{"id":387692,"date":"2016-08-14T08:57:55","date_gmt":"2016-08-14T06:57:55","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387692"},"modified":"2016-08-11T04:54:56","modified_gmt":"2016-08-11T02:54:56","slug":"fuentes-de-doctrina-vicenciana-y-criterios-de-lectura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/fuentes-de-doctrina-vicenciana-y-criterios-de-lectura\/","title":{"rendered":"Fuentes de doctrina vicenciana y criterios de lectura"},"content":{"rendered":"<p>La vocaci\u00f3n del cristiano consiste en seguir a Jes\u00fas. Cristianos, precisamente, llamaron por primera vez en Antioqu\u00eda a los disc\u00edpulos del Se\u00f1or (cf. Hch 11,26). Desde entonces los seguidores de Cristo expresan su fe viviendo el ideal de la Buena Nueva encarnada y predicada por Jes\u00fas de Nazaret, el Cristo de la le. Fuera de esta actitud no se entiende la vida cristiana. El mensaje y la persona misma de Jes\u00fas son la clave de interpretaci\u00f3n del compromiso cristiano.<\/p>\n<p>En efecto, \u00abun cimiento diferente del ya puesto, que es Cristo Jes\u00fas, nadie puede ponerlo, pero encima de ese cimiente) puede uno construir con oro, plata, piedras preciosas, muleta, heno o paja\u00bb (1 Cor 3,11-12). Cristo principio y fin, ayer pino hoy y siempre, consume el ideal de los fieles. Cuantos creen de verdad en \u00e9l se deciden a seguirlo con palabras y obras.<\/p>\n<p><em>El seguimiento de Jes\u00fas, <\/em>aparte de responder a las llamadas m\u00e1s significativas del Maestro, constituye la doctrina medular del Evangelio y expresa al rojo vivo las ense\u00f1anzas del Reino iniciado aqu\u00ed y ahora, pero que tendr\u00e1 su cumplimiento cabal en la bienaventuranza escatol\u00f3gica. Jes\u00fas lo puso de manifiesto en el Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a (cf. Mt. 5,1-12). Seg\u00fan esta ense\u00f1anza, nada hay comparable a la vocaci\u00f3n de ser y actuar como bienaventurado del cielo y de la tierra.<\/p>\n<p>Recientemente lo ha puesto de relieve el Concilio Vaticano II, restaurador de la aut\u00e9ntica espiritualidad cristiana: \u00abEs completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado o condici\u00f3n, est\u00e1n llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfecci\u00f3n de la caridad, y esta santidad suscita un nivel de vida m\u00e1s humano en la ciudad terrena. En el logro de esta perfecci\u00f3n empe\u00f1en los fieles las fuerzas recibidas seg\u00fan la medida de la donaci\u00f3n de Cristo, a fin de que, siguiendo sus huellas y hechos conformes a su imagen, obedeciendo en todo a la voluntad del Padre, se entreguen con toda su alma a la gloria de Dios y al servicio del pr\u00f3jimo\u00bb.<\/p>\n<p>Una doctrina como la precedente, tan entra\u00f1able a Vicente de Pa\u00fal, ense\u00f1a que el hombre se hace m\u00e1s hombre cuanto m\u00e1s fiel permanece al esp\u00edritu del cristianismo, que consiste en la perfecci\u00f3n de la caridad para con Dios y con el pr\u00f3jimo. Los que aspiran a la plenitud del amor encuentran en Jes\u00fas de Nazaret la regla de vida que les conduce a la felicidad terrena y celestial.<\/p>\n<h2>1. Breve ojeada del seguimiento de Jes\u00fas<\/h2>\n<p>Apenas aparece el fen\u00f3meno religioso del cristianismo, surgen de la gran comunidad de fe formas distintas de vivir el mensaje de Jes\u00fas. Los numerosos institutos y congregaciones nacientes llevan el sello de la autenticidad en la medida en que se comprometen a seguir a Cristo, animados siempre del Esp\u00edritu, \u00aby si alguno no tiene el Esp\u00edritu de Cristo, \u00e9se no es cristiano\u00bb (Rom 8,9). El decreto <em>Perfectae Caritatis <\/em>resume en el siguiente texto la historia del seguimiento: \u00abDesde los comienzos de la Iglesia hubo hombres y mujeres que, por la pr\u00e1ctica de los consejos evang\u00e9licos, se propusieron seguir a Cristo con m\u00e1s libertad e imitarlo m\u00e1s de cerca, y, cada uno a su manera, llevaron una vida consagrada a Dios. Muchos de ellos, por inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, vivieron vida solitaria o fundaron familias religiosas que la Iglesia recibi\u00f3 y aprob\u00f3 de buen grado con su autoridad. De ah\u00ed naci\u00f3, por designio divino, una maravillosa variedad de agrupaciones religiosas, que mucho contribuy\u00f3 a que la Iglesia no s\u00f3lo est\u00e9 apercibida para toda obra buena (cf. 2 Tim. 3,17), y pronta para la obra del ministerio en la edificaci\u00f3n del Cuerpo de Cristo (cf. Ef. 4,12), sino tambi\u00e9n a que aparezca adornada con la variedad de dones de sus hijos, como esposa engalanada para su marido (cf. Ap. 21,2), y por ella se manifieste la multiforme sabidur\u00eda de Dios (cf. Ef. 3,10)\u00bb.