{"id":39185,"date":"2020-09-28T08:22:57","date_gmt":"2020-09-28T06:22:57","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/05\/susana-guillemin-repeticion-de-oracion-1967\/"},"modified":"2020-09-15T11:31:21","modified_gmt":"2020-09-15T09:31:21","slug":"susana-guillemin-repeticion-de-oracion-1967","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/susana-guillemin-repeticion-de-oracion-1967\/","title":{"rendered":"Susana Guillemin: Repetici\u00f3n de oraci\u00f3n 1967"},"content":{"rendered":"<p>Si los Ejercicios son un per\u00edodo importante en la vida de una Hija de la Caridad, lo son diez veces m\u00e1s en la vida de una Hermana Sirviente. Fuerza es decir que uno de los grandes peligros, una de las grandes dificultades que lleva consigo el cargo de Hermana Sirviente, es que las grandes responsabilidades que le incumben absorban no s\u00f3lo todos los instantes materiales de su vida, sino todas las posibilidades de reflexi\u00f3n de su mente y hasta lleguen a dar el asalto a su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Una Hermana Sirviente, la mayor\u00eda del tienipo, se ve devorada en su mente, en su coraz\u00f3n, en su alma, en su vida, a lo largo de todo el d\u00eda. Y cuando se le proporcionan, dentro del a\u00f1o, esos ocho d\u00edas que va a poder pasar a solas con Dios, tendr\u00e1 que fijar sus ojos en ella misma para descubrir en qu\u00e9 punto se halla de su caminar hacia Dios.<\/p>\n<p>Ahora bien, este examen siempre es penoso para la naturaleza, porque a todas nosotras nos ocurre que, al ponernos lealmente ante nosotras mismas, no nos vemos tal y como quisi\u00e9ramos ser ante Dios. No podemos descubrir que hemos sido totalmente fieles durante el a\u00f1o que acaba de transcurrir. Por eso, el primer d\u00eda de los Ejercicios debemos consagrarlo no tanto a mirarnos nosotras mismas cuanto a mirar a Dios. Lo otro ya tendremos tiempo de hacerlo despu\u00e9s. Recordemos siempre que no podemos abordar esa mirada a nosotras mismas sin haber llenado antes nuestros ojos de Dios, sin haber llenado nuestro coraz\u00f3n de la esperanza que nos da su bondad y del gozo y la acci\u00f3n de gracias que nos proporciona la contemplaci\u00f3n de todas las gracias de que nos ha colmado.<\/p>\n<p>El primer d\u00eda de toda tanda de Ejercicios debe ser un d\u00eda de ACCION DE GRACIAS, un d\u00eda de CONTEMPLACION DE LA ACCION DE DIOS EN NUESTRA VIDA.<\/p>\n<p>Cada una de nosotras, ha debido mirarse, hoy, desde el momento en que apareci\u00f3 en el mundo; ha debido mirarse como receptora del don de la vida en una familia cristiana, el beneficio incomparable del bautismo recibido tempranamante, con el don de la vida en Dios, con esos g\u00e9rmenes depositados en ella de la Fe, la Esperanza y la Caridad. Hay que encontrarse en pa\u00edses paganos con personas que no han estado as\u00ed preparadas, moldeadas, formadas por la gracia de Cristo, para darse cuenta de lo que sigmifica el inmenso beneficio que nosotras hemos recibido al nacer en un ambiente cristiano.<\/p>\n<p>Hay que echar en seguida una mirada al plan, al designio de Dios con relaci\u00f3n a nosotras; todo lo que El ha acumulado en torno nuestro para preservarnos en nuestra infancia, nuestra juventud, para ilusionarnos cuando no ve\u00edamos con claridad, para presentarse ante nuestros ojos de forma que despertara en nosotras el deseo de seguirle. Repasar ante el Se\u00f1or la historia de nuestra vocaci\u00f3n, es llenar nuestro coraz\u00f3n de amor, es llenarlo de esperanza, es darnos fortaleza para afrontar en el segundo tiempo de los Ejercicios la vista de las faltas que hemos cometido. Pero sobre todo y ante todo, tenemos que renovarnos as\u00ed en el Se\u00f1or. Con El, un\u00eddas a El, es como debemos entrar en el plano de la investigaci\u00f3n de nuestra alma. Con El y seguras del amor que nos tiene, es como debemos enfocar nuestras infidelidades. S\u00f3lo entonces estaremos en condiciones de cambiar, porque habremos enraizado de nuevo en nuestra alma la certeza y la convicci\u00f3n de que el amor de Dios y su misericordia son infinitamente mayores que lo que puede ser el conjunto de nuestras faltas.