{"id":39105,"date":"2011-06-11T02:55:29","date_gmt":"2011-06-11T00:55:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/06\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-11-seccion-2\/"},"modified":"2016-07-26T17:24:48","modified_gmt":"2016-07-26T15:24:48","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-11-seccion-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-11-seccion-2\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 11, Secci\u00f3n 2"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_28831\" style=\"width: 208px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/01\/abelly.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-28831\" class=\"size-medium wp-image-28831\" title=\"Luis Abelly\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/01\/abelly-198x300.jpg?resize=198%2C300\" alt=\"Luis Abelly\" width=\"198\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-28831\" class=\"wp-caption-text\">Luis Abelly<\/p><\/div>\n<p><strong>Caridad singular hacia los pobres<\/strong><\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber visto en general c\u00f3mo era la caridad del Sr. Vicente y los notables ejemplos que dio de ella en diferentes circunstancias, nos queda ahora por considerarla m\u00e1s al detalle en los sujetos particulares con quienes la ha ejercido santamente. Los que se presentan los primeros son los pobres, que \u00e9l am\u00f3 con un amor tern\u00edsimo, y para quienes ten\u00eda un coraz\u00f3n m\u00e1s que paternal; y ciertamente, si uno se quiere fijar en toda su vida, sobre todo desde el tiempo en que se dedic\u00f3 al servicio del altar, ver\u00e1 que casi no ha sido otra cosa que un ejercicio continuo de caridad para los pobres, y que sus principales obras y actividades m\u00e1s se\u00f1aladas han sido para los pobres. Para ellos procur\u00f3 la fundaci\u00f3n de varios Hospitales; para ellos fund\u00f3 las Cofrad\u00edas de la Caridad en tantos sitios, e instituy\u00f3 la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad; a \u00e9stas les ha dado la categor\u00eda de Siervas de los Pobres. Por los pobres ha hecho tantas Reuniones, ha obligado a los suyos a emprender tantos viajes, y ha dedicado sus atenciones, sus vigilias y todos los medios de los que ha podido usar para contribuir al alivio y al servicio de ellos. En fin, se puede decir que ha fundado la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n para evangelizar a los pobres. Y por esta raz\u00f3n dec\u00eda a menudo a sus misioneros: Somos los Sacerdotes de los pobres; Dios nos ha escogido para ellos; \u00e9so es la esencial para nosotros, el resto es accesorio.<\/p>\n<p>Efectivamente, parec\u00eda que el principal asunto de este caritativo Sacerdote era dedicarse a los pobres. A ellos dirig\u00eda habitualmente sus pensamientos, y a ellos tend\u00edan sus principales intereses. Llevaba a los pobres en su coraz\u00f3n, estaba vivamente conmovido por sus sufrimientos, y sent\u00eda un afecto muy sensible, cuando, al enterarse de sus necesidades y miserias, no ve\u00eda ning\u00fan medio para poderles ayudar.<\/p>\n<p>Estando un d\u00eda transido de dolor por ese motivo, y hablando a uno de los suyos que le acompa\u00f1aba en la ciudad, despu\u00e9s de algunos suspiros y exclamaciones por el mal tiempo que amenazaba en aquella estaci\u00f3n a los pobres con hambre y muerte: <em>\u00abEstoy triste \u2014<\/em>le dijo<em>\u2014 por nuestra Compa\u00f1\u00eda, pero ella no me preocupa tanto como los pobres. Nosotros nos libraremos yendo a pedir pan a las otras casas nuestras, si ellas tienen, o a servir de Vicarios en las parroquias. Pero, en cuanto a los pobres, \u00bfqu\u00e9 har\u00e1n? Y \u00bfpodr\u00e1n irse? Confieso que ellos son mi peso y mi dolor. Me han dicho que en los campos la pobre gente dice que, mientras tengan restos de la cosecha, vivir\u00e1n; pero que, despu\u00e9s no tendr\u00e1n que hacer m\u00e1s que sus fosas, y enterrarse vivos. \u00a1Oh Dios! \u00a1Qu\u00e9 extremo de miseria! Y \u00bfel medio para remediarlas?