{"id":387564,"date":"2016-06-13T08:43:18","date_gmt":"2016-06-13T06:43:18","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387564"},"modified":"2016-07-27T12:10:49","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:49","slug":"la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xvii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xvii\/","title":{"rendered":"La Provincia espa\u00f1ola de las Hijas de la Caridad (XVII)"},"content":{"rendered":"<p><em>1.- El Real Noviciado pasa a depender del Sr. Patriarca de las Indias. <\/em>Sabido es cu\u00e1n trav\u00e9s fueron, en el orden pol\u00edtico y religioso de Espa\u00f1a, los trastornos de la invasi\u00f3n francesa. Vuelto Fernando VII de destierro, hubo notables cambios de instituciones y personas. Entre \u00e9stas el Cardenal Borb\u00f3n, Arzobispo de Toledo, cay\u00f3 de la gracia del Rey. Sobrino de Carlos III y cu\u00f1ado del Pr\u00edncipe de la Paz, siendo muy joven hab\u00eda sido nombrado Arzobispo de Sevilla y, desde 1808 pas\u00f3 a la mitra de Toledo adornado con la p\u00farpura Cardenalicia, t\u00edtulo de la Escala. En la cumbre de honores y riquezas estaba, cuando la familia Real cay\u00f3 en las redes de Napole\u00f3n, de las que \u00e9l pudo librarse, haciendo juramento de fidelidad al intruso Jos\u00e9 Bonaparte. M\u00e1s adelante, como \u00fanico v\u00e1stago de la familia Real en Espa\u00f1a, fue elegido presidente de la Regencia de C\u00e1diz y, desde entonces, se mostr\u00f3 decidido partidario de la causa nacional. Llevado por la corriente de las ideas y de los hombres que le rodeaban, no tuvo reparo en sancionar y promulgar todos los decretos de las Cortes de 1811 y 1812 y la famosa Constituci\u00f3n de aquel a\u00f1o. La conducta del Cardenal desagrad\u00f3 as\u00ed al Papa como al Rey, y m\u00e1s cuando la Regencia le envi\u00f3, como su residente y t\u00edo del Monarca, para recibir de \u00e9ste el juramento de fidelidad a la Constituci\u00f3n.<\/p>\n<p>Fernando VII le recibi\u00f3 muy piamente en Valencia y luego que lleg\u00f3 a Madrid envi\u00f3 al Cardenal a su Di\u00f3cesis de Toledo, priv\u00e1ndole de la administraci\u00f3n y rentas del Obispado de Sevilla.<\/p>\n<p>2.- Con la retirada del Sr. Cardenal era de presumir que el camino de arreglo para el Asunto del Real Noviciado quedara m\u00e1s expedito. \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda tener ya inter\u00e9s en las Nuevas Constituciones? Desgraciadamente este inter\u00e9s radicaba en el mismo Noviciado, pues como dec\u00eda el Vicario de la Congregaci\u00f3n, P. Segura, \u00abunas mujeres que se han separado voluntariamente de la Congregaci\u00f3n, que no comunican con algunos de sus miembros, que se han eximido de la sujeci\u00f3n a sus leyes m\u00e1s fundamentales y que forman una Comunidad en todo aparte, \u00e9stas no son ni pueden llamarse Hijas de la Caridad ni de la Congregaci\u00f3n que el Santo Padre fund\u00f3\u00bb.<\/p>\n<p>El Real Noviciado sigui\u00f3 despu\u00e9s de la Guerra de la Independencia sujeto al Sr. Arzobispo de Toledo y a \u00e9l acudi\u00f3 Sor Luc\u00eda Revent\u00f3s para pedir la renovaci\u00f3n de votos el 1 de marzo de 1814: y en 12 de agosto del mismo a\u00f1o, escribe la misma al Sr. Cardenal, exponi\u00e9ndole el estado de su comunidad y la visita que el d\u00eda seis les hab\u00edan hecho el Rey y los Infantes. Dice que el Padre de la Misi\u00f3n pretend\u00eda aminorarles la renta e implora favor para que no se r\u00edan de ellas. Pide licencia para admitir Hermanas. Entre sus disc\u00edpulas ten\u00eda nada menos, que a una hija del Ministro Ceballos y dos del Conde Ibargrande.