{"id":39111,"date":"2011-06-17T02:55:29","date_gmt":"2011-06-17T00:55:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/06\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-12\/"},"modified":"2016-07-26T17:24:47","modified_gmt":"2016-07-26T15:24:47","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-12","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-12\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 12"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_28831\" style=\"width: 208px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/01\/abelly.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-28831\" class=\"size-medium wp-image-28831\" title=\"Luis Abelly\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/01\/abelly-198x300.jpg?resize=198%2C300\" alt=\"Luis Abelly\" width=\"198\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-28831\" class=\"wp-caption-text\">Luis Abelly<\/p><\/div>\n<p><strong>Mansedumbre<\/strong><\/p>\n<p>La caridad est\u00e1 en su perfecci\u00f3n\u2014dice el Bienaventurado Francisco de Sales\u2014 cuando es no s\u00f3lo paciente, sino, adem\u00e1s de eso, mansa y buena a carta cabal. La mansedumbre viene a ser como la flor de esta divina virtud, que eleva tanto m\u00e1s su excelencia, cuanto m\u00e1s dificultad hay para reprimir los fallos de la naturaleza, que se cubre a menudo con el manto del celo, para dejarse llevar con m\u00e1s libertad por los arrebatos de las pasiones.<\/p>\n<p>EL Sr. Vicente era de natural bilioso y de un temperamento vivo y, por consiguiente, muy inclinado a la c\u00f3lera. Sin embargo, domin\u00f3 de tal modo esta pasi\u00f3n con la ayuda de la gracia, y con la pr\u00e1ctica de la virtud contraria que es la mansedumbre, que lejos de que aquella le hiciera cometer ninguna falta, parec\u00eda que ni siquiera sent\u00eda sus primeros impulsos. Es cierto que, cuando estuvo en casa de la Se\u00f1ora Generala de la Galeras (as\u00ed lo confes\u00f3 \u00e9l mismo a personas de confianza) se dejaba llevar a veces un poco de su temperamento bilioso y melanc\u00f3lico. Por eso, aquella buena Se\u00f1ora se inquietaba pensando que \u00e9l estaba descontento en casa de ella; pero, como el Sr. Vicente vio m\u00e1s adelante que Dios lo llamaba a vivir en comunidad, y que en ese estado tendr\u00eda que v\u00e9rselas con toda clase de personas de diferentes caracteres, me dirig\u00ed a Dios \u2014dijo \u2014 y Le rogu\u00e9 con insistencia que me cambiara aquel humor seco y repulsivo, y me diera un car\u00e1cter manso y benigno; y por la gra cia de Nuestro Se\u00f1or, con un poco de atenci\u00f3n que puse por mi parte para reprimir los hervores de la naturaleza, he quitado un poco de mi humor negro.<\/p>\n<p>Aunque el Sr. Vicente no hablara nunca de s\u00ed mismo, sino cuando lo juzgaba necesario o muy \u00fatil para la edificaci\u00f3n de los que viv\u00edan con \u00e9l, sin embargo, su humildad era tal, que con frecuencia sol\u00eda pedir excusa por ello, temiendo haber escandalizado de alg\u00fan modo a quienes hab\u00eda hablado de aquella manera.<\/p>\n<p>As\u00ed es c\u00f3mo el Sr. Vicente cambi\u00f3, y c\u00f3mo trabaj\u00f3, con la ayuda de la gracia divina, para adquirir la virtud de la mansedumbre, que reconoc\u00eda y confesaba que no la pose\u00eda naturalmente, sino que la hab\u00eda adquirido de Dios por la oraci\u00f3n y la pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p><em>\u00abVemos \u2014<\/em>dec\u00eda cierto d\u00eda hablando a su Comunidad<em>\u2014 a veces personas, que parecen estar dotadas de una gran mansedumbre, pero que no es m\u00e1s que un efecto de su car\u00e1cter moderado; pues no tienen la mansedumbre cristiana, que consiste propiamente en reprimir y apagar los brotes del vicio contrario. Uno no es casto por el hecho de no experimentar movimientos deshonestos, sino porque los resiste cuando los siente. Tenemos aqu\u00ed un ejemplo de verdadera mansedumbre. Lo