<\/p>\n<p>Que el Se\u00f1or ilumine sus almas con una renovaci\u00f3n de la gracia bautismal, con una renovaci\u00f3n de la Fe, de la Esperanza, de la Caridad. As\u00ed podr\u00e1n empezar ma\u00f1ana a mirar aquello que por su culpa no haya coincidido exactamente con el plan de Dios. Pero terminen antes este d\u00eda en esa iluminaci\u00f3n del amor que Dios ha tenido por ustedes y que seguir\u00e1 teniendo hasta su \u00faltimo aliento. El amor de Dios es fiel; cuando tiene un plan sobre un alma, no renuncia nunca a \u00e9l. Y cualesquiera sean nuestras faltas, si tenemos simplemente la confianza de volvernos a El, estamos absolutamente seguras de ser recibidas, escuchadas, perdonadas, y de conseguir de nuevo la fortaleza necesaria para volver a empezar.<\/p>\n<p>Los ejercicios anuales son, en cierto modo, a nuestra vida espiritual dentro del a\u00f1o, lo que la oraci\u00f3n es a cada una de nuestras jornadas.<\/p>\n<p>Constituyen el tiempo fuerte durante el cual nos esforzamos por encontrar a Dios, durante el cual nos esforzamos con El, a la luz de su Gracia, en el silencio de la oraci\u00f3n, en el recogimiento y olvido de todo lo dem\u00e1s, por prever c\u00f3mo ir a El. Los ejercicios son un per\u00edodo de trabajo espiritual intenso. Vamos a tener que abrir los ojos sobre nosotras mismas, nuestras faltas, nuestras deficiencias, y hay que decir que esto es dif\u00edcil y doloroso. Nada m\u00e1s penoso que ver c\u00f3mo, despu\u00e9s de haber deseado tanto darnos a Dios, lo hemos conseguido tan poco. Corremos el riesgo, al mirarnos, al hacer nuestros ex\u00e1menes de conciencia, de entrar en una mala tristeza, una especie de desaliento.<\/p>\n<p>Hay cierto peligro en entrar de ese modo dentro de s\u00ed y no podemos hacerlo con toda seguridad si no es no entrando solas; hacerlo apoyadas en Dios, con El, seguras de su Amor. No podemos examinarnos con temor; hemos de hacerlo con amor, con confianza. El primer trabajo de los ejercicios, es arrojarnos en Dios, reavivar en nosotras la alegr\u00eda, la confianza, el amor repasando en lo \u00edntimo de nuestro coraz\u00f3n todo lo que El ha hecho por nosotras. Tendr\u00edamos que entrar como en una especie de admiraci\u00f3n, maravillarnos al ver todo lo que nos ha dado. Quiz\u00e1 podr\u00edamos verlo mejor procediendo por comparaci\u00f3n con otros. Si pensamos en todas esas multitudes humanas que no tienen ni siquiera de qu\u00e9 vivir, con dignidad de hombres sencillamente; que no saben qui\u00e9n es Crito, que no tienen luz alguna que les ilumine Entonces, por comparaci\u00f3n, vemos cu\u00e1l es nuestra riqueza y llevando m\u00e1s all\u00e1 nuestra reflexi\u00f3n, qu\u00e9 responsables somos, de cu\u00e1nto tenemos que dar cuenta; los talentos que nos han sido confiados son muchos, son grandes: se nos pedir\u00e1 cuenta de c\u00f3mo nos hemos servido de ellos.<\/p>\n<p>Pero \u00bfno podemos decir nosotras tambi\u00e9n, como San Pablo, esa frase que podr\u00eda ser el resumen de nuestra vida al mismo tiempo que su programa: \u00abHe sido alcanzado por Cristo&#8230;\u00bb Este es el m\u00e1s grande de todos los dones que se nos han hecho. Cristo nos ha escogido para El mucho antes de nuestro nacimiento: Dios lo hab\u00eda preparado todo en los menores detalles: pa\u00eds, familia, padres, educaci\u00f3n, circunstancias&#8230; tantas cosas como se han producido; el menor acontecimiento ha sido querido y preparado por Dios para que fu\u00e9ramos exactamente tales como El nos quer\u00eda, para que pudi\u00e9semos encontrarle, ir a El.<\/p>\n<p>\u00bfComprenderemos suficientemente nunca lo que representa la gracia del bautismo recibida antes de la edad de la raz\u00f3n, esa infusi\u00f3n en nosotras del Esp\u00edritu Santo, de la Fe, de la Esperanza, de la Caridad, esa relaci\u00f3n \u00edntima establecida con Dios aun antes de que tuvi\u00e9ramos conocimiento de ella, esa relaci\u00f3n que empezar\u00eda a moldear nuestros reflejos \u00edntimos, toda nuestra personalidad? Eramos de Dios antes de poder quererlo personalmente. Podemos decirnos en el silencio de la oraci\u00f3n, buscar y encontrar con facilidad las grandes etapas de nuestra vida espiritual, todo lo que fuera de lo exterior permanece secreto entre Dios y nosotras: los esfuerzos, las oscuridades, las tentaciones, las luchas, las victorias&#8230; y siempre en cada una de esas circunstancias felices o desgraciadas, siempre a pesar de todo la presencia de Cristo y finalmente su gracia victoriosa.