{"id":387676,"date":"2016-06-22T08:37:36","date_gmt":"2016-06-22T06:37:36","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387676"},"modified":"2016-07-27T12:10:48","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:48","slug":"la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xx","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xx\/","title":{"rendered":"La Provincia espa\u00f1ola de las Hijas de la Caridad (XX)"},"content":{"rendered":"<p><em><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-387487 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/LOGO-HHC.gif?resize=161%2C212\" alt=\"LOGO HHC\" width=\"161\" height=\"212\" \/>Semblanza de Sor Manuela Lecina. <\/em>Naci\u00f3 Sor Manuela Lecina en Besians, peque\u00f1a aldea del Obispado de Barbastro, hoy agregada a la feligres\u00eda de Perarr\u00faa, en 6 de agosto de 1760. El mismo d\u00eda recibi\u00f3 las aguas del Santo Bautismo&#8217;. A los seis a\u00f1os recibi\u00f3 el santo sacramento de la Confirmaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Dada la peque\u00f1ez del lugar, es de creer que, en aquellos primeros a\u00f1os, no pudo tener Sor Manuela m\u00e1s escuela que el empleo y el hogar.<\/p>\n<p>Tenemos un indicio, casi prueba de que recibi\u00f3 en Barbastro la educaci\u00f3n y ense\u00f1anza convenientes para su futuro destino y es el siguiente: D. Jos\u00e9 Bar\u00f3n, Cura Rector de Besians ten\u00eda amistad antigua y casi familiar con los Lecina. El cas\u00f3 a los padres de Sor Manuela ea 1754; \u00e9l bautiz\u00f3 a \u00e9sta y todos sus cinco hermanos, y en el bautismo de uno de ellos, Blas Felipe, en 1763, aparece como madrina Isabel Bar\u00f3n, de Barbastro. Esta Isabel Bar\u00f3n, hermana sin duda del Cura de Besians y residente en Barbastro, era persona tan instru\u00edda <strong>y <\/strong>capacitada en la ense\u00f1anza, que cuando a\u00f1os m\u00e1s tarde, el Superior de Barbastro, P. Dur\u00e1n determin\u00f3 abrir ya la escuela de ni\u00f1as que hab\u00eda proyectado confiar a las Hijas de la Caridad cuando viniesen a Espa\u00f1a, propuso al Ayuntamiento, y asi se aprob\u00f3, seg\u00fan el libro de actas en sesi\u00f3n de 30 de julio de 1783, que fuera nombrada una de las maestras de ni\u00f1as la dicha Isabel Bar\u00f3n. Era, pues lo m\u00e1s natural que, dada la antigua amistad entre la familia de las Bar\u00f3n de Barbastro y la de Sor Manuela, \u00e9sta se hubiera educado en casa de Isabel. Lo dem\u00e1s vino por sus pasos contados. All\u00ed fue conocida y dirigida por el P. Dur\u00e1n, quien muy selectas dotes hubo de descubrir en aquella doncella campesina cuando la eligi\u00f3 como una de las piedras fundamentales del Instituto de las Hijas de la Caridad en Espa\u00f1a, hasta sufragar los gastos no peque\u00f1os, que para ello ser\u00edan necesarios.<\/p>\n<p>Efectivamente, en 18 de marzo de 1782, sali\u00f3 en compa\u00f1\u00eda de las otras cinco j\u00f3venes designadas, que desde Barcelona salieron para Francia, en cuyo Noviciado fueron recibidas,<br \/>\n25 de agosto. Cinco a\u00f1os m\u00e1s tarde y justamente el d\u00eda en que cumpl\u00eda sus veintisiete a\u00f1os de edad, seis de agosto de 1787, pronunci\u00f3 sus santos votos y qued\u00f3 definitivamente incorporada al Instituto de S. Vicente.<\/p>\n<p>No hemos de repetir aqu\u00ed los sucesos de su vuelta a la patria y los empleos a que fue destinada en Barcelona y en Barbastro, ni las vicisitudes amargas de la fundaci\u00f3n del Real Noviciado y las privaciones y penurias a que se vio sujeta, durante la guerra de la Independencia, en la Inclusa de la Corte.<\/p>\n<p>Ya queda referido tambi\u00e9n en su cap\u00edtulo correspondiente, la salida de Sor Manuela de Madrid y las razones poderosas que lo aconsejaban. La obediencia hab\u00eda guiado siempre sus pasos por pura obediencia hab\u00eda aceptado el cargo de Superiora principal, al que se resist\u00eda su humildad. Por obediencia hab\u00eda subido a aquella cumbre tan visible en la Corte, donde se vi\u00f3 mimada por las Se\u00f1oras de la Nobleza y hasta por los mismos Reyes. Pero pronto hubo de conocer que aquella cumbre iba a ser para ella el calvario que Dios la preparaba para su inmolaci\u00f3n y, como el Se\u00f1or en el Huerto, aunque rehus\u00f3 el c\u00e1liz, cuando vio manifiesta la voluntad divina en la de sus Superiores, lo bebi\u00f3 hasta las heces.