{"id":400064,"date":"2016-10-13T08:54:24","date_gmt":"2016-10-13T06:54:24","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400064"},"modified":"2016-10-09T09:57:08","modified_gmt":"2016-10-09T07:57:08","slug":"hijas-la-caridad-fundacion-mexico-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/hijas-la-caridad-fundacion-mexico-3\/","title":{"rendered":"Hijas de la Caridad: Fundaci\u00f3n de M\u00e9xico (3)"},"content":{"rendered":"<p><em><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400059\" data-permalink=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/hijas-la-caridad-fundacion-mexico-1\/logo-hhc\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/LOGO-HHC.gif?fit=161%2C212&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"161,212\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"logo-hhc\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/LOGO-HHC.gif?fit=161%2C212&amp;ssl=1\" class=\"alignnone size-full wp-image-400059 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/LOGO-HHC.gif?resize=161%2C212\" alt=\"logo-hhc\" width=\"161\" height=\"212\" \/>Sumario: Notas de las principales Hermanas fundadoras en M\u00e9xico. 1.- Do\u00f1a Mar\u00eda Ana G\u00f3mez de Cortina. 2.- Sor Agustina Inza, primera Visitadora. 3.- Sor Julia Fagoaga. 4.- Sor Magdalena Latiegui. 5.- Sor Josefa Rosa Ramos. 6.- Sor Melchora Iriarte. 7.- Sor Concepci\u00f3n Oronoz. 8.- Sor Micaela Ayanz. 9.- Sor Josefa Su\u00e1rez Canel. 10.- Sor Luisa Merladet. 11.- Sor Concepci\u00f3n Arbe. 12.- Sor Br\u00edgida Porta. 13.- Sor Josefa Noriega. 14.- Sor Micaela Urabayen.<\/em><\/p>\n<p>1.- <em>Do\u00f1a Mar\u00eda Ana G\u00f3mez de la Cortina<\/em>. Esta insigne se\u00f1ora mejicana fue la verdadera fundadora de las Hijas de la Caridad en M\u00e9xico. As\u00ed nos lo manifiesta D. Bonifacio Fern\u00e1ndez de C\u00f3rdoba, encargado de negocios de aquella Rep\u00fablica en Madrid, quien escribiendo en 16 de Agosto de 1843 al Director de las Hermanas, le dice: \u00abA V. le consta las repetidas gestiones, que por diversas personas se han hecho tiempo ha, para conseguir el establecimiento de las Hijas de la Caridad en M\u00e9xico. Estas gestiones se han renovado ahora por las mismas personas celosas y caritativas de aquella ciudad, siendo una de las principales la excelent\u00edsima Se\u00f1ora Do\u00f1a Mar\u00eda Ana G\u00f3mez de la Cortina, condesa de este t\u00edtulo, la cual, en sus cartas de 25 de mayo y 23 de junio \u00faltimos, me dice que ya tiene el permiso de su Gobierno y del Sr. Arzobispo de aquella Metropolitana para fundar el Establecimiento; que desean sean espa\u00f1olas las Hermanas que hayan de ir y me encarga ponga yo en acci\u00f3n todos los medios que est\u00e9n a mi alcance para conseguirlo, pues con mi aviso se facilitar\u00e1n al momento los ascensos necesarios para el embarque y dem\u00e1s gastos\u00bb<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>.<\/p>\n<p>Efectivamente esta noble Se\u00f1ora, Condesa de la Cortina, fue la m\u00e1s entusiasta fundadora de las Hijas de la Caridad en M\u00e9xico, a las que hizo donaci\u00f3n para ello de ciento cuarenta y un mil pesos. Al llegar all\u00ed las Hermanas estaba gravemente enferma y tuvo el consuelo de poder recibirlas en cama. Siguiendo su gravedad, obtuvo la gracia de ser admitida a los Santos Votos el 8 de diciembre de 1845. El 6 del siguiente enero, expir\u00f3 santamente rodeada de sus queridas Hermanas, ordenando con suma humildad que se hiciese su entierro sin solemnidad alguna, como as\u00ed fue ejecutado.<\/p>\n<p>La primera residencia de las Hermanas fue una casa alquilada por la Se\u00f1ora Condesa, en la calle de Mour\u00f3n; all\u00ed se abri\u00f3 el Seminario en 1845; y atend\u00edan a la primera escuela de ni\u00f1as pobres que se abri\u00f3 en M\u00e9xico; mas, habiendo enfermado casi todas las Hermanas, se trasladaron a una casa de campo, propiedad de la misma Se\u00f1ora, a legua y media de la Capital, llamada Claver\u00eda. A causa de los disturbios pol\u00edticos se volvieron a M\u00e9jico, estableci\u00e9ndose frente a la Alameda, en enero de 1846. All\u00ed permanecieron las Hermanas hasta que se termin\u00f3 su propia casa llamada de las Bonitas, en 14 de agosto del mismo a\u00f1o. En esta Casa Central, adem\u00e1s del Noviciado y de un Dispensario para los pobres, se inaugur\u00f3, en 27 de septiembre de 1848, un colegio de ni\u00f1as, bajo el t\u00edtulo de San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Los restos de tan insigne bienhechora fueron amortajados con el h\u00e1bito de Hija de la Caridad, y trasladados en 1860 al pante\u00f3n de las Hermanas, junto con los de D. Jos\u00e9 G\u00f3mez de Cortina, muerto el 9 de enero de aquel mismo a\u00f1o, y los de D. Ram\u00f3n Andrade ambos decididos y entusiastas promovedores de la fundaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad en M\u00e9xico.<\/p>\n<p>Una hija de la Se\u00f1ora Condesa, residente en Madrid en 1845, fue quien hizo imprimir el Diario del viaje marino de la primera expedici\u00f3n, redactado por el P. Sanz.<\/p>\n<p>2.- Sor Agustina Inza naci\u00f3 en Pamplona, el d\u00eda 7 de noviembre de 1808, y el 8 de septiembre de 1824 cuando a\u00fan le faltaba un mes para cumplir los diecis\u00e9is a\u00f1os, entr\u00f3 en el Noviciado de Madrid. Parece que su primer destino fue el Colegio de Sang\u00fcesa de cuya comunidad formaba parta en 1830. En 1840, sustituy\u00f3 como Superiora del Colegio a Sor Vicenta Molner, que fue nombrada Visitadora.<\/p>\n<p>El P. Roca, residente por aquellos a\u00f1os en Sang\u00fcesa y que pudo conocer de cerca sus talentos y virtudes, la confi\u00f3 la delicada comisi\u00f3n de visitar en su nombre algunas casas de las Hermanas. Con esta ocasi\u00f3n hizo el m\u00e1s cumplido elogio de Sor Agustina, cuando escribiendo, en 29 de marzo de 1843, ya desde Madrid, a las Hermanas de la Inclusa de L\u00e9rida, les dice: \u00abSiendo de mi obligaci\u00f3n el visitaros personalmente, como vosotras mismas hab\u00e9is deseado, para enterarme de vuestras cosas y remediar en ellas lo que fuese digno de remedio, pero hall\u00e1ndome imposibilitado por los achaques, la persona que en mi nombre os va a visitar, digna de confianza por su virtud, por su talento y por su amor a la vocaci\u00f3n,<\/p>\n<p>es Sor Agustina Inza, Superiora del Colegio de Sang\u00fcesa. Recibidla, pues, amadas Hermanas, como me recibir\u00edais a mi mismo&#8230; Al abrir la visita os leer\u00e1 una carta m\u00eda, en la que ver\u00e9is la grave comisi\u00f3n, que se le ha confiado para vuestro bien\u00bb<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>.<\/p>\n<p>Terminada la visita volv\u00eda a escribirlas, con fecha 28 de mayo: \u00ab&#8230; No puedo menos de confesaros que nuestro coraz\u00f3n comenz\u00f3 a respirar y a entrar en esperanzas fundadas de ver terminados los disgustos y roturas de caridad&#8230; que por lo pasado hab\u00edan dividido a la comunidad. S\u00ed, confiamos que esta casa vuelva a ser lo que fue en los hermosos d\u00edas de su primitiva fundaci\u00f3n y difundir\u00e1 aquel buen olor de Jesucristo\u00bb.