{"id":39100,"date":"2011-06-06T02:55:29","date_gmt":"2011-06-06T00:55:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/06\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-8-seccion-2\/"},"modified":"2016-07-26T17:24:49","modified_gmt":"2016-07-26T15:24:49","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-8-seccion-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-8-seccion-2\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 8, Secci\u00f3n 2"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_28831\" style=\"width: 208px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/01\/abelly.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-28831\" class=\"size-medium wp-image-28831\" title=\"Luis Abelly\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/01\/abelly-198x300.jpg?resize=198%2C300\" alt=\"Luis Abelly\" width=\"198\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-28831\" class=\"wp-caption-text\">Luis Abelly<\/p><\/div>\n<p><strong>Devoci\u00f3n singular\u00edsima por imitar a Jesucristo y conformarse con sus ejemplos <\/strong><\/p>\n<p>El amor supone un parecido, o bien, lo produce, y hace que el amante trate de transformarse en cuanto puede en la persona amada, y de hac\u00e9rsele semejante para agradarle a\u00fan m\u00e1s, y hacer por este medio m\u00e1s estable y m\u00e1s perfecta la uni\u00f3n de su amistad. Por eso, el Hijo de Dios, queriendo manifestar el exceso de su amor, quiso hacerse hombre para hacerse semejante a nosotros. Tambi\u00e9n por la misma raz\u00f3n los que de veras aman a Jesucristo, deben, en lo que est\u00e9 en su mano y con la ayuda de la gracia, hacerse semejantes a El por la imitaci\u00f3n de sus virtudes divinas. Y cuanto mayor sea ese amor, tanto m\u00e1s perfecta y cabal debe de ser esa imitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hemos visto en la Secci\u00f3n anterior la singular devoci\u00f3n que el Sr. Vicente ten\u00eda a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo en el Sant\u00edsimo Sacramento del Altar. La magnitud de su amor a ese divino objeto no se circunscrib\u00eda solamente a rendirle sus deberes en ese adorable Misterio; se extend\u00eda tambi\u00e9n a todos los estados de su vida mortal y gloriosa para prestarle en cada uno de ellos particulares homenajes y, sobre todo, para tratar de expresar en s\u00ed mismo los rasgos de sus admirables virtudes con el fin de hacerse semejante a El. Sab\u00eda que el designio del Padre Eterno en la Encarnaci\u00f3n de su Hijo era no s\u00f3lo darnos un Redentor para librarnos de la esclavitud del pecado y del infierno, sino tambi\u00e9n proponernos un modelo de toda las clase de virtudes, para que nos acomod\u00e1ramos a \u00e9l. Por eso, el Sr. Vicente tom\u00f3 una firme resoluci\u00f3n de corresponder al designio de Dios, proponi\u00e9ndose imitar cuidadosamente al Divino ejemplar y formar una copia perfecta en su coraz\u00f3n. Eso es precisamente lo que ha practicado tan fiel y tan constantemente, que se puede decir verdaderamente que su vida no fue otra cosa que una perfecta expresi\u00f3n de la vida de Jesucristo; de modo que ha verificado en su persona la palabra del Divino Salvador: Que el disc\u00edpulo ser\u00eda perfecto, cuando llegara a ser parecido al Maestro.<\/p>\n<p>Para no extendernos demasiado aportando todos los actos realizados por \u00e9l para imitar al Hijo de Dios, pues con esa imitaci\u00f3n podr\u00edan relacionarse todos los actos de su vida, nos detendremos solamente en la consideraci\u00f3n de dos o tres ejemplos que hemos juzgado dignos de un comentario especial.