{"id":387694,"date":"2016-08-17T08:00:48","date_gmt":"2016-08-17T06:00:48","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387694"},"modified":"2016-08-15T13:16:30","modified_gmt":"2016-08-15T11:16:30","slug":"el-encuentro-con-jesus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/el-encuentro-con-jesus\/","title":{"rendered":"El encuentro con Jes\u00fas"},"content":{"rendered":"<p>Quiz\u00e1 alguno haya quedado impresionado por la \u00abfe y experiencia\u00bb del viejo Vicente de Pa\u00fal. De joven no obr\u00f3 ni habl\u00f3 as\u00ed como lo hemos presentado. Desde 1600, a\u00f1o de su ordenaci\u00f3n sacerdotal, hasta 1623, fecha en que rompe con los apegos familiares, se vio sometido a frecuentes purificaciones. Entre los veinte y los cuarenta y tres arios de edad experiment\u00f3 una evoluci\u00f3n insospechada.<\/p>\n<p>Es completamente cierto que, antes de hablar con autoridad sobre <em>el seguimiento de Jes\u00fas, hubo <\/em>de convertirse al Evangelio. El encuentro con Dios por Jes\u00fas, en comuni\u00f3n del Esp\u00edritu, supuso en el joven Vicente un doble movimiento: de ruptura con las seguridades humanas y de revestimiento del esp\u00edritu de Jes\u00fas. No es que estuviera antes totalmente apartado de la amistad de Dios en franca rebeld\u00eda contra la Iglesia, no; pero viv\u00eda en la mediocridad, poco sensibilizado por el mensaje y vida de Jes\u00fas y por el sufrimiento del pr\u00f3jimo. M\u00e1s seducido por las comodidades del mundo que por las riquezas del cielo, centraba su inter\u00e9s en la posesi\u00f3n de bienes temporales.<\/p>\n<h2>I. Pecados de juventud<\/h2>\n<p>Si el joven Vicente necesit\u00f3 encontrarse con Jes\u00fas (entrar en comuni\u00f3n de vida con \u00e9l), se debi\u00f3 a que hab\u00eda olvidado temporalmente las exigencias del bautismo. La vida cristiana y sacerdotal que llevaba urg\u00eda nueva reorientaci\u00f3n hacia el Padre, revelado en y por el Hijo. La vuelta a los primeros compromisos no tuvo nada de espectacular, pero su retenci\u00f3n en sendas poco evang\u00e9licas le mantuvo esclavo de sus propias ambiciones.<\/p>\n<p>Seg\u00fan la definici\u00f3n tradicional de pecado, \u00e9ste implica un alejamiento de Dios y un apego a las criaturas: <em>aversio a Deo et conversio ad creaturas. <\/em>El proceso de enmienda impone otro movimiento contrario, es decir, de vuelta a Dios y de despego de las realidades creadas. En sentido b\u00edblico, el retorno al verdadero camino est\u00e1 significado por los verbos: <em>epistrephein, <\/em>corregir los propios extrav\u00edos, y <em>metanoein, <\/em>cambiar de modo de pensar y de querer. La liberaci\u00f3n de toda esta clase de ataduras permiti\u00f3 al joven Vicente avanzar con entera libertad \u00abal paso de la Providencia\u00bb.<\/p>\n<p>Antes de terminar los estudios teol\u00f3gicos, franque\u00f3 las puertas del sacerdocio sin verdadera pureza de intenci\u00f3n contra de las disposiciones de Trento, que hab\u00eda ordenado no un recibir el sacerdocio antes de los veinticuatro a\u00f1os; \u00e9l s\u00f3lo te n\u00eda veinte. La irregularidad en que cay\u00f3 pesaba sobre \u00e9l como una losa, aunque fuera, por entonces, una costumbre muy generalizada; pero ello no quitaba importancia a la desobediencia cometida. Como otros muchos, escal\u00f3 las gradas del altar con m\u00e1s fuertes ideales de ascender en la sociedad que de servir a los hombres. La ordenaci\u00f3n sacerdotal de Vicente, en edad temprana, s\u00f3lo es \u00edndice de otras desviaciones fomentadas por su ego\u00edsmo.