{"id":39162,"date":"2011-07-03T02:55:29","date_gmt":"2011-07-03T00:55:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/07\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-22\/"},"modified":"2016-07-26T17:24:44","modified_gmt":"2016-07-26T15:24:44","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-22","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-22\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 22"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_28831\" style=\"width: 208px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/01\/abelly.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-28831\" class=\"size-medium wp-image-28831\" title=\"Luis Abelly\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/01\/abelly-198x300.jpg?resize=198%2C300\" alt=\"Luis Abelly\" width=\"198\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-28831\" class=\"wp-caption-text\">Luis Abelly<\/p><\/div>\n<p><strong>Entereza para mantener el bien y oponerse al mal, y paciencia para soportar las aflicciones y las penas<\/strong><\/p>\n<p>El gran Ap\u00f3stol San Pablo dio a conocer bien c\u00f3mo era su valor y su fuerza para mantenerse constante y fiel en el amor de su Divino Maestro, cuando arrostr\u00f3 todo lo que hab\u00eda de terrible y de temible en la naturaleza: \u00bfQui\u00e9n nos separar\u00e1 \u2014dice\u2014 de la caridad de Jesucristo? \u00bfSer\u00e1 la tribulaci\u00f3n, o la an gustia, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la persecu ci\u00f3n, o la espada? Porque es propio de esta virtud despreciar todo lo que m\u00e1s temen los hombres. Y como dijo San Ambrosio: \u00abFortitudo contemptrix est timendorum, etc. Fortitudo inexpiabili praelio adversus vitia omnia decertat; invicta ad labores, intrepida ad pericula, dura adversus illecebras, rigidior adversus voluptates\u00bb Amb. lib. I, offic., c. 35Es la fuerza que emprende una guerra irreconciliable contra todos los vicios; que se hace invencible a los trabajos; semantiene sin temor en medio de los peligros, rechaza los placeres y se mantiene firme contra todos los atractivos del mundo.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal siempre anduvo sobre las huellas de ese gran Ap\u00f3stol, de quien, como ten\u00eda en gran honor llevar su nombre, se hizo tambi\u00e9n un perfecto imitador de sus virtudes, y particularmente de \u00e9sta, en la que siempre ha descollado. Los que lo han conocido saben que, ni las promesas, ni las amenazas, ni las esperanzas, ni los terrores, ni las calumnias pudieron jam\u00e1s quebrantar su firmeza en el bien. Ciertamente ten\u00eda un singular respeto a todas las personas elevadas en autoridad por encima de \u00e9l: ten\u00eda una deferencia muy grande a sus ideas, se somet\u00eda a todos sus deseos, cuando lo pod\u00eda hacer sin herir la conciencia; pero, cuando se trataba de los intereses del servicio o de la gloria de Dios y se trataba de desviarle de lo que Dios quer\u00eda de \u00e9l, o de llevarle a lo que Dios no quer\u00eda, no hab\u00eda ninguna consideraci\u00f3n ni persuasi\u00f3n que le pudiera hacer vacilar.<\/p>\n<p><em>\u00ab\u00bfQu\u00e9 constancia o fortaleza de esp\u00edritu no ha demostrado \u2014as\u00ed habla un eclesi\u00e1stico muy virtuoso en un testimonio que ha dejado escrito\u2014 cuando ha tenido que recibir afrentas e injurias antes que consentir en la menor cosa que fuera contra la justicia o contra la rectitud? Y durante el tiempo en que ha estado empleado en los Consejos de Conciencia, \u00bfcon qu\u00e9 entereza se ha opuesto a los planes de los m\u00e1s poderosos, cuando pretend\u00edan obtener bienes de la Iglesia y Beneficios por medios que no consideraba leg\u00edtimos, o para personas que no juzgaba capaces?