<\/p>\n<p>Ya se ve con esto que no era peque\u00f1a la influencia que podr\u00edan tener estas Hermanas del Noviciado ante el Rey <em>y <\/em>el favor que les segu\u00eda dispensando el Sr. Arzobispo de Toledo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n D. Rafael Hern\u00e1ndez, Cura de S. Sebasti\u00e1n, que era el verdadero director de la casa y entusiasta colaborador de las Nuevas Constituciones, informaba con fecha 30 de agosto del mismo a\u00f1o al Cardenal Arzobispo de Toledo. Las Hijas de la Caridad eran ocho. Ten\u00edan algunas pupilas y doscientas alumnas externas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la visita del Rey esperaban recuperar las rentas asignadas. Andan buscando una nueva casa. Del Padre que se ha presentado en la Corte nada hay que temer. Al retirarse a la Capital de su Di\u00f3cesis el Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo, en los \u00faltimos meses de aquel a\u00f1o 1814, la jurisdicci\u00f3n o gobierno directo del Real Noviciado, pas\u00f3 al Sr. Patriarca de las Indias, Ilmo. Sr. Cebri\u00e1n y Balda.<\/p>\n<p>3.- Entre tanto las Hermanas del Real Noviciado segu\u00edan llam\u00e1ndose Hijas de S. Vicente. como lo vemos en la s\u00faplica del oratorio, que solicitaban en 22 de marzo de 1814 y que comienza: \u00abLa Superiora y dem\u00e1s Hijas de la Caridad de la Casa Noviciado dedicadas a la educaci\u00f3n de las ni\u00f1as en esta Corte, conforme al piadoso Instituto de S. Vicente de Pa\u00fal, su fundador, etc. Refiere la concesi\u00f3n de Oratorio de Pio VII, en cuyo cumplimiento el Sr.Cardenal Arzobispo, en 1803, \u00ablo hizo saber a D. Juan Antonio Irusta, ec\u00f3nomo que entonces era de San Sebasti\u00e1n, quien no s\u00f3lo no prest\u00f3 gustoso su consentimiento a las superiores disposiciones, sino que se declar\u00f3 protector del referido Instituto y lo acredit\u00f3 en vida y a\u00fan despu\u00e9s de su muerte; y lo mismo ha practicado y practica el cura actual habiendo palpado las grandes ventajas que experimentaban las ni\u00f1as con la educaci\u00f3n de las exponentes\u00bb.<\/p>\n<p>Que habi\u00e9ndose visto precisadas \u00e9stas a dejar la parroquia de San Sebasti\u00e1n por no poder satisfacer los alquileres de la casa que ocupaban en la calle del Prado, con motivo de haberles faltado los fondos para su subsistencia, dimanado de la invasi\u00f3n enemiga, se trasladaron a la calle del Soldado, casa de la Inclusa vieja, parroquia de San Jos\u00e9, en donde no han podido usar de las gracias concedidas en dicho Breve, ya por falta de fondos para mantener el culto del Se\u00f1or, ya por no existir el mismo Breve en poder de las suplicantes&#8230; hasta de poco tiempo a esta parte que han podido hacerse con \u00e9l&#8230;\u00bb. El d\u00eda 28 del mismo mes y a\u00f1o recibieron la autorizaci\u00f3n del Sr. Vicario de Madrid.<\/p>\n<p>Sor Manuela Lecina, que ve\u00eda desde la Inclusa los manejos de la Maestra de Novicias y los nuevos peligros que para el Instituto iban a venir, enviaba, como es natural, sus informes al Visitador y, despu\u00e9s de Dios, ten\u00eda puesta su confianza en el poderoso valimiento, que nunca le abandon\u00f3, de la Junta de Se\u00f1oras. Por su parte, los Superiores trataron de detener en forma el intento de separaci\u00f3n. Los Anales franceses nos dan cuenta de una carta del Vicario General, Sr. Han\u00f3n, el Cardenal Pacca, en la que dice: \u00abEl Cardenal de Toledo ha querido hacer con nuestras Hijas de la Caridad de Madrid lo que Napole\u00f3n en Francia, o sea apartarlas de la jurisdicci\u00f3n del Superior de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n para sujetarlas a la suya. Creo que una sola carta de Vuestra Eminencia, tan bien visto en Espa\u00f1a y Portugal, bastar\u00eda a restablecer la paz.