{"id":387339,"date":"2016-04-19T08:59:18","date_gmt":"2016-04-19T06:59:18","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387339"},"modified":"2016-07-27T12:10:52","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:52","slug":"1639-de-hecho-la-compania-se-hace-independiente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/1639-de-hecho-la-compania-se-hace-independiente\/","title":{"rendered":"1639: De hecho, la Compa\u00f1\u00eda se hace independiente"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-387301 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/espiritualidad-300x276.jpg?resize=300%2C276\" alt=\"espiritualidad\" width=\"300\" height=\"276\" \/>Todo indica que en 1639 la cofrad\u00eda se hab\u00eda transformado plenamente en una cofrad\u00eda bien organizada e independiente de hecho, aunque no jur\u00eddicamente, de las otras Carida\u00addes de se\u00f1oras. Tres hechos lo atestiguan: la direcci\u00f3n de los ni\u00f1os abandonados, dos car\u00adtas de Luisa de Marillac y la instalaci\u00f3n de una comunidad en el Gran Hospital de Angers.<\/p>\n<p><em>Los ni\u00f1os abandonados<\/em><\/p>\n<p>La situaci\u00f3n de los ni\u00f1os abandonados en el primer tercio del siglo XVII es la ver\u00adg\u00fcenza descarada de aquella sociedad. Impresiona el problema de las madres solteras, pe\u00adro duele cruelmente el abandono a la muerte de unas criaturitas reci\u00e9n nacidas. Con dolor y realismo, lo describe San Vicente de Pa\u00fal:<\/p>\n<p>\u00abAbandonados por su padre y por su madre&#8230; han sufrido por los golpes de su madre sobre su vientre, por los apretones y por las medicinas [para abortar]&#8230;, han sido abandonados a la muerte por sus padres y por sus madres que no los han ma\u00adtado para quedar impunes&#8230; Esas pobres criaturas encuentran seguridad entre per\u00adsonas extra\u00f1as que no les tocan nada&#8230;, sufren pobreza, miseria, calumnia y perse\u00adcuci\u00f3n por culpa del pecado de su madre&#8230;, son hijos del pecado\u00bb.<\/p>\n<p>La sociedad los despreciaba preferentemente por ser los hijos del pecado. Para aque\u00adlla sociedad de moral falisca, el ni\u00f1o abandonado o exp\u00f3sito llevaba en su carne la tacha sucia y perpetua de un supuesto pecado paterno. Hasta una Hija de la Caridad, se hizo eco de estos sentimientos; a la reina de Polonia que propon\u00eda c\u00f3mo alguna de estas ni\u00f1as po\u00addr\u00edan llegar a ser Hijas de la Caridad, le respondi\u00f3 ofendida: \u00ab\u00a1Ah, no, se\u00f1ora! Nuestra Compa\u00f1\u00eda no se nutre ni se compone de esa clase de personas. No se admite en ella m\u00e1s que las v\u00edrgenes\u00bb. Marcados por esta ignominia rara vez los familiares pobres se ha\u00adc\u00edan cargo de la madre y del hijo que llevaban la maldici\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>El Estado los rechazaba adem\u00e1s por la raz\u00f3n a\u00f1adida de ser onerosos y exigir gastos enormes. En 1445, el rey Carlos VII, al ver aumentar el abandono de ni\u00f1os, pens\u00f3 que \u00absi se les cuidaba y alimentaba bien, los padres los abandonar\u00edan para verse libres de esta car\u00adga y cuidado, de tal forma que los 20 hospitales [de Par\u00eds] no podr\u00edan albergarlos ni alimentarlos\u00bb.<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os abandonados es la herida m\u00e1s atroz, pero del mundo de los pobres. Los hi\u00adjos de la nobleza y de la alta burgues\u00eda eran bastardos a los que se les proporcionaba bue\u00adna educaci\u00f3n, fortuna suficiente y una colocaci\u00f3n digna en la administraci\u00f3n o en la Igle\u00adsia: obispos, abades y priores. Algo mayor, aunque no grande, era el n\u00famero de ni\u00f1os abandonados por la peque\u00f1a burgues\u00eda. La moral burguesa era estricta y no admit\u00eda des\u00adlices en sus hijas. Si alguna vez suced\u00eda, pod\u00eda llegar el abandono, pero era m\u00e1s com\u00fan entregar al ni\u00f1o a un matrimonio mediante la compensaci\u00f3n de una buena suma de di\u00adnero.<\/p>\n<p>La mayor\u00eda de los abandonados eran hijos de gente humilde: obreras textiles y costu\u00adreras despedidas por los patronos que hab\u00edan abusado de ellas; eran sirvientas abandona\u00addas por sus amos despu\u00e9s de haberlas seducido, o chicas llegadas a la ciudad en busca de trabajo. Adem\u00e1s de la verg\u00fcenza y el desprecio, guardar al hijo supon\u00eda dificultades so\u00adciales para casarse o imposibilidad de colocarse; lo que significaba caer en la miseria y morir de hambre madre e hijo. Si el hijo era adulterino pend\u00eda la amenaza de muerte pa\u00adra la madre.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n, abundaban los hijos de la plebe: obreros, peones, aguadores, barqueros, ma\u00adrineros sin domicilio, etc. La promiscuidad en las viviendas peque\u00f1as y destartaladas era semillero de embarazos para la inclusa.<\/p>\n<p>No era raro encontrar ni\u00f1os abandonados por matrimonios que no pod\u00edan alimentar a un nuevo hijo. En realidad, los ni\u00f1os abandonados aumentaban en las \u00e9pocas de calami\u00addades y de hambre. Entonces, se abandonaban ni\u00f1os creciditos, con la idea de recogerlos una vez pasada la calamidad, pero esto pocas veces suced\u00eda. El abandono, en verdad, lo era para siempre.