<\/p>\n<p>En primer lugar, el Sr. Vicente trat\u00f3 de imitar a Jesucristo en su forma de vida ordinaria y oculta, que no parec\u00eda que tuviera nada de singular al exterior, y, sin embargo, era toda ella admirable, santa y divina en su interior, porque, a imitaci\u00f3n de este incomparable Maestro, el Sr. Vicente llev\u00f3 una vida vulgar y com\u00fan en su apariencia, no haciendo aparecer nada en ella que fuera brillante y extraordinario, y evitando toda ostentaci\u00f3n y singularidad. Pero practicaba por dentro y en el secreto de su coraz\u00f3n actos excelentes y verdaderamente heroicos en toda clase de virtudes. No estuvo siempre retirado en su vida privada, ni siempre expuesto al p\u00fablico, sino siguiendo el ejemplo de su Divino Prototipo, hizo una perfecta mezcla de la vida activa y de la contemplativa: estuvo a veces en la soledad con Jesucristo, y tambi\u00e9n la abandon\u00f3, como El, para ir a predicar la penitencia, y para dedicarse a procurar la conversi\u00f3n de los pecadores y la salvaci\u00f3n de las almas.<\/p>\n<p>Podemos decir tambi\u00e9n que Nuestro Se\u00f1or practic\u00f3 la vida oculta, no tanto separ\u00e1ndose del trato de los hombres, sino manteniendo cubierto y no manifest\u00e1ndoles lo que ten\u00eda de m\u00e1s excelente y m\u00e1s divino. Pod\u00eda darse a conocer y a honrar en todos los lugares como verdadero Hijo de Dios; pod\u00eda hacer brillar los rayos de su gloria, tanto por toda la Judea como sobre la monta\u00f1a de Tabor. Con todo, no quiso aparecer al exterior, sino como el Hijo de un simple carpintero, y como un hombre de tantos. El Sr. Vicente, a su ejemplo, se gloriaba de decir en toda clase de reuniones que no era m\u00e1s que un pobre campesino, e intentaba que le tuvieran s\u00f3lo como un cura de pueblo, ocultando cuanto pod\u00eda a los ojos de los hombres los excelentes dones de la naturaleza y de la gracia recibidos de Dios y que lo hac\u00edan digno de honor y de veneraci\u00f3n. Hab\u00eda estudiado muy bien la Teolog\u00eda, como ya lo hemos indicado en el Libro primero; hab\u00eda sido elevado a los grados de la Facultad de Teolog\u00eda de Toulouse; y, sin embargo, s\u00f3lo hablaba de s\u00ed mismo como de un ignorante, y de ordinario se consideraba s\u00f3lo un pobre estudiante de Cuarto. Ha huido de las dignidades con m\u00e1s cuidado e inter\u00e9s, que los ambiciosos han tratado de buscarlas; y en toda clase de circunstancias ha querido singularmente e imitado perfectamente la vida com\u00fan y oculta de su Divino Maestro; y como conoc\u00eda por propia experiencia el tesoro de gracia encerrado en el campo m\u00edstico del Evangelio, invitaba y exhortaba a los dem\u00e1s a participar de ellas.<\/p>\n<p>Veamos algunos p\u00e1rrafos de varias cartas que escribi\u00f3 a una misma persona, a la que dirig\u00eda por ese medio<em>: \u00abHonraremos siempre \u2014<\/em>le dice<em>\u2014 el estado oculto del Hijo de Dios. Ah\u00ed est\u00e1 nuestro centro, y eso es lo que pide de nosotros para el presente y para el futuro y para siempre, si su Divina Majestad no nos hace conocer de un modo que no pueda enga\u00f1ar, que El quiere otra cosa de nosotros. Honraremos, he dicho, la vida com\u00fan que Nuestro Se\u00f1or llev\u00f3 en la tierra, su humildad, su anonadamiento y la pr\u00e1ctica que