{"id":400058,"date":"2016-10-09T09:44:10","date_gmt":"2016-10-09T07:44:10","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400058"},"modified":"2016-10-09T09:46:38","modified_gmt":"2016-10-09T07:46:38","slug":"hijas-la-caridad-fundacion-mexico-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/hijas-la-caridad-fundacion-mexico-1\/","title":{"rendered":"Hijas de la Caridad: Fundaci\u00f3n en M\u00e9xico (1)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400059\" data-permalink=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/hijas-la-caridad-fundacion-mexico-1\/logo-hhc\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/LOGO-HHC.gif?fit=161%2C212&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"161,212\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"logo-hhc\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/LOGO-HHC.gif?fit=161%2C212&amp;ssl=1\" class=\"alignnone size-full wp-image-400059 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/LOGO-HHC.gif?resize=161%2C212\" alt=\"logo-hhc\" width=\"161\" height=\"212\" \/>Sumario:<em> 1.- Fundaci\u00f3n de M\u00e9xico, y diferentes puntos de vista en Par\u00eds y en Madrid 2.\u2011 Carta del P. Armengol al P. General sobre el cambio de h\u00e1bito de las Hermanas destinadas a M\u00e9jico. 3.\u2011 El Sr. Roca es relevado del cargo de Visitador. Circular de despedida. 4.\u2011 Nombramiento del P. Codina y disposiciones del P. General para estrechar las relaciones de las Hermanas de Espa\u00f1a con las de Francia. 5.\u2011 Nombramiento de Visitadora y Consejo Provincial. 6.\u2011 Antiguas relaciones de uni\u00f3n y dependencia de las Hermanas espa\u00f1olas con sus Superiores Mayores. 7.\u2011 Afectuosa Circular de la Madre General a las Hermanas de Espa\u00f1a. 8.\u2011 El cambio de tocado. Dificultades insuperables. 9.- Recelos en Par\u00eds por el t\u00edtulo de Director General, usado por el P. Codina. 10.\u2011Visita del P. Codina a las casas de Andaluc\u00eda. Proyecto de nuevas fundaciones. 11.\u2011Fundaci\u00f3n del Hospital de Manresa. 12.\u2011 El Hospital de Santander. Elogios de Sor Josefa Badaya y de Sor Josefa Gorostiza. 13.\u2011 Casa de Caridad. Santander. Elogio de Sor Rosal\u00eda Ansoleaga.<\/em><\/p>\n<p>1.- No sabemos lo que el P. General pudo contestar a estas efusivas comunicaciones hechas por el P. Roca, pero el pobre anciano debi\u00f3 de sufrir la m\u00e1s desconsoladora sorpresa al recibir una carta del P. Codina, desterrado entonces en Francia, y cuyo contenido sabemos por la franca respuesta del P. Roca al General: \u00abHemos recibido, dice con fecha 10 de febrero, carta del Sr. Codina, por la que me entero ser \u00e9l el escogido para ir a M\u00e9jico con las diez Hermanas espa\u00f1olas. Estoy conforme con la feliz elecci\u00f3n de Director que V. ha hecho; y hay que nombrar otro misionero espa\u00f1ol que le acompa\u00f1e\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abPero me ha sorprendido lo que me dice de que el embarque ser\u00e1 en Francia; esto ha de traer malas consecuencias para las dos familias de S. Vicente en Espa\u00f1a. Los fundadores de esa misi\u00f3n, el Gobierno espa\u00f1ol y el Gobierno mejicano, no llevar\u00e1n a bien ni permitir\u00e1n que las Hermanas se embarquen fuera de Espa\u00f1a. Si esto sucede, muy Rvdo. Padre, le aseguro que perder\u00e1 V. toda la jurisdicci\u00f3n que tiene sobre Espa\u00f1a; porque el Gobierno espa\u00f1ol no mira bien la dependencia que tenemos de Francia, aunque disimula por ahora y yo hago cuanto puedo por conservarla, como V. puede ver en la Escritura de contrato, en la cual es V. nombrado como nuestro General. Pero si el Sr. Codina no viene a Espa\u00f1a para juntarse a las diez Hermanas y embarcan en el Baiseau Ameriquen, las Hermanas se ver\u00e1n obligadas a no reconocerle por su padre, ser\u00e1n arrojadas de los establecimientos y acaso del Reino. He aqu\u00ed, muy Rvdo. Padre el mal resultado de esta misi\u00f3n, si V, hace lo que nos comunica el P. Codina.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s los fundadores no admiten m\u00e1s Hermanas que las enviadas por su Comisionado y por el Gobierno espa\u00f1ol que est\u00e1 interesado en esta misi\u00f3n. He hecho cuanto he podido por asegurar nuestra total dependencia de V., como lo ver\u00e1 en todas las escrituras, pero si V. se opone a los decretos de ambos gobiernos y a la voluntad de los fundadores, no respondo de las malas consecuencias. En nombre de todos mis compa\u00f1eros le digo que el medio m\u00e1s seguro, m\u00e1s conforme a la voluntad del Fundador y de los Gobiernos es, muy\u00a0 Rvdo. Padre, que mande V. aqu\u00ed al Padre Codina y que escoja las diez Hermanas m\u00e1s a prop\u00f3sito para esa misi\u00f3n.<\/p>\n<p>El Sr. C\u00f3rdoba, apoderado de los fundadores, me ruega escriba una Circular a todas las Hermanas de Espa\u00f1a para ver las que se ofrecen a ir a M\u00e9xico y escoger las m\u00e1s a prop\u00f3sito para que vayan, seg\u00fan ver\u00e1 V. en la copia que le remito. En la Escritura se se\u00f1ala la edad y condiciones de las Hermanas. Esas que hay en Francia creo no son del todo a prop\u00f3sito para esa misi\u00f3n.<\/p>\n<p>En fin, le escribo esto con la intenci\u00f3n m\u00e1s pura de hacer la Divina voluntad, sin olvidar el bien de la Congregaci\u00f3n. Viejo soy y s\u00f3lo puedo prepararme para bien morir. No estar\u00eda tranquilo en conciencia si no le advirtiese de lo que sobrevendr\u00e1, si hace V. lo que me dice el P. Codina. Rogar\u00e9 a la bondad Divina que le ilumine a V. para no exponer a ambas familias de San Vicente en Espa\u00f1a a quedar fuera de vuestra dependencia y de la uni\u00f3n con nuestra principal cabeza\u00bb.<\/p>\n<p>Y vuelve a escribir el P. Roca con fecha 7 de marzo: \u00abRemito a V. el \u00faltimo papel que la Rep\u00fablica mexicana ha enviado a su Embajador en Espa\u00f1a, por el cual ver\u00e1 que ning\u00fan Superior General de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n ha sido reconocido tan plenamente y con tanta claridad por jefe de ambas familias de S. Vicente, como reconocen a V. ahora los dos gobiernos eclesi\u00e1stico y civil, mejicano y espa\u00f1ol. Gracias a Dios. Gracias a Dios. Functus sum meo officio. La escritura est\u00e1 firmada, el nav\u00edo est\u00e1 apalabrado para octubre. V. ha nombrado y confirmado al Director, in\u00fatil ser\u00e1 nombrar otro. Las Hermanas ser\u00e1n las que Dios disponga y espero en la bondad Divina que ser\u00e1n capaces de cumplir sus deberes\u00bb.<\/p>\n<p>Finalmente desde Sos, a donde le hab\u00eda llevado un negocio importante, escribe, por \u00faltima vez, el P. Roca al General, sobre esta fundaci\u00f3n y dice con fecha 25 de junio: \u00abYa he recibido poder para firmar la Escritura de M\u00e9xico; entre tanto, nuestra casa de Madrid se arruina hasta los cimientos. Si yo hubiera tenido los dichos poderes, a su tiempo, esto no hubiera pasado.<\/p>\n<p>Parece que antes el Ministerio nos era favorable. Adoremos, sin embargo, la Divina providencia. Sor Agustina, ir\u00e1 a Paris; acaso llegue para el d\u00eda de San Vicente. Sor Teresa Mart\u00ednez la acompa\u00f1ar\u00e1 para instruirse en los usos de las Hermanas de Francia y formar las novicias en Espa\u00f1a, seg\u00fan la uniformidad de Par\u00eds. Creo es propia para maestra de novicias y para ocupar el lugar de la Hermana Angela. Por esto, ruego a V. le d\u00e9 cuantas instruccio\u00adnes y papeles sean necesarios para formar novicias al uso de Francia, aunque aqu\u00ed se forman seg\u00fan la tradici\u00f3n y creo que casi lo mismo que en Par\u00eds, seg\u00fan testimonio de las venidas de ese noviciado. Deseo sin embargo, total uniformidad.<\/p>\n<p>Bueno ser\u00e1 que cuanto antes nombre V. los Directores que las han de acompa\u00f1ar a M\u00e9xico. Si env\u00eda al Sr. Sanz, ruego a V. haga venir al Sr. Boquet que estaba en N\u00e1poles y ahora en Montoliu y al H\u00ba Juan que est\u00e1 en Valfleury\u00bb.<\/p>\n<p>Es patente en las cartas transcritas la amargura del P. Roca. Ve\u00eda de cerca las cosas Y se daba perfecta cuenta del distinto punto de mira que hab\u00eda en Madrid y Par\u00eds. Par\u00eds quer\u00eda imponer en la nueva fundaci\u00f3n del amplio y rico pa\u00eds mejicano la impronta francesa. Se trataba de fundar un nuevo noviciado de Hijas de la Caridad, \u00bfDe d\u00f3nde hab\u00eda de salir el molde sino de la Casa Madre? Esto era lo m\u00e1s natural.