{"id":387743,"date":"2016-08-01T08:13:25","date_gmt":"2016-08-01T06:13:25","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387743"},"modified":"2016-07-27T12:10:45","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:45","slug":"la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xxxiv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xxxiv\/","title":{"rendered":"La Provincia espa\u00f1ola de las Hijas de la Caridad (XXXIV)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-387487 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/LOGO-HHC.gif?resize=161%2C212\" alt=\"LOGO HHC\" width=\"161\" height=\"212\" \/>A la muerte del P. Feu se modific\u00f3 el gobierno de las Hijas de la Caridad en Espa\u00f1a y se volvi\u00f3 a unir al cargo de Visitador de la Misi\u00f3n la Direcci\u00f3n general de las Hermanas, quedando suprimida la Casa de Capellanes adjunta al Real Noviciado. As\u00ed lo hab\u00eda deseado el P. Roca desde que fue nombrado Visitador. Sobre este asunto el P. Feu hab\u00eda expuesto el a\u00f1o antes de morir las siguientes reflexiones:<\/p>\n<p>\u00abEs notorio que, desde que en mayo de 1790 hubo Hijas de la Caridad en Espa\u00f1a, \u00e9stas fueron gobernadas por los Visitadores de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n por encargo del Superior General de la misma, hasta el a\u00f1o de 1829. El gobierno de las dos Congregaciones era, a los principios no s\u00f3lo muy compatible, sino tambi\u00e9n f\u00e1cil, ya por ser pocas las casas de las dos Congregaciones, ya por estar \u00e9stas, las m\u00e1s, fundadas en el Principado de Catalu\u00f1a y a una corta distancia las unas \u00adde las otras, y as\u00ed pod\u00edan visitarse todas en el espacio de dos meses poco m\u00e1s o menos; pero desde que se aument\u00f3 el n\u00famero de casas de am\u00adbas Congregaciones, especialmente las de las Hermanas, extendi\u00e9ndose a Navarra y otras provincias distantes, fue haci\u00e9ndose siempre m\u00e1s y m\u00e1s dif\u00edcil y trabajoso el gobierno de entrambas, por cuyo motivo, ya por los a\u00f1os de 1826 el Vicario General italiano Sr. Baccari fue instado a separar el gobierno de las dos Congregaciones, encargando la \u00aduna a un sujeto y la otra a otro. As\u00ed consta por su carta de 10 de febrero del citado a\u00f1o, pero, por cuanto, seg\u00fan el mismo insin\u00faa, estaba noticioso de que el Sumo Pont\u00edfice Le\u00f3n XII trataba de restablecer \u00adel antiguo Gobierno de las dos Congregaciones, como realmente se verific\u00f3 en julio de 1827, eligiendo para Superior General al Sr. D. Pedro de Waylli, misionero franc\u00e9s, no quiso el Sr. Baccari realizar la separaci\u00f3n que se le hab\u00eda insinuado. Sin embargo, como no s\u00f3lo subsist\u00edan los motivos, sino que tambi\u00e9n iban cada d\u00eda en aumento, eran tambi\u00e9n \u00adm\u00e1s fuertes y m\u00e1s vivas las quejas de los Misioneros contra el Visita\u00addor, de que por cuidar de las Hermanas se descuidaba de su Congregaci\u00f3n; y no dejar\u00eda aun el mismo Visitador de lamentarse de su triste suerte, por que se le obligaba a llevar dos cargas insoportables y de mucha responsabilidad, sin tener en la Congregaci\u00f3n sujetos de confianza de quien poderse valer para que le ayudasen a llevar la doble carga.<\/p>\n<p>Estas quejas se avivaron hasta sumo grado, en el a\u00f1o de 1829, en que la Asamblea Provincial tenida en Valencia y presidida por el Sr. D. Juan Roca, entonces Vicevisitador de la Congregaci\u00f3n de Espa\u00f1a, en\u00adtre las dem\u00e1s propuestas, que acord\u00f3 para elevarlas a la Asamblea General de Par\u00eds, la tercera estaba concebida en estos t\u00e9rminos: \u00abQue uno de los Misioneros sea nombrado para el cuidado de las Hijas de la Cari\u00addad, excluidos todos los dem\u00e1s, a\u00fan los Superiores particulares y el mismo Visitador, fuera del tiempo de Visita\u00bb. Se respondi\u00f3 afirmativamente.