{"id":400133,"date":"2016-11-28T08:32:45","date_gmt":"2016-11-28T07:32:45","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400133"},"modified":"2016-11-28T08:36:39","modified_gmt":"2016-11-28T07:36:39","slug":"la-accion-san-vicente-ayuda-las-provincias-champana-picardia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-accion-san-vicente-ayuda-las-provincias-champana-picardia\/","title":{"rendered":"La acci\u00f3n de San Vicente Ayuda a las Provincias de Champa\u00f1a y Picard\u00eda"},"content":{"rendered":"<p><em><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400100\" data-permalink=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-demografia-economia-sociedad\/400es-01-copy\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?fit=2192%2C1710&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"2192,1710\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"400es-01-copy\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?fit=846%2C660&amp;ssl=1\" class=\"alignnone size-medium wp-image-400100 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=300%2C234\" alt=\"400es-01-copy\" width=\"300\" height=\"234\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=300%2C234&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=768%2C599&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=1024%2C799&amp;ssl=1 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=100%2C78&amp;ssl=1 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=846%2C660&amp;ssl=1 846w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=1004%2C783&amp;ssl=1 1004w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?w=1692 1692w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>La guerra en las provincias de Champa\u00f1a y Picard\u00eda<\/em><\/p>\n<p>Pocas provincias sufren tanto a causa de la guerra como estas regiones fronterizas de Champa\u00f1a y de Picard\u00eda. Durante 25 a\u00f1os, de 1635 a 1660, las tropas francesas, espa\u00f1olas, alemanas y lorenesas, recorren el pa\u00eds en todas direcciones, sembrando muerte y destrucci\u00f3n. De acuerdo con los resultados de los combates, las tropas adversas van y vienen por las ciudades. Al ir saquean y al volver incendian y devastan. Todos cometen los mismos destrozos y se comportan de la misma manera salvaje. En realidad los des\u00addichados campesinos no ven ninguna diferencia en el trato que les dan sus ocupantes. Son igualmente \u00abmordidos\u00bb y \u00abestrangula\u00addos\u00bb por unos y otros. Los soldados franceses del mariscal du Plessis-Praslin y del mariscal de la Fert\u00e9 se hacen odiar tanto co\u00admo las tropas del duque de Lorena, y las bandas de alemanes, de polacos y suecos conducidas por Juan Luis, bar\u00f3n d&#8217;Erlach, suizo al servicio de Francia, y las tropas de Rosen.<\/p>\n<p>Todas las invasiones y todas las contra-ofensivas se desarrollan en este terreno cien veces saqueado. La nobleza rural es despojada de sus bienes, golpeada y tratada sin ninguna dignidad. Los campesinos no pueden pagarles las rentas. Los soldados despojan a los campesinos y los torturan para obligarles a confesar d\u00f3nde han es\u00adcondido el grano y los reba\u00f1os. A los lamentos y quejas de los no\u00adbles y de los campesinos, Carlos de Lorena y su adversario el ma\u00adriscal de la Fert\u00e9 responden de la misma manera: \u00abEs necesario que los soldados vivan a costa de los habitantes\u00bb. En efecto, se paga muy irregularmente a las tropas.<\/p>\n<p>Liberados de los soldados, no por eso viven tranquilos los desdichados campesinos. Los recaudadores de contribuci\u00f3n recorren las provincias exigiendo los impuestos reales. Hay oposici\u00f3n a pa\u00adgarlos. En realidad se puede uno preguntar \u00bfc\u00f3mo pod\u00edan hacerlo los contribuyentes? Por a\u00f1adidura en 1652, cuando la cosecha se anuncia abundante y nada deja prever un pr\u00f3ximo paso de tro\u00adpas, los acreedores exigen despiadadamente a los campesinos la liquidaci\u00f3n de los empr\u00e9stitos realizados para poder vivir los a\u00f1os de carest\u00eda.<\/p>\n<p>A finales de 1652, la Fronda de los Pr\u00edncipes devasta otra vez la Picard\u00eda y, sobre todo, la Champa\u00f1a. La estancia de las tropas de Cond\u00e9 y de los espa\u00f1oles en Rethel, Sainte-M\u00e9nehould o Rocroy acarrean expediciones y persecuciones que terminan por arruinar el pa\u00eds.<\/p>\n<p><em>Extensi\u00f3n de la miseria<\/em><\/p>\n<p>Los s\u00fabditos del rey Luis son ricos en guerras, en desdichas, en variedad de enfermedades. El hambre hace aparecer escenas de<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>canibalismo: \u00abSe ha encontrado a dos ni\u00f1os aliment\u00e1ndose con los cad\u00e1veres de su padre y de su madre\u00bb. \u00abEl hambre llega a tal ex\u00adtremo que los misioneros han visto a los hombres comiendo tie\u00adrra, paciendo hierba, arrancando la corteza de los \u00e1rboles, rom\u00adpiendo los harapos que cubren sus cuerpos, para trag\u00e1rselos\u00bb.<\/p>\n<p>Siguiendo los documentos de la \u00e9poca, vamos a enumerar al\u00adgunos balances de esta miseria.