hizo de las m\u00e1s excelentes virtudes en esa forma de vida. Pero honraremos particularmente a este Divino Maestro en la moderaci\u00f3n de su forma de obrar. No, no quiso hacer siempre todo lo que pod\u00eda, para ense\u00f1arnos a contentarnos, cuando no es conveniente hacer todo lo que podamos hacer, sino s\u00f3lo lo que es conveniente para la caridad y conforme a las \u00f3rdenes de la divina Voluntad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00ab\u00a1Cu\u00e1nto aprecio esa generosa resoluci\u00f3n que ha tomado usted de imitar la vida oculta de Nuestro Se\u00f1or! Parece claro que ese pensamiento viene de Dios, ya que est\u00e1 tan lejos de los sentimientos de la carne y de la sangre. Tenga usted por cierto, que \u00e9se es el sitio que conviene a los Hijos de Dios; y, por consiguiente mant\u00e9ngase ah\u00ed firme, y resista valerosamente a todos los sentimientos contrarios que pudieran sobrevenirle. Aseg\u00farese que por ese medio estar\u00e1 usted en el estado al que Dios la llama, y que har\u00e1 sin cesar su Voluntad, pues \u00e9se es el fin al cual tendemos, y al cual han tendido todos los Santos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente no dirig\u00eda \u00fanicamente a las personas particulares a esta santa pr\u00e1ctica sino tambi\u00e9n a todos los de su Compa\u00f1\u00eda en general, exhort\u00e1ndoles frecuentemente a hacerse verdaderos imitadores de Jesucristo en su vida com\u00fan y oculta. A este fin, explicando un d\u00eda en qu\u00e9 consist\u00eda la renuncia que debe hacer uno de s\u00ed mismo seg\u00fan lo mand\u00f3 Nuestro Se\u00f1or a todos los que quer\u00edan seguirle, entre seis o siete formas de practicarla que les ense\u00f1\u00f3, todas ellas relacionadas con los ejemplos del Divino Salvador, propuso una sacada de la doctrina de San Basilio, que consiste en renunciar a las pompas. Sobre esto present\u00f3 una objeci\u00f3n, a la que dio una respuesta digna de \u00e9l, y que da bastante a conocer lo que practicaba \u00e9l mismo, declar\u00e1ndoles lo que deb\u00edan hacer. He aqu\u00ed sus palabras<em>: \u00abQuiz\u00e1s me digan ustedes: Se\u00f1or, s\u00f3lo somos unos pobres Sacerdotes, que hemos renunciado a todas las pompas del mundo; tenemos unos h\u00e1bitos sencillos, muebles muy pobres, y nada que huela a vanidad o a lujo, de lo que tanto se alardea en el mundo, \u00bfqu\u00e9 necesidad hay de exhortarnos a renunciar a las pompas, ya que estamos tan separados de ellas? \u00a1Ah, se\u00f1ores y hermanos m\u00edos! \u00a1No nos enga\u00f1emos! Aunque tengamos h\u00e1bitos pobres y muebles tambi\u00e9n pobres, podemos con eso tener un esp\u00edritu pomposo. Y \u00bfc\u00f3mo puede ser eso, me dir\u00e1n ustedes? Eso se da, por ejemplo, cuando se trata de hacer sermones hermosos; cuando uno se complace de que lo que se ha hecho, y se ha dicho es aprobado y estimado de los dem\u00e1s; cuando se alegra al o\u00edr alabanzas en su honor, o cuando se publica lo bien que lo ha hecho, o tambi\u00e9n cuando uno experimenta cierta complacencia: todas esas cosas son se\u00f1ales de que uno tiene el esp\u00edritu pomposo. Para combatirlo y vencerlo es conveniente, a veces, hacer menos bien una cosa en cuanto a su aspecto externo, que no complacerse de haberlo hecho bien. Con esto hay que tener mucho cuidado en no darle ninguna entrada en nuestra alma a la vanidad, sino renunciar tambi\u00e9n a todos los pensamientos y a todos los sentimientos