\u00bb <\/em><\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n, hablando a los suyos sobre el tema de los pobres, hizo el siguiente razonamiento: <em>\u00abDios ama a los pobres, y, por consiguiente, ama a quienes aman a los pobres, pues, cuando se ama mucho a una persona, se siente tambi\u00e9n afecto a sus amigos y servidores. Pues bien, esta peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda de la Misi\u00f3n procura dedicarse con afecto a servir a los pobres, que son los preferidos de Dios. Por eso, tenemos motivos para esperar que, por amor a ellos, tambi\u00e9n nos amar\u00e1 Dios a nosotros. As\u00ed pues, Hermanos m\u00edos, vayamos y ocup\u00e9monos con un amor nuevo en el servicio de los pobres, y busquemos incluso a los m\u00e1s pobres y abandonados. Reconozcamos delante de Dios, que son ellos nuestros se\u00f1ores y nuestros amos, y que somos indignos de rendirles nuestros peque\u00f1os servicios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>En una ocasi\u00f3n, hablando con dos personas eclesi\u00e1sticas de calidad, les dijo una palabra muy de notar, y que merece que no quede en el olvido, a saber<em>: \u00abQue todos los que amen a los pobres durante su vida no temer\u00e1n la muerte; que \u00e9l hab\u00eda tenido esa experiencia en varias ocasiones; y que, por esa raz\u00f3n, ten\u00eda la costumbre de insinuar esta m\u00e1xima en el esp\u00edritu de las personas, que ve\u00eda llenas de miedo ante la muerte, y se aprovechaba de la ocasi\u00f3n para excitarlas al amor de los pobres\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y hablando en una de sus cartas de la muerte de un virtuoso Sacerdote confirma lo mismo: <em>\u00abSu muerte \u2014<\/em>dice<em>\u2014 ha respondido a su vida: ha tenido continua conformidad con la voluntad de Dios desde el comienzo de su enfermedad hasta el final, sin haber sentido ning\u00fan movimiento, ni pensamiento contrario alguno. Siempre temi\u00f3 mucho la muerte, pero como desde el comienzo de la enfermedad vio c\u00f3mo la afrontaba sin ning\u00fan temor, y hasta con gusto, me dijo que seguramente morir\u00eda de aquello, porque \u2014dec\u00eda\u2014 que me hab\u00eda o\u00eddo decir: Que Dios quita el mie do a la muerte a los que han practicado gustosamente la caridad con los pobres, y han sufrido ese miedo durante su vida\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Pues bien, ese amor que el Sr. Vicente sent\u00eda por los pobres obraba dos efectos en su coraz\u00f3n: uno era un gran sentimiento de compasi\u00f3n de su indigencia y de su miseria, porque ten\u00eda el coraz\u00f3n extremadamente tierno en atenci\u00f3n a ellos. Y ya hemos hecho notar que, cuando recitaba las Letan\u00edas de Jes\u00fas, cuando dec\u00eda las palabras Jesu, pater pauperum, habitualmente lo hac\u00eda con un tono de voz que manifestaba la ternura de su coraz\u00f3n; y todas las veces que le iban a hablar de alguna miseria o necesidad especial, se le ve\u00eda suspirar, cerrando los ojos y levantando los hombros, como un hombre que se siente oprimido por el dolor; y su cara abatida daba bien a entender que su coraz\u00f3n estaba desconsolado por la compasi\u00f3n que sent\u00eda por los sufrimientos de los pobres. Hablando un d\u00eda, transido por ese sentimiento, a los suyos sobre el tema de la compasi\u00f3n: <em>\u00abCuando vayamos \u2014<\/em>les dijo<em>\u2014 a ver a los pobres, hemos de entrar en sus sentimientos para sufrir con ellos, y ponernos en las disposiciones de aquel gran Ap\u00f3stol, que dec\u00eda: Omnibus omnia factus sum, me he hecho todo para todos, de forma que no recaiga sobre nosotros la queja que anta\u00f1o manifest\u00f3 Nuestro Se\u00f1or por boca de un Profeta: Sustinui, qui simul mecum contristaretur, et non fuit;esper\u00e9 