{"id":387881,"date":"2016-09-12T08:49:14","date_gmt":"2016-09-12T06:49:14","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387881"},"modified":"2016-08-26T10:44:57","modified_gmt":"2016-08-26T08:44:57","slug":"la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xlvii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xlvii\/","title":{"rendered":"La Provincia espa\u00f1ola de las Hijas de la Caridad (XLVII)"},"content":{"rendered":"<p><em><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-387487 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/LOGO-HHC.gif?resize=161%2C212\" alt=\"LOGO HHC\" width=\"161\" height=\"212\" \/>Contin\u00faan las Fundaciones en Espa\u00f1a. <\/em>La fundaci\u00f3n de Almer\u00eda ha tenido la suerte de conservar completos los documentos que la tramitaron y que son a la vez una muestra patente de las vicisitudes peligrosas, a que se ve\u00edan expuestas las Hermanas en los largos y dif\u00edciles viajes de entonces. Inici\u00f3se con el siguiente Oficio, dirigido al P. Codina:<\/p>\n<p>\u00abLa Junta Municipal de esta Capital, que tengo el honor de presidir y a cuyo cargo est\u00e1n los establecimien\u00adtos de la casa central de exp\u00f3sitos y Hospital de Santa Mar\u00eda Magdalena de la misma, acogi\u00f3 con singular satisfacci\u00f3n la propuesta que con celo altamente piadoso y ben\u00e9fico, hizo en el mes anterior una persona inc\u00f3gnita por conducto del virtuoso eclesi\u00e1stico D. Juan Jos\u00e9 Pag\u00e1n, dirigida a que se pusiesen ambos Establecimientos bajo el cuidado y asistencia de las Hermanas de la Caridad, siendo de su cuenta los gastos que ocasionase la ejecuci\u00f3n de este laudable pensamiento.<\/p>\n<p>La Junta, que, a pesar de sus desvelos y deseos hacia el mismo objeto, luchaba con la escasez de recursos, se apresur\u00f3 a formar el oportuno expediente y a emplear todos los medios que estaban a su alcance, para secundar los generosos sentimientos de la digna persona que facilitaba los fondos necesarios al intento y del Sr. Pag\u00e1n, que con su celo m\u00e1s recomen\u00addable, era el conductor activo y eficaz para promover la realizaci\u00f3n; habiendo merecido todo, la aprobaci\u00f3n m\u00e1s lisonjera de la autoridad pol\u00edtica de la Provincia, y la Junta, el honor de que la autorice de la manera m\u00e1s amplia, a fin de que practique cuantas diligencias y gestiones sean conducen\u00adtes al fin indicado.<\/p>\n<p>En consecuencia acord\u00f3 que, en su nombre, me dirija a V.S., como lo hago, rog\u00e1ndole encarecidamente se sirva designar el n\u00famero de cinco Hermanas de ese venerable Instituto, que tan dignamente gobierna, para el servicio y asistencia de la Casa de Exp\u00f3sitos y Hospital de esta Ciudad, que, en concepto de esta Junta, son las absolutamente precisas para las atenciones y exigencias de ambos establecimientos, prometi\u00e9ndose que, accediendo V.S. a esta petici\u00f3n, dispensar\u00e1 a los desgraciados que en ellos encuentran un asilo, el mayor beneficio y a esta Junta el m\u00e1s distinguido obsequio, si tiene la dulce satisfacci\u00f3n de ver<\/p>\n<p>establecida en esta capital la Instituci\u00f3n m\u00e1s sublime y ben\u00e9fica de los tiempos modernos para alivio de la afligida humanidad.<\/p>\n<p>La Junta est\u00e1 pronta a ejecutar todas las diligencias necesarias al objeto piadoso que la mueve a reclamar de V.S. los caritativos auxilios de las Hijas de Vicente de Pa\u00fal, tan dignas de estimaci\u00f3n y aprecio de todos los amantes de la humanidad. Y para el efecto el Excmo. Sr. D. Diego de Entrena, Senador del Reino, dispensa a esta Junta la honra de representarla y V.S. tendr\u00e1 la bondad de entenderse con este distinguido y respetable caballero.<\/p>\n<p>Dios nuestro Se\u00f1or conserve la vida de V.S. muchos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Almer\u00eda, 17 de septiembre de 1845.<\/p>\n<p>Joaqu\u00edn G\u00f3mez Puch\u00bb.<\/p>\n<p>La contestaci\u00f3n del P. Codina muestra el inter\u00e9s que puso en favor de la fundaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abEl Director de las Hijas de la Caridad de estos Reinos, que suscribe, ha quedado profundamente conmovido al leer el oficio del 17 de los corrientes, con que V.S. se ha dignado honrarle. El dulce espect\u00e1culo de una persona altamente piadosa, que no anhela el lauro de las alabanzas humanas, sino agradar a Dios sacrificando caudales considerables en beneficio de la humanidad doliente y de la infancia abandonada; el de un eclesi\u00e1stico, promotor tal vez de un sacrificio tan heroico y agente de una empresa tan ben\u00e9fica; y el de una Ilustre Junta, que, deseosa de socorrer todas las necesidades que descubre, se lamenta de la escasez de sus recursos, pero que, viendo los que la Divina providencia pone en sus manos, se extas\u00eda al ver que podr\u00e1 dar satisfacci\u00f3n a los deseos que la abrasan y que se apresura cuanto puede, para lograr su realizaci\u00f3n, este espect\u00e1culo ha determinado al Director a variar el plan que se hab\u00eda propuesto.<\/p>\n<p>Aunque el Director es el conducto ordinario para elevar a S.M. las solicitudes de Hermanas para obtener la Real autorizaci\u00f3n, de un tiempo a esta parte, ha recusado hacer esta oficiosidad, viendo que no ten\u00eda bastantes Hermanas para atender a las continuas peticiones que le vienen de la Pen\u00ednsula, de sus Islas y de Ultramar. De esta regla que se hab\u00eda prefijado piensa, el Director separarse en obsequio de esa M.I. Junta, de que V.S. es digno Presidente, a fin de que no se les escape la ocasi\u00f3n tan favorable que se les presenta. As\u00ed, pues, pasar\u00e1 copia del Oficio de V.S. a su Excelencia el Sr. Ministro de la Gobernaci\u00f3n, mi Jefe inmediato en este ramo, y le acompa\u00f1ar\u00e1 con algunas reflexiones que tendr\u00e1n por resultado, seg\u00fan espero, el pasarle una Real orden, autoriz\u00e1ndole para realizar las fundaciones proyectadas por V.E., tan luego como se hayan realizado algunas otras que con anterioridad se han pedido y para las que se han pasado las correspondientes Reales \u00f3rdenes. Hecho esto, tan pronto como se halle el Director con Hermanas disponibles para enviar a Almer\u00eda, avisar\u00e1 a V.S. para tratar las condiciones y obligaciones mutuas que deber\u00e1n estamparse en una contrata que debe hacerse, seg\u00fan las bases aprobadas por el Gobierno de S.M.<\/p>\n<p>Dios guarde a V.S. muchos a\u00f1os<\/p>\n<p>Madrid 27 de septiembre de 1845.<\/p>\n<p>Buenaventura Codina\u00bb.<\/p>\n<p>En efecto, el mismo P. Codina, en octubre de aquel a\u00f1o, transmit\u00eda al Sr. Ministro petici\u00f3n de la Junta de Almer\u00eda, afianz\u00e1ndola con la m\u00e1s viva recomendaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abV.E. habr\u00e1 observado que de un tiempo a esta parte, me he abstenido de ocupar su atenci\u00f3n, elevando a su conocimiento las muchas s\u00faplicas, que los Se\u00f1ores Jefes Pol\u00edticos y Juntas de Beneficencia de la Pen\u00ednsula e Islas me han dirigido, para que les concediese Hijas de la Caridad para el servicio de sus ben\u00e9ficos establecimientos. Hall\u00e1ndome en la imposibilidad de poder, por ahora, acceder a sus pedidos, me propuse como una regla general, el no acudir a S.M. por medio de V.E. para pedir la Real autorizaci\u00f3n, a fin de poder realizar las fundaciones pedidas, viendo que no ten\u00eda suficiente n\u00famero de Hermanas formadas para desempe\u00f1ar en ellas las diferentes fundaciones de su caritativo Instituto.<\/p>\n<p>La circunstancia particular, que acompa\u00f1a a la s\u00faplica de la Junta Municipal de Almer\u00eda, me ha parecido poderosa para apartarme de la regla que me hab\u00eda prefijado. Es un bienhechor inc\u00f3gnito, que se ofrece a pagar todos los gastos que pueda ocasionar el establecimiento de las Hijas de la Caridad, mis s\u00fabditas, en el Hospital y Cuna de aquella Ciudad. Tan generoso ofrecimiento podr\u00eda inutilizarse, si no se tuviera esperanza de lograr las Hermanas, sino despu\u00e9s de haberse satisfecho a todos los que con anterioridad las hab\u00edan pedido. Para que no se escape una ocasi\u00f3n tan ventajosa para la humanidad, me ha parecido que no llevar\u00eda a mal S.E. el que me atreviese a pedir, como lo hago, que se me autorizase competentemente para poder emprender esta fundaci\u00f3n, luego que se hayan realizado aquellas para las cuales se ha dignado S.M. autorizarme por las Reales \u00f3rdenes que con distintas fechas V.E. ha tenido la bondad de comunicarme\u00bb.<\/p>\n<p>La petici\u00f3n del P. Codina fue despachada favorablemente por Real orden de 2 de enero de 1846, que dec\u00eda:<em> \u00abEl Excmo. Sr. Ministro de Gobernaci\u00f3n de la Pen\u00ednsula con fecha 27 de diciembre \u00faltimo me dice lo que sigue: = Excmo. Sr. = Visto lo representado por el Director General del Noviciado de las Hijas de la Caridad a consecuencia de la propuesta hecha por un inc\u00f3gnito a la Junta de Beneficencia de Almer\u00eda de trasladar a su costa las cinco Hermanas de aquel Instituto, que la misma hab\u00eda pedido para la casa central de Exp\u00f3sitos y el Hospital de Santa Mar\u00eda Magdalena de la misma ciudad, se ha servido Su Majestad ordenar que por el expresado Director se pongan a disposici\u00f3n de la Junta con el destino indicado, las referidas cinco Hermanas, no obstante que por falta de todas las necesarias no ha podido proveer de ellas a los otros establecimientos, a quienes est\u00e1 hecha semejante concesi\u00f3n; entendi\u00e9ndose la presente en la condici\u00f3n de cumplir el autor de la propuesta arriba dicha lo que en ella ofreci\u00f3 para la ejecuci\u00f3n del pensamiento.