que nos vienen interiormente, como a los aplausos que nos dan externamente. Es preciso darse a Dios, Hermanos m\u00edos, para alejarse de la propia estima y de las alabanzas del mundo, que son la pompa del esp\u00edritu. Y a prop\u00f3sito de esto, un celebre predicador me dec\u00eda estos d\u00edas, que el que busca en el ministerio de la predicaci\u00f3n el honor y el aplauso del pueblo se entrega a la tiran\u00eda del p\u00fablico, y pensando hacerse importante con sus hermosos sermones, se hace esclavo de una vana y fr\u00edvola reputaci\u00f3n. Podemos a\u00f1adir a esto, que quien proclama en la predicaci\u00f3n bellos y jugosos pensamientos con un estilo pomposo est\u00e1 directamente opuesto al esp\u00edritu y a las m\u00e1ximas de nuestro Se\u00f1or Jesucristo; El ha dicho en el Evangelio, que son bienaventurados los pobres de esp\u00edritu. Esta Sabidur\u00eda eterna nos muestra ah\u00ed cu\u00e1n cuidadosamente deben evitar los Obreros evang\u00e9licos el brillo de los actos y la elocuencia pomposa de las palabras y hacerse con un modo de actuar y de hablar humilde, sencillo y vulgar: de eso es de lo que ha querido darnos ejemplo Nuestro Se\u00f1or. Cuidado, Hermanos m\u00edos, es el demonio quien nos sugiere esos pensamientos de querer triunfar, y quien hace que algunos se persuadan de que la manera de hablar sencillamente, usada por nosotros, es demasiado baja, y que por ese medio dejamos envilecer en nuestra boca la grandeza y la majestad de las verdades cristianas. Todo eso no es m\u00e1s que una astucia del demonio. Deben ustedes guardarse cuidadosamente de ella, y renunciando a todas esas vanidades permanecer fiel y constantemente en la pr\u00e1ctica de la sencillez y humildad de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, el cual pudiendo dar gran brillantez a sus obras y una soberana virtud a sus palabras, no lo ha querido hacer as\u00ed, y, yendo a\u00fan m\u00e1s adelante para confundir m\u00e1s nuestra soberbia con sus rebajamientos admirables, quiso que sus Disc\u00edpulos hicieran mucho m\u00e1s que El. Vosotros har\u00e9is \u2014les dijo\u2014 lo que yo hago, y a\u00fan har\u00e9is mucho m\u00e1s.Mas, \u00bfpor qu\u00e9? Se\u00f1ores, es que Nuestro Se\u00f1or se quiere dejar sobrepasar en los actos p\u00fablicos que aparecen al exterior para sobresalir en los humildes y en los m\u00e1s bajos, cuyo valor no es conocido por los hombres. Quiere los frutos del Evangelio, y no los ruidos del mundo; y para eso, ha hecho m\u00e1s por medio de sus servidores, que por S\u00ed mismo. El predic\u00f3 solamente en algunas regiones de Judea, y quiso que sus Ap\u00f3stoles anunciaran su Evangelio por toda la tierra, y que iluminaran todo el mundo con la luz de su doctrina; y as\u00ed como hizo pocas cosas exteriores por S\u00ed mismo, quiso que sus Ap\u00f3stoles y Disc\u00edpulos, aunque pobres ignorantes y rudos, pero estando como estaban animados de Su esp\u00edritu y de Su virtud, hayan hecho mucho m\u00e1s. \u00bfPor qu\u00e9? \u00a1Para darnos el ejemplo de una humildad perfect\u00edsima! \u00a1Ah se\u00f1ores! \u00bfNo seguiremos el ejemplo de ese Divino Maestro? \u00bfNo cederemos siempre la preferencia a los dem\u00e1s y esperaremos lo peor y lo m\u00e1s humillante para nosotros? Porque seguramente eso es lo que debemos pretender. Hagamos, pues, hoy la resoluci\u00f3n de seguirle y de ofrecerle estos peque\u00f1os sacrificios de nuestro amor propio, como por