<\/p>\n<p>Alma sensible y delicada, firmemente adicta a su vocaci\u00f3n, tuvo que sufrir las m\u00e1s hondas amarguras al ver la ceguedad de una de sus Hermanas, que no s\u00f3lo hab\u00eda roto sus sagrados compromisos, sino que maquinaba la ruina de todo el Instituto y a punto estuvo de conseguirlo, guiada y apoyada de los altos poderes civiles y eclesi\u00e1sticos de Madrid.<\/p>\n<p>Todo lo venci\u00f3 la humildad, la paciencia y la vida de oraci\u00f3n de Sor Manuela. Su humildad evit\u00f3 choques perjudiciales e in\u00fatiles, en aquellas delicad\u00edsimas circunstancias. Supo esperar con paciencia la hora de Dios, retir\u00e1ndose con prudencia del Real Noviciado a la Inclusa, sin m\u00e1s consuelo, en aquellas horas amargas, que desahogarse a los pies de Jes\u00fas Crucificado, recurso eficaz de todos los Santos. Y Sor Manuela sinti\u00f3, tambi\u00e9n, este consuelo celestial cuando, \u00aben un d\u00eda de gran tribulaci\u00f3n y completo desamparo de las criaturas el Santo Cristo, dice un antiguo documento de la Inclusa, consol\u00e9 a la Superiora con las siguientes palabras: \u00abAnimo, hija m\u00eda, esta planta tan tierna y al parecer muerta, convertida en \u00e1rbol, extender\u00e1 sus ramas a ambos mundos\u00bb.<\/p>\n<p>Consolada con esta dulce promesa sali\u00f3 de Madrid, como queda dicho Sor Manuela Lecina acompa\u00f1ada de su hermana Sor Basilia.<\/p>\n<p>El benem\u00e9rito historiador P. Nieto trat\u00f3 de este sobrenatural favor. Por la confrontaci\u00f3n de letras podr\u00edamos hoy sacar si el citado documento fue escrito por el P. Murillo, seg\u00fan es<br \/>\nde creer, o acaso por la misma Sor Manuela, en tercera persona. Lo cierto es que el escrito proven\u00eda de la colecci\u00f3n de documentos de la Inclusa de Madrid, que por ser todos ellos en defensa de la no separaci\u00f3n, permanecieron siempre en poder de las Hermanas de lnclusa hasta no hace muchos a\u00f1os en que se incorporaron al archivo de nuestra casa central de Garc\u00eda de Paredes. Conviene tener esto presente para corroborar que para nada se refiere el documento a Sor Luc\u00eda Revent\u00f3s, a quien lo atribuy\u00f3 equivocadamente el P. Roura, que fu el primero en publicarlo.<\/p>\n<p>El Sr.Visitador, con solicitud personal, pidi\u00f3 algunos auxilios a la Junta de la Inclusa para los gastos de su estancia en la Casa de Barbastro, que empobrecida por la guerra, apenas si pod\u00eda sufragar sus propias necesidades.<\/p>\n<p>\u00abCon esta ocasi\u00f3n, dec\u00eda el Sr. Segura, en 22 de julio de 1815, con la mayor sumisi\u00f3n y humildad hago presente a V. Excia. que las dos que partieron de esa Inclusa con motivo de enfermedad, Sor Manuela Lecina y su hermana Sor Basilia, gastaron no poco en su viaje y otro tanto han hecho en el pobre establecimiento de Barbastro, en donde han estado bastante tiempo enfermas\u00bb. De cuyas palabras parece deducirse que ya, en aquella fecha, estaban restablecidas y trasladadas a la casa de L\u00e9rida, no sin antes, como era natural, haber pasado alguna temporada al lado de su familia en el vecino pueblo de Besians, su pueblo natal, corta distancia de Barbastro.<\/p>\n<p>\u00abPor lo que mira a la contribuci\u00f3n que se exigi\u00f3 a fin de socorrer a las Hermanas Lecina y Basilia, (que ellas nunca han pedido) supuesto que la Inclusa, escrib\u00eda el P. Visitador, se halla atrasada, nada hay que decir sino que la Congregaci\u00f3n, a pesar de los muchos gastos que ha sufrido por el bien de este Instituto queda encargada de ayudar a su manutenci\u00f3n esperando que el Se\u00f1or, rico en misericordia, le suministrar\u00e1 los medios m\u00e1s propios para este efecto\u00bb.<\/p>\n<p>El no haber sido adscrita Sor Manuela Lecina en ninguna de las casas entonces existente en el norte, Barbastro, L\u00e9rida, Tortosa o Pamplona, indica claramente el estado de interinidad en que la dejaron los Superiores en espera de que, arreglado el asunto del Noviciado, pudiera volver a su puesto de Superiora principal del Instituto, cargo que le hab\u00eda sido otorgado por el Visitador y corroborado en la Real Orden fundacional del Noviciado. Ello prueba tambi\u00e9n la gran confianza que se ten\u00eda de su valor y de su virtud y que su salud aunque delicada, era suficiente para desempe\u00f1ar el alto cargo a que fue destinada, no si gran resistencia de su humildad.