<\/p>\n<p>Pero desde el punto de vista de Espa\u00f1a, M\u00e9xico era una hija reci\u00e9n emancipada de la madre patria; y la lengua, las costumbres y los afectos le hab\u00edan movido a pedir al Noviciado de Madrid las Hijas de la Caridad y tanto los fundadores como los Gobiernos de M\u00e9jico y de Espa\u00f1a hab\u00edan convenido en ello.<\/p>\n<p>El P. Roca, como buen hijo de S. Vicente, sin dejar de ser buen hijo de Espa\u00f1a, crey\u00f3 que los intereses de la Congregaci\u00f3n y los de M\u00e9xico y Espa\u00f1a quedaban bien compaginados, reconociendo ante todo los derechos del P. General, aunque las Hermanas espa\u00f1olas fueran las ejecutoras de aquella empresa. Mas esto no satisfac\u00eda al P. General, quien ten\u00eda empe\u00f1o, como fino amante que era de su patria, en que embarcaran en uno de sus puertos franceses y con h\u00e1bito franc\u00e9s.<\/p>\n<p>Las Hijas de la Caridad de Francia hab\u00edan adoptado un tocado que las diferenciaba de las de Espa\u00f1a, que segu\u00edan con el antiguo y era l\u00f3gico que el P. General quisiera que la nueva fundaci\u00f3n de M\u00e9xico se hiciera uniforme con el tocado franc\u00e9s. Esto no parec\u00eda dif\u00edcil de hacer, pues, como sabemos, hab\u00eda en Francia algunas Hermanas espa\u00f1olas emigradas desde nuestra primera guerra civil y que ten\u00edan el h\u00e1bito franc\u00e9s. En ellas pens\u00f3 el P. General, pero en Madrid se cre\u00eda, como as\u00ed era, que aquellas Hermanas, ni por su edad ni por sus cualidades eran las m\u00e1s aptas para dejar dignamente acreditada la Congregaci\u00f3n de Espa\u00f1a en M\u00e9xico, a donde se quer\u00eda enviar la flor y nata de la provincia espa\u00f1ola. Quer\u00edan y con raz\u00f3n dar a aquella misi\u00f3n los m\u00e1s s\u00f3lidos fundamentos.<\/p>\n<p>Las sinceras manifestaciones del P. Roca, si no fueron del agrado del P. General, le obligaron a prescindir del embarque en Francia y del personal espa\u00f1ol all\u00ed existente, pero no de que llevaran de Par\u00eds los h\u00e1bitos franceses a fin de que con ellos entrasen en M\u00e9xico.<\/p>\n<p>El P. Codina logr\u00f3 salvarse de aquel compromiso y en lugar suyo fueron nombrados Directores de la nueva misi\u00f3n los Se\u00f1ores Armengol y Sanz.<\/p>\n<p>2.- El 21 de agosto de 1844 estaba ya en Madrid el P. Armengol, quien, con esa fecha, dec\u00eda al P. General: \u00abLlegu\u00e9 a Madrid la noche del domingo \u00faltimo por la<em> Malle Poste<\/em>, cuyo conductor fue tan bueno con este su servidor que par\u00f3 en un lugar el tiempo necesario para poder celebrar el santo Sacrificio, motivo para m\u00ed de no poco consuelo.<\/p>\n<p>Me alojo con los Sres. Roca, Sanz, Mata y Borja, que est\u00e1n buenos y saludan a V. El Sr. Sanz me ruega comunique a V. que ahora no le puede escribir por sus excesivas ocupaciones, que luego lo har\u00e1. Hoy mismo han llegado Sor Teresa y Do\u00f1a Teresa; Sor Agustina fue llevada a Tolosa por su madre y su hermano. Pienso que vendr\u00e1 aqu\u00ed por la Malle Poste. La peque\u00f1a colonia est\u00e1 en retiro espiritual.<\/p>\n<p>Reverend\u00edsimo Padre: me parece un deber de conciencia advertir a V. sencillamente nuestras dificultades concernientes al cambio de h\u00e1bito de las Hermanas. 1\u00ba Le digo que de mi parte y de la del Sr. Sanz, estamos sumisos a la voluntad de V. sicut lima in fabri manu. 2\u00ba. Testimoniamos a V. la misma sumisi\u00f3n de las Hermanas que van a M\u00e9xico; est\u00e1n dispuestas a todo. Pero esto no resuelve las dificultades. Esta mudanza no puede hacerse sin que llegue a conocimiento del Gobierno espa\u00f1ol y de las Hermanas de Espa\u00f1a; y dada la repugnancia que las Hermanas tienen a este cambio y el peligro de que el Gobierno se mezcle, ello va a comprometer la autoridad de nuestro muy querido Rvdo. Padre de las dos familias de San Vicente en Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>\u00abVenido yo aqu\u00ed he tenido que relacionarme con personas notables de la pol\u00edtica, y sus conversaciones me han confirmado en estos temores. Permita V. que a\u00f1ada que, cuando el Superior General Sr. Nozo mand\u00f3 el color azulado en el h\u00e1bito de las Hermanas, exceptu\u00f3 a las de Espa\u00f1a, seg\u00fan documento que se guarda en nuestros archivos. El color azulado, aqu\u00ed y en M\u00e9xico, es el que usan los hijos e hijas de San Francisco. Espero, Padre m\u00edo, de su bondad me conteste a C\u00e1diz, con esta direcci\u00f3n: Buenaventura Armengol.\u2011 En la Cuna de C\u00e1diz\u00bb.<\/p>\n<p>3.- No sabemos la contestaci\u00f3n del P. General al Sr. Armengol, pero pocos d\u00edas despu\u00e9s el P. Roca recib\u00eda orden de cesar en su cargo de Visitador y Director de Hermanas, noticia que el santo anciano acogi\u00f3 con serenidad. \u00abHe recibido con gran placer, escribe en 26 de agosto, vuestra querida carta. Con todo mi coraz\u00f3n os doy gracias de haberme quitado un peso que me aplastaba. Dios le pague el favor que me ha hecho. Treinta y cuatro a\u00f1os hace que gimo bajo el peso de tan formidable responsabilidad, ya estoy libre de ella. Doy gracias a Dios y a V. de haber escuchado mis clamores. Ahora que estoy libre, tendr\u00e9 tiempo para prepararme a bien morir que es lo \u00fanico necesario,<em> unum est necessarium\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>La misma serenidad y unci\u00f3n respira su \u00faltima Circular del 16 de septiembre, con la que se despide de las Hermanas: \u00abYa ha llegado, amadas Hermanas, el feliz momento de poderos comunicar una agradable noticia; escuchadla con atenci\u00f3n, porque es muy interesante a vosotras mismas y muy provechosa para m\u00ed.<\/p>\n<p>Sabed pues, que nuestro honorable Padre, el Sr. Superior General, cerciorado de mi avanzada edad, de mis achaques habituales y de los deseos que yo ten\u00eda de verme libre de la pesada carga y de la formidable responsabilidad que gravitaban sobre mis d\u00e9biles hombros, se ha dignado compadecerse de m\u00ed y ha tenido a bien nombrar al Sr. Buenaventura Codina, Sacerdote de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, para que fuese mi sucesor en el honor\u00edfico empleo de Director y Visitador de las Hijas de la Caridad de los dominios de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>Yo me doy el parabi\u00e9n por verme exonerado de un grav\u00edsimo peso, que exced\u00eda mis flacas fuerzas; os le doy tambi\u00e9n a vosotras mismas por merecer un Director tan digno por las relevantes cualidades que le adornan, como vosotras sab\u00e9is por una dichosa experiencia.<\/p>\n<p>Recibidle, pues, con agradecimiento, como enviado del cielo, para vuestra direcci\u00f3n y consuelo. O\u00edd con docilidad sus saludables consejos y ponedlos en ejecuci\u00f3n con devoci\u00f3n.<\/p>\n<p>Obedecedle con alegr\u00eda y prontitud en todo lo que ordenare para vuestro bien.<\/p>\n<p>Yo espero y tengo por cierto que le oir\u00e9is con gusto y le obedecer\u00e9is con sumisi\u00f3n, as\u00ed como por la misericordia de Dios y la bondad de vuestros corazones lo hab\u00e9is hecho con este miserable pecador, por todo el tiempo que ha tenido el honor de estar al frente de vuestra direcci\u00f3n. En efecto, mis amadas Hermanas en Jesucristo, yo no puedo menos de hacer justicia a vuestra pronta obediencia, con la que siempre me hab\u00e9is edificado y aliviado en mis penas y trabajos. Ojal\u00e1 que todos mis sucesores puedan daros un testimonio tan honor\u00edfico y tan debido a vuestra filial y amorosa obediencia. Muchas veces hab\u00e9is o\u00eddo de mi boca este justo elogio, que ahora confirmo con mi pluma. A Dios sea la gloria y a vosotras el provecho.<\/p>\n<p>No ignor\u00e1is vosotras, car\u00edsimas Hermanas m\u00edas, que yo en varias Circulares os dec\u00eda que me desvivir\u00eda y me sacrificar\u00eda para vuestro bien espiritual y corporal, empleando todas las fuerzas de mi cuerpo y todas las potencias de mi alma para vuestra felicidad temporal y eterna. Tengo la satisfacci\u00f3n de pensar que he cumplido seg\u00fan mi posibilidad, con lo que os\u00a0 ofrec\u00ed. Vosotras mismas sois testigos los m\u00e1s abonados de mis cuidados, de mis trabajos y sudores para vuestra santificaci\u00f3n, para vuestro honor y para la propagaci\u00f3n de vuestro Instituto.