{"id":387754,"date":"2016-08-13T08:41:32","date_gmt":"2016-08-13T06:41:32","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387754"},"modified":"2016-08-11T04:38:29","modified_gmt":"2016-08-11T02:38:29","slug":"la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xxxviii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xxxviii\/","title":{"rendered":"La Provincia espa\u00f1ola de las Hijas de la Caridad (XXXVIII)"},"content":{"rendered":"<p>Durante aquellos a\u00f1os turbulentos 1836\u20111840, s\u00f3lo tres nuevas fundaciones de Hijas de la Caridad pudieron establecerse y fueron las de Toledo, \u00c1vila y Sevilla.<\/p>\n<p>En 18 de enero se hizo la escritura de fundaci\u00f3n del Hospital de la Misericordia de Toledo, que dice as\u00ed: \u00abCertifico que, en el Cabildo celebrado el d\u00eda nueve del presente, se propuso por varios Se\u00f1ores Hermanos ser\u00eda conveniente traer al Hospital las Hermanas de la Caridad por las mejoras que la experiencia ha dado a conocer de la utilidad de tales establecimientos; y habiendo convenido en ello, se acord\u00f3 dar comisi\u00f3n a los Se\u00f1ores Dr. D. Manuel Peces, Pbro. Can\u00f3nigo de esta Santa Iglesia Primada, D. Antonio Moya de la Torre, Pbro., Abogado etc. D. Manuel de Medina, Abogado de los Reales Consejos, regidor del Iltre. Ayuntamiento de esta Ciudad, para formar plan de Contrata con quien corresponda, dando cuenta al cabildo para su aprobaci\u00f3n; y en Cabildo celebrado en d\u00eda de ayer 17, con c\u00e9dula de convite del d\u00eda anterior y expresi\u00f3n de causa, se hizo presentaci\u00f3n del plan y condiciones con que debe hacerse la Contrata, ejecutada por el Director de la casa de Misericordia con el Sr. D. Buenaventura Codina, Superior y Director del Noviciado de las Hermanas de la Caridad de S. Vicente de Pa\u00fal, que, al efecto, ha venido a esta Ciudad; cuyo plan y condiciones se aprob\u00f3 por el Cabildo y se dio nueva Comisi\u00f3n a dichos Se\u00f1ores para llevar a ejecutar el plan tratado con dicho Se\u00f1or Director hasta su conclusi\u00f3n y entrada en el Hospital de dichas Hermanas y para otorgar la competente escritura de contrata d\u00e1ndole al efecto la certificaci\u00f3n correspondiente, y a su virtud pongo y doy la presente, en Toledo a diez y ocho de enero de mil ochocientos treinta y seis.= D. Patricio Ortiz Pareja\u00bb.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el viejo libro del personal de esta casa, \u00abel d\u00eda once de febrero de 1836, vinieron a fundar las Hermanas siguientes: Sor Bonifacia Espoz y Mina, Sor Francisca de Sales Lazaturni, Sor Francisca Magirena, Sor Teresa Bosch y Sor Mar\u00eda Pilar Calvelo\u00bb.<\/p>\n<p>La Superiora Sor Bonifacia fue sustitu\u00edda, en septiembre, por Sor Angela Ochoa de la Casa de Badajoz. En el oficio de presentaci\u00f3n de la nueva Superiora, el P. Codina encomia a Sor Bonifacia,\u00bbquien por espacio de catorce a\u00f1os estuvo al frente de las oficinas m\u00e1s complicadas del Hospital General de Madrid\u00bb. En 1840 era Superiora del Hospital de J\u00e1tiva, donde muri\u00f3 en abril de 1861.<\/p>\n<p>En 21 de marzo del mismo a\u00f1o 36, se hizo la escritura de fun\u00addaci\u00f3n del Hospital de \u00c1vila, en donde las Hermanas abrieron adem\u00e1s una ense\u00f1anza de ni\u00f1as. Fue nombrada Superiora Sor Rosal\u00eda P\u00e9rez, que estuvo hasta noviembre de 1846, en que muri\u00f3. Entre las primeras Hermanas fueron Sor Teresa Mat\u00e9u, fallecida en octubre de 1837, Sor Guillerma Mart\u00ednez, Sor Manuela Guti\u00e9rrez, y Sor Cecilia Sanserich.<\/p>\n<p>Una Real Orden de 11 de septiembre de 1846 dec\u00eda:<em> \u00abcumpliendo con la Real orden, que se le comunic\u00f3 en 28 de mayo anterior, relativa a reducci\u00f3n de las Hermanas y teniendo presente que clasificado este Hospital como Provincial, podr\u00e1 no ser suficiente el n\u00famero de 12 o 14 ca\u00admas con que en el d\u00eda cuenta, no siendo por lo mismo bastantes ni a\u00fan las seis Hermanas, que ahora existen, he tenido a bien mandar que con\u00adtin\u00fae el mismo n\u00famero, aplicando para su sostenimiento los seis mil reales que Su Majestad indic\u00f3 en el referido informe. Y, habiendo expuesto posteriormente el Director del Noviciado de esta Corte lo insuficiente de la dotaci\u00f3n de seis mil reales, proponiendo se haga subir a nueve mil, teniendo presente S.M. las razones que dio el referido jefe pol\u00edtico en la citada fecha de 13 de junio, se ha servido resolver que, en lugar de aumentar la dotaci\u00f3n, se reduzcan a cuatro las seis \u00adHermanas, hasta que, clarificado el Hospital, vaya demostrando la experiencia, la verdadera necesidad y el n\u00famero de Hermanas que sean necesarias\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>La primera Casa de Hijas de la Caridad fundada en Sevilla fue la de la Inclusa , cuyas bases se firmaron el 25 de septiembre y, a donde fueron el 13 de octubre de 1838.