{"id":39112,"date":"2011-06-18T02:55:29","date_gmt":"2011-06-18T00:55:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/06\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-12-seccion-1\/"},"modified":"2016-07-26T17:24:47","modified_gmt":"2016-07-26T15:24:47","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-12-seccion-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-12-seccion-1\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 12, Secci\u00f3n 1"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_28831\" style=\"width: 208px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/01\/abelly.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-28831\" class=\"size-medium wp-image-28831\" title=\"Luis Abelly\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/01\/abelly-198x300.jpg?resize=198%2C300\" alt=\"Luis Abelly\" width=\"198\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-28831\" class=\"wp-caption-text\">Luis Abelly<\/p><\/div>\n<p><strong>Continuaci\u00f3n del mismo asunto <\/strong><\/p>\n<p>Esta gran mansedumbre que el Sr. Vicente usaba al corregir y reprender, proven\u00eda de que estaba enormemente persuadido de una m\u00e1xima aprendida de San Gregorio, a saber, que las faltas del pr\u00f3jimo nos deb\u00edan m\u00e1s bien excitar a compasi\u00f3n que a c\u00f3lera, y que la verdadera justicia le mov\u00eda a uno m\u00e1s a compasi\u00f3n que a indignaci\u00f3n contra los pecadores. Sobre esto dec\u00eda el Sr. Vicente a menudo: <em>\u00abQue no hay que extra\u00f1arse de que los dem\u00e1s comenten algunas faltas, pues, lo mismo que es propio de los cardos y de las zarzas tener espinas, as\u00ed, en el estado de la naturaleza ca\u00edda, lo propio del hombre es faltar, pues ha sido concebido y ha nacido en pecado. A\u00fan el justo, como dice Salom\u00f3n, cae siete veces, esto es, muchas veces al d\u00eda\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>A\u00f1ad\u00eda: <em>\u00abQue el esp\u00edritu del hombre tambi\u00e9n tiene sus achaques y sus enfermedades, como el cuerpo, y en vez de turbarse y descorazonarse lo que tiene que hacer es reconocer su condici\u00f3n digna de l\u00e1stima, y humillarse, dici\u00e9ndole a Dios, como David despu\u00e9s de su pecado: Bonum mihi quia humiliasti me, ut discam justifica tiones tuas, me est\u00e1 bien que me hayas humillado, para que as\u00ed aprenda tu justicia. Hemos de soportarnos a nosotros mismos en nuestras debilidades e imperfecciones, aunque trabajando por levantarnos de ellas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Este conocimiento que \u00e9l ten\u00eda de la miseria com\u00fan de los hombres le hac\u00eda comportarse con compasi\u00f3n y mansedumbre con los pecadores e, incluso, cubrir sus defectos con una prudencia y una caridad maravillosa. Tambi\u00e9n dec\u00eda: <em>\u00abSi est\u00e1 prohibido juzgar mal a los dem\u00e1s, mucho menos se permite hablar mal de ellos, ya que es propio de la caridad, como dice el Santo Ap\u00f3stol, cubrir la muchedumbre de los pecados; y sobre este tema citaba este dicho del Sabio: Audis ti verbum adversus proximum tuum? Commoriatur in te, \u00bfHas o\u00eddo alguna conversaci\u00f3n contra tu pr\u00f3jimo? Ah\u00f3gala y hazla morir dentro de ti\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Alababa tambi\u00e9n esta virtud en la persona de la Se\u00f1ora Generala de las Galeras, la cual por su ternura y pureza de conciencia no hablaba nunca, ni pod\u00eda sufrir que en su presencia se murmurara de los defectos del pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>Algunos que hab\u00edan salido de la Compa\u00f1\u00eda de la Misi\u00f3n por tentaci\u00f3n o por otra causa eran