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0 \u00abDe Real orden lo comunico a V.E. para noticia del Director y efectos consiguientes.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0 Lo que traslado a V.S. para su inteligencia y cumplimiento.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0 Dios guarde a V.S. muchos a\u00f1os.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0 Madrid 2 de enero de 1846.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0 Ferm\u00edn Arteta.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0 Sr. Director del Noviciado de las Hijas de la Caridad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Qued\u00f3 redactada la escritura de esta fundaci\u00f3n, en 13 de noviembre de 1846, pero hasta el 1\u00ba de enero del a\u00f1o siguiente, no tomaron las Hermanas posesi\u00f3n del Establecimiento. Fueron destinadas, Sor Teresa Mart\u00ednez, Superiora, Sor Josefa Albura, Sor Ramona Barreiro, Sor Jacinta Valle, Sor M\u00e1xima Mart\u00ednez, Sor Francisca Riera y Sor Antonia Bernabeu. Fuera de las dos primeras, las dem\u00e1s estaban a\u00fan en el primer a\u00f1o de su noviciado.<\/p>\n<p>El 17 de diciembre salieron de Madrid, llegando sin novedad a Ja\u00e9n donde se les uni\u00f3 la superiora de Ja\u00e9n, Sor Melchora Iriarte, que las acompa\u00f1\u00f3 hasta Granada. De las peripecias que pasaron hasta llegar a Almer\u00eda, oigamos la relaci\u00f3n pintoresca enviada por sor Teresa.<\/p>\n<p>\u00abAlmer\u00eda, 27 de noviembre de 1846. Sr. D. Buenaventura Codina. Mi respetable Padre: No s\u00e9 por d\u00f3nde dar principio a esta carta, porque muy bien se podr\u00e1 llamar historia, pues tengo sobrados motivos para creer que todo el infierno se arm\u00f3, para ver de qu\u00e9 modo pod\u00eda impedir que llegase a efectuarse esta obra, que, a pesar de todo el infierno junto, emprendere\u00admos ayudadas de la divina gracia. Llegamos a \u00e9sta el primer d\u00eda de Pascua, a las tres de la tarde con toda felicidad; pero fue a fuerza de milagros que Su Divina Majestad obr\u00f3 con estas sus esposas; y no tenga V., padre m\u00edo, duda de que esto es as\u00ed. Yo desear\u00eda explicar los peligros en que nos hemos visto, no s\u00f3lo una vez ni dos veces, sino cuatro d\u00edas y medio que hay desde Granada a Almer\u00eda. Por la de Sor Melchora, que vino acompa\u00f1\u00e1ndo\u00adnos de Ja\u00e9n a Granada, ver\u00eda V., c\u00f3mo, aunque un poco estropeadas, llegamos con felicidad a dicho punto, donde nos obsequiaron mucho el Sr. Abad y sobrinos, encargados de estos Se\u00f1ores, que todav\u00eda no estoy informada c\u00f3mo se llaman; pero s\u00ed que he conocido que no acaban de creer que estamos en el establecimiento, de pura alegr\u00eda y complacencia; pero nada extra\u00f1o esto en personas de un car\u00e1cter como el de dichos Se\u00f1ores, que no desean otro bien que la gloria de Dios y el buen orden del Establecimiento. Pues no hay duda que, habiendo venido nosotras para reparar tantos des\u00f3rdenes como hemos encontrado, el maligno esp\u00edritu ha trabajado por sepultarnos muchas veces entre el hielo y nieve, que desde Granada a Almer\u00eda pasaba, en varios parajes, de tres varas, particularmente las dos primeras jornadas.<\/p>\n<p>No hac\u00eda m\u00e1s que una legua que hab\u00edamos salido de Granada cuando se nos hizo de noche. Yo iba la primera, cuando advert\u00ed que las tres mulas, que iban delante, estaban en tierra a punto de caer en un despe\u00f1adero, que dicen ten\u00eda ciento treinta o m\u00e1s varas y debajo un r\u00edo para nuestra defensa. Di una voz al mayoral y salt\u00f3 del pescante diciendo: \u00a1perdidos somos!; y felizmente desenganch\u00f3 las tres mulas de delante y ech\u00f3 los tornos a la galera y de este modo la detuvieron las dos mulas de varas. Este fue el primer milagro.<\/p>\n<p>La galera s\u00f3lo hab\u00eda venido expresamente para nosotras de Almer\u00eda a Granada, pero supieron dos caballeros que nosotras ven\u00edamos y como no se puede viajar de Granada a Almer\u00eda en caballer\u00eda sino con much\u00edsimo trabajo, nos pidieron por mucho favor, si los dejar\u00edamos entrar, porque el mayoral les hab\u00eda dicho no se determinaba por raz\u00f3n de que los Se\u00f1ores le hab\u00edan encargado no permitiera a nadie, porque pudi\u00e9ramos ir con mas comodidad. A nosotros nos parecieron buenos y nos dieron mucha l\u00e1stima; y como el mayoral dijo que eso depend\u00eda de nosotras, les dijimos que entrasen, por lo que no sab\u00edan qu\u00e9 hacerse de gozo que ten\u00edan del favor.<\/p>\n<p>Pero bien pronto nos lo recompensaron, exponiendo sus vidas por salvar las nuestras.<\/p>\n<p>El segundo d\u00eda de nuestra jornada pasamos un puerto peor que el de Pajares y de Guadarra\u00adma, que ambos los he pasado y por eso lo s\u00e9. A cosa de las nueve de la ma\u00f1ana de dicho d\u00eda de tribulaci\u00f3n y de triunfo al mismo tiempo, sucedi\u00f3 que dio la galera en una de las muchas piedras que hay en dicho camino; tuvimos la desgracia de volcar, pero sin que nos hici\u00e9ramos da\u00f1o alguno; solamente que para poner en salvo la galera nos sacaron los caballeros en brazos y nos pusieron encima de unas piedras que por fortuna no las cubr\u00eda la nieve, porque de otro modo hubi\u00e9ramos estado hasta la cintura. Por fin, quiso Dios que sacaran la galera y nos volvieron a meter en ella; pero no hab\u00edamos andado medio cuarto de legua, cuando nos quedamos envueltas en una nube de nieve, que apenas se ve\u00edan las mulas, y para nuestro consuelo el mayoral se puso a exclamar: \u00a1Dios m\u00edo, Dios m\u00edo! y a tirarse de los cabellos llorando como un ni\u00f1o.<\/p>\n<p>Los caballeros, llenos de valor para que nosotras no nos acobard\u00e1semos, dispusieron de que abandon\u00e1semos la galera para ponernos a salvo en una venta que hab\u00eda muy cerca de dos leguas, pero les acobardaba el temor de que parec\u00eda imposible que pudi\u00e9ramos andar por tanta nieve, lloviendo al mismo tiempo, con un aire que nos cortaba. Pero nosotras no desmay\u00e1ba\u00admos por esto, sino que parec\u00eda que alguna fuerza superior animaba a cada una, as\u00ed es que echamos a andar y como la nieve y el hielo se deshac\u00edan tanto, nos met\u00edamos hasta la cintura y de cada resbal\u00f3n que d\u00e1bamos, d\u00e1bamos en el santo suelo de espaldas y qued\u00e1bamos como un Santo Cristo; y esto nos causaba tanto enfado que en cayendo una, ya las otras ca\u00edan, pero de risa que les causaba.<\/p>\n<p>Las que m\u00e1s golpe llevaron fueron Sor Albura y Sor Bernabeu, pero ya se las va pasando. No fue esto lo peor ni lo m\u00e1s gracioso de nuestra escena, sino el ver a Sor Barreiro en medio del riachuelo, que con la deshecha hab\u00eda crecido, y no pod\u00edamos pasarlo si no es en caballer\u00edas y como \u00e9stas no estaban, determinaron los caballeros pasarnos en brazos. Yo para que las Hermanas no tuvieran reparo d\u00ed principio, pero al pasar a Sor Barreiro, como es tan grande no se pudo con ella y cayeron en medio del r\u00edo sin determinarse a soltarla el uno del otro. Todo esto se lo referir\u00e1 el mismo caballero, Dios mediante en persona, porque est\u00e1 estudiando en Madrid para ingeniero, y en pasando unos d\u00edas con su familia, pasar\u00e1n a esa.<\/p>\n<p>No piense V., Padre, que se acabaron los apuros con esto. Salidas que fueron del r\u00edo hechas una sopa, sin poder pasar la ropa, echamos a andar y antes de llegar a la venta que anhel\u00e1bamos, damos con otro r\u00edo mucho mayor sin comparaci\u00f3n, que era indispensable pasarlo, pero no a nado porque nos hubiera llevado a todas. A vista de esto el amo de la venta que estaba al otro lado del r\u00edo, pas\u00f3 con un caballo blanco, en pelo, y se empe\u00f1\u00f3 en pasarnos. En este conflicto no puedo menos de decir que desmay\u00e9 alg\u00fan tanto, no por m\u00ed sino por las Hermanas, a quienes ve\u00eda afligidas, pensando que caer\u00edan del caballo y perder\u00edan la vida.<\/p>\n<p>Cada una nos preparamos para este trance y puesta en Dios toda la confianza consentimos a que nos pusieran en el caballo y felizmente pasamos este apuro, dando gracias a Dios de que el ventero era un joven inteligente, soldado de Caballer\u00eda, que si no, con el miedo que las Hermanas ten\u00edan, se as\u00edan del pobre hombre que no s\u00e9 c\u00f3mo no cay\u00f3 del caballo.<\/p>\n<p>Esto sucedi\u00f3 a las once del d\u00eda y hasta el otro d\u00eda a la misma hora estuvimos en la venta descalzas y sin comodidad alguna. Nos metieron en un gallinero, que si quer\u00edamos vernos, no pod\u00edamos sino con luz artificial. En medio de dicho gallinero nos pusieron una cazuela con lumbre, donde pasamos la noche, llovi\u00e9ndonos encima por las rendijas del tejado. All\u00ed pasamos veinticuatro horas hasta que los guardias civiles buscaron medios de sacar la galera.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n a \u00e9stos los depar\u00f3 Dios para nuestro consuelo; fue tanto lo que trabajaron y lo que se interesaron por nosotras, que los caballeros les prometieron que har\u00edan de modo se premiase aquella generosidad de exponer sus vidas por guardar la galera en medio del puerto, por el peligro que hab\u00eda que la robasen en una noche tan cruel, y luego buscar bueyes y veinte hombres para sacarla de entre la nieve; y lo que m\u00e1s me admir\u00f3 fue que yo les quer\u00eda gratificar alguna cosa y no fue posible; antes se volvieron a ofrecer de nuevo, acompa\u00f1\u00e1ndo\u00adnos hasta estar fuera de peligro.