{"id":387672,"date":"2016-04-22T08:09:52","date_gmt":"2016-04-22T06:09:52","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387349"},"modified":"2016-07-26T17:44:08","modified_gmt":"2016-07-26T15:44:08","slug":"miguel-le-gras-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/miguel-le-gras-2\/","title":{"rendered":"Miguel Le Gras"},"content":{"rendered":"<p><em><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-387350 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/Santa-Luisa-2-241x300.jpg?resize=241%2C300\" alt=\"Santa Luisa 2\" width=\"241\" height=\"300\" \/>Sin trabajo<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Miguel Antonio Le Gras, su hijo, fue la cruz inseparable de Luisa de Marillac. Cuando Luisa viv\u00eda con su esposo, formando una familia de la burgues\u00eda, nunca se hubiera imagi\u00adnado el sufrimiento que le causar\u00eda aquel ni\u00f1o al que cuidaba con tanto esmero; ni tampo\u00adco despu\u00e9s, viuda, hubiera podido pensar que aquel hijo que se educaba en el seminario, la herir\u00eda como la hiri\u00f3. Miguel Le Gras era su carne y su sangre, y esta carne sufrir\u00e1 y sancionar\u00e1 con dureza. Luisa sinti\u00f3 el dolor y el desgarro como si a\u00fan lo llevara en sus entra\u00f1as.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Hacia el verano de 1642, Miguel dio por terminados sus estudios de teolog\u00eda sin que\u00adrer ordenarse de sacerdote. Para su madre, aunque grande, fue tan s\u00f3lo una desilusi\u00f3n. M\u00e1s doloroso era que su hijo ten\u00eda 29 a\u00f1os y no encontraba trabajo. Esto s\u00ed fue un sufrimien\u00adto para la madre. Miguel no pod\u00eda seguir viviendo de las rentas, no muchas, que le hab\u00eda dejado su padre; ten\u00eda que buscar una colocaci\u00f3n acorde a su categor\u00eda. Era cl\u00e9rigo y s\u00f3\u00adlo pod\u00eda tener colocaci\u00f3n digna en la Iglesia o de escribiente, profesor o preceptor en al\u00adguna familia de condici\u00f3n. El alojamiento, si lo deseaba, lo ten\u00eda asegurado en el colegio de Bons-Enfants que pertenec\u00eda a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n [padres pa\u00fales].<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En enero de 1643, Luisa manifest\u00f3 su angustia a su director Vicente y le pidi\u00f3 ora\u00adciones. Por esta misma fecha o algo antes, se reunieron algunos parientes de Luisa para buscar a Miguel alguna salida honrosa. En concreto, se reunieron en el convento de las carmelitas, donde eran religiosas una t\u00eda y una prima de Luisa, el jesuita Aquiles de At-tichy y su hermana Ana, casada con el conde de Maure. Otra hermana, Genoveva, casa\u00adda con el duque de Atri, Escipi\u00f3n de Acquaviva de Arag\u00f3n, aunque no asisti\u00f3, estaba de acuerdo con la reuni\u00f3n \u2014\u00bfestaba presente alguna de las carmelitas Marillac?\u2014. Los tres eran hijos de Octavio Doni de Attichy y de Valencia de Marillac, hermana del supuesto padre de Luisa. Luisa hab\u00eda vivido con ellos desde el d\u00eda en que se cas\u00f3 hasta que cay\u00f3 enfermo su marido \u2014alrededor de nueve a\u00f1os\u2014 y en su palacio naci\u00f3 Miguel. Cuando murieron Octavio y Valencia, Luisa y su esposo cuidaron de los hijos menores \u2014cuatro\u2014y de sus bienes con acierto desinteresado. Aquiles y Ana quisieron devolverle el favor en la persona de Miguel, pero lo hicieron sin habilidad:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Lo quisieron hacer sin que lo supiera Miguel, un hombre de 30 a\u00f1os; Ana, con dis\u00adculpa de solucionar un asunto, llev\u00f3 enga\u00f1ada a Luisa al convento de las carmelitas; en la reuni\u00f3n, sin piedad, echaron en cara a Luisa que se preocupaba de los pobres, descuidan\u00addo los bienes de su hijo; y acaso lo m\u00e1s duro, le dijeron que, puesto que era amiga del se\u00ad\u00f1or de Noyers [con muchas influencias por ser criatura