\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Un Magistrado de los m\u00e1s notables de una Corte Soberana se encontr\u00f3 con \u00e9l en la calle, y quiso persuadirle que hiciera algo por sus intereses particulares que no consideraba justos ante Dios. Por eso, le present\u00f3 excusas lo m\u00e1s honradamente que le fue posible y no pudo jam\u00e1s ser doblegado, por muchas instancias que le hiciera el Magistrado. Por lo cual, \u00e9ste se indign\u00f3 mucho, se dej\u00f3 llevar de la c\u00f3lera, y le trat\u00f3 muy mal de palabra. El Sr. Vicente sufri\u00f3 todo con gran tranquilidad, sin conmoverse lo m\u00e1s m\u00ednimo, ni decirle m\u00e1s que: Se\u00f1or, usted trata, as\u00ed lo creo, de de sempe\u00f1ar dignamente su cargo, y yo debo tratar de hacer lo mismo con el m\u00edo.<\/p>\n<p>A una Se\u00f1ora de gran condici\u00f3n, que solicitaba la concesi\u00f3n de un Beneficio que pretend\u00eda obtener del Rey para uno de sus hijos, el Sr. Vicente, que sab\u00eda que aquello no se pod\u00eda realizar seg\u00fan justicia, le rog\u00f3 que le excusara de que no pudiera hacer lo que ella deseaba. Ante aquello, la Se\u00f1ora, dej\u00e1ndose llevar de la pasi\u00f3n, le dijo que podr\u00eda obtener bien aquellas autorizaciones por otro camino; que le estaba haciendo demasiado honor dirigi\u00e9ndose a \u00e9l para aquella cuesti\u00f3n; y que \u00e9l no sab\u00eda a\u00fan de qu\u00e9 modo hab\u00eda que tratar a las Se\u00f1oras de cualidad. El Sr. Vicente no quiso replicar. Se mantuvo en silencio, sufriendo muy a gusto aquellas afrentas injuriosas antes que consentir en algo que fuera contra su deber.<\/p>\n<p>Hizo lo mismo con otra Se\u00f1ora de condici\u00f3n parecida, que deseaba comprometerle en un asunto que \u00e9l no consideraba justo, dici\u00e9ndole con su modestia habitual: Se\u00f1ora, nuestras Reglas y mi conciencia no me permiten obedecerle en esto. Por eso, le suplico muy humildemente que me excuse. Pero la Se\u00f1ora, no pudiendo digerir la negativa, ni contener el movimiento de su pasi\u00f3n, le espet\u00f3 varias injurias; \u00e9l las sufri\u00f3 con la paciencia y tranquilidad acostumbradas.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente ha manifestado la misma firmeza y entereza en no permitir a las Se\u00f1oras seglares la entrada en los monasterios de las Religiosas, de las que era el Superior, cuando no ve\u00eda una causa leg\u00edtima para concederles la autorizaci\u00f3n. Lleg\u00f3 a negarla a unas Princesas que se la hab\u00edan rogado insistentemente, y que, al no haberlo podido doblegar en dicho punto, quedaron muy descontentas, trat\u00e1ndolo como un hombre mal educado y grosero, y mostr\u00e1ndole en diversas ocasiones su indignaci\u00f3n. Y conservaron su resentimiento contra \u00e9l hasta su muerte, sin que nada le hubiera hecho plegarse a los deseos de ellas, pues no los ve\u00eda justos.<\/p>\n<p>Pero si en esas ocasiones y otras parecidas, que han sido muy frecuentes, el Sr. Vicente se mantuvo victorioso frente todos los vanos respetos del mundo, que quebrantan, a veces, la entereza m\u00e1s firme, se puede decir que \u00e9l, en cierto modo, lleg\u00f3 a superarse a s\u00ed mismo en lo que vamos a contar. Lo hemos hecho notar en uno de los Cap\u00edtulos anteriores.<\/p>\n<p>Este Santo Var\u00f3n ten\u00eda un coraz\u00f3n muy inclinado a la gratitud y al agradecimiento, y que conservaba muy cari\u00f1osamente el recuerdo de las obligaciones que deb\u00eda a sus Bienhechores, de forma que casi no pod\u00eda negarles nada. Entre \u00e9sos, el Sr. Le Bon, Prior de San L\u00e1zaro ocupaba uno de los primeros puestos, y el Sr. Vicente, que se consideraba de una manera muy especial su obligado, ten\u00eda para con \u00e9l ternuras y muestras de respeto inconcebibles. A pesar de eso, veamos una ocasi\u00f3n en la que se vio obligado a negarle una cosa que el Prior le ped\u00eda