<\/p>\n<p>En Par\u00eds, se recog\u00eda a los ni\u00f1os de la ciudad y a muchos de los nacidos en los pueblos. Aunque prohibido y castigado con rigor, hab\u00eda hombres que, como un negocio, se arries\u00adgaban a llevarlos hasta Par\u00eds por caminos dif\u00edciles. El traslado, o mejor el transporte, re\u00adsuena a crueldad, tragedia o crimen: por derroteros intransitables, en envoltorios sofo\u00adcantes y en condiciones inhumanas, procurando que los lloros no les delatasen. En peli\u00adgro de ser descubiertos, lo m\u00e1s f\u00e1cil y lo m\u00e1s corriente era abandonar a los reci\u00e9n nacidos a su suerte en los bosques y caminos, es decir, entregarlos a la muerte. A los que no ha\u00adb\u00edan muerto en el camino, los abandonaban de noche en las puertas de las iglesias y de los conventos: la muerte los arropaba con el fr\u00edo de la noche y con los mordiscos de las ratas. A los que sobreviv\u00edan, en poco tiempo los mataban las condiciones despiadadas en que hab\u00edan sido recogidos. Vicente de Pa\u00fal dec\u00eda que todos estaban \u00aben necesidad extre\u00adma de muerte\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando ve\u00edan a un ni\u00f1o abandonado en una puerta, las personas se desentend\u00edan por miedo a ser acusados de paternidad. Hubo que poner comisarios especiales encargados de recogerlos. Como primera medida, se los llevaban al Gran Hospital para examinarlos y darles los primeros cuidados, luego eran llevados a una casa cercana llamada La Cuna. Las condiciones de la Cuna eran tan desastrosas que la lectura de los informes producen incredulidad y desolaci\u00f3n, rabia e irritaci\u00f3n. Tan mal atendidos estaban, que Vicente de Pa\u00fal \u2014no hay motivos para dudar\u2014 afirm\u00f3 que en los cincuenta \u00faltimos a\u00f1os ninguno hab\u00eda sobrevivido, a no ser los que se hab\u00edan dado en adopci\u00f3n. Sin sensibler\u00edas, con ras\u00adgos atroces pero precisos, describi\u00f3 la situaci\u00f3n de estos ni\u00f1os:\u00abEstas pobres criaturitas estaban mal cuidadas: \u00a1Una nodriza para cuatro o cin\u00adco ni\u00f1os!<\/p>\n<p>Se los vend\u00edan a los mendigos a ocho sueldos la pieza; les romp\u00edan los brazos y las piernas para excitar la piedad de las gentes y que les dieran limosna, y los ha\u00adc\u00edan morir de hambre.<\/p>\n<p>Les daban p\u00edldoras de l\u00e1udano, que es un veneno, para hacerlos dormir; es cier\u00adto que se ha hecho as\u00ed.<\/p>\n<p>Para colmo de males, muchos de ellos mor\u00edan sin ser bautizados\u00bb<\/p>\n<p>La Cuna, como el Gran Hospital, pertenec\u00eda al Alto Tribunal de Justicia, del que for\u00admaban parte los can\u00f3nigos de N\u00f3tre-Dame, que se hab\u00edan hecho cargo del gobierno del establecimiento. Los administradores del Gran Hospital valoraron el trabajo que hac\u00edan las Damas de la Caridad en el hospital y les propusieron hacerse cargo de los ni\u00f1os aban-donados<u><sup>25<\/sup><\/u>. Durante dos o tres a\u00f1os, los estuvieron urgiendo. Presididas por Vicente de Pa\u00fal, tuvieron varias reuniones y animaron a su Director para que aceptase. Aunque no pertenec\u00eda a las Damas del Gran Hospital, tanto el director Vicente como la se\u00f1ora presi\u00addenta Goussault lo consultaban con Luisa de Marillac: \u00abHe pensado hablar a fondo con el procurador general&#8230; del medio de socorrer a esas pobres criaturas en los Ni\u00f1os Exp\u00f3si\u00adtos. La se\u00f1ora Goussault quiz\u00e1 le haya podido decir la nueva proposici\u00f3n que se me ha hecho para ello. Ya hablaremos de esto dentro de tres o cuatro d\u00edas\u00bb. Como era lo habitual, todos descargaron la responsabilidad organizativa en la se\u00f1orita Le Gras. Vi\u00adcente se lo comunic\u00f3 por carta el primero de enero de 1638: \u00abEn la \u00faltima reuni\u00f3n, se to\u00adm\u00f3 el acuerdo de que se le pidiera a usted hacer un ensayo con los ni\u00f1os exp\u00f3sitos, si hay alg\u00fan medio de alimentarlos con leche de vaca y tomar dos o tres a este efecto\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n retardaba el comienzo de la obra? Las se\u00f1oras parece que culpaban a Vicente, y, conociendo su prudencia para no adelantarse a la Providencia, nos inclinamos a cul\u00adparlo tambi\u00e9n nosotros. La misma impresi\u00f3n se saca de una carta que envi\u00f3 a Luisa, un tanto disculp\u00e1ndose, otro tanto culp\u00e1ndose y un poco acusando a Luisa: \u00abMe urgen, de una forma que no puede imaginarse, de parte del se\u00f1or Hardy. Me hace culpable de todo el retraso&#8230; \u00bfQu\u00e9 inconveniente hay en que usted haga comprar una cabra y contin\u00fae ha\u00adciendo una experiencia m\u00e1s amplia?\u00bb.