\u00bb<\/p>\n<p>En 18 de mayo de 1818 el Cardenal Pacca transmite al Sr. Han\u00f3n la respuesta siguiente:<\/p>\n<p>\u00abLa cuarta petici\u00f3n de vuestra carta tiene por fin el restablecimiento de la Congregaci\u00f3n en Espa\u00f1a y la dependencia que deben tener de ella las Hijas de la Caridad. No se sabe si el Nuncio Apost\u00f3lico ha vuelto a Espa\u00f1a. Cuando haya noticia cierta de su vuelta se har\u00e1n las diligencias convenientes.\u00bb<\/p>\n<p>El restablecimiento de la Congregaci\u00f3n en Espa\u00f1a, de que aqu\u00ed se habla, debe referirse a que Napole\u00f3n hab\u00eda suprimido en todo su imperio las Congregaciones religiosas y, como Espa\u00f1a estuvo algunos a\u00f1os bajo su opresi\u00f3n, pod\u00edan juzgarse tambi\u00e9n aqu\u00ed suprimidas, aunque en realidad no lo fueron.<\/p>\n<p>Las trece Hermanas, que compon\u00edan entonces la Comunidad de la Inclusa, segu\u00edan siendo la edificaci\u00f3n de todas las personas que las trataban, y muy especialmente de las nobles Se\u00f1oras de la Junta, quienes, en cuantos documentos hablan de ellas, lo hacen con elogio.<\/p>\n<p>Ni las extremas penurias de aquellos a\u00f1os de hambre, 1811 y 1812, ni las faenas agotadoras <em>de <\/em>tant\u00edsimos ni\u00f1os exp\u00f3sitos como se acumularon en su casa a causa de la guerra de la Independencia, ni las tentaciones de fuera que las solicicitaban o novedades, pudieron quebrantar su buen esp\u00edritu, su adhesi\u00f3n a las Reglas de San Vicente y la fidelidad a la vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El 27 de julio de 1814 la muerte arrebat\u00f3 a Sor Joaquina Abad. Fue la primera Hermana que desde la Inclusa vol\u00f3 al cielo. Hab\u00eda venido de Barbastro a la fundaci\u00f3n en 1800. A pesar de la escasez de fondos, la Junta, dando testimonio de sus m\u00e9ritos y virtudes, no escatim\u00f3 en gastos y se le hizo el m\u00e1s solemne funeral y entierro. Tambi\u00e9n en el Noviciado hab\u00eda \u00a0fallecido, en 2 de junio de 1809, Sor Mar\u00eda Arenas.<\/p>\n<p>4.- Hacia el mes de junio de 1814, los Superiores, preocupados por la situaci\u00f3n del Real Noviciado, enviaron a Madrid al P. Salvador Codina, uno de los m\u00e1s circunspectos, sabios y santos Misioneros que entonces ten\u00eda la Congregaci\u00f3n. Sirvi\u00f3 esto de gran consuelo para las Hermanas de la Inclusa y muy particularmente para Sor Manuela Lecina, pues de \u00e9l hab\u00edan de recibir alientos y consejos. Con su presencia, aquel a\u00f1o, la fiesta de S. Vicente, Padre y Fundador, fue altamente solemnizada. El P. Codina cant\u00f3 la misa, en la que predic\u00f3 D. Pedro Aznar, cura p\u00e1rroco de Hortaleza, \u00abquienes ejercieron gratis sus respectivos misterios e igualmente los sacerdotes de la casa, que tambi\u00e9n asistieron con varios Se\u00f1ores de fuera. El coro de las ni\u00f1as colegiadas cant\u00f3 la misa y completas, acompa\u00f1ado de un bajonista y organista.<\/p>\n<p>Catorce meses permaneci\u00f3 el P. Codina en Madrid atendido por las mismas Hermanas, de la Inclusa, quienes durante tres meses, le proporcionaron en su casa posada y alimento, hasta que se traslad\u00f3 a la Escuela P\u00eda, donde continu\u00f3 otros once meses sostenido tambi\u00e9n por las mismas Hermanas, lo que confirma, que su permanencia en la Corte era s\u00f3lo por as ellas.