{"id":39844,"date":"2013-11-17T07:00:42","date_gmt":"2013-11-17T06:00:42","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/05\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/"},"modified":"2016-07-26T18:54:29","modified_gmt":"2016-07-26T16:54:29","slug":"valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/","title":{"rendered":"Valoraci\u00f3n prof\u00e9tica de las apariciones en la iglesia"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/05\/milagrosa_y_laboure.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-39845\" title=\"milagrosa_y_laboure\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/05\/milagrosa_y_laboure-224x300.jpg?resize=224%2C300\" width=\"224\" height=\"300\" \/><\/a>Se me ha pedido que exponga en esta IX Semana de Estu\u00addios Vicencianos el tema de las apariciones en la Iglesia, valo\u00adradas como expresi\u00f3n de una funci\u00f3n prof\u00e9tica. El tema resul\u00adta seductor. Es algo as\u00ed como esbozar las l\u00edneas de una teolo\u00adg\u00eda de las apariciones en la Iglesia. Un tema sugestivo y, en buena parte, in\u00e9dito para la teolog\u00eda. Las m\u00e1s de las veces el inter\u00e9s teol\u00f3gico por el tema ha sido consecuencia de la nece\u00adsidad de discernir en casos concretos el grado de fiabilidad y credibilidad de pretendidas apariciones. La teolog\u00eda ha apor\u00adtado su reflexi\u00f3n con una perspectiva pragm\u00e1tica, sin pretender una visi\u00f3n m\u00e1s global y sistem\u00e1tica.<span id='easy-footnote-1-39844' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-1-39844' title='\n&lt;p&gt;Una bibliograf\u00eda fundamental sobre el tema nos la dan los siguientes autores:&lt;\/p&gt;\n&lt;p&gt;J. FORGET, art. \u00abApparitions\u00bb en DTC. Par\u00eds 1909, I, pp. 1.687-92. D. ITURRIOZ, &lt;em&gt;Revelaciones privadas. &lt;\/em&gt;Estudio teol\u00f3gico. Madrid 1966.&lt;br \/&gt;\nL. LOCHET, &lt;em&gt;Apparitions. &lt;\/em&gt;Paris 1968.&lt;br \/&gt;\nM. NICOLAU, &lt;em&gt;Apariciones y revelaciones. &lt;\/em&gt;GER, 2. Madrid 1971, pp. 453-456.&lt;br \/&gt;\nK. RAHNER, &lt;em&gt;Visiones y profec\u00edas. &lt;\/em&gt;San Sebasti\u00e1n 1956.&lt;br \/&gt;\nC. M. STAEHLIN, &lt;em&gt;Apariciones. &lt;\/em&gt;Ensayo cr\u00edtico. Madrid 1954.&lt;br \/&gt;\nJ. TONQU\u00c9DEC, art. \u00abApparitions\u00bb en DSpir. I Paris 1937, pp. 801-809. La revista \u00abSalmanticensis\u00bb en el a\u00f1o 1958 dedica un n\u00famero al tema.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Pero el tema tiene en s\u00ed mismo inter\u00e9s grande para el te\u00f3\u00adlogo. Las apariciones constituyen un fen\u00f3meno caracter\u00edstico de la vida de la Iglesia moderna. Se encuentran en el origen de vigorosas corrientes espirituales. Pensemos en el culto al Coraz\u00f3n de Cristo, que, en su forma m\u00e1s divulgada, tiene su punto de arranque en las apariciones de Cristo a santa Marga\u00adrita Mar\u00eda de Alacoque ; o en el movimiento de piedad mariana y de renovaci\u00f3n de la vida cristiana que nace de las apariciones de la Virgen en Lourdes o en F\u00e1tima; o concretamente, en las apariciones de la Sant\u00edsima Virgen a santa Catalina Labour\u00e9, cuyo 150 aniversario estamos conmemorando en estas Jorna\u00addas Vicencianas. Unos hechos eclesiales de tal magnitud en la vida de la Iglesia no pueden ser pasados por alto por una teolo\u00adg\u00eda que quiera estar atenta, como a una de sus principales fuentes de inspiraci\u00f3n, a la vida que el Esp\u00edritu anima e im\u00adpulsa en la Iglesia.<\/p>\n<p>Por eso est\u00e1 justificado el tema. Pretendemos realizar un estudio global, que plantee la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, al menos en sus l\u00edneas generales, desde una doble perspectiva. En primer lugar, desde una <em>perspectiva cr\u00edtico-fundamental, <\/em>que recoja las dificultades que las apariciones plantean al hombre de hoy. En segundo lugar, desde la <em>perspectiva dogm\u00e1tica, <\/em>que responda directamente al tema propuesto y esboce las l\u00edneas de lo que puede ser una teolog\u00eda de las apariciones en la Iglesia.<\/p>\n<h2>1. Aproximaci\u00f3n cr\u00edtica al tema<\/h2>\n<p>Hoy el acercamiento teol\u00f3gico a un tema cualquiera de reflexi\u00f3n debe comenzar, ineludiblemente, por una atenci\u00f3n cr\u00edtico-fundamental, que tome en cuenta las dificultades y objecciones que el hombre moviliza frente al tema en cuesti\u00f3n. Al mismo tiempo, debe preocuparse por establecer los funda\u00admentos s\u00f3lidos que hagan posible la comprensi\u00f3n teol\u00f3gica posterior. Es imperativo de una cultura que, desde su mismo nacimiento, se identifica como radicalmente racional y que en el paso del tiempo ha exacerbado esa caracter\u00edstica como resul\u00adtado de una educaci\u00f3n permanente en la duda y en la sospecha. En nuestro tema, las apariciones, la exigencia de una reflexi\u00f3n cr\u00edtico-fundamental tiene, naturalmente, una fuerza especial.<\/p>\n<h3><em>1. El recelo de las Ciencias del hombre<\/em><\/h3>\n<p>En efecto, ya los mismos presupuestos impl\u00edcitos en el fe\u00adn\u00f3meno de las apariciones resultan sospechosos. Nos enfren\u00adtamos a fen\u00f3menos que aparecen con la pretensi\u00f3n de <em>singu\u00ad<\/em><em>laridad extraordinaria. <\/em>Un acontecimiento que, de partida, no se deja encasillar en el proceso normal de los fen\u00f3menos de la naturaleza y de la historia humana, sino que pretende afirmar la imposibilidad de ese encasillamiento. Las apariciones pre\u00adsuponen la existencia de otra realidad, otro mundo, otros seres racionales, capaces de entrar en relaci\u00f3n con este mundo nuestro, con nosotros mismos, en una relaci\u00f3n de comunica\u00adci\u00f3n personal, pero que resulta inasequible a los intentos de observaci\u00f3n y comunicaci\u00f3n iniciados desde el mundo nues\u00adtro. Se supone que este mundo est\u00e1 abierto a influjos y accio\u00adnes que lo trascienden y resultan incontrolables para el hom\u00adbre, pero esas acciones pueden modificar nuestra realidad y, en alguna manera, conformarla.<\/p>\n<p>Ya este punto de vista inicial se hace dif\u00edcil de aceptar y comprender para unos hombres que estamos acostumbrados a afrontar todos los fen\u00f3menos y acontecimientos en un con\u00adtexto de inmanencia, de universo cerrado, donde todo debe encontrar su raz\u00f3n suficiente, su explicaci\u00f3n adecuada, en el momento en que se consigue tener en cuenta el conjunto de los factores. Dentro de esta perspectiva las pretensiones y los presupuestos del fen\u00f3meno \u00abapariciones\u00bb, tal como se presen\u00adta en el mundo religioso, se hace dificilmente aceptable.<\/p>\n<p>Son demasiadas las coincidencias con <em>el mundo de los mitos, <\/em>que imaginaba la realidad mundana como una tierra abierta a toda clase de intervenciones y acciones bien de los seres celes\u00adtiales, que ten\u00edan su morada en las alturas de los cielos, o de los seres infernales, moradores siniestros de los lugares infe\u00adriores bajo la tierra. Por eso, el conocedor de las formas de representaci\u00f3n m\u00edtica ver\u00e1 el fen\u00f3meno de las apariciones co\u00admo una forma m\u00e1s de expresi\u00f3n m\u00edtica y, consiguientemente, tender\u00e1 a valorarlo en su mera significaci\u00f3n simb\u00f3lica, neg\u00e1n\u00addole toda otra realidad objetiva. No se puede encontrar en el fen\u00f3meno otra cosa m\u00e1s que una expresi\u00f3n concreta de la multiforme experiencia de lo sagrado, com\u00fan a todas las reli\u00adgiones; una <em>hierofan\u00eda, <\/em>como tantas otras, que reviste formas de personalizaci\u00f3n m\u00edtica, de acuerdo con la circunstancia hist\u00f3rico-cultural de los videntes de cada momento. No es que se niegue valor religioso a las apariciones; se reconoce, pero el fen\u00f3meno queda encasillado en una \u00e1rea espec\u00edfica de rea\u00adlidad, con un valor tambi\u00e9n espec\u00edfico de car\u00e1cter eminente\u00admente simb\u00f3lico.<\/p>\n<p>Por otra parte, el largo ensanchamiento de las dimensiones de los dinamismos del psiquismo humano, que nos han pro\u00adporcionado los descubrimientos y avances de la Psicolog\u00eda moderna, ha puesto al descubierto todo un <em>mundo inconsciente y subconsciente <\/em>que en determinadas circunstancias y situacio\u00adnes an\u00f3malas puede ser fuente de fen\u00f3menos y vivencias, apa\u00adrentemente ajenas al querer del sujeto, y que \u00e9ste vive como realidades objetivas, que encuentra como encuentra la realidad de su mundo. A la luz de esta nueva comprensi\u00f3n del hombre, los fen\u00f3menos de apariciones aparecen dotados de semejanzas sorprendentes con vivencias, espont\u00e1neas o \u00ednduc\u00eddas por diferentes medios t\u00e9cnicos, y que, sin duda alguna, tienen su origen en el psiquismo profundo de la persona. La sospecha salta inmediatamente: \u00bfNo nos encontramos ante un fen\u00f3me\u00adno humano, puramente humano, en el que los revestimientos simb\u00f3licos se hacen con formas religiosas, presentes ahora en el subconsciente?<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica cr\u00edtica se hace cargo de estas dudas y sospechas en la medida en que responden a realidades y datos que hoy consideramos definitivamente adquiridos por el saber humano. Pero tiene tambi\u00e9n que se\u00f1alar su recelo ante gene\u00adralizaciones, o pretendidas conclusiones que no tienen m\u00e1s fundamento que una determinada <em>opci\u00f3n ideol\u00f3gica <\/em>o la extra\u00adpolaci\u00f3n de observaciones y datos a los que se pretende dar una interpretaci\u00f3n y un alcance que no se deduce l\u00f3gicamente de los mismos, sino de presupuestos ideol\u00f3gicos discutibles. Ciertamente, el nuevo horizonte de comprensi\u00f3n del fen\u00f3meno religioso que nos proporcionan las <em>Ciencias del hombre <\/em>resulta altamente iluminador. Ha puesto al descubierto los m\u00faltiples condicionamientos socio-culturales y psicol\u00f3gicos que deter\u00adminan las manifestaciones hist\u00f3ricas del fen\u00f3meno religioso. La <em>Ciencia de las Religiones <\/em>nos ha hecho comprender cu\u00e1nto hay de com\u00fan en un mundo extraordinariamente rico en el que convergen la acci\u00f3n de un Dios que quiere que todos los hom\u00adbres se salven y que, consiguientemente llama y encuentra a la humanidad en el mundo de la religi\u00f3n, y los mecanismos m\u00e1s o menos rectos del psiquismo del hombre, m\u00e1s o menos des\u00adviados, que pueden encontrar en ese mundo ancho campo para su expresi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero la aportaci\u00f3n de la ciencia moderna nada tiene que decir, que est\u00e9 seriamente fundamentado, contra los verdade\u00adros presupuestos, impl\u00edcitos en el fen\u00f3meno de las apariciones, tal como los ha comprendido y admitido la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica m\u00e1s seria. Es decir, nada hay <em>v\u00e1lidamente <\/em>objetable contra la posibilidad de que, no s\u00f3lo el Dios vivo, sino tambi\u00e9n el Cristo glorificado, que vive la vida de Dios, y los que viven en \u00e9l, puedan encontrar al hombre que vive en la historia en una re\u00adlaci\u00f3n personal de comunicaci\u00f3n, en orden a la realizaci\u00f3n del plan salvador de Dios. La Iglesia cat\u00f3lica siempre lo ha cre\u00eddo y sentido as\u00ed.<\/p>\n<p>Pero al mismo tiempo, esa misma Iglesia que sabe que en sus or\u00edgenes se encuentra la experiencia pascual de las apari\u00adciones del Se\u00f1or resucitado, es consciente de hasta qu\u00e9 punto <em>necesitan ser examinadas y discernidas <\/em>todas esas experiencias que pretenden ser \u00abapariciones\u00bb, encuentros personales con la realidad sobrenatural. Sabe que se mueve en una zona donde el enga\u00f1o es posible y es f\u00e1cil. Por eso busca y exige garant\u00edas que fundamentar una suficiente credibilidad. De ah\u00ed que en es\u00adta aproximaci\u00f3n cr\u00edtica a nuestro tema nos encontramos con un camino sorprendentemente cauto y exigente trazado por la actitud adoptada por la Iglesia ante los fen\u00f3menos extraor\u00addinarios en general y, concretamente, ante las apariciones. Lo vamos a ver en un r\u00e1pido examen, algo as\u00ed como un mues\u00adtreo, de principios, actitudes, afirmaciones y valoraciones, adoptadas, o bien oficialmente por la Iglesia, o por los testi\u00admonios cualificados de sus doctores.<\/p>\n<p>La Iglesia, consciente de su origen sobrenatural, de que to\u00adda su vida est\u00e1 animada por el Esp\u00edritu, y del t\u00e9rmino del mis\u00adterio del Reino de Dios hacia el que se dirige, se sabe deposi\u00adtaria de una Revelaci\u00f3n, una Palabra, que debe comunicar y custodiar fielmente (I Tim 6, 20). En esa Revelaci\u00f3n Dios nos ha hablado su <em>Palabra definitiva <\/em>(Heb 1,2). Toda otra palabra, cualquier otra comunicaci\u00f3n, deber\u00e1 ser referida a ella y en\u00adcontrar su sentido en relaci\u00f3n con la Palabra plena que nos habl\u00f3 el Hijo. Sabe tambi\u00e9n la Iglesia, y lo experimenta cada d\u00eda, que por su Se\u00f1or glorificado ha recibido el Esp\u00edritu, que la llena y enriquece continuamente con sus dones m\u00faltiples <em>y<\/em> por medio de ellos la mantiene en la unidad de la fe, la esperan\u00adza y el amor. Por eso, todo don y toda pretendida gracia debe encontrar su verdad, su sentido y su eficacia en la <em>recepci\u00f3n y <\/em><em>redundancia en el bien com\u00fan <\/em>de todo el cuerpo (I Cor 12, 7).