{"id":387671,"date":"2016-04-20T08:02:38","date_gmt":"2016-04-20T06:02:38","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387343"},"modified":"2016-07-27T12:10:52","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:52","slug":"la-direccion-de-la-compania-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-direccion-de-la-compania-2\/","title":{"rendered":"La direcci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda"},"content":{"rendered":"<p><em><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-387344 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/Hijas-de-la-Caridad-300x225.jpg?resize=300%2C225\" alt=\"Hijas de la Caridad\" width=\"300\" height=\"225\" \/>De nuevo, en Par\u00eds<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El 24 de febrero, Luisa se puso en camino hacia Par\u00eds. Trayecto pesado y largo de va\u00adrios d\u00edas. El se\u00f1or Abad de Vaux le prest\u00f3 su carroza; Luisa estaba d\u00e9bil y quer\u00eda seguir los consejos que le hab\u00eda dado el se\u00f1or Vicente de no volver por el r\u00edo, helador en invierno. Su hijo Miguel, un cl\u00e9rigo ya de 26 a\u00f1os, quiso ir a buscarla a Angers o a esperarla a Chartres, pero Vicente lo disuadi\u00f3. Conducida por el lacayo del abad, la carroza lleg\u00f3 a Tours el d\u00eda 26. Aqu\u00ed, devolvi\u00f3 la carroza y al lacayo y continu\u00f3 el viaje hasta Par\u00eds en carrua\u00adje p\u00fablico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Como se lo recomendaba a sus hijas, en las paradas visitaba las iglesias y ayudaba a los pobres. A primeros de marzo, ya estaba en la vor\u00e1gine de la gran urbe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por el camino, entre rezo y rezo, hab\u00eda pensado despacio en el trabajo que le espera\u00adba. Hab\u00eda le\u00eddo y rele\u00eddo aquella carta de Vicente de Pa\u00fal en la que de una manera sola\u00adpada le recordaba que le aguardaba la direcci\u00f3n de las Hijas de la Caridad con todos sus problemas. Tambi\u00e9n, hab\u00eda impaciencia, porque llegara pronto, en las se\u00f1oras de las Ca\u00adridades de Par\u00eds y de los pueblos. En Par\u00eds, aguardaban su llegada para reorganizar los ga\u00adleotes. Ya le hab\u00edan comunicado que desde el 30 de enero las Damas del Gran Hospital se hab\u00edan encargado de todos los ni\u00f1os abandonados y que ella tendr\u00eda la direcci\u00f3n. Se sent\u00eda halagada en su interior pero apenada por su director al que ve\u00eda sobrecargado de trabajo, como se lo dejaba entrever en una frase: \u00ab\u00a1Cu\u00e1nta necesidad tenemos de que ven\u00adga usted para resolver los asuntos!\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sin embargo, ven\u00eda preocupada por el hospital que hab\u00eda dejado en Angers. Al llegar a Par\u00eds, se prometi\u00f3 recibir noticias todas las semanas. En realidad, de las 25 cartas que se conservan del a\u00f1o 1640, 23 las dirigi\u00f3 a Angers.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Instalada de nuevo en su casa de La Chapelle, lo primero que hizo fue enviar un re\u00adfuerzo de tres Hermanas de lo mejorcito que ten\u00eda. Aunque entonces, la muerte se pre\u00adsentaba inesperada y r\u00e1pida, se afligi\u00f3 hondamente con las noticias de la muerte edifi\u00adcante de Sor Margarita \u2014\u00a1qu\u00e9 pronto!