<\/p>\n<p>La presencia de los distintos movimientos espirituales obedece siempre a nuevas necesidades de la Iglesia y a cambios profundos socio-religiosos, culturales y econ\u00f3micos de un mundo en continua evoluci\u00f3n. Tales manifestaciones del Esp\u00edritu actuante en la historia llevan la impronta de una misi\u00f3n, lenguaje y esp\u00edritu propios de la \u00e9poca en que nacen. Suelen, adem\u00e1s, encarnarse en un jefe carism\u00e1tico u hombre evang\u00e9lico dotado de gracia para seguir radicalmente a Jes\u00fas. Antonio el Copto, Pacomio, Agust\u00edn de Hipona, Benito de Nursia, Basilio Magno, Bernardo de Claraval, Francisco de As\u00eds, Domingo de Guzm\u00e1n, Ignacio de Loyola, Teresa de Jes\u00fas, Vicente de Pa\u00fal, entre otros muchos cristianos, significan la fuerza vivificadora del Esp\u00edritu en la Iglesia.<\/p>\n<p>La antigua espiritualidad de los ascetas, v\u00edrgenes y m\u00e1rtires es sustituida por la de los monjes, eremitas y cenobitas, y la de \u00e9stos por la de los mendicantes, que, a su vez, es remontada por la de los predicadores y hombres apost\u00f3licos. Hasta nuestros d\u00edas se suceden en cadena versiones enriquecedoras del esp\u00edritu evang\u00e9lico. Su influencia patentiza el soplo renovador de la obra de Jes\u00fas. Aunque no se dan simas infranqueables entre las distintas etapas hist\u00f3ricas, sino que se provocan y explican las unas a las otras, la presencia de las nuevas familias religiosas denuncia de alg\u00fan modo el envejecimiento o deterioro de las formas antiguas y urge la necesidad de nuevos estilos de vida m\u00e1s acordes con los tiempos que corren. Ello demuestra que la espiritualidad del \u00abdesierto\u00bb fuera superada por la de \u00abperiferia\u00bb, y \u00e9sta por la de \u00abfrontera\u00bb. Hoy es com\u00fan referirse a la espiritualidad de \u00abinserci\u00f3n\u00bb, expresada sobre todo por quienes viven m\u00e1s comprometidos en la liberaci\u00f3n total del pobre.<\/p>\n<h3>a) Florecimiento de congregaciones en el siglo XVII franc\u00e9s<\/h3>\n<p>Durante el Gran Siglo de Francia, escenario en el que nos vamos a mover para escuchar el mensaje vicenciano sobre <em>el seguimiento de Jes\u00fas, <\/em>nacen numerosos institutos, compa\u00f1\u00edas, congregaciones y cofrad\u00edas de laicos, sacerdotes y religiosos. Pedro de B\u00e9rulle funda el Oratorio de Par\u00eds (1611), r\u00e9plica del Oratorio de Felipe de Neri; Vicente de Pa\u00fal, la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n (1625); Juan Jacobo Olier, la Congregaci\u00f3n de san Sulpicio (1642); Juan Eudes, la Congregaci\u00f3n de Jes\u00fas y Mar\u00eda (1643); Juan Bautista de la Salle, los hermanos de las Escuelas Cristianas (1680). En 1627 se funda la Compa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento, y en 1651, las Misiones Extranjeras de Par\u00eds. Cada una de estas comunidades, (y otras muchas que hemos silenciado), presentan fines apost\u00f3licos y espirituales espec\u00edficos. Todas tratan de acudir a las necesidades m\u00e1s urgentes del Pueblo de Dios: reforma y renovaci\u00f3n del clero, misiones populares, educaci\u00f3n cristiana de la juventud, socorro a los pobres&#8230;<\/p>\n<p>Paralelamente a los institutos masculinos florecen los femeninos con esp\u00edritu parecido al de aqu\u00e9llos. Francisco de Sales y Juana Francisca de Chantal fundan la Visitaci\u00f3n (1610); Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac, la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad (1633); Juan Eudes y Eufrasia Pelletier, la Congregaci\u00f3n de Ntra. Sra. de la Caridad del Buen Pastor (1641). Estas nuevas familias desarrollan una actividad pastoral y caritativa que abarca amplios sectores de la sociedad: atenci\u00f3n a los ni\u00f1os abandonados, a los ancianos, a los enfermos y apestados, a las prostitutas y madres solteras, visitas a domicilio, a las c\u00e1rceles, a los campos de batalla&#8230; Hay que reconocer en cada una de estas compa\u00f1\u00edas la mano protectora de Dios sobre el pobre.<\/p>\n<h2>2. Originalidad vicenciana<\/h2>\n<p>El marco hist\u00f3rico del siglo XVII envuelve los trabajos y los d\u00edas de Vicente de Pa\u00fal (1580-1660). Ser\u00eda un error imperdonable sacarle de los ambientes en que revolucion\u00f3 la espiritualidad cristiana, encarn\u00e1ndose en el pueblo por la gloria de Dios <em>y <\/em>el servicio del pr\u00f3jimo. Ello significa que hay que situarle a cada paso en los acontecimientos personales y sociales que motivaron su entrega total a Dios para evangelizar a los pobres. De lo contrario, quedar\u00eda deshumanizado, fuera de la realidad concreta de la que no quiso salir para dar vida al pobre. El secreto, pues, de la recta interpretaci\u00f3n vicenciana se esconde en la amplia comprensi\u00f3n de todos sus contextos existenciales.<\/p>\n<p>El estudio sobre <em>el seguimiento de Jes\u00fas, <\/em>\u2014tema nuclear y unitario de la doctrina de Vicente de Pa\u00fal\u2014 exige un detallado conocimiento de la biograf\u00eda del Santo. S\u00f3lo as\u00ed, no desglosaremos lo que es inseparable en \u00e9l: la unidad de vida y de pensamiento, de acci\u00f3n y contemplaci\u00f3n. Es bien sabido que Vicente de Pa\u00fal contribuy\u00f3 como pocos al engrandecimiento espiritual y apost\u00f3lico de la Iglesia de Francia, no tanto por la especulaci\u00f3n de la ciencia teol\u00f3gica cuanto por su aportaci\u00f3n real a la santidad del Pueblo de Dios. El Sr. Vicente \u2014as\u00ed era conocido y tratado por sus contempor\u00e1neos\u2014 particip\u00f3 en el logro de la grandeza de la Iglesia sin romper con el legado de la aut\u00e9ntica tradici\u00f3n. Los decretos del Concilio de Trento (1945-1560) le sirvieron de apoyo para emprender la obra reformadora.