{"id":387746,"date":"2016-08-04T08:16:55","date_gmt":"2016-08-04T06:16:55","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387746"},"modified":"2016-07-27T12:10:44","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:44","slug":"la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xxxv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xxxv\/","title":{"rendered":"La Provincia espa\u00f1ola de las Hijas de la Caridad (XXXV)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-387487 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/LOGO-HHC.gif?resize=161%2C212\" alt=\"LOGO HHC\" width=\"161\" height=\"212\" \/>Si la muerte de Fernando VII es fecha que se\u00f1ala para Espa\u00f1a un trastorno general ya por las guerras civiles, ya por la invasi\u00f3n del c\u00f3lera, ya por la miseria, compa\u00f1era inseparable de la guerra y de la peste, el Instituto de las Hijas de la Caridad, cuyo desarrollo se deb\u00eda, despu\u00e9s de Dios, a la protecci\u00f3n Real, no s\u00f3lo sufri\u00f3 una paralizaci\u00f3n en nuevas fundaciones, sino que su centro vital, el Real Noviciado se vio a punto de perecer. Con los frecuentes cambios de Gobierno ven\u00eda la frecuente renovaci\u00f3n de altos empleados en los ministerios, quienes, desconocedores y ajenos a la marcha de la Beneficencia nacional, tardaban en darse cuenta de la importancia que, en este ramo, te\u00adn\u00eda el Instituto de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Por otra parte, los gastos de guerra y consiguientes apuros econ\u00f3micos del erario, privaron a la casa central de los escasos medios de vida, cuando m\u00e1s los iba a necesitar.<\/p>\n<p>El P. Codina, sobre quien recay\u00f3 principalmente el peso de la direcci\u00f3n de las Hermanas, ten\u00eda que repetir exposiciones, responder informes y aclarar cuestiones ya antes dilucidadas y ver y tratar con individuos liberales y prevenidos en contra de las Comunidades religiosas.<\/p>\n<p>V\u00e9ase, como muestra, el siguiente informe para poder conti\u00adnuar gozando de la exenci\u00f3n de Puertas y que nos manifiesta el estado de las Hermanas.<\/p>\n<p>\u00abDeseando satisfacer a las preguntas, que la Administraci\u00f3n de derechos de Puertas se sirve hacerme por conducto de V., con oficio de 28 del pr\u00f3ximo pasado mayo, relativas a que manifieste: cu\u00e1les son las Hermanas que pr\u00f3ximamente son permanentes en comunidad y cu\u00e1les las que ejercen su profesi\u00f3n de caridad en Hospitales y Casas de Misericordia, digo: que la nota individual \u00faltimamente presentada indica el n\u00famero de personas que, en aquella \u00e9poca, resid\u00edan en esta Comunidad. Las que pr\u00f3ximamente deban permanecer en ella no sabemos cu\u00e1les y cu\u00e1ntas son; s\u00f3lo nos consta que, en Vitoria, Tolosa, Pamplona y otras partes hay varias j\u00f3venes detenidas, ya por la dificultad y peligros de caminos, ya tambi\u00e9n por la necesidad de ayudar a las Hermanas, agobiadas con el excesivo trabajo, que resulta del servicio de tantos pobres militares enfermos o heridos.<\/p>\n<p>La causa de no saberse cu\u00e1les ni cu\u00e1ntas son esas pretendientas es porque no se inscriben en los libros de la Congregaci\u00f3n ni se cuen\u00adtan por miembros de ella hasta que vienen a este Noviciado. Por lo que mira a las que ejercen su profesi\u00f3n de caridad en los Hospitales y casas de Misericordia en todo el Reino, se aproximan a quinientas.<\/p>\n<p>Todos los establecimientos de Espa\u00f1a confiados a las Hijas de la Caridad, sin contar los Hospitales Militares, nuevamente erigidos en Vitoria y Pamplona, componen el n\u00famero de treinta y tres; y los m\u00e1s de ellos a m\u00e1s de la hospitalidad, re\u00fanen la ense\u00f1anza gratuita de las ni\u00f1as pobres. Las plazas vacantes por muerte u otro accidente y las que se deben aumentar en proporci\u00f3n de lo que aumenten los pobres, todas deben proveerse de este Noviciado. De aqu\u00ed deben de salir cerca de cincuenta para el Hospital General de esta Corte, que con m\u00e1s de setenta, que ya existen all\u00ed, formar\u00e1n el n\u00famero de ciento veinte, que ha cre\u00ed\u00addo necesario aquella Junta para dar el servicio de todas las salas y \u00addepartamentos del mismo.