{"id":39122,"date":"2011-06-27T02:55:29","date_gmt":"2011-06-27T00:55:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/06\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-17\/"},"modified":"2016-07-26T17:24:45","modified_gmt":"2016-07-26T15:24:45","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-17","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-17\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 17"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_28831\" style=\"width: 208px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/01\/abelly.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-28831\" class=\"size-medium wp-image-28831\" title=\"Luis Abelly\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/01\/abelly-198x300.jpg?resize=198%2C300\" alt=\"Luis Abelly\" width=\"198\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-28831\" class=\"wp-caption-text\">Luis Abelly<\/p><\/div>\n<p><strong>Justicia y gratitud<\/strong><\/p>\n<p>No tomamos aqu\u00ed la palabra justicia en el sentido de las Sagradas Escrituras, pues la usan a veces para significar la gracia, que justifica y santifica las almas, o el estado de justicia y de santidad. La entenderemos aqu\u00ed como una virtud particular, y una de las m\u00e1s excelentes entre las morales, la cual, como ense\u00f1aba San Ambrosio, da a cada uno lo que le pertenece, y no solamente no se atribuye los bienes ajenos, sino que, incluso, abandona sus intereses m\u00e1s leg\u00edtimos, cuando la equidad com\u00fan lo requiere para conservar los de su pr\u00f3jimo. Y es en este sentido como podemos decir verdaderamente que el Sr. Vicente ha pose\u00eddo esta virtud en un grado excelent\u00edsimo y que ha sabido llevarla perfectamente a la pr\u00e1ctica en todas las ocasiones que se le han presentado.<\/p>\n<p>Ten\u00eda a menudo en el pensamiento y en la boca esta palabra de Jesucristo: Dad a Dios lo que es de Dios y al C\u00e9sar lo que es del C\u00e9sar. Y seg\u00fan esta regla divina ha ofrendado cuidadosamente a Dios todas las obligaciones de Religi\u00f3n, a las que estaba obligado en calidad de hombre racional, de cristiano, de sacerdote y de misionero. Ha prestado veros\u00edmilmente a su pr\u00f3jimo en general y, a cada uno en particular, seg\u00fan su rango y su condici\u00f3n, todo lo que la justicia pod\u00eda desear de \u00e9l, sin desviarse nunca, de alg\u00fan modo, del camino recto de esta virtud. Sobre este tema dec\u00eda frecuentemente a los suyos, en especial en las consultas que despachaba con ellos: Se\u00f1ores, que tengamos en cuenta los intereses del pr\u00f3jimo como los nuestros. Vayamos por el camino recto, obremos leal y equitativamente. Y ten\u00eda tal inter\u00e9s en cumplir con las menores obligaciones de la justicia, que cre\u00eda que las deb\u00eda preferir a todas las dem\u00e1s. Fue pensando de esa forma como, al escribirle a una persona de confianza, le dijo: <em>\u00abAcu\u00e9rdese especialmente de rezar por m\u00ed a Dios, porque, al verme ayer obligado, al mismo tiempo, a cumplir una promesa que tengo hecha, o realizar un acto de caridad a una persona, que nos puede hacer mucho bien o mucho mal, y al no poder satisfacer a uno y a otro, he dejado el acto de caridad por cumplir la promesa; por lo cual la susodicha persona ha quedado descontenta. Mas yo no estoy tan disgustado por ello, como de que yo, as\u00ed me parece, haya seguido demasiado mi inclinaci\u00f3n, realizando ese acto de justicia\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Se preocupaba mucho de que la Comunidad pagara pronto lo que deb\u00eda, y le disgustaba que los acreedores se vieran obligados a venir varias veces a solicitarlo. Y cuando esas personas se dirig\u00edan a \u00e9l, les rogaba que no se molestaran en venir otra vez, prometi\u00e9ndoles que les enviar\u00eda a su casa el dinero que les era debido. Le han visto tambi\u00e9n en varias ocasiones, que, cuando le llevaban letras de cambio que \u00e9l deb\u00eda pagar, se informaba del domicilio de las personas a quienes ten\u00eda que pagar, y, en cuanto se cumpl\u00eda el tiempo, enviaba expresamente a alguno de la casa a llevarles el dinero. Y cuando le dec\u00edan, que hab\u00eda que esperar a que ellos vinieran, o enviaran en busca de su dinero, sin molestarse en llev\u00e1rselo, manifestaba que no aprobaba tal procedimiento, creyendo que no era justo causarles la molestia de volver, para pedir una cosa que les era leg\u00edtimamente debida.