{"id":39124,"date":"2011-06-29T02:55:29","date_gmt":"2011-06-29T00:55:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/06\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-19\/"},"modified":"2016-07-26T17:24:45","modified_gmt":"2016-07-26T15:24:45","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-19","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-19\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 19"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_28831\" style=\"width: 208px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/01\/abelly.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-28831\" class=\"size-medium wp-image-28831\" title=\"Luis Abelly\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/01\/abelly-198x300.jpg?resize=198%2C300\" alt=\"Luis Abelly\" width=\"198\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-28831\" class=\"wp-caption-text\">Luis Abelly<\/p><\/div>\n<p><strong>Mortificaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p><em>\u00abNo hay nada m\u00e1s grande, ni m\u00e1s noble en la vida del cristiano \u2014como dice San Ambrosio\u2014 que ejercitar el alma en la pr\u00e1ctica de las virtudes; y para tal efecto, mortificar su carne y reducirla a la servidumbre, para que aprenda a some terse, y se haga m\u00e1s d\u00f3cil al mandato de la raz\u00f3n; de forma que, a pesar de los trabajos y las dificultades que pueda sen tir en ese ejercicio, no deje de proceder animosamente a la ejecuci\u00f3n de los buenos deseos y de las santas resoluciones concebidas en su coraz\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y ciertamente no sin raz\u00f3n ese Santo Doctor hablaba de ese modo: porque, ya que seg\u00fan el sentimiento del Sabio, es una cosa bien gloriosa seguir al Se\u00f1or; y el primer paso que hay que dar para ir tras El, como El mismo lo declara en el Evangelio, es renunciarse a s\u00ed mismo y llevar su cruz. De ah\u00ed se sigue que el cristiano debe mirar la abnegaci\u00f3n y la mortificaci\u00f3n como un t\u00edtulo de nobleza y como una se\u00f1al que se tiene por el honor de pertenecer a Jesucristo y ser de su s\u00e9quito. El Sr. Vicente, como hab\u00eda hecho siempre una profesi\u00f3n particular de seguir al Divino Salvador, y de andar tras las huellas de sus ejemplos (como ya lo hemos dicho en uno de los Cap\u00edtulos anteriores), no se puede dudar que fue honrado con sus distintivos m\u00e1s queridos, y que, seg\u00fan la palabra del Ap\u00f3stol, llev\u00f3 en su cuerpo la mortificaci\u00f3n de Jesucristo; de forma que su vida fue casi un sacrificio continuo de su cuerpo y de todos sus sentidos, de su alma y de sus potencias, y, finalmente, de todos los deseos y movimientos de su coraz\u00f3n. Y fue hablando de la abundancia de ese coraz\u00f3n perfectamente mortificado, como un d\u00eda dirigi\u00e9ndose a los suyos coment\u00f3 las palabras de Jesucristo en el Evangelio: \u00abEl que quiera venir en pos de m\u00ed, ren\u00fanciese a s\u00ed mismo, y lleve su cruz\u00bb.<\/p>\n<p><em>\u00abEste es \u2014les dijo\u2014 el Consejo que Nuestro Se\u00f1or les da a quienes desean seguirle. Les declara que la primera decisi\u00f3n que deben tomar es renunciarse a s\u00ed mismos, e inmediatamente llevar su cruz, y despu\u00e9s, perseverar constantemente en lo uno y en lo otro hasta el fin. Mas podemos aplicar a esta cuesti\u00f3n lo que el Divino Salvador dijo en otra ocasi\u00f3n: Non omnes capiunt istud. Y que son pocos los que se entregan verdaderamente a Jesucristo para seguirle bajo esas condiciones. De ah\u00ed provino que, de tantos millares de personas que le segu\u00edan para o\u00edrle, casi todas lo abandonaran y se retiraran, porque no lo segu\u00edan preparados de la manera como Nuestro Se\u00f1or dec\u00eda que hab\u00eda que ser, y que no estaban en disposici\u00f3n de mortificarse y de llevar la cruz\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abAs\u00ed que es una necesidad, para quien quiera ser disc\u00edpulo del Divino Maestro, renunciar a su propio juicio, a su voluntad, a sus sentimientos, a sus pasiones, etc. Por el juicio se sobreentiende