\u2014 y de la epidemia de disenter\u00eda que hab\u00eda con\u00adtagiado a varias Hermanas, entre ellas a Sor Isabel Mart\u00edn, a la que pensaba nombrar Her\u00admana Sirviente. Protest\u00f3 cuando se enter\u00f3 de que a las Hermanas enfermas se las hab\u00eda ingresado en la sala com\u00fan con las enfermas de la ciudad. Protest\u00f3 porque sus j\u00f3venes piadosas no estaban acostumbradas a dormir en la misma cama con mujeres extra\u00f1as, y \u00e9stas f\u00e1cilmente perder\u00edan el respeto a quienes ser\u00edan sus enfermeras. Quer\u00eda que los ad\u00administradores no las considerasen, a pesar de sus apariencias humildes, como personas sin nadie que velase por ellas. Se sorprendi\u00f3 de que los administradores no quisieran sus\u00adtituir a las Hermanas enfermas y cargasen el trabajo sobre las espaldas de las pocas que quedaban en pie.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ven\u00eda inquieta por haber vuelto sin firmar el contrato con el hospital. Un a\u00f1o tard\u00f3 en lograr que los Padres de los pobres lo enviasen firmado. Los administradores tem\u00edan in\u00adjustificadamente que, una vez firmado, las Hijas de la Caridad se convirtieran en due\u00f1as del hospital y ellos en sus subalternos. En vano, Luisa intent\u00f3 tranquilizarlos, citando un art\u00edculo donde claramente se da a \u00abconocer la libertad que tienen los se\u00f1ores Administra\u00addores de despedir a las Hermanas y a los superiores de retirarlas\u00bb. In\u00fatil; ellos recelaban, y brotaron murmuraciones provocadas contra las Hermanas: se les buscan los m\u00e1s peque\u00f1os defectos y se las interpreta como dominio posesivo lo que no es nada m\u00e1s que el amor propio de los humanos, se las acusa de aprovecharse de los bienes de los po\u00adbres, cuando tambi\u00e9n ellas ten\u00edan que alimentarse, o se las trata de desobedientes y ne\u00adgligentes porque se sent\u00edan impotentes para atender \u00aba m\u00e1s de 80 enfermos\u00bb en 1640 y a \u00ab300 camas ocupadas\u00bb en 1645, cuando al llegar las Hijas de la Caridad tan s\u00f3lo hab\u00eda al\u00adrededor de 30 \u00f3 40 enfermos\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El malestar reaviv\u00f3 en Luisa el complejo de culpabilidad. En su alma, se retorc\u00eda la angustia de creer que todo le sal\u00eda mal para indicarle que \u00abno hac\u00eda nada de provecho\u00bb; hasta temi\u00f3 no poder alcanzar la felicidad eterna por culpa de sus muchos \u00abcr\u00edmenes\u00bb. Y as\u00ed, durante un ario largo, hasta que finalmente se firm\u00f3 el contrato en escritura p\u00fablica, ante notario el 18 de marzo de 1641.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Con la firma del contrato, no desaparecieron las murmuraciones, pero Luisa estaba contenta. Le llegaron noticias de la transformaci\u00f3n operada en el hospital: los enfermos que, meses antes, prefer\u00edan morir en cualquier sitio con tal de no ingresar, ahora no lo re\u00adchazaban y hasta lo ped\u00edan. El pueblo en general, felicit\u00f3 a las Hermanas, y los adminis\u00adtradores, admirando el progreso, pidieron m\u00e1s Hijas de la Caridad para hacerse cargo de otros departamentos. La experiencia de esta nueva cofrad\u00eda sanitaria era positiva y pen\u00adsaron encargarle el Hospital General o de Recluidos y otros dos cercanos a la ciudad, el Gran Hospital de Beaufort y el de Ch\u00e1teau-Gontier. Luisa acept\u00f3 aumentar el n\u00famero de Hermanas, pero no asumir m\u00e1s hospitales por entonces.