<\/p>\n<p>Este ha sido siempre, de d\u00eda y de noche, el blanco de mis desvelos y el \u00fanico objeto de mis oraciones en el acatamiento del Todopoderoso, a cuyo fin os llevaba todos los d\u00edas al altar del adorable sacrificio para ofreceros al Dios Alt\u00edsimo juntamente con la Hostia Santa e Inmaculada, para que todas vosotras fueseis hostias agradables y puras a sus Divinos ojos. En pocas palabras, todos mis votos al cielo, todas mis s\u00faplicas a la Reina de los cielos y a nuestro Padre San Vicente se dirig\u00edan para obtener del Dios de las Misericordias las gracias necesarias para vuestra salvaci\u00f3n y conservaci\u00f3n en vuestra vocaci\u00f3n; de modo que casi me olvidaba de mi pobre alma para pensar en las vuestras.<\/p>\n<p>Mas si el buen Dios se ha dignado mirar mis deseos y oir mis suspiros a favor vuestro yo lo atribuyo todo a la poderosa intercesi\u00f3n de vuestra piadosa Madre la Virgen Sant\u00edsima,\u00a0 bajo cuya protecci\u00f3n os pon\u00eda todos los d\u00edas, para que abrigadas con su poderoso manto y defendidas con su impenetrable escudo estuvieseis a cubierto de los tiros del capital enemigo de nuestras almas.<\/p>\n<p>Mas, sin embargo de mis desvelos, de mis oraciones y de mis buenos deseos, temo, amadas Hermanas m\u00edas, que habr\u00e9 cometido muchas faltas en mi empleo y que os habr\u00e9 ocasionado muchos disgustos. Pero puedo aseguraros con toda verdad que \u00e9stos han provenido de mis cortos talentos y de mi poca virtud, m\u00e1s que de falta de voluntad; por lo que espero de vuestra caridad que me perdon\u00e9is y olvidar\u00e9is todos mis sinsabores que por ignorancia os haya ocasionado.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, amadas Hermanas m\u00edas en Jesucristo, os encargo con todo el afecto de mi coraz\u00f3n lo que Santo Domingo, en su agon\u00eda, encargaba a sus religiosos, y San Juan en su vejez, repet\u00eda tantas veces a sus hijos en aquellas tiernas palabras nacidas del coraz\u00f3n: Hijos m\u00edos, les dec\u00eda, hijos m\u00edos, amaos unos a otros; y si esto hac\u00e9is ser\u00e1 suficiente\u00bb. Lo mismo os digo yo en mi despedida: Hermanas m\u00edas en Jesucristo, amaos unas a otras con un amor puro y sin divisi\u00f3n. Si esto hac\u00e9is, bastar\u00e1 para que vosotras todas viv\u00e1is unidas en santa caridad cordial, para que vuestras casas sean un remedo de la gloria y para que todas se\u00e1is un agradable espect\u00e1culo a Dios, a los \u00e1ngeles y a los hombres. A cuyo fin rogar\u00e9 al Padre de las Misericordias para que os conceda la gracia para vivir en una perfecta caridad y uni\u00f3n fraterna, para amaros mutuamente en esta vida y eternamente en la gloria. Am\u00e9n.<\/p>\n<p>Ahora arrodillado en esp\u00edritu en la presencia de Dios, os dar\u00e9 por \u00faltima vez la santa bendici\u00f3n; recibidla, pues, con humilde coraz\u00f3n. La bendici\u00f3n del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo sea siempre con vosotras. Amen.<\/p>\n<p>As\u00ed termin\u00f3 la actuaci\u00f3n del P. Roca como Director de las Hermanas; pero continu\u00f3 hasta el fin de su larga vida prest\u00e1ndoles sus servicios espirituales en Sang\u00fcesa y en Madrid principalmente. Hab\u00eda nacido en Dorras, pueblo entonces de la Di\u00f3cesis de Urgel y hoy de Perpi\u00f1\u00e1n, en el 18 de marzo de 1769. Antes de ser Visitador hab\u00eda trabajado notablemente en Mallorca y en Badajoz. Dios le concedi\u00f3 una feliz longevidad y a\u00fan, en 1847, el P. Codina le propon\u00eda al P. General para volver a dirigir las Congregaciones de Espa\u00f1a, pues \u00abse conduce muy bien; y a pesar de su avanzada edad, puede viajar todav\u00eda, como en efecto lo hace con frecuencia y sin molestia; conoce bien a los Misioneros y a las Hermanas y goza de excelente reputaci\u00f3n dentro y fuera de ambas Congregaciones\u00bb. Muri\u00f3 santamente en Madrid en 29 de enero de 1859, a los noventa a\u00f1os de edad y setenta de vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>4.- El nuevo Director de las Hijas de la Caridad en Espa\u00f1a, P. Codina, tra\u00eda en su favor, adem\u00e1s de las mejores cualidades, la experiencia y buena fama que hab\u00eda obtenido en la \u00e9poca anterior de su gobierno. Por eso fue menos sensible a las Hermanas la p\u00e9rdida del P. Roca. Ya queda dicho en cap\u00edtulos anteriores, c\u00f3mo desterrado de Espa\u00f1a hab\u00eda tenido que emigrar a Francia. El mismo nos dir\u00e1 cu\u00e1nto se ampliaron all\u00ed sus horizontes en el conocimiento de la Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Su primera Circular de 25 de septiembre de 1844, se\u00f1ala una nueva \u00e9poca, como vamos a ver. \u00abDespu\u00e9s de cinco a\u00f1os, dice, de ausencia de la madre Patria y de haber cesado, por la calamidad de los tiempos, en las funciones de Director de vuestra Congregaci\u00f3n en Espa\u00f1a, ha dispuesto la Divina Providencia que se me facilitase el regreso; y nuestro muy honorable P. el Superior General ha impuesto de nuevo sobre mis hombros la formidable carga de Director y Visitador de todas las casas y personas de las Hijas de la Caridad, sitas en todos los dominios de la Monarqu\u00eda.<\/p>\n<p>Durante mi ausencia he podido observar de cerca vuestra Congregaci\u00f3n, en el lugar mismo en que naci\u00f3, tener estrechas relaciones con la Superiora principal, sus Oficialas y Consejeras, con el Director de la Comunidad Madre y con el mismo Superior General; y por estos medios he podido ponerme al corriente del sistema de Gobierno que nuestro Santo Fundador deline\u00f3 y que sus sucesores han perfeccionado y puesto en pr\u00e1ctica para gran gloria de Dios y bien de las almas. Por medio de este gobierno tan sabiamente establecido, vuestra Congregaci\u00f3n, no solamente se ha separado de los desastres que de medio siglo a esta parte la pusieron al borde de un abismo sin suelo, sino que tambi\u00e9n ha recobrado su antiguo esplendor y logrado un engrandecimiento, que la perspicacia de S. Vicente puede ser estuvo muy lejos de prever. Vuestra Congregaci\u00f3n, en el d\u00eda, m\u00e1s que nunca es un espect\u00e1culo digno de Dios, de los \u00e1ngeles y de los hombres y que excita la admiraci\u00f3n no s\u00f3lo de los fieles sino tambi\u00e9n de los mismos infieles.<\/p>\n<p>Todo esto proviene de la sabidur\u00eda y unidad de su gobierno, bajo la direcci\u00f3n de su leg\u00edtima cabeza y de la docilidad con que todos los miembros reciben y siguen sus acertados impulsos. La Provincia Espa\u00f1ola es una parte considerable de este cuerpo majestuoso; participa por tanto de todas sus glorias y contribuye como otro cualquiera a su engrandeci\u00admiento. Para que esta cooperaci\u00f3n sea constante y eficaz es necesario que, en cuanto las circunstancias y tiempos lo permitan, se conforme en todo con los usos y pr\u00e1cticas de las dem\u00e1s Provincias e imite y siga los pasos de la Casa que es Madre universal de todas las que est\u00e1n esparcidas en las cuatro partes del mundo.<\/p>\n<p>Nada me ha encargado m\u00e1s vivamente nuestro muy honorable Padre como el trabajar en establecer esta uniformidad en la Provincia que ha puesto a mi cargo, y obediente a sus instrucciones, yo no omitir\u00e9 diligencia alguna para llevar sus deseos e intenciones comprendidas en los n\u00fameros siguientes\u00bb.