la ciencia, la inteligencia y el raciocinio. \u00a1Qu\u00e9 ventaja para un cristiano someter sus luces y su raz\u00f3n por amor de Dios! \u00bfQu\u00e9 es eso, sino seguir e imitar a Jesucristo, y hacerle un sacrificio de su propio juicio? Por ejemplo, se plantea una cuesti\u00f3n, cada uno dice su opini\u00f3n: pues bien, para renunciar a s\u00ed mismo en semejante ocasi\u00f3n, no hace falta no querer decir lo que uno piensa, sino que hay que mantenerse en disposici\u00f3n de someter su juicio y su raz\u00f3n, de modo que se siga de buen grado y hasta que se prefiera el juicio de otro al suyo propio\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn cuanto a renunciar a su propia voluntad, Nuestro Se\u00f1or nos dio el ejemplo a todo lo largo de su vida y hasta su muerte, estando continuamente dispuesto a hacer, no su voluntad, sino la de su Padre, y a cumplir en todas las cosas, lo que conoc\u00eda que le era agradable: Quae placita sunt Ei facio semper. \u00a1Oh! \u00a1Pluguiera a Dios prevenirnos con tantas gracias, que permaneci\u00e9ramos siempre en el cumplimiento de su Voluntad, obedeciendo a sus mandamientos, a las Reglas de nuestro estado, y a las \u00f3rdenes de la obediencia! Entonces s\u00ed que ser\u00edamos verdaderos disc\u00edpulos de su Hijo. Pero mientras estemos apegados a nuestra propia voluntad, no tendremos disposici\u00f3n para seguirle, ni m\u00e9rito en sobrellevar nuestras penas, ni parte con El\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abDebemos mortificar nuestros sentidos, y vigilarlos continuamente para someterlos a Dios \u00a1Ay! \u00a1Qu\u00e9 peligrosa es la curiosidad de ver y escuchar, y qu\u00e9 fuerza tiene para desviar nuestro esp\u00edritu de Dios! Debemos pedir mucho a Nuestro Se\u00f1or que nos haga la gracia de renunciar a esta curiosidad, que ha sido la causa de la p\u00e9rdida de nuestros primeros padres\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abHay tambi\u00e9n cierta pasi\u00f3n que domina en muchos, a la que debemos renunciar: es el deseo inmoderado de conservar la salud y de estar bien, y ese cuidado excesivo de hacer lo posible y lo imposible por la conservaci\u00f3n de la propia persona: pues esta preocupaci\u00f3n inmoderada y ese temor de sufrir alguna molestia, que se ve en algunos, que ponen todo su esp\u00edritu y toda su atenci\u00f3n al cuidado de su vida fr\u00e1gil, son grandes impedimentos para el servicio de Dios, que les quitan la libertad de seguir a Jesucristo. \u00a1Ah se\u00f1ores y hermanos m\u00edos! \u00a1Somos disc\u00edpulos de ese Divino Salvador, y, sin embargo, nos halla como unos esclavos encadenados! \u00bfA qui\u00e9n? A un poco de salud, a un remedio imaginario, a una enfermer\u00eda donde no falta nada, a una casa que nos gusta, a un paseo que nos distrae, a un descanso que sabe a pereza. Pero \u2014dir\u00e1 alguno\u2014 el m\u00e9dico me ha aconsejado que no trabaje tanto, que vaya a tomar el aire, que cambie de lugar. \u00a1Oh miseria y debilidad! \u00bfLos Grandes dejan su vivienda ordinaria, porque a veces se encuentran indispuestos? \u00bfUn Obispo abandona su di\u00f3cesis? \u00bfUn gobernador, su plaza fuerte? \u00bfUn burgu\u00e9s, su ciudad? \u00bfUn comerciante, su casa? \u00bfLos Reyes hacen algo de eso? Raramente, y cuando est\u00e1n enfermos, permanecen en el sitio donde se hallan. El difunto Rey se sinti\u00f3 enfermo en SaintGermain enLaye, y all\u00ed sigui\u00f3 cuatro o cinco meses sin hacerse llevar a otra parte, hasta que all\u00ed muri\u00f3 con una muerte verdaderamente cristiana y digna de un Rey Cristian\u00edsimo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y en otra ocasi\u00f3n hablando sobre el mismo tema: <em>\u00abLa sensualidad se encuentra por todas partes, y no s\u00f3lo cuando se busca el aprecio del mundo, las riquezas o los placeres, sino incluso en las devociones, en las acciones m\u00e1s santas, en los libros, en las estampas; en una palabra, se cuela por todas partes. \u00a1Salvador m\u00edo! Conc\u00e9denos la gracia de vencernos a nosotros mismos; Te pedimos que nos concedas odiarnos a nosotros