<\/p>\n<p>Finalmente, esa gracia de las gracias que nos ha hecho responder a su llamada consagr\u00e1ndonos a El. Con toda verdad, como con toda humildad, podemos decir: \u00abEs el Se\u00f1or quien ha hecho esto; sea por siempre bendito\u00bb. Pero la voluntad de Dios sobre nosotras no se ha detenido, fija, el d\u00eda de nuestra vocaci\u00f3n. Se hace m\u00e1s exigente cada d\u00eda, m\u00e1s apremiante, y no se detendr\u00e1 sino en el umbral de la eternidad. Cristo debe crecer en nosotras y a trav\u00e9s de nosotras hasta alcanzar su estatura perfecta. Podr\u00edamos resumir todos nuestros deberes, todas las previsiones de nuestra vida, en esta \u00fanica frase: \u00abQue El crezca y que yo disminuya\u00bb. Ah\u00ed est\u00e1 lo esencial, y lo esencial principalmente para ustedes, Hermanas Sirvientes.<\/p>\n<p>El gran trabajo de los Ejercicios consiste precisamente en interrogarnos, en averiguar por d\u00f3nde anda en nosotras ese crecimiento de Cristo.<\/p>\n<p>Si reina en nuestra alma, en cada una de nuestras compa\u00f1eras&#8230; Si le servimos realmente en los Pobres, si animosamente, d\u00eda tras d\u00eda, intentamos vivir para El. \u00bfEs Cristo, verdaderamente, el centro de nuestra existencia? \u00bfLa raz\u00f3n de ser de nuestra acci\u00f3n? \u00bfAqu\u00e9l en torno a quien se ordena todo y a quien todo vuelve? \u00bfTenemos conciencia, a lo largo de este a\u00f1o, tenemos conciencia de haber vivido de su divina Presencia cercana a nosotras, tanto en nuestros \u00e9xitos como en nuestros fracasos? \u00bfSabemos que en nosotras, Hermanas Sirvientes, su presencia es a\u00fan m\u00e1s fuerte? Va acompa\u00f1ada por la promesa del Evangelio: \u00abQuien os escucha, me escucha; quien os desprecia, me desprecia\u00bb. Que con la fortaleza que confiere esa Divina Presencia, sea como empiecen ustedes estos Ejercicios y su trabajo de penitencia.<\/p>\n<p>En coloquio \u00edntimo con el Se\u00f1or, en el silencio de la oraci\u00f3n, hemos de renovar la entrega sin reservas que le hemos hecho de nuestra persona. De nuevo hemos de prometerle nuestro esfuerzo por mantenernos en una gran fidelidad, nosotras mismas y la comunidad, esa peque\u00f1a comunidad de que estamos encargadas. A veces se pregunta uno c\u00f3mo dar gracias a Dios, c\u00f3mo agradecerle todos los bienes de que nos ha colmado. Al terminar unos Ejercicios, despu\u00e9s de haberlo examinado y cuestionado, despu\u00e9s de haber visto cu\u00e1ntos detalles ha tenido el Se\u00f1or con nosotras, nos sentimos confundidas; nos decimos: \u00ab\u00bfQu\u00e9 podr\u00e9 dar a cambio al Se\u00f1or?\u00bb Lo que el Se\u00f1or espera de nosotras, nuestra mejor acci\u00f3n de gracias, es la fidelidad.<\/p>\n<p>Si queremos verdaderamente dar gracias al Se\u00f1or, tenemos, de manera concreta, que tomar esas gracias suyas y devolv\u00e9rselas mediante una fidelidad continua. Si somos fieles, si renovamos sin cesar y llenas de gozo la ofrenda que hemos hecho de nosotras a Dios, reconocemos as\u00ed y declaramos en cierto modo, ante los \u00e1ngeles y ante Dios que es bueno servir al Se\u00f1or, que no nos hemos visto defraudadas en nuestra espera desde el momento en que nos entregamos a El, que El es el \u00fanico verdaderamente digno de ser amado y preferido a todo, que no nos ha enga\u00f1ado, que su Amor nos ha acompa\u00f1ado y sostenido en todas las circunstancias de nuestra vida. \u00bfNo es as\u00ed? Cuando echamos una mirada a los a\u00f1os que acaban de transcurrir, a las pruebas por que hemos pasado, las dificultades con que hemos tropezado, todos esos momentos en que nos hemos encontrado frente \u00a1a tantas cosas! \u00bfno vemos que hemos recibido auxilio en el momento preciso, ya por medio de una iluminaci\u00f3n interior, ya por un apoyo externo? Con toda verdad podemos decir: \u00abDios ha estado siempre conmigo; no he sido decepcionada. No me ha abandonado ni un solo instante. Aun cuando no sent\u00eda su presencia, cuando no comprend\u00eda por qu\u00e9 me ocurr\u00eda aquello, aquella prueba, aquella calumnia, aquella dificultad que no sab\u00eda c\u00f3mo resolver&#8230; ahora s\u00ed comprendo que El estaba presente y que en realidad s\u00f3lo quer\u00eda probar mi amor\u00bb.<\/p>\n<p>En estos \u00faltimos momentos de los Ejercicios, creo que tienen que recoger su vida entera, con su pasado, su presente, su porvenir y ofrec\u00e9rsela a Cristo para que haga de ella la materia de su propio Sacrificio, de su Sacrificio redentor. Tenemos que recoger, para present\u00e1rselo con nuestra peque\u00f1a ofrenda, el conjunto magn\u00edfico que sube hacia El, todos los d\u00edas, con las ofrendas de toda la Comunidad. Podr\u00edamos enumerar esas ofrendas: nuestras Hermanas de las Provincias que est\u00e1n en peligro; nuestras Hermanas de las Provincias del silencio; las Hermanas sobrecargadas de trabajo en el servicio de los Pobres, las Hermanas que sufren tentaci\u00f3n, las que trabajan en silencio, en la oscuridad, cada una con su cruz personal. Que cada una de nosotras considere en lo \u00edntimo de su coraz\u00f3n si ella responde constante y fielmente a esa llamada, si sabe descubrirla en la Fe, si responde a ella con Esperanza.