<\/p>\n<p>Ya dijimos que la primera impresi\u00f3n de las Reglas de S. Vicente coincidi\u00f3 con estancia en Barbastro de Sor Manuela. Con qu\u00e9 satisfacci\u00f3n tomar\u00eda en sus manos aquel librito que conten\u00eda el objeto de sus amores, de sus desvelos y de sus sufrimientos. Esta impresi\u00f3n de las Reglas de las Hijas de la Caridad fue el m\u00e1s eficaz argumento contra los favores de las nuevas Constituciones y Dios premi\u00f3 la fidelidad de Sor Manuela dej\u00e1ndola ver el triunfo tan deseado.<\/p>\n<p>Referido queda el proceso de las nuevas Reglas del Sr. Patriarca de las Indias, que fueron aprobadas por su Santidad en Aula del 26 de marzo de 1816. Triunfo ef\u00edmero, pues sin haberse llegado a ejecutar dicha Bula, fue derogado por otra de 22 de junio de 1818, que devolv\u00eda al Superior de la Misi\u00f3n la direcci\u00f3n de todas las Hijas de la Caridad en Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>Si grande fue el j\u00fabilo de toda la Congregaci\u00f3n por tan feliz nueva, f\u00e1cil es de calcular el que alcanz\u00f3 a Sor Manuela que tanto hab\u00eda sufrido y esperado. Hall\u00e1base ella, a la saz\u00f3n en Zaragoza, de regreso a Madrid, en donde juzgaron los Superiores necesaria su presencia, en vista del buen sesgo que presentaba ya el asunto del Real Noviciado, con la decidida protecci\u00f3n de la Reina. Hab\u00eda salido de L\u00e9rida o de Barbastro a principios de 1818, en el rigor del invierno, por aquellos caminos dif\u00edciles, hasta Calatayud, en que comenzaba el camino real. Acompa\u00f1ada de su hermana Sor Basilia, det\u00favose en Zaragoza a descansar y a satisfacer su filial devoci\u00f3n a la Sant\u00edsima Virgen del Pilar. En el camino cogi\u00f3 un fuerte resfriado que la oblig\u00f3 a prolongar su estancia, primero en la familia Altaoja y despu\u00e9s en el Hospital, entre las Hermanas de Santa Ana. Cuando ya restablecida, se dispon\u00eda a continuar su viaje una reca\u00edda la postr\u00f3 para no levantarse m\u00e1s y, en 24 de julio de aquel mismo a\u00f1o, entreg\u00f3 santamente su alma a Dios, en una celda de aquel Hospital.<\/p>\n<p>La circunstancia de haber muerto Sor Manuela Lecina lejos de la Comunidad a que pertenec\u00eda y, m\u00e1s que nada, el haber coincidido su muerte con aquel momento transcendental del Instituto de las Hijas de la Caridad, cuando la decisi\u00f3n Real y Pontificia cort\u00f3 de ra\u00edz aquel germen peligros\u00edsimo de divisi\u00f3n, hizo que la memoria de Sor Manuela cayera poco a poco en el olvido. Su cargo, su talento, sus virtudes y su fidelidad a la Reglas de San Vicente bien merec\u00edan una nota en su elogio. Acaso la hicieran los libros de la Inclusa de Madrid que no han llegado a nosotros; en el de difuntas del Noviciado leemos exactamente: \u00abMuri\u00f3 en el Hospital de Zaragoza, en 24 de julio de 1818\u00bb.<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan; en el libro antiguo del personal de mismo Noviciado, en manos entonces de Sor Luc\u00eda Revent\u00f3s, Superiora en \u00e9l, tolerada durante muchos a\u00f1os, no se la perdon\u00f3, ni aun despu\u00e9s de muerta, la tenaz resistencia que opuso a todo intento de separaci\u00f3n; leemos all\u00ed esta. denigrante nota, que no se puede oir sin indignaci\u00f3n: \u00abSor Manuela Lecina &#8230; muri\u00f3 en Zaragoza<em>. <\/em>Los Superiores la hab\u00edan enviado a tomar aires y ba\u00f1os, porque hac\u00eda mucho tiempo estaba trastornada de la cabeza. Era de la Inclusa de esta Corte.\u00bb<\/p>\n<p>Fue medida de prudencia, aconsejada por las circunstancias, echar un velo de piadoso olvido a todo lo pasado. Cualquier recuerdo de Sor Manuela hab\u00eda de tocar necesariamente en la herida apenas resta\u00f1ada de aquellas Hermanas reci\u00e9n obligadas a unirse. Los Superiores toleraron que Sor Luc\u00eda Revent\u00f3s continuara al frente del Real Noviciado, pues segu\u00eda contando con muy poderosas influencias y Sor Manuela Lecina hab\u00eda sido siempre irreducible obst\u00e1culo a sus pretensiones de separaci\u00f3n. Ning\u00fan valor, pues, tiene esa nota denigrante ante los repetidos testimonios que de su talento y de su virtud, nos han dejado personas que, como el virtuoso P. Murillo, la trataron \u00edntimamente.