<\/p>\n<p>Las culpas del joven tienen muchos nombres; no conocemos todas y cada una, aunque \u00e9l se acuse en p\u00fablico de sus \u00abmuchos y abominables pecados\u00bb. Sin duda que en dicha confesi\u00f3n se mezcla una de las formas m\u00e1s llamativas de su humildad, pero tambi\u00e9n nos descubre alguna de sus limitaciones. A los vicios personales los llama sin tapujos: vanidad, curiosidad, ambici\u00f3n y hosquedad de car\u00e1cter. A tales pecados opondr\u00e1 m\u00e1s tarde las virtudes contrarias, las que definen el esp\u00edritu del seguidor de Jes\u00fas. A buen seguro que, al proponer el ejemplo y doctrina de Jes\u00fas sencillo, pobre y caritativo, alg\u00fan\u00a0 mecanismo interior le impulsaba a corregir de ra\u00edz sus propios fallos.<\/p>\n<h3>a) La vanidad<\/h3>\n<p>De esta pasi\u00f3n, aparentemente inocente e infantil, no escapa nadie, ni hombres, ni mujeres, ni laicos, ni religiosos; en algunas personas puede causar estragos. No sabemos a qu\u00e9 extremos lleg\u00f3 en el joven Vicente. Nos consta que, siendo estudiante en Dax (1594-1596), sent\u00eda repugnancia y verg\u00fcenza de tratar con su padre mal trajeado y un poco cojo. Rehusaba pasar delante de sus compa\u00f1eros de colegio como el hijo de un pobre aldeano. Fuera de este caso notorio, muy frecuente por otra parte entre adolescentes, no conocemos m\u00e1s an\u00e9cdotas que le califiquen de\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 vanidoso. Pero aquel pecado cometido de joven se le grab\u00f3 tan hondo en la conciencia que lo estar\u00e1 recordando hasta el final de su vida:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abMe acuerdo de que, siendo muchacho, cuando mi padre me llevaba con \u00e9l a la ciudad, como estaba mal trajeado y era poco cojo, me daba verg\u00fcenza de ir con \u00e9l y de reconocerle como padre\u00bb.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente hace un diagn\u00f3stico de la vanidad partiendo de la observaci\u00f3n propia y ajena. Erradicar del coraz\u00f3n este vicio su pone una tarea larga y constante, pues se trata de un \u00abesp\u00edritu oculto y orgulloso\u00bb que anida en lo m\u00e1s rec\u00f3ndito del hombre, y del que no siempre se tiene conciencia. Pero, \u00bfhasta cu\u00e1ndo obr\u00f3 movido por esta pasi\u00f3n oculta? No lo sabemos. Desde 1617 la combati\u00f3 asc\u00e9ticamente como a uno de los peligros que acechan de continuo la vida espiritual. A la edad de treinta y siete a\u00f1os no soportaba los discursos acicalados ni de artificio, que s\u00f3lo sirven para llenar al predicador de \u00abhumo y vanidad\u00bb. Recomendaba hablar con sencillez, decir las cosas como se tienen en el coraz\u00f3n, sin artima\u00f1as ni ostentaci\u00f3n. Aconsejaba simplicidad de formas y de vestidos, para no provocar la ira y humillaci\u00f3n de los pobres. La conquista progresiva de la sencillez y de la humildad fue una se\u00f1al clara de su adhesi\u00f3n a Jes\u00fas, contrario a los hip\u00f3critas <em>y <\/em>fariseos.<\/p>\n<h3><em>b) La <\/em>curiosidad<\/h3>\n<p>Las cartas de la cautividad (1605-1607) responden a un tiempo de especial curiosidad vicenciana, de querer saberlo todo, de verlo todo, de dar rienda suelta a los sentidos interiores y exteriores. Aquellas \u00abbellas cosas curiosas\u00bb que aprendi\u00f3 del viejo turco nos descubre a un Vicente aventurero, hambriento de novedades, abierto de par en par al gran espect\u00e1culo de la magia y de la ciencia (2).Fi\u00e1ndonos de su palabra, sabemos que se \u00absent\u00eda tentado por esta pasi\u00f3n\u00bb, \u00abpeste de la vida espiritual\u00bb. El recuerdo de la juventud le produc\u00eda amargos sabores. En las <em>Reglas <\/em>deja estampada esta cita de san Zen\u00f3n: \u00abLa curiosidad le hace a uno reo, no experto\u00bb (3). Por eso, recomienda la mortificaci\u00f3n de los sentidos. De no aplicar esta medicina,<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00ab[&#8230;] pensaremos en la juventud que hemos tenido, en las cosas que quisimos con cari\u00f1o o en los disgustos que hemos recibido. En definitiva, hay que renunciar al recuerdo de todo eso, ya que nada suscita tanto el apetito de las cosas prohibidas como el pensamiento de sus falsas dulzuras. Hemos de olvidarnos de todos esos malos pasos para renunciar debidamente a los peligros incentivos de la pobre juventud\u00bb.