<\/p>\n<p>Un d\u00eda el cochero, al recular su carroza, cerca de la puerta de SaintDenis, ech\u00f3 por el suelo algunos panes de la tienda del panadero, y de ellos uno o dos quedaron un poco manchados de barro. Inmediatamente el Sr. Vicente se mostr\u00f3 tan justo, que, temiendo que aquellos panes fueran vendidos a precio m\u00e1s barato, hizo que se pagaran al panadero al precio que quiso, y los hizo llevar a San L\u00e1zaro.<\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n, el mismo cochero, al recular dio contra una gran puerta cochera, que estaba cerrada por dentro con una vieja tranca de madera medio podrida, la cual se rompi\u00f3 muy f\u00e1cilmente. Entonces no viv\u00eda nadie en aquella casa, excepto un hombre para guardarla, y que pod\u00eda cerrar la puerta de otra manera. Pero el Sr. Vicente, por iniciativa propia, envi\u00f3 al Hermano que lo acompa\u00f1aba en busca del carpintero, para que hiciera una tranca del todo nueva; la pag\u00f3, y le cost\u00f3 tres o cuatro veces m\u00e1s de lo que val\u00eda la otra.<\/p>\n<p>Si cre\u00eda que hab\u00eda contristado a alguien con alguna palabra o con un acto, que consideraba no del todo justo, por su parte no quedaba sin la oportuna reparaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El Gobernador de una ciudad importante le rog\u00f3 un d\u00eda que le hiciera un buen favor en la Corte, y le asegur\u00f3 que apoyar\u00eda a los Misioneros de aquella ciudad contra varias personas influyentes que se opon\u00edan a su fundaci\u00f3n, y que contra ellos ejerc\u00edan presi\u00f3n en el Parlamento. El Sr. Vicente le respondi\u00f3 que, si pod\u00eda servirle, lo har\u00eda, pero le suplicaba que dejara el asunto de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n en manos de Dios y de la Justicia que juzgara del asunto, pues no deseaba estar en ning\u00fan sitio pendiente del favor ni de la autoridad de los hombres.<\/p>\n<p>En los pleitos algo importantes que su Compa\u00f1\u00eda se ve\u00eda obligada a tener, iba o enviaba, a veces, a los jueces, no tanto para recomendarles la causa de la Compa\u00f1\u00eda, como para rogarles que s\u00f3lo miraran por la justicia. Y se pod\u00eda decir muy bien de \u00e9l que era el impulsor justicia, y no el defensor de sus propios intereses. No iba ni a favor ni en contra de nadie, pero solicitaba igualmente en favor del demandante, que del defensor, porque no ped\u00eda otra cosa sino que se diera a cada uno lo que se viera que le pertenec\u00eda. Incluso le disgustaba mezclarse en estas materias. Un d\u00eda un Hermano de la casa de San L\u00e1zaro, encargado de los negocios, le indic\u00f3, con motivo de un pleito ya pendiente de ser juzgado, que ser\u00eda conveniente que fuera a ver a los jueces para recomendarles el derecho de la Compa\u00f1\u00eda. Mostr\u00f3 repugnancia ante aquello, diciendo que hab\u00eda que dejar hacer a la Providencia de Dios y a la Justicia, y que no cre\u00eda que las recomendaciones hicieran mucho, sobre todo, ante ciertas personas, y que, tambi\u00e9n \u00e9l, cuando estaba empleado en la provisi\u00f3n de los Beneficios, no ten\u00eda ninguna consideraci\u00f3n con las recomendaciones que le hac\u00edan, sino que miraba si la cosa que solicitaban era justa y para mejorar la gloria de Dios, y que en este caso la apoyaba sin preocuparse de las recomendaciones.<\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n dijo al mismo Hermano que hab\u00eda que tener como norma, cuando se consultara alg\u00fan asunto, alegar siempre todo lo que hac\u00eda a favor de la parte contraria, sin omitir nada, como si ella estuviera presente para aducir sus razones y defenderse; y que as\u00ed era como hab\u00eda que proceder en materia de consultas.