<\/p>\n<p>Efectivamente as\u00ed se verific\u00f3, si no por decreto de la Asamblea, a lo menos, por disposici\u00f3n del Sr. Superior General, el cual en segui\u00adda separ\u00f3, en el modo arriba insinuado, el gobierno de las Hijas de la Caridad en Espa\u00f1a, del de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n nombrando para \u00e9s\u00adte al Sr. D. Juan Roca con el t\u00edtulo de Visitador y confiriendo aquel al Sr. Don Fortunato Feu, con el t\u00edtulo de Director General de las Hijas de la Caridad en Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>Para poder el Sr. Feu arreglar m\u00e1s f\u00e1cilmente el Noviciado de las Hijas de la Caridad, se resolvi\u00f3, con aprobaci\u00f3n del Sr. Roca Visitador y sus consultores y a\u00fan por anuencia del mismo Superior General, a trasladarse a la Casa del Capell\u00e1n Mayor del Noviciado, sita en la calle de Francos, viviendo all\u00ed asociado del P. Codina, Director del mismo No\u00adviciado, del Sr. Barrag\u00e1n, Director de la Inclusa y de un Hermano Coadjutor, cuidando los tres sacerdotes de la direcci\u00f3n espiritual y de confesar a las Hermanas de las cuatro casas de Madrid y del gobierno exterior de todas las dem\u00e1s de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>A \u00faltimos de marzo de este a\u00f1o de 1832 ha manifestado el Sr. Superior General, al parecer por recurso que le ha ido de Espa\u00f1a, algunos temores de que en lo venidero, se introdujese la relajaci\u00f3n por nuestro modo de vivir as\u00ed, separados de nuestra casa principal y por la independencia del Director General, que, en el ejercicio de su empleo, s\u00f3lo estaba sujeto al Superior General y para precaver este peligro propuso un proyecto de reglamento reducido a estos tres puntos principales:<\/p>\n<p>1\u00ba-. Que el gobierno de las Hermanas se devuelva al Visitador.<\/p>\n<p>2\u00ba-. Que los tres \u00adDirectores de las Hermanas le est\u00e9n sujetos en todo.<\/p>\n<p>3\u00ba-. Que volvamos a \u00adcohabitar en la Comunidad de la Casa de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Y como, al proponernos este plan, se nos encarg\u00f3 que hici\u00e9semos sobre \u00e9l las observaciones que tuvi\u00e9semos por conveniente, el Sr. Feu hizo las siguientes.<\/p>\n<p>l\u00ba Que la decantada separaci\u00f3n no se hizo sino despu\u00e9s de muchas reflexiones, con aprobaci\u00f3n del Sr. Visitador y sus consultores y a\u00fan con anuencia del Superior General y que, siendo as\u00ed, no parece conveniente variar tan pronto y f\u00e1cilmente una determinaci\u00f3n tan premeditada sin que intervengan para ello causas muy notorias y urgentes, por no acreditarse de ligeros.<\/p>\n<p>2\u00ba La Escritura de fundaci\u00f3n Real dispone que el Capell\u00e1n Mayor pernocte en la casa contigua al Noviciado para estar m\u00e1s pronto para asistir de noche en caso de necesidad&#8230;.<\/p>\n<p>3\u00ba Que esta voluntad no estaba revocada ni puede serlo por nin\u00adguna otra escritura particular.<\/p>\n<p>4\u00ba Que, en Francia, los Se\u00f1ores Richenet y Lotoquart dirigen a las Hermanas viviendo con ellas, etc&#8230;<\/p>\n<p>5\u00ba Las Hermanas no podr\u00e1n ser asistidas ni cuidadas como es debido, viviendo los Directores en la Casa de la Misi\u00f3n de la Calle Real del Barquillo, por su distancia de todas las Hermanas y especialmente el Noviciado, por lo mucho que hay que hacer en contestar cartas, arreglar libros y cat\u00e1logos, a m\u00e1s del cuidado que exige la educaci\u00f3n de las novicias y asistencia de las pobres ancianas y enfermas\u00bb.