{"id":387760,"date":"2016-08-19T08:54:20","date_gmt":"2016-08-19T06:54:20","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387760"},"modified":"2016-08-05T21:10:13","modified_gmt":"2016-08-05T19:10:13","slug":"la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xl","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xl\/","title":{"rendered":"La Provincia espa\u00f1ola de las Hijas de la Caridad (XL)"},"content":{"rendered":"<p>La Junta Municipal de Beneficencia de Alicante trat\u00f3 de poner Hermanas al frente de aquel Establecimiento y, en 29 de octubre de 1839, Sor Mar\u00eda Pe\u00f1asco, escrib\u00eda desde Madrid haber ya llegado el momento deseado, \u00abpor hallarse este Noviciado dispuesto a acceder a las ben\u00e9ficas miras de V.E. Pues puedo contar con el n\u00famero de Hermanas, que, como llevo indicado, no debe ser menor del de cinco\u00bb. Ignoro por qu\u00e9 causas esta fundaci\u00f3n se retras\u00f3 a\u00fan mucho tiempo.<\/p>\n<p>Mejor suerte cupo al peque\u00f1o Hospital de Barbastro. Las Hijas de la Caridad hac\u00eda muchos a\u00f1os ejerc\u00edan la ense\u00f1anza y m\u00e1s de una vez, en tiempos de epidemia sobre todo, los pobres enfermos del Hospital hab\u00edan recibido sus servicios voluntarios. En 30 de noviembre el P. Gros daba poder legalizado al Can\u00f3nigo de aquella Catedral D. Pedro Peralta y al Pbro. D. Ceferino Claver, para que, en su nombre, formalizasen la Escritura de fundaci\u00f3n con la Junta Municipal de Beneficencia del Hospital. \u00abEn virtud de este poder, el d\u00eda 30 de enero de 1840, comparecieron ante el Escribano D. Joaqu\u00edn Salcedo, los dichos Se\u00f1ores y la Junta Municipal del Hospital de Barbastro, compuesta por D. Antonio Altahoja, Presidente, D. Manuel Jim\u00e9nez, D. Juan Serra, D. Juan Antonio L\u00f3pez, D. Vicente Baselga, D. Pablo Porta Subir\u00f3n, D. Francisco Blanc, D. Anacleto Bada y D. Pascual Romeo, con asistencia del M.I. Sr. Gobernador eclesi\u00e1stico de la Di\u00f3cesis\u00bb.<\/p>\n<p>En dicha Escritura se hace constar que, al presente se destina\u00adr\u00e1n al Hospital tres Hermanas, sin perjuicio de aumentarlas, cuando fuese necesario.<\/p>\n<p>Fue la primera Superiora Sor Carmen Sallent y con ella vinieron, en 30 de enero de 1840, Sor Petra Mayo y Sor Rosa Llop. Quien visita hoy este Hospital situado hermosamente en lo m\u00e1s alto y sano de la poblaci\u00f3n dif\u00edcilmente se puede imaginar lo que era cuando entraron en \u00e9l las Hijas de la Caridad. Fundaci\u00f3n del siglo XII, la caridad s\u00f3lo ten\u00eda en \u00e9l un m\u00edsero albergue para acoger a los peregrinos, que necesitaban asistencia. Gem\u00eda en la mayor miseria y abandono. Con azadas, es tradici\u00f3n, que hubieron de raer las Hermanas la mugre del portal y escaleras. Cuatro tablas sobre unos banquillos eran las camas; las chinches a bandadas; sin sillas donde sentarse; bien se puede calcular las privaciones sin cuento que pasaron las Hermanas al principio. Aun mu\u00adchos a\u00f1os despu\u00e9s las Actas de la Junta consignan semejante pobreza, hasta el extremo de que, en 1866, se temi\u00f3 tener que despedir a las Hermanas, \u00abque tan cumplidamente corresponden a su vocaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Si la pobreza santa santifica, pocas casas habr\u00e1 tan santificadas como este peque\u00f1o y pobre Hospital antiguo de Barbastro. Es un relicario de santos recuerdos y tradiciones, vivas y perennes a\u00fan entre las Hermanas.<\/p>\n<p>Entre las notas edificantes escogemos las de dos, que como hu\u00admildes violetas perfuman aquellos santos muros. Es la primera Sor Benita Marro Gir\u00f3n, natural del mismo Barbastro. Nacida en 1804, entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n el 19 de diciembre de 1822. Su vocaci\u00f3n es el caso m\u00e1s patente de c\u00f3mo Dios comunica sus dones con las almas sencillas. Las Hermanas la llaman a\u00fan Sor Benita \u00abla del preg\u00f3n\u00bb, por el suceso que ocasion\u00f3 su divino llamamiento. Hija del campo, fue mandada un d\u00eda por su madre a la ciudad a vender y comprar frutos de la tierra y, hall\u00e1ndose en tales menesteres, son\u00f3 la campanilla y oy\u00f3 la voz del pregonero que anunciaba de parte del Sr. Alcalde de Barbastro que, si alguna doncella se sent\u00eda con