<\/p>\n<p>Fue la primera Superiora Sor Francisca Ustarroz, nacida en Monreal, Navarra, en 1792. Entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n el 9 de Noviembre de 1816. Con ocasi\u00f3n de su traslado al Hospital General de Madrid, la Junta de Se\u00f1oras de la Cuna de Sevilla escribi\u00f3 el siguiente elogio: \u00abLa Junta ha o\u00eddo con el m\u00e1s profundo y justo sentimiento la resoluci\u00f3n, disponiendo se traslade a esta Corte la Superiora de esa Casa de Exp\u00f3sitos, Sor Francisca Ustarroz. V. es sabedor del merecido aprecio en que todas las Se\u00f1oras de esta Ciudad le tenemos, de la ilimitada confianza que en ella depositamos.<\/p>\n<p>La Casa Cuna de Sevilla debe el estado de prosperidad que ya por seis a\u00f1os disfruta, debe la suma religiosidad en todos sus pagos, debe la paz y uni\u00f3n perfecta de sus socias, a una persona que, sabien\u00addo hermanar el celo con la prudencia y atraer sobre s\u00ed el aprecio a la par que el respeto general, ha mantenido compacta a esta Asociaci\u00f3n, le ha prestado en su propia conducta est\u00edmulo, prestigio y energ\u00eda para agenciar con todas las Autoridades y proporcionar los recursos indispensables y ha hecho desaparecer los tropiezos e inconvenientes que a cada hora se presentan en una reuni\u00f3n numerosa de personas dotadas cada una de diferente genio y de distintos pareceres. Esta persona es Sor Francisca Ustarroz. Ustedes graduar\u00e1n si para una Superiora de esta \u00edndole es f\u00e1cil se encuentre reemplazo. En todo evento, la Sociedad de Se\u00f1oras ser\u00e1 siempre la primera en demostrar una completa deferencia a los dict\u00e1menes del Sr. Director y una obediencia ciega a sus \u00f3rdenes.<\/p>\n<p>Referida queda la her\u00f3ica conducta de las Hijas de la Caridad en Tortosa. Parece que all\u00ed el agradecimiento del pueblo para con ellas perdurar\u00eda, al menos, mientras viviera aquella generaci\u00f3n disminu\u00edda por el azote implacable de la peste. Ellas hab\u00edan arrancado in\u00adcontables v\u00edctimas a la muerte a costa de su propia vida. Pero sabido es que las ideas pol\u00edticas ahogan los sentimientos m\u00e1s humanos.<\/p>\n<p>La Junta Municipal de Beneficencia p\u00fablica de Tortosa, con fecha 30 de diciembre de 1837, enviaba a las Hermanas el siguiente comunicado:<\/p>\n<p>\u00abLa falta de recursos, en que se encuentra esta Corporaci\u00f3n para atender a las obligaciones m\u00e1s precisas de los establecimientos piadosos que est\u00e1n a su cuidado y la ninguna esperanza que tiene de que pueda mejorarse su estado de penuria, le han precisado a adoptar diferentes medidas econ\u00f3micas, y con sentimiento, algunas que repugnan a la sensibilidad de sus componentes, pero que ha sido preciso que acaeciesen en fuerza de la necesidad. Una de estas es la de haber de necesitar comunicar a V., como lo ha resuelto la Junta, en acuerdo de este d\u00eda, que no teniendo con qu\u00e9 poder seguir suministr\u00e1ndoles y satisfaci\u00e9ndoles lo que por obligaci\u00f3n est\u00e1 prevenido , debe hacerlo con arreglo a la Contrata que se extendi\u00f3 para ponerse Vd. al frente de esa casa de Misericordia, y cesa y queda sin efecto desde el d\u00eda primero inmediato la mencionada contrata, pudiendo, en consecuencia, tomar VV. seguidamente aquella deliberaci\u00f3n que tengan por m\u00e1s conveniente\u00bb.<\/p>\n<p>Salieron las Hermanas, dejando todo lo que era de su pertenencia y un cr\u00e9dito de asignaciones, que la Junta les adeudaba; y ya, el 27 de enero estaban en Valencia, de camino para Madrid, a donde llegaron a mediados de febrero.<\/p>\n<p>All\u00ed recibi\u00f3 la Superiora Sor Gabriela Ros una carta bastante destemplada del Sr. Capell\u00e1n de la Misericordia, a la que contesta dicha Se\u00f1ora lo siguiente, que nos da idea de lo mucho que las Hermanas sufrieron y trabajaron en los treinta a\u00f1os que permanecieron en Tortosa.