<\/p>\n<p>La fina observaci\u00f3n de la naturaleza caracteriza la sensibilidad vicenciana. Pero esta dote no puede catalogarse como vicio, sino como cualidad que le ayud\u00f3 a elevarse a Dios y a acercarse a los hombres. \u00bfAbus\u00f3 de esta gracia natural? Por los documentos de que disponemos no podemos aventurar, sin m\u00e1s, que traspasara los l\u00edmites del justo saber. Sin embargo, aconsejado por la propia experiencia, condena \u00abla vana curiosidad\u00bb de la ciencia que no busca la gloria de Dios y el bienestar de los pobres.<\/p>\n<h3>c) La ambici\u00f3n<\/h3>\n<p>Topamos con el pecado m\u00e1s grave del joven Vicente: el deseo insaciable de bienes terrenos, de dignidades y de beneficios eclesi\u00e1sticos. Por todos los medios legales trataba de conseguirse un \u00abhonesto retiro\u00bb junto a sus familiares. A la edad de treinta a\u00f1os, y despreocupado de las necesidades ajenas, s\u00f3lo pensaba en descansar y ayudar a sus deudos con las rentas de los bienes adquiridos. Con tal fin emprendi\u00f3 \u00abnegocios desastrosos\u00bb. El hambre de dinero devoraba su actividad, disminuy\u00e9ndole para las obras de Dios. Al a\u00f1o de volver de Roma, escribe a su madre el 17 de febrero de 1610:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abLa estancia que a\u00fan me queda en esta ciudad para recuperar la ocasi\u00f3n de ascenso (que me han arrebatado mis desastres) me resulta penosa por impedirme marchar a devolverle los servicios que le debo; pero espero de la gracia de Dios que \u00e9l bendecir\u00e1 mis trabajos y me conceder\u00e1 pronto el medio de obtener un honesto retiro, para emplear el resto de mis d\u00edas junto a usted\u00bb.<\/p>\n<p>El d\u00eda de la partida de Par\u00eds, para instalarse en el pueblo natal, no lleg\u00f3 nunca. Ignoraba por entonces que sus pensamientos y caminos no eran los pensamientos y caminos de Dios (cf. Is 55,8). La Providencia velaba sobre \u00e9l para atraerle a la senda del Evangelio. \u00a1De qu\u00e9 distinta manera hablar\u00e1, pocos a\u00f1os m\u00e1s tarde, cuando tome contacto con los pobres y escuche sus llamadas!<\/p>\n<h3><em>d) La <\/em>hosquedad de car\u00e1cter<\/h3>\n<p>Vicente padec\u00eda adem\u00e1s un mal enquistado en su propia naturaleza: la iracundia y dureza de car\u00e1cter. Cambiaba de humor f\u00e1cilmente, se enfadaba y guardaba silencios preocupantes. La Sra. de Gondi, mientras le tuvo de capell\u00e1n, andaba desconcertada por el modo de ser del joven sacerdote, asaltado por frecuentes arrebatos de humor. Si hemos de dar cr\u00e9dito al informe grafol\u00f3gico sobre el Sr. Vicente, a \u00e9ste, \u00abde car\u00e1cter susceptible, le resultaba dif\u00edcil sustraerse a las explosiones de genio, as\u00ed como a las actuaciones de su car\u00e1cter impetuoso, aunque procurase controlarlas en la medida de lo posible. Ello pod\u00eda llevarle hacia estados de malestar interno&#8230;\u00bb. El conoc\u00eda este fallo y trataba de corregir su inestabilidad emocional, causa de sufrimientos para los que trabajaban con \u00e9l. La conquista de la mansedumbre le ocup\u00f3 toda la vida. El 28 de marzo de 1659, un a\u00f1o antes de morir, se lamentaba:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abHace tanto tiempo que estudio esta lecci\u00f3n y todav\u00eda no me la he aprendido. Me enfado, cambio de humor, me quejo, murmuro&#8230; Otras veces trato con aspereza a la gente, hablo en voz alta y con sequedad; todav\u00eda no he aprendido a ser manso\u00bb.