{"id":387721,"date":"2016-07-10T08:44:28","date_gmt":"2016-07-10T06:44:28","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387721"},"modified":"2016-07-27T12:10:47","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:47","slug":"la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xxvi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xxvi\/","title":{"rendered":"La Provincia espa\u00f1ola de las Hijas de la Caridad (XXVI)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-387487 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/LOGO-HHC.gif?resize=161%2C212\" alt=\"LOGO HHC\" width=\"161\" height=\"212\" \/>Con la muerte de Sor Mar\u00eda Blanc, Superiora de la Inclusa, ocurrida en 1821, las Hijas de la Caridad hab\u00edan tenido una sensible p\u00e9rdida. Era una de las columnas m\u00e1s firmes de la Congregaci\u00f3n. Para sustituirla hab\u00eda sido llamada de Valencia Sor Rosa Grau, que lleg\u00f3 a Madrid en junio de 1822, a condici\u00f3n, dec\u00eda el P. Camprod\u00f3n de que, \u00absi el nombramiento no agradase a la Junta de Damas, se lo dijera para hacer otra elecci\u00f3n. Se acord\u00f3 responderle la conformidad de este cuerpo, por el conocimiento que tiene la mencionada Sor Rosa Grau, en tantos a\u00f1os que ha residido en la Inclusa de Madrid\u00bb.<\/p>\n<p>En aquel mismo a\u00f1o 1822 la Junta de Beneficencia de la Corte solicit\u00f3 de la Superiora del Real Noviciado el env\u00edo de algunas Hijas de la Caridad al Hospital de Pasi\u00f3n, hoy General, a fin de encargarlas el cuidado de las mujeres enfermas. Otorg\u00f3se la primera escritura de Contrata a 25 de agosto.<\/p>\n<p>Siendo esta nueva fundaci\u00f3n de mucha importancia y necesit\u00e1ndose una Hermana antigua y calificada, que estuviese al frente de la Comunidad, el Sr. Visitador escribi\u00f3 a la Junta de Damas de la Inclusa en 12 de agosto, \u00absuplicando se dignase dar su permiso para que la expresada Hermana Sor Rosa pasase a dicho Hospital. La Junta resolvi\u00f3 contestar que. habiendo pedido el nombramiento de Sor Rosa para la Inclusa y hall\u00e1ndose muy contenta con ella, no puede conceder su permiso y de ning\u00fan modo permitir\u00e1 que salga\u00bb.<\/p>\n<p>Para vencer esta resistencia de las Se\u00f1oras se movieron todos los resortes. La Junta de Beneficencia oficiaba el 12 de septiembre a las Se\u00f1oras manifest\u00e1ndoles que \u00ab\u00ednterin llega la Superiora de las Hermanas de la Caridad, que est\u00e1 designada al nuevo establecimiento, que se va a plantear en el Hospital de Mujeres de esta Corte, pase a ordenar dicho arreglo la Superiora que desempe\u00f1a igual destino en la Inclusa, por tres o cuatro meses, en concepto de que su encargo en propiedad no se ha de proveer en ninguna otra Hermana de la Casa ni fuera de ella\u00bb. La Junta enterada del contenido acord\u00f3 se conteste a la Municipal de Beneficencia que no puede la de Se\u00f1oras, \u00absin grav\u00edsimo detrimento de los ni\u00f1os y ni\u00f1as del Colegio, desprenderse de dicha Superiora ni conformarse por su parte en que sea trasladada a otro establecimiento distinto que el de la Inclusa de esta Corte, a quien deben dichas Hermanas todos sus progresos; habi\u00e9ndose hecho entender esto mismo a la Congregaci\u00f3n de los Padres de la Misi\u00f3n, para que cuanto antes provea al nuevo establecimiento del Hospital de Mujeres de la Superiora que ha de dirigir esta Comunidad\u00bb.<\/p>\n<p>Entonces intervino el Sr. Patriarca de las Indias, ordenando a Sor Rosa \u00abque, el 6 de octubre, se hallase en el Noviciado de las Hijas de la Caridad, a las ocho de la ma\u00f1ana, para desde all\u00ed trasladarse con las dem\u00e1s Hermanas al Hospital de la Pasi\u00f3n, en clase de Superiora, mientras se necesite de su persona\u00bb.<\/p>\n<p>La Junta de Se\u00f1oras se vio precisada a ceder y Sor Rosa pas\u00f3 a ordenar las cosas del Hospital, durante unos meses, pero volvi\u00f3 a la Inclusa en 26 de febrero de 1823.