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>\u00abA cualquier reo, a\u00fan el m\u00e1s facineroso, se le da permiso para defenderse de las acusaciones que le hacen. Me pregunta Vd. primeramente, cu\u00e1ntas gallinas hab\u00eda en el establecimiento cuando entraron las Hijas de la Caridad. A esto respondo que lo que hab\u00eda era ti\u00f1a en abundancia, solas siete mantas para toda la familia, no m\u00e1s que una mala \u00adcamisa por persona, ning\u00fan calzado, piojos y miseria de sobras en todos los art\u00edculos. As\u00ed ha respondido una de las primeras Hermanas que fueron a esa casa y en la actualidad est\u00e1 en este Noviciado (Sor Mariana Guardia). La misma fue la que firm\u00f3 el primer memorial que se dirigi\u00f3 a Su Se\u00f1or\u00eda Ilma., para que socorriese a aquella casa, en su extrema necesidad; memorial que produjo los primeros socorros y abri\u00f3 las puertas para los dem\u00e1s. No puedo persuadirme que Sor Cayetana dijera a V.R., en seis de febrero, que hab\u00eda veinticuatro pues es cierto que no hab\u00eda tantas sino un escaso n\u00famero. V. sabe que todas eran compradas con el dinero de las Hermanas y que desde septiembre cuanto com\u00edan era comprado por la Comunidad. Si Vd est\u00e1 en que eran veinticuatro y que tocan a ocho. o la tercera parte, Vd. haga lo que en conciencia le parezca mejor.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Vendr\u00e1 tiempo, en que se ventilar\u00e1 la cuesti\u00f3n de intereses y espero poder probar con evidencia los no peque\u00f1os perjuicios que se nos han causado. Se ventilar\u00e1 qui\u00e9n deb\u00eda pagar el viaje para trasladarnos a Madrid, despu\u00e9s de haber hecho nuestra Congregaci\u00f3n tantos sacrificios a favor de esa casa y de la Ciudad entera. Recuerde V. el tiempo de la asoladora peste, que casi arruin\u00f3 todo ese vecindario; los papeles p\u00fablicos hablaron con asombro del arrojo de las Hermanas, que fallecieron por asistir a los apestados y de las otras, que han quedado estropeadas por toda la vida. Acu\u00e9rdese posteriormente de c\u00f3mo se asisti\u00f3 por las Hermanas a tantos que hab\u00edan perdido la vista y quiso el Excmo. Sr. Obispo fuesen las Hermanas las que se encargasen de la asistencia de los que tan felizmente sufrieron la operaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Estos importantes servicios y otros muchos, que han prestado \u00adlas Hermanas, no merec\u00edan seguramente el trato que se les ha dado y el echarlas como de sorpresa, sin darles casi tiempo para nada. A no haber sido as\u00ed, no se hubiera salido tan f\u00e1cilmente de ese Establecimiento. Cuando se dio cuenta el Sr. Ministro de la Gobernaci\u00f3n de lo que pensaba hacer esa Junta, s\u00e9 que se incomod\u00f3 mucho y que seguramente o\u00adficiar\u00eda que no se movieran hasta nueva orden.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Pregunta Vd., en segundo lugar, si cuando las Hermanas entraron en el Establecimiento, entraron en alguna mezquita, pues no hab\u00eda ninguna se\u00f1al de cristiano. A esto responde la Hermana ya citada, que no s\u00f3lo no hab\u00eda se\u00f1al alguna de cristiano, sino que ni parec\u00eda habitaci\u00f3n de racionales. No hab\u00eda oratorio ni cosa alguna que lo pareciera; iba la familia los d\u00edas de Fiesta a San Francisco. Se hizo oratorio despu\u00e9s, a solicitud y diligencia de las Hermanas; ellas le amueblaron y aunque es verdad que en hacer ropas sagradas, que se han dejado, se invirtieron algunas limosnas, que ellas buscaron, pero la mayor parte del gasto se hizo de los bienes de las mismas Hermanas.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Los cuadros todos eran suyos y cuanto han retirado, nuestro era y no hemos defraudado en lo m\u00e1s m\u00ednimo al Establecimiento, sino cedido mucho de lo nuestro. Las cortinas de las camas eran nuestras, lo mismo los colchones que nos fueron dados a nosotras en tiempo del \u00adcontagio y pod\u00edamos sin escr\u00fapulo haberlos llevado\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Casi al mismo tiempo que la de Tortosa se perdi\u00f3 tambi\u00e9n la fundaci\u00f3n de Reus. Las tendencias separatistas, apoyadas de antiguo por la Curia de Tarragona, hallaron su clima natural durante los d\u00edas azarosos de la Revoluci\u00f3n. Queda anotada la dif\u00edcil sumisi\u00f3n en 1818. Hubo otra tentativa en la \u00e9poca liberal de 1823. Mientras la Comunidad de Misioneros estuvo en la Ciudad se pudieron evitar aquellos intentos; mas, expulsados los Padres por los disturbios de 1835, quedaron las Hermanas solas. El viejo Hospital y la Comunidad fueron instalados en el antiguo convento de Carmelitas y la que fue Casa de Misi\u00f3n se convirti\u00f3 en Asilo de Caridad para hu\u00e9rfanos y ancianos, bajo la direcci\u00f3n de algunas Hermanas. Era por entonces confesor de ellas un monje exclaustrado de Poblet, llamado Pablo Carbonell.<\/p>\n<p>En 1838 Sor Rita Pascual crey\u00f3 conveniente tomar algunas medidas para la buena marcha de la Comunidad, lo que dio origen a que Sor Luisa Estivill, de acuerdo con el confesor citado, desacatara las \u00f3rdenes de la Superiora y arrastrando en pos de s\u00ed a otras Hermanas las separara de la Congregaci\u00f3n. Sor Rita se fue a Madrid para tratar del asunto con los Superiores, pero ya el P. Codina hab\u00eda sido desterrado\u00a0 de la Corte y no se pudo evitar aquella p\u00e9rdida. Sor Mar\u00eda Angela, Sor Teresa Grau y Sor Mar\u00eda Teresa Balart fieles a su vocaci\u00f3n, se fueron al Noviciado.