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente se hace eco de las palabras y doctrinas tradicionales, pero adapta con estilo propio las ideas comunes. No puede expresarse de otra manera, dada su cultura y formaci\u00f3n teol\u00f3gica: es hijo de su tiempo; no obstante se mantiene libre e independiente respecto de los maestros y \u00abpedagogos\u00bb que le acompa\u00f1aron en el itinerario hacia Cristo: Pedro de B\u00e9rulle, Francisco de Sales y Andr\u00e9s Duval. No se alista en ninguna escuela, ni siquiera en la herulliana, por m\u00e1s que algunos historiadores se empe\u00f1en en sentarlo en el banquillo del jefe de la \u00abEscuela de espiritualidad francesa\u00bb. La experiencia religiosa, adquirida a lo largo de su conversi\u00f3n continua, le concede plena autoridad y originalidad. Conviene distinguir del legado vicenciano, por una parte, el n\u00facleo doctrinal y, por otra, el ropaje literario con que aqu\u00e9l es presentado.<\/p>\n<h3>a) N\u00facleo doctrinal<\/h3>\n<p>Lo propio y caracter\u00edstico de Vicente de Pa\u00fal es su visi\u00f3n particular de Jes\u00fas, que \u00abrecorr\u00eda todos los pueblos <em>y <\/em>aldeas, ense\u00f1ando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todo achaque y enfermedad\u00bb (Mt. 9,35). Contempla sobre todo a Jes\u00fas como evangelizador de los pobres, impregnado de ternura y compasi\u00f3n hacia todos los desheredados de la tierra. En torno a esta \u00f3ptica vertebra las l\u00edneas fundamentales de una doctrina centrada en <em>el seguimiento de Jes\u00fas.<\/em><\/p>\n<p>A la luz del Jes\u00fas hist\u00f3rico, la palabra del Sr. Vicente adquiere las notas de una espiritualidad de la acci\u00f3n que no admite mixtificaciones ni lucubraciones metaf\u00edsicas sobre el Evangelio. Su doctrina entronca directamente con los \u00abdichos y hechos\u00bb de Jes\u00fas de Nazaret. El ejemplo del Mes\u00edas urge a Vicente a extender el Reino de Dios por medio de la Misi\u00f3n y de la Caridad, dos expresiones de la misma realidad evang\u00e9lica destinada a la promoci\u00f3n integral del pobre.<\/p>\n<h3>b) Ropaje literario<\/h3>\n<p>Se entiende por ropaje literario los pr\u00e9stamos verbales que le llegan al Sr. Vicente por distintos conductos, bien se llamen \u00abEscuela abstracta\u00bb, \u00abDevoci\u00f3n moderna\u00bb o \u00abHumanismo devoto\u00bb, corrientes principales que confluyen en Francia durante el siglo XVII. Como se ha repetido hasta la saciedad, la utilizaci\u00f3n de una terminolog\u00eda consagrada no significa conformidad con las doctrinas en boga. Al Sr. Vicente no le distingue el vocabulario, sino el esp\u00edritu con que contempla y sigue a Jes\u00fas.<\/p>\n<p>El hermano Ducourneau, secretario particular del Fundador de la Misi\u00f3n, afirma que, \u00abaunque su superior aborde temas ordinarios, lo hace con una fuerza poco com\u00fan&#8230;, que cuando habla a fondo de la manera de hacer oraci\u00f3n, del conocimiento de uno mismo, de la renuncia a nuestra propia voluntad, de la compasi\u00f3n con los afligidos, de la asistencia a los pobres, del celo por la salvaci\u00f3n de las almas y de todo lo que pertenece a la perfecci\u00f3n del misionero, esas cosas las realiza en cuanto a la pr\u00e1ctica y en cuanto a la expresi\u00f3n.<\/p>\n<p>Es importante advertir aqu\u00ed que todos corremos el peligro de los f\u00e1ciles reduccionismos. San Vicente pasa a la posteridad a trav\u00e9s de unos recursos verbales en gran parte superados. Su fe y experiencia nos llegan arropadas en vivencias muy personales e irrepetibles. Este factor determinante no puede olvidarse. Sabemos, por otra parte, que la fenomenolog\u00eda del lenguaje implica serias connotaciones interdisciplinares no s\u00f3lo ling\u00fc\u00edsticas, sino antropol\u00f3gicas, sociales, sicol\u00f3gicas, adem\u00e1s de las propiamente teol\u00f3gicas, b\u00edblicas, lit\u00fargicas y pastorales.<\/p>\n<p>Doctrinas del siglo XVII, como el dualismo antropol\u00f3gico, el pesimismo sobre la naturaleza humana, la tendencia a sacralizar todo lo \u00abmundano\u00bb, a ver a Dios m\u00e1s como juez que como Padre, etc., son hoy rechazadas por anacr\u00f3nicas y deshumanizantes. Tres fuerzas de pensamiento contribuyeron entonces a crear ese ambiente teol\u00f3gico-espiritual: el agustinismo, el tomismo y el molinismo. Si olvidamos estos antecedentes culturales, nos veremos defraudados en el tratamiento de las virtudes necesarias para seguir a Jes\u00fas con entera libertad.