{"id":400126,"date":"2016-11-22T08:26:58","date_gmt":"2016-11-22T07:26:58","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400126"},"modified":"2016-10-21T19:29:27","modified_gmt":"2016-10-21T17:29:27","slug":"la-accion-san-vicente-los-pobres-enfermos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-accion-san-vicente-los-pobres-enfermos\/","title":{"rendered":"La acci\u00f3n de San Vicente con los pobres enfermos"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400100\" data-permalink=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-demografia-economia-sociedad\/400es-01-copy\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?fit=2192%2C1710&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"2192,1710\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"400es-01-copy\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?fit=846%2C660&amp;ssl=1\" class=\"alignnone size-medium wp-image-400100 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=300%2C234\" alt=\"400es-01-copy\" width=\"300\" height=\"234\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=300%2C234&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=768%2C599&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=1024%2C799&amp;ssl=1 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=100%2C78&amp;ssl=1 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=846%2C660&amp;ssl=1 846w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=1004%2C783&amp;ssl=1 1004w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?w=1692 1692w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>Despu\u00e9s de haber constatado la terrible miseria, a veces cruel, para una gran masa de la poblaci\u00f3n activa, vamos a describir bre\u00advemente la situaci\u00f3n de los pobres enfermos.<\/p>\n<p>Los desastres del hambre, de la guerra, de las epidemias, mul\u00adtiplican en el siglo XVII el n\u00famero de enfermos y de enfermedades. La gama de fiebres, la variedad de enfermedades de pecho, la mul\u00adtiplicidad de dolencias estomacales, intestinales, renales, card\u00edacas, afectan a multitud de personas. La tisis, mal conocida en la \u00e9poca, consume a muchos j\u00f3venes, y la apendicitis produce numerosas v\u00edctimas, ya que el \u00fanico remedio ante ella es \u00abinvocar la piedad del buen Dios\u00bb. Si a\u00f1adimos la peste, que se propaga por todas partes, la diabetes, las enfermedades ven\u00e9reas, los males produci\u00addos por los accidentes de trabajo, obtendremos la lista de las do\u00adlencias que aquejan a los s\u00fabditos del rey Luis.<\/p>\n<p>La falta de medios para detectar y auscultar el mal, obliga a los m\u00e9dicos a recorrer el cuerpo del enfermo con las manos para po\u00adder estudiar sus reacciones. Los remedios utilizados nos parecen hoy extravagantes y poco eficaces. Los productos farmac\u00e9uticos se obtienen de la combinaci\u00f3n y mezcla de plantas, de \u00f3rganos ani\u00admales y de partes y productos del cuerpo humano. La grasa hu\u00admana es muy apreciada y cuesta cara. La falta de higiene no s\u00f3lo no favorece la curaci\u00f3n, sino que aumenta y propaga enfermeda\u00addes. El r\u00e9gimen alimenticio, a pesar de utilizarse como auxiliar de la medicina en varias enfermedades, no favorece en nada para conservar la buena salud. Los remedios proporcionados al enfermo no son ordenados, con frecuencia, por el m\u00e9dico, sino aplicados por familiares y vecinos. El matiz casero y el cariz de entremez\u00adclarlos con f\u00f3rmulas de brujer\u00eda prueban muy frecuentemente su ineficacia. La necesidad y urgencia de combatir las dolencias no se ven socorridas por estos esfuerzos. El enfermo sufre con tales re\u00admedios y su mal se agrava con frecuencia, cuando no le hace des\u00adaparecer de esta vida.