<\/p>\n<p>El Sr. Lamboley, secretario del P. General contesta al P. Feu, a 3 de setiembre, lo que sigue: \u00abVoy a manifestaros los motivos que pueden obligar a restituir al Visitador el gobierno de las Hermanas. En el a\u00f1o 1829 sab\u00edamos nosotros que vuestras indisposiciones os hac\u00edan muy penoso el cargo de Visitador, por esto el P. General crey\u00f3 que deb\u00eda descargaros de este peso, mas juzg\u00f3 al mismo tiempo que deb\u00eda dejaros el gobierno de las Hermanas, tanto por lo relativo a vuestro m\u00e9rito como por los servicios que hab\u00edais prestado a la Congregaci\u00f3n y los que podr\u00edais prestarle todav\u00eda; y para suavizar la sensibilidad natural que pod\u00edais experimentar. As\u00ed, que esta separaci\u00f3n del gobierno no deb\u00eda atribuirse a la idea, que tuviese la Asamblea Provincial de Espa\u00f1a, de que el Visitador no pod\u00eda gobernar a los Misioneros y a las Hijas de la Caridad, porque, en la Asamblea General, no se hizo menci\u00f3n alguna de esta idea ni del deseo que sobre este asunto ten\u00eda la Asamblea de Espa\u00f1a\u00bb.<\/p>\n<p>Expone a continuaci\u00f3n las dificultades que ten\u00eda el Sr. Feu para visitar las casas de las Hermanas, en las que ten\u00eda que estar doble tiempo del necesario y ten\u00eda que acompa\u00f1arle un Hermano, con doble gasto y molestia de las Hermanas; y que llamaba la atenci\u00f3n que un sacerdote tan lleno de achaques emprendiera tan largos viajes, \u00abpudiendo el Visitador cuando visitaba las casas de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, visitar tam\u00adbi\u00e9n las casas de las Hermanas y evitar con esto muchos gastos\u00bb.<\/p>\n<p>Insiste en que, con el tiempo, el vivir s\u00f3lo los Capellanes puede ser causa de relajaci\u00f3n y de no llevar vida de comunidad. \u00abNo perder\u00e9is mucho tiempo, teniendo el socorro de berlina, que ir\u00e1 a buscaros a la puerta de casa y os volver\u00e1 a ella&#8230;<\/p>\n<p>El Superior General est\u00e1 persuadido de que con la ayuda de Dios, todo lo dem\u00e1s depende de Vos y del Sr. Codina y obrando de acuerdo con el ascendiente que os da sobre las Hermanas la confianza, que ellas tienen en vosotros, est\u00e1 en vuestra mano el convencerlas y persuadirlas de la equidad de la justicia y de la necesidad del reglamento&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Parece que hubo alguna insinuaci\u00f3n de que la venida a Espa\u00f1a de las Hermanas francesas pudiera haber influido en la implantaci\u00f3n del referido reglamento. A tal insinuaci\u00f3n sale al paso el P. Lamboley y dice:\u00bbEstas 3 Hermanas escribieron conjuntamente al Sr. Superior General, el 29 de septiembre de 1831. Desde el principio hasta el fin de su carta refiere \u00fanicamente 1\u00ba Las gracias especiales que recibieron de Dios, du\u00adrante su viaje hasta Madrid. 2\u00ba El buen recibimiento que les hicieron en Tolosa y Vitoria y, sobre todo, en Madrid las Hermanas espa\u00f1olas y los Misioneros Directores de ella. 3\u00ba Los cuidados y atenciones que recibieron y reciben de unas y otros, pero no han dado ni una sola palabra de queja ni observaci\u00f3n o aviso al Superior General del m\u00e1s m\u00ednimo defecto de las Hermanas de Espa\u00f1a o de sus Directores. Asegura que no sabe que a nadie hayan escrito sino alabanzas. (5 de mayo de 1832)<\/p>\n<p>El P. Roca comunic\u00f3 a las Hijas de la Caridad las nuevas disposiciones por medio de la siguiente circular:<\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00abMadrid 30 de Junio de 1833. <\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Mis muy amadas Hermanas en Jesucristo, las Hijas de la Caridad en \u00adlos dominios de Espa\u00f1a.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La gracia de Nuestro Se\u00f1or sea siempre con nosotros.