{"id":39123,"date":"2011-06-28T07:01:29","date_gmt":"2011-06-28T05:01:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/06\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-18\/"},"modified":"2016-07-26T17:24:45","modified_gmt":"2016-07-26T15:24:45","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-18","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-18\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 18"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_28831\" style=\"width: 208px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/01\/abelly.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-28831\" class=\"size-medium wp-image-28831\" title=\"Luis Abelly\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/01\/abelly-198x300.jpg?resize=198%2C300\" alt=\"Luis Abelly\" width=\"198\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-28831\" class=\"wp-caption-text\">Luis Abelly<\/p><\/div>\n<p><strong>Perfecto desprendimiento de los bienes de esta vida y amor a la pobreza<\/strong><\/p>\n<p>\u00a1Oh \u00abQuam magnum est contemnere divitias, sed quam rarum hoc ipsum est!\u00bb Ambros. Ser. 8qu\u00e9 gran virtud es \u2014dice San Ambrosio\u2014 despreciar los bienes de la tierra! \u00a1Pero cuidado que es rara esta virtud, y qu\u00e9 pocos hay en el mundo que la pongan en pr\u00e1ctica! En efecto, son muy pocos los que tienen el coraje para arrancar de sus corazones de ra\u00edz la malhadada codicia, que la Sagrada Escritura llama la ra\u00edz de todos los males, y que pueden decir en verdad con el Santo Ap\u00f3stol: \u00a1Mira, Se\u00f1or! Nosotros hemos dejado todo por seguirte y por servirte! Feliz ciertamente \u2014dice el Sabio\u2014 quien no ha permitido a su coraz\u00f3n correr tras el oro ni tras la plata, y el que no ha puesto sus esperanzas en las riquezas ni en los tesoros de la tierra.\u00bfD\u00f3nde est\u00e1, para que demos con \u00e9l, y le concedamos las alabanzas merecidas?, porque ha hecho maravillas en su vida.<\/p>\n<p>No ser\u00e1 necesario emplear aqu\u00ed un discurso m\u00e1s largo para hacer resaltar esta virtuosa disposici\u00f3n en la persona del Sr. Vicente, ya que la Historia de su Vida y el relato de sus grandes y santas obras nos proporcionan pruebas evidentes de ello. No, \u00abNe mireris posessorem virtutum: antea se professus est abrenuntiatorem divitiarum\u00bb. Ambros. ser 26 de Verbis Apostno hay que sorprenderse, porque haya pose\u00eddo las virtudes en un grado tan eminente, pues ha despreciado tan generosamente las riquezas. No repetiremos aqu\u00ed lo que hemos dicho en el primer Libro de c\u00f3mo se port\u00f3 este venerable amador de la pobreza de Jesucristo en todas las ocasiones en las que se trataba de su inter\u00e9s y del de su Compa\u00f1\u00eda; ya cuando se trat\u00f3 de la Fundaci\u00f3n del Sr. General de las Galeras y de la Se\u00f1ora, su esposa, pues en primer lugar la hizo ofrecer antes a diversas Comunidades, y s\u00f3lo la acept\u00f3, cuando vio que no la pod\u00eda rechazar sin faltar a lo que Dios quer\u00eda de \u00e9l, ya, cuando se le quiso dar la casa y el Priorato de San L\u00e1zaro, que \u00e9l rechazo en absoluto, y persisti\u00f3 un a\u00f1o entero en esa negativa, a pesar de las apremiantes instancias que le hac\u00eda el Sr. Prior: fue m\u00e1s de treinta veces a buscarlo al Colegio de BonsEnfants para esa cuesti\u00f3n, sin poder influir nada sobre su esp\u00edritu, excepto, cuando, por consejo de personas sabias y virtuosas, qued\u00f3 convencido de que Dios quer\u00eda que le sirviera en aquel sitio.<\/p>\n<p>Ciertamente, s\u00f3lo esos dos actos bastar\u00edan para conocer cu\u00e1n desprendido estaba su coraz\u00f3n del afecto a las riquezas y a los bienes de la tierra, y qu\u00e9 grande era su amor a la pobreza. Pero, adem\u00e1s de eso, lo ha dejado ver en infinidad de ocasiones; y puede decirse sin exagerar, que jam\u00e1s un avaro ha buscado con tanto ardor las ocasiones para enriquecerse, como las que ha buscado el Sr. Vicente para practicar y abrazar la pobreza, manifestando siempre, ya en sus palabras, ya en sus actos, su gran amor por esta virtud.<\/p>\n<p>Le han o\u00eddo decir sobre este tema, que, aunque ten\u00eda razones para preocuparse por su seguridad personal, antes de que Dios lo hubiera llamado a la Misi\u00f3n, a pesar de eso, sent\u00eda no s\u00e9 qu\u00e9 movimiento secreto en su coraz\u00f3n, que le inclinaba a no desear poseer nada propio, y a vivir en comunidad. Y en cuanto comenz\u00f3 a vivir de esa forma, comenz\u00f3 tambi\u00e9n a practicar el amor que sent\u00eda por la pobreza, de todas las formas que se le ocurrieron.