<\/p>\n<p>Sor Agustina hab\u00eda recibido igual comisi\u00f3n para visitar a las Hermanas de J\u00e1tiva, en aquel mismo a\u00f1o. De aquel remanso de paz, que era el colegio de Sang\u00fcesa, la vino a arrancar la obediencia, en 1844. Los Superiores pusieron en ella sus ojos para constituirla en piedra angular de aquel magn\u00edfico edificio, que a petici\u00f3n de la naci\u00f3n mejicana, tuvo el gobierno espa\u00f1ol inter\u00e9s que se fundara all\u00ed, como lazo de uni\u00f3n y de amor entre Espa\u00f1a y aquella hija suya de Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>Bien entendi\u00f3 la magnitud de aquella empresa el P. Roca, en cuya Circular de aquel a\u00f1o resuenan las notas del clar\u00edn apost\u00f3lico de la Espa\u00f1a imperial y evangelizadora, cuando dice: \u00abLa Europa, el Asia, el Africa cuentan ya entre sus m\u00e1s preciosos tesoros el establecimiento de las Hijas de la Caridad. Un s\u00f3lo vac\u00edo os queda por llenar, la Am\u00e9rica. La ejecuci\u00f3n de esta grandioso proyecto es toda vuestra, Hermanas m\u00edas car\u00edsimas; vosotras sois las llamadas al cultivo del vasto campo, que acaba de abrirse a vuestro celo; vosotras sois las designadas por la Providencia al alivio y socorro de un inmenso pueblo, con el que de muy antiguo tenemos contra\u00eddas relaciones de amistad que jam\u00e1s podremos olvidar\u00bb<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>.<\/p>\n<p>Y aqu\u00ed por primera vez se nos presenta una cuesti\u00f3n, que trasciende los linderos de esta historia, para convertirse en un cap\u00edtulo de la Historia general eclesi\u00e1stica de Espa\u00f1a, cuando \u00e9sta se escriba. Tal fue la importancia de esta cuesti\u00f3n no igualada ni por la reforma Carmelitana de la insigne Santa Teresa.<\/p>\n<p>Ni el inmenso pi\u00e9lago del mar proceloso, ni el dejar la patria de sus amores, ni los duros trabajos de los hospitales, ni el azote mort\u00edfero del c\u00f3lera, ni los campos de batalla fratricida,<\/p>\n<p>ni la presencia misma de la muerte descompon\u00eda la grandeza de esp\u00edritu de aquellas intr\u00e9pidas Hermanas espa\u00f1olas. S\u00f3lo una idea las sum\u00eda en inmenso dolor, que llenaba sus ojos de l\u00e1grimas: era el desdichado empe\u00f1o de querer obligarlas a dejar el h\u00e1bito con que hab\u00edan nacido a su vida de Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Parecer\u00e1 incre\u00edble, pero as\u00ed fue; por una cosa al parecer tan balad\u00ed, se vi\u00f3 sacudida hasta sus cimientos toda la provincia espa\u00f1ola de Padres y de Hermanas; se derrumbaron algunos de sus mejores pilares, y a punto estuvo de convertirse totalmente en ruinas.<\/p>\n<p>En algunos documentos de origen extranjero se estamp\u00f3 el desatino de que las Hijas de la Caridad espa\u00f1olas hab\u00edan adoptado su h\u00e1bito como se\u00f1al de separaci\u00f3n de Francia. Si ello fuera verdad, aunque lamentable, ning\u00fan inter\u00e9s tendr\u00edamos en negarlo, pero es una falsedad. Las Hermanas espa\u00f1olas estaban aferradas del todo al tocado tra\u00eddo de Francia, en 1790, y con \u00e9l quer\u00edan morir. El asunto se convirti\u00f3 en asunto nacional s\u00f3lo cuando asaltaron las imposiciones de fuera. Uno de los Se\u00f1ores Cardenales de Espa\u00f1a, entre los que hubieron de intervenir, dec\u00eda: \u00abLa cuesti\u00f3n no es de poca monta; parece que no se trata m\u00e1s que del h\u00e1bito, del color, de su hechura; debajo hay otra cosa peor, grave, muy grave, tanto que es la vida o muerte para vuestro Instituto en Espa\u00f1a\u00bb<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>.<\/p>\n<p>Claro est\u00e1 que hoy no son las circunstancias como las de hace un siglo para juzgar tan deplorable cuesti\u00f3n ni hay para qu\u00e9 tomar en ellas m\u00e1s partido que el de la justicia y la verdad hist\u00f3ricas; pero, que esas palabras del Eminent\u00edsimo Se\u00f1or no eran entonces aventuradas, bien se manifest\u00f3 en la ruina total de aquella exuberante floraci\u00f3n de Hijas de la Caridad espa\u00f1olas de M\u00e9xico, que, al poco tiempo de cambiar de h\u00e1bito, qued\u00f3 convertida en provincia francesa y muri\u00f3 de una manera lamentable algunos a\u00f1os despu\u00e9s, como luego veremos. En la Isla de Cuba, donde se siguieron los mismos caminos, nuestras Hermanas s\u00f3lo se salvaron de la cat\u00e1strofe, gracias a la tajante intervenci\u00f3n de aquellas autoridades eclesi\u00e1stica y militar.<\/p>\n<p>A Sor Agustina Inza y a los Se\u00f1ores Armengol y Sanz, como directores de aquella expedici\u00f3n a M\u00e9xico, fue a quienes toc\u00f3 enfrentarse por primera vez con tan delicado asunto.<\/p>\n<p>Ya firmadas las bases, el Superior General de Paris ten\u00eda empe\u00f1o en que la expedici\u00f3n partiera de un puerto franc\u00e9s, en barco franc\u00e9s y con h\u00e1bito franc\u00e9s y que fueran en ella algunas de las Hermanas espa\u00f1olas emigradas a Francia, despu\u00e9s de nuestra primera guerra civil. As\u00ed el P. Roca como el P. Armengol, Director de la colonia, expusieron con prudencia y humildad al P. General lo arriesgado y peligroso de aquella maniobra y los p\u00e9simos resultados que podr\u00eda acarrear ante los gobiernos de Espa\u00f1a y de M\u00e9xico y aun entre las Hermanas.<\/p>\n<p>Al fin, la expedici\u00f3n sali\u00f3 del puerto de C\u00e1diz, pero oigamos a un testigo de los sucesos: \u00abDiez Hermanas espa\u00f1olas iban a M\u00e9xico con dos sacerdotes espa\u00f1oles, los Se\u00f1ores Armengol y Sanz. Estaban ya fijadas las bases y en el art\u00edculo 9 se consignaba lo que hab\u00e9is visto: no se las pod\u00eda obligar a mudar el santo h\u00e1bito usado en Espa\u00f1a. Sin embargo trat\u00f3 el Superior General que se lo mudaran antes de embarcarse; no habi\u00e9ndolo logrado, hizo que los Directores se llevasen un ba\u00fal lleno de cornetas o tocados modernos franceses, para que durante la traves\u00eda se lo pusieran a las Hermanas. Apremi\u00f3 de tal manera a los Se\u00f1ores Armengol y Sanz, que \u00e9stos creyeron en su conciencia deber confiar el asunto a Dios y pedirle con fervor la luz para el acierto en tan grave apuro y conflicto. As\u00ed lo hicieron. La venerable Sor Agustina Inza, Superiora de aquella santa comunidad, estaba sumamente afligida. Comunic\u00f3 su pena a sus admirables y virtuosas compa\u00f1eras y todas dijeron lo mismo: \u00abacudamos a Dios, por intercesi\u00f3n de nuestra Inmaculada Madre la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, de nuestro Padre San Vicente y de nuestra venerable fundadora. Durante nueve d\u00edas estuvieron pidiendo. El resultado de la inspiraci\u00f3n fue la que hab\u00e9is visto en el n\u00famero anterior; que no deb\u00edan admitir ninguna variaci\u00f3n; y el Sr. Sanz cerr\u00f3 todas las dudas con estas notables palabras: \u00abHermanas sois espa\u00f1olas; M\u00e9xico pod\u00eda ir a buscar Hermanas a otra naci\u00f3n; ha preferido Espa\u00f1a, respetemos, pues, los designios de Dios. Id tranquilas con vuestro santo h\u00e1bito, con el mismo con que profesasteis. Presentaos en M\u00e9xico como dignas espa\u00f1olas, bajo el dulce t\u00edtulo de Hijas de la Caridad\u00bb<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>.<\/p>\n<p>Los <em>Anales de M\u00e9xico<\/em> nos informan que a \u00faltima hora se avinieron las Hermanas a ponerse los vestidos azules, pero con la toca tradicional de Espa\u00f1a y as\u00ed desembarcaron en M\u00e9xico, despu\u00e9s de 53 d\u00edas de mar.