<\/p>\n<p>Una verdadera, una buena y sencilla Hija de la Caridad que muri\u00f3 aqu\u00ed hace unos dos a\u00f1os, dec\u00eda con la seguridad de las almas sencillas: \u00abEl Se\u00f1or me ha amado mucho y yo he hecho lo posible por amarle tambi\u00e9n. Siempre he tenido Fe. Ahora se me hace largo el momento de ir a ver lo que he cre\u00eddo\u00bb. Hermanas les deseo a todas esa misma seguridad serena, esa esperanza total en el momento en que Dios las llame \u00a1Que todas podamos decir lo mismo!<\/p>\n<p>Hoy, tenemos que reanimar nuestro deseo y nuestra voluntad firme de vivir en plenitud nuestra consagraci\u00f3n a Dios con esa nota de sencillez. Hemos de permanecer desprovistas de todo bien personal, por lo menos en cuanto al derecho de disponer de ello, conscientes de nuestra impotencia, de nuestra pobreza interior, comprender que tenemos que esperarlo todo de Dios, tanto por lo que se refiere al alma como al cuerpo (esa es la verdadera pobreza), aceptar la soledad del coraz\u00f3n, la ausencia de toda atadura humana, a veces la ingratitud de aquellos a quienes damos lo mejor de nosotras mismas, para que el amor de Cristo venga a colmar nuestra espera y a comunicarse, por nosotras, a los dem\u00e1s (es la verdadera castidad). Tenemos que adherirnos sin reservas, aceptar de pleno coraz\u00f3n la voluntad de Dios, manifestada por los Superiores y las Santas Reglas, porque sabemos que el hombre obediente cantar\u00e1 victoria, es decir, la victoria en \u00e9l de la gracia prometida a la obediencia.<\/p>\n<p>Esa es la plenitud de nuestra vida consagrada: la fidelidad a la pobreza, a la castidad, a la obediencia vivida en la Fe, que poco a poco nos vaciar\u00e1n de nosotras mismas y dejar\u00e1n nuestro coraz\u00f3n libre para que pueda invadirlo la caridad, es decir, el amor de Dios y de nuestros hermanos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">* * *<\/p>\n<p>Estos ejercicios no son sino una larga meditaci\u00f3n sobre su estado de Hermanas Sirvientes, sobre lo que son ustedes delante de Dios. Se han reconsiderado ustedes, primero, en su vocaci\u00f3n, la que podr\u00edamos llamar vocaci\u00f3n de base, la que hace de ustedes Hijas de la Caridad, siervas de los pobres, Hijas del Amor de Dios. Y despu\u00e9s en cuanto a su segunda vocaci\u00f3n, la que las ha puesto al servicio de sus Hermanas y de la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Muchos y valiosos talentos se han puesto entre sus manos, confiados a su custodia. Quiz\u00e1 el primer movimiento en sus oraciones de hoy haya debido de ser una adoraci\u00f3n, una acci\u00f3n de gracias; hoy ten\u00edan que abrir los ojos ante los tesoros que les est\u00e1n confiados, los talentos que D\u00edos ha entregado a su custodia: es decir, las Hermanas, los Pobres, las Santas Reglas; el esp\u00edritu. \u00a1Cu\u00e1ntas acciones de gracias tienen que dar por tales riquezas donadas a la Comunidad, donadas a la Iglesia, a su casa, a su Provincia, encomendadas a ustedes en los l\u00edmites de sus responsabilidades.<\/p>\n<p>La primera responsabilidad que les incumbe es la de las Hermanas; es la que pasa delante de todas las dem\u00e1s. La Hermana Sirviente debe llevarlas consigo de continuo, llevarlas en su pensamiento, en su coraz\u00f3n, en su alma, en su oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Como Hermanas Sirvientes, estamos en cierto modo consagradas a nuestras Hermanas. Son para nosotras el pr\u00f3jimo m\u00e1s pr\u00f3ximo, la encarnaci\u00f3n m\u00e1s real de Cristo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n las Santas Reglas son un talento precioso que hemos de conservar y hacer producir. No basta con conocerlas, hay que observarlas y hacerlas observar. Y para ello hay que amarlas, penetrar su sentido profundo, la finalidad con la que han sido redactadas&#8230; No creamos que podemos mantenernos en el esp\u00edritu de la vocaci\u00f3n si descuidamos la Regla, que no existe sino para preservar, para garantizar ese esp\u00edritu. Cada punto de Regla tiene sus repercusiones espirituales muy importantes. Tendr\u00edamos que, de vez en cuando, cuando leemos las Reglas, las observancias que podr\u00edamos llamar disciplinares lo primero fijarnos, considerar la letra de esas Reglas, y otras veces, quiz\u00e1, dedicarnos a penetrar el esp\u00edritu que ha dictado esas Reglas exteriores. As\u00ed es como podr\u00edamos reconsiderar el acto de la petici\u00f3n de perd\u00f3n, los ejercicios de piedad, cual quiera que sean&#8230; las cornidas, los recreos que anudan los lazos de la vida com\u00fan y fraterna.