<\/p>\n<p>Los Misioneros, que poseen algunos bienes en las Provincias, donde est\u00e1n establecidos, tienen mucho que sufrir de parte de los arrendatarios y de otras personas, que les son deudoras, pues como saben que los Misioneros no los van a tratar mal, abusan de su paciencia; y como est\u00e1n acostumbrados a los enredos del pa\u00eds, no se preocupan de pleitear ante los jueces naturales. Por eso, los Superiores de algunas de las casas de la Congregaci\u00f3n han solido molestar frecuentemente al Sr. Vicente, para que les obtuviera un Committimus, con el fin de intimidar a las personas, que no quieren darse a razones. Mas este Hombre de Dios les ha disuadido de semejante pensamiento, dici\u00e9ndoles que hicieran lo que pudieran. El tambi\u00e9n sent\u00eda que la casa de San L\u00e1zaro, que tiene sus causas confiadas al Tribunal Soberano de la Corte y al Tribunal del Parlamento, hiciera asignar a esos organismos a los que viv\u00edan lejos, particularmente si eran pobres, porque les costar\u00eda mucho venir a pleitear hasta Par\u00eds. \u00bf Ser\u00e1 justo \u2014dec\u00eda \u2014 hacer venir a esa pobre gente a pleitear tan lejos?<\/p>\n<p>Como \u00e9l era el Titular del se\u00f1or\u00edo de San L\u00e1zaro, donde tiene derecho a ejercer la Justicia alta y baja, ejerc\u00eda las causas gratis. Y para eso escog\u00eda hombres capaces y gente de bien, que no estaban interesados en el cargo, prefiri\u00e9ndolos a otros que pretend\u00edan esos cargos y que estaban muy recomendados. Tambi\u00e9n esta justicia la ha dejado muy bien administrada para gloria de Dios, y con contento y satisfacci\u00f3n de los s\u00fabditos.<\/p>\n<p>Uniremos aqu\u00ed la virtud de la gratitud a la justicia, ya que, seg\u00fan la Doctrina de Santo Tom\u00e1s, le es particularmente aneja, porque ser\u00eda faltar a uno de los m\u00e1s justos deberes del cristiano mostrarse ingrato desagradecido por los bienes recibidos, sea por lo que toca a Dios, primera y principal fuente de ellos, sea por lo que toca al pr\u00f3jimo, de quienes la Divina Bondad se sirve a veces como un canal para hacer fluir sobre nosotros diversas clases de bienes. El Sr. Vicente estaba tan alejado de ese vicio, que su coraz\u00f3n se sent\u00eda llevado por su inclinaci\u00f3n natural, y, a\u00fan m\u00e1s, por el movimiento de la gracia a la virtud de la gratitud y del reconocimiento tanto a Dios, como al pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>Dec\u00eda sobre esta cuesti\u00f3n, que no hab\u00eda nada que tuviera tanta eficacia para ganar el coraz\u00f3n de Dios, como ofrecerle un coraz\u00f3n agradecido por sus dones y por sus bienes, y con ese sentimiento, acostumbraba a dar gracia a Dios frecuentemente por todos los bienes, que su Bondad infinita comunica sin cesar a toda clase de criaturas, y que El ha comunicado desde el comienzo del mundo; como tambi\u00e9n de todas las obras buenas y actos de virtud que se han practicado por inspiraci\u00f3n de Su gracia; e invitaba a otros a hacer lo mismo. Y descendiendo m\u00e1s al detalle, invitaba con frecuencia a los suyos a dar a Dios muy frecuentemente acciones de gracias por la protecci\u00f3n y por el progreso que Dios daba a su Iglesia y a las principales partes de que estaba compuesta, sobre todo, a los Prelados, Pastores y otros Obreros eclesi\u00e1sticos, que trabajaban por su conservaci\u00f3n y su progreso. Ten\u00eda mucho cuidado en agradecer a Dios por todos los frutos que daban en la Iglesia las Compa\u00f1\u00edas y Congregaciones bien regladas. Y por lo que tocaba a la suya, no se podr\u00eda explicar con qu\u00e9 sentimientos de agradecimiento daba gracias a la Divina Bondad por tantas bendiciones como ella derramaba sobre cada una de las funciones a las que los suyos se dedicaban, como son: las Misiones, los Ejercicios de los Ordenandos, los Retiros, las Conferencias, los Seminarios y otros servicios parecidos que prestan a la Iglesia. Daba gracias tambi\u00e9n con