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed salen tambi\u00e9n para las nuevas fundaciones, que se solicitan cada d\u00eda, y esto impide el poder fijar el n\u00famero de Hermanas in\u00addividuas de esta Comunidad; a veces han sido setenta y, a poco por te\u00adner que enviarse remesas a varias partes que o por la peste u otras calamidades han necesitado de sus servicios, ha decrecido el n\u00famero. S\u00f3\u00adlo para mantener cubiertas todas las plazas de los establecimientos, \u00adque al presente est\u00e1n confiados a las Hijas de la Caridad y poblar los que las pretenden, se necesita tener un dep\u00f3sito de ochenta Hermanas dispuestas a partir a los puntos que las necesiten, pues son muchas las que fallecen anualmente oprimidas del trabajo y enfermedades contra\u00ed\u00addas en el servicio de los pobres.<\/p>\n<p>Y esto es lo que me parece decir a V. en respuesta etc.: Madrid 3 junio de 1834. Sr. D. Manuel Calder\u00f3n, 0ficial de la Administraci\u00f3n del derecho de Puertas\u00bb.<\/p>\n<p>Las necesidades de la guerra obligaron a instalar varios Hospitales Militares servidos por Hermanas. Sor Rosa Grau exponiendo sus servicios en diecis\u00e9is de abril de 1836, dec\u00eda: \u00abDe aqu\u00ed salen Hermanas para todos los puntos en que las necesidades de los pueblos las reclaman. Los ej\u00e9rcitos mismos de Vuestra Majestad reciben socorros consi\u00adderables de vuestro Real Noviciado. D\u00edganlo los hospitales militares de sangre de la ciudad de Pamplona, servidos por Hijas de la Caridad, que de aqu\u00ed han salido. D\u00edganlo los tres de Vitoria, puestos todos a cargo de las mismas. Ya por tres veces han salido de esta vuestra ca\u00adsa refuerzos de Hermanas para asistir a tanto benem\u00e9rito militar, que ha vertido parte de su sangre en servicio de la excelsa e inocente Reina y Se\u00f1ora D\u00aa Isabel II, que D. g.\u00a0 Actualmente piden diez para le\u00advantar un cuarto Hospital militar en esta \u00faltima ciudad. A pesar de \u00adestar casi exhausto de Hermanas, se ha hecho el \u00faltimo esfuerzo y se han podido juntar cinco aptas para desempe\u00f1ar los penos\u00edsimos cargos de una hospitalidad tan numerosa\u00bb.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el Hospital Militar de Madrid, al instalarse entonces por primera vez, solicit\u00f3 la cooperaci\u00f3n de las Hermanas, y el P. Codina aceptando el llamamiento, escrib\u00eda, en 12 de Julio de 1834, a D. Rafael de Michelena, Intendente del Ej\u00e9rcito:<\/p>\n<p>\u00abEn consecuencia de lo que hablamos ayer noche he tenido una sesi\u00f3n con la Superiora de este Hospital General y hemos resuelto poner a disposici\u00f3n de V.S. seis Hermanas, para que interinamente vayan dispo\u00adniendo lo necesario para el arreglo interino y econ\u00f3mico del nuevo Hos\u00adpital Militar que va a establecerse en el cuartel de Santa Isabel.<\/p>\n<p>V.S. conoce muy bien que estas buenas Hermanas, para poder hacer todo el bien que desean a la humanidad doliente, necesitan de una protecci\u00f3n muy decidida de las Autoridades y Jefes de los Establecimientos, la que por tanto imploro y estoy cierto etc.\u00bb\u00a0 A lo que contest\u00f3 el Sr. Intendente: \u00abquedar\u00e1n bajo mi protecci\u00f3n y ser\u00e1n tratadas con toda la consideraci\u00f3n que se merecen\u00bb.<\/p>\n<p>S\u00f3lo un mes desempe\u00f1aron las Hermanas sus caritativas funciones en este Hospital. En 24 de agosto, la Ordenaci\u00f3n del Ej\u00e9rcito de Cas\u00adtilla la Nueva oficiaba al padre Codina: \u00abQue se sirva disponer de las Hermanas de la Caridad, que tuvo a bien cederles para que se encargasen de la asistencia de enfermos y direcci\u00f3n econ\u00f3mica, en el Hospital de Santa Isabel, donde se ha llenado cumplidamente los deseos que pod\u00edamos prometernos.