{"id":387685,"date":"2016-06-28T08:02:14","date_gmt":"2016-06-28T06:02:14","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387685"},"modified":"2016-07-27T12:10:47","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:47","slug":"la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-caridad-xxii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-caridad-xxii\/","title":{"rendered":"La Provincia espa\u00f1ola de las Hijas de la Caridad (XXII)"},"content":{"rendered":"<p><em><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-387487 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/LOGO-HHC.gif?resize=161%2C212\" alt=\"LOGO HHC\" width=\"161\" height=\"212\" \/>Las Hijas de la Caridad en la Guerra de la Independencia. <\/em>La Inclusa y Colegio de la Paz. La antigua Inclusa, donde primeramente se establecieron en Madrid, las Hermanas en 1800, estaba situada en la Puerta del Sol, con la capilla p\u00fablica a la calle de Preciados. Trasladado el establecimiento, en 18 de noviembre de 1804, a la calle de la Libertad su primera solemnidad fue la inauguraci\u00f3n de su capilla, a que fue invitado el Sr. Cardenal quien deleg\u00f3 para la bendici\u00f3n de ella al Sr. Cura de San Jos\u00e9. Al quedar reunidos, en septiembre de 1807, la Inclusa y el Colegio de ni\u00f1as de la Paz, en el edificio de la Calle de Embajadores, en \u00e9l se juntaron las catorce Hermanas que depend\u00edan de la Junta de Se\u00f1oras consider\u00e1ndose \u00e9sta la casa principal del Instituto, no s\u00f3lo por el mayor n\u00famero de Hijas de Caridad, sino por residir en ella Sor Manuela Lecina, nombrada Superiora General, como ahora decimos Visitadora y que fue siempre modelo de fidelidad a su vocaci\u00f3n. All\u00ed, a la sombra protectora de la Junta de las nobles Damas y sin germen interior de discordia, pudieron afrontar con relativa paz la nueva prueba a que las iba a someter el azote la guerra de la Independencia.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n de la casa, durante la invasi\u00f3n francesa fue angustiosa por falta de recursos y notable aumento de criaturas. Mucho dice en su favor, que visitando el establecimiento, el 25 de febrero de 1809, el intruso rey Jos\u00e9 Bonaparte \u00abse manifest\u00f3 muy complacido de la limpieza y asistencia de los ni\u00f1os y ni\u00f1as de los dos establecimientos, a los cuales su ofreci\u00f3 soberana protecci\u00f3n\u00bb. Y en efecto, poco despu\u00e9s a 9 de marzo la Sra.Vicepresidenta recib\u00eda un Oficio que dec\u00eda: \u00abEntre tanto que Su Majestad realiza los medios de beneficencia ilustrada a favor de un establecimiento tan recomendable como el de ni\u00f1os exp\u00f3sitos y ni\u00f1as del Colegio de la Paz, no quiere diferir un instante el acreditar con un corto y pronto rasgo el tierno inter\u00e9s que le merecen y lo sumamente satisfecho que ha quedado, al ver el orden y aseo que, gracias a Vd. y sus dignas compa\u00f1eras reinan en aquellas casas. Me ha encargado, pues, que prevenga, como lo ejecuto con esta fecha, al encargado de los reales almacenes de la F\u00e1brica de Guadalajara tenga a disposici\u00f3n de V. E. las sargas que necesitan para vestir completamente las ni\u00f1as, maestras y amas\u00bb.<\/p>\n<p>Pero la situaci\u00f3n lleg\u00f3 a tal extremo que, en diciembre de aquel mismo a\u00f1o fue menester vender los vasos sagrados y se comunic\u00f3 a la Junta de Se\u00f1oras \u00aborden al Colector para que reservados tres C\u00e1lices, dos copones y la custodia, pasasen la dem\u00e1s plata a la Casa de moneda, lo que habi\u00e9ndose ejecutado, result\u00f3 de su peso ciento seis marcos que a raz\u00f3n de ciento cuarenta y ocho reales cada uno, importa quince mil doscientos setenta y tres reales, que satisfar\u00edan en met\u00e1lico a la mayor brevedad\u00bb.<\/p>\n<p>En medio de tales apuros, cada d\u00eda mayores, a causa de la guerra, trataron las autoridades de acrecent\u00e1rselos, mandando a la Inclusa los ni\u00f1os del Hospicio. En Junta 9 de abril de 1812. \u00abenterada de ello, acord\u00f3 se respondiese a S.E., \u00abexponi\u00e9ndole la absoluta imposibilidad de recibir los ni\u00f1os del Hospicio, por no haber espacio suficiente en la casa para los que se hallan en el d\u00eda; que la miseria a que est\u00e1 reducida la impiden tambi\u00e9n poderlos mantener; que se halla falta de sirvientes para el cuidado y asistencia de ellos, pues reducida a las doce Hermanas de la Caridad para la servidumbre de los ni\u00f1os y chicas del Colegio; con otras reflexiones que la Junta tuvo presentes en atenci\u00f3n a las cuales se acord\u00f3 tambi\u00e9n que, deseoso este cuerpo de contribuir al alivio de los infelices ni\u00f1os del Hospicio, se propusiera a S.E, la formaci\u00f3n de un establecimiento temporal en la casa que fue Inclusa, calle del Soldado, donde se halla el Noviciado de las Hijas de la Caridad, las que con un corto estipendio llenar\u00edan este piadoso objeto, asistiendo a los ni\u00f1os del Hospicio y a los que pasen de la Inclusa y que no pertenecen al Establecimiento, supli\u00e9ndose los gastos necesarios por la Comisi\u00f3n de socorros p\u00fablicos, as\u00ed para camas, jergones, s\u00e1banas y otros utensilios, como para el diario alimento, seg\u00fan se tenga por conveniente\u00bb.<\/p>\n<p>Y tanto aumentaron los ni\u00f1os en la Inclusa que la Junta de Se\u00f1oras se vio obligada a pedir locales en la Escuela P\u00eda de Avapies, entonces desocupada, trasladando a ella los ni\u00f1os por alg\u00fan tiempo, con beneficio de su salud.<\/p>\n<p>Al evacuar, en agosto de 1813, las tropas francesas la Corte, se vio la casa privada del socorro de pan y carne, que diariamente le daba el Gobierno franc\u00e9s de las provisiones del ej\u00e9rcito, sin cuyo socorro hubieran perecido y tan apurada que, en diciembre se acudi\u00f3 a la caridad p\u00fablica por medio de la prensa.<\/p>\n<p>Pero fue en mayo del a\u00f1o siguiente 1813, cuando la penuria se extrem\u00f3 de tal manen que las Se\u00f1oras pensaron tener que abandonar a los ni\u00f1os. As\u00ed leemos en la sesi\u00f3n del d\u00eda 19 que \u00abla Junta, angustiada de la grand\u00edsima escasez que hay en la Inclusa y Colegio, como de la enorme deuda de sus dependientes, a quienes se est\u00e1 debiendo cuatro a\u00f1os de salario, m\u00e1s de quinientos mil reales a las amas de fuera, sin contar la deuda de los abastecedores; desnudos y hambrientos los ni\u00f1os y ni\u00f1as de ambos establecimientos, que por falta de subsistencia, fallecieron el a\u00f1o pasado mil ochocientos sesenta y cuatro; y que, hasta fin de abril del presente han muerto doscientos cuatro; que por efecto de la miseria se han marchado las amas de la casa y s\u00f3lo han quedado cinco, para veinticinco criaturas; apurados pues. todos los recursos con la venta de varias casas y cambio de vales con un quebranto enorme y, atendiendo, por otra parte, a que el Gobierno no ha proporcionado auxiliar a estas casas, acort\u00f3 se pase un oficio al Sr.D.Pablo Arribas, exponi\u00e9ndole que, en el caso de que en el d\u00eda se las pueda socorrer con lo necesario para salir de las necesidades, en que se hallan, se sirva S.E. nombrar las personas que guste para que sucedan a la Junta en el Gobierno y direcci\u00f3n de los citados establecimientos, quedando muy pronta para hacer la correspondiente entrega a los sujetos que la designen, pues este cuerpo no tiene ya bastante valor para ver expirar en sus manos los ni\u00f1os y ni\u00f1as de estos asilos de la humanidad y de la religi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Son de suponer las amarguras de las Hermanas en tales circunstancias. Refiri\u00e9ndose ellas m\u00e1s tarde, Sor Rosa Grau, dec\u00eda en 1817: \u00abRaz\u00f3n de lo que tengo percibido de lo que las Hermanas trabajamos en el tiempo de las miserias, estando los franceses, con permiso de las Se\u00f1oras Curadoras, con el motivo de no poder pagarnos la casa por estar en tanta miseria, nos fue preciso tomar varias labores para poder ganar alguna cosa para vestirnos, calzarnos, los ratos que nos quedaban y las Se\u00f1oras convinieron gustosas. A pesar de que no \u00e9ramos el n\u00famero completo y nos vimos reducidas a tomarnos doble trabajo las Hijas de la Caridad debemos trabajar siempre en beneficio de la casa y por tanto propuse a las Se\u00f1oras, que cuando nos <a href=\"http:\/\/pagaran.se\/\">pagaran se<\/a> descontar\u00eda de nuestra pensi\u00f3n. Empezamos el a\u00f1o 1808 hasta el a\u00f1o de 1814, en que he sacado la cuenta haber ganado, en ese tiempo, ocho mil reales, los que se descontar\u00e1n en estos meses de atrasos.