<\/p>\n<p>Un inconveniente proven\u00eda de la se\u00f1orita Hardy, apoyada por una parte de las Damas: Prefer\u00edan asumir la obra ya existente de la Cuna y conservar as\u00ed los bienes de la funda\u00adci\u00f3n, pero Vicente de Pa\u00fal se opon\u00eda firmemente. Pensaba que ello hundir\u00eda la obra ente\u00adra en el fracaso. Adem\u00e1s de la dificultad continua que implica enderezar una obra que fun\u00adciona mal, ten\u00eda el inconveniente de estar obligados a rendir cuentas de la marcha del es\u00adtablecimiento al Cabildo, que impondr\u00eda un estilo determinado de funcionar. Vicente pre\u00adfer\u00eda romper todo lo anterior, perder los pocos bienes de la fundaci\u00f3n y comenzar algo en\u00adteramente nuevo, dirigido exclusivamente por \u00e9l y las Damas. No toleraba que otros pu\u00addieran imponer sus m\u00e9todos anticuados. La experiencia lo aconsejaba no fiarse. \u00c9l tra\u00eda m\u00e9todos renovadores que presentaba a discusi\u00f3n en las Caridades y tem\u00eda que otros lo obligaran a seguir sistemas caducos. Se sent\u00eda, por lo mismo, impotente para aceptar obras que no pudiera dirigir \u00e9l. A su lado, y participando plenamente de esta misma mentalidad, estaba la se\u00f1orita Le Gras. Calladamente, hab\u00eda concebido un plan que favorec\u00eda las ide\u00adas de Vicente de Pa\u00fal y se lo remiti\u00f3. Era un plan sencillo y posible. Era natural, entonces, que Vicente asumiera este proyecto: \u00abSi yo creyese \u2014le escribi\u00f3\u2014 que ella (la se\u00ad\u00f1orita Hardy) aceptaba el ensayo que usted propone de una nodriza y alguna cabra en ca\u00adsa de usted, eso bastar\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Al final, las Damas estuvieron de acuerdo con el plan presentado por Luisa. A Luisa, se le daba bien el papeleo y comenz\u00f3 a redactar las memorias junto con Vicente de Pa\u00fal. En dos reuniones, las oficialas de las Damas decidieron r\u00e1pidamente que la casa de los ni\u00ad\u00f1os abandonados \u00abdependiera de la superiora de las Hijas de la Caridad [Luisa de Marillac] y que fuese all\u00ed a pasar siete u ocho d\u00edas, si su salud se lo permit\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Se comenz\u00f3 la empresa con mucha precauci\u00f3n: con doce ni\u00f1os escogidos por sorteo para dejar a la divina Providencia que los eligiese. Luisa compr\u00f3 una cabra y se llev\u00f3 a los doce ni\u00f1os a su casa de La Chapelle. Posteriormente, se los traslad\u00f3 a la calle Boulanger, en el barrio de Saint\u2014Victor cerca de la casa donde se hab\u00eda fundado a las Hijas de la Caridad. Una nodriza fue contratada para amamantar a los beb\u00e9s, y varias Hijas de la Caridad se encargaron de hacer funcionar la obra.<\/p>\n<p>Luisa nombr\u00f3 para dirigir la instituci\u00f3n a una viuda, la se\u00f1ora Pelletier, de buena con\u00addici\u00f3n social. Da la impresi\u00f3n de que hab\u00eda entrado en las Hijas de la Caridad sin aban\u00addonar su rango social y acaso pensando ser la lumbrera de una Compa\u00f1\u00eda reciente de al\u00addeanas. Se ve\u00eda de categor\u00eda superior a la se\u00f1orita Le Gras y maquin\u00f3 ante las autorida\u00addes eclesi\u00e1sticas y judiciales para separar a los dos santos y a las Damas de la Caridad de la administraci\u00f3n de los ni\u00f1os abandonados y convertirse as\u00ed en la \u00fanica directora. Nadie se dej\u00f3 sorprender y la junta de las Damas determin\u00f3 con claridad que la se\u00f1ora Pelletier depender\u00eda de las Damas en las cosas puramente materiales y Luisa de Marillac llevar\u00eda la direcci\u00f3n de las espirituales, as\u00ed como el gobierno de las Hijas de la Caridad, de las no\u00addrizas, empleadas y de los ni\u00f1os traviesos que fueran creciendo; la se\u00f1ora Pelletier, ade\u00adm\u00e1s, acudir\u00eda a Luisa y le dar\u00eda cuenta cada semana o, al menos, cada quince d\u00edas, de to\u00addo lo concerniente a su labor.<\/p>\n<p>Las maquinaciones de la se\u00f1ora Pelletier supon\u00edan una carga explosiva contra la mis\u00adma naturaleza y existencia de la obra de los ni\u00f1os abandonados. Fue un peligro hondo y real. No tan da\u00f1ino pero s\u00ed m\u00e1s alarmante fue otro episodio que alborot\u00f3 y hasta acaso aterroriz\u00f3 m\u00e1s a Luisa. Los ni\u00f1os llevaban tan s\u00f3lo unos d\u00edas en la calle Boulanger. Sor Isabel Turgis hab\u00eda sustituido a la se\u00f1ora Pelletier al frente de los ni\u00f1os abandonados, cuando el barrio fue designado como cuartel de invierno donde se alojar\u00eda una Compa\u00f1\u00eda de soldados por un tiempo. Los gastos de alojamiento y de comida del ej\u00e9rcito corr\u00edan a cargo de los vecinos. El municipio procuraba que se alojaran en el mayor n\u00famero posible de familias: los gastos ser\u00edan menores para cada familia. Parece natural, por ello mismo, que enrolaran como alojamiento la reci\u00e9n habitada casa de los ni\u00f1os. Sor Turgis se aterr\u00f3 y acudi\u00f3 a Luisa, y Luisa se espant\u00f3 tanto o m\u00e1s que ella: soldados en una casa habitada \u00fanicamente por mujeres y ni\u00f1os, sin ning\u00fan hombre para que las defendiera, supon\u00eda una amenaza constante e inminente a la castidad. Luisa acudi\u00f3 a Vicente y ambos escribieron y pidieron ayuda a la se\u00f1ora Goussault, a la esposa del Canciller, a la duquesa de Aigui-llon, al p\u00e1rroco, al capit\u00e1n, al sargento. Al final, pudieron librarse de los soldados pag\u00e1n\u00addoles el alojamiento en otro lugar.