<\/p>\n<p>El manuscrito de Lehault, notario de Marle, nos indica los desastres de los alrededores de esta ciudad. La estancia y paso de las tropas desde julio de 1648 a abril de 1649 cuestan a la ciudad 199.100 libras. \u00abLos colonos y labradores de los alrededores de Marle se ven obligados a abandonar la tierra para mendigar un trozo de pan\u00bb. Del 28 de julio al 6 de agosto de 1649, el ej\u00e9r\u00adcito de Du Plessis-Praslin, compuesto de 15 a 16.000 hombres, arruina la ciudad y sus alrededores. Despu\u00e9s de \u00e9l, los espa\u00f1oles arrebatan reba\u00f1os y grano. La ciudad debe pagar 1.600 libras para salvar su iglesia del saqueo y el gobernador tiene que pagar 3.000 libras por su rescate. El 9 de septiembre, los espa\u00f1oles invaden de nuevo la ciudad. El traslado de las mujeres y el transporte de muebles, cuestan m\u00e1s de 8.000 libras.<\/p>\n<p>La encuesta realizada en la provincia de Picard\u00eda en 1650 re\u00advela los mismos sufrimientos. Carlos Bertrand, p\u00e1rroco de Mont-cornet, escribe: \u00abLas calamidades y miserias han reducido a los ha\u00adbitantes a tal extremo y las enfermedades han sido tan generales, que dos tercios han muerto&#8230; y de los que viven todav\u00eda, m\u00e1s de la mitad est\u00e1n en peligro de muerte. Desde que el enemigo ha entrado en Francia, las ferias y el comercio han quedado suprimidos&#8230; Tampoco se encuentran hombres para labrar la tierra, ni caballos u otros animales para hacer la labranza. Resultado: el hambre ame\u00adnaza a toda la regi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Declaraciones an\u00e1logas se encuentran en los alrededores de la F\u00e9re: \u00abEn Saint-Gobain, los habitantes se han escondido en el bosque, el enemigo los persigue, los encuentra y los despoja. Con lo poco que les queda: muebles, animales y v\u00edveres, se meten en cuevas, donde permanecen tres meses viviendo en gran necesi\u00addad&#8230;\u00bb. \u00abEn Mayot, los soldados incendian setenta casas, de las cien qu- existen, y derriban las que quedan para hacerse chozas; los habitantes que se han quedado, unos veinte, no pueden vivir. La mayor\u00eda de los habitantes de Versigny han muerto de hambre en el bosque de Montceau-les-Loups al no atreverse a salir, te\u00admiendo caer en las manos de los perseguidores que asesinan a to\u00addos los que encuentran. Todo el pueblo de Juvincourt es incendia\u00addo: ni siquiera una casa se salva del desastre. El grano recogido en los graneros y la cosecha de los campos, ha sido robado y es\u00adtropeado, comenta el caballero de Bezannes, Se\u00f1or de Prouvais. En toda la extesi\u00f3n del pa\u00eds, las tropas viven licenciosamente, los soldados de infanter\u00eda y de caballer\u00eda venden el grano p\u00fablicamente en las ciudades y en los grandes almacenes&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>La Champa\u00f1a es m\u00e1s desdichada que la Picard\u00eda. El 6 de marzo de 1649, el archiduque Leopoldo se establece en Cr\u00e9cy. Cond\u00e9, para luchar contra \u00e9l, destaca del cerco de Par\u00eds unos 4.000 solda\u00addos, que se establecen desde Fimes hasta Pont-a-Vert, a las \u00f3rde\u00adnes del mariscal Du Plessis-Praslin. Al mismo tiempo, Erlach, con sus tropas de alemanes, suecos y polacos, se establece desde Sainte-M\u00e9nehould a Suippe: aqu\u00ed todo es saqueado e incendiado. La permanencia de los soldados obliga a huir a los habitantes. De Reims a Rethel y a Attigny los caminos est\u00e1n llenos de estos fu\u00adgitivos. El ej\u00e9rcito espa\u00f1ol termina de saquear la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>Todas estas invasiones y contra-ofensivas obligan a los labrado\u00adres a trabajar en el campo en grupos. Se env\u00edan exploradores para advertir a los campesinos el paso de los soldados. Algunos pue\u00adblos son abandonados porque los habitantes se van a vivir a los bosques de la monta\u00f1a de Reims. El 25 de marzo de 1650, el ej\u00e9rcito real obliga a pagar cincuenta francos por d\u00eda, para su sub\u00adsistencia, a los pueblos situados entre la monta\u00f1a de Reims y Saint-Thierry. Solamente se permite cultivar los campos a los que han pagado; los dem\u00e1s son perseguidos y sus campos devastados. Durante la segunda quincena de mayo los destacamentos de tropas recorren estos pueblos. Cormici, que no quiere recibirlos, es \u00abase\u00addiado\u00bb, \u00abforzado\u00bb. El peque\u00f1o n\u00famero de habitantes no puede alimentar a los soldados. Al no poder subsistir, salen del pueblo, pero al mismo tiempo varios escuadrones de quince o veinte sol\u00addados pisotean las vi\u00f1as y los sembrados, destruyendo la futura cosecha.<\/p>\n<p>Las casas se\u00f1oriales y los castillos son igualmente atacados. Tan\u00adto m\u00e1s cuanto que los campesinos transportan all\u00ed el grano y los animales con la esperanza de tenerlos seguros. El 13 de mayo de 1652, en Saint-L\u00e9ger-sous-Margerie, 200 soldados de caballer\u00eda se lanzan sobre la casa se\u00f1orial de Saint-Utin y la saquean. La pro\u00adpietaria, que hab\u00eda acogido un grupo de habitantes, es despojada de todos sus bienes. En Braux-le-Comte, los soldados matan al se\u00f1or, Pedro la Motte, lo mismo que a varios de sus colonos. En Trouant-le-Grand, el 18 de junio de 1641, un regimiento de infan\u00adter\u00eda y de caballer\u00eda del conde de Roussillon, compuesto de 1.200 hombres, sorprende al pueblo. Algunos habitantes se refugian en la iglesia y los soldados la incendian. Otros intentan salvaguardarse en casa del se\u00f1or de Franchecourt, capit\u00e1n del regimiento de Nan-teuil, pero su propiedad es saqueada.<\/p>\n<p>El peor per\u00edodo es el que sigue a la rendici\u00f3n de Burdeos por el duque de Epernon, cuando 25.000 hombres de las tropas del mariscal Plessis-Praslin vienen a acampar en la Mame.