\u00bb<\/p>\n<p>Y la Junta debi\u00e9ndoles a las Hermanas diez y nueve mil reales, manda se les abone ocho mil. A pesar de tanta miseria no decay\u00f3 la vida de piedad que se refleja bien en las solemnidades religiosas que se celebraban. Ya de antiguo ten\u00eda la Inclusa los oficios de Semana Santa en su Iglesia de la calle de Preciados, donde estaba establecida la Congregaci\u00f3n de la Pur\u00edsima que sufragaba los gastos. Al trasladarse la Inclusa a Embajadores, sigui\u00f3 celebr\u00e1ndose la dicha Semana Santa, aunque a costa del establecimiento.<\/p>\n<p>Fiesta solemne era la de San Jos\u00e9, Patrono de la Casa. La situaci\u00f3n dolorosa del Real Noviciado, hac\u00eda que las Hermanas volviesen sus ojos suplicantes al patrono especial del Seminario y \u00abSor Manuela Lecina, sierva de los pobres\u00bb, ped\u00eda en 1808 al Sr. Nuncio Apost\u00f3lico, Arzobispo de Nicea y obten\u00eda \u00abochenta d\u00edas de indulgencia a los que venerasen con la debida devoci\u00f3n a una imagen de dicho Patriarca San Jos\u00e9, que se halla colocada al presente en una pieza de la habitaci\u00f3n de las dichas Hijas de la Caridad\u00bb.<\/p>\n<p>Otra fiesta tradicional, desde la llegada de las Hermanas a Madrid, fue la de S. Vicente de Pa\u00fal, su santo fundador, que no omitieron ni a\u00fan el a\u00f1o 1809 cuando la miseria les oblig\u00f3<br \/>\na vender los vasos sagrados como si quisieran ellas vivir m\u00e1s y m\u00e1s unidas a su santo Padre,<br \/>\ncuando m\u00e1s altos poderes intentaban separarlas de \u00e9l y de sus Santas Reglas.<\/p>\n<p>Nos da idea del valor de aquella fiesta la siguiente \u00abRaz\u00f3n de gastos causados en la fiesta que con exposici\u00f3n del Sant\u00edsimo Sacramento en la misa solemne, con serm\u00f3n y completas se celebr\u00f3 el d\u00eda 19 de julio de 1809, en la Iglesia de los Reales establecimientos unidos de Inclusa y Colegio de la Paz, en obsequio de San Vicente de Pa\u00fal, fundador de los Presb\u00edteros de la Misi\u00f3n y de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Primeramente el organista y bajonista, que tocaron en la misa y Completas, que cantaron las ni\u00f1as colegialas; por su asistencia ma\u00f1ana y tarde, treinta reales a cada uno. Al maestro de los Desamparados, que ense\u00f1\u00f3 y dirigi\u00f3 a las ni\u00f1as en la misa nueva y completas, se le dieron de agradecimiento treinta reales. A los ni\u00f1os desamparados, que asistieron de ac\u00f3litos, ocho reales. Hubo misa rezada despu\u00e9s de la mayor y al sacerdote que la dijo se le dio limosna de diez reales. = Suma ciento treinta y ocho reales\u00bb.<\/p>\n<p>En junio de 1810, el Sr. Obispo, Auxiliar de Madrid, D. Atanasio Puyal, cuya intervenci\u00f3n en favor de las nuevas Constituciones fue muy activa en a\u00f1os posteriores, confirmaba a 24 ni\u00f1as del Colegio de la Paz, en la Iglesia de la Inclusa.<\/p>\n<p>No quiso la Divina providencia que llegase este Asilo a su total ruina y, en septiembre de aquel a\u00f1o de 1813, vino en su ayuda una cuantiosa limosna por conducto de D. Francisco Javier Vales; con este y otros socorros que llegaron por manos de las Hermanas, aliviaron una penosa situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La vida ejemplar y admirable constancia de las Hijas de la Caridad estaba patente a cuantos visitaban la Inclusa, pero el dualismo entre las Hermanas de esta casa y las del Real Noviciado, del todo distanciadas entonces, pues aquellas segu\u00edan dependientes de sus leg\u00edtimos Superiores y las otras bajo la jurisdicci\u00f3n absoluta del Sr. Arzobispo de Toledo, ten\u00eda que dejarse sentir; y a fin de desvanecer cualquier equ\u00edvoco o confusi\u00f3n, en 1812, se public\u00f3 en Madrid, no sin intervenci\u00f3n de Sor Manuela Lecina y de acuerdo con el Visitador, un folleto dedicado a dar a conocer a las Hijas de la Caridad \u00abseg\u00fan el Instituto de Vicente de Pa\u00fal\u00bb, que en sustancia era el ya editado en 1782 y reimpreso en 1802, pero con algunos aditamentos. Por ser el folleto muy raro y compendiar con bastante exactitud el esp\u00edritu de las Hermanas queremos insertarlo aqu\u00ed.<\/p>\n<p>\u00abVerdadera y sucinta noticia de las ocupaciones y buenos servicios que hacen a la humanidad las Hijas de la Caridad y Siervas de los Pobres, seg\u00fan el Instituto de San Vicente Pa\u00fal\u201d, impresa por un manuscrito con que se halla cierto amigo de los pobres, a expensas de este y otros varios sujetos piadosos y beneficio de los enfermos de los Hospitales civiles de esta Corte\u00bb. Madrid. M. DCCCXII. En la imprenta de Alvarez, Calle de la Zarza\u00bb. \u00abLa grande obra que tanto dese\u00f3 y no pudo o no tuvo tiempo de realizar S. Francisco de Sales, por medio de Santa J\u00faana Francisca Fremiot con respecto a aliviar las necesidades los enfermos pobres por una Congregaci\u00f3n de doncellas, que con votos simples y anuales de dedicasen a practicar con ellos las obras de misericordia, la ejecut\u00f3 plenamente S.Vicente de Pa\u00fal, verdadero padre de los pobres, como le llama la Iglesia, por medio de una muy noble virtuosa y ejemplar Se\u00f1ora llamada Luisa de Marillac, viuda del Mr. Le Gr\u00e1s, secretario que fue de la Reina Mar\u00eda di M\u00e9dicis, poniendo bajo la direcci\u00f3n de esta prudente<br \/>\nSe\u00f1ora algunas piadosas y devoras doncellas que quisieron consagrarse a Dios para servirle<br \/>\nen sus pobres.<\/p>\n<p>En efecto, esta noble dama, que en todo se dirig\u00eda por los consejos y reglas que le daba el Santo, puso tanta afici\u00f3n y atenci\u00f3n como cuidado en formar bien y hacer crecer estas tiernas y bellas plantas, que no s\u00f3lo se adelantaron luego en la virtud y se perfeccionaron en cuanto era necesario para aquel gran ministerio, sino que con la fama de su virtud y ejercicios piadosos atrajeron hacia s\u00ed otras muchas, que deseosas de abrazar el estado religioso y \u00adcareciendo de dotes para ello, voluntariamente se ofrecieron a servir a Jesucristo en este Instituto en la persona de los pobres enfermos; las cuales fueron tan bien recibidas y despu\u00e9s, a su tiempo, aplicadas a los quehaceres y ministerios de \u00e9l con tanta satisfacci\u00f3n y ejemplo de las devotas personas que ya, a competencia, las pretend\u00edan en casi todas las parroquias y a\u00fan los mismos Obispos se empe\u00f1aban para conseguirlas.<\/p>\n<p>Tales fueron los principios de esta Congregaci\u00f3n de v\u00edrgenes llamadas con el nombre de Hijas o siervas de la Caridad de quienes ni S. Vicente ni su piadosa Cooperatriz hab\u00eda esperado ni menos previsto un tan veloz y r\u00e1pido progreso,\u00a0 pero conociendo que Dios se complac\u00eda de aquella obra todav\u00eda toscamente bosquejada y que se la confiaba a ellos para que la fuesen perfeccionando, cuid\u00f3 por esto particularmente el Santo, que se autorizara, como de hecho lo fue, con aprobaci\u00f3n aut\u00e9ntica del Ilmo. Arzobispo de Par\u00eds, del Eminent\u00edsimo Cardenal de Vendomes, Legado a Latere de la Santa Sede Apost\u00f3lica, del Papa Clemente XI y del mismo Rey, quien, en su Real aprobaci\u00f3n hizo muchos elogios de este tan caritativo Instituto y lo puso bajo su protecci\u00f3n d\u00e1ndolas, al mismo tiempo permiso para que pudiesen fundar y establecerse en todas las partes de su Reino, y tambi\u00e9n sumos Pont\u00edfices las han concedido despu\u00e9s muchas gracias.