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ser\u00eda faltar a mi deber si no os comunicase la paternal providencia, que nuestro honorabil\u00edsimo Padre el M. Rvdo. Sr. D. Domingo Salhorgne, Superior General de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y de las Hijas de la Caridad, ha tenido a bien tomar, porque se conserve entre nosotros el esp\u00edritu de nuestra vocaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hace m\u00e1s de un a\u00f1o que dicho Sr. Superior General me escribi\u00f3 que, habiendo sabido por medio de los Se\u00f1ores Feu y Codina, vuestros Directores, el gran n\u00famero de fundaciones, que ya ten\u00edan las Hijas de la Cari\u00addad en Espa\u00f1a y previendo que \u00e9stas se multiplicar\u00edan m\u00e1s y m\u00e1s en lo sucesivo, hab\u00eda reflexionado que las Reglas de Direcci\u00f3n, que hab\u00eda da\u00addo el Sr. D. Fortunato Feu, cuando le nombr\u00f3 por vuestro Director, al presente no eran suficientes, atendiendo el incremento que ha tomado el Establecimiento de las Hijas de la Caridad en los Dominios de Espa\u00f1a. Por lo que hab\u00eda resuelto formar un reglamento fundado bajo las bases siguientes:<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 1\u00ba Conforme el sentimiento, la voluntad y la conducta de nuestra santo Fundador S. Vicente de Pa\u00fal, nuestra Congregaci\u00f3n est\u00e1 encargada de la direcci\u00f3n de las Hijas de la Caridad, como consta de nuestras santas Reglas y de la Instituci\u00f3n de las dichas Hermanas.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 2\u00ba La misma Congregaci\u00f3n nada ha de perder de su esp\u00edritu ni de la observancia de sus Reglas por ocasi\u00f3n de la Direcci\u00f3n de las Hijas \u00adde la Caridad.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 3\u00ba Para conservarse, pues, en el esp\u00edritu y en la fiel observancia de nuestras Reglas, es necesario que nuestros Misioneros, los Directores de las Hijas de la Caridad en Espa\u00f1a, observen el orden, el m\u00e9todo y la conducta que nuestro santo Fundador ha establecido y prescrito para los Misioneros Directores de las Hijas de la Caridad en Francia. De modo que, as\u00ed como en Francia los Directores de las Hijas de la Ca\u00adridad son elegidos por el Superior General y est\u00e1n inmediatamente sujetos a \u00e9l, los Directores de las mismas en Espa\u00f1a ser\u00e1n nombrados por el Visitador de la Provincia, quien los propondr\u00e1 al dicho Sr. Superior General para que los confirme y estar\u00e1n bajo la dependencia del Visitador, que en calidad de primer Superior de todas las casas de Espa\u00f1a, \u00adcomprendidas las de las Hijas de la Caridad, podr\u00e1 visitarlas siempre que lo tenga por conveniente.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 4\u00ba Que as\u00ed como los Directores de las Hijas de la Caridad en Francia comen y duermen con los dem\u00e1s cohermanos en la Casa de la Congregaci\u00f3n, de la misma manera los Directores de las mismas en Espa\u00f1a, habitar\u00e1n en una misma casa con los Misioneros, comer\u00e1n y dormir\u00e1n en ella.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 5\u00ba Los Directores durante el d\u00eda tomar\u00e1n todas las precauciones necesarias para administrar los sacramentos a todas las Hermanas que est\u00e9n en peligro pr\u00f3ximo de morir. Pero si sucediera alg\u00fan caso que fuese necesario administrar de noche alg\u00fan sacramento a alguna Hermana, \u00adel Director u otro que ir\u00e1 a administrarlo, estar\u00e1 siempre acompa\u00f1ado de un Hermano Coadjutor, as\u00ed para ir como para venir o volver a casa.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 6\u00ba Si el Director cayese enfermo o por alg\u00fan tiempo estuviese indispuesto, el Visitador destinar\u00e1 otro Misionero hasta que aqu\u00e9l pueda otra vez emprender su ministerio.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 7\u00ba El Director debe limitar sus empleos en orden a las Hermanas, a la confesi\u00f3n y direcci\u00f3n espiritual, siempre que lo necesiten.