<\/p>\n<p>Otras dificultades ofreci\u00f3 por aquellos a\u00f1os la situaci\u00f3n pol\u00edtica. La reacci\u00f3n de 1824, despu\u00e9s del fat\u00eddico trienio anterior, deshizo todo lo actuado por las Juntas liberales, sin exceptuar a los mismos Centros de Beneficencia. En su virtud fue preciso redactar nueva \u00adContrata para las Hermanas del Hospital.<\/p>\n<p><em>\u00abEn la Villa de Madrid, dicen las nuevas bases, a 29 de febrero de 1824, ante m\u00ed el escribano por S.M., notario etc., el Iltmo. Sr. D. Antonio All\u00fae, Patriarca de las Indias <\/em>y <em>el Rvdo. Sr.D. Juan Bautista Figuerola, Pbro. de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, en virtud del poder especial que les ha confiado el Rvdo. D. Francisco Camprod\u00f3n, Visitador General de dicha Congregaci\u00f3n en Espa\u00f1a <\/em>y, <em>como tal, Superior de las Hijas de la Caridad, fundaci\u00f3n de San Vicente de Pa\u00fal, su fecha en la Ciudad de Barcelona a 4 de enero de este a\u00f1o, de una parte; <\/em>y <em>de otra, el Sr. D. Tom\u00e1s de Arias Eraso dijeron: que, habi\u00e9ndose declarado nulos y de ning\u00fan valor todos los actos del llamado Gobierno Constitucional de cualquier clase y condici\u00f3n que sean, por Real Orden de Su Majestad, dada en Puerto de Santa Mar\u00eda a 1 de octubre de 1823 <\/em>y, <em>siendo uno de los comprendidos en dicha real orden la Contrata celebrada, en 25 de agosto de 1822, entre la Junta llamada de Beneficencia <\/em>y <em>el Director <\/em>y <em>Superiora del Noviciado de las Hijas de la Caridad existente en esta Corte, con facultad del Excmo. e Ilmo. Sr. Patriarca de las Indias, como delegado del Rvdmo. Sr. Visitador de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, por la que fueron admitidas para la asistencia de los pobres enfermos del Hospital de la Pasi\u00f3n, convienen los otorgantes en declarar <\/em>y <em>declaran desde luego insubsistente, nula <\/em>y <em>de ning\u00fan valor ni efecto la referida contrata con arreglo al referido Real Decreto, deseando establecerla sobre bases m\u00e1s seguras, que afiancen en lo sucesivo <\/em>y <em>expresen con toda claridad las obligaciones de la Real Junta para con las Hijas de la Caridad <\/em>y <em>las de \u00e9stas respecto al servicio de las pobres enfermas <\/em>y <em>dem\u00e1s cargos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00ab1\u00aa Las Hijas de la Caridad destinadas etc. procurar\u00e1n guardar exactamente las Reglas Comunes <\/em>y <em>particulares de su Instituto, dadas a las mismas por su Fundador San Vicente de Pa\u00fal seg\u00fan est\u00e1 mandado por Bula de Su Santidad P\u00edo VII <\/em>y <em>diferentes Reales Ordenes, sin que nadie pueda obligarlas a variar o modificar su m\u00e1s exacta observancia, fuera de los casos que expresan las mismas Reglas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00ab2\u00aa Depender\u00e1n exclusivamente, en cuanto al r\u00e9gimen espiritual e interno de la Comunidad, del Visitador de la misma en Espa\u00f1a <\/em>y <em>de la persona o personas, que tuvieren a bien deputar dichos Superiores, <\/em>y <em>ser\u00e1 privativo de los mismos <\/em>y <em>sus delegados, visitarlas, nombrarlas confesores, Superiora de la Comunidad, como tambi\u00e9n, todas las Hermanas que deban componerla, seg\u00fan el n\u00famero que se establecer\u00e1 m\u00e1s abajo, pudiendo libremente <\/em><em>remover y trasladar a otra parte, as\u00ed a la Superiora como a las dem\u00e1s Hermanas, siempre que lo juzguen conveniente dichos Superiores para el buen orden de la Congregaci\u00f3n en general o de la Comunidad en particular.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00ab3<sup>a<\/sup> Podr\u00e1n, asimismo, los expresados Superiores o sus delegados enviar diariamente o cuando les parezca al Hospital de Pasi\u00f3n algunas de las Hijas de la Congregaci\u00f3n, que existan en la casa del Noviciado, aquellas que crean conveniente, con s\u00f3lo el objeto de que puedan instruirse <\/em>y <em>ejercitarse en el manejo pr\u00e1ctico, cuidado <\/em>y <em>asistencia de los enfermos, sin que causen por ning\u00fan t\u00edtulo el menor gravamen o dispendio a la hospitalidad con este motivo.