<\/p>\n<p>Otros aspectos, que no ayudan en nada a aliviar al paciente, merecen se\u00f1alarse. El sentido fatalista ante la enfermedad domina al enfermo, a quienes le rodean y a quienes le visitan. La enferme\u00addad es uno de tantos males, que acontecen al hombre. Hay, pues, que resignarse y convertirla en ocasi\u00f3n de m\u00e9rito ante la mirada de Dios. Si se tiene en cuenta la soledad en que se encuentran los en\u00adfermos pobres en sus casas, se puede imaginar su estado de \u00e1nimo: las personas adultas, hombres y mujeres, se van a trabajar, lo que quiere decir que los enfermos son atendidos por ni\u00f1os inh\u00e1biles o por ancianos incapaces. El cultivo de un escepticismo referente a los m\u00e9dicos y a las medicinas aumenta en ellos el sentimiento de abandono. Estas indicaciones, reflejo de una estructura mental, nos manifiestan que los esfuerzos organizados en orden a aliviar a los pobres enfermos son casi nulos.<\/p>\n<p>Al principio del siglo XVII no faltan grupos y comunidades que visitan a los pobres, m\u00e1s para consolarlos y sugerirles sentimientos de piedad y de resignaci\u00f3n que para curar sus dolencias. Los hospitales existen, pero el n\u00famero es escaso, la instalaci\u00f3n inconfortable y el funcionamiento deficiente: la carencia de higiene los con\u00advierte en agentes propagadores de contagios. Su origen se debe, casi siempre, a iniciativas particulares, a fundaciones caritativas, pero los administradores, cl\u00e9rigos o laicos, est\u00e1n m\u00e1s atentos a percibir y gestionar los r\u00e9ditos en su favor que a admitir y a ocu\u00adparse de los enfermos pobres. Durante la primera mitad del siglo XVII se siente la urgencia de combatir la enfermedad y de acogerla. La necesidad de organizar los hospitales y de crear otros nuevos se impone, lo mismo que la especializaci\u00f3n del personal que cuida a los enfermos.<\/p>\n<p><em>Acci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal<\/em><\/p>\n<p>El primero que ha pensado en <em>organizar <\/em>esta asistencia de los pobres en sus casas es Vicente de Pa\u00fal. Nos encontramos en el a\u00f1o 1617 y Vicente es p\u00e1rroco de una parroquia de la di\u00f3cesis de Lyon, Ghatillon-les-Dombes. Tratemos de contar la g\u00e9nesis de esta obra dej\u00e1ndole a \u00e9l la palabra: un d\u00eda, \u00abcuando me revest\u00eda para decir la santa misa, alguien vino a decirme que en una casa apartada de las dem\u00e1s, como un cuarto de legua, todo el mundo estaba enfer\u00admo, sin que quedara uno para asistir a los dem\u00e1s, y todos estaban en una necesidad extrema. Esto me enterneci\u00f3 sensiblemente el co\u00adraz\u00f3n. No olvid\u00e9 el recomendarlos en el serm\u00f3n con afecto, y Dios, enterneciendo el coraz\u00f3n de los que me escuchaban, hizo que todos se encontraran movidos de compasi\u00f3n hacia estos pobres afligidos. Despu\u00e9s de comer, se hizo una reuni\u00f3n en casa de una buena se\u00ad\u00f1ora de la ciudad, para ver qu\u00e9 ayuda se les podr\u00eda proporcionar, y todos se encontraron dispuestos a hacerles una visita y a conso\u00adlarlos de palabra y con los medios que pod\u00edan. Despu\u00e9s de v\u00edspe\u00adras, acompa\u00f1ado de un buen hombre, burgu\u00e9s de la ciudad, nos encaminamos hacia el lugar. En el camino encontramos mujeres que iban delante de nosotros y, un poco m\u00e1s adelante, otras que ya ven\u00edan&#8230; Cuando llegu\u00e9, visit\u00e9 a los enfermos y fui a buscar el santo sacramento&#8230; Despu\u00e9s de haberles confesado y dado la comuni\u00f3n, se trat\u00f3 de ver c\u00f3mo se podr\u00eda socorrer sus necesidades. Propuse a todas estas buenas personas, a quienes la caridad hab\u00eda animado a trasladarse all\u00ed, a ofrecerse, cada d\u00eda una, para hacer la comida, no solamente para la familia enferma, sino para todos los que cayeran enfermos despu\u00e9s: es el primer lugar donde la Cofra\u00add\u00eda de la caridad ha sido establecida\u00bb.