<\/p>\n<p>Y en primer lugar, no ha querido nunca tener para \u00e9l una habitaci\u00f3n con chimenea, por mucha incomodidad que sintiera, incluso en su edad m\u00e1s avanzada, excepto los cuatro o cinco a\u00f1os antes de su muerte; durante ellos, toda su Comunidad, al ver sus continuos y penosos achaques, le oblig\u00f3 en cierto modo con sus oraciones e insistencias a aceptarla; de forma que hasta la edad de ochenta a\u00f1os no ha querido disponer de otro refugio que una habitaci\u00f3n peque\u00f1a, de paredes desnudas, sin estera y sin otros muebles que una mesa sencilla de madera sin tapete, con dos sillas de paja, y un catre peque\u00f1o provisto \u00fanicamente de un jerg\u00f3n, una manta y una almohada. Y como un d\u00eda que estaba con fiebre, le pusieron un peque\u00f1o pabell\u00f3n, \u00e9l mismo lo quit\u00f3 m\u00e1s tarde, y no quiso sufrirlo; y no contento con eso, mand\u00f3 quitar tambi\u00e9n de su habitaci\u00f3n algunas estampas que uno de los Hermanos de la casa hab\u00eda colocado all\u00ed en diversas ocasiones, y s\u00f3lo quiso quedarse con una, diciendo que era contra la pobreza tener varias. Cuando se pasaba la visita de las habitaciones, quer\u00eda que se visitase la suya igual que las dem\u00e1s, para quitar de ella todo lo que fuera superfluo. Adem\u00e1s, como alguno puso una peque\u00f1a alfombra vieja ante la puerta de su habitaci\u00f3n del piso bajo, donde sol\u00eda estar durante el d\u00eda para recibir en ella a los externos, y la puso a causa del viento muy fr\u00edo, que entraba por aquella puerta, a pesar de eso, en cuanto se apercibi\u00f3 de ello, la mand\u00f3 quitar.<\/p>\n<p>Iba a tomar la comida con ese mismo esp\u00edritu de pobreza, diciendo a menudo para s\u00ed mismo: \u00a1Ah desgraciado! \u00a1No has ganado el pan que comes! Y cuando pod\u00eda coger los pedazos que hab\u00edan sobrado de otros, los cog\u00eda para com\u00e9rselos y para hacer de ellos su comida.<\/p>\n<p>Se ha hecho notar a prop\u00f3sito del amor que sent\u00eda por la pobreza, que le gustaba ser alimentado y vestido pobremente, y que quedaba encantado cuando le faltaba alguna cosa, sea de comida, sea de ropa y de otras comodidades necesarias. Por eso, llevaba habitualmente sotanas muy usadas, y hasta remendadas, y su ropa interior muy pobre, y, a veces, toda rota. Un Se\u00f1or notable, que le visit\u00f3 un d\u00eda, vi\u00e9ndole con una sotana muy mala, con remiendos en las mangas, qued\u00f3 tan emocionado, que al salir de estar con \u00e9l, y hall\u00e1ndose con gente distinguida, dijo que la pobreza y la limpieza del Sr. Vicente lo hab\u00edan edificado much\u00edsimo.<\/p>\n<p>Cuando iba al Louvre para hablar con la Reina, o para asistir al Consejo, siempre era con los h\u00e1bitos ordinarios, pobres y bastos, sin jam\u00e1s querer ponerse otros. Y un d\u00eda el Sr. Cardenal Mazarino, cogi\u00e9ndole por el ce\u00f1idor, que estaba muy deshilachado, lo mostr\u00f3 a los que estaban all\u00ed, y dijo ri\u00e9ndose: Vean c\u00f3mo viene vestido el Sr. Vicente a la Corte, y el hermoso ce\u00f1idor que lleva.<\/p>\n<p>Si alguno de casa le indicaba que su alzacuello estaba muy estropeado, y que deb\u00eda coger otro; o bien, que el sombrero era demasiado viejo, lo tomaba como una broma y dec\u00eda: \u00a1Ah Hermano! Eso es cosa que solamente la puede hacer el Rey: llevar un alzacuello que no est\u00e9 roto, un sombrero nuevo.<\/p>\n<p>Cuando necesitaba calentarse en invierno, quer\u00eda que se echase muy poca le\u00f1a al fuego, por temor a hacer el menor gasto de los bienes de la casa, y dec\u00eda que eran los bienes de Dios y los bienes de los pobres; y de los cuales nosotros no \u00e9ramos m\u00e1s que meros distribuidores, y no se\u00f1ores; y por eso mismo, habr\u00eda que rendir una cuenta exacta delante de Dios, igual que de todo lo dem\u00e1s. Que s\u00f3lo hab\u00eda que usar lo necesario, y nunca m\u00e1s que eso.<\/p>\n<p>M\u00e1s de una vez se vio en el campo sin dinero; y al verse necesitado de comida, se sent\u00eda contento por ir a la casa de alg\u00fan pobre labrador a pedir un pedazo de pan por amor de Dios: esto le sucedi\u00f3 precisamente, cuando volv\u00eda, cierta vez, en ayunas muy tarde, desde SaintGermain a Par\u00eds.<\/p>\n<p>Su amor a la pobreza le mov\u00eda a practicar esa virtud incluso en los ornamentos de la Iglesia de San L\u00e1zaro. Quer\u00eda que vieran en ellos la santa pobreza, pues los mand\u00f3 hacer de camelote sencillo, tanto para el uso ordinario de los Sacerdotes de su Comunidad, como para decorar los altares, con excepci\u00f3n de las Fiestas Solemnes. Una vez se disgust\u00f3, de que los carpinteros de la casa hubieran hecho una peque\u00f1a balaustrada para separar una capilla de la Iglesia de San L\u00e1zaro de la nave central, porque ten\u00eda demasiados adornos. Y por eso raz\u00f3n, no permiti\u00f3, durante varios a\u00f1os, que se colocara la balaustrada en su sitio, y, al final, lo permiti\u00f3 por pura necesidad.