<\/p>\n<p>No pudiendo menos esta Ordenaci\u00f3n de rendir a V.R. las m\u00e1s expresivas gracias, en nombre del Real servicio, por el que cumplidamente han prestado esas recomendables Hermanas en dicho establecimiento, tan propio del laudable Instituto a que est\u00e1n dedicadas, quedando a V.R. y a ellas muy reconocida la Administraci\u00f3n Militar, de quien siempre deber\u00e1n esperar la m\u00e1s decidida protecci\u00f3n, seg\u00fan he dicho y repetir\u00e9 a la Superioridad y en conocimiento de Su Majestad, en justo agradeci\u00admiento del servicio, que han prestado al militar doliente. = Dios guarde a V. muchos a\u00f1os = Cayetano Bonaf\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>Un oficio del Gobernador Civil de Madrid, con fecha 29 de Abril de 1836 dec\u00eda al P. Codina: \u00abPara el establecimiento de un Hospital nuevo en la Ciudad de Vitoria, apetece el Gobierno de S. M. que pase a aquel punto el mayor n\u00famero posible de Hermanas de la Caridad, est\u00e9n o no ocupadas en los Hospitales siempre que puedan separarse sin notable quebranto. Su viaje, gastos, salarios y dem\u00e1s condiciones se arreglar\u00e1n antes de salir por medio de contratas&#8230; Espero, pues, que, con toda posible brevedad, se servir\u00e1 decirme el n\u00famero, sobre el cual est\u00e1 dispuesto a tratar con el Gobierno, teniendo presente que, con esta fecha, oficio al \u00adDirector del Hospital General para que se venzan las dificultades, que pudiera haber a las ocupadas en \u00e9l, y no dudo de que el celo de V. co\u00admo el de las Hermanas se desplegar\u00e1n de nuevo en esta notable ocasi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abAgotado ya el Real Noviciado, contesta el P. Codina, con lo que ha hecho para Vitoria, no es posible satisfacer los deseos del Gobierno de S.M. si las Juntas gubernativas de los establecimientos de esta Corte no me permiten sacar algunas Hermanas para tan interesante objeto.\u00bb<\/p>\n<p>S\u00f3lo as\u00ed, pudieron sacarse seis Hermanas del Hospital General, dos de mujeres Incurables y otras dos de la Inclusa.<\/p>\n<p>Facilit\u00f3 la salida de esas seis primeras el odio sectario, que daba sus chispazos aun dentro de los establecimientos ben\u00e9ficos y de que es muestra el siguiente oficio de 6 de enero de aquel a\u00f1o, que dec\u00eda, refiri\u00e9ndose al Hospital General:<\/p>\n<p>\u00abSiendo \u00fanicamente suficiente 30 Hijas de la Caridad, adem\u00e1s de una Superiora, para la esmerada y puntual asistencia de los enfermos, se servir\u00e1 V.S. remover de esta base el n\u00famero de Hijas de la Caridad designado como no necesario; debiendo, por muy poderosas y justas razones, que tiene la direcci\u00f3n y por otras no menos importantes de pol\u00edtica y buen gobierno, incluir en el n\u00famero que hayan de ser removidas del Hospital a la actual Superiora Sor Mar\u00eda Vicenta Molner, Sor Rosal\u00eda P\u00e9rez, Sor Bonifacia Espoz, Sor Melchora Iriarte y cuantas Jefas o Superioras hayan estado encargadas de la direcci\u00f3n y gobierno de la cocina&#8230; Nicol\u00e1s Garc\u00eda Page &#8211; Jos\u00e9 P\u00edo Molina\u00bb.<\/p>\n<p>Pocas noticias han quedado de la actuaci\u00f3n de las Hermanas en los hospitales militares y de sangre, durante aquella guerra fratricida. El P. Sanz consigna en su Compendio s\u00f3lo de un modo general sus servicios con estas palabras:<\/p>\n<p>\u00abA los interesantes servicios, que las Hijas de la Caridad prestaron a nuestra Patria en tiempo del c\u00f3lera morbo, a\u00f1adamos los que hicieron al ej\u00e9rcito en la \u00faltima guerra civil (1833\u20111839). Pudi\u00e9ramos c\u00aditar mil ejemplos admirables de caridad, de compasi\u00f3n, de ternura, de valor cristiano de las Hijas de la Caridad en favor de nuestros soldados heridos. Los hospitales militares de Vitoria, de Pamplona, los estable\u00adcidos provisionalmente