<\/p>\n<p>La se\u00f1orita Le Gras se volc\u00f3 en los ni\u00f1os. Busc\u00f3 adornar la casa personalmente con cuadros, como el de la Virgen y San Jos\u00e9, llevando de la mano al Ni\u00f1o Jes\u00fas. All\u00ed, con los ni\u00f1os y las Hermanas, pas\u00f3 d\u00edas emocionantes de alegr\u00eda y de dolor. Dolor de madre que comenz\u00f3 bastante pronto: en aquellos tiempos en que la mitad de los ni\u00f1os mor\u00edan antes de cumplir un ario, tambi\u00e9n la muerte lleg\u00f3 para los ni\u00f1os abandonados. Si mor\u00eda un n\u00famero que le parec\u00eda exagerado, se alarmaba, buscaba las causas y triste se lo comuni\u00adcaba al superior Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Todos estos hechos sucedieron r\u00e1pidamente, en los meses de enero y febrero de 1638.<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os abandonados fue la primera obra que asum\u00edan las Hijas de la Caridad con bastante libertad en sus manos y que Luisa dirig\u00eda con cierta autonom\u00eda. Sinti\u00f3 que la Compa\u00f1\u00eda se iba haciendo mayor de edad. Cierto, la empresa era de las Damas en lo eco\u00adn\u00f3mico, de ellas depend\u00edan en la vivienda y en las estructuras externas, pero en la direc\u00adci\u00f3n y en la organizaci\u00f3n interna ella era la directora. Dedic\u00f3 sus energ\u00edas m\u00e1s vitales a esta obra \u00fanica e inesperada que asombr\u00f3 a toda la sociedad. A\u00fan hoy d\u00eda, resuena el es\u00adtupor de la gente ante unas mujeres que, comprometi\u00e9ndose a vivir el celibato, se convir\u00adtieron en madres de unas criaturas desechadas por sus padres naturales y por la sociedad pusil\u00e1nime. Consagr\u00f3 gran parte de su tiempo a aquellos ni\u00f1os que le recordaban al hijo que tanto amaba y le tra\u00edan a la memoria su infancia tan parecida y tan diferente. Ella tu\u00advo mejor suerte.<\/p>\n<p><em>Doctrina en dos cartas de 1639<\/em><\/p>\n<p>El 16 de mayo de 1639, el pensamiento de Luisa sobre la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad estaba completo y definido. Lo expone en una carta a la superiora de las bene\u00addictinas de Argenteuil: la cofrad\u00eda de las j\u00f3venes era ya una Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>En un pueblo cercano a Par\u00eds, Argenteuil, hab\u00eda un convento de bernardas o benedic\u00adtinas cistercienses. Hac\u00eda cuatro a\u00f1os que se hab\u00eda instalado all\u00ed una Caridad de se\u00f1oras donde colaboraban dos Hijas de la Caridad. Para la buena gente del pueblo, eran senci\u00adllamente dos chicas de una cofrad\u00eda de Caridad.<\/p>\n<p>Hacia 1638, muri\u00f3 en el convento una hermana lega y, para substituirla, la superiora se fij\u00f3 en una de las dos Hijas de la Caridad, una tal B\u00e1rbara. Para la superiora, como pa\u00adra la mayor\u00eda del pueblo no era nada m\u00e1s que una seglar, una buena chica. Era pobre y bien pod\u00eda ocupar el puesto de una lega. Esto era descubrir una vocaci\u00f3n religiosa en una joven seglar. B\u00e1rbara entr\u00f3 en el convento, pero al a\u00f1o, de nuevo necesitaron otra lega, y una vez m\u00e1s la superiora intent\u00f3 atraer a otra Hija de la Caridad. En su mente, estaba ayu\u00addando a una seglar a consagrarse a Dios.<\/p>\n<p>Esta Hija de la Caridad, sin embargo, no pensaba de la misma manera y se lo comu\u00adnic\u00f3 a la se\u00f1orita Le Gras. Enterada Luisa, envi\u00f3 al convento a una joven con vocaci\u00f3n de religiosa, juntamente con una carta muy cort\u00e9s y muy firme para la superiora. Al leer la carta, vemos a Luisa serena mientras la escribe y con dominio de la situaci\u00f3n. Descu\u00adbrimos la inteligencia que impresiona en todos sus escritos y a una mujer r\u00e1pida en tomar decisiones y segura en los asuntos que no tocan su vida interior (c.14):<\/p>\n<p>\u00abSe\u00f1ora: tal vez, le extra\u00f1e que, sin tener el honor de conocerla ni ser conoci\u00adda por usted, me tome la libertad de escribirle. No lo har\u00eda a no ser por la seguri\u00addad que tengo de que no va a llevarlo a mal, pues solamente el amor de Dios, a quien queremos servir y amar, me mueve a enviarle una joven de este lugar, que es buena y est\u00e1 llena de buenos deseos, para ocupar el puesto de lega, que me han dicho hay vacante en su monasterio\u00bb.<\/p>\n<p>Envuelta en la espiritualidad de su tiempo, le expone cu\u00e1l es la vocaci\u00f3n de una Hija de la Caridad: aunque sean seculares, las Hijas de la Caridad no son simples seglares, tie\u00adnen una llamada de Dios igual que las benedictinas. Y esta vocaci\u00f3n es eterna pues est\u00e1 enraizada en el designio eterno de Dios.<\/p>\n<p>\u00abLo he sabido por una de nuestras Hermanas, sirvientas de los pobres en las Caridades de las parroquias, a la que Dios ha llamado y puesto en este modo de vi\u00adda desde hace ocho a\u00f1os. No he querido creer, se\u00f1ora, que haya sido usted la que haya encargado desviarla de su vocaci\u00f3n, no pudiendo ni siquiera imaginar que los que conocen su importancia quisieran oponerse a los designios de Dios y poner en peligro la salvaci\u00f3n de un alma\u00bb.<\/p>\n<p>La diferencia entre las dos vocaciones no est\u00e1 en la llamada sino en el fin para el que han sido llamadas: las Hijas de la Caridad no han sido llamadas para llevar una vida de plegarias y oraci\u00f3n o de mortificaci\u00f3n, sino de servicio a los pobres. Pero tambi\u00e9n las Hi\u00adjas de la Caridad se entregan a Dios radicalmente, se le consagran:<\/p>\n<p>\u00abPrivando a la vez de socorro a los pobres abandonados, sumidos en toda suer\u00adte de necesidades, que realmente s\u00f3lo son atendidos por los servicios de estas bue\u00adnas j\u00f3venes que, desprendi\u00e9ndose de todo inter\u00e9s, se dan a Dios para el servicio es\u00adpiritual y temporal de esas pobres criaturas a las que su bondad quiere considerar como miembros suyos\u00bb.