<\/p>\n<p>Hicimos noche en un punto donde estaba su capit\u00e1n, y como le contaron el caso, vino a la posada a visitarnos y a ofrecerse muy generoso. Con este motivo le hablamos muy bien de ellos y me parece ser\u00e1n premiados\u00a0 en grados.<\/p>\n<p>En fin, todo se pasa y Dios no se muda. Pasaron los trabajos y vinieron los consuelos; y \u00e9stos son saber que estos Se\u00f1ores nos aprecian much\u00edsimo. Todav\u00eda no nos hemos encargado de nada. Estamos en la habitaci\u00f3n del Administrador. Por orden de los Se\u00f1ores la llegada o recibimiento fue sencillo por raz\u00f3n de que, el d\u00eda 24, nos aguardaron en el camino con tres coches, pero Dios nos quiso m\u00e1s humildes; sin embargo hubo campaneo y al punto vinieron todos menos el m\u00e1s principal que estaba enfermo; y ponder\u00e1ndonos la pena que le causaba no poder vernos, determin\u00e9 fu\u00e9semos nosotras a darle este consuelo Es hermano del que ha dispuesto V. para confesarnos Los dos tienen caras de santos. El Sr. Gobernador de la Mitra nos confes\u00f3 ayer y me dio muchos \u00e1nimos para acabar de triunfar contra el infierno.<\/p>\n<p>En fin, Padre, sea lo que Dios quiera, pero Dios quiere regalarnos con algunos trabajos, los que pienso se vencer\u00e1n con el tiempo.<\/p>\n<p>Soy de V. su afect\u00edsima hija que B. S. M.<\/p>\n<p>= Sor Teresa Mart\u00ednez.<\/p>\n<p>P.D. Me dicen las Hermanas que tenga V. a bien mandar \u00e9sta a todas las casas, quiero decir a la Madre Visitadora, Novicias, Hospital General e Incurables. Por no multiplicar cartas y economizar tiempo, que no falta donde emplearlo, pues que la necesidad est\u00e1 en su punto\u00bb.<\/p>\n<p>Del Noviciado, del Hospital General y de Mujeres Incurables proced\u00edan las Hermanas; era, pues, natural el inter\u00e9s mutuo en comunicarse y recibir noticias. La carta por otra parte nos recuerda las Fundaciones de Santa Teresa de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Otra relaci\u00f3n, fechada en Almer\u00eda, a 26 de aquel mes, nos manifiesta los nombres de aquellos buenos Se\u00f1ores que prestaron su caritativo auxilio a las pobres Hermanas y el nombre de los lugares donde les sucedi\u00f3 el percance. \u00abEn semejante estado, dice, caminaban llenas de gozo por haber salido de aquel peligro, cuando tuvieron la desgracia de ver paralizada su marcha por la fatalidad del camino, que cubierto de nieve e intransitable, tanto<\/p>\n<p>por lo que en s\u00ed ten\u00eda cuanto por lo que ca\u00eda y el gran fr\u00edo y aire que sufr\u00edan, en el sitio de la Cruz del Puerto, pasado el pueblo de Santillana, en cuya venta se agreg\u00f3 con benepl\u00e1cito de la insinuada Madre Superiora el joven digno del mayor aprecio por sus bellas circunstan\u00adcias que demostr\u00f3, D. Trinidad Guti\u00e9rrez, Director del Colegio de Humanidades de Madrid, que igualmente pasaba por la misma Ciudad a ver a su amado padre y familia, que por espacio de m\u00e1s de cuatro a\u00f1os carec\u00eda de su uni\u00f3n; y llegado que fue a Granada y visto que la galera cosaria hab\u00eda marchado, parti\u00f3 al oscurecer a su alcance, con los grandes deseos de incorporarse con ella, para tener el placer de llegar con ella a su ansiada casa, llegando despu\u00e9s de las diez de la noche a su incorporaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Llegada que fue la ma\u00f1ana y marchando por el mencionado sitio, encall\u00f3 la galera, qued\u00e1ndose enterrada en la nieve y con necesidad precisa de tener que desocuparla y ver si con los esfuerzos del mayoral y zagal, cuanto por los nunca comparados que demostraron el D. Diego de Mendoza como el caballero joven referido.<\/p>\n<p>Finalmente el mismo Sr. Mendoza escrib\u00eda al P. Codina d\u00e1ndole cuenta de aquellos sucesos del Puerto de Santa Cruz y Venta del Molinillo. \u00abTodo lo llevaron y sufrieron las Hermanas con el mayor valor y entusiasmo jam\u00e1s visto ni o\u00eddo en se\u00f1oras, pues que era imposible pudieran haber resistido tantas penas y contratiempos, al no estar pose\u00eddas de aquel fervor puro y santo, que llevadas de la misma ansia de llegar a su santo establecimiento del Hospital de Caridad de \u00e9sta, les hizo poder soportar todo contratiempo, regocijados sus\u00a0 esp\u00edritus en desear dedicarse en beneficio de la humanidad afligida y confundir al enemigo infernal, que por todos modos trat\u00f3 de impedir que tuvieran el placer de haber entrado en \u00e9l.<\/p>\n<p>Pero el poder de Dios que es inmenso me concedi\u00f3 esta vida para rendirla por su defensa, confesando que, s\u00f3lo su poder y para aterrar a los incr\u00e9dulos, ha hecho que sus amadas Hijas y los dos que tuvimos la gloria de acompa\u00f1arlas, experiment\u00e1semos y seamos testigos de la santidad de la referida Comunidad y que por \u00e9sta fu\u00e9semos salvos de los imponderables peligros en que nos vimos rodeados; y por la gran misericordia de Dios y para que por toda la Naci\u00f3n se extienda este particular y le bendigamos, quiso que as\u00ed sucediese\u00bb.<\/p>\n<p>El d\u00eda 1\u00ba de enero de 1847 la Junta solemniz\u00f3 la toma de posesi\u00f3n de las Hermanas con un discurso que imprimi\u00f3 luego y reparti\u00f3 entre el vecindario. Dec\u00eda as\u00ed: \u00abVenerables Hermanas: Al instalarse en este establecimiento piadoso la Comunidad respetable, que despreciando los rigores de la estaci\u00f3n y los riesgos de un largo viaje, corre presurosa, cual pudieran otros afanarse por la adquisici\u00f3n de una ping\u00fce herencia, para tomar a su cargo enfermos desvalidos y p\u00e1rvulos sin madre. Yo congratulo encarecidamente a las caritativas operarias de tan santa empresa; a la ciudad de Almer\u00eda que ha tenido la honra de admitirlas en su seno; a los pobres tambi\u00e9n, que reducidos por sus dolencias a las camas del hospital, ver\u00e1n desde hoy en adelante a la caridad cristiana junto a su lecho, prodig\u00e1ndoles consuelos; a los ni\u00f1os inocentes, que privados por la crueldad de sus madres verdaderas, tendr\u00e1n ya en las Hijas de S. Vicente de Pa\u00fal, otras mucho m\u00e1s solicitas y cari\u00f1osas; a la Junta de Beneficencia, en fin, bajo cuya direcci\u00f3n atinada se hace en pro de la poblaci\u00f3n y de la humanidad esta gran conquista. De lo inestimable de su precio y de su importancia ning\u00fan hombre sensato puede dudar; porque si otras hijas de un vano orgullo enlagaron en sangre el mundo, estas Hermanas consoladoras vienen con el \u00fanico fin de enjugar incalculables l\u00e1grimas, conducidas por la filantrop\u00eda de un piadoso desconocido, que modesto como la virtud que la inspir\u00f3, oculta la mano con que hace el beneficio; y sin embargo, por m\u00e1s denso que sea el velo con que este hombre tan envidiable procura recatar su generosa d\u00e1diva, el perfume pur\u00edsimo de caridad que difunde es demasiado sutil para que no penetre en lo m\u00e1s \u00edntimo de nuestros corazones, inspir\u00e1ndonos afectos de sincera gratitud a su ignorado nombre.<\/p>\n<p>El entusiasmo con que la venerable comunidad que me escucha, ha sido acogida en este pa\u00eds, es un testimonio irrecusable del aprecio que se da en \u00e9l al pensamiento sublime que nos las ha proporcionado y de la confianza en el porvenir que su instituci\u00f3n atesora para las clases menesterosas. A la realizaci\u00f3n de tan noble intento espero que Autoridades y particulares cooperen con el mayor af\u00e1n, porque \u00bfqui\u00e9n podr\u00e1 cerrar sus o\u00eddos, con la yerta indiferencia del ego\u00edsmo, a la voz del desvalido, cuando sabe que los socorros no se separar\u00e1n del santo objeto de su destino? En cuanto a la Junta de Beneficencia, las piadosas Hermanas de la Caridad pueden estar ciertas de que todos sus individuos, se har\u00e1n un deber de conciencia en prestarles, en el ejercicio de sus funciones, la m\u00e1s eficaz cooperaci\u00f3n. Ojal\u00e1 el Cielo, fecundando nuestros deseos fervorosos proporcione a esta ben\u00e9fica Instituci\u00f3n igual apoyo que en la Francia se le est\u00e1 prestando hace m\u00e1s de dos siglos y que pueda llegar a presentarse a la faz de esta Provincia bajo un pie brillante, ofreciendo los m\u00e1s lisonjeros resultados en provecho de la humanidad.<\/p>\n<p>Almer\u00eda 1\u00ba de enero de 1847.<\/p>\n<p>El Alcalde, Presidente de la Junta de Beneficencia, Jos\u00e9 Puche\u00bb.<\/p>\n<p>Pero en esta fundaci\u00f3n, como en otras muchas, las Hermanas ven\u00edan a herir intereses creados, que, como era natural, no pod\u00edan avenirse sin lucha a las reformas que era necesario introducir. Ya en 28 de diciembre, antes de tomar posesi\u00f3n, escrib\u00eda Sor Teresa al P. Codina<\/p>\n<p>\u00abEstos Se\u00f1ores han sentido mucho nuestros padecimientos, pero no se ha acabado, pues hay otros nuevos, por lo muy enredados que est\u00e1n estos dos departamentos de Exp\u00f3sitos y Hospital. Mucho necesito de que me tenga V. presente en sus oraciones para el acierto en la reforma que debe hacerse; los enemigos son muchos; los des\u00f3rdenes grandes; la pobreza en su \u00faltimo grado.<\/p>\n<p>En fin, s\u00f3lo me consuela que los Se\u00f1ores de la Junta no desean m\u00e1s que complacernos. Fui trasteando toda la casa con un poco de m\u00f3nita para ver qu\u00e9 gente la manejaba y de qu\u00e9 modo, y he visto por mis ojos que todos est\u00e1n en grande opulencia y los pobres en la mayor desdicha en el cuerpo y en el alma. Todos los empleados son casados; cada uno tiene una letan\u00eda de hijos y todos, cada uno en su clase, muy lujosos, al paso que los pobres est\u00e1n sin camisa, ni con qu\u00e9 hacerlas. Hasta el Capell\u00e1n tiene tres o cuatro mujeres, entre criada y sobrinas; todos viven en lo mejor de la casa\u00bb.