mismos, para que Te amemos con mayor perfecci\u00f3n, a Ti que eres la fuente de toda virtud y perfecci\u00f3n y el enemigo mortal de la sensualidad. Danos ese esp\u00edritu de mortificaci\u00f3n y la gracia de resistir siempre a ese amor propio, que es la ra\u00edz de todas nuestras sensualidades\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed son las palabras del Sr. Vicente, que hemos reproducido como fieles expresiones no s\u00f3lo de los pensamientos de su Esp\u00edritu, sino m\u00e1s bien de los afectos y las disposiciones de su coraz\u00f3n relativas a la virtud de la mortificaci\u00f3n, que podemos decir que ha sido una de las que \u00e9l ha practicado m\u00e1s universal y constantemente, durante todo el curso de su vida, y hasta el \u00faltimo suspiro. Verdaderamente no daba muestras de llevar una vida austera, creyendo que una vida com\u00fan en apariencia era la m\u00e1s conveniente para tener \u00e9xito al servicio de los pueblos y de los eclesi\u00e1sticos, al cual Dios lo hab\u00eda destinado, siendo as\u00ed la m\u00e1s adaptada a la vida de Jesucristo y de los Santos Ap\u00f3stoles, sobre cuyo modelo quer\u00eda educar a los Misioneros de su Congregaci\u00f3n; y, por consiguiente, se sent\u00eda obligado a darles ejemplo de ella, conform\u00e1ndose a aqu\u00e9llos en cuanto al exterior de una vida bien reglada, que no es ni demasiado ancha ni demasiado estrecha, ni demasiado suave, ni demasiado rigurosa. En cuanto a s\u00ed mismo, se trataba con mucha aspereza, haciendo sufrir a su cuerpo de varias maneras, y mortificando sin cesar su interior, para tener a uno y a otro perfectamente sometidos a los deseos de Dios; y esto de un modo tanto m\u00e1s excelente y m\u00e1s santo, cuanto que parec\u00eda menos a los ojos de los hombres. As\u00ed se hizo como el grano de trigo, del que habla Jesucristo en el Evangelio, que, cuanto m\u00e1s oculto y metido est\u00e1 en tierra, tanto m\u00e1s tallos echa y multiplica su fruto.<\/p>\n<p>Y en primer lugar, mortific\u00f3 el amor del honor y de la propia estima, que es tan natural a todos los hombres, y que les hace ocultar con tanto esmero todo lo que puede causarles el menor desprecio: este santo sacerdote reprimiendo esa inclinaci\u00f3n natural, no dejaba escapar ninguna ocasi\u00f3n para humillarse, hablando de su bajo nacimiento y de la baja condici\u00f3n de sus familiares, que la aceptaba muy a gusto. He aqu\u00ed lo que escribi\u00f3 el a\u00f1o 1633 a uno de sus Sacerdotes: <em>\u00abQue algunos que han vuelto a su tierra, se han sentido m\u00e1s unidos a los intereses de su familia y a sus sentimientos de tristeza y de alegr\u00eda, y se han enredado en ellos, como las moscas que caen en las telas de una ara\u00f1a, y despu\u00e9s no se pueden desprender de ellas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abMe citar\u00e9 a m\u00ed mismo como testigo \u2014<\/em>les dijo<em>\u2014 de esta verdad. Cuando estaba a\u00fan en casa del Sr. General de las Galeras, y antes de la primera Fundaci\u00f3n de nuestra Compa\u00f1\u00eda, ocurri\u00f3 que como, las galeras estaban en Burdeos, me mand\u00f3 all\u00ed, para que diera una misi\u00f3n a los pobres forzados. As\u00ed lo hice por medio de Religiosos de diversas Ordenes de aquella ciudad, dos en cada galera. Pues bien, antes de salir de Par\u00eds para aquel viaje, inform\u00e9 a dos amigos m\u00edos de la orden que hab\u00eda recibido, y les dije: Se\u00f1ores, me voy a trabajar cerca de donde soy; no s\u00e9 si har\u00e9 bien d\u00e1ndome una vuelta por mi casa. As\u00ed me lo aconsejaron los dos: Vaya, se\u00f1or; su presencia ser\u00e1 un consuelo para los suyos; podr\u00e1 hablarles de Dios, etc. La raz\u00f3n que yo ten\u00eda para dudar era que hab\u00eda visto a unos buenos eclesi\u00e1sticos, que hab\u00edan hecho maravillas durante alg\u00fan tiempo lejos de su tierra, y que, despu\u00e9s de haber ido a ver a sus parientes, volvieron muy cambiados, y ya no sab\u00edan hacer nada \u00fatil a la gente; se dedicaban enteramente a los asuntos familiares; todos sus pensamientos se dirig\u00edan a ellos, cuando antes no se ocupaban