<\/p>\n<p>La experiencia de una caridad mal organizada va a originar un movimiento caritativo de misericordia, de ternura y de amor femenino. Inmediatamente Vicente se pone a organizarla. Re\u00fane a estas buenas personas para escoger los medios pr\u00e1cticos en orden a organizar la asistencia a los enfermos pobres de la parroquia. Se acuerda formar una asociaci\u00f3n, una cofrad\u00eda llamada \u00abde la caridad\u00bb compuesta de veinte se\u00f1oras y se\u00f1oritas con el compromiso, cada una por su turno, de \u00abcuidar el cuerpo y el alma de quienes ellas juzguen en conjunto, que requieren dicha asistencia; el cuer\u00adpo aliment\u00e1ndole y medicament\u00e1ndole y el alma de quienes van a morir prepar\u00e1ndola para una buena muerte y para una vida buena a quienes se prev\u00e9 que se curar\u00e1n\u00bb. El 23 de agosto de 1617, Vicente de Pa\u00fal entrega el primer reglamento de la asociaci\u00f3n. Tres meses m\u00e1s tarde, podr\u00e1 darles un nuevo reglamento profun\u00addamente humano y espiritual: \u00ab&#8230;La que est\u00e9 de turno, despu\u00e9s de haber recibido de la tesorera todo lo necesario para la alimen\u00adtaci\u00f3n de los pobres, preparar\u00e1 la comida, la llevar\u00e1 a los enfer\u00admos y al entrar les saludar\u00e1 alegre y caritativamente; acomodor\u00e1 la mesita encima de la cama, pondr\u00e1 encima una servilleta, una taza, una cuchara y pan, har\u00e1 lavar las manos a los enfermos y dir\u00e1 el Benedicite; verter\u00e1 la sopa en una escudilla y colocar\u00e1 la carne en un plato, colocando todo en dicha mesita; despu\u00e9s invita\u00adr\u00e1 caritativamente al enfermo a comer, por el amor de Jes\u00fas y de su santa madre, todo ello con amor, como si se tratara de su hijo, o mejor a\u00fan, de Dios que considera como hecho a \u00e9l mismo el bien (lile se hace a los pobres. Le dir\u00e1 alguna palabra de nuestro Se\u00f1or, en este sentimiento tratar\u00e1 de alegrarle, si est\u00e1 muy desconsolado, le cortar\u00e1 a veces la carne, le servir\u00e1 de beber, y habi\u00e9ndole as\u00ed pre\u00adparado para comer, si hubiera alguien con \u00e9l, le dejar\u00e1 e ir\u00e1 a casa de otro para tratarle de la misma manera, acord\u00e1ndose de comen\u00adzar siempre por quien tiene compa\u00f1\u00eda y de terminar por quienes est\u00e1n solos, con el fin de poder estar con ellos m\u00e1s tiempo; des\u00adpu\u00e9s volver\u00e1 por la tarde a llevarles la cena haciendo lo mismo que ha sido dicho anteriormente&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal se va de la parroquia a finales de diciembre de 1617, no obstante la cofrad\u00eda contin\u00faa realizando su obra ben\u00e9fica despu\u00e9s de la ausencia de su fundador.<\/p>\n<p>Llegado a Par\u00eds, para ser capell\u00e1n de Gondi, hermano del ar\u00adzobispo de Par\u00eds, Vicente de Pa\u00fal comienza a establecer Cofrad\u00edas de la caridad con el mismo fin que en Oh\u00e1tillon.<\/p>\n<p>Los pobres enfermos de las parroquias, misionadas por Vicente y sus misioneros, encontrar\u00e1n siempre un grupo de se\u00f1oras (a veces tambi\u00e9n de hombres) virtuosas, caritativas, animosas, lla\u00admadas a darse a Dios y a los dem\u00e1s en una expansi\u00f3n sobrenatural de instinto maternal. Vicente de Pa\u00fal constata pronto que la varie\u00addad de la miseria impide a las \u00abCaridades\u00bb encerrarse en el ser\u00advicio de los enfermos, sin embargo esta categor\u00eda de pobres per\u00admanecer\u00e1 siempre como la primera preocupaci\u00f3n de los reglamentos de las Cofrad\u00edas de la caridad&#8217; o de las \u00abCaridades\u00bb como m\u00e1s com\u00fanmente se dec\u00eda. In\u00fatil dar a conocer cu\u00e1nto beneficio sacaron de ellas los pobres.<\/p>\n<p>De 1617 a 1650, las Caridades de Par\u00eds y de provincia no ce\u00adsan de desarrollarse y de evolucionar. Flexibles y acogedoras se abren a toda miseria. Por medio de Lu\u00edsa de Marillac y de sus misioneros, Vicente trata de mantener el dinamismo de las Cofra\u00add\u00edas de caridad y de hacer cumplir los reglamentos. Es necesario descubrir los abusos introducidos y corregirlos para que ellas lo\u00adgren realizar perfectamente su cometido. Vicente de Pa\u00fal est\u00e1 sa\u00adtisfecho cuando escribe al padre Du Coudray a Roma el 25 de julio de 1634: las Caridades \u00abhacen maravillas\u00bb.