<\/p>\n<p>Las reformas que se fueron introduciendo en favor de los pobres, dieron lugar a muchas habladur\u00edas que obligaron a la Junta de Beneficencia a salir en su defensa y de las Hermanas, por medio de una hoja impresa en 20 de junio de 1847, que dec\u00eda:<\/p>\n<p>\u00abLa rendici\u00f3n de cuentas ha probado que los gastos de venida de las Hermanas han sido pagados por el benefactor inc\u00f3gnito. Que los gastos de ellas no han afectado al Hospital.<\/p>\n<p>Que los atrasos en el pago de las nodrizas es por no haberse cobrado de los pueblos las cantidades recibidas en papel para cubrir los \u00faltimos cuatro meses de 1845 y 1846.<\/p>\n<p>Que la Junta est\u00e1 plenamente satisfecha de los desvelos, de la pureza y ejemplar conducta de las Hijas de la Caridad, en beneficio de los desvalidos, puestos a su cuidado, en estos Asilos de Beneficencia y que en este sentido nada dejan que desear, haci\u00e9ndose un deber el desmentir solemne y p\u00fablicamente, cuanto, en contrario de lo que queda asentado, pueda inventar la calumnia y la perversidad, \u00fanicos medios con que se intenta tachar la piedad acrisolada de personas dedicadas con sublime y cristiana abnegaci\u00f3n al ejercicio de las m\u00e1s grandes virtudes\u00bb.<\/p>\n<p>El infatigable amor a los pobres y el talento de Sor Teresa logr\u00f3 vencer todas las dificultades y Dios bendijo sus empresas. Sor Teresa Mart\u00ednez Ibilcieta naci\u00f3 en 10 de abril de 1808 en \u00c1ibar, Navarra. Entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n el 14 de junio de 1833. Fue destinada a Oviedo, donde estuvo algunos a\u00f1os hasta que en 12 de diciembre de 1843, fue llamada al Noviciado y nombrada 3\u00aa Maestra de Novicias. En agosto de 1844 acompa\u00f1\u00f3 a Par\u00eds a Sor Agustina Inza, cuando \u00e9sta fue a recibir orientaciones del P. General para la fundaci\u00f3n de M\u00e9xico. Su mejor elogio es el alto concepto en que la ten\u00eda el P. Roca, quien con fecha 25 de junio de aquel a\u00f1o escrib\u00eda: \u00abSor Teresa Mart\u00ednez la acompa\u00f1a para instruirse en los usos de las Hermanas de Francia y formar las novicias en Espa\u00f1a, seg\u00fan la uniformidad de Par\u00eds. Creo que es propia para maestra de novicias y para ocupar el lugar de la Hermana Angela\u00bb.<\/p>\n<p>El P. Codina, que ten\u00eda inter\u00e9s en quedar bien en la fundaci\u00f3n de Almer\u00eda, por las personas influyentes de Madrid, que en ello se interesaban, la nombr\u00f3 Superiora y hubo de salir la expedici\u00f3n antes de llegar el benepl\u00e1cito del P. General, a quien comunica el P. Codina que fue necesario no demorar m\u00e1s aquella fundaci\u00f3n para no comprometerse ante el Gobierno. Durante treinta a\u00f1os trabaj\u00f3 incansable Sor Teresa en favor de los pobres de Almer\u00eda y all\u00ed falleci\u00f3 en 3 de noviembre de 1877.<\/p>\n<p>En su Circular manuscrita de 1\u00ba de enero de 1847 dec\u00eda el P. Codina: \u00abMis car\u00edsimas Hermanas: Al comenzar el presente a\u00f1o de 1847 hubi\u00e9ramos deseado remitiros entera la carta circular, que suele todos los a\u00f1os dirigir a todas las Casas de las Hijas de la Caridad vuestra Superiora General para felicitaros el a\u00f1o nuevo, para exhortaros a la fiel observancia de las Santas Reglas y edificaros con la relaci\u00f3n de las virtudes que brillaron de un modo particular en algunas de las Hermanas que, en el a\u00f1o pasado, llegaron al fin de su carrera. Pero ciertos incidentes han impedido que llegasen a tiempo esos documentos y para no haceros esperar m\u00e1s tiempo, nos hemos determinado a dirigiros la presente, en la que ver\u00e9is que los ojos misericordiosos de Dios no han estado menos fijos sobre vuestra Congregaci\u00f3n en la Provincia de Espa\u00f1a, de lo que est\u00e1n sobre la misma en las dem\u00e1s Provincias del orbe cat\u00f3lico.<\/p>\n<p>Han sido cincuenta y ocho las doncellas que, en el a\u00f1o que acaba de expirar, han abrazado vuestro santo Instituto y nos edificaron en el tiempo que han vivido en esta Casa Central; y sabemos que siguen edificando en las diferentes casas, a que muchas de ellas han sido ya destinadas. Sabemos que en los varios establecimientos hay tantas postulantas que est\u00e1n haciendo la prueba acostumbrada. Rogad a Dios, car\u00edsimas Hermanas, que multiplique las operarias y que las llene de virtud para que puedan recoger la copiosa mies que en todas partes se ofrece a vuestro celo. De todas partes nos piden Hermanas para los Establecimien\u00adtos de Beneficencia, que por lo com\u00fan se hallan en un estado lamentable y sus Jefes creen que solas las Hijas de la Caridad de S. Vicente de Pa\u00fal pueden sacarlos del abatimiento.<\/p>\n<p>Al paso que el celo de las Autoridades, que desean mejorar la suerte de los pobres, nos edifican, tenemos la pena de no poder satisfacer a sus deseos tan pronto como desean por falta de Hermanas disponibles.<\/p>\n<p>Sin embargo, se han hecho en el a\u00f1o pr\u00f3ximo pasado m\u00e1s fundaciones que en ning\u00fan otro de los precedentes. El 1\u00ba de enero de 1846 Sor Tomasa Ochoa con sus compa\u00f1eras, tom\u00f3 posesi\u00f3n del Hospital Civil de Jerez de la Frontera y siguen en \u00e9l ocho Hermanas ejerciendo su caritativo Instituto para con los pobres enfermos, que se han doblado en n\u00famero despu\u00e9s de la llegada de las Hermanas y se est\u00e1n pidiendo otras m\u00e1s por la Junta, tan satisfecha como el pueblo del buen tratamiento que se da a los pobres. En junio del mismo a\u00f1o se establecieron otras Hermanas bajo la conducta de Sor Vicenta Urbelz en el Hospital de Vitoria, que va mejorando cada d\u00eda y actualmente las Hermanas, a m\u00e1s de asistir a la familia, reparten el alimento, en este tiempo tan riguroso, a los pobres jornaleros de la misma Ciudad.<\/p>\n<p>A principios de julio Sor Sebastiana Barasoain con otras cuatro Hermanas tom\u00f3 posesi\u00f3n en Burgos del Colegio de Hu\u00e9rfanas llamado de Salda\u00f1a, donde, a m\u00e1s de las pobres, se educan muchas se\u00f1oritas pensionistas tanto de la Ciudad como de otros puntos. Por la bondad de Dios va prosperando esta fundaci\u00f3n y esperamos, que en breve extender\u00e1 la ense\u00f1anza en una escuela gratuita que se abrir\u00e1 para las ni\u00f1as pobres.<\/p>\n<p>A fines del mismo mes sali\u00f3 de este Noviciado otra colonia de seis Hermanas con su Superiora Sor Francisca Sadaba para la ciudad de Albacete para encargarse de la Casa de Exp\u00f3sitos.<\/p>\n<p>Hemos tenido el consuelo de visitarla hace poco y la hemos visto en el estado m\u00e1s brillante que se puede desear; gracias al celo y laboriosidad de las Hermanas y de la eficaz cooperaci\u00f3n de todas las Autoridades de aquella Provincia.<\/p>\n<p>No bien estaba arraigada esta fundaci\u00f3n, cuando sali\u00f3 otra bajo la conducta de Sor Juliana Mestres para encargarse de la asistencia del Hospicio de Hu\u00e9rfanos y Hu\u00e9rfanas de la Ciudad de Barcelona, la que esperamos en Dios ocasionar\u00e1 otras m\u00e1s fundaciones en la misma Ciudad.<\/p>\n<p>En 22 de noviembre sali\u00f3 de esta Corte otra Colonia para la Ciudad de la Habana en la Isla de Cuba, capitaneada por Sor Casimira Irazoqui y bajo la direcci\u00f3n de los misioneros; fue admirable la alegr\u00eda con que todas emprendieron un viaje de dos mil leguas por mar; y esperamos que, al recibo de \u00e9sta, habr\u00e1n llegado a su destino que es de la Casa de Beneficencia. Os daremos a su tiempo el detalle de su viaje.<\/p>\n<p>En 17 de diciembre salieron de aqu\u00ed para la Ciudad de Almer\u00eda seis Hermanas bajo la conducta de Sor Teresa Mart\u00ednez, que hace la s\u00e9ptima, para encargarse del Hospital y Cuna reunidos de aquella Ciudad. Omitimos haceros la relaci\u00f3n de los infinitos trabajos que sufrieron en el camino y los prodigios que Dios obr\u00f3 para hacerlas llegar buenas, sanas y contentas al t\u00e9rmino de su viaje. Los peri\u00f3dicos de la Corte se han ocupado de esto v haremos que llegue a vuestro conocimiento, para que os aficion\u00e9is a vuestra santa vocaci\u00f3n y deis gracias a Dios, que tan bondadoso se ostenta con las pobres Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Pero no basta dar una acci\u00f3n de gracias de boca; mucho m\u00e1s exige de vosotras. Dios nuestro Se\u00f1or exige vuestro coraz\u00f3n todo entero; pide un celo por vuestra propia santifica\u00adci\u00f3n, que os haga dignas de ser los instrumentos de que se valga la divina Providencia para dilatar el Reino de Jesucristo, no s\u00f3lo por la predicaci\u00f3n de la fe, ense\u00f1ando sus misterios a los que no los saben, sino principalmente con el ejercicio de la Caridad y obras de misericordia corporales y espirituales, en especial a favor de los pobres, miembros los m\u00e1s desgraciados de la sociedad.<\/p>\n<p>Esta sublime misi\u00f3n os ha dado Dios sin haberla vosotras merecido, pero no os basta estar ciertas de haber sido llamadas; se necesita m\u00e1s, a saber, que con vuestras buenas obras hag\u00e1is cierta vuestra elecci\u00f3n para la vida eterna. Lo ser\u00e9is sin duda si sois esposas fieles de Jes\u00fas y copia exacta de este divino original de todas las virtudes. Y \u00bfc\u00f3mo lograr\u00e9is esto? Siendo fieles a las promesas que por vosotras hicieron los padrinos al presentaros para recibir el santo bautismo y las que vosotras mismas hab\u00e9is hecho al pie de los altares, al pronunciar los Santos Votos. Cumplir\u00e9is aqu\u00e9llas con observar los preceptos evang\u00e9licos, y \u00e9stos con la observancia de las Santas Reglas.