<\/p>\n<p>Pero eran designios de la Divina Proviclencia que la memoria de tan santa y digna Hija de San Vicente no quedara para siempre en el olvido.<\/p>\n<p>La noticia consignada en los libros del Noviciado de Jes\u00fas, de que Sor Manuea Lecina hab\u00eda muerto en el Hospital de Zaragoza, nos movi\u00f3 a buscar en el archivo de este centro ben\u00e9fico su partida de defunci\u00f3n u otros datos relativos a dicha Hermana aunque sin resultado positivo. Pero era natural que entre las Hermanas de Santa Ana de aquel Hospital pudiera haber algunas noticias referentes al particular y, siendo cierto que estas religiosas recib\u00edan antiguamente sepultura en la Cripta de su Iglesia, nada tendr\u00eda de extra\u00f1o que Sor Manuela hubiera sido all\u00ed enterrada. Con esta idea las Hermanas de Santa Ana desearon inspeccionar los nichos de la cripta y el d\u00eda 12 de junio de 1930, se\u00f1alado por la autoridad eclesi\u00e1stica, tuvo lugar el reconocimiento.<\/p>\n<p>Reunidos all\u00ed el muy Iltre. Sr.Vicario General de la Di\u00f3cesis de Zaragoza, D. Jos\u00e9 Mur. la muy Reverenda Madre General de las Hermanas de Santa Ana con su Consejo y Superioras de la Ciudad, dos Hijas de San Vicente Sor Juana, Superiora del Colegio de Arag\u00f3n y Sor Luisa del Hospital Militar los Se\u00f1ores capellanes del Hospital y los Padres Bonifacio Gonz\u00e1lez y Pedro Vargas, y rezadas preces por los difuntos, se procedi\u00f3 a la apertura de los sepulcros, hall\u00e1ndose varios, que se pudieron reconocer desde luego como pertenecientes a las Hermanas de Santa Ana; otros, de los que nada se pod\u00eda afirmar, pues estaban los cad\u00e1veres envueltos en s\u00e1banas, hasta que, en el correspondiente al nicho n\u00b0 22 aparecieron los restos de una Hermana. \u00abHay en este nicho, dice el acta oficial reconocimiento, una caja forrada y con adornos que contiene restos de un cad\u00e1ver de religiosa, con toca que parece muy fina y diferente de las que usan las Hermanas de Santa Ana. Estos indicios y unos restos de cinta, que parece igual a las que usan en el manto las Hijas de la Caridad de San Vicente de Pa\u00fal, da lugar a sospechar que este cad\u00e1ver pueda ser una Hija de la Caridad de San Vicente de Pa\u00fal\u00bb. El acta no ten\u00eda por qu\u00e9 decir m\u00e1s en largo recuento de los treinta nichos.<\/p>\n<p>Lo dem\u00e1s nos lo dec\u00eda el Archivo del Noviciado de Jes\u00fas, se\u00f1alando el lugar de muerte de Sor Manuela, lo dec\u00eda aquel cad\u00e1ver perfectamente articulado con sus mand\u00edbulas y dientes en su lugar, los huesos de las manos juntas, con sus dedos todos entrelazados, ocultas las clav\u00edculas, el t\u00f3rax y caderas por las vestes apelmazadas, se dibujaba perfectamente la toca ca\u00edda sobre los hombros; y tres manchas alargadas de cardenillo cobre, en el cuello y sobre las clav\u00edculas, indicaban los tres alfileres que usaron las Hijas la Caridad hasta muchos a\u00f1os despu\u00e9s para sujetar el collete y las alas ca\u00eddas de la toca sobre la frente restos del tocado con los frunces distintivos de las Hermanas; y sobre el lugar de la cintura y a los costados restos de cinta con algunos nudos, indicio claro del manto peculiar en ellas; los zapatos altos en buen uso al parecer. Todo esto, inspeccionado con mucho detenimiento por los testigos all\u00ed presentes ya citados, no dejaba lugar a duda de que aquellos restos eran los de Sor Manuela Lecina, \u00fanica Hija de la Caridad que \u00abmuri\u00f3 en Hospital de Zaragoza en 24 de julio de 1818\u00bb, como dec\u00edan los dos libros del Archivo Jes\u00fas, el del personal y el de las difuntas. En presencia de todos los testigos citados Ios alba\u00f1iles procedieron al emparedado de los nichos.<\/p>\n<p>En su consecuencia el Consejo central de las Hijas de la Caridad tramit\u00f3 ante autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas el largo expediente necesario para la traslaci\u00f3n de los restos a Madrid.