ejemplo: si voy a hacer un acto p\u00fablico y le puedo dar m\u00e1s lustre, no lo har\u00e9, eliminar\u00e9 de \u00e9l tal y cual cosa, que podr\u00eda darle alg\u00fan brillo y a m\u00ed alguna fama; de dos pensamientos que podr\u00edan venirme a la mente, presentar\u00e9 el menor para humillarme, y me reservar\u00e9 el m\u00e1s hermoso para hacer as\u00ed un sacrificio a Dios en el secreto de mi coraz\u00f3n. En fin, Hermanos, es una verdad del Evangelio, que Nuestro Se\u00f1or, en nada se complace tanto como en la humildad de coraz\u00f3n y en la sencillez de las palabras y de las acciones; es ah\u00ed donde reside Su esp\u00edritu, y en vano se le busca en otra parte. Si, pues, ustedes quieren hallarlo, tienen que renunciar al inter\u00e9s y al deseo de sobresalir con la pompa del esp\u00edritu, igual que con la del cuerpo, y, finalmente, con todas las vanidades y satisfacciones de la vida\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Este fiel imitador de Jesucristo no se contentaba con adaptarse en general a su vida com\u00fan y oculta, sino que adem\u00e1s de eso trataba de imitarle, en cuanto pod\u00eda, en su manera de obrar y de hablar. He aqu\u00ed el testimonio que el Superior de una de sus casas nos ha dejado por escrito: \u00a0<em>\u00abEl amor que el Sr. Vicente sent\u00eda por Nuestro Se\u00f1or, hac\u00eda que no le perdiera casi nunca de vista, andando siempre en su presencia y conform\u00e1ndose a El en todos sus actos, palabras y pensamientos. Porque puedo decir en verdad, y lo sabemos todos, que no hablaba casi nunca sin que adujera al mismo tiempo alguna m\u00e1xima o alg\u00fan hecho del Hijo de Dios, \u00a1tan lleno estaba de Su esp\u00edritu y tan de acuerdo con Sus directrices! A menudo he admirado qu\u00e9 bien aplicaba y qu\u00e9 a prop\u00f3sito las palabras y los ejemplos del Divino Salvador. Y esto en todo lo que aconsejaba o recomendaba. He o\u00eddo decir a uno de los m\u00e1s antiguos Sacerdotes de nuestra Congregaci\u00f3n, al Sr. Portail que lo conoc\u00eda y trataba con \u00e9l desde hacia cuarenta y cinco o cincuenta a\u00f1os, que el Sr. Vicente era una de las im\u00e1genes m\u00e1s perfectas de Jesucristo que hab\u00eda conocido en la tierra; y que no le hab\u00eda o\u00eddo nunca decir , ni visto hacer algo, que no estuviera relacionado con quien ha sido propuesto a los hombres como su ejemplo, y les ha dicho: Exemplum dedi vo bis, ut quemadmodum ego feci, ita et vos faciatis.Eso mismo es lo que el Sr. Vicente nos invita a hacer a menudo. En los consejos importantes que me dio de viva voz cuando se trat\u00f3 de enviarme a esta casa donde estoy, me recomend\u00f3 en especial, que, cuando fuera a hablar o actuar, pensara en m\u00ed mismo, y me preguntara \u00bfc\u00f3mo habr\u00eda hablado Nuestro Se\u00f1or, u obrado en esta ocasi\u00f3n? \u00bfde qu\u00e9 manera dir\u00eda esto, o har\u00eda aquello? \u00a1Ah Se\u00f1or! \u00a1Insp\u00edrame lo que debo decir, o lo que debo hacer, porque de m\u00ed mismo no puedo hacer nada sin Ti!