<\/p>\n<h3>2. <em>El profetismo y su discernimiento<\/em><\/h3>\n<p>Ante la realidad de esa presencia del Esp\u00edritu y de sus do\u00adnes, la Iglesia, desde el primer momento, se ha movido entre la recomendaci\u00f3n que Pablo hace a la Comunidad cristiana de Tesal\u00f3nica : \u00abNo exting\u00e1is el Esp\u00edritu; no despreci\u00e9is las profec\u00edas; examinadlo todo y quedaos con lo bueno\u00bb (I Tes 5, 19-21), y la prevenci\u00f3n cautelosa de Juan en su primera car\u00adta: \u00abQueridos, no os fi\u00e9is de cualquier esp\u00edritu, sino examinad si los esp\u00edritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo\u00bb (I Jo 4,1). Juan piensa que la Iglesia tiene planteado el mismo viejo problema que ya se le plante\u00f3 a Israel respecto a la necesidad y dificultad de discernir entre el verdadero y el falso profetismo (cf. Dt 13,2-6; 18, 20-22; Jer 23,16-32; 28; Ez 13). \u00ab\u00bfC\u00f3mo sabremos que esa palabra no la ha dicho Yahv\u00e9 ?\u00bb (Dt 18, 21). Esa es la gran pregunta que se hizo el pueblo de Israel y la que, seg\u00fan Juan, se le plan\u00adtea a la Iglesia desde el primer momento. \u00bfC\u00f3mo podemos sa\u00adber que es Dios el que habla, el que se comunica, y que no nos encontramos \u00fanicamente ante la experiencia humana y la pa\u00adlabra de un hombre? Antes de seguir adelante, es preciso re\u00adcordar lo que era y significaba el profeta en la historia de Israel.<\/p>\n<p>El profeta es, en primer lugar, el hombre portador de un <em>conocimiento cualificado de las cosas de Dios, <\/em>un conocimiento <em>experiencial. <\/em>Experiencia de lo divino, implicada radicalmente en la experiencia de su vocaci\u00f3n prof\u00e9tica. Se trata de una ex\u00adperiencia que lo convierte en un hombre que ha vivido un se\u00adgundo nacimiento. Posee unos ojos nuevos, que penetran la realidad y el sentido de los acontecimientos en toda su profun\u00addidad. Tiene un coraz\u00f3n nuevo, del que brota una palabra que, siendo suya, es primariamente Palabra de Dios.<\/p>\n<p>El conocimiento de las Cosas de Dios hace referencia a la ejecuci\u00f3n del plan de Dios sobre su pueblo, a su traducci\u00f3n a la realidad concreta de la vida presente del pueblo. Por eso es <em>conocimiento de los signos de los tiempos, <\/em>es decir, del sentido que tienen los acontecimientos de la historia vivida por el pueblo dentro de la historia de la acci\u00f3n salvadora de Dios.<\/p>\n<p>El conocimiento se expresa en el <em>mensaje prof\u00e9tico, <\/em>en for\u00adma de Palabra de D\u00edos, dicha por el profeta, y que \u00e9ste testi\u00admonia y hace cre\u00edble con su vida. Pronuncia el or\u00e1culo de Yahv\u00e9 y se constituye en testigo de la Palabra que dice. Como portador del mensaje prof\u00e9tico el profeta se hace un <em>enviado <\/em>de Dios, un hombre encargado de una misi\u00f3n que le refiere y vincula al Pueblo destinatario de su mensaje. Ese mensaje no es una \u00abteor\u00eda\u00bb, sino una invitaci\u00f3n a abrirse a la acci\u00f3n sal\u00advadora de una Palabra esencialmente eficaz, que hace lo que dice. Por eso el mensaje comporta un compromiso de vida para quien lo lleva y para el que lo recibe.<\/p>\n<p>La misi\u00f3n prof\u00e9tica y su mensaje terminan, pues, en la en\u00adtrega de la Palabra y en su <em>recepci\u00f3n <\/em>por aquellos a los que va destinada. Hay una recepci\u00f3n primaria, la vamos a llamar <em>re\u00ad<\/em><em>cepci\u00f3n prof\u00e9tica, <\/em>que se expresa en la <em>conversi\u00f3n a la Palabra <\/em>recibida, a sus exigencias de conversi\u00f3n personal y comunita\u00adria. Pero esta recepci\u00f3n puede prolongarse y derivar en una <em>recepci\u00f3n cultural, <\/em>en la que el acento pasa del mensaje prof\u00e9\u00adtico y de sus exigencias al recuerdo del hecho prof\u00e9tico, loca\u00adlizado en relaci\u00f3n con el profeta y su experiencia de Dios. El prestigio del profeta y de su mensaje se objetiva en un lugar y un tiempo. El reconocimiento de ese prestigio resulta m\u00e1s f\u00e1cil y justifica el olvido del mensaje y de la que llamamos re\u00adcepci\u00f3n prof\u00e9tica. As\u00ed nacen las fiestas y encuentran su raz\u00f3n de ser los lugares de culto en la tradici\u00f3n b\u00edblica.<\/p>\n<p>Sobre ese horizonte de comprensi\u00f3n del profetismo de Israel hay que recoger la recomendaci\u00f3n de la carta de Juan: \u00abexaminad si los esp\u00edritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo\u00bb. \u00bfCu\u00e1les son los criterios que deben orientar ese examen? En la nueva situaci\u00f3n cristiana los criterios adquieren una mayor precisi\u00f3n:<\/p>\n<ol>\n<li><em><\/em><em>La coherencia evang\u00e9lica. <\/em>Su fundamento est\u00e1 en que toda palabra prof\u00e9tica en la Iglesia debe ser dicha en conti\u00adnuidad con la Palabra prof\u00e9tica de Jes\u00fas, el gran Profeta de Dios (LG 35). Por consiguiente, la coherencia con Jes\u00fas, con su vida, sus gestos y sus palabras descubre la verdad divina, o al menos no excluye la autenticidad del mensaje prof\u00e9tico.<em> <\/em><\/li>\n<li><em><\/em><em>La coherencia eclesial <\/em>como criterio de discernimiento se fundamenta en la funci\u00f3n de toda la Iglesia, continuadora de la funci\u00f3n prof\u00e9tica de Jes\u00fas, animada y asistida por el mismo Esp\u00edritu que se supone que anima al profeta. Debe haber, pues, una coherencia fundamental entre todas las fun\u00adciones prof\u00e9ticas ejercidas en la Iglesia, una conciencia de co\u00admuni\u00f3n eclesial. Esto no excluye las resistencias y las dificulta\u00addes suscitadas en el proceso de recepci\u00f3n. Tampoco se opone esa coherencia al car\u00e1cter de \u00absolitario\u00bb, que define tantas ve\u00adces al profeta, ni al riesgo de \u00abunilateralidad\u00bb y \u00abunitradicio\u00adnalismo\u00bb, de que habla Congar.<span id='easy-footnote-2-39844' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-2-39844' title='Cf. Y. &lt;strong&gt;CONGAR, &lt;\/strong&gt;&lt;em&gt;Vraie et Fausse R\u00e9forme dans l&amp;#8217;Eglise. &lt;\/em&gt;Par\u00eds 1969, pp. 179 ss.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span> Son las consecuencias naturales del encuentro del hombre con una Palabra, que tender\u00e1 a absolutizar, precisamente por la afirmaci\u00f3n radical que hace de la misma. De todos modos, una palabra rechazada por uni\u00addades significativas de la Comunidad cristiana, ser\u00e1, muy pro\u00adbablemente, una palabra no prof\u00e9tica. En \u00faltimo t\u00e9rmino, la recepci\u00f3n debe enfrentarse con el <em>\u00abministerium communitatis\u00bb <\/em>(LG 20) de los Obispos y Sumo Pont\u00edfice y su funci\u00f3n discer\u00adnidora de servicios y carismas, en orden al mandamiento de la unidad de vida y de fe (Cf. LG 20; 30).<\/li>\n<li><em>La coherencia testimonial <\/em>del profeta con su mensaje es otro de los criterios definitivos. Tiene su fundamento en la naturaleza de la experiencia prof\u00e9tica. El profeta queda mar\u00adcado por ella; forma parte de la experiencia. Su Palabra es or\u00e1culo y es su misma vida. Es la correspondencia entre el \u00e1rbol y su fruto, de que hablaba Jes\u00fas en el serm\u00f3n del Monte (Mt 7, 15-20). Cuando la Palabra no va acompa\u00f1ada del tes\u00adtimonio, se hace contradictoria, incre\u00edble. Se dice, pero en la pr\u00e1ctica se niega.<em> <\/em><\/li>\n<li><em><\/em><em>La primac\u00eda del amor. <\/em>El criterio arranca de las afirma\u00adciones de Pablo en la primera carta a los Corintios, c. 13, sobre el car\u00e1cter prioritario del amor sobre todo carisma. Se trata de un amor referido a la edificaci\u00f3n de la Comunidad. Todo carisma recibe del amor su eficacia o ineficacia, su va\u00adlidez o invalidez. Sea el que sea; tambi\u00e9n el carisma de profe\u00adc\u00eda. Por eso se puede afirmar que no es palabra prof\u00e9tica la que nace del odio, engendra o alimenta el odio, o tiende a la ruptura de la Comunidad. Naturalmente, ese amor debe ser compatible con la denuncia prof\u00e9tica del pecado y de las si\u00adtuaciones de pecado, lo mismo que con la b\u00fasquda comprome\u00adtida de la liberaci\u00f3n de los hombres sometidos a esas situa\u00adciones.<\/li>\n<\/ol>\n<h3>3. <em>El discernimiento oficial de la Iglesia<\/em><\/h3>\n<p>En todo caso, el planteamiento que hace la Iglesia de su acci\u00f3n discernidora de los distintos carismas que se manifiestan dentro de ella tiene siempre, como punto de partida, el hecho de Cristo, Palabra definitiva de Dios, y el hecho del Esp\u00edritu Santo, comunicado por el Se\u00f1or glorificado, que la asiste en toda su vida y vive dentro de ella. Esta Iglesia de Cristo y del Esp\u00edritu es consciente de poseer una capacidad de discerni\u00admiento espiritual de los carismas aut\u00e9nticos, que es participada de forma diversa por todos los miembros del Cuerpo y que de\u00adtermina la aceptaci\u00f3n o el rechazo de los pretendidos carismas. En el Papa y en los Obispos tal capacidad es reconocida como \u00abfunci\u00f3n eminente\u00bb (LG, 30), exigida por el cumplimiento del \u00abministerium Communitatis\u00bb y por el \u00abmunus docendi\u00bb, que debe velar por la pureza de la fe de los creyentes. Por eso el Papa y los Obispos, en todos los tiempos, han reclamado para s\u00ed el derecho al discernimiento autoritativo y han sentido la urgencia del deber de discernir la verdad de todos los carismas. Y ese derecho lo han ejercido, desde los mismos tiempos apos\u00adt\u00f3licos, con sorprendente cautela y sentido cr\u00edtico, al mismo tiempo que con la preocupaci\u00f3n de que su acci\u00f3n no apague el Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Un solo testimonio, ya en los tiempos modernos, especial\u00admente interesante por referirse al tema de nuestra reflexi\u00f3n, las apariciones, y, concretamente, a las apariciones a santa Catalina. El 12 de mayo de 1887 hizo p\u00fablica la Sagrada Con\u00adgregaci\u00f3n de Ritos la respuesta dada a las dos siguientes pre\u00adguntas formuladas por tres Obispos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abPrimera duda: \u00bfPueden permitir los Obispos, o al menos tolerar, que se exponga a la p\u00fablica veneraci\u00f3n de los fieles en las Iglesias, im\u00e1genes de la Bienaventurada Vir\u00adgen Mar\u00eda, bajo la advocaci\u00f3n de Lourdes, de La Salet\u00adte, o de la Inmaculada Concepci\u00f3n emitiendo rayos de luz de sus manos?<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Segunda duda: \u00bfHa aprobado la Sede Apost\u00f3lica las apariciones o revelaciones que se dice que han sucedido y que han dado lugar al culto de la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda bajo los referidos t\u00edtulos?\u00bb.<span id='easy-footnote-3-39844' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-3-39844' title='Decr. auth. Cogr. Sacr. Rit. 3 (1900) 79. Decr. 3.419.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>\n<p>La respuesta de la Sagrada Congregaci\u00f3n resulta signifi\u00adcativa. A la primera duda la contestaci\u00f3n no encierra dificul\u00adtades : se puede permitir el culto a esas im\u00e1genes e invocacio\u00adnes de Mar\u00eda, con la \u00fanica limitaci\u00f3n que supone la obligaci\u00f3n de guardar las normas generales que observa la Iglesia en el culto de las im\u00e1genes, a partir del Concilio tridentino. A la segunda cuesti\u00f3n se da una respuesta matizada. La Santa Sede ni ha aprobado ni condenado tales apariciones o revelaciones. <em>Las permite, <\/em>como algo que <em>puede ser cre\u00eddo <\/em>piadosamente, pero s\u00f3lo <em>con fe humana, <\/em>conforme al peso de su tradici\u00f3n, confirmada por testimonios y argumentos id\u00f3neos. Los Obis\u00adpos pueden conducirse de modo semejante, con la advertencia de que, si se trata de divulgar por escrito esas apariciones o revelaciones, se debe hacer la oportuna declaraci\u00f3n en este sen\u00adtido, de acuerdo con los decretos de Urbano VIII. La postura es de distanciamiento. Permisiva, en cuanto que <em>puede <\/em>ser cre\u00edda, dentro de una actitud de piedad para con Dios y los santos, de acuerdo con las garant\u00edas de seriedad con que se presenten las pretendidas apariciones y revelaciones. Pero, en todo caso, su recepci\u00f3n se har\u00e1 con fe humana. Es decir, el fen\u00f3meno de las apariciones y revelaciones se produce en un \u00e1mbito y a un nivel esencialmente diferente al que tiene la revelaci\u00f3n divina, recogida en la Sagrada Escritura y la tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>Es la postura que ya Benedicto XIV hab\u00eda expuesto como actitud de la Iglesia:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEs preciso saber que tal aprobaci\u00f3n no significa otra co\u00adsa que el permiso para que, despu\u00e9s de un examen ma\u00adduro, se publiquen para instrucci\u00f3n y utilidad de los fieles, ya que a estas revelaciones, aprobadas de esta manera, aunque no se les deben, ni se les puede otorgar un asenti\u00admiento de fe cat\u00f3lica, se les debe, sin embargo, el asen\u00adtimiento de fe humana, conforme a las reglas de la pruden\u00adcia, de acuerdo con las cuales tales revelaciones son pro\u00adbables y piadosamente cre\u00edbles\u00bb.