<\/p>\n<p>Dos referencias hallamos en el diario de viaje con respecto a Sor Agustina. Todas las Hermanas sufrieron las acometidas del v\u00f3mito marino. \u00abEn la enfermedad de las Hermanas dos cosas, dice, se notaron, que no pudieron menos de edificar a todos y muy particularmente a las Hermanas: la paciencia de las enfermas, conformidad y santa alegr\u00eda, que no perdieron ni aun en sus mayores padecimientos, y la caridad y esmero con que Sor Agustina las serv\u00eda,<\/p>\n<p>que se prevalec\u00eda de su destino para reservar para s\u00ed los oficios m\u00e1s pesados y s\u00f3lo se acordaba que era superiora para cumplir con el mayor cuidado los tiernos oficios de una cari\u00f1osa madre\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abPorque, el 27 de septiembre, el viento era muy flojo, el balanceo del buque incomodaba bastante. Hoy comulgaron todas las Hermanas, a excepci\u00f3n de Sor Mar\u00eda Josefa, por hallarse todav\u00eda bastante d\u00e9bil. Por la tarde, en la novena de San Vicente se cantaron los gozos y hubo adoraci\u00f3n de su reliquia. Sor Agustina para honrar la memoria del santo Fundador, present\u00f3 en la comida dos platitos de dulce, que fueron recibidos por los se\u00f1ores pasajeros con se\u00f1ales del m\u00e1s fino agradecimiento\u00bb<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>.<\/p>\n<p>Ya queda referido el apote\u00f3sico recibimiento que el pueblo mejicano dispens\u00f3 a las Hijas de la Caridad. Semilla selecta ca\u00edda en tierra inmejorable, el Instituto de las Hermanas comenz\u00f3 a desarrollarse con tal pujanza que, en pocos a\u00f1os, quedaron ellas establecidas en las principales ciudades de la Rep\u00fablica. La bendici\u00f3n de Dios acompa\u00f1aba todas sus empresas y ni los refuerzos venidos de Espa\u00f1a, ni las numerosas vocaciones de j\u00f3venes mejicanas daban abasto a tantas fundaciones como se ped\u00edan.<\/p>\n<p>S\u00f3lo tres a\u00f1os llevaban all\u00ed las Hermanas, cuando la misma Sor Agustina refiere a la Madre General en 1848 el cuadro consolador, si bien lleno de dolores, de aquellas comunidades: \u00abHemos atravesado d\u00edas bien tristes y penosos a la vista del gran n\u00famero de enfermos confiados a nuestros cuidados; m\u00e1s lo que sobre todo nos ha afligido es el haber tenido moribundas a muchas de nuestras Hermanas queridas. Nuestro buen Dios ha querido hacer prueba a la vez de nuestra sumisi\u00f3n y de nuestra confianza, llev\u00e1ndose para s\u00ed a aquellas que nosotras mir\u00e1bamos como las columnas del edificio. Yo querr\u00eda, mi muy honorable Madre, poder presentar a V. circunstanciados detalles sobre las virtudes de nuestras amadas difuntas, que aunque j\u00f3venes, nos han edificado tanto por su piedad, por su amor, por su paciencia y por el celo generoso con que se consagraron al servicio de los enfermos. Ni el peligro del contagio, ni el calor del clima, ni las fatigas extraordinarias, ni la proximidad de la muerte, que por todas partes las amenazaba, nada ha podido entibiar su ardor, nada debilitar su esp\u00edritu. Todas se han cre\u00eddo demasiado dichosas en sacrificarse por el alivio de los pobres, nuestros amados Se\u00f1ores y en morir con las armas en la mano, v\u00edctimas de la Caridad\u00bb<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>.<\/p>\n<p>As\u00ed era en efecto. Las primeras m\u00e1rtires mexicanas de su caridad hab\u00edan sido cinco novicias: Sor Guadalupe G\u00e1rate, de 26 a\u00f1os y uno de vocaci\u00f3n; Sor Mar\u00eda P\u00e9rez, de 17 a\u00f1os y uno de vocaci\u00f3n y Sor Rafaela Segura, de 24 a\u00f1os y tres de vocaci\u00f3n, muertas en la Casa Central en 1847 y Sor Eduarda Luna, de 23 a\u00f1os y dos de vocaci\u00f3n y Sor Micaela Sandoval de 19 a\u00f1os y dos de vocaci\u00f3n, muertas en 1848, la primera en la Casa Central y la segunda en el Hospital de San Juan de Dios.<\/p>\n<p>Alma de todo aquel florecimiento de caridad era Sor Agustina, siempre de conformidad con la prudente direcci\u00f3n del entusiasta P. Armengol. Era necesario emprender viajes interminables y fatigosos por regiones inmensas y despobladas, no sin sobresaltos y peligros en aquellos a\u00f1os de guerra civil, pero la fortaleza de \u00e1nimo de Sor Agustina no se arredraba. Los Anales de M\u00e9xico nos refieren, por ejemplo, que en 1859 caminando ella, una vez, en diligencia de la capital a Puebla, en compa\u00f1\u00eda de Sor Micaela, Sor N\u00e1jera y de una joven llamada Gabriela Odriozola, fueron asaltadas por los pronunciados. \u00abCon la velocidad del rayo, cuenta un Misionero, se presentaron y detuvieron la diligencia con lanzas, rifles y fusiles dirigidos a los pechos. Robaron a Gabriela las arracadas y amenazaban llev\u00e1rsela. Mandan volver la la diligencia. Retrocedimos tres leguas y nos llevaron a la Hacienda de Santa Elena.<\/p>\n<p>All\u00ed nos dejaron con orden de no movernos hasta el d\u00eda siguiente. Poco, poqu\u00edsimo dormimos en la noche, siempre sobresaltado el coraz\u00f3n. S\u00f3lo Sor Agustina estuvo con una serenidad m\u00e1s que admirable; algo se trastorn\u00f3, como es natural, pero no perdi\u00f3 la presencia de \u00e1nimo\u00bb<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a>.<\/p>\n<p>As\u00ed, durante cerca de veinte a\u00f1os estuvo trabajando incansable en aquellas fundaciones que se repet\u00edan sin cesar. Pero los mayores trabajos de Sor Agustina no fueron estos. Una dolorosa corona de punzadoras espinas iba a oprimir su coraz\u00f3n de Visitadora y, como tal, responsable de aquella floreciente Provincia de Hijas de la Caridad, de la semilla de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>En 1853 el P. Armengol fue llamado a regir los destinos de ambas Congregaciones de S. Vicente en la Pen\u00ednsula, dejando en M\u00e9xico un vac\u00edo dif\u00edcil de llenar. Poco despu\u00e9s, se desencaden\u00f3 violenta la discordia por la dichosa cuesti\u00f3n del h\u00e1bito que, no s\u00f3lo en Espa\u00f1a, sino tambi\u00e9n en M\u00e9xico y en Cuba hab\u00eda de tener las m\u00e1s dolorosas consecuencias. El P. Sanz, que hab\u00eda quedado de Director en M\u00e9xico, se vio asediado desde Par\u00eds con cartas como la siguiente, fechada en 29 de octubre de 1857. \u00abEl traje de nuestras Hermanas espa\u00f1olas les fue dado con el s\u00f3lo fin de separarlas de la Casa Madre. Es, pues, un signo de divisi\u00f3n, y por consiguiente, debe ser abandonado por todas las Hijas de la Caridad, que aprecien la uni\u00f3n con su Casa Madre y tengan afecto al esp\u00edritu de S. Vicente. Precisamente porque el traje espa\u00f1ol es un signo de divisi\u00f3n tengo el convencimiento de que aleja las bendiciones del cielo\u00bb.<\/p>\n<p>Las disposiciones de Par\u00eds eran tajantes: \u00ab1\u00aa desde el 25 de marzo (de 1858) no debe V. permitir que las que de nuevo tomen el santo h\u00e1bito, lo hagan sino en uniformidad con la casa Matriz. 2\u00aa Deje V. en sus antiguas tocas a las que se empe\u00f1en en conservarlas, pero llam\u00e1ndolas a la casa central y priv\u00e1ndolas la renovaci\u00f3n de los santos votos\u00bb.