<\/p>\n<p>Con raz\u00f3n pod\u00eda decir con san Agust\u00edn, salvadas algunas diferencias: \u00abYo soy para m\u00ed el gran problema\u00bb <em>\u2014ego sum mihi magna quaestio\u2014. <\/em>La meditaci\u00f3n sobre el sentido de la vida, de las relaciones con Dios y con los hombres, del conocimiento y dominio de s\u00ed mismo fue objeto de frecuentes retiros espirituales. Pronto aprendi\u00f3 que \u00e9l no era \u00abla medida de todas las cosas\u00bb, sino un invadido por el <em>Totalmente Otro. <\/em>A fuerza de uncirse al yugo suave de Jes\u00fas consigui\u00f3 dominar la pasi\u00f3n de la ira y de la aspereza, que le llevaba instintivamente a ironizar la conducta de otros compa\u00f1eros. No faltan observadores del Santo que opinan que su mayor pecado fue la dureza con que humillaba p\u00fablicamente a los infractores de una ley comunitaria.<\/p>\n<p>El combate asc\u00e9tico contra los cuatro vicios capitales mencionados condujo al joven Vicente a encontrarse con el Dios vivo de Jesucristo, oblig\u00e1ndole a entrar en \u00abcrisis\u00bb, a cambiar su ideolog\u00eda por el mensaje de Jes\u00fas de Nazaret, a emprender nuevos derroteros en su vida sacerdotal, a comprometerse en la salvaci\u00f3n del pobre. El camino de la esclavitud lo torn\u00f3 por otro de libertad bajo el perd\u00f3n de Dios y el amor a los hombres. La ruta emprendida del pecado, y que parec\u00eda irreversible, se trastoc\u00f3 en sendero luminoso por la acci\u00f3n caritativa.<\/p>\n<h2>II. Cadena de pruebas<\/h2>\n<p>Si los pecados de juventud retrasaron la marcha ascensional de Vicente hacia Dios, las pruebas a las que vio sometido durante el mismo periodo de tiempo (1600-1623) acrisolaron su fe y experiencia y le ayudaron a redescubrir el camino de la santidad. Tres tentaciones, principalmente, robustecieron su misi\u00f3n espec\u00edfica de evangelizador de los pobres.<\/p>\n<h3>a) La calumnia de robo<\/h3>\n<p>La primera prueba le llega en 1609, al poco tiempo de instalarse en el barrio de Saint Germain, de Par\u00eds. Compart\u00eda el albergue con un compatriota suyo, el juez de Sore, cuando cay\u00f3 imprevistamente enfermo. El muchacho que le trajo las medicinas de la farmacia aprovech\u00f3 para llevarse a escondidas cuatrocientos escudos guardados en un armario. Apenas regres\u00f3 el juez a casa, cella en falta sus dineros. Monta inmediatamente en c\u00f3lera contra Vicente, le grita, le acusa de falsario y de ladr\u00f3n, y le despide de casa. Hace luego publicar un \u00abmonitorio\u00bb por el que se le declara ladr\u00f3n. La noticia corre como un reguero de p\u00f3lvora entre amigos y conocidos de la parroquia. Mientras tanto, \u00e9l se niega a defenderse. Pero dej\u00e9mosle que nos lo cuente \u00e9l mismo, en tercera persona, despu\u00e9s de cuarenta y siete a\u00f1os de lo sucedido:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abHay una persona en la Compa\u00f1\u00eda que, habiendo sido acusado de robar a un compa\u00f1ero y habiendo sido tratado de ladr\u00f3n en toda la casa, aunque no era verdad, no quiso sin embargo justificarse, sino que pens\u00f3 dentro de s\u00ed, al verse falsamente acusado: \u00able justificar\u00e1s t\u00fa? [&#8230;] \u00a1No!, se dijo elev\u00e1ndose hasta Dios; es preciso que lo sufra con paciencia\u00bb. Y as\u00ed lo hizo\u00bb.<\/p>\n<p>Su honradez qued\u00f3 esclarecida a los seis meses de haber sido calumniado de hurto. Aunque ambicioso de bienes y dignidades, Vicente no lo era de injusticias ni de mentiras. Algunos autores, como P. Debognie, consideran la acusaci\u00f3n de robo como el acontecimiento que propici\u00f3 la conversi\u00f3n de Vicente a Dios.