un motivo para que otros se sorprendieran de ello e, incluso, murmuraran sin conocer la causa, porque el Sr. Vicente segu\u00eda esta norma: no quejarse nunca de los que se sal\u00edan y no decir las causas de su marcha. Al contrario, cuando se presentaba la ocasi\u00f3n y pod\u00eda hacerlo con verdad, hablaba a favor de ellos y, en ocasiones, les prestaba toda clase favores, aunque conociera bien la mala disposici\u00f3n de algunos hacia \u00e9l. Y varios de los que han perseverado en la Compa\u00f1\u00eda, tanto de los primeros que iniciaron el Instituto, como otros que han llegado m\u00e1s tarde, han confesado que, despu\u00e9s de Dios, deb\u00edan su perseverancia a la mansedumbre y al aguante caritativo del Sr. Vicente con ellos.<\/p>\n<p>Pues bien, aunque corrigiera los defectos del pr\u00f3jimo sin adularlos, sin embargo siempre era excus\u00e1ndolos o quit\u00e1ndoles importancia en cuanto pod\u00eda. Proced\u00eda con tal manifestaci\u00f3n de estima y de afecto con los que hab\u00edan faltado, que lejos de que su correcci\u00f3n les causara alg\u00fan des\u00e1nimo, por el contrario, les daba m\u00e1s \u00e1nimos, les aumentaba su confianza en Dios y les produc\u00eda de ordinario una gran edificaci\u00f3n, viendo que, por su caridad maravillosa, se humillaba \u00e9l el primero.<\/p>\n<p>Intercalaremos aqu\u00ed, como muy adecuados para este tema, p\u00e1rrafos de algunas cartas, que har\u00e1n conocer mejor c\u00f3mo eran los sentimientos relacionados con la mansedumbre que hab\u00eda que mezclar en la correcci\u00f3n, y el gran cuidado que se tomaba para crear una tolerancia mutua entre los de su Compa\u00f1\u00eda: <em>\u00abAlabo a Dios \u2014<\/em>dec\u00eda al Superior de una de sus casas<em>\u2014 porque ha ido usted mismo a llevar a cabo las cosas que el Sr. N. se ha negado a realizar. Ha hecho usted muy bien en portarse as\u00ed, mejor que andar urgi\u00e9ndole: porque hay personas buenas y virtuosas, que temen a Dios y que no quisieran ofenderle, las cuales, a pesar de todo, caen en ciertas debilidades; y cuando se dan tales personas, hay que aguantarlas y no mantenerse con firmeza ante ellas. Ya que Dios da su bendici\u00f3n a este servidor suyo en el Tribunal, pienso que usted har\u00e1 bien dej\u00e1ndole obrar seg\u00fan su esp\u00edritu, y ceder algo en esa ocasi\u00f3n a sus peque\u00f1as veleidades, porque, gracias a Dios, no son malas. En cuanto al otro Sacerdote del cual usted me habla, la palabra que se le ha escapado a usted quiz\u00e1 sea una trampa de la naturaleza, m\u00e1s que una desaz\u00f3n del esp\u00edritu. Los m\u00e1s sabios dicen, a veces, unas cosas, cuando est\u00e1n preocupados por alguna pasi\u00f3n, y luego, no mucho m\u00e1s tarde, se arrepienten de ellas. Hay otros que manifiestan a veces sus aversiones y sus sentimientos respecto de personas como de trabajos, y que, sin embargo, no dejan de obrar bien. Y por eso, se\u00f1or, sean como sean las personas con las que estamos, siempre tendremos que sufrir, pero tambi\u00e9n que merecer. Espero que aqu\u00e9l, de quien acabo de hablar, podr\u00e1 ser ganado, con tal de que se le soporte con caridad; que se le aconseje con mansedumbre y prudencia y que se pida a Dios por \u00e9l, como as\u00ed hago por la familia de usted\u00bb, etc<\/em><\/p>\n<p>Escribiendo sobre una cuesti\u00f3n parecida a otro Superior: <em>\u00abEl Sacerdote \u2014<\/em>le dice<em>\u2014 de quien usted me habla es un hombre de bien, va camino de la virtud y ten\u00eda buena fama en el mundo antes de que fuera recibido en la Compa\u00f1\u00eda. Y si ahora, que est\u00e1 con nosotros, mantiene el esp\u00edritu inquieto, si \u00e9l se complica con alguna preocupaci\u00f3n