<\/p>\n<p>Si esto os falta, Hermanas car\u00edsimas, perder\u00edais el puesto distinguido que ocup\u00e1is en la Iglesia de Jesucristo, ser\u00edais una sal infatuada y s\u00f3lo apta para ser pisada de todas las clases de la sociedad humana. El Se\u00f1or retirar\u00eda de vuestras cabezas la diadema real con que quer\u00eda coronaros, os repudiar\u00eda como esposas ad\u00falteras y llamar\u00eda a otras Congregaciones sacadas del tesoro de la Providencia, para que logren la palma que vosotras hab\u00edais despreciado.<\/p>\n<p>Confiamos, Hermanas car\u00edsimas, que despu\u00e9s de tantos sacrificios como hab\u00e9is hecho, no querr\u00e9is incurrir en tan funestas desgracias sino que vi\u00e9ndoos tan beneficiadas del Dios y del mundo que mira con asombro vuestras obras y sacrificios, procur\u00e9is renovar vuestro fervor en el a\u00f1o nuevo que comenzamos y en los que sigan despu\u00e9s hasta el \u00faltimo aliento de vuestra vida\u00bb.<\/p>\n<p>Pone a continuaci\u00f3n los siguientes avisos: \u00ab1\u00ba Sobre la libertad de escribir a los Superiores, pues hemos observado con dolor que algunas nos han escrito con mucho temor de que llegasen a saber sus Hermanas Sirvientes que nos escrib\u00edan\u00bb. 2\u00ba La repetici\u00f3n de oraci\u00f3n dos veces por semana. 3\u00ba Hemos sabido con dolor que en varias casas es muy frecuente el dar a las Hermanas chocolate por las tardes o meriendas, en especial los domingos y fiestas. Este es un abuso introducido ya por la sensualidad de algunas Hermanas, ya tambi\u00e9n por la culpable condescendencia de la Hermanas Sirvientes. Que se d\u00e9 en algunas solemnidades principales lo toleramos, pero prohibimos estrechamente y cargamos en esto la conciencia de las Superioras que se haga con frecuencia; salvo siempre el caso de un trabajo extraordinario que a veces suele ocurrir. Se except\u00faan las Hermanas enfermizas que, en la comida o cena, no pueden comer lo suficiente para alimentarse. 4\u00ba Sobre poner en la mesa los platos servidos. 5\u00ba Encargamos a las Hermanas Sirvientes un cuidado especial en formar el esp\u00edritu y corazones de las Hermanas novicias&#8230; Les encargamos asimismo un examen delicado de las pretendientes. No admitan a ninguna a quien falten las cualidades personales se\u00f1aladas en la lista impresa&#8230; 6\u00ba Tomando tan grande incremento vuestra Congregaci\u00f3n, necesita de Hermanas que est\u00e9n corrientes en escribir y contar para poder llevar los libros de contabilidad en los Establecimientos que se las conf\u00eda; por tanto encargamos a todas las que tengan disposici\u00f3n y talento pongan un gran celo para habilitarse, como que de aqu\u00ed, en gran parte, depende el honor de la Congregaci\u00f3n y el bien de los pobres. Mandamos a las Hermanas que est\u00e9n instruidas en estos ramos, que se presten de buena voluntad a instruir a sus compa\u00f1eras, y a las Hermanas Sirvientes que procuren que las Hermanas j\u00f3venes, sean profesas o novicias, despu\u00e9s de cumplir las obligaciones m\u00e1s precisas, empleen alg\u00fan tanto en ese estudio. 7\u00ba Sobre el modo de hacer la Caridad espiritual en las conferencias de culpas. 8\u00ba Sobre la Caridad entre las Comunidades distintas, de una misma poblaci\u00f3n. 9\u00ba Para que en cuanto sea posible se observe la uniformidad tan recomendada por la Santa Regla y por las Circulares de los Superiores Generales, no s\u00f3lo en las pr\u00e1cticas espirituales, sino tambi\u00e9n en el h\u00e1bito exterior, como os est\u00e1 rigurosamente mandado por vuestra Superiora General, deb\u00e9is cuidar con energ\u00eda las Hermanas Sirvientes que los h\u00e1bitos, tocas y colletes se acomoden a las medidas que inclu\u00edmos y son las mismas que envi\u00f3 la Superiora General por conducto de Sor Agustina Inza y Sor Teresa Mart\u00ednez. (El hilo es la medida del h\u00e1bito, el papelito la del contorno de tocas y colletes): Las Hermanas Sirvientes quedan obligadas a procurar el cumplimiento de esta ordenanza, no permitiendo en manera alguna que se hagan de nuevo las citadas piezas de ropa sino seg\u00fan el modelo dicho y aun reformando la hecha; de otra suerte ser\u00e1n responsables delante de Dios y de los leg\u00edtimos Superiores de los males que resulten en esta medida. Toda vanidad y ganas de contentar al amor propio y de agradar al mundo en los h\u00e1bitos, en el calzado, en pa\u00f1uelos ricos de mano, en personas religiosas, es una ridiculez que las hace despreciables a los ojos mismos de los mundanos y mucho m\u00e1s a los de Dios y de las personas santas.<\/p>\n<p>Desechad, Hermanas car\u00edsimas, en vuestros usos y pr\u00e1cticas todo lo que huele a mundo. Seguid la sencillez y pobreza de las primeras Hijas de la Caridad, que tanto elogiaba nuestro santo Padre; procurad en todo, llenaros del esp\u00edritu de vuestro Santo Instituto para corresponder a los imponderables beneficios que os ha dispensado y sigue dispens\u00e1ndoos Dios nuestro Se\u00f1or; de esta suerte, al paso que santificar\u00e9is vuestras almas, contribuir\u00e9is en gran manera a la manifestaci\u00f3n de la gloria de Dios, al decoro de su santa Iglesia, al bien corporal y espiritual de los pobres y al honor de vuestra Congregaci\u00f3n. Confiados en vuestra docilidad, no dudamos recibir\u00e9is bien y pondr\u00e9is en pr\u00e1ctica los avisos que os hemos dado y que de este modo corresponde\u00adr\u00e9is al paternal afecto que os profesa en el Se\u00f1or vuestro seguro servidor y capell\u00e1n, que ruega a Dios os guarde muchos a\u00f1os. Buenaventura Codina.<\/p>\n<p>Nota. Las Hermanas difuntas de fuera de Espa\u00f1a, por quienes deben aplicarse los sufragios acostumbrados, son 68.<\/p>\n<p>Otra nota. No permitan jam\u00e1s las Hermanas sirvientes que viaje sola una Hermana o Postulanta, a no ser que vaya bajo la custodia de una persona virtuosa y de toda confianza, pues algunas que lo han hecho de un tiempo a esta parte, han sufrido insultos graves, que han ocasionado grande detrimento en su salud; sin contar con los inminentes peligros del alma, de las cuales las ha librado Dios por su misericordia infinita.<\/p>\n<p>Otra Nota. Rogamos a las que est\u00e1n ejerciendo el oficio de Hermanas Sirvientes, sin tener patente, nos avisen cuanto antes para procur\u00e1rsela a la brevedad posible\u00bb.<\/p>\n<p>Juntamente con la intensa formaci\u00f3n espiritual requerida por el n\u00famero grande de novicias necesarias para atender a tantas fundaciones como de todas partes se ped\u00edan, la gran preocupaci\u00f3n del P. Codina y del Consejo central de las Hermanas era el edificio material del Noviciado, cada d\u00eda m\u00e1s insuficiente para aquella Comunidad siempre en auge. Fracasadas las reiteradas tentativas de conseguir edificio m\u00e1s adecuado y como la adquisici\u00f3n<\/p>\n<p>de la Huerta de Jes\u00fas, futuro Noviciado, era s\u00f3lo una esperanza por lo cuantioso de la obra en proyecto y falta de fondos, se decidi\u00f3 el Consejo a emprender, en mayo de 1846, algunas importantes mejoras en aquella vieja casa de la calle de San Agust\u00edn.<\/p>\n<p>Ya dijimos c\u00f3mo, pasada la guerra de la Independencia y deseando el Ilmo. Sr. Cebri\u00e1n, Patriarca de las Indias, dar nuevo impulso al Instituto de las Hijas de la Caridad, y autorizado por Real orden de 9 de diciembre de 1815, compr\u00f3 unas casas sitas en la calle de S. Agust\u00edn, n\u00ba l1 y 12 antiguos y 30 moderno, manzana 232, con fachadas a la antigua de Francos, hoy Cervantes y de Cantarranas, hoy Lope de Vega, que pertenec\u00edan a D. Tom\u00e1s Alejandro de Lezo, Marqu\u00e9s de la Villa de Ovieco, quien hizo escritura a favor del Sr. Patriarca, como Prelado superior entonces, y representante del Real Noviciado, en 23 de diciembre de 1815.<\/p>\n<p>Ten\u00eda el edificio un \u00e1rea de 24.748 pies y se tas\u00f3 en 571.762 reales. Pero la casa se vend\u00eda en ocurrencia de acreedores contra el citado Marqu\u00e9s, resultando que, descontados derechos reales, alumbrado y capitales censuales, el l\u00edquido desembolsable se reduc\u00eda a solos 66.932 reales.<\/p>\n<p>Esta casa Noviciado cumpli\u00f3 sus fines. All\u00ed se formaron cientos de Hermanas. La austeridad y la pobreza cuadraban bien con su destino futuro de cuidar a los pobres de aquellos Hospitales y Beneficencias, entonces, tan mal acondicionados. Pero la r\u00e1pida expansi\u00f3n del Instituto en Espa\u00f1a y el consiguiente aumento de novicias bien pronto hizo ver que no era posible seguir en un local del que dec\u00eda ya, en 1830, Sor Rosa Grau en su exposici\u00f3n al Gobierno, que conten\u00eda tres veces m\u00e1s personal del debido, sin patios ni azoteas ni desahogo alguno. La cocina y refectorio estaban en s\u00f3tanos insalubres; y para dormitorios se hab\u00edan tenido que ir acomodando unos malos desvanes. La sala de labor era reducid\u00edsima. De ah\u00ed el empe\u00f1o de los Visitadores y Visitadoras en conseguir del Gobierno otra casa en condiciones.