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00ab4a El n\u00famero de Hijas de la Caridad, que habr\u00e1 fijamente en el Real Hospital de la Pasi\u00f3n, ser\u00e1 el de cuarenta <\/em>y <em>a m\u00e1s la Superiora, sin perjuicio de aumentarse o disminuirse este n\u00famero, siempre <\/em>y <em>cuando lo exijan las circunstancias etc.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00ab13<sup>a<\/sup> Tendr\u00e1n a su cargo las Hijas de la Caridad <\/em>y <em>desempe\u00f1ar\u00e1n con el celo propio de su Instituto todas las salas de enfermos a excepci\u00f3n de las de ven\u00e9reo <\/em>y <em>parturientas, en las que s\u00f3lo cuidar\u00e1n de que las enfermeras asistan etc.<\/em><\/p>\n<p>Bien se echa de ver en las anteriores bases el empe\u00f1o de los Superiores en asegurar la observancia de las Reglas del Instituto y el deseo de que este Hospital sirviera de escuela pr\u00e1ctica de Hermanas enfermeras. Se requer\u00eda una formaci\u00f3n r\u00e1pida en las novicias y ninguna escuela mejor que las salas mismas de los enfermos.<\/p>\n<p>La ciudad de Pamplona se enriqueci\u00f3 en 1822 con una tercera Comunidad de Hermanas: la de la Misericordia de que tomaron posesi\u00f3n en 25 de noviembre. Fue nombrada Superiora Sor Francisca Moriones, Hermana de la Inclusa de la misma Ciudad. En 1842 la hab\u00eda sustituido ya Sor Josefa Urbelz. En 1855 el P. Codina ensalzaba el comportamiento de aquellas Hermanas diciendo: \u00abNo puedo dispensarme de decir alguna palabra sobre los bienes incalculables que acarrean a los pobres de esta Monarqu\u00eda. Pregunten, si les parece bien, a la Misericordia de Pamplona c\u00f3mo se sostienen los muchos pobres, que en ella se encierran, y ver\u00e9is que por el acertado gobierno de las Hijas de la Caridad, por su justa econom\u00eda y por el amor al trabajo, que han sabido inspirar a los pobrecitos. Ellos son los que cultivan con gusto las tierras de la casa y el mayor castigo con que amenazan a los que cometen alguna falta es que no se les permitir\u00e1 por algunos d\u00edas ir al campo\u00bb.<\/p>\n<p>EL estado del Real Noviciado era satisfactorio. El a\u00f1o 1822, fecha de la fundaci\u00f3n del Hospital General de Madrid, marca el exuberante n\u00famero de 50 novicias; 52 son recibidas en 1824 y otras 50 en 1825. Todo era poco para cubrir las numerosas bajas por defunci\u00f3n y atender a nuevas fundaciones.<\/p>\n<p>Para sustituir a Sor Rosa, que volvi\u00f3 a su destino de la Inclusa, fue destinada al Hospital General Sor Vicenta Molner, cuyo buen esp\u00edritu y heroica caridad nos es bien conocido desde sus primeros a\u00f1os de novicia en Reus. Fue la primera Superiora de tan importante fundaci\u00f3n hasta el a\u00f1o 1836, en que las enconadas iras liberales la obligaron a salir de la casa.<\/p>\n<p>El encono liberal de aquella \u00e9poca se manifest\u00f3 m\u00e1s crudamente en el Hospital de Valencia. En enero de 1822 se hab\u00edan hecho nuevas bases para las Hermanas, aumentando a 50 el n\u00famero de \u00e9stas, pero, en septiembre del mismo a\u00f1o, \u00abel ilustre Ayuntamiento Constitucional comunica a la Junta de Beneficencia de Valencia las nuevas bases aprobadas para la estancia de las Hermanas\u00bb. La 10a de estas bases refleja bien el esp\u00edritu persecutorio de aquellos constitucionales a quienes importaba menos el bien de los pobres que el reparto de colocaciones entre los adictos. \u00ab\u00daltimamente, dice, respecto a que por este arreglo queda reducido el n\u00famero de Hermanas de la Caridad, las restantes que hay, podr\u00e1n, desde luego, disponer su marcha donde mejor les convenga, debiendo verificarlo indispensablemente la titulada Superiora Sor Paula Triguero. Hall\u00e1base \u00e9sta hac\u00eda unos d\u00edas, fuera de la ciudad reparando sus fuerzas extenuadas por el trabajo y a\u00fan m\u00e1s por los disgustos y sobresaltos, que les daba la