<\/p>\n<p>El d\u00eda 22 de noviembre del mismo a\u00f1o 1930, presentes en la cripta del Hospital de Nuestra Se\u00f1ora de Gracia el Muy Ilustre Sr. D. Jos\u00e9 Mur y Sancho, Vicario General del Arzobispado de Zaragoza, D.Urbano Gardeta, Vicario de los Establecimientos de Beneficencia, el P.Jos\u00e9 M\u00aa Fern\u00e1ndez, Subdirector de las Hijas de la Caridad, P. Benigno Blanco, tambi\u00e9n subdirector de las Hijas de la Caridad del nordeste de Espa\u00f1a, Sor Josefa Rio Miranda, Asistenta del Consejo de las Hijas de la Caridad, Sor Francisca Vi\u00f1es, Ec\u00f3noma del mismo Consejo, las Hermanas Amalia Zorcano, Vicaria General de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, con otras varias Superioras y Hermanas de la misma Congregaci\u00f3n, Dn. Jos\u00e9 Vidal, Director Jefe de las Casas de beneficencia y D. Emilio Moreno, Administrador de las mismas casas se procedi\u00f3, por orden del M.I. Sr. Vicario General a abrir el nicho n\u00b0 22 de las sepulturas, y abierta la caja, se comprob\u00f3 que eran los mismos restos, como los vieron algunos de los presentes, que asistieron a la primera apertura. A continuaci\u00f3n fue colocada la caja con los restos, en otra caja nueva, forrada de blanco interior y exteriormente, que despu\u00e9s de cerrada, y entregada la llave por el M.I. Sr.Vicario General a la Rvda. Asistenta del Consejo de las Hijas de la Caridad qued\u00f3 en poder de \u00e9stas. El Rvdo. P. Fern\u00e1ndez, en nombre de la Congregaci\u00f3n, dio las gracias expresivamente a las Hermanas de la Caridad de Santa Ana por haber guardado cuidadosamente los restos de Sor Manuela Lecina y entregarlos generosamente a las Hijas de la Caridad. Rezado un responso por el M.I. Sr. Vicario General de la Archidi\u00f3cesis, se dio por terminado el acto<strong>. <\/strong>En testimonio firman los Se\u00f1ores indicados al principio del Acta y Dn. Guillermo Legaz Jerez, Pbro. Licenciado, Notario Mayor de la Cur\u00eda Eclesi\u00e1stica del Arzobispado de Zaragoza.<\/p>\n<p>Los testigos presenciales <a href=\"http:\/\/de.la\">de la<\/a> primera apertura y que presenciamos tambi\u00e9n esta segunda, aunque no estamos consignados en ella, \u00e9ramos: Sor Juana Sagastume, Superiora de Juan de Arag\u00f3n y Comisaria, Sor Luisa Armendariz y los Padres Bonifacio Gonzalez y Padre Vargas.<\/p>\n<p>Precintado convenientemente el blanco ata\u00fad, fue sacado de la cripta y conducido en hombros de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana y de las Hijas de San Vicente al furg\u00f3n autom\u00f3vil, en cuya delantera iba el P. Jos\u00e9 Ma Fern\u00e1ndez. Escoltado por otro autom\u00f3vil con las Hermanas del Consejo Sor Josefa Miranda Rio y Sor Francisca Vi\u00f1es salieron hacia Madrid, entre la emocionante despedida de muchas Hermanas de ambas Congregaciones citadas, que hab\u00edan acudido al Hospital de Gracia.<\/p>\n<p>El d\u00eda era como de primavera y el viaje no pudo ser m\u00e1s feliz. Eran las cinco en punto de la tarde de aquel 23 de noviembre, cuando pasaban frente a la puerta de la Iglesia de la Inclusa nueva y Colegio de la Paz los autos que ven\u00edan de Zaragoza.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 iba Sor Manuela a la Inclusa? Ella hab\u00eda sido la primera y santa Superiora de aquella Comunidad, de la cual hab\u00eda tenido que salir en 1814 por defender su vocaci\u00f3n y su fidelidad a las Reglas de su Instituto; y cuando en 1818 volv\u00eda a la Inclusa de la Corte a recoger el fruto de su fidelidad, entr\u00f3 a descansar en Zaragoza y su descanso hab\u00eda durado ciento doce a\u00f1os. Pero las Hermanas ten\u00edan vivo su recuerdo y la estaban esperando: \u00abEs nuestra, dec\u00edan, y su primera visita nos pertenece\u00bb. No sin especial providencia la actual Superiora de la Inclusa, Sor Josefa R\u00edo Miranda, era entonces Asistenta del Consejo. Era, pues, justo que fuera la Inclusa la primera en dar la bienvenida a Sor Manuela.<\/p>\n<p>Ya dentro de la Iglesia los Se\u00f1ores Capellanes del Establecimiento, entonaron un solemne responso: que cantaron a coro las Ni\u00f1as del Colegio de la Paz, aquellas ni\u00f1as por quienes Sor Manuela tantos sacrificios se impuso, principalmente durante los amargos d\u00edas de la guerra de la Independencia.