de total confianza de Richelieu, el verdugo de sus t\u00edos] que le pidiera el favor de ayudar a su hijo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El orgullo de Luisa salt\u00f3 herido. Durante dos d\u00edas, su amor propio rumi\u00f3 la entrevis\u00adta. Por fin, escribi\u00f3 al P. Aquiles de Attichy, dici\u00e9ndole que ella no hab\u00eda abandonado los bienes de su hijo; quien s\u00ed hab\u00eda descuidado sus negocios y los de ella, hab\u00eda sido su es\u00adposo Antonio Le Gras, y los hab\u00eda descuidado consumiendo totalmente su tiempo y su vi\u00adda por atender los bienes de la casa de Attichy, cuando ellos quedaron hu\u00e9rfanos. Que si quer\u00edan preocuparse del bienestar de su hijo a espaldas de \u00e9l, que le hiciera solamente un peque\u00f1o favor: el de decir a su hermana Ana que ella no era amiga del se\u00f1or de Noyers, pues s\u00f3lo conoci\u00f3 a dicho se\u00f1or en casa de Miguel de Marillac, el guardasellos, cuando iba a tratar sobre los negocios de los Attichy.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Luisa envi\u00f3 la carta y, despu\u00e9s de enviarla, lo consult\u00f3 con su director Vicente. \u00c9ste no se enfad\u00f3 ni le ri\u00f1\u00f3 ni le corrigi\u00f3 su orgullo; todo lo contrario, la consol\u00f3 cari\u00f1osamente con unas frases breves. \u00ab\u00a1Pero no s\u00e9 por qu\u00e9 se pone a cavilar sobre lo que ha hecho por su hijo, como si no fuese razonable que una madre procurase el bien de su hijo! \u00a1Quiera Dios que tambi\u00e9n yo lo pueda hacer!\u00bb M\u00e1s adelante, le propuso una colocaci\u00f3n para Mi\u00adguel: en Linas, no lejos de Par\u00eds, o bien en Normand\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">No se sabe si Miguel lo acept\u00f3 o el empleo fue temporal, pero en marzo, Luisa ped\u00eda oraciones al Abad de Vaux por \u00abun asunto de importancia que parece ir por buen camino para la gloria de Dios; \u2014y acomplejada en Dios, contin\u00faa\u2014 pero como yo tengo inter\u00e9s en ello, temo que los motivos que doy a la divina justicia de irritarse, se opongan a su mi\u00adsericordia\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">De nuevo, el miedo y la culpabilidad. As\u00ed, era su sicolog\u00eda. El empleo remoto o, m\u00e1s bien, inalcanzable para su hijo modific\u00f3 su comportamiento hasta el punto de notarlo Jua\u00adna Potier, esposa de Miguel de Marillac hijo, que algunos genealogistas consideraban her\u00admanastro de Luisa. Por entonces, le dijo que la ve\u00eda como enfadada, y le pregunt\u00f3 si se deb\u00eda a que ya no recib\u00eda la pensi\u00f3n que todos los a\u00f1os le daba su suegra, la carmelita. Si era por eso, ella estaba dispuesta a continuar d\u00e1ndosela. Luisa aprovech\u00f3 la ocasi\u00f3n para pedirle tan s\u00f3lo un trabajo para su hijo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tambi\u00e9n, las Damas de la Caridad estaban preocupadas por Luisa. Varias se\u00f1oras se esforzaron en hacer algo por el hijo de la amiga que hab\u00eda entregado su vida y sus ener\u00adg\u00edas a las Caridades y a los pobres. Era, adem\u00e1s, la colaboradora m\u00e1s estimada por el se\u00ad\u00f1or Vicente, su director. El 8 de junio de 1643, la se\u00f1ora Pelletier fue a buscar a Luisa y le cont\u00f3 que Juan Francisco Pablo de Gondi, abad de Buzais, hijo menor de Felipe Ma\u00adnuel de Gondi, hab\u00eda sido nombrado obispo coadjutor de su t\u00edo, el arzobispo de Par\u00eds. Y lo m\u00e1s interesante era que, sin esperar a hablar con Luisa, hab\u00eda ido a casa de Felipe Ma\u00adnuel para recomendarle a Miguel Le Gras. El se\u00f1or de Gondi estaba de acuerdo y propu\u00adso que podr\u00eda ser de \u00abaumonier\u00bb o en otra funci\u00f3n apropiada, ya que Miguel era cl\u00e9rigo pero no sacerdote. Felipe Manuel de Gondi, el antiguo general de las galeras, ahora ora-toriano viviendo en sus tierras, ya