<\/p>\n<h3>b) La tentaci\u00f3n contra la fe<\/h3>\n<p>No hab\u00edan transcurrido tres arios desde la primera prueba purificadora cuando le sobrevino otra m\u00e1s borrascosa contra la fe\u00a0 (1612-1615). Serv\u00eda, por entonces, como capell\u00e1n-limosnero en el palacio de la exreina Margarita de Valois. Aqu\u00ed conoci\u00f3 a un docto magistral, que, por vivir en la ociosidad, fue atacado contra las verdades de la religi\u00f3n cat\u00f3lica. Vicente se llen\u00f3 de compasi\u00f3n por el sabio sacerdote y, sin saber c\u00f3mo, la prueba que atravesaba \u00e9ste se transfiri\u00f3 a \u00e9l. Durante tres o cuatro a\u00f1os Vicente qued\u00f3 sumido en una cerrada \u00abnoche oscura\u00bb.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Abelly, de quien procede la noticia, Vicente tom\u00f3 entonces la resoluci\u00f3n firme de entregarse totalmente a Dios para servir a Jesucristo en la persona de los pobres. Mientras persisti\u00f3 la tentaci\u00f3n, \u00e9l segu\u00eda visitando el Hospital de la Caridad de los Hermanos de san Juan de Dios. Prestando este servicio a los enfermos, \u00abse le desvanecieron las sugestiones del maligno; su coraz\u00f3n, oprimido tanto tiempo, se encontr\u00f3 sumergido en una dulce libertad, y su alma se llen\u00f3 de una luz radiante que le permiti\u00f3 contemplar con plena claridad las verdades todas contra la fe\u00bb.<\/p>\n<p>Este acontecimiento biogr\u00e1fico va a iluminar el itinerario espiritual y apost\u00f3lico del Santo. La autodonaci\u00f3n a Dios y servicio de los pobres completan la experiencia vicenciana y proyectan su misi\u00f3n en la Iglesia. Hay que reconocer que los pobres del Hospital de san Juan de Dios, no los ambientes sofisticados del palacio de Margot, fueron los que sanaron la mente tenebrosa del capell\u00e1n-limosnero. Los pobres centraron el lugar desde el que vivi\u00f3 la experiencia de Dios.<\/p>\n<h3>c) La tentaci\u00f3n de ayudar a la familia<\/h3>\n<p>Pese a los grandes progresos realizados desde 1617 a 1623, un hilo sutil retrasaba la carrera evang\u00e9lica de nuestro seguidor de Jes\u00fas, cuya llamada se hab\u00eda propuesto obedecer, libre de toda atadura. La visita que hizo a sus parientes, con motivo de una misi\u00f3n en Burdeos, le demostr\u00f3 que permanec\u00eda a\u00fan amarrado a la suerte econ\u00f3mica familiar. El mismo nos cuenta, despu\u00e9s de treinta y seis a\u00f1os, la escena enternecedora de la despedida, c\u00f3mo un peso continuo agobiaba su esp\u00edritu, cu\u00e1ntas l\u00e1grimas derram\u00f3 hasta que Dios quiso librarle de aquella tentaci\u00f3n de querer \u00abmejorar la suerte de sus hemanos y hermanas\u00bb. Tanto se lo pidi\u00f3 al Se\u00f1or que, al fin, a\u00f1ade emocionado,<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00ab[&#8230;] me quit\u00f3 esos cari\u00f1os por mis parientes; aunque andaban pidiendo limosna, y todav\u00eda andan lo mismo, me ha concedido la gracia de confiarlos a su providencia y de tenerlos por m\u00e1s felices que si hubieran estado en buen acomodo\u00bb.<\/p>\n<p>Fue aqu\u00e9lla una renuncia desgarradora, hecha en nombre del Evangelio. A partir de esa fecha (1623), alcanz\u00f3 la libertad ansiada y la disponibilidad total para evangelizar a los pobres. Nuevas experiencias contribuir\u00e1n a fijarle en el camino de Jes\u00fas; pero ya tenemos al joven Vicente seducido por la misi\u00f3n y caridad de Jesucristo.<\/p>\n<h3>III. Amigos y directores<\/h3>\n<p>Durante el largo proceso de maduraci\u00f3n d la fe, Vicente no anduvo solo. Le acompa\u00f1aron algunas providencias humanas.<\/p>\n<p>Fueron \u00e9stas sus amigos m\u00e1s entra\u00f1ables, en quienes descarg\u00f3 su conciencia y deposit\u00f3 su confianza. Ellas le ayudaron a \u00abestar en Cristo\u00bb y a discernir el plan de Dios sobre su futura vida sacerdotal.