<\/p>\n<p>Sin embargo, eso no imped\u00eda que fuera generoso y, en cierto modo, santamente pr\u00f3digo, cuando se trataba de hacer alguna cosa para la gloria de Dios o para la salvaci\u00f3n de las almas; porque entonces no escatimaba nada, y el dinero era para \u00e9l como basura, y hasta no pon\u00eda ninguna dificultad para endeudarse notablemente, cuando era necesario para los intereses del servicio de Dios, o para el bien espiritual del pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>Su coraz\u00f3n estaba repleto del amor a esta virtud de la pobreza, cuyo valor y excelencia conoc\u00eda. Trataba tambi\u00e9n de llevar a los suyos hacia ella, y de inspirar ese mismo esp\u00edritu en toda su Compa\u00f1\u00eda. Hablando cierta vez sobre eso a los de su Comunidad, les dijo: \u00a0<em>\u00abDeben saber, se\u00f1ores, que esta virtud de la pobreza es el fundamento de esta Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Esta lengua que les habla, gracias a Dios, no ha pedido nunca ninguna de las cosas que posee ahora la Compa\u00f1\u00eda, y aunque no fuera necesario m\u00e1s que dar un paso o pronunciar una palabra para hacer que la Compa\u00f1\u00eda quedara establecida en todas las Provincias y grandes ciudades, y se multiplicase en n\u00famero y tareas considerables, yo no quisiera pronunciar esa palabra, y espero que Nuestro Se\u00f1or me dar\u00eda la gracia de no pronunciarla. Esta es la disposici\u00f3n en que estoy, dejando que act\u00fae siempre la Providencia de Dios \u00ab.<\/em><\/p>\n<p>Al manifestar una vez el temor que ten\u00eda de que el amor a la pobreza no fuera cualquier d\u00eda a disminuir entre los suyos, les dijo: <em>\u00ab\u00a1Ah! \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 de esta Compa\u00f1\u00eda, si el apego a los bienes del mundo se mete en ella? \u00bfEn qu\u00e9 se convertir\u00e1, si da entrada a la codicia de las riquezas, que el Ap\u00f3stol dice ser la ra\u00edz de todos los males? Algunos grandes Santos han dicho que la pobreza es el nudo de las Religiones. Nosotros, ciertamente, no somos religiosos, porque no ha parecido que lo fu\u00e9ramos, y tampoco somos dignos de serlo, aunque vivimos en com\u00fan; pero no es menos verdad, y lo podemos tambi\u00e9n decir, que la pobreza es el nudo de las Comunidades, y particularmente de la nuestra: es el nudo que, desat\u00e1ndola de todas las cosas de la tierra, la ata perfectamente a Dios. \u00a1Oh Salvador! \u00a1Danos esta virtud, que nos ate inseparablemente a tu servicio, de forma que no queramos y no busquemos nada m\u00e1s que a Ti solo y a tu pura gloria!\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y en otra ocasi\u00f3n, movido interiormente por ese gran amor que ten\u00eda a la pobreza y al deseo de transmitir ese mismo esp\u00edritu a la Congregaci\u00f3n, increp\u00f3 fuertemente al esp\u00edritu contrario, hasta lanzar su maldici\u00f3n por tres veces a los de su Compa\u00f1\u00eda, que se dejaran llevar por los sentimientos del propio inter\u00e9s y el deseo de amontonar riquezas, dici\u00e9ndoles: \u00ab<em>Malhaya, malhaya, se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, s\u00ed, malhaya el Misionero, que quiera apegarse a los bienes perecederos de esta vida!, porque se ver\u00e1 apresado por ellos, clavado por esas espinas y atado por sus ligaduras; y si esta desgracia cayera sobre toda la Compa\u00f1\u00eda, \u00bfqu\u00e9 es lo que se dir\u00eda de ella y c\u00f3mo se vivir\u00eda en ella? Se dir\u00eda: Tenemos tantos miles de renta; podemos estar tranquilos; \u00bfpor qu\u00e9 ir a corretear por las aldeas? \u00bfpor qu\u00e9 trabajar tanto? Dejemos a esos pobres campesinos; que cuiden de ellos sus p\u00e1rrocos, si quieren; vivamos tranquilamente, sin tantas preocupaciones. De esta forma, la ociosidad vendr\u00e1 tras el esp\u00edritu de avaricia; s\u00f3lo se pensar\u00e1 en conservar y aumentar los bienes temporales y en buscar las propias satisfacciones, y entonces habr\u00e1 que decir adi\u00f3s a todas las actividades y a la misma Misi\u00f3n, pues dejar\u00e1 de existir. No hay m\u00e1s que repasar la historia para ver una infinidad de ejemplos de c\u00f3mo las riquezas y la abundancia de bienes temporales han causado la p\u00e9rdida, no s\u00f3lo de muchas personas eclesi\u00e1sticas, sino tambi\u00e9n de Comunidades y de Ordenes enteras, por no haber sido fieles a su primer esp\u00edritu de pobreza\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Uno de sus Sacerdotes le presentaba un d\u00eda la pobreza de su casa. El le pregunt\u00f3: <em>\u00ab\u00bfQu\u00e9 hace usted, se\u00f1or, cuando le falta algo de lo necesario para la Comunidad? \u00bfRecurre a Dios? \u2014\u00bbS\u00ed, a veces<\/em>\u00ab, respondi\u00f3 el Sacerdote<em>. \u2014\u00bbBien\u00bb \u2014<\/em>le replic\u00f3<em>\u2014 \u00abEso es lo que hace la pobreza: nos hace pensar en Dios y elevar a El a nuestro coraz\u00f3n, mientras que si estuvi\u00e9ramos bien provistos, quiz\u00e1 nos olvidar\u00edamos de Dios. Por eso, siento una gran alegr\u00eda, al ver que la pobreza voluntaria y real se practica en todas nuestras casas. Debajo de esa pobreza hay oculta una gracia que no conocemos\u00bb. \u2014\u00bbPero\u00bb \u2014<\/em>le replic\u00f3 el Sacerdote<em>\u2014 \u00ab\u00bfatiende usted a los dem\u00e1s pobres y no piensa en los suyos?