conoc\u00eda a Luisa. Varias veces la hab\u00eda visto y se ha\u00adb\u00edan entrevistado, cuando ella visitaba las Caridades de sus pueblos. El ex-general quer\u00eda saber si Luisa estaba de acuerdo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sin esperar, Luisa acudi\u00f3 ese mismo d\u00eda a Vicente de Pa\u00fal. Vicente hab\u00eda sido cape\u00adll\u00e1n en casa de los Gondi, preceptor de sus hijos y director de su se\u00f1ora esposa. Un d\u00eda, logr\u00f3 evitar que el general se batiera en duelo y otro d\u00eda galop\u00f3 hasta Marsella para co\u00admunicarle la muerte de su esposa Margarita de Silly. Felipe Manuel, general de las gale\u00adras, hizo nombrar a Vicente capell\u00e1n general de los galeotes. Con su esposa, hab\u00eda hecho una fundaci\u00f3n de eclesi\u00e1sticos para misionar sus tierras y a los galeotes. La hab\u00edan dota\u00addo con 45.000 libras y hab\u00edan cedido al se\u00f1or Vicente sus derechos de nombrar los car\u00adgos en el interior de la fundaci\u00f3n (X, 99). Aunque fue Vicente de Pa\u00fal quien transform\u00f3 <em>la <\/em>fundaci\u00f3n en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, no le imped\u00eda decir que la fundadora de la Congregaci\u00f3n era la se\u00f1ora de Gondi.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Luisa casi implor\u00f3 a su director y padre, descubri\u00e9ndole su dolor y la situaci\u00f3n desa\u00adlentadora en que viv\u00eda Miguel. No se conoce la respuesta de Vicente, pero Miguel no entr\u00f3 en la \u00abfamilia\u00bb del coadjutor de Par\u00eds, seguramente, porque se opuso el mismo Miguel que ya pensaba abandonar el estado eclesi\u00e1stico. Tan s\u00f3lo dos meses despu\u00e9s, el 13 de agosto, Luisa volvi\u00f3 a escribir a su director: \u00abLe suplico humildemente que pueda tener el honor de hablarle lo m\u00e1s pronto que usted pueda acerca de mi hijo. Lo creo ne\u00adcesario, as\u00ed como que su caridad se emplee ante Dios por sus necesidades de la manera que usted sabe\u00bb. Unos meses despu\u00e9s, insisti\u00f3 en volver a hablarle, urgi\u00e9ndole que fuera \u00abhoy mismo\u00bb; si \u00e9l no pod\u00eda salir, ella misma ir\u00eda a su casa, pues no se pod\u00eda per\u00adder tiempo en poner remedio al mal que era ya extremo, como ninguno de los dos se lo pod\u00eda imaginar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00bfCu\u00e1l era el mal? Luisa se hab\u00eda enterado por medio del se\u00f1or Compaing, vicario de San Nicol\u00e1s de Chardonnet, parroquia en donde estaba incardinado Miguel como cl\u00e9rigo sin beneficio, que su hijo abandonaba definitivamente el estado eclesi\u00e1stico, se seculari\u00adzaba. El 19 de noviembre, el se\u00f1or Compaing le entreg\u00f3 una carta para que la viese el se\u00ad\u00f1or Vicente; seguramente, en ella, se propon\u00eda el asunto para legalizar su situaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Durante el a\u00f1o 1644, no tenemos noticias de Miguel salvo las oraciones que por \u00e9l pe\u00add\u00eda su madre al Abad de Vaux el 23 de febrero, y salvo el domingo, 16 de octubre, que dedic\u00f3 Luisa a orar por su hijo en la peregrinaci\u00f3n que hizo a Charles. Casi seguro que Miguel segu\u00eda residiendo en una casa de los padres pa\u00fales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>El tormento de una madre<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Durante el a\u00f1o 1645, Miguel le hizo jirones las entra\u00f1as, y Luisa tuvo que pedir ayu\u00adda desesperada a su director: \u00abNo puedo tener ayuda de nadie en el mundo, ni casi nunca apenas la he tenido a no ser de la caridad de usted\u00bb. Es la postdata de una carta del 2 de diciembre de 1611:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00abEstoy totalmente angustiada por mi hijo que lleg\u00f3 el s\u00e1bado con la condesa de Maure [a Par\u00eds]; ella me ha dicho que el