<\/p>\n<h3>a) Pedro de B\u00e9rulle (1575-1629)<\/h3>\n<p>El Fundador del Oratorio de Par\u00eds es el primer director que orienta los pasos desconcertados del joven Vicente. Cuando \u00e9ste pasaba la prueba de la acusaci\u00f3n de robo, B\u00e9rulle le acoge, le escucha, le anima y le dirige. Bajo sus \u00f3rdenes marcha a Clichy (1612); luego se encamina a Ch\u00e1tillon (1617), para volver a los pocos meses a la familia Gondi (diciembre de 1617). B\u00e9rulle es, indiscutiblemente, quien le ayuda a recobrar el sentido y la dignidad del sacerdocio, aunque no participe de la espiritualidad aristocr\u00e1tica de su primer maestro.<\/p>\n<h3>b) Andr\u00e9s Duval (1564-1638)<\/h3>\n<p>Por el mismo tiempo en que Vicente acude al sabio y sencillo profesor de la Sorbona, Andr\u00e9s Duval (a\u00f1o de 1617), se va alejando de B\u00e9rulle. A Duval le comunica sus inquietudes misioneras. \u00abEl buen Sr. Duval\u00bb disipa las dudas y temores de su dirigido. En cierta ocasi\u00f3n, el prudente director le record\u00f3 esta sentencia del Evangelio: \u00abEl siervo que conoce la voluntad de Dios y no la cumple recibir\u00e1 muchos azotes\u00bb (Lc 12,47). Con tal respuesta, el misionero qued\u00f3 iluminado acerca de su llamamiento para la evangelizaci\u00f3n de los pobres campesinos. Duval asesorar\u00e1, hasta el final de su vida, al Fundador de la Misi\u00f3n en cuestiones jur\u00eddicas, y el Sr. Vicente le recordar\u00e1 siempre como a su mejor director y consejero.<\/p>\n<h3>c) Francisco de Sales (1567-1622)<\/h3>\n<p>Hacia 1618 Vicente conoce y trata personalmente a Francisco de Sales. El rostro sereno y amable del \u00abbienaventurado obispo de Ginebra\u00bb encarna la mansedumbre. Su trato afable suaviza la aspereza del campesino gasc\u00f3n, que no disimula la simpat\u00eda y canino que siente por el santo Obispo, autor de obras tan inspiradas como <em>Introducci\u00f3n a la vida devota y Tratado del amor de Dios. <\/em>Cuando muera el Fundador de la Visitaci\u00f3n (1622), encargar\u00e1 a Vicente de Pa\u00fal la direcci\u00f3n de sus religiosas en Par\u00eds.<\/p>\n<h2>IV. Escenarios de experiencias indelebles<\/h2>\n<p>El m\u00e9todo de exposici\u00f3n que hemos llevado nos ha obligado a adelantar acontecimientos ligados a la conversi\u00f3n continua del\u00a0 \u00a1oven Vicente. Su vuelta al Evangelio est\u00e1 concatenada con ricas experiencias espirituales y apost\u00f3licas, adquiridas en el mismo tiempo de las pruebas, o poco despu\u00e9s. Estos son los principales lugares y fechas que las originaron.<\/p>\n<h3><em>a)<\/em> Gannes-Folleville (enero de 1617)<\/h3>\n<p>Peque\u00f1as aldeas, a dos leguas de distancia la una de la otra, Gannes y Folleville ofrecen al gran misionero en cierne la ocasi\u00f3n de ejercitar su ministerio sacerdotal. En dos episodios de una misma secuencia descubre la pobreza espiritual del pueblo. Junto al lecho de un moribundo escucha, en Gannes, la confesi\u00f3n de un anciano tenido por todos como hombre de bien, pero que arrastraba desde la juventud muchos sacrilegios por no recibir los sacramentos con las debidas disposiciones. A los pocos d\u00edas del hecho, Vicente predica en la iglesia de Folleville un serm\u00f3n sobre la confesi\u00f3n general. Los efectos que se siguieron a la predicaci\u00f3n de aquel veinticinco de enero de 1617 fueron maravillosos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00ab[&#8230;] Dios bendijo mis palabras, y todas aquellas gentes se vieron tan tocadas de Dios que acudieron a hacer su confesi\u00f3n general&#8230; Fuimos luego a las otras aldeas que pertenec\u00edan a la se\u00f1ora (de Gondi) por aquellos contornos y nos sucedi\u00f3 como en la primera. Se reun\u00edan grandes multitudes y Dios nos concedi\u00f3 su bendici\u00f3n por todas partes. Aquel fue el primer serm\u00f3n de la Misi\u00f3n y el \u00e9xito que Dios le dio el d\u00eda de la conversi\u00f3n de san Pablo. Dios hizo esto no sin sus designios en tal d\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Conocemos ya el primer dato de la experiencia misionera vicenciana. El acontecimiento de Gannes-Folleville obr\u00f3 el nacimiento de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n (1625).