\u00bb \u2014\u00bbLe ruego a Dios\u00bb \u2014<\/em>le dijo el Sr. Vicente<em>\u2014 \u00abque le perdone esas palabras. Me doy cuenta de que las ha dicho sin pensar; sepa usted que nunca seremos tan ricos como cuando nos parezcamos a Jesucristo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>A un Sacerdote Misionero, que hab\u00eda aceptado unos bienes que hab\u00edan sido dados a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n por un eclesi\u00e1stico de singular piedad para hacer una nueva fundaci\u00f3n, el Sr. Vicente le escribi\u00f3 en estos t\u00e9rminos: \u00ab<em>Esos favores son unas gracias tanto m\u00e1s grandes, cuanto que eran menos esperadas, y que no las hemos merecido. Usted ha obrado seg\u00fan el benepl\u00e1cito de Dios, y seg\u00fan nuestra norma de dejar obrar a la Providencia de Dios, sin contribuir a ello con ninguna otra cosa que su sola conformidad. Es as\u00ed como se han fundado todas nuestras casas, y lo que la compa\u00f1\u00eda debe observar inviolablemente\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Escribiendo un d\u00eda sobre esa misma cuesti\u00f3n al Superior de una de sus casas le dijo: <em>\u00abLa propuesta que me hace de hacer averiguaciones sobre el Priorato que me indica, es contraria a la norma y al uso existente entre nosotros de no andar buscando ning\u00fan bien temporal, ni fundaci\u00f3n directa ni indirectamente. S\u00f3lo la Providencia nos ha llamado a todos esos sitios que poseemos por las personas que ten\u00edan derecho a hacerlo; y si la Compa\u00f1\u00eda me cree, se conservar\u00e1 inviolablemente en esta discreci\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Otro de sus Sacerdotes le escribi\u00f3 para saber si deb\u00eda aceptar dos beneficios que le ofrec\u00edan en su tierra, con la intenci\u00f3n de hacerlos pasar a poder de la Compa\u00f1\u00eda. El se lo agradeci\u00f3 en estos t\u00e9rminos: <em>\u00abSe lo agradezco tanto m\u00e1s, cuanto que su intenci\u00f3n no es otra, sino la de hacer que, por ese medio, Dios sea honrado y el pueblo asistido. Esos son los efectos de su celo, que Dios no dejar\u00e1 sin recompensa. Pero le dir\u00e9 como respuesta, se\u00f1or, que nosotros no debemos desear otros bienes, ni otras actividades para la Compa\u00f1\u00eda, que los que quiera darles Dios por s\u00ed mismo sin nosotros; quiero decir, sin que nosotros vayamos por delante. Y le ruego que se atenga a esto\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Pero su perfecto desprendimiento de los bienes de este mundo nunca se manifest\u00f3 mejor que cuando, habiendo sido llamado por la Reina Regente al Consejo de Asuntos Eclesi\u00e1sticos, donde \u00e9l tomaba parte en la concesi\u00f3n de todos los Beneficios de Francia que estaban a nombre del Rey, nunca pidi\u00f3 ni propuso ninguno para su Compa\u00f1\u00eda, ni para sus parientes m\u00e1s pr\u00f3ximos, aunque fueran pobres, ni para sus amigos en cuanto tales. Al contrario, sabemos que algunos hab\u00edan solicitado presentar a alguno de sus parientes y procurarle alg\u00fan beneficio; \u00e9l no quiso hacer nada, y prefiri\u00f3 que fueran labradores, y que ganasen su vida con el sudor de su cuerpo, y no por falta de afecto, sino por un desinter\u00e9s, tanto m\u00e1s admirable, cuanto que se encuentran muy pocos de \u00e9sos, y, casi ning\u00fan ejemplo, en la actualidad, entre los hombres. Era generoso y servicial con los dem\u00e1s, pero con los suyos, muy moderado y reservado, hasta el punto de que sus mejores amigos estaban extra\u00f1ados. Tambi\u00e9n le oyeron decir, que, cuando fue llamado al cargo de la Corte arriba indicado, hizo ante Dios una firme resoluci\u00f3n de no servirse nunca del poder, ni de las ocasiones que dicho cargo le pudiera ofrecer para favorecer a ninguno de los suyos, ni para provecho de su Congregaci\u00f3n. Y esto lo llev\u00f3 a la pr\u00e1ctica tan perfectamente y lo realiz\u00f3 tan fielmente, que es cierto que su Congregaci\u00f3n ha perdido m\u00e1s que ganado seg\u00fan el mundo.<\/p>\n<p>Uno de los principales Magistrados de este Reino, hombre de gran autoridad, hab\u00eda pedido una abad\u00eda al Rey, cuando el Sr. Vicente estaba empleado en el Consejo de Asuntos Eclesi\u00e1sticos, para uno de sus hijos, que carec\u00eda de las cualidades requeridas, y le comunic\u00f3 por medio de un Sacerdote de su Congregaci\u00f3n que le rogaba hiciera que le concedieran aquella abad\u00eda, y le promet\u00eda actuar de tal modo, sin que fuera necesario que ninguno de los suyos se mezclara en ello, que la casa de San L\u00e1zaro volver\u00eda a hacerse con la posesi\u00f3n de jugosos derechos y rentas, que le hab\u00edan sido enajenados y perdidos, y que conoc\u00eda bien los medios para hacerse con ellos. Que, por lo dem\u00e1s, el Sr. Vicente no deb\u00eda perder la ocasi\u00f3n de mejorar su Compa\u00f1\u00eda, mientras gozaba de favor, ya que se le presentaba ocasi\u00f3n para ello, y que otras Comunidades, que nombr\u00f3, usaban de esos medios. Cuando le comu nicaron esto al Sr. Vicente, dijo: Por todas las riquezas de la tierra no har\u00e9 nunca na da contra Dios, ni contra mi conciencia. La Compa\u00f1\u00eda no perecer\u00e1 por la pobreza, antes al contrario, si falta la pobreza, temo que vaya a perecer.