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, el mismo Sr. Vicente se apart\u00f3 de algunas teor\u00edas y formas de presentar el mensaje liberador de Jes\u00fas; rechaz\u00f3 incluso puntos de vista doctrinales que consideraba obsoletos, oscuros o peligrosos. Nada tiene de extra\u00f1o que un creyente de hoy, sensibilizado por el nuevo enfoque de las ciencias teol\u00f3gicas y pastorales, condene ciertas expresiones de Vicente de Pa\u00fal. Lo importante es retener lo aut\u00e9ntico y perenne de su comunicaci\u00f3n, y relativizar lo caduco y circunstancial. De esta forma evitaremos el escollo de enfrentarnos a una doctrina supuestamente desfasada por estar envuelta en un lenguaje casi desconocido.<\/p>\n<h2>3. \u00bfEspiritualidad o doctrina espiritual?<\/h2>\n<p>En el siglo XVII se acu\u00f1a el t\u00e9rmino \u00abespiritualidad\u00bb para significar la savia del cristianismo, la fuerza del Esp\u00edritu que vigoriza la vida teologal del creyente. Nuestro ap\u00f3stol de la caridad no utiliza nunca ese vocablo ni el de asc\u00e9tica y m\u00edstica ni el de teolog\u00eda espiritual, expresi\u00f3n \u00e9sta que ha prevalecido en nuestros d\u00edas. El se refiere siempre a la doctrina del Evangelio o de Jesucristo, al Esp\u00edritu de Dios o de Jes\u00fas, o simplemente al \u00abesp\u00edritu\u00bb, t\u00e9rmino y realidad m\u00e1s revelador de dinamismo, fuerza, empuje, estilo y talante que su derivado \u00abespiritualidad\u00bb, de car\u00e1cter m\u00e1s abstracto, est\u00e1tico y pasivo.<\/p>\n<p>El mensaje vicenciano presenta una actualizaci\u00f3n de Jes\u00fas hecho vida, movimiento, acci\u00f3n, preocupaci\u00f3n, trabajo, verdad y libertad en la historia de la Iglesia. <em>El seguimiento de Jes\u00fas <\/em>no se reduce a simples pr\u00e1cticas espirituales ni a conceptos abstractos, por m\u00e1s que se urja la ascesis y la disciplina, sino a comprometerse con la causa del Mes\u00edas Salvador. Cuando el Sr. Vicente interpreta los \u00abdichos y hechos\u00bb de Jes\u00fas de Nazaret, los impregna de esp\u00edritu. Tambi\u00e9n \u00e9l puede decir con el Evangelio en la mano: \u00abS\u00f3lo el Esp\u00edritu da vida, la carne no sirve para nada. Las palabras que yo os he dicho son esp\u00edritu y vida\u00bb (Jn. 6,63). Aunque arranca de la letra, se remonta pronto a la vida del Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>San Vicente no separa nunca la teolog\u00eda de la vida, la oraci\u00f3n del trabajo. El calificativo de \u00abimp\u00eda\u00bb con que motejaron los Humanistas a la Escol\u00e1stica, por considerar a \u00e9sta manipuladora y curiosa de la verdad, pesa todav\u00eda sobre los que se aferran en divorciar, en la pr\u00e1ctica, la fe del compromiso. El ejemplo de Vicente historiza un talante evang\u00e9lico, no totalizante ni excluyente, sobre c\u00f3mo armonizar fe y caridad, contemplaci\u00f3n y servicio, misi\u00f3n y docilidad al Esp\u00edritu.<\/p>\n<h2>4. \u00bfSeguimiento o imitaci\u00f3n de Jes\u00fas?<\/h2>\n<p>Algunos autores defienden que Jes\u00fas no habl\u00f3 de imitaci\u00f3n, sino de seguimiento. Mientras \u00e9ste sugiere la imagen de camino, (le movimiento, de disponibilidad y de solidaridad con los pobres, la imitaci\u00f3n, por el contrario, supone un modelo est\u00e1tico y fijo. Jes\u00fas no aparece en el Evangelio como un maestro rab\u00ednico, sino como evangelizador de los pobres.<\/p>\n<p>Otros autores, apelando a la transformaci\u00f3n que sufri\u00f3 el seguimiento despu\u00e9s de Pentecost\u00e9s, consideran que ser\u00eda falsificar las situaciones y radicalizar o simplificar caprichosamente los acontecimientos, si el seguimiento no se entendiera tambi\u00e9n como imitaci\u00f3n. Para san Juan, seguir a Jes\u00fas es creer en \u00e9l (cf. Jn 8. I 2; 10,4; 12,26).<\/p>\n<p>La imitaci\u00f3n constituye una categor\u00eda del seguimiento, seg\u00fan San Pablo. El Ap\u00f3stol exhorta a los corintios: \u00abSed mis imitadores, como yo lo soy de Cristo\u00bb (1 Cor. 11,1). En otros muchos lugares de sus cartas habla tambi\u00e9n de imitaci\u00f3n (cf. Flp. 3,14; 1 Ts. 1,6; 2 Ts. 3,7; Gal. 4,12). La espiritualidad, como imitaci\u00f3n de Cristo, se impuso desde los primeros siglos del cristianismo, formando parte de su vocabulario preferido.<\/p>\n<p>Las desviaciones del sentido exacto de \u00abimitar\u00bb a un modelo sobrevienen cuando el disc\u00edpulo pretende copiar mim\u00e9ticamente al Maestro \u00abcon inmediatez casi-osm\u00f3tica\u00bb. Entonces acarrea consecuencias nefastas. Los da\u00f1os de una tal espiritualidad se acent\u00faan con la orientaci\u00f3n dada por la <em>Devotio moderna, <\/em>cuya obra m\u00e1s representativa es la <em>Imitaci\u00f3n de Cristo <\/em>de Tom\u00e1s de Kempis (1380-1471).