<span id='easy-footnote-4-39844' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-4-39844' title='BENEDICTO XIV, &lt;em&gt;De Servorum Dei beatificatione, et Beatorum canoni\u00ad&lt;\/em&gt;&lt;em&gt;zatione, &lt;\/em&gt;2, 32, 11.'><sup>4<\/sup><\/a><\/span>\n<p>La aprobaci\u00f3n, pues, de la Iglesia concedida a revelacio\u00adnes o apariciones no tiene m\u00e1s alcance que el de una luz verde para la publicaci\u00f3n y divulgaci\u00f3n entre los fieles de los pre\u00adtendidos hechos sobrenaturales, una vez que, examinados aten\u00adtamente, se los ha encontrado capaces de ayudar positivamen\u00adte al curso de la vida cristiana de los fieles. Ahora bien, el re\u00adconocimiento de la posible validez de esa ayuda y la acepta\u00adci\u00f3n por parte de los fieles no va m\u00e1s all\u00e1 del reconocimiento y aceptaci\u00f3n que se puede dar a cualquier otra aportaci\u00f3n elaborada y desarrollada por la piedad de los fieles en orden a una vivencia m\u00e1s plena de su fe. Un reconocimiento y acep\u00adtaci\u00f3n que no supera el nivel del asentamiento que se presta al hombre y a lo humano. La afirmaci\u00f3n del Papa es en este punto tajante: <em>\u00abni se les deben, ni se les puede <\/em>otorgar un asentimiento de fe cat\u00f3lica\u00bb. Es decir, en ellas no se dan las con\u00addiciones para el ejercicio de la \u00abfe cat\u00f3lica\u00bb, la fe que se presta a Dios y a su Palabra revelada. Por eso puede concluir el Papa con toda claridad \u00abque uno <em>puede, <\/em>conservando \u00edntegra y sana la fe cat\u00f3lica, <em>no prestar su asentimiento <\/em>a las antedichas revelaciones y apartarse de ellas, siempre que esto lo haga con la modestia debida, razonable y sin llegar al desprecio\u00bb.<span id='easy-footnote-5-39844' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-5-39844' title='&lt;strong&gt;BENEDICTO XIV, &lt;\/strong&gt;&lt;em&gt;o. c., &lt;\/em&gt;3, 53, 15.'><sup>5<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Esta libertad del cristiano ante las apariciones y revelacio\u00adnes experimentadas en la Iglesia sit\u00faa a estos hechos, con pre\u00adtensi\u00f3n de sobrenaturales, en el \u00e1mbito del desarrollo normal de la vida cristiana, totalmente diferenciados de los aconteci\u00admientos salv\u00edficos, originales y fundamentales, que conocemos como Revelaci\u00f3n de Dios en Jesucristo. Esa diferenciaci\u00f3n en la respuesta posible del creyente a uno y a otro acontecimiento, y consiguiente distinci\u00f3n de \u00e1mbito en el que se sit\u00faan, parece implicar una diferenciaci\u00f3n cualitativa entre la Revelaci\u00f3n y las revelaciones, diferenciaci\u00f3n esencial, que habr\u00eda que po\u00adner en relaci\u00f3n con el hecho central de la fe cristiana en el ha\u00adblar definitivo de Dios en su Hijo Jesucristo.<\/p>\n<p>La posici\u00f3n oficial del Magisterio de la Iglesia, que veni\u00admos comentando, explicita una larga tradici\u00f3n en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica de la Iglesia y en sus directrices pr\u00e1cticas y actitudes. La presentaci\u00f3n de esa reflexi\u00f3n desborda los l\u00edmites de este estudio. Nos interesa, no obstante, presentar, al menos en sus l\u00edneas de pensamiento m\u00e1s generales, a un testigo de excepci\u00f3n, de autoridad especialmente reconocida en nuestro tema: san Juan de la Cruz.<\/p>\n<h3>4. <em>La prevenci\u00f3n de los m\u00edsticos<\/em><\/h3>\n<p>En su \u00abSubida del Monte Carmelo\u00bb distingue san Juan de la Cruz, con precisi\u00f3n escol\u00e1stica, los distintos caminos a tra\u00adv\u00e9s de los cuales puede llegar el hombre a la adquisici\u00f3n de noticia y aprehensi\u00f3n de objetos, situaciones o acontecimien\u00adtos. La distinci\u00f3n es importante para comprender el pensa\u00admiento del santo sobre el valor y significado de los fen\u00f3menos sobrenaturales de visiones, apariciones, o comunicaci\u00f3n de revelaciones.<\/p>\n<p>Seg\u00fan \u00e9l, en una primera consideraci\u00f3n general, hay que notar que el entendimiento del hombre puede alcanzar sus co\u00adnocimientos o por v\u00eda natural o por v\u00eda sobrenatural. La pri\u00admera forma de acci\u00f3n cognosticiva supone una doble posibi\u00adlidad de realizaci\u00f3n: o bien pasa por el ejercicio de los sentidos corporales, que, a su vez, hacen posible el ejercicio inductivo del entendimiento; o simplemente consiste en el razonar del propio entendimiento, que puede, de este modo, alcanzar nuevos conocimientos.<\/p>\n<p>La segunda forma de conocer, la v\u00eda sobrenatural, comu\u00adnica sus noticias al entendimiento por encima de \u00absu capaci\u00addad y habilidad natural\u00bb. Estos conocimientos sobrenaturales, que son los que interesan directamente a nuestro tema de estudio, los clasifica el santo en \u00abnoticias corporales\u00bb, por lle\u00adgar al entendimiento, o mediante el ejercicio de los sentidos corporales exteriores, o por los sentidos corporales interiores, operantes en la fantas\u00eda e imaginaci\u00f3n. Esas noticias corpora\u00adles ser\u00edan las visiones, locuciones, o cualquier otra percepci\u00f3n, que afecte a los sentidos interiores o exteriores, con un origen sobrenatural. Otros conocimientos son \u00abnoticias espirituales\u00bb, que pueden presentarse al entendimiento en una doble forma: o como <em>\u00abnoticia distinta y particular\u00bb, <\/em>o de modo <em>\u00abconfuso, oscuro y general\u00bb. <\/em>Las primeras son comunicadas al esp\u00edritu sin que act\u00fae la mediaci\u00f3n de los sentidos interiores o exterio\u00adres. Esas \u00abnoticias espirituales distintas y particulares\u00bb, seg\u00fan san Juan de la Cruz, pueden ser de diferentes clases y reciben el nombre de \u00abvisiones\u00bb, \u00abrevelaciones\u00bb, \u00ablocuciones\u00bb y \u00absen\u00adtimientos espirituales\u00bb. El segundo, el llamado \u00abconocimiento confuso, oscuro y general\u00bb, se alcanza a trav\u00e9s de la \u00abcontem\u00adplaci\u00f3n que se da en fe\u00bb. Seg\u00fan el pensamiento del santo, es en esa contemplaci\u00f3n desde la fe donde el alma ha de procu\u00adrar situarse en su b\u00fasqueda de D\u00edos. S\u00f3lo ella tiene valor sin el menor reparo. Todas las otras formas de conocimiento y las noticias alcanzadas por el alma a trav\u00e9s de ellas tienen un va\u00adlor puramente relativo; m\u00e1s a\u00fan, en rigor, peyorativo. En este sentido, el juicio de valor que hace de las llamadas \u00abnoticias corporales\u00bb no deja lugar a dudas :<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abPero, cuando son visiones imaginarias u otras aprensio\u00adnes sobrenaturales, que pueden caer en el sentido sin el albedr\u00edo del hombre, digo que en cualquier tiempo y sa\u00adz\u00f3n, ahora sea en estado perfecto, ahora en menos per\u00adfecto, aunque sean de parte de Dios, no las ha el alma de querer admitir&#8230;\u00bb.<span id='easy-footnote-6-39844' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-6-39844' title='SAN &lt;strong&gt;JUAN DE LA CRUZ, &lt;\/strong&gt;&lt;em&gt;Subida del Monte Carmelo, &lt;\/em&gt;1.2, XVII, 7, Obras Burgos 1940, p. 148.'><sup>6<\/sup><\/a><\/span>\n<p>La valoraci\u00f3n de las \u00abnoticias espirituales\u00bb, es decir, de las noticias que \u00e9l llama \u00abdistintas y particulares\u00bb, las que se dan en el hombre sin mediaci\u00f3n alguna de los sentidos exterio\u00adres o interiores, se reafirma en sentido id\u00e9ntico. De las visiones espirituales dice sin vacilaci\u00f3n:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEstas visiones, por cuanto son de criaturas con quien D\u00edos ninguna proporci\u00f3n ni conveniencia esencial tiene, no pueden servir al entendimiento de medio pr\u00f3ximo para la uni\u00f3n de Dios. Y as\u00ed, conviene al alma haberse pura\u00admente negativa en ellas, como en las dem\u00e1s que habremos dicho, para ir adelante por el medio pr\u00f3ximo que es la fe\u00bb.<span id='easy-footnote-7-39844' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-7-39844' title='&lt;strong&gt;SAN JUAN DE LA CRUZ, O. &lt;\/strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;C., &lt;\/em&gt;&lt;\/strong&gt;1.2, XXIV 8, p. 192.'><sup>7<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Id\u00e9ntico juicio y actitud se asume ante las otras formas de \u00abnoticias espirituales\u00bb, las \u00abrevelaciones\u00bb, \u00ablocuciones\u00bb y \u00absentimientos espirituales\u00bb. Una y otra vez se remite a la doc\u00adtrina anteriormente expuesta.<span id='easy-footnote-8-39844' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-8-39844' title='Cf. &lt;em&gt;o. c., &lt;\/em&gt;1.2, XXVI 18,p. 202; XXIX 12, p. 213; XXX 5, p.215; XXXII 4, p. 219.'><sup>8<\/sup><\/a><\/span>\n<p>A nuestro estudio, centrado sobre el fen\u00f3meno de las apa\u00adriciones en la Iglesia, interesa particularmente el an\u00e1lisis de las llamadas <em>\u00abvisiones corporales\u00bb, <\/em>es decir, aquellas experien\u00adcias pretendidamente sobrenaturales, que se dan a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n de los sentidos exteriores e interiores. Vamos, pues, a recoger algunas observaciones que san Juan de la Cruz hace referentes al sentido de estos fen\u00f3menos sobrenaturales.<\/p>\n<p>La experiencia que llamamos <em>\u00abvisi\u00f3n corporal\u00bb, <\/em>para dis\u00adtinguirla de la \u00abvisi\u00f3n espiritual\u00bb, o \u00abvisi\u00f3n intelectual\u00bb, se da cuando la comunicaci\u00f3n sobrenatural se presenta al alma bajo la forma de una realidad objetual, perceptible por los sen\u00adtidos exteriores o interiores. Estas visiones son <em>\u00abcorporales <\/em><em>propiamente dichas\u00bb, <\/em>cuando son percibidas por los ojos del cuerpo. Son <em>\u00abvisiones imaginarias\u00bb <\/em>cuando su percepci\u00f3n in\u00admediata se da a trav\u00e9s de la imaginaci\u00f3n o de la fantas\u00eda.<\/p>\n<p>En <em>el primer tipo de visi\u00f3n, <\/em>cuando el objeto es percibido por los ojos del cuerpo, la mayor parte dedos maestros espi\u00adrituales est\u00e1n de acuerdo en reconocer que no se da una presencia real de la persona u objeto al que se refiere la visi\u00f3n. Se dar\u00eda \u00fanicamente, o bien la conjunci\u00f3n milagrosa de un pa\u00adquete de est\u00edmulos f\u00edsicos, que act\u00faan sobre el vidente, o la im\u00adpresi\u00f3n milagrosa en los mismos sentidos corporales del vi\u00addente de la imagen percibida.<span id='easy-footnote-9-39844' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-9-39844' title='Cf. CRIS\u00d3GONO DE JES\u00daS SACRAMENTADO, &lt;em&gt;Compendio de Asc\u00e9tica y M\u00eds\u00ad&lt;\/em&gt;&lt;em&gt;tica. &lt;\/em&gt;Avila 1933, p. 209.'><sup>9<\/sup><\/a><\/span> El fen\u00f3meno apariencial act\u00faa como medio de comunicaci\u00f3n divina. En todo caso no se puede hablar de enga\u00f1o. Nota san Juan de la Cruz que \u00abaunque las visiones y locuciones de Dios son verdaderas y siempre en s\u00ed ciertas, no lo son siempre para con nosotros\u00bb.<span id='easy-footnote-10-39844' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-10-39844' title='SAN JUAN DE LA CRUZ, &lt;em&gt;O. C., &lt;\/em&gt;1.2, XIX 1, p. 154.'><sup>10<\/sup><\/a><\/span> Pero la causa de esto no puede ponerse en Dios, ni en la realidad de la mis\u00adma visi\u00f3n, sino, ante todo, \u00aben nuestra manera defectuosa de entender\u00bb. Las cosas ni son, ni suceden siempre como nos parecen.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abDe esta manera y de otras muchas acaece enga\u00f1arse las almas acerca de las locuciones y revelaciones de parte de Dios por tomar la inteligencia de ellas a la letra y corteza; porque como ya queda dado a entender, el principal in\u00adtento de Dios en aquellas cosas es decir y dar el esp\u00edritu que est\u00e1 all\u00ed encerrado, el cual es dificultoso de entender. Y este es m\u00e1s abundante que la letra, y muy extraordina\u00adrio y fuera de los l\u00edmites de ella. Y as\u00ed, el que se atare a la letra o locuci\u00f3n o forma o figura aprensible de la visi\u00f3n, no podr\u00e1 dejar de errar mucho, y hallarse despu\u00e9s muy corto y confuso, por haberse guiado seg\u00fan el sentido en ellas, y no dado lugar al esp\u00edritu en desnudez de sentido&#8230; Por lo cual se ha de renunciar a la letra en este caso del sentido, y quedarse a oscuras en fe, que es el esp\u00edritu, al cual no puede comprender el sentido\u00bb.<span id='easy-footnote-11-39844' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-11-39844' title='&lt;em&gt;&lt;\/em&gt;&lt;em&gt;O. c., &lt;\/em&gt;1.2, XIX 5, p. 156.'