m\u00e1s que de las obras, que se refieren al servicio de Dios alejadas de la sangre y de la naturaleza. Tengo miedo, dije, de apegarme igualmente a mis parientes. Y, en efecto, despu\u00e9s de pasar ocho o diez d\u00edas con ellos para hablarles del camino de su salvaci\u00f3n y apartarlos del deseo de poseer riquezas, hasta decirles que no esperasen nada de m\u00ed, pues aunque tuviera cofres de oro y de plata, no les dar\u00eda nada, ya que un eclesi\u00e1stico que posee alguna cosa, se la debe a Dios y a los pobres, el d\u00eda de mi partida sent\u00ed tanto dolor al dejar a mis pobres parientes, que no hice m\u00e1s que llorar durante todo el camino, derramando l\u00e1grimas casi sin cesar. Tras estas l\u00e1grimas me entr\u00f3 el deseo de ayudarles a que mejorasen de situaci\u00f3n, de darles a \u00e9ste esto y aquello al otro. De esta forma, mi esp\u00edritu enternecido les repart\u00eda lo que ten\u00eda y lo que no ten\u00eda. Lo digo para confusi\u00f3n m\u00eda, y porque quiz\u00e1 Dios permiti\u00f3 esto para darme a conocer mejor la importancia del Consejo Evang\u00e9lico del que estamos hablando. Estuve tres meses con esta pasi\u00f3n importuna de mejorar la suerte de mis hermanos y hermanas; era un peso continuo en mi pobre esp\u00edritu. En medio de todo esto, cuando me ve\u00eda un poco m\u00e1s libre, ped\u00eda a Dios que me librase de esta tentaci\u00f3n; se lo ped\u00ed tanto, que finalmente tuvo compasi\u00f3n de m\u00ed; me quit\u00f3 esos cari\u00f1os por mis parientes, y aunque andaban pidiendo limosna, y todav\u00eda andan as\u00ed, me ha concedido la gracia de confiarlos a su Providencia y de tenerlos por m\u00e1s felices que si hubieran estado en buena situaci\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abDigo esto a la Compa\u00f1\u00eda, porque hay algo grande en esta pr\u00e1ctica tan recomendada en el Evangelio, que excluye del n\u00famero de los Disc\u00edpulos de Jesucristo a todos los que no odian a su padre y a su madre, a sus hermanos y hermanas y que, seg\u00fan esto, nos exhorta a renunciar al afecto inmoderado a nuestros parientes. Pidamos a Dios por ellos y, si podemos servirles caritativamente, hag\u00e1moslo, pero manteng\u00e1monos firmes en contra de la naturaleza que, al inclinarse siempre hacia ese lado, nos apartar\u00e1 si puede de la escuela de Jesucristo. Seamos firmes en esto\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Un Sacerdote de la Congregaci\u00f3n, que estaba en Gascu\u00f1a, fue a ver por propia iniciativa, a los parientes del Sr. Vicente. Cuando estuvo de vuelta en Par\u00eds, le cont\u00f3 el estado en que los hab\u00eda hallado, y entre otras cosas le dijo<em>:\u00bbQue la sencillez, la piedad y la caridad de sus parientes era de alabar, pero que no ten\u00edan para vivir, si no trabajaban\u2014\u00a1 Ah! \u2014dijo el Sr. Vicente\u2014 \u00bfEs que no son felices? \u00bf Y pueden estar mejor que en ese estado, en el que ejecutan la sentencia de Dios, que di ce que el hombre debe ganar el pan con el sudor de su frente?\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>La pobreza no ha sido la \u00fanica pr\u00e1ctica de virtud de esa buena gente, que un d\u00eda fueron menospreciadas hasta el extremo en un Parlamento c\u00e9lebre. En \u00e9l algunos amigos del Sr. Vicente quisieron paralizar unas diligencias que se quer\u00edan hacer contra los suyos, pero \u00e9l les dio esta respuesta: \u00a0<em>\u00ab\u00bfNo es razonable, se\u00f1ores, que la justicia se haga para satisfacer a la de Dios? As\u00ed, al castigar a los delincuentes misericordiosamente en esta vida, El no ejercer\u00e1 los rigores de su justicia sobre ellos en el otro mundo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Pues bien, habiendo descubierto los jueces que aquella acusaci\u00f3n s\u00f3lo era una calumnia y una falsedad, el Sr. Vicente se constituy\u00f3 Protector de quienes los hab\u00edan acusado, y hall\u00f3 forma para libarlos de los castigos que hab\u00edan merecido. Esto lo he sabido\u2014dijo el mismo sacerdote\u2014 en el lugar del nacimiento del Sr. Vicente. Y ah\u00ed va un extracto de