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Luisa, durante mucho tiempo, vivi\u00f3 pendiente de Angers, casi la obsesionaba. Era un desaf\u00edo atrevido y no pod\u00eda permitir una frustraci\u00f3n. Se podr\u00eda interpretar como un fraca\u00adso, no de las personas, sino, lo que era peor, de la Compa\u00f1\u00eda. En verano de 1640, rog\u00f3 a Vicente de Pa\u00fal que enviara al padre Lamberto en visita oficial para animar a la comuni\u00addad, y en 1641, quiso que volviera para resolver la situaci\u00f3n creada por la enfermedad de Sor Isabel Mart\u00edn, la superiora. El P. Lamberto fue del parecer de cambiar a la Hermana Sirviente: Sor Isabel, enfermiza, no pod\u00eda continuar en una ciudad h\u00fameda ni en un hospi\u00adtal dominado por el trabajo continuo. La enviaron a Richelieu, tambi\u00e9n de Hermana Sir\u00adviente. En su lugar, qued\u00f3 la sufrida y obediente Sor Magdalena Monget. Por las cartas, sen\u00adtimos la tranquilidad y la calma que se vivi\u00f3 en el hospital durante los a\u00f1os 1642 y 1643.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Organizaci\u00f3n interna<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Cuando la Compa\u00f1\u00eda se asentaba \u00fanicamente en Par\u00eds y sus alrededores, las Hijas de Caridad recib\u00edan la formaci\u00f3n y los avisos necesarios para un buen servicio a los po\u00adbres. directamente de Vicente de Pa\u00fal y de la se\u00f1orita Le Gras. En los apuros, ella estaba presente. Pero Angers estaba lejos, a muchos d\u00edas de distancia. No hubo m\u00e1s remedio que buscar nuevos m\u00e9todos en la estructura de la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El primero fue dotar a la comunidad de Angers, y luego a todas las dem\u00e1s, de un \u00e1gil reglamento de vida. Los borradores de casi todos los reglamentos, los dise\u00f1\u00f3 Luisa y Vicente los corrigi\u00f3. Antes de julio de 1640, las Hermanas de Angers ya tuvieron el suyo. Era como unas Reglas adelantadas. A imitaci\u00f3n de \u00e9l, se redactaron todos los que se hi\u00adcieron despu\u00e9s. Consta de dos partes. La primera es el armaz\u00f3n de las futuras Reglas de <em>las <\/em>Hijas de la Caridad. Encierra la marca jur\u00eddica de la estructura y la din\u00e1mica teol\u00f3gi\u00adca del servicio: describe la naturaleza, el fm, el esp\u00edritu de la nueva Compa\u00f1\u00eda y los me\u00addios para alcanzar sus objetivos. Aunque redactado por Vicente de Pa\u00fal, tuvo en cuenta las anotaciones que atentamente hab\u00eda anotado Luisa de Marillac.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Comienza recordando a las Hermanas por qu\u00e9 han sido llamadas a Angers o, lo que es igual, para qu\u00e9 han sido fundadas las Hijas de la Caridad:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00abLas Hijas de la Caridad de los pobres enfermos van a Angers para honrar a nuestro Se\u00f1or, padre de los pobres, y a su santa Madre; para asistir a los pobres en\u00adfermos del Gran Hospital de dicha ciudad, corporal y espiritualmente: corporal\u00admente, sirvi\u00e9ndolos y administr\u00e1ndoles el alimento y las medicinas, y espiritual\u00admente, instruyendo a los enfermos en las cosas necesarias para la salvaci\u00f3n y pro\u00adcurando que hagan confesi\u00f3n general de toda su vida pasada, a fin de que por este medio los que mueran, salgan de este mundo en buen estado y los que sanen, for\u00admen la resoluci\u00f3n de nunca m\u00e1s ofender a Dios\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En la din\u00e1mica de la Compa\u00f1\u00eda, se recalca el papel primordial que tiene el amor co\u00admo una de las tres virtudes que forman su esp\u00edritu: amor a Dios, amor de las Hermanas entre ellas y amor a los pobres que son \u00absus se\u00f1ores, ya que nuestro Se\u00f1or est\u00e1 en ellos y ellos en nuestro Se\u00f1or\u00bb. Pero sin olvidar, que el amor se manifiesta com\u00fanmente por la mansedumbre y la cordialidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El esp\u00edritu que anima constantemente a las Hijas de la Caridad, adem\u00e1s del amor, com\u00adprende la humildad y la renuncia a todo afecto carnal y a la propia voluntad para hacer