domingo le dio una nota y que \u00e9l de\u00adb\u00eda venir a buscarme y no se sabe d\u00f3nde puede estar. \u00bfQu\u00e9 debo hacer? No s\u00e9 si ha estado en Bons Enfants \u00bfenv\u00edo a alguien all\u00e1? o usted, se\u00f1or, \u00bfquerr\u00eda tomarse esta molestia? quiero decir, la de enviar a alguien a preguntar si ha estado all\u00ed y lo que ha hecho. Se lo suplico humild\u00edsimamente por el amor de Dios. Usted sabe mi dolor, y mis temores no son peque\u00f1os, y que soy, se\u00f1or, su muy obediente y muy agradecida hija y servidora LdM\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tan afligida estaba que, terminada la carta, se acerc\u00f3 a una cruz. Sor Francisca Noret, que not\u00f3 su dolor, la presion\u00f3 para que se desahogara, y s\u00f3lo pudo exclamar: \u00abHermana, no s\u00e9 d\u00f3nde est\u00e1 mi hijo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A ciencia cierta, no se sabe la vida que llev\u00f3 Miguel desde el 2 de diciembre hasta ju\u00adlio de 1645. Tan s\u00f3lo sabemos que el domingo, 5 de marzo, un amigo de Luisa, el se\u00f1or Bo\u00e9tte, llam\u00f3 a Miguel y le reproch\u00f3 la mala vida que llevaba. Nos lo cuenta Luisa sere\u00adna y amargamente al mismo tiempo, en una especie de diario que escrib\u00eda por estos a\u00f1os. Ese mismo d\u00eda, descubri\u00f3 espantada \u00abtodo el mal\u00bb. Se sabe tambi\u00e9n que, vivien\u00addo en Bons Enfants, Miguel cometi\u00f3 un delito en la misma casa y que una joven impli\u00adcada igualmente en ese delito, fue encerrada primero en el Gran Hospital y luego en las Magdalenas. Igualmente, sabemos que Vicente de Pa\u00fal, el 6 de julio de 1645, puso una postdata al P. Dehorgny que estaba en Roma: \u00abHaga todo lo que pueda por la dispensa del se\u00f1or Le Gras. Su buena madre est\u00e1 totalmente decidida a ello y no parece que \u00e9l cam\u00adbie de decisi\u00f3n\u00bb. Es, por lo tanto, una dispensa que s\u00f3lo puede otorgarla el Papa y que pa\u00adra pedirla deben intervenir la madre y el hijo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Igualmente, parece que el objeto de la dispensa no era p\u00fablico, ya que lo conocen muy pocas personas y no se desea darlo a conocer ni a los mismos padres pa\u00fales que est\u00e1n en Roma, a no ser a los imprescindibles para obtener la dispensa. Est\u00e1 claro, as\u00ed mismo, que fue dificil\u00edsimo lograr la dispensa de Roma y que no se obtuvo hasta finales del verano de 1649, despu\u00e9s de haber intervenido el rey de Francia, su embajador y algunos cardenales. Finalmente, se sabe que Miguel no pudo casarse hasta obtener la dispensa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Con todos estos datos, podemos conjeturar que el impedimento no lo era ante las le\u00adyes francesas, pues el rey apoya la dispensa, o si lo era, no pod\u00eda dispensarlo y hab\u00eda que acudir a Roma. Es decir, \u00f3rdenes mayores o v\u00ednculo matrimonial ya contra\u00eddo. Pero si el impedimento no es p\u00fablico, se necesita el consentimiento de la madre y se acude a in\u00adfluencias civiles de Francia, no es un desacierto concluir que no fue dispensa de \u00f3rdenes mayores sino de un matrimonio clandestino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Lo confirman dos cartas que Luisa envi\u00f3 a Vicente en julio de 1645. Gracias a estas dos cartas, podemos reconstruir las escenas con bastante probabilidad: A finales de 1644 o primeros de 1645, Miguel se uni\u00f3 a una joven de provincia y sin categor\u00eda social, hija de un comerciante en vinos. La uni\u00f3n iba en firme y, sabiendo que debido a la diferencia de clase, no obtendr\u00edan la autorizaci\u00f3n paterna, decidieron casarse en matrimonio clan\u00addestino. El matrimonio debi\u00f3 realizarse en el colegio de Bons Enfants. Entonces, Miguel abandon\u00f3 el colegio y se instal\u00f3 por su cuenta en una habitaci\u00f3n