frecuencia a la Bondad Divina por las asistencias que prestaba a los pobres, por la promoci\u00f3n de los buenos eclesi\u00e1sticos a los cargos y dignidades de la Iglesia, por los felices resultados que Dios daba a los buenos proyectos del Rey, por las victorias conseguidas, sea por Su Majestad, sea por los otros Pr\u00edncipes y Estados cristianos sobre los infieles, Herejes y Cism\u00e1ticos, y generalmente por todos los sucesos ventajosos para la gloria de Dios, y para el bien de la Religi\u00f3n cat\u00f3lica. Esos eran los motivos m\u00e1s habituales de sus acciones de gracias a Dios; que como le parec\u00edan demasiado peque\u00f1as, sol\u00eda invitar a todas las personas piadosas y a Comunidades enteras, y principalmente a la suya, a alabar y glorificar a Dios con \u00e9l, y a ofrecer sus sacrificios y oraciones por esa intenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Se le ha o\u00eddo a menudo decir que hab\u00eda que dedicar tanto tiempo en dar gracias a Dios por sus beneficios, como se ha dedicado en pedirlos. Y se quejaba con un grand\u00edsimo sentimiento de la ingratitud extrema de los hombres para con Dios, aduciendo por este motivo la queja que el mismo Jesucristo tuvo en el Evangelio, cuando, despu\u00e9s de haber curado a diez leprosos, s\u00f3lo volvi\u00f3 uno a darle gracias por el bien que le hizo. Y por eso exhortaba sin cesar a los suyos a la pr\u00e1ctica de esta virtud de la gratitud y del agradecimiento, cuya falta, como \u00e9l dec\u00eda, nos hace indignos de recibir ning\u00fan favor de Dios ni de los hombres. No se sabe de qu\u00e9 gracias, tocante a su persona, agradec\u00eda a Dios, porque no hablaba nunca de ellas: su humildad le hac\u00eda guardar los dones que recib\u00eda de Dios bajo el sello del silencio; pero todos los a\u00f1os ten\u00eda esta costumbre: el d\u00eda de su bautismo rogaba a los de su Comunidad que le ayudaran a dar gracias a Dios, porque hac\u00eda tantos a\u00f1os que su Bondad lo soportaba en la tierra. Podemos juzgar por el agradecimiento que ten\u00eda a los hombres, que era inconcebible, c\u00f3mo ser\u00eda el que ten\u00eda a Dios, y esto tanto m\u00e1s, cuanto que recibiendo los beneficios de los hombres como repartidos por la mano liberal de Dios, su intenci\u00f3n era darle a El las acciones de gracia que daba a los hombres.<\/p>\n<p>En cuanto a su gratitud a los hombres, era tan grande, que daba gracias en particular, no solamente por los beneficios se\u00f1alados y los servicios importantes recibidos por \u00e9l, sino tambi\u00e9n por las cosas m\u00e1s peque\u00f1as que hac\u00edan por \u00e9l. Eso proced\u00eda de su profunda humildad, pues estaba persuadido de que no se le deb\u00eda nada, y que todos le brindaban m\u00e1s honor y gracias de los que \u00e9l merec\u00eda, de forma que hallaba motivos de agradecimiento en cosas que las personas m\u00e1s agradecidas no hubieran podido ver. Con ese esp\u00edritu de gratitud dec\u00eda a los que lo abordaban, aunque no fueran en plan de visita, o para rendirle el menor favor, a unos: Les agradezco, porque no deprecien la vejez. A otros: Porque aguantan a un desgraciado pecador. A alg\u00fan otro: Porque me han ense\u00f1ado una cosa que no sab\u00edao bien: Por la pacien cia que han practicado escuch\u00e1ndome, o: Por la caridad que Dios les da por m\u00ed, etc. Y daba esas acciones de gracia hasta a los menores Hermanos, y tambi\u00e9n al que estaba m\u00e1s habitualmente junto a \u00e9l en sus enfermedades, agradeci\u00e9ndoles los m\u00e1s peque\u00f1os servicios, como encenderle la vela, llevarle un libro, abrir o cerrar una puerta, etc., manifestando que tomaba nota de las menores cosas y de recibirlas con esp\u00edritu de agradecimiento. Y eso hac\u00eda que todos sintieran gusto en prestarle alguna clase de servicio.