con insistencia. Una Abadesa, de nacimiento muy ilustre, fue encerrada por unas faltas muy escandalosas por orden de la Reina entonces Regente y por los consejos del Sr. Vicente. El Sr. Prior de San L\u00e1zaro, que ten\u00eda unas obligaciones particulares para con la Abadesa, intervino a ruegos de ella, para que le procurara su liberaci\u00f3n. El Prior trat\u00f3 de usar todo su poder, que era poco menos que omn\u00edmodo sobre el esp\u00edritu del Sr. Vicente en todo lo que no fuera contra el servicio de Dios. Por eso, le rog\u00f3 y urgi\u00f3 con much\u00edsima insistencia, que hiciera poner en libertad a dicha Abadesa, porque a \u00e9l le resultaba muy f\u00e1cil. Pero el Sr. Vicente le respondi\u00f3 claramente que no lo pod\u00eda hacer sin faltar a su conciencia, y, por consiguiente, que le suplicaba muy humildemente que lo excusara. Ante aquello, el buen Prior qued\u00f3 muy impresionado, y le dijo: <em>\u00ab\u00bfEs as\u00ed como me trata usted despu\u00e9s de haber puesto mi casa en sus manos? \u00bfEs as\u00ed como usted agradece el bien que le he hecho para acomodarle a usted y a toda su Compa\u00f1\u00eda? \u2014Es cierto \u2014le replic\u00f3 el Sr. Vicente\u2014 que usted nos ha colmado de honores y de bienes, y que nosotros tenemos las mismas obligaciones que los Hijos tienen con su Padre; pero tenga a bien, Se\u00f1or, quedarse con todo, ya que, seg\u00fan su parecer, nosotros no lo merecemos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Ante aquellas palabras el buen Prior se call\u00f3 y se retir\u00f3 con muestras de estar muy disgustado; pero unos pocos d\u00edas m\u00e1s adelante, estando ya mejor informado de los excesos escandalosos de aquella Se\u00f1ora y reconociendo la justicia de la forma de proceder del Sr. Vicente, le fue a ver, y poni\u00e9ndose de rodillas delante de \u00e9l, que, a su vez, tambi\u00e9n se puso de rodillas, le present\u00f3 excusas por lo que le hab\u00eda dicho y le rog\u00f3 que no disminuyera nada de la penitencia de la Abadesa por consideraci\u00f3n a \u00e9l, pues hab\u00eda reconocido que aquello se hac\u00eda por su bien, y que no hab\u00eda tenido raz\u00f3n al solicitar que la pusieran en libertad. Ese fue el fruto de la entereza del Sr. Vicente, y c\u00f3mo Dios justific\u00f3 su conducta en esa ocasi\u00f3n<\/p>\n<p>No repetiremos aqu\u00ed lo que hemos indicado en otros sitios que toca a la entereza y constancia mostrada por el Sr. Vicente para sostener las Santas Obras que hab\u00eda comenzado, no obstante las dificultades casi insuperables que aparec\u00edan y que hac\u00edan perder el \u00e1nimo a las personas que hab\u00edan manifestado m\u00e1s celo en emprenderlas. Hemos visto c\u00f3mo sostuvo la empresa de la educaci\u00f3n de los Ni\u00f1os Abandonados, cuando las Damas de la Caridad de Par\u00eds estaban casi resueltas a abandonarla por miedo a sucumbir bajo la carga de los gastos, que parec\u00edan exceder con mucho sus fuerzas. Y c\u00f3mo logr\u00f3 triunfar felizmente, despu\u00e9s de hablarles en una reuni\u00f3n de forma tan eficaz y tan llena del Esp\u00edritu de Dios, que les levant\u00f3 el \u00e1nimo, y les hizo esperar contra la misma esperanza, mostr\u00e1ndose dispuestas a continuar aquella buena obra a cualquier precio, tal como lo han venido haciendo desde entonces.