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 8\u00ba Cuando se ofrezca alguna cosa dif\u00edcil de resolver, por lo que mira al gobierno de las Hermanas, esta dificultad se examinar\u00e1 y resol\u00adver\u00e1 en la Junta compuesta del Visitador, del Director, de la Superiora, Asistenta etc. etc.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 9\u00ba En dichos art\u00edculos se hallan comprendidos el sentimiento, la intenci\u00f3n, el orden, el m\u00e9todo y la conducta que nuestro santo Fundador estableci\u00f3 para los Misioneros Directores de las Hijas de la Caridad. Todo lo que hasta el presente se ha observado en Francia y se ob\u00adserva con la gracia de Dios. Por medio de estas Reglas de providen\u00adcia y prudencia, dadas por nuestro santo Padre, se evitar\u00e1n las quejas y los disgustos entre s\u00ed, se conservar\u00e1 la paz y la santa uni\u00f3n entre \u00adlas dos familias, y al mismo tiempo se evitar\u00e1n, en cuanto sea posible las ocasiones y pretextos, que con el tiempo podr\u00edan dar entrada a la relajaci\u00f3n de los Misioneros Directores, como tambi\u00e9n de las Hermanas de la Caridad. Porque, siendo el coraz\u00f3n humano tan inconstante y tan d\u00e9bil, f\u00e1cilmente se inclina a interpretar a favor de la libertad y de sus comodidades, lo que es contra el buen orden y la santa Regla. Por lo que es necesario prevenir y fortalecer con medios proporcionados a la debilidad humana contra las libertades, que ella f\u00e1cilmente se permite, si no se refrena. De modo que, multiplic\u00e1ndose poco a poco las transgresiones vienen a causar muchos des\u00f3rdenes y da\u00f1os espiritua\u00adles en las conciencias m\u00e1s bien reguladas.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hasta aqu\u00ed son palabras formales de nuestro Honorabil\u00edsimo P. Sr. Superior General Salhorgne.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ved ah\u00ed, mis amadas Hermanas, el paternal cuidado, que nuestro com\u00fan Padre tiene de ambas familias y el ardiente deseo de que sus Hijos e Hijas se conserven en el esp\u00edritu de su vocaci\u00f3n y en la fiel observancia de sus santas Reglas. Esta misma paternal providencia debe obligar a todas las Hermanas a recibir el nuevo Reglamento para sus Directores como una prueba nada equ\u00edvoca del amor y cuidado, que de vuestra Congregaci\u00f3n y de vuestro progreso espiritual y temporal han tenido siempre los Superiores Generales y, en su nombre, los Visitadores de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Nuestros Superiores Mayores, como verdaderos hijos de nuestro santo Padre, siempre han mirado como un deber de su alto empleo la Direcci\u00f3n espiritual de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad y, por una sucesi\u00f3n no interrumpida la han desempe\u00f1ado siempre con toda exactitud a pesar de las revoluciones de los tiempos, como vosotras no ignor\u00e1is.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Vosotras mismas, amadas Hermanas m\u00edas, sab\u00e9is por una dichosa experiencia que, desde el origen de vuestra instituci\u00f3n, la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n ha mirado con tanto inter\u00e9s vuestra conservaci\u00f3n, vuestro aumento, vuestro honor y vuestro provecho espiritual como el suyo propio. De manera que, si vuestro Instituto se ha extendido, si vuestras casas han aumentado, si vuestro buen olor de virtud y caridad por la desvalida humanidad se ha difundido m\u00e1s all\u00e1 de los mares, se debe a la sabia direcci\u00f3n y paternal vigilancia que ellos siempre han tenido de vuestra Compa\u00f1\u00eda, especialmente en Francia, desde nuestro santo Padre hasta el presente.