<\/p>\n<p>Entonces se form\u00f3 en Reus una nueva Comunidad bajo la direcci\u00f3n del P. Pablo, siendo nombrada presidenta Sor Luisa Estivill, con las Hermanas separadas: Sor Casilda Llagostera, Sor Francisca Freixas y Sor Concepci\u00f3n Bruguetas y varias postulantas. En 1845 el Prelado de Tarragona trat\u00f3 de que volvieran todas a unirse a la Congregaci\u00f3n, aunque sin resultado.<\/p>\n<p>Durante varios a\u00f1os vio Sor Luisa muy acreditada su autoridad en Reus. Era mujer de mucho talento y ambici\u00f3n, hija de un notario de la Alforja. Recibi\u00e9ronse nuevas Hermanas, quienes segu\u00edan usando el h\u00e1bito y las Reglas de las Hijas de la Caridad. En 1848 hizo reimpri\u00admir el librito de la plegaria, y un a\u00f1o despu\u00e9s, la \u00abRegla Com\u00fan de las Hermanas de la Caridad, dada a las mismas por su fundador S. Vicente de Pa\u00fal. Impresa por disposici\u00f3n de Sor Luisa Estivill, para la observancia de los Establecimientos que est\u00e1n bajo su direcci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>En el pr\u00f3logo dice: \u00abMis apreciadas Hermanas en J.C. Movida del afecto que os profeso y a fin de que cerr\u00e9is la puerta a todo deplorable esp\u00edritu de relajaci\u00f3n, os presento las Reglas, que hasta aqu\u00ed hab\u00e9is seguido con general aplauso y que Aquel, que viniendo de los cielos fund\u00f3 en la tierra la Caridad entre los hombres, inspir\u00f3 al gran Vicente de Pa\u00fal. Si algo, empero, not\u00e1is en ellas que se aparte de la letra de las que nos dej\u00f3 el Santo, entended que el objeto de quitar ansiedades, dudas y escr\u00fapulos me ha movido a ello. Apreciadas Hermanas de mi filiaci\u00f3n, recibid ben\u00e9volas esta peque\u00f1a muestra de mi afecto. Sean estas Reglas un v\u00ednculo indisoluble que nos una en Caridad. Sor Luisa Estivill\u00bb.<\/p>\n<p>Esta edici\u00f3n de las Reglas es id\u00e9ntica a la verdadera, salvo en los puntos de referencia a la sujeci\u00f3n de los PP. Pa\u00fales. De las palabras citadas se desprende que no faltaban ansiedades entre aquellas Hermanas, pero no era Sor Luisa la m\u00e1s a prop\u00f3sito para calmarlas.<\/p>\n<p>Sor Casilda Llagostera volvi\u00f3 a la Congregaci\u00f3n en 1848, gracias a una carta fingida de Sor Luisa, como proveniente del Visitador, que la ordenaba pasar a la Selva. Enviada a Madrid, Sor Casilda fue por muchos a\u00f1os maestra en las Escuelas del Noviciado, pues era muy entendida , principalmente en labores.<\/p>\n<p>De manera m\u00e1s violenta despidi\u00f3 en 1843, a Sor Concepci\u00f3n Bruguetas, haci\u00e9ndola pasar por loca.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde se le separaron tambi\u00e9n Sor Vicenta San Feli\u00fa y Sor Raimunda, quienes, enviadas a la fundaci\u00f3n de la Beneficencia de Tarragona en 1851, dos a\u00f1os despu\u00e9s fueron a incorporarse al Noviciado de Madrid.<\/p>\n<p>Creci\u00f3 el cr\u00e9dito de Sor Luisa en Reus, el a\u00f1o 1843, cuando, con ocasi\u00f3n de estar asediada la Ciudad, obtuvo del General Zurbano que, en medio de la lluvia de granadas que ca\u00edan sobre la poblaci\u00f3n, fuese respetado el Hospital, en el que se hab\u00edan refugiado muchas fa\u00admilias. Rendida luego la plaza, sali\u00f3 en comisi\u00f3n con otra Hermana y varios vecinos principales a pedir condiciones favorables de rendici\u00f3n y evitar saqueos.<\/p>\n<p>La Hermandad recibi\u00f3 nuevas novicias y aument\u00f3 en personal y en casas. Entre las j\u00f3venes recibidas hab\u00eda de distinguirse Sor Rosa Molas, quien, despu\u00e9s de ejercitar sus caritativos servicios en Reus, fue en 1849 con otras cuatro compa\u00f1eras a la Misericordia de Tortosa, de donde, como queda dicho, hab\u00edan sido despedidas las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>El talento y virtud de Sor Rosa no s\u00f3lo consigui\u00f3 reorganizar aquella casa que hab\u00eda ca\u00eddo en el mayor desorden y miseria sino que, en 1851, a ruegos de la Ciudad, abri\u00f3 un acreditado Colegio y, un a\u00f1o despu\u00e9s, se encarg\u00f3 del Hospital.<\/p>\n<p>En 1857 la Junta de Beneficencia de Reus dict\u00f3: un nuevo reglamento, disponiendo entre otras cosas la supresi\u00f3n del Colegio establecido en el Hospital. El Sr. Arzobispo por su parte, viendo lo inconsistente de la obra de Sor Luisa, volvi\u00f3 a tratar de que su Hermandad se volviera a unir a las Hijas de la Caridad, mas ella, rehusando sujetarse a esas disposiciones, disolvi\u00f3 por s\u00ed y ante s\u00ed la Comunidad, dej\u00f3 el h\u00e1bito, abandon\u00f3 el Hospital y con algunas Hermanas, que le siguieron abri\u00f3 un colegio particular. Con esto se deshizo la Hermandad. El Sr. Arzobispo nombr\u00f3 Superiora del Hospital de Reus a la \u00fanica Hermana antigua que quedaba, Sor Francisca Freixas.