<\/p>\n<p>Y si este fiel Siervo de Dios ha demostrado tal fortaleza y constancia en sostener el bien y en oponerse al mal, no ha demostrado menos paciencia, cuando Dios quiso probarlo con las aflicciones y con las cruces que El le ha enviado a menudo como testimonios seguros de su amor. Era la virtud de la paciencia la que en medio de las m\u00e1s tumultuosas tempestades, de las violentas tormentas que se formaron en su tiempo, conservaba en el fondo de su coraz\u00f3n una calma y una tranquilidad que no pod\u00eda ser turbada por ning\u00fan accidente, por muy triste y funesto que fuera. Era tambi\u00e9n esa misma virtud la que hac\u00eda que fuera due\u00f1o de su alma, amo de sus sentimientos en el momento de las penas, contradicciones y persecuciones m\u00e1s rudas que le pudieran suceder, sin que saliera jam\u00e1s de su boca ninguna palabra que hiciera parecer impaciencia o emoci\u00f3n de su esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Yendo de viaje a Breta\u00f1a un domingo por la tarde, se vio obligado a alojarse en una venta muy pobre de una aldea, donde, en cuanto cerr\u00f3 los ojos para descansar por estar cansado del camino, entr\u00f3 una cuadrilla de campesinos que se pusieron a armar la juerga durante toda la noche en un sitio cercano a su habitaci\u00f3n, y hasta entraron en ella algunos promoviendo un alboroto. A pesar de eso, no se quej\u00f3, al contrario, a la ma\u00f1ana siguiente dio muestras de satisfacci\u00f3n y de agradecimiento a su hu\u00e9sped, aunque hab\u00eda sentido mucha incomodidad en su casa, como si hubiera recibido el mejor trato del mundo, y, adem\u00e1s de eso, le regal\u00f3 muchos y hermosos \u00abAgnus Dei\u00bb, que se los hab\u00edan dado hac\u00eda mucho tiempo. El misionero que le acompa\u00f1aba en aquel viaje, y a quien se los hab\u00eda entregado para que los guardase, qued\u00f3 admirado, tanto m\u00e1s cuanto que no le hab\u00eda visto darlos a nadie en los otros sitios donde hab\u00eda sido recibido con toda suerte de atenciones, y eso que en ellos se hab\u00eda encontrado con j\u00f3venes educados y criados muy atentos, a los que catequiz\u00f3 lo mismo que a aquella pobre gente. Eso le hizo pensar y con raz\u00f3n, que el Sr. Vicente actuaba de aquel modo, porque eran muy pobres, y porque le hab\u00edan hecho ejercitar la paciencia.<\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n fue citado ante un Consejero del Gran Sal\u00f3n del Parlamento de Par\u00eds para reconocer jur\u00eddicamente unas escrituras a requerimiento de un particular, que hab\u00eda entablado mal\u00e9volamente pleito contra la Comunidad de San L\u00e1zaro. Este hombre, de natural violento, se irrit\u00f3 excesivamente sin ning\u00fan respeto ante el magistrado y al lugar en que estaba, y profiri\u00f3 injurias y calumnias tremendas contra el honor y la fama del Sr. Vicente, pero \u00e9ste no dej\u00f3 traslucir ninguna emoci\u00f3n, mostrando m\u00e1s bien que sent\u00eda compasi\u00f3n por la falta que aquel individuo hab\u00eda cometido en presencia del Juez. Y como su Procurador, que estaba presente, quer\u00eda pedir la palabra para exigir una reparaci\u00f3n del honor, el Sr. Vicente se lo impidi\u00f3, y excus\u00f3 tanto cuanto pudo el acto de aquel individuo. Y ha sido ese mismo Procurador quien ha rendido homenaje a semejante paciencia, que le pareci\u00f3 extraordinaria, porque apenas se ve\u00edan hechos semejantes. Mas los que han vivido cerca del Sr. Vicente han se\u00f1alado que esos actos de paciencia eran muy habituales en \u00e9l, y le han visto actuar as\u00ed en varias ocasiones y soportar los baldones, las injurias y las afrentas con una gran paz y humildad.<\/p>\n<p>No era solamente en las grandes ocasiones, en las que su esp\u00edritu estaba ordinariamente m\u00e1s presente a s\u00ed mismo, cuando el Sr. Vicente daba muestras de su gran paciencia, sino que tambi\u00e9n en las frecuentes circunstancias de las importunidades, prisas, preguntas indiscretas, contestaciones mal digeridas y faltas ordinarias cometidas sin consideraci\u00f3n alguna, tanto por los inferiores, como por otros, no se le vio dar la menor muestra de impaciencia, ni tampoco proferir una sola palabra m\u00e1s alta que otra; al contrario, era precisamente en esas ocasiones cuando \u00e9l se portaba y hablaba con m\u00e1s mansedumbre y tranquilidad.