{"id":39768,"date":"2014-09-15T08:01:26","date_gmt":"2014-09-15T06:01:26","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=39768"},"modified":"2016-07-27T12:07:40","modified_gmt":"2016-07-27T10:07:40","slug":"francois-mounier-1625-1655","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/francois-mounier-1625-1655\/","title":{"rendered":"Fran\u00e7ois Mounier (1625-1655)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/antoine-morando-1650-1694\/biografias-paules-346\/\" rel=\"attachment wp-att-130116\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-130116\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/03\/Biografias-Pa%C3%BAles.jpg?resize=232%2C300\" alt=\"Biografias Pa\u00fales\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>Los primeros obreros enviados por san Vicente a Madagascar hab\u00edan sucumbido. El santo lo sab\u00eda. Despu\u00e9s de bendecir a Dios por todo, y adorar sus designios que, aunque secretos, son siempre perfectamente justos, \u00e9l no pens\u00f3 en otra cosa que n reemplazarlos y en procurar lo antes posible a los ne\u00f3fitos una ayuda que fuera proporcionada a sus necesidades. Es lo que escribe Collet en su <em>Vida de san Vicente, <\/em>y a\u00f1ade estas reflexiones: \u00abEn una congregaci\u00f3n que no ha perdido nada todav\u00eda de su primer fervor, todo s\u00fabdito es hombre de buena voluntad. As\u00ed Vicente no se olvidaba de estos fracasos o, si se quiere, estos rechazos razonados que no prueban otra cosa que mucha cobard\u00eda y muy poco celo\u00bb. (Suplemento en los anales de la Misi\u00f3n, 1 de junio de 1895)<\/p>\n<h2><em>Vocaci\u00f3n apost\u00f3lica del Sr. Mounier<\/em><\/h2>\n<p>Hab\u00eda actualmente en Picard\u00eda un sacerdote joven y lleno de celo ocupado en la distribuci\u00f3n de las limosnas. \u00c9ste deseaba con tanta pasi\u00f3n derramar su sangre y su vida por la salvaci\u00f3n de los infieles que hab\u00eda hecho voto de rezar cada d\u00eda el rosario de la sant\u00edsima Virgen, para obtener la gracia de ser destinado a las Misiones extranjeras. Era de Saintes, hab\u00eda nacido1625, hab\u00eda sido recibido en la Congregaci\u00f3n, en Par\u00eds, el 19 de diciembre de 1643, y se llamaba Fran\u00e7ois Mounier. Nuestro santo puso los ojos en \u00e9l, y le asoci\u00f3 a Tiussaint Bourdaise para ir a evangelizar\u00a0 la gran isla africana. Pero las revueltas del reino no les permitieron embarcarse tan pronto, no fue hasta marzo de 1654 cuando pudieron hacerse a la mar.<\/p>\n<p>El Sr. Mounier, informando a su venerado Padre de las circunstancias\u00a0 del viaje, en una carta con fecha en Madagascar del 6 de febrero de 1655, le expresaba primeramente con sentimientos muy apost\u00f3licos su gozo por ser escogido para llevar a estas regiones\u00a0 infieles la fe de Jesucristo.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abSi alguna vez he tenido, escrib\u00eda,\u00a0 una gran estima y un gran amor por mi vocaci\u00f3n, yo lo siento aqu\u00ed incomparablemente m\u00e1s, al verme en el empleo que tanto y por tan largo tiempo he deseado, en el que puedo trabajar con tanto provecho por la salvaci\u00f3n de las almas rescatadas por la sangre de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo. No puedo por menos, Se\u00f1or, que testimoniaros mi alegr\u00eda y la gratitud que siento por la gracia que me hab\u00e9is concedido al enviarme a este pa\u00eds, por la que os ofrezco mis muy humildes\u00a0 agradecimientos\u00bb.<\/p>\n<p>\u00c9l mismo ha informado de su viaje y de sus primeros trabajos en Madagascar, en sus cartas a san Vicente de Pa\u00fal. Estos son sus principales rasgos:<\/p>\n<h2><em>La navegaci\u00f3n. Piadosas ocupaciones. Escala en cabo Verde. <\/em><\/h2>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00bb\u00a0Hab\u00eda puesto todo el inter\u00e9s en llagar a Nantes para el embarque. Dios lo quiso. Pero, ay, no encontr\u00e9 a mi querido compa\u00f1ero Al Sr. Bourdaise, y no sab\u00eda cu\u00e1ndo podr\u00eda llegar. El Sr. mariscal de la Meilleraye, por su gran bondad, me concedi\u00f3 un d\u00eda para esperarle o para buscar otro compa\u00f1ero, a falta de los cual dos Padres franciscanos deb\u00edan ocupar nuestros lugares y embarcarse en los nav\u00edos; pero he aqu\u00ed que, por una providencia particular de Dios, veo llegar al Sr. Bourdaise que disip\u00f3 en un momento la gran tristeza en que se hab\u00eda hundido mi coraz\u00f3n, para trocarse en alegr\u00eda que no puedo expresaros.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEl primer viernes de cuaresma, 1654, abordamos una peque\u00f1a chalupa, para ir a los nav\u00edos que estaban en Saint-Nazaire. El Sr. Bourdaise entr\u00f3 en uno y yo en el otro con el hermano Ren\u00e9 For\u00eat.