<\/p>\n<p>En el 1\u00ba trata de la observancia de las Santas Reglas. En el 2\u00ba, en particular, de la hu\u00edda del mundo y del trato con los externos. En el 3\u00ba, del cuidado de los pobres. Mayor importancia por su novedad tiene el n\u00ba 4\u00ba al que los otros parecen s\u00f3lo servir de mero pre\u00e1mbulo. \u00abLo dicho como veis, mira al bien de cada una de vosotras; pero hay otras cosas que reglar, las que miran al bien general de la Congregaci\u00f3n. Hasta ahora, mis car\u00edsimas Hermanas, vuestra Congregaci\u00f3n en Espa\u00f1a, por raz\u00f3n de la calamidad de los tiempos y falta de documentos, ha estado como aislada y casi sin comunicaci\u00f3n con los Superiores mayores: s\u00f3lo dos veces al a\u00f1o se escrib\u00eda a la Superiora General o al Sr. Superior General; la una para pedir licencia para renovar los Votos en el d\u00eda acostumbrado; la otra para enviar la lista de las Hermanas difuntas; y esto ordinariamente por mano del solo Director. Y muy raras veces escrib\u00edan las Superioras y menos a\u00fan las Hermanas particulares. De esta falta de correspon\u00adden\u00adcia epistolar resultaba la ignorancia de los Jefes de la Congregaci\u00f3n por lo que mira a los establecimientos de Espa\u00f1a y de las personas que componen las diferentes comunidades de ella; la ignorancia del bien inmenso que se obraba y de los abusos, que poco a poco pod\u00edan producirse. Sin una comunicaci\u00f3n peri\u00f3dica y mutua de los miembros de esta gran familia con su cabeza, ni las Hermanas hac\u00edan conocer sus apuros, ni la cabeza pod\u00eda influir saludablemente, dar vida, tono y movimiento a los miembros ni remedio a sus necesidades. Esta falta de comunicaci\u00f3n, en fin, hac\u00eda que los v\u00ednculos de la Caridad no fuesen tan estrechos y finos como lo son con las Hermanas de las otras provincias, hasta de las m\u00e1s lejanas.<\/p>\n<p>Varias veces la Se\u00f1ora Superiora General me ha dirigido bien amargas quejas sobre este particular. \u00bf\u00bbQu\u00e9 Hijas de la Caridad, me dec\u00eda, son las Espa\u00f1olas? Yo casi dudo que ellas sean mis hijas. Yo conozco perfectamente mis Hijas de Francia, de Piamonte, de N\u00e1poles, de Turqu\u00eda, Grecia, Egipto y \u00c1frica y estoy en comunicaci\u00f3n con todas ellas, mas nada s\u00e9 de las de Espa\u00f1a, con estar casi a las puertas de mi casa. Para m\u00ed la Congregaci\u00f3n de Espa\u00f1a es un limbo oscur\u00edsimo, en donde no puedo penetrar.<\/p>\n<p>A pesar de todo esto, vosotras sab\u00e9is, Hermanas m\u00edas, la tierna caridad con que recibi\u00f3 las Hermanas espa\u00f1olas que se refugiaron en Francia y la solicitud con que las ha tratado todo<\/p>\n<p>el tiempo que han vivido bajo su vista y auspicios; y no se os oculta los abundantes recursos pecuniarios, que envi\u00f3 a este Noviciado de Madrid, luego que supo la p\u00e9rdida de sus intereses y la necesidad extrema en que se hall\u00f3 a consecuencia de este desastre acaecido a principios del a\u00f1o 35.<\/p>\n<p>N.M.H. Padre desea poner fin a este aislamiento; para esto quiere que la Congregaci\u00f3n de la Provincia espa\u00f1ola se ponga al nivel de todas las dem\u00e1s Provincias, en que se hallan las Hijas de la Caridad y que se forme el gobierno de ella seg\u00fan el esp\u00edritu y la letra de sus Constituciones. Nombr\u00e1ndome vuestro Director y Visitador, me ha impuesto la estrecha obligaci\u00f3n de establecer, ante todas las cosas, el gobierno de vuestra Provincia de un modo fijo e invariable y luego, de ordenaros que las Superioras se correspondan con cartas con la Superiora Generala, por lo menos dos veces al a\u00f1o, para darle cuenta de sus comunidades respectivas; y ellas y todas sus s\u00fabditas cuantas veces lo juzgaren conveniente para el desahogo de sus almas. En consecuencia de esto ha ordenado lo que se contiene en los art\u00edculos que siguen:<\/p>\n<p>* Art\u00edculo 1\u00ba. En Espa\u00f1a habr\u00e1 un Director de las Hijas de la Caridad, que sea presb\u00edtero de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, como representante del Rdmo. Sr. Superior General de la misma y, bajo su autoridad, tendr\u00e1 sobre las Hijas de la Caridad en particular y sobre todas las comunidades en general, las mismas facultades que el Director de Paris tiene sobre las Hijas de la Caridad de Francia.<\/p>\n<p>5.- * Art\u00edculo 2\u00b0. En la Casa principal o Noviciado de Madrid habr\u00e1 una Superiora, a quien corresponde el t\u00edtulo de Visitadora, la que recibir\u00e1 el nombramiento del Se\u00f1or Superior General, quien le enviar\u00e1 al efecto la correspondiente patente. Esta Visitadora tendr\u00e1 la administraci\u00f3n general de todos los negocios y casas de la Congregaci\u00f3n de la Monarqu\u00eda, bajo la dependencia del Superior General y del Director que le representa. Seg\u00fan las Constituciones de la Congregaci\u00f3n no puede continuar en su oficio, por lo regular, sino tres a\u00f1os; a lo sumo podr\u00eda ser confirmada por otros tres a\u00f1os, a no ser que antes del 1\u00ba o 2\u00ba trienio se presentasen motivos para renovar los poderes, que le fueran concedidos.<\/p>\n<p>Art\u00edculo 3\u00ba. En La Casa Central debe haber un Consejo compuesto de la Visitadora, de la Asistenta que es la Superiora de la casa principal y que debe correr con el gobierno de la Comunidad particular, conforme a lo que est\u00e1 prescrito en las Constituciones, y de la primera Maestra del Seminario. Este Consejo que debe juntarse una vez a la semana, en un d\u00eda determinado, ser\u00e1 presidido por el Sr. Director. En \u00e9l se tratar\u00e1n y decidir\u00e1n todos los negocios de su competencia, pertenecientes a todas las\u00a0 comunidades del Reino y Miembros que la componen. Pero los negocios mayores, indicados en la deliberaci\u00f3n del Consejo de la Casa Matriz celebrado en 20 de mayo de 1842, no podr\u00e1n concluirse sin la aprobaci\u00f3n de los primeros Superiores.<\/p>\n<p>* Art\u00edculo 4\u00b0. Las \u00f3rdenes del Consejo dirigidas a los Superioras locales, o Hermanas Sirvientas y a las dem\u00e1s Hijas de la Caridad ser\u00e1n comunicadas, por lo regular, por la Visitadora tan luego como est\u00e9 formalizado el Secretariado de la casa principal.<\/p>\n<p>* Art\u00edculo 5\u00ba. Todas las Hermanas, sin excepci\u00f3n alguna, tienen derecho de proponer sus dudas y penas, como tambi\u00e9n de pedir consejos para su direcci\u00f3n, no solamente al Director de Espa\u00f1a, sino tambi\u00e9n a la Superiora Generala y a N.M.H. Padre, el Sr. Superior General, sin que sus cartas y respuestas que se les den puedan ser abiertas o detenidas por alguna Superiora.<\/p>\n<p>Establecido del modo dicho el gobierno de vuestra Congregaci\u00f3n, habr\u00e1 un comercio mutuo de todos los miembros que la componen con su leg\u00edtima cabeza. Esta conocer\u00e1 las virtudes, talentos y disposici\u00f3n de cada una de vosotras, c\u00f3mo y tambi\u00e9n las necesidades en que se hallen, y este conocimiento la guiar\u00e1 para dictar las providencias m\u00e1s sabias y para proveeros los remedios que os sean m\u00e1s convenientes. De este modo, vosotras todas, aunque tan distantes de la Casa Madre seg\u00fan el cuerpo, estar\u00e9is all\u00ed con el esp\u00edritu y beber\u00e9is en el mismo manantial las aguas puras de la ense\u00f1anza celestial que deposit\u00f3 en ella Nuestro Fundador.<\/p>\n<p>Yo miro como un sumo honor para m\u00ed, car\u00edsimas Hermanas m\u00edas, la alta misi\u00f3n, que N.M.H. Padre, envi\u00e1ndome junto a vosotras, me ha confiado. Las providencias que llevo indicadas dar\u00e1n un nuevo realce a vuestra Congregaci\u00f3n; y \u00e9sta, colocada en el puesto que le compete en la gran familia de S. Vicente, recibir\u00e1 un influjo vivificante de la parte de su digno sucesor y ser\u00e1 fortificada con el concurso riguroso de todos los miembros que reciben de \u00e9l su movimiento.<\/p>\n<p>Esta misi\u00f3n me impone una terrible responsabilidad. Yo ser\u00eda infiel a Dios y a mi leg\u00edtimo Superior si no ejecutase las \u00f3rdenes que me ha comunicado y mi omisi\u00f3n podr\u00eda hacerme objeto de las divinas venganzas. No quisiera a\u00f1adir a mis pecados pasados este nuevo que pudiera llenar la medida y sellar mi reprobaci\u00f3n. Por tanto yo tratar\u00e9, con la gracia de Dios de hacer todo lo posible para llenar mi misi\u00f3n y no perdonar\u00e9 trabajo alguno para lograr un perfecto resultado. Yo cuento, Hermanas m\u00edas car\u00edsimas, con vuestra cooperaci\u00f3n. La docilidad que experiment\u00e9 en todas vosotras cuando tuve, otra vez, el honor de dirigiros y los testimonios nada equ\u00edvocos de alegr\u00eda y afecto filial, que me hab\u00e9is dado, vi\u00e9ndome restituido a Espa\u00f1a, son para m\u00ed otras tantas garant\u00edas de la sincera voluntad, que ten\u00e9is de dar cumplimiento a las \u00f3rdenes, que yo os comunique como \u00f3rgano del M. Rvdo. Sr. Superior General. Yo pedir\u00e9 al Se\u00f1or en mis oraciones y sacrificios que os llene del esp\u00edritu de vuestra santa vocaci\u00f3n y vosotras alcanzadme, con vuestras virginales s\u00faplicas del Supremo Pastor y Pont\u00edfice de nuestras almas, la prudencia, dulzura y firmeza que necesito para desempe\u00f1ar bien mi oficio, a fin de que Director y dirigidas seamos una misma cosa en nuestro Se\u00f1or Jesucristo, en la tierra, por gracia, y en el cielo, sumergidos en el pi\u00e9lago inmenso de su gloria\u00bb.