alquilada, compr\u00f3 mue\u00adbles y contrat\u00f3 a un criado. A veces, desped\u00eda al criado y desaparec\u00eda, sin que Luisa, ator\u00admentada, supiera a donde iba. La madre, horrorizada por el futuro de su hijo y por el mie\u00addo a su condenaci\u00f3n, se consolaba con San Vicente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Cuando Luisa se enter\u00f3 del matrimonio, el 5 de marzo de 1644, a trav\u00e9s del se\u00f1or Bo\u00e9t-te, denunci\u00f3 el matrimonio como clandestino e inv\u00e1lido ante las leyes francesas. Descu\u00adbierta la uni\u00f3n, los dos j\u00f3venes huyeron, pero la polic\u00eda los cogi\u00f3 y los encerr\u00f3, a ella pri\u00admero en el Gran Hospital y luego en el convento de las Magdalenas, fundado para j\u00f3ve\u00adnes arrepentidas de su vida ligera, y a \u00e9l en San L\u00e1zaro, en la parte de la casa donde los padres pod\u00edan encerrar a los hijos cuya vida consideraban incorrecta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El dolor de Luisa fue cruel; no pod\u00eda creer en aquella situaci\u00f3n originada por el hijo al que so\u00f1\u00f3 ver sacerdote. La ternura, sin embargo, le brotaba como el calor de su cuer\u00adpo. Con el hijo encerrado en San L\u00e1zaro, un d\u00eda le pregunt\u00f3 a Vicente de Pa\u00fal si hab\u00eda un crucifijo grande en el cuarto en que le hab\u00edan puesto; otro d\u00eda, le pregunt\u00f3 si le hab\u00eda da\u00addo dinero, pues el joven ten\u00eda cierta libertad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Una vez que Luisa acudi\u00f3 a la justicia francesa para que anulara el matrimonio, conoci\u00f3 a su hijo para que recapacitara y pidiera a Roma la anulaci\u00f3n; el mismo San Vi\u00adcente lo aprob\u00f3 e implic\u00f3 a los misioneros de Roma para que activaran el proceso. La anu\u00adlaci\u00f3n de la Iglesia era dif\u00edcil. No as\u00ed, la anulaci\u00f3n por las leyes de Francia. Toda la legislaci\u00f3n francesa, desde hac\u00eda un siglo, consideraba inv\u00e1lidos los matrimonios clandes\u00adtinos. No conocemos la edad de la joven, si era mayor o menor de edad, por eso, s\u00f3lo, po\u00addemos caminar por el rastro de Miguel. Era mayor de edad, ten\u00eda 31 a\u00f1os y no necesita\u00adba la autorizaci\u00f3n de su madre viuda, pero las leyes le exig\u00edan, aunque fuera mayor de edad, que pidiera varias veces su autorizaci\u00f3n, de lo contrario, el matrimonio era consi\u00adderado con cierto grado de clandestinidad, semejante al rapto, y por ello, nulo. Miguel ni pidi\u00f3 la autorizaci\u00f3n de su madre, ni siquiera se lo comunic\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Aunque los c\u00e1nones del concilio de Trento no hab\u00edan sido reconocidos ni por el rey ni por el Parlamento de Par\u00eds, procuraron recoger en la legislaci\u00f3n civil las ideas de los c\u00e1\u00adnones y del decreto conciliar \u00abTametsi\u00bb sobre la indisolubilidad y anulaci\u00f3n de los matri\u00admonios clandestinos, pero rechazaron con desagrado que no exigieran para la validez el con\u00adsentimiento paterno de los hijos menores de edad. La legislaci\u00f3n civil, con todo, discurri\u00f3 un punto de nulidad en un parecido con el impedimento de rapto \u2014s\u00f3lo una seducci\u00f3n\u2014en el matrimonio de menores sin el consentimiento paterno y en el de los hijos mayores que no hubieran pedido respetuosamente varias veces la autorizaci\u00f3n paterna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">M\u00e1s dif\u00edcil fue la anulaci\u00f3n por parte de la Iglesia, ya que Miguel era mayor de edad <em>y,. <\/em>aunque la joven no lo fuese, y no pidieran la autorizaci\u00f3n paterna, la Iglesia no lo con\u00adsider\u00f3, por principio, enteramente clandestino. Esto parece deducirse de los cuatro a\u00f1os que tard\u00f3 la anulaci\u00f3n. La anulaci\u00f3n no era solamente cuesti\u00f3n de conciencia, era