temporal y por amor de sus parientes, y, finalmente, si causa alguna molestia a los que est\u00e1n con \u00e9l, hay que aguantarle con dulzura. Si no tuviera esos defectos, tendr\u00eda otros, y si usted no tuviera nada que sufrir, su caridad tampoco tendr\u00eda mucho que practicar, ni su comportamiento de V. se parecer\u00eda mucho al de Nuestro Se\u00f1or, quien quiso tener unos Disc\u00edpulos rudos y con muchos defectos para tener ocasi\u00f3n, practicando la mansedumbre y la tolerancia, de ense\u00f1arnos con su ejemplo como deben portarse los que tienen alg\u00fan cargo. Le ruego, se\u00f1or, que se acomode a este santo modelo, que le ense\u00f1ar\u00e1 no solamente a aguantar a sus Cohermanos, sino tambi\u00e9n la forma de ayudarles a ir desprendi\u00e9ndose de sus imperfecciones de ellos. No hay que descuidar el mal por una tolerancia demasiado laxa, sino que tambi\u00e9n hay que tratar de remediarlo con dulzura\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Escribi\u00f3 tambi\u00e9n sobre el mismo asunto a un tercero, que trabajaba con otro Sacerdote de la Compa\u00f1\u00eda en una di\u00f3cesis lejana. He aqu\u00ed en qu\u00e9 t\u00e9rminos: <em>\u00abEspero de la bondad de Nuestro Se\u00f1or que dar\u00e1 su bendici\u00f3n a sus trabajos, si la cordialidad y la tolerancia se dan entre ambos. Y le ruego, en nombre de Dios, se\u00f1or, que sea \u00e9se su gran ejercicio; y como usted es el m\u00e1s antiguo y el Superior, soporte todo con mansedumbre al que est\u00e1 con usted; digo todo, de forma que, deponi\u00e9ndose a s\u00ed mismo de la superioridad, se adapte a \u00e9l en esp\u00edritu de caridad. Ese es el medio con el que Nuestro Se\u00f1or se gan\u00f3 e hizo mejores a sus Ap\u00f3stoles, y tambi\u00e9n es \u00e9se el \u00fanico medio con el que conseguir\u00e1 algo de ese buen Sacerdote. Seg\u00fan eso, ceda un poco de espacio ante su humor, no le contradiga nunca en el mismo momento en que usted crea que tiene motivo, sino h\u00e1gaselo notar algo m\u00e1s tarde humilde y cordialmente, y, sobre todo, p\u00f3rtese de tal modo, que no aparezca entre usted y \u00e9l divisi\u00f3n alguna; porque ustedes est\u00e1n ah\u00ed, como en un escenario, expuestos a la vista de toda clase de personas, en cuyo esp\u00edritu un solo acto de acritud que vieran en ustedes, ser\u00eda capaz de estropearlo todo. Espero que usar\u00e1 usted de estos consejos que acabo de darle, y que Dios se servir\u00e1 de un mill\u00f3n de actos de virtudes que usted pondr\u00e1 en pr\u00e1ctica como base y cimiento del bien de El quiere hacer por medio de usted\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Finalmente, nada recomendaba tanto por sus cartas y de viva voz a los Superiores y a los particulares de sus casas como la mansedumbre y la tolerancia mutua, que son una fuente de paz y un lazo de perfecci\u00f3n que une los corazones. Cuando los Superiores de algunas casas de su Compa\u00f1\u00eda ped\u00edan se les liberara de alg\u00fan enfermo que no pod\u00eda trabajar, les recordaba que, como hab\u00eda ca\u00eddo enfermo en su casa, era justo que siguiera viviendo en ella, para que la Comunidad tuviera ocasi\u00f3n de practicar con \u00e9l la tolerancia y la caridad. Si ped\u00edan el cambio de alguno por sus defectos, les dec\u00eda que hab\u00eda que aguantarlo; que no hay nadie que no tenga defectos, y que el que fuera enviado en su lugar quiz\u00e1s los tuviese mayores.