<\/p>\n<p>En el norte de la provincia, los nobles soportan las mismas ve\u00adjaciones que los campesinos. Fabert, Noirmoutiers, Bussy-Lamet y Mantaigut escriben desde Charleville, el 3 de enero de 1651, a Mazarino para protestar de las bandas de Rosen que ultrajan a los nobles, despojan a los campesinos y amenazan quemarlo todo.<\/p>\n<p>El paso de las tropas y las granizadas de 1651 hacen que esca\u00adsee el grano en los mercados de Troyes entre 1649 y 1652. En mayo y junio de 1649, la poblaci\u00f3n se amotina a causa de la mala cosecha prevista y en agosto se comprueba que los graneros no poseen ni el tercio del grano necesario para el a\u00f1o. En 1651 el consejo municipal tasa el celem\u00edn a cuarenta soles y autoriza la cocci\u00f3n y la venta de pan en casa de los habitantes. Durante todo el a\u00f1o, se teme la rebeli\u00f3n. Esta termina por explotar en mayo de 1652. La poblaci\u00f3n hambrienta se re\u00fane y grita ante la casa del alcalde, Marceau, pidiendo pan.<\/p>\n<p>El mundo inmenso de las tropas impide al gobierno central y a los capitanes, gobernarlo directamente. En realidad no pueden controlarlo a su gusto. Los soldados casi nunca dominados, muy frecuentemente mal pagados, se hacen pagar abundantemente a costa de los habitantes.<\/p>\n<p><em>Acci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal<\/em><\/p>\n<p>Ante la situaci\u00f3n de las provincias de Champa\u00f1a y de Picard\u00eda Vicente se pregunta \u00bfqu\u00e9 hacer? Seg\u00fan su t\u00e1ctica observa a las personas, estudia las f\u00f3rmulas, comprueba los mecanismos. Orga\u00adniza, orienta, colabora en Par\u00eds y dirige la actividad de sus misione\u00adros <em>y <\/em>de las Hijas de la Caridad enviados a trabajar en estas regio\u00adnes.<\/p>\n<ol>\n<li>Campa\u00f1a de informaci\u00f3n y de exhortaci\u00f3n<\/li>\n<\/ol>\n<p>Instruido por la experiencia de Lorena, Vicente de Pa\u00fal em\u00adprende lo que se llama hoy una campa\u00f1a de prensa para concientizar a la capital y a la provincia. Con las cartas de los misio\u00adneros y de los \u00abcorresponsales\u00bb, que transmiten sus informaciones a Maignart de Bernilres, \u00e9ste redacta unas <em>Relations, <\/em>inicialmente mensuales, cuya tirada es de 4.000 ejemplares. Estas hojas volantes, enviadas mensualmente a toda Francia y distribuidas tambi\u00e9n por las Damas \u00aben las grandes casas\u00bb, hablan con palabras incisivas y duras de los que mueren de hambre y de miseria. El arzobispo de Par\u00eds escribe una carta pastoral para hacer cobrar conciencia a sus diocesanos de la miseria y de la obligaci\u00f3n que tienen de so\u00adcorrerla. Antonio Lemaitre, sobrino del gran Arnauld, publica <em>L&#8217;aum\u00f3ne chr\u00e9tienne, <\/em>donde recuerda la tradici\u00f3n de la iglesia re\u00adferente a la caridad que hay que tener con los pobres. Antonio Godeau, obispo de Grasse y de Vence, hace imprimir su <em>Exhorta-tion aux parisiens. <\/em>El autor trata de probar con varios pasajes de la Escritura, por medio de la autoridad de los padres de la iglesia y por \u00abrazones invencibles\u00bb, que la limosna, en las circunstancias actuales, es de precepto y no de consejo. En 1653, J. H. Quarr\u00e9 publica <em>Le chr\u00e9tien charitable. <\/em>Se organizan predicaciones sobre el tema. Todas las semanas, las Damas de la Caridad se re\u00fanen con Vicente de Pa\u00fal, y se organizan met\u00f3dicamente las visitas.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li>Campa\u00f1a de organizaci\u00f3n<\/li>\n<\/ol>\n<p>En esta obra colectiva y ben\u00e9fica de la sociedad francesa, Vi\u00adcente de Pa\u00fal, que no hace todo, est\u00e1, sin embargo, en todo: es miembro del Consejo de conciencia y es prudente. En consecuen\u00adcia puede hacerlo.<\/p>\n<p>Desde el comienzo, Vicente de Pa\u00fal trabaja con los sacerdo\u00adtes de la Congregaci\u00f3n de la misi\u00f3n, las Hijas de la Caridad y las Damas de la Caridad. Estas, centralizando las limosnas buscadas por todas partes, tratan continuamente de remediar las necesidades de estas provincias.<\/p>\n<p>La funci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal en esta cruzada de caridad consiste en suscitar la abnegaci\u00f3n de las Damas de la Caridad y de las personas caritativas, canalizarla, administrarla. Al mismo tiem\u00adpo colabora con la Compa\u00f1\u00eda del santo sacramento, de la cual es miembro, env\u00eda a sus sacerdotes y a las Hijas de la Caridad y utili\u00adza sacerdotes y religiosos como auxiliares, sin olvidar el hacer instituir nuevas Cofrad\u00edas de la caridad. Su cometido es organizar la caridad, no acapararla, es decir, calmar los \u00e1nimos, mitigar los cho\u00adques, unir las fuerzas dispersas, hacer eficaces los esfuerzos, con el fin de aliviar a los desdichados; en esto es incansable e inimitable. Por esta raz\u00f3n asume las responsabilidades m\u00e1s graves. Vicente de Pa\u00fal se lamenta de las vejaciones de los soldados que destrozan y roban lo que se destina a los pobres. Expone la idea de que si los misioneros no tienen el apoyo de su majestad, les ser\u00e1 imposible continuar esta empresa caritativa, \u00abtan importante para la gloria de Dios y para alivio de su majestad\u00bb. Pide que se protejan los convoyes de v\u00edveres contra los soldados ladrones a fin de \u00abque la \u00faltima esperanza de salvaci\u00f3n llegue a las provincias devastadas\u00bb. Desear\u00eda exigir que los soldados \u00abno arrebatasen nada a los sa\u00adcerdotes de la Congregaci\u00f3n de la misi\u00f3n ni a las personas que trabajan o colaboran con ellos\u00bb. Para conseguir esto, es necesario que la reina \u00ablos tome bajo su protecci\u00f3n y ejerza una salvaguar\u00addia especial\u00bb. La reina, que conoce la miseria de la mayor\u00eda de los habitantes de los pueblos fronterizos de Champa\u00f1a y Picard\u00eda, \u00abre\u00adducidos a la mendicidad y a una miseria total, da \u00f3rdenes severas.