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s la casa aquella de S. Agust\u00edn se adquiri\u00f3 con un censo de 14.190 reales, que no pudieron redimir las Hermanas. Despu\u00e9s de treinta a\u00f1os deb\u00edan m\u00e1s de cien mil reales en censos atrasados. A\u00f1\u00e1dase, que desde hac\u00eda diez a\u00f1os se ven\u00eda sosteniendo un pleito con un D. Nicol\u00e1s Mellado, empe\u00f1ado en cobrarles 170.000 reales, que dec\u00eda haberle prestado su padre al Marqu\u00e9s de Ovieco en 1791; siendo lo peor que en la 1\u00aa y 2\u00aa instancia fueron obligadas las Hermanas a pagar, si bien en la 3\u00aa se vieron libres. No poco trabaj\u00f3 en el feliz resultado de este enojoso pleito el P. Mata, uno de los Capellanes entonces del Noviciado, cuya vivienda estaba adjunta, con puerta a la calle Cervantes. Al terminar este pleito comenzaron las obras de desahogo de la casa y duraron a\u00f1o y medio, hasta fines de 1847<\/p>\n<p>De ello daba raz\u00f3n el P. Codina en su Circular litografiada de 15 de agosto de aquel a\u00f1o.<\/p>\n<p>\u00abAs\u00ed como cuando tengo noticias halag\u00fce\u00f1as para vuestra Congregaci\u00f3n hallo consuelo en comunic\u00e1roslas, as\u00ed tambi\u00e9n se alivia mi coraz\u00f3n cuando os hago participantes de las penas que le afligen. No es peque\u00f1a la que me resulta de ver el estado de penuria en que al presente se halla vuestra casa central o Noviciado. Habi\u00e9ndose aumentado considera\u00adblemente el n\u00famero de novicias, ya como sab\u00e9is ten\u00edan una escasa sala de labor y los dormitorios indecentes y en los desvanes de la casa; fue necesario agrandar el edificio y hacer nuevos dormitorios, en donde colocar tanta juventud y una sala de labor capaz, donde se las pudiese dar con comodidad toda la instrucci\u00f3n necesaria.<\/p>\n<p>No menos necesario era sacar la cocina y refectorio de los s\u00f3tanos que miran a la calle, por insalubres y porque pod\u00edan dar ocasi\u00f3n a mil peligros. Han cesado estos inconvenientes con la nueva cocina y nuevo refectorio, que se han hecho en el interior de la casa con toda la capacidad y luces necesarias. Va a concluirse en este mes toda la obra y tambi\u00e9n a agotarse todo el dep\u00f3sito, que con la pr\u00e1ctica de la m\u00e1s rigurosa econom\u00eda se hab\u00eda juntado. No bajar\u00e1 de 160.000 reales el importe total de la obra.<\/p>\n<p>Si no hubiese otras obligaciones que cumplir no nos ver\u00edamos en los apuros en que nos hallamos. Con la corta pensi\u00f3n que da el Gobierno nacional y los subsidios ordinarios, que env\u00edan las casas particulares, ir\u00edamos sosteniendo esta numerosa Comunidad, compuesta de unas ochenta personas, entre profesas, la mayor parte enfermas o enclenques, novicias y dependientes.<\/p>\n<p>Pero para hacer m\u00e1s aflictiva la situaci\u00f3n de esta casa Central, ha sobrevenido una nueva tribulaci\u00f3n. No habi\u00e9ndose podido pagar por muchos a\u00f1os el censo de 14.000 reales que debe esta casa anualmente, por no haber pagado la Naci\u00f3n las pensiones se\u00f1aladas, los due\u00f1os del censo exigen a toda prisa los atrasos, que ascienden a ciento un mil y pico reales. Y \u00bfc\u00f3mo pagar esa enorme cantidad hall\u00e1ndose agotados los fondos de la casa? Esto no es posible si las Comunidades particulares no hacen un esfuerzo extraordinario para venir en socorro de la principal.<\/p>\n<p>Esto me obliga, Hermanas car\u00edsimas, a dirigiros la presente Circular. Os exhorto, pues, a que en conformidad a lo que prescribe la Regla de las Hermanas Sirvientes y explica el libro de las Instrucciones y recomienda el Santo Padre en las Conferencias, a enviar a esta necesitada casa, no s\u00f3lo los subsidios ordinarios, si ya no los hubies\u00e9is enviado, sino tambi\u00e9n los dep\u00f3sitos de ahorros, exceptuando s\u00f3lo lo necesario para el socorro de vuestras necesidades.<\/p>\n<p>A las casas particulares, como que tienen asegurados los alimentos y vestuario, nada les puede faltar. Pero al Noviciado, que subsiste por su cuenta, le faltar\u00eda a\u00fan lo m\u00e1s preciso si no viniesen en su ayuda las comunidades particulares. Estas subsisten por el Noviciado, que las provee de Hermanas y el Noviciado subsiste por el socorro de aqu\u00e9llas. Tengo demasiado conocida vuestra generosidad y vuestro amor a la Congregaci\u00f3n para no estar seguro de que prestar\u00e9is gratos o\u00eddos a este exhorto que os dirijo y que har\u00e9is un esfuerzo extraordinario en estas circunstancias apuradas en que nos hallamos, como lo han hecho ya algunas casas de dentro y fuera de Madrid.<\/p>\n<p>El Santo Padre os lo pide y en su nombre vuestro Director, que se precia de ser en uni\u00f3n de los Sagrados Corazones de Jes\u00fas y de Mar\u00eda Inmaculada, mis car\u00edsimas Hermanas, vuestro siervo y Capell\u00e1n.<\/p>\n<p>Buenaventura Codina\u00bb.<\/p>\n<p>En aquel mismo a\u00f1o se verific\u00f3 el cambio de la Visitadora. Despu\u00e9s de la muerte de Sor Rosa Grau, en 1837, el peso de la Casa Central hab\u00eda reca\u00eddo sobre Sor Isabel Gormaz, una de las Hermanas m\u00e1s antiguas y respetables. Era natural de Paracuellos de Zaragoza, donde naci\u00f3 en 29 de julio de 1774 y fue admitida en la Congregaci\u00f3n en 29 de octubre de 1801, en la Casa de Barbastro. Estuvo en Mujeres Incurables de Madrid y, al formarse el Consejo de la Provincia en 1830, fue nombrada Ec\u00f3noma de la Casa Central, en la que muri\u00f3 a 23 de mayo de 1844. Como Superiora de las Hermanas elev\u00f3 algunos memoriales al Gobierno en favor de la Comunidad, cuando el hurac\u00e1n revolucionario, muerta Sor Rosa y desterrado el P. Codina, amenazaba destruir el Seminario.<\/p>\n<p>Suerte suya fue tener por sost\u00e9n y consejero en aquellos d\u00edas de tribulaci\u00f3n al santo Padre Borja, que ejerc\u00eda el cargo de Superior de las Hermanas. Compa\u00f1era suya fue tambi\u00e9n muy benem\u00e9rita en aquellos a\u00f1os la santa Directora del Seminario, Sor Mar\u00eda Presentaci\u00f3n Pe\u00f1asco. Era natural de Madrid, donde naci\u00f3 en 5 de mayo de 1791.<\/p>\n<p>Entr\u00f3 en el Noviciado en 27 de noviembre de 1816 y fue destinada en 1819 a la fundaci\u00f3n de Segovia. Ya en 1836 desempe\u00f1aba el cargo de Maestra de Novicias, en el que persever\u00f3 hasta su muerte, acaecida en 29 de diciembre de 1845. Basta leer exposiciones a la Reina Gobernadora en favor de la Casa Noviciado para ver su\u00a0 valent\u00eda y solicitud por las Hermanas y su amor a la Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando en 1841 el P. Roca, de acuerdo con el P. General Sr. Nozo, restableci\u00f3 el Consejo de la Provincia, fue nombrada Visitadora Sor Mar\u00eda Vicente Molner, Hermana merit\u00edsima que bien merece un cap\u00edtulo aparte en esta historia.<\/p>\n<p>Naci\u00f3 en Reus en 17 de abril de 1780. Su padre la cri\u00f3 con mucha delicadeza y regalo, pero llamada por Dios a ser Hija de S. Vicente, abandon\u00f3 en l801 la casa de su padre y sus numerosos hermanos y se fue al santo hospital, donde postul\u00f3 y fue admitida al santo h\u00e1bito<\/p>\n<p>el 21 de marzo de 1802.<\/p>\n<p>El viejo libro del personal titulado \u00abRegistro secreto de las Hijas de la Caridad que comprende las que existen desde primeros de octubre de 1830 en adelante\u00bb, da de ella el siguiente testimonio: \u00abEsta Hermana, aunque criada con bastantes conveniencias y delicadeza, fue muy fervorosa especialmente en el ejercicio de la caridad para con los pobres. Apenas hab\u00eda hecho su profesi\u00f3n, cuando practic\u00f3 el siguiente acto. En el a\u00f1o 1805, siendo Superiora de Reus la Se\u00f1ora Sor Clara Colomer y habitando en una casa perteneciente al Hospital y muy vecina a \u00e9l una familia muy pobre que viv\u00eda mendigando, por ser ciego el padre, fue avisada la Superiora por una hija del mismo ciego, que la mujer de \u00e9ste acababa de expirar de necesidad repentinamente. Al oir esta triste y fatal noticia exclam\u00f3 la dicha Superiora, dirigi\u00e9ndose a la Hermana Sor Mar\u00eda Vicenta: \u00abvamos all\u00e1, que puede ser que todav\u00eda no est\u00e9 muerta y a\u00fan pueda recibir los santos sacramentos\u00bb. Efectivamente, como la casa estaba tan inmediata, fueron volando las dos Hermanas y, aunque les cost\u00f3 mucho trabajo el subir la escalera que estaba muy mala y no dejaban de temer el hundirse, por estar el piso de la casa hecho una criba por los muchos agujeros que ten\u00eda, aunque cerrados con pedazos de tablas, se acercaron como pudieron al rinc\u00f3n, en que estaba la pobre moribunda sobre un poco de paja y cubierta de andrajos, repararon felizmente que todav\u00eda viv\u00eda. Despu\u00e9s de muy pocas reflexiones, animada la dicha Sor Vicenta del esp\u00edritu de caridad y deseo de socorrer a aquella pobre, la tom\u00f3 en brazos y carg\u00e1ndola como pudo sobre sus espaldas, la llev\u00f3 en pocos momentos al Hospital y ech\u00e1ndola desde luego en una de sus camas, la suministr\u00f3 un poco de cordial, revivi\u00f3 la enferma y cobr\u00f3 el aliento. Poco despu\u00e9s, tratando la misma Hermana de suministrarle otros alivios, not\u00f3 que ten\u00eda el cuerpo hecho como una escama de inmundicia; la lav\u00f3 con agua caliente y jab\u00f3n y con esta diligencia descubri\u00f3 que todo el cuerpo de la enferma estaba cubierto de sarna, la que antes no se ve\u00eda, por cubrirla enteramente la inmundicia. Encarg\u00f3se la caritativa Hermana de la curaci\u00f3n de dicha enferma, suministr\u00e1ndole todos los remedios proporcionados a sus males, y con sus diligencias y asistencia tuvo la satisfacci\u00f3n de verla enteramente curada de la sarna y dem\u00e1s males que la acompa\u00f1aban; de manera que, despu\u00e9s de una larga estancia, sali\u00f3 la pobre enferma del Hospital buena y sana y dando muchas gracias al Se\u00f1or y a la susodicha Hermana, por la grande caridad que hab\u00eda usado con ella.<\/p>\n<p>Permaneciendo todav\u00eda en Reus la misma Hermana, por noviembre de 1813 entr\u00f3 en el Hospital de aquella Villa, en el 17 del mismo mes y a\u00f1o, un coronel espa\u00f1ol llamado Gaya con una porci\u00f3n de gente armada, pero sin uniforme ni disciplina militar.