<\/p>\n<p>Cuando los Oficiales, u otros de los suyos, faltaban a lo mandado por \u00e9l, como sucedi\u00f3 en alguna ocasi\u00f3n, haciendo las cosas de distinta forma de la que les hab\u00eda mandado, incluso varias veces, no les dec\u00eda m\u00e1s que: Se\u00f1or, o Hermano m\u00edo, qui z\u00e1s si usted hubiera actuado de la forma como le rogu\u00e9, Dios lo habr\u00eda bendecido. Otras veces no dec\u00eda nada, deseando que su silencio y su paciencia sirviera de correcci\u00f3n, si es que no se trataba de alguna cosa importante a la que hab\u00eda que proveer; o en caso de desobediencia formal, si es que notaba alguna.<\/p>\n<p>Pero, sobre todo, se portaba con tanta dulzura y con una tolerancia maravillosa con los enfermos, ya del cuerpo, ya del alma. Nunca se quejaba, ni daba muestras de que estuviera muy atareado; pero, poni\u00e9ndose en el lugar de ellos por una condescendencia caritativa, les prestaba las mismas atenciones que hubiera querido recibir, si \u00e9l sufriera las mismas dolencias. Solamente se\u00f1alaremos, que entre los que admit\u00edan a la prueba en su Congregaci\u00f3n, siempre se encontr\u00f3 con algunos inconvenientes por los cuales, seg\u00fan las apariencias no pod\u00edan ser admitidos en el Cuerpo de la Compa\u00f1\u00eda. Pero, a pesar de todo, el Sr. Vicente procuraba recuperarlos, haci\u00e9ndoles tomar remedios, d\u00e1ndoles reposos y usando otros medios que \u00e9l consideraba propios para tal efecto. Y aunque algunos le hicieran notar que hab\u00eda que despedirlos, \u00e9l, por el contrario, dec\u00eda que era preciso esperar y aguantarlos. Y, efectivamente, despu\u00e9s de esperar mucho tiempo en varias ocasiones, algunos se curaron, y despu\u00e9s han prestado buenos servicios a Dios en la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Si usaba una dulzura tan caritativa con los que s\u00f3lo estaban de prueba para incorporarse a su Congregaci\u00f3n, usaba a\u00fan de mucha mayor con los que estaban ya recibidos; porque lejos de mandar afuera a nadie por cualquier enfermedad, tampoco quer\u00eda permitir que alguno se marchara por propia iniciativa con semejante pretexto. Consideraba a los enfermos como individuos que atra\u00edan las bendiciones del cielo sobre la Congregaci\u00f3n. He aqu\u00ed lo que le escribi\u00f3 un d\u00eda a un Sacerdote de su Congregaci\u00f3n, quien, por su falta de salud, pensaba marcharse: <em>\u00abNo tema \u2014<\/em>le dijo<em>\u2014 de ninguna manera, que es una carga para la Compa\u00f1\u00eda a causa de sus dolencias, y est\u00e9 persuadido que no lo ser\u00e1 nunca por esa raz\u00f3n; porque, por la gracia de Dios, no se halla cargada de enfermos; al contrario, es una bendici\u00f3n para ella tenerlos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>He ah\u00ed los sentimientos y la pr\u00e1ctica del Sr. Vicente sobre este punto; es as\u00ed c\u00f3mo su Compa\u00f1\u00eda act\u00faa con ese mismo esp\u00edritu, no despidiendo a ninguno de sus miembros por una enfermedad.<\/p>\n<p>Trataba tambi\u00e9n con una dulzura muy especial a los Hermanos de su Congregaci\u00f3n, aunque fueran rudos o poco \u00fatiles, no queriendo despedirlos por su rusticidad o poca utilidad para la casa. Les hac\u00eda tambi\u00e9n hablar en las Conferencias y Coloquios espirituales de la Comunidad para abrirles la mente; y aunque sus charlas fueran a veces demasiado largas, cansinas y fuera del tema propuesto, a pesar de eso, les dejaba decir todo lo que quisieran, sin interrumpirles y sin manifestarles nunca que no estaba de acuerdo con lo que hab\u00edan dicho, a no ser que hubieran propuesto alguna cosa falsa o err\u00f3nea y necesitara ser corregida; porque entonces les correg\u00eda paternalmente y con gran dulzura para no contristarlos o descorazonarlos, interpretando de buena manera lo que hab\u00edan dicho, o excus\u00e1ndolos h\u00e1bilmente, e indic\u00e1ndoles, a pesar de todo, d\u00f3nde se hab\u00edan equivocado.