<\/p>\n<h3>b) Ch\u00e1tillon-les-Dombes (agosto de 1617)<\/h3>\n<p>La experiencia reci\u00e9n obtenida se completa con otra similar en Ch\u00e1tillon. Al descubrimiento de la ignorancia religiosa se a\u00f1ade ahora el de la pobreza material. Dos caras de una misma moneda. Vicente nos cuenta, con deliciosos detalles, lo ocurrido en aquel caluroso domingo de agosto de 1617: \u00abComo me estuviese preparando para decir la misa, vinieron a decirme que en una casa separada de las dem\u00e1s&#8230; esta ba todo el mundo enfermo&#8230; y en una necesidad que es imposible expresar. Esto me toc\u00f3 sensiblemente el coraz\u00f3n; no dej\u00e9 de decirlo en el serm\u00f3n con gran sentimiento, y Dios, tocando el coraz\u00f3n de los que me escuchaban, hizo qu\u00e9 se sintieran todos movidos de compasi\u00f3n por aquellos pobres afligidos&#8230; Fue aquel el primer lugar en donde se estableci\u00f3 la Caridad\u00bb.<\/p>\n<p>En efecto, all\u00ed naci\u00f3 la primera Cofrad\u00eda de la Caridad, cuya floraci\u00f3n fue la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad (1633). Misi\u00f3n y Caridad, he aqu\u00ed las dos expresiones del \u00fanico compromiso evang\u00e9lico de Vicente de Pa\u00fal, claro manifiesto del seguimiento de Jes\u00fas.<\/p>\n<h3>c) Montmirail (a\u00f1o de 1620)<\/h3>\n<p>La experiencia de Montmirail est\u00e1 ligada a amplios contextos eclesiol\u00f3gicos y sociales. Un hereje trataba de convencer a nuestro misionero popular que el Esp\u00edritu Santo no guiaba a la Iglesia de Roma porque los sacerdotes y religiosos abandonaban los pueblos para instalarse en las ciudades. Vicente se esforzaba en ganar a su contrario m\u00e1s que con discursos apolog\u00e9ticos con el ejemplo de una entrega gratuita a las misiones. Despu\u00e9s de un a\u00f1o, aquel hereje decidi\u00f3 volver al catolicismo, movido por el compromiso sacerdotal de Vicente: \u00abAhora es, confiesa, cuando he visto que el Esp\u00edritu Santo gu\u00eda a su Iglesia, ya que se preocupa de la instrucci\u00f3n y la salvaci\u00f3n de estos pobres aldeanos\u00bb.<\/p>\n<p>La objeci\u00f3n del hereje de Montmirail y su posterior testimonio de adhesi\u00f3n permanecer\u00e1n vivos en la memoria de Vicente de Pa\u00fal. Pero, \u00bfson las misiones populares el camino por donde Dios quiere llevarle? Para discernir la voluntad de Dios, necesita retirarse peri\u00f3dicamente del bullicio cotidiano, orar mucho y consultar a \u00a0sus directores.<\/p>\n<h3>d) Soissons (a\u00f1os de 1621 y 1624)<\/h3>\n<p>Soissons es uno de los lugares preferidos de Vicente para hacer ejercicios espirituales, a fin de discernir el plan de Dios y de encontrarse consigo mismo. La primera vez que se retira a Soissons, en 1621, analiza despacio las ra\u00edces de sus pecados sobre todo de la sequedad y aspereza de car\u00e1cter. \u00abMe dirig\u00ed, dice, a nuestro Se\u00f1or y le ped\u00ed que transformara mi car\u00e1cter seco y repelente y me concediera un esp\u00edritu manso y benigno\u00bb.<\/p>\n<p>En 1624 hace dos retiros: uno en Valprofonde, donde le pide a Dios que le libre de las tentaciones contra la castidad mientras ejerce el ministerio; el segundo en Soissons, al que le trae una gran inquietud. \u00bfQuerr\u00e1 el Se\u00f1or que funde una congregaci\u00f3n misionera? Duval le da a entender que s\u00ed. El, sin embargo, nada teme tanto como dejarse enga\u00f1ar por \u00ablos mil asaltos de la naturaleza\u00bb o \u00abdel esp\u00edritu maligno\u00bb. Las disposiciones con que entra en este \u00faltimo a\u00f1o lo conocemos por una comunicaci\u00f3n suya: \u201cHice expresamente un retiro en Soissons para que Dios quisiera quitarme del esp\u00edritu el gusto y la emoci\u00f3n que sent\u00eda en este asunto (de fundar la Misi\u00f3n)\u00bb.