<\/p>\n<p>Se comportaba de igual modo en los viajes por la menores atenciones que le prestaban, como ayudarle a montar a caballo, u otras parecidas; daba por ello varias veces gracias con cordialidad y de una forma muy amable, incluso a los ni\u00f1os, a\u00f1adiendo muchas veces a las palabras alguna retribuci\u00f3n. Y era tan exacto en el agradecimiento, que, si el que le acompa\u00f1aba en sus viajes no agradec\u00eda bastante, o lo hac\u00eda fr\u00edamente, se lo advert\u00eda, como si fuera una falta.<\/p>\n<p>Este Venerable Padre, que en todo imitaba a Nuestro Se\u00f1or, lo ha imitado particularmente en esto: en tener como hecho a su persona, lo que hab\u00edan hecho al menor de los suyos; y por eso agradec\u00eda y recompensaba a los que hac\u00edan un favor al Hermano que ten\u00eda la felicidad de acompa\u00f1arlo, como si se lo hubieran hecho a \u00e9l mismo.<\/p>\n<p>Hemos dicho en otro lugar que el Sr. Vicente, yendo de viaje, cay\u00f3 al agua cerca de Durtal, camino de la Le Mans en Angers; y que un Sacerdote de su Congregaci\u00f3n, que por aquellos d\u00edas se encontr\u00f3 con \u00e9l, se lanz\u00f3 r\u00e1pidamente al agua para sacarlo. Pues bien, sucedi\u00f3 m\u00e1s adelante, que ese Sacerdote se relaj\u00f3 mucho en su primer fervor, y ya no daba buen ejemplo, y finalmente abandon\u00f3 la Misi\u00f3n para irse a su tierra, contra el parecer del Sr. Vicente, quien le hab\u00eda indicado que aquel plan era una tentaci\u00f3n del demonio para hacerle perder la vocaci\u00f3n. Efectivamente, Dios le retir\u00f3 del todo el esp\u00edritu de sus primeros a\u00f1os, y lo abandon\u00f3 al suyo propio. As\u00ed que, lejos de llevar a cabo sus bellos planes, se hall\u00f3 abrumado de dificultades, rodeado de problemas y hostigado por los enemigos de su salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Al cabo de un a\u00f1o, m\u00e1s o menos, de encontrarse en aquel estado, abri\u00f3 los ojos para conocer su desgracia espiritual, aunque, por lo dem\u00e1s, se hallaba bastante bien en lo temporal. Comenz\u00f3 a reconocer que el Sr. Vicente hab\u00eda tenido raz\u00f3n al tratar de disuadirle de aquel viaje, y que \u00e9l se hab\u00eda equivocado al salir de la Compa\u00f1\u00eda, adonde Dios lo hab\u00eda llamado. Hizo como el hijo pr\u00f3digo: se propuso volver al Padre. Le escribe, a tal efecto, una carta tras otra, le pide perd\u00f3n por su desvar\u00edo, y le ruega que le reciba en alguna de sus casas; pero el Sr. Vicente no le contesta. El Sacerdote redobla sus cartas y le escribe claramente que est\u00e1 perdido, si no le tiende una mano compasiva. Como el Sr. Vicente no juzgaba conveniente para el bien de la Congregaci\u00f3n que aquel hombre volviera a ella, le hizo saber que su comportamiento pasado no le daba pie para esperar mucha confianza en su conducta, y se mantuvo firme en no admitirlo. Finalmente, el Sacerdote pens\u00f3 en ganar al Sr. Vicente por la parte m\u00e1s sensible de su coraz\u00f3n, que fue el agradecimiento, sabiendo que era \u00e9sa una de sus grandes virtudes.<\/p>\n<p>Vino, pues, a llamar a esa puerta con sus palabras: Se\u00f1or, yo le ha salvado una vez la vida del cuerpo; s\u00e1lveme la del alma. Inmediatamente aquel Superior agradecido, viendo la perseverancia, y esperando que se portar\u00eda mejor, le escribi\u00f3 que viniera directamente a San L\u00e1zaro; all\u00ed ser\u00eda recibido con lo brazos abiertos. Este Sacerdote, en cuanto recibi\u00f3 aquella respuesta favorable, muy alegre, por haber hallado gracia en el esp\u00edritu del Sr. Vicente, se dispon\u00eda a salir, cuando Dios le envi\u00f3 una enfermedad, y de ella muri\u00f3.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de que el Sr. Vicente estuvo fuera del agua, adonde hab\u00eda ca\u00eddo, como acabamos de decir, entr\u00f3 en una casita que encontr\u00f3. Era el albergue de un hombre muy pobre, y le manifest\u00f3 tanto agradecimiento por haberlo recibido en su casa para secar all\u00ed la ropa, como se lo hubiera manifestado a un Gentilhombre que lo hubiera acogido en su castillo. Y despu\u00e9s de aquella acci\u00f3n de gracias, le pag\u00f3 muy bien, y m\u00e1s de lo que deb\u00eda, pero no fue eso todo. El hombre le manifest\u00f3 que estaba muy molesto por una hernia; el Sr. Vicente le dio esperanzas