<\/p>\n<p>Las Hermanas de Tortosa, bajo la prudente direcci\u00f3n de Sor Rosa Molas se pusieron entonces bajo la obediencia del Prelado diocesano y naci\u00f3 el Instituto que se llam\u00f3 de la <em>Consolaci\u00f3n<\/em>, actualmente muy numeroso y extendido.<\/p>\n<p>Aquella Hermandad de Reus no s\u00f3lo hab\u00eda querido tener por norma las Reglas de S. Vicente, sino que hab\u00eda conservado el h\u00e1bito tradicional de las Hijas de la Caridad. Contra esto, reclam\u00f3 en 1851 el Padre Santasusana, y la Junta de Beneficencia de Reus, contestando a un oficio de Gobernaci\u00f3n dec\u00eda: \u00abEnteradas dichas Hermanas, han manifestado que no tienen el menor inconveniente en adoptar un h\u00e1bito particular que las distinga de las que dependen de los Pa\u00fales, pues el cambio de h\u00e1bito no ha de influir de manera alguna para dejar de desempe\u00f1ar con el mismo celo que hasta aqu\u00ed el cuidado de los enfermos pobres desvalidos y la educaci\u00f3n de las ni\u00f1as, que tienen confiadas. La Junta debe a\u00f1adir que en estos dos objetos nada, dejan que desear las Hermanas que est\u00e1n al frente de los Establecimientos de esta Ciudad, de modo que estos Asilos de Caridad, se han considerados dignos de ser propuestos como modelos de las autoridades espa\u00f1olas que se han dignado visitarlos, lo mismo que por algunos sabios extranjeros que han venido con la idea especial de reconocerlos. Todo esto consta a V.E. con los dem\u00e1s importantes servicios que han prestado a esta Ciudad las mismas Hermanas en tiempo de epidemias y en oscilaciones pol\u00edticas por que hemos pasado. exponiendo heroicamente sus personas por salvar las de sus hermanos y convecinos.<\/p>\n<p>Corrieron los a\u00f1os hasta que, en 1877, pasando por Reus el Ilmo. Sr. Obispo Domenech, que desde los Estados Unidos ven\u00eda de Visita Ad Limina, y viendo la separaci\u00f3n en que segu\u00edan las Hermanas de su Ciudad natal, les hizo una alocuci\u00f3n manifestando su pena por ello, y anim\u00e1ndolas a la deseada uni\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abQueridas Hermanas m\u00edas: Yo les debo declarar que \u00e9sta obra es m\u00eda, que ninguno ha pedido el hacerlo; es obra de mi amor para con vosotras, para vuestro bien temporal y eterno; porque estando como est\u00e1is privadas de muchos bienes espirituales, pod\u00e9is conseguirlos con la uni\u00f3n, y adem\u00e1s desde mi ni\u00f1ez, como hijo de Reus, yo he amado a las Hijas de la Caridad y habiendo estado en la Comunidad de los Pa\u00fales desde la edad de 15 a\u00f1os, yo las consideraba como mis Hermanas, lo que no puedo decir ahora&#8230; Cuando yo estuve en Madrid comuniqu\u00e9 mis deseos de reuni\u00f3n a la Visitadora, Sor Juliana, y ella como verdadera Hija de San Vicente, recibi\u00f3 muy bien mis deseos y mis planes. Siendo hija de Reus, sus deseos fueron a\u00fan m\u00e1s ardientes\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed se fueron preparando los \u00e1nimos hasta que, \u00abaccediendo a las repetidas instancias de todas las Hermanas, menos cuatro, de reincorporarse a la Comunidad de las Hijas de San Vicente, debidamente autorizadas por todos los Superiores, verific\u00e1ronlo el d\u00eda 2 de agosto de 1882, con sumo placer de todas y con una fiesta jam\u00e1s vista en su casa, haciendo o renovando los Votos, el 25 del pr\u00f3ximo marzo, todas las que contaban cinco a\u00f1os de vocaci\u00f3n, trasladando a los oratorios particulares a Jes\u00fas Sacramentado D. Jos\u00e9 Mar\u00eda Riu, sacerdote de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Las Hermanas, unidas fueron doce, seis del Hospital y otras seis de la Casa de Caridad. De entre ellas s\u00f3lo Sor Mar\u00eda Francisca Freixas hab\u00eda sido Hija de la Caridad y ella fue la que trabaj\u00f3 con m\u00e1s ah\u00ednco hasta lograr la incorporaci\u00f3n suya y la de sus Hermanas a la Congregaci\u00f3n y en ellas tuvo la gracia de morir poco despu\u00e9s, en 26 de Junio de 1883.<\/p>\n<p>El cuidado de la Inclusa de Madrid hab\u00eda pasado a la Junta Municipal de Beneficencia y, con fecha 30 de abril de 1838, una Real Orden del Ministro de la Gobernaci\u00f3n nombraba visitadores extraordinarios al Marqu\u00e9s de Vallgornera y a D. Francisco L\u00f3pez Olavarrieta, quienes hicieron un minucioso informe del r\u00e9gimen y estado de la Inclusa y Colegio de la Paz. Para ello se sirvieron, como era natural, de los datos suministrados por las Se\u00f1oras, a cuyo cuidado inmediato estaban confiados ambos establecimientos.