<\/p>\n<p>Y no solamente el Sr. Vicente no pidi\u00f3 nada para su Congregaci\u00f3n, ni tampoco para sus parientes y amigos, sino que, cuando quisieron quitar a su Compa\u00f1\u00eda lo que era suyo propio, se port\u00f3 con tal indiferencia ante el suceso, que hasta varios jueces se quedaron extra\u00f1ados, y no pod\u00edan menos de decir que el Sr. Vicente era un hombre de otro mundo, ya que estaba tan poco apegado a las cosas de aqu\u00ed. En efecto, cuando tuvo problemas sobre la posesi\u00f3n del Priorato de San L\u00e1zaro, estuvo dudando, si no ser\u00eda mejor abandonarlo a una Comunidad que se lo quer\u00eda quitar, o defender sus derechos en un pleito. Pero, despu\u00e9s de aconsejarse de un gran Siervo de Dios, que le dijo que en aquel asunto se trataba del servicio de Dios, m\u00e1s que de un inter\u00e9s particular, y que, por consiguiente, deb\u00eda defenderlo y no abandonarlo, se decidi\u00f3 a pleitear en atenci\u00f3n a aquel consejo; pero siempre estuvo tan dispuesto en su interior a abandonar esta posesi\u00f3n, como a retenerla, si la Justicia se lo hubiera ordenado as\u00ed.<\/p>\n<p>Actu\u00f3 de igual forma, cuando su Compa\u00f1\u00eda fue inquietada a prop\u00f3sito de la casa del Esp\u00edritu Santo de la ciudad de Toul. Estuvo varias veces a punto de abandonarlo todo, y de llamar a los Misioneros all\u00ed residentes. Y lo hubiera ejecutado, si una persona de virtud y de confianza no le hubiera disuadido, pues crey\u00f3 que deb\u00eda hacer m\u00e1s caso a los consejos de ella, que a sus propias convicciones.<\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n se resolvi\u00f3, efectivamente, a llamar a los Misioneros instalados en cierta di\u00f3cesis, y orden\u00f3 al Superior de qu\u00e9 modo deb\u00edan actuar al abandonar aquella casa.<\/p>\n<p><em>\u00abDespu\u00e9s de haber rendido cuentas \u2014<\/em>le dijo<em>\u2014 a los Sres. Vicarios Generales, y entregado el inventario de las cosas que han recibido, y que ustedes las pondr\u00e1n en sus manos, se despedir\u00e1n atentamente sin decir ninguna palabra en son de queja, ni tampoco dar muestras de contento por salir de aquel sitio; y pedir\u00e1n a Dios que bendiga la ciudad y toda la di\u00f3cesis. Sobre todo, le ruego que no digan nada desde el p\u00falpito, ni en otros sitios, que deje traslucir alg\u00fan descontento. Reciban la bendici\u00f3n de esos Se\u00f1ores, y procuren tomarla en nombre de toda la peque\u00f1a Familia, y la pedir\u00e1n, al mismo tiempo, por m\u00ed, que deseo prosternarme en esp\u00edritu con ustedes a sus pies\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Aunque el Sr. Vicente hab\u00eda tomado aquella resoluci\u00f3n, Dios no permiti\u00f3 que tuviera efecto, porque las circunstancias cambiaron de aspecto, tanto que la fundaci\u00f3n ha permanecido.<\/p>\n<p>Si \u00e9l estaba tan despegado de las fundaciones de las casas de su Congregaci\u00f3n, no lo estaba menos de las Hijas de la Caridad, de cuya Compa\u00f1\u00eda era Fundador. El envi\u00f3 a esas Hermanas a las ciudades, pueblos y aldeas, de donde las hab\u00edan pedido para que sirvieran a los enfermos de las parroquias y de los Hospitales, a\u00fan con esta condici\u00f3n: que les estaba permitido despedirlas, cuando les pareciera; esto s\u00ed que es un modo de obrar muy desinteresado, y casi sin ejemplo. Y sobre esta cuesti\u00f3n, como le informaran que los Administradores del Hospital de la ciudad de Nantes quer\u00edan despedir a las Hijas de la Caridad que serv\u00edan all\u00ed a los enfermos, para poner en su lugar a unas Religiosas Hospitalarias, les escribi\u00f3 inmediatamente, que hab\u00eda o\u00eddo hablar muy bien de esas Religiosas Hospitalarias y que si \u00e9se era su plan, el de instalarlas en Nantes, y, para ello, despedir a las Hijas de la Caridad, les rogaba muy humildemente que procedieran sin ninguna dificultad. Luego de escrita esta carta, la envi\u00f3 a la Se\u00f1orita Le Gras, Superiora de las buenas Hijas de la Caridad, para hac\u00e9rselo saber; y le escribi\u00f3 que era preciso actuar de aquella manera, y no tener pena alguna por aquella expulsi\u00f3n: <em>\u00abPorque as\u00ed es \u2014<\/em>dec\u00eda\u2014<em> como actuar\u00eda Nuestro Se\u00f1or, si todav\u00eda estuviera viviendo en la tierra. El esp\u00edritu del Cristianismo quiere que entremos en los sentimientos del pr\u00f3jimo, y Dios sacar\u00e1 gloria de ese cambio, si Le dejamos hacer\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Dijo, adem\u00e1s, al que llev\u00f3 esta carta y estas palabras a la buena Se\u00f1orita, que un d\u00eda una de las dos Hijas de la Caridad que serv\u00edan a los enfermos pobres en una de las principales parroquias de Par\u00eds, cuyo nombre dijo, se cas\u00f3 con el consentimiento del p\u00e1rroco, pues ella le prometi\u00f3 que continuar\u00eda sirviendo a los enfermos cuando estuviera casada, tal como lo hab\u00eda hecho siendo soltera; y, sin otra formalidad, el Sr. P\u00e1rroco envi\u00f3 a la otra Hermana a la Se\u00f1orita le Gras. El Sr. Vicente le dijo entonces a la Se\u00f1orita, a prop\u00f3sito de aquel hecho, que no hab\u00eda por qu\u00e9 quejarse, sino adorar a Dios y bendecirlo por su forma de actuar, asegur\u00e1ndole que todo ir\u00eda bien. Y, en efecto, la reci\u00e9n casada, al no hallar en su matrimonio la gracia de su primera vocaci\u00f3n, dej\u00f3 pronto de atender y de servir a los enfermos; y entonces el Sr. P\u00e1rroco se vio obligado a acudir al Sr. Vicente para pedirle otras dos Hijas de la Caridad. Se las concedi\u00f3, y dijo a continuaci\u00f3n estas hermosas palabras: \u00a1Oh! \u00a1Qui\u00e9n pudiera cambiar as\u00ed tan f\u00e1cilmente de decisi\u00f3n! \u00a1Cu\u00e1ntas cosas no har\u00eda! Porque cuanto m\u00e1s disponibles nos halle la Providencia de Dios para sus deseos, las cosas resultar\u00e1n para su mayor gloria, que es lo que debemos pretender \u00fanicamente.