en medio de los dos ej\u00e9rcitos beligerantes, presenciaron una y mil veces el hero\u00edsmo de las venerables Hermanas de la Caridad, que no teniendo m\u00e1s opini\u00f3n que favorecer a sus pr\u00f3jimos y aliviarlos en sus desgracias, se consagraron al servicio del legionario franc\u00e9s e ingl\u00e9s igualmente que al espa\u00f1ol, su hermano. Mil valientes, que en el d\u00eda se hallan al frente de nuestro ej\u00e9rcito, deben la conservaci\u00f3n de sus d\u00edas al celo infatigable, a la paciencia angelical de estas ilustres protectoras de la humanidad; as\u00ed es, que no hay soldado espa\u00f1ol para quien el s\u00f3lo t\u00edtulo de Hijas de la Caridad no sea un objeto de profunda veneraci\u00f3n. Lo repetimos con dolor: que se nos ha prohibido citar hechos de virtud o de caridad her\u00f3ica por los que podr\u00eda venirse en conocimiento de las Hermanas espa\u00f1olas, que los practicaron y viven todav\u00eda. (P\u00e1g. 116). De aquellos Hospitales de sangre sabemos s\u00f3lo del establecido en Irache, en el que murieron dos novicias (1836); de otro en Escoriaza, en que muri\u00f3 Sor In\u00e9s Arn\u00e1rez, y de un tercero en Hernani.<\/p>\n<p>De los mil trabajos y penalidades, que las Hermanas hubieron de pasar en aquellos hospitales del Norte, quedan apenas cortas referencias y s\u00f3lo de San Sebasti\u00e1n hay un detenido relato, en el informe que dio la Junta de Beneficencia que dice as\u00ed:<\/p>\n<p><em>\u00abA consecuencia de haberse hecho due\u00f1os los carlistas, a principios del mes \u00faltimo de diciembre, del barrio extramural de S. Mart\u00edn, donde exist\u00eda el establecimiento del Hospital civil y Misericordia de \u00adesta ciudad, y del bloqueo riguroso que en seguida establecieron en la \u00adplaza, la Junta de Beneficencia se vio absolutamente privada de comu\u00adnicarse con las Hermanas de la Caridad y su celosa Superiora. En este tiempo ocurri\u00f3 el horroroso bombardeo y dem\u00e1s aflicciones, que han puesto a esta ciudad en el estado m\u00e1s lastimoso y, como viesen las autoridades militares, encargadas de la defensa de la plaza, que dicho barrio les era perjudicial, mientras que sirviese de asilo y parapeto a los enemigos, trataron de asolarlo y con este objeto, pidieron por medio de un parlamento que, dentro de las 24 horas, desocupasen el establecimiento de Beneficencia, en la inteligencia de que, pasado que fuese el t\u00e9rmino, la plaza romper\u00eda los fuegos sobre el mismo establecimiento.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Vi\u00e9ndose la Junta en este conflicto, trat\u00f3 de poner a salvo a todo trance, a las ben\u00e9ficas Hermanas y a sus infelices administrados y, al efecto, comunic\u00f3 instrucciones a la Superiora, vali\u00e9ndose del expresado parlamento. A consecuencia se trasladaron todos, llevando los efectos transportables al hermoso barrio de Loyola, a media legua de distancia de esta plaza y fuera de todo tiro de ca\u00f1\u00f3n, y se mantienen all\u00ed colocadas en cuatro hermosas casas de campo de las m\u00e1s c\u00f3modas, ejercit\u00e1ndose inalterables en la pr\u00e1ctica de su Instituto con el celo y amor que les caracteriza, excepto dos, que por disposici\u00f3n del gene\u00adral carlista, se hallan cuidando del Hospital de sangre establecido en Hernani.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La Junta les atiende, venciendo las dificultades que se encuentran, por la v\u00eda de Francia, de modo que nada les falta y en esta disposici\u00f3n aguarda con ansia a que, restablecidas las cosas al estado anterior pueda tener la satisfacci\u00f3n de consolar a unas y a otras por s\u00ed misma.