cues\u00adti\u00f3n de principios y hasta de pol\u00edtica: prevalencia de las leyes galicanas o de la Iglesia ro\u00admana. Parece como si el rey tomara el asunto como cosa de estado. Escribi\u00f3 a su emba\u00adjador en Roma, marqu\u00e9s de Fontenay-Mareuil, y \u00e9ste se empe\u00f1\u00f3 en lograrlo: habl\u00f3 con el papa Inocencio IV y con varios cardenales y \u00abtent\u00f3 todos los caminos imaginables\u00bb. Lo que pretend\u00eda Roma era imponer a Francia la legislaci\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>La joven<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El descubrimiento de las relaciones de Miguel con aquella joven no llev\u00f3 la tranquili\u00addad al alma de Luisa. Desde el convento de las Magdalenas, la joven atacaba, unida a la superiora y al capell\u00e1n. La superiora, religiosa de la Visitaci\u00f3n, ped\u00eda a Luisa que pagara al convento los gastos y la pensi\u00f3n de la joven; la joven reclamaba una indemnizaci\u00f3n, o mejor, una buena dote, ya que habiendo vivido con un hombre, le ser\u00eda dif\u00edcil casarse con otro; el capell\u00e1n ped\u00eda la libertad para la joven, pues la consideraba arrepentida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Luisa era en\u00e9rgica y no era tonta. Comprendi\u00f3 que la joven se hab\u00eda ganado al capell\u00e1n y a la superiora, y reaccion\u00f3 sin enga\u00f1o: si la joven permanec\u00eda en el convento, ella dese\u00adaba \u00abcontribuir y procurar su bien por todos los medios que pudiera\u00bb, pero \u00abd\u00e1ndoles a co\u00adnocer los pocos bienes que pose\u00eda para hacer alg\u00fan bien a la casa\u00bb. Y m\u00e1s, no sabiendo a\u00fan cual ser\u00eda el desenlace de todo, y recordando que la mayor\u00eda de las j\u00f3venes recluidas no aportaban nada. En cuanto a la dote de la joven, a Luisa le son\u00f3 a chantaje: \u00abSi es cierto lo que la joven dice, podr\u00eda tener con sus bienes, suficiente para una buena dote para una chi\u00adca de su clase, aunque no tuviera nada m\u00e1s que la mitad de lo que dice tener en su pa\u00eds\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El capell\u00e1n urg\u00eda la salida de la joven que daba muestras de conversi\u00f3n, \u00abasegurando no querer nunca m\u00e1s pensar en la persona a la que est\u00e1 atada, que ella s\u00f3lo quer\u00eda retirar\u00adse a su pa\u00eds\u00bb. Luisa, que hab\u00eda consultado todo con Vicente de Pa\u00fal, consult\u00f3 con \u00e9l esta nueva situaci\u00f3n, pero le aclaraba: \u00abMe he acordado despu\u00e9s que \u00e9sa era la resoluci\u00f3n que hab\u00edan tomado juntos antes de su captura y que la carta que ense\u00f1\u00e9 a su caridad despu\u00e9s, indica que su prop\u00f3sito, el de \u00e9l, es de asociarse despu\u00e9s del matrimonio con los padres de esta joven que venden vino o de retirarse a esa regi\u00f3n para vivir all\u00ed tranquilo, pero va\u00adgueando. El pensamiento, pues, de ella de salir, tiene todas las apariencias de creer que tan pronto como ella salga, \u00e9l ir\u00e1 a buscarla\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Es una pena que no sepamos qui\u00e9n fue esa joven que enamor\u00f3 perdidamente a Miguel, ni de donde era; \u00fanicamente, sabemos que era hija de un comerciante de clase baja y que se manifiesta como una mujer decidida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Reacciones<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La reacci\u00f3n de Miguel fue contra su madre y alejarse de Dios. La de su madre, que\u00addar deshecha. Este acontecimiento lo llev\u00f3 encima muchos arios; tiempo despu\u00e9s, dec\u00eda que, aunque hab\u00eda sucedido hac\u00eda tiempo, \u00ablo ten\u00eda siempre tan reciente como el primer d\u00eda\u00bb. De nuevo, se apoder\u00f3 de ella el complejo de culpabilidad, pensando que su muerte estaba pr\u00f3xima y dejaba todo deshilvanado y en pobre