en todo la voluntad de Dios. Les inculca la pobreza dentro de una vida parecida a la de los pobres, la castidad que exige mucha atenci\u00f3n en el trato con los hombres y finalmente, una obediencia pronta, alegre, constante y perseverante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esta primera parte termina indicando los medios que facilitan el fin y las pr\u00e1cticas de piedad, habituales en la Compa\u00f1\u00eda: revisi\u00f3n de vida personal y comunitaria, confesi\u00f3n fre\u00adcuente y comuni\u00f3n los domingos, misa diaria, oraci\u00f3n durante media hora dos veces al d\u00eda, lectura espiritual, examen particular y examen general todas las noches.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Todo el programa puede resumirse en la imitaci\u00f3n y seguimiento de nuestro Se\u00f1or Je\u00adsucristo \u00aba quien sirven en la persona de los pobres\u00bb. Al final, pone una frase sin impor\u00adtancia, pero penetrante en la sicolog\u00eda de mujeres que viven alejadas y atinada para una Compa\u00f1\u00eda que comenzaba a andar: \u00abEscribir\u00e1n frecuentemente a sus superiores de Par\u00eds\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La segunda parte es el horario de la vida diaria. Lo escribi\u00f3 Luisa y lo corrigi\u00f3 Vi\u00adcente. Con la viveza de una mujer, que conoce a sus j\u00f3venes, redacta todas las situacio\u00adnes del d\u00eda, desde que se levantan en el nombre de nuestro Se\u00f1or, a las cuatro de la ma\u00f1ana hasta que se acuestan, a las nueve de la noche, tambi\u00e9n en el nombre de Dios. No se olvida de c\u00f3mo deben actuar a lo largo de la noche las Hermanas que velan a los enfer\u00admos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El horario entero gira alrededor de un punto central, el servicio a los pobres: la ora\u00adci\u00f3n tan necesaria a una Hija de la Caridad y la vida de comunidad imprescindible para las Hermanas, con sus tiempos de recreo, de lectura y de labores personales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esta mujer que hab\u00eda visitado la miseria de los pobres enfermos y que hab\u00eda vivido en el hospital, no se olvid\u00f3 de su situaci\u00f3n concreta. Recordaba aquella sala de 60 metros de largo por 22&#8217;50 de ancho y 12 de altura, aireada por ventanales en lo alto, cerca del techo. Le hab\u00edan comunicado que a un lado hab\u00eda 112 camas de hombres y al otro 110 de mu\u00adjeres y, sin que nadie se lo dijera, sab\u00eda que en cada cama frecuentemente se acostaban varios enfermos. El aire de la sala estaba enrarecido y por las noches corrompido. En to\u00addos los hospitales, por servicios, ten\u00edan bacinillas debajo de las camas que se vaciaban en dos grandes barre\u00f1os colocados en medio del pasillo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En una esquina, junto a la entrada, sin tabiques que los aislaran, se reservaban unos pocos metros cuadrados cubiertos de paja donde se instalaban a los enfermos incontinen\u00adtes o contagiosos. La paja se cambiaba todas las ma\u00f1anas. Cuando las Hermanas entraban al amanecer, el hedor y el aire corrompido eran insoportables. Luisa lo sab\u00eda y escribi\u00f3 en el horario unas l\u00edneas llenas de humanidad:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00abA las seis de la ma\u00f1ana, todas ir\u00e1n al hospital, para vaciar los jarros y las baci\u00adnillas y hacer las camas de los enfermos, pero antes de ir, todas habr\u00e1n tomado un poco de vino y de pan, excepto los d\u00edas de la santa comuni\u00f3n, en que se contentar\u00e1n con aspirar olor de vinagre con el que se frotar\u00e1n las manos. Quiz\u00e1s esto, s\u00f3lo ser\u00e1 