<\/p>\n<p>El P. Sanz cerr\u00f3 los ojos a todas las consecuencias de tales disposiciones y, como si s\u00f3lo se tratara de un caso de conciencia personal suya, quiso convertirse en un mero ejecutor de ellas y as\u00ed se lo comunic\u00f3 por oficio al Sr. Arzobispo de M\u00e9xico. Pero \u00e9ste le contest\u00f3 por conducto de su Provisor, diciendo: \u00abHace m\u00e1s de un mes que lleg\u00f3 a conocimiento del Ilmo. Sr. Arzobispo la disposici\u00f3n dictada por V., como Superior de la Congregaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad, para que desde el 25 de marzo del a\u00f1o entrante cambien todas las Hermanas el traje que actualmente usan, con el que portan las que residen en Francia, conocido con el nombre de corneta. Desde entonces me autoriz\u00f3 para que impidiera este cambio y a este fin he tenido diversas entrevistas con V. y con la Se\u00f1ora Superiora de la casa Matriz, exponiendo los muy graves inconvenientes que resultar\u00edan por esta novedad, sin haber obtenido hasta ahora un resultado favorable. Mas habiendo visto el Ilmo. Sr. Arzobispo el\u00a0 comunicado, que sobre la materia, se public\u00f3 ayer en el Diario de Avisos y sabiendo la gran inquietud que reina en los \u00e1nimos de la mayor parte de las Hermanas, consecuencia de esa inesperada variaci\u00f3n de traje, que har\u00eda perder su vocaci\u00f3n a muchas, especialmente mejicanas, a quienes no se les puede obligar a que se pongan un traje, que no conoc\u00edan ni aceptaron antes de entrar en la Congregaci\u00f3n; y mucho m\u00e1s, cuando en cierto modo les expone al rid\u00edculo por ser tan contrario a los usos y costumbres de este pa\u00eds, cambi\u00e1ndolo por el muy honesto y decente que ahora llevan. S.S. Ilustr\u00edsima me ha prevenido me dirija a V. oficialmente, como tengo el honor de hacerlo, para decirle que proh\u00edbe absolutamente que se haga tal variaci\u00f3n en el traje de las Hermanas, exponiendo al Superior General las razones fundadas que hay para que as\u00ed se verifique. Y lo comunico a V. con la satisfacci\u00f3n de renovarle mi particular afecto y debida consideraci\u00f3n.<\/p>\n<p>= Dios guarde a V. muchos a\u00f1os<\/p>\n<p>= M\u00e9xico septiembre 26 de 1857<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a>.<\/p>\n<p>A nuevas instancias del P. Sanz, el Sr. Arzobispo le repite: \u00abProh\u00edbo a V. de nuevo la variaci\u00f3n de traje de las Hermanas, mientras que, como antes digo, no consulte yo el asunto otra vez y vea lo que ante Dios deba hacer (8 de enero de 1858)<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a>.<\/p>\n<p>El revuelo entre las Hermanas fue enorme. Algunas, que hicieron algunas diligencias para evitar el cambio, fueron castigadas y retiradas a la casa central. La buena Sor Agustina se vio entre la espada y la pared, sin m\u00e1s remedio que secundar las medidas del P. Sanz. A punto estuvo de costarle esto la muerte. \u00abEl 26 de noviembre (1857), dice una breve nota de los Anales de M\u00e9xico, recibi\u00f3 el Vi\u00e1tico la Hermana Sor Agustina Inza, Visitadora de la Provincia, pero las oraciones de sus afligidas Hermanas consiguieron del Se\u00f1or su restablecimiento, aunque despu\u00e9s de una convalecencia muy larga\u00bb.<\/p>\n<p>Sor Josefa Su\u00e1rez, Superiora de la Cuna de Puebla, fue tal la repugnancia que sent\u00eda por el cambio, que s\u00f3lo de pensarlo hab\u00eda perdido la salud y dec\u00eda que tendr\u00eda que condenarse, en lo sucesivo, a no salir nunca a la calle en semejante traje.<\/p>\n<p>\u00abTengo cartas, escrib\u00eda m\u00e1s tarde el P. Armengol, tengo cartas de algunos sacerdotes de la Misi\u00f3n mexicanos, que hacen llorar. En tanto, cu\u00e1ntas vocaciones se perdieron a causa de las innovaciones. Varias Hermanas espa\u00f1olas se vieron expuestas en la calle, sin recursos para volver al seno de sus familias; otras, que ped\u00edan volver a Espa\u00f1a, se les negaba; s\u00f3lo las francesas eran las que iban y ven\u00edan a Europa\u00bb<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">[11]<\/a>.<\/p>\n<p>El Sr. Arzobispo de M\u00e9xico acudi\u00f3 a Roma en 3 de marzo de 1858 para sostener su prohibici\u00f3n, diciendo del nuevo tocado que \u00abhistrionum instar gregis et cuasi larvam bachanalium tempore gestantes, universis esse fabula non inmerito existimantes\u00bb, que no se atrevi\u00f3 a traducir el P. Sanz.<\/p>\n<p>Es de notar que ya para entonces, en Par\u00eds, se hab\u00eda recibido un Rescripto de Su Santidad que dec\u00eda as\u00ed: \u00abReverendo Se\u00f1or. Habi\u00e9ndose representado a la Santidad de Nuestro Se\u00f1or, que se procura introducir alg\u00fan cambio en el h\u00e1bito de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Pa\u00fal en Espa\u00f1a y que de tal innovaci\u00f3n no podr\u00e1n menos de seguirse grandes disgustos y lamentables consecuencias, su misma Santidad ha ordenado que se haga a V. sabedor de ello, a fin de que disponga que no se insista sobre ello y no se haga innovaci\u00f3n.<\/p>\n<p>= Esto es cuanto he de decirle sobre el asunto. Dios le guarde.<\/p>\n<p>= Roma 14 de setiembre de 1857.<\/p>\n<p>= a sus \u00f3rdenes<\/p>\n<p>= G. Cardenal della Genga A. Arzobispo de Filipi.<\/p>\n<p>= Francia. Al Superior de la Misi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Pero la voz del Sumo Pont\u00edfice cay\u00f3 en el vac\u00edo y la ofensiva arreci\u00f3 cada vez m\u00e1s en Espa\u00f1a, en Cuba y en M\u00e9xico. Los estragos de la lucha fueron terribles en Espa\u00f1a, donde la innovaci\u00f3n no logr\u00f3 triunfar. En Cuba se impuso la innovaci\u00f3n, pero las inquietudes fueron tales que, a los pocos a\u00f1os s\u00f3lo se pudo recuperar la tranquilidad, volviendo las cosas a su punto de partida.<\/p>\n<p>En M\u00e9xico, \u00abya se hab\u00eda resuelto pasar a Puebla la Casa Central, si no consent\u00eda el Sr. Arzobispo, en que se pusiesen la corneta\u00bb, que se hab\u00eda ya implantado en las otras casas fuera del Arzobispado. A pesar de ello, el Sr. Arzobispo D. L\u00e1zaro de la Garza, dijo que \u00e9l no consent\u00eda el cambio hasta recibir de Roma la contestaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abEl Delegado Apost\u00f3lico, Ilmo. Sr. Luis Clementi, recibi\u00f3 la comisi\u00f3n, en que P\u00edo IX le encargaba arreglase ese negocio y el Sr. Delegado dispuso que se pusiesen la corneta, lo cual se verific\u00f3 el d\u00eda 12 de junio de 1859\u00bb<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">[12]<\/a>. Al punto, a que hab\u00edan llegado ya las cosas era \u00e9sta all\u00ed la \u00fanica resoluci\u00f3n posible.<\/p>\n<p>Crey\u00f3 sin duda, entonces, la buena Sor Agustina llegada la hora de la paz que la permitir\u00eda, despu\u00e9s de tantos dolores, seguir cultivando aquel espl\u00e9ndido jard\u00edn de bellas flores, que hab\u00eda sido y era la Provincia de M\u00e9xico, y m\u00e1s ahora con las largas bendiciones divinas prometidas para aquella nueva \u00e9poca de uniformidad. Pero \u00a1ay!, entonces iba a llegar para ella un c\u00e1liz de amargura s\u00f3lo comparable al que el Divino Jes\u00fas apur\u00f3 en Getseman\u00ed. La guerra civil, que ensangrent\u00f3 el pa\u00eds desde 1855 a 1861, termin\u00f3 con la entrada de Ju\u00e1rez en la Capital y el 12 de julio se publicaban las Leyes de Reforma, desterrando al Nuncio, los Obispos y al Ministro de Espa\u00f1a. Las Hijas de la Caridad fueron respetadas, por entonces.