<\/p>\n<p>S\u00ed la Hermana Sirviente deja que se descuiden esas cosas, de las que si se toma cada una en particular puede parecer de poca importancia, dejar\u00e1 que se aleje de su casa el esp\u00edritu de Dios, el esp\u00edritu de la Comunidad, Tratemos de penetrar en el alcance profundo de todos nuestros usos, de todas nuestras reglas, y ayudemos a nuestras compa\u00f1eras a que los comprendan &#8216; y aviven con una intenci\u00f3n ilustrada. Esas pr\u00e1cticas de Comunidad han nacido del esp\u00edritu de San Vicente y de nuestra Santa Madre&#8230; De su caridad, de su humildad, de su deseo de conducir a sus hijas a Dios, han ido surgiendo una tras otra todas las prescripciones de nuestras Santas Reglas.,. que se probaron, se experimentaron durante veinticinco a\u00f1os antes de ser promulgadas.<\/p>\n<p>No digamos \u2014como ya se ha dicho\u2014: \u00abLa repetici\u00f3n de oraci\u00f3n, la Conferencia, son ejercicios de rutina, no se saca de ellas gran cosa\u00bb. Pero, Herrnanas, al decir esto es a nosotras mismas a quien acusamos y no a esas pr\u00e1cticas que han santificado a tantas generaciones. Nacieron del amor de nuestros Santos Fundadores. En realidad, es nuestra tibieza, nuestra falta de valent\u00eda lo que amenaza con neutralizarlas. A nosotras, Hermanas Sirvientes, corresponde reanimar todo esto con el verdadero esp\u00edritu de Dios y de San Vicente y no admitir el enfriamiento de pr\u00e1cticas que son tan santas y tan evang\u00e9licas. Reflexionemos junto con nuestras compa\u00f1eras en su sentido profundo, en su alcance, en el esfuerzo personal que cada una de nosotras tiene que hacer para practicarlas en verdad. Que no se reduzcan a gestos puramente externos. Tratemos de ayudar a nuestras compa\u00f1eras a que vuelvan a encontrar la pureza evang\u00e9lica de tales usos, a que los practiquen con sincer\u00eddad perfecta, y veremos entonces, poco a poco crecer, florecer y expansionarse el esp\u00edritu de sencillez, el esp\u00edritu de caridad, el esp\u00edritu de humildad, de humildad verdadera, ese esp\u00edritu que es el nuestro. Para ello es preciso que ante todo sepamos vivir nosotras mismas en esa humildad y esa sencidlez, pidiendo a Dios la misma gracia para toda la Casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">* * *<\/p>\n<p>No podemos, Hermanas, hacer unos Ejercicios Espirituales como es debido sin revisar nuestras comuniones diarias y el lugar que esas comuniones ocupan en nuestra vida, en nuestras conversiones interiores, en nuestro caminar hacia D\u00edos. La comuni\u00f3n es el centro mismo de nuestra vida. Su alcance supera con mucho al de un encuentro epis\u00f3dico, pasajero, con Dios. Es tambi\u00e9n, nos dice S. Pablo, una especie de prueba que se nos impone. Es, ya, el aprendizaje del encuentro eterno, en cierto modo, el aprendizaje de la muerte. Se oye con frecuencia este aserto: \u00abNo se muere m\u00e1s que una vez, y si esa vez se fracasa, se ha fracasado en todo\u00bb. Es verdad; pero se olvida que cuando la muerte nos visita, no es m\u00e1s que la repetici\u00f3n, a varios millares de ejemplares, de los encuentros que hemos tenido durante nuestra vida con Cristo, encuentros de los que la comuni\u00f3n es el modelo m\u00e1s destacado.<\/p>\n<p>Todas las ma\u00f1anas cuando nos presentamos ante el altar, nos hallamos m\u00e1s o menos como nos encontraremos en el momento en que se nos retire la vida y nos veamos cara a cara con Dios. Cuando nos acercamos a la Sagrada Mesa y recibimos la Hostia santa, nos hallamos ante Aquel que ser\u00e1 nuestro Juez. Todos los d\u00edas hacemos el aprendizaje de lo que seguir\u00e1 a nuestra muerte humana. Nos encontramos con Cristo, nos unimos a El. Y del mismo modo que la vida eterna bianventurada ser\u00e1 la recompensa de una vida humana vivida en uni\u00f3n con Cristo, as\u00ed nuestra comuni\u00f3n de cada ma\u00f1ana ha de consagrar la jornada que empieza a un verdadero intento de uni\u00f3n con Dios: Cada una de nuestras jornadas es esa preparaci\u00f3n al encuentro del d\u00eda siguiente. No debemos olvidarlo.