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La Junta est\u00e1 enteramente satisfecha y agradecida de todas las Hermanas y en particular de la acreditada Superiora por el celo y la caridad cristiana y edificante con que se han conducido en circunstancias tan apuradas, mirando no s\u00f3lo por el bienestar y alivio de los enfermos y pobres que est\u00e1n a su cuidado, sino tambi\u00e9n por los intereses materiales del establecimiento; y si antes no se le ha hecho a V. esta comunicaci\u00f3n atrib\u00fayalo al estado de privaciones, penuria y aflicciones a que est\u00e1 reducida esta plaza; y por iguales razones no debe tampoco extra\u00f1ar el silencio, que hubiese guardado la Superiora, en el punto que se halla, rodeada por todas partes de gentes que cuidan y proh\u00edben cualquier comunicaci\u00f3n que se dirija a puntos que no dominan ellos.= Dios guarde a V. muchos a\u00f1os.= San Sebasti\u00e1n \u2011 Marzo 16 de 1836. El Alcalde Presidente, Alejandro de Burgue = Sr. D. Buenaventura Co\u00addina, Superior y Director de las Hijas de la Caridad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>El c\u00f3lera. <\/em>Este es acaso el cap\u00edtulo m\u00e1s admirable de la Historia de \u00adlas Hijas de la Caridad espa\u00f1olas, a la vez que el m\u00e1s dif\u00edcil de escribir, por la abundancia de sublimes hero\u00edsmos, que se nos ofrecen y que ocupar\u00edan un libro entero.<\/p>\n<p>Ya queda referido, en uno de los cap\u00edtulos anteriores, cuales fueron las primicias de estas m\u00e1rtires de la Caridad, cuando, en 1821, se vio asolada la ciudad de Tortosa por la epidemia de la fiebre amarilla.<\/p>\n<p>Cuando en 1833 se present\u00f3 el terrible azote del c\u00f3lera morbo, se repitieron, en cuantos sitios hab\u00eda Hermanas, las heroicas escenas de Tortosa.<\/p>\n<p>Dif\u00edcil es pintar hoy el terrible espanto, que se apoderaba de todos al solo nombre de aquella asoladora epidemia, que, no una sino repetidas veces diezm\u00f3 las provincias de Espa\u00f1a y de toda Europa en el \u00adsiglo pasado. En medio del p\u00e1nico general, las Hijas de S. Vicente aparecen imp\u00e1vidas al lado de los apestados: y cuando unas caen vencidas \u00aden aquella lucha, cara a cara con la muerte, son m\u00e1s las que disputan el punto del peligro. Oigamos a un testigo de vista.<\/p>\n<p>\u00abVengamos ya, dice el P. Sanz en su Compendio de la Historia de S. Vicente de Pa\u00fal, a aquellos d\u00edas aciagos, en que el azote com\u00fan del c\u00f3lera morbo diezmaba nuestra poblaci\u00f3n. \u00bfQui\u00e9n no sabe los generosos y costosos sacrificios, que hicieron las Hijas de la Caridad en estos d\u00edas de exterminio? Las ciudades de Badajoz, de Valencia, de J\u00e1tiva, de Valladolid, de Vitoria, de Pamplona, la misma capital del Reino son testigos vivos e irrecusables del celo y caridad evang\u00e9lica desplegada por las Hijas de la Caridad en los a\u00f1os de 1833 y 34, cuando el c\u00f3lera asolaba nuestra pen\u00ednsula. Todo el mundo vio con asombro a estas angelicales Hermanas volar gustosas a donde el contagio hac\u00eda mayores estragos y el peligro era m\u00e1s eminente, prestar a los enfermos los servicios m\u00e1s expuestos y m\u00e1s repugnantes a la naturaleza y, olvidadas de la delicadeza de su sexo y de los horrores, que de continuo las rodeaban, pasar los d\u00edas y las noches enteras a la cabecera de los invadidos del contagio y hacer con ellos todos aquellos tiernos y caritativos oficios, que s\u00f3lo la religi\u00f3n puede imponer a las que reglan sus \u00adacciones por sus divinos principios y saben que la mayor caridad es dar la vida en beneficio de sus hermanos\u00bb.<\/p>\n<p>Completamos este cuadro general con algunas referencias particulares. En Madrid, invadido por la terrible epidemia en 1834, no bastando los tres Hospitales Permanentes llenos ya de col\u00e9ricos, se habi\u00adlitaron otros dos, estando los cinco a cargo de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>No solamente en la Capital, sino tambi\u00e9n en los pueblos vecinos, ejercieron las Hermanas ese sublime ministerio. Con ocasi\u00f3n de ello el Duque de Gor enviaba al P. Codina el siguiente oficio:<\/p>\n<p><em>\u00abGobierno Civil de la Provincia = Doy a V. las m\u00e1s expresivas gracias por la prontitud y celo con que se prest\u00f3 a mi invitaci\u00f3n de destinar religiosas a Vallecas y se servir\u00e1 V. darlas en mi nombre y en el del Gobierno, a esa respetable Comunidad por la noble emulaci\u00f3n con que, a\u00fan a mi vista pretend\u00eda toda ella la misma suerte que hab\u00eda tocado a sus dos Hermanas.