><sup>11<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Las <em>\u00abvisiones imaginarias\u00bb, <\/em>es decir, \u00abtodas las cosas que debajo de imagen forma y figura y especie sobrenaturalmente se pueden representar a la imaginaci\u00f3n\u00bb,<span id='easy-footnote-12-39844' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-12-39844' title='&lt;em&gt;&lt;\/em&gt;&lt;em&gt;O. c., &lt;\/em&gt;1.2, XVI 2, p. 138.'><sup>12<\/sup><\/a><\/span> son las que m\u00e1s frecuentemente se dan en la vida de los santos y de las personas de intensa experiencia espiritual. En su formaci\u00f3n act\u00faan, las m\u00e1s de las veces, las especies ya existentes en la fantas\u00eda del vidente, (im\u00e1genes vistas, lecturas, vivencias sensoriales&#8230;). \u00abTodas las aprehensiones y especies, que de todos los cinco sentidos corporales se representan al alma, y en ella hacen asiento por v\u00eda natural, pueden por v\u00eda sobrenatural tener lu\u00adgar en ella y represent\u00e1rsele&#8230;).<span id='easy-footnote-13-39844' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-13-39844' title='Ibid.'><sup>13<\/sup><\/a><\/span> Si tienen origen divino, son excitadas e iluminadas por acci\u00f3n sobrenatural. Si son natu\u00adrales, ser\u00e1n las posibles incitaciones naturales a las que se ve sometido el sujeto, las que las provoquen. Esto explica la coincidencia de formas y esquemas que pueden darse en estas visiones, perfectamente explicables por las experiencias natu\u00adrales del vidente, sin que ello implique argumento en contra de la autenticidad sobrenatural de las visiones. Las coincidencias, a veces verdaderamente notables, no son indicio de fraude y plagio, sino de su formaci\u00f3n imaginaria.<\/p>\n<h3><em>5. Dos observaciones cr\u00edticas<\/em><\/h3>\n<p>Hay que observar que la doctrina tradicional sobre las vi\u00adsiones y dem\u00e1s experiencias sobrenaturales gusta de establecer una gradaci\u00f3n en la perfecci\u00f3n y excelencia de las mismas. Seg\u00fan esta evaluaci\u00f3n, las \u00abvisiones corporales propiamente dichas\u00bb ser\u00edan las m\u00e1s imperfectas. Las seguir\u00edan las \u00abvisiones imaginarias\u00bb, poseedoras de una mayor excelencia. El m\u00e1ximo de perfecci\u00f3n habr\u00eda que atribuirlo a las \u00abvisiones espirituales\u00bb, en las que no hay intervenci\u00f3n alguna de los sentidos exterio\u00adres o interiores. Esta valoraci\u00f3n, cuando se hace desde una perspectiva ontol\u00f3gica de las experiencias, resulta hoy para nosotros de marcado sabor platonizante y dif\u00edcilmente admi\u00adsible. Si el punto de vista tenido en cuenta es el del progreso alcanzado por el vidente en su camino de perfecci\u00f3n, cierta\u00admente responde a una referencia objetiva, pero discutible .y di\u00adf\u00edcilmente determinable. Por otra parte, este punto de vista nos resulta claramente <em>individualista <\/em>y unilateral. Es necesario complementar esta perspectiva intimista y particular con la consideraci\u00f3n de la <em>finalidad carism\u00e1tica <\/em>de estas experiencias, esencialmente ordenadas, como todos los dones del Esp\u00edritu, al <em>bien com\u00fan de todo el Cuerpo <\/em>(cf. 1 Cor 12, 7). Consideradas as\u00ed las cosas, una \u00abvisi\u00f3n corporal propiamente dicha\u00bb, o una \u00abvisi\u00f3n imaginaria\u00bb, responde perfectamente a las exigencias de una comunicaci\u00f3n divina destinada a ser participada por todo el pueblo de Dios. Por el contrario, la \u00abvisi\u00f3n espiritual\u00bb contiene unas posibilidades de participaci\u00f3n mucho menores por parte de la Comunidad.<\/p>\n<p>En todo caso, la doctrina de san Juan de la Cruz mantiene toda su validez, aun en esa perspectiva comunitaria y recono\u00adciendo sus exigencias :<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEl alma no ha de poner los ojos en aquella corteza de figura y objeto que se le pone delante sobrenaturalmente, ahora sea acerca del sentido exterior, como son locucio\u00adnes y palabras al o\u00eddo, y visiones de santos a los ojos y resplandores hermosos&#8230; Ni tampoco los ha de poner en cualesquier visiones del sentido interior, cuales son las imaginarias, antes renunciarlas todas; s\u00f3lo ha de poner los ojos en aquel buen esp\u00edritu que causan, procurando conservarle en obrar y poner por ejercicio lo que es de servicio de Dios ordenadamente, sin advertencia de aque\u00adllas representaciones ni de querer alg\u00fan gusto sensible. Y as\u00ed se toma de estas cosas s\u00f3lo lo que Dios preten\u00adde&#8230;\u00bb.<span id='easy-footnote-14-39844' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-14-39844' title='&lt;em&gt;0. c., &lt;\/em&gt;1.2, XVII 9, p. 149.'><sup>14<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Es decir, en las experiencias sobrenaturales de visiones, apariciones, revelaciones, etc., hay que distinguir siempre esa <em>\u00abcorteza de figura y objeto\u00bb <\/em>que se presenta al vidente, con toda su posible espectacularidad <em>y \u00abel buen esp\u00edritu que causan\u00bb, <\/em><em>\u00ablo que Dios pretende\u00bb <\/em>mediante estos fen\u00f3menos sobrenatu\u00adrales, es decir, lo que Dios quiere comunicar. Lo primero, no s\u00f3lo es el elemento secundario del fen\u00f3meno sobrenatural, sino que encierra en s\u00ed peligros y ambig\u00fcedades que justifican la reserva y cautela que se debe mantener ante ellos. Su funci\u00f3n debe mantenerse al servicio del contenido, el mensaje que Dios quiere comunicar por su medio.<\/p>\n<p>Esta atenci\u00f3n a la intencionalidad de Dios, \u00ablo que Dios pretende\u00bb, lo mismo que la distinci\u00f3n entre \u00abcorteza de figu\u00adra\u00bb y el \u00abesp\u00edritu que causan\u00bb, nos sit\u00faa en un dinamismo de comunicaci\u00f3n divina con el hombre. Es decir, supuesta la ordenaci\u00f3n comunitaria de los carismas, en una <em>econom\u00eda de <\/em><em>funci\u00f3n prof\u00e9tica <\/em>en la que el vidente es, ante todo, portador de un mensaje de Dios. El destinatario de la experiencia es, en \u00faltimo t\u00e9rmino, el Cuerpo comunitario. En esta perspectiva hay que notar que sigue teniendo todo sentido la llamada de atenci\u00f3n a no detenerse en la \u00abcorteza de figura\u00bb, para aten\u00adder, en cambio, a \u00ablo que Dios pretende\u00bb. Desde este punto de vista comunitario la \u00abcorteza de figura\u00bb se manifiesta no s\u00f3lo en la visi\u00f3n corporal o imaginaria que ha tenido el vidente, sino en su prolongaci\u00f3n en todo un sistema de formas sensibles, culturales, espectaculares, que, frecuentemente, en un desa\u00adrrollo desbordante, llegan a convertirse en el objeto primario de la manifestaci\u00f3n divina y dejan en el olvido, o en un segun\u00addo plano, lo que, en realidad, constituia el objetivo directo y el contenido de la comunicaci\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>Seg\u00fan este an\u00e1lisis de las comunicaciones extraordinarias de Dios, se da una <em>doble posible comprensi\u00f3n <\/em>de la experiencia sobrenatural, la <em>comprensi\u00f3n prof\u00e9tica <\/em>y la <em>comprensi\u00f3n cul\u00ad<\/em><em>tual. <\/em>La primera atiende al sentido \u00faltimo y al mensaje divino contenido en la experiencia. La segunda se interesa por la materialidad espectacular de la experiencia. Es la primera la que es aceptada y tiene pleno sentido en la reflexi\u00f3n de la Iglesia. Hacia la segunda predomina una actitud de recelo y precauci\u00f3n. De hecho los aspectos de la experiencia atendidos en la comprensi\u00f3n cultual son veh\u00edculo necesario para poder acceder a la comprensi\u00f3n prof\u00e9tica, pero su misma especta\u00adcularidad f\u00e1cilmente los puede transformar en pantalla que oculte el mensaje que deber\u00edan comunicar. Es ese riesgo el que justifica, sobre todo, la cautela de la Iglesia.<\/p>\n<p>Una \u00faltima observaci\u00f3n, que nos abrir\u00e1 al mismo tiempo el camino a la reflexi\u00f3n dogm\u00e1tica sobre las apariciones en la Iglesia: el te\u00f3logo tiene que confesar un cierto malestar al encontrarse con los an\u00e1lisis y explicaciones que le presentan los maestros de asc\u00e9tica y m\u00edstica cuando intentan dar raz\u00f3n del origen y realizaci\u00f3n de estos fen\u00f3menos sobrenaturales. Se habla de \u00abiluminaciones sobrenaturales\u00bb, de \u00abespecies im\u00adpresas iluminadas sobrenaturalmente\u00bb, de \u00abcreaci\u00f3n e infu\u00adsi\u00f3n de nuevas especies\u00bb, de acci\u00f3n en los sentidos externos, en la fantas\u00eda, etc, etc. Todo esto responde a intentos de explica\u00adci\u00f3n te\u00f3rica, a nivel psicol\u00f3gico, en dependencia de una deter\u00adminada antropolog\u00eda, que hoy nos resulta extra\u00f1a. Se echa de menos una aut\u00e9ntica raz\u00f3n teol\u00f3gica de los fen\u00f3menos, que quiz\u00e1 no diga nada de los procesos psicol\u00f3gicos que se pro\u00adducen en el fen\u00f3meno, pero que en cambio nos se\u00f1ale las causas teol\u00f3gicas del mismo.<\/p>\n<p>Lo decisivo para el te\u00f3logo debe estar en referencia a Cris\u00adto, al Se\u00f1or glorificado, y al \u00abpoder que tiene de someter a s\u00ed todas las cosas\u00bb, del que nos habla Pablo en la carta a los Filipenses (Filip. 3, 21). Es ese Se\u00f1or, con su plenitud de poder, el que puede obrar y comunicarse en todo lugar, en todo mo\u00admento, por cualquier hombre o mujer, al que escoja y llame para hacerlo portador de su mensaje de salvaci\u00f3n. Es la situa\u00adci\u00f3n escatol\u00f3gica, que se inicia con Cristo y su resurrecci\u00f3n, en la que toda la realidad le queda sometida en una relaci\u00f3n de Cuerpo (cf. Col 2, 17), la que se manifiesta y hace posible estos fen\u00f3menos sobrenaturales. Y es el proceso cristificador hacia la perfecta comuni\u00f3n y unidad del Reino de Dios el que da su sentido teol\u00f3gico a estas experiencias. Pero estas obser\u00advaciones nos sit\u00faan ya en la comprensi\u00f3n dogm\u00e1tica del tema de las apariciones en la Iglesia.<\/p>\n<h2>II. Hacia una comprensi\u00f3n dogm\u00e1tica de las apariciones<\/h2>\n<p>Un estudio teol\u00f3gico-dogm\u00e1tico del fen\u00f3meno de las apa\u00adriciones en la Iglesia, que nos permita descubrir su sentido y hacer su valoraci\u00f3n equilibrada y teol\u00f3gicamente fundamen\u00adtada, debe comenzar por referirse a Cristo. A prop\u00f3sito de las palabras iniciales de la Carta a los Hebreos, que recuerdan el hablar plural y variado de Dios por los Profetas en los tiem\u00adpos pasados, y el hablar de pleno sentido por su Hijo, comenta san Juan de la Cruz: \u00abEn lo cual da a entender el Ap\u00f3stol que <em>Dios ha quedado como mudo y no tiene m\u00e1s que hablar, <\/em>porque lo que hablaba antes en partes a los Profetas, ya lo ha hablado en \u00e9l todo, d\u00e1ndonos el Todo que es su Hijo\u00bb.<span id='easy-footnote-15-39844' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-15-39844' title='&lt;em&gt;O. c., &lt;\/em&gt;1.2, XXII 4, p. 177.'><sup>15<\/sup><\/a><\/span> La afirmaci\u00f3n es de gran fuerza expresiva y audacia. Dios, como mudo, no tiene m\u00e1s que hablar. \u00bfSupone una desautorizaci\u00f3n radical de toda revelaci\u00f3n y comunicaci\u00f3n sobrenatural, neg\u00e1ndole su origen divino ? Aunque las palabras pudieran inducir a esa conclusi\u00f3n, el pensamiento del santo Doctor es claramente otro. En todo el tratado est\u00e1 suponiendo la realidad de esas comunicaciones divinas con el hombre. En ese supuesto, el sentido de sus palabras es que Dios ya s\u00f3lo habla por Cristo. Todo nuevo hablar divino, toda nueva comunicaci\u00f3n, s\u00f3lo se puede hacer comprensible en referencia a Jes\u00fas. En el Hijo est\u00e1 su clave de interpretaci\u00f3n. Dios nos ha dicho en Cristo la palabra que clarifica todas sus palabras y todas sus comuni\u00adcaciones.<\/p>\n<h3><em>1. La experiencia pascual de las apariciones de Jes\u00fas<\/em><\/h3>\n<p>Esta fundamentaci\u00f3n cristol\u00f3gica de todas las relaciones del hombre con Dios, cuando se pretende analizar el sentido del fen\u00f3meno de las apariciones nos lleva al misterio de Cristo y, concretamente, a una reflexi\u00f3n inicial sobre las apariciones de Jes\u00fas resucitado a sus disc\u00edpulos. No cabe duda de que esa experiencia fundamental en la vida de la Iglesia se nos presenta como el aspecto del misterio de Cristo m\u00e1s cercano a las expe\u00adriencias sobrenaturales que pretendemos estudiar: apariciones en la Iglesia. En los mismos or\u00edgenes de la Comunidad cris\u00adtiana nos encontramos con unas experiencias de aparici\u00f3n, aceptadas por toda la Iglesia como fundamentadoras de su fe.