<\/p>\n<p>San Vicente habla literalmente m\u00e1s veces del seguimiento que de la imitaci\u00f3n de Jes\u00fas. Pero cuando explica \u00e9sta, lo hace sin escr\u00fapulos y sin pensar remotamente que sus ense\u00f1anzas pudieran originar alienaciones o narcisismos. Presenta con frecuencia a Jes\u00fas como \u00abregla\u00bb, \u00abmodelo\u00bb, \u00abmaestro\u00bb, \u00abejemplo\u00bb, \u00abespejo\u00bb, \u00abcuadro\u00bb y \u00abescuela\u00bb. Jes\u00fas es, en todos estos casos, una persona viviente y no un ideal muerto. La imitaci\u00f3n implica un seguimiento creativo, din\u00e1mico, nunca algo est\u00e1tico y repetitivo. El contexto de la vida del Sr. Vicente as\u00ed lo demuestra. Hay que conceder, sin embargo, que en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n participa del lenguaje e intenciones de la <em>Devotio moderna.<\/em><\/p>\n<h2>5. M\u00e9todo de exposici\u00f3n doctrinal<\/h2>\n<p>Que nadie se imagine a un Vicente de Pa\u00fal te\u00f3rico ni ide\u00f3logo, tampoco te\u00f3logo profesional ni jurista de gabinete. Por supuesto que \u00abconoce fondo la teolog\u00eda tradicional y la aplica a los asuntos del momento con buen sentido, depurado y firme, que a veces falta a los te\u00f3logos profesionales\u00bb. Como jurista, posee el sentido del orden, de la claridad y de la precisi\u00f3n, pero sobre todo de la justicia y de la caridad. Se comunica como un divulgador de la teolog\u00eda espiritual pr\u00e1ctica. Lo suyo es presentar la experiencia de Dios y entusiasmar a otros en <em>el seguimiento de Jes\u00fas, evangelizador de los pobres. <\/em>No encontr\u00f3 tiempo para escribir un tratado estructurado de doctrina espiritual, aunque se vio obligado a despachar mucha correspondencia y a pronunciar cientos de alocuciones a gentes comprometidas en la misi\u00f3n y caridad de Cristo el Mes\u00edas.<\/p>\n<p>Para exponer la doctrina sobre <em>el seguimiento de Jes\u00fas, <\/em>se sirvi\u00f3 de un m\u00e9todo sencillo <em>\u2014la petite m\u00e9thode\u2014. <\/em>Dicho m\u00e9todo consiste en declarar con suma sencillez y al alcance de todos los motivos, naturaleza y medios para conseguir una virtud o rechazar un vicio. No se trata de un orden r\u00edgido, fr\u00edo e incapaz de suscitar afectos; por el contrario, se muestra flexible, condescendiente y cercano. Si las circunstancias lo aconsejan, el peque\u00f1o m\u00e9todo sabe alterar o suprimir alg\u00fan paso del procedimiento discursivo. Se basa fundamentalmente en el orden de la caridad.<\/p>\n<p>El peque\u00f1o m\u00e9todo no tiene nada que ver con las reglas del antiguo socratismo ni con las contempor\u00e1neas del racionalismo cartesiano, aunque participe del esp\u00edritu cr\u00edtico de \u00e9ste \u00faltimo. El orden de la caridad que preside la intercomunicaci\u00f3n vicenciana procede del di\u00e1logo, similar al que se usa en las catequesis con los ni\u00f1os. Si fu\u00e9ramos a catalogarlo dentro de los m\u00e9todos patr\u00edsticos de ense\u00f1anza, lo situar\u00edamos entre las especies de \u00abmistagogia\u00bb que permiten al creyente abrirse a la comunicaci\u00f3n divina.<\/p>\n<h2>6. Las reglas de la Misi\u00f3n, compendio del Evangelio<\/h2>\n<p>Vicente de Pa\u00fal resume su pensamiento espiritual en las <em>Reglas o Constituciones de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. <\/em>Este librito compendia en doce cap\u00edtulos el Evangelio aplicado al misionero. Es el \u00abC\u00f3digo de perfecci\u00f3n\u00bb donde el cristiano comprometido encuentra la normativa espiritual y apost\u00f3lica, pero, sobre todo, la respuesta a los eternos designios de salvar a los hombres por la participaci\u00f3n del Esp\u00edritu de Jes\u00fas. \u00abJesucristo es la regla (siempre viva y renovadora) de la Misi\u00f3n\u00bb. A lo largo de los cap\u00edtulos y art\u00edculos de que constan las <em>Reglas <\/em>aparecen las l\u00edneas configurativas del ser y actuar del misionero.<\/p>\n<p>Distribuidas el 17 de mayo de 1658, las <em>Reglas <\/em>son fruto de muchos a\u00f1os de experiencia y de trabajo. Hab\u00edan transcurrido casi treinta y tres a\u00f1os antes de que el Fundador se las entregara impresas a sus compa\u00f1eros. El estilo original latino, propio del neoclasicismo, es elegante y sencillo, r\u00edtmico y natural. Pero es el contenido el que atrae a los creyentes hacia el Evangelizador de Nazaret. En el pr\u00f3logo de las mismas <em>Reglas <\/em>se lee esta preciosa recomendaci\u00f3n:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abMiradlas no como producidas por esp\u00edritu humano, sino como emanadas del esp\u00edritu divino&#8230; Hemos intentado basarlas en el esp\u00edritu, obras y vida de Jesucristo, en cuanto fuimos capaces de hacerlo. Nos pareci\u00f3 que quienes han sido llamados a continuar la misi\u00f3n del mismo Cristo, misi\u00f3n que consiste sobre todo en evangelizar a los pobres, deben llenarse de los sentimientos y afectos de Cristo mismo; m\u00e1s a\u00fan, deben llenarse de su esp\u00edritu y seguir fielmente sus huellas\u00bb<\/p>\n<p>Una vez para siempre, Vicente de Pa\u00fal recaba que lo importante, para asegurar el seguimiento, es impregnarse del esp\u00edritu de Cristo Jes\u00fas. De ah\u00ed nace el proyecto humano cristiano del disc\u00edpulo; de ah\u00ed, la decisi\u00f3n perpetua de \u00abseguir fielmente las huellas\u00bb del Evangelizador de los pobres. Para eso, las <em>Reglas <\/em>suministran los medios adecuados que ayudan a interiorizar la Palabra, a constatar la experiencia religiosa y a recordar el testimonio de los santos: tres cauces que alimentan incesantemente un rico arsenal de doctrina.