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Persu\u00e1dase V. y crea esa Corporaci\u00f3n, que si siempre he estado dispuesto a protegerla, lo estoy mucho m\u00e1s desde que fui testigo de sus sentimientos eminentemente ben\u00e9ficos; y que procurar\u00e9 acreditarlo siempre que tenga ocasi\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Se me ofrece en esta ocasi\u00f3n, la agradable de poder asegurar a VV. que Sor Francisca Palmer y Sor Nicolasa Ram\u00edrez est\u00e1n buenas, contentas y desempe\u00f1an su ministerio muy a gusto del profesor comisionado D. Mateo Seoane.= Dios guarde a V. muchos a\u00f1os = Madrid, 6 de julio 1834.= J. El Duque de Gor.= Sr. D. Buenaventura Codina, Superior de las Hijas de la Caridad\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>Sor Francisca Palmer era natural de Andraig, en Mallorca, y de las Hermanas m\u00e1s antiguas. Naci\u00f3 en 1791 y entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n en 1814. Muri\u00f3 en el Noviciado en 1848. En cambio, su compa\u00f1era Sor Nicolasa Ram\u00edrez era joven novicia de apenas dos a\u00f1os de vocaci\u00f3n, natu\u00adral de Allo, Navarra. Ambas tuvieron la gloria de ser las primeras Hermanas escogidas entre las muchas del Noviciado, que se ofrecieron para enfrentarse con la muerte en el mort\u00edfero foco col\u00e9rico de Vallecas, del que salieron milagrosamente inc\u00f3lumes.<\/p>\n<p>Refiri\u00e9ndose a esto, escrib\u00eda m\u00e1s tarde el P. Codina: \u00abCuando \u00aden el a\u00f1o 1834, se vieron invadidas del c\u00f3lera morbo las poblaciones inmediatas a Madrid, el Gobernador de aquella Corte, Excmo. Sr. Duque de Gor, no se atrevi\u00f3 a disponer de las Hermanas del Real Noviciado, dotado por el tesoro p\u00fablico, sin contar con el Director de las Hermanas, que lo era entonces el Obispo que suscribe. Este, para que el sa\u00adcrificio fuera enteramente voluntario, indic\u00f3 a la Comunidad la necesidad perentoria en que se hallaban aquellos pueblos, dejando a su libertad el ofrecerse para dicho sacrificio. Hecha esta indicaci\u00f3n se ofrecieron muchas m\u00e1s de las que se necesitaban. De \u00e9stas se escogieron las m\u00e1s a prop\u00f3sito, y el expresado Sr. Duque las tom\u00f3 en su coche y las acompa\u00f1\u00f3 hasta el cord\u00f3n, que tiene incomunicado el pueblo de Vallecas\u00bb.<\/p>\n<p>En la memoria impresa en Diciembre de aquel a\u00f1o y redactada por la Excma. Sra. Duquesa Vda. de Gor, leemos los siguientes datos, referentes a la Inclusa y Colegio de la Paz de Madrid: \u00abConsiguiente a la horrorosa enfermedad del c\u00f3lera fue la falta de bienhechores, pagos de renta, asignaciones y recursos, tanto para tomar medidas de precauci\u00f3n para evitar el contagio, como para aligerar el peso de su azote asolador.<\/p>\n<p>Esta casa p\u00fablica no pod\u00eda exceptuarse del contagio, estando obligada a admitir en ella a todas las criaturas que se pusiesen en el torno, no ya solamente las de ileg\u00edtimo concepto, sino tambi\u00e9n, a muchas de aquellas que la muerte les arrebat\u00f3 del seno maternal, dej\u00e1ndolas inoculadas la enfermedad, pues, seg\u00fan las notas del facultativo y \u00adde las Hijas de la Caridad encargadas de la sala de lactancia, vemos que, de ciento diez y nueve muertos del c\u00f3lera, la mayor parte entraron con la cianosis o sea el per\u00edodo azul. Claro es que \u00e9stas la comu\u00adnicaron a las amas y de ellas la propagaci\u00f3n fue general dejando probada la imposibilidad de evitarlo. Todas la padecieron y fueron asistidas y curadas dentro de la casa, cuya medida aunque gravosa y contra la costumbre, fue indispensable por no dejar a los ni\u00f1os sin alimento y s\u00f3lo seis fueron al Hospital General y murieron. La Junta no desatendi\u00f3 punto tan interesante y, a vista de tal cat\u00e1strofe, repiti\u00f3 invitaciones en el diario de avisos, ofreciendo ochenta reales mensuales a las que quisieran entrar a lactar.