<\/p>\n<p>El superior de Saint-Lazare, continuamente preocupado por re\u00adcibir informaciones exactas, cuida, desde lejos, de la distribuci\u00f3n de limosnas. Ayudado por la Compa\u00f1\u00eda del santo sacramento, nombra un intendente general de la caridad: el padre Berthe. Este recorre los lugares para conocer con precisi\u00f3n las necesidades tras\u00admitidas por los misioneros. Transcribimos los partes de miseria en\u00adviados por los misioneros, desde septiembre de 1650 a octubre de 1652:<\/p>\n<p>En Soissons: \u00abHemos visitado a los pobres de esta ciudad y de las aldeas de este valle, donde hemos visto que la aflicci\u00f3n es mayor de lo que hab\u00edan contado. Comenzando por las iglesias, hay que decir que han sido profanadas, y el sant\u00edsimo sacramento pisotea\u00addo, han robado los c\u00e1lices y copones, las pilas bautismales han sido destruidas y los ornamentos saqueados. Resultado: en m\u00e1s de 25 iglesias de esta peque\u00f1a comarca no se puede celebrar la santa misa. La mayor\u00eda de los habitantes han muerto en los bosques, mientras el enemigo ocupaba sus casas: los restantes han vuelto para terminar all\u00ed sus d\u00edas, ya que s\u00f3lo vemos enfermos por todas partes. Tenemos 1.200 adem\u00e1s de los 600 moribundos. Est\u00e1n re\u00adpartidos en m\u00e1s de 30 pueblos, acostados en el suelo o viviendo en casas medio demolidas y sin ninguna asistencia. Encontramos a personas vivas mezcladas con los muertos y a ni\u00f1os peque\u00f1os junto a sus madres fallecidas\u00bb.<\/p>\n<p>En Saint-Quentin: se encuentran de 7.000 a 8.000 pobres, 1.200 refugiados, 350 enfermos, 300 familias de pobres vergon\u00adzantes en la miseria, 50 sacerdotes en la indigencia.<\/p>\n<p>En Laon: la palidez del rostro de los habitantes nos hace ver cu\u00e1n grande es su necesidad. Los campesinos no tienen ni pan, ni le\u00f1a, ni ropa, ni mantas; se encuentran sin pastor y sin ayuda es\u00adpiritual. La mayor\u00eda de los p\u00e1rrocos han muerto o est\u00e1n enfermos y 100 iglesias han sido devastadas. \u00abVarios monasterios de religio\u00adsas se encuentran en una gran pobreza; sufren hambre y fr\u00edo y se ver\u00e1n obligadas a morir en su clausura o a salir de ella para vagar por el mundo, buscando con qu\u00e9 vivir\u00bb.<\/p>\n<p>En Guise, La F\u00e9re: 35 pueblos devastados, 600 pobres, \u00abcuya miseria es tan grande, que se lanzan sobre los perros y los caballos despu\u00e9s que los lobos han comido su porci\u00f3n\u00bb. Solamente en la ciudad de Guise hay m\u00e1s de 500 enfermos \u00abviviendo en cuevas y cavernas m\u00e1s aptas para alojar a animales que a hombres\u00bb.<\/p>\n<p>En Reims, Rethel: casi todas las iglesias han sido devastadas. Los sacerdotes se han dispersado. Han matado a algunos, a otros los han herido. \u00abLas casas han sido destruidas, la cosecha robada, las tierras est\u00e1n sin arar y sin sembrar. El hambre y la mortandad son casi universales. Los muertos permanecen sin enterrar y ex\u00adpuestos, la mayor\u00eda, a servir de pasto a los lobos. Los pobres que permanecen en estas ruinas, se ven reducidos a recoger por los campos algunos granos de trigo o de avena todav\u00eda verdes y medio podridos, con los que hacen un pan, que parece barro, y tan indi\u00adgesto, que casi todos est\u00e1n enfermos por ello. Se retiran a cuevas y caba\u00f1as, donde duermen en el suelo, sin ropa ni vestidos, cu\u00adbiertos con algunos pingajos; sus rostros est\u00e1n negros y desfigu\u00adrados. Hay cantones completamente desiertos, porque los habi\u00adtantes, que se han salvado de la muerte, se han ido a buscar con qu\u00e9 poder vivir, de tal manera que los \u00fanicos que quedan son en\u00adfermos, hu\u00e9rfanos y pobres viudas cargadas de hijos, quienes per\u00admanecen expuestos al rigor del hambre, del fr\u00edo y de toda clase de miserias e incomodidades\u00bb.<\/p>\n<p>Por todas partes se oyen los mismos gritos de indigencia y de compasi\u00f3n provocados por el hambre, la enfermedad y la crueldad de los soldados: \u00abLa mano de Dios, escribe un misionero, ha golpeado a esta provincia: su abundancia se ha transformado en esterilidad y su alegr\u00eda, en l\u00e1grimas. Los pueblos, en otro tiempo poblados, no son ahora m\u00e1s que chamizos desiertos\u00bb. Los mi\u00adsioneros no encuentran t\u00e9rminos apropiados para expresar el col\u00admo de miserias: \u00abTodo cuanto se pueda decir se queda corto com\u00adparado con la realidad\u00bb, escriben ellos mismos. \u00abFiebres y disenter\u00edas agotan los cuerpos\u00bb; \u00absarna, tumores, postillas, hinchan los cuerpos\u00bb deform\u00e1ndolos. \u00abEl origen de todos estos males proviene de que durante todo el a\u00f1o no han comido m\u00e1s que ra\u00edces de plan\u00adtas, frutas malas y algunos un pan de salvado, que ni los mismos perros podr\u00edan comer\u00bb.