<\/p>\n<p>Hay que notar, sin embargo, que no se puede establecer una identidad de naturaleza, sin m\u00e1s, entre las apariciones de Jes\u00fas resucitado, testimoniadas en las tradiciones evang\u00e9licas, y la experiencia de las distintas apariciones de Cristo o de sus santos, testificadas en la historia de la Iglesia. Las apariciones del Resucitado se manifiestan en la tradici\u00f3n evang\u00e9lica con unas caracter\u00edsticas \u00fanicas e irrepetibles. Forman parte del momento constitutivo y original de la Iglesia. Sus receptores, los ap\u00f3stoles, son el fundamento sobre el que se construye la Iglesia (Ef. 2, 20). Por eso la experiencia del encuentro con el Se\u00f1or resucitado est\u00e1 unida en continuidad con la experien\u00adcia del convivir con Jes\u00fas, para el que fueron llamados al apostolado y que los convirti\u00f3 en testigos (cf. Mc 3, 14; Act 1, 21 s.). Las apariciones del Resucitado est\u00e1n unidas a toda su vida y mensaje. Son la comunicaci\u00f3n del \u00abs\u00ed\u00bb, que Dios le ha dado, frente al \u00abno\u00bb de cuantos lo condenaron. Fundamentan, pues, la fe de la Iglesia y, consiguientemente, fundamentan toda su vida. Hay que decir que el Se\u00f1or resuci\u00adtado, que se revela a los disc\u00edpulos en las apariciones narradas en los evangelios constituye el fundamento de la posibilidad, y de la realidad, de todas las otras apariciones y manifesta\u00adciones sobrenaturales que tienen lugar en la historia de la Igle\u00adsia. Es esta fundamentaci\u00f3n de posibilidad y de realidad la que establece unas analog\u00edas entre ambos fen\u00f3menos, que inducen a un estudio m\u00e1s detallado de las apariciones de Jes\u00fas, como iluminadoras de los fen\u00f3menos y experiencias de aparici\u00f3n.<\/p>\n<p>Las apariciones de Jes\u00fas a sus disc\u00edpulos forman parte de\u00adcisiva de la experiencia de Pascua y de su catequesis. As\u00ed lo encontramos en la estructura narrativa que cierra los cuatro evangelios, en la que la narraci\u00f3n de las apariciones de Jes\u00fas a sus disc\u00edpulos es elemento principal de la presentaci\u00f3n de la fe pascual. Y as\u00ed lo indica ya el sumario catequ\u00e9tico primitivo, conservado por Pablo en su primera carta a la Comunidad de Corinto (1 Cor 15, 3-7). All\u00ed se ofrece el cat\u00e1logo oficial de apariciones, sobre el que la primera Comunidad cristiana fun\u00addamenta su fe en la resurrecci\u00f3n de Cristo : \u00abSe apareci\u00f3 a Cefas, y luego a los Doce; despu\u00e9s se apareci\u00f3 a m\u00e1s de qui\u00adnientos hermanos a la vez, la mayor parte de los cuales viven todav\u00eda, pero algunos han muerto. Luego se apareci\u00f3 a San\u00adtiago; m\u00e1s tarde a todos los ap\u00f3stoles\u00bb.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis cr\u00edtico de estos datos documentales descubre como hecho fundamental en el origen de estos testimonios la afirmaci\u00f3n de que los testigos indicados <em>\u00abvieron <\/em>a Jes\u00fas\u00bb, <em>\u00ablo <\/em><em>encontraron\u00bb <\/em>vivo, <em>\u00abconvivieron\u00bb <\/em>con \u00e9l despu\u00e9s de su muerte. No lo vieron todos. Se apareci\u00f3 solamente a algunos, que de este modo, por esa experiencia, se convirtieron en portadores de un mensaje que los hace fundamento de la Comunidad. Como dec\u00eda Pedro, \u00abDios lo resucit\u00f3 al tercer d\u00eda y le concedi\u00f3 la gracia de aparecerse, no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios hab\u00eda escogido de antemano, a nosotros, que comi\u00admos y bebimos con \u00e9l despu\u00e9s de que resucit\u00f3 de entre los muertos\u00bb (Act. 10, 40 s). A ese testimonio responde la Comu\u00adnidad confesando su fe: \u00ab\u00a1Es verdad! \u00a1El Se\u00f1or ha resucitado y se ha aparecido a Sim\u00f3n!\u00bb (Lc 24, 34).<\/p>\n<p>Aunque la perspectiva adoptada en esta segunda parte del estudio es la dogm\u00e1tica, sin embargo, inevitablemente, la pri\u00admera pregunta que surge al enfrentarse con el dato original de los documentos, \u00abvieron a Jes\u00fas\u00bb, \u00ablo encontraron vivo\u00bb, \u00abconvivieron con \u00e9l\u00bb, es una <em>pregunta cr\u00edtica sobre la objeti\u00advidad <\/em>de la experiencia. \u00bfEn qu\u00e9 consisti\u00f3 esa experiencia? \u00bfQu\u00e9 fundamento objetivo tuvo? \u00bfToda su raz\u00f3h de ser estuvo en la subjetividad de los testigos, o fue independiente de esa subjetividad ? \u00bfTotalmente independiente, o condicionada por ella? Son preguntas importantes a las que en las largas discusiones sobre la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas se han dado toda clase de respuestas, dictadas, frecuentemente, por prejuicios ideo\u00adl\u00f3gicos m\u00e1s que por los datos contenidos en los documentos. Se puede suspender el an\u00e1lisis cr\u00edtico-hist\u00f3rico en la mera afirmaci\u00f3n del <em>fen\u00f3meno <\/em>de las apariciones, sin enjuiciar su objetividad o subjetividad, ni determinar m\u00e1s la naturaleza del fen\u00f3meno. Se ha llegado a un l\u00edmite m\u00e1s all\u00e1 del cual el m\u00e9todo cr\u00edtico-hist\u00f3rico no puede ofrecer m\u00e1s que conjeturas. Reconocerlo es cient\u00edficamente honrado. Pero lo es tambi\u00e9n apurar hasta el extremo las indicaciones de los documentos que puedan iluminar el fen\u00f3meno.<\/p>\n<p>Ciertamente, hay que dejar asentado desde el primer mo\u00admento que el \u00abver\u00bb, el \u00abencontrar\u00bb, el \u00abconvivir\u00bb de la expe\u00adriencia de los disc\u00edpulos con Jes\u00fas despu\u00e9s de su muerte es del todo especial. Es diferente del \u00abver\u00bb \u00abencontrar\u00bb, \u00abconvivir\u00bb que se da en las relaciones comunes entre los hombres. Estan\u00addo todos los disc\u00edpulos en Jerusalem, deseando todos hacer la experiencia, unos pudieron hacerla, otros no. Es diferente de lo que debi\u00f3 de ser el encuentro con otros resucitados, de los que nos hablan los evangelios: la hijita de Jairo, el hijo de la viuda de Naim, L\u00e1zaro de Betania. En todos estos casos, cuando se los encontraba, no hab\u00eda apariciones. El resucitado estaba all\u00ed, disponible para ser encontrado por todos. Los ju\u00add\u00edos de Jerusalem, todos cuantos lo deseasen, pod\u00edan acercarse hasta Betania, para ver y conversar con el hombre que hab\u00eda hecho la experiencia extremecedora de volver de la muerte a la vida (Jo 12, 9). A Jes\u00fas s\u00f3lo lo vieron aquellos a los que \u00e9l se apareci\u00f3. Los dem\u00e1s ten\u00edan que contentarse con la afirma\u00adci\u00f3n increible de que Jes\u00fas de Nazaret, el crucificado, viv\u00eda, se hab\u00eda aparecido a algunos de sus disc\u00edpulos.<\/p>\n<p>Pero esta radical diferenciaci\u00f3n del encuentro con Jes\u00fas resucitado respecto a las formas comunes de encuentro entre los hombres, puede encontrar su explicaci\u00f3n en la pura sub\u00adjetividad de la experiencia, s\u00f3lo asequible al sujeto que la pro\u00adduce, o bien a que nos encontramos ante una forma distinta de realidad, a la que no se le pueden aplicar sin m\u00e1s las cate\u00adgor\u00edas que aplicamos al nivel de realidad en que vivimos nues\u00adtra vida. Es la primera explicaci\u00f3n, la de la subjetividad, la que queda descartada por un conjunto de indicios de objetivi\u00addad presentes en los documentos, que no parecen compatibles con la explicaci\u00f3n subjetiva.<\/p>\n<p>En primer lugar, el n\u00famero de testigos de las apariciones, a\u00fan contando con la aparici\u00f3n a m\u00e1s de quinientos hermanos y con la exactitud de la cifra de los testigos, resulta reducido. Hay que tener en cuenta que la creencia en que Jes\u00fas vive es pose\u00edda por unas comunidades que sabemos que estaban do\u00adminadas por una serie de fen\u00f3menos espectaculares de entu\u00adsiasmo carism\u00e1tico, derivados, precisamente, de la creencia en la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>En segundo lugar, en los mismos sujetos testigos de apari\u00adciones hay una extra\u00f1a limitaci\u00f3n de n\u00famero y tiempo. En un momento determinado dejan de ser favorecidos por estos en\u00adcuentros, a pesar de que las circuntancias vividas por la Co\u00admunidad los enfrentan con situaciones y problemas en los que el parecer del Se\u00f1or que vive ser\u00edan decisivos. Pensemos en la necesidad de cubrir el puesto de Judas en el grupo de los Doce. Jes\u00fas era el creador del grupo, llamando a los que quiso (cf. Mc 3, 13 ; Jo 15, 16). Los Doce son testigos de apariciones. Sin embargo, el problema se resolver\u00e1 echando a suertes entre los dos disc\u00edpulos elegidos por la Comunidad (Act. 1, 21-26). Lo mismo sucede cuando se plantea el problema de la admisi\u00f3n de los gentiles y de la determinaci\u00f3n de las condiciones de su incorporaci\u00f3n a la naciente Iglesia. En el primer caso, Pedro, testigo calificado de las apariciones de Jes\u00fas, Justifica su decisi\u00f3n de bautizar a Cornelio con una \u00abvisi\u00f3n\u00bb, pero no del Re\u00adsucitado, sino del gran mantel lleno de animales y unas pala\u00adbras que interpretan lo visto (Act. 10). En el segundo, ser\u00e1 la decisi\u00f3n laboriosa del llamado Concilio de Jerusalem la que se\u00ad\u00f1ale las condiciones de vida de los incorporados. Se tiene con\u00adciencia de que la decisi\u00f3n pertenece al Se\u00f1or y a su Esp\u00edritu (Act. 15, 28), pero se ha llegado a las conclusiones, no con una aparici\u00f3n, sino tras la deliberaci\u00f3n de la Comunidad. En to\u00addos estos casos, la gravedad de los problemas planteados, la perplejidad ante su soluci\u00f3n, la experiencia personal de los interesados, ped\u00edan la intervenci\u00f3n del que se sab\u00eda que viv\u00eda y estaba misteriosamente siempre con ellos. De hecho se le hace intervenir, pero no en una aparici\u00f3n, sino en el juego de actuaciones que est\u00e1n en las manos de sus disc\u00edpulos, o en experiencias sobrenaturales que no tienen nada que ver con las apariciones.<\/p>\n<p>Una \u00faltima observaci\u00f3n, nacida del an\u00e1lisis de la forma literaria en que se expresan las narraciones de las apariciones. La categor\u00eda de \u00abresurrecci\u00f3n\u00bb, con la que los disc\u00edpulos dan sentido a su experiencia de encuentro con el Se\u00f1or, pertenece a la concepci\u00f3n apocaliptica, dominante en Israel, en el mo\u00admento en que Jes\u00fas predica su mensaje de proximidad del Reino de Dios. De hecho ese mensaje de Jes\u00fas tiene todo su sentido en el contexto de la apocal\u00edptica jud\u00eda. Se esperar\u00eda un fen\u00f3meno de arrastre y de coherencia formal. La categor\u00eda apocal\u00edptica de \u00abresurrecci\u00f3n\u00bb debiera proyectar su \u00edndole en los elementos formales con que se construyen las narraciones de las apariciones. Es el fen\u00f3meno que sucede en las narracio\u00adnes sin\u00f3pticas del hallazgo de la tumba vac\u00eda. Con las narracio\u00adnes de apariciones no sucede lo mismo. Hay algo que detiene el dinamismo de arrastre y coherencia. Las narraciones de apariciones se desarrollan en una forma simple, casi privada, de coherencia con la vida ordinaria de los disc\u00edpulos, sin pro\u00adyecciones c\u00f3smicas, ni alusiones al plan divino de consumaci\u00f3n del mundo. Hay una incoherencia total, poco advertida, entre la afirmaci\u00f3n de \u00abresurrecci\u00f3n de entre los muertos\u00bb y las for\u00admas literarias en que se narran las apariciones del Resucitado. Una vez m\u00e1s, el hecho tiene su explicaci\u00f3n en un <em>muro de <\/em><em>objetividad, <\/em>presente en el fen\u00f3meno de las apariciones, que frena los posibles desarrollos subjetivos.<\/p>\n<p>Esta resistencia no debe extra\u00f1ar. Es l\u00f3gica. Pablo en la primera carta a la Comunidad de Corinto testifica, sin dejar lugar a dudas, la conciencia que tienen los testigos del sentido y consecuencias de un falso testimonio. No es un enga\u00f1o a los hombres. \u00abSi no resucit\u00f3 Cristo, vana es nuestra predicaci\u00f3n, vana tambi\u00e9n vuestra fe. Somos convictos de falsos testigos de Dios, porque hemos atestiguado contra Dios que resucit\u00f3 a Cristo, a quien no resucit\u00f3&#8230;\u00bb (1 Cor 15, 14 s). En los datos de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica, no s\u00f3lo hay una buena fe, que hoy nadie niega, sino tambi\u00e9n un conjunto de indicios firmes y se\u00adrios de objetividad que s\u00f3lo dejan paso a una explicaci\u00f3n plausible de las apariciones de Jes\u00fas : nos encontramos ante una forma de vida nueva, una realidad nueva, a la que no se le pueden aplicar, sin m\u00e1s, las categor\u00edas de comprensi\u00f3n que aplicamos a nuestra realidad y a nuestra vida. Esta conclusi\u00f3n nos lleva a dar un paso m\u00e1s en el an\u00e1lisis emprendido. \u00bfQu\u00e9 clase de realidad, <em>qu\u00e9 tipo de corporeidad, <\/em>hay que conceder al Jes\u00fas resucitado ?