a ver si alguien se compadec\u00eda de mis sufrimientos, y no hubo nadie. Para ello es preciso que sepamos enternecer nuestros corazones y hacerlos capaces de sentir los sufrimientos y las miserias del pr\u00f3jimo, pidiendo a Dios que nos d\u00e9 el verdadero esp\u00edritu de misericordia, que es el esp\u00edritu propio de Dios. Pues, como dice la Iglesia, es propio de Dios hacer misericordia y conceder el esp\u00edritu de ella. Pid\u00e1mosle, pues, a Dios, Hermanos m\u00edos, que nos d\u00e9 ese esp\u00edritu de compasi\u00f3n y de misericordia; que nos llene de \u00e9l, que nos lo conserve, de forma que quienes vean a un misionero puedan decir: He ah\u00ed un hombre lleno de misericordia. Pensemos un poco en la necesidad que tenemos de misericordia nosotros, que debemos ejercitarla con los dem\u00e1s y llevar esa misericordia a toda clase de lugares, sufri\u00e9ndolo todo por misericordia\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00ab\u00a1Dichosos nuestros Cohermanos, que est\u00e1n en Polonia, que han sufrido tanto durante estas \u00faltimas guerras y durante la peste, y que todav\u00eda est\u00e1n sufriendo por ejercitar la misericordia corporal y espiritual, y por aliviar, asistir y consolar a los pobres! \u00a1Felices misioneros a los que ni los ca\u00f1ones, ni el fuego de las armas, ni la peste han hecho salir de Varsovia, donde los retiene la miseria de los dem\u00e1s; que han perseverado y todav\u00eda perseveran animosamente, en medio de tantos peligros y sufrimientos, por misericordia con los dem\u00e1s! \u00a1Qu\u00e9 felices son por emplear tan bien este momento de tiempo, que es nuestra vida, en la misericordia! S\u00ed, este momento, porque nuestra vida no es m\u00e1s que un momento que vuela y desaparece en seguida. \u00a1Ay! Mis setenta y seis a\u00f1os de vida no me parecen ahora m\u00e1s que un sue\u00f1o y un momento, y nada me queda de ellos, sino la\u00a0 pena de haber empleado tan mal esos instantes. Pensemos en el pesar que tendremos a la hora de nuestra muerte, si no utilizamos estos momentos de nuestra vida en ser misericordiosos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abAs\u00ed pues, seamos misericordiosos, Hermanos m\u00edos, y ejercitemos con todos nuestra compasi\u00f3n, de forma que nunca encontremos un pobre sin consolarlo, si podemos, ni a un hombre ignorante sin ense\u00f1arle en pocas palabras las cosas, que necesita creer y hacer para su salvaci\u00f3n. \u00a1Oh Salvador! \u00a1No permitas que abusemos de nuestra vocaci\u00f3n, ni quites de esta Compa\u00f1\u00eda el esp\u00edritu de misericordia! \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda de nosotros, si nos retirases Tu misericordia? Conc\u00e9denos ese esp\u00edritu junto con el esp\u00edritu de mansedumbre y de humildad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y en otra ocasi\u00f3n, hablando sobre el mismo asunto, dijo que: <em>\u00abEl Hijo de Dios, al no poder tener sentimientos de compasi\u00f3n en el estado glorioso que posee desde toda la eternidad en el cielo, quiso hacerse hombre y pont\u00edfice nuestro para compadecer nuestras miserias. Para reinar con El en el cielo hemos de compadecer, como El, a sus miembros que est\u00e1n en la tierra. Los misioneros, por encima de todos los sacerdotes, deben estar llenos de ese esp\u00edritu de compasi\u00f3n, ya que est\u00e1n obligados, por su estado y vocaci\u00f3n, a servir a los m\u00e1s desgraciados, a los m\u00e1s abandonados, y a los hundidos en miserias corporales y espirituales. Y, en primer lugar, han de verse tocados en lo m\u00e1s vivo y afligidos en sus corazones por las miserias del pr\u00f3jimo. Segundo, es menester que esta compasi\u00f3n y misericordia aparezca en su exterior y en su rostro, a ejemplo de Nuestro Se\u00f1or, que llor\u00f3 sobre la ciudad de Jerusal\u00e9n por las calamidades que la amenazaban. Tercero, hay que emplear