\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Un c\u00e9lebre Doctor pregunt\u00f3 un d\u00eda a un Sacerdote de la Misi\u00f3n, que observaba mucho al Sr. Vicente, cu\u00e1l era su propia y principal virtud. El le respondi\u00f3 que: <em>\u00abEra la imitaci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, porque siempre lo ten\u00eda ante sus ojos para conformarse a El. Era su libro y su espejo; en \u00e9l se miraba en toda ocasi\u00f3n, y cuando ten\u00eda alguna duda de c\u00f3mo deb\u00eda hacer una cosa para que fuera perfectamente agradable a Dios, inmediatamente consideraba de qu\u00e9 modo actuaba Jes\u00fas en una circunstancia parecida o bien, lo que hab\u00eda dicho de aquello, o lo que hab\u00eda expresado en sus m\u00e1ximas. Y, sin dudar, segu\u00eda su ejemplo y sus palabras; y actuando seg\u00fan esa luz divina, hollaba con sus pies el propio juicio, el respeto humano y el temor que hubiera podido sentir porque su actuaci\u00f3n fuera criticada por la licencia de los que se esfuerzan en aflojar la santa severidad del Evangelio y de acomodar la piedad cristiana al esp\u00edritu del tiempo. Porque, en fin, \u2014<\/em>dec\u00eda a veces<em>\u2014 la prudencia humana se enga\u00f1a y desv\u00eda a menudo del camino recto, pero las palabras de la Sabidur\u00eda Eterna son infalibles, y sus orientaciones son rectas y seguras\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Estaba muy persuadido de que el car\u00e1cter de nuestra perfecci\u00f3n, lo mismo que el de nuestra predestinaci\u00f3n consiste en esta conformidad con el Hijo de Dios, y como el ten\u00eda el esp\u00edritu lleno de esta importante verdad, hablaba de ella tambi\u00e9n con mucha frecuencia de la abundancia de su coraz\u00f3n. Todas sus respuestas a las consultas que le hac\u00edan, y todos los consejos que daba, estaban fundados sobre esa misma verdad, y tend\u00eda siempre a insinuarla en el esp\u00edritu de todos. De eso se podr\u00eda aducir aqu\u00ed infinidad de ejemplos; pero presentaremos s\u00f3lo uno muy digno de destacar.<\/p>\n<p>El difunto Rey, de gloriosa memoria, mand\u00f3 llamar al Sr. Vicente, para que lo asistiera en su \u00faltima enfermedad, y como le preguntara cu\u00e1l era la mejor preparaci\u00f3n para la muerte, respondi\u00f3 a Su Majestad que era la de imitar a nuestro Se\u00f1or Jesucristo cuando se prepar\u00f3 para morir, y que el Santo Evangelio nos ense\u00f1aba que una de las principales disposiciones que hab\u00eda tenido el Se\u00f1or era una entera y perfecta sumisi\u00f3n a la voluntad de su Padre Celestial, dici\u00e9ndole: Non mea volun tas, sed tua fiat. (H\u00e1gase tu voluntad, y no la m\u00eda). A lo que el Rey replic\u00f3 con un sentimiento digno de un Pr\u00edncipe que lleva el t\u00edtulo de Cristian\u00edsimo: \u00a1Oh Jes\u00fas! Tambi\u00e9n yo lo quiero con todo mi coraz\u00f3n; \u00a1s\u00ed, Dios m\u00edo!. Lo digo y lo quiero decir hasta el \u00faltimo momento de mi vida \u00a1fiat voluntas tua! (H\u00e1gase como T\u00fa quieres). He ah\u00ed como el Sr. Vicente ten\u00eda siempre ante sus ojos el Original de toda perfecci\u00f3n y santidad, y no contento con imitarlo en todo, mov\u00eda tanto como pod\u00eda a los dem\u00e1s a hacer lo mismo.<\/p>\n<p>Ese era el estudio continuo de este Santo Var\u00f3n: imitar a Jesucristo y adaptarse a El, no solamente en el modo de obrar y de hablar externamente, m\u00e1s tambi\u00e9n en todas sus disposiciones internas, en sus deseos m\u00e1s santos, y en sus intenciones m\u00e1s perfectas; de manera que, en todo y por todo, no deseaba ni pretend\u00eda otra cosa, sino lo que el Divino Salvador hab\u00eda deseado y pretendido, que era que Dios fuese cada vez m\u00e1s conocido, honrado, amado, servido y glorificado, y que su Sant\u00edsima Voluntad fuera total y perfectamente cumplida, manteni\u00e9ndose en todo momento dispuesto