vocaci\u00f3n para asistir a los pobres del Hospital, el Ayuntamiento se compromet\u00eda a pagarle la dote y gastos necesarios para que pudiese ser Hija de la Caridad. Apenas oy\u00f3 la joven Benita la voz del pregonero, como si fuera la voz de Dios, sinti\u00f3 su llamamiento; vuelve a su casa y expone a su madre el deseo de ser Hermana. En efecto, fue admitida en la Congregaci\u00f3n y, en compa\u00f1\u00eda de otras cuatro j\u00f3venes barbastrenses, enviada al Noviciado. Parece que fue su primer destino el Hospital General de Madrid y all\u00ed permanec\u00eda a\u00fan en 1842. Por el libro del personal de Mujeres Incurables consta que all\u00ed estuvo desde el 12 de enero de 1836 hasta abril, en que volvi\u00f3 al Noviciado. En 1857 lleg\u00f3 a Barbastro y, despu\u00e9s de una corta estancia en el Colegio, pas\u00f3 al Hospital. All\u00ed toda la vida de Sor Benita fue un continuado ejemplo de observancia de las santas Reglas, de fe y de amor a Dios en la persona de los pobres enfermos. Era la primera en acudir a la oraci\u00f3n de la ma\u00f1ana. En la Iglesia siempre estaba de rodillas hasta form\u00e1rsele en ellas grandes callos. Era su delicia estar en la sala con los pobres, a quienes llamaba sus pr\u00edncipes y marqueses. Para orar, como otro S. Francisco, estaba largos ratos con los brazos en cruz, hasta que la Superiora le mandaba que los bajase. Nunca estaba ociosa y, cuando sus otras ocupaciones se lo preemit\u00edan, siempre la ve\u00edan haciendo medias o gorros de punto para los enfermos. Ya en vida todos la llamaban la santa. Con las Hermanas era un dechado de amor. Aunque menuda y delgada de cuerpo, Dios le concedi\u00f3 una salud de roca y no conoci\u00f3 m\u00e1s enfermedad que la de la muerte, pero perdi\u00f3 la vista en sus \u00faltimos a\u00f1os; guiada entonces por alguna de las enfermas convalecientes iba con \u00e9stas al coro y all\u00ed oraba fervorosamente de rodillas y con los brazos en cruz, seg\u00fan su costumbre.<\/p>\n<p>A los 74 a\u00f1os la llam\u00f3 Dios para s\u00ed en pocos d\u00edas. Sus \u00faltimos momentos fueron emocionantes. Recibi\u00f3 los santos sacramentos con gran fervor y, oyendo la campana de las once y media, dijo a las Hermanas que la rodeaban, \u00abvayan al refectorio\u00bb. Fu\u00e9ronse ellas y la o\u00edan que rezaba el santo rosario y voces que la contestaban. Admiradas, pregunt\u00f3le la Superiora: Sor Benita, \u00bfqui\u00e9n le contesta en el rezo? \u00abNo s\u00e9, dijo; como no sean los \u00e1ngeles, no puedo ver qui\u00e9n habr\u00e1 aqu\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>Por tres veces entr\u00f3 sorprendida Sor Mariana, la Superiora, y no le cab\u00eda la menor duda de que aquellas voces eran de \u00e1ngeles, pues no hab\u00eda persona alguna en la pieza. As\u00ed, a las tres de la tarde del d\u00eda 23 de septiembre de 1878, si bien otras notas se\u00f1alan el d\u00eda 21, con todo conocimiento y sin ning\u00fan dolor, entreg\u00f3 su alma al Se\u00f1or. Todo Barbastro acudi\u00f3 al Hospital a ver a la santa; \u00abla santa\u00bb, como la llamaban.<\/p>\n<p>Su cuerpo fue depositado en la iglesia del Hospital, en el presbiterio, al lado del evangelio, en tierra apisonada. Sor Encarnaci\u00f3n P\u00e9rez, que lleg\u00f3 a Barbastro pocos meses antes de morir Sor Benita, dice que muri\u00f3 en olor de santidad. Algunos a\u00f1os despu\u00e9s de enterrada, como queda dicho, llam\u00f3 poderosamente la atenci\u00f3n y se confirm\u00f3 esta idea, cuando, con ocasi\u00f3n de haber sido desenterrado su cad\u00e1ver, se hall\u00f3 incorrupto, con su forma y fisonom\u00eda, mientras que el de otra Hermana, Sor Balbina Sanz, que ocupaba la misma sepultura y hab\u00eda muerto con un mes apenas de diferencia, s\u00f3lo ten\u00eda los huesos. Ambos cad\u00e1veres fueron colocados en otra fosa de la iglesia, debajo del coro y junto a la pared del lado de la ep\u00edstola.<\/p>\n<p>La ocasi\u00f3n de trasladarse los cad\u00e1veres fue la siguiente. Durante 45 a\u00f1os fue el \u00e1ngel tutelar de este Hospital Mos\u00e9n Vicente Avizanda, quien ten\u00eda el cargo de Capell\u00e1n administrador de la casa, a la que miraba como cosa suya y quer\u00eda entra\u00f1ablemente a las Hermanas y a los pobres enfermos. Era sacerdote tan ejemplar que lleg\u00f3 a renunciar una canonj\u00eda por no separarse de su caritativo ministerio. Dej\u00f3 al morir para el Hospital nueve mil pesetas, alhajas, muebles, im\u00e1genes y cuanto ten\u00eda de alg\u00fan valor. Gracias a \u00e9l no faltaron los servicios religiosos, durante aquellos a\u00f1os de indecible miseria.