<\/p>\n<p>Luisa de Marillac ten\u00eda una ideolog\u00eda clara y precisa sobre el carisma, el fin y la na\u00adturaleza teol\u00f3gica de la nueva Compa\u00f1\u00eda. Hoy, no cambiar\u00eda mucho su mentalidad. No menos nos convence la personalidad que necesitaban las Hijas de la Caridad y encontra\u00admos en Luisa. En la carta anterior, se presenta como una mujer preparada para las gran\u00addes fundaciones y capacitada para dirigir la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Luisa pose\u00eda tambi\u00e9n ideas n\u00edtidas y terminantes de c\u00f3mo deb\u00eda ser la Compa\u00f1\u00eda por dentro, en el vivir diario de las Hermanas. Sin escr\u00fapulo ni dudas, se lo expuso a la co\u00admunidad de Richelieu. Aquellas Hermanas que hab\u00edan sido escogidas con minuciosa aten\u00adci\u00f3n, al cabo de un a\u00f1o no viv\u00edan la comunidad con la que so\u00f1aba Luisa. El 26 de octu\u00adbre de 1639, escribi\u00f3 a las dos Hermanas entre seria y amable, la manera de vivir las Hi\u00adjas de la Caridad en comunidad.<\/p>\n<p>Sin paliativos, les dice que la Hija de la Caridad \u00fanicamente se santifica en el servi\u00adcio de los pobres si lo hace con amor, y s\u00f3lo as\u00ed edificar\u00e1 a los seglares.<\/p>\n<p>La Se\u00f1orita sale al paso de las desavenencias entre las dos compa\u00f1eras, por otro lado corrientes cuando la comunidad est\u00e1 formada por s\u00f3lo dos personas. La calma tan s\u00f3lo la pueden traer ellas dos. A Sor B\u00e1rbara Angiboust, la superiora, le pide comunicaci\u00f3n cor\u00addial, dulce y tolerante con su compa\u00f1era, es decir, \u00abportarse como una madre\u00bb, ser hu\u00admilde y pedirle perd\u00f3n, si llega el caso. A Sor Luisa Ganset, la compa\u00f1era, le exige obe\u00addiencia, no hacer nada sin permiso, vivir la pobreza y no manejar dinero a su capricho. Saldr\u00e1n juntas y construir\u00e1n la vida unidas y alegres, pues la vida es mucho m\u00e1s que es\u00adtar juntas. Es lo que se dice llevar una vida de Dios. No es que la comunidad sea una fa\u00admilia, es \u00fanicamente eso: una comunidad.<\/p>\n<p>Las dos Hermanas con humildad corrigieron sus desavenencias. Un mes despu\u00e9s, pa\u00ads\u00f3 por all\u00ed Vicente de Pa\u00fal y encontr\u00f3 contentas a las Hermanas, viviendo en sincera co\u00admunidad. Ilusionado Vicente, les anunci\u00f3 una pr\u00f3xima visita de la se\u00f1orita Le Gras, ca\u00admino de Angers (I, c.428-430).<\/p>\n<p>Luisa de Marillac, aceptada por todos, se hab\u00eda convertido en una verdadera Superio\u00adra General. Adem\u00e1s de dinamizar las obras, su papel abarcaba la animaci\u00f3n de las comu\u00adnidades y de las Hermanas.<\/p>\n<p><em>El Gran Hospital de Angers<\/em><\/p>\n<p>El primero de febrero de 1640, culmin\u00f3 la evoluci\u00f3n de la cofrad\u00eda de Caridad de las 15% enes en Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad. Fue el d\u00eda en que se instituy\u00f3 una co\u00admunidad de Hijas de la Caridad en el Gran Hospital de San Juan Evangelista de la ciudad Angers. Luisa ten\u00eda 48 a\u00f1os y una excelente preparaci\u00f3n que la capacitaba para concluir el cambio y asumir la direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>Angers era y es la capital y el coraz\u00f3n de Anjou. Vitalizada por el obispado, la universidad, el juzgado y el gobierno militar. Era ante todo una ciudad de eclesi\u00e1sticos y ad\u00administrativos. A pesar de tener una posici\u00f3n privilegiada, no lejos de la mar, cerca del navegable r\u00edo Loira y unido a \u00e9l por el r\u00edo Maine, no supo sacar ventajas de esta gracia ni de la red fluvial de primer orden. Tampoco, supo aprovecharse de su poblaci\u00f3n numero\u00adsa, menos a\u00fan de su tierra f\u00e9rtil para la agricultura, ni de su suelo rico en materias primas aliadas. Hab\u00eda logrado mantener una peque\u00f1a industria textil y de lanas pero, seg\u00fan los contempor\u00e1neos, los telares languidec\u00edan al igual que el comercio. Por lo que se contaba, los angevinos no eran ni emprendedores ni laboriosos: tan pronto como hac\u00edan algo de di\u00adnero, se retiraban a vivir tranquilamente de sus rentas. Con todo, Angers era una ciudad de gran categor\u00eda reconocida y envidiada por muchas ciudades del reino. No era una ciu\u00addad cualquiera.<\/p>\n<p>Angers ten\u00eda un Gran Hospital, el de San Juan Evangelista. Como otros muchos hos\u00adpitales, en los primeros a\u00f1os del siglo XVII, sufr\u00eda una situaci\u00f3n de desbarajuste en lo es\u00adpiritual y en lo material. Estaba atendido por \u00abvarios criados, mercenarios a sueldo, que era preciso tolerar sin que cumplieran con sus obligaciones\u00bb. Mejor\u00f3 la situaci\u00f3n cuando se despidi\u00f3 a la gobernanta de los pobres en 1610 por robo y dilapidaci\u00f3n, y se la substi\u00adtuy\u00f3 por Rosa Baillif, mujer piadosa que hab\u00eda hecho \u00abvoto de terminar all\u00ed sus d\u00edas sir\u00adviendo a los enfermos\u00bb. Estaba ayudada por otras voluntarias que se llamaban \u00abhermanas sirvientes de los pobres enfermos&#8230; y llevadas a ello por un esp\u00edritu de humildad, manse\u00addumbre y Caridad extraordinaria\u00bb.