<\/p>\n<p>Las doncellas, que quieren entrar en esta Congregaci\u00f3n deben ser de familias honradas y de conocido y limpio linaje, de edad de dieciocho hasta veintiocho a\u00f1os; a lo menos que no excedan de los treinta: virtuosas y ejemplares, de experimentadas costumbres y que haya: tra\u00eddo una vida irreprensible, de buen estatura, de robusta salud, agudas y perspicaces de vista, de capacidad e inteligencia suficientes a poderse prometer de ellas el desempe\u00f1o de los diferentes empleos que en lo sucesivo deben de ejercitar: han de saber bien leer y algo de escribir, procurando con el tiempo ejercitarse en esto; y por \u00faltimo, han de tener amor al trabajo e inclinaci\u00f3n a las cosas de esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Su Instituto tiene dos blancos u objetos: el primero de procurar la santificaci\u00f3n para s\u00ed mismas: y el segundo, ejercitarse en todas las obras de misericordia para con los pobres consagr\u00e1ndose a este fin por el amor de Dios especialmente al servicio de los pobres enfermos.<\/p>\n<p>Para la consecuci\u00f3n del primero, aunque no sean religiosas ni tienen clausura, por ser uno y otro incompatible con sus empleos y ejercicios, traen sin embargo una vida tan regulada y perfecta, como las m\u00e1s Santas religiosas dentro de sus monasterios; porque tiene: siempre presente y practican lo que las dec\u00eda frecuentemente su Santo fundador, esto es, que ellas hab\u00edan de reconocer por monasterio las casas y hospitales de los enfermos, por claustro y clausura las calles y la obediencia, por velo la santa modestia y por rejas el santo teme: de Dios; asegur\u00e1ndolas al mismo tiempo, que si observaban esto con un verdadero <a href=\"http:\/\/esp\u00edritu.se\/\">esp\u00edritu, se<\/a> verificar\u00eda en cada una de ellas lo del salmista; es decir, que caminar\u00edan sobre el \u00e1spid y el basilisco, y que pisar\u00edan el le\u00f3n y el drag\u00f3n, pero sin recibir de estos da\u00f1o alguno.<\/p>\n<p>Visten asimismo casi como religiosas, con un h\u00e1bito de lana muy modesto y decente, viven en comunidad y bajo el gobierno de una Superiora; no necesitan de dote para entrar, ni de renta alguna para mantenerse o vestirse en adelante, pues sanas y enfermas son provistas de todo por la Comunidad; tienen cinco a\u00f1os de probaci\u00f3n, los cuales concluidos, son admitidas a los tres simples votos de pobreza, castidad y obediencia, juntamente con el<br \/>\ncuarto, por medio del cual se consagran a Jesucristo para servirle en la persona de los pobres enfermos. Estos cuatro votos s\u00f3lo duran un a\u00f1o, y se revalidan anualmente; y aunque alguna se inutilice para el servicio o trabajo por enfermedad o achacar corporal, una vez que haya hecho los primeros votos, siempre despu\u00e9s se la mantiene en la casa; y s\u00f3lo se suspende la revalidaci\u00f3n con respecto a la que por sus procederes lo desmerece, cuya dilaci\u00f3n para cualquiera de ellas es la penitencia m\u00e1s sensible y dura que se les puede dar; y si despu\u00e9s de dicha penitencia se ve tal vez que la penitenciada es incorregible, lo que rar\u00edsima vez sucede pues todas son muy observantes, entonces, cuando no hay ya m\u00e1s esperanza de enmienda con mucha madurez y acuerdo se la despide, o por mejor decir se corta, aunque con sentimiento, aquel miembro para que no infecte lo restante de tan sano y saludable cuerpo.<\/p>\n<p>Comen siempre en Comunidad, con lectura espiritual todo el tiempo de la comida; viven muy frugalmente, usando de manjares comunes y s\u00f3lo beben vino cuando tal vez lo pide alguna enfermedad; no tienen prescritas penitencias ni mortificaciones extraordinarias por ser incompatibles con la salud y robustez de que necesitan para la continua asistencia de los pobres enfermos y dem\u00e1s trabajosos empleos a que la obediencia las destina, sino que cada una la practica m\u00e1s o menos, seg\u00fan el permiso que la d\u00e9 su prudente director; se levantan en invierno y verano a las cuatro de la ma\u00f1ana; hacen dos veces al d\u00eda oraci\u00f3n mental en comunidad, esto es tres cuartos de hora por la ma\u00f1ana y media hora por la tarde; y as\u00ed mismo tienen media hora de lecci\u00f3n espiritual y cada d\u00eda ejecutan dos ex\u00e1menes, uno particular y otro general; \u00e9ste es por la noche, antes de acostarse; confiesan y comulgan todos los domingos y d\u00edas de fiesta; oyen misa todos los d\u00edas; rezan el rosario; tienen sus conferencias espirituales para animarse m\u00e1s a la observancia y al ejercicio de las virtudes; todas las veces que salen de casa, que es siempre con licencia de la Superiora, se arrodillan para pedir a Dios la bendici\u00f3n, invocarle en su ayuda y para ofrecerle lo que van hacer; y en su regreso, vuelven a arrodillarse para darle gracias del bien que han hecho, para pedirle perd\u00f3n si tal vez han cometido alguna falta; y por \u00faltimo, asisten tambi\u00e9n muy frecuentemente a las iglesias, singularmente para oir la palabra de Dios, tanto para dar ejemplo como para aprovecharse a s\u00ed mismas. Mas todo esto que se ha dicho es siempre sin detrimento de los ejercicios de caridad, uniendo y hermanando as\u00ed el empleo de Mar\u00eda con el empleo y ocupaciones de Marta, que es el otro objeto que tienen, el cual prefieren muy a sus propias cosas espirituales y ejercicios de piedad, que muy a menudo suspenden y a\u00fan tal vez en alguna ocasi\u00f3n omiten para asistir luego al primer grito y llamamiento de cualquier pobre enfermo; y observan, en esto el sentimiento de San Francisco el cual dice que conviene a veces dejar a Dios por Dios, lo que se verifica entonces muy bien, pues dice Cristo en el evangelio que cuanto se hace por los pobres El lo acepta como si se hiciere a su propia persona; a m\u00e1s que como ella se obliga con voto especial a servirle en la persona de los pobres, singularmente enfermos, es muy justo que prefieran este servicio y asistencia a sus mismas cosas espirituales; singularmente que nada pierden a\u00fan lo espiritual, antes con aquello se perfeccionan y santifican mucho m\u00e1s, por ser lo que ellas quiere Jesucristo.<\/p>\n<p>Para el desempe\u00f1o del segundo objeto se aplican ya desde los primeros a\u00f1os de su ingreso a aprender un poco de medicina y algo de botica, a componer medicinas con sus propias manos, teniendo en sus casa muy bellas y abundantes boticas, pero sin que jam\u00e1s vendan a nadie ni una sola medicina, sino que \u00fanicamente sirven para los pobres enfermos, que pueden comprarlas; aprenden asimismo a sangrar y curar las enfermedades y achaques de poca consideraci\u00f3n; cuidan de los Hospitales, visitan a los pobres enfermos de las casas particulares, les sirven, asisten, socorren y consuelan, les animan a sufrir con paciencia y\u00a0 con resignaci\u00f3n los males que padecen, teniendo para esto una especial habilidad y singular don de Dios; y por \u00faltimo les disponen para recibir los sacramentos, hasta asistirles ellas mismas, si es necesario, en el postrer lance, ayud\u00e1ndoles a bien morir con tanta ternura y devoci\u00f3n que hasta eclesi\u00e1sticos versados en esto, confiesan no hacerlo tan bien como ellas lo hacen.<\/p>\n<p>En sus Hospitales acogen y reciben a toda suerte de enfermos a excepci\u00f3n de los ven\u00e9reos cuya enfermedad procede del vicio impuro, al que tienen tanto horror y temor de mancharse con \u00e9l, que ni a\u00fan con pretexto de caridad, quieren tratar a las personas que de eso son sospechosas, bien que les procuran, si es posible por otro conducto, el socorro y remedio que necesitan. En lo dem\u00e1s no hacen excepci\u00f3n ninguna de personas, sean sus enfermedades las que sean, asquerosas, contagiosas y aun de peste; pues sobreviniendo esta plaga, ellas est\u00e1n obligadas, si lo exige la necesidad a sacrificar sus propias vidas para servirles y asistirles; y a toda suerte de enfermos ellas les asisten, con tanto amor y caridad como si fuesen sus mismos hijos o hermanos, o por mejor decir como si fuese la propia persona de Jesucristo, cuyo objeto tienen siempre presente en sus ministerios y esta consideraci\u00f3n de que los pobres son m\u00edsticamente los miembros de Cristo, hace que no experimenten pena o fastidio en servirles, en tratarles con respeto y en ser muy diligentes para consolarles sufrirles sin ning\u00fan lamento ni especie de queja; antes con mucho cari\u00f1o, afabilidad, singular dulzura pasan noche y d\u00eda asisti\u00e9ndoles alrededor de sus camas, las que procuran sean siempre bien aseadas y pulidas; les curan con mucha paciencia las llagas, les sangran y, por \u00faltimo, emulando la caridad del Santo Tob\u00edas, ellas, a imitaci\u00f3n suya, dejan gustosas hasta la comida para amortajarles y darles sepultura con sus propias manos, despu\u00e9s muertos.