<\/p>\n<p>Digna madre de tal hijo fue Do\u00f1a Raimunda Pa\u00fal, prima hermana de nuestro Padre Maller, por cuyo t\u00edtulo era ya afect\u00edsima a las Hijas de la Caridad y las miraba como de familia. Pero adem\u00e1s, su apellido Pa\u00fal y el ser vecina de Crejenz\u00e1n, no la dejaban dudar de su parentesco con S. Vicente, al que siempre llamaba el t\u00edo Vicente. Guardaba como un tesoro tradicional de familia el conocido cuadro del Santo y una cama antigua, posesi\u00f3n despu\u00e9s de la familia Baselga, que ella ense\u00f1aba satis\u00adfecha diciendo: \u00abesta es la cama en que durmi\u00f3 t\u00edo Vicente\u00bb. Durante su larga vida, ella en persona o por medio de su administrador, estuvo mandando sin cesar a las Hermanas del Hospital, limosnas, v\u00edveres y ropas. Ten\u00eda carta de Hermandad con las familias de S. Vicente. Muri\u00f3 casi centenaria y mereci\u00f3 ser amortajada con h\u00e1bito de Hija de la Caridad, \u00ady enterrada, como una de ellas, en la iglesia del Hospital y en el presbiterio. No fue esto autorizado por la Curia Eclesi\u00e1stica, y muerto ya el citado Capell\u00e1n D. Vicente Avizanda, orden\u00f3 el Sr. De\u00e1n que los res\u00adtos de D\u00aa Raimunda fueran exhumados y trasladados al cementerio com\u00fan, como as\u00ed se hizo. Con tal ocasi\u00f3n fue el encontrar incorrupto el cad\u00e1\u00adver de Sor Benita.<\/p>\n<p>Otra violeta humilde de este jard\u00edn espiritual de Barbastro fue Sor Ana Mar\u00eda Jover, llamada en la Congregaci\u00f3n Mar\u00eda Ana. Naci\u00f3 en Poboleda, Tarragona, en 24 de julio de 1811. Visti\u00f3 el h\u00e1bito de Hermana el 17 de octubre de 1833. Su primer destino fue el Hospital General de Madrid, donde transcurrieron sus a\u00f1os de Noviciado y a los dos a\u00f1os de profesa pas\u00f3 al Hospital de Valencia. En 1842 estaba en la Beneficencia de J\u00e1tiva, donde despu\u00e9s fue nombrada Superiora.<\/p>\n<p>En 20 de junio de 1863 vino con igual destino al Hospital de Barbastro. Sor Encarnaci\u00f3n P\u00e9rez, que vivi\u00f3 con ella y con ella pas\u00f3 hasta el fin de sus d\u00edas y la sustituy\u00f3 en el cargo, es la que no se cansa de relatar sus virtudes y la que ha escrito estas notas. Verla en el coro de la iglesia, que les serv\u00eda de capilla, era ver un \u00e1ngel. Cuando iban a las salas de los enfermos dec\u00eda a las Hermanas: cada lecho es un altar donde est\u00e1 Jesucristo. Su jaculatoria favorita era: \u00abmi amado es para mi y yo para mi amado\u00bb. Tanto la repet\u00eda que ya, estando en Valencia, las Hermanas la llamaban \u00abmi amado\u00bb. Quer\u00eda que todas le am\u00e1semos tanto como ella le amaba y nos excitaba, record\u00e1ndonos c\u00f3mo El nos hab\u00eda escogido para esposas suyas.<\/p>\n<p>Con los pobres enfermos era m\u00e1s que madre; siempre ve\u00eda en ellos a Jesucristo, oculto bajo los harapos; y, cuando era hora de ir a las salas, nos dec\u00eda que fu\u00e9ramos presto que nos esperaba Jesucristo. Cada cama era para ella un altar y al acercarse a los enfermos lo hac\u00eda con tanta veneraci\u00f3n y respeto que nos edificaba a todas. De las \u00abvelas\u00bb dec\u00eda: \u00abHermanas, si supieran Vds. el m\u00e9rito tan grande de la noche de vela, con qu\u00e9 fervor y deseo la esperar\u00edan. Cu\u00e1nto agrada a Dios este sacrificio. Nos contaba que a una Hermana que estaba una noche dando caldo a los enfermos, se le apareci\u00f3 la Sant\u00edsima Virgen y la fue acompa\u00ad\u00f1ando de cama en cama; y, aunque Sor Mar\u00eda Ana lo atribu\u00eda a tercera persona nosotras comprend\u00edamos que era ella misma, que lo ocultaba por humildad. Entrar Sor Mar\u00eda Ana era para los enfermos ver a la Virgen; tanto les consolaba.