<\/p>\n<p>Aunque tenga que discernir, al trote de los d\u00edas, la voluntad de Dios, posee ya la experiencia fundante del amor y de la sensibilidad, experiencia exigida pop san Pablo para conocer lo que agrada al Se\u00f1or: \u00abPido en mi oraci\u00f3n que vuestro amor crezca m\u00e1s y m\u00e1s en penetraci\u00f3n y en sensibilidad para todo, a fin de discernir lo mejor\u00bb (Flp 1,9-10). Para estas fechas, 1624, ha roto ya con las seguridades del pasado y se ha abierto a un futuro incierto pero esperanzador. Sabe que la esperanza cifrada en Jes\u00fas no le va a defraudar.<\/p>\n<h2>V. Experiencia religiosa y seguimiento de Jes\u00fas<\/h2>\n<p>La conversi\u00f3n vicenciana pone en juego el misterio de la llamada de Dios y de la respuesta del hombre. Los hechos vividos hist\u00f3ricamente dentro de la Iglesia y de la sociedad civil jalonan su encuentro con Dios por Jesucristo, encarnado en los pobres. Su experiencia religiosa le permite ya hablar con autoridad.<\/p>\n<p>Que el Sr. Vicente hablaba con autoridad responde a un testimonio un\u00e1nime. A partir de su opci\u00f3n preferencial por lo pobres, no divorci\u00f3 la fe de la caridad. Pod\u00eda decir con Jes\u00fas: \u00abAunque a m\u00ed no me cre\u00e1is, creed por las obras que hago, y as\u00ed sabr\u00e9is y conocer\u00e9is que el Padre est\u00e1 en m\u00ed y yo en el Padre\u00bb (Jn 10,38). Las obras acreditaban la sinceridad con que segu\u00eda a Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Bremond asegura de Vicente de Pa\u00fal que \u00abno es el amor a los hombres lo que le ha conducido a la santidad, sino que fue la santidad la que le ha convertido verdadera y eficazmente en hombre caritativo; no son los pobres los que le han entregado a Dios, sino Dios, por el contrario, quien le ha devuelto a los pobres. Quien le ve m\u00e1s fil\u00e1ntropo que m\u00edstico, quien no le ve ante todo m\u00edstico, se imagina un Vicente de Pa\u00fal que no existi\u00f3 jam\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>Tiene raz\u00f3n Bremond cuando afirma de Vicente que no es un fil\u00e1ntropo, como lo consideraron los fil\u00f3sofos de la Revoluci\u00f3n,\u00a0 pero simplifica los m\u00f3viles de la santidad de Vicente. La m\u00edstica de la caridad no separa <em>el seguimiento de Jes\u00fas <\/em>de la evangelizaci\u00f3n de los pobres. El encuentro con Jes\u00fas y con los pobres conduce a una misma experiencia. La explicaci\u00f3n dada por G. Guti\u00e9rrez sobre la m\u00edstica de la liberaci\u00f3n en Latinoam\u00e9rica ilumina la experiencia religiosa vicenciana: \u00abSe comprendi\u00f3 a partir del texto (Mt 25,31-46) que el encuentro con el pobre a trav\u00e9s de las obras concretas es paso obligado para el encuentro con Cristo mismo. Pero se fue entendiendo igualmente que el encuentro verdadero y pleno con el hermano requiere pasar por la experiencia de la gratuidad del amor de Dios&#8230; Si el pr\u00f3jimo es camino para llegar a Dios, la relaci\u00f3n con Dios es la condici\u00f3n del encuentro, de verdadera comuni\u00f3n con el otro&#8230; La experiencia de la gratuidad del amor de Dios \u2014dato primero de la fe cristiana\u2014 no s\u00f3lo no se sit\u00faa como en un par\u00e9ntesis hist\u00f3rico, sino que da al devenir humano \u2014y desde dentro\u2014 su total significaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Quiz\u00e1 alguno haya quedado impresionado por la \u00abfe y experiencia\u00bb del viejo Vicente de Pa\u00fal. De joven no obr\u00f3 ni habl\u00f3 as\u00ed como lo hemos presentado. 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