<\/p>\n<p>5.- El primer asunto que se le ofreci\u00f3 al P. Codina fue la necesidad de Hermanas, pues, queda dicho, dos hab\u00edan fallecido y las Se\u00f1oras desearon sustituirlas por otras dos. En esto se entrecruzaba la delicada cuesti\u00f3n del Real Noviciado. Seg\u00fan la contrata oficial de la Inclusa aquel deb\u00eda proporcionar a \u00e9sta las Hermanas necesarias, pero, como en aqu\u00e9llas circunstancias esto era imposible, la Junta ofici\u00f3 en 6 de agosto al P.Visitador pidi\u00e9ndole cuatro en vez de dos Hermanas. Este aumento, claro se ve que estaba relacionado con una solicitud presentada por Sor Manuela Lecina, en 2 del siguiente mes de septiembre de que nos da cuenta la Junta con estas palabras: \u00abLe\u00ed otro memorial de la Superiora de las Hijas de la Caridad, Sor Manuela Lecina y su Hermana Sor Basilia, en el que solicitan se les conceda licencia para salir de esta Corte, pag\u00e1ndoles el viaje y que se les satisfaga los atrasos que se les deben y se acord\u00f3 acceder a su solicitud, pag\u00e1ndoles dos asientos, d\u00e1ndoles algo de los atrasos, cuyo memorial se entreg\u00f3 a la Se\u00f1ora Curadora, Marquesa de Portazgo\u201c.<\/p>\n<p>En 16 de septiembre contestaba el Sr. Visitador, anunciando el env\u00edo de las cuatro Hermanas pedidas. Llama la atenci\u00f3n la salida de Sor Manuela Lecina aun antes de que llegaran estas Hermanas. Graves razones hubo de exponer el P. Salvador Codina a la Junta de la Inclusa, para que \u00e9sta sin dificultad permitiese su ausencia a pesar de lo mucho que la apreciaban y quer\u00edan. Desde luego la marcha de Sor Manuela no era definitiva y se cohonestaba bien con el pretexto de tomar los aires natales, pues su salud siempre hab\u00eda sido delicada. Durante la guerra de la Independencia las condiciones higi\u00e9nicas de la Inclusa fueron muy lamentables, debido a la suma pobreza y la aglomeraci\u00f3n de criaturas. El m\u00e9dico de la Casa D. Antonio Amento, certificaba en 21 de julio de 1814, que asisti\u00f3 a los enfermos, \u00aben los tiempos de mayor calamidad y en los que las enfermedades causadas por la misma miseria se aumentaron extraordinariamente, habiendo llegado a tener 28, 30 y 36 ni\u00f1as enfermas de calenturas p\u00fatridas, nerviosas, como sucedi\u00f3 a fines del a\u00f1o 1812 y mucha parte de 1813\u00bb.<\/p>\n<p>No es pues extra\u00f1o que todas las Hermanas y Sor Manuela en particular sufrieran las consecuencias si no del contagio, s\u00ed de excesivo trabajo y extremas privaciones. Pocos meses antes de salir ella de Madrid, hab\u00eda muerto en la Inclusa Sor Basilia Abad, 27 de junio, natural de Barbastro y venida a Madrid en 1801. Pero la raz\u00f3n principal que sin duda hizo necesaria tal medida, fue la situaci\u00f3n en extremo dif\u00edcil y peligrosa de Sor Manuela en Madrid. En efecto, seg\u00fan la Real orden de fundaci\u00f3n del Noviciado, ella era la Superiora General de todo el Instituto en Espa\u00f1a y deb\u00eda residir en la casa Noviciado, considerada como la principal. Dado el rumbo que hab\u00eda tomado aquella fundaci\u00f3n, bajo la direcci\u00f3n del Sr. Patriarca, era de temer que se viera Sor Manuela cogida en alg\u00fan superior mandato Real en que se la obligara a volver al Noviciado y la pusiera en la alternativa de tener que rehusar, dada su fidelidad a su vocaci\u00f3n y a