<\/p>\n<p>En el a\u00f1o 1633, la presidenta Goussault, se\u00f1ora de varios pueblos y due\u00f1a de ricas po\u00adsesiones en Anjou, hizo un viaje hasta Angers, visit\u00f3 el hospital y lo encontr\u00f3 \u00abbastante bien ordenado \u2014escribe a San Vicente\u2014. Hay all\u00ed una buena se\u00f1ora que ha hecho voto de acabar all\u00ed sus d\u00edas sirviendo a los enfermos y les ha hecho mucho bien; sobre todo, tiene mucho cuidado de su salvaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Pero en 1638, mor\u00eda Rosa Baillif sin haber concluido satisfactoriamente el cuidado a los enfermos, ni haber afianzado la organizaci\u00f3n del hospital. Como un edificio sin co\u00adlumnas, los logros de la buena mujer comenzaron a desmoronarse. Todo volv\u00eda a la si\u00adtuaci\u00f3n de 1610. Sor Maturina Gu\u00e9rin, la fiel secretaria de la Se\u00f1orita, escrib\u00eda en 1675, siendo Superiora General, que cuando llegaron las Hermanas \u00abhab\u00eda alrededor de 30 o 40 enfermos, hombres y mujeres, y tres docenas de camisas [pijamas], en total&#8230; Tan pocos pobres hab\u00eda por entonces que los de la ciudad no quer\u00edan que se los llevara al hospital, y si se encontraban algunos que fuesen obligados a ir all\u00ed, procuraban llevarse camisas blan\u00adcas de sus casas o de sus amigos\u00bb<sup>29<\/sup>.<\/p>\n<p>Esta situaci\u00f3n remordi\u00f3 la conciencia a los administradores, que acudieron a la se\u00f1o\u00adra Goussault como intercesora ante Vicente de Pa\u00fal para que las Hijas de la Caridad se hicieran cargo del hospital. Se acept\u00f3 y la se\u00f1ora Goussault preparaba la fundaci\u00f3n a tra\u00adv\u00e9s de sus amigos de Angers cuando muri\u00f3 el 20 de setiembre de 1639. Luisa de Marillac recogi\u00f3 el compromiso. Personalmente, ella condujo a sus hijas hasta el Gran Hospital.<\/p>\n<p>Val\u00eda la pena. Angers no era Par\u00eds, pero tampoco era un pueblo. A m\u00e1s de doscientos kil\u00f3metros de la Casa de Luisa, parec\u00eda una aventura. Era el primer hospital del que se ha\u00adc\u00edan cargo las Hijas de la Caridad como hospitalarias y la primera obra de envergadura le\u00adjos de Par\u00eds y de los superiores. Pero, y era lo m\u00e1s importante y singular, era la primera vez que actuaban con independencia de las Damas de la Caridad. Angers se presentaba como un reto a la nueva Compa\u00f1\u00eda: se comprobar\u00eda su capacidad, su efectividad y su fu\u00adturo.<\/p>\n<p>Cuando llegaba el tiempo de la partida, Vicente de Pa\u00fal, que estaba en Richelieu, cer\u00adca de Angers, habl\u00f3 con los se\u00f1ores administradores y concret\u00f3 los detalles m\u00e1s signifi\u00adcativos del funcionamiento. Preocupado por la salud de su dirigida, le prepar\u00f3 los billetes de la diligencia y le se\u00f1al\u00f3, pueblo a pueblo, el camino que conven\u00eda seguir para evitar los fastidiosos adoquines y los siempre inesperados peligros; le indic\u00f3 hasta los aloja\u00admientos y a qu\u00e9 personas conven\u00eda dirigirse.<\/p>\n<p>Las Hermanas destinadas a Angers hab\u00edan sido escogidas cuidadosamente: Sor Juana Lepeintre ir\u00eda para acompa\u00f1ar a Luisa a la vuelta; y para quedarse en el hospital, Sor Isa\u00adbel Mart\u00edn, Sor Cecilia Angiboust y Sor Margarita Francisca; a las dem\u00e1s Hermanas, has\u00adta ocho, las enviar\u00edan seg\u00fan vieran la situaci\u00f3n. No ten\u00edan experiencia de hospitales y no quer\u00edan improvisar. Por el mismo motivo, no hab\u00edan decidido qui\u00e9n ser\u00eda la Hermana Sir\u00adviente.<\/p>\n<p>Cuando ya estaba todo preparado para iniciar el viaje, el 24 de noviembre, el superior Vicente les recomend\u00f3, desde Richelieu, que lo atrasaran. Hab\u00eda peste o epidemia de di\u00adsenter\u00eda en Richelieu y en la regi\u00f3n de Anjou. Era una epidemia mortal y hab\u00eda peligro de contagio. Pero la carta no lleg\u00f3 a tiempo. La ansiedad hab\u00eda desatado los nervios de Lui\u00adsa que sali\u00f3 el 29 de noviembre, aunque Vicente de Pa\u00fal, sin saber que ya hab\u00eda salido, se lo autoriz\u00f3 el d\u00eda 30. En una diligencia de servicio p\u00fablico, propiedad de la Congrega\u00adci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal, comenzaron el viaje de Par\u00eds a Chartres y luego a Ch\u00e1teaudun; de aqu\u00ed a Cl\u00e9ry, a Meung o a Beaugency. Fue un largo rodeo para evitar los molestos ado\u00adquines entre Par\u00eds y Orl\u00e9ans. Luego, el pesado viaje por el r\u00edo Loira hasta Angers. El via\u00adje fue inc\u00f3modo debido a los fr\u00edos de invierno y agotador por los seis d\u00edas empleados en el trayecto, a pesar de que el Loira en invierno lleva abundancia de agua y la corriente es ligera. Llegaron a Angers el 5 de diciembre de 1639. Las Hijas de la Caridad se instala\u00adron en el hospital y de inmediato se pusieron a asistir a los \u00abapestados\u00bb.<\/p>\n<p>El 12 de diciembre, cuando Vicente de Pa\u00fal volvi\u00f3 a Par\u00eds, qued\u00f3 asombrado del va\u00adlor de aquella mujer que se hab\u00eda atrevido a viajar con un cuerpo enfermo.