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abPor fin el tercer domingo de cuaresma, 8 de marzo del a\u00f1o 1654, entre las siete y ocho horas de la ma\u00f1ana, levamos anclas, cuatro nav\u00edos juntos, dos que iban a Am\u00e9rica\u00a0 y los dos nuestros que iban a Madagascar. Comenzamos nuestro viaje con las oraciones acostumbradas que hemos continuado cada ma\u00f1ana, durante toda la duraci\u00f3n del viaje; por la noche, hac\u00edamos el examen de conciencia y dem\u00e1s oraciones ordinarias. Yo he dicho siembre la santa misa los domingos y d\u00edas de fiesta, cuando el tiempo no ha sido demasiado malo, y durante el d\u00eda me he ocupado en instruir a los muchachos del barco, y en hacer alguna lectura espiritual o en aprender\u00a0 algo de la lengua de este pa\u00eds, sin hablar del oficio divino y de la oraci\u00f3n mental que no omit\u00edamos nunca. Seguimos muestro viaje, los cuatro barcos juntos, durante doce d\u00edas, tras los cuales los otros dos nos dejaron\u00a0 para seguir su ruta. He tenido que sufrir mucho, en todo el viaje por parte de quince a diecis\u00e9is personas de la religi\u00f3n pretendida reformada, por sus juramentos, sus palabras obscenas y sus canciones infames que eran casi continuas. No he logrado nada de ellos porque se sab\u00edan apoyados\u00a0 por algunos oficiales del nav\u00edo. Que pertenec\u00edan tambi\u00e9n a la religi\u00f3n reformada. Algunos cat\u00f3licos cediendo al mal ejemplo ca\u00edan tambi\u00e9n en los mismos des\u00f3rdenes.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEl 9 de abril, a las cuatro de la tarde, fondeamos en Cabo Verde, en la rada de Rufisque. Yo constat\u00e9 la facilidad que hay all\u00ed parapara establecer las fe, y bautic\u00e9 a un adulto de treinta y cinco a\u00f1os, instruido y presentado por una de los portugueses que residen all\u00ed en n\u00famero de seis o siete con tres peque\u00f1os naturales de este portugu\u00e9s, bendije el agua y dije la santa misa.<\/p>\n<h2><em>Protecci\u00f3n de Dios durante una tempestad, Llegada a Madagascar.<\/em><\/h2>\n<p style=\"padding-left: 30px\">De all\u00ed partimos el segundo domingo despu\u00e9s de Pascua. Pero lleg\u00f3 la tormenta, el 20 de junio, que parte el tim\u00f3n de nuestro barco por un violento maretazo que entra en la c\u00e1mara de los ca\u00f1oneros, rompiendo dos planchas y una parte considerable del nav\u00edo. Nuestro m\u00e1stil de trinquete y el de mesana y la verga del gran m\u00e1stil de cofa quedaron partidos por el medio, y hab\u00eda que reponerlos. Ciertamente nos asustamos, pues viendo el un nav\u00edo con una sola pacfi, o baja vela de mesana, sin tim\u00f3n, conducirse, como lo hac\u00eda toda una noche y medio d\u00eda, \u00bfqui\u00e9n no dir\u00e1 que era la mano del Todo Poderoso la que nos gobernaba y se contentaba con s\u00f3lo asustarnos? Y como se\u00f1al de su providencia especial, la fiesta de san Juan Bautista, tuvimos un tiempo en calma para recomponer lo mejor que pudimos el tim\u00f3n, hasta\u00a0 llegar a la rada de la bah\u00eda de Saldanha, adonde llegamos el once de julio despu\u00e9s de avistar tres d\u00edas seguidos la tierra del cabo de Buena Esperanza. No pude ver a los negros de este cabo, despu\u00e9s de descender dos veces a tierra para ello, con el fin de intentar si pudi\u00e9ramos, seg\u00fan la intenci\u00f3n del Sr. Nacquart, llevarle una pareja de ni\u00f1os de aquel pa\u00eds; pero como las gentes andan errantes de ac\u00e1 para all\u00e1, raramente se retiran dos veces al mismo lugar. Me enter\u00e9 que por muy poco de mal tabaco, se obtienen los refrescos que all\u00ed se encuentran, estar\u00eda bien que nuestros Se\u00f1ores tuvieran una peque\u00f1a provisi\u00f3n para servirse a su gusto. Habiendo permanecido nueve o diez d\u00edas en Saldanha, salimos de all\u00ed el veinte de julio.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Por fin nuestras esperanzas cumplidas\u2026 Oh gloriosa Virgen. A vos os lo debemos, ya que el d\u00eda que precedi\u00f3 a vuestra Asunci\u00f3n al cielo, nos hicisteis tocar la tierra al menos con una sonda, lo que nos dio esperanza de tocarla con los pies ese mismo d\u00eda; pero no pudo ser hasta el d\u00eda siguiente, hall\u00e1ndonos demasiado alejados de la rada donde se quer\u00eda fondear. Ello no impidi\u00f3 no obstante que yo no dijera la misa\u00a0 aquel d\u00eda, despu\u00e9s de cantar el <em>Te Deum<\/em>, a la vista de nuestra tierra y de nuestra residencia tan deseada.<\/p>\n<p>Los Misioneros conocen la muerte del Sr. Nacquart; descubren el sant\u00edsimo Sacramento conservado en la capilla del Fort-Dauphin.