<\/p>\n<p>La hostia que el sacerdote ofrece en la Misa parece muy poca cosa; pero est\u00e1 hecha de una materia muy pura. Trigo sin ning\u00fan fermento, sin ninguna mezda, cuidadosamente preservado de toda impureza. Es la peque\u00f1a contribuci\u00f3n humana, sin valor, al sacrificio del Se\u00f1or. Pero, sin embargo, Cristo se la incorpora, Cristo la transforma, transforma la sustancia de esa min\u00fascula hostia en su propia sustancia. Se convierte en El mismo, en su propio Cuerpo.<\/p>\n<p>As\u00ed ocurre con nuestra vida. Nuestra vida es poca cosa, de poco valor. Encierra algunos actos de virtud y muchas faltas. A diario, cuando nos presentamos para asistir al Santo Sacr\u00edficio de la Misa, es esa pobre vida, purificada por una contr\u00edcci\u00f3n verdadera y por la caridad que tratamos de renovar en nosotras, esa peque\u00f1a part\u00edcula de nuestra vida es la que en cierto modo constituye la materia del sacrificio. Y el Salvador se llega a nosotras y quiere incorporarnos a El, por lo que llegamos a ser, como dice San Pablo, su Cuerpo m\u00edstico; as\u00ed, a trav\u00e9s de nosotros, El puede ofrecerse al Padre.<\/p>\n<p>Nuestra comuni\u00f3n de cada ma\u00f1ana es, pues, a la vez una realidad que nos une a Nuestro Se\u00f1or y un signo de esa transformaci\u00f3n que nos conduce poco a poco, a nosotros, nuestra pobre vida y a toda la humanidad, a ser transformados en Cristo para ser ofrecidos al Padre eterno.<\/p>\n<p>Tratemos, Hermanas, de penetrar debidamente en este gran misterio, tan sencillo en s\u00ed, pero que exige de nosotras para poder participar plenamente en \u00e9l, una gran atenci\u00f3n, una voluntad nunca desmentida de purificarnos, de encontrar al Se\u00f1or todos los d\u00edas en la Sagrada Eucarist\u00eda o por toda la eternidad, cuando llegue el momento de nuestra muerte. Tratemos de conservar esta finalidad siempre presente en nuestra vida, en todas nuestras acciones. Y que la esperanza de la uni\u00f3n con Cristo nos haga f\u00e1cil la mortificaci\u00f3n que debe presidir todos nuestros actos, para que tratemos de vivir m\u00e1s para Dios que para nosotras mismas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">* * *<\/p>\n<p>Posiblemente, Hermanas, no exista otro Santo que haya practicado la humildad de manera tan absoluta, tan perseverante, tan perfecta, como San Vicente de Paul, nuestro Fundador. Queda una sobrecogida cuando, examinando su vida, qu\u00e9 energ\u00eda luch\u00f3, hasta el \u00faltimo de sus d\u00edas, contra su tendencia dominante, el orgullo y ahond\u00f3 los cimientos de la humildad. Bueno ser\u00eda volver a leer una de sus magn\u00edficas conferencias o repeticiones de oraci\u00f3n a sus misioneros en que les habla de la humildad con una especie de ternura de coraz\u00f3n extraordinaria. Les dice que no tienen raz\u00f3n m\u00e1s poderosa para practicar la humildad que la palabra de Nuestro Se\u00f1or a sus Ap\u00f3stoles: \u00abAprended de m\u00ed que soy manso y humilde de coraz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>La humildad que es una de las virtudes fundamentales de nuestro estado, puesto que es deber de las hijas parecerse a su Padre, tiene gran relaci\u00f3n con la verdad y la pobreza. Si San Vicente ha sido un prodigio de humildad, Santa Luisa lo fue de pobreza. Esa humildad y esa pobreza, manifestadas no tanto en actos externos, sino sobre todo en una actitud profunda de nuestra alma, hemos debido preguntarnos durante estos Ejercicios si verdaderamente son las que orientan y suscitan nuestras reacciones, toda nuestra vida \u00edntima, todas nuestras relaciones con Dios y con el pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>Por lo que a nosotras se refiere, la verdadera manera de ir a Dios, de entrar en relaci\u00f3n con El, es esa actitud de humildad y de pobreza profunda. Si somos humildes, si somos veraces, si tenemos el valor de mirarnos tal y como somos, sin hacernos ilusiones, ya a causa de nuestro t\u00edtulo de Hijas de la Caridad, ya acerca de nuestra condici\u00f3n de Hermanas Sirvientes, ya acaso, por los halagos o adulaciones que se nos dirigen; si tenemos el valor de entrar en lo \u00edntimo de nuestro coraz\u00f3n y mirarnos tal y como somos, veremos que tenemos sobrados motivos para ser humildes y que tenemos una verdadera pobreza cuando nos presentamos delante de Dios. Entonces, brotar\u00e1 en nuestro coraz\u00f3n el arrepentimiento verdadero, un arrepentirniento lleno de dulzura y esperanza. Entonces, nos situaremos en nuestro puesto y daremos a Dios el suyo. Entonces veremos que todo hemos de esperarlo de El.