<\/p>\n<p>La iglesia estaba adornada e iluminada como en d\u00eda de fiesta y las notas del responso resonaban a Tedeum de acci\u00f3n de gracias. Asistieron a \u00e9l las Hermanas del Consejo, varias Superioras y Hermanas de Madrid y de Provincias, las Hermanas de la Caridad de Santa Ana y todo el personal de la Inclusa. Estaba tambi\u00e9n presente el M.R. Padre Visitador D. Adolfo Tobar, el Subdirector General P. Fern\u00e1ndez, el P. Moso de la Residencia de Lope de Vega y los Padres Bonifacio Gonz\u00e1lez y Vargas, venidos aquel mismo d\u00eda de Zaragoza.<\/p>\n<p>Terminado el responso solemne y otros rezados por los sacerdotes presentes, fue llevado como en triunfo, por las Hermanas, el blanco ata\u00fad y subido a la capilla de Comunidad donde hab\u00eda de permanecer hasta el d\u00eda siguiente, velado por ellas,<\/p>\n<p>A las nueve y media de la ma\u00f1ana del lunes 24, di\u00f3 principio el funeral en la Iglesia de la Inclusa. Por invitaci\u00f3n expresa de la Superiora de la casa, Sor Josefa R\u00edo, los oficios del altar y el canto estuvieron a cargo de la Comunidad de Chamberi. Cant\u00f3 la misa nuestro muy amado Visitador y Director de las Hijas de la Caridad, P. Tobar, ayudado de los Padres P\u00e9rez y Morquillas y del P. Barriocanal. Nuestros Hermanos estudiantes de Moral cantaron una misa de canto Gregoriano, con Dies irae y responso de Perosi.<\/p>\n<p>En el centro de la Iglesia presid\u00edan el acto el P. Moreda, Superior de Lope de Vega, el Vicerrector P.Fern\u00e1ndez, la Madre Visitadora, Sor Teresa S\u00e1nchez, Hermanas del Consejo, Sor Josefa R\u00edo, Sor Francisca Vi\u00f1es y Sor Mar\u00eda Bengoa; una numerosa representaci\u00f3n de Hermanas de Santa Ana, con sus Superioras del Hospital de San Juan de Dios y del Instituto del C\u00e1ncer. El Diputado Visitador D.Alfonso D\u00edaz Ag\u00fcero y los Se\u00f1ores Diputados provinciales Prieto Paros y Alonso Ordu\u00f1a; el Teniente Alcalde del distrito Se\u00f1or Flores Valle; D. Conrado Muro, Director de la Inclusa y Colegio de la Paz, D. Luis Jim\u00e9nez. Interventor del establecimiento, D. Jes\u00fas Porta, Capell\u00e1n del Asilo de S. Luis; D. Joaqu\u00edn Bab\u00e9, Bienhechor de la casa. En el presbiterio asist\u00edan Rvdo. Padre Pampliega, Superior de la casa de Chamberi con los Padres Prieto y Vargas y los Pbros. Capellanes de la Inclusa D. Dionisio Moreno, D. Manuel Elvira, D. Mart\u00edn Varas, D. Manuel Fern\u00e1ndez y el Padre Moso.<\/p>\n<p>Estaban, tambi\u00e9n, en la Iglesia casi todas las Hermanas Comisarias venidas de Provincias y numerosas comisiones de las cincuenta casas de Madrid A pesar de estar la Iglesia repleta fueron m\u00e1s las que quedaron fuera por falta de lugar.<\/p>\n<p>Terminada la misa, subi\u00f3 al p\u00falpito el P. Bonifacio Gonz\u00e1lez de la residencia de Zaragoza y pronunci\u00f3 la oraci\u00f3n f\u00fanebre llena de unci\u00f3n y de majestad, realzada por la emoci\u00f3n de las circunstancias y que arras\u00f3 muchos ojos en l\u00e1grimas de ternura.<\/p>\n<p>En la imposibilidad de transcribir aqu\u00ed todo la inspirada y pat\u00e9tica oraci\u00f3n de: P.Bonifacio Gonz\u00e1lez citar\u00e9 s\u00f3lo, este p\u00e1rrafo emocionante : \u00abAh\u00ed est\u00e1 la Hija fiel de S. Vicente, Sor Manuela Lecina, la fundadora del Real Noviciado y primera Superiora de esta Inclusa de Madrid&#8230; ah\u00ed est\u00e1 la perseguida, la humillada, la eclipsada hasta este d\u00eda de\u00a0 hoy la desconocida de todos,&#8230; aqu\u00ed est\u00e1 hoy, en medio de su comunidad querida de Inclusa&#8230;<\/p>\n<p>Ah, \u00bfqu\u00e9 os dir\u00e9 yo Hermanas? Cuando ayer al declinar la tarde tuve el honor y el consuelo de presenciar aquella tierna escena que ofrecisteis las Hermanas y las ni\u00f1as y las autoridades de esta santa casa, a la llegada de estos restos de vuestra antigua Superiora; cuando os vi cual enjambre sol\u00edcito de abejas en torno del panal, rodeando el carro mortuorio, disput\u00e1ndoos el honor de poner sobre vuestros hombros los amados restos; cuando a guisa de saludo, con acentos de cari\u00f1o y de plegaria resonaron en estas naves los imponentes responsos de nuestra liturgia, esas s\u00faplicas graves y dolientes que nos recuerdan la tremenda Majestad de Dios y los misterios de su clemencia y justicia, al mismo tiempo que nos llaman con fuerte voz a la virtud; cuando la caja blanca de Sor Manuela Lecina pasaba entre las largas filas de ni\u00f1os y hu\u00e9rfanos y ve\u00eda yo dibujarse