de que le enviar\u00eda un braguero, que le aliviar\u00eda mucho, y, en efecto, aunque el Sr. Vicente no volvi\u00f3 a Par\u00eds sino tres o cuatro meses m\u00e1s adelante, no se olvid\u00f3 de hac\u00e9rselo comprar en cuanto lleg\u00f3, y de envi\u00e1rselo al pobre campesino junto a una carta que le escribi\u00f3 para agradecerle de nuevo por haberlo recibido en su vivienda. Y esto s\u00ed que es digno de notarse: como no hab\u00eda ning\u00fan medio seguro para hacerle llegar el encargo, no tuvo inconveniente alguno en emplear a una Se\u00f1ora de gran categor\u00eda, Mariscala de Francia, a quien pertenec\u00eda el lugar: le escribi\u00f3 expresamente para suplicarle que hiciera llegar el braguero y su carta a aquel hombre dolorido, se\u00f1al\u00e1ndole el lugar de su vivienda.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se mostraba agradecido a quienes no lo esperaban de \u00e9l; por ejemplo, a la gente decidida a labrar y a cultivar tierras, y que as\u00ed proporcionan al Clero y a la Nobleza medios para vivir seg\u00fan su condici\u00f3n. He aqu\u00ed c\u00f3mo expres\u00f3 un d\u00eda su sentimiento a la Comunidad acerca de este punto: <em>\u00abDios nos sirve aqu\u00ed de proveedor; El provee a todas nuestras necesidades.El nos da la cantidad suficiente, y a\u00fan m\u00e1s. Yo no s\u00e9 si pensamos bastante en agradec\u00e9rselo. Vivimos del patrimonio de Jesucristo, del sudor de la gente pobre; deber\u00edamos pensar, cuando vamos al comedor: \u00bf he ganado la comida, que voy a tomar? Muchas veces me viene ese pensamiento, que me hace sentirme confuso. Desgraciado, \u00bf has ganado el pan que vas a comer? El pan y las comodidades que proceden del trabajo de los pueblos. Al menos, si nosotros no lo ganamos como ellos, oremos a Dios por ellos, y que no pase ning\u00fan d\u00eda sin que los ofrezcamos a Nuestro Se\u00f1or, para que El quiera hacerles la gracia de hacer un buen uso de sus calamidades y sufrimientos, y un d\u00eda darles Su gloria\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>Eran tan agradecido, que, cuando hab\u00eda recibido alguna asistencia o favor de alguien para su Compa\u00f1\u00eda, no dejaba de hacerlo p\u00fablico por todas partes, y de llamarlo protector, bienhechor y otros t\u00edtulos semejantes; exhortando a sus Hijos a que lo encomendaran a Nuestro Se\u00f1or, y le manifestaran siempre en las reuniones el recuerdo de aquel beneficio\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Un Sacerdote de la Misi\u00f3n hab\u00eda muerto en Lorena en una casa de los Reverendos Padres Jesuitas, y lo hab\u00edan hecho enterrar honorablemente. El Sr. Vicente mand\u00f3 tener sobre eso una Conferencia a su Comunidad acerca del agradecimiento, para excitar a sus Hijos a rogar a Dios por aquellos buenos Padres, y para pedirle la gracia y las ocasiones de agradecer aquel favor, como \u00e9l lo ha agradecido, por su parte, de todas las formas posibles, poni\u00e9ndose siempre a favor de esa Santa Compa\u00f1\u00eda cuando se han levantado persecuciones contra ella, tratando de orillar de ella las calumnias, y publicando las virtudes practicadas por ella y los grandes bienes que hace.<\/p>\n<p>Ha provisto a la alimentaci\u00f3n de una mujer pobre desde hace veinticinco o treinta a\u00f1os, y ha hecho pagar el alquiler de su vivienda, pr\u00f3xima al Colegio de BonsEnfants, porque ella hab\u00eda atendido a uno o dos apestados de la casa de San L\u00e1zaro, al comienzo, cuando los Misioneros acababan de establecerse all\u00ed.<\/p>\n<p>Hablando un d\u00eda en particular con un Sacerdote de su Congregaci\u00f3n, dijo alguna palabra en alabanza de una persona por alguna buena acci\u00f3n hecha por ella. Pensando sobre esta alabanza que acababa de hacer, dijo: Tengo en m\u00ed dos cosas: el agradecimiento, y que no puedo contenerme sin alabar el bien. Es muy cierto que en su coraz\u00f3n ten\u00eda bien dentro estas dos cosas, de cuya abundancia su boca habl\u00f3 en aquella ocasi\u00f3n contra su costumbre, ya que no hablaba de s\u00ed mismo en favor propio sin una grand\u00edsima necesidad.