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Echada el ancla, desembarcamos. Pero, ay, el gozo en m\u00ed se mezcl\u00f3 con una gran tristeza, cuando supe la muerte del Sr. Nacquart sucedida el 29 de mayo de 1650. No ten\u00edamos otro consuelo, despu\u00e9s de Dios, en nuestro viaje, que la esperanza de encontrale todav\u00eda con vida, para disfrutar de la compa\u00f1\u00eda de un hombre tan santo y recibir de \u00e9l las instrucciones necesarias para trabajar \u00fatilmente en la salvaci\u00f3n de estos pobres pueblos, y ahora nos vemos sin \u00e9l: que la voluntad de Dios se cumpla en todo y bendito sea su nombre! \u00c9l vive en los cielos, y en este pa\u00eds por el buen olor de sus virtudes que han dejado sus hermosos ejemplos, y de lo cual nosotros sentimos los efectos por el afecto con que estos pobres infieles nos hablan de \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abPor fin, ya hemos llegado a Fort-.Dauphin, donde est\u00e1n los franceses. El Sr. Boudaise ya hab\u00eda llegado, y saludando al Sr.de Flacourt, fue bien recibido. Este \u00faltimo le cont\u00f3 la guerra que los franceses hab\u00edan tenido contra los del pa\u00eds, y todas las grandes molestias y trabajos que hab\u00edan pasado. No os dir\u00e9 nada de particular, sino que no deja de ser extra\u00f1o que\u00a0 setenta franceses han resistido solos a tantos pueblos, y que una vez entre otras doce hombres hicieron frente a muchos miles. Al d\u00eda siguiente que era domingo este querido cohermano fue a la capilla a decir misa con gran contento del Sr. de Flacourt y de todos los dem\u00e1s franceses. Advertido por ellos que el Sant\u00edsimo Sacramento estaba en el tabern\u00e1culo, porque el difunto Sr. Nacquart, sorprendido por la enfermedad, no hab\u00eda podido consumir las Santas Especies, no pod\u00eda creerlo y se dec\u00eda, como \u00e9l me lo ha contado despu\u00e9s: \u00abEsta buena gente no comprenden lo que dicen y no saben que las Especies sacramentales no pueden permanecer tanto tiempo sin corromperse\u00bb. Pero habiendo consagrado hostias y abriendo el santo cop\u00f3n para depositarlas, encontr\u00f3 cinco dentro, cuyas Especies estaban enteras sin otro cambio m\u00e1s que estaban algo pegadas unas a otras lo que le result\u00f3 admirable, y cree que Dios les hab\u00eda hecho este favor por el honor que ellos le hab\u00edan rendido, ya que hac\u00edan sus oraciones, tarde y ma\u00f1ana,\u00a0 en la iglesia, y llevaban el tabern\u00e1culo en procesi\u00f3n el d\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">No escuchamos otra cosa que los sentimientos por la muerte del Sr. Nacquart. Su memoria est\u00e1 aqu\u00ed con tal veneraci\u00f3n que no puedo expresarlo, la mayor parte de los franceses nos han dicho no haber sentido semejante aflicci\u00f3n como la de su muerte; y los negros comparten estos sentimientos de veneraci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<h2><em>Primeros trabajos. Pide algunos hermanos coadjutores. Da a conocer el deseo que hab\u00edan expresado las Hijas de la Caridad de ir a Madagascar. <\/em><\/h2>\n<p>Los habitantes conservan los buenos sentimientos que el Sr. Nacquart les hab\u00eda inspirado en relaci\u00f3n con la fe, de manera que desde nuestra llegada hasta el presente, no hemos necesitado salir de la residencia para ir a buscar a estos pobres infieles, para instruirlos. Vienen bastantes por s\u00ed mismos, sabiendo que estamos aqu\u00ed para desempe\u00f1ar las mismas funciones que nuestro querido difunto. Desde nuestra llegada, no ya pasado d\u00eda en que no hayamos tenido, desde la salida del sol hasta las diez u once horas de la ma\u00f1ana, a algunas de estas buenas gentes y con bastante frecuencia tenemos hasta veinte a la vez, en una caba\u00f1a aparte, destinada \u00fanicamente a este uso, es decir a instruirlos en la religi\u00f3n y a ense\u00f1arles a rezar. Despu\u00e9s de comer, estamos ocupados en ello desde la una hasta las tres y las cuatro, y con frecuencia desde las cinco hasta la noche. Si hacemos alguna otra cosa, se lo quitamos a la instrucci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abMientras os escribo esto, tengo que pedirles que me dejen un rato, lo que hace a rega\u00f1adientes; por donde juzgar\u00e9is, Se\u00f1or, la necesidad que tenemos de obreros en este pa\u00eds. Os aseguro que no hay casi pueblos que no est\u00e1n pidiendo la misma ocupaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abDos o tres de nuestros hermanos coadjutores hallar\u00edan donde emplear el tiempo, sobre todo si tienen virtudes s\u00f3lidas de castidad, obediencia y dulzura, principalmente la \u00faltima que es muy necesaria en este pa\u00eds. Convendr\u00eda que sepan leer y escribir, que uno de ellos conozca algo de cirug\u00eda y de botica, y que traigan las cosas necesarias para ello. V\u00e9ase una memoria, elaborada por el Sr. Bourdaise, a quien importunan a cada paso tanto franceses como ind\u00edgenas, para tener los ung\u00fcentos para sus heridas y sus enfermedades. Bonita ocasi\u00f3n para hablar con estas gentes de las cosas de la fe y hacer progresos entre ellos. Un hermano\u00a0 sastre, y otro carpintero y un cerrajero nos ser\u00edan de la mayor utilidad.