digo porque no est\u00e1 presente esa persona, y porque todos pueden darse cuenta de su car\u00e1cter seco y \u00e1rido: es el Sr. N. Seguro que no conocen ustedes a dos personas tan duras y avinagradas como \u00e9l y como yo; sin embargo, vemos c\u00f3mo ese hombre se vence hasta el punto de que hay que decir que no es ya lo que era. \u00bfA qu\u00e9 se debe? A la virtud de la mansedumbre en la que \u00e9l se esfuerza, mientras yo, desgraciado de m\u00ed, sigo tan seco como un espino. Les pido, se\u00f1ores, que no se fijen en los malos ejemplos que les doy, sino m\u00e1s bien les exhorto, como dice el Ap\u00f3stol, a que caminen dignamente y con toda mansedumbre y jovialidad en el estado al que Dios los ha llamado\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Pero no basta con haber adquirido una virtud, es preciso conservarla y cultivarla; y por eso, es necesario ejercitarse en ella, hacer frecuentes actos y as\u00ed lo ha ense\u00f1ado a los suyos: no les dec\u00eda nada, sin que antes lo hubiera puesto en pr\u00e1ctica. Ah\u00ed va un breve resumen de algunos consejos dados por \u00e9l sobre esta materia, y que \u00e9l practicaba a\u00fan mejor<\/p>\n<p><em>\u00abEn primer lugar, dec\u00eda que para no ser sorprendido por las ocasiones en las que podr\u00edan faltar contra la mansedumbre, hac\u00eda falta prevenirlas, y representarse los motivos que pod\u00edan veros\u00edmilmente excitar a la c\u00f3lera, y formar en su mente, por adelantado, los actos de mansedumbre que se propone practicar en todas las ocasiones\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn segundo lugar, que hab\u00eda que detestar el vicio de la c\u00f3lera en tanto que desagrada a Dios, sin por eso enfadarse o amargarse contra s\u00ed mismo al verse sometido a ella, por cuanto hay que aborrecer ese vicio y amar la virtud contraria, no porque aqu\u00e9l nos disgusta, y \u00e9sta nos agrada, sino \u00fanicamente por el amor de Dios, a quien place esta virtud y desagrada ese vicio. Y si hacemos as\u00ed, el dolor que concebiremos de las faltas cometidas contra esta virtud ser\u00e1 suave y tranquilo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn tercer lugar, que cuando uno se siente col\u00e9rico es conveniente dejar de obrar, y tambi\u00e9n de hablar, y, sobre todo, no tomar una decisi\u00f3n hasta que los movimientos de esta pasi\u00f3n est\u00e9n calmados, porque\u2014<\/em>dec\u00eda<em>\u2014 los actos hechos en estado de agitaci\u00f3n no estando plenamente dirigidos por la raz\u00f3n que est\u00e1 tur bada y oscurecida por la pasi\u00f3n, aunque, por lo dem\u00e1s, parezcan buenos, sin em bargo nunca pueden ser perfectos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn cuarto lugar, a\u00f1ad\u00eda que, durante la tentaci\u00f3n, hab\u00eda que hacer un esfuerzo sobre s\u00ed mismo para impedir que aparezca alguna se\u00f1al en la cara, que es la imagen del alma, sino dominarla y reformarla con la mansedumbre cristiana, lo cual \u2014<\/em>dec\u00eda<em>\u2014 no es contra la sencillez, porque se hace no para aparentar lo que uno no es, sino por un deseo sincero de que la virtud de la mansedumbre, que est\u00e1 en la parte superior del alma, fluya sobre la cara, sobre la lengua y sobre los actos externos para agradar a Dios y al pr\u00f3jimo por el amor de Dios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn quinto lugar, finalmente, que, sobre todo en ese momento, hab\u00eda que tratar de retener la lengua; y, a pesar de todos los borbotones de la c\u00f3lera y de todos los enga\u00f1os del celo que uno cree tener, s\u00f3lo decir palabras mansas y agradables para ganar a los hombres a Dios. A veces\u2014<\/em>dec\u00eda<em>\u2014 s\u00f3lo basta una palabra man sa para convertir a una persona de coraz\u00f3n duro; y, por el contrario, una palabra \u00e1spera es capaz de dejar desolada a un alma, y de causarle una amargura, que podr\u00eda serle muy