<\/p>\n<p>Ten\u00eda, sobre todo, un agradecimiento muy grande a los Fundadores de las casas de su Congregaci\u00f3n; de manera que no pon\u00eda l\u00edmites en las manifestaciones de gratitud que pod\u00eda rendirles. Escribiendo, a prop\u00f3sito de esto, a uno de sus Sacerdotes: <em>\u00abNo podr\u00edamos <\/em>\u2014le dice<em>\u2014 tener bastante agradecimiento ni gratitud a nuestros Fundadores. Dios nos ha concedido la gracia los d\u00edas pasados de ofrecer al Fundador de una de nuestras casas los bienes que \u00e9l nos dio, porque yo pensaba que los necesitaba. Y me parece que si lo hubiera aceptado, yo habr\u00eda sentido por ello un consuelo muy notable. Y creo que en este caso la Divina Bondad se convertir\u00eda en nuestra Fundadora, y que no nos faltar\u00eda nada. Pero a\u00fan cuando no nos sucediera eso, \u00bfqu\u00e9 felicidad no ser\u00eda para nosotros, se\u00f1or, el que nos empobreci\u00e9ramos por ayudar al que nos hab\u00eda hecho un favor anteriormente? Dios nos ha hecho ya la gracia de usar de El una vez de ese mismo modo, pues devolvimos a un bienhechor lo que \u00e9l nos hab\u00eda dado. Y todas las veces que pienso en ello, siento un consuelo que no puedo expresar\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Esta carta era del mes de septiembre del a\u00f1o 1654, y el a\u00f1o siguiente escribi\u00f3 otra a un Bienhechor de su Compa\u00f1\u00eda, ofreciendo devolverle lo que le hab\u00eda dado, porque cre\u00eda que pod\u00eda sentir necesidad de ello.<\/p>\n<p><em>\u00abLe suplico \u2014<\/em>le dice\u2014<em> que use de los bienes de la Compa\u00f1\u00eda, como si fueran suyos. Estamos dispuestos a vender todo lo que tenemos, hasta nuestros c\u00e1lices, por usted. No har\u00edamos con eso m\u00e1s que lo que los Santos C\u00e1nones nos ordenan, que es devolver a nuestros Bienhechores en su necesidad todo lo que nos dieron en su abundancia. Y lo que le digo, se\u00f1or, no es por cumplir, sino en la presencia de Dios y como lo siento en el fondo de mi coraz\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente ha demostrado bien la verdad de esas palabras en varias ocasiones, porque, cuando le informaron de alguna necesidad urgente en la que se hallaba un Bienhechor de su Compa\u00f1\u00eda, mand\u00f3 darle doscientas \u00abpistolas\u00bb para socorrerle, pero el las rechaz\u00f3, por temor a causar demasiadas molestias al Sr. Vicente y a los suyos.<\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n pidi\u00f3 prestadas trescientas \u00abpistolas\u00bb para ofrec\u00e9rselas a uno de los Fundadores de su Compa\u00f1\u00eda, que se hallaba necesitado; pero esa persona, como sab\u00eda bien que \u00e9l (Sr.V.) no pod\u00eda hacer aquello sin causar un gran perjuicio a su Comunidad, no las quiso recibir nunca, aunque le insistieron muchas veces.<\/p>\n<p>Una persona de gran piedad leg\u00f3 en testamento alguna cantidad de dinero a su Congregaci\u00f3n, para emplearlo en obras conformes a su Instituto. El Sr. Vicente, en cuanto se lo comunicaron, mand\u00f3 reunirse a los Oficiales y algunos de los Antiguos de su Comunidad, y uno de ellos dijo, que cre\u00eda que llevar\u00eda consigo muchas cargas, y que de todo ello no llegar\u00eda nada a la bolsa del Procurador de la casa, porque esa misma persona hab\u00eda hecho ya alguna fundaci\u00f3n muy onerosa. El Sr. Vicente, al o\u00edr aquellas palabras cerr\u00f3 los ojos, y despu\u00e9s los abri\u00f3 mirando al cielo, y dijo: \u00ab<em>A\u00fan cuando la cosa fuera como usted dice (supongamos el caso de que sea as\u00ed), siempre es mucho el darnos medios para servir a Dios y de hacerlo conocer, y, por eso, no deber\u00edamos dejar de ser muy agradecidos y de pedir a Dios por \u00e9l como Bienhechor nuestro. Vemos que la misma iglesia ha tenido tanta gratitud para con los Bienhechores, que lleg\u00f3 a relajarse por ellos, concediendo a los laicos el derecho de Patronato, como vemos en varios sitios, aunque ese derecho s\u00f3lo deber\u00eda pertenecer a la Iglesia. \u00bfPor qu\u00e9 ha actuado as\u00ed, sino para manifestar su gratitud a los Bienhechores?