una carta le\u00edda por m\u00ed, y que \u00e9l escribi\u00f3 a sus parientes acerca de todo esto: <em>\u00abVuestra difamaci\u00f3n no ha tenido lugar sin una especial\u00edsima Providencia de Dios. Dios lo ha permitido as\u00ed para su gloria y para vuestro bien: para su gloria, para que se\u00e1is como su Hijo, que fue calumniado hasta el punto de ser tratado como seductor, ambicioso y pose\u00eddo del demonio; para vuestro bien, para que pod\u00e1is satisfacer a la justicia de Dios por otros pecados, que pod\u00e9is haber cometido y que quiz\u00e1s no conoc\u00e9is, pero que Dios conoce muy bien\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Un hombre que era pariente lejano del Sr. Vicente, aunque no llevaba el mismo apellido, hab\u00eda sido condenado a galeras, pero obtuvo unas Letras de revisi\u00f3n del proceso para justificarse, y para que se le restituyeran sus derechos civiles contra la parte que le persegu\u00eda. Dirigi\u00f3 las Letras al Parlamento de Par\u00eds, pensando que el cr\u00e9dito del Sr. Vicente le servir\u00eda mucho; pero el fiel Siervo de Dios le escribi\u00f3 varias cartas para conjurarle en nombre de Nuestro Se\u00f1or, que rebajara parte de sus pretensiones, con el fin de quedar libre por medio de una soluci\u00f3n r\u00e1pida.<\/p>\n<p><em>\u00ab\u00bfSe atrever\u00eda usted a oponerse a tantas personas, que se han interesado en su favor? No creo que lo haga. Adem\u00e1s su edad y sus achaques no le permiten sostener las fatigas y los gastos de un proceso tan largo. Y si tiene usted alguna esperanza en mi intervenci\u00f3n, le dir\u00e9 que no le puedo prestar ninguna ayuda. Prefiero contribuir m\u00e1s bien a su salvaci\u00f3n, aconsej\u00e1ndole este arreglo amistoso, para que se disponga mejor a la muerte, antes de ver c\u00f3mo se consume su vida en medio de las complicaciones de un proceso tan largo y dudoso. Espero que pensar\u00e1 usted seriamente en todo esto\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Este hombre se empe\u00f1\u00f3 en litigar, y el Sr. Vicente se mantuvo siempre en decirle que no le ayudar\u00eda; y no quiso recibirlo en su casa, ni sacarlo de la pobreza en la que estaba.<\/p>\n<p>Un sobrino suyo vino un d\u00eda expresamente a Par\u00eds con la esperanza de que recibir\u00eda de \u00e9l alguna ayuda para buscar una buena situaci\u00f3n. Lo recibi\u00f3 cordialmente, pero no le dio m\u00e1s que para volver a pie, como hab\u00eda venido, despidi\u00e9ndolo con diez escudos solamente para hacer unas ciento ochenta leguas. Adem\u00e1s, le pidi\u00f3 diez escudos como limosna a la Se\u00f1ora Marquesa de Maignelay. Y \u00e9sa ha sido la \u00fanica ayuda que ha pedido para sus parientes.<\/p>\n<p>Hacia 1650 el difunto Sr. de Fresne, amigo \u00edntimo del Sr. Vicente, de quien se ha hablado en el Libro primero, le dio mil francos para ellos. No los rechaz\u00f3, pero en lugar de destinarlos a su alivio temporal, creyendo que pod\u00edan vivir de su trabajo, se propuso que les valieran para su salvaci\u00f3n y progreso espiritual y al de muchos otros, haciendo que dieran algunas misiones, pero antes se puso de acuerdo con el benefactor. Guard\u00f3 aquel dinero dos o tres a\u00f1os, esperando siempre la ocasi\u00f3n de enviar algunos misioneros a aquella tierra. Las divisiones del reino sobrevinieron el a\u00f1o 1652, y Guyena qued\u00f3 muy desolada por los ej\u00e9rcitos, y los parientes del Sr. Vicente quedaron desgraciadamente despojados de todas sus cosas, y algunos incluso murieron por la crueldad de los soldados. Fue a continuaci\u00f3n de eso, cuando sol\u00eda decir que sus parientes viv\u00edan de limosna, pero sin decir la causa. Cuando supo aquellas noticias luctuosas, no manifest\u00f3 ninguna aflicci\u00f3n especial: al contrario, sinti\u00f3 grand\u00edsimos sentimientos de admiraci\u00f3n y de gratitud a la Bondad de Dios, porque con su adorable conducta hab\u00eda retrasado el uso de dicha cantidad de miles de libras, para as\u00ed ayudar a aquella pobre gente en su extrema necesidad. Estuvo muchos d\u00edas y muchas semanas sin cansarse de alabar a Dios, y de agradecerle por