<\/p>\n<p>Pero el desprendimiento de los bienes externos y el amor que el Sr. Vicente ten\u00eda por la pobreza se manifest\u00f3 todav\u00eda de una manera m\u00e1s sorprendente con ocasi\u00f3n de la p\u00e9rdida de un pleito sobre una finca, que hab\u00eda sido donada a la Comunidad de San L\u00e1zaro, con la carga de una renta vitalicia, y que \u00e9l \u00fanicamente la hab\u00eda aceptado por contentar a un Bienhechor de la Compa\u00f1\u00eda, pues le hab\u00eda rogado y urgido insistentemente de parte de los posesores. Sucedi\u00f3, despu\u00e9s de muchos anticipos y mejoras realizadas en dicha finca, que la Comunidad de San L\u00e1zaro fue despojada de su posesi\u00f3n, sin que se ordenara ning\u00fan reembolso de todo lo que la Comunidad hab\u00eda desembolsado para poner la finca a punto. Con la sentencia la Comunidad sufri\u00f3 un perjuicio muy grande, y una p\u00e9rdida por valor de casi cincuenta mil libras. El Sr. Vicente, al anunciar la p\u00e9rdida a los de su Comunidad, e informarles que, inmediatamente despu\u00e9s de pronunciarse el fallo, uno de los jueces hab\u00eda venido a verle para persuadirle a que interpusiera un requerimiento civil, dijo a este respecto: <em>\u00ab\u00a1Oh Dios m\u00edo! \u00a1No lo haremos! \u00a1T\u00fa mismo, Se\u00f1or, has pronunciado la sentencia! Ser\u00e1, si Te place, irrevocable, y para no diferir la ejecuci\u00f3n, hacemos desde ahora un sacrificio de esos bienes a tu Divina Majestad. Y les ruego, se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, acompa\u00f1\u00e9moslo con un sacrificio de alabanza: bendigamos al Soberano Juez de vivos y muertos por habernos visitado en el d\u00eda de la tribulaci\u00f3n. D\u00e9mosle infinitas gracias, por haber apartado no solamente nuestro afecto de los bienes de la tierra, sino tambi\u00e9n, porque efectivamente, nos ha despojado de los que ten\u00edamos, y porque nos ha hecho la gracia amar ese expolio. Quiero creer que estamos todos alegres por la privaci\u00f3n de algo temporal: porque, ya que Nuestro Se\u00f1or dijo en la apocalipsis: Ego quos amo castigo.\u00bfEs que no tenemos que amar los castigos como se\u00f1ales de su amor? Pero no basta con amarlos; hay que alegrarse de ellos. \u00a1Oh Dios m\u00edo! \u00bfQui\u00e9n nos har\u00e1 esta gracia? T\u00fa eres la fuente de toda alegr\u00eda, y fuera de Ti no la hay verdadera: por eso Te la pedimos a Ti. S\u00ed, se\u00f1ores, alegr\u00e9monos, porque parece que Dios nos ha hallado dignos de sufrir. Pero, \u00bfc\u00f3mo puede uno alegrarse de los sufrimientos, al ver que naturalmente nos desagradan, y que se huye de ellos? Es lo mismo que pasa con los remedios: sabemos muy bien que las medicinas son amargas, y que las m\u00e1s dulces hacen botar al coraz\u00f3n, a\u00fan antes de que las tomes. Con todo, no dejamos de tomarlas con alegr\u00eda, y \u00bfpor qu\u00e9? Porque amamos la salud que esperamos conservar y recobrar con las purgas. Igualmente, las tribulaciones que, de por s\u00ed, son desagradables, contribuyen, sin embargo, al buen estado del alma y de una Compa\u00f1\u00eda. Por medio de ellas Dios nos purifica, como el oro por el fuego. Nuestro Se\u00f1or en el Huerto de los Olivos no sent\u00eda m\u00e1s que angustias, y en la cruz s\u00f3lo dolores, que llegaron a ser tan excesivos, que parec\u00eda que en el abandono en el que se hallaba de todo socorro humano, estaba tambi\u00e9n abandonado de su Padre. Mas en los terrores de la muerte y en los sufrimientos de la Pasi\u00f3n, El se alegra por hacer la voluntad de su Padre: ella es su alimento y sus delicias. Hermanos m\u00edos, \u00e9sa debe ser tambi\u00e9n nuestra alegr\u00eda: ver cumplir en nosotros su Voluntad, por las humillaciones, las p\u00e9rdidas y las penas que nos ocurren: As picientes \u2014dice San Pablo\u2014 in auctorem fidei et consummatorem Jesum, qui proposito sibi gaudio, sustinuit crucem, confusione contempta.Los primeros cristianos viv\u00edan esos sentimientos, seg\u00fan el testimonio del mismo Ap\u00f3stol: Rapinam bonorum vestrorum cum gaudio suscepistis. \u00bfPor qu\u00e9 no nos alegramos con ellos hoy por la p\u00e9rdida de nuestros bienes? \u00a1Ah Hermanos m\u00edos! Dios se alegra mucho al vernos aqu\u00ed reunidos para eso y para excitarnos a este gozo. Por una parte, hemos sido un espect\u00e1culo para el mundo por el oprobio y la