<\/p>\n<p>Algunos de ellos subieron a las salas del Hospital con sus armas cargadas y habiendo tenido noticia de que hab\u00eda algunos enfermos franceses, preguntaron en qu\u00e9 camas estaban y habi\u00e9ndole se\u00f1alado algunas, uno de aquellos espa\u00f1oles, natural de Villanueva de Sitges apunt\u00f3 su arma para disparar contra uno de dichos franceses. Hall\u00e1base cerca de \u00e9l la citada Hermana y observando la acci\u00f3n, se abalanz\u00f3 contra el espa\u00f1ol armado y arrebat\u00f3sela de las manos y libr\u00f3 de la muerte a aquel desgraciado franc\u00e9s y quiso Dios que en todo esto ninguna desgracia ocurriese, bien que para apaciguar a los espa\u00f1oles se les dieron los vestuarios y armas de los franceses.<\/p>\n<p>Otro rasgo de valor varonil conocemos de Sor Vicenta Molner, durante la guerra de la Independencia. No solamente ha quedado consignado en nuestros archivos, sino que adem\u00e1s anda impreso en los Anales de Reus. Oigamos el relato de D. Francisco Gras en su Historia de la Ciudad de Reus.<\/p>\n<p>\u00abUna tarde del mes de setiembre de 1808 una turba salida de una taberna de la calle de San Pancracio, sin que las autoridades pudieran evitarlo, a los gritos de \u00abmueran los franceses\u00bb, subieron a las Casas Consistoriales, arrojaron a la plaza el retrato de Godoy, en medio de una infernal griter\u00eda; violentaron tambi\u00e9n las puertas de los Se\u00f1ores Bofarull y Mir\u00f3 y de otras distinguidas familias y se dirigieron al Hospital a dar muerte a siete soldados franceses que en \u00e9l curaban sus heridas, procedentes del primer sitio de Zaragoza y entre ellos M.F. joven de 22 a\u00f1os que recibi\u00f3 cuatro balazos en el asalto de la mencionada Ciudad, mandando como jefe la segunda compa\u00f1\u00eda de Granaderos del batall\u00f3n 114 a las \u00f3rdenes del Mariscal Suchet.<\/p>\n<p>Llegan los amotinados al piadoso asilo, derriban las puertas entre amenazas e imprecaciones, apuntan las pistolas y escopetas a los indefensos heridos, que lanzan un grito de terror; la Superiora y religiosas pierden el sentido, se esconden los enfermeros y nuestra bella y joven paisana Sor Vicenta Molner y Sagimon, hija de un platero con tienda abierta en la calle de la Concepci\u00f3n, hermosa, sublime, majestuosa, despreciando su vida se arroja sobre las armas exclamando:\u00bbdisparad las escopetas, matad a esos infelices enfermos heridos y extranjeros, pero yo morir\u00e9 antes que vosotros os deshonr\u00e9is con tan cobarde asesinato. No me intimidan vuestros gritos y vuestras armas; os presento mi coraz\u00f3n. Haced fuego, miserables\u00bb.<\/p>\n<p>Todos retrocedieron del crimen que iban a cometer y atravesando despu\u00e9s las calles al grito de \u00abmueran los matacristos\u00bb que era el nombre que daban a los franceses en el campo de Tarragona, fueron al domicilio de un pobre zapatero franc\u00e9s, que fue arrojado a la calle desde el desv\u00e1n en que se hab\u00eda escondido.<\/p>\n<p>De vuelta a su pa\u00eds el joven capit\u00e1n M.F. retir\u00f3se a la peque\u00f1a Ciudad de L. en los Vosgos y decor\u00f3 el sal\u00f3n de su casa con un magn\u00edfico cuadro al \u00f3leo de grandes dimensiones representando el asalto del Hospital y escribiendo al pie de \u00e9l: \u00abA la memoria de Sor Vicenta Molner y Sagimon, de la orden de S. Vicente de Pa\u00fal, natural de Reus y hoy Superiora del Convento de Pamplona\u00bb.<\/p>\n<p>Completa el anterior relato el libro de \u00abHijos Ilustres de Reus\u00bb con estas palabras: \u00abCon qu\u00e9 veneraci\u00f3n aquel valeroso militar, en su ancianidad mostraba aquel cuadro a los amigos, expres\u00e1ndose con estas elocuentes frases que copio de la Ilustraci\u00f3n francesa de 2 de noviembre de 1861. \u00abAquella joven celestial fue mi amparo y salvaci\u00f3n y si mis deseos y anhelos llegan a cumplirse su nombre ser\u00e1 inmortal \u00a1Ay! si ella supiera que un olvidado viejo, hace cincuenta a\u00f1os bendice su nombre a todas horas y que la nieve de mis canas, lejos de apagar el fuego del sentimiento de la gratitud, lo anima m\u00e1s cada d\u00eda y con mayor intensidad. \u00a1Ay!, si ella supiera el cari\u00f1o que la profeso morir\u00eda feliz. Es lo \u00fanico que ambiciono en este mundo. Diera gustoso la mitad de mi fortuna por poderla comunicar que nunca lo he olvidado.<\/p>\n<p>Cuando as\u00ed se expresaba el noble militar Sor Vicenta ya no exist\u00eda pues hab\u00eda muerto el a\u00f1o anterior en 9 de agosto, en el noviciado de las Hijas de la Caridad establecido en Madrid. Fue superiora de Pamplona. En tanta estimaci\u00f3n la ten\u00edan y contin\u00faan teni\u00e9ndola sus Hermanas en religi\u00f3n que colocaron su retrato en la testera de sal\u00f3n de Juntas de aquel importante Noviciado.<\/p>\n<p>A la belleza de su rostro, dice el citado libro, un\u00eda un alma dotada de gran valor, de clara inteligencia y de altas prendas morales. Su padre Jos\u00e9 Molner, platero con tienda abierta en la calle de la Concepci\u00f3n, casado con Antonia Sagimon tuvo muchos hijos y el que m\u00e1s nombre le ha dado fue esa venerable Hija de la Caridad. Siendo muy ni\u00f1a, sali\u00f3 sigilosamente de su casa y se fue al Hospital consagr\u00e1ndose a Dios y a los enfermos.<\/p>\n<p>En el libro del personal de Reus leemos: \u00abfue Superiora de la Misericordia de Pamplona y del Colegio de Sang\u00fcesa. Fue la primera Visitadora de Espa\u00f1a muy apreciada de Fernando VII y de la Reina Amalia. Era arrogante. En el noviciado est\u00e1 su retrato\u00bb. Hacia 1822 fue nombrada Sor Vicenta Superiora de la Misericordia de Pamplona, de donde pas\u00f3 a ponerse al frente del Hospital General de Madrid, siendo a la vez Consejera de la Visitadora.<\/p>\n<p>En 6 de enero recib\u00eda el P. Codina una orden tajante de la \u00abDirecci\u00f3n de los Reales Hospitales de Madrid\u00bb ordenando retirar de la casa las seis principales Hermanas de la Comunidad, que estaban al frente de los departamentos y la primera Sor Vicenta Molner, la cual fue destinada de superiora al Colegio de Sang\u00fcesa. En 1841 volvi\u00f3 a Madrid, despu\u00e9s de haber visitado los Hospitales del Norte, en Vascongadas y Navarra y fue nombrada Superiora del Noviciado y Visitadora de toda la Congregaci\u00f3n, en Espa\u00f1a. Una nota del libro del personal nos dice que en l\u00ba de septiembre de 1844 \u00abqued\u00f3 confirmada en el oficio de Superiora de la casa del Noviciado Sor Vicenta Molner y constitu\u00edda de hecho Visitadora de la Provincia de Espa\u00f1a y, como tal, reconocida, no s\u00f3lo por todas las Hijas de la Caridad de estos Reinos, sino tambi\u00e9n del Visitador y hasta de la Superiora Principal de todo el Instituto y del mismo Superior General de las dos Congregaciones, bien que ni se pidi\u00f3 la patente de Visitadora ni pensaron los Superiores de Par\u00eds en enviarla\u00bb.<\/p>\n<p>Fue entonces nombrada Asistenta, Sor Valentina Culla; primera Directora del Seminario, Sor Mar\u00eda Pe\u00f1asco; segunda, Sor Teresa Mart\u00ednez y tercera, Sor Asunci\u00f3n Azcona.<\/p>\n<p>En 13 de noviembre de 1845 el P. Codina escrib\u00eda al P. General: \u00abLa Visitadora sufre hace tiempo dolores reum\u00e1ticos, que le impiden, a veces, levantarse a las cuatro; por esta causa ha ido con una Hermana a las aguas termales de Catalu\u00f1a. Esperamos mejore su salud. Si ha habido en ella alguna singularidad en h\u00e1bitos o en algunos peque\u00f1os muebles, todo ha desaparecido hace tiempo. Por lo dem\u00e1s, ama mucho la Congregaci\u00f3n y por defenderla en tiempos de borrasca ha padecido mucho. En su juventud ten\u00eda el car\u00e1cter muy severo, pero le aseguro a V. que ninguna Comunidad ha dado mayor n\u00famero de Hermanas dotadas de esp\u00edritu m\u00e1s recto y m\u00e1s amante de su vocaci\u00f3n que ella, siendo Superiora de Pamplona; de aqu\u00ed que ahora sus hijas sean las principales columnas de la Congregaci\u00f3n. Ahora su car\u00e1cter es dulce y casi desconocido. Tenemos en la Casa Madre muchas Hermanas antiguas, ciegas, enfermas, que han hecho sufrir mucho a las casas donde han vivido; para contenerlas es menester firmeza y esa firmeza las incomoda y frecuentemente las descontenta, pero su descontento nace principalmente de sus enfermedades y de su car\u00e1cter melanc\u00f3lico, m\u00e1s que de la dureza de la Visitadora. Otro trato m\u00e1s d\u00e9bil todo lo desordenar\u00eda. Yo no dejo de avisarla frecuentemente y ella escucha y sigue mis consejos. Con ocasi\u00f3n de su viaje a Catalu\u00f1a la he rogado visite las casas de aquellas provincias y la de Zaragoza. Todas las Hermanas est\u00e1n contentas y todo marcha all\u00ed a maravilla. No hay Hermana mas enterada en todos los ministerios de la Compa\u00f1\u00eda que la actual Visitadora. Tiene sus defectos, pero es d\u00f3cil y se deja gobernar\u00bb.<\/p>\n<p>El Consejo de la Provincia se compon\u00eda entonces del P. Codina, Sor Vicenta Molner, Sor Valentina Culla, Sor Francisca Ustarroz y Sor Mar\u00eda Landarte.<\/p>\n<p>14.- Habiendo cesado de su oficio de Visitadora Sor Vicenta Molner, qued\u00f3 en la Casa Noviciado donde vivi\u00f3 en una vejez tranquila hasta su muerte acaecida en 9 de agosto de 1860. Sus restos descansan en el Pante\u00f3n de la Iglesia antigua del Noviciado de Jes\u00fas, nicho n\u00b0 5. Al cesar en su cargo de Visitadora Sor Vicenta Molner, fue nombrada para sucederle Sor Valentina Culla.