<\/p>\n<p>Es lamentable y no podr\u00e9 sin l\u00e1grimas descorrer la cortina para manifestar estos dos establecimientos, destinados a la nutrici\u00f3n y conservaci\u00f3n de la infancia, convertidos en hospital por todos sus \u00e1ngulos. \u00adAll\u00ed no hab\u00eda otro objeto que enfermos y muertos, \u00a1Dios Santo! Y \u00bfc\u00f3mo se asisten? \u00bfCon qu\u00e9 se sufragan estos gastos? Aqu\u00ed nadie paga; no se recibe una limosna. El Gobierno en nada ha atendido esta desventurada ca\u00adsa. \u00bfPor qu\u00e9, Se\u00f1or, tantas calamidades a la vez? Pero aqu\u00ed es donde \u00adveo de bulto aquella mano de la Omnipotencia Divina, proveyendo de esp\u00edritu y fuerzas sobrenaturales al paso que descargaba el azote.<\/p>\n<p>Las Hijas de la Caridad se rivalizan en celo y eficacia y los Sres. Eclesi\u00e1sticos con la asistencia espiritual, que tambi\u00e9n hicieron caritativamente a los vecinos del barrio.<\/p>\n<p>Las Sras. no omitieron medio ni recurso para el socorro de tan importante servicio a la humanidad. Pidieron cuatro Hermanas de la Caridad, dos de las cuales amaestradas en el Hospital General en el conocimiento del c\u00f3lera, para que ayudasen e instruyesen y, si s\u00f3lo estuvieron ocho d\u00edas, no fue por restricci\u00f3n ni econom\u00eda, sino porque, como he dicho, las mismas Hermanas ambicionaban la gloria de sacrificar sus vidas en cumplimiento de su Instituto. Muri\u00f3 una y enfermaron siete, alguna de \u00e9stas de mucha gravedad\u00bb.<\/p>\n<p>Peor que el c\u00f3lera fue para estos establecimientos, el contagio de tifus que se desarroll\u00f3 en 1837. En la memoria impresa de aquel a\u00f1o, leemos el informe de la misma Sra. Duquesa, viuda de Gor: \u00abLa Inclusa se ha resentido en gran manera de las circunstancias que todos deploramos. La guerra y la pobreza, que ha oprimido a los pueblos de esta provincia, sin duda ha influ\u00eddo en la salud y han devuelto los ni\u00f1os extenuados casi para expirar. Se reunieron a la vez m\u00e1s de 70 de \u00e9stos y puede asegurarse que pocos de ellos han salvado la vida, particularmente los que ya no lactaban. La casa ha podido llamarse hospital desde el mes de mayo. Las Hermanas de la Caridad destinadas a aquel departamento no eran suficientes y toda la Comunidad alternaba \u00adpor horas para ayudar a su asistencia, igualmente que las colegialas, a quienes se les comunic\u00f3 la oftalm\u00eda de que ven\u00edan acometidos y la han padecido m\u00e1s de las dos terceras partes y una Hermana perdi\u00f3 la vista.<\/p>\n<p>A esto sobrevino en el mes de julio, las calenturas biliosas p\u00fatridas, que paulatinamente se fueron aumentando, y aunque en el concepto del m\u00e9dico de casa, D. Francisco de Paula Laplana y del Catedr\u00e1tico de San Carlos D. Juan S\u00e1nchez, que la visit\u00f3 de mi orden, opinaron que la enfermedad no era contagiosa, si bien era conveniente para evitar que lo fuera, desahogar la atm\u00f3sfera de tantos h\u00e1litos reunidos. Al efecto sin p\u00e9rdida de momento, ped\u00ed personalmente al Gobierno el extinguido convento de Santa Catalina y teniendo en consideraci\u00f3n lo urgen\u00adte de esta medida a las veinticuatro horas, lo puso a disposici\u00f3n de \u00adla Junta y el d\u00eda 7 de octubre se trasladaron a \u00e9l 205 colegialas y \u00adcuatro Hermanas de la Caridad. Esta providencia ha salvado m\u00e1s de la tercera parte, siendo el resumen total de las invadidas, hasta el \u00faltimo d\u00eda de noviembre 205 ni\u00f1as y de \u00e9stas nueve muertas, y de las \u00adHermanas de la Caridad, cuya fortaleza espiritual ha estado bien a prueba, han padecido 20 y muerto cinco&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>La Comunidad del Real Noviciado acudi\u00f3 en auxilio de la Inclusa pidiendo a las Se\u00f1oras como una gracia el ayudar a sus Hermanas.