palabras compasivas que le hagan ver al pr\u00f3jimo c\u00f3mo nos interesamos por sus penas y sufrimientos. Finalmente, hemos de socorrerle y asistirle, en la medida que podamos, en todas sus necesidades y miserias, procurando librarle de ellas en todo o en parte, ya que la mano tiene que hacer todo lo posible por conformarse con el coraz\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>He ah\u00ed el segundo efecto del amor que \u00e9l ten\u00eda a los pobres, que era socorrerlos y asistirlos tanto como pod\u00eda; y eso lo hizo siempre, habi\u00e9ndose convertido en el Administrador General de los pobres, en donde quiera que estuvieran, incluso en las tierras m\u00e1s lejanas, ocup\u00e1ndose con mucho esmero por subvenir a todas sus necesidades, y en proporcionarles alimento, vestido, albergue y todas las dem\u00e1s necesidades de la vida. Eso es lo que hac\u00eda que las personas caritativas enviaran de buena gana sus limosnas al Sr. Vicente, para que las distribuyera a los pobres, cosa que desempe\u00f1aba de tal manera, que daba siempre mucho m\u00e1s de lo que recib\u00eda.<\/p>\n<p>Teniendo presentes unas consideraciones parecidas, un eclesi\u00e1stico de condici\u00f3n y de virtud, presidente de una Comunidad de Par\u00eds, como dispon\u00eda de cantidades considerables para emplearlas en limosnas, quiso dirigirse, despu\u00e9s de la muerte del Sr. Vicente, a la casa de San L\u00e1zaro, para hacerlas llevar y distribuir a los pobres en unas Provincias lejanas. La raz\u00f3n por la que se dirigi\u00f3 a los Sacerdotes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n antes que a otras, es\u2014dec\u00eda<em>\u2014 \u00abporque el Sr. Vicente ha sido verdadero Padre de los Pobres, y ha tenido un esp\u00edritu y una gracia especial para socorrerlos y asistirlos, y porque ha dejado en preciosa herencia ese mismo esp\u00edritu y esa misma gracia a sus Hijos, que no dejar\u00e1n de seguir los ejemplos e ir tras las pisadas de su dign\u00edsimo Padre\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>No repetiremos aqu\u00ed lo que dijimos en otra parte, que en las diversas inundaciones y desbordamientos del r\u00edo Sena, el Sr. Vicente tuvo especial preocupaci\u00f3n, para que se cociera sin cesar pan en San L\u00e1zaro a costa del trigo de la Comunidad, y para que lo enviaran por barca a una aldea casi anegada del todo, llamada Genevilliers, a dos leguas de Par\u00eds: los pobres habitantes estaban cercados por las aguas y por el hambre, y reducidos a una necesidad extrema; y as\u00ed recibieron una ayuda muy oportuna, y tan abundante, como inesperada, por la caridad del Padre nutricio de los pobres, quien les enviaba aquella limosna por medio de dos Hermanos de la casa de San L\u00e1zaro, no sin peligro, para distribuirla junto con el Sr. Vicario, que conoc\u00eda las necesidades de cada familia y durante tanto tiempo como dur\u00f3 el desbordamiento.<\/p>\n<p>Hay un gran n\u00famero de acciones semejantes de caridad, que el Sr. Vicente practic\u00f3 en favor de los pobres en sus necesidades, pero que las pasamos en silencio. Mas no debemos omitir una, que hubiera quedado sepultada en el olvido, como muchas otras ocultadas por \u00e9l a los ojos de los hombres, si no llega a recuperarse, poco despu\u00e9s, un certificado escrito y firmado de su pu\u00f1o y letra, que se vio obligado a dar, durante el tiempo de guerra, a los que guardaban las puertas de Par\u00eds, para que dejaran salir los v\u00edveres enviados por \u00e9l a los pobres campesinos en una carreta de la casa de San L\u00e1zaro; porque los soldados, al ver que aquello segu\u00eda, quisieron asegurarse con otros testimonios distintos del carretero, de d\u00f3nde proced\u00edan los v\u00edveres y ad\u00f3nde los llevaban. El certificado estaba concebido en estos t\u00e9rminos: <em>\u00abEl infrascrito, Superior de los Sacerdotes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, certifica