<\/p>\n<p>Por lo que respecta a las Hermanas corri\u00f3 a cargo de la Se\u00f1ora Condesa de la Vega del Pozo el relato de sus servicios.<\/p>\n<p>\u00abLas Hermanas, dice, son veintitr\u00e9s. Fue preciso aumentarlas a medida que crec\u00eda el n\u00famero de criaturas y de ni\u00f1as de la Paz. Las Hermanas cuidan del aseo de la Iglesia, de la sacrist\u00eda y sus ropas; ins\u00adtruyen a las ni\u00f1as en nuestra santa religi\u00f3n y procuran inculc\u00e1rsela con el mayor cuidado. Lo mismo hacen con las amas, para lograr, si fuese posible mejorar sus costumbres&#8230;<\/p>\n<p>Cuidan primeramente de toda la parte econ\u00f3mica de la casa; tienen las llaves de la despensa, sacan y distribuyen lo que es absolutamente preciso para la manutenci\u00f3n de tantas personas como all\u00ed se alimentan, y a su econom\u00eda se debe el cort\u00edsimo estipendio que cuesta el preciso sustento de tanta gente&#8230; Asisten dos Hermanas a la Cocina de las amas y otras dos a la cocina grande.<\/p>\n<p>Cuidan igualmente de la parte econ\u00f3mica; de las ropas, las cortan, las hilvanan, las reparten para el cosido, que tambi\u00e9n ellas lo hacen cuando pueden y sin desperdiciar ni una hilacha, se arreglan las composturas y remiendos de tantos vestidos, camisas, s\u00e1banas, pa\u00f1ales, mantas, colchones, etc, etc&#8230; Este trabajo es \u00edmprobo y continuo en el d\u00eda, por la desnudez en que se encuentran las criaturas sin tener ropas ni lienzos de repuesto, como antes hab\u00eda. Esta escasez llega a veces a tal extremo que, el verano pasado, vi a Sor Antonia, digna rectora que muri\u00f3 del tifus, deshacer casi todas sus camisas y las de otras Hermanas para pon\u00e9rselas a la multitud de enfermos que hab\u00eda con tifus, hasta que de fiado, compramos algunas piezas de lienzo para cubrir, en parte, tan ingente necesidad.<\/p>\n<p>Las Hermanas cuidan igualmente de la econom\u00eda y direcci\u00f3n del jabonado que es una de las faenas m\u00e1s pesadas y trabajosas del estableci\u00admiento. A m\u00e1s de las dos Hermanas destinadas casi de continuo a este oficio, todas las que pueden asisten los d\u00edas de colada al lavadero con las ni\u00f1as mayores&#8230;<\/p>\n<p>La parte de salubridad, que es la m\u00e1s penosa en esta casa, la desempe\u00f1an todas las Hermanas con la caridad y esmero propio de su Instituto, como lo tienen acreditado en cuantos establecimientos est\u00e1n a su cuidado, no s\u00f3lo en Espa\u00f1a, sino en toda Europa. En todo tiempo velan dos Hermanas toda la noche, cuidando de los ni\u00f1os que lloran y se los llevan a la cama a sus respectivas amas sin equivocarse ni trocarles jam\u00e1s. Si estas se ponen malas, las cuidan y acompa\u00f1an, y acabada la penosa lactancia, pasan a dar a los destetes iguales auxilios.<\/p>\n<p>Junto al torno se quedan dos Hermanas, que recogen las criaturas, que por lo regular las echan por la noche; las limpian al momento, las visten, las dan calor, si vienen arrecidas y en cueros, como suelen venir; y bien se puede decir, sin la menor exageraci\u00f3n, que con sus prontos remedios y cuidados vuelven a la vida estas desgraciadas v\u00edctimas de la desmoralizaci\u00f3n general; no se las entregan a las amas hasta que est\u00e1n bautizadas y, antes y despu\u00e9s, as\u00ed a \u00e9stas como a los destetes y dem\u00e1s les curan la ti\u00f1a, la sarna, las llagas que traen con mucha frecuencia y otros muchos humores tan viciados que, hace algunos a\u00f1os, muri\u00f3 una Hermana por haberle ca\u00eddo en los muslos los orines de un reci\u00e9n nacido. No lo presenci\u00e9 pero me lo contaron testigos de vista, que fueron la Excma. Sra. Duquesa de Alag\u00f3n y la Condesa de Casa Sarri\u00e1, que asist\u00edan continuamente a la casa, siendo modelos de caridad y constancia.<\/p>\n<p>Las Hermanas nunca f\u00edan a las amas la cura de las criaturas. En la enfermer\u00eda asisten y cuidan a todas las enfermas, sin haber un s\u00f3lo ejemplo de que se hayan excusado, por m\u00e1s asqueroso que sea el mal o contagio; y en el que se padeci\u00f3 el verano pasado, que dur\u00f3 muchos meses, ninguna huy\u00f3 del trabajo, ni se quej\u00f3, ni pidi\u00f3 reemplazo. Casi todas tuvieron el tifus, cuatro de las principales murieron all\u00ed, y tambi\u00e9n uno de los sacerdotes que las ayudaron a bien morir. Al momento fueron reemplazadas por otras cuatro, que vinieron del Noviciado y al paso que todas hu\u00edamos de las enfermer\u00edas, ellas imp\u00e1vidas, no las abandonaban y corr\u00edan a la muerte como un valiente que defiende su religi\u00f3n y su patria llenando sus deberes. Este loable ejemplo lo siguieron con valor los facultativos de la casa y los pocos empleados que hay en ella, sin dejar el trabajo por huir del peligro.