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero no ha sido menor el cuidado y esmero con que los Superiores y Visitadores espa\u00f1oles, mis dignos predecesores, han mirado por vuestra conservaci\u00f3n y aumento. \u00bfCu\u00e1ntos desvelos, cu\u00e1ntos disgustos, cu\u00e1ntos trabajos, cu\u00e1ntas contradicciones han tenido que sufrir y cu\u00e1ntos sacrificios han tenido que hacer desde el a\u00f1o 1790, en que comenz\u00f3 la dichosa \u00e9po\u00adca de vuestro establecimiento en Espa\u00f1a? Recorred con vuestras memorias los varios acontecimientos y las insuperables dificultades, que desde vuestra entrada en el suelo espa\u00f1ol, han tenido que vencer, para que vuestra Congregaci\u00f3n no quedase ahogada en su misma cuna. \u00bfCu\u00e1ntas veces hab\u00e9is sido miradas como in\u00fatiles? \u00bfCu\u00e1ntas veces hab\u00e9is sido persegui\u00addas y hasta desechadas de vuestros establecimientos? Pero jam\u00e1s hab\u00e9is sido abandonadas ni olvidadas de vuestros Visitadores y Directores, quienes siempre \u00adhan salido al frente para defender vuestro honor y para conservaros en vuestra vocaci\u00f3n. Y si al presente os veis respetadas de las gentes, deseadas de las Juntas de Beneficencia y vuestras casas multiplicadas, deb\u00e9is atribuirlo a los Superiores y Visitadores difuntos, y en estos \u00faltimos tiempos al celo y vigilancia con que vuestros Directores, el Sr. D. Fortunato Feu y D. Buenaventura Codina os han dirigido. Ellos se han desvelado y aun desvivido para formaros en el esp\u00edritu de vuestra vocaci\u00f3n y para extender vuestro Instituto. Vosotras lo sab\u00e9is por lo que no juzgo necesario haceros un detalle circunstanciado de todos los buenos oficios que hab\u00e9is recibido de ellos, a los que deb\u00e9is siempre ser agradecidas, siguiendo sus saludables consejos y observar las pr\u00e1cticas santas de vuestro Instituto, que con tanto esmero os han procurado.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Yo tengo el consuelo de merecerlos por mis compa\u00f1eros en vuestra total Direcci\u00f3n; porque, aunque antes, por raz\u00f3n de mi empleo de Visitador de las dos familias de S. Vicente, pod\u00eda visitar vuestras casas y ordenar en ellas lo que tuviese por conveniente, concluidas mis visitas, quedaba exonerado de vuestro cuidado, para poderme ocupar \u00fanicamente en el gobierno de los Misioneros, dejando vuestra direcci\u00f3n al cuidado de los dichos Se\u00f1ores Directores.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero ahora, por disposici\u00f3n de nuestro honorabil\u00edsimo Padre el Sr. Salhorgne, Superior General de ambas familias, quien, por un particular amor a vosotras, quiere igualaros en todo al gobierno de los Misioneros, de modo que las dos familias tendr\u00e1n un mismo jefe, que las dirija como su representante.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A m\u00ed, pues, aunque sin m\u00e9rito, se me ha confiado vuestro gobier\u00adno as\u00ed como el de todos los Misioneros de Espa\u00f1a. \u00a1Ah, amadas Hermanas m\u00edas, una espantosa responsabilidad carga sobre mis d\u00e9biles hombros!.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Sin embargo, en medio de mi insuficiencia y temores, tengo la satisfacci\u00f3n de tener por mis coadjutores en vuestra direcci\u00f3n a los dichos Sres. Feu y Codina, quienes con sus luces y con su alta pruden\u00adcia me ayudar\u00e1n grandemente para el acierto en una direcci\u00f3n tan dif\u00ed\u00adcil como interesante para vuestro bien espiritual y corporal. Por tanto pod\u00e9is acudir a ellos para vuestro consuelo siempre que lo teng\u00e1is por conveniente, bien seguro que yo tendr\u00e9 la mayor complacencia en que os valg\u00e1is de sus luces y consejos, a cuyo fin les delego mis fa\u00adcultades y aprobar\u00e9, en cuanto pueda, todo lo que ellos hagan para vuestro bien.