<\/p>\n<p>No se limita su caridad a s\u00f3lo los Hospitales, m\u00e1s a\u00fan tambi\u00e9n visitan de continuo a enfermos pobres de las parroquias, socorri\u00e9ndoles, seg\u00fan su posibilidad, consol\u00e1ndoles e instruy\u00e9ndoles a\u00fan en lo espiritual y ejercitando con ellos toda suerte de obras de misericordia mas, para evitar peligros, procuran en estas ocasiones ir siempre de dos en dos, o al menos acompa\u00f1adas de alguna otra mujer, que sea caritativa y honrada.<\/p>\n<p>Y habi\u00e9ndose todav\u00eda manifestado m\u00e1s los designios, que Dios ten\u00eda sobre ellas, su Santo Fundador las destin\u00f3 tambi\u00e9n, con el progreso del tiempo, para que cuidasen asimismo los hospitales de los pobres, para cuyos establecimientos trabaj\u00f3 mucho el Santo, para que se encargasen de la recepci\u00f3n, conservaci\u00f3n y educaci\u00f3n de los exp\u00f3sitos esp\u00fareos, habiendo con esto dado a innumerables la vida corporal y espiritual; para que sirviesen en las escuelas de ni\u00f1as, ense\u00f1ando a estas a leer, hacer labores de manos y en especial cuidasen de instruirlas en los principios de nuestra santa religi\u00f3n, en los rudimentos de la doctrina cristiana, en las disposiciones para recibir \u00fatilmente los santos sacramentos, radic\u00e1ndoles en la modestia y santo temor de Dios con que deben siempre vivir; las destin\u00f3 igualmente para el cuidado de las casas de retiro, donde las Damas, se\u00f1oras, y dem\u00e1s de este sexo se recogen para hacer ejercicios espirituales, cosa tan \u00fatil e importante; y por \u00faltimo, a\u00fan en tiempo de guerra envi\u00f3 el Santo alguna de estas Hijas hasta la Lorena y Picard\u00eda para el servicio y asistencia de los pobres soldados heridos y enfermos.<\/p>\n<p>Y han desempe\u00f1ado siempre con tanta satisfacci\u00f3n y edificaci\u00f3n cuanto se las ha encargado y confiado, que son indecibles los buenos efectos y abundantes frutos que de todo esto se han conseguido; son innumerables los pecados y des\u00f3rdenes, que por este medio se han evitado, y no es f\u00e1cil decir las muchas damas y Se\u00f1oras que se han, no solo reformado en sus trajes y vanidad, m\u00e1s a\u00fan d\u00e1dose enteramente a la devoci\u00f3n y a la piedad, con lo que se ha visto sensiblemente ser estas Hijas de la Caridad, con especial modo asistidas de la Divina Providencia y protegidas de su poderosa y celestial mano. Y por esto son ya por todas partes la admiraci\u00f3n no solo de los cat\u00f3licos, mas a\u00fan de los mismos herejes e incr\u00e9dulos: hasta Voltaire se hace lenguas para alabarlas y elogiarlas, admir\u00e1ndose que este instrumento, siendo en su principio como el peque\u00f1o grano de mostaza, en breve haya crecido extend\u00eddose tanto, pues entre Francia, Polonia y los pa\u00edses Bajos se encuentran seis mil de estas Hijas y m\u00e1s de trescientas casas suyas, y el actual Rey de Prusia, bien informado de la utilidad de este Instituto y de la caridad que reina en \u00e9l y con que sus Hijas tratan y asisten a toda suerte de pobres enfermos, no ha podido menos de solicitarlas y pedirlas tambi\u00e9n para sus dominios, bien que hasta el presente no le hayan sido concedidas; pero s\u00ed que se van todav\u00eda extendiendo m\u00e1s en las sobredichas partes, a petici\u00f3n e instancia de los Ilmos. Obispos de las ciudades y de los m\u00e1s principales y piadosos personajes de uno y otro sexo, que de continuo les ofrecen nuevas fundaciones.<\/p>\n<p>En sola la ciudad de Par\u00eds hay repartidas por las parroquias treinta y cuatro casas, una de las cuales y la m\u00e1s principal es la situada delante de San L\u00e1zaro donde viven las novicias, que entre ellas y las dem\u00e1s, componen una comunidad de cerca de ochenta.<\/p>\n<p>Otra es la tan famosa y celebrada casa de Exp\u00f3sitos, a donde estos son tra\u00eddos luego que nacen y cuidados de aquellas Hijas de la Caridad m\u00e1s que con amor de propias madres, sin embrago del incre\u00edble n\u00famero que de continuo las traen, (pues en la ma\u00f1ana que fue a visitar aquella casa quien escribi\u00f3 este papel le fue dicho que en la noche antecedente hab\u00edan tra\u00eddo diez y seis entre ni\u00f1os y ni\u00f1as para el cuidado de los cuales tienen aquellas Hijas muy particular habilidad y gracia; sobre todo son muy diligentes en averiguar si est\u00e1n o no bautizados cuantos exp\u00f3sitos las traen y si se han de bautizar algunos, procuran que sea luego siendo as\u00ed que antes de tener ellas este encargo, una mujer anciana, que por espacio de muchos a\u00f1os lo hab\u00eda tenido, asegur\u00f3 que jam\u00e1s hab\u00eda hecho bautizar a alguno; en cuyo tiempo se mor\u00edan much\u00edsimos por falta de cuidado, abandonados; y se pas\u00f3 al extremo de venderlos en un vil\u00edsimo precio, ya para tirar la leche corrompida de mujeres infectas, o ya cosa que causa horror, hasta para hacer hechizos y otras cosas diab\u00f3licas. Mas ahora, estas<\/p>\n<p>Hijas de la Caridad velan con tanta atenci\u00f3n sobre todos ellos, que bien cercioradas del bautismo, despu\u00e9s de algunos d\u00edas que les han tenido en casa, a los pechos de mujeres que procuran sean muy sanas, algunas de dichas Hijas los conducen en unos carros largos compuestos de dos andanas de cunas por las villas y lugares de toda aquella comarca pagar a las amas a quienes se conf\u00edan con informaci\u00f3n de los m\u00e9dicos y de los curas, y al mismo tiempo visitando las otras amas para ver si cuidan bien de los que se las han confiado trayendo para todos la ropita que necesitan muy limpia y bien ajustada; como tambi\u00e9n devolviendo los ya destetados a su propia casa, en donde se conservan para ser educados bien instruidos en todo, y para despu\u00e9s tomar el estado al que Dios les llame.<\/p>\n<p>Hay todav\u00eda all\u00e1 una tercera particular casa de estas Hijas en el grande y suntuoso edificio que la magnificencia de Luis XIV hizo erigir para comodidad de todos los Inv\u00e1lidos en donde los Misioneros, hijos de San Vicente, cuidan de todo lo espiritual de \u00e9stos y las Hijas de la Caridad les asisten siempre cuando est\u00e1n enfermos, lo que les sirve de mayor consuelo y de mucha utilidad para sus almas y universal edificaci\u00f3n para cuantos lo ven y observan.<\/p>\n<p>En Versalles, poblaci\u00f3n de dos parroquias, se establecieron tambi\u00e9n dos casas de estas Hijas, la una para los pobres del hospital, a donde los Reyes enviaban diariamente todas las sobras de su magn\u00edfica y opulenta mesa, que repart\u00edan aquellas entre los enfermos convalecientes con mucha discreci\u00f3n y prudencia; la otra, para la educaci\u00f3n p\u00fablica de todas las muchachas pobres de la ciudad y ense\u00f1anza de todo lo necesario, no s\u00f3lo para ser devotas y buenas cristianas, m\u00e1s aun para ganarse despu\u00e9s la vida y ser \u00fatiles, tanto en sus casas particulares, como a la com\u00fan sociedad humana.<\/p>\n<p>El actual gobierno de Francia. sin embargo de ser opuesto a toda corporaci\u00f3n o comunidad especialmente religiosa, llamando a este Instituto, honor del linaje humano, no s\u00f3lo lo ha restablecido, autorizando a la antigua Superiora General para recibir novicias instruirlas en todas las partes de \u00e9l, con el fin de que las ejerciten en Par\u00eds y en toda Francia sino que el Ministro del Interior ofreci\u00f3, a nombre del gobierno, que a las Hijas de Caridad que se fuesen congregando les pagar\u00eda a cada una del tesoro p\u00fablico trescientas pesetas de pensi\u00f3n al a\u00f1o.<\/p>\n<p>En Espa\u00f1a est\u00e1n admitidas desde el a\u00f1o 1792, en que se verific\u00f3 el formal establecimiento de ellas para el cuidado del hospital General de L\u00e9rida y se han extendido a Barbastro, Canet y Reus en donde se han establecido dos casas, una para la ense\u00f1anza p\u00fablica y otra para el cuidado del hospital, habiendo merecido alguno de estos establecimientos que el Gobierno le consignara de los fondos p\u00fablicos cantidad considerable para su subsistencia; y por \u00faltimo fueron conducidas a la Real Inclusa de esta Corte para proporcionar un maternal cuidado a los ni\u00f1os exp\u00f3sitos.