los Superiores leg\u00edtimos; pero si el mandato ven\u00eda de Roma, como era posible, la cosa era grav\u00edsima para ella y para todas las Hermanas de la Inclusa; en cambio, fuera de la Di\u00f3cesis de Toledo, las Hermanas de Arag\u00f3n y Catalu\u00f1a segu\u00edan su vida tranquila y sin alteraciones. Conven\u00eda pues la salida de la Superiora antes de que el sobredicho mandato lo hiciera m\u00e1s dif\u00edcil. Los sucesos justificaron tal providencia, pues, en efecto vino de Roma el Breve Pontificio de separaci\u00f3n, que si no se llev\u00f3 a cabo fue, como veremos, por causas del todo providenciales e inesperadas. Podr\u00eda sospecharse que alguna presi\u00f3n directa por parte de los partidarios de las nuevas<\/p>\n<p>Constituciones, motivara la salida de Sor Manuela Lecina pero no consta. La Maestra de Novicias se atrevi\u00f3 a decir que el viaje de la Superiora obedec\u00eda a que no andaba bien de la cabeza; pero su testimonio era s\u00f3lo el desahogo de un \u00e1nimo amargado, y la mejor prueba de su falsedad es que, apenas la decisi\u00f3n Real y Pontificia vino en 1818 a arreglar felizmente el asunto del Noviciado, los Superiores apresuraron la vuelta de Sor Manuela a Madrid.<\/p>\n<p>El d\u00eda 10 de septiembre de 1814, sal\u00eda ella de la Inclusa acompa\u00f1ada de su hermana Sor Basilia, con el sentimiento y l\u00e1grimas que es de suponer de las ni\u00f1as, Hermanas y Se\u00f1oras que tanto la quer\u00edan. En compa\u00f1\u00eda de otras dos Se\u00f1oras que completaron los asientos, un coche las condujo hasta Calatayud, donde terminaba entonces el camino Real. Se cumpl\u00edan en aquel mes los catorce a\u00f1os justos de sembrar y regar con sudor y l\u00e1grimas la semilla del Instituto de las Hijas de la Caridad en aquel campo de la Corte, donde tan espl\u00e9ndido incremento hab\u00eda de tener al correr de los a\u00f1os.<\/p>\n<p>6.- En un documento de la Inclusa, que relata en 1818 las vicisitudes del Real Noviciado estas palabras: \u00abPosteriormente vino comisionado a esta Corte por el General de la Misi\u00f3n, acompa\u00f1ando a cinco Hermanas, que se le pidieron para la Inclusa, el Padre D. Salvador Codina, el cual hizo a Su Majestad una representaci\u00f3n, exponiendo los motivos que ten\u00eda la Congregaci\u00f3n, tanto de los Padres como de las Hermanas, para desconocer la nueva fundaci\u00f3n del Noviciado de las Hijas de la Caridad, puesto que se hallaban separadas del todo de su Santo Fundador, contrario todo a lo que dispone el Rey. Y por el proyecto de Escritura de dicho Noviciado que no lleg\u00f3 a realizarse, en el cap\u00edtulo 2\u00b0 de dicho borrador, expuso Su Majestad ser su voluntad que en la referida Congregaci\u00f3n, ahora, de aqu\u00ed en adelante y por siempre jam\u00e1s, se observe y guarde la Regla y orden de San Vicente Pa\u00fal, en la forma y como lo disponen las Constituciones, encargando al Visitador General la Misi\u00f3n, a la Superiora y dem\u00e1s Hermanas, que son y por tiempo fuesen, que guarden y cumplan inviolablemente la dicha Regla y Constituciones con el ceremonial y particular directorio de su Instituto, porque con esta condici\u00f3n y no de otro modo, mand\u00f3 se har\u00eda la fundaci\u00f3n; exponi\u00e9ndose tambi\u00e9n en otra parte de la misma representaci\u00f3n que la Superiora de la Congregaci\u00f3n hab\u00eda residido en la Inclusa, como matriz que hab\u00eda sido para el establecimiento de este Instituto en las Provincias de Castilla, distando tanto el dicho Noviciado del que mand\u00f3 fundar el Rey Padre; y por lo mismo se concreta a pedir que en la Esclusa se establezca el Noviciado de las Hijas de la Caridad bajo las mismas Reglas que prescribi\u00f3 San Vicente de Pa\u00fal\u00bb.