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Yo bendigo a nuestro buen Dios por la pronta y rendida obediencia con que vosotras hab\u00e9is recibido la paternal providencia de nuestro com\u00fan padre, el M. Rvdo. Sr. Superior General Sr. Salhorgne, pues que de todas las casas de las Hijas de la Caridad de Espa\u00f1a he recibido el homenaje del m\u00e1s profundo respeto, de la sumisi\u00f3n m\u00e1s perfecta y del afecto m\u00e1s tierno. Por lo que suplico a todas ustedes que reciban el m\u00e1s vivo agradecimiento de mi parte. \u00a1Ah, amadas Hermanas m\u00edas, si ustedes pudieran penetrar mi pobre coraz\u00f3n, ver\u00edais en \u00e9l el grande afecto hacia vosotras, que le ocupa enteramente!. Yo puedo aseguraros con toda la ingenuidad de que soy capaz que, despu\u00e9s que la divina Providencia me ha colocado, a pesar de mi indignidad, al frente de vuestra Congregaci\u00f3n, mi felicidad es inseparable de la vuestra. No vivir\u00e9 sino para vosotras, ni tendr\u00e9 otros deseos que el de conocer vuestras necesidades para socorrerlas, vuestras penas para suavizar sus amarguras, vuestras dudas para aclararlas, vuestras inquietudes para calmarlas, vuestros \u00adconsuelos para participar de ellos y para congratularme con vosotras. En fin, no tendr\u00e9 otra felicidad, como nos dec\u00eda uno de nuestros Superiores mayores, que la de sacrificarme por el bien de las dos familias de S. Vicente, que el Se\u00f1or me ha confiado.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 De lo dicho, amadas Se\u00f1oras y Hermanas m\u00edas, pod\u00e9is inferir la sinceridad de mi coraz\u00f3n para serviros y el ardiente deseo de seros \u00fatil, que le abrasa. Todas vosotras hallar\u00e9is en m\u00ed un padre, que no omitir\u00e1 cosa alguna para merecer vuestra confianza.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Por \u00faltimo, imploro con toda humildad e instancia el socorro de vuestras oraciones, de las que tengo grande necesidad para obtener del cielo la gracia para poder desempe\u00f1ar dignamente las graves obligaciones que gravitan sobre mis flacas fuerzas.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Quiera Dios fortificar mi debilidad y no permitir que mis faltas perjudiquen la grande obra que me ha confiado.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Soy en el amor de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, Se\u00f1oras y Hermanas car\u00edsimas vuestro humilde y afecto servidor.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Juan Roca, indigno Sacerdote de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Esta carta se leer\u00e1 en presencia de toda la Comunidad y se copiar\u00e1 en un libro, que debe formarse en cada casa, para trasladar en \u00e9l las Cartas Circulares de los Visitadores.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Los trastornos pol\u00edticos acaecidos a la muerte del Rey dejaron sin efecto las anteriores disposiciones y la \u00fanica comunidad que sobrevivi\u00f3 al ser suprimidos los Conventos, fue \u00e9sta de los Capellanes.<\/p>\n<p>Aunque el peso de la direcci\u00f3n de las Hijas de la Caridad lo llevaba, desde Madrid, el P. Codina, quien con los PP. Borja y Mata ten\u00edan su morada en la casa de Capellanes del Real Noviciado, el P. Roca segu\u00eda de Director General. Como tal, desde Guisona, en donde se hab\u00eda refugiado, escrib\u00eda a 1\u00ba de enero de 1835 a todas las Hermanas una circular que entre otras cosas, dec\u00eda:<\/p>\n<p>El paternal amor, que os debo y los deseos verdaderos, que en todos tiempos tengo de vuestra prosperidad y de vuestra santificaci\u00f3n, los renuevo con el m\u00e1s vivo ardor en este principio de a\u00f1o, congratul\u00e1ndome con vosotras por los incomparables beneficios, que nuestro buen Dios os ha dispensado en todo el curso del pr\u00f3ximo pasado a\u00f1o, y