desgraciada pol\u00edtica. Sor Tecla Pam\u00edas, que hac\u00eda sus veces, contest\u00f3 al Ayuntamiento, suplicando humildemente le dijera, qu\u00e9 faltas hab\u00edan ellas cometido para tal resoluci\u00f3n. Y dos d\u00edas despu\u00e9s la misma, le representaba la imposibilidad de aceptar las nuevas bases, manifestando sus razones y les indicaba los puntos en que podr\u00edan avenirse. Una santa indignaci\u00f3n se le escapa por la pluma, cuando le dice: \u00abA m\u00e1s de que, \u00bfno hay m\u00e1s que atropellar y deshacer una Comunidad como \u00e9sta, que m\u00e1s de cinco a\u00f1os ha, que se est\u00e1 sacrificando por el socorro y alivio de las necesidades m\u00e1s ejecutivas de toda clase de infelices de esta ciudad y reino? \u00bfUna Comunidad, que a pesar de la contradicci\u00f3n que, en todo tiempo ha sufrido, ha sido finalmente siempre sostenida y protegida por todas las autoridades, que se han penetrado \u00faltimamente de la inocencia, justicia y raz\u00f3n que la asist\u00eda; una Comunidad, en fin, que ha sabido desprenderse de sus mejores miembros, en busca de la misma muerte, entre los estragos de una peste devoradora y cuyos actos heroicos no menos celebr\u00f3 que admir\u00f3 el p\u00fablico, circulando as\u00ed por dentro como por fuera del Reino, en sus m\u00e1s acreditados peri\u00f3dicos?\u00bb. El Ayuntamiento Constitucional respondi\u00f3 que se estuviese a lo acordado.<\/p>\n<p>Con fecha 5 de octubre la misma Sor Tecla comunicaba la salida de las Hermanas cesantes en el Hospital; y que \u00abtuvo que valerse de otras personas para poderles dar lo preciso para el viaje a Madrid\u00bb.<\/p>\n<p>Pide, pues, alg\u00fan auxilio a la Junta del Hospital. \u00abTome en consideraci\u00f3n la necesidad en que me hallo, como igualmente la que padece toda la Comunidad, que, agotados todos los recursos, y no sabiendo c\u00f3mo hacerlo, a poco m\u00e1s nos veremos imposibilitadas de comparecer en p\u00fablico por falta de ropa y calzado, de que ya algunas Hermanas van bastante indecentes\u00bb.<\/p>\n<p>Arreci\u00f3 la persecuci\u00f3n de manera que, por oficio de 15 de mayo de 1823, piden las Hermanas, despedidas ya todas del Hospital, que se las d\u00e9 tiempo para hacer los inventarios de entrega y que las Hermanas que quedaban enfermas no fueran desatendidas. La Junta responde al d\u00eda siguiente: \u00abque ha venido a bien concederles 24 horas de t\u00e9rmino para su salida, durante las cuales, se les suministrar\u00e1 \u00fanicamente la comida, lo que har\u00e1n \u00a0saber a la Superiora, exigiendo de la misma la entrega de todas las llaves\u00bb.<\/p>\n<p>En aquel mismo d\u00eda 16 de mayo, Sor Tecla dirige una instancia, protestando del atropello, que se comet\u00eda con las Hermanas \u00absac\u00e1ndolas inmediatamente y con el mayor tropel del servicio de cuanto quedaba inventariado\u00bb. Ped\u00eda con humildad y como favor que se las dejase, aunque fuera s\u00f3lo para el cuidado de las enfermer\u00edas de mujeres, cuna y dementes o se les proporcionara otro ramo de beneficencia.<\/p>\n<p>Las Hermanas tuvieron que salir, pero ya el ej\u00e9rcito libertador Realista precedido por los 100.000 hijos de San Luis, se iba apoderando de la Pen\u00ednsula y, abolido el r\u00e9gimen constitucional, volvieron a su puesto las Hijas de la Caridad, por el mes de julio. Sor Paula Triguero presentaba, el 20 de septiembre, la siguiente relaci\u00f3n de los gastos y trastornos acaecidos: \u00abPor gasto de carruaje y hostelajes, que hicieron las 6 Hermanas que tuvieron que partir a Madrid, cuando las echaron del Hospital los del Gobierno Constitucional, mil cuaren\u00adta reales. Por raci\u00f3n diaria que correspond\u00eda a 33 Hermanas, que fueron dispersadas por la misma causa y sufrieron gastos considerables en el tiempo de su injusta y arbitraria separaci\u00f3n, que dur\u00f3 48 d\u00edas, a raz\u00f3n de tres reales diarios: 4.752 reales\u00bb.