en los ojos infantiles y en el rostro de los peque\u00f1uelos la gratitud y el asombro, la admiraci\u00f3n y el respeto&#8230; yo pon\u00eda la mente y el esp\u00edritu en el cuadro del pasado&#8230; miraba el panorama que ofrece la vida de Sor Manuela Lecina\u00a0 y reconstru\u00eda la escena ya lejana, el d\u00eda triste de la partida; es decir, aquel d\u00eda triste del a\u00f1o 1814, cuando Sor Lecina, vencida en lucha desigual, empujada por elementos poderosos de alta autoridad, se ve\u00eda precisada a partir de Madrid, ve\u00eda aquella medida tierna, que anegada en llanto, hac\u00edan las Hermanas de la Inclusa a su primera Superiora, y a \u00e9sta con los ojos arrasados, partido de dolor el coraz\u00f3n, despedirse de su Comunidad amada, salir para siempre de aquella casa de Embajadores a la que nunca hab\u00eda de volver; partir, ahogando sus sollozos, hacia aquel paliado destierro senda de espinas, dolorosa y \u00faltima jornada de su existencia, amarga paga que hab\u00eda de recibir en vida, por su amor y fidelidad inquebrantable a las Reglas de su Santo Padre S. Vicente.<\/p>\n<p>Y al comparar las dos escenas, la de la partida triste y desolada y la del regreso en sus cenizas mortales, al cabo de tantos a\u00f1os, las l\u00e1grimas de aquellas hijas que la despidieron y la tierna emoci\u00f3n de estas Hijas que la recib\u00edais con gozo, me parec\u00eda que desde esa tumba os saludaba llena de amor vuestra antigua Superiora; me parec\u00eda que sus huesos se estremec\u00edan de gozo en el sepulcro, al verse rodeada de tantas Hijas; que hablaban sus cenizas, que predicaba ese t\u00famulo y se o\u00eda la voz del Maestro Divino: \u00abQuien se humilla ser\u00e1 ensalzado\u00bb. Seguidamente se procedi\u00f3 a la conducci\u00f3n de los restos mortales de Sor Manuela Lecina al Noviciado de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Ordenada la procesi\u00f3n, abr\u00edan marcha cuatro guardias municipales a caballo; segu\u00edan dos largu\u00edsimas filas de ni\u00f1as mayores del Colegio de la Paz y de otros varios de Madrid. Despu\u00e9s un n\u00famero incontable de Hermanas, como nunca se hablan visto en p\u00fablico tantas. El blanco ata\u00fad fue sacado de la Iglesia por las cuatro Hermanas del Consejo provincial y los dos Superioras, Hermanas de Santa Ana y colocado en un blanca y hermosa carroza tirada por cuatro caballos con seis palafreneros a la federica.<\/p>\n<p>Presid\u00edan el duelo, que m\u00e1s parec\u00eda procesi\u00f3n, la Madre Visitadora y Hermanas del Consejo, acompa\u00f1adas de las Hermanas de Santa Ana, con todas las dem\u00e1s autoridades y personas anteriormente citadas. Segu\u00eda detr\u00e1s un numeroso grupo de autom\u00f3viles.<\/p>\n<p>El desfile constitu\u00eda un espect\u00e1culo llamativo y la gente se agrupaba respetuosamente a ambos lados para verlo, admirada, no s\u00f3lo de la numerosa comitiva, sino de la direcci\u00f3n de ella, contraria a la que suelen llevar los entierros. As\u00ed recorri\u00f3 las calles de O &#8216;Donell, Alcal\u00e1, Alfonso XII, Maura, Plaza de Castelar y Jes\u00fas, con un orden admirable, merced a la intervenci\u00f3n del Director del Tr\u00e1fico, Sr. Abarca, que cuid\u00f3 del servicio.<\/p>\n<p>La una ser\u00eda pr\u00f3ximamente cuando la blanca carroza se detuvo frente a la puerta del Real Noviciado. Remansadas aquellas largas filas de ni\u00f1as en la calle de Jes\u00fas, pues no era posible entraran en el Noviciado, repleto como estaba de Hermanas, el blanco ata\u00fad, cogido de nuevo en hombros por las mismas Hermanas del Consejo y de Santa Ana, fue introducido en la Casa Central, donde esperaban con ansia este momento.<\/p>\n<p>Conducido por entre dos apretadas filas de Novicias a lo largo del corredor fue introducido a la bell\u00edsima Iglesia toda llena de luz, cuajada de novicias, en su nave central y de Hermanas en las laterales y tribunas, que con la blanca nitidez de la tocas, m\u00e1s que nunca, entonces parec\u00eda aquello un campo florido de azucenas.