verg\u00fcenza de esta sentencia que, al parecer, nos proclama como injustos detentadores de los bienes del pr\u00f3jimo: Spectaculum facti sumus mundo et Angelis et homini bus. Opprobriis et tribulationibus spectaculum facti. M\u00e1s por otra parte, Omne gaudium existimate, fratres mei, cum in tentationes varias incideritis.Crean, Hermanos m\u00edos, que les ha llegado toda la alegr\u00eda, cuando se vean en varias tentaciones y tribulaciones\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abAs\u00ed pues, creemos que hemos ganado mucho con esta p\u00e9rdida, pues Dios nos ha quitado con esta finca la satisfacci\u00f3n que ten\u00edamos de poseerla, y la que habr\u00edamos tenido de poder ir all\u00ed de vez en cuando; y ese deleite, por ser conforme a los sentidos, habr\u00eda sido como un dulce veneno que mata, como un cuchillo que hiere, como un fuego que quema y destruye. Y ya estamos libres de este peligro, por la misericordia de Dios; al estar m\u00e1s expuestos a las necesidades temporales, su divina Bondad nos quiere tambi\u00e9n elevar a una mayor confianza en su Providencia, y obligarnos a abandonar en ella todas nuestras preocupaciones por las necesidades de esta vida, lo mismo que por las gracias de la salvaci\u00f3n. \u00a1Ojal\u00e1 recompense Dios esta p\u00e9rdida temporal con un aumento de confianza en su Providencia, de abandono en sus manos, de un mayor despego de las cosas de la tierra y de renuncia a nosotros mismos! \u00a1Oh Dios m\u00edo! \u00a1Qu\u00e9 felices ser\u00edamos entonces! Me atrevo a esperar de su Bondad paternal, que todo lo hace por nuestro bien, que nos conceder\u00e1 esta gracia\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00ab\u00bfCu\u00e1les son los frutos que hemos de sacar de esto? El primero, ofrecer a Dios todo lo que nos queda de bienes temporales y consuelos, tanto corporales como espirituales; ofrecernos a El en general y en particular, con toda sinceridad, para que El disponga absolutamente de nuestras personas y de lo que tenemos, seg\u00fan su Sant\u00edsima Voluntad; de forma que siempre estemos preparados a dejarlo todo para abrazar las molestias, las ignominias y las tribulaciones que nos vengan, y, por este medio, seguir a Jesucristo en su pobreza, en su humildad y en su paciencia\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEl segundo es no pleitear nunca, aunque tengamos alg\u00fan derecho a nuestro favor, o, si nos vemos obligados a ello, que sea solamente despu\u00e9s de haber intentado todos los caminos imaginables para ponernos de acuerdo, a no ser que el buen derecho sea totalmente claro y evidente; pues, el que se f\u00eda del juicio de los hombres, muchas veces queda enga\u00f1ado. Practicaremos el consejo de Nuestro Se\u00f1or, que dice: Si te quieren quitar el manto, dales tambi\u00e9n la t\u00fanica.\u00a1Que Dios le conceda a la Compa\u00f1\u00eda la gracia de aceptar esta pr\u00e1ctica! Hemos de esperar que, si es fiel en adoptarla y firme para no apartarse nunca de ella, su divina Bondad la bendecir\u00e1 y, si por un lado le quita, le dar\u00e1 m\u00e1s cosas por otro\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Muchas personas de gran piedad y muy experimentadas en los negocios, de quienes se hab\u00eda asesorado el Sr. Vicente cuando se trat\u00f3 de esta finca, y a\u00fan m\u00e1s adelante durante la discusi\u00f3n previa al litigio para no hacer mal a prop\u00f3sito, viendo que el resultado hab\u00eda sido tan contrario, le apremiaron fuertemente que interpusiera un Requerimiento Civil, asegur\u00e1ndole que el juicio s\u00f3lo podr\u00eda serle favorable. Pero no pudieron obligarle a hacer otra cosa, que consultar solamente en secreto a un famoso abogado de la Corte, que estaba presente en el informe y en la discusi\u00f3n del proceso. Despu\u00e9s de consultarle, escribi\u00f3 la siguiente carta al difunto Sr. des Bordes, auditor en la C\u00e1mara de Cuentas de Par\u00eds, antiguo amigo de la Compa\u00f1\u00eda, hombre muy honesto y muy inteligente, que quer\u00eda tambi\u00e9n comprometer al Sr. Vicente en el Requerimiento Civil. Esta carta es del 22 de diciembre de 1658. <em>\u00abSe\u00f1or: Hemos enviado al Sr. N. nuestros documentos. Me escribe que los ha estudiado puntualmente, y que cree que estamos bien fundamentados para emprender una reclamaci\u00f3n civil. Tambi\u00e9n \u00e9l quiere defender nuestra causa, y promete ganarla; y aunque le gusta el dinero, sin embargo, no quiere nada por este asunto. Y a\u00fan va m\u00e1s adelante, Se\u00f1or, y dice que si la perdi\u00e9ramos, nos compensar\u00eda de alguna manera la p\u00e9rdida\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPero no podemos decidirnos a emprender el recurso: <\/em><\/p>\n<p><em>1. Porque un gran n\u00famero de abogados, que hemos consultado conjunta y separadamente antes de que la sentencia nos hubiera despojado de la finca, nos hab\u00eda asegurado siempre que nuestro derecho era infalible, en particular los Sres. Deffita y Lhoste, que lo hab\u00edan examinado a fondo. El primero, porque deb\u00eda llevar la defensa en