<\/p>\n<p>Casi tres meses estuvo Luisa organizando el hospital y, a pesar de las ocupaciones, sa\u00adc\u00f3 energ\u00edas para escribir a las Hermanas que hab\u00edan quedado en Par\u00eds as\u00ed como para aten\u00adder los asuntos de la Compa\u00f1\u00eda y de las Caridades. Tan es as\u00ed, que en un trocito de papel que se ha encontrado se puede leer esta peque\u00f1a frase de san Vicente: \u00abLa esperamos con todo el cari\u00f1o que sabe nuestro Se\u00f1or. Llegar\u00e1 a punto para la cuesti\u00f3n de los condena\u00addos a galeras\u00bb.<\/p>\n<p>Agotada, cay\u00f3 enferma. \u00a1Qu\u00e9 remordimientos para el superior por haberla dejado mar\u00adchar! \u00a1Cu\u00e1nto temor y cu\u00e1nta angustia por la vida de la Se\u00f1orita! Continuamente, le escri\u00adbe para saber d\u00f3nde est\u00e1 alojada. Le escribe que no escatime gastos con tal de volver pronto. Las cartas de Vicente se suceden con rapidez e inquietud: 17 y 31 de diciembre, 11, 17, 22, 28, y 31 de enero, 4 y 10 de febrero. En Angers, ten\u00eda Vicente a su amigo Guy Lasnier, abad de Vaux y vicario de la di\u00f3cesis; en su casa, se aloj\u00f3 Luisa durante la en\u00adfermedad. El director escribe al abad agradeci\u00e9ndole el cuidado que ten\u00eda por Luisa y, co\u00admo si fuera de su propiedad, exclam\u00f3: \u00abMe gustar\u00eda estar en ese lugar para librarla de la preocupaci\u00f3n que por ella tiene su bondad y de las molestias que le causa\u00bb.<\/p>\n<p>Curada Luisa, tuvo que discutir el contrato y preparar el acta de instalaci\u00f3n. Examin\u00f3 y porfi\u00f3 con los se\u00f1ores administradores cada uno de los puntos. Como siempre, le co\u00admunic\u00f3 al superior Vicente lo que pensaba y la que cre\u00eda se deb\u00eda hacer y, como siempre, Vicente le dio plena confianza aprobando todo lo que ella hac\u00eda.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 el d\u00eda de la firma del contrato y del establecimiento oficial de las Hijas de la Ca\u00adridad. El 1 de febrero, se presentaron en el hospital los se\u00f1ores administradores y Luisa de Marillac con las cinco Hermanas que cuidar\u00edan de los enfermos. El Director General, Vicente de Pa\u00fal, la hab\u00eda autorizado para que firmara como Directora de las Hijas de la Caridad, sirvientas de los pobres enfermos de los hospitales y parroquias, con el benepl\u00e1\u00adcito del Superior General de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n [padres pa\u00fales], Director de di\u00adchas Hijas de la Caridad\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando Luisa estaba para volver, San Vicente supo que de nuevo Luisa no estaba bien y carta tras carta la reprende, la consuela y la aconseja que vuelva cuanto antes y en ca\u00admilla, no en carroza, m\u00e1s pesada; que mire si es mejor la camilla o la litera; que no vuel\u00adva por el r\u00edo, pues el aire fr\u00edo y h\u00famedo la puede da\u00f1ar: \u00abque ordene hacer una camilla y que alquile, o mejor dicho, compre dos buenos caballos\u00bb, pues en Par\u00eds pagar\u00eda lo que cos\u00adtasen. Y cuando se entera de que ya est\u00e1 mejor, le escribe gozoso: \u00ab\u00a1Ay, Jes\u00fas, se\u00f1orita! Doy muy complacido mil gracias a Dios de que se encuentre usted mejor, y le ruego con todo mi coraz\u00f3n le devuelva las fuerzas para volver cuanto antes\u00bb.<\/p>\n<p>El 24 de febrero de 1640, Luisa se puso en camino hacia Par\u00eds y a finales de mes ya es\u00adtaba en su casa de la Chapelle. Poco despu\u00e9s, los dos fundadores redactaron el definitivo Reglamento de vida para las Hijas de la Caridad de Angers. Vino a ser como las primeras Reglas comunes de las Hermanas; a su imitaci\u00f3n, se hicieron los dem\u00e1s reglamentos.<\/p>\n<p>La Compa\u00f1\u00eda, organizada hacia las instituciones civiles y en su vida interna, hab\u00eda con\u00adcluido su transformaci\u00f3n. En julio de 1640, tanto Vicente de Pa\u00fal como Luisa de Marillac estaban convencidos de haber fundado una nueva congregaci\u00f3n o Compa\u00f1\u00eda en la Igle\u00adsia, una congregaci\u00f3n secular, no religiosa.<\/p>\n<p><em>La ilusi\u00f3n molesta de los destinos<\/em><\/p>\n<p>Las obras aumentaban, las j\u00f3venes se multiplicaban y la Compa\u00f1\u00eda estaba consolida\u00adda y extendida fuera de Par\u00eds. Aunque todo ello emocionaba a la se\u00f1orita Le Gras, la abru\u00adm\u00f3 de trabajo. Par\u00eds, Richelieu, Saint-Germain, Angers ven\u00edan a ser como una empresa gigante que ten\u00eda que dirigir y a veces le faltaban obreras. Frecuentemente, casi cada semana, sentada ante la mesa, ten\u00eda que distribuir o cambiar a sus j\u00f3venes por el Par\u00eds de los pobres y por otras ciudades y pueblos de provincias. Las cambiaba y las volv\u00eda a cam\u00adbiar. Cada destino exig\u00eda examinar las necesidades de los pobres y analizar las circuns\u00adtancias y el ambiente de las parroquias y de las obras. Necesitaba sensibilidad social y no menos delicadeza para penetrar en la sicolog\u00eda de cada Hermana y conocer sus cualida\u00addes o sus virtudes. Era f\u00e1cil preguntar a Vicente o consultar con la se\u00f1ora Goussault, lo dif\u00edcil era colocar a las Hermanas adecuada y oportunamente en cada Caridad, en cada pa\u00adrroquia