<\/p>\n<p>Las Caridades, nacidas de la generosidad y del entusiasmo, arriesgan con frecuencia y f\u00e1cilmente desv\u00edan el esp\u00edritu de la Ca\u00adridad. Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac se convencen pronto de este peligro. Comprueban que las Damas, pertenecientes a la alta burgues\u00eda, tienen dificultad en ejecutar los trabajos humildes, re\u00adqueridos para poder asistir a los pobres enfermos. Para remediar esta dificultad, no dudan en demisionar en manos de sus sirvientas los servicios caritativos. Semejante actitud puede ser un obst\u00e1culo al esp\u00edritu de las \u00abCaridades\u00bb, que requieren siervas de los pobres de nuestro Se\u00f1or y no servicios recomendados y pagados. Unos diez a\u00f1os despu\u00e9s de la primera Caridad de Ch\u00e1tillon, Vicente de Pa\u00fal juzga necesario que \u00abacompa\u00f1en\u00bb a las Damas de la Caridad j\u00f3venes sencillas, venidas del campo. Libres de todo otro com\u00adpromiso, podr\u00edan entregarse totalmente a los pobres enfermos, para cuidarlos y ayudarlos en todas sus necesidades. Luisa de Ma-rillac, el 29 de noviembre de 1633, re\u00fane en su casa algunas de estas buenas muchachas del campo, deseosas a la vez de servir a los pobres y de darse a Dios. El instituto de las Hijas de la Cari\u00addad acaba de nacer. Ellas las primeras \u00absiervas de los pobres en\u00adfermos\u00bb instituidas como Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Sin duda, la gran obra caritativa del siglo XVII \u2014especialmente en su segunda mitad\u2014 es, si no la instituci\u00f3n, al menos la refor\u00adma y la nueva organizaci\u00f3n de los hospitales en favor de los pobres.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n de la mayor\u00eda de los hospitales al comienzo del siglo xvii es lamentable: ausencia de cuidados o cuidados m\u00edni\u00admos, falta de higiene, carencia de sitio, lo que obliga ordinaria\u00admente a colocar dos, tres, cuatro, a veces seis enfermos en la mis\u00adma cama. Se requiere reformar los hospitales y crear otros nuevos. En esta actividad, la iglesia desarrolla una acci\u00f3n importante: la preocupaci\u00f3n por la obra hospitalaria, en el siglo XVII, es una nota caracter\u00edstica del obispo reformador, que pone todo su celo en aplicar los decretos del concilio de Trento. Poderes p\u00fablicos, comunidades religiosas, personas caritativas ayudan y sostienen es\u00adte movimiento de reforma.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal, que conoce la situaci\u00f3n deplorable de los hos\u00adpitales (exceptuado el hospital de la caridad, de fundaci\u00f3n reciente y bien organizado), se pone a trabajar en este campo. Con las Hijas (le la Caridad y las Damas del H\u00f3tel-Dieu, participa en la reforma y en la organizaci\u00f3n de estos establecimientos de enfermedad y de miseria.<\/p>\n<p>Desde el principio de su estancia en Par\u00eds, hacia 1609, Vicente de Pa\u00fal visita a los enfermos del hospital de la caridad. De tal manera deb\u00eda ser conocido all\u00ed, que se le elige como intermediario en 1611 en un asunto de restituci\u00f3n de una suma de 15.000 li\u00adbras.<\/p>\n<p>A partir de 1639, las Hijas de la Caridad, que Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac hab\u00edan orientado en su origen a la visita de los enfermos a domicilio, se adaptan adem\u00e1s al cuidado de los enfer\u00admos en los hospitales. Los dos fundadores intentan conseguir de los administradores un nuevo reglamento, que permita un mejor servicio de los pobres enfermos. Luisa de Marillac ense\u00f1a a las hermanas los remedios que se deben aplicar. Arribos quieren que las Hijas de la Caridad sean el personal cualificado de los hospi\u00adtales.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber modificado varias veces las directrices de las Cofrad\u00edas de la caridad y haber esbozado peque\u00f1os reglamentos, Vicente recibe el a\u00f1o 1634 la visita de la se\u00f1ora de Goussault. Al comunicarle la experiencia y las reflexiones, que le hab\u00edan su\u00adgerido sus visitas al H\u00f3tel-Dieu de Par\u00eds, le habla de hechos com\u00adprobados: la mayor\u00eda de los enfermos de este gran hospital ignoran todo lo referente a su fe y a sus obligaciones religiosas; por a\u00f1adi\u00addura, los capellanes no les dan ninguna formaci\u00f3n en este senti\u00addo.