necesario hasta que se acostumbren a la atm\u00f3sfera de los enfermos\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tal era el hedor que se respiraba que no era raro que se desmayaran al entrar en la sa\u00adla. No se olvide que en el siglo XVII los pobres no desayunaban. Un poco de vino y pan o el olor de vinagre confortaba, al menos, contra la primera bocanada. Tan repugnante era este servicio que algunas congregaciones religiosas exig\u00edan a sus miembros un voto es\u00adpecial de servicio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al final del borrador, Luisa advierte a su superior sobre cosillas que se les suelen pa\u00adsar a los hombres, pero que hacen menos ingrata la estancia de los enfermos: pijamas [ca\u00admisas], s\u00e1banas, toallas, servilletas, sobrecamas, orinales y hasta pebeteros donde se que\u00admen hierbas olorosas que alivien el tufo de la sala.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El segundo recurso, que a\u00f1adi\u00f3 a las estructuras, fue el director espiritual y confesor de las Hermanas. Fue a\u00f1adir a los reglamentos g\u00e9lidos el calor humano y el sonido vivo de la voz de una persona. Impresiona m\u00e1s y se acoge con ilusi\u00f3n mejor una persona real, un director, que un papel escrito. Por entonces, se hab\u00eda convertido en moda tener un di\u00adrector, que en muchas casas formaba pareja con el m\u00e9dico; cierto, para otras muchas era una verdad sin mentira. Para las Hijas de la Caridad de Angers, escogieron a Guy Lasnier, Abad de Vaux y Vicario de la di\u00f3cesis y amigo sincero de Luisa y de Vicente. Reun\u00eda las caracter\u00edsticas que estereotipadas exig\u00edan los libros espirituales aunque en este caso eran coincidentes y aut\u00e9nticas: sacerdote prudente y piadoso, de confianza y amante de la Com\u00adpa\u00f1\u00eda y \u2014lo que tambi\u00e9n recomendaba la experiencia\u2014 no era capell\u00e1n de la obra. A cau\u00adsa de las distancias, goz\u00f3 de cierta autonom\u00eda en la animaci\u00f3n espiritual y fue, al mismo tiempo, una especie de asesor de las Hermanas para algunos asuntos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Desde la primera carta que le escribi\u00f3 Luisa, aparece la importancia que le daba y la influencia que ejerc\u00eda en las Hermanas y en la comunidad de Angers. Hombre paciente, <strong>siempre <\/strong>estaba disponible para escuchar a las Hermanas. El cuidado que puso en la di\u00adlecci\u00f3n, m\u00e1s que caritativo fue sacrificado. Leyendo la Historia del Gran Hospital, pode\u00admos afirmar que cada visita a las Hermanas produc\u00eda uni\u00f3n y alegr\u00eda en la comunidad y <strong>eficacia <\/strong>en el servicio a los enfermos. Luisa de Marillac deposit\u00f3 en \u00e9l su confianza y, lo <strong><em>que <\/em>es <\/strong>m\u00e1s atrevido en una Compa\u00f1\u00eda naciente y peculiar, le ped\u00eda de tiempo en tiempo l<strong>ibera a las <\/strong>Hermanas una conferencia, aunque s\u00f3lo fuera de \u00abun cuarto de hora\u00bb, le en\u00adviaba abiertas las cartas a las Hermanas para que viera \u00ablo que el se\u00f1or Vicente les en\u00adcargaba sobre la obediencia\u00bb, puso en sus manos la vocaci\u00f3n de las j\u00f3venes que ped\u00edan <em>ter <\/em>admitidas, y le rogaba que confortara a las Hermanas que dudaban de salirse. Dialo-w con \u00e9l por carta y le ped\u00eda consejo sobre muchos asuntos espirituales de las Hermanas, servicio y de ella misma. Tanto se fi\u00f3 de \u00e9l y tanto lo valor\u00f3 que, en abril de 1641, le <strong>pidi\u00f3 <\/strong>que pusiese el nombre de la Hermana que juzgara apropiada para Hermana Sirviente <strong>y que <\/strong>Vicente