por la especial providencia, que tan graciosa y visiblemente ha hecho brillar en vuestro favor, conserv\u00e1ndoos las vidas en medio de tantos peligros, en que os hab\u00e9is hallado expuestas por ejercer con los pobres enfermos acometidos del desolador contagio; la caridad de Dios, que el Esp\u00edritu Santo ha difundido en vuestros corazones, para animaros a arrostrar con intrepidez la misma muerte, antes que faltar al ejercicio de aquella \u00adexcelente virtud, que es vuestro distintivo y la contrase\u00f1a m\u00e1s cierta de que no ten\u00e9is en vano el glorioso nombre de Hijas de la Caridad&#8230;<\/p>\n<p>Hago saber a todas las Hijas de la Caridad que nuestro honorabil\u00edsimo Padre, el muy R. Superior General, como tambi\u00e9n vuestra Madre, la Honorable Sra. Superiora General, todos los d\u00edas, en sus respectivas iglesias de Par\u00eds hacen rogativas, en plena comunidad, para obtener del Padre de las misericordias la paz para nuestro Reino y la con\u00adservaci\u00f3n de ambas familias de S. Vicente de Pa\u00fal, nuestro Padre&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Y el 25 de septiembre del mismo a\u00f1o, vuelve a escribirles desde Par\u00eds: \u00abMis veneradas Hermanas: Aunque yo estoy separado de vosotras con el cuerpo, no lo estoy con el esp\u00edritu, antes bien, os tengo bien presentes en mi mente y muy metidas en mi coraz\u00f3n, quien os acompa\u00f1a y se hace participante de vuestras penas y trabajos, que por raz\u00f3n de las circunstancias en que os hall\u00e1is, no dudo que viv\u00eds angustiadas y afligidas por los males espirituales y corporales con que el justo Dios castiga a ese Reino&#8230;<\/p>\n<p>Mas, como est\u00e1 dividido en partidos que le desolan, voy a daros algunos saludables avisos para vuestro gobierno. 1\u00ba Amaos unas a otras con el estrecho v\u00ednculo de la Caridad fraterna e imitad a los peces que, en tiempo de tempestad en los mares, se recogen en el fondo todos para librarse del furor de las olas; as\u00ed vosotras, en las actuales circunstancias, vivid muy recogidas y unidas en vuestras comunidades&#8230; 2\u00ba Cumplid exactamente con las obligaciones de vuestro Instituto; 3\u00ba Obedeced al Gobierno y prescindid de opiniones&#8230; No habl\u00e9is de las cosas pol\u00edticas ni mucho menos escribirlas ni admitir cartas, que hablen de asuntos del d\u00eda&#8230; 4\u00ba Si, por alguna casualidad, algunas de vuestras comunidades se vieren obligadas a dejar el establecimiento y hasta mudar el vestido, que no tenga reparo ni se acongoje por esto&#8230; 5\u00ba En \u00adeste apurado lance, las Hermanas despedidas de los establecimientos, que se vayan a otro de la misma Congregaci\u00f3n, reparti\u00e9ndose, seg\u00fan dicte la prudencia y parecer de los Directores; mas si esto no pudiese verificarse, que se recojan en alguna casa decente y acomodada, aunque sea menester separarse o dividir la Comunidad, y si fuese posible, quedarse en los mismos Establecimientos para continuar los caritativos cuidados a los enfermos o a ni\u00f1as educandas, bien que fuese en calidad de meras sirvientas, que no reparen en verificarlo, pues as\u00ed lo practicaron estas Hermanas en semejantes casos y ocasiones, lo que cooper\u00f3 mucho para la conservaci\u00f3n de los Establecimientos, seg\u00fan me encarga la Madre os lo diga para vuestra inteligencia y tranquilidad de conciencia; por \u00faltimo, en caso tan desesperado que nada de lo dicho tuviera lu\u00adgar, pod\u00edan pensar en venirse a este Reino (Francia), bien que esto \u00adlo miro muy expuesto y dif\u00edcil por razones, que vosotras mismas os lo pod\u00e9is figurar; sin embargo, este ofrecimiento os puede servir para vuestro consuelo\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A la muerte del P. 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