<\/p>\n<p>Claro est\u00e1 que, yendo a pasar este memorial a manos del primer Ministro Ceballos, estaba de acuerdo ahora con el Sr. Patriarca, como antes con el Sr. Arzobispo de Toledo en favor de la separaci\u00f3n del Real Noviciado, mal pod\u00eda ser atendido. Era demasiado atrevimiento que un pobre Misionero y una humilde Hermana, que se titulaba Superiora de las siervas de los pobres, se enfrentasen con los m\u00e1s altos poderes de la Naci\u00f3n. Eliminarlos era lo m\u00e1s sencillo, como se hab\u00eda hecho con el P. Murillo. Bastaba una insinuaci\u00f3n. En 22 de octubre del mismo a\u00f1o llegaron a la Inclusa directamente desde Mallorca tres Hermanas die las que all\u00ed se hab\u00edan refugiado durante la invasi\u00f3n francesa.<\/p>\n<p>Una nueva perturbaci\u00f3n sobrevino al incipiente Instituto de las Hijas de la Caridad y fue que, en el mes de agosto de aquel a\u00f1o 1814 las Hermanas de Reus, a pretexto de descontento por la direcci\u00f3n de los Misioneros, acudieron al Sr, Arzobispo de Tarragona, quien las admiti\u00f3 bajo su exclusiva Direcci\u00f3n, sin o\u00edr antes a sus leg\u00edtimos Superiores.<\/p>\n<p>Con esta ocasi\u00f3n intervino el Sr. Patriarca de las Indias pidiendo informes del suceso al Prelado de Tarragona el cual contest\u00f3 con fecha 30 de octubre lo siguiente: <em>\u00abRecibo la apreciable de V.S.I, del 12, en la que para evacuar la comisi\u00f3n que le ha confiado Su Majestad para fijar en esa Corte el establecimiento de las Hijas de la Caridad, desea que manifieste a V.S.I. de qui\u00e9n dependen las Hijas de la Caridad de Reus\u00bb. <\/em>Cuenta la historia de su \u00a0fundaci\u00f3n y luego dice:\u00bb En este estado permanecieron dichas Hijas, sujetas a los Padres de la Misi\u00f3n, hasta este a\u00f1o, en que crecieron sobremanera las quejas y reclamaciones contra el modo y forma de portarse dichos Padres con ellas, habiendo llamado muy particularmente mi atenci\u00f3n un recurso que, en 17 de junio del presente a\u00f1o, me presentaron las referedidas Hermanas, en solicitud de que las admitiese bajo mi amparo e inmediata protecci\u00f3n a causa de la opresi\u00f3n que padec\u00edan de parte de los expresados Padres de la Misi\u00f3n. Para proceder con el debido conocimiento dispuse se formalizase en mi Tribunal expediente sobre la materia y, habiendo quedado justificados los extremos comprendidos en la indicada exposici\u00f3n con auto de 13 de octubre pasado, admit\u00ed bajo mi protecci\u00f3n a las referidas Hijas, desde cuya \u00e9poca dependen de m\u00ed en lo espiritual s\u00f3lamente, pues que la parte econ\u00f3mica corre, como antes, a cuenta de la administraci\u00f3n del Hospital, habi\u00e9ndose destinado para el efecto los directores espirituales,a m\u00e1s de los confesores ordinarios, cuyos cargos he procurado cayeran en los eclesi\u00e1sticos de m\u00e1s prudencia y piedad del clero de aquella Villa, teniendo la satisfacci\u00f3n de decir a V.S.I, que desde entonces ha reinado la m\u00e1s pura armon\u00eda, uni\u00f3n y docilidad en aquella piadosa Comunidad, lo que no puedo prometerme en caso que el Sr. Nuncio insista, como me lo acaba de decir, para que vuelvan a la sujecci\u00f3n de los Padres de la Congregaci\u00f3n que lo han solicitado\u00bb.