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abHall\u00e1ndose en Nantes, fui a ver a las Hijas de la Caridad que all\u00ed sirven a los enfermos del hospital, las cuales me comunicaron un gran deseo de venir a contribuir en lo posible al servicio y a la salvaci\u00f3n de las pobres gentes de aquel pa\u00eds, y me rogaron con insistencia que os escribiera. Creo firmemente\u00a0 con grande y muy grande motivo que har\u00edan mucho fruto, tanto con el alivio que llevar\u00edan a los enfermos como con la ense\u00f1anza de las oraciones y dem\u00e1s cosas necesarias para la salvaci\u00f3n y por el buen ejemplo que dar\u00edan\u00a0 a todos\u00bb. Tales eran los deseos del Sr. Mounier.<\/p>\n<p>Acerca de este asunto san Vicente dec\u00eda, el 8 de agosto de 1655, a las Hijas de la Caridad: \u00abHijas m\u00edas, vuestro nombre se extiende a casi todas las partes; es conocido hasta en Madagascar, donde os desean. Nuestros Se\u00f1ores que est\u00e1n en ese pa\u00eds tan alejado, nos han escrito que ser\u00eda de desear que tuvieseis all\u00ed un establecimiento para ganar con mayor facilidad para dios las almas\u00a0 de los pobres negros. Ah, Hijas m\u00edas, es que Dios bendice a la Compa\u00f1\u00eday la bendecir\u00e1 siempre, con tal que le se\u00e1is fieles\u00bb.<\/p>\n<p>El Sr. Mounier a\u00f1ad\u00eda: \u00abPienso tambi\u00e9n que cinco o seis de estos peque\u00f1os exp\u00f3sitos de Par\u00eds, de las m\u00e1s sabios y m\u00e1s h\u00e1biles en cualquier trabajo manual, como la costura y el trabajo en seda y algod\u00f3n o cosa parecida, caer\u00edan bien aqu\u00ed para comenzar un seminario menor de catec\u00famenos que imitar\u00edan a estos j\u00f3venes franceses.<\/p>\n<h2><em>Costumbres de los malgaches. Clima.<\/em><\/h2>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEstos pobres negros tienen un buen natural y son f\u00e1ciles de convertir, ya que hasta los peque\u00f1os se dejan llevar por la raz\u00f3n. Los padres y las madres no los castigan nunca y les dan satisfacci\u00f3n en casi todo lo que desean, igualmente los ni\u00f1os son muy obedientes y quieren mucho a sus padres, su humor es dulce y no quejoso. No conozco m\u00e1s que una sola querella surgida entre ellos desde los seis meses que estamos aqu\u00ed, lo que proviene de la gran amistad que tienen unos con otros, de manera que si uno est\u00e1 enfermo los otros acuden y le asisten con cuidados maravillosos. Si se da algo a alguno de ellos, lo repartir\u00e1 con todos los que est\u00e1n con \u00e9l, a\u00fan sin conocerlos; y lo admirable es que los ni\u00f1os tambi\u00e9n lo observan. Es algo com\u00fan a todos no ser borrachos ni comilones, sino muy sobrios, y no se creer\u00eda lo poco que comen y con lo poco que se contentan, sufren a menudo grandes escaseces sin quejarse ni mendigar, lo que se explica porque no piensan en el ma\u00f1ana y viven sin preocupaciones.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Un peque\u00f1o caj\u00f3n cubierto de hojas les sirve de lecho y un tejido de una vara y media de largo por media vara m\u00e1s o menos de ancho es su \u00fanico vestido, y aun as\u00ed s\u00f3lo lo llevan los m\u00e1s ricos y las mujeres, pues los dem\u00e1s se ci\u00f1en con un cintur\u00f3n, muy estrecho que por otra parte se arreglan\u00a0 de suerte que nunca se los ve descubiertos. Sus coqueter\u00edas siguen la sencillez de su esp\u00edritu y son naturales todas, como flores, hojas o hierbas arom\u00e1ticas con las que se hacen guirlandas o se cuelgan en el pelo.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLos blancos por el contrario, que son muy pocos y descienden de los mahometanos, son soberbios e insolentes, son el mayor obst\u00e1culo para el bien, impidiendo en cuanto pueden a esta buena gente abrazar la fe\u00a0 y enga\u00f1andolos con sus supersticiones para llevarlos a hacer lo que quieren de ellos. Todo lo bueno de estos blancos\u00a0 en relaci\u00f3n con estos pobres negros es que no los pegan nunca, sino que con dulzura y paciencia llegan a convencerlos. Son las dos virtudes que sobresalen en este pa\u00eds, incluso nuestros franceses, debido al trato con ellos,\u00a0 han adquirido, quieras o no, estas dos virtudes; pues huyen de las personas rudas y dicen que ellas tienen el coraz\u00f3n duro. Tenemos desde hace poco a cuatro peque\u00f1os negros, en los que esperamos, que entienden un poco el franc\u00e9s, hay tres de ellos bautizados, saben rezar a Dios y tienen deseos de aprender lo que es necesario para la salvaci\u00f3n. El Sr. de Flacourt los lleva a Francia, no dudo que os deje verlos y espero que un d\u00eda lleguen a ser muy \u00fatiles\u00bb. Estos ni\u00f1os fueron en efecto acogidos por san Vicente que los educ\u00f3 en San L\u00e1zaro, en Par\u00eds.