a todos los interesados, que unas buenas y piadosas Se\u00f1oras de esta ciudad me han comunicado que estaban enfermos la mitad de los habitantes de Palaiseau, y que mor\u00edan diez o doce cada d\u00eda. Dichas Se\u00f1oras me han pedido que env\u00edara algunos Sacerdotes para la asistencia corporal y espiritual de ese pobre pueblo, afligido a causa de la residencia de tropas en aquel lugar durante veinte d\u00edas. Por ello les hemos enviado cuatro Sacerdotes y un cirujano, que asistan a esa pobre gente; tambi\u00e9n les hemos mandado, desde el d\u00eda anterior al Corpus, todos los d\u00edas excepto uno o dos, diecis\u00e9is grandes hogazas de pan blanco, quince pintas de vino, huevos y, ayer, algo de carne; y que dichos Sacerdotes de la Compa\u00f1\u00eda me han dicho que es necesario enviar harina y un tonel de vino, tanto para la asistencia a dichas personas enfermas, como para las de las aldeas cercanas, por lo que he hecho partir hoy una carreta de tres caballos con cuatro sacos de harina y dos toneles de vino para la asistencia de esos pobres enfermos de Palaiseau y de las aldeas cercanas\u00bb. \u00abEn fe de lo cual escribo y firmo la presente con mi propia mano en San L\u00e1zaro de Par\u00eds, el d\u00eda 5 de junio de 1652\u00bb. \u00abFirmado: Vicente de Pa\u00fal, etc.\u00bb <\/em><\/p>\n<p>Por este escrito se puede ver hasta d\u00f3nde llegaba la caridad del Sr. Vicente, quien, en lugar de un solo Sacerdote que le hab\u00edan pedido para asistir a los pobres enfermos de Palaiseau, les envi\u00f3 a cuatro con un cirujano, y que, al mismo tiempo que atend\u00eda al bien espiritual de las almas, enviaba con qu\u00e9 restablecer a los pobres extenuados de hambre, y con qu\u00e9 aliviar a los enfermos desprovistos de todo. Para eso, emple\u00f3 sin dilaci\u00f3n alguna y con toda la diligencia que le era posible los hombres, las provisiones y los caballos de su Comunidad hasta que llegaran otras limosnas, pero mientras llegaban, no repar\u00f3 en gastar de la bolsa de su misma Comunidad, habiendo enviado hasta seiscientas sesenta y tres libras de su dinero; y eso lo dej\u00f3 tan exhausto de recursos en medio de la carencia que hab\u00eda de todo por aquel tiempo, que se vio obligado a escribir a la Se\u00f1ora Duquesa de Aiguillon que ya no estaba en situaci\u00f3n de hacer frente a aquellos gastos, y le suplicaba que reuniera un peque\u00f1o grupo de Damas de la Caridad en su casa y acordara con ellas qu\u00e9 hab\u00edan de hacer en aquella necesidad apremiante: <em>\u00abAcabo de enviar \u2014<\/em>le dijo en la carta que le escribi\u00f3 sobre dicha cuesti\u00f3n<em>\u2014 al Sacerdote con un Hermano y cincuenta libras. La enfermedad es tan maligna, que nuestros primeros cuatro Sacerdotes han ca\u00eddo enfermos, y el Hermano que les acompa\u00f1aba tambi\u00e9n. Ha habido que traerlos aqu\u00ed, y dos de ellos est\u00e1n grav\u00edsimos. \u00a1Ah Se\u00f1ora! \u00a1Qu\u00e9 cosecha tenemos para el cielo en este tiempo, en el que las miserias son tan grandes a nuestras puertas! La venida del Hijo de Dios ha sido la ruina para algunos y la redenci\u00f3n para muchos, como dice el Evangelio; y podemos decir en cierto modo lo mismo de esta guerra, pues ella ser\u00e1 la causa de la condenaci\u00f3n de cantidad de personas, pero Dios se servir\u00e1 tambi\u00e9n de ella para obrar la gracia, la justificaci\u00f3n y la gloria de muchos otros, de cuyo n\u00famero, tenemos motivos para esperar, ser\u00e1 usted, como as\u00ed se lo ruego a Nuestro Se\u00f1or\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Esta caritativa intervenci\u00f3n del Sr. Vicente para socorrer a los pobres de Palaiseau sirvi\u00f3 de ocasi\u00f3n y dio comienzo a las grandes caridades que se llevaron a cabo en la ciudad de \u00c9tampes y en todos los otros lugares de los alrededores de Par\u00eds, gracias a las atenciones y a la cooperaci\u00f3n de las Damas de la Cofrad\u00eda de la Caridad de Par\u00eds, y de algunas personas de gran piedad, que adquirieron por esas grandes obras un m\u00e9rito, cuya memoria no perecer\u00e1 nunca.