<\/p>\n<p>La pobreza del Hospital era tanta que ten\u00edan que pedir limosna para dar de comer a los enfermos. A \u00e9stos daba siempre lo mejor, content\u00e1ndose ella con unas sopas o un poco de caldo. A tanto llegaban los apuros que ni velas ten\u00edan para el santo sacrificio y las economizaban cuanto pod\u00edan. En eso de la pobreza era como no he conocido otra. En las conferencias nos pon\u00eda el ejemplo de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que quiso nacer tan pobre, para darnos ejemplo, que no tuvo donde reclinar su cabeza; y nos exhortaba a sufrir con paciencia la falta de algunas cositas para imitar al divino modelo. Con el manejo de las ropas nos recomendaba el mayor esmero, como intereses que eran de Jesucristo. De las limosnas que recib\u00eda procuraba dar a los enfermos, al salir del Hospital una camisa m\u00e1s.<\/p>\n<p>Sab\u00eda mucho de medicina y cur\u00f3 de un c\u00e1ncer a una Capuchina de Barbastro. Nunca se la ve\u00eda ociosa y a ratos bordaba primorosamente. Con las Hermanas ten\u00eda para todas igual cari\u00f1o y amor y con su ejemplo santific\u00f3 a todas, hasta ser su comunidad una comunidad de santas, en per\u00adfecta uni\u00f3n no s\u00f3lo con las de casa, sino con las de otras comunidades.<\/p>\n<p>Observante, la primera. Su cara resplandec\u00eda en bondad y bastaba mirarla para ser buena. Era hermosa y fina, de cuerpo peque\u00f1o, delgada y de delicada salud. Le parec\u00eda que con ella hac\u00edamos demasiado. A pesar de sus a\u00f1os y delicadeza, nunca dej\u00f3 de levantarse a las cuatro, sin reparar en la crudeza de las estaciones y en lo destartalado de la casa, que a\u00fan estaba falta de muchas ventanas y cristales.<\/p>\n<p>En los muchos a\u00f1os que fue superiora del Hospital no mud\u00f3 en \u00e9l ninguna Hermana; al llegar Sor Encarnaci\u00f3n, joven de 18 a\u00f1os, la abraz\u00f3 como madre cari\u00f1osa y le dijo: Bienvenida sea a esta santa casa para hacerse una santa. Cuando, como era frecuente, ten\u00edan las Hermanas que pasar trabajos les dec\u00eda: \u00abMiren al cielo, donde diremos muchas veces: \u00abBendito Hospital de Barbastro, cu\u00e1nta gloria nos has merecido\u00bb. Cuan\u00addo alguna se enfermaba ella misma la cuidaba con medicinas y la curaba con amor y cari\u00f1o tal que no se puede explicar. Cuando ve\u00eda alguna triste, la llamaba y consolaba tierna y sobrenaturalmente. Todas las Hermanas de las otras casas la quer\u00edan y respetaban mucho, y hasta el Sr. Capell\u00e1n D. Vicente Avizanda, para salir de casa ped\u00eda permiso a tanta santa superiora.<\/p>\n<p>As\u00ed lleg\u00f3 hasta el mes de diciembre de 1881, en que cerca ya de los 70 a\u00f1os, sinti\u00f3se enferma y se acost\u00f3. Ocho d\u00edas dur\u00f3 su enfermedad y tres su agon\u00eda y su muerte como la de una santa. Recibi\u00f3 los santos sacramentos con el mayor fervor; su cara, como un \u00e1ngel; y siempre repet\u00eda su jaculatoria favorita: \u00abmi amado es para mi y yo para mi amado\u00bb; y cuando mos\u00e9n Vicente le repet\u00eda muchas jaculatorias ella le dec\u00eda: \u00abbasta, basta; no se canse, que me da pena, pobrecito\u00bb. Paciente, tran\u00adquila, siempre igual, cuando en su agon\u00eda dulce y sin dolor parece que \u00adse le acababa la vida, pon\u00eda sus ojos en el cielo y dec\u00eda con gozo: ay, amado m\u00edo, pronto nos veremos; dulc\u00edsimo Jes\u00fas m\u00edo, ya poquito falta: al amado m\u00edo, cu\u00e1ndo vienes?\u00bb Antes de morir, el d\u00eda de los Inocentes ella misma llam\u00f3 a las Hermanas y les dio la \u00faltima recomenda\u00adci\u00f3n, que vivieran la vida de la fe y repet\u00eda: \u00abOh santo Hospital de \u00adBarbastro que tanta gloria me has merecido\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de muerta, su rostro qued\u00f3 hermoso y resplandeciente, \u00adm\u00e1s que en vida, de modo que en vez de causar reparo, su cad\u00e1ver mov\u00eda a devoci\u00f3n; y, al dudar yo en transcribir lo que afirma Sor Encarnaci\u00f3n, de que desped\u00eda un olor suav\u00edsimo, se reafirma en que s\u00ed, que ella misma not\u00f3 esa fragancia y que las ropas de la cama estaban blanqu\u00edsi\u00admas.<\/p>\n<p>Todo Barbastro subi\u00f3 al Hospital y al verla dec\u00edan: muri\u00f3 la san\u00adta, qu\u00e9 l\u00e1stima de enterrarla. La llevaron al cementerio con toda so\u00adlemnidad y m\u00fasica, pero no se resignaron ni el Capell\u00e1n ni las Herma\u00adnas a verse separadas de su buena Superiora y, por la noche, en secreto, Mos\u00e9n Vicente acompa\u00f1ado de las Hermanas trajeron el cad\u00e1ver al Hospital y lo sepultaron debajo del coro de la Iglesia, a mano derecha jun\u00adto a la pared. En esa misma sepultura est\u00e1, encima, Sor Bibiana Andueza, que fue superiora despu\u00e9s de Sor Mariana. Tales son las preciosas notas que hallamos consignadas en las memorias de aquel Hospital de Barbastro.