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abNosotros estamos bien, gracias a Dios, a\u00f1ad\u00eda el Sr. Mounier, no hace tanto calor como pens\u00e1bamos y las estaciones est\u00e1n marcadas tanto el invierno como el verano, igual que en Francia, desde el mes de junio hasta el de septiembre. Termino, Se\u00f1or, diciendo que estamos encantados de estar en este pa\u00eds, y que todos los d\u00edas alabamos por ello a Dios; querr\u00edamos que todos nuestros Se\u00f1ores hubiesen visto la gran mies que hemos de recoger, y para la cual no podemos dar abasto. Dec\u00eda yo estos pasados d\u00edas,\u00a0 a algunos que vinieran a aprender; uno de ellos me contest\u00f3: \u00abMi coraz\u00f3n lo desea, yo no pido otra cosa, pero no hay m\u00e1s que t\u00fa y tu compa\u00f1ero para ense\u00f1arnos; es poco para tanta gente\u00bb. Yo les promet\u00ed que vendr\u00edan otros, \u00e9l me respondi\u00f3: \u00abMi coraz\u00f3n te quiere, que vivas largo tiempo! Yo estoy encantado\u00bb.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abPor \u00faltimo, Se\u00f1or, pido a Nuestro Se\u00f1or que env\u00ede\u00a0 obreros a su vi\u00f1a, como se necesitan en este pa\u00eds, muy dulces, muy pacientes, muy mortificados, muy celosos por la salvaci\u00f3n de las almas, y que \u00e9l me haga digno de la gracia que me ha hecho de enviarme aqu\u00ed\u00bb.<\/p>\n<h2><em>Continuaci\u00f3n de los trabajos apost\u00f3licos. Viaje del Sr. Mounier a Imaphales. <\/em><\/h2>\n<p>El Sr. de Flacourt dejando el gobierno de la isla al Sr. de Pronis, se embarc\u00f3 para Francia. El Sr. de Pronis, hombre industrioso, pero sin moral, condujo la colonia a su ruina. Perteneciendo a la religi\u00f3n protestante, contrariaba en toda ocasi\u00f3n a los cat\u00f3licos; cruel, exasper\u00f3 a los ind\u00edgenas y\u00a0 los empuj\u00f3 a la indignaci\u00f3n y a la revuelta.<\/p>\n<p>Los Misioneros se dedicaban a los trabajos de evangelizaci\u00f3n. Un d\u00eda que se anunci\u00f3 una expedici\u00f3n a los soldados, \u00e9stos deb\u00edan estar listos para ir a buscar provisiones a Imaphales. El Sr. Mounier quiso acompa\u00f1arlos para estar en condiciones de prestar los cuidados de su ministerio los heridos, como lo hab\u00eda hecho en una excursi\u00f3n precedente. Este viaje le hab\u00eda convencido cada vez m\u00e1s de la necesidad de la presencia de un sacerdote en estas excursiones, en que los franceses estaban expuestos a ser las v\u00edctimas de la animosidad de los jefes malgaches. Quisieron apartarle, pero nada pudo quebrantar su decisi\u00f3n. El celo de ir el primero a hablar de Dios en lugares donde su sagrado nombre era desconocido, le hac\u00eda encontrar dulces las privaciones y las fatigas. Se hac\u00eda a s\u00ed mismo este reproche t\u00e1cito que si tanta gente iban con semejante valor, empujados tal vez por\u00a0 solo motivo de la ganancia o del honor, \u00e9l, con mayor raz\u00f3n, no pod\u00eda dispensarse de ir por un plan tan noble. El Sr. Bourdaise escrib\u00eda a continuaci\u00f3n:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00bb\u00a0El primer domingo de cuaresma hacemos el paquete, le damos tres buenos negros, para llevar los ornamentos y para ayudarle en caso de necesidad, y al d\u00eda siguiente parte, acompa\u00f1ando a cuarenta franceses y a doscientos negros, todos muy decididos y en buen orden. Dos d\u00edas despu\u00e9s, tuvimos la noticia que hab\u00eda puesto fin a un esc\u00e1ndalo casando a una negra y a un franc\u00e9s, apaciguando as\u00ed la querella que hab\u00eda surgido entre dos franceses, por causa de ella; lo que nos alegr\u00f3 mucho. Nos dijeron tambi\u00e9n que otro franc\u00e9s hab\u00eda hecho ya la promesa de casarse para vivir cristianamente\u00bb.<\/p>\n<p>Durante este tiempo, un desastre del que la colonia no lograr\u00eda reponerse estallaba en el Fort-Dauphin. Un incendio devora los almacenes de v\u00edveres, hace saltar una parte de las vigas y destruye la iglesia. Ay, la expedici\u00f3n ya no hab\u00eda sido feliz.<\/p>\n<h2><em>Enfermedad del Sr. Mounier.