<\/p>\n<p>Aunque por caminos bien diferentes, serias contradicciones, que sobrevinieron a la fundaci\u00f3n del Hospital de Tarragona, causaron la salida de las Hermanas. Ya se dijo c\u00f3mo, desde la entrada de las Hijas de la Caridad en el Hospital de Reus, no hab\u00edan sido bien miradas de las altas autoridades eclesi\u00e1sticas de Tarragona, a causa de su dependencia de los Padres de la Misi\u00f3n. A pesar de que en 1816 se contrataron por la direcci\u00f3n del Hospital tarraconense bases bien definidas sobre la independencia en el r\u00e9gimen interior de la Comunidad, pronto, as\u00ed Sor Catalina L\u00f3pez, como otras que le sucedieron, hubieron de ser sustituidas por no ser del agrado de la Junta. Claramente se vio que s\u00f3lo eran aceptas las que pudieron amoldarse a la separaci\u00f3n y excluidas de las dem\u00e1s. El Sr. Coll, entonces Superior de Reus y encargado de las Casas de Hermanas de la regi\u00f3n, sostuvo el orden debido hasta \u00adque, al fin y despu\u00e9s de diez a\u00f1os de contradicci\u00f3n, sobrevino el choque inevitable.<\/p>\n<p>En 11 de febrero de 1826 la Junta administrativa dirigi\u00f3 al Sr. Visitador P. Feu el oficio siguiente: <em>\u00abMuy se\u00f1or nuestro = Hace ya alg\u00fan tiempo que observa esta administraci\u00f3n una cierta rivalidad entre las Hermanas del Hospital, que, aunque a primera vista, parezca ser cosa perteneciente al s\u00f3lo gobierno espiritual de ellas, no deja de tener mucha trascendencia al temporal y de estar en contradicci\u00f3n con el mejor r\u00e9gimen del mismo. Esto podr\u00eda haber dictado la prudencia que se disimulase por alg\u00fan tiempo, pero continuando y tal vez cada d\u00eda m\u00e1s este esp\u00edritu de divisi\u00f3n, no puede ya esta Corporaci\u00f3n mirarlo con indiferencia y se ve en la precisi\u00f3n de ponerlo en conocimiento de V. indic\u00e1ndole al propio tiempo los medios, que consideran oportunos y que son los \u00fanicos para cortar de ra\u00edz el germen del mal, que \u00faltimamente pod\u00eda tener desagradables resultados. El primero es que se sirva V. providenciar que las Hermanas de este Hospital no est\u00e9n de aqu\u00ed en adelante bajo la direcci\u00f3n del Sr. Coll, que seguramente ser\u00e1 de los sacerdotes m\u00e1s \u00fatiles a la Congregaci\u00f3n, pero que no reunir\u00e1 todas las circunstancias de que debe estar revestido el que ha de cuidar de una Comunidad de mujeres propensas siempre a algunas veleidades de su sexo. El segundo que disponga V. se trasladen a otra casa las Hermanas Mar\u00eda Teresa Perera y la Hermana Mar\u00eda Carmen Sallent, aquella por ser el forres de la desuni\u00f3n y \u00e9sta por haberse dejado seducir de sus insinuaciones. Si estas providencias no le pareciesen a V. oportunas, la Administraci\u00f3n, aunque con disgusto, se ver\u00e1 precisada a tomar otra resoluci\u00f3n m\u00e1s seria y menos airosa para la Congregaci\u00f3n = Con este motivo tan desagradable para la Administraci\u00f3n, que siente incomodar a V. con un escrito nada satisfactorio y enteramente ajeno del car\u00e1cter de sus individuos, se ofrece a la disposici\u00f3n de V. con mayor afecto y queda rogando a Dios le guarde muchos a\u00f1os. B.L.M. de V. SS.= Nicol\u00e1s Griver, Can\u00f3nigo Administrador. Pedro Juan Canals, Regidor, Administrador = Mag\u00edn Escol\u00e1, Can\u00f3nigo Administrador = Sr. D. Fortunato Feu, Visitador de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Por la firme contestaci\u00f3n del Sr. Visitador, se colige lo harto que estaba con los sucesos de Tarragona. <em>\u00abValencia, 18 de febrero de 1826. = Se\u00f1ores etc. Muy Se\u00f1ores m\u00edos y de todo mi respeto y veneraci\u00f3n. Recib\u00ed, el lunes pr\u00f3ximo pasado, un escrito con fecha del 11 de los corrientes, firmado con los nombres y apellidos de VV. SS. y desde luego debo confesar que me sorprendi\u00f3 su contenido, como tan ajeno del car\u00e1cter y de las personas de VV. SS., que tengo el honor de conocer, en t\u00e9rminos que llegu\u00e9 a dudar si las firmas ser\u00edan suplantadas; sin embargo, no pudiendo decidirme sobre esta duda por