<\/p>\n<p>De este sentimiento profundo, de esa convicci\u00f3n de lo que somos, tan poca cosa delante de Dios, nacer\u00e1 tul deseo verdadero de recib\u00edr la gracia de Dios, un deseo que servir\u00e1 de alimento a nuestra oraci\u00f3n. Si deseamos ardientemente unirnos a Dios, si sentimos de manera muy viva la distancia que de El nos separa brotar\u00e1 continuamente de nuestra alma la s\u00faplica de que se incline hacia nosotras, que nos d\u00e9 su gracia, que nos asista en el camino, ese camino que intentamos recorrer con El. Eso es la oraci\u00f3n jaculatoria. No se trata de palabras preparadas de antemano, es el grito incesante del pobre que necesita de Dios para vivir. Bien nos damos cuenta de que si Dios no est\u00e1 por nosotras, con nosotras, de continuo, enriqueci\u00e9ndonos con su gracia, no podremos continuar la marcha que hemos emprendido. Esta actitud no s\u00f3lo crea el deseo, no s\u00f3lo alimenta la oraci\u00f3n, da adem\u00e1s una suerte de esperanza llena de certidumbre. Puesto que no esperamos ya nada de nosotras mismas, nuestra gran confianza se apoya en Dios y sabemos que Dios no nos puede fallar, no puede faltar a su promesa.<\/p>\n<p>De vez en cuando, debemos detenernos en el acto de esperanza que rezamos todos los d\u00edas, para meditarlo. Se ha cambiado un poco el texto de este acto. Antes dec\u00edamos: \u00abDios m\u00edo, espero en vos de todo coraz\u00f3n; espero que me dar\u00e9is, por los m\u00e9ritos de Jesucristo, vuestra gracia en este mundo, y si soy fiel, la dicha eterna en el otro\u00bb. La redacci\u00f3n actual nos hace decir: \u00abEspero que me dar\u00e9is por los m\u00e9ritos de Jesucristo vuestra gracia en este mundo y la dicha eterna en el otro\u00bb.<\/p>\n<p>La fidelidad que sigue siendo una exigencia para conseguir la vida eterna, no es el cumplimiento de nuestra voluntad; se sit\u00faa entre las gracias que esperamos obtener por los m\u00e9ritos de Jesucristo. Tendr\u00edamos que repetir de continuo el acto de esperanza.<\/p>\n<p>Nuestra humildad tiene que regular tambi\u00e9n nuestras relaciones con el pr\u00f3jimo. Es el sentimiento profundo de lo que somos ante Dios: \u00a1tan poca cosa! Y as\u00ed dar\u00e1 la nota verdadera a nuestras relaciones con los dem\u00e1s. Ya no nos sentiremos inclinadas a juzgar antes de ponernos en comunicac\u00e1n, con ese sentimiento profundo de que probablemente somos peores que aquel o aquella a quien nos dirigimos.<\/p>\n<p>Podr\u00edamos examinar un caso cualquier, en el que nuestras relaciones con otras personas han dado mal resultado. En tales casos, siempre encontraremos a la base una falta de humildad. Si en cada uno de nuestros contactos con los dem\u00e1s nos present\u00e1ramos con el sentimiento \u00edntimo de lo que somos ante Dios, nuestras relaciones resultar\u00edan siempre perfectas, porque es la humildad la que permite adquirir el sentido de los dem\u00e1s. La caridad fraterna, la verdadera caridad s\u00f3lo puede subsistir si tiene como base una humildad bien arraigada en lo profundo del alma. Por lo dem\u00e1s, esa es la raz\u00f3n por la que es m\u00e1s bien rara.<\/p>\n<p>Por eso, Hermanas, al finalizar unos Ejercicios como \u00e9stos que est\u00e1n haciendo, es necesario formar el prop\u00f3sito muy firme de renovarse en el deseo de la humildad, de reanimar la convicci\u00f3n de que tienen gran necesidad de ella ya que es una de las virtudes que constituyen la vida interior a la que hemos de llegar cueste lo que cueste. Hay que desear, hay que querer la humildad; hay que orar con insistencia, con perseverancia, para que nos sea concedida.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">* * *<\/p>\n<p>Nuestra vocaci\u00f3n de Hijas de la Caridad se caracteriza de una manera muy sencilla: es el amor de Cristo en el Pobre. Cristo nos espera en el Pobre. Y si queremos realizar nuestro propio equilibrio religioso y ayudar a nuestras compa\u00f1eras a que las mismas realicen la unidad de su vida, necesitamos sobre todo meditar en ese m\u00edsterio del Pobre: misterio de Cristo. Ese es el verdadero centro de nuestra vida y la clave de todos nuestros problemas.