<\/p>\n<p>Cuando ocurr\u00edan p\u00e9rdidas en los bienes temporales de su Congregaci\u00f3n, aunque fueron, a veces, muy notables, las sufr\u00eda no s\u00f3lo con paciencia, sino tambi\u00e9n con alegr\u00eda. Como un d\u00eda le dijeran que lo que era m\u00e1s de lamentar en una p\u00e9rdida considerable sucedida a su Comunidad de San L\u00e1zaro era que aquello dar\u00eda ocasi\u00f3n a muchos para concebir alg\u00fan menosprecio de su Compa\u00f1\u00eda y quiz\u00e1s de hablar mal de \u00e9l, respondi\u00f3 que eso era bueno, que por ese medio los de su Congregaci\u00f3n dispondr\u00edan de una ocasi\u00f3n m\u00e1s ventajosa para practicar la virtud.<\/p>\n<p>Mas no hay por qu\u00e9 admirarse de que no se dejara llevar por la tristeza en todas esas ocasiones deplorables, ya que tambi\u00e9n \u00e9l manifestaba a veces que se extra\u00f1aba porque Dios, as\u00ed le parec\u00eda a \u00e9l, no probaba bastante a su Compa\u00f1\u00eda con tribulaciones.<\/p>\n<p><em>\u00abDesde hace alg\u00fan tiempo \u2014<\/em>dijo un d\u00eda sobre este tema<em>\u2014 ven\u00eda pensando, y con mucha frecuencia, que la Compa\u00f1\u00eda no ten\u00eda nada que sufrir; que todo le iba bien; que gozaba de cierta prosperidad, o mejor dicho, que Dios la bendec\u00eda de mil maneras, sin tener que sufrir ning\u00fan obst\u00e1culo ni contrariedad. Empezaba a desconfiar de esta bonanza, sabiendo que es propio de Dios probar a quienes le sirven, y castigar a los que ama. Quem enim diligit Dominus castigat. Me acordaba de lo que se refiere de San Ambrosio que, yendo de viaje, entr\u00f3 en una casa cuyo due\u00f1o le dijo que no sab\u00eda lo que era la aflicci\u00f3n. Entonces aquel Santo Prelado, iluminado por la luz celestial, juzg\u00f3 que aquella casa, tratada con tanto mimo, estaba cerca de su ruina. Salgamos de aqu\u00ed, \u2014dijo\u2014; la c\u00f3lera de Dios va a caer sobre esta casa. Y en efecto, apenas sali\u00f3, cay\u00f3 un rayo que la derrib\u00f3 y arrastr\u00f3 en su ruina a todos los que estaban dentro\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPor otro lado, ve\u00eda a varias Compa\u00f1\u00edas agitadas de vez en cuando, especialmente a una de las mayores y m\u00e1s santas que hay en la Iglesia, y que, a veces, se encuentra en grave consternaci\u00f3n, y actualmente est\u00e1 sufriendo una horrible persecuci\u00f3n. Y me dec\u00eda: As\u00ed es como Dios trata a los Santos, y como nos tratar\u00eda a no sotros, si fu\u00e9ramos de una virtud robusta, pero, como conoce nuestra debilidad, nos alimenta y nutre de leche, como a los ni\u00f1os, y hace que todo nos salga bien, casi sin que nos tengamos que preocupar de nada. As\u00ed, pues, ten\u00eda raz\u00f3n para temer, con esas consideraciones, que no le agrad\u00e1bamos a Dios, ni \u00e9ramos dignos de sufrir nada por su amor, ya que El apartaba de nosotros las tribulaciones y los golpes con que suele probar a sus servidores. Hab\u00edamos tenido algunos naufragios en los barcos que se dirig\u00edan a Madagascar, pero Dios nos ha librado; en 1649, los soldados nos causaron da\u00f1os por valor de 42.000 libras, seg\u00fan evaluaci\u00f3n, pero no se trat\u00f3 de una p\u00e9rdida particular, ya que todo el mundo se resinti\u00f3 de las calamidades p\u00fablicas: el mal fue com\u00fan, y nosotros fuimos tratados del mismo modo que los dem\u00e1s. Pero, \u00a1bendito sea Dios!, Hermanos m\u00edos, porque ahora ha querido su Providencia adorable despojarnos de una tierra, que nos acaban de quitar. Se trata de una p\u00e9rdida considerable para la Compa\u00f1\u00eda, pero que muy considerable. Hagamos nuestros los sentimientos de Job cuando dec\u00eda: \u00abDios me dio estos bienes, El me los quit\u00f3. \u00a1Bendito sea su Santo Nombre!