<\/p>\n<p>La dulzura de su caridad iba todav\u00eda m\u00e1s adelante, y soportaba no s\u00f3lo los defectos naturales del cuerpo o del esp\u00edritu, mas tambi\u00e9n los que comet\u00edan contra las costumbres. Porque, de vez en cuando, se han encontrado en la Congregaci\u00f3n, igual que en otras Comunidades, individuos, que, por estar relajados en el camino de la virtud, hac\u00edan en ella m\u00e1s mal que bien con sus murmuraciones, maledicencias y otras faltas, conocidas por los miembros de la Compa\u00f1\u00eda. Alguno se extra\u00f1aba de que el Sr. Vicente no los mandara fuera, e, incluso, le urg\u00edan a que lo hiciera. Mas este caritativo y bondadoso Superior los soportaba con una dulzura, una caridad y una paciencia incre\u00edble, para darles posibilidad de que se conocieran; pero empleaba todos los medios que estimaba apropiados para remediar los desarreglos.<\/p>\n<p>El Superior de una de las casas de su Compa\u00f1\u00eda se hallaba contento por haber sido liberado de algunas personas flojas y de car\u00e1cter dif\u00edcil, y le escribi\u00f3 al Sr. Vicente que convendr\u00eda purificar la Compa\u00f1\u00eda de semejantes individuos. Vean la respuesta que le dio, muy interesante por cierto, para el asunto que estamos tratando: <em>\u00abSoy de su parecer \u2014<\/em>le dijo<em>\u2014 en cuanto al individuo del que me ha escrito. Creo que no est\u00e1 como para salir del estado en que est\u00e1, al contrario, temo que nos va a causar muchas molestias en esta casa, adonde le hemos hecho venir; y no solamente lo temo, sino que ya lo he empezado a experimentar. Y le confieso que \u00e9l y otros dos nos han causado muchos problemas: uno est\u00e1 fuera, despu\u00e9s de haberlo soportado tanto cuanto nos ha sido posible; y ser\u00eda conveniente que los otros marcharan muy lejos; eso ser\u00eda hacer justicia a la Compa\u00f1\u00eda: cercenar esos miembros gangrenados, y la misma prudencia parece que lo exige. Pero, porque es necesario dar lugar a todas las virtudes, ahora estamos practicando la tolerancia, la dulzura, la longanimidad y la caridad, deseando la enmienda de ellos. Aplicamos remedios al mal, empleando amenazas, oraciones, avisos y todo eso sin esperanza de otro bien, que el que Dios quiera obrar en ellos con Su gracia.Nuestro Se\u00f1or no rechaz\u00f3 a San Pedro por haberle negado tres veces, ni tampoco a Judas, eso que El hab\u00eda previsto que morir\u00eda en su pecado. As\u00ed, yo pienso que su Divina Bondad considerar\u00e1 muy de su gusto que la Compa\u00f1\u00eda extienda su caridad sobre los d\u00edscolos, para no omitir ni ahorrar nada que pueda ganarlos para Dios. Esto no significa que, al final, no nos veamos obligados a cercenarlos, si es que no cambian\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Algunas almas timoratas y llenas de escr\u00fapulos, que hac\u00edan su propia vida muy penosa y, en cierto modo, insoportable, tambi\u00e9n le han hecho poner en pr\u00e1ctica su caridad al Sr. Vicente, y le han proporcionado a menudo d\u00f3nde usar la dulzura y el aguante. Y, entre los suyos, tambi\u00e9n ha habido quienes, durante muchos a\u00f1os, a causa de los escr\u00fapulos fundados en motivos f\u00fatiles, estuvieron continuamente molest\u00e1ndolo con sus continuas importunidades; a pesar de todo, nunca se quejaba de ellas, ni tampoco las rechazaba, sino que los aguantaba, y hasta procuraba acogerlos amablemente para no darles motivos de des\u00e1nimo o de tristeza, y aunque estuviera en compa\u00f1\u00eda de quien fuera, se levantaba en cuanto los ve\u00eda venir, y les iba a hablar en alg\u00fan rinc\u00f3n del sitio en el que se hallaba; y aunque volv\u00edan de nuevo donde \u00e9l varias veces para