<\/p>\n<p>Ser\u00e1 sin duda muy de la gloria de Dios y de gran utilidad para nuestra Espa\u00f1a que estableciesen casas de este Instituto, no s\u00f3lo en las ciudades sino tambi\u00e9n en las principales villas, pues de aquel resultar\u00eda el com\u00fan alivio y ense\u00f1anza de toda suerte pobres. Dios nuestro Se\u00f1or se digne mover los corazones de todos los que pueden contribuir a tan santa obra.\u00bb<\/p>\n<p>Claro es que todas estas reminiscencias de las Hijas de la Caridad francesas hab\u00edan tener eco agradable en los o\u00eddos del Rey Jos\u00e9. El folleto pues, era de oportuna publicaci\u00f3n para el futuro desarrollo de las Hijas de la Caridad en Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>El Real Noviciado.- Con la guerra de la Independencia el asunto de esta fundaci\u00f3n qued\u00f3 en suspenso, as\u00ed como el proyecto de las nuevas Constituciones. Hacia 1810 dej\u00f3 la casa de su primera instalaci\u00f3n en la calle del Prado y se traslad\u00f3 a la del Soldado en el edificio que para ello le cedi\u00f3 la Junta de Se\u00f1oras de la Inclusa. Aunque, seg\u00fan ya queda referido, Sor Manuela Lecina era la Superiora nombrada por el Sr. Visitador y reconocida por la Real orden de la fundaci\u00f3n, desde que, ella en 1807 se traslad\u00f3 con las Hermanas y ni\u00f1as\u00a0 del Colegio de la Paz para unirse con la Inclusa, qued\u00f3 ejerciendo la total direcci\u00f3n de la casa Noviciado Sor Luc\u00eda Revent\u00f3s, separada ya del cuerpo del Instituto y sujeta su comunidad exclusivamente al Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo. Suprimidas las Reales consignaciones con el trastorno de la guerra, se vieron precisadas aquellas Hermanas a abrir un colegio pensionado de ni\u00f1as, de cuyos emolumentos se pudieron sostener.<\/p>\n<p>Como testimonio de la piedad y del amor a las Hermanas por parte de aquellas nobilisimas Damas de la Junta, mencionaremos aqu\u00ed los cuatro breves que Su Santidad P\u00edo VII expidi\u00f3 con fecha 27 de noviembre de 1807, a petici\u00f3n de las Se\u00f1oras Mar\u00eda de la Concepci\u00f3n Ponce de Le\u00f3n y Claravabal. Duquesa de Medinaceli y de su hermana Mar\u00eda del Carmen, Condesa de Trastamara, poco antes de separarse los dos establecimientos el Noviciado y el Colegio de la Paz.<\/p>\n<p>1\u00ba Que todas las personas del Noviciado y Colegio tanto entonces como en el futuro pudieran ganar indulgencia plenaria en la hora de la muerte.<\/p>\n<p>2\u00ba Que todos los fieles cristianos que, confesados y comulgados, visiten la capilla de la Casa y recen las preces de costumbre, puedan ganar indulgencia plenaria en todas las cinco festividades de precepto de la S\u00aa. Virgen; y en las otras dos festividades que no lo eran,\u00a0 siete y siete cuarentenas.<\/p>\n<p>3\u00ba Que adem\u00e1s del altar privilegiado, que ya ten\u00eda la Capilla, hubiera en ella otro segundo altar con el mismo privilegio.<\/p>\n<p>4\u00ba Que todos los fieles cristianos que visiten el dicho oratorio p\u00fablico pudieran ganar indulgencia plenaria una vez al mes, en el d\u00eda se\u00f1alado por el Prelado, comulgando y orando seg\u00fan las condiciones acostumbradas.<\/p>\n<p>La invasi\u00f3n francesa, que sobrevino en 1808, impidi\u00f3 que el Noviciado llegase a trasladarse a la casa convencida con la Inclusa, pues en sesi\u00f3n de 16 de septiembre de ese a\u00f1o a Excma. Sr.Presidenta manifest\u00f3 un oficio del Sr.Alcalde de Corte. D. Manuel Mar\u00eda de Fimes, diciendo a S.E. haber acordado el consejo se depositen y custodien en la casa de la Inclusa de la calle del Soldado los bienes y efectos secuestrados a los franceses; y a fin de poner en ejecuci\u00f3n lo mandado por dicho Supremo Tribunal, esperaba se le entregase la llave de dicha casa para verificarlo. Enterada la Junta de todo, comunic\u00f3 a S.E. para que conteste al Junco, instruy\u00e9ndole de los inconvenientes que tiene la Junta para entregar las llaves, respecto a lo que hay pendiente en el asunto con el Excmo. Sr.Cardenal Arzobispo de Toledo que trata de poner en ella el Noviciado de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p><em>El Hospital de L\u00e9rida.- <\/em>Esta fundaci\u00f3n, considerada, no sin fundamento, como madre de las dem\u00e1s, sigui\u00f3 acreditando sus caritativos servicios y, gracias a sus edificantes Hermanas sanas, hab\u00eda sido vencida la antigua repugnancia, que el vecindario sent\u00eda por el hospital, \u201cpor falta de enfermeros y sirvientes que se dedicasen al cuidado de los enfermos,\u00bb dice Prin Tarrag\u00f3 en \u00abCosas viejas de L\u00e9rida. \u00abLa experiencia ha acreditado, afirman las Constituciones impresas en 1797, la utilidad y las ventajas que las Hermanas logran al hospital ya en la mejor asistencia de los pobres, ya en el aseo y limpieza de las camas y habitaciones ya en el cuidado de los ni\u00f1os exp\u00f3sitos, ya en el manejo econ\u00f3mico y fiel de lo que distribuye por sus manos. Y si la envidia se ha atrevido a esparcir voces que han podido prevenir al p\u00fablico contra ellas, la Junta no puede menos de decir que todo esto ha sido calumnia propagada por el capricho y por la oposici\u00f3n que encuentran todas las obras se empiezan a honor de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abDurante la invasi\u00f3n francesa, dice el citado Prin Tarrag\u00f3, o sea desde 1810 a 1814, dominaron los franceses en la Ciudad, destinaron estos todo el Hospital para solos los enfermos, pues exist\u00edan ordinariamente de ciento cincuenta a doscientos. Aquellos cinco a\u00f1os los dem\u00e1s enfermos, las Hijas de la Caridad y los exp\u00f3sitos fueron arrinconados en las casas del Callej\u00f3n de Vilagrasa, que aun existen, sufriendo toda clase de privaciones.<\/p>\n<p><em>El Colegio de Barbastro.- <\/em>Ya quedan referidos los principios de esta fundaci\u00f3n debe a los desvelos de sus Misioneros de aquella ciudad y al piadoso legado del Can\u00f3nigo Sr Jim\u00e9nez; pero pronto se vio que las rentas eran insuficientes para una ense\u00f1anza del todo gratuita, lo que oblig\u00f3, en octubre de 1796 al Sr. Murillo a presentar un memorial al Ayuntamiento, pidiendo, a nombre de las Hermanas, alg\u00fan subsidio, y se trat\u00f3 de trasladar las escuelas al centro de la poblaci\u00f3n. \u00abAunque no le pareci\u00f3 muy bien al Sr. Obispo, por haber bastantes comunidades, dijo que s\u00ed, por ser \u00fatiles las Hermanas para la ense\u00f1anza que a los pactos deb\u00eda a\u00f1adirse la obligaci\u00f3n de admitir educandas\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abLos bienes que dej\u00f3 para la fundaci\u00f3n el can\u00f3nigo Jim\u00e9nez no eran suficientes para mantener las maestras, dice Fray Ram\u00f3n de Huesca, ni su casa, donde se establecieron bastante capaz para la habitaci\u00f3n y escuelas, ni proporcionada para la concurrencia de ni\u00f1as, por estar en un extremo de la poblaci\u00f3n. Para evitar estos inconvenientes el Supremo Consejo de Castilla, a s\u00faplica de la Ciudad, se\u00f1al\u00f3 de los propios de la misma, cuarenta reales de vell\u00f3n para comprar una casa, que por su capacidad y situaci\u00f3n fuese a prop\u00f3sito para los fines expresados, y cuatro mil cuarenta y siete reales, en cada un a\u00f1o, del sobrante de dichos propios para la manutenci\u00f3n de seis maestras. En conformidad con estas concesiones se hizo la escritura de capitulaci\u00f3n, en que se expresan los pactos y obligaciones de entrambas partes, la que aprob\u00f3 el Real Consejo, recibiendo la casa de las Hijas de Caridad de Barbastro bajo su inmediata protecci\u00f3n, como consta de su decreto, dado Madrid, a 9 de agosto del a\u00f1o 1799\u00bb.