\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Ten\u00eda tanta gratitud al difunto Sr. Prior de San L\u00e1zaro y a los Religiosos, que hab\u00edan precedido a los Misioneros en esta casa, que ped\u00eda a Dios insistentemente les aplicara, tanto como se pudiera, el m\u00e9rito de los peque\u00f1os trabajos de su Compa\u00f1\u00eda, y que les hiciera participantes del fruto de las buenas obras que se har\u00edan como consecuencia de sus favores. Por otra parte, les manifestaba tanta gratitud, que nunca les negaba nada de lo que pudiera concederles en conciencia. Les ten\u00eda un gran respeto, y les tributaba una deferencia singular, no s\u00f3lo con su adem\u00e1n exterior, ni a modo de cumplimiento, sino por un verdadero sentimiento de gratitud. Este testimonio lo daba en todos los lugares, tanto en ausencia de ellos, como en presencia.<\/p>\n<p>Si quisi\u00e9ramos contar todos los ejemplos dados por \u00e9l en esta materia, jam\u00e1s lo lograr\u00edamos. Nos contentaremos con lo que hemos dicho, y acabaremos este Cap\u00edtulo con el testimonio que un Sacerdote de su Congregaci\u00f3n ha dado con estas pocas palabras: <em>\u00abEl agradecimiento del Sr. Vicente a los Bienhechores era muy extraordinario. He sido testigo de los actos de esta virtud practicados con el difunto Sr. Le Bon, antiguo prior de San L\u00e1zaro. Lo llamaba nuestro Padre; lo visitaba frecuentemente; y cuando volv\u00eda de alg\u00fan viaje, lo primero que hac\u00eda, despu\u00e9s de haber adorado al Sant\u00edsimo Sacramento en la iglesia, era ir a saludar al buen Prior. Un d\u00eda qued\u00e9 impresionado, al encontrarme con ellos, al ver los cumplidos que le rend\u00eda, y las seguridades que le dio del recuerdo que conservaba con todo cari\u00f1o tanto de su persona, como de la caridad que hab\u00eda tenido con la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. El (Sr.V.) le asisti\u00f3 a la muerte con una caridad muy particular. E hizo venir a toda la Comunidad a su habitaci\u00f3n para recibir la bendici\u00f3n: se la pidi\u00f3 en nombre de todos, de una manera que conmovi\u00f3 much\u00edsimo, como todas las dem\u00e1s cosas que hizo y dijo en aquella ocasi\u00f3n, que mostraban su gran agradecimiento en relaci\u00f3n a \u00e9l. Le he o\u00eddo al Sr. Vicente, al hablar de la virtud de la gratitud, que ten\u00edamos que alegrarnos, cuando la Providencia de Dios nos presentaba las ocasiones de hacer alg\u00fan acto se\u00f1alado de dicha virtud, que le es tan agradable, como lo ha hecho conocer por los sacrificios de acci\u00f3n de gracias, instituidos por El en la Ley Antigua, y por el de la Eucarist\u00eda en la Ley Nueva, que se llama as\u00ed, no solamente porque contiene el Autor de la gracia, sino tambi\u00e9n, porque Nuestro Se\u00f1or, al instituirla, daba gracias a su Padre, y nos oblig\u00f3 a ofrecerla igualmente en acci\u00f3n de gracias por los innumerables beneficios, que hemos recibido, y que recibimos continuamente de su Bondad\u00bb.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Justicia y gratitud No tomamos aqu\u00ed la palabra justicia en el sentido de las Sagradas Escrituras, pues la usan a veces para significar la gracia, que justifica y santifica las almas, o el estado de &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-17\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[266,5],"tags":[218,143],"class_list":["post-39122","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly","tag-san-lazaro"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 17 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-17\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 17 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Justicia y gratitud No tomamos aqu\u00ed la palabra justicia en el sentido de las Sagradas Escrituras, pues la usan a veces para significar la gracia, que justifica y santifica las almas, o el estado de ... 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