<\/p>\n<p>Para la mentalidad hebrea, la pretensi\u00f3n de corporeidad va implicada en la misma afirmaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n. Un jud\u00edo no puede pensar en vida despu\u00e9s de la muerte si no es entendiendo tal vida en un sentido corporal. Precisamente, es esa necesaria corporeidad la que fundamenta las objec\u00adciones de los que niegan la resurrecci\u00f3n de los muertos. \u00bfCu\u00e1l ser\u00eda la situaci\u00f3n de la mujer que, obedeciendo al mandato de la Ley, se ha ido casando sucesivamente con siete hermanos, a medida que iban muriendo ? (Cf. Mc 12, 18-27). Los sa\u00adduceos respond\u00edan a la cuesti\u00f3n negando la resurrecci\u00f3n que llevaba a unas situaciones absurdas. Jes\u00fas responde modifi\u00adcando el supuesto, la condici\u00f3n del resucitado. \u00abNo conoc\u00e9is el poder de Dios. Cuando resuciten de entre los muertos&#8230; ser\u00e1n como los \u00e1ngeles en el cielo\u00bb (Mc 12, 24 s). En todo caso, la resurrecci\u00f3n se piensa corporal. En un caso para negarla. En el otro para recordar que hay otras formas de existencia corporal, diferentes de las que vive el hombre en esta vida.<\/p>\n<p>Es la misma soluci\u00f3n que da Pablo a la pregunta de los fieles de Corinto, reacios a admitir la resurrecci\u00f3n de los muer\u00adtos. La pregunta es \u00ab\u00bfC\u00f3mo resucitan los muertos? \u00bfCon qu\u00e9 cuerpo vuelven a la vida ?\u00bb (1 Cor 15, 35). La respuesta, fun\u00addamentada en las transformaciones que se dan en los procesos biol\u00f3gicos y en las diferencias cualitativas de cuerpo en la creaci\u00f3n, ser\u00e1: se siembra un cuerpo animado por el prin\u00adcipio de vida natural, resucita un cuerpo animado por el Esp\u00edritu\u00bb (1 Cor 15, 44). En todo caso se afirma la realidad del cuerpo.<\/p>\n<p>\u00bfNos encontramos ante una interpretaci\u00f3n de la resurrec\u00adci\u00f3n proveniente de una mentalidad determinada y de una cierta antropolog\u00eda, que en otro \u00e1mbito cultural, disponiendo de otra comprensi\u00f3n del mundo y del hombre, habr\u00eda llegado a expresarse en forma diferente? En otras palabras, si la expe\u00adriencia de los disc\u00edpulos en lugar de realizarse en Palestina por unos jud\u00edos, se hubiese hecho en Grecia, por unos griegos, \u00bfse hubiese expresado tambi\u00e9n en forma de resurrecci\u00f3n corpo\u00adral? \u00bfNo nos hubiesen hablado de la glorificaci\u00f3n del alma de Jes\u00fas, que ha alcanzado la plena liberaci\u00f3n de su cuerpo ? En teor\u00eda parece plausible. Esa es la opini\u00f3n de Willi Marxen.<span id='easy-footnote-16-39844' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-16-39844' title='Cf. W MARXSEN, &lt;em&gt;Der Auferstehung Jesu als historisches und als theo\u00ad&lt;\/em&gt;&lt;em&gt;logisches Problem, &lt;\/em&gt;en \u00abDie Bedeutung der Auferstehungsbotschaft f\u00fcr den Glauben an Jesus Christus\u00bb. G\u00fctersloh 1966. Hay traducci\u00f3n castellana, &lt;em&gt;La &lt;\/em&gt;&lt;em&gt;resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas como problema hist\u00f3rico y teol\u00f3gico. &lt;\/em&gt;Salamanca 1979.'><sup>16<\/sup><\/a><\/span> En el caso concreto de la experiencia pascual, habida cuenta del conjunto de factores determinantes que la integran, no parece posible. La afirmaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n corporal no s\u00f3lo viene exigida por una concepci\u00f3n antropol\u00f3gica determi\u00adnada, sino tambi\u00e9n por la forma concreta en que se efect\u00faan las apariciones. El resucitado se inserta totalmente en la cir\u00adcunstancia existencial de los testigos. Se subraya la corporei\u00addad del aparecido.<span id='easy-footnote-17-39844' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-17-39844' title='La inserci\u00f3n en la circunstancia que est\u00e1n viviendo los disc\u00edpulos es caracter\u00edstica, de las apariciones del resucitado. No hay \u00e9xtasis de los videntes, sino inserci\u00f3n del Resucitado. El car\u00e1cter corporal de las apariciones lo subraya particularmente Lucas, el evangelista griego.'><sup>17<\/sup><\/a><\/span> Esta circunstancia, que puede ser indicio de una preocupaci\u00f3n apolog\u00e9tica, tambi\u00e9n lo es de la existencia de una conciencia ambiente, consiguientemente v\u00e1lida para los testigos, de la importancia del factor corporal en orden a la objetividad e identidad de la experiencia. En el mismo sen\u00adtido incide el hallazgo de la tumba vac\u00eda. Ese hallazgo<sup>.<\/sup> debe ser considerado como uno de los datos m\u00e1s firmemente ad\u00adquiridos en el estudio hist\u00f3rico de la experiencia pascual he\u00adcha por los disc\u00edpulos de Jes\u00fas.<span id='easy-footnote-18-39844' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-18-39844' title='Cf. en este sentido el testimonio tan poco sospechoso de &lt;em&gt;Geza Yermes &lt;\/em&gt;en Jes\u00fas el Jud\u00edo, Barcelona 1977, p. 45: \u00abPero al final, considerados y sope\u00adsados todos los argumentos, la \u00fanica conclusi\u00f3n aceptable para un historiador ha de ser que las opiniones tanto del ortodoxo como del simpatizante liberal y del agn\u00f3stico (e incluso quiz\u00e1s de los mismos disc\u00edpulos) son s\u00f3lo interpreta\u00adciones del \u00fanico hecho desconcertante: que las mujeres que fueron a honrar por \u00faltima vez a Jes\u00fas no encontraron, para su consternaci\u00f3n, un cuerpo, sino una tumba vac\u00eda\u00bb.'><sup>18<\/sup><\/a><\/span> Finalmente hay que notar que Pablo de Tarso, hombre perteneciente a las dos culturas, jud\u00eda y hel\u00e9nica, mantiene con toda fuerza la afirmaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n corporal, pese a conocer y experimentar vitalmente las dificultades que presentaba su admisi\u00f3n a la mentalidad griega.<span id='easy-footnote-19-39844' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-19-39844' title='Cf. las dificultades que motiva la explicaci\u00f3n de Pablo en la 1 Cor. 15.'><sup>19<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Establecida la objetividad y la corporeidad de las apari\u00adciones de Jes\u00fas, es necesario, sin embargo, reconocer que el cuerpo del resucitado no se comporta como el cuerpo fisico normal del hombre en su vida ordinaria. Jes\u00fas se aparece a sus disc\u00edpulos y desaparece de un modo repentino, diferente al modo en que se da el encuentro humano. Se hace presente en un lugar y en un momento determinado, pero esa presencia se realiza de un modo abrupto, puntual, no es la forma de continuidad sucesiva espacio-temporal que se produce en los acontecimientos de la vida humana en los que se produce un encuentro personal. La ausencia del aparecido sucede con las mismas caracter\u00edsticas de ruptura. Unicamente permanece la memoria de lo vivido y la huella del estado an\u00edmico nuevo de los que encontraron al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Por otra parte, la apariencia f\u00edsica del Resucitado no se muestra definida, sino cambiante. En un caso se le toma por un labrador; en otro por un caminante peregrino que retorna a su casa despu\u00e9s de haber celebrado la Pascua en Jerusalem; en otra ocasi\u00f3n se presenta a la orilla del mar como un buen hombre, interesado en la compra de pescado, que espera al amanecer la vuelta de los pescadores. Por eso se da siempre un reconocimiento de identidad; como un descubrimiento. Pero hecho \u00e9ste, la identificaci\u00f3n es indudable para los testigos. Hay que notar que esa apariencia f\u00edsica cambiante es del todo coherente con la circunstancia que est\u00e1n viviendo en ese mo\u00admento los testigos : un huerto; un camino; un litoral al que se arriba. Encaja en la estructura circunstancial de los testigos.<\/p>\n<p>Todos estos indicios llevan a la Conclusi\u00f3n de que el cuer\u00adpo del Resucitado act\u00faa de un modo diferente, es diferente, del cuerpo f\u00edsico natural. Es soporte y expresi\u00f3n de la persona, pero sin las limitaciones que impone a la existencia y a la rela\u00adci\u00f3n nuestro cuerpo f\u00edsico. Es como si el Resucitado dominase y tuviese sometido a su plena voluntad el propio cuerpo, que se muestra del todo d\u00f3cil a sus deseos. San Pablo lo llama <em>\u00abcuerpo espiritual\u00bb, \u00abs\u00f3ma pneumatik\u00f3n\u00bb <\/em>(1 Cor 15, 44). Inco\u00adrruptible, glorioso, poderoso. Son los tres calificativos que describen lo que para \u00e9l es el cuerpo espiritual (1 Cor 15, 42 s). Santo Tom\u00e1s, en la Summa Theologica explica la condici\u00f3n del \u00abcuerpo espiritual con las siguientes palabras :<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLa disposici\u00f3n del cuerpo glorioso es la de ser espiritual; es decir, como dice el Ap\u00f3stol, sometido al esp\u00edritu (1 Cor 15, 44). Pero para que el cuerpo est\u00e9 totalmente sometido al esp\u00edritu, se requiere que toda acci\u00f3n del cuerpo est\u00e9 a disposici\u00f3n de la voluntad del esp\u00edritu. El que algo sea vis\u00adto sucede por la acci\u00f3n de lo visible en la vista, como apa\u00adrece en el Fil\u00f3sofo, en el II \u00abDe Anima\u00bb Y por eso, el que posee el cuerpo glorificado tiene en su poder el ser visto cuando quiere y, cuando no quiere, el no serlo\u00bb.<span id='easy-footnote-20-39844' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-20-39844' title='SANTO Tom\u00e1s DE AQUINO, &lt;em&gt;Summa Theologica &lt;\/em&gt;3, p. 54, a.1, ad 2.'><sup>20<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Sometimiento del cuerpo al esp\u00edritu. Toda acci\u00f3n del cuer\u00adpo, aun aquellas inherentes a su ser material y a su interrela\u00adcionalidad f\u00edsica, sometidas a la voluntad del esp\u00edritu. Es el t\u00e9rmino \u00faltimo de un proceso de espiritualizaci\u00f3n creciente, que parece ser el sentido de la evoluci\u00f3n de la vida. Como si la conciencia llenase plenamente todo el cuerpo; todo el cuer\u00adpo se hiciese conciencia. La unidad del hombre perfectamente realizada. Todo son aproximaciones para intentar compren\u00adder la nueva manera de ser del hombre que se revela en las apariciones de Jes\u00fas. Un t\u00e9rmino \u00faltimo que da sentido a la existencia tantas veces atormentada por el dolor, del hombre.<\/p>\n<p>Una \u00faltima caracter\u00edstica de las apariciones de Jes\u00fas resu\u00adcitado, tal como nos las narran los evangelios, es su finalidad. Todas ellas en su desarrollo y en su intencionalidad van m\u00e1s all\u00e1 de la mera experiencia personal de los testigos, por muy intensa y conturbadora que sea. Todas <em>terminan en una mi\u00ad<\/em><em>si\u00f3n, <\/em>expl\u00edcita o impl\u00edcitamente recibida en su encuentro con el Se\u00f1or. Misi\u00f3n dirigida a los miembros dispersos de la Co\u00admunidad de disc\u00edpulos de Jes\u00fas, o a los hombres en general. La misi\u00f3n confiada convierte a los disc\u00edpulos en ap\u00f3stoles, testigos del encuentro con el Resucitado y portadores de un mensaje, una palabra del Se\u00f1or. Pero aqu\u00ed nos encontramos con algo singular. Frente a lo que sucede en las narraciones elaboradas dentro del g\u00e9nero apocal\u00edptico, en las cuales el encuentro del vidente con el Revelador desemboca en la co\u00admunicaci\u00f3n de una \u00abapocalipsis\u00bb, revelaci\u00f3n de secretos refe\u00adridos al plan de Dios sobre la historia humana, en las aparicio\u00adnes de Jes\u00fas el mensaje va en otra direcci\u00f3n. Se refiere siempre a \u00e9l, a su vigencia actual, y a la continuidqd del mensaje evang\u00e9lico de perd\u00f3n. Se reafirma su permanencia en medio de la Comunidad. No hay nada nuevo. Los intentos de los dis\u00adc\u00edpulos por averiguar los secretos del futuro, quedan frustrados (cf. Jo 21, 21 s; Act 1, 6 s). Lo \u00fanico que importa y a lo que im\u00adpulsan las apariciones es al testimonio del Resucitado y a la continuidad de la proclamaci\u00f3n del mensaje que anunciaba Jes\u00fas. Esta reserva y sobriedad comunicativa pareci\u00f3 tan cho\u00adcante e insatisfactoria que muy pronto se desarrollar\u00e1 toda una literatura apocal\u00edptica encargada de llenar la laguna infor\u00admativa, comunicando las revelaciones secretas que el Se\u00f1or hizo entonces a sus disc\u00edpulos. Pero esto pertenece ya a la de\u00adformaci\u00f3n humana que los hombres pusieron a esta experien\u00adcia singular de las apariciones de Jes\u00fas resucitado.<span id='easy-footnote-21-39844' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-21-39844' title='El supuesto de revelaciones secretas de Jes\u00fas resucitado a sus disc\u00ed\u00adpulos est\u00e1 en una buena parte de los Evangelios ap\u00f3crifos provenientes de ambientes gn\u00f3sticos: Ap\u00f3crifo de Juan, Evangelio de Felipe, Evangelio de Ma\u00adt\u00edas, Evangelio de Bartolom\u00e9&amp;#8230;'><sup>21<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Resumiendo el estudio de las apariciones de Jes\u00fas, pode\u00admos notar las siguientes caracter\u00edsticas, encontradas en el an\u00e1lisis de las narraciones evang\u00e9licas. Jes\u00fas, despu\u00e9s de su muerte y resurrecci\u00f3n, se apareci\u00f3 a algunos de sus disc\u00edpulos. Esas apariciones no fueron elaboraciones de la fantas\u00eda de los videntes, sino que suceden independientemente de la iniciativa y actividad de los sujetos. Se presentan, pues, como objetivas, corporales. Sin embargo, la manera de presentarse y de ac\u00adtuar del Resucitado revelan que su cuerpo posee una condi\u00adci\u00f3n nueva y singular de vida que en el Nuevo Testamento se calific\u00f3 de espiritual. Las apariciones traducen la experiencia del encuentro con el Se\u00f1or en una misi\u00f3n y mensaje que, en s\u00ed, no contiene ning\u00fan otro elemento de novedad m\u00e1s que la afirmaci\u00f3n de la continuidad del mensaje evang\u00e9lico de Jes\u00fas y su relanzamiento misionero por la Iglesia. La reserva apo\u00adcal\u00edptica parece singularmente importante.