<\/p>\n<p>En el antiguo libro del personal leemos: &#8216;Estando para concluir este primer trienio, el Consejo de la Casa Central de Madrid, siguiendo las instrucciones dadas en la deliberaci\u00f3n de la casa principal de Par\u00eds, sobre el gobierno de las Hijas de la Caridad de la Provincia de Espa\u00f1a los miembros de este Consejo con su presidente presentaron separadamente al Superior General una terna de las que creyeron aptas para desempe\u00f1ar el cargo de Superiora de esta casa central y de Visitadora de toda la Provincia de Espa\u00f1a. La elecci\u00f3n de Par\u00eds recay\u00f3 sobre la Se\u00f1ora Sor Valentina Culla y en su virtud, el Rvdo. Sr. Superior General expidi\u00f3 a favor de la misma la patente que fielmente copiada dice as\u00ed: \u00abNos D. Juan Bautista Etienne, Superior General de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, a nuestra muy amada en Jesucristo, Sor Valentina Culla, hija de la expresada Compa\u00f1\u00eda, salud en nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n<p>La casa Central de las Hijas de la Caridad de Madrid, en Espa\u00f1a, tiene al presente necesidad de que Nos nombremos alguna, que se encargue de su direcci\u00f3n particular y que llene al mismo tiempo, las funciones de Visitadora en los establecimientos de aquel Reino y de los de M\u00e9jico. Nos, bien informados de vuestra caridad, buena conducta, fidelidad a las Santas Reglas y piadosos usos establecidos por S. Vicente y de vuestra experiencia en el servicio de los enfermos, os nombramos y establecemos en virtud de estas letras patentes, Visitadora de las Hijas de la Caridad en Espa\u00f1a, a fin de que ejerz\u00e1is las funciones de Hermana sirviente y Visitadora, seg\u00fan el orden establecido en vuestra Compa\u00f1\u00eda y bajo la direcci\u00f3n y obediencia del Sr. Codina, a quien tenemos nombrado Director de vuestra Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Por tanto recomendamos y ordenamos a todas las Hermanas residentes en dichos establecimientos que os obedezcan en nuestro Se\u00f1or y que vivan bajo vuestra direcci\u00f3n en observancia de las Santas Reglas.<\/p>\n<p>Y para que conste damos estas letras patentes, firmadas de nuestra mano y selladas de nuestro sello ordinario.<\/p>\n<p>Par\u00eds 31 de agosto de 1847.<\/p>\n<p>Etienne\u00bb.<\/p>\n<p>Esta patente fue le\u00edda delante de toda la Comunidad reunida en el oratorio de la casa, con presencia tambi\u00e9n de las Superioras y otras Hermanas de todas las casas de la Corte y en seguida fue entregada a la nueva Visitadora, el d\u00eda 8 de setiembre de 1847, fiesta del nacimiento de Nuestra Se\u00f1ora, seg\u00fan se le hab\u00eda prevenido de Par\u00eds al Rdo. Sr. Director.<\/p>\n<p>Acto continuo comenz\u00f3 la nueva Visitadora su oficio y qued\u00f3 concluido pac\u00edficamente este importante negocio.<\/p>\n<p>En 24 del mismo mes dirig\u00eda el P. Codina una Circular a las Hermanas particip\u00e1ndoles el nuevo nombramiento.<\/p>\n<p>\u00abDos son, dice, los objetos de la presente Circular que tengo el honor de dirigiros. El 1\u00ba daros las m\u00e1s expresivas gracias por la prontitud con que hab\u00e9is venido en ayuda de vuestra Casa Central de esta Corte, que, agobiada por gastos crecid\u00edsimos y deudas de mucha consideraci\u00f3n, ocasionados por la falta de pagos de la pensi\u00f3n que debe abonarla el Tesoro Nacional, estaba a punto de cerrarse. La mayor parte de las Comunidades particulares han socorrido ya a este Noviciado, seg\u00fan sus fuerzas y algunas sobre ellas. Nuestro Se\u00f1or os recompense esta caridad y mantenga en todas el esp\u00edritu de uni\u00f3n para que vaya adelante esta admirable obra de S. Vicente de Paul, nuestro Santo Padre.<\/p>\n<p>S\u00ed, Hermanas car\u00edsimas, ella prosperar\u00e1 m\u00e1s y m\u00e1s de d\u00eda en d\u00eda a proporci\u00f3n que sea m\u00e1s estrecha la uni\u00f3n y concordia de todos los miembros que la componen con su cabeza. Con la concordia crecen las cosas m\u00e1s peque\u00f1as, al paso que con la desuni\u00f3n las m\u00e1s grandes vienen al suelo. El segundo objeto es anunciaros el fin del trienio de la primera Visitadora de esta Provincia de Espa\u00f1a, la Se\u00f1ora Sor Mar\u00eda Vicenta Molner, y el principio del 2\u00ba trienio, en el que por disposici\u00f3n de nuestro honorabil\u00edsimo Padre el Sr. Superior General, de acuerdo con el Consejo de la Casa Matriz de Par\u00eds, tendr\u00e1 vuestra Congregaci\u00f3n de Espa\u00f1a e Indias por Superiora del Noviciado principal y Visitadora de todas las casas, a la Se\u00f1ora Sor Valentina Culla, siempre bajo las \u00f3rdenes del Director, como representante del Se\u00f1or Superior General de ambas Congregaciones. Desde que vuestra Congregaci\u00f3n en Espa\u00f1a ha sido erigida formalmente en Francia por el Consejo principal de Par\u00eds y bajo su dependencia, esto es, de tres a\u00f1os a esta parte, nuestro Se\u00f1or la ha bendecido visiblemente. Siete solas novicias contaba en septiembre de 1844. Desde entonces han entrado 477 y muy rara ha sido la que haya vuelto atr\u00e1s de su buen prop\u00f3sito. Se han hecho 16 nuevas fundaciones y todav\u00eda se halla el Noviciado en disposici\u00f3n de emprender algunas m\u00e1s. Este grande aumento, despu\u00e9s de Dios, autor principal de todo bien, se debe al acertado tino de la pasada Visitadora, auxiliada de las luces de su Consejo, presidido por el Director. Sin embargo, es preciso confesar y lo confieso con mucho gusto, Hermanas car\u00edsimas, que todas las providencias emanadas del Consejo hubieran sido ineficaces si vosotras por vuestra parte no hubieseis cooperado con la m\u00e1s perfecta docilidad y obediencia. Os debemos de justicia este honor\u00edfico testimonio.<\/p>\n<p>Perseverad, Hermanas m\u00edas car\u00edsimas en esta santa disposici\u00f3n. Respetad, amad y obedeced a la nueva Visitadora la Se\u00f1ora Sor Valentina Culla, como lo hab\u00e9is hecho a su digna predecesora; encomendad a Dios a ambas, a las dos con un modo particular; estad firmes en la m\u00e1s exacta observancia de los santos votos y Reglas. Amad a Dios sobre todas las cosas; amaos unas a otras con una verdadera y cordial caridad fraterna; amad finalmente a los pobres, vuestros verdaderos se\u00f1ores, y el D\u00edos de Caridad prosperar\u00e1 vuestra Congregaci\u00f3n y la Madre Inmaculada del Amor hermoso se gloriar\u00e1 de dispensaros su poderosa protecci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed lo espera vuestro Director, que en uni\u00f3n de vuestras oraciones se precia de ser vuestro siervo y capell\u00e1n.<\/p>\n<p>= Buenaventura Codina\u00bb.<\/p>\n<p>Otra de las Hermanas m\u00e1s influyentes entonces en la Congregaci\u00f3n fue Sor Margarita Vasseur y Vasseur, hija de un militar de Guardias Valonas y nacida en Barcelona el 18 de enero de 1785. Entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n el 4 de enero de 1803 y fue de las que inauguraron el Noviciado de Madrid. Tom\u00f3 el santo h\u00e1bito el 29 de mayo del mismo a\u00f1o. Los veinte primeros a\u00f1os de su vocaci\u00f3n los pas\u00f3 en la casa Noviciado, hasta que, el 15 de septiembre de 1828, sali\u00f3 para la fundaci\u00f3n de Los Arcos de Navarra. Dos a\u00f1os despu\u00e9s fue nombrada Superiora de Mujeres Incurables de Madrid.<\/p>\n<p>En el libro del personal de esa Casa anota ella misma lo siguiente: \u00abViva Jes\u00fas = Sor Margarita Vasseur vino a este Hospital de Incurables el d\u00eda 9 de junio de 1830, por mandado del Sr. D. Fortunato Feu, Director General de las Hijas de la Caridad de Espa\u00f1a, en clase de visitadora, hasta el d\u00eda 2 de Julio que se le entreg\u00f3 la patente de Superiora del referido establecimiento. De edad, 45 a\u00f1os, 27 de h\u00e1bito.<\/p>\n<p>En el a\u00f1o 1837, por varias desavenencias que ocurrieron entre la Junta de Se\u00f1oras y varias quejas contra m\u00ed, culp\u00e1ndome si ten\u00eda o no varios efectos guardados de los exclaustrados, sin conocimiento de la Junta de Se\u00f1oras, fui ignominiosamente echada de este establecimiento con tres Hermanas m\u00e1s. Estas fueron llevadas en el acto a la Inclusa por mandado del Sr. Director General de las Hijas de la Caridad en Espa\u00f1a, D. Buenaventura Codina, el que dispuso que yo me retirase al Noviciado, y, en mi lugar, puso de superiora interina a Sor Rita Casals y reemplaz\u00f3 con otras tres el vac\u00edo de las que sal\u00edan, que fue a tres de mayo de 1837.<\/p>\n<p>A 9 de noviembre del mismo, volv\u00ed por orden de la Junta de Beneficencia con las tres Hermanas que conmigo salieron, por haberse penetrado la dicha Junta, que todo fue una calumnia, en que deb\u00edan hacerlo as\u00ed, como consta de los oficios remitidos al referido Director General, y se retiraron las cuatro Hermanas suplentes. El d\u00eda 13 de enero de 1846 sal\u00ed de este establecimiento para Toledo, en clase de retiro y como jubilada, por haberlo pedido yo misma al M. R. Sr. Director de las Hijas de la Caridad\u00bb.<\/p>\n<p>Form\u00f3 parte del Consejo Central, iniciado por primera vez en 1830. Como recuerdo de Sor Margarita en Mujeres Incurables, nos hablan los inventarios, de la preciosa Sagrada Familia, con su urna de cristal, que ella compr\u00f3 en 16 de julio de 1845, en 1300 reales, a D\u00f1a. Josefa Carretero. En 1849 volvi\u00f3 a los Arcos; en 1852 fue a la Misericordia de San Sebasti\u00e1n y, finalmente en 1853 al Noviciado, donde muri\u00f3 en 30 de abril de 1863, a los 78 a\u00f1os de edad y sesenta de vocaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contin\u00faan las Fundaciones en Espa\u00f1a. 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