<\/p>\n<p>En los primeros meses de 1840 hizo el P. Gros la visita a las Comunidades de la Corte, seg\u00fan \u00e9l mismo comunica a Sor Margarita Resell\u00f3, Superiora del Hospital de L\u00e9rida en 9 de marzo: \u00abHe pasado la visita de estas cuatro casas y ayer comenzaron los Ejercicios Espirituales algunas Hermanas de este Noviciado, donde he puesto por Superiora a Sor Vicenta Molner y en el Hospital General a Sor Vicenta Rocamora\u00bb.<\/p>\n<p>Ya por este tiempo la influencia del General Espartero, nuevo \u00adJefe del Gobierno, se dej\u00f3 sentir en beneficio de las Hijas de la Cari\u00addad. El, que hab\u00eda vivido y triunfado en los campos de batalla, cono\u00adc\u00eda bien la generosa conducta de las Hermanas al lado de los soldados heridos o enfermos, y de ah\u00ed que, por encima de todo partido, los mili\u00adtares siempre las han mirado como \u00e1ngeles visibles de su guarda. El peligro de verse arrastrado el Instituto de las Hijas de la Caridad por el torrente revolucionario de aquellos a\u00f1os, que arrastr\u00f3 a las otras Comunidades Religiosas, hab\u00eda obligado a los Superiores a repetir memoriales y exposiciones que, aunque no produjeron un efecto inmediato, \u00adsirvieron a la larga para que los Gobernantes fijaran la atenci\u00f3n y conocieran la amplia labor ben\u00e9fica y social de las Hermanas. Por ello no hubo Ministro, ni a\u00fan en los d\u00edas de m\u00e1s furia antirreligiosa, que se atreviese a firmar el decreto de su supresi\u00f3n, decreto que probablemen\u00adte ninguna Junta de Provincias hubiese llevado a la pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>El Real Noviciado constitu\u00eda un caso aparte y s\u00f3lo se podr\u00eda salvar si el Gobierno llegaba a penetrarse de la idea de que aquella casa no era un convento de vida independiente, como los de las religiosas, sino que era el coraz\u00f3n y vida de todo el Instituto.<\/p>\n<p>Afortunadamente as\u00ed lo entendi\u00f3 la Sociedad Econ\u00f3mica Matri\u00adtense, llamada a informar sobre la supresi\u00f3n o conservaci\u00f3n del Real \u00adNoviciado, y esto le salv\u00f3. Merece ser conocido su ponderado informe.<\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00abSociedad Econ\u00f3mica Matritense = La Superiora de las Hijas de \u00adla Caridad de S. Vicente de Pa\u00fal del Noviciado de esta Corte ha dirigido a S.M., con fecha 27 de noviembre \u00faltimo, una reverente exposici\u00f3n, a solicitud de que se permita la entrada en dicho Noviciado a las j\u00f3venes que, con el noble y religioso objeto de tal Instituto, desean par\u00adticipar de sus trabajos y llenar el vac\u00edo que dejan las que mueren o se imposibilitan en el servicio de los Hospitales y dem\u00e1s casas de Beneficencia, satisfaci\u00e9ndose adem\u00e1s por este medio, las vivas y continuadas demandas de nuevas fundaciones solicitadas con empe\u00f1o por varias Juntas de Beneficencia del Reino. Con su vista, la Comisi\u00f3n encargada por la Sociedad de dar su dictamen sobre esta petici\u00f3n, despu\u00e9s de ha\u00adberla examinado con el detenimiento e inter\u00e9s que corresponde a asunto de tanta importancia y trascendencia al servicio p\u00fablico, tiene el ho\u00adnor de manifestar su opini\u00f3n en los t\u00e9rminos siguientes.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El deseo de conseguir de tan caritativa y \u00fatil Asociaci\u00f3n las ventajas obtenidas en Francia y otros pa\u00edses en favor de los Asilos de Beneficencia fue, sin duda alguna, el \u00fanico objeto que el Gobierno de S.M. se propuso al permitir en la Pen\u00ednsula el establecimiento de las Hijas de la Caridad; y la Comisi\u00f3n se complace en reconocer los servi\u00adcios prestados por estas piadosas mujeres, convencida de que los re\u00adsultados han correspondido plenamente al ben\u00e9fico y religioso objeto \u00adde su establecimiento.