\u00bb No miremos esta privaci\u00f3n como si procediera de un juicio humano, sino digamos que es Dios el que nos ha juzgado, y humill\u00e9monos bajo la mano que nos castiga, como David, cuando dec\u00eda: Obmutui, et non aperui os meum, quoniam Tu fecisti. Me he callado, Se\u00f1or, porque T\u00fa has sido el que lo has hecho. Adoremos su justicia, y creamos que nos ha hecho un favor al tratarnos de este modo: lo has he cho para nuestro bien. Bene omnia fecit, refiere San Marcos: lo ha hecho todo bien\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed era, con estos sentimientos tan perfectos y elevados, como el Sr. Vicente sobrellevaba con una paciencia heroica, no s\u00f3lo la p\u00e9rdida de los bienes, sino tambi\u00e9n la de las personas que le eran m\u00e1s queridas, y cuya separaci\u00f3n hab\u00eda de serle pero que muy de sentir. Con esa disposici\u00f3n es como perdi\u00f3 a uno de los m\u00e1s antiguos Sacerdotes Misioneros, en quien ten\u00eda una confianza muy particular, y que consideraba como una de las principales columnas de su Congregaci\u00f3n; y, al mismo tiempo, vi\u00e9ndose en peligro de perder a otro, que estaba en las \u00faltimas, escribi\u00f3 estas palabras a una persona de su confianza: <em>\u00abPor la gracia de Dios, tengo mi coraz\u00f3n en paz, al ver que es \u00e9sa la voluntad de Dios: es cierto que me viene algunas veces alg\u00fan temor de que mis pecados sean la causa de ello; pero reconociendo en eso mismo el benepl\u00e1cito de Dios, lo acepto muy gustosamente\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Uno de sus Sacerdotes le declar\u00f3 cierto d\u00eda las dificultades que experimentaba en la direcci\u00f3n de una casa de la Compa\u00f1\u00eda: <em>\u00ab\u00a1Ay se\u00f1or! \u00bfLe gustar\u00eda a usted estar sin sufrir? \u00bfNo ser\u00eda preferible tener un demonio en el cuerpo que estar sin ninguna cruz? S\u00ed, porque en ese estado el demonio no har\u00eda da\u00f1o al alma, mientras que si no se tiene nada que sufrir, ni el alma, ni el cuerpo pueden conformarse con Jesucristo que sufre, siendo as\u00ed que esta conformidad es la se\u00f1al de nuestra predestinaci\u00f3n. Por tanto, no se extra\u00f1e de esas penas, ya que el Hijo de Dios las escogi\u00f3 para nuestra salvaci\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Dijo a uno que sufr\u00eda por la justicia: <em>\u00ab\u00bfNo ha quedado consolado su coraz\u00f3n al ver que ha sido encontrado digno ante Dios de sufrir al servirle? Ciertamente, usted le debe por eso un agradecimiento particular, y est\u00e1 obligado a pedirle la gracia de hacer buen uso de ello\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Habi\u00e9ndose enterado una vez que un virtuosa abadesa encontraba grandes dificultades y contrariedades para poner el orden que deseaba establecer en su abad\u00eda, el Sr. Vicente aconsej\u00f3 a un buen eclesi\u00e1stico que hiciera lo que pudiera para animarla en su empresa, y que le dijera: que los sufrimientos, cuando se busca un bien, atraen las gracias necesarias para conseguirlo.<\/p>\n<p>El demonio provoc\u00f3 un d\u00eda una tormenta contra algunos Misioneros para impedir el fruto de una Misi\u00f3n en la que estaban trabajando. El Sr. Vicente escribi\u00f3 al Superior en estos t\u00e9rminos: <em>\u00ab\u00a1Bendito sea Dios por las dificultades que quiere que hallen ustedes! En esta ocasi\u00f3n hay que honrar bien las que el Hijo de Dios experiment\u00f3 en la tierra \u00a1Ah se\u00f1or! Ciertamente eran mucho m\u00e1s grandes por la aversi\u00f3n que Le ten\u00edan a El y a su doctrina, pues le prohib\u00edan la entrada en unos lugares y finalmente le quitaron la vida. El preparaba a sus Disc\u00edpulos para ocasiones de ese estilo, cuando les dijo que se burlar\u00edan de ellos; que los escarnecer\u00edan, que los maltratar\u00edan; que