<\/p>\n<h3>a) La Palabra de Dios<\/h3>\n<p>Toda la Sagrada Escritura, en especial el Evangelio, centra el lugar de la ortodoxia y ortopraxis del Sr. Vicente. Su primer bi\u00f3grafo, Luis Abelly, asegura que \u00abllevaba el Evangelio grabado en su coraz\u00f3n y lo portaba en la mano como luz esplendorosa; en \u00e9l basaba toda la moral y toda la pol\u00edtica, seg\u00fan la cual acomodaba su conducta y dem\u00e1s asuntos que pasaban por sus manos\u00bb. Por medio de la Escritura se encontraba con Dios Padre, con el Hijo hecho hombre y con el Esp\u00edritu Santo. El misterio de Dios verdadero, uno en la Trinidad y trino en la unidad, empapaba su existencia caritativa y su experiencia de fe. Educado en la escuela del Esp\u00edritu, ve\u00eda en el Padre al Dios amor, rico en misericordia y compasi\u00f3n; en el Hijo, la revelaci\u00f3n del Padre y la fuente de la gracia salvadora; en el Esp\u00edritu Santo, la comuni\u00f3n y vivificaci\u00f3n de los hijos de Dios.<\/p>\n<p>San Vicente lee y medita la Palabra de Dios, seg\u00fan la traducci\u00f3n de la Vulgata, en clave de evangelizaci\u00f3n de los pobres. La historia del pueblo de Israel y la vocaci\u00f3n de los Profetas le evocan su propia misi\u00f3n en el mundo y en la Iglesia. Conoce la Biblia y la explica no como un exegeta cr\u00edtico, sino como un creyente profundamente piadoso a quien asiste adem\u00e1s una buena preparaci\u00f3n teol\u00f3gica. Frente a la Palabra de Dios, que nunca se equivoca, opone la ideolog\u00eda del mundo, siempre falaz y enga\u00f1osa. Mientras la doctrina del Evangelio \u00abes seguida infaliblemente de sus efectos&#8230;, la del mundo no da nunca lo que promete\u00bb (15). Como era de esperar, recomienda la lectura diaria de la Palabra de Dios, a la que hay que \u00abvenerar como regla de perfecci\u00f3n cristiana\u00bb. Y para que m\u00e1s aproveche su mensaje, conviene a\u00f1adir, al final de la misma lectura, estos tres actos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00ab1.\u00ba adorar las verdades contenidas en el cap\u00edtulo; 2.\u00ba animar a revestirse del esp\u00edritu con que las dijeron Jesucristo y los santos, y 3.\u00ba proponerse imitar los consejos, normas y ejemplos de virtud encontrados en la lectura\u00bb.<\/p>\n<h3><em>b) <\/em>La experiencia religiosa<\/h3>\n<p>Los elementos que componen la \u00abfe y experiencia\u00bb de san Vicente son ricos, variados y complejos; se refieren b\u00e1sicamente al conocimiento y amor de Dios y de los hombres.<\/p>\n<p>En primer lugar, la experiencia comprende el conocimiento y amor del Misterio Trinitario; sobre \u00e9ste se funda la entrega to tal del ap\u00f3stol de la caridad. Dios Padre es el amor providente de todas las criaturas. Dios Hijo es el enviado del Padre para evangelizar a los pobres y Dios Esp\u00edritu Santo es el encargado de guiar y santificar a los hijos de la Iglesia. El contacto cotidiano con Dios, por medio de la Palabra y de los sacramentos, establece la experiencia fundamental de Vicente de Pa\u00fal. Su conocimiento y amor del Misterio se convierten en sabidur\u00eda pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>En segundo lugar, la experiencia del Santo encierra \u00abla m\u00e1xima atenci\u00f3n a los acontecimientos, circunstancias, contextos, datos y tiempo\u00bb en que vive. El descubrimiento progresivo de los pobres en Jes\u00fas y de Jes\u00fas en los pobres le conduce a nuevos compromisos caritativos y sociales. El hombre, \u00abhecho a imagen y semejanza\u00bb de Dios, y el pobre, en particular, son \u00ablugar teol\u00f3gico\u00bb de excepci\u00f3n. En ellos se encuentra con Dios. Poco antes de verse consumido por los trabajos de la evangelizaci\u00f3n, declara:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abLo que me queda de la experiencia que tengo es el juicio que siempre me he hecho: que la verdadera religi\u00f3n, herma nos m\u00edos, la verdadera religi\u00f3n est\u00e1 entre los pobres. Dios los ha enriquecido con una fe viva; ellos creen, palpan, saborean las palabras de vida\u00bb.<\/p>\n<p>En suma, la experiencia religiosa de san Vicente, que de ning\u00fan modo pretende ser una s\u00edntesis doctrinal, sino un modo concreto de seguir a Jes\u00fas, hunde sus ra\u00edces en el Misterio de la Trinidad y en el servicio de los pobres. Como toda experiencia aut\u00e9ntica, la suya comprende una ciencia de Dios y de los hombres, acompa\u00f1ada de padecimiento <em>\u2014p\u00e1thos\u2014: <\/em>es la pena producida por la ausencia de amor en la tierra.