<\/p>\n<p>Otras leyes del Gobierno provocaron la guerra internacional. Inglaterra, Francia y Espa\u00f1a mandaron escuadras y soldados en 1861. Desde el a\u00f1o anterior hab\u00edan llegado a M\u00e9xico dos Hermanas francesas para ponerse al frente de aquel noviciado. En 1861 llegaron otras seis y, poco despu\u00e9s, otro grupo, que vino con el ej\u00e9rcito franc\u00e9s para encargarse de sus hospitales. Un misionero, tambi\u00e9n franc\u00e9s, que las conduc\u00eda, el P. Doumerg, escrib\u00eda al P. General desde Veracruz, en 14 de septiembre de 1862: \u00abEsperamos al General Forey de un d\u00eda para otro y, apenas haya desembarcado y formado un cuerpo de mil hombres, partir\u00e9 para Orizaba, llevando consigo a nuestras Hermanas y dos de nosotros\u00bb<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\">[13]<\/a>.<\/p>\n<p>Espa\u00f1a e Inglaterra retiraron sus tropas y sus barcos, no queriendo secundar la pol\u00edtica imperialista de Francia, que impuso en M\u00e9xico el imperio de Maximiliano. Con esto creci\u00f3 el odio de los mexicanos a aquella naci\u00f3n y a las Hijas de la Caridad, quienes ya no eran miradas como tales, sino como emisarias de aquella pol\u00edtica. Ya no eran llamadas Hijas de la Caridad sino las Hermanas francesas<a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\">[14]<\/a>.<\/p>\n<p>Y sucedi\u00f3 un incidente que vino a empeorar su situaci\u00f3n y del que tuvo origen la persecuci\u00f3n de las Hermanas, seg\u00fan dicen los Anales de M\u00e9xico. En 17 de febrero de 1861, la casa principal se vio turbada por la visita de unos emisarios del Gobierno, que iban a practicar un registro, pues hab\u00eda llegado a \u00e9l una denuncia de que en ella se guardaba una fuerte suma de dinero y alhajas pertenecientes a las religiosas Concepcionistas. All\u00ed se present\u00f3 entonces tambi\u00e9n el ministro franc\u00e9s Soligni, sin duda por aviso de las Hermanas, y como si aquella casa fuera territorio exento de Francia, trat\u00f3 de oponerse al cateo, pero sin que lograra evitar el descubrimiento, en uno de los nichos del pante\u00f3n, de cuarenta y un mil pesos y algunos objetos preciosos. Al d\u00eda siguiente se present\u00f3 el juez para hacerse cargo del tesoro, pero de nuevo Soligni, cubriendo con su cuerpo la entrada de la pieza donde se encontraba, se opuso a que el juez cumpliese con su cometido. El juez se retir\u00f3 para evitar un conflicto y Soligni, no contento con esto, rompi\u00f3 los sellos que amparaban el dep\u00f3sito y se lo llev\u00f3 a su casa.<\/p>\n<p>Bien se deja entender el revuelo y las habladur\u00edas a que ello dar\u00eda lugar. El autor de los Anales de M\u00e9xico se contenta con decir que \u00abSoligni fue considerado como un imprudente\u00bb; pero nada nos dice de las angustias de las pobres Hermanas espa\u00f1olas y en especial de la pobre Sor Agustina. En qu\u00e9 hab\u00edan venido a parar los entusiasmos con que las hab\u00eda recibido y tratado antes el pueblo mexicano.<\/p>\n<p>Ocupada Orizaba por las fuerzas francesas, las Hermanas se encargaron all\u00ed de cuatro hospitales militares, en 1862. Dos a\u00f1os despu\u00e9s ces\u00f3 en su cargo de Visitadora Sor Agustina, siendo sustitu\u00eda por Sor Ville venida de Par\u00eds. Noticia tan importante no mereci\u00f3 al minucioso autor de los Anales de M\u00e9xico ni una nota, ni un comentario y s\u00f3lo lo sabemos por carta de la nueva Visitadora, como luego veremos.<\/p>\n<p>A\u00fan vivi\u00f3 Sor Agustina otros cuatro a\u00f1os en la casa Central de M\u00e9jico. All\u00ed, oculta, silenciosa y humilde fue apurando lentamente el c\u00e1liz del dolor con el presentimiento de ver c\u00f3mo se iba desflorando aquel grandioso \u00e1rbol de caridad por ella cultivado.<\/p>\n<p>El odio a Francia, despu\u00e9s de vencidos sus ej\u00e9rcitos, segu\u00eda manifest\u00e1ndose en desprecios y persecuci\u00f3n a las Hermanas. Estas reciben orden del Gobierno mexicano para que renuncien al protectorado de Francia. El P. Learreta, autor de los Anales y muy identificado con aquel protectorado, escrib\u00eda a Paris en 26 de julio de 1866, diciendo: \u00abNada puede moderar el liberalismo de estos pretendidos liberales y se mofan de nuestros derechos de protegidos franceses\u00bb<a href=\"#_ftn15\" name=\"_ftnref15\">[15]<\/a>.<\/p>\n<p>El odio contra las Hermanas arreci\u00f3 de manera que se lleg\u00f3 a pedir a Ju\u00e1rez su expulsi\u00f3n. Sor Agustina no lo habr\u00eda de ver, porque muri\u00f3 en la casa central el d\u00eda 15 de junio de 1868, a los 60 a\u00f1os de su edad, 44 de vocaci\u00f3n, y 24 de vida en M\u00e9xico. No he visto las circunstancias de su muerte ni le\u00eddo nota suya alguna necrol\u00f3gica, ni cartas suyas, que tal vez nos revelar\u00edan el martirio de su vida, tanto m\u00e1s cruel cuanto m\u00e1s hondo y silencioso. Esto nos ha movido a resucitar su memoria en este a\u00f1o centenario de la fundaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad en M\u00e9xico. Descansan sus restos en el pante\u00f3n franc\u00e9s, al que fueron trasladados poco antes de la expulsi\u00f3n.<\/p>\n<p>En 1 de marzo de 1872 expon\u00eda la Visitadora Sor Ville al P. General el estado brillante de la Provincia. \u00abEl 15 de noviembre de 1844, Sor Agustina Inza vino de Espa\u00f1a a M\u00e9xico con diez compa\u00f1eras. Tenemos el consuelo de ver vivas a tres de ellas. Ellas y la Visitadora han trabajado afanosamente y sufrido pacientemente para implantar en este pa\u00eds la obra de Dios. Pues hemos de reconocer que ellas sembraron con l\u00e1grimas y regado con sudores los frutos que nosotras ahora recogemos\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abCuando la santa obediencia me llam\u00f3 a M\u00e9xico, en 1864, hab\u00eda en la Provincia 18 casas y cerca de 200 Hermanas. Aprovecho la ocasi\u00f3n de deciros, muy Rdo. Padre, esto que se refiere a mi antecesora; lo muy \u00fatil que me fue su ayuda, el piadoso afecto que yo la ten\u00eda y la pena que me caus\u00f3 su muerte, en 1868.<\/p>\n<p>\u00abM\u00e9xico ahora cuenta con 20 seminaristas y cerca de 400 Hermanas repartidas en 37 establecimientos. Hermanas espa\u00f1olas: 24, de ellas diez superioras; 26 francesas, de ellas 13 superioras; 1 irlandesa; todas las dem\u00e1s, mexicanas; de ellas 14 superioras. Humanamente hablando estas Hermanas pertenecen a cuatro diferentes naciones y si, en tiempos pasados, el esp\u00edritu de nacionalidad quiso un momento turbar el esp\u00edritu de familia, hab\u00eda motivos de excusa en aquellas circunstancias. Al presente, gracias sobre todo a la prudencia y esp\u00edritu de conciliaci\u00f3n del Sr. Masnou, estas sombras han desaparecido\u00bb<a href=\"#_ftn16\" name=\"_ftnref16\">[16]<\/a>.<\/p>\n<p>La simple lectura de este documento tan ingenuo producir\u00e1 en muchos lectores una justificada emoci\u00f3n de l\u00e1grimas de dolor. Dos a\u00f1os despu\u00e9s el hacha revolucionaria derrumb\u00f3 \u00e1rbol tan florido. El art\u00edculo 20 de la secci\u00f3n l\u00aa de las leyes de 14 de diciembre de 1874 expulsaba a las Hijas de la Caridad de la Rep\u00fablica. El noble pueblo mexicano las llor\u00f3 y el pueblo espa\u00f1ol las llora todav\u00eda.<\/p>\n<p>3.