los padres se pondr\u00edan contra los hijos, y que los hijos perseguir\u00edan a sus padres. Aprovechemos, pues, se\u00f1or, esas ocasiones, y suframos, como los Ap\u00f3stoles, a ejemplo de su Jefe, Nuestro Se\u00f1or. Si nos portamos de esa manera, est\u00e9 seguro de que los mismos medios por los que el demonio ha querido combatirle, le servir\u00e1n a usted para derrotarlo; que usted alegrar\u00e1 todo el cielo y las almas buenas de la tierra que lo ver\u00e1n, o que lo oir\u00e1n; que los mismos con quien usted tiene que ver le bendecir\u00e1n y le reconocer\u00e1n como cooperador de su salvaci\u00f3n. Mas \u00bfqu\u00e9? Hoc genus demoniorum non ejicitur nisi in oratione et patientia. La santa modestia y el recogimiento interior, que se practica en la Compa\u00f1\u00eda tambi\u00e9n le podr\u00e1n servir a usted; y estar\u00e1 bien informar, de d\u00f3nde puede provenir la aversi\u00f3n que ese pueblo muestra a sus Misioneros, con el fin de abstenerse de lo que puede haberla causado, y tambi\u00e9n de hacer lo contrario, si es conveniente; y cuando se informen, les ruego que me den su parecer\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Escribiendo en otra ocasi\u00f3n a uno que se quejaba de alguna persona, le dijo estas palabras: <em>\u00abEstoy seguro de que esa persona de que me habla le ha dado motivos de preocupaci\u00f3n, y siento mucho que haya salido con \u00e9sas. Sin embargo, no debe mirar su conducta como algo que venga de \u00e9l, sino m\u00e1s bien como una prueba con la que Dios quiere probar su paciencia; y esa virtud ser\u00e1 tanto m\u00e1s virtud en usted, que naturalmente es muy vivo frente a las injurias, cuanto menos motivos le haya dado para la ofensa que ha recibido. As\u00ed pues, demuestre que es usted un verdadero hijo de Jesucristo, y que no ha meditado in\u00fatilmente tantas veces en sus sufrimientos, sino que ha aprendido a vencerse, sufriendo las cosas que m\u00e1s suelen sublevar el coraz\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn fin, se\u00f1or \u2014<\/em>dice a otro<em>\u2014 hay que ir hacia Dios per infamiam et bonam famam, ya que es un favor de la divina Bondad el que permita que caigamos en el desprecio y la antipat\u00eda de la gente. Estoy seguro de que habr\u00e1 recibido usted con paciencia esa confusi\u00f3n que sufrimos por lo que ha pasado. Si la gloria del mundo no es m\u00e1s que humo, lo contrario ser\u00e1 un bien s\u00f3lido, si lo tomamos como debe tomarse. Espero que de esta humillaci\u00f3n se siga un gran bien para nosotros. \u00a1Dios le conceda esta gracia y quiera enviarnos todas las que puedan ayudarnos a merecer ser m\u00e1s agradables a sus ojos!\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Lo que asentaba tan fuertemente al Sr. Vicente en esta virtud de la paciencia, era la firme fe que ten\u00eda de estas dos verdades: Una, que los males causantes de las penas no nos sobrevienen sino por voluntad de Dios, seg\u00fan lo que dijo un Profeta: Non est malum in civitate, quod non fecerit Dominus. La otra, que Dios no permitir\u00e1 nunca que seamos afligidos o tentados por encima de nuestras fuerzas, sino que El nos ayudar\u00e1 con su gracia, para sacar provecho y ventaja, como el Santo Ap\u00f3stol nos lo afirma con estas palabras: Fidelis Deus est, qui non patietur vos tentari supra id quod potestis, sed faciet etiam cum tentatione proventum, ut possitis sustinere.