<\/p>\n<p>Ricos y pobres, cat\u00f3licos y protestantes, sacerdotes, religiosos y religiosas, nobles y campesinos, se encuentran sumergidos en la misma indigencia y miseria. La armada de la caridad hace frente a esta miseria, que aumenta cada d\u00eda: los misioneros asisten y ha\u00adcen asistir espiritual y corporalmente a 130 pueblos.<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li>Organizaci\u00f3n de la actividad<\/li>\n<\/ol>\n<p>Vicente de Pa\u00fal organiza la misi\u00f3n de caridad, que la virtud de la misericordia ramifica y concreta, para atender a las nece\u00adsidades que se presentan: sepultar a los muertos, evacuar a los refugiados, ocuparse de los enfermos, de las religiosas, de los hu\u00e9r\u00adfanos, de las j\u00f3venes, hospitalizar a los enfermos, pagar men\u00adsualidades a los sacerdotes, distribuir dinero, v\u00edveres, telas, ves\u00adtidos y crear establecimientos para repartir comida. Los misione\u00adros tienen que organizar all\u00ed la vida econ\u00f3mica y religiosa.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal supervisa toda esta actividad de la caridad. Sus \u00f3rdenes son precisas, claras, flexibles y realistas. Su flexibilidad se manifiesta capaz de afrontar lo imprevisto, que la miseria puede hacer brotar siempre y por todas partes. Al mismo tiempo que dirige la estrategia din\u00e1mica de la caridad, se preocupa de mantener encendido el fuego de la caridad en Par\u00eds, fuego que f\u00e1\u00adcilmente y con frecuencia se consume.<\/p>\n<p>Una de sus cartas, escrita al padre Marcos Congl\u00e9, superior de Sedan (26 de abril de 1651) nos informa y nos aclara el sentido de su misi\u00f3n de caridad: \u00abEsperaba poder comunicar <em>sus <\/em>cartas a las Damas de la Caridad que ayudan a los habitantes de las fron\u00adteras arruinadas, para saber si les parece bien que usted pueda ha\u00adcer extensiva la distribuci\u00f3n de socorros a los protestantes lo mis\u00admo que a los cat\u00f3licos, y a los pobres que pueden trabajar en las fortificaciones, lo mismo que a los enfermos e inv\u00e1lidos. Acerca de ello le dir\u00e9 que la primera intenci\u00f3n ha sido asistir solamente a quienes no puedan trabajar, ni ganarse la vida y que est\u00e9n en pe\u00adligro de morir de hambre, si no se los asiste. En efecto, desde el momento que algunos tienen fuerzas suficientes para trabajar, se les deben comprar algunos utensilios de acuerdo con su profesi\u00f3n y no se les da nada m\u00e1s. Seg\u00fan esto, las limosnas no son para quie\u00adnes puedan trabajar en las fortificaciones o hacer otro trabajo, sino para los enfermos pobres, hu\u00e9rfanos o ancianos. Pienso que el pa\u00addre Berthe (superior-intendente de los misioneros enviados a Cham\u00adpa\u00f1a y Picard\u00eda) le habr\u00e1 informado exactamente de esto, especial\u00admente de la manera de hacer la distribuci\u00f3n. Sin embargo me ale\u00adgrar\u00eda que las Damas se decidieran por lo que usted propone, para satisfacci\u00f3n del se\u00f1or gobernador, hacia quien tengo una gran es\u00adtima y reverencia&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal piensa (el 5 de julio de 1652) que sus diecis\u00e9is o dieciocho misioneros, \u00abque han trabajado durante dos a\u00f1os en esta santa obra lo mismo en Champa\u00f1a que en Picard\u00eda\u00bb, podr\u00e1n abandonar su puesto al final de mes. Por el momento las fron\u00adteras no ser\u00e1n recorridas por los soldados y la cosecha se presenta buena; por a\u00f1adidura la miseria en Par\u00eds y en sus alrededores re\u00adclama su presencia. Llama a sus sacerdotes y espera que su inten\u00addente, el padre Berthe (19 de octubre de 1652) recupere las fuer\u00adzas suficientes para poder volver a Par\u00eds. Las Damas de la Caridad continuar\u00e1n ayudando a los p\u00e1rrocos pobres y el hermano Juan Parre continuar\u00e1 sus encuestas.<\/p>\n<p>Este \u00abministro de la caridad\u00bb hab\u00eda intentado por todos los medios arrojar sobre estas calamidades p\u00fablicas el fuego de su co\u00adraz\u00f3n, la claridad de su inteligencia. Hab\u00eda deseado imitar el prin\u00adcipio de la beneficencia de Dios, porque una ley de generosidad es como constitutiva de su ser, y como dice san Ireneo: \u00abEn la vida del hombre Dios encuentra su gloria\u00bb. Tratando de solucionar el paro obrero, Vicente de Pa\u00fal aborda el sentido del desarrollo humano, que lleva siempre consigo un juicio econ\u00f3mico. La ley universal del don de s\u00ed mismo y de la generosidad, le hab\u00edan con\u00adducido a ello.<\/p>\n<p><em>Una vez m\u00e1s abruma la miseria<\/em><\/p>\n<p>Cond\u00e9, durante la Fronda de los Pr\u00edncipes, va a permitir que los hombres se maten en el campo de batalla, sin saber exacta\u00admente ni por qu\u00e9 ni por qui\u00e9n mueren. Los soldados destruyen, masacran, roban, incendian de nuevo la regi\u00f3n de Champa\u00f1a. Esta vuelve a caer en la alarma y en la inquietud: \u00abel comercio se in\u00adterrumpe totalmente y nada entra sino por convoyes y con gastos excesivos\u00bb.<\/p>\n<p>En dos meses (diciembre de 1652-enero de 1653), Bar, Ligny, Ch\u00e1teau-Porcien y otras plazas peque\u00f1as son de nuevo tomadas por el ej\u00e9rcito de Turenne, que ahora combate en favor del rey, reforzado por la tropa de Mazarino, reclutada en la regi\u00f3n de Lieja por la acci\u00f3n de Fabert. Sainte-M\u00e9nehould y Rethel permanecen bajo las tropas de Cond\u00e9, reforzadas por los espa\u00f1oles: ambas son sitiadas e invadidas por las correr\u00edas de los comandantes de las dos ciudades. La devastaci\u00f3n y el saqueo se instalan en ellas. Mazarino, que no puede pagar a los ej\u00e9rcitos reales, consiente que los sol\u00addados vivan a costa de los habitantes.