregaba, fielmente copiado del original y firmado y sellado por ella misma y sus asistentes, el ejemplar de las Reglas Comunes que deber\u00eda servirles de norma de vida y gobierno. Constituye un volumen manuscrito de 198 pp. y 24 x 18 cm. En el reverso de la p. 193 figura la certificaci\u00f3n de su entrega a las Hermanas espa\u00f1olas, que dice textualmente: \u00abCe livre de Regle a et\u00e9 donn\u00e9 a Nos Soeurs Jeanne David, Josephe Esperance Michel, Marie Esperance Blanc, Marie Ther\u00e9se Lecine, Frangoise Antoniette Therese Cortes, et Marie Catherine Rebentos allant commencer l&#8217;Es-tablissement de Barcellonne Le 6 May 1790.\/ Siguen las firmas en renglones distintos: Ren\u00e9e Dubois superieure\u2014 Soeur Jeanne David assistente\u2014 Genevieve Silloy econome\u2014 Sebastien-ne Tonnellier offici\u00e9re. Debajo, en relieve seco, lleva el sello de las Superiora General&#8217;. Es la partida oficial de nacimiento de las Hijas de la Caridad espa\u00f1olas. Iban a necesitarla. Veinte d\u00edas m\u00e1s tarde, el 26 de mayo de 1790, mi\u00e9rcoles de Pente\u00adcost\u00e9s, las Hermanas hac\u00edan su solemne entrada en el hospital de Barcelona. Las condujo hasta \u00e9l en sus propios coches el Capit\u00e1n General de Catalu\u00f1a, Conde de Lacy, a quien ellas se hab\u00edan presentado nada m\u00e1s llegar, con las cartas de recomen\u00addaci\u00f3n del Embajador Fern\u00e1n N\u00fa\u00f1ez. Simb\u00f3licamente, dos d\u00edas antes, en Par\u00eds, hab\u00eda cesado en su oficio la Madre Dubois y en su lugar hab\u00eda sido elegida Sor Antonieta Deleau. La fun\u00addaci\u00f3n de Espa\u00f1a hab\u00eda sido el \u00faltimo acto de gobierno de la \u00faltima superiora anterior a la Revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>Los problemas<\/em><\/p>\n<p>Por debajo de las apariencias, sin embargo, segu\u00edan latiendo los problemas irresueltos. Por de pronto, las Hermanas no pudieron iniciar sus trabajos hasta tres meses m\u00e1s tarde. Las se\u00f1oras que hasta entonces los hab\u00edan desempe\u00f1ado \u2014un grupo de devotas subvencionado por la Causa P\u00eda Darder y que por eso eran llamadas \u00abDarderas\u00bb\u2014 alegaban los derechos adqui\u00adridos y no se resignaban a las disposiciones de la Junta. Por fin se lleg\u00f3 a un acuerdo por el que las Darderas se limitar\u00edan a atender el departamento de dementes y dejar\u00edan las salas de mujeres enfermas y de exp\u00f3sitos en manos de las Hijas de la Caridad, aunque podr\u00edan seguir asistiendo a las enfermas a las horas de comida y cena. As\u00ed se hizo el 22 de agosto de aquel mismo a\u00f1o. Las Darderas \u00abse retiraron a la casa de su habi\u00adtaci\u00f3n desconsolad\u00edsimas y penetradas del m\u00e1s vivo dolor por tener que dejar a sus enfermas\u00bb. Las Hermanas pueden empezar por fin a prestar los servicios caritativos para los que hab\u00edan sido contratadas. Y lo hicieron con la dedicaci\u00f3n, la compe\u00adtencia y el acierto que de ellas pod\u00eda esperarse: bajo su direcci\u00f3n \u2014anota el Manuscrito\u2014 \u00abmejor\u00f3 notablemente as\u00ed el servicio de las enfermas como el cuidado de los Ni\u00f1os Exp\u00f3sitos, con universal contento y aplauso de toda la ciudad de Barcelona por espacio de un a\u00f1o y ocho o nueve meses, esto es, mientras que las Hermanas tuvieron libertad para dirigir dichos estable\u00adcimientos seg\u00fan sus reglas y pr\u00e1cticas de su Instituto\u00bb. Muy pronto se intent\u00f3 quitarles tal libertad.<\/p>\n<p>Los administradores del Hospital no hab\u00edan renunciado a la idea expresada durante las negociaciones de admitir a las Hijas de la Caridad no a t\u00edtulo de comunidad aut\u00f3noma que prestaba sus servicios al Hospital conservando su propia per\u00adsonalidad y su r\u00e9gimen interno, sino para crear con ellas una corporaci\u00f3n nueva enteramente sometida a su autoridad. Y el 6 de noviembre de 1790 intentan lo que en pol\u00edtica se llamar\u00eda un golpe de Estado. Lo hacen presentando a las Hermanas un largo documento, avalado con todos los t\u00edtulos y representa\u00adciones, por el cual \u00abinstituyen y fundan una Hermandad y Obra p\u00eda de un competente n\u00famero de Viudas y Doncellas honestas hijas de Padres honrados, aprobadas en caridad, de costumbres irreprensibles, de suficiente instrucci\u00f3n y conocida probidad con el nombre de Hijas de la Caridad\u00bb. Siguen a esa declaraci\u00f3n de intenciones diecisiete art\u00edculos que constituyen las Cons\u00adtituciones de la nueva corporaci\u00f3n. Naturalmente, las Hijas de la Caridad se negaron a aceptar la propuesta. A partir de ese momento, los administradores inician una serie de movimientos t\u00e1cticos