<\/p>\n<p>6.- La atenta lectura de esta Circular del P. Codina nos sugiere algunas reflexiones. Dos comisiones declara haber recibido del P. General, a su vuelta a Espa\u00f1a: el establecer aqu\u00ed la uniformidad con la del resto de la Congregaci\u00f3n y el estrechar m\u00e1s y m\u00e1s las relaciones entre las Hermanas espa\u00f1olas y los Superiores Mayores. Quien no estuviera en antecedentes creer\u00eda que ellas ven\u00edan rigi\u00e9ndose por directores peculiares y sin relaciones con sus Superiores de Francia. En cuanto a lo primero, no hay sino leer los anteriores cap\u00edtulos de esta historia para ver que ese hab\u00eda sido el empe\u00f1o continuado de los Visitadores de Espa\u00f1a y el de las Hermanas, siempre d\u00f3ciles a sus \u00f3rdenes, el de pedir e implantar las normas de direcci\u00f3n y de observancia para establecer s\u00f3lidamente la Congregaci\u00f3n espa\u00f1ola. El establecimiento del Consejo central, que el P. Codina ofrece como una novedad, ya queda referido que, desde los tiempos del General P. Salhorgne hab\u00eda sido organizado y hab\u00eda tomado sus primeros acuerdos en 1830. Los trastornos pol\u00edticos de nuestra primera guerra civil y la salida del Director P. Roca a Francia interrumpi\u00f3 su regular funcionamiento; pero, a penas volvi\u00f3 a Espa\u00f1a el P. Roca, enviado por el P. General Nozo, dirigi\u00f3 a las Hermanas la Circular en que dice: \u00abObrando en conformidad con las instrucciones que tengo recibidas mi primer deber es establecer vuestro gobierno sobre bases s\u00f3lidas. La primera piedra sobre que debe alzarse el hermoso edificio de vuestro Instituto es la formaci\u00f3n de un Consejo que residir\u00e1 en la Casa Noviciado de Madrid\u00bb; y en cap\u00edtulos anteriores consta su establecimiento y algunas de las resoluciones acordadas. Repetimos, pues, que la implantaci\u00f3n del Consejo aqu\u00ed anunciado solemnemente por la Circular del P. Codina hab\u00eda sido ya establecido por los anteriores Superiores Generales PP. Salhorgne y Nozo, y que los Visitadores Se\u00f1ores Feu y Roca no hab\u00edan tenido otro empe\u00f1o sino el uniformar en todo a las Hijas de la Caridad espa\u00f1olas con las de Francia. Repetimos aqu\u00ed las palabras que en 1827 dirig\u00eda por escrito el Superior General a nuestras Hermanas: \u00abNo olvido que escribo a verdaderas Hijas de la Caridad, que tienen el esp\u00edritu de su estado; se esmeran en alcanzarlo m\u00e1s y m\u00e1s hasta su \u00faltima perfecci\u00f3n; para facilitar, en cuanto podamos, vuestros generosos esfuerzos en esta gloriosa carrera, hemos entregado al Rvdo. Sr. Feu, vuestro Director General todas las instrucciones y poderes necesarios a fin de que, bajo nuestra autoridad, os ense\u00f1e y gobierne con los reglamentos y santos usos que San Vicente, nuestro fundador y sus sucesores dieron a vuestra Congregaci\u00f3n. Esperamos os conformar\u00e9is en todo y as\u00ed lo prometen vuestras disposiciones. Vuestra Superiora entra en la parte de todos estos dones que os enviamos, como tambi\u00e9n de nuestros buenos sentimientos\u00bb.<\/p>\n<p>Fruto de tan largos empe\u00f1os hab\u00eda sido una completa uniformidad espiritual entre nuestras Hermanas y las de Francia; y as\u00ed pudo escribir el P. Roca al P. General en junio de 1844:<\/p>\n<p>\u00abSor Agustina Inza ir\u00e1 a Paris; acaso llegue para el d\u00eda de San Vicente La acompa\u00f1ar\u00e1 Sor Teresa Mart\u00ednez para instruirse en los usos de las Hermanas de Francia y formar las Novicias de Espa\u00f1a, seg\u00fan la uniformidad de Paris; os ruego por esto la deis cuantas instrucciones y papeles sean necesarios para formar novicias al uso de Francia, aunque aqu\u00ed se forman seg\u00fan la tradici\u00f3n y creo que casi lo mismo que en Paris, seg\u00fan testimonio de las venidas de ese noviciado. Deseo, sin embargo, total uniformidad\u201d.<\/p>\n<p>Digamos ahora algo sobre el punto de las relaciones entre las Hijas de la Caridad espa\u00f1olas y sus Superiores mayores. Es necesario no olvidar que nuestras Hermanas nacieron justamente cuando el hurac\u00e1n revolucionario destruy\u00f3 en Francia el Instituto, avent\u00f3 sus establecimientos, y encarcel\u00f3 a sus Superiores. Despu\u00e9s vino el Gobierno de los Vicarios Generales, uno en Roma y otro en Par\u00eds, entre cuya jurisdicci\u00f3n se reparti\u00f3 el gobierno de las Provincias. Las Hermanas de Espa\u00f1a casi todo aquel tiempo dependieron de Roma, y aun, entre 1810 y 1817, tuvimos aqu\u00ed dos Vicarios: los Se\u00f1ores Sob\u00edes y Segura.<\/p>\n<p>Cuando ya las Hijas de la Caridad espa\u00f1olas hab\u00edan entrado en v\u00edas de prosperidad comenzaron a depender del Vicario de Roma, quien con fecha 27 de junio de 1821, les escribe diciendo: \u00abPor lo que mira a la obediencia que me deb\u00e9is a m\u00ed, declaro que por la sobrada distancia, deb\u00e9is considerar en mi lugar a vuestro Visitador, como comisionado nuestro para vuestro gobierno y direcci\u00f3n. As\u00ed en los casos repentinos o que no admiten dilaci\u00f3n, como tambi\u00e9n en las cosas ordinarias, os pod\u00e9is dirigir a \u00e9l como a m\u00ed mismo, quedando, empero a todas vosotras, mayormente a las Superioras, la facultad y libertad, en los casos extraordinarios y siempre que lo juzguen necesario, de recurrir a m\u00ed por carta. Deseo y ruego mayormente a las Superioras y a los Visitadores, que a lo menos una o dos veces al a\u00f1o brevemente me escriban del estado de sus casas y si ocurre alguna cosa que comunicar al Superior General (Vicario General).<\/p>\n<p>Se estableci\u00f3, por fin, la unidad de la Congregaci\u00f3n en 1827, con el nombramiento de un s\u00f3lo Superior General, residente en Paris y con jurisdicci\u00f3n total en ambas familias de S. Vicente. Desde entonces es contin\u00faa la comunicaci\u00f3n del P. Feu con Par\u00eds referente a las Hermanas de Espa\u00f1a. As\u00ed en el mismo a\u00f1o 27 el P. General Sr. Wailly le contesta sobre el t\u00edtulo honor\u00edfico de Superiora General, l\u00e9ase Protectora, que ostentaba la Reina de Espa\u00f1a. En 1828 el P. Feu traduce e imprime varias Circulares de Paris que cayeron en sus manos y dirigidas a las Hermanas.<\/p>\n<p>En 3 de enero de 1829, el nuevo Superior General Sr. Salhorgne, por la pluma de su secretario, el P. Lamboley, contesta a varias consultas y se\u00f1ala las normas de direcci\u00f3n que se han de seguir en Espa\u00f1a. Dice c\u00f3mo el Superior General y la Superiora han de tener la lista de todas las Casas, de las Superioras y de las Hermanas. Oigamos lo que sobre la renovaci\u00f3n de Votos prescribe para Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>\u00abLa Superiora General, dice, pide al Superior General, en su nombre y en el nombre de todas las Hijas de la Caridad de Francia permiso de renovar sus votos el 25 de marzo. En seguida se le comunica a las Superioras de las casas particulares ese permiso para todas las Hermanas que lo merecen, seg\u00fan el informe de las Superioras. Esta es la costumbre. Sigui\u00e9ndola, apenas reciba esta mi carta, la Superiora del Seminario de Madrid, que me parece es la principal de todas las casas de Espa\u00f1a, escriba al Superior General para pedirle, as\u00ed en su nomhre como en el de las dem\u00e1s Hermanas espa\u00f1olas ya profesas el permiso de renovaci\u00f3n, y recibida la respuesta que se os mande, podr\u00e1 V. admitir a la renovaci\u00f3n a las Hermanas, que por su buena conducta merezcan esa gracia y suspenderlo a las otras m\u00e1s o menos tiempo, seg\u00fan los casos.<\/p>\n<p>Es muy conveniente que la misma Superiora del Seminario, escriba en su nombre y en el de sus compa\u00f1eras de Espa\u00f1a una carta de amistad a la Superiora General, en se\u00f1al de uni\u00f3n y afecto a las Hermanas de Francia y en testimonio de obediencia y dependencia. Todas las Hermanas Sirvientes le escriben por esta \u00e9poca, en su nombre y en el de sus compa\u00f1eras, mas para Espa\u00f1a basta eso que le he dicho\u00bb.