esa especial Providencia. Con todo, no quiso aplicar ese dinero por s\u00ed mismo: consult\u00f3 a los principales de su Compa\u00f1\u00eda, y, por su consejo, lo envi\u00f3 en diligencia a su tierra, y lo dirigi\u00f3 al Se\u00f1or de SaintMartin, can\u00f3nigo de Dax, a quien lo entreg\u00f3 para su entera distribuci\u00f3n, confi\u00e1ndole a \u00e9l, para que diera a cada uno de los suyos lo que juzgara conveniente. Le recomend\u00f3 solamente que tratara de ponerlos en estado de ganarse la vida con dicha ayuda, como as\u00ed lo hizo, comprando para uno un par de bueyes para labrar; haciendo levantar una casita a \u00e9ste; dejando libre de cargas una pieza de tierra a aqu\u00e9l; y dando herramientas y ropas a los otros para trabajar. No pod\u00eda hacer mucho con tan poca cosa a tanta pobre gente arruinada<\/p>\n<p>Esas son todas las riquezas que el Sr. Vicente ha enviado a sus parientes, aunque a \u00e9l le hubiera resultado muy f\u00e1cil ponerlos en una situaci\u00f3n c\u00f3moda y hacerlos ascender seg\u00fan el mundo, si hubiera querido servirse de las ocasiones y del poder que ten\u00eda. Ha presentado mil veces la necesidad de los pueblos de varias Provincias, y de cantidad de familias en particular, a personas ricas y caritativas, que han acudido en ayuda de ellos; mas de su regi\u00f3n y de sus parientes, no ha abierto jam\u00e1s la boca. \u00bfNo ser\u00e1 necesario estar muerto del todo a la carne y a la sangre para obrar as\u00ed? .<\/p>\n<p>Y siguiendo con el tema, un d\u00eda al ser urgido por una persona de su Congregaci\u00f3na que hiciera alg\u00fan favor a sus parientes, que conoc\u00eda bien que estaban necesitados, le dijo: \u00ab<em>\u00bfPiensa usted que no quiero a mis parientes? Les tengo todos los sentimientos de ternura y de cari\u00f1o que otro cualquiera puede tener por los suyos, y este amor natural me apremia bastante para que les ayude; pero debo obrar seg\u00fan los movimientos de la gracia, y no los de la naturaleza, y pensar en los pobres m\u00e1s abandonados, sin detenerme por los lazos de amistad, ni de parentesco\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente no s\u00f3lo no ha movido ni su lengua ni su pie para sacar a ninguno de sus parientes de su plebeyez y pobreza, sino que ha impedido que otros lo hayan hecho. Se ha encontrado con personas de condici\u00f3n y de piedad, incluso con algunos Prelados, que han querido en atenci\u00f3n a \u00e9l, hacer estudiar a algunos de sus sobrinos y cuidar de ellos para elevarlos al Estado eclesi\u00e1stico, o a cualquier otra condici\u00f3n honesta. A \u00e9stos les respond\u00eda que hab\u00eda que preocuparse para no des viar de esos j\u00f3venes los designios que Dios ten\u00eda sobre ellos, y que, a su parecer, val\u00eda m\u00e1s dejarlos en la condici\u00f3n de su padre, por ser la condici\u00f3n de labrador una de las m\u00e1s inocentes y de las m\u00e1s propias para salvarse, Todav\u00eda fue m\u00e1s adelante, y sinti\u00f3 en s\u00ed mismo un gran deseo de instalar Sacerdotes de su Congregaci\u00f3n en su tierra, para que prestaran all\u00ed los mismos servicios que hac\u00edan en otros lugares, y, a pesar de eso, temiendo que hubiera en ello alguna mezcla de amor propio y de afecto natural para con los suyos, examin\u00f3 delante de Dios ese sentimiento, y se contuvo, dici\u00e9ndose a s\u00ed mismo: \u00a1 Desgraciado!, \u00bf en qu\u00e9 est\u00e1s pensando? \u00bf Es que no deben ser para ti indiferentes todos los pa\u00edses? Y todas las almas\u00bf no han costado lo mismo al Hijo de Dios? \u00bf Por qu\u00e9, pues, tratas de socorrer m\u00e1s a los unos que a los otros? Por mortificar ese deseo lleg\u00f3 a tanto, que, temiendo que procediera, m\u00e1s bien, de un sentimiento de la naturaleza que de un movimiento de la gracia, resolvi\u00f3 no dar nunca por s\u00ed mismo un paso, ni decir una palabra para procurar aquella fundaci\u00f3n. De todo lo que acabamos de decir se puede colegir hasta qu\u00e9 grado hab\u00eda mortificado el Sr. Vicente el amor natural por su tierra y por sus familiares.