perjudicial. A prop\u00f3sito de esto, se le ha o\u00eddo decir en diferentes ocasiones, que s\u00f3lo hab\u00eda usado tres veces en su vida palabras duras para reprender y corregir a otros, pensando que ten\u00eda alguna raz\u00f3n para usarlas de aquel modo y que despu\u00e9s siempre se arrepinti\u00f3, porque aquello le hab\u00eda resultado muy mal; y que, por el contrario, siempre hab\u00eda obtenido con la mansedumbre lo que hab\u00eda deseado\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Sin embargo, distingu\u00eda mucho entre la verdadera virtud de la mansedumbre y la que lo es s\u00f3lo en apariencia; porque la mansedumbre falsa es blanda, floja, indulgente; pero la mansedumbre verdadera no es opuesta a la entereza en el bien, a la cual siempre va junta por la conexi\u00f3n que existe entre las virtudes verdaderas.<\/p>\n<p><em>\u00abY a este prop\u00f3sito dec\u00eda que no hab\u00eda personas m\u00e1s constantes y m\u00e1s firmes que los que son mansos y apacibles. Por el contrario, los que se dejan llevar de la c\u00f3lera y de las pasiones del apetito irascible son de ordinario muy inconstantes, porque no obran m\u00e1s que por arranques y por impulsos; son como los torrentes, que s\u00f3lo tienen fuerza e impetuosidad en las riadas, pero se secan apenas ha pasado el temporal; mientras que los r\u00edos que representan a las personas apacibles, fluyen sin ruido, con tranquilidad, sin secarse jam\u00e1s. Tambi\u00e9n era \u00e9sta una de sus grandes m\u00e1ximas, que aunque tuviera uno que mantenerse firme en cuanto al fin que uno se propone en las cosas buenas, con todo, era conveniente usar de la mansedumbre en los medios que se emplean. Alegaba a este fin lo que dice el Sabio acerca de la manera de actuar la Sabidur\u00eda de Dios, que tiende con fuerza a sus fines y, sin embargo, dispone los medios suavemente para llegar hasta aqu\u00e9llos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abContaba a prop\u00f3sito de la mansedumbre el ejemplo del Bienaventurado Francisco de Sales, del que dec\u00eda que hab\u00eda sido el hombre m\u00e1s manso y m\u00e1s afable que hab\u00eda conocido, y que la primera vez que lo vio, reconoci\u00f3 enseguida en su aspecto, en la serenidad de su rostro, en la manera de tratar y de hablar una imagen muy clara de la mansedumbre de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que le hab\u00eda ganado el coraz\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Ciertamente, tambi\u00e9n podemos decir, que el Sr. Vicente supo aprovechar bien el ejemplo de aquel Bienaventurado Prelado, porque, a su imitaci\u00f3n, se notaba en \u00e9l una acogida abierta, una mansedumbre y una afabilidad maravillosa, y unas palabras amables con toda clase de personas. Hablando un d\u00eda sobre este tema a los suyos: <em>\u00abTenemos \u2014<\/em>les dijo<em>\u2014 tanta mayor necesidad de la afabilidad cuanto que estamos m\u00e1s obligados por nuestra vocaci\u00f3n a tratar frecuentemente entre nosotros y con el pr\u00f3jimo, adem\u00e1s, ese trato a\u00fan es m\u00e1s dif\u00edcil, porque somos de diversos pa\u00edses y de car\u00e1cter y temperamento muy distintos, mientras que en otra parte el trato con los dem\u00e1s nos resulta muchas veces duro de soportar. La virtud de la afabilidad es la que quita esas dificultades y la que, por ser el alma de una buena conversaci\u00f3n, la hace no solamente \u00fatil, sino tambi\u00e9n agradable. La afabilidad hace que nos portemos en la conversaci\u00f3n con benevolencia mutua, y como la caridad nos mantiene unidos como miembros de un mismo cuerpo, as\u00ed la afabilidad es la que perfecciona esta uni\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Pero recomendaba de un modo especial a los suyos que practicaran esta virtud con los pobres campesinos: <em>\u00abPorque, de otra forma, \u2014<\/em>dec\u00eda<em>\u2014 se cansan y se sienten rechazados, pensando que somos demasiado