<\/p>\n<p>Y bast\u00f3 una ligera insinuaci\u00f3n de los Superiores para que las Hermanas espa\u00f1olas escribieran al Superior General, quien con fecha 12 de marzo les dirige la carta anteriormente citada que comienza: \u00abSi vosotras no ten\u00e9is la dicha de poseer el cuerpo de S. Vicente, nuestro Fundador, se conoce bien por vuestras cartas que ten\u00e9is su esp\u00edritu&#8230; Con mucho gusto os ratifico para vosotras y para todas vuestras compa\u00f1eras profesas de Espa\u00f1a la licencia de renovar vuestros votos&#8230; Vuestra Superiora y Madre Sor Antonia Beaucourt me acompa\u00f1a en los sentimientos de esta mi carta, mientras espera expresarlos por s\u00ed misma\u00bb.<\/p>\n<p>De 22 de junio de aquel a\u00f1o 29 es la carta del P. General y de su secretario Sr. Lamboley al P. Codina, en la que dice lo mucho que gozaron en convivir unos d\u00edas con ocasi\u00f3n de la Asamblea General, con los Diputados de Espa\u00f1a, con quienes hemos examinado, determinado y dado cumplimiento a todo lo que toca a las Hijas de la Caridad; no se quejar\u00e1n que falte algo para su instrucci\u00f3n y buen gobierno\u00bb, y a\u00f1ade en su mal castellano: \u00abEstoy llamado a ver la Superiora de las Hijas de la Caridad por lo que toca las Hermanas de Espa\u00f1a, quienes quiere mucho en nuestro Se\u00f1or\u00bb!<\/p>\n<p>Basta con estos testimonios para convencerse de las buenas relaciones establecidas entre los Superiores Generales y nuestras Hijas de la Caridad. Estas nunca hab\u00edan resistido a ninguna orden o indicaci\u00f3n que de orden superior les transmitiesen sus Directores. El mismo P. Codina era el m\u00e1s abonado testigo, pues desde el a\u00f1o 27 empez\u00f3 a intervenir directa y provechosamente en la direcci\u00f3n de las Hermanas. Al decir pues ahora en su Circular que \u00abel P. General deseaba poner fin a este aislamiento\u00bb, esto s\u00f3lo pod\u00eda significar que \u00e9l quer\u00eda ejercer sobre ellas una intervenci\u00f3n m\u00e1s directa y minuciosa en Espa\u00f1a, pero no era justo inculparles a ellas de lo pasado.<\/p>\n<p>Se dol\u00eda la Madre General de su desconocimiento de las cosas de Espa\u00f1a, compar\u00e1ndole con el conocimiento que ten\u00eda de aquellos grupitos de Hermanas francesas que, reci\u00e9n salidas de su patria, hab\u00edan ido a fundar a Esmirna o en Argel. Pero c\u00f3mo pod\u00edan compararse \u00e9stas con la numerosa familia de Espa\u00f1a, que constitu\u00eda una floreciente Provincia. Aquellas Hermanas francesas, conocedoras de la lengua, de las personas y de las casas de Francia, siempre estar\u00edan m\u00e1s cerca, aunque en pa\u00edses remotos que las vecinas Hermanas espa\u00f1olas, ignorantes de todo ello. El intercambio m\u00e1s \u00edntimo vino despu\u00e9s, cuando se estableci\u00f3 una secretar\u00eda espa\u00f1ola en la Casa Madre.<\/p>\n<p>En 23 de noviembre el nuevo Director dirigi\u00f3 a las Superioras una Circular diciendo: \u00abJuzgo muy necesario que cada Hermana Sirviente escriba a la Madre General para felicitarle las fiestas de Pascua de Navidad y A\u00f1o Nuevo. Esto con sencillez, pero con ternura filial. Y la mejor prueba de la buena voluntad de las Hermanas de Espa\u00f1a fue que bast\u00f3 la indicaci\u00f3n del P. Codina para que llegasen a la Madre General multitud de cartas tan afectuosas, que la obligaron a dirigir una Circular especial a nuestras Hermanas, con fecha 20 de febrero de 1845.<\/p>\n<p>7.- \u00abNo basta, dice, en este a\u00f1o, la circular com\u00fan para desahogar mi coraz\u00f3n y corresponder al amor que encierran los vuestros. Los testimonios de sumisi\u00f3n y rendimiento que me hab\u00e9is dado han afectado tanto mi sensibilidad, que no puedo dejar de manifestaros mi satisfacci\u00f3n la m\u00e1s sincera.<\/p>\n<p>Nuestro muy honorable Padre y nuestras Madres oficialas me acompa\u00f1an en este santo placer. Nosotras todas nos felicitamos previendo los felices resultados que producir\u00e1n nuestras relaciones. Bendecimos al Se\u00f1or por las bellas disposiciones que os inspira y que nos hab\u00e9is comunicado con tanta sinceridad y ternura. Yo quisiera poder contemplar a cada una de vosotras en particular para corresponder al fervor que os ha llevado a llenar tan felizmente mis deseos. Pero la dificultad de podernos entender bien hablando un distinto idioma y la calamidad de los tiempos, que nos ha permitido establecer una correspondencia seguida, me privan y probablemente me privar\u00e1n aun en adelante del placer de comunicarme con cada una de vosotras en particular durante el a\u00f1o corriente.<\/p>\n<p>Nosotras dese\u00e1bamos, mis car\u00edsimas Hermanas, conocer vuestros sentimientos. La prontitud con que vosotras, a la primera insinuaci\u00f3n de vuestro digno Visitador, el Sr. Codina os hab\u00e9is prestado a manifest\u00e1rmelos, ha colmado nuestros deseos y nos ha hecho ver que las Hermanas de nuestros establecimiento de Espa\u00f1a est\u00e1n animadas del mejor esp\u00edritu. Si en la actualidad nos hemos visto privadas de recibir de vosotras frecuentes testimonios de vuestro afecto, sin embargo, podemos aseguraros que cuantas veces quer\u00e1is exponernos vuestras s\u00faplicas, otras tantas las recibiremos con el inter\u00e9s m\u00e1s sincero y afectuoso. El v\u00ednculo de la m\u00e1s estrecha caridad har\u00e1 que miremos como propios todos vuestros asuntos.<\/p>\n<p>Yo soy incapaz, mis car\u00edsimas Hermanas, de expresar la edificaci\u00f3n con que hemos visto en las notas que nos hab\u00e9is dirigido, las bellas disposiciones de cada una de las Hermanas, que viven en nuestros distintos establecimientos de Espa\u00f1a. Dios Nuestro Se\u00f1or no dejar\u00e1 de echarles su bendici\u00f3n. Lo \u00fanico que me resta desearos es que persever\u00e9is fielmente en la pr\u00e1ctica de la Caridad y de las dem\u00e1s virtudes propias de vuestro estado.<\/p>\n<p>Quiera Dios que el amor de Jesucristo estreche m\u00e1s y m\u00e1s vuestros corazones y voluntades por medio de la uni\u00f3n y de la paz, que son los frutos inestimables de la caridad. Se obra el bien de los pobres, se da gloria a Dios y se logra en las Comunidades una dicha y consuelo indecible, a pesar de la renuncia total de los placeres del siglo y de nuestra propia voluntad y juicio.<\/p>\n<p>\u00abMuchas de vosotras, que me hab\u00e9is pedido algunas licencias particulares, pod\u00e9is dirigiros para obtenerlas al Sr. Codina o a la Hermana Visitadora, para que no os hagamos esperar demasiado la decisi\u00f3n, cuyo retardo podr\u00eda incomodaros.<\/p>\n<p>Os aseguro, otra vez, que vuestras cartas me han llenado de satisfacci\u00f3n y dej\u00e1ndoos bajo la protecci\u00f3n especial del Coraz\u00f3n Inmaculado de Mar\u00eda, persuad\u00edos que mi afecto para con<\/p>\n<p>todas vosotras es el m\u00e1s sincero y que deseo con todo el coraz\u00f3n complaceros y que soy en el amor de Nuestro Se\u00f1or, mis car\u00edsimas Hermanas, vuestra humilde y afectuosa servidora,\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 = Sor Mar\u00eda Carrere, ind. H.d.l.C.S.d.l.P. enfermos\u00bb.<\/p>\n<p>Con esta carta sinceramente afectuosa se puede decir que quedaba sellada la m\u00e1s cordial amistad y efusiva uni\u00f3n entre las Hermanas francesas y espa\u00f1olas.<\/p>\n<p>8.- Pero hay en la Circular del P. Codina unas palabras veladas que cuyo alcance y significaci\u00f3n s\u00f3lo se pueden entender por acontecimientos anteriores y posteriores. \u00abEsta misi\u00f3n, dice, me impone una terrible responsabilidad. Yo ser\u00eda infiel a Dios y a mi leg\u00edtimo Superior si no ejecutase las \u00f3rdenes que me ha comunicado y mi omisi\u00f3n pudiera hacerme objeto de las divinas venganzas\u00bb. \u00bfQu\u00e9 misi\u00f3n era esa de tan terrible responsabilidad? El P. Codina no se atrevi\u00f3 a declararla, pero ella no era m\u00e1s que la de hacer que las Hermanas de Espa\u00f1a, uniformadas, como hemos visto, en todo lo espiritual, adoptasen tambi\u00e9n el h\u00e1bito y tocado de las Hermanas francesas. Ojal\u00e1 que ello se hubiera podido conseguir tan f\u00e1cilmente como lo dem\u00e1s; pero ya quedan dichas las dificultades que por esta cuesti\u00f3n se suscitaron cuando la fundaci\u00f3n de M\u00e9jico y la invencible repugnancia, que entonces sent\u00edan las Hermanas por ese cambio. En vista de lo cual ni el P. Roca, ni el P. Codina, ni el P. Armengol, ni el P. Santasusana se atrevieron a afrontar sus consecuencias y cuando m\u00e1s tarde, urgidos por el P. General, los Se\u00f1ores Sanz y Maller se empe\u00f1aron en conseguirlo, se entabl\u00f3 la m\u00e1s enconada lucha, en que intervinieron Gobiernos y embajadores, impresos y peri\u00f3dicos, Obispos y Cardenales, hasta que en 1877 una Congregaci\u00f3n especial nombrada por el Papa, puso fin al conflicto, despu\u00e9s de m\u00e1s de treinta a\u00f1os de tan est\u00e9riles como dolorosos disgustos, dejando las cosas como estaban.