<\/p>\n<p>Glor\u00edase el citado autor de que fuera esta fundaci\u00f3n de Barbastro la propagadora de las Hijas de la Caridad. \u00abSalieron, dice, de Barbastro para fundar la Inclusa de Madrid y cuidado de los exp\u00f3sitos cinco Hermanas de la Caridad, entre ellas Sor Manuela Lecina, Superiora de la casa de Barbastro, en calidad de Superiora de la nueva fundaci\u00f3n. Posteriormente han ido de Barbastro a Madrid, con el mismo destino, en dos veces ocho Hermanas m\u00e1s, cuyo celo en cuidar de los exp\u00f3sitos es bien notorio. Finalmente en el a\u00f1o 1805 fueron a fundar a la ciudad de Pamplona para cuidar de los exp\u00f3sitos tres Hijas de la Caridad, dos de la casa de L\u00e9rida y una de Barbastro. Hay en \u00e9sta de ordinario seis Hermanas, cuyo empleo ahora es la ense\u00f1anza de las ni\u00f1as, conforme a su fundaci\u00f3n, pero est\u00e1n prontas a servir a los pr\u00f3jimos, en los dem\u00e1s oficios de Caridad propios de su Instituto, el que, seg\u00fan resumen de lo dicho, se va propagando por Espa\u00f1a, desde la casa de Barbastro\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed se expresaba en 1807 con noble patriotismo el Historiador de las Iglesias de Arag\u00f3n. Al a\u00f1o siguiente la entrada de las tropas francesas en Barbastro acab\u00f3 con esta ense\u00f1anza. Cuatro de las Hermanas huyeron y se refugiaron en Mallorca y fue lo m\u00e1s lamentable que las tres que se quedaron en la ciudad, j\u00f3venes, pero ya con votos, perdieron su vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cinco a\u00f1os despu\u00e9s y con fecha 1 de septiembre de 1815, aparece en Barbastro Sor Mar\u00eda Blanc, comisionada por los Superiores para reorganizar aquellas escuelas, quien dirige, fecha, en tal fecha al Ayuntamiento la siguiente exposici\u00f3n<\/p>\n<p><em>\u201cIlustre Sr: Sor Mar\u00eda Blanc, Hija de la Caridad y Superiora que es de esta Congregaci\u00f3n en la ciudad de L\u00e9rida, con la mayor atenci\u00f3n y respeto a V.E. expone: Que no pudiendo restablecerse todav\u00eda a su casa o convento de L\u00e9rida, en Catalu\u00f1a, a causa estar invadido aquel suelo por los franceses y teniendo orden expresa de los Superiores de su Congregaci\u00f3n de San Vicente de Pa\u00fal de esta Ciudad, bajo cuya direcci\u00f3n inmediata se halla para permanecer en la presente Ciudad, a fin de negociar y aun de erigir la casa <\/em><em>de Ense\u00f1anza de esta Ciudad, a la primera oportunidad que el estado de las cosas lo permitan y bajo aquellas bases que afiancen la perpetuidad de este Instituto y manutenci\u00f3n de sus <\/em><em>Hermanas compa\u00f1eras, le ha parecido a la que expone haber llegado la \u00e9poca deseada de poder llenar sus deseos y ser en su modo \u00fatil al Com\u00fan de esta Ciudad, con el establecimiento de dicha casa de Ense\u00f1anza, en cuya atenci\u00f3n a V.S, reverentemente suplica venga a bien adoptar las providencias convenientes para el mejor acierto, contando desde luego con la inutilidad de la exponente y de cuatro Hermanas e Hijas de la Caridad que actualmente se hallan emigradas en Mallorca y gustosas se trasladar\u00e1n bajo el directo amparo o inmediata protecci\u00f3n de V. S. a fin de proceder desde luego a la educaci\u00f3n y ense\u00f1anza de cuantas ni\u00f1as quieran concurrir a adquirirla por ma\u00f1ana y tarde, conforme se hallaba antes de ahora estipulado y convenido con el anterior Gobierno de la misma, cuya gracia esperan merecer de la justificaci\u00f3n de V.S. = Barbastro, 1\u00b0 de setiembre de 1813&#8243;. <\/em><\/p>\n<p>El informe del S\u00edndico Procurador D. Joaqu\u00edn Mur fue favorable: <em>\u00abSemejante Instituto, dice, desde aqu\u00e9lla \u00e9poca de la aprobaci\u00f3n del Supremo Consejo, hasta que ocurri\u00f3 ser invadido el pueblo por las tropas francesas, con cuyo motivo dichas maestras se emigraron y los expresados bienes con sus productos fueron secuestrados por el Gobierno intruso, hall\u00e1ndose y continuando en este estado por vuestro leg\u00edtimo Gobierno, habi\u00e9ndose experimentado durante la falta del significado establecimiento, que habr\u00e1 sido la serie de cinco a\u00f1os notable decadencia en la ense\u00f1anza, como que ha dependido de algunas mujeres particulares asalariadas por los padres de las que concurren voluntariamente a igual desempe\u00f1o, careciendo en su lugar de ense\u00f1anza los mendigos o de cortos haberes en raz\u00f3n de lo cual entiende el infrascrito Prior S\u00edndico ser de la obligaci\u00f3n del Ayuntamiento Constitucional\u2026 organizar el consabido establecimiento, que con conocido adelantamiento de las ni\u00f1as, tanto en los principios de nuestra religi\u00f3n cat\u00f3lica, como en las faenas propias de su <\/em><em>sexo, desempe\u00f1aron las predichas maestras bajo el sistema y reglas prescritas en su escritura de fundaci\u00f3n otorgada en la presente ciudad por el Ayuntamiento de la misma <\/em>y <em>D. Juli\u00e1n Lacambra, Vicesuperior de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n de ella y Sor Manuela Lecina, Superiora de las predichas monjas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Con esto se pudo ya dar por establecido el Colegio, quedando en \u00e9l de Superiora la exponente Sor Mar\u00eda Blanc.<\/p>\n<p><em>Hospital y Ense\u00f1anza de Reus. <\/em>El antiguo Hospital de Reus, donde al principio se establecieron las Hermanas, estaba situado en la calle que, aun hoy, se llama del Hospital. Aun se conserva el edificio con su capilla p\u00fablica, dedicados el uno y la otra a usos profanos.<\/p>\n<p>Las Hermanas de tal manera lograron atraerse al vecindario por sus buenos servicios, as\u00ed con los enfermos como con las ni\u00f1as de sus escuelas, que pronto pudieron tener rentas propias con que vivir con independencia y, \u00aben 31 de diciembre de 1801, fue convenido entre la Administraci\u00f3n y las Hijas de la Caridad, que supuesto que las rentas de \u00e9stas ascend\u00eda ya a 1360 libras, se separasen desde aquel d\u00eda del gasto com\u00fan de los enfermos, cuidando ellas por s\u00ed solas de las rentas\u00bb. La administraci\u00f3n les seguir\u00eda concediendo la ropa blanca de mesa y cama, los enseres destinados a su uso, as\u00ed como el fuego, jab\u00f3n y coladas. As\u00ed lo comunicaba Sor Luc\u00eda Revent\u00f3s al Ayuntamiento.<\/p>\n<p>Esta prosperidad econ\u00f3mica hab\u00eda permitido aumentar notablemente el n\u00famero de Hermanas, pues eran 15 y nueve de ellas estaban dedicadas a la educaci\u00f3n y ense\u00f1anza de cerca de quinientas ni\u00f1as. El Pbro. D. Tom\u00e1s Pedreny fue uno de sus m\u00e1s insignes bienhechores durante la vida: y, a su muerte, les hizo el legado de su propia casa. Otra persona caritativa. D\u00f1a. Mar\u00eda Suliva, \u00abcompadecida de las Hermanas, que por su edad y achaques se ve\u00edan reducidas a pasar el resto de sus d\u00edas en el estrecho recinto de su habitaci\u00f3n, leg\u00f3 a dicho establecimiento o Hermanas, que cuidaran de los enfermos, una peque\u00f1a granja con sus tierras, conocida por Mas de las Monjas. Efectivamente, la proximidad de la finca, su amena y solitaria posici\u00f3n quiz\u00e1 haya prolongado los d\u00edas y devuelto la salud a muchas Hijas de la casa de Se\u00f1or.\u00bb Esto dec\u00edan posteriormente las Hermanas, cuando la ley de Desamortizaci\u00f3n se la arrebat\u00f3.<\/p>\n<p>A la entrada de las tropas francesas no parece que el Hospital ni las Escuelas sufriera trastorno alguno, aunque no se libraron de sustos.<\/p>\n<p><em>Inclusa de Pamplona. <\/em>De esta casa no hallamos m\u00e1s referencias de estos a\u00f1os de la guerra de la Independencia que estudiamos, sino una alusi\u00f3n de lo mucho que trabajaron entonces en favor de los ni\u00f1os exp\u00f3sitos. Sor Magdalena Piguill\u00e9n, Superiora ejemplar\u00edsima desde la fundaci\u00f3n hasta 1837, en que muri\u00f3, lo cual indica que el establecimiento de las Hermanas subsisti\u00f3.<\/p>\n<p><em>Tortosa: Fundaci\u00f3n de la Misericordia = <\/em>En v\u00edsperas de la invasi\u00f3n francesa, a 5 de abril de 1808, h\u00edzose la Escritura de bases para la admisi\u00f3n de Hijas de la Caridad en la casa Misericordia.<\/p>\n<p>Fue debida esta fundaci\u00f3n al celo y caridad del piadoso De\u00e1n de aquella catedral, Don Manuel Guerra, Director del Establecimiento, quien, obtenida la Real Orden, consigui\u00f3 del Ilmo. Sr. Torres, obispo de L\u00e9rida la cesi\u00f3n de una Hermana de su hospital, Sor Antonia Borg\u00f3n, que fue nombrada Superiora de la nueva comunidad.