<\/em><\/h2>\n<p>Retomamos el relato del Sr. Bourdaise:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEl 23 de mayo, dice, hacia las tres de la tarde, un franc\u00e9s se asoma a lo lejos en una eminencia. Todo el mundo acude y se arremolina, encantados de saber noticias de la expedici\u00f3n. Pero en seguida, ay, dice con voz entristecida que el viaje hab\u00eda sido desgraciado. Hubierais visto en el mismo instante, la tristeza pintada en el rostro de todos, el gobernador le pregunt\u00f3 si hab\u00eda alg\u00fan muerto,\u00a0 \u00e9l respondi\u00f3 que s\u00f3lo hab\u00eda uno, pero que se han visto obligados a dejar a doce, muy enfermos a\u00a0 seis jornadas de all\u00ed. Le supliqu\u00e9 que me dijera c\u00f3mo estaba el Sr. Mounier. Me dijo qu estaba muy enfermo y que desde hac\u00eda seis d\u00edas, le llevaban en una especie de angarillas, que cargaban cuatro negros al hombro. Ah, Dios m\u00edo, qu\u00e9 sorpresa! PIdi inmediatamente permiso al Sr. de Laforest. Me lo niega, diciendo que yo tambi\u00e9n caer\u00eda enfermo. Vengo a ponerme a los pies de Nuestro Se\u00f1or, y despu\u00e9s de unos momentos de dolor, me levanto. Me pareci\u00f3 que deb\u00eda ir, para consolar a nuestro querido enfermo, y para llevarle medicamentos. Me vuelvo y pido otra vez al Sr. de Pronis, nuestro gobernador, quien me lo concede esta vez.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abPart\u00ed con el mensajero y dos negros para guiarnos, eran las cuatro de la tarde. Caminamos mucho hasta antes de anochecer, y encontramos por fin un pueblo. Nuestros gu\u00edas no quisieron seguir adelante a causa de las charcas y r\u00edos que se han de atravesar. Me hospedo en la caba\u00f1a de jefe y me entero d\u00f3nde estaban los franceses; me dice que acababa de llegar un negro y dice que estaban a media jornada, y que el sacerdote segu\u00eda all\u00ed, puesto que estaba muy enfermo. Dios m\u00edo, qu\u00e9 larga me pareci\u00f3 esta noche!<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abNo hab\u00eda luna, sin embargo partimos antes de amanecer y camin\u00e1bamos deprisa. Por fin nos encontramos a los franceses en tan m\u00e1s estado que no pod\u00edan ya ni con los fusiles ni dar un paso. El primer saludo fue que nos di\u00e9ramos prisa si quer\u00eda encontrar al Sr. Mounier todav\u00eda con vida. Entonces lo dejo todo y sigo adelante, lleno de tristeza. Llegamos al pueblo hacia las nueve, Me llevan a la caba\u00f1a, ya de lejos le oigo jadear, por lo que veo que se encuentra en la agon\u00eda, que se acababa, y que Dios le prolongaba la vida s\u00f3lo para recibir los \u00faltimos sacramentos. Me dicen en efecto que hac\u00eda treinta y seis horas que estaba as\u00ed sin conocimiento.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00bb\u00a0Le di al momento la extrema unci\u00f3n en presencia de seis o siete Rohandries y de algunos franceses que no pod\u00edan m\u00e1s. Mostraban todos tristeza al verle en este estado; as\u00ed que aprovech\u00e9 para hablarles de la incertidumbre de la vida, a\u00f1adiendo que el que ve\u00edan tan cerca de la muerte hab\u00eda venido a ense\u00f1arles a creer en Dios y a servirle y a hacerles vivir despu\u00e9s en el cielo, donde no tendr\u00edan ni sufrimientos ni pena y donde el \u00faltimo esclavo ser\u00eda un rey muy grande, despu\u00e9s de ser bautizado, si hab\u00eda servido bien a Dios; que si el cuerpo de mi hermano iba a morir, su alma sin embargo sobrevivir\u00eda y que iba a subir al cielo, ya que estaba bautizado y hab\u00eda servido bien a Dios. Me escuchaban bien y me dec\u00edan \u00abQu\u00e9 bueno es eso, qu\u00e9 bueno es eso!\u00bb<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLuego me fij\u00e9 en el pobre enfermo y vi que estaba devorado por la fiebre. Me contaron su enfermedad, dici\u00e9ndome que hab\u00eda comenzado hac\u00edas quine d\u00edas; que siempre hab\u00eda querido caminar a pie, menos lo seis \u00faltimos d\u00edas que le hab\u00edan puesto en unas andas, donde hab\u00eda sufrido mucho a causa de las ramas y de las espinas que le her\u00edan al atravesar los bosques, de manera que todo su rostro estaba herido;\u00a0 que se hab\u00eda sentido muy molesto por la falta de agua y por \u00faltimo que no hab\u00eda comido nada en cinco d\u00edas. Con una pluma le refrescamos la lengua y la boca con vino. Veo que esto de aliviaba un poco. Me armo de valor y hago que le froten el est\u00f3mago, los pies y las manos con vino tibio, y viendo que este remedio le daba algo de valor\u00a0 seguimos as\u00ed hasta la una de la tarde; pero al probar de nuevo su pulso, lo encontr\u00e9 muy\u00a0 muy disminuido y comprend\u00ed que ya no hab\u00eda remedio, pero me ten\u00eda que resignarme a quedarme solo en una tierra tan lejana.