<\/p>\n<p>En 1632, la Compa\u00f1\u00eda del santo sacramento, informada del la\u00admentable estado espiritual de los enfermos de este hospital, hab\u00eda resuelto enviar all\u00ed cada lunes o s\u00e1bado a dos de sus miembros. Al a\u00f1o siguiente, obtiene la ayuda de siete comunidades religiosas de Par\u00eds. Estas aceptan enviar a los miembros de su comunidad un d\u00eda por semana.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora de Goussault juzga que, en esta obra de caridad para con los pobres enfermos del H\u00f3tel-Dieu, las mujeres tendr\u00edan una funci\u00f3n que realizar. Dirigi\u00e9ndose a Vicente de Pa\u00fal, para comu\u00adnicarle su intenci\u00f3n de reunir algunas se\u00f1oras, le ruega que las or\u00adganice y estimule para que sus servicios sean m\u00e1s eficaces. Vicente le ruega le d\u00e9 tiempo para reflexionar. Despu\u00e9s de madura refle\u00adxi\u00f3n le parece que intervenir en este asunto, ser\u00eda \u00abmeter la hoz en mies ajena\u00bb <sup>18<\/sup>. Su decisi\u00f3n parece irrevocable: la asistencia es\u00adpiritual de los enfermos depende del cap\u00edtulo de Par\u00eds. A \u00e9l perte\u00adnece tomar sus responsabilidades en este campo.<\/p>\n<p>Ante esta decisi\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal, la se\u00f1ora de Goussault va a exponer la idea a Juan Francisco de Gondi, arzobispo de Pa\u00adr\u00eds; le desarrolla su plan y termina por convencerle. El arzobispo comunica a Vicente de Pa\u00fal que le agradar\u00eda mucho acogiese favo\u00adrablemente la proposici\u00f3n de esta se\u00f1ora&#8230; y que \u00e9l (el arzobispo) pensaba en los medios de realizar este proyecto <sup>19<\/sup>. Ante la volun\u00adtad del arzobispo, el humilde sacerdote se inclina. Es necesario bus\u00adcar y reconocer a Jes\u00fas en todos sus estados para prolongar la mi\u00adsi\u00f3n del &#8216;Cristo m\u00edstico: \u00abLa segunda m\u00e1xima de este fiel servidor de Dios, afirma Abelly, era ver siempre a nuestro Se\u00f1or Jesucristo en los dem\u00e1s para excitar m\u00e1s eficazmente su coraz\u00f3n a cumplir con ellos sus obligaciones de caridad. Contemplaba a este divino salvador como obispo y pr\u00edncipe de los pastores en los chis\u00adpos&#8230;\u00bb. Pero era igualmente necesario tener un juicio exacto para conseguir el fin: servir eficazmente a los enfermos y con\u00adtribuir a su salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Reunir un grupo de se\u00f1oras de buena voluntad y de la alta burgues\u00eda no era dif\u00edcil en un siglo donde la piedad y la ternura femeninas ante la miseria constitu\u00edan una de las dos facetas de un juego de emulaci\u00f3n. En un siglo donde ser coqueta y devota al mismo tiempo constitu\u00eda un juego de sociedad, visitar a los en\u00adfermos del H\u00f3tel-Dieu y mimarlos era, al mismo tiempo que un acto- de caridad y de abnegaci\u00f3n, un signo de la grandeza que exi\u00adg\u00eda el alto rango que se ocupaba.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal se aprovecha de este movimiento de la alta sociedad y lo orienta al servicio de los enfermos. Paso a paso es\u00adclarece las actitudes de estas grandes damas, purifica sus intencio\u00adnes, dinamiza sus opciones y les presenta las miserias urgentes. Una vez establecido el fin \u2014ocuparse de la asistencia es\u00adpiritual de los pobres enfermos, utilizando la \u00abcolaci\u00f3n\u00bb como me\u00addio de llegar al alma\u2014, Vicente de Pa\u00fal crea la Compa\u00f1\u00eda de las Damas del H6tel-Dieu de Par\u00eds. Nombrado director perpetuo, orienta este movimiento espiritual-caritativo. Como conoce la si\u00adtuaci\u00f3n del H\u00f3tel-Dieu, sabe que el cuidado de los enfermos est\u00e1 muy abandonado. No les disimula en lo m\u00e1s m\u00ednimo las dificulta\u00addes de la obra, pero les manifiesta que estas dificultades se desva\u00adnecer\u00e1n, si las Damas permanecen en su puesto y realizan su come\u00adtido. Es necesario actuar \u00absuavemente\u00bb, con \u00abbondad\u00bb, pero fir\u00admemente, para poder imitar la manera de obrar, propia del Esp\u00ed\u00adritu de Dios y asegurar los medios m\u00e1s eficaces para lograr lo que se pretende.