<\/p>\n<p>Se dice habitualmente que, como del movimiento bien acompasado de la aguja de la esfera del reloj es f\u00e1cil conocer el ajuste de las ruedas y de las otras piezas que componen el reloj, as\u00ed tambi\u00e9n del buen uso de la lengua se puede juzgar del buen estado del interior, ya que los afectos y las pasiones del coraz\u00f3n vienen a ser como los muelles reales, que le dan ordinariamente el movimiento y que forman y animan sus palabras. Y ciertamente, aunque no tuvi\u00e9ramos otras pruebas de la mortificaci\u00f3n interior del Sr. Vicente, que ese dominio absoluto que ten\u00eda sobre el comportamiento de su lengua, eso bastar\u00eda para hacernos conocer que ha pose\u00eddo esa virtud en un grado alt\u00edsimo de perfecci\u00f3n, pues, seg\u00fan la doctrina del Ap\u00f3stol Santiago: El que no peca con su lengua pue de ser llamado hombre perfecto. Se hab\u00eda hecho tan due\u00f1o de esa parte que el mismo Ap\u00f3stol llama indomable, que no se le escapaba ninguna o muy pocas palabras in\u00fatiles y superfluas, y nunca de las que saben a murmuraci\u00f3n, jactancia, vanidad, adulaci\u00f3n, desprecio, mofa, impaciencia u otras parecidas, salidas de una pasi\u00f3n agitada y sin control. Se dominaba tan perfectamente, que hasta en el acaloramiento de los discursos pronunciados en p\u00fablico, aunque no hubiera previsto lo que iba a decir, con todo, no dec\u00eda jam\u00e1s ninguna cosa inconsiderada; y le ocurri\u00f3 muchas veces, que, al abrir la boca para decir algo extraordinario, que le ven\u00eda de repente al pensamiento, se deten\u00eda r\u00e1pidamente, como si se recogiera en s\u00ed mismo, y consideraba ante Dios, si ser\u00eda conveniente decirlo, y despu\u00e9s continuaba hablando, no seg\u00fan la inclinaci\u00f3n que pod\u00eda sentir, sino seg\u00fan que viera ser m\u00e1s agradable a Dios, y m\u00e1s conforme al movimiento de la gracia.<\/p>\n<p>Cuando para entretenerle o para darle alguna satisfacci\u00f3n le contaban alguna novedad o alguna otra cosa extraordinaria que \u00e9l ya la sab\u00eda, la escuchaba con atenci\u00f3n, sin manifestar que ten\u00eda alg\u00fan conocimiento de ella, tanto para mortificar el amor propio que est\u00e1 siempre presto para hacer ver que no ignora lo que los dem\u00e1s ya saben, como por no privar a los que hablaban de la satisfacci\u00f3n que pod\u00edan sentir de haberle hecho saber una cosa nueva Pero, sobre todo, sab\u00eda retener la lengua, e imponerle un silencio riguroso, cuando le criticaban, o cuando por alg\u00fan arrebato le llenaban de insultos y de injurias: pues, aunque en esas ocasiones, la naturaleza desea ardientemente justificarse y rechazar la injuria que le hacen a uno, sin embargo, a imitaci\u00f3n de su Divino Maestro se recog\u00eda dentro de s\u00ed, y pon\u00eda toda su fuerza en el silencio y en la paciencia, bendiciendo en su coraz\u00f3n a quienes lo maldec\u00edan, y orando por los que lo ultrajaban.<\/p>\n<p>Estaba obligado, como Jefe de una Congregaci\u00f3n ya muy extendida, a atender a todas sus necesidades, y, al no disponer muchas veces de todo lo que era necesario para satisfacerlas, ten\u00eda siempre muchas preocupaciones en su cabeza, y para colmo, le escrib\u00edan o informaban a menudo de noticias dolorosas de p\u00e9rdidas notables causadas por diversos accidentes sobre los bienes y sobre las fincas de la Compa\u00f1\u00eda, y eso le hac\u00eda todav\u00eda m\u00e1s dif\u00edcil el poder atender a los grandes cargos, que \u00e9l deb\u00eda sobrellevar. Pues bien, en todas esas ocasiones, que son extremadamente apremiantes para desatar la lengua en lamentos y en murmuraciones, reprim\u00eda de tal manera los primeros movimientos de dolor, y mortificaba tan bien la animosidad que sent\u00eda por ello, que aguantaba con admirable igualdad de \u00e1nimo y, hasta con acci\u00f3n de gracias, esos accidentes deplorables y sorprendentes, y no dec\u00eda otra cosa, que: Alabado sea Dios; bendito sea Dios. Tenemos que someternos a su benepl\u00e1cito, y aceptar de buen grado todo lo que quiera enviarnos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n dio a conocer qu\u00e9 mortificado era en su lengua, y