serme desconocido el car\u00e1cter de letra de VV. SS. cre\u00ed deber suponer que el tal escrito es verdaderamente de los que vienen firmados en \u00e9l, y contestarlo como tal. Por descontado debo decir a W. SS. que estoy altamente penetrado del esp\u00edritu que ha dictado el tal escrito, de su principio y del fin a que se dirige, seguramente muy distintos de los que en \u00e9l se expresan y enteramente contrario a las sanas intenciones de que supongo animados a W. SS., a quienes en este caso, contemplo incautamente seducidos y reducidos a echar su firma, si es leg\u00edtima, por una sobrada benigna condescendencia. Bajo este supuesto me atrevo a asegurar que los dos medios, que se sirven VV. SS. proponerme para el restablecimiento de la paz y uni\u00f3n entre esas Hermanas, est\u00e1n tan lejos de tener la eficacia que <a href=\"http:\/\/vv.ss.se\/\">VV. SS. se<\/a> figuran y mucho m\u00e1s de ser los \u00fanicos para tan importante objeto, que m\u00e1s bien me parecen de todo impertinentes por no decir contrarios \u00adal mismo.<\/em><\/p>\n<p><em>Por esto no deben W. SS. extra\u00f1arse y mucho menos ofenderse de que yo no adopte tales medios, antes espero de su acreditada prudencia y equidad, que persuadidos de que, seg\u00fan el cierto 1 com\u00fan proverbio, m\u00e1s sabe el loco en su propia casa que el cuerdo en la ajena, me dejar\u00e1n en plena libertad, que me compete por mi empleo, de valerme de aquellos medios que me parezcan conducentes para el logro de su bien, que yo deseo y debo procurar m\u00e1s que VV. SS. mismos. Si lo hacen as\u00ed, como deben, espero que en breve se ver\u00e1 restablecida la paz y uni\u00f3n entre esas Hermanas y desempe\u00f1ados con toda exactitud sus caritativos ministerios; mas si, contra toda mi esperanza, insisten VV. SS. en querer meter la hoz en mies ajena y en valerse de amenazas para intimidarme y obligarme a hacer lo que no debo y que ser\u00eda la ruina del Instituto, no tendr\u00e9 reparo en mandar a esas Hermanas que se retiren de ese Hospital, dejando a VV. SS. en plena libertad de buscar los sirvientes que les acomoden, que es lo que para tales casos se estipul\u00f3 en la Escritura de contrata entre mis antecesores y esa Administraci\u00f3n, y quedaremos tan amigos como antes.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abMe es muy sensible tener que andar en semejantes contestaciones con personas que amo y respeto, pero me consuelo con el Ap\u00f3stol diciendo: Factus sum insipiens; vos me coegistis. Y en fin, siempre podr\u00e1n W. SS. contar con la m\u00e1s fina voluntad de su m\u00e1s afecto, seguro servidor y Capell\u00e1n, Q.B.L.M. de W. SS. = Fortunato Feu, Visitador de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y de las Hermanas de la Caridad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Por el siguiente oficio del Sr. Coll conocemos las disposiciones tomadas por el Sr. Visitador: <em>\u00abMuy Ilustres Se\u00f1ores Administradores del P\u00edo Hospital. Sin embargo de que con arreglo a las facultades de que me hallo revestido como Vicevisitador de la Congregaci\u00f3n y, por otra parte sin faltar a la Contrata celebrada entre esa Ilustre Administraci\u00f3n y la Congregaci\u00f3n relativamente al servicio de ese p\u00edo hospital por Hermanas de la Caridad, pod\u00eda haber variado la Presidenta de dichas Hermanas, con todo, deseando dar a esa Ilustre Corporaci\u00f3n una prueba nada equ\u00edvoca de mi recto modo de comportarme, he tenido a bien formar un expediente por el que resulta los graves motivos, que me han impelido a adoptar una tal determinaci\u00f3n; a fin de que <a href=\"http:\/\/vv.ss.se\/\">VV. SS. se<\/a> convenzan de ello tengo el honor de acompa\u00f1arles el mismo expediente, esperando que, orientada la Administraci\u00f3n de su resultancia, se servir\u00e1 devolv\u00e9rmelo en la m\u00e1s posible brevedad para los usos que me interesan.