<\/p>\n<h3>2. <em>Los encuentros postpascuales con Jes\u00fas<\/em><\/h3>\n<p>La experiencia de las apariciones del Resucitado, con sus singulares caracter\u00edsticas, fue limitada en el tiempo. Un d\u00eda los disc\u00edpulos dejaron de ver y encontrar a Jes\u00fas de aquel mo\u00addo tan especial. El final de la experiencia fue comprendido co\u00admo evidencia de que el Se\u00f1or resucitado, que vive esa forma de vida nueva, penetr\u00f3 en los cielos, en la misteriosa intimi\u00addad de Dios. Es la morada propia que responde a su nueva forma de existencia.<\/p>\n<p>Sin embargo, la experiencia de aquellos encuentros con Jes\u00fas, que llamamos apariciones, la persuasi\u00f3n de la continui\u00addad de su causa y misi\u00f3n y, sobre todo, la experiencia de la sin\u00adgularidad del todo nueva de su vida resucitada y de su con\u00advivencia con ella, se tradujo, no s\u00f3lo en el convencimiento de que el Se\u00f1or vive, sino tambi\u00e9n en la conciencia de su proxi\u00admidad, permanente y misteriosa, en medio de sus disc\u00edpulos. Lo expresan las palabras de Jes\u00fas resucitado, que cierran el evangelio de Mateo : \u00abY sabed que yo estoy con vosotros todos los d\u00edas hasta el fin del mundo\u00bb (Mt 28, 20). O aquellas otras que promet\u00edan ya \u00abdonde est\u00e9n dos o tres reunidos en mi nombre, all\u00ed estoy en medio de ellos\u00bb (Mt 18, 20).<\/p>\n<p>Se trata de una forma nueva, diferente, de presencia. Dis\u00adtinta, naturalmente, de la convivencia f\u00edsica de su vida mortal y de la convivencia especial de las apariciones. Se concretar\u00e1 en momentos o situaciones determinadas de la vida de los disc\u00edpulos. Presencia en el rito de la fracci\u00f3n del pan, que re\u00adnueva la acci\u00f3n de Jes\u00fas en la \u00faltima Cena, en la que el pan consagrado y la copa de vino bendecida son el Cuerpo y la Sangre del Se\u00f1or. Presencia en los disc\u00edpulos perseguidos por su causa (Act 9, <strong>4 <\/strong>s). Presencia en la realidad misma de la Co\u00admunidad, en la que Pablo, y tras \u00e9l toda la tradici\u00f3n, recono\u00adcer\u00e1n, con toda verdad, el Cuerpo de Cristo. Presencia en el hermano, en todo hombre que sufre, con el que Jes\u00fas mantiene una misteriosa solidaridad e identidad (Mt 25, 31 ss).<\/p>\n<p>Todas estas experiencias de presencia del Se\u00f1or pertene\u00adcen a la vida cotidiana de la Comunidad cristiana. Su funda\u00admento est\u00e1 en una nueva experiencia que los disc\u00edpulos hicie\u00adron en estrecha relaci\u00f3n con la experiencia pascual de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas : la comunicaci\u00f3n del Esp\u00edritu (cf. Jo 7, 39; 20, 22). La presencia y acci\u00f3n del Esp\u00edritu, manifiesta en continuos fen\u00f3menos carism\u00e1ticos, que agitan como el viento de Pentecost\u00e9s la vida de la Comunidad, confirma y da cer\u00adteza a la conciencia de esa presencia. Pero, pese a todo el ma\u00adravillosismo de la experiencia carism\u00e1tica, las nuevas formas de presencia del Se\u00f1or son solamente perceptibles por la fe que reconoce en su realidad, aparentemente com\u00fan y ordina\u00adria, la cercan\u00eda y el encuentro con el Se\u00f1or que vive.<\/p>\n<p>\u00bfNo hay m\u00e1s forma de comunicaci\u00f3n con Cristo que la que ofrece el reconocimiento oscuro y la comunicaci\u00f3n por la fe en su palabra ? \u00bfAquella forma privilegiada de comunica\u00adci\u00f3n, que se dio en sus apariciones a los discipulos, es una posi\u00adbilidad definitivamente perdida para los que creen en \u00e9l? La Comunidad primera, que hizo la experiencia y que posterior\u00admente sufrio su p\u00e9rdida, no lo cre\u00eda. Vivi\u00f3 en la esperanza del retorno del Se\u00f1or. \u00ab\u00a1Maranatha!\u00bb, fue la expresi\u00f3n de su creencia en la posibilidad del reencuentro y de su deseo de que llegase (cf. 1 Cor 16, 22). Santo Tom\u00e1s, comentando las apa\u00adriciones del Resucitado y las consecuencias de su ascensi\u00f3n a los cielos, escribe en la \u00abSumma Theologica\u00bb:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abUna vez que Cristo ascendi\u00f3 al cielo, alcanz\u00f3 para s\u00ed y para nosotros, para siempre, el derecho y la dignidad de la morada celeste. Esa dignidad, sin embargo, no se pier\u00adde, si, como consecuencia de alguna providencia, Cristo pueda descender alguna vez a la tierra corporalmente, o bien para mostrarse a todos, como suceder\u00e1 en el juicio, o para mostrarse especialmente a alguno, como a Pablo, como se narra en Act 9. Y para que nadie crea que esto sucedi\u00f3, no estando all\u00ed Cristo corporalmente presente, sino apareci\u00e9ndose de alguna otra manera, aparece lo contrario en lo que el mismo Ap\u00f3stol dice en la 1 Cor 15, 8&#8230;\u00bb.<span id='easy-footnote-22-39844' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-22-39844' title='SANTO TOM\u00c1S DE AQUINO, &lt;em&gt;Summa Theologica &lt;\/em&gt;3, p. 57, a.6, ad 3.'><sup>22<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Para santo Tom\u00e1s es claro que la nueva situaci\u00f3n de Cristo en los cielos no excluye la posibilidad de su aparici\u00f3n corporal a los hombres, semejante a las apariciones pascuales a los disc\u00edpulos. Lo confirma el encuentro que Pablo tuvo con Je\u00ads\u00fas a las puertas de Damasco, que para el Ap\u00f3stol tiene id\u00e9n\u00adticas car\u00e1cter\u00edsticas que las apariciones a los disc\u00edpulos. Lo mismo se cree que suceder\u00e1 en el retorno de Jes\u00fas al final de los tiempos (cf. Act 1 ,11). Por consiguiente, la aparici\u00f3n cor\u00adporal de Jes\u00fas entra en lo posible dentro de las relaciones del Se\u00f1or con su Iglesia. Pero santo Tom\u00e1s insin\u00faa en el texto an\u00adteriormente citado que el Se\u00f1or puede aparecerse a los suyos \u00abde alguna otra manera\u00bb. Es decir, entre la aparici\u00f3n corporal, que sigue siendo posible y el reconocimiento por fe, se da tam\u00adbi\u00e9n la posibilidad de otras formas de aparici\u00f3n y comuni\u00adcaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Estas otras formas de aparici\u00f3n no corporal aparecen tes\u00adtimoniadas ya en el Nuevo Testamento. Se describen como <em>\u00abvisiones\u00bb <\/em>en las que los videntes pueden percibir al Se\u00f1or, o <em>\u00abpalabras\u00bb <\/em>de aliento y orientaci\u00f3n, entendidas en momentos especialmente cr\u00edticos. La primera noticia de esa forma de encuentro con Jes\u00fas la encontramos en la narraci\u00f3n del mar\u00adtirio de Esteban. \u00abLleno del Esp\u00edritu Santo, mir\u00f3 fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a Jes\u00fas, que estaba en pie a la diestra de Dios; y dijo : \u00abEstoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre, que est\u00e1 en pie a la diestra de Dios\u00bb (Act 7, 55 s). Esta forma de encuentro, \u00abviendo a Jes\u00fas\u00bb, en el mo\u00admento en que se da el testimonio supremo de la fe con el martirio, tendr\u00e1 una larga continuidad en las \u00abActas de los M\u00e1r\u00adtires\u00bb. No pocas veces se nos dir\u00e1 que el m\u00e1rtir, ve a Jes\u00fas en su gloria, acompa\u00f1ado de sus \u00e1ngeles y de los m\u00e1rtires que viven ya la plenitud de la vida. Realidad, g\u00e9nero literario, o interpretaci\u00f3n desde la fe, en todo caso, el hecho es un \u00edndice de la conciencia que tiene la Iglesia de la cercan\u00eda del Se\u00f1or que vive y de la posibilidad de su encuentro en forma de apa\u00adrici\u00f3n-visi\u00f3n. Y no cabe duda de que la experiencia del marti\u00adrio por Cristo y la reflexi\u00f3n sobre ese testimonio supremo, tan cercano a la pasi\u00f3n y muerte de Jes\u00fas, acerca igualmente el recuerdo de la experiencia de Pascua y su encuentro con el Se\u00f1or. Cristo sale al encuentro del m\u00e1rtir y se hace ver por \u00e9l.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s del encuentro a las puertas de Damasco, que Pablo equipar\u00f3 a las apariciones de Jes\u00fas resucitado, los Hechos de los Ap\u00f3stoles nos recuerdan otros dos momentos en los que el Ap\u00f3stol encuentra a Jes\u00fas y se comunica con \u00e9l. Uno fue al poco tiempo de su conversi\u00f3n, con motivo de su primer viaje a Jerusal\u00e9m. Lo describe como un \u00e9xtasis en la oraci\u00f3n. \u00abLe vi a \u00e9l que dec\u00eda: \u00abDate prisa y marcha inmediatamente de Jerusalem, pues no recibir\u00e1n tu testimonio acerca de m\u00ed&#8230; Marcha, porque te enviar\u00e9 lejos a los gentiles\u00bb\u00bb (Act 22, 17- 21). El otro momento, tambi\u00e9n en Jerusalem, muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde cuando, detenido por las autoridades romanas, tiene que afrontar toda la animosidad de las autoridades sa\u00adduceas y de sus antiguos correligionarios fariseos. Aquella noche cr\u00edtica, en la c\u00e1rcel del cuartel romano de Jerusalem, \u00abse le apareci\u00f3 el Se\u00f1or y le dijo : i Animo t, pues como has dado testimonio de m\u00ed en Jerusalem, as\u00ed debes darlo tambi\u00e9n en Roma\u00bb (Act 23, 11).<\/p>\n<p>Para los dos, para Esteban y para Pablo, la experiencia de la aparici\u00f3n de Cristo llega en momentos cr\u00edticos de su vida de creyentes y disc\u00edpulos. Los dos viv\u00edan en aquellos momentos situaciones l\u00edmites, en las que se les exig\u00eda dar testimonio de su fe en Jes\u00fas. Son situaciones para las cuales Jes\u00fas hab\u00eda pro\u00admetido a los suyos una asistencia especial (cf. Mt 19, 19). Esa promesa, recordada por la tradici\u00f3n evang\u00e9lica, puede rela\u00adcionarse con estas experiencias. Sin duda, Pablo no identific\u00f3 estas visiones suyas del Se\u00f1or con su encuentro con Jes\u00fas a las puertas de Damasco. Sin embargo, a\u00fan admitida toda la diferencia existente entre ambas experiencias, Pablo no tiene la menor duda sobre la verdad de su encuentro con el Se\u00f1or, tambi\u00e9n en estos casos. El Se\u00f1or Jes\u00fas, que vive y est\u00e1 cerca de los suyos, asiste con su presencia a los que testimonian ante los hombres su fe en \u00e9l (Lc 12, 8-9).<\/p>\n<p>Como ya he indicado, esta misma proximidad de Cristo y el encuentro misterioso con su persona aparece testimoniado frecuentemente en las <em>narraciones de los martirios <\/em>que nos han conservado las \u00abActas de los M\u00e1rtires\u00bb. Policarpo, Perpetua, Felicidad, Carpo, Agat\u00f3nico, Blandelina, Cipriano,&#8230; No po\u00addemos estudiar en detalle estos testimonios, pero en todos ellos se pueden destacar tres notas caracter\u00edsticas. En primer lugar, sea lo que sea de la objetividad de estas experiencias de apa\u00adrici\u00f3n y visi\u00f3n de Cristo, son, ciertamente, un \u00edndice indudable de la conciencia de la Comunidad cristiana respecto a la pro\u00adximidad de Cristo resucitado y a la posibilidad de establecer una comunicaci\u00f3n extraordinaria con los suyos. En segundo lugar, estos encuentros con Cristo tienen la finalidad de pres\u00adtar una asistencia y robustecimiento al testimonio de fe dado por los disc\u00edpulos. En tercer lugar, la experiencia de visi\u00f3n y aparici\u00f3n del Se\u00f1or va doblada, con frecuencia, por la visi\u00f3n <em>y <\/em>aparici\u00f3n de \u00e1ngeles, o de otros m\u00e1rtires, tambi\u00e9n testigos de Cristo, que vienen a robustecer, con su presencia, con sus palabras y con el recuerdo de su ejemplo, la fe en prueba de los nuevos m\u00e1rtires. En esta \u00faltima caracter\u00edstica, en estas visiones y apariciones de m\u00e1rtires a los m\u00e1rtires, encontramos el precedente inmediato de las posteriores apariciones de santos, o de la Virgen, que constituyen el objeto de este estudio.<\/p>\n<p>Este origen martirial de las apariciones nos permite llegar a la determinaci\u00f3n de ciertas conclusiones sobre los rasgos caracter\u00edsticos que originalmente definen el fen\u00f3meno y que debieran definir igualmente sus manifestaciones posteriores.<\/p>\n<p>Ante todo, hay que se\u00f1alar su <em>car\u00e1cter cristol\u00f3gico. <\/em>El fen\u00f3\u00admeno aparece \u00edntimamente unido a Cristo y al encuentro con Cristo. Es un desarrollo del encuentro con Cristo, al que acom\u00adpa\u00f1an los \u00e1ngeles, los m\u00e1rtires, o los otros santos, formando una especie de constelaci\u00f3n cristol\u00f3gica. El santo aislado, sin referencia a Cristo, no tiene sentido. A\u00fan cuando la aparici\u00f3n se limite a la visi\u00f3n del m\u00e1rtir o del \u00e1ngel s\u00f3lo, su significaci\u00f3n es cristol\u00f3gica y ejemplar. Es el hombre o mujer que fue ple\u00adnamente fiel en su testimonio de Cristo. Igualmente los \u00e1nge\u00adles en toda la tradici\u00f3n evang\u00e9lica aparecen vinculados a la manifestaci\u00f3n de Cristo (cf. Jo 1, 51).