qu\u00e9 dominio hab\u00eda adquirido sobre esa parte, tan dif\u00edcil de dirigir, cuando, present\u00e1ndosele como se le presentaban infinidad de ocasiones que le invitaban, y tambi\u00e9n que parec\u00edan obligarle a hablar de su cautividad en T\u00fanez, siendo una cosa agradable a la naturaleza relatar los peligros y los accidentes m\u00e1s peligrosos de los que se libr\u00f3 m\u00e1s felizmente, y en particular cuando eso hace conocer alguna virtud que hay en nosotros, y que el \u00e9xito puede tornar en nuestra propia alabanza, sin embargo, es una cosa maravillosa, que en la coyuntura que fuera, nunca se le ha o\u00eddo decir ni una sola palabra de su cautividad, ni de lo que hab\u00eda hecho o dicho para convertir al que lo ten\u00eda cautivo, y para salvarse con \u00e9l de las manos de los infieles. Y aunque se vio obligado a hablar bastante frecuentemente a los suyos de los esclavos de Berber\u00eda, para exhortarlos a ir a prestarles alguna ayuda, o a las personas de fuera para invitarlas a contribuir con sus bienes a socorrer y a libertar a los pobres cautivos, sin embargo, nunca habl\u00f3 de s\u00ed mismo, ni de lo que le hab\u00eda ocurrido en aquellos lugares, porque no lo pod\u00eda hacer sin descubrir alguna cosa que fuera en alabanza suya. Hablaba con gusto de los casos de humillaci\u00f3n que le hab\u00edan ocurrido, pero jam\u00e1s de lo que pod\u00eda directa o indirectamente dar motivo de hacerle m\u00e1s estimado. Ciertamente, nunca hubiera podido alcanzar semejante dominio de la lengua, si no se hubiera hecho due\u00f1o absoluto de sus sentimientos y de sus movimientos internos por una continua pr\u00e1ctica de la mortificaci\u00f3n: la consideraba de tal necesidad, no solamente para la perfecci\u00f3n, mas tambi\u00e9n para la salvaci\u00f3n, que para expresarla dec\u00eda a veces: Que si una persona tuviera un pie en el cielo y dejara de practicar esta virtud, en el intervalo de tiempo que hiciera falta para meter all\u00ed el otro, estar\u00eda en peligro de perderse.<\/p>\n<p>Esta es la raz\u00f3n por la cual ha tratado siempre de inspirar a los de su Compa\u00f1\u00eda un esp\u00edritu de mortificaci\u00f3n interior, una gran desnudez y desapego de todas las cosas, y una muerte universal a todos los sentidos, a todos los movimientos de la naturaleza, a todo inter\u00e9s particular, a todo amor propio y b\u00fasqueda de s\u00ed mismo, para vivir solamente con la vida del esp\u00edritu.<\/p>\n<p><em>\u00abSeamos firmes en resistir a la naturaleza \u2014<\/em>les dec\u00eda sobre este tema un d\u00eda<em>\u2014 pues si le das la mano, te coger\u00e1 el brazo. Y estemos seguros de que la medida de nuestro progreso en la vida espiritual est\u00e1 en nuestro progreso en la vida de la mortificaci\u00f3n, que es especialmente necesaria para los que han de trabajar en la salvaci\u00f3n de las almas, porque es in\u00fatil que prediquemos la penitencia a los dem\u00e1s, si nosotros estamos vac\u00edos de ella, y si no la demostramos en nuestras acciones y modo de comportarnos\u00bb.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mortificaci\u00f3n \u00abNo hay nada m\u00e1s grande, ni m\u00e1s noble en la vida del cristiano \u2014como dice San Ambrosio\u2014 que ejercitar el alma en la pr\u00e1ctica de las virtudes; y para tal efecto, mortificar su carne &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-19\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[266,5],"tags":[218,116],"class_list":["post-39124","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly","tag-tunez"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 19 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-19\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 19 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Mortificaci\u00f3n \u00abNo hay nada m\u00e1s grande, ni m\u00e1s noble en la vida del cristiano \u2014como dice San Ambrosio\u2014 que ejercitar el alma en la pr\u00e1ctica de las virtudes; y para tal efecto, mortificar su carne ... 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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