<\/em><\/p>\n<p><em>El objeto que me he propuesto, exonerando de presidenta a Sor Mariana Guardia y subrogando en su lugar a Sor Teresa Bosch, ha sido la mayor gloria de Dios, el bien espiritual de las Hermanas de la Caridad, cuya direcci\u00f3n me es confiada y al propio tiempo mirar la utilidad del Santo Hospital; y no dudo que, tomando W. SS. en consideraci\u00f3n estas m\u00e1ximas, al paso que aprobar\u00e1n mi modo de comportarme, se convencer\u00e1n de que me hallo pose\u00eddo, de la idea m\u00e1s viva de correr con la mayor armon\u00eda con esa santa Administraci\u00f3n, quedando sofocados todos los resentimientos que hayan podido promediar.<\/em><\/p>\n<p><em>Con este motivo ofrezco a la disposici\u00f3n de la Ilustre Administraci\u00f3n mis m\u00e1s atentos respetos, suplicando a Dios guarde la vida de VV. SS. muchos a\u00f1os.<\/em><\/p>\n<p><em>Tarragona 2 de marzo de 1826. Jos\u00e9 Coll, Vicevisitador de las Hermanas de la Caridad. Ilustres Se\u00f1ores Administradores del Pio Hospital de esta Ciudad de Tarragona\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Lejos de avenirse a las ponderadas disposiciones expuestas, la Administraci\u00f3n metiendo su hoz en mies ajena, como dec\u00eda el Sr. Visitador, promovi\u00f3 otro expediente sobre la conducta de la citada Sor Mariana, oyendo los descargos de ella, que resultaron favorables.<\/p>\n<p>Al fin, \u00abhabiendo estimado esta Administraci\u00f3n por \u00fatil, variar el servicio de las Hermanas de la Caridad, dio noticia de ello al Sr. Coll, se\u00f1al\u00e1ndole un mes y medio de tiempo para incorporarse y mandar por las mismas, d\u00e1ndolas el destino que mirase oportuno\u00bb En 28 de abril de aquel a\u00f1o \u00abhabiendo comparecido, previo aviso, la actual Superiora de dichas Hermanas, Sor Teresa Bosch y preguntada qu\u00e9 noticias ten\u00eda de parte del Sr. Coll sobre el asunto, ha contestado que est\u00e1 en marcharse ma\u00f1ana junto con las dem\u00e1s Hermanas y con esto pide a la Administraci\u00f3n se sirva favorecerlas con aquella suma que tenga a bien para gastos del camino. A lo que fue resuelto por dicha administraci\u00f3n que se les den sesenta libras, moneda catalana\u00bb. El Sr. Can\u00f3nigo D. Nicol\u00e1s Griver, Administrador, propuso que ha dado providencia, a fin de que ma\u00f1ana, para suplir la falta de las Hermanas de este Hospital, que han de ausentarse, vengan cuatro mujeres, que en el d\u00eda existen en la Villa de Reus, que fueron tambi\u00e9n Hijas de la Caridad, quienes junto con Sor Mariana Guardia <em>y <\/em>Sor Polonia que quedan existentes, cuiden del manejo de dicho Hospital\u00bb.<\/p>\n<p>Pero Sor Mariana Guardia, a pretexto o por motivo de tomar los aires natales, se retir\u00f3 de Tarragona y moment\u00e1neamente de la Congregaci\u00f3n. Poco despu\u00e9s fue readmitida en el Noviciado, previos informes altamente elogiosos para ella.<\/p>\n<p>La historia de esta fundaci\u00f3n de Tarragona pone bien de manifiesto la contradicciones con que ten\u00eda que luchar la solicitud paternal de los Superiores para evita la disgregaci\u00f3n de las Hermanas, a que tend\u00edan, las Juntas administrativas, casi siempre eclesi\u00e1sticas. No hemos visto el expediente formado por el Sr. Coll acerca de la conducta d Sor Mariana, pero acaso fue una v\u00edctima disculpable por las circunstancias. Por vario documentos se muestra haber sido Hermana de mucho esp\u00edritu y prendas y amante de s vocaci\u00f3n, de la que s\u00f3lo unos meses se vio apartada. Nacida en Valencia en 1801, s\u00f3lo ten diecis\u00e9is a\u00f1os, cuando fue recibida en aquel Hospital, en 1817. Tortosa fue su prior destino. De su conducta all\u00ed, dice uno de los testimonios: \u00abDebo informar que estuvo en la casa de Misericordia de esta ciudad, como Hermana de la Caridad, cuya casa estaba bajo mis \u00f3rdenes, como gobernador del Obispado que fui, en Sede vacante; que todo el tiempo que all\u00ed permaneci\u00f3 se port\u00f3 muy bien, manifest\u00f3 bastante cuidado en los intereses que estaban a su cargo; ten\u00eda particular esmero en el aseo y ense\u00f1anza de los exp\u00f3sitos y