<\/p>\n<p>No s\u00e9 c\u00f3mo puede haber personas que, vi\u00e9ndolas consagradas con tan asiduos y continuos trabajos, no las miren con respeto, con predilecci\u00f3n y como las mujeres m\u00e1s ejemplares y \u00fatiles para sus semejantes.<\/p>\n<p>En el departamento de los destetes hacen las Hermanas para con estas criaturas lo que las madres con sus hijos, despu\u00e9s que les han quitado el pecho; uno s\u00f3lo basta para ocupar una familia entera y ahora tenemos siempre de veinte a cuarenta. Es forzoso darles el alimento, vestirlos, limpiarlos mil veces, alegrarlos, entretenerlos, y, en fin, todo lo que exige la caridad a favor de estas criaturas en el per\u00edodo m\u00e1s delicado de su vida; mueren muchos porque el local que habitan es muy malo; les falta ventilaci\u00f3n y se entristecen y enferman, aunque vengan muy robustos&#8230;<\/p>\n<p>Cada Hermana ha prohijado por decirlo as\u00ed, uno de estos pobrecitos y siempre que pueden los llevan en brazos o por la mano por toda la casa para que se distraigan y cada una se esmera en componer y engalanar el suyo con los cintajos y vestidos usados que suelen dar de limosna. No creo que se puede exigir m\u00e1s de estas virtuosas mujeres.<\/p>\n<p>Lo que hacen las Hermanas en las escuelas mejor y con m\u00e1s extensi\u00f3n, lo explicar\u00e1 su digna Curadora D\u00aa Mar\u00eda del Patrocinio Chac\u00f3n, que con tanto trabajo y constancia ha planteado y perfecciona cada d\u00eda m\u00e1s la manufactura de sombreros de paja, que tan productiva es para el establecimiento. Sin embargo no puedo dejar de decir que las Hermanas se prestan gustosas a aprender, para ense\u00f1ar a las ni\u00f1as toda clase de labores, que creamos \u00fatiles y productivas; tales son los primorosos bordados de todas clases que all\u00ed se hacen, adoptando las Hermanas los que son de m\u00e1s moda y lujo sin gazmo\u00f1er\u00edas y averiguando siempre lo que es de m\u00e1s moda para poder sacar m\u00e1s lucro, como en efecto, se ha sacado en el primoroso cosido en blanco de ropas hechas para bodas, con igual primor que las que se venden como hechas en Francia. En el ramo de cordoner\u00eda hicieron los vendajes de las Maestranzas por direcci\u00f3n de la misma Se\u00f1ora Curadora y se sac\u00f3 gran producto. Las zapatillas y dem\u00e1s ropas tambi\u00e9n producen, pero es preciso considerar que de las trescientas a cuatrocientas muchachas, que hay en la casa, las cuatro quintas partes son de corta edad y se pasa mucho tiempo antes de que puedan hacer labores productivas&#8230;<\/p>\n<p>Las Hermanas reciben las limosnas y donativos que las dan las personas caritativas, cuando van a ver el establecimiento o por otros conductos y todo lo entregan con la mayor religiosidad sin que jam\u00e1s \u00adse haya verificado la menor equivocaci\u00f3n ni de un ochavo en estas entregas y en sus cuentas particulares&#8230; Madrid, 23 de mayo de 1838\u00bb.<\/p>\n<p>Este y otros minuciosos informes pedidos, estaban relacionados con cierto desacuerdo suscitado entre la Junta de Damas y la Municipal de Beneficencia, acerca del nombramiento de Rector Capell\u00e1n del Establecimiento, cargo vacante por defunci\u00f3n. A propuesta de dichas Se\u00f1oras recay\u00f3 el nombramiento en el Vicerector, y \u00abla Junta Municipal ofici\u00f3 con este motivo a la de Damas para que, en lo sucesivo, se hi\u00adciesen las propuestas por medio de aquella Corporaci\u00f3n. En mes de noviembre de 1839 ocurri\u00f3 el fallecimiento del Rector D. Juan Allen. La Junta de Damas dirigi\u00f3 la propuesta de esta vacante, en 24 de dicho mes al Gobierno de S.M. por medio de la de Beneficencia, seg\u00fan. se le hab\u00eda prevenido por \u00e9sta, proponiendo para Rector al Vicerector D. C\u00e1ndido Antonio Heras, tanto por considerar \u00e9ste ascenso de escala, como por agregar a las obligaciones del Rector las que hab\u00eda desempe\u00f1ado como Colector y Vicerector, quedando consiguientemente suprimida esta plaza. Nombr\u00f3 para Capell\u00e1n auxiliar al Pbro. D. Juan de Mata Morales, con solos seis reales diarios, logr\u00e1ndose por este medio un ahorro de doscientos ducados anuales, en beneficio de los establecimientos\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abEn oficio el Secretario Municipal manifest\u00f3 a las Damas, que correspondiendo al Ayuntamiento decidir acerca de la supresi\u00f3n de la plaza de Vicerector, la Beneficencia le consultaba sobre el particular, aprobando la propuesta hecha por la de Damas. En 23 de marzo de 1840 comunic\u00f3 la Junta de Beneficencia, el nombramiento hecho por el Ayuntamiento de Rector de la Inclusa en D. Jos\u00e9 Mar\u00eda Fontana. Contest\u00f3 la Junta de Damas, con fecha 26 del mismo, insistiendo en la propuesta del 24 de noviembre por creerla justa y conveniente para el servicio de los Establecimientos, protestando contra todo nombramiento que no mereciese la Real aprobaci\u00f3n. As\u00ed mismo, dio cuenta con igual fecha, al Ministro de la Gobernaci\u00f3n de la Pen\u00ednsula. Igualmente remiti\u00f3 al Gobierno un estado exacto de las ventas y fincas de la Inclusa y Colegio de la Paz para que, en vista, se sirviese determinar si estos establecimientos deb\u00edan comprenderse en la ley de Beneficencia, por s\u00f3lo percibir una corta asignaci\u00f3n de los fondos del Ayuntamiento.