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00bb\u00a0Ech\u00e9 un vistazo mentalmente a los trabajos prodigiosos que este hombre tan robusto hab\u00eda soportado en estos seis a\u00f1os, para venir a este pa\u00eds. Dios m\u00edo, me dec\u00eda, qu\u00e9 secretos\u00a0 son vuestros juicios y qu\u00e9 distintos vuestros caminos de los de los hombres. Vos quer\u00e9is la conversi\u00f3n de tantos miles de almas en pa\u00edses tan distantes y retir\u00e1is tan pronto a las personas que vienen con tanto entusiasmo. Y adem\u00e1s, me parec\u00eda que la muerte de tan buenos operarios deb\u00eda ser la semilla de los cristianos, en estas tierras, lo mismo que\u00a0 que la de los m\u00e1rtires lo hab\u00eda sido, en Europa, en los primeros siglos de la Iglesia. Luego adoraba los divinos designios y me arrojaba en los brazos de la Providencia. Por \u00faltimo, despu\u00e9s de estar todos juntos una hora y media o dos rezando y haciendo la recomendaci\u00f3n del alma, \u00e9l pas\u00f3 de esta vida a la otra tan dulcemente como un ni\u00f1o, sin la menor convulsi\u00f3n ni esfuerzo.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abDespu\u00e9s de su muerte, su rostro se volvi\u00f3 hermoso. Ay, no hab\u00eda nadie, ni peque\u00f1o ni grande que no manifestara dolor. Su fallecimiento sucedi\u00f3 la v\u00edspera de la Ascensi\u00f3n, a las tres de la tarde. El del Sr. Nacquart hab\u00eda tenido lugar el d\u00eda siguiente de esta fiesta, que es el tiempo que Nuestro Se\u00f1or hizo su entrada gloriosa en el cielo, y conduciendo a todos esos grandes patriarcas que hab\u00edan trabajado tanto por su gloria: \u00ab\u00c9stos son, continuaba el Sr. Bourdaise dirigi\u00e9ndose a san Vicente, mi querido y muy honorado Padre,\u00a0 la pena y el dolor de mi coraz\u00f3n; \u00c9ste, os digo, el motivo de mi aflicci\u00f3n que yo tem\u00eda declararos, Pero bueno, Dios lo ha querido, adoremos su divina Providencia.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abDespu\u00e9s de pensar qu\u00e9 har\u00eda con el cuerpo, por el calor y el largo camino, me resolv\u00ed a traerlo al precio que fuera, a fin de colocarlo junto a nuestros Se\u00f1ores, y tenerlo yo cerca, despu\u00e9s de la muerte, a aqu\u00e9l que era mi compa\u00f1ero durante su vida. Bueno pues, habiendo caminado toda la noche, llegamos a prolongar, al d\u00eda siguiente, a las nueve de la ma\u00f1ana. . Todos acudieron a nuestra casa, para llorar al difunto, y consolarme a m\u00ed por esta p\u00e9rdida tan dolorosa. Pero ay, si Tob\u00edas no pod\u00eda consolarse por haber perdido la vista, \u00bfc\u00f3mo lo habr\u00eda podido y mismo, privado de direcci\u00f3n espiritual y temporal? Dije la misa solemne de los difuntos por el descanso de su alma, el d\u00eda de la Ascensi\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or, y le enterramos con todos los honores posibles. Ni un solo negro que no estuviera presente ni declarara su dolor. Hecho lo cual, me retir\u00e9 para pensar, en m\u00ed. Viendo la incertidumbre la vida, hice el inventario de todo. Luego repas\u00e9 la vida de nuestro difunto, y trat\u00e9 de llevar a cabo, yo solo,\u00a0 lo que nuestros cohermanos tienen costumbre de hacer en nuestras casas.<\/p>\n<h2><em>Las virtudes del Sr. Mounier. <\/em><\/h2>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abOh qu\u00e9 entretenimiento m\u00e1s dulce era recordar las virtudes de aqu\u00e9l cuya p\u00e9rdida acababa yo de experimentar! Me acord\u00e9 del celo y del afecto con los que me hablaba de la virtud, cuando est\u00e1bamos juntos en el seminario. El amor que profesaba a la Sant\u00edsima Virgen era tan grande, que no pod\u00eda ocultarlo; hablaba continuamente de esta gloriosa Reina, y le gustaban tanto las fiestas que la Iglesia celebra en su honor, que esos d\u00edas estaba con una devoci\u00f3n extraordinaria;\u00a0 hab\u00eda compuesto incluso discursos para todas sus fiestas y sobre todas las virtudes de esta Madre de pureza. Hab\u00eda hecho voto de rezar todos los d\u00edas el rosario, con el fin de que ella le consiguiera la gracia de venir a estos pa\u00edses extranjeros.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abPor lo que se refiere a las maceraciones\u00a0 y austeridades del cuerpo, no ha dejado nunca la disciplina y las vigilias, y le he visto a menudo pasar los d\u00edas de ayuno con un poco de arroz al agua y queso. Sufr\u00eda mucho los d\u00edas de abstinencia por no querer comer grasa, la cual sirve aqu\u00ed de mantequilla que no la hay aqu\u00ed.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Su deseo ardiente de sufrir se ha visto bastante, cuando pas\u00f3 dos a\u00f1os pidiendo limosna en Picard\u00eda y en Champa\u00f1a, durante las guerras y el hambre. Ten\u00eda que ir a pie a cuatro o cinco parroquias para servirlas,\u00a0 tener cuidado de los enfermos y darles de comer. Qu\u00e9 injurias, qu\u00e9 afrentas no ha sufrido! Cu\u00e1ntos azares no ha corrido!