hu\u00e9rfanos de la Casa; ten\u00eda mucho celo por el bien y prosperidad de este Establecimiento y, en fin, en corroboraci\u00f3n de ello dir\u00e9 que, cuando el Prelado de las Hermanas de la Caridad la sac\u00f3 de aqu\u00ed, fue arrebatadamente y sin conocimiento m\u00edo, pues a haberlo sabido, no se la hubiera llevado y hasta los ni\u00f1os de la casa sintieron su ausencia. En el tiempo de la epidemia, fue una de las que voluntariamente se ofrecieron al servicio de los contagiados del Convento de la Concepci\u00f3n Victoria de esta Ciudad, donde entr\u00f3 s\u00f3lo por este fin. Su conducta moral y pol\u00edtica fue buena, sin que, en todo tiempo, que estuvo bajo mis \u00f3rdenes, tuviese que advertirle la menor cosa. En los intereses de la casa, que estaban a su cargo, manifest\u00f3 su mucho conocimiento y disposici\u00f3n, tanto para su conservaci\u00f3n como su distribuci\u00f3n; y aseguro a V. que me fue muy sensible el que la hubiesen sacado de aqu\u00ed, por la falta que hac\u00eda en muchos ramos. En una palabra, en cuantos asuntos de la casa se le encargaron, se port\u00f3 cual se pod\u00eda desear y manifest\u00f3 a las claras su aversi\u00f3n al sistema pol\u00edtico que rei\u00adnaba\u00bb. Tal es el informe que, a fines de 1826 enviaba D. Antonio Mart\u00ednez, Arcediano de Culla, al Sr. Visitador General de Religiosas de Valencia, D. Miguel S\u00e1nchez.<\/p>\n<p>A\u00f1adamos el que escribi\u00f3 Fray Francisco Papaceit al mismo Visitador General. \u00abMar\u00eda Ana Guardia, a quien conoc\u00ed como a Hija de la Caridad en \u00e9sta de Tortosa y la confes\u00e9 unos seis a\u00f1os seguidos, a ella y dem\u00e1s Hermanas, por insinuaci\u00f3n del Ilmo. Sr. Obispo D. Manuel Ros de Medrano, que en paz descanse, acaba de dirigirme dos l\u00edneas suplic\u00e1ndome diga alguna cosa de su car\u00e1cter y porte religioso, tocante a aquella \u00e9poca. Lo hago seg\u00fan Dios; y, por lo que mira a su esp\u00edritu, puedo asegurar que la reconoc\u00ed siempre dominada del santo temor de Dios, vestida de una humilde y c\u00e1ndida sencillez y con los deseos de santificarse en su Instituto, cumpliendo con los deberes que aquel prescrib\u00eda. As\u00ed lo acredit\u00f3 el sacrificio que hizo de s\u00ed misma para servir a los apestados, pudi\u00e9ndolo evitar, pues dici\u00e9ndole la Superiora difunta que Sor Mar\u00eda Ana no deb\u00eda ir, por ser necesaria al r\u00e9gimen y cuidado de la casa y familia, le respondi\u00f3 que su Instituto era el de servir a los pobres y m\u00e1xime a los enfermos.<\/p>\n<p>Por lo que toca a su car\u00e1cter, conducta o porte religioso puedo decir tambi\u00e9n, que lo posey\u00f3 invulnerable, pues supo sostener por su buen celo y vigilancia su honor y el de la Congregaci\u00f3n en el tiempo desastroso de la Constituci\u00f3n, en el cual se hallaba Sor Mar\u00eda Ana en los mayores apuros, pues de cuatro Hermanas, que eran en la Misericordia, dos dejaron el h\u00e1bito y la Superiora se seculariz\u00f3, quedando ella lidiando de continuo con las tropas, ya realistas ya constitucionales, que acud\u00edan casi siempre a aquel punto o casa. Y sobre todo se esmer\u00f3 en preservar a las muchachas de todo desliz, como que no reconoc\u00edan a otra madre que a ella. En fin, cuantos la han tratado han respetado su car\u00e1cter y hasta el Ilustr\u00edsimo Difunto, a quien tuve el honor de acompa\u00f1ar una tarde por el huerto de la Misericordia, dijo en mi presencia hablando de Sor Mar\u00eda Ana, que la valenciana desplegaba un buen celo en el cuidado de la casa y familia y ten\u00eda inteligencia de los Oficios de la casa. Lo que confirm\u00f3 tambi\u00e9n varias veces la Superiora difunta Sor Manuela\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con la muerte de Sor Mar\u00eda Blanc, Superiora de la Inclusa, ocurrida en 1821, las Hijas de la Caridad hab\u00edan tenido una sensible p\u00e9rdida. Era una de las columnas m\u00e1s firmes de la Congregaci\u00f3n. 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