a hacer y a sufrir todo lo que Dios quisiera para unos fines tan nobles y tan justos. Siempre estaba dispuesto a exponerse a los trabajos, a las fatigas, a las humillaciones, a las penas y a las persecuciones que hubiera tenido que sufrir y aguantar por ese motivo. De ah\u00ed proven\u00eda que nunca quedaba sorprendido por cualquier accidente que le ocurriera, por desdichado que pudiera ser, ni por ning\u00fan mal trato, que se le pudiera ocasionar: estaba preparado, a imitaci\u00f3n de su Divino Maestro, cuando se trataba de procurar el crecimiento de la gloria de Dios, o de someterse a Su voluntad, a hacer todo y a sufrir todo, o, incluso, a verse despojado de todo lo que dispon\u00eda de m\u00e1s querido en el mundo, hasta ver a su propia Compa\u00f1\u00eda dispersada y destruida, si tal era el deseo de su Divina Majestad. A prop\u00f3sito de esto, hablando una vez a los de su Comunidad: <em>\u00abRuego a Dios \u2014<\/em>les dec\u00eda<em>\u2014 dos o tres veces todos los d\u00edas que nos aniquile, si no somos \u00fatiles para Su servicio. Y \u00bfpara qu\u00e9, Hermano m\u00edos, querr\u00edamos estar en el mundo sin agradar a Dios, y sin procurar que fuera conocido y amado?\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Se adaptaba no s\u00f3lo a los deseos y a las intenciones del Hijo de Dios, sino tambi\u00e9n a lo que Le disgustaba, a sus dolores y a sus angustias internas. \u00a1Oh! \u00a1Qui\u00e9n hubiera podido penetrar en los secretos del coraz\u00f3n de este fiel y celoso imitador de Jesucristo! Lo habr\u00eda visto como el de su Divino Maestro, muy indignado de dolor, a la vista de los innumerables pecados que se cometen contra Dios; lleno de aversi\u00f3n contra las m\u00e1ximas del mundo, tan opuestas a las del Evangelio; penetrado de los sentimientos de tristeza y de aflicci\u00f3n por el avance de las herej\u00edas y por los grandes estragos que le ocurren a la Iglesia, y, finalmente, vivamente tocado de compasi\u00f3n por las miserias temporales y espirituales de los pueblos y el desamparo y el abandono en que se hallaban tantas almas sumergidas en las tinieblas de la ignorancia, o de la infidelidad. \u00a1Oh! \u00a1Cu\u00e1ntas veces habr\u00e1 deseado morir, o dar su sangre para remediar todos esos males! Pero su vida, como no fue casi m\u00e1s que una muerte continua por sus mortificaciones y sufrimientos, se puede decir tambi\u00e9n que ha sido como un remedio m\u00e1s largo y m\u00e1s extenso del que Dios ha querido servirse para ese efecto.<\/p>\n<p>Quer\u00eda que sus hijos entrasen en esos mismos sentimientos, y que, a imitaci\u00f3n de Jesucristo, fueran todos ellos hostias vivas, que se inmolaran continuamente con el Divino Salvador por la salvaci\u00f3n de todos los pueblos. Hablando de eso un d\u00eda: <em>\u00abEl que quiera salvar su vida, Hermanos m\u00edos, \u2014les dijo\u2014 la perder\u00e1: es Jesucristo el que nos lo asegura, dici\u00e9ndonos que no se puede hacer un acto m\u00e1s grande de amor que entregar la vida por el amigo. \u00bfPues qu\u00e9? \u00bfTenemos un amigo mejor que Dios? \u00bfY no hemos de amar todo lo que El ama, y tener, por amor a El, al pr\u00f3jimo como amigo? \u00bfNo ser\u00edamos indignos de gozar del ser que Dios nos da, si nos neg\u00e1ramos a utilizarlo por un motivo tan digno? Ciertamente, al reconocer que debemos nuestra vida a su mano liberal, cometer\u00edamos una injusticia, si nos negamos a emplearla y consumirla