<\/p>\n<p>Como muestra del esp\u00edritu de sumisi\u00f3n a las disposiciones del P. General, le escrib\u00eda el P. Codina en 27 de octubre de aquel a\u00f1o 44. \u00abLejos de experimentar pena alguna por las advertencias que V. ha tenido la bondad de hacerme en su carta de 27 de septiembre, las he recibido y recibir\u00e9 siempre con profundo respeto y con agradecimiento. Puede V., pues, corregirme, instruirme, reprenderme con fortaleza, en una palabra, hacer conmigo lo que le parezca conveniente, y sepa que ser\u00e1 obedecido en sus providencias.<\/p>\n<p>Tengo el gusto de remitirle una copia de la \u00faltima escritura de fundaci\u00f3n que el Sr. Roca ha hecho con el municipio de Ja\u00e9n pues yo no he hecho ni la har\u00e9, a no ser por alguna irresistible necesidad. Lo primero que deseo es asentar bien el Seminario y llenar los vac\u00edos que han dejado, en muchas comunidades, tantas fundaciones nuevas, lo cual espero conseguir en poco tiempo, dadas las inmensas vocaciones que llegan de todas partes.<\/p>\n<ol start=\"9\">\n<li>Prometo a V. no tomar nunca, como no lo he tomado hasta hoy, el t\u00edtulo de Director General, pero no puedo impedir que me lo den, sobre todo las Administraciones, Centros de Beneficencia y hasta el Ministro en sus despachos oficiales, que con frecuencia me env\u00eda. Hay costumbre de prodigar ese t\u00edtulo y es dif\u00edcil dejen de llamar as\u00ed al Director, que, aunque sea Delegado, tiene jurisdicci\u00f3n sobre tantos establecimientos en la Pen\u00ednsula e Islas adyacentes. No creo V. que por eso la Autoridad de V. sea puesta en duda, ni que anide el orgullo en mi coraz\u00f3n. Aseguro tambi\u00e9n a V. que la palabra \u00abexclusivamente\u00bb, que se puso en la escrituras precedentes de fundaciones, se suprimir\u00e1 en adelante siempre, y ser\u00e1 sustitu\u00edda por la cl\u00e1usula que V. ordena: \u00abLas Hermanas dependen, por sus Reglas y para el r\u00e9gimen interno de su Comunidad, del Director de las Hijas de la Caridad de Espa\u00f1a\u00bb. Esta cl\u00e1usula as\u00ed redactada ser\u00e1 aqu\u00ed lo mismo que la anterior. Pero entienda V. bien que mis dignos predecesores, por la palabra \u00abexclusivamente\u00bb no intentaban separar a las Hermanas de la subordinaci\u00f3n del General, sino excluir de ella a las Administraciones, a los Obispos y a la Autoridad Civil.<\/li>\n<\/ol>\n<p>S\u00ed, Se\u00f1or y Reverend\u00edsimo Padre, las Juntas de Beneficencia y el Gobierno mismo pasar\u00e1n por todo lo que yo quiera, conforme a las Reglas del Instituto; y las Hermanas preferir\u00e1n antes emigrar de Espa\u00f1a o irse a sus familias que separarse del Jefe Supremo de su Instituto. Pero Espa\u00f1a no se atrever\u00e1 a inquietarlas sobre esto. Tiene ella necesidad de Hermanas y de sus Directores. Su reputaci\u00f3n crece a medida que se extienden. Puede V. estar tranquilo que todo va bien.<\/p>\n<p>Observo con gusto el acatamiento de nuestras Hermanas hacia la Congregaci\u00f3n y todas me han mostrado una docilidad perfecta para acomodarse a las disposiciones que he de tomar, siguiendo las sabias instrucciones que V. tiene la bondad de comunicarme. Le puedo certificar que este peque\u00f1o reba\u00f1o que tiene V. en Espa\u00f1a tendr\u00e1 mucha complacencia en recibir su visita, si las circunstancias se lo permitieran.<\/p>\n<p>Todo lo esencial del Instituto se observa con perfecci\u00f3n, en cuanto lo permite la humana fragilidad. Las santas pr\u00e1cticas y los usos de la Casa Madre, se adoptar\u00e1n sin repugnancia, excepto aquello que no permitan las circunstancias del Pa\u00eds. La comunidad principal est\u00e1 perfectamente organizada. Hay Visitadora para la inspecci\u00f3n general, Asistenta o Superiora local, la excelente Sor Valentina Culla; primera Directora del Seminario Sor Mar\u00eda Pe\u00f1asco; la segunda Sor Teresa Mart\u00ednez; la tercera Sor Asunci\u00f3n Azcona, que largo tiempo vivi\u00f3 en Burdeos.<\/p>\n<p>Los cat\u00f3licos de Gibraltar desean Hermanas nuestras para la ense\u00f1anza de ni\u00f1as, pues si no habr\u00e1n de enviarlas a escuelas protestantes. Si V. quiere que yo le sugiera se dirijan a V. para proporcionarles Hermanas nuestras francesas lo har\u00e9 con mucho gusto, pues nosotros no podemos satisfacer las demandas de tantas ciudades del Reino que las piden.<\/p>\n<p>La Isla de Cuba no tardar\u00e1 en solicitar del Gobierno el env\u00edo de Hermanas\u00bb.<\/p>\n<p>En su buen deseo de complacer al P. General, el P. Codina le pide, poco despu\u00e9s, 2 de noviembre, reglamentos acerca de los deberes del Director, de la Visitadora, de la Asistenta y de las Madres del Consejo. \u00abAs\u00ed la marcha de Espa\u00f1a ser\u00e1 uniforme a la de Francia. Adem\u00e1s de ellos, todas las otras instrucciones que juzgue V. oportuno comunicarme ser\u00e1n ejecutadas\u00bb.<\/p>\n<p>Entre las instrucciones del P. General era una la de no ejecutar ninguna nueva fundaci\u00f3n sin su previo permiso. Fiel a ello el P. Codina se hab\u00eda negado a aceptar las dos primeras que se le presentaron, en el Hospicio de Madrid y en el de Zaragoza. Mas he ah\u00ed que las Juntas hab\u00edan acudido a la Reina y el Ministro de la Gobernaci\u00f3n le env\u00eda sendas Reales Ordenes para que esas fundaciones se cumplan. En trance tan apurado el P. Codina pide consejo al P. General, pues aunque sea con detrimento de otros establecimientos, no puede desatender las \u00f3rdenes del Gobierno, ni excusarse con que necesita el permiso del General, por que todo se echar\u00eda a perder y sufrir\u00eda menoscabo la Compa\u00f1\u00eda. Le a\u00f1ade que dentro de tres o cuatro meses tendr\u00e1 novicias que habr\u00e1n tomado el h\u00e1bito para reemplazar a las Hermanas que tendr\u00e1 que desplazar (25 de noviembre).<\/p>\n<p>10.- La primera visita del P. Codina fue a las Casas de Andaluc\u00eda y con fecha 30 de diciembre trasmite al P. General sus impresiones. \u00abVengo satisfecho, le dice, de una breve visita hecha a Andaluc\u00eda. \u00a1Qu\u00e9 buenas son las Hermanas!. Muchas me han pedido la gracia de que las env\u00ede a Filipinas y m\u00e1s lejos a\u00fan; se las puede destinar con confianza. En Sevilla nuestras Hermanas son, por decirlo as\u00ed, adoradas y San Vicente venerado por todos con entusiasmo religioso. Se puede decir que Andaluc\u00eda es el pa\u00eds m\u00e1s querido de nuestro fundador. Particularmente en la ciudad de Lucena derrama \u00e9l su poderosa protecci\u00f3n. Se le ha levantado una capilla y un altar en la Iglesia Mayor. Se le hacen novenas y los muros de su capilla tienen muchos exvotos de los fieles, por los milagros, favores, curaciones y gracias obtenidas por su intercesi\u00f3n. Un santo sacerdote sostiene en el vecindario este amor al Santo.<\/p>\n<p>Ahora estoy con la fundaci\u00f3n del Hospicio de Madrid, que comenzar\u00e1 en 1\u00ba de enero. Terminada \u00e9sta, comenzar\u00e9 la de Zaragoza, todo con calma. Las Hermanas est\u00e1n ya destinadas por el Consejo. La Superiora y sus compa\u00f1eras est\u00e1n bien escogidas. Ya se lo indicar\u00e9 a V. y le pedir\u00e9 la patente.<\/p>\n<p>S\u00f3lo me resta arreglar la casa de Barbastro, pero tengo que ir all\u00ed, lo cual pienso hacer, si Dios quiere, en la primavera pr\u00f3xima.<\/p>\n<p>Le ruego, muy reverendo Padre, suplique V. de mi parte a la Madre General disimule el descuido que algunas Hermanas Sirvientes hayan tenido, en darle cuenta de las Hermanas que piden la gracia de renovar los Santos Votos, facult\u00e1ndome para autorizar, por este a\u00f1o, el conced\u00e9rselos en nombre de V. si alguna no ha acertado o no ha podido escribir a tiempo.