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0P\u00fablicos y bien notorios han sido el celo y caridad, que aquellas han desplegado en la asistencia de los enfermos durante los estragos de algunas epidemias y muy particularmente en la del c\u00f3lera morbo, en los a\u00f1os de 1833 y 34; y no menos notorios, \u00fatiles y laudables los que diariamente demuestran, tanto en la esmerada asistencia de los mismos en los Hospitales como en el servicio de las casas de exp\u00f3sitos y hospicios. Testigos son cuantas personas han tenido ocasi\u00f3n de visitar estos asilos de beneficencia, de las mejoras conseguidas en ellos, del esmero, aseo y buen orden con que, en desempe\u00f1o de sus deberes, son atendidas las cosas m\u00e1s peque\u00f1as de las que exigen el servicio de los desvalidos a quienes su desgraciada suerte lleva a estas casas de cari\u00addad. Y aunque la Comisi\u00f3n no har\u00e1 el examen y exposici\u00f3n del buen m\u00e9to\u00addo que actualmente se sigue en cada uno de los establecimientos de esta clase, porque sobre ser prolijo no es necesario por su misma notoriedad, pues a todos es conocido el celo y servicio que las Hijas de la Caridad prestan en ellos, no puede menos de llamar la atenci\u00f3n de la Sociedad, \u00adel diferente aspecto que ofrece actualmente el servicio del Hospital Ge\u00adneral de esta Corte, sobre todo en la sala de mujeres, en que la limpie\u00adza de las enfermas y la buena y entendida asistencia, que se da a las pacientes, y los buenos resultados que han producido en la moralidad de \u00e9stas los continuos ejemplos de virtudes cristianas de tan caritativas enfermeras, son cosas que no se han conseguido hasta que las Hijas de \u00adla Caridad se han encargado del cuidado y asistencia f\u00edsica y moral de las enfermas, pudiendo s\u00f3lo juzgar de la importancia de estos resultados los que conocieron por s\u00ed mismos el estado en que antes se encontraban.\u00ad<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Estos hechos demuestran hasta la evidencia la utilidad de estas Hijas de la Caridad, los cuales son tanto m\u00e1s interesantes cuanto que exigen, no s\u00f3lo celo, caridad y virtudes, sino cierta inteligencia que \u00adse adquiere s\u00f3lo en la continua asistencia de los enfermos, circunstan\u00adcias todas reunidas en las Hijas de la Caridad y dif\u00edciles de lograr en mujeres mercenarias y advenedizas.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El ejemplo de Francia, cuyo ilustrado Gobierno procura extender tan ventajosa asociaci\u00f3n dentro y fuera de su pa\u00eds; las solicitudes de las Juntas de Beneficencia que se indican, prueba irrecusable de la bondad de esta Congregaci\u00f3n y, por \u00faltimo, la diferencia que la distingue de los Institutos y Ordenes religiosas, no s\u00f3lo por la diversa naturaleza de sus votos, cuya direcci\u00f3n se\u00f1ala su libre voluntad, sino tambi\u00e9n por los objetos de p\u00fablica Beneficencia, en que se emplea, son consideracio\u00adnes que apoyan, en la parte compatible con las leyes vigentes, la favora\u00adble resoluci\u00f3n de la solicitud que dirige a su Majestad, la referida Superiora por s\u00ed y en representaci\u00f3n de los Establecimientos de Beneficencia de esta Corte.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Porque, si la Instituci\u00f3n es buena en s\u00ed y \u00fatil al servicio de los mismos, como la experiencia acredita; si es cierto, como no puede dudarse, que la \u00edndole de los servicios prestados por las Hijas de la Caridad y el tiempo, producen, en el n\u00famero de las existentes, bajas que es indispensable cubrir para que nunca falten las que necesariamente exi\u00adge el cuidado y servicio de los establecimientos p\u00fablicos; y por \u00faltimo, si de la experiencia y ejemplo de moralidad y virtudes cristianas de las Hijas de la Caridad, que por muchos a\u00f1os han ejercido tan noble, tan bue\u00adno y tan religioso ministerio, han de aprovecharse con utilidad p\u00fablica las j\u00f3venes, que quieren consagrarse al alivio y consuelo de la humani\u00addad doliente y menesterosa, es indispensable permitir desde luego la en\u00adtrada en esta religiosa Asociaci\u00f3n; es necesario conceder amplia y gene\u00adrosa protecci\u00f3n a aquellas personas que, a impulsos de su Caridad evan\u00adg\u00e9lica, dedican su vida a estos actos de beneficencia y, finalmente, es conveniente no olvidar, que, cuando