\u00bb El aspecto lastimoso, \u2011dice\u2011 que en la actualidad presentan los establecimientos reunidos de la Inclusa y el Colegio de la Paz, ha llamado la atenci\u00f3n especialmente, por la parte de las Hijas de la Caridad, de las cuales muchas han sucumbido al exceso de trabajo, que tantas enfermedades les acarrean y que aumentan en proporci\u00f3n de las que son acome\u00adtidas de la enfermedad reinante. En el d\u00eda, son cinco las Hermanas postradas en cama, algunas de las cuales, incluso la Superiora, se ha\u00adllan en inminente peligro de perder la vida. En este estado, las que han quedado en pie no pueden atender debidamente a las Hermanas enfer\u00admas, cuyo n\u00famero va en aumento y al cumplimiento de las dem\u00e1s obligaciones de tan vasto edificio. El excesivo trabajo, acompa\u00f1ado del espect\u00e1culo triste que ofrece a la vista tantas l\u00e1grimas, es de temer que vaya sacrificando m\u00e1s y m\u00e1s Hermanas, si no se les proporciona un poco de socorro de este Noviciado, que al paso que atiende a la asis\u00adtencia de sus enfermas, ayude con todas sus fuerzas, a asistir a la numerosa familia que les est\u00e1 confiada. Mientras esperamos pronta respuesta puedo asegurar a V.E. que se sacrificar\u00e1n gustosas todas las Hermanas de este Noviciado de mi cargo y lo mismo sus directores, por aten\u00adder el socorro de las necesidades corporales y espirituales de las ni\u00f1as de la Paz, cuya prosperidad miran con sumo inter\u00e9s. = Madrid, 30 de septiembre de 1837&#8243;.<\/p>\n<p>Resultado fatal de la peste de ese a\u00f1o en la Inclusa fue la p\u00e9rdida de seis Hermanas: Sor Josefa Echechiquia, Sor Josefa Latiegui, Sor Basilia L\u00f3pez, Sor Josefa Arteta y Sor Magdalena Alberti, todas entre los 28 y 38 a\u00f1os. La Superiora, Sor Antonia Anguela, que toda su vida de caridad la hab\u00eda pasado cuidando a los ni\u00f1os de la Inclusa, cay\u00f3 tambi\u00e9n, como capit\u00e1n valeroso al frente de sus tropas.<\/p>\n<p>La Sociedad Econ\u00f3mica Matritense, en su informe de 17 de enero de 1840, se complac\u00eda en reconocer el admirable comportamiento de las Hijas de la Caridad en la asistencia de los col\u00e9ricos con estas palabras: \u00abLa\u00a0 Comisi\u00f3n se complace en reconocer los servicios prestados por estas piadosas mujeres, convencida de que los resultados han correspondido plenamente al ben\u00e9fico y religioso, objeto de su establecimiento. P\u00fablicos y bien notorios han sido el celo y caridad, que aquellas han desplegado en la asistencia de los enfermos durante los estragos de algunas epidemias, y muy particularmente la del c\u00f3lera morbo, en los a\u00f1os 1833 y 1834\u00bb.<\/p>\n<p>Con raz\u00f3n, pues, el P. Roca, Director entonces de las Hermanas las dec\u00eda en una circular, que daba gracias a Dios y felicitaba al Instituto por haber arrostrado \u00abcon intrepidez la misma muerte, antes que faltar al ejercicio de aquella excelente virtud, que es vuestro distintivo, y la contrase\u00f1a m\u00e1s cierta de que no ten\u00e9is en vano el glorio\u00adso nombre de Hijas de la Caridad\u00bb. Por fin, mis car\u00edsimas Hermanas, os doy gracias por la generosidad con que, a porf\u00eda, os hab\u00e9is prestado a las autoridades que os invitaron para servir a los pobres enfermos col\u00e9ricos, con cuyo generoso ofrecimiento hab\u00e9is honrado vuestro honor\u00edfico nombre de Hijas de la Caridad y siervas de los pobres enfermos y, al mismo tiempo, os hab\u00e9is granjeado el aplauso de las mismas autoridades y tambi\u00e9n de los pueblos que, movidos del buen olor de Jesucristo que les hab\u00e9is dado en el ca\u00adritativo ejercicio de vuestros ministerios, nos han escrito varias car\u00adtas solicitando Hermanas de la Caridad, fundadas por S. 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