<\/p>\n<p>Los habitantes de Marle sienten \u00abel horror de ver representa\u00adda en el circuito de la ciudad la tragedia m\u00e1s cruel que los m\u00e1s inhumanos tiranos podr\u00edan imaginar\u00bb. La violencia y el saqueo de las tropas francesas y extranjeras terminan por abrumarlos.<\/p>\n<p>Mazarino, queriendo liberar Vervins del acantonamiento de las tropas espa\u00f1olas, manda avanzar al mariscal de la Fert\u00e9-Sonneterre con 3.000 soldados de caballer\u00eda. El ministro le entrega los barrios de Marle y de los pueblos vecinos. A su llegada a Marle le hacen ver que la ciudad, compuesta de unos 100 vecinos, no puede alo\u00adjar su tropa. Hacerlo \u00abser\u00eda arruinar a las 60 familias que quedan\u00bb. Estas advertencias dejan indiferente al mariscal. Los 3.000 solda\u00addos se apoderan de las 60 casas y se hacen servir a su antojo. Du\u00adrante cuatro d\u00edas (del 20 al 24 de enero de 1653), saquean las ca\u00adsas y despojan a los habitantes en la calle y en pleno d\u00eda, violan a j\u00f3venes y mujeres, queman cinco o seis casas y otros edificios, hacen que paguen algunos habitantes abusivamente para devolver\u00adles sus esposas&#8230; El mariscal de la Fert\u00e9 autoriza estos estragos sin hacer caso de las quejas de los habitantes. Al marcharse, oficiales y soldados se llevan el grano. Todo el departamento de Aisne soporta los mismos estragos de las tropas del mariscal de la Fert\u00e9.<\/p>\n<p>Durante este tiempo, el cardenal Mazarino est\u00e1 en Laon, es decir,\u00a0 es decir a unas leguas de estas devastaciones.<\/p>\n<p>En octubre de 1653, el ej\u00e9rcito de Turenne se implanta en estas comarcas. Las marchas diarias de los soldados impiden a los campesinos sembrar el trigo. Al mismo tiempo Cond\u00e9 se encuentra en Rocroy con sus guarniciones de infanter\u00eda y de caballer\u00eda. Decreta \u00f3rdenes y obliga a las ciudades a pagar una suma impor\u00adtante por su rescate. A los pueblos que no quieren someterse, se les impone una especie de \u00abentredicho\u00bb: toda comunicaci\u00f3n con ellos debe suprimirse bajo penas graves.<\/p>\n<p>Laon, Soissons, Ch\u00e1teau-Porcien, se encuentran en la misma situaci\u00f3n. En la deposici\u00f3n de Carlos De Vau, regidor de Laon, se encuentran estas palabras: \u00abEllos (los soldados franceses) iban matando, robando, haciendo prisioneros y arrebatando todo lo que encontraban\u00bb. Uno de los corresponsales de las <em>Relations <\/em>escribe: \u00abEn Picard\u00eda, en Vermandois, no nos quedan m\u00e1s que ojos para llorar\u00bb.<\/p>\n<p>La suerte de los habitantes de la provincia de Champa\u00f1a no es mejor. El 18 de octubre de 1653 escriben desde Rethel: \u00abLos padres de la misi\u00f3n, que no han abandonado esta regi\u00f3n, vuelven a comenzar sus trabajos con m\u00e1s generosidad que en tiempos pasa\u00addos, dadas las nuevas miserias. Estos caritativos padres van a vi\u00adsitar y confortar a los pobres p\u00e1rrocos. Adem\u00e1s de estos trabajos se ocupan de los soldados enfermos, que mueren en los dos mer\u00adcados de la ciudad, y de los habitantes de Rocroy que se han re-tugiado en estos lugares, despu\u00e9s de haber perdido todo lo qu, ten\u00edan. Han evacuado gran n\u00famero hacia Reims ayudados de ni auxilio en carretera, pero el hospital no puede recibir a m\u00e1s, a no ser que reciba una fuerte indemnizaci\u00f3n mensual\u00bb.<\/p>\n<p>En Rethel \u00abla desolaci\u00f3n supera la de los a\u00f1os precedentes. Los campesinos, sacerdotes y religiosas est\u00e1n en la mayor miseria\u00bb. En Sainte-M\u00e9nehould la situaci\u00f3n es intolerable: algunos habitan\u00adtes utilizan todos los medios posibles para huir disfrazados, otros prefieren arrojarse de lo alto de las murallas, antes que vivir m\u00e1s tiempo bajo la tiran\u00eda de Montal. La ciudad queda reducida en un momento a 53 habitantes.<\/p>\n<p>Los labradores de los alrededores de Ch\u00e1lons, Vitry y Saint-Dizier no son propietarios de sus bienes. Los habitantes \u00abest\u00e1n desesperados\u00bb. Escriben el 19 de agosto: \u00abLa guarnici\u00f3n recorre constantemente el territorio de Ch\u00e1lons&#8230; los habitantes est\u00e1n arruinados y no se atreven a salir para percibir las rentas, ni para ocuparse de sus negocios&#8230; Los campesinos, e incluso los habi\u00adtantes de las ciudades, piden misericordia, alegando que est\u00e1n aban\u00addonados&#8230;\u00bb. Durante todo este tiempo, los oficiales de Cond\u00e9, aprovechando la autorizaci\u00f3n que les da su jefe, siguen el merodeo de hombres para procurarse dinero.<\/p>\n<p><em>Acci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal y de sus misioneros<\/em><\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal, informado el 3 de enero de 1653 de esta si\u00adtuaci\u00f3n, es requerido por la duquesa de Aiguillon y por la presi\u00addenta Herse \u00abpara ir a casa de una de ellas\u00bb y buscar los medios de socorrer a la \u00abpobre Champa\u00f1a reducida&#8230; a un estado lamen\u00adtable\u00bb.