<\/p>\n<p>No es posible descartar de este suceso la gran influencia que directa e indirectamente ejerc\u00eda Sor Luc\u00eda Revent\u00f3s sobre sus antiguas s\u00fabditas de Reus. All\u00ed, como antes en el Real Noviciado, hallamos un confesor dirigiendo a unas Hermanas y los Misioneros dirigiendo a otras. Aun admitiendo algunas imprudencias que pudiera haber habido por parte de \u00e9stos, f\u00e1cil era al P Visitador poner pronto remedio, pero el ejemplo del Noviciado se repet\u00eda y ello se prestaba al proyecto de extender a todas las casas las nuevas Constituciones, seg\u00fan las pretensiones del Sr. Patriarca de las Indias y de ah\u00ed su intervenci\u00f3n.<\/p>\n<p>8.- As\u00ed lo vieron los Superiores, quienes se apresuraron a acudir al Sr. Nuncio con varias reclamaciones, de las que s\u00f3lo conocemos una del P. Salvador Codina, el cual, con fecha 4 de diciembre, le escrib\u00eda: \u00abD.Salvador Codina, Sacerdote de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y delegado del Vicario General de la misma, a V. Eminencia, con el debido respeto expone: Que las Reglas y Constituciones que nuestro Santo Padre nos dej\u00f3 nos obligan a cuidar de las Hijas de la Caridad, diciendo en el n\u00b0 1\u00b0 del cap\u00edtulo 1\u00b0. etc.\u00bb<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de probar la dependencia de las Hijas de la Caridad de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, dice el P.Codina, c\u00f3mo el Sr. Arzobispo de Tarragona se ha arrogado esa jurisdicci\u00f3n en Reus, \u00absolicit\u00e1ndolo unas y contradici\u00e9ndolo otras, hasta separarse algunas de ellas de la Comunidad por no poder sufrir esta alteraci\u00f3n. Alteraci\u00f3n que no s\u00f3lo se opone diametralmente a las Reglas sino a los pactos de aquella casa. A todos estos derechos ha contravenido el mencionado Sr. Arzobispo de Tarragona y, lo que m\u00e1s es, se ha hecho esta usurpaci\u00f3n sin ninguna formalidad de derecho, sin o\u00edr la parte, sin dar lugar de justificarse y resisti\u00e9ndose a todas las instancias que se han hecho y cuyas copias incluyo. Envi\u00f3 a dicha comunidad un fiscal, el cual les hizo prestar juramento de no revelar nada de cuanto se les preguntar\u00eda y con esto s\u00f3lo pas\u00f3 aviso a nuestros Superiores de que quedaban exonerados del cuidado de ellas y que las tomaba desde aquel punto bajo su direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>A\u00f1ade, que insulto tan irregular y ruidoso, no pudo menos de causar mucho da\u00f1o a la buena fama de los Misioneros para sus misiones y dem\u00e1s ministerios; en vista de lo expuesto, pide que se digne hacer justicia, restituyendo a la Congregaci\u00f3n sus antiguos derechos &#8216;para cerrar de una vez una puerta por donde se introducir\u00edan inevitablemente all\u00ed y en otras partes las m\u00e1s funestas consecuencias\u00bb.<\/p>\n<p>9.- El Sr. Nuncio transmiti\u00f3 al Prelado de Tarragona las razones del P. Salvador Codina rog\u00e1ndole que \u00aba pesar de los fundados motivos que haya tenido para quitar a los Misioneros la sujeci\u00f3n de las Hermanas de Reus, y, tomadas las medidas para cortar de ra\u00edz las causas, haga que ellas vuelvan a su antigua jurisdicci\u00f3n\u00bb. El 1 de enero, 1815, contesta el Sr. Arzobispo que le complacer\u00e1 pero que teme vuelva la turbaci\u00f3n a aqu\u00e9lla comunidad que vive en santa paz. \u00bf\u00bbC\u00f3mo llevar\u00e1n en paciencia verse entregar a sus enemigos victoriosos y de que har\u00e1n el mayor alarde?\u00bb.