<\/p>\n<p>Insisti\u00f3 la Junta Municipal en el nombramiento de D. Jos\u00e9 Mar\u00eda Fontana para Rector. Y el Visitador le dio a conocer por tal a los dependientes del establecimiento, el d\u00eda 29 del expresado mes de marzo, \u00adsobre cuyo reconocimiento hubo contestaciones entre la Presidenta de la Junta de Damas y el Presidente de la Beneficencia. En este estado reci\u00adbi\u00f3 la Junta la Real orden de 30 de marzo del expresado mes y a\u00f1o, por la que S.M. se sirve aprobar el nombramiento de Rector hecho en D. C\u00e1ndido Antonio Heras y el de Capell\u00e1n auxiliar en favor de D. Juan Mata Morales, suprimiendo la plaza de Vicerector. Con igual fecha se comuni\u00adc\u00f3 a la Junta otra Real orden relativa a que, enterada la Reina S.M. de todos los antecedentes sobre el nombramiento de Rector y, conform\u00e1n\u00addose con el informe de la Comisi\u00f3n especial de Beneficencia y de la Junta consultiva del Ministerio de la Gobernaci\u00f3n, con sujeci\u00f3n a las disposiciones vigentes y a la Real orden de 30 de noviembre de 1838, se sirvi\u00f3 declarar que la Junta de Damas debe continuar en la direcci\u00f3n de \u00adla Inclusa y Colegio de la Paz de esta Corte con absoluta independencia del Ayuntamiento Constitucional, y Junta de Beneficencia, quedando nu\u00adlo el nombramiento de Rector hecho en D. Jos\u00e9 Mar\u00eda Fontana. Estas Reales \u00f3rdenes se comunicaron al Presidente de la Junta Municipal y se dio posesi\u00f3n a D. C\u00e1ndido Antonio Heras.<\/p>\n<p>La Junta continu\u00f3 en la direcci\u00f3n y gobierno de dichos esta\u00adblecimientos con absoluta independencia de la Municipal hasta el 10 de octubre del presente a\u00f1o (1840), en que se le comunic\u00f3 por el secreta\u00adrio de aquella Corporaci\u00f3n un oficio, manifestando la resoluci\u00f3n de la \u00adJunta Provisional de Gobierno de esta Provincia para que se repusiese inmediatamente en la plaza de Rector de la Inclusa y Colegio de la Paz a D. Jos\u00e9 Mar\u00eda Fontana y que ambos establecimientos queden bajo la inspecci\u00f3n y vigilancia del Ayuntamiento y Junta Municipal de Beneficencia. La Junta contest\u00f3 en 11 del mismo que quedaba enterada\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed termin\u00f3 por entonces la actuaci\u00f3n de la benem\u00e9rita Junta de Se\u00f1oras en la Inclusa. Su cese era una se\u00f1al inequ\u00edvoca de aquellos nuevos tiempos en que la alta nobleza y a\u00fan el poder real qued\u00f3 sin valor positivo. Las Hermanas de la Inclusa hubieron de ver con honda pena la ausencia de aquella linajuda Junta de Damas, con la que ten\u00eda contra\u00edda una antigua deuda de gratitud. Ella fue la que las llev\u00f3 a la primera fundaci\u00f3n de la Corte. En los d\u00edas m\u00e1s cr\u00edticos, cuando el Real Noviciado estaba perdido para las Hijas de la Caridad, ella fue su salvaci\u00f3n. El nombre de las Damas de Honor y M\u00e9rito ir\u00e1 para siempre unido a las \u00adHijas de Caridad de S. Vicente con lazos de agradecimiento.<\/p>\n<p>Su Majestad Mar\u00eda Cristina siguiendo la Real tradici\u00f3n, dis\u00adpens\u00f3 tambi\u00e9n a la Inclusa y Colegio de la Paz cari\u00f1os maternales. La \u00adJunta de Se\u00f1oras, en acta de noviembre de 1838 dec\u00eda: \u00abSu Majestad, la Reina gobernadora se ha dignado visitar la Inclusa y Colegio de la Paz el 21 del actual, enter\u00e1ndose, muy detenidamente de todos sus departamentos, labores en que se emplean las colegialas, mereciendo todo su real aprobaci\u00f3n; dispens\u00f3 a sus individuos la gracia de besar la real mano a las Se\u00f1oras que se hallaban presentes, Rector y Vicerector, Hijas de la Caridad y dem\u00e1s empleados en el establecimiento, habiendo estado S.M. m\u00e1s de dos horas en la casa y dado la limosna de tres mil reales. La Junta se enter\u00f3 con particular satisfacci\u00f3n de esta honra dispensada por su Majestad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante aquellos a\u00f1os turbulentos 1836\u20111840, s\u00f3lo tres nuevas fundaciones de Hijas de la Caridad pudieron establecerse y fueron las de Toledo, \u00c1vila y Sevilla. 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