<\/p>\n<p>Ese Cristo que vive en nosotras, tenemos que darlo; ese Cristo que est\u00e1 en los Pobres, tenemos que servirle&#8230; y saber encontrarle. Es una ense\u00f1anza relativamente f\u00e1cil de captar por la inteligencia. Los Ap\u00f3stoles cuando Cristo les ense\u00f1aba, comprend\u00edan intelectualmente, pero esas ense\u00f1anzas no hab\u00edan pasado todav\u00eda a su vida. Para que llegasen a vivir de ellas, fue necesaria la infusi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. A nosotras tambi\u00e9n nos es necesario el auxilio del Esp\u00edritu Santo. Pidamos, especialmente durante estos Ejercicios que tienen lugar durante la novena preparatoria a Pentecost\u00e9s, pidamos a este Esp\u00edritu de Amor que nos descubra toda la dimensi\u00f3n del misterio del Cristo total.<\/p>\n<p>Tenemos que orar, que implorar a Mar\u00eda, pedir con ella la venida del Esp\u00edritu. Ante todo, para poder ver a los Pobres y descubrir sus verdaderas necesidades. Fue lo que hicieron nuestros Santos Fundadores: vieron a los Pobres, captaron sus miserias, sus angustias del momento, y respondieron a sus necesidades presentes. Nosotras tambi\u00e9n, miremos a los Pobres&#8230; a los Pobres de hoy. Hay quiz\u00e1 menos miserias materiales; pero hay m\u00e1s miserias espirituales; hay sobre todo en los pobres actualmente una mayor conciencia de lo que les separa de los que han sido m\u00e1s favorecidos&#8230; porque por todos los medios de comunicaci\u00f3n extendidos por el mundo: la prensa, la televisi\u00f3n, la facilidad de contactos, ven m\u00e1s, compulsan m\u00e1s las clases sociales alejadas de ellos. Tratemos de mirarlos como son; busquemos c\u00f3mo servirles. Empecemos por hacer perfectamente lo que tenemos que hacer por ellos. Seamos perfectas educadoras, perfectas enfermeras, etc.; ya hay un testimonio en esa perfecci\u00f3n de nuestro quehacer t\u00e9cnico. La perfecci\u00f3n en nuestros gestos de caridad es de por s\u00ed un homenaje a la perfecci\u00f3n de Dios. Y nuestros pobres son mucho m\u00e1s sensibles a ello que lo que nos parece.<\/p>\n<p>Estar totalmente disponibles a sus necesidades&#8230; No son ellos los que deben adaptarse a nosotras, somos nosotras las que tenemos que adaptarnos a ellos. Y si el servicio de nuestros Pobres redama ciertos cambios en nuestras costumbres, en nuestros horarios, no vacilemos en molestarnos para ser completamente disponibles.<\/p>\n<p>Disponibles tambi\u00e9n a las urgencias, a lo no previsto, a lo que nos saca de nuestro encasillamiento, de nuestros planes. Evidentemente, con prudencia y dentro de la obediencia. Disponibles a su manera de ser y de vivir. Sin duda, tenemos que ayudar a la gente a afinarse, ejercer una acci\u00f3n educativa, pero no deseemos hacerles cambiar de ambiente, de clase social. Coloqu\u00e9mosles en su nivel. Seamos tan sencillas, tan cercanas a ellos que los m\u00e1s humildes, los m\u00e1s r\u00fasticos se encuentren a gusto con nosotras y no sientan la diferencia social. Lo que no excluye, por otra parte, la dignidad religiosa que debe preservarnos de toda vulgaridad. Pero hablemos un lenguaje tan sencillo como el suyo. Evitemos las palabras altisonantes. Acerquemos nuestra vida a la de ellos. Tienen que vernos muy semejantes a ellos. En este punto, tenemos que hacer un verdadero estudio y un verdadero esfuerzo. Que las personas cerca de las que vivimos reconozcan en nosotras su propia manera de vida. Que no les causen extra\u00f1eza ciertas formas de vida f\u00e1cil, m\u00e1s pr\u00f3ximas a la riqueza que a la pobreza. Es posible que esto exija de nosotras la renuncia a ciertas comodidades. Tengamos el valor de hacerlo. \u00bfC\u00f3mo nuestros pobres actuales, m\u00e1s pobres de Dios que de dinero, podr\u00edan sentirse m\u00e1s cerca de Cristo si nosotras, que somos de Cristo, aparecemos ante ellos bajo el signo de la posesi\u00f3n, de la autoridad?<\/p>\n<p>Nuestros hermanos los Pobres esperan de nosotras el don m\u00e1s preciado: la Fe en Cristo. Tenemos que determinamos a vivir de tal suerte que puedan ver en nosotras el rostro de Cr\u00edsto. \u00abHacer a Dios presente entre los Pobres, dec\u00eda Pablo VI a la Asamblea, es un testimonio excelente, es vuestra fidelidad esencial\u00bb.<\/p>\n<p>Que en nosotras puedan reconocer a Dios a trav\u00e9s de nuestra pobreza, de nuestra caridad mutua: ese es nuestro verdadero, nuestro m\u00e1s profundo servicio a los Pobres.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si los Ejercicios son un per\u00edodo importante en la vida de una Hija de la Caridad, lo son diez veces m\u00e1s en la vida de una Hermana Sirviente. 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