<\/p>\n<p>A pesar de tales reparos, el Sr. Nuncio \u00abjuzga \u00fatil y preciso que vuelvan a la sujeci\u00f3n debida a los PP. Pa\u00fales, dej\u00e1ndolas en libertad de confesarse con cualquier sacerdote regular o secular y que as\u00ed se lo previene al Vicario General de la Congregaci\u00f3n\u00bb. A lo cual contest\u00f3 el Sr. Arzobispo en 17 de marzo de 1815, que \u00aben vista de la de V.E. de 6 de este mes, consiguiente a lo que ofrec\u00ed en mi \u00faltima y en cumplimiento de la resoluci\u00f3n de V.E., con fecha de 14 ha dado las providencias conducentes a efecto de que las Hermanas de la Caridad de Reus vuelvan a la direcci\u00f3n de los Padres de la Misi\u00f3n con lo cual he cre\u00eddo dar a V.E. un nuevo testimonio de mi propia adhesi\u00f3n a sus insinuaciones, qued\u00e1ndome con vivos deseos de ratificarlo en todas ocasiones y de complacer a V.E. con el m\u00e1s sincero y cordial afecto.<\/p>\n<p>10.- Pero el encono de los esp\u00edritus hab\u00eda crecido tanto que las Hermanas de Reus apelaron al Rey \u00abtanto m\u00e1s en\u00e9rgicamente cuanto que, a las razones que antes ten\u00edan para evitar la dependencia de los Padres Paules, se aumenta el miedo, del sentimiento de \u00e9stos contra ellas, por tratar de libertarse de su direcci\u00f3n, sujet\u00e1ndose al Ordinario\u00bb. En vista de ello el Ministro Cevallos pidi\u00f3 informe al Sr. Arzobispo, quien, con fecha 8 de mayo, informa desde Tarragona que las Hermanas no est\u00e1n obligadas a sujetarse a los Padres. As\u00ed qued\u00f3 pendiente este asunto hasta el a\u00f1o de 1818.<\/p>\n<p>10.- Al finalizar aquel a\u00f1o de 1814 qued\u00f3 en manos del P. Visitador, Sr. Segura, la autoridad suprema para ambas Congregaciones de S. Vicente en Espa\u00f1a, seg\u00fan se lo comunica desde Roma el Sr. Sicardi, con fecha 13 de diciembre: <em>\u00abHabi\u00e9ndosenos dado por autoridad apost\u00f3lica del Sumo Pont\u00edfice Pio VII, felizmente reinante, la facultad especialmente delegada<\/em><em>, <\/em><em>primero de viva voz <\/em>y <em>despu\u00e9s por rescripto firmado de su mano, para regir <\/em>y <em>gobernar sin determinaci\u00f3n de tiempo, en toda Italia y en todo el reino de Espa\u00f1a, as\u00ed como tambi\u00e9n en las regiones de Polonia, Lituania y en algunas de Turqu\u00eda, nuestra Congregaci\u00f3n, seg\u00fan<\/em> <em>las reglas del mismo Instituto y sus Constituciones, Nos confiando en tu probidad, idoneidad y prudencia, te confirmamos y, si es necesario, de nuevo te nombramos y delegamos, y esto con todas aquellas facultades que te competen en este r\u00e9gimen y te son necesarias, como vicario General de la misma Congregaci\u00f3n en el Reino de Espa\u00f1a, que ya te hab\u00eda sido conferido por el Reverend\u00edsimo Nuncio Apost\u00f3lico Gravina, Arzobispo de Nicea, como<\/em> <em>a sucesor del Visitador, Sr. Sobies. <\/em><\/p>\n<p>Y <em>como a este cargo est\u00e1 anejo el cuidado y gobierno de las Hijas de la Caridad, que en algunas ciudades de Espa\u00f1a est\u00e1n fundadas, o tal vez se funden, te impartimos y confirmamos las facultades necesarias para regirlas a fin de que, en cosa tan importante se haga todo regularmente. Queremos que estas nuestras letras sean valederas hasta que se disponga otra cosa.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1.- El Real Noviciado pasa a depender del Sr. Patriarca de las Indias. Sabido es cu\u00e1n trav\u00e9s fueron, en el orden pol\u00edtico y religioso de Espa\u00f1a, los trastornos de la invasi\u00f3n francesa. 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