<\/p>\n<p>Con este motivo el P. Sob\u00edes escrib\u00eda, en 24 de enero de aquel a\u00f1o, a la Junta del Hospital de L\u00e9rida, que presid\u00eda el Obispo, las siguientes frases encomi\u00e1sticas, bien merecidas por aquella Junta magn\u00edfica. \u00abMuy Se\u00f1or m\u00edo de mi primera veneraci\u00f3n. Con motivo de la nueva fundaci\u00f3n, que Su Majestad ha decretado cuiden del Hospicio que se ha erigido para exp\u00f3sitos y hu\u00e9rfanas, me es indispensable&#8230; extraer a Sor Antonia de ese hospital para constituirla Superiora de esa fundaci\u00f3n&#8230; Yo me prometo del prudente y exacto\u00a0 juicio de V.S. y del amor al bien p\u00fablico, que no pondr\u00e1n dificultad en que se saque a Sor Antonia para fin tan grande y por otra parte tan honroso para ese Hospital, pues es como la madre, en donde se forman excelentes Hijas de la Caridad para proveer los nuevos establecimientos que Su Majestad se digna conceder para alivio de los pobres, lo que ha de servir de mucha satisfacci\u00f3n a Su Se\u00f1or\u00eda, pues, en el d\u00eda, se encuentran tres Superioras, Hijas criadas en ese santo Hospital. Queda a mi cargo llenar el hueco que deja Sor Antonia.\u00bb<\/p>\n<p>Por su parte el Sr. De\u00e1n de Tortosa, en 27 de marzo dec\u00eda al Sr. Obispo de L\u00e9rida: \u00abY como hace tanto tiempo que deseo y solicito este beneficio, por la urgent\u00edsima necesidad que tienen estos pobres de \u00e9l, despu\u00e9s de dar a VV.SS., las m\u00e1s rendidas gracias por el gran bien que en esto he recibido, pienso no perder un momento el tiempo y escribo por este mismo correo al Presidente de la Misi\u00f3n de Reus, D. Francisco Camprod\u00f3n, para que desde luego env\u00ede a mi nombre persona de su confianza que pase a esa, en busca de la referida Sor Antonia, para trasladarla a Reus, donde yo estar\u00e9 para recibirla y traerla a \u00e9sta \u00bb<\/p>\n<p>Es de advertir, para entender mejor esta delicada correspondencia y singular aprecio, que en ella se hace de las Hermanas, que, entonces las Hijas de la Caridad en toda Espa\u00f1a no eran m\u00e1s que cuarenta y cinco, descontadas las cinco que hab\u00edan fallecido y seis que no hab\u00edan perseverado.<\/p>\n<p>Esta fundaci\u00f3n de Tortosa, que a\u00f1os m\u00e1s tarde aparecer\u00e1 aureolada con resplandores de gloria y de martirio, fue suprimida en 1810, durante la invasi\u00f3n francesa, sin que tengamos m\u00e1s pormenores de ella, pero fue restablecida en 1815.<\/p>\n<p><em>Hospital de C\u00e1diz. <\/em>Aunque no de una manera permanente, fue en este hospital, donde por primera vez, Andaluc\u00eda, tan fecunda luego en fundaciones de Hijas de la Caridad, conoci\u00f3 sus caritativos servicios. Sin que conste el motivo, cuando en 1808 las tropas francesas entraron en Madrid, dos de las Hermanas de la Inclusa, Sor Josefa Miguel, una de las seis primeras fundadoras y Sor C\u00e1ndida Bofil, de las antiguas recibidas en Espa\u00f1a, huyeron de la Corte y fueron a refugiarse en el hospital de C\u00e1diz, donde ejercitaron su caridad no pocos a\u00f1os, pues hasta 1818, no volvieron a Madrid con la licencia del Sr. Camprod\u00f3n.<\/p>\n<p>Vamos a cerrar este cap\u00edtulo echando una mirada sobre la notable influencia que ya las Hijas de San Vicente en la beneficencia de nuestra Patria.<\/p>\n<p>Apenas establecidas en Barcelona, la Junta de Zaragoza ped\u00eda informes para introducirlas en su Hospital; y aunque no acert\u00f3 la Junta de Barcelona a enfocar el esp\u00edritu de las Hijas de la Caridad que all\u00ed, por vez primera se fundaron, queriendo reducirlas a los estrechos l\u00edmites de aquella casa, no dej\u00f3 de beneficiarse de su estancia, pues al salir las Hermanas, se form\u00f3 una Congregaci\u00f3n similar en sus fines, con varias j\u00f3venes que con ellas se formaron y bajo la presidencia de una de las antiguas, Sor Teresa Cort\u00e9s; Congregaci\u00f3n que aun perdura y se ramifica.<\/p>\n<p>Al poco tiempo de reorganizarse en Madrid la Inclusa, bajo el servicio de las Hijas de la Caridad, de varias casas cunas de provincias acud\u00edan pidiendo informes y direcciones para hacer lo mismo. Mayor fue la influencia de las Hermanas del Hospital de Reus. All\u00ed fue donde el P. Bonal, santo sacerdote y ap\u00f3stol de Caridad sac\u00f3 el molde para fundar, en el Hospital de Gracia de Zaragoza el Instituto de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, hoy tan extendidas por todas partes. De Reus sali\u00f3 tambi\u00e9n, a\u00f1os despu\u00e9s, el germen de 12 Hermanas de la Consolaci\u00f3n de la Madre Molas. En Vals, Cervera, Tarragona, Gerona y Huesca se fundaron Hermandades de piadosas enfermeras de car\u00e1cter meramente local para el servicio de sus hospitales, y a su ejemplo, varios otros ped\u00edan informes y orientaciones para hacer lo mismo. Estas piadosas asociaciones eran del todo independientes unas de otra y se reg\u00edan por los estatutos, que cada administraci\u00f3n las se\u00f1alaba, y en su vida y m\u00e9todo se dejaba sentir como un reflejo de la vida y m\u00e9todo de las Hijas de San Vicente. Era indudable que el servicio de \u00e9stas caritativas Hermanas, por deficiente que fuese, representaba un notable progreso si se comparaba con el servicio de personas asalariadas.<\/p>\n<p>En tales circunstancias el P. Bonal y su digno amigo D.Jaime Cesat, P\u00e1rroco de Vals, concibieron, con miras las m\u00e1s patri\u00f3ticas y cristianas, el proyecto de unificar toda esas Hermandades de Caridad en una sola, estudiando los medios conducentes para realizarle. Tal es el contenido de la notable carta que, con fecha 11 de octubre, 1808, dirige Cesat al P.Bonal, y que tiene relaci\u00f3n \u00edntima con las Hijas de San Vicente o Paulas como las llama.<\/p>\n<p>\u00abMuy Se\u00f1or m\u00edo y amado hermano en Jes\u00fas: He recibido su apreciada carta del 4 de los corrientes, relativa a los consabidos asuntos de los Hospitales. Y en su contestaci\u00f3n debo hacerle a V. presente que, cuando le dije que la experiencia me hab\u00eda hecho conocer que pod\u00edan sin peligro las Hermanas servir a los enfermos de los Hospitales, apoyaba tambi\u00e9n mi modo de pensar en los que las dio San Vicente, aun para servir en los hospitales de los ej\u00e9rcitos y envi\u00e1ndolas a diferentes pa\u00edses, debiendo precisamente pasar por otros infestados de herejes.<\/p>\n<p>Mi proposici\u00f3n pues, no se extend\u00eda solamente a los enfermos de medicina sino tambi\u00e9n a los de cirug\u00eda, bien que siempre debe entenderse con cierto temperamento, d\u00e1ndoles caldo y medicinas, pero no aplicando remedios al cuerpo ni asistiendo a la curaci\u00f3n de los heridos, sino prestando antes las vendas, trapos, hilas, etc. y entreg\u00e1ndolo a los Hermanos los cuales, aunque en menor n\u00famero, siempre son necesarios para aquellos objetos y para los hombres delirantes. Aun a los ven\u00e9reos podr\u00e1n asistir seg\u00fan este mismo m\u00e9todo, sin peligro de su salud espiritual, pero en estos casos, las m\u00e1s proyectas, las m\u00e1s modestas; y si las hubiese viudas, ser\u00eda muy oportuno que en preferencia se aplicasen a este servicio. El glorioso San Vicente no se par\u00f3 en la vida licenciosa, que com\u00fanmente tienen los soldados ni en si los enfermos eran turcos o herejes Las de su tiempo, sirvieron a toda clase de enfermos, sin haberse experimentado que las voces descompuestas de aquellos les hiciese impresi\u00f3n, antes, leemos que la ejemplar paciencia de una de las Hermanas en sufrir las injurias, fue el motivo de la pronta y muy portentosa conversi\u00f3n de un turco.<\/p>\n<p>Amigo, en los principios de nuestro establecimiento hice muchas reflexiones que me inclinaban a pensar de otro modo, pero la conducta de San Vicente me ha animado mucho. Aqu\u00ed no he visto m\u00e1s que cinco o seis enfermos g\u00e1licos, pero a \u00e9stos les ha servido especialmente nuestra Superiora, no m\u00e1s que en lo que permite la decencia; y con su caridad y exhortaciones creo los gan\u00f3 para Jesucristo. Tan brillantes son los efectos de la reina de las virtudes.<\/p>\n<p>En cuanto a la Superiora de Cervera me, confirmo en que habr\u00e1 no poca dificultad. Por lo que toca a las postulantas se ir\u00e1 practicando y Vds. dispondr\u00e1n como mejor parezca; y, si viene, podr\u00e1 determinar sobre ellas.