<\/p>\n<p>Es muy de desear, muy Rdo. Padre, que se haga una regla particular para el Director de Hermanas, en el que todas sus atribuciones y todos sus deberes est\u00e9n bien definidos. Lo mismo digo para la Visitadora.<\/p>\n<p>He recibido cartas de los Se\u00f1ores Directores y Superiora (de la expedici\u00f3n de M\u00e9jico) con fecha 15 y 17 de octubre, a la vista de Puerto Rico. Hasta entonces la expedici\u00f3n gozaba de buena salud y de mucho contento\u00bb.<\/p>\n<ol start=\"11\">\n<li>Adem\u00e1s de esta important\u00edsima fundaci\u00f3n de M\u00e9jico de que trataremos en cap\u00edtulo aparte, dos nuevas comunidades de Hijas de la Caridad se abrieron, en la Pen\u00ednsula, en aquel a\u00f1o. En 24 de febrero tomaban posesi\u00f3n del Hospital de Manresa cinco Hermanas llegadas de Madrid. Eran \u00e9stas Sor Martina Mateo, Superiora, que estaba en el Hospital de Valencia; Sor Mar\u00eda Quinquilla, Sor Antonia Francisca Pons, Sor Eustasia Altuna y Sor Justa Ganuza. Pronto se les a\u00f1adi\u00f3 una m\u00e1s, Sor Mar\u00eda Candelas San Germ\u00e1n.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Cuando diez a\u00f1os m\u00e1s tarde el c\u00f3lera se ceb\u00f3 cruelmente en la poblaci\u00f3n, estas Hermanas dieron el m\u00e1s heroico ejemplo de caridad asistiendo a los apestados y dos de ellas Sor Mar\u00eda Quinquilla y Sor Justa Ganuza cayeron v\u00edctimas de su celo. Luego diremos las \u00edntimas relaciones de estas Hermanas de Manresa con el P. Padre Claret.<\/p>\n<p>12.- \u00abEl Cat\u00f3lico\u00bb diario de entonces, nos ha conservado los nombres de las primeras Hermanas destinadas a la fundaci\u00f3n de la Inclusa de Santander. \u00abEn este d\u00eda, dice el 11 de abril, salen para la nueva fundaci\u00f3n, en su hospital, ocho Hermanas de la Caridad y son: Sor Dolores Larrainzar, Superiora, Sor Melchora Iriarte, Sor Lorenza Iribarren, Sor Agustina Cort\u00e9s, Sor Rosal\u00eda Ansoleaga, Sor Encarnaci\u00f3n Leal, Sor Josefa Gorostiza y Sor Vitoria Solueta\u00bb.<\/p>\n<p>Entre las muchas y edificantes Hermanas que han pasado por esta Comunidad, durante los cien a\u00f1os de su existencia, no podemos dejar de mencionar a Sor Josefa Badaya, que pas\u00f3 toda su vida en este santo Hospital de San Rafael. Naci\u00f3 en Abadiano, Vizcaya en 1831. Entr\u00f3 en el Noviciado en 29 de abril de 1847, y en septiembre del mismo fue destinada a Santander. En 1864 era Superiora de la casa.<\/p>\n<p>Por aquel tiempo la santa Madre Sacramento andaba en viaje de fundadora y, durante una corta estancia en aquella Ciudad, fue a hospedarse con las Hermanas del Hospital. M\u00e1s de una vez, dice un historiador<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>, vio ella y vieron las Hermanas de la Caridad del Hospital, que en aquella capilla, cuando estaba postrada y como ext\u00e1tica la enamorada de la Eucarist\u00eda, las puertas del Sagrario se abr\u00edan de par en par.<\/p>\n<p>Mientras la sierva de Dios habit\u00f3 en el citado Hospital, declara Coraz\u00f3n de Mar\u00eda, no cesaba de orar en la capilla del mismo, siempre que se lo permit\u00edan los negocios de la fundaci\u00f3n. Durante la oraci\u00f3n vio diversas veces que se abr\u00eda la puerta del Tabern\u00e1culo. Algunas Hijas de la Caridad, que admiradas observaban este hecho, cre\u00edan que se verificaba, no en favor de mi santa Madre, sino en el de la Hermana Mar\u00eda Josefa Badoya, Hermana de la Caridad, la cual gozaba entre sus Hermanas de excelente fama por sus virtudes y que tambi\u00e9n se hallaba orando al mismo tiempo que la sierva de Dios. Pero nuestro Se\u00f1or parece que quiso hacer patente que este regalo era s\u00f3lo en favor de su enamorada sierva la Madre Sacramento, haciendo que desapareciese toda equivocaci\u00f3n, que hab\u00eda tomado incremento entre aquellas Hermanas. Y fue que una de las veces que se retir\u00f3 la Madre Sacramento, terminado que hubo su oraci\u00f3n, no obstante que Sor Mar\u00eda Josefa, ya difunta, continuaba en dicha capilla, su fervorosa oraci\u00f3n. En vista de tan claro y manifiesto suceso quedaron convencidas las Hermanas que el prodigio se obraba en obsequio de la Madre Sacramento.<\/p>\n<p>\u00abEn 8 de noviembre del mismo a\u00f1o volvi\u00f3 a Santander y se hosped\u00f3 en el Hospital de San Rafael, donde le dieron cari\u00f1oso hospedaje las bondadosas Hermanas de la Caridad.<\/p>\n<p>Sabido es la inquina liberal contra la Madre Sacramento. \u00abLas cosas llegaron a tal extremo, dice D. Modesto Lafuente, que el d\u00eda de las elecciones tuvieron que marchar de Santander en un coche y a un sanatorio inmediato la Madre Sacramento, su Secretaria y la Superiora de las Hermanas de la Caridad, perseguida tambi\u00e9n por los agentes electorales, los cuales, al saberlo, a\u00fan quer\u00edan ir a buscarlas y traerlas poco menos que a la fuerza. En tan grandes angustias consol\u00e1base con las Hermanas de la Caridad que le daban hospedaje fraternal e iba en ocasiones a desahogar su pena\u00bb.<\/p>\n<p>En 1847, adem\u00e1s del cuidado del Hospital y de la Cuna, se encargaron las Hermanas de la ense\u00f1anza de las ni\u00f1as de la Casa de Caridad, para lo cual se enviaron dos Hermanas de aumento. En 1849 ces\u00f3 por razones de salud Sor Dolores y fue nombrada Superiora Sor Lorenza Iribarren.<\/p>\n<p>Un oficio de 16 de noviembre de 1857, dirigido por el Sr. Alcalde al Director de Hermanas nos manifiesta el estado brillante del establecimiento, cuando dice: \u00abSabedor de la orden dirigida a la Superiora de las Hermanas de la Caridad destinadas al Hospital de S. Rafael de esta Ciudad para la traslaci\u00f3n de Sor Josefa Gorostiza, secretaria de dicho establecimiento, no puedo prescindir, como autoridad local del pueblo y mirando por los intereses del mismo, de hacer presente a V. que el brillante estado, en que se encuentra actualmente el Hospital, el acendrado r\u00e9gimen que en \u00e9l se sigue y la excelente asistencia de que disfrutan los enfermos, que sorprenden agradablemente a cuantos le visitan, es debido esencialmente a la constante solicitud de las Hermanas de esta santa Instituci\u00f3n y con toda especialidad, a los desvelos de la Se\u00f1ora Superiora y de la Secretaria Sor Josefa. Estas tienen prestados eminentes servicios a la poblaci\u00f3n en \u00e9pocas calamitosas; est\u00e1 a su cargo la administraci\u00f3n del establecimiento, etc.\u00bb<\/p>\n<ol start=\"13\">\n<li>En enero de 1853 se estableci\u00f3 una nueva Comunidad de Hermanas en la Casa de Caridad, a cuyo frente qued\u00f3 Sor Rosal\u00eda Ansoleaga, una de las Hermanas fundadoras del Hospital de quien otro oficio de la Junta de Beneficencia, en junio de 1865, hac\u00eda el siguiente elogio: \u00ab<em>Debido a esta Hermana, puede decirse, la organizaci\u00f3n de aquella Casa con afectos generales en la poblaci\u00f3n, donde residen familias enteras de acogidos, que han debido a Sor Rosal\u00eda su educaci\u00f3n y cuidado esmerado, en circunstancias, adem\u00e1s, en que es factible se d\u00e9 al Establecimiento Caritativo que nos ocupa, una extensi\u00f3n y proporciones muy fuera, de las que hoy por su local est\u00e1 reducido, no hay que dudar de la perturbaci\u00f3n\u00a0 que el cambio de jefa o de cabeza ha de necesariamente producir en nuestra manera de ser respecto a esta casa&#8230;\u00bb. <\/em>Concluye, pues, pidiendo se suspenda la traslaci\u00f3n de Sor Rosal\u00eda.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0[1] P. ZUGASTI, Esclava del Sant\u00edsimo Sacramento.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sumario: 1.- Fundaci\u00f3n de M\u00e9xico, y diferentes puntos de vista en Par\u00eds y en Madrid 2.\u2011 Carta del P. Armengol al P. 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Codina, que se vio obligado a salir de Madrid y refugiarse en Francia. Sin re\u00adferencia concreta, s\u00f3lo por varios documentos, se deduce la causa. El P. 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Roca anuncia al nuevo Visitador y Director. El Superior Ge\u00adneral ha nombrado Visitador de la C.M. y director de las Hijas de la Caridad de Espa\u00f1a, al P. Buenaventura Codina. En una larga circular, el P. 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