- <em>Sor Julia Fagoaga. <\/em>Es considerada como una de las primeras fundadoras, tanto de los PP. Pa\u00fales como de las Hijas de la Caridad en M\u00e9xico. Dio sus cuantiosos bienes para el establecimiento de ambas comunidades y para un Colegio de ni\u00f1as hu\u00e9rfanas. Fue la primera Hermana mejicana, de muy buen esp\u00edritu. Cedi\u00f3 a la Comunidad su hacienda de la\u00a0 Ascensi\u00f3n, una legua al poniente de la Capital, para recibir gratuitamente veinticuatro ni\u00f1as hu\u00e9rfanas, en 3 de noviembre de 1848. Era joven de muy buenas cualidades y perteneciente a una de las principales familias de M\u00e9xico. En 1853 formaba parte del Consejo provincial de las Hermanas con la Visitadora Sor Agustina Inza y Sor Martina El\u00eda.<\/p>\n<p>4.- <em>Sor Magdalena Latiegui. <\/em>Naci\u00f3 en Isasondo, Guip\u00fazcoa, en 5 de junio de 1801 y entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n en 22 de junio de 1823. Otras dos hermanas suyas carnales, Sor Josefa y Sor Juana siguieron su ejemplo y vistieron, a\u00f1os despu\u00e9s, el santo h\u00e1bito. Sor Josefa fue superiora del Colegio de Barbastro y Sor Juana estuvo destinada en el Hospicio de Ja\u00e9n y en el Hospital de Cabra.<\/p>\n<p>Sor Magdalena era la mayor y m\u00e1s antigua de vocaci\u00f3n entre las fundadoras de M\u00e9xico, pues ten\u00eda 43 a\u00f1os de edad y 21 de vocaci\u00f3n. Hall\u00e1base prestando sus servicios en el Hospital General de Valencia.<\/p>\n<p>Llegadas las Hermanas a M\u00e9xico, ella como m\u00e1s antigua fue acompa\u00f1ando a la Superiora Sor Agustina a las visitas de agradecimiento y presentaci\u00f3n que hubieron de hacer juntamente con los Se\u00f1ores Armengol y Sanz. Una de tales visitas y la m\u00e1s importante fue la que les fue fijada para las nueve de la noche al Sr. Presidente de la Rep\u00fablica.<\/p>\n<p>El Presidente, rodeado de los principales miembros del Gobierno, les acogi\u00f3, no con el fr\u00edo formulismo de las atenciones diplom\u00e1ticas, sino con verdadero cari\u00f1o y hasta con emoci\u00f3n; y, seg\u00fan cuenta el P. Sanz, habl\u00f3 con ellos de la necesidad de que viniesen a M\u00e9xico, pero insistiendo en la conveniencia de que fuesen todas espa\u00f1olas. Discurri\u00f3 luego con ellas sobre las ventajas de su Instituto, sobre la gran probabilidad de extenderse en los principales puntos de la Rep\u00fablica y acab\u00f3 por ofrecerlas toda su protecci\u00f3n<a href=\"#_ftn17\" name=\"_ftnref17\">[17]<\/a>.<\/p>\n<p>Al poco tiempo de su llegada a M\u00e9xico, en marzo de 1845 se instalaron las Hermanas en el Hospital de San Juan de Dios en la misma Capital. El acto fue muy solemne y con Misa pontifical del Sr. Arzobispo. Fue nombrada Superiora Sor Magdalena.<\/p>\n<p>Mas tarde pas\u00f3 con el mismo cargo al Hospital de San Pablo en la misma capital, y all\u00ed muri\u00f3 en 9 de diciembre de 1868.<\/p>\n<p>5.- <em>Sor Josefa Rosa Ramos<\/em>. Fue natural de Vera de Navarra, donde naci\u00f3 en 19 de agosto de 1804 y entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n el 8 de septiembre de 1824. Cuando fue llamada a la fundaci\u00f3n de M\u00e9xico ten\u00eda 40 a\u00f1os de edad y 13 de vocaci\u00f3n. En el Diario del viaje leemos un percance que le sucedi\u00f3 a ella y a otra de las Hermanas. \u00abEl calor, dice, era excesivo y en los camarotes se hac\u00eda insoportable; se juzg\u00f3 necesario que dos de ellas Sor Rosa Ramos y Sor Micaela Ayanz trasladasen sus colchones al sal\u00f3n o c\u00e1mara com\u00fan; el silencio de la noche y el cansancio del d\u00eda hacia que las Hermanas durmiesen profundamente; no se trasluc\u00eda el menor indicio de que se alterase la perfecta calma que reinaba en el mar y en el buque; en un momento el mar se enfurece, introduce furioso una ola por una de las cuatro ventanas de popa que hab\u00eda abiertas; la c\u00e1mara se inunda de agua salada; las Hermanas se mojan completamente; \u00ab\u00a1ay! que se hunde el barco, el orden se turba, los marineros acuden con los cubos, la ventana se cierra, la c\u00e1mara se desagua, la tranquilidad se restablece y las Hermanas se retiran a su primera habitaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>En 2 de noviembre de 1846 fue destinada como Superiora a la fundaci\u00f3n del Hospital y Escuelas de Silao, donde, fuera de los enfermos, llegaron a tener cerca de cuatrocientas alumnas externas. En 1860 era Superiora del Hospital de S. Pedro, en Puebla. Pas\u00f3 en M\u00e9xico trabajando como buena durante los treinta a\u00f1os que dur\u00f3 aquella fundaci\u00f3n, y ten\u00eda ya 70 cuando se vio precisada a dejar el pa\u00eds en virtud de la ley de expulsi\u00f3n.<\/p>\n<p>Al pasar por la Habana, dicen los Anales Franceses, \u00abno descendemos, pero nuestras Hermanas espa\u00f1olas, que tienen en esta ciudad muchos establecimientos vienen a visitarnos con mucha cordialidad. No son en n\u00famero suficientes para el trabajo de sus casas y esperaban reclutar algunas de las viajeras. Comprender\u00e1 V. Padre General, por qu\u00e9 \u00e9stas no pod\u00edan satisfacer sus deseos.<\/p>\n<p>\u00abDejamos, sin embargo a la respetable M. Boquet y a nuestra buena Sor Mar\u00eda Josefa Ramos, fundadora, a quien su edad y sus enfermedades hac\u00edan insoportables las fatigas de un largo viaje y los fr\u00edos de Europa. En cambio, dos de nuestras Hermanas habaneras, autorizadas previamente por la Madre General, se unieron a nuestra colonia\u00bb<a href=\"#_ftn18\" name=\"_ftnref18\">[18]<\/a>.<\/p>\n<p>Era esto en los primeros d\u00edas de 1875 y en 26 de septiembre del mismo a\u00f1o muri\u00f3 Sor Josefa en el Hospital militar de la Habana.<\/p>\n<p>6.- <em>Sor Melchora Iriarte.<\/em> Naci\u00f3 en Lumbier en 22 de Diciembre de 1807. Entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n en 1 de junio de 1827. Estaba destinada en el Hospital General de Madrid y fue una de las mandadas retirar con la Superiora por la Junta de Beneficencia en 1836. En abril de 1838 lleg\u00f3 al Hospicio de Oviedo y volvi\u00f3 a Madrid en 1843. En agosto de 1848 estaba en la Misericordia de Tolosa. No consta cu\u00e1ndo pas\u00f3 a M\u00e9jico, pero en diciembre de 1855 era Superiora del Manicomio del Divino Salvador, donde estuvo hasta 1860, en que fue a la fundaci\u00f3n del Hospicio de Puebla.<\/p>\n<p>De esta \u00faltima \u00e9poca de la vida de Sor Melchora hallamos en los Anales Franceses la siguiente an\u00e9cdota. En enero de 1863 estableci\u00f3 el Gobierno otra ambulancia a cargo de las Hijas de la Caridad en Cholula, a tres leguas de Puebla. Para organizar esta ambulancia fue destinada Sor Melchora, la superiora del Hospital establecido en el Seminario de Puebla y el Administrador, con quien hab\u00eda tenido no pocos altercados, por no proporcionar \u00e9l los fondos necesarios para la debida asistencia de los enfermos, la dijo: \u00abSor Melchora, los franceses est\u00e1n para llegar; no deje V. de volver pronto para estar con nosotros durante el asedio. \u00bfC\u00f3mo desea V. mi vuelta, despu\u00e9s de tantas discusiones? Pues por eso mismo, porque V. nos reprende a todos y nos hace andar derechos\u00bb.<\/p>\n<p>7.