<\/p>\n<p>Ah\u00ed va una peque\u00f1a muestra de los efectos de la caridad del Sr. Vicente en socorrer a los pobres con toda clase de ayudas a las que \u00e9l contribu\u00eda cuanto pod\u00eda, y frecuentemente m\u00e1s de lo que pod\u00eda. Y cuando no ten\u00eda m\u00e1s medios y ya no pod\u00eda conseguir de otros sitios, su \u00faltimo recurso era la bondad y los actos caritativos de la Reina Madre. Aunque no quer\u00eda ser inoportuno, ya que conoc\u00eda bastante c\u00f3mo practicaba Su Majestad liberalidades con toda clase de obras de piedad, sin embargo, en situaciones extremas, el refugio habitual del Sr. Vicente era acudir a ella para presentarle con confianza las acuciantes necesidades de los pobres, y nunca quedaba defraudado. Esta caritativa Princesa abr\u00eda inmediatamente la mano, y a\u00fan m\u00e1s el coraz\u00f3n para asistirlos, porque siempre que dispon\u00eda de dinero, se lo daba, y en caso contrario, le daba otra cosa. Cierta vez, entre otras, le dio un diamante valorado en siete mil libras, y, en otra ocasi\u00f3n, un hermos\u00edsimo pendiente, que se vendi\u00f3 en dieciocho mil libras para las Damas de la Cofrad\u00eda de la Caridad. Y aunque Su Majestad, por un sentimiento de humildad cristiana, hab\u00eda rogado al Sr. Vicente, que no dijera nada a nadie, \u00e9l no se crey\u00f3 obligado a obedecerla en aquella cuesti\u00f3n, sino que le dijo: <em>\u00abSe\u00f1ora: Su Majestad me perdonar\u00e1, si le place, si no puedo dejar oculta una acci\u00f3n caritativa tan hermosa. Es bueno, Se\u00f1ora, que todo Par\u00eds, e incluso toda Francia, la conozca, y creo que estoy obligado a publicarla por todos los sitios que pueda\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente ten\u00eda como norma, en los servicios y asistencias que prestaba a los pobres, la de extender de forma particular sus atenciones a los m\u00e1s abandonados. Y por esa raz\u00f3n, se dedicaba con un inter\u00e9s muy especial a atender a las necesidades de los pobres ni\u00f1os exp\u00f3sitos, como los m\u00e1s abandonados y los menos capaces de ser ayudados. Sent\u00eda un amor muy tierno por esas inocentes criaturas, y un amor no solamente afectivo, sino tambi\u00e9n efectivo.<\/p>\n<p><em>\u00ab\u00bfNo es obligaci\u00f3n de los padres \u2014<\/em>les dec\u00eda a los suyos sobre ese tema<em>\u2014 atender a las necesidades de sus hijos? Pues bien, si Dios nos ha puesto en lugar de quienes los engendraron, para que procuremos conservarles la vida y educarlos en el conocimiento de las cosas de su salvaci\u00f3n, hemos de interesarnos en no relajarnos en una empresa que tanto Le agrada. Porque, si despu\u00e9s de abandonarlos sus desnaturalizadas madres, nosotros no nos preocupamos de su alimentaci\u00f3n y de su educaci\u00f3n, \u00bfqu\u00e9 pasar\u00e1 con ellos? \u00bfPodemos consentir que vayan muriendo todos, como pasaba antes en la ciudad de Par\u00eds?\u00bb .<\/em><\/p>\n<p>Una persona virtuosa, que conoc\u00eda particularmente las preocupaciones que el Sr. Vicente sufr\u00eda por la conservaci\u00f3n de esas criaturas, incluso cuando las Damas m\u00e1s caritativas que se hab\u00edan encargado de su cuidado, perd\u00edan casi sus \u00e1nimos a causa de los grandes gastos que hac\u00edan falta, ha manifestado lo siguiente unos a\u00f1os antes de la muerte del Sr. Vicente: <em>\u00ab\u00a1Dios sabe cu\u00e1ntos suspiros y gemidos ha dirigido hacia el cielo el Sr. Vicente a causa de estos pobres ni\u00f1os! \u00bfQu\u00e9 recomendaciones ha hecho a su Compa\u00f1\u00eda para que rogara a Dios por ellos? \u00bfQu\u00e9 medios ha usado, y qu\u00e9 caminos no ha intentado para darles de comer con poco gasto? \u00bfY de qu\u00e9 cuidados no ha usado para enviarlos a visitar estos a\u00f1os \u00faltimos a las casas de las nodrizas a diversas aldeas, con las Hijas de la Caridad, y, este a\u00f1o de 1649, con un Hermano de su Congregaci\u00f3n, quien ha empleado cerca de seis semanas en llevar a cabo esa visita?