<\/p>\n<p>El proyecto de uniformidad en todas las Hermandades lo considero muy importante, pero\u00a0 no menos arduo. No s\u00e9 si V. extiende la uniformidad a todas las de Espa\u00f1a o solamente entre las del Reino de Arag\u00f3n y provincias de Catalu\u00f1a. Si lo primero, seria del caso que en Madrid tuvieran las Hermanas una Superiora General, que lo fuese durante su vida y que, falleciendo \u00e9sta, se juntase all\u00ed una de las Superioras de todas las casas de cada provincia para nombrar la nueva Superiora General y que el nombramiento de la que deber\u00eda ir, recayese sobre la Superiora de cada provincia, que tuviese m\u00e1s a\u00f1os de Hermandad, pagando los gastos de su viaje todas las casas de la Provincia.<\/p>\n<p>Las Superioras particulares de las casas parece que tambi\u00e9n deber\u00edan serlo durante su vida y que la elecci\u00f3n se hiciese por las mismas Hermanas de la casa, obteniendo, empero, antes de la posesi\u00f3n, la confirmaci\u00f3n de la Superiora General: y durante la vacante, deber\u00eda gobernar, en el primer caso, la m\u00e1s antigua de las Superioras; y en el segundo, la m\u00e1s La de h\u00e1bito de la casa. Las frecuentes elecciones fomentan discordias.<\/p>\n<p>La Superiora General y, por consiguiente, toda la Hermandad deber\u00eda tener sello que consistiese en un c\u00edrculo con una cruz en medio y alrededor escrito: Hermandad de Caridad; y al reverso escrito al medio: Espa\u00f1a u otra cosa semejante.<\/p>\n<p>Cuando conviniera trasladar alguna Hermana de una casa a otra, deber\u00eda representarse por la Superiora local a la General y \u00e9sta, bien informada, despachar la orden sellada, teniendo para esto un formulario con el nombre en blanco y dejando tambi\u00e9n lugar para se\u00f1alar la casa a que se destinare. Pero deber\u00eda suceder raras veces y solamente con graves motivos para ahorrar gastos a las administraciones.<\/p>\n<p>Las Reglas y formas de h\u00e1bito, los cuatro votos simples por un a\u00f1o, su renovaci\u00f3n del consejo de los directores, etc. todo habr\u00e1 de ser lo mismo en todas las casas. En lo espiritual estar sujetas a los Ilmos. Se\u00f1ores Obispos, que cuidasen de se\u00f1alarles directores. En lo temporal a las Administraciones, d\u00e1ndoles raci\u00f3n o dinero y lo dem\u00e1s que necesitan para s\u00ed y para los enfermos, llevando las Hermanas cuenta de carga y data, que presenten cada mes a la Administraci\u00f3n y se las ponga el visto bueno. La admisi\u00f3n de Hermanas deber\u00eda ser peculiar a \u00e9stas.<\/p>\n<p>Si V. entiende la uni\u00f3n entre las del Reino de Arag\u00f3n y Provincia de Catalu\u00f1a, podr\u00eda establecerse una cosa semejante; pero, en todo caso, no faltar\u00e1n dificultades, porque se ha\u00a0 de tropezar con Ayuntamientos. Administradores y con las Pa\u00falas, si se trata de reunir las suyas a nuestras Hermandades, que tal vez ser\u00e1 lo mejor.<\/p>\n<p>De cualquier modo, esta pretensi\u00f3n se ha de entablar por una Junta. En la actualidad, ninguna puede hacerlo mejor que la de esa Ciudad (Zaragoza). Ha de entender en el plan el Exmo. Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo y sin la aprobaci\u00f3n de los dos en la debida forma, nada adelantar\u00edamos.<\/p>\n<p>Todo lo que llevo dicho no es m\u00e1s que un bosquejo hecho con precipitaci\u00f3n. Puede\u00a0 hacerse mejor y con otras prevenciones muy importantes. No faltan ah\u00ed personas de muchas\u00a0 luces y acendrada Caridad para realizarlo y protegerlo. Yo no he hecho m\u00e1s que manifestar a V. mis sinceros deseos y que entienda que los establecimientos de las Hermanas har\u00e1n mayores progresos, si se fundan sobre bases m\u00e1s s\u00f3lidas que las que han tenido hasta aqu\u00ed. Pero tambi\u00e9n conozco que s\u00f3lamente una autoridad superior es capaz de allanar un sin n\u00famero de dificultades, que puedan ofrecerse, y que el enemigo de todo lo bueno no dejar\u00eda de presentar.<\/p>\n<p>Quiera Dios bendecirlo todo y V. encomi\u00e9ndeme esta obra con sus fervorosas oraciones. Saludo a toda esa Hermandad y ruego al Se\u00f1or guarde a V., los muchos a\u00f1os que desee su SS. y H\u00b0 en Jes\u00fas, que b.s.m. de Vd. Jaime Cesat.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las Hijas de la Caridad en la Guerra de la Independencia. La Inclusa y Colegio de la Paz. 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Murillo que, como queda dicho, hab\u00eda acompa\u00f1ado a las Hermanas que fueron a la fundaci\u00f3n de la Inclusa de Madrid, nos relata el origen del Real Noviciado de las Hijas de la Caridad, con estas palabras: \"Noticioso el Rey del feliz desempe\u00f1o\u2026","rel":"","context":"En \u00abHistoria de las Hijas de la Caridad\u00bb","block_context":{"text":"Historia de las Hijas de la Caridad","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/historia-de-la-familia-vicenciana\/historia-de-las-hijas-de-la-caridad\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]},{"id":387415,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-ix\/","url_meta":{"origin":387685,"position":3},"title":"La Provincia espa\u00f1ola de las Hijas de la Caridad (IX)","author":"Mitxel Olabu\u00e9naga","date":"20\/05\/2016","format":false,"excerpt":"Fundaci\u00f3n de la Inclusa, continuaci\u00f3n. Habiendo venido a Madrid, el Sr. Visitador para entender en el establecimiento del Real Noviciado, quiso aprovechar su estancia para asentar las bases de la Contrata de las Hermanas con la Inclusa, pues no pod\u00edan \u00e9stas estar a merced de cualquier antojo de aquellas nobles\u2026","rel":"","context":"En \u00abHistoria de las Hijas de la Caridad\u00bb","block_context":{"text":"Historia de las Hijas de la Caridad","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/historia-de-la-familia-vicenciana\/historia-de-las-hijas-de-la-caridad\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]},{"id":387670,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xix\/","url_meta":{"origin":387685,"position":4},"title":"La Provincia espa\u00f1ola de las Hijas de la Caridad (XIX)","author":"Mitxel Olabu\u00e9naga","date":"19\/06\/2016","format":false,"excerpt":"Feliz arreglo del Real Noviciado'. Suele la Divina Providencia servirse de sucesos al parecer impertinentes para fines transcendentales. Tal fue el acontecimiento decisivo en el feliz arreglo del Real Noviciado. Viudo el Rey Fernando VII de su primera mujer, se celebraron bodas reales en el oto\u00f1o de 28.09.1816 y vino\u2026","rel":"","context":"En \u00abHistoria de las Hijas de la Caridad\u00bb","block_context":{"text":"Historia de las Hijas de la Caridad","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/historia-de-la-familia-vicenciana\/historia-de-las-hijas-de-la-caridad\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]},{"id":387424,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xii\/","url_meta":{"origin":387685,"position":5},"title":"La Provincia espa\u00f1ola de las Hijas de la Caridad (XII)","author":"Mitxel Olabu\u00e9naga","date":"29\/05\/2016","format":false,"excerpt":"Inauguraci\u00f3n del Real Noviciado. Preparadas as\u00ed las cosas, faltaba a\u00fan lo m\u00e1s principal cual era las Hermanas que hab\u00edan de ser como las piedras angulares de la fundaci\u00f3n. Por eso la activa Condesa de Trull\u00e1s escrib\u00eda, en 25 de diciembre de aquel a\u00f1o, al Ayuntamiento Reus diciendo: \"Creo que VV.\u2026","rel":"","context":"En \u00abHistoria de las Hijas de la Caridad\u00bb","block_context":{"text":"Historia de las Hijas de la Caridad","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/historia-de-la-familia-vicenciana\/historia-de-las-hijas-de-la-caridad\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]}],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/387685","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=387685"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/387685\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/387927"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=387685"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=387685"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=387685"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}