- <em>Sor Concepci\u00f3n Oronoz. <\/em>Era natural de Sang\u00fcesa, donde naci\u00f3 en 16 de abril de 1816. Entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n el 24 de diciembre de 1833. Estaba en la Inclusa de Madrid, cuando fue llamada a la primera expedici\u00f3n a M\u00e9xico; ten\u00eda 10 a\u00f1os de vocaci\u00f3n. Fue destinada a la fundaci\u00f3n de San Juan de Dios en marzo de 1845. A mediados de agosto de 1847, fue nombrada Superiora del Hospital de S. Pablo, en la Capital, y en 1856 pas\u00f3 a la fundaci\u00f3n del Colegio de Monterrey; habi\u00e9ndose enfermado gravemente, en 1860, volvi\u00f3 a la ciudad de M\u00e9xico, donde muri\u00f3 el 10 de febrero de 1861.<\/p>\n<p>8.- <em>Sor Micaela Ayanz.<\/em> Naci\u00f3 en Cembor\u00e1in, Navarra, el 19 de abril de 1818. Entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n el 16 de octubre de 1842. Cuando fue llamada a la fundaci\u00f3n de M\u00e9xico estaba a\u00fan en el Noviciado. Era hermana carnal y mayor de Sor Agustina, la nombrada Visitadora m\u00e1s tarde y fundadora de Filipinas. Estuvo en la Casa Central mexicana hasta mediados de agosto de 1847, en que fue destinada a la fundaci\u00f3n del Hospital de S. Pablo, en la Capital, del que fue nombrada Superiora en 1856. Los Anales de M\u00e9xico nos refieren<\/p>\n<p>un hecho que revela bien el temple de alma de Sor Micaela. \u00abEl 20 de octubre de 1857, tres malhechores, vestidos de guardias de seguridad p\u00fablica, entraron en el Hospital de S. Pablo, en la capital de M\u00e9xico. Pusieron en alarma a los soldados de la guardia que custodiaba aquellos presos enfermos, diciendo que el centro de la ciudad estaba en revoluci\u00f3n y que tra\u00edan orden de que abandonasen San Pablo. Los oficiales huyeron o se escondieron y los presos quedaron sin guardia. Los tres malhechores hicieron que se vistieran algunos de sus compa\u00f1eros que estaban all\u00ed y huyeron con ellos. Corre a ellos Sor Micaela la Superiora con Sor Ernestina, que muri\u00f3 en San Diego, Valdemoro, seg\u00fan me dicen por el a\u00f1o 1907; los detienen en el patio, aunque pasaban de cien los malhechores y les obligaron a volver a las salas y a sus camas con palabras de persuasi\u00f3n y avisaron al Ayuntamiento. Seg\u00fan dichos Anales sobrevivi\u00f3 a la expulsi\u00f3n.<\/p>\n<p>9.- <em>Sor Josefa Su\u00e1rez Canel. <\/em>Fue natural de Avil\u00e9s, Asturias, donde naci\u00f3 en 22 de abril de 1816. Entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n el 31 de diciembre de 1835. En agosto de 1836 fue destinada al Hospital de la Misericordia de Toledo y all\u00ed estaba, cuando fue escogida para la fundaci\u00f3n de M\u00e9jico. Aqu\u00ed su primer destino fue el Hospital de S. Juan de Dios. M\u00e1s tarde pas\u00f3 de Superiora a la Cuna de Puebla. All\u00ed estaba en 1857, cuando se impuso a las Hermanas el cambio de h\u00e1bito y fue Sor Josefa una de las Hermanas que m\u00e1s repugnancia sintieron a dicho cambio. \u00abPero al fin, dicen los Anales de M\u00e9xico, hizo el sacrificio, seg\u00fan la resoluci\u00f3n que siempre tuvo formada y al verse con la corneta, se acab\u00f3 la tentaci\u00f3n y todas sus dificultades\u00bb.<\/p>\n<p>Fue una de las supervivientes a la expulsi\u00f3n de M\u00e9xico. Pas\u00f3 a Cuba y muri\u00f3 en el Colegio de S. Vicente, del que aparece nombrada Superiora en 1885, aunque no figura como efectiva. Muri\u00f3 en dicho Colegio, en marzo de 1898.<\/p>\n<p>10.- <em>Sor Luisa Merladet. <\/em>Era natural de Durango, Guip\u00fazcoa y naci\u00f3 el 19 de agosto de 1817. Entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n el 3 de octubre de 1843. Muri\u00f3 en 11 de agosto de 1893.<\/p>\n<p>S\u00f3lo un a\u00f1o ten\u00eda de vocaci\u00f3n cuando fue destinada a la fundaci\u00f3n de M\u00e9xico. En 1850 fue a la fundaci\u00f3n del Hospital de Cuernavaca. En 1853 fue destinada como Superiora a la fundaci\u00f3n del Hospital de Guadalajara, el S. Juan de Dios, pero siendo \u00e9ste muy insalubre, se trasladaron las Hermanas al de Bel\u00e9n en 1855. Tambi\u00e9n estuvo al frente del Hospicio de la misma ciudad, cuando se establecieron en \u00e9l las Hermanas en 1859, hasta que fue nombrada Superiora Sor Ignacia Os\u00e9s. En 1860 fue a los ejercicios de Superioras que dio en la Capital el P. Sanz, y se qued\u00f3 all\u00ed por enferma.<\/p>\n<p>Ya en otro viaje a la casa central en 1856 se dio un golpe en un pie que la dej\u00f3 inutilizada varios meses y le sobrevino un ataque de apoplej\u00eda de que san\u00f3 milagrosamente.<\/p>\n<p>En 1866 volvi\u00f3 a Espa\u00f1a y en 1867 fue nombrada Superiora del Hospital de Irache, donde estuvo poco tiempo. Muri\u00f3 el 11 de agosto de 1893.<\/p>\n<p>Refieren los Anales de M\u00e9xico algunos hechos, que manifiestan bien lo mucho que ten\u00edan que sufrir las Hermanas y el gran ascendiente que aquella buena Superiora de Guadalajara, Sor Luisa, que fue como la providencia de todas aquellas fundaciones, ejerc\u00eda sobre toda clase de personas. Los estudiantes de aquella cl\u00ednica de Bel\u00e9n, insolentados se burlaban de catedr\u00e1ticos y Superiores y a\u00fan de las Hermanas. S\u00f3lo a la Superiora respetaban. Y hasta los soldados m\u00e1s ind\u00f3mitos.<\/p>\n<p>\u00abHab\u00eda llegado a Guadalajara, refieren, una divisi\u00f3n de tropa, que llevaban consigo el nombre de feroces e insufribles, como los calificaba su mismo general. Hab\u00eda entre estas tropas unos trescientos enfermos y no sabiendo el general c\u00f3mo atenderlos a todos ni a qui\u00e9n encargar el cuidado de esta gente ind\u00f3mita, envi\u00f3 una comisi\u00f3n encargada de suplicar atentamente a la Hermana Superiora de Bel\u00e9n, que admitiese algunos de aquellos enfermos en su hospital, prometiendo que enviar\u00eda con ellos algunos oficiales que los cuidasen; y para que, por el temor de \u00e9stos, no cometiesen tropel\u00eda alguna; a\u00f1adiendo que conoc\u00eda que eran muy malos y capaces de dar muchos disgustos. Contest\u00f3 la Superiora Sor Luisa que le enviara todos sus enfermos; que quer\u00eda cuidar bien de todos. Mucho sorprendi\u00f3 al general la disposici\u00f3n de esta Hermana y, no sin bastante recelo accedi\u00f3 a ello y tuvo cuidado de enviar puntualmente a sus oficiales para informarse de los desmanes que cometieran en el Hospital y reprimirlos. Aquellos infelices soldados, que en el ej\u00e9rcito iban a perecer, se salvaron por la atenci\u00f3n y desvelos de las Hermanas. No es f\u00e1cil acomodar a trescientos enfermos, a m\u00e1s de los muchos que hab\u00eda, en s\u00f3lo la mitad del hospital; pero ellas se ingeniaron para todo y los acomodaron bien. Su afabilidad y esmero en compadecerlos en sus dolencias y servirlos en cuanto necesitaban, hizo en todos ellos tal impresi\u00f3n, que, habiendo<\/p>\n<p>sido tigres para el general, se convirtieron en ovejas para las Hermanas; y cuando antes no se les conoci\u00f3 sentimiento alguno de humanidad, despu\u00e9s no cesaban de dar constantes pruebas de su agradecimiento a los cuidados de verdaderas madres que, en aquellas Hermanas, hab\u00edan encontrado.<\/p>\n<p>11.- <em>Sor Concepci\u00f3n Arbe.<\/em> Naci\u00f3 en C\u00e1diz el 16 de setiembre de 1817 y entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n, ya de 27 a\u00f1os, en 21 de marzo de 1844. Fue destinada en 4 de noviembre al Hospicio de su ciudad natal y sali\u00f3 para M\u00e9jico en la tercera y \u00faltima expedici\u00f3n de Hermanas que condujo, en marzo de 1853, el P. Armengol.