los Gobiernos no pueden costear o retribuir larga y debidamente, como en otro caso se necesita, servidores \u00addiligentes, honrados y notorios, como sucede en Prusia, para la asistencia y cuidado de los Hospitales P\u00fablicos, Inclusas y dem\u00e1s establecimien\u00adtos de Caridad, las Congregaciones piadosas han sido siempre y ser\u00e1n, so\u00adbre todo en naciones cristianas, las m\u00e1s a prop\u00f3sito para aquel servicio important\u00edsimo y por lo tanto, uno de los medios m\u00e1s importantes, seguros y econ\u00f3micos de que puede valerse el Gobierno y, en su nombre, las Juntas de Beneficencia para conseguir los fines de su humano y religioso objeto.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Seg\u00fan ve la Sociedad, se ha limitado la Comisi\u00f3n, en este informe, a pro\u00adbar la utilidad de la Asociaci\u00f3n de las Hermanas de la Caridad y la ne\u00adcesidad de acceder a las peticiones de la Superiora, en cuanto a la admisi\u00f3n de las personas caritativas, que quieran alistarse en ella; pero, no conociendo los Estatutos que le rigen en el d\u00eda, y confiando en la ilustraci\u00f3n del Gobierno de S.M. encargado inmediatamente de su direcci\u00f3n, se abstiene de proponer regla alguna en la manera de hacerse la admisi\u00f3n de las personas que han de reemplazar las vacantes de que se habla en la solicitud, sobre que recae este informe y en el r\u00e9gimen interior de la expresada Asociaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 As\u00ed lo entiende la Comisi\u00f3n que somete su dictamen a la resolu\u00adci\u00f3n que la Sociedad estima m\u00e1s acertada.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Madrid, 17 de enero de 1840.<\/em><\/p>\n<p>Habiendo sido aprobado este informe por la Sociedad, fue trasla\u00addado al Jefe Pol\u00edtico de Madrid, en enero de 1840.<\/p>\n<p>De la buena acogida que tuvo el dictamen de la Sociedad Econ\u00f3mi\u00adca Matritense da testimonio el oficio siguiente: \u00abGobierno Pol\u00edtico de la Provincia de Madrid = A fin de dar cumplimiento a lo que se me previene de Real Orden de 21 del corriente, se \u00adservir\u00e1 V, remitirme a la mayor brevedad una copia o ejemplar de los Estatutos o Reglas por que se gobierna ese Noviciado, manifest\u00e1ndome al propio tiempo las circunstancias que deben reunir las j\u00f3venes que se admi\u00adtan en \u00e9l y, qu\u00e9 n\u00famero convendr\u00eda fijar como el m\u00e1ximo de las que po\u00addr\u00edan admitirse, en el caso de que fuese declarado Noviciado Central.<\/p>\n<p>Dios guarde a V. muchos a\u00f1os = Madrid, 26 de febrero de 1840 = Diego Entrena = Sr. Capell\u00e1n Rector del Noviciado de las Hijas de la Caridad\u00bb<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mientras en las esferas oficiales se tomaba en consideraci\u00f3n el asunto del Noviciado, tan vital para las Hijas de la Caridad, el po\u00adpulacho ebrio de libertad, se permit\u00eda burlas e insolencias contra las \u00f3rdenes religiosas. Un art\u00edculo de \u00abEl Cat\u00f3lico\u00bb dec\u00eda en 6 de marzo de \u00adaquel a\u00f1o: \u00ab\u00bfNo pertenecen acaso a un orden religioso, que existe actualmente, esas Hijas de la Caridad, que siguiendo la Regla y esp\u00edritu de su \u00adSanto Fundador, el incomparable S. Vicente de Pa\u00fal, consuelan al afligi\u00addo, cuidan con el mayor esmero al enfermo y son el pa\u00f1o de l\u00e1grimas de los hu\u00e9rfanos y desvalidos ni\u00f1os, frutos del crimen y la desmoralizaci\u00f3n?<\/p>\n<p>Cuando los pueblos y las ciudades, convencidas de la utilidad \u00adde su Instituto, las piden tan a porf\u00eda que ya su n\u00famero no basta a sa\u00adtisfacer tantas y tan justas peticiones, si no estamos mal informados, escarnecen y vilipendian su santo h\u00e1bito en las calles y plazas, donde residen las autoridades y que por lo mismo deben dar ejemplo a las pro\u00advincias del respeto a la religi\u00f3n y a todo lo relativo a ella\u00bb.