<\/p>\n<h3><em>c) <\/em>Los testimonios de vida<\/h3>\n<p>Pese al divorcio entre fe y compromiso de muchos cristianos, siempre ha habido testigos de coherencia y de fidelidad al Evangelio: \u00e9stos confirman la regla del seguimiento fiel a Jes\u00fas. El Sr. Vicente no sabe hablar si no presenta testigos cercanos o lejanos que avalen su palabra. Para \u00e9l, esos testigos \u00abson cuadros visibles y sensibles que nos sirven de modelo para regular todas nuestras acciones y hacerlas agradables a Dios\u00bb<\/p>\n<p>Los testigos m\u00e1s cualificados los encuentra en la Biblia. Jesucristo es el centro hacia el que convergen todas las miradas de los personajes b\u00edblicos. Cada uno de ellos anuncia o confirma el mensaje evang\u00e9lico. Los principales del Antiguo Testamento se llaman Abrah\u00e1n, Mois\u00e9s, Samuel, David e Isa\u00edas. Los testigos del Nuevo Testamento, por cuanto nos refieren lo que han visto y o\u00eddo, gozan de m\u00e1s fuerza persuasiva. Destacan: Mar\u00eda, la Madre de Jes\u00fas y la m\u00e1s aventajada en el seguimiento de su Hijo, Juan el Bautista, la comunidad apost\u00f3lica, la familia L\u00e1zaro, Mar\u00eda de Magdala y el ap\u00f3stol Pablo, \u00abvaso de elecci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>En las comunicaciones vicencianas se dan cita tambi\u00e9n testigos extrab\u00edblicos. Los hay de toda condici\u00f3n y clase: te\u00f3logos, predicadores, reformadores y gente de la calle. Los m\u00e1s lejanos se remontan al tiempo de Agust\u00edn de Hipona, Juan Cris\u00f3stomo, Tom\u00e1s de Aquino, Mart\u00edn de Tours, Genoveva, Patrona de Par\u00eds, Vicente Ferrer, Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Luis de Granada, Teresa de Jes\u00fas, Carlos Borromeo, Felipe Neri, etc. Entre los cercanos y tratados personalmente por \u00e9l, cuentan Pedro de B\u00e9rulle, Andr\u00e9s Duval, Francisco de Sales, Juan Duverger de Hauranne, abad de Saint-Cyran, Nicol\u00e1s Pavillon, Francisco Pe rrochel, Alano de Solminihac, etc. Existen testigos an\u00f3nimos como los campesinos, los galeotes, los pobres que no tienen nada que llevarse a la boca.<\/p>\n<p>No faltan tampoco testigos dentro de sus congregaciones: Margarita de Silly, Isabel du Fay, Mar\u00eda de Wignerod, Duquesa de Aiguillon, Genoveva Fayet, se\u00f1ora de Gousault, Margarita Naseau, Luisa de Marillac, se\u00f1orita Le Gras, el Hermano Antonio, Juan de la Salle, Juan Pill\u00e9 y otras \u00abmuchas personas a las que podemos ver con nuestros propios ojos y convivir con ellas todos los d\u00edas. Su vista hace muchas veces m\u00e1s efecto que la consideraci\u00f3n de esos santos que ya han muerto\u00bb.<\/p>\n<p>El recurso a los testimonios de vida posee un alto valor pedag\u00f3gico y apolog\u00e9tico del <em>seguimiento de Jes\u00fas. <\/em>El ejemplo de los testigos lejanos o cercanos arrastra y anima a los que han sido llamados a continuar la obra de Jes\u00fas, viviendo personal y comunitariamente las exigencias del Evangelio.<\/p>\n<h2>7. Cauces de expresi\u00f3n<\/h2>\n<p>La doctrina y experiencia de san Vicente las encontramos m\u00e1s explicitadas en la correspondencia, en las conferencias y en los documentos, conductos por donde nos llega la palabra sencilla, directa y pegada a la realidad en que vivi\u00f3 el \u00abpadre de los pobres\u00bb.<\/p>\n<h3>a) La correspondencia<\/h3>\n<p>Las aguas m\u00e1s puras de la doctrina vicenciana se remansan en las cartas. Seg\u00fan c\u00e1lculos aproximados, el Sr. Vicente pudo escribir m\u00e1s de treinta mil entre los a\u00f1os de 1625-1660. Nadie de su tiempo se le puede comparar. Los destinatarios de las cartas son tan variados como los temas que aborda en ellas. Van dirigidas a laicos, sacerdotes, religiosos, pr\u00edncipes, reyes, ministros, papas. Pero los m\u00e1s beneficiados son los Misioneros de la Congragaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y las Hijas de la Caridad. La tem\u00e1tica abarca asuntos que interesan a hombres comprometidos en las tareas seculares y apost\u00f3licas: vida espiritual, gobierno y direcci\u00f3n, etc. La extensi\u00f3n de las cartas var\u00eda mucho, desde un simple \u00abbillete\u00bb hasta una larga circular.<\/p>\n<p>Para no desangelar la correspondencia, haremos bien si verificamos algunos datos: fecha de expedici\u00f3n, motivo y finalidad de la carta, autor material de la escritura. Por la misma raz\u00f3n, conviene distinguir entre cartas aut\u00e9nticas, escritas de pu\u00f1o y letra de Vicente de Pa\u00fal, y las dictadas a sus secretarios, o las redactadas por \u00e9stos, previa entrega de un borrador. Aunque eran todas revisadas y firmadas por \u00e9l \u2014sol\u00eda hacerlo con el nombre de Vincent Depaul o Depaul a secas\u2014, es incuestionable que las primeras reproducen m\u00e1s fielmente su pensamiento y palabra que las restantes, sujetas \u00e9stas \u00faltimas al gusto e interpretaci\u00f3n de los amanuenses.