severos, o demasiado grandes Se\u00f1ores para ello. Pero, cuando se les trata afable y cordialmente, piensan de otra forma de nosotros, y est\u00e1n mejor dispuestos para aprovecharse del bien que queremos hacerles. Pues bien, Dios nos ha destinado para servirlos, y lo debemos hacer de la manera que les resulte m\u00e1s provechosa y, por consiguiente, tratarlos con gran afabilidad, y atender a los avisos del Sabio, como dirigidos a cada uno de nosotros en particular: Congregationi pauperum affabilem te facito. Mu\u00e9strese afable ante el grupo de los pobres\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Pues bien, aunque el Sr. Vicente fuera muy afable en sus palabras, pero no era zalamero, sino todo lo contrario: censuraba en\u00e9rgicamente a quienes se serv\u00edan de palabras afables para insinuarse con un esp\u00edritu adulador en el afecto a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p><em>\u00abSeamos afables \u2014<\/em>dec\u00eda a los suyos<em>\u2014 pero nunca lisonjeros, porque nada hay tan vil, ni tan indigno de un coraz\u00f3n cristiano como la lisonja. Un hombre verdaderamente virtuoso nada aborrece tanto como ese vicio\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Ten\u00eda tambi\u00e9n otra m\u00e1xima sobre esa virtud: la de no disputar nunca con nadie, ni siquiera con los viciosos, cuando no estaba obligado a corregirlos, antes al contrario, quer\u00eda que se sirviera siempre de palabras suaves y afables, seg\u00fan lo requer\u00edan la prudencia y la caridad. Por ese mismo principio, prohib\u00eda a los suyos meterse en disputas o altercados, cuando se trataba de disputar con los herejes, porque se les gana mejor con una mansa y amistosa advertencia. Despu\u00e9s de convertir a tres en un viaje que hac\u00eda a Beauvais, m\u00e1s adelante declar\u00f3 que la mansedumbre usada con ellos hab\u00eda contribuido m\u00e1s a su conversi\u00f3n, que todo el resto de su conversaci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>\u00abCuando se discute contra alguien \u2014<\/em>dec\u00eda<em>\u2014 si uno se enfrenta con \u00e9l dej\u00e1ndose llevar de un lenguaje altanero parece como si quisiera dominarle; por eso se prepara para resistir, en vez de disponerse a recibir la Verdad; de modo que, en semejante discusi\u00f3n, en vez de conseguir que se abra su esp\u00edritu, se cierra ordinariamente la puerta de su coraz\u00f3n. Por el contrario, la mansedumbre y la afabilidad se la abren. Tenemos un hermoso ejemplo de esto en la persona del Bienaventurado Francisco de Sales que, aunque era muy h\u00e1bil en las controversias, sin embargo, convert\u00eda a los herejes m\u00e1s con su mansedumbre que con su doctrina. A prop\u00f3sito de eso, el Cardenal Perron dec\u00eda que \u00e9l val\u00eda mucho para convencer a los herejes, pero que s\u00f3lo era capaz de convertirlos el Obispo de Ginebra. Acu\u00e9rdense bien, se\u00f1ores, \u2014a\u00f1ad\u00eda el Sr. Vicente\u2014 de las palabras de San Pablo a aquel gran misionero, San Timoteo: Servum Domini non oportet litigare: un siervo de Jesucristo no tiene por qu\u00e9 recurrir a litigios o disputas. Puedo decirles que nunca he visto, ni he sabido que se haya convertido ning\u00fan hereje por la fuerza de la disputa, ni por la sutileza de los argumentos, sino por la mansedumbre. Pues es cierto que esta virtud posee mucha fuerza para ganar a los hombres para Dios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Pero la mansedumbre del Sr. Vicente se distingu\u00eda, sobre todo, en las correcciones y reprensiones que estaba obligado a hacer. En ellas obraba con tal moderaci\u00f3n y mansedumbre y dulzura de esp\u00edritu, y hablaba de forma tan suave y, a pesar de todo, tan eficaz, que los corazones m\u00e1s duros quedaban ablandados y no pod\u00edan resistir la fuerza de su dulzura. Presentaremos aqu\u00ed solamente un ejemplo que har\u00e1 ver c\u00f3mo eran no s\u00f3lo la dulzura, sino