<\/p>\n<p>Todos los d\u00edas cuatro o cinco de estas Damas llegan a las dos de la tarde al H\u00f3tel-Dieu. Adorando a Cristo en la eucarist\u00eda, le piden la gracia de encontrarle para aliviarle y servirle en el \u00faltimo de estos enfermos, ro\u00eddo por la miseria y quiz\u00e1s por el vicio. Des\u00adpu\u00e9s de haberse puesto un delantal, ellas mismas sirven la comida, permitiendo a los enfermos elegir su alimento. Al mismo tiempo les dicen unas palabras de consuelo y de aliento. Si los enfermos no tienen ganas de comer, o fuerzas para ello, les ayudan y les animan a hacerlo. La ternura ser\u00e1 siempre, para Vicente de Pa\u00fal, el gesto que ense\u00f1a a los grandes c\u00f3mo se debe hablar a los hu\u00admildes y c\u00f3mo se les debe servir cuando se les ama. Est\u00e1 con\u00adtento de la acci\u00f3n de las Damas. La carta escrita el 20 de septiem\u00adbre de 1650 a Guillermo Cornaire, sacerdote de la misi\u00f3n, nos lo manifiesta: \u00ab\u00bfCu\u00e1ntas personas de gran condici\u00f3n de uno y otro sexo piensa usted que hay en Par\u00eds, que visitan, instruyen y ex\u00adhortan todos los d\u00edas a los enfermos del H\u00f3tel-Dieu, y que se en\u00adtregan a ello con una devoci\u00f3n admirable, incluso con perseverancia? Cierto, quienes no lo han visto tienen dificultad en creerlo, y quienes lo ven est\u00e1n totalmente edificados; en efecto, esta vida es la vida de santos y de grandes santos, que sirven a nuestro Se\u00f1or en sus miembros de la mejor manera que les es posible&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>La prudencia de Vicente de Pa\u00fal y su gracia peculiar, admira\u00adble alianza de finura y de bondad profunda, descuellan entre las Damas de la alta sociedad parisina. Les ense\u00f1a a descubrir el fun\u00addamento de la caridad, en su sentido m\u00e1s agudo de la solidaridad humana, que tiene su origen en el descubrimiento de la eminente dignidad de los pobres.<\/p>\n<p>Este movimiento de caridad, agrupado alrededor de la idea de ocuparse de los enfermos del H\u00f3tel-Dieu, se re\u00fane regularmente todas las semanas. Vicente de Pa\u00fal, flexible y firme a la vez, presi\u00adde estas reuniones. En ellas escucha, rectifica, exhorta, ordena. Las resoluciones, decididas por mayor\u00eda de votos, se consignan en un registro. Para ayudar a las Damas a hacer su revisi\u00f3n de vida, les interroga en p\u00fablico acerca de la fidelidad en las pr\u00e1cticas de la compa\u00f1\u00eda <sup>26<\/sup>. Habl\u00e1ndoles de la continuaci\u00f3n de la misi\u00f3n de Cristo por el testimonio de su caridad, no olvida nada de lo que puede hacer perseverar a las Damas en su exigente vocaci\u00f3n: \u00abLa divina providencia se dirige hoy a algunas de vosotras para suplir lo que falta a los pobres enfermos del H\u00f3tel-Dieu&#8230; Vuestra Compa\u00f1\u00eda es una joya para la iglesia y un asilo para los desdichados. Si&#8230; por vuestra culpa llega a desaparecer, quitar\u00edais al p\u00fablico un motivo de gran edificaci\u00f3n y a los pobres un gran alivio&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Durante toda su vida, Vicente de Pa\u00fal se acordar\u00e1 de la expe\u00adriencia de Ch\u00e1tillon. A trav\u00e9s de ella participa en el desarrollo de las obras de asistencia en favor de los pobres enfermos en el siglo XVII.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Despu\u00e9s de haber constatado la terrible miseria, a veces cruel, para una gran masa de la poblaci\u00f3n activa, vamos a describir bre\u00advemente la situaci\u00f3n de los pobres enfermos. 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