<\/p>\n<h3>b) Las conferencias<\/h3>\n<p>Bajo el t\u00edtulo de conferencias \u2013entretiens spirituels- se incluyen todas las intervenciones orales del Sr. Vicente ante los Misioneros, las Hijas de la Caridad, las religiosas de la Visitaci\u00f3n, las religiosas de la Cruz, los sacerdotes de las Conferencias de los Martes, las se\u00f1oras de la Cofrad\u00eda de la Caridad. S\u00f3lo una m\u00ednima parte de sus alocuciones ha llegado hasta nosotros. Fij\u00e9monos en las pronunciadas ante los Misioneros y las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>El Fundador de la Misi\u00f3n sol\u00eda dar, como norma, una conferencia espiritual cada semana. Acostumbraba a explicar alg\u00fan art\u00edculo de las <em>Reglas o Constituciones. <\/em>Su palabra pr\u00e1ctica tend\u00eda a ense\u00f1ar, a exhortar, a convencer y a animar al grupo reunido familiarmente en torno suyo. Era entonces cuando el conferenciante sacaba todos los registros de la expresi\u00f3n oral y mim\u00e9tica para hacerse llegar al coraz\u00f3n de los oyentes y entusiasmarles en <em>el seguimiento de Jes\u00fas, evangelizador de los pobres. <\/em>Se le agolpaban, a veces, tanto las ideas, sentimientos y la misma prisa de acabar puntualmente que perd\u00eda la br\u00fajula y se hac\u00eda repetitivo e, incluso, cargante. Su genio gasc\u00f3n, de pura cepa, afloraba en los discursos con evidentes exageraciones y fina iron\u00eda. La suma total de conferencias, repeticiones de oraci\u00f3n y cap\u00edtulos de faltas, donde tambi\u00e9n acostumbraba a hablar, llena dos vol\u00famenes de la edici\u00f3n de Pedro Coste.<\/p>\n<p>La palabra oral del Sr. Vicente est\u00e1, sin duda, algo manipulada por los amanuenses. El no permiti\u00f3 jam\u00e1s que nadie recogiera por escrito sus explicaciones. Sin embargo, los Misioneros lo hicieron a escondidas y sin que \u00e9l se enterara. Pero, en honor a la verdad, podemos asegurar que los secretarios de turno tuvieron sumo cuidado en transmitirnos no s\u00f3lo la doctrina del Fundador de la Misi\u00f3n, sino sus mismas palabras, en cuanto les fue posible.<\/p>\n<p>En cambio, con las Hijas de la Caridad no se comport\u00f3 de la misma manera. A \u00e9stas les permiti\u00f3 tomar apuntes y notas mientras \u00e9l hablaba, adem\u00e1s de adelantarles un esquema detallado de cuanto iba a explicar en la pl\u00e1tica. No satisfecho con esta medida, revisaba luego los res\u00famenes hechos por las Hermanas. Luisa de Marillac era especialmente h\u00e1bil para guardar y reproducir literalmente la palabra de su director espiritual. Los temas desarrollados respond\u00edan a las necesidades y pr\u00e1cticas de la naciente compa\u00f1\u00eda: vocaci\u00f3n de la Hija de la Caridad, servicio de los pobres, esp\u00edritu de la comunidad, inserci\u00f3n en el mundo, etc. Dos tomos m\u00e1s de la edici\u00f3n de P. Coste contienen las ciento veinte conferencias conservadas por \u00ablas siervas de los pobres\u00bb.<\/p>\n<p>El tono m\u00e1s coloquial y popular con las Hijas de la Caridad que con los Misioneros obedec\u00eda a razones sicol\u00f3gicas, did\u00e1cticas y pedag\u00f3gicas. A todos animaba a que no faltaran nunca a las conferencias. En junio de 1642 exhortaba a las Hermanas:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00ab[&#8230;] Y de venir a las reuniones, no falt\u00e9is nunca a ellas, ni siquiera para ir a un serm\u00f3n, pues, aunque sea muy bueno o\u00edr sermones, sin embargo ten\u00e9is que preferir estas reuniones, que se celebran para ense\u00f1aros lo que est\u00e1is obligadas a hacer; y todo lo que aqu\u00ed se dice es para todas vosotras y para cada una en particular; no pasa as\u00ed con los sermones\u00bb.<\/p>\n<h3><em>c) <\/em>Los documentos<\/h3>\n<p>Estudiados seg\u00fan un orden cronol\u00f3gico, los documentos ayudan a controlar de cerca los pasos y compromisos del Sr. Vicente. Existe gran variedad de documentos relativos a la vida y obra del hombre y santo Vicente de Pa\u00fal. Todos arrojan alguna luz sobre su persona o familia espiritual. Pero estos instrumentos de trabajo, que componen un grueso tomo de la misma edici\u00f3n de P. Coste, no captan el esp\u00edritu del ap\u00f3stol de la caridad, aunque lo dejan entrever.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, como asegura Andr\u00e9 Dodin refiri\u00e9ndose al conjunto de la palabra oral y escrita del Sr. Vicente, \u00abel reparto tan desigual de sus escritos en el tiempo no permite, en absoluto, seguir la evoluci\u00f3n y notar las adquisiciones de su vida espiritual. Tres cartas aisladas jalonan la ruta de 1607 a 1624; 150 p\u00e1ginas de conferencias a los Misioneros resumen la actividad de los a\u00f1os 1625-1645; 280 p\u00e1ginas de pl\u00e1ticas a las Hijas de la Caridad representan la predicaci\u00f3n misional de doce a\u00f1os (1633-1645). A decir verdad, cartas y conferencias no iluminan bien sino los cinco \u00faltimos a\u00f1os, 1655-1660. No podemos escuchar m\u00e1s que las palabras de un viejo, que habla entre los setenta y cinco y los ochenta a\u00f1os\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La vocaci\u00f3n del cristiano consiste en seguir a Jes\u00fas. Cristianos, precisamente, llamaron por primera vez en Antioqu\u00eda a los disc\u00edpulos del Se\u00f1or (cf. Hch 11,26). 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