favor nuestro, si el proceso siguiera adelante; y el segundo, por haber trabajado en nuestras escrituras. Y ambos han dicho, igual que el Sr. N. que no hab\u00eda nada que temer. Y, sin embargo, la Corte nos ha despojado de la finca, como si fu\u00e9ramos los usurpadores. Tan diversas son las opiniones, y uno no puede fiarse del juicio de los hombres\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>2. Uno de nuestros actos en las misiones suele ser poner de acuerdo las desavenencias del pueblo, as\u00ed que es de temer que si la Compa\u00f1\u00eda se obstinara en 738 una nueva instancia por medio del Requerimiento Civil, que es el refugio de los m\u00e1s grandes pleitistas, Dios nos quitar\u00e1 la gracia de trabajar en los intentos de reconciliaci\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>3. Ser\u00eda un gran esc\u00e1ndalo que, despu\u00e9s de una sentencia tan solemne, volvi\u00e9ramos a pleitear para anularla. Nos echar\u00edan en cara el excesivo apego a las riquezas, que es el reproche que suele hacerse a los eclesi\u00e1sticos. Y nosotros, al dar que hablar tanto en Palacio, les causar\u00edamos da\u00f1o a las dem\u00e1s Comunidades y ser\u00edamos la causa de que nuestros amigos quedaran escandalizados por nosotros\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abFinalmente, Se\u00f1or, para decirle todo, me da mucha pena por las razones que usted puede pensar, ir contra el Consejo de Nuestro Se\u00f1or, que no quiere que los que han empezado a seguirle pleiteen. Y si nosotros ya lo hemos hecho, ha sido porque en conciencia no pod\u00edamos abandonar unos bienes tan leg\u00edtimamente adquiridos, y unos bienes de la Comunidad, de los que yo s\u00f3lo era el administrador, sin hacer todo lo posible para conservarlos. Pero ahora que Dios me ha descargado de esa obligaci\u00f3n por una sentencia soberana, que ha hecho in\u00fatiles mis desvelos, pienso, Se\u00f1or, que debemos dejar la cosa como est\u00e1\u00bb. \u00abLe suplico muy humildemente, Se\u00f1or, a usted, que tiene un alma rebosante de m\u00e1ximas cristianas, que considere todas estas razones, y nos permita atenernos a ellas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>He ah\u00ed c\u00f3mo este verdadero Siervo de Dios mostr\u00f3 su desprendimiento total de los bienes de este mundo, abrazando generosamente una p\u00e9rdida tan grande, y usando sus razonamientos para que su Compa\u00f1\u00eda consintiera en ello, as\u00ed como sus amigos, aunque, realmente, \u00e9l estuviera muy seguro que hubiera podido recobrar los bienes perdidos con dejar actuar al abogado, que le dio toda clase de seguridades, y que estaba tan persuadido de que estaba bien fundado para interponer el Requerimiento Civil, que se ofreci\u00f3 a llevarlo \u00e9l solo adelante, a defenderlo, y a pagar todas las costas, y que tambi\u00e9n quiso dar seguridades para pagar no solamente los gastos del juicio, sino tambi\u00e9n a devolver el valor de la finca en cuesti\u00f3n en favor de la casa de San L\u00e1zaro. Y se puede afirmar que dicha oferta era tal, que no hab\u00eda nadie, salvo el Sr. Vicente, que fuera capaz de rechazarla; y sol\u00eda afirmar, como explicaci\u00f3n de ese rechazo, que estaba persuadido de que los jueces que hab\u00edan dado la sentencia eran gente de bien, y que, si hab\u00edan juzgado injustamente, deb\u00eda pensar que la Providencia de Dios lo hab\u00eda ordenado as\u00ed, y que \u00e9l no pod\u00eda hacer m\u00e1s que conformarse con sus \u00f3rdenes.<\/p>\n<p>El Procurador en el Parlamento, encargado en los asuntos de San L\u00e1zaro, al morir dej\u00f3 por escrito la admiraci\u00f3n que le caus\u00f3 tal desinter\u00e9s; y a\u00f1adi\u00f3 que hab\u00eda tambi\u00e9n admirado la actuaci\u00f3n del Sr. Vicente en todos los dem\u00e1s asuntos relacionados con su profesi\u00f3n, y de los cuales hab\u00eda tenido conocimiento; y que este Santo Var\u00f3n nunca hab\u00eda emprendido con calor ni prisa, sea en su nombre, como Superior, sea en el de su Comunidad, al pedir o al defender cualquier evidencia que hubiera en su derecho, y cualquier apariencia de injusticia que hubiera en las pretensiones de otros; y que, al contrario, en cualquier ventaja que se viera frente a las partes por sentencia o fallo, estaba siempre preparado y dispuesto para llegar a un arreglo; que se acordaba, que en diversos casos hab\u00eda hecho retrasar la ejecuci\u00f3n de varias sentencias, que conllevaban una condena de cantidades considerables, dando como raz\u00f3n, que se hubiera llevado un gran disgusto si, ejecut\u00e1ndolas, hubiera causado la ruina de alguna familia; y que, en efecto, por haber diferido largo tiempo la ejecuci\u00f3n por miedo a molestar notablemente a los que hab\u00edan sido condenados, aquellas sentencias resultaron finalmente in\u00fatiles.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Perfecto desprendimiento de los bienes de esta vida y amor a la pobreza \u00a1Oh \u00abQuam magnum est contemnere divitias, sed quam rarum hoc ipsum est!\u00bb Ambros. 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