\u00bb .<\/em><\/p>\n<p>Un d\u00eda le contaron que un Sacerdote de su Compa\u00f1\u00eda hab\u00eda dicho que el cuidado que \u00e9l se tomaba de los ni\u00f1os abandonados era la causa de la gran pobreza de la casa de San L\u00e1zaro, que estaba muy venida a menos en lo temporal, y se hallaba en peligro de quedar totalmente arruinada, <em>\u00aba causa \u2014<\/em>dec\u00eda<em>\u2014 de que las limosnas que acostumbraban a hacernos eran desviadas para esos ni\u00f1os, pues sus necesidades parec\u00edan mayores y m\u00e1s urgentes que las nuestras, y los que dan esas limosnas no pod\u00edan dar a ellos y a nosotros a la vez\u00bb.<\/em> A lo que el Sr. Vicente respondi\u00f3: <em>\u00abDios le perdone esa debilidad, que le hace alejarse, de ese modo, de los sentimientos del Evangelio. \u00a1Qu\u00e9 fe m\u00e1s d\u00e9bil pensar, que por hacer y procurar el bien a unos ni\u00f1os pobres y abandonados como \u00e9sos, Nuestro Se\u00f1or vaya a tener menos bondad con nosotros, El, que promete recompensar hasta el ciento por uno lo que se d\u00e9 por El! Ya que ese admirable Salvador dijo a sus Disc\u00edpulos: Dejad que los ni\u00f1os vengan a Mi, \u00bfpodemos nosotros rechazarlos o abandonarlos cuando vienen donde nosotros, sin que Le desobedezcamos? \u00bfDe qu\u00e9 ternura no dio muestras hacia los ni\u00f1os peque\u00f1os, hasta llegar a tomarlos en sus brazos y bendecirlos con sus manos? \u00bfNo es precisamente en relaci\u00f3n a ellos, cuando nos dio una regla de salvaci\u00f3n, mand\u00e1ndonos que nos hici\u00e9ramos semejantes a unos ni\u00f1os peque\u00f1os, si queremos tener entrada en el Reino de los Cielos? Pues bien, tener caridad a los ni\u00f1os y cuidar de ellos es, en cierto modo, hacerse ni\u00f1o, y proveer a las necesidades de los ni\u00f1os abandonados es ocupar el lugar de sus padres y de sus madres, o, mejor a\u00fan, el de Dios, pues El dijo que si la madre llegaba a olvidarse de su hijo, El mismo lo cuidar\u00eda y no lo olvidar\u00eda nunca. Si Nuestro Se\u00f1or viviera ahora entre los hombres en la tierra y viera a unos ni\u00f1os abandonados, \u00bfpensar\u00edamos que El querr\u00eda abandonarlos? Ser\u00eda indudablemente hacer una injuria a su Bondad infinita atribuirle semejante pensamiento; y ser\u00edamos infieles a su gracia, si, habiendo sido elegidos por su Providencia para procurar la conservaci\u00f3n corporal y el bien espiritual de esos pobres ni\u00f1os abandonados, fu\u00e9ramos a dejarlos y a abandonarlos por las molestias que nos ocasionan\u00bb.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Caridad singular hacia los pobres Despu\u00e9s de haber visto en general c\u00f3mo era la caridad del Sr. Vicente y los notables ejemplos que dio de ella en diferentes circunstancias, nos queda ahora por considerarla m\u00e1s &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-11-seccion-2\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[266,5],"tags":[218,152,143],"class_list":["post-39105","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly","tag-duquesa-de-aiguillon","tag-san-lazaro"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 11, Secci\u00f3n 2 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-11-seccion-2\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 11, Secci\u00f3n 2 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Caridad singular hacia los pobres Despu\u00e9s de haber visto en general c\u00f3mo era la caridad del Sr. Vicente y los notables ejemplos que dio de ella en diferentes circunstancias, nos queda ahora por considerarla m\u00e1s ... 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