seg\u00fan sus designios, a imitaci\u00f3n de su Hijo, Nuestro Se\u00f1or\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y habl\u00e1ndoles en otra ocasi\u00f3n sobre el mismo asunto, profiri\u00f3 estas palabras desde la abundancia de su coraz\u00f3n: <em>\u00abQuien dice misionero, dice un hombre llamado por Dios para salvar almas, porque nuestro fin es trabajar por su salvaci\u00f3n, a imitaci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que es el \u00fanico verdadero Redentor, y que cumpli\u00f3 perfectamente lo que significa ese nombre amable de Jes\u00fas, que quiere decir Salvador. Vino del cielo a la tierra para ejercer ese oficio, e hizo de \u00e9l el objetivo de su vida y de su muerte, ejerciendo continuamente esa cualidad de Salvador por la comunicaci\u00f3n de los m\u00e9ritos de la sangre que derram\u00f3. Mientras vivi\u00f3 sobre la tierra, dirigi\u00f3 todos sus pensamientos a la salvaci\u00f3n de los hombres, y sigue todav\u00eda con esos mismos pensamientos, ya que es ah\u00ed donde se encuentra la voluntad de su Padre. Vino y viene a nosotros cada d\u00eda para eso, y por su ejemplo nos ha ense\u00f1ado todas las virtudes convenientes a su cualidad en nosotros y por medio de nosotros\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Finalmente, hablando con ese mismo esp\u00edritu a todos los de su Congregaci\u00f3n, en la carta que les dirige y env\u00eda al comienzo de las Reglas o Constituciones: <em>\u00abMiren \u2014<\/em>les dice<em>\u2014 a esta Reglas y Constituciones, no como producidas por esp\u00edritu humano, sino como inspiradas por Dios, de quien procede todo bien, y sin el que no somos capaces de pensar ninguna cosa buena por nosotros mismos, como proveniente de nosotros mismos. \u00bfQu\u00e9 encontrar\u00e1n en ellas, que no les anime e inflame a evitar los vicios, o la adquisici\u00f3n de las virtudes, y a practicar las ense\u00f1anzas evang\u00e9licas? Por eso hemos intentado, en cuanto nos ha sido posible, extraer todas ellas del esp\u00edritu de Jesucristo y sacarlas de las obras de Su vida, como se puede ver f\u00e1cilmente. Nos pareci\u00f3 que quienes han sido llamados a continuar la misi\u00f3n del mismo Salvador, misi\u00f3n que consiste sobre todo en evangelizar a los pobres, deber\u00edan entrar en sus sentimientos y sus m\u00e1ximas, llenarse de su mismo Esp\u00edritu y seguir fielmente sus huellas\u00bb.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Devoci\u00f3n singular\u00edsima por imitar a Jesucristo y conformarse con sus ejemplos El amor supone un parecido, o bien, lo produce, y hace que el amante trate de transformarse en cuanto puede en la persona amada, &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-8-seccion-2\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[266,5],"tags":[218,127],"class_list":["post-39100","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly","tag-portail"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 8, Secci\u00f3n 2 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-8-seccion-2\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 8, Secci\u00f3n 2 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Devoci\u00f3n singular\u00edsima por imitar a Jesucristo y conformarse con sus ejemplos El amor supone un parecido, o bien, lo produce, y hace que el amante trate de transformarse en cuanto puede en la persona amada, ... 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