de Pa\u00fal expresamente hab\u00eda dejado en blanco. Luisa de Marillac resumi\u00f3 <strong>m\u00ed la <\/strong>labor de este director: \u00abYo estoy tranquila, puesto que usted est\u00e1 en la ciudad [Angers], por el convencimiento que tengo de que su caridad me avisar\u00e1 si ocurriera alg\u00fan <strong>mal\u00bb. Y <\/strong>en otra ocasi\u00f3n: \u00abAs\u00ed, como esta obra en sus comienzos tuvo la bendici\u00f3n de es\u00adtablecerse por medio de usted, creo, se\u00f1or, que nuestro buen Dios quiere que se conserve tambi\u00e9n por los buenos caminos\u00bb. Sin que se desentendiera de las Hermanas, el Abad de Vaux se vio obligado, por sus muchas ocupaciones, a tomar un sucesor o acaso mejor, un ayudante, el se\u00f1or Ratier.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Como din\u00e1mica de la vida comunitaria, se introdujeron las Visitas Can\u00f3nicas, tradicio\u00adnales en la historia de las congregaciones religiosas, y que el Concilio de Trento hab\u00eda re\u00adalzado. Como todo en la Compa\u00f1\u00eda, las Visitas Can\u00f3nicas brotan espont\u00e1neamente, paralelas a las necesidades. Parecen un manantial despu\u00e9s de las lluvias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">San Vicente de Pa\u00fal era realista, Santa Luisa de Marillac, tambi\u00e9n. San Vicente pre\u00adve\u00eda los peligros y la desedificaci\u00f3n que pod\u00edan causar las relaciones entre los misioneros pa\u00fales y las Hijas de la Caridad, y por ello, no le agradaban y recalcaba atenci\u00f3n y pru\u00addencia. Tambi\u00e9n, Santa Luisa lo preve\u00eda y su gobierno ten\u00eda en cuenta mucha prudencia. No obstante, da la sensaci\u00f3n de fomentarlas: saludos y visitas de cortes\u00eda, noticias mutuas de familiares, peticiones de ayuda, etc. Santa Luisa pensaba que unos sacerdotes que bus\u00adcaban ansiosamente la santidad, cualificados en las ciencias sagradas y entregados \u00fanica y totalmente a los pobres, igual que sus hijas, pod\u00edan hacerles mucho bien. Sus j\u00f3venes eran mujeres piadosas y buenas, pero sin cultura religiosa, que necesitaban direcci\u00f3n, y quienes mejor se la pod\u00edan dar eran los misioneros pa\u00fales, que viv\u00edan el mismo carisma y el mismo esp\u00edritu y ten\u00edan el mismo fin y fundador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Qu\u00e9 cosa m\u00e1s l\u00f3gica que, al tener la lejan\u00eda de la comunidad de Angers, Luisa pidie\u00adra al fundador Vicente que enviara al padre Lamberto a visitarla para animar a las Her\u00admanas y resolver cualquier problema que hubiere. Nada de leyes can\u00f3nicas, todo de ma\u00adnera familiar. Y as\u00ed fue. El P. Lamberto lleg\u00f3 a Angers en el verano de 1640, y tambi\u00e9n volvi\u00f3 al a\u00f1o siguiente y en a\u00f1os sucesivos. Luego, continuaron otros padres, y otras co\u00admunidades recibieron la visita de los misioneros pa\u00fales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Supuesta la poca categor\u00eda social de esta todav\u00eda cofrad\u00eda, aislada de las Caridades de se\u00f1oras, en el hospital, los misioneros se esforzaban en animar la comunidad en la vida de Dios, de comunidad y de servicio. Para mejor lograrlo, hablaban con todas en particu\u00adlar y en com\u00fan. Pero no s\u00f3lo eso, el P. Lamben llevaba autoridad para hablar con el obis\u00adpo y con los administradores, para indicar o pedir destino de las Hermanas que juzgara oportuno.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De nuevo, en Par\u00eds El 24 de febrero, Luisa se puso en camino hacia Par\u00eds. Trayecto pesado y largo de va\u00adrios d\u00edas. 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