tambi\u00e9n la prudencia de este sabio y caritativo Superior, cuando ten\u00eda que reprender y corregir a algunos de los suyos. Le dijeron un d\u00eda que un Sacerdote de su Congregaci\u00f3n no trabajaba bastante en las misiones, aunque pod\u00eda hacerlo muy bien; y que, cuando trabajaba en ellas, trataba al pueblo con un poco de aspereza en sus predicaciones. Sobre eso le escribi\u00f3 una carta para exhortarle a mostrarse m\u00e1s asiduo en las misiones y m\u00e1s manso con la pobre gente del campo. Y esto lo hizo de una manera tan suave como prudente y en\u00e9rgica; y le hizo esta advertencia sin que le manifestara menosprecio alguno hacia su persona, ni hacerle saber que se le hab\u00eda informado de aquel defecto.<\/p>\n<p>\u00abLe escribo \u2014le dice\u2014 para pedirle noticias de ustedes y darles alguna de las nuestras. \u00bfC\u00f3mo siguen ustedes despu\u00e9s de tantos trabajos? \u00bfCu\u00e1ntas misiones han dado? \u00bfEncuentra usted al pueblo dispuesto a sacar provecho de los actos, y a obtener todo el fruto que ser\u00eda de desear? Me alegrar\u00e1 mucho saber todas las cosas al detalle\u00bb<\/p>\n<p><em>\u00abTengo buenas noticias de las dem\u00e1s casas de la Compa\u00f1\u00eda; en todas se trabaja con fruto y satisfacci\u00f3n, gracias a Dios. Algunos, como el Sr. N, lleva ya en el campo hasta nueve meses seguidos, trabajando en las misiones casi sin parar; es algo maravilloso ver las fuerzas que Dios le da y el bien que hace, que es extraordinario, seg\u00fan me informan de todas partes. Me han hablado de \u00e9l los Sres. Vicarios Generales; otros me lo han dicho o escrito, incluso los religiosos, que est\u00e1n cerca de los sitios donde trabaja. Se atribuye todo este \u00e9xito al cuidado que \u00e9l pone en ganarse a los pobres con su mansedumbre y su bondad. Esto me ha movido a recomendarle m\u00e1s que nunca a toda la Compa\u00f1\u00eda, que se entregue cada vez m\u00e1s a la pr\u00e1ctica de estas virtudes. Si Dios derram\u00f3 alguna bendici\u00f3n sobre nuestras primeras misiones, se not\u00f3 que era por haber tratado con amabilidad, con humildad y con sinceridad con toda clase de personas. Si Dios ha querido servirse del m\u00e1s desgraciado para la conversi\u00f3n de algunos herejes, ellos mismos confesaron que fue por la paciencia y por la cordialidad que les hab\u00eda mostrado. Los mismos condenados a galeras, con los que estuve alg\u00fan tiempo, se ganan por ese medio; cuando, en alguna ocasi\u00f3n, les habl\u00e9 secamente, todo se perdi\u00f3; por el contrario, cuando alab\u00e9 su resignaci\u00f3n, cuando me compadec\u00ed de sus sufrimientos, cuando les dije que eran felices de poder tener su purgatorio en este mundo, cuando bes\u00e9 sus cadenas, cuando compart\u00ed sus dolores y mostr\u00e9 mi aflicci\u00f3n por sus desgracias, entonces fue cuando me escucharon, dieron gloria a Dios y se pusieron en estado de salvaci\u00f3n. Le ruego, se\u00f1or, que me ayude a dar gracias a Dios y a pedirle que quiera poner a todos los Misioneros en esa pr\u00e1ctica de tratar con mansedumbre, con humildad y caridad al pr\u00f3jimo, en p\u00fablico y particular, y hasta a los pecadores m\u00e1s endurecidos, sin usar nunca de invectivas, de reproches o de palabras duras contra nadie. No dudo, se\u00f1or, de que usted procurar\u00e1 por su parte evitar esa forma tan lamentable de servir a las almas que, en vez de atraerlas, las endurece y las aparta. Nuestro Se\u00f1or Jesucristo es la suavidad eterna de los hombres y de los \u00e1ngeles, y esa misma virtud es la que debe movernos hacia El, conduciendo tambi\u00e9n a los dem\u00e1s\u00bb.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mansedumbre La caridad est\u00e1 en su perfecci\u00f3n\u2014dice el Bienaventurado Francisco de Sales\u2014 cuando es no s\u00f3lo paciente, sino, adem\u00e1s de eso, mansa y buena a carta cabal. 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