estado. Son los a\u00f1os en que la culpabilidad rasguea todas sus cartas: es culpable de los desmanes de su hijo y de los males de la Compa\u00f1\u00eda. San Vicente era su \u00fanico alivio. Nos admira esta mujer con tanto dolor que no cab\u00eda en su cuerpo peque\u00f1o, pero sin decaer en su energ\u00eda, dirigiendo, al mis\u00admo tiempo, la Compa\u00f1\u00eda y dando soluciones a sus problemas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Luisa ten\u00eda 54 a\u00f1ios y pens\u00f3 en la muerte. El 15 de diciembre, hizo testamento hol\u00f3gra\u00adfo. No quiso llamar a notario alguno. Sin testigos, ella sola delante de Dios, escribi\u00f3 su \u00fal\u00adtima voluntad. Por todos los folios del testamento, se desliza una preocupaci\u00f3n: el cari\u00f1o y el amor, casi sin l\u00edmites, hacia el hijo \u00fanico de sus entra\u00f1as, por quien dar\u00eda la vida ciega\u00admente, se enfrentaba a su conciencia pose\u00edda por Dios y por los pobres. Conoc\u00eda lo que ha\u00adb\u00eda llegado a ser Miguel y este conocimiento doloroso guio su mano mientras escrib\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Lo declar\u00f3 \u00fanico y leg\u00edtimo heredero de sus pocos bienes, pero introdujo una figura ju\u00adr\u00eddica, la <em>substituci\u00f3n: <\/em>por ella, su hijo era el heredero absoluto de sus bienes, pero como en usufructo. Mientras viviera su hijo, era due\u00f1o de los bienes que le dejaba su madre, pe\u00adro no podr\u00eda disponer de ellos a su muerte. Luisa lo hab\u00eda decidido ya: a la muerte de su hijo, los pobres ser\u00edan los herederos de los pocos bienes que a\u00fan quedaran<u><sup>9<\/sup><\/u>. S\u00f3lo, en caso de que Miguel se casara y tuviera hijos leg\u00edtimos de su esposa, podr\u00eda disponer absoluta\u00admente de toda la herencia. Extra\u00f1a y dolorosa frase: tener \u00abdescendencia leg\u00edtima\u00bb de su esposa en boca de una mujer que hab\u00eda sufrido la penuria econ\u00f3mica por culpa de su ile\u00adgitimidad. La ley pudo en ella m\u00e1s que el coraz\u00f3n. La ley era voluntad de Dios. La vida de Luisa, a veces, resuena como la de una culpable que exp\u00eda el pecado de sus padres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A lo largo del testamento, se respira el miedo al futuro. Miedo por la salvaci\u00f3n de Mi\u00adguel; por \u00e9l, pide oraciones y reza por \u00e9l. Miedo de c\u00f3mo usar\u00eda Miguel los bienes que le dejaba, aunque confiaba que, si mor\u00eda ella antes que Vicente de Pa\u00fal, \u00e9ste no le negar\u00eda su ayuda espiritual y temporal. Miedo al porvenir material del hijo; por ello, le suplic\u00f3 que honrase siempre a los se\u00f1ores de Marillac y de Attichy, pues, si viv\u00eda como hombre de honor, ellos nunca le escatimar\u00edan su apoyo. El miedo la llev\u00f3 a dejar todos los puntos bien atados, aun para despu\u00e9s de la muerte de su hijo, como si no se fiara mucho de \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por eso, rogaba a Vicente de Pa\u00fal o a su sucesor como superior general de la Congrega\u00adci\u00f3n de la Misi\u00f3n que, junto con su hijo, fuera ejecutor del testamento. De repente, le gol\u00adpe\u00f3 la imagen de lo que podr\u00eda haber sido su hijo y la realidad de lo que era, y a\u00f1adi\u00f3 en\u00adtre l\u00edneas una frase firmada: \u00abDoy tres escudos cada a\u00f1o a perpetuidad a las Hijas de la Caridad, mis querid\u00edsimas Hermanas, para que una de ellas diga todos los a\u00f1os cinco ve\u00adces el rosario por mi hijo&#8230; y esto para obtener de nuestro buen Dios una gracia especial por aquellos que han recibido las \u00f3rdenes sagradas\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A pesar de los sufrimientos, o acaso por ellos, los folios est\u00e1n salpicados de frases y palabras de bajeza, de humildad, de anonadamiento, de piedad y misericordia. Cierta\u00admente, muchas