la misma cuesti\u00f3n: hubo algunos que fueron a interrumpirle tres y cuatro veces en una hora. Los recib\u00eda siempre con la misma serenidad, les escuchaba con igual paciencia y les respond\u00eda con las misma dulzura. He aqu\u00ed el testimonio que una de esas personas enfermas ha dado sobre esta materia: <em>\u00abEl Sr. Vicente \u2014<\/em>dice<em>\u2014 siempre tuvo conmigo una grand\u00edsima paciencia, y me trat\u00f3 con mucha dulzura en las angustias de mi alma. Iba yo a interrumpirle continuamente, incluso cuando se dispon\u00eda a celebrar la misa, o a recitar el Oficio; y cuando hab\u00eda recibido ya la respuesta, me marchaba, y luego volv\u00eda casi de inmediato para hablarle, y as\u00ed sucesivamente varias veces seguidas. Y esto dur\u00f3 mucho tiempo, sin que por eso yo haya notado que me dijera ninguna palabra \u00e1spera; al contrario, me respond\u00eda siempre con gran mansedumbre, sin rechazarme, cosa que pod\u00eda haber hecho muy justamente, vista la persistencia de mis importunidades, incluso despu\u00e9s de haberme dicho lo que ten\u00eda que hacer, pues me ve\u00eda con nuevas dudas; y hasta se tom\u00f3 la molestia de escribir de su propia mano lo que me hab\u00eda dicho, para que lo retuviera mejor, y tambi\u00e9n con ese mismo fin, me ped\u00eda que se lo leyera en alta voz en su presencia; y, en fin, a cualquier hora que yo fuese a verlo, aunque fuera con frecuencia y bien entrada la noche, o tambi\u00e9n en otras ocasiones, cuando estaba ocupado con otros asuntos, me recib\u00eda siempre con una bondad siempre igual, me escuchaba y me respond\u00eda con una dulzura y una caridad, que no puedo explicar\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Otro tambi\u00e9n ha declarado que hab\u00eda ejercitado muchas veces la paciencia y la caridad del Sr. Vicente, oblig\u00e1ndole a repetir varias veces lo que hab\u00eda dicho; sin embargo, el caritativo Superior hac\u00eda eso con mucho gusto, sin mostrar contrariedad alguna, repitiendo varias veces, y tantas como \u00e9l deseaba, la misma cosa que le hab\u00eda dicho, y explic\u00e1ndosela con mayor claridad y a\u00fan m\u00e1s gusto la \u00faltima vez que la primera. Una vez, entre otras, que hab\u00eda estado ocupado en alg\u00fan negocio con unas personas importantes, llam\u00f3 a un Hermano para decirle alguna cosa, mas el Hermano, como no le entendi\u00f3 bien, se la hizo repetir m\u00e1s de cuatro veces sin que el Sr. Vicente le mostrara la menor se\u00f1al de impaciencia, repiti\u00e9ndosela por quinta vez con la misma dulzura y tranquilidad de esp\u00edritu que la primera, manifestando en su cara sonriente que sent\u00eda m\u00e1s bien placer que molestia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Continuaci\u00f3n del mismo asunto Esta gran mansedumbre que el Sr. Vicente usaba al corregir y reprender, proven\u00eda de que estaba enormemente persuadido de una m\u00e1xima aprendida de San Gregorio, a saber, que las faltas del &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-12-seccion-1\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[266,5],"tags":[218],"class_list":["post-39112","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 12, Secci\u00f3n 1 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-12-seccion-1\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 12, Secci\u00f3n 1 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Continuaci\u00f3n del mismo asunto Esta gran mansedumbre que el Sr. Vicente usaba al corregir y reprender, proven\u00eda de que estaba enormemente persuadido de una m\u00e1xima aprendida de San Gregorio, a saber, que las faltas del ... 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