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, las visiones y apariciones se dan en un <em>contexto <\/em><em>martirial, testimonial. <\/em>Acaecen en unas circunstancias de prue\u00adba de la fe del creyente. La prueba sobreviene externamente. Son las fuerzas y poderes de un mundo que se siente amena\u00adzado por Jes\u00fas y su mensaje, vivido y proclamado por el cre\u00adyente, los que tientan y someten a prueba la fe del testigo. Se enfrenta con el poder y la seducci\u00f3n de lo inmediato y tan\u00adgible. La aparici\u00f3n supone la conciencia de la presencia de la realidad invisible. Su objetivo es el robustecimiento de la fe y de su testimonio. Confirma la fe del vidente. Lo incitan a dar testimonio en las circunstancias concretas en que se le prueba.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, la aparici\u00f3n y visi\u00f3n se manifiesta con un <em>sen\u00ad<\/em><em>tido de ejemplaridad y de comuni\u00f3n. <\/em>Es decir, el m\u00e1rtir o el santo que se aparece tambi\u00e9n ha vivido y testimoniado su fe en circunstancias semejantes a las que est\u00e1 viviendo el vidente. Esta analog\u00eda lo convierte en pauta ejemplar de conducta para el que lo encuentra en su aparici\u00f3n. Pero adem\u00e1s, ese modelo no act\u00faa como realidad ideal y abstracta, sino como realidad personal viva y cercana, que se encuentra personalmente y con la que se siente unida en una vinculaci\u00f3n de solidaridad, cercan\u00eda y participaci\u00f3n de una misma vida. La aparici\u00f3n se da como expresi\u00f3n de esa cercan\u00eda \u00fanica que llamamos <em>\u00abco\u00ad<\/em><em>muni\u00f3n\u00bb, <\/em>y que constituye la categor\u00eda fundamental y esencial del \u00abser-cristiano\u00bb y de todas sus expresiones.<\/p>\n<p>Con esta \u00faltima caracter\u00edstica se\u00f1alamos el fundamento teol\u00f3gico \u00faltimo del fen\u00f3meno de las apariciones en la Iglesia: <em>la comuni\u00f3n de los santos. <\/em>Estas formas extraordinarias de re\u00adlaci\u00f3n y de encuentro con Cristo y con los santos, que llama\u00admos apariciones y que hemos estudiado, se dan en una Iglesia que, esencialmente, es \u00abcomuni\u00f3n\u00bb. Comuni\u00f3n de ser y de vida que, en Cristo, une a todos cuantos han cre\u00eddo y creen en \u00e9l. Comuni\u00f3n de vida que puede tener formas de expresi\u00f3n extraordinarias, como las que llamamos apariciones. Un bre\u00adve recuerdo del sentido que tiene el dogma de la Comuni\u00f3n de los santos nos permitir\u00e1 calibrar la solidez de este \u00faltimo fundamento teol\u00f3gico de la apariciones.<\/p>\n<p>El sentido actual del dogma, que piensa en la comuni\u00f3n de vida entre todos los cristianos, \u00ablos santos\u00bb en el lenguaje de san Pablo (cf. Rom 1, 7; 1 Cor&#8217;1, 2; Filip 1, 1), no fue el sen\u00adtido original. Inicialmente parece que se pensaba en la <em>comu\u00ad<\/em><em>ni\u00f3n con los santos m\u00e1rtires, <\/em>que participaban ya en el cielo de la salvaci\u00f3n divina. Esa comuni\u00f3n proporcionaba con los m\u00e9ritos de los santos m\u00e1rtires una protecci\u00f3n y garant\u00eda de la propia salvaci\u00f3n. Tambi\u00e9n pertenece al sentido original la comprensi\u00f3n de la comuni\u00f3n de los santos, \u00absanctorum\u00bb, como participaci\u00f3n en <em>\u00ablas cosas santas\u00bb, <\/em>referidas particularmente al misterio eucar\u00edstico, coraz\u00f3n de la vida cristiana. La comuni\u00f3n en la eucarist\u00eda tiene su fundamento en la comuni\u00f3n con el Cuerpo y Sangre-Vida del Se\u00f1or; en su encuentro con \u00e9l. Y el encuentro con Cristo nos lleva, a su vez, al encuentro-comuni\u00f3n con todos los que viven en Cristo. De este modo, la comuni\u00f3n en \u00ablas cosas santas\u00bb se resuelve en una comuni\u00f3n personal con Cristo y con los que viven en Cristo.<\/p>\n<p>Las dos formas de comprensi\u00f3n originar\u00eda de la comuni\u00f3n de los santos ofrecen una referencia inmediata a la experiencia extraordinaria de relaci\u00f3n cristiana que llamamos aparicio\u00adnes. La comprensi\u00f3n de \u00abcomuni\u00f3n con los santos m\u00e1rtires\u00bb aparece del todo coherente con la g\u00e9nesis hist\u00f3rica del fen\u00f3\u00admeno de las apariciones, suscitado inicialmente en la experien\u00adcia martirial de la Iglesia. La comprensi\u00f3n de \u00abcomuni\u00f3n euca\u00adr\u00edstica\u00bb ofrece, sobre el fundamento de la realidad del encuen\u00adtro con Cristo presente en el sacramento, la posibilidad del desarrollo de la comuni\u00f3n-encuentro con aquellos que viven en Cristo. Y, ciertamente, hay que decir que ambas formas originarias conducen a una comprensi\u00f3n de <em>comuni\u00f3n<\/em><em>&#8211;<\/em><em>comu\u00ad<\/em><em>nicaci\u00f3n <\/em>entre cuantos viven en Cristo, en todas las formas y a todos los niveles. Es la situaci\u00f3n que describe el Concilio Vaticano II, en la constituci\u00f3n \u00abLumen Gentiurn\u00bb en los si\u00adguientes t\u00e9rminos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abAs\u00ed pues, hasta que el Se\u00f1or venga revestido de majestad, y acompa\u00f1ado de sus \u00e1ngeles (cf. Mt 25, 31) y, destruida la muerte, le sean sometidas todas las cosas (cf. 1 Cor 15, 26-27), sus disc\u00edpulos, unos peregrinan en la tierra; otros, ya difuntos, se purifican; otros, finalmente, gozan de la gloria, contemplando \u00abclaramente a Dios, Uno y Trino, tal como es\u00bb (Conc. Florentinum. Decr. pro Graecis, D. 693); pero todos, en forma y grado diverso, vivimos unidos en una misma caridad para con Dios y para con el pr\u00f3jimo y cantamos id\u00e9ntico himno de gloria a nuestro Dios. Pues todos los que son de Cristo, por poseer su Es\u00adp\u00edritu, constituyen una misma Iglesia y mutuamente se unen en El\u00bb (cf. Ef 4, 16).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLa uni\u00f3n de los viadores con los hermanos que se dur\u00admieron en la paz de Cristo, de ninguna manera se inte\u00adrrumpe, antes bien, seg\u00fan la constante fe de la Iglesia, se robustece con la comunicaci\u00f3n de bienes espirituales. Por lo mismo que los bienaventurados est\u00e1n m\u00e1s \u00edntimamente unidos a Cristo, consolidan m\u00e1s eficazmente a toda la Iglesia en la santidad, ennoblecen el culto que ella ofrece a Dios aqu\u00ed en la tierra, y contribuyen de m\u00faltiples for\u00admas a su m\u00e1s dilatada edificaci\u00f3n\u00bb<span id='easy-footnote-23-39844' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/valoracion-profetica-de-las-apariciones-en-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-23-39844' title='Constituci\u00f3n \u00abLumen Gentium\u00bb 49.'><sup>23<\/sup><\/a><\/span> (cf. 1 Cor 12, 12-27).<\/p>\n<p>Este rico texto conciliar concreta toda la verdad y amplitud con que se realiza la Comuni\u00f3n de los santos en la Iglesia. Todos constituyen una misma Iglesia, los que peregrinan en la tierra, los que ya muertos se purifican antes de ver a Dios y los que en el cielo gozan de \u00e9l. Todos est\u00e1n unidos mutuamente por una misma caridad. Unidos en Cristo y poseyendo el mis\u00admo Esp\u00edritu. No se interrumpe la uni\u00f3n con la muerte y con las distintas situaciones de los creyentes, sino que se afirma y se robustece, como se reafirma y crece la caridad. Esta situa\u00adci\u00f3n se traduce en <em>una m\u00e1s intensa comunicaci\u00f3n de bienes es\u00ad<\/em><em>pirituales. <\/em>\u00abPor lo mismo que los bienaventurados est\u00e1n m\u00e1s \u00edntimamente unidos a Cristo, consolidan m\u00e1s eficazmente a toda la Iglesia en la santidad\u00bb.<\/p>\n<p>Es en esa corriente de comunicaci\u00f3n espiritual potenciada, donde se pueden dar, y de hecho se dan desde los primeros tiempos de la Iglesia, formas extraordinarias de comunicaci\u00f3n en forma de encuentro personal, que llamamos apariciones. El fen\u00f3meno est\u00e1 ah\u00ed, formando parte de la experiencia e his\u00adtoria de la Iglesia. No se trata de un fen\u00f3meno de degradaci\u00f3n religiosa, derivando hacia la superstici\u00f3n. Su fundamentaci\u00f3n teol\u00f3gica es s\u00f3lida. Se asienta en la realidad de la vida nueva, revelada en la experiencia pascual, que es vivida por la Iglesia toda en forma de comuni\u00f3n. El fen\u00f3meno se ordena al robus\u00adtecimiento del testimonio de la fe. Pero, aunque est\u00e9 s\u00f3lida\u00admente fundado, las caracter\u00edsticas especiales del fen\u00f3meno de las apariciones, su cercan\u00eda psicol\u00f3gica a zonas que escapan al control de la conciencia, su f\u00e1cil derivaci\u00f3n hacia lo mara\u00advilloso, exigen una especial atenci\u00f3n y discreci\u00f3n. Es lo que recogen en un resumen las siguientes conclusiones.<\/p>\n<h2>III. Conclusiones<\/h2>\n<ol>\n<li>Los fen\u00f3menos que llamamos \u00abapariciones de santos\u00bb forman parte de la experiencia espiritual hecha por la Iglesia a lo largo de su historia. Inicialmente, con un sentido funda\u00admental para nuestra fe, est\u00e1n las apariciones de Cristo resu\u00adcitado. Posteriormente, en distintas formas, pero siempre con una importante incidencia en el testimonio de la fe, nos en\u00adcontramos con nuevas experiencias de encuentros personales con el Cristo que vive y con los que viven en Cristo.<\/li>\n<li>Todas estas experiencias, fundamentalmente, son la manifestaci\u00f3n del vivir de Cristo resucitado y de los que cre\u00adyeron y viven en Cristo. Experiencia de la realidad de una nue\u00adva vida que es comuni\u00f3n de un mismo Esp\u00edritu. Una comuni\u00f3n de vida une a todos \u00ablos santos\u00bb, a los que creen y testimonian su fe en su vida terrestre y a los que viven ya plenamente su vida divina en el misterio de Dios. Unos y otros constituyen una sola Iglesia.<\/li>\n<li>Tales experiencias tienen siempre un sentido prof\u00e9tico, cristol\u00f3gico y eclesiol\u00f3gico. Traducen en cada contexto hist\u00f3\u00adrico las exigencias que impone al momento presente el men\u00adsaje de Jes\u00fas; las exigencias que deben ser asumidas por la Co\u00admunidad cristiana y humana. El vidente, en este sentido, viene a hacer una lectura viva de la palabra que Dios habla a trav\u00e9s de los signos de los tiempos. Esa lectura se expresa en la ex\u00adperiencia de la aparici\u00f3n, en la comunicaci\u00f3n personal que contiene, en el mensaje que la acompa\u00f1a y, en la misma vida del vidente.<\/li>\n<li>Este sentido prof\u00e9tico tiene su punta incisiva en la llamada a la conversi\u00f3n en orden al testimonio de la fe, en que se resuelve la experiencia. Conversi\u00f3n entendida como \u00abmetanoia\u00bb, cambio de mente, como un nuevo nacimiento al contacto con lo sobrenatural. El vidente queda profundamen\u00adte marcado por la experiencia.<\/li>\n<li>El mensaje prof\u00e9tico es recibido por la Iglesia tambi\u00e9n en forma de llamada a la conversi\u00f3n, al cambio de mentalidad, pero simultaneamente, tambi\u00e9n en forma de una <em>\u00abrecepci\u00f3n <\/em><em>cultual\u00bb, <\/em>en la que la comunidad cristiana receptora expresa su aceptaci\u00f3n. La recepci\u00f3n cultual, expresiva de la aceptaci\u00f3n comunitaria, tiende a crecer y a desarrollarse en distintas for\u00admas de piedad personal y manifestaciones de culto comuni\u00adtario. Estas formas cultuales tienden a encontrar en s\u00ed mismas toda su raz\u00f3n de ser, pero nunca deber\u00edan olvidar que, en ri\u00adgor, son s\u00f3lo la expresi\u00f3n sensible de la aceptaci\u00f3n del obje\u00adtivo de las apariciones: la llamada a la conversi\u00f3n y al tes\u00adtimonio del mensaje de Jes\u00fas, expresado en un compromiso de vida nueva. Olvidar esto, poniendo en un primer plano formas de piedad y de culto circunstanciales, como si se tra\u00adtase del elemento primario, es el gran riesgo que amenaza a todos los movimientos espirituales suscitados por la experien\u00adcia de apariciones en la Iglesia.<\/li>\n<li>En todo caso, hay que recordar que las apariciones, como todo carisma en la Iglesia, debe ser discernido. Ese dis\u00adcernimiento, que realiza toda la Comunidad cristiana, compe\u00adte en su forma autoritativa a los Pastores que tienen la respon\u00adsabilidad \u00faltima en la direcci\u00f3n de la Iglesia. La Comunidad realiza vitalmente su discernimiento, al recibir las apariciones, reconociendo en ellas la presencia del mismo Esp\u00edritu que ani\u00adma su vida. El criterio decisivo del discernimiento lo propor\u00adciona el evangelista Juan cuando, despu\u00e9s de prevenir de que no hay que fiarse de cualquier esp\u00edritu, y de haber invitado al discernimiento, dice : \u00abtodo esp\u00edritu que confiese a Jesucristo, venido en carne, es de Dios\u00bb (1 Jo 4, 2). Es en la coherencia con el misterio de Cristo donde las apariciones manifestaban toda su verdad.<\/li>\n<\/ol>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se me ha pedido que exponga en esta IX Semana de Estu\u00addios Vicencianos el tema de las apariciones en la Iglesia, valo\u00adradas como expresi\u00f3n de una funci\u00f3n prof\u00e9tica. El tema resul\u00adta seductor. 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