<\/p>\n<p>Este buen estadista de las posibilidades de acci\u00f3n sabe \u00abque Francia se encuentra en una aflicci\u00f3n extrema\u00bb. No olvida que \u00abPar\u00eds acaba de salir de una enojosa tempestad, capaz de haber po\u00addido destruir la capital del reino\u00bb. La indigencia de la capital es tan exigente que impide poder enviar ninguna ayuda a la provincia. Esta situaci\u00f3n \u00able proporciona una gran ocupaci\u00f3n de obre\u00adros\u00bb. No obstante puede escribir el 3 de enero de 1653 al pa\u00addre Lamberto aux Couteaux: \u00abTemo que no podamos ayudarle mucho, puesto que los gastos son grandes para asistir a esta di\u00f3\u00adcesis (Par\u00eds), esta asistencia cuesta cada semana de 6 a 7.000 li\u00adbras&#8230;\u00bb. El 11 de enero Vicente escribe al padre Marcos Con-gl\u00e9, superior de Sedan: \u00abEstoy afligido por las miserias de su frontera y por la cantidad de pobres que le abruman. Desgraciada\u00admente no puedo hacer otra cosa sino rogar a Dios para que les alivie&#8230; porque pensar a\u00f1adir algo a las 100 libras que se le en\u00adv\u00edan para ellos (los pobres) al mes, no es posible. Sedan es el \u00fanico sitio de la frontera que contin\u00faa recibiendo algo de la Caridad de Par\u00eds. Esta ciudad se ha visto obligada a retirar sus donativos a los otros lugares para atender a las necesidades extremas de esta di\u00f3\u00adcesis, donde las tropas han permanecido largo tiempo&#8230; \u00bfTiene suficiente con los cinco misioneros durante este tiempo de tantas desgracias?&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Aun cuando la miseria de Par\u00eds sea grande, sin embargo para Vicente de Pa\u00fal es necesario movilizar los sentimientos de piedad, enfervorizar la Caridad de Par\u00eds, consumirse en la casa de Saint-Lazare a fin de que esta miseria no permanezca sin ayuda y abandonada. Si los recursos disminuyen en Par\u00eds, no se puede du\u00addar que hay dinero suficiente para aliviar, al menos, las necesida\u00addes m\u00e1s urgentes de Champa\u00f1a y de Picard\u00eda. Vicente de Pa\u00fal est\u00e1 convencido de que, en relaci\u00f3n a las miserias humanas que los pri\u00advilegiados pueden socorrer, toda ayuda es obligatoria. Lo que es caridad en el coraz\u00f3n de quien da, es justicia al considerar el or\u00adden objetivo de las cosas. Es indispensable, en consecuencia, in\u00adteresar a todos los que pueden ayudar \u00aba las fronteras continua\u00admente desoladas\u00bb a fin de que \u00abse env\u00eden muchas limosnas\u00bb.<\/p>\n<p>Informado exactamente de estas devastaciones, Vicente de Pa\u00fal escribe el 6 de marzo de 1654: \u00abLa guerra no ha dejado nada a estas pobres gentes; los ha despojado de todo\u00bb.<\/p>\n<p>Los misioneros que \u00abvisitan m\u00e1s de 100 pueblos\u00bb, encuentran en ellos \u00abancianos y ni\u00f1os casi totalmente desnudos y completa\u00admente helados, mujeres desesperadas y transidas de fr\u00edo\u00bb, las iglesias reducidas \u00aba un estado tan lamentable que no se le puede describir sin estremecerse de horror\u00bb. \u00abSe han encontrado a va\u00adrias j\u00f3venes de condici\u00f3n en diversos lugares de las fronteras&#8230; algunas de ellas han pasado varios d\u00edas escondidas en cuevas para evitar las insolencias de los soldados\u00bb. \u00abLos pobres de los alre\u00addedores de Rethel asaltan en todas partes\u00bb al infatigable hermano Juan Parre, para recibir alguna subsistencia en medio de su gran pobreza. Se encuentran enfermos por todas partes, \u00ababandona\u00addos de todos, acostados en el suelo, expuestos al rigor del fr\u00edo <em>y <\/em>reducidos a una extrema miseria a causa de los soldados y de la carest\u00eda de grano\u00bb. \u00abLa desolaci\u00f3n se instala\u00bb un poco por todas partes y \u00ablos habitantes, que quedan, morir\u00e1n de hambre\u00bb si la caridad no lo evita, enviando muchas limosnas.<\/p>\n<p>Ante tales informaciones Vicente de Pa\u00fal piensa que Par\u00eds tie\u00adne que ayudar a las provincias devastadas. As\u00ed se lo comunica a las Damas de la Caridad y habla de ello a las personas caritativas. No hay m\u00e1s remedio que obrar y organizar para estar presentes y ser eficaces donde la desnudez averg\u00fcenza, el hambre multiplica las v\u00edctimas y la enfermedad se instala.<\/p>\n<p>La caridad exige para ser eficaz, conocer exactamente las ne\u00adcesidades de cada lugar y de cada persona. En consecuencia \u00absi los fondos faltan\u00bb, es preciso orientar su distribuci\u00f3n. Vicente tiene alerta a sus misioneros y les recuerda los principios que de\u00adben orientar su acci\u00f3n. No debe distribuirse la limosna a quienes puedan trabajar, sino a los enfermos, ancianos, ni\u00f1os y a quienes \u00ables es imposible encontrar trabajo\u00bb. Por el contrario, cuando un obrero pueda trabajar, es necesario proporcionarle instrumen\u00adtos de trabajo. Desde el momento en que las tierras se puedan cultivar y se encuentren campesinos que puedan hacerlo, se les debe dar arados y semillas para que realicen el cultivo. Se debe proporcionar ruecas y estopa o lana para hilar a las mujeres y j\u00f3\u00advenes. La falta de dinero reduce necesariamente la ayuda. Que se active por lo tanto el trabajo de la tierra y la actividad de las personas. As\u00ed es este organizador, llamado Vicente de Pa\u00fal. El su\u00adpervisa todo, dirige todo, se ocupa hasta de los menores detalles: \u00abPodemos destinar algo para ayudar a los pobres campesinos y as\u00ed puedan sembrar una peque\u00f1a parcela; digo: a los m\u00e1s pobres, quienes, sin esta ayuda, no podr\u00edan hacerlo. No hay nada preparado, pero se har\u00e1 un esfuerzo para reunir al menos 100 pistolas para este fin, mientras llega el tiempo de la siembra. Le ruego ob\u00adserve en qu\u00e9 lugares de Champa\u00f1a y Picard\u00eda se encuentran los m\u00e1s pobres, los que tengan necesidad de esta ayuda; digo: la mayor necesidad. Puede decirles, de paso, que preparen alguna peque\u00f1a parcela, la aren y la estercolen y que rueguen a Dios que les env\u00ede alguna simiente para sembrarla, y sin prometerles nada, darles es\u00adperanza que Dios proveer\u00e1&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Para socorrer a las provincias devastadas, Vicente se sirve, como siempre, de intermediarios: los miembros de la Congregaci\u00f3n de la misi\u00f3n, las Caridades y las personas caritativas y prudentes \u00abque van directas a la acci\u00f3n\u00bb<sup>.