orientados a dividir entre s\u00ed a las Hermanas y a que\u00adbrantar su resistencia. La historia del a\u00f1o 1791 y el primer semestre de 1792 est\u00e1 salpicada de esos peque\u00f1os choques, entre los que no faltan tampoco los inevitables roces con las Darderas. Anecd\u00f3ticos en otras circunstancias, tales choques se cargan de graves consecuencias en aqu\u00e9llas. La Junta con\u00adsigue \u00e9xitos parciales, como el de distanciar del resto de la comunidad a una de las Hermanas, Sor Teresa Cort\u00e9s. As\u00ed, poco a poco, se llega a la ruptura, que se produce en la pri\u00admavera de 1792. El 29 de abril la Junta hace un \u00faltimo esfuerzo por reducir a las Hermanas a la aceptaci\u00f3n de su proyecto, ligeramente suavizado en las formas. Las Hermanas se niegan de nuevo a apartarse de sus Reglas y Constituciones. Para ello dirigen a los administradores una carta que resplandece como un luminoso testimonio de su fidelidad a la vocaci\u00f3n, su ad\u00adhesi\u00f3n a los superiores y su amor a los pobres: \u00abEn nada&#8230; solicitamos ventajas para nosotros y s\u00f3lo pretendemos la fiel observancia de nuestras Reglas, la del solemne contrato de Par\u00eds y el mejor servicio de los Pobres enfermos y del mismo Santo Hospital\u00bb. Sobre esa tr\u00edada de sentimientos nunca des\u00admentidos a lo largo de doscientos a\u00f1os, crecer\u00e1 hasta conver\u00adtirse en la m\u00e1s vigorosa rama del \u00e1rbol de la caridad vicenciana la secci\u00f3n espa\u00f1ola de las Hijas de la Caridad. De momento, sin embargo, ese empe\u00f1o de fidelidad iba a provocar la supresi\u00f3n de su primera y hasta entonces \u00fanica fundaci\u00f3n. En efecto, dos meses m\u00e1s tarde, el 24 de junio de 1792, tienen que abandonar el hospital de Barcelona. S\u00f3lo se queda en \u00e9l Sor Teresa Cort\u00e9s con dos de las postulantes admitidas en los meses anteriores, a quienes los administradores han logrado atraer a su causa. Con ellas empieza la Junta a poner en ejecuci\u00f3n su designio de crear una nueva corporaci\u00f3n caritativa.<\/p>\n<p>Las dem\u00e1s Hermanas con la mayor\u00eda de las postulantes se separan moment\u00e1neamente, dirigi\u00e9ndose cada cual a su pueblo respectivo. El risue\u00f1o horizonte que s\u00f3lo dos a\u00f1os antes se hab\u00eda abierto a las hijas espa\u00f1olas del Se\u00f1or Vicente parec\u00eda cerrarse para siempre. Sin embargo, era entonces cuando iba a brindar al mermado pero valeroso grupito de Hermanas la inmensidad de sus posibilidades. Muy pronto, en vez de una fundaci\u00f3n, tendr\u00edan tres.<\/p>\n<p><em>Las fundaciones definitivas<\/em><\/p>\n<p>La historia posterior es conocida. La dispersi\u00f3n de la co\u00admunidad dar\u00e1 origen aquel mismo a\u00f1o de 1792 a las fundacio\u00adnes de Barbastro, L\u00e9rida y Reus y, m\u00e1s adelante, a las de Madrid (1800) y Pamplona (1805) que no hubieran sido po\u00adsibles sin aqu\u00e9lla. En Reus fallecer\u00eda el 17 de julio, de 1793, doblemente alejada de su patria por la geograf\u00eda y la revoluci\u00f3n, la Asistente General Sor Juana David, sin ver cumplido su prop\u00f3sito de regresar a su pa\u00eds una vez encauzada la fundaci\u00f3n espa\u00f1ola. La par\u00e1bola evang\u00e9lica del grano de trigo, que s\u00f3lo muriendo es capaz de dar fruto, encontraba en ella asombroso y literal cumplimiento. Barbastro por su parte ver\u00e1 cumplida y recompensada su aspiraci\u00f3n de ser la primera fundaci\u00f3n es\u00adtable de las Hijas de la Caridad en Espa\u00f1a. Ser\u00e1 m\u00e1s a\u00fan: ser\u00e1 la cuna de un nuevo nacimiento de la Compa\u00f1\u00eda, porque \u2014sim\u00adb\u00f3lica coincidencia\u2014 el mismo d\u00eda que Sor Manuela Lecina llegaba a Barbastro para poner en marcha la escuelita proyec\u00adtada diez a\u00f1os antes, las autoridades revolucionarias francesas cerraban por la fuerza en Par\u00eds la Casa Madre de las Hijas de la Caridad. Pero, otra vez, en la persona de Manuela Lecina, Margarita Naseau recomenzaba la historia de la Compa\u00f1\u00eda en\u00adse\u00f1ando a leer a las pobres ni\u00f1as campesinas. Se dir\u00eda que, de la vieja colmena vicenciana, la Providencia hab\u00eda separado un peque\u00f1o enjambre de Hermanas espa\u00f1olas para trasplantar su obra a la nueva era hist\u00f3rica que por aquellos mismos d\u00edas Goethe ve\u00eda alborear en el campo de batalla de Valmy.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 M\u00aa Rom\u00e1n<\/p>\n<p>CEME<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el verano de 1782 se publicaba en Barcelona un folleto an\u00f3nimo titulado Breve noticia del Instituto de las Hijas de la Caridad&#8217;. 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