palabras son f\u00f3rmulas comunes a los testamentos de almas piadosas, pero aqu\u00ed rezuman miedo a la condenaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Recordando su vida de casada, cuando so\u00f1aba con la nobleza, tiene frases de cari\u00f1o y de alabanza para su esposo ya difunto, con quien hab\u00eda vivido a\u00f1os, pocos, de felicidad. Como en las cartas, tampoco en el testamento nombra a su hermanastra, si lo fue, Ino\u00adcencia de Marillac, se\u00f1ora de Vandi; \u00fanicamente, aparece una vez de paso, por un asun\u00adto de econom\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En marzo del a\u00f1o siguiente, 1646, Luisa vendi\u00f3 algunas sortijas que le quedaban y compr\u00f3 un cuadro de la Virgen para el altar de una casa de los padres pa\u00fales. As\u00ed, quer\u00eda reparar el da\u00f1o que su hijo pod\u00eda haber hecho a la Congregaci\u00f3n, pues \u00abel delito sali\u00f3\u00bb de una de sus casas, y s\u00f3lo pensarlo la hac\u00eda \u00abdesgraciada\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por estos meses, Miguel se ech\u00f3 un amigo, el conde de Mauny, que no deb\u00eda llevar una vida recomendable, y Miguel lo imit\u00f3. No contaba para nada con su madre que rezaba por su conversi\u00f3n. En esta situaci\u00f3n, cay\u00f3 enfermo. Era agosto de 1646; Luisa estaba lejos, en Nantes, estableciendo a sus hijas en el Gran Hospital de la ciudad. All\u00e1, le lleg\u00f3 la terrible noticia. En diez d\u00edas, escribi\u00f3 seis cartas preguntando temerosa por la salud de su hijo. In\u00addag\u00f3 qui\u00e9n era el conde de Mauny, y llor\u00f3, no tanto por la enfermedad, cuanto por el mie\u00addo a la condenaci\u00f3n del \u00fanico hijo suyo. Vicente de Pa\u00fal la tranquiliz\u00f3: hab\u00eda ofrecido a Miguel llevarlo a San L\u00e1zaro o bien enviar dos Hijas de la Caridad para atenderlo. Miguel prefiri\u00f3 quedarse en casa del m\u00e9dico, pero acept\u00f3 la asistencia de las Hermanas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Seg\u00fan pasaban los meses, el dolor se iba acomodando en Luisa como una parte inse\u00adparable de su persona. Lo sent\u00eda como algo natural, sin importarle m\u00e1s que el calor o el fr\u00edo que sent\u00eda en su cuerpo. Comprendi\u00f3 que la enfermedad no le servir\u00eda a su hijo pa\u00adra cambiar de vida. Renunci\u00f3 al hijo seg\u00fan la sangre y le pareci\u00f3 \u00abno tener ya nada en \u00e9l\u00bb; se lo entreg\u00f3 a Dios \u00ababandon\u00e1ndoselo a Dios\u00bb y, al hacerlo, se sinti\u00f3 liberada y m\u00e1s tranquila. Para \u00e9l, tan s\u00f3lo deseaba ya \u00abla salvaci\u00f3n\u00bb. La horrorizaba pensar que su hijo pudiera condenarse: \u00abDios m\u00edo! Pienso que no ser\u00e9 escuchada al pedir su conversi\u00f3n total\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Miguel ten\u00eda 33 a\u00f1os y era de constituci\u00f3n fuerte; se cur\u00f3, pero de inmediato su vida sigui\u00f3 el mismo rumbo. Por fin, mientras pasaba el tiempo, su madre notaba un cambio en el hijo. Miguel volv\u00eda a mirar con buenos ojos a su madre y a San Vicente y, lo m\u00e1s importante para ella, a Dios. De aqu\u00ed en adelante, deja de aparecer en la correspondencia, a no ser, como en una cinta sin fin, para encontrar trabajo o suplicar que le ayudasen a en\u00adcontrarlo. Aparecer\u00e1 de nuevo, cuando Luisa tenga que buscarle esposa. Ante los dem\u00e1s, su madre lo defend\u00eda como a un gran hijo y \u00abpersona respetuosa\u00bb. En una ocasi\u00f3n en que se le presentaron varios negocios y necesitaba la influencia de Vicente de Pa\u00fal, le brot\u00f3 el amor propio: \u00abDios m\u00edo, cu\u00e1nto me hace sufrir mi orgullo\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sin trabajo Miguel Antonio Le Gras, su hijo, fue la cruz inseparable de Luisa de Marillac. 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