<\/sup> Nombra un nuevo intendente general, el padre Almer\u00e1s, \u00abpara visitar a los pobres p\u00e1rrocos y a otros sacerdotes&#8230; que tienen necesidad de ser asistidos. Este quiere reunirlos&#8230; para tratar con ellos de los medios para organi\u00adzar las cosas de tal manera que no permanezca sin asistencia espi\u00adritual ninguna de las parroquias abandonadas\u00bb. Este intendente de la caridad les distribuye h\u00e1bitos, ornamentos, objetos de culto y determina lo que es necesario darles por mes. Se interesa tam\u00adbi\u00e9n por la \u00absituaci\u00f3n de los pobres\u00bb, especialmente, de los del campo, con el fin de que el hermano Juan Parre contin\u00fae ayud\u00e1ndo\u00adles seg\u00fan sus indicaciones.<\/p>\n<p>Par\u00eds quiere conocer con precisi\u00f3n el n\u00famero de pobres y sus necesidades para socorrerlos lo m\u00e1s pronto y lo m\u00e1s eficazmente posible\u00bb. Para realizar esta encuesta, Vicente de Pa\u00fal elige al hermano Juan Parre. Hombre sencillo, met\u00f3dico, tiene la gracia de verlo todo y a fondo. Vicente y las Damas de la Caridad pueden fiarse de las informaciones de este viajero incansable. \u00abLa caridad de Cristo le apremia\u00bb constantemente. Por esta raz\u00f3n el organizador de la caridad le escribe el 16 de noviembre de 1658: \u00abSi usted puede dar poco a los pobres, por incapacidad, sin embargo les da mucho en Dios, ya que en realidad les da sus propias comodidades, sus grandes trabajos y su vida; y no solamente esto, usted querr\u00eda que todos los hombres le hiciesen el sacrificio de sus bienes y de sus personas, de tal manera que todos los pobres que existen en la tierra fuesen aliviados y todas las almas salvadas por Jesucristo&#8230; \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s puede hacer, mi querido hermano?\u00bb.<\/p>\n<p>Juan Parre es un buen colaborador de Vicente de Pa\u00fal. Conf\u00eda en que la ingeniosidad del buen hermano ejecutar\u00e1 sus \u00f3rdenes precisas. Este llega incluso a fundar nuevas Cofrad\u00edas de la cari\u00addad \u00abpara aligerar las cargas de la Caridad de Par\u00eds\u00bb y poder rea\u00adlizar la f\u00f3rmula de las relaciones cristianas dictadas por san Pe\u00addro: \u00abEl don que cada uno haya recibido, p\u00f3ngalo al servicio de los dem\u00e1s, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Este trabajo obtiene sus resultados: los habitantes de Champa\u00f1a y Picard\u00eda son salvados del hambre y se les ayuda a encontrar el dinamismo de vivir. Las personas caritativas y las Damas de la Caridad reciben, a cambio, \u00abla gracia de abrigar a nuestro Se\u00f1or en sus pobres miembros\u00bb. \u00abLa providencia, dice Vicente de Pa\u00fal, se ha dirigido a algunas se\u00f1oras de Par\u00eds para asistir a estas dos provincias desoladas; \u00bfno les parece esto singular y nuevo?\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente crea una atm\u00f3sfera de solidaridad que envuelve a es\u00adtos pobres en su existencia diaria. Los reintegra a la vida y, al mis\u00admo tiempo al trabajo. Esta nueva forma de concebir la ayuda a los dem\u00e1s revela el origen de una caridad l\u00facida e inventiva.<\/p>\n<p>Los pobres de Picard\u00eda y de Champa\u00f1a, que conservan una actitud de esperanza y aceptan confiar incesantemente en Dios, se dirigen a Vicente de Pa\u00fal \u00absin temor\u00bb. Est\u00e1n seguros de ser aco\u00adgidos \u00abfavorablemente\u00bb por este contra-maestre de la providencia. Saben que su \u00abbondad natural\u00bb y el \u00abcelo de su piedad\u00bb le hacen sentirse siempre totalmente solidario con ellos. No desconocen que este buen sacerdote, influyente con \u00ablas m\u00e1s altas personali\u00addades\u00bb del reino es, ante todo, el hombre de la misericordia. Conf\u00edan en \u00e9l. Han comprobado que este arquitecto y sus empresarios comparten sus esperanzas, sus preocupaciones, su miseria. Para los pobres es el \u00abperfecto imitador del Maestro y Salvador\u00bb. Por todas estas razones acuden a \u00e9l. Por su pobreza y en raz\u00f3n de su pobreza env\u00edan a Vicente de Pa\u00fal, a las Damas de la Caridad la \u00fanica palabra que les es propia: \u00abGracias por ha\u00adber tenido compasi\u00f3n de nuestras miserias\u00bb. Y a Vicente le dicen: \u201cUsted es el padre de la patria\u00bb, es decir, el padre de una cau\u00adsa que interesa a todos los franceses.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La guerra en las provincias de Champa\u00f1a y Picard\u00eda Pocas provincias sufren tanto a causa de la guerra como estas regiones fronterizas de Champa\u00f1a y de Picard\u00eda. 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