<\/p>\n<p><em>\u00abEstando bien persuadido de esas verdades, dec\u00eda que el estado de pena y de aflicci\u00f3n no es un estado malo de suyo; Dios nos pone en \u00e9l para ejercitarnos en la virtud de la paciencia y para ense\u00f1arnos la compasi\u00f3n con los dem\u00e1s. El mismo quiso probar este estado, para que tuvi\u00e9ramos un Pont\u00edfice capaz de compadecer nuestras miserias y animarnos con su ejemplo a la pr\u00e1ctica de esta virtud\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>A\u00f1ad\u00eda que \u00abuna de las se\u00f1ales m\u00e1s ciertas de que Dios tiene grandes planes sobre una persona es cuando le env\u00eda desolaci\u00f3n tras desolaci\u00f3n y pena tras pena; el verdadero tiempo para reconocer el proyecto espiritual de un alma es el de la tentaci\u00f3n y de la tribulaci\u00f3n, ya que como uno se porta en esas pruebas, se portar\u00e1 tambi\u00e9n luego de ordinario. En un s\u00f3lo d\u00eda de tentaci\u00f3n podemos adquirir m\u00e1s m\u00e9ritos que en muchos otros de tranquilidad\u00bb. Dec\u00eda tambi\u00e9n que \u00ab<em>el agua corrompida, que se hace cenagosa e infecta, representa a un alma que est\u00e1 siempre en reposo, y que, al contrario, las almas ejercitadas por la tentaci\u00f3n son como los r\u00edos que fluyen entre guijarros y roquedales: sus aguas son m\u00e1s hermosas y m\u00e1s gratas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>La plenitud que ten\u00eda de esta virtud le daba una gracia particular para comunicarla a los dem\u00e1s, y para llevarlos al buen uso de los sufrimientos. He aqu\u00ed en qu\u00e9 t\u00e9rminos escribi\u00f3 un d\u00eda a un alma apenada para consolarla y animarla: <em>\u00abCompadezco sus penas \u2014<\/em>le dice<em>\u2014 que son largas y variadas: es una cruz extensa, que abraza su esp\u00edritu y su cuerpo; pero ella la eleva por encima de la tierra, y eso es lo que me consuela. Debe usted tambi\u00e9n consolarse mucho al verse tratada como Nuestro Se\u00f1or ha sido tratado, y honrada con las mismas se\u00f1ales con las que El nos ha mostrado su amor. Sus sufrimientos eran internos y externos, y los internos fueron continuos, y, sin comparaci\u00f3n, m\u00e1s grandes que los otros. Mas, \u00bfpor qu\u00e9 piensa usted que El la ejercita de esa manera? Es por el mismo fin que quiso tambi\u00e9n sufrir El, a saber, para purificarla de sus pecados, y honrarla con sus virtudes, a fin de que el Nombre de su Padre sea santificado en usted. Mant\u00e9ngase, pues, en paz, y tenga una perfecta confianza en su bondad. No se detenga en el sentimiento contrario; desconf\u00ede de sus propios sentimientos, y crea m\u00e1s bien en lo que yo le digo y en el conocimiento que tengo de usted, antes que todo lo que usted pueda pensar y sentir. Tiene usted motivos para alegrarse en Dios, y para esperar todo de El por Nuestro Se\u00f1or, que habita en usted; y despu\u00e9s de la recomendaci\u00f3n que El le hace de renunciarse a s\u00ed misma, no veo nada por lo que tenga usted que temer, ni siquiera el pecado, que es el \u00fanico mal que debemos temer; porque en el estado de Religi\u00f3n, que usted ha abrazado, usted hace penitencia del pasado; y en cuanto al futuro, usted tiene un gran horror a todo lo que pudiera desagradar a Dios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entereza para mantener el bien y oponerse al mal, y paciencia para soportar las aflicciones y las penas El gran Ap\u00f3stol San Pablo dio a conocer bien c\u00f3mo era su valor y su fuerza para &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-22\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[266,5],"tags":[218,143],"class_list":["post-39162","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly","tag-san-lazaro"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 22 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-22\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 22 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Entereza para mantener el bien y oponerse al mal, y paciencia para soportar las aflicciones y las penas El gran Ap\u00f3stol San Pablo dio a conocer bien c\u00f3mo era su valor y su fuerza para ... 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