<\/p>\n<p>Al terminar la guerra civil y cuando parece que la naci\u00f3n ha\u00adb\u00eda de entrar en una nueva era de paz y de prosperidad, comenzaba otra no menos asoladora, cual era la de los partidos pol\u00edticos irreconcilia\u00adbles. El Duque de la Victoria, General Espartero, que ocupaba el supremo poder, era atacado con sa\u00f1a por los llamados progresistas; las tur\u00adbas, invocando el nombre de libertad, cercaban e invad\u00edan el Congreso de Diputados, lanzando denuestos contra los representantes de la auto\u00adridad. Ya no hab\u00eda conventos que asaltar; y los que permitieron aque\u00adllos desmanes contra la religi\u00f3n, se ve\u00edan ahora asaltados por el popu\u00adlacho insolente. En tales circunstancias, al parecer las menos adecua\u00addas, quiso la Divina Providencia otorgar al Real Noviciado el m\u00e1s completo y duradero de sus triunfos. En efecto la siguiente Real Orden \u00advino a calmar las largas inquietudes de las Hermanas y a llenarlas de \u00adsatisfacci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abEl Excmo. Sr. Ministro de Gobernaci\u00f3n de la Pen\u00ednsula, con fe\u00adcha 2 del corriente, me dice lo que sigue: = Excmo. Sr. he dado cuenta a S.M. la Reina Gobernadora de una exposici\u00f3n de las Hijas de la Cari\u00addad, que V.E. remiti\u00f3 con eficaz recomendaci\u00f3n en 29 de enero \u00faltimo, \u00aden solicitud de que se conserve y proteja la casa Noviciado de las mis\u00admas y S.M. en su virtud y de lo informado por la Contadur\u00eda y la Junta Consultiva de este Ministerio, se ha servido resolver:<\/p>\n<p>1\u00ba-\u00a0 Que se conserve el Noviciado de las Hijas de la Caridad de S. Vicente de Pa\u00fal, que est\u00e1 en esta Corte, para educar j\u00f3venes, que se dediquen a los piadosos ejercicios de su Instituto y acoger a las que \u00adse inutilicen por su edad y enfermedades; 2\u00ba- Que dicho Establecimiento provea a los Hospitales de esta Corte y a otros puntos del Reino, hasta donde lo permita el n\u00famero de las Hijas de la Caridad, para que ejerzan en ellos los cargos de su profesi\u00f3n; 3\u00ba- Que se auxilie al expresado Noviciado con la dotaci\u00f3n anual de sesenta mil reales vell\u00f3n, que le est\u00e1 asignada, satisfaci\u00e9ndose por la pagadur\u00eda general de este Ministerio \u00adcon la puntualidad que permitan sus atenciones. = De Real orden lo comunico a V.E. para su inteligencia y efectos correspondientes = Lo que transcribo a V. para los propios fines = Dios guarde a V. muchos a\u00f1os = Madrid 15 de julio de 1840 = Diego Entrena, a la Superiora del Noviciado de las Hermanas de la Caridad\u00bb.<\/p>\n<p>El pasar, desde entonces, el Noviciado a depender de Gobernaci\u00f3n, daba m\u00e1s estabilidad al contenido de esta Real orden, ya que ese Minis\u00adterio estaba menos expuesto a veleidades, como se prob\u00f3 a trav\u00e9s del tiempo, pues, en medio de los trastornos y revoluciones que agitaron al siglo XIX y despu\u00e9s, la situaci\u00f3n del Noviciado no se vio ya en litigio y continu\u00f3 su vida sosegadamente con ininterrumpida prosperidad, como \u00advamos a ver.<\/p>\n<p>La Real orden citada fue uno de los \u00faltimos actos del reinado de Mar\u00eda Cristina, quien, pocos meses despu\u00e9s, era sustitu\u00edda por el Du\u00adque de la Victoria, como Regente del Reino. Bien merece el agradecimiento de las Hijas de la Caridad esta prueba de amor de aquella Reina tan atormentada por la pol\u00edtica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Junta Municipal de Beneficencia de Alicante trat\u00f3 de poner Hermanas al frente de aquel Establecimiento y, en 29 de octubre de 1839, Sor Mar\u00eda Pe\u00f1asco, escrib\u00eda desde Madrid haber ya llegado el momento deseado, &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xl\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":387927,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[237],"tags":[],"class_list":["post-387760","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-historia-de-las-hijas-de-la-caridad"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>La Provincia espa\u00f1ola de las Hijas de la Caridad (XL) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xl\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"La Provincia espa\u00f1ola de las Hijas de la Caridad (XL) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"La Junta Municipal de Beneficencia de Alicante trat\u00f3 de poner Hermanas al frente de aquel Establecimiento y, en 29 de octubre de 1839, Sor Mar\u00eda Pe\u00f1asco, escrib\u00eda desde Madrid haber ya llegado el momento deseado, ... 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