<\/p>\n<p>Las Hermanas cantaron un solemne responso, que semejaba un canto jubiloso de bienvenida. As\u00ed lo interpret\u00f3 una noche de la novena de la Virgen Milagrosa, que entonces\u00a0 se celebraba, el orador sagrado, cuando dijo estas emocionantes palabras: \u00abAl partir para destierro en 1814, Sor Manuela Lecina dejaba en el noviciado seis novicias al volver despu\u00e9s de un siglo largo, a esta casa por ella fundada, encuentra trescientas y m\u00e1s\u00bb. Trescientas tres eran, en efecto, las Hermanas Seminaristas que en aquellos momentos estaban en la Iglesia; las dem\u00e1s Hermanas eran incontables.<\/p>\n<p>Terminadas las preces entonadas por los Se\u00f1ores Capellanes del Real Noviciado, llevado el blanco ata\u00fad al lugar de la sepultura, donde reposar\u00e1n en adelante los restos de aquella fiel Hija de San Vicente, fundadora de esa Casa Central, para que su memoria sea honrada y sus virtudes imitadas, seg\u00fan los designios de la Divina providencia.<\/p>\n<p>Como hecha a prop\u00f3sito, tiene la Iglesia del Real Noviciado una capillita g\u00f3tica a la derecha del altar de S. Vicente, con dos ventanas aspilleradas, multicolores, a la calle de Lope de Vega. Este local, completamente vac\u00edo, ha sido el lugar designado para sepulcro de Sor Manuela Lecina. S\u00f3lo le separa de la Iglesia una verja de hierro y se puede ver de casi todos los lados.<\/p>\n<p>Sobre una plataforma de m\u00e1rmol negro \u00e1lzanse ocho columnas de blancos fustes de m\u00e1rmol, con basas y capiteles de bronce dorado en magn\u00edfico contraste. Sobre estas columnas descansa un arc\u00f3n de m\u00e1rmol blanco con tapa de lo mismo, a cuatro vertientes algo semejante al sepulcro del Ap\u00f3stol en Compostela. Todas las aristas del arc\u00f3n est\u00e1n enmarcadas en molduras g\u00f3ticas de bronce dorado. En la cara del frente sobre m\u00e1rmol blanco resalta con letras doradas esta sencilla inscripci\u00f3n: \u00ab1760 &#8211; Sor Manuela Lecina -1818, Fundadora del Real Noviciado\/ 1803\u00bb. Sobre la tapa lleva dos medallones de bronce repujados con maestr\u00eda por las Hermanas del Colegio de Zaragoza, como recuerdo a Sor Manuela Lecina, con las fechas de este a\u00f1o centenario de la Milagrosa.<\/p>\n<p>En el testero de la pared se ha colocado un doselete g\u00f3tico de bronce que sirve de marco a la santa imagen de Jes\u00fas Crucificado.<\/p>\n<p>Desde entonces espont\u00e1neamente algunas Hermanas de Madrid y de Provincias comenzaron a pedir privadamente a Dios favores por mediaci\u00f3n de Sor Manuela Lecina y fueron llegando a nuestra noticia casos dignos de atenci\u00f3n que parec\u00edan milagros del Se\u00f1or obrados por intercesi\u00f3n de su sierva.<\/p>\n<p>Llegaron los d\u00edas negros de la Espa\u00f1a roja, en que los esp\u00edritus del averno se desataron sobre Madrid. El amplio Noviciado fue feudo de las hordas.<\/p>\n<p>Un d\u00eda aciago la aviaci\u00f3n amiga, con intenci\u00f3n o al acaso, convirti\u00f3 en llamas aquella casa de tantos recuerdos. S\u00f3lo se salv\u00f3 el \u00faltimo pabell\u00f3n, gracias a su aislamiento. All\u00ed pereci\u00f3 el viejo edificio y la primitiva Iglesia, despu\u00e9s capilla de Hijas de Mar\u00eda, santificada con recuerdos de la predicaci\u00f3n del Padre Claret.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 ser\u00eda de la magn\u00edfica Iglesia y del sepulcro de Sor Manuela Lecina? Porque es de advertir que el punto de mayor peligro era precisamente el lado de las tribunas con sus entradas y pisos de madera encerada, por donde necesariamente habr\u00eda de penetrar el fuego abrasador, si una mano invisible no lo imped\u00eda. La mano invisible lo contuvo y la bell\u00edsima Iglesia se salv\u00f3 integra y tanto el sepulcro de Sor Manuela Lecina, a pesar de que los rojos abrieron la tapa, sin duda en busca de tesoros, como la caja de plomo perfectamente soldada que conten\u00eda los restos no sufrieron deterioro. Si esto no fue milagro mucho tiene de parecido.<\/p>\n<p>Por fin, al decidirse los Superiores a establecer de nuevo el Noviciado de las Hijas de Caridad en los locales del antiguo Hospital de Convalecientes de la calle del General Sanjurjo, fueron trasladados a \u00e9l los restos mortales de Sor Manuela Lecina.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Semblanza de Sor Manuela Lecina. Naci\u00f3 Sor Manuela Lecina en Besians, peque\u00f1a aldea del Obispado de Barbastro, hoy agregada a la feligres\u00eda de Perarr\u00faa, en 6 de agosto de 1760. 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