<\/p>\n<p>Sirvi\u00f3 con mucha satisfacci\u00f3n de los superiores cargos importantes, particularmente el de la direcci\u00f3n del Hospital de Guanajuato y despu\u00e9s de haber edificado con su ejemplo de muchas virtudes, durante su larga enfermedad, en la que manifestaba la m\u00e1s envidiable conformidad y gozo, entreg\u00f3 su alma a Dios en la casa central de M\u00e9jico, el 10 de septiembre de 1857, a los 40 a\u00f1os de su edad y 13 de vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En marzo de 1861, los emisarios del gobierno mexicano hallaron en su sepultura el tesoro all\u00ed escondido y que dio muy serios disgustos a las Hermanas y no poco que hablar, principalmente por la conducta inconsiderada del Ministro franc\u00e9s, que fue la causa de la enconada persecuci\u00f3n contra las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>12.- <em>Sor Br\u00edgida Porta. <\/em>Naci\u00f3 en Almoster, Tarragona, en 18 de octubre de 1826 y entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n en 24 de marzo de 1851. Lleg\u00f3 a M\u00e9xico en la tercera expedici\u00f3n de 1853 y fue destinada aquel mismo a\u00f1o a la fundaci\u00f3n del Hospital de S. Juan de Dios y Hospicio de Guadalajara.<\/p>\n<p>Enferma de gravedad volvi\u00f3 a M\u00e9xico, donde muri\u00f3 el 30 de noviembre de 1858, en la flor de sus 32 a\u00f1os. Pero en el corto tiempo de su vida dio continuos e inolvidables ejemplos de todas las virtudes de una verdadera Hija de la Caridad. Casi todo el \u00faltimo a\u00f1o de su vida estuvo postrada en cama, en tal estado de gravedad que fue una verdadera agon\u00eda.<\/p>\n<p>13.- <em>Sor Josefa Noriega. <\/em>Esta Hermana mexicana fue una de las que m\u00e1s se distinguieron por su buen esp\u00edritu, competencia y regularidad. Naci\u00f3 en 1830 y entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n en 1852. Fue destinada al Hospital y Colegio de S. Juan de Dios de Toluca, en 1858, de donde fue nombrada Superiora. Muri\u00f3 all\u00ed en 5 de marzo de 1861 de fiebre tifoidea. Deliraba casi continuamente en su \u00faltima enfermedad y en sus delirios todo era ocuparse de las cosas de su obligaci\u00f3n, dirigiendo las obras de la casa o dando \u00f3rdenes a las Hermanas, vigilando la hora de levantarse. La v\u00edspera de su muerte se la o\u00eda pronunciar: \u00ab\u00bfSon las cuatro, son ya las cuatro?\u00bb Se le hizo un entierro solemn\u00edsimo, al que asisti\u00f3 lo m\u00e1s selecto de la ciudad, con el clero y comunidades religiosas; y previa la correspondiente licencia, fue inhumado su cad\u00e1ver en la iglesia de S. Juan de Dios. Muerta Sor Josefa, fue nombrada Superiora de aquella casa Sor Luisa Merladet, en atenci\u00f3n a que le ser\u00eda ben\u00e9fico aquel clima. Poco despu\u00e9s estaba al frente de la Comunidad Sor Magdalena Latiegui.<\/p>\n<p>14.- <em>Sor Micaela Urabayen, (Tomasa). <\/em>Naci\u00f3 en Belascoa\u00edn el 8 de mayo de 1821. Fue a M\u00e9jico en la expedici\u00f3n de 20 Hermanas autorizada por el Gobierno espa\u00f1ol en octubre de 1849, pero con la precisa condici\u00f3n de que fueran reci\u00e9n recibidas en el noviciado. Fue destinada en 1850 a la fundaci\u00f3n del Hospital y Escuelas de Cuernavaca y en 1857 nombrada Superiora del Hospital de Lagos, donde a\u00fan permanec\u00eda en 1860.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0[1] SANZ, Compendio&#8230;, pag. 182.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0[2]\u00a0 P. ROCA. Oficios&#8230;, 29 de marzo de 1843. (222)<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><\/a>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0[3] P. ROCA: Circular 1844.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\"><\/a>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0[4] P. ARMENGOL, Circular impresa de 1866.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\"><\/a>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0[5]\u00a0 Circular impresa de 1866.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\"><\/a>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0[6] Diario del Viaje, impreso sin pie de imprenta<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\"><\/a>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0[7] P. NIETO., Historia de las Hijas de la Caridad, T. II, p\u00e1g. pag. 28.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\"><\/a>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0[8] ANALES DE MEXICO.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\"><\/a>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0[9] Anales de M\u00e9jico.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\"><\/a>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0[10] Anales de M\u00e9jico.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\"><\/a>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0[11] Circular de 1866.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\"><\/a>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0[12] Anales de M\u00e9jico.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\"><\/a>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0[13] Anales Franceses. Tomo 28 p\u00e1g. 324.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\"><\/a>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0[14] P. NIETO, Historia&#8230;, o.c. Tomo II, pag. 30.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref15\" name=\"_ftn15\"><\/a>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0[15] Anales Franceses. Tomo 33, pga. 255.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref16\" name=\"_ftn16\"><\/a>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0[16] ANALES FRANCESES, T. 37, pag. 410.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref17\" name=\"_ftn17\"><\/a>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0[17] EL CATOLICO, Tomo XX, pag. 159.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref18\" name=\"_ftn18\"><\/a>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 [18] ANALES FRANCESES, T. 40, p\u00e1g. 242.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sumario: Notas de las principales Hermanas fundadoras en M\u00e9xico. 1.- Do\u00f1a Mar\u00eda Ana G\u00f3mez de Cortina. 2.- Sor Agustina Inza, primera Visitadora. 3.- Sor Julia Fagoaga. 4.- Sor Magdalena Latiegui. 5.- Sor Josefa Rosa Ramos. &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/hijas-la-caridad-fundacion-mexico-3\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":400059,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[237],"tags":[],"class_list":["post-400064","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-historia-de-las-hijas-de-la-caridad"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Hijas de la Caridad: Fundaci\u00f3n de M\u00e9xico (3) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/hijas-la-caridad-fundacion-mexico-3\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Hijas de la Caridad: Fundaci\u00f3n de M\u00e9xico (3) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Sumario: Notas de las principales Hermanas fundadoras en M\u00e9xico. 1.- Do\u00f1a Mar\u00eda Ana G\u00f3mez de Cortina. 2.- Sor Agustina Inza, primera Visitadora. 3.- Sor Julia Fagoaga. 4.- Sor Magdalena Latiegui. 5.- Sor Josefa Rosa Ramos. ... 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