<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abPero bien, \u00bfno voy a hablar de los deseos ardientes que ten\u00eda de entregar su vida a Dios en los pa\u00edses lejanos, de las fatigas y trabajos prodigiosos que ha soportado para disponer las cosas de este viaje?\u00a0 Ciertamente, resultar\u00eda demasiado largo, os las dejo pensar, ya que hab\u00e9is sido testigos como yo; no os contar\u00e9 tampoco las penas extra\u00f1as que debi\u00f3 padecer durante la traves\u00eda. Me contentar\u00e9 con deciros los trabajos que ha pasado en el \u00faltimo viaje de las Imaphales, que le ha sido el m\u00e1s agradable, pues le ha hecho sufrir hasta la muerte. Ha debido hacer m\u00e1s de doscientas leguas a pie, por caminos estrechos, levantados, y a trav\u00e9s de las monta\u00f1as; comer algo de carne resecada y beber agua pestilente y estancada, durante un mes; no comer sino en m\u00ednima cantidad habas silvestres, cocidas en agua, sin sal ni salsa; pasar tres d\u00edas de marcha sin hallar un gota de agua para beber, y con todo eso bajo la fiebre diaria. Los Franceses me cuentan los males que hab\u00eda sufrido, dec\u00edan que durante seis d\u00edas, hab\u00eda sido llevado por dos hombres, como un muerto, en un lienzo colgado de un bast\u00f3n y que, durante todo el camino, se hab\u00eda golpeado contra las rocas y contra los \u00e1rboles, y que una vez entre otras, en medio de un gran fr\u00edo, tuvo que atravesar un r\u00edo, casi entre dos aguas, y que sacaron su cuerpo todo l\u00edvido y como un cad\u00e1ver.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abComprendo que eso es mucho; pero \u00bfqu\u00e9 pena de esp\u00edritu, qu\u00e9 dolor mayor todav\u00eda no sent\u00eda \u00e9l, cuando ve\u00eda tantas ofensas contra Dios, sin poder ponerles remedio?\u00a0 Qu\u00e9 calumnias no ha tenido que sufrir, de qu\u00e9 dolorosas\u00a0 impresiones no se ha visto atormentada su conciencia\u00a0delicada? Le preguntaban si no ten\u00eda algo que decir: respondi\u00f3 que habr\u00eda deseado confesarse. Como los franceses le dec\u00edan que se quedara a unas veinte leguas de la habitaci\u00f3n, \u00e9l respondi\u00f3 que hab\u00eda que sufrir y regresar pronto para que yo me viera libre de hacer un viaje ya proyectado.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abTantos trabajos \u00bfhabr\u00edan sido in\u00fatiles? Claro que no, pues Dios que ve\u00eda su coraz\u00f3n bendijo de manera particular su viaje; remedi\u00f3 muchos des\u00f3rdenes y calent\u00f3 el coraz\u00f3n de estos id\u00f3latras con el deseo de abrazar la religi\u00f3n cristiana; lograba que rezaran a Dios, tarde y ma\u00f1ana,\u00a0 los franceses y los negros. Durante ese viaje, dijo la misa, todos los domingos y fiestas, hizo que cumplieran con pascua una gran parte de los franceses\u00a0 y socorri\u00f3 a los enfermos con un gran celo. Muchos me han asegurado que hab\u00eda ayunado siempre y hab\u00eda rezado el breviario durante todo el viaje, que es una gran fatiga. Esto es, Se\u00f1or y muy honrado Padre, lo poco que he podido descubrir de sus virtudes, desde que he tenido la suerte de estar con \u00e9l. S\u00e9 que se ocultaba lo que pod\u00eday que muchas de sus virtudes no nos ser\u00e1n conocidas hasta la otra vida\u00bb.<\/p>\n<p>El 25 de junio de 1656, san Vicente escrib\u00eda\u00a0 al Sr, Martin, Superior de la casa de Tur\u00edn: \u00abUn nav\u00edo (el <em>Saint<\/em> <em>Georges<\/em>) ha llegado a Nantes, procedente de Madagascar. Nos ha tra\u00eddo noticias. Las cartas del Sr. Bourdaise nos han consolado y afligido al mismo tiempo. Nada os voy a decir por ahora de los motivos de este consuelo, aguardando a que os informe cuando pueda enviaros una copia de su relato. Pero la asistencia que debemos a nuestros difuntos, de cuyo n\u00famero forma parte el Sr. Mounier, me obliga a comunicaros nuestro dolor, para procurar a su alma el auxilio de nuestras oraciones, aunque tengamos razones de sobra para creer que no las necesita. Ha muerto por un exceso de celo y de austeridad de vida, y la forma de que viv\u00eda siempre nos debe hacer pensar que ahora goza de la gloria con la que Dios corona a los obreros evang\u00e9licos que mueren con las armas en la mano, como \u00e9l lo ha hecho\u00bb. \u2013<em>Memorias de la Misi\u00f3n.<\/em> Madagascar. <em>Suplemento en los Anales de la Misi\u00f3n, 1 de abril de 1895.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los primeros obreros enviados por san Vicente a Madagascar hab\u00edan sucumbido. El santo lo sab\u00eda. 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