y en cada lugar que hab\u00edan quedado vac\u00edos. Todo queda completo hasta que haya que volver a cambiar a una joven y haya que comenzar otra vez a completar el tablero de los destinos. Es duro, y cuanto m\u00e1s aumentan las j\u00f3venes y cuanto m\u00e1s se extiende la Compa\u00f1\u00eda, m\u00e1s absorbida est\u00e1 Luisa por los destinos. Una joven se va, otra puede ser re\u00adchazada por el p\u00e1rroco o por las se\u00f1oras y alguna no puede ser destinada porque lo impi\u00adden los administradores o el pueblo. Es Luisa, sostenida por Vicente de Pa\u00fal, quien tiene que buscar la soluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los destinos se complican cuando la Compa\u00f1\u00eda, sin dejar las visitas a domicilio, asu\u00adme una serie de servicios variados, como hogares de ni\u00f1os abandonados, hospitales, pre\u00adsos condenados a galeras y, m\u00e1s tarde, ancianos. Alegre para una mujer que se siente con\u00adtinuadora de la misi\u00f3n de Jesucristo, pero humanamente agotador.<\/p>\n<p><em>El dolor alegre de su hijo Miguel<\/em><\/p>\n<p>Cualquier otra mujer enfrascada en una empresa tan comprometida como la Compa\u00ad\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, se hubiera olvidado de todo lo dem\u00e1s, pero su hijo era una parte inseparable de su humanidad. Su coraz\u00f3n no pod\u00eda desprenderse de \u00e9l.<\/p>\n<p>En el verano de 1636, Miguel Le Gras termin\u00f3 las Artes \u2014L\u00f3gica, Moral, F\u00edsica y Qu\u00ed\u00admica\u2014 es decir, la Filosof\u00eda. En octubre, cumplir\u00eda 23 a\u00f1os. Animado, se esforz\u00f3 en re\u00addactar la tesis y pretendi\u00f3 defenderla en p\u00fablico. Vicente lo vio bien. El joven se sent\u00eda seguro, pero la madre, fr\u00e1gil y temerosa de un fracaso, lo desanimaba. Vicente de Pa\u00fal la convenci\u00f3 de que era corriente defender una tesis. Miguel pudo defender su tesis, pero no en p\u00fablico.<\/p>\n<p>Terminada la filosof\u00eda, a Miguel se le present\u00f3 el momento decisivo de elegir: des\u00adcartadas las armas \u2014propiedad de los nobles\u2014, s\u00f3lo le quedaba Iglesia o palacio, teolo\u00adg\u00eda o derecho, sacerdocio o carrera civil. El joven se inclinaba a salir de Par\u00eds y estudiar en una universidad lejana, acaso para sentirse liberado de la presi\u00f3n materna. Vicente co\u00adnoc\u00eda a Miguel y se lo desaconsej\u00f3 por los peligros que encerraba. Lo conoc\u00eda bien.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal ve\u00eda el estado eclesi\u00e1stico lo m\u00e1s conveniente para Miguel, pues no ten\u00eda bienes. Esta postura no debe escandalizar. La econom\u00eda y la situaci\u00f3n social forma\u00adban entonces parte integrante de una vocaci\u00f3n. Lo consideraban como una mediaci\u00f3n di\u00advina parecida a otra cualquiera.<\/p>\n<p>Miguel comenz\u00f3 la teolog\u00eda de mala gana. Las dudas sobre su camino se intensi\u00adficaron y en 1637, ni estudiaba ni hac\u00eda nada. Vicente pens\u00f3 que acaso lo mejor ser\u00eda encaminarlo al sur de Francia, al Languedoc, a la ciudad de Riez donde era obispo su pariente Luis Doni de Attichy. Luisa se aterr\u00f3. Nunca se hab\u00eda separado del hijo y, durante unos a\u00f1os, cuando \u00e9l era ni\u00f1o y ella viuda, s\u00f3lo hab\u00edan vivido el uno para el otro.<\/p>\n<p>Al a\u00f1o siguiente, s\u00fabitamente, Miguel se inclin\u00f3 al sacerdocio. Luisa se sinti\u00f3 feliz y rebosaba alegr\u00eda. Descaradamente, empujaba a su hijo a recibir las \u00f3rdenes menores. Miguel, en una lucha interior terrible y cruel, prefer\u00eda morir antes que tonsurarse de cl\u00e9rigo y hasta se dese\u00f3 la muerte. San Vicente, que amaba al joven, sinti\u00f3 el dolor del mucha\u00adcho y escribi\u00f3 con dureza a la madre:<\/p>\n<p>\u00abHe recibido esta ma\u00f1ana la suya,&#8230; para responder a la cual, le dir\u00e9 que su se\u00ad\u00f1or hijo ha dicho al padre de la Salle que \u00e9l no entraba en esta condici\u00f3n m\u00e1s que porque usted lo quer\u00eda, que se ha deseado la muerte a causa de esto y que recib\u00eda las \u00f3rdenes menores por complacerla. Pues bien, \u00bfes esto una vocaci\u00f3n? Creo que \u00e9l preferir\u00eda antes morir que desear la muerte de usted. Sea lo que sea, bien venga esto de la naturaleza o del diablo, su voluntad no es libre para determinarse en co\u00adsa de tal importancia y usted tampoco tiene que desearlo&#8230; Deje que lo gu\u00ede Dios. \u00c9l es m\u00e1s padre suyo que usted madre, y lo ama m\u00e1s. Deje que sea El quien lo gu\u00ede. \u00c9l sabr\u00e1 muy bien llamarlo en otra ocasi\u00f3n, si lo desea, o darle el empleo conve\u00adniente a su salvaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Resignado y apenado por el sufrimiento de su madre, y s\u00f3lo por ella, se decidi\u00f3 a ser sacerdote y a estudiar en la Sorbona. A todos, les pareci\u00f3 una decisi\u00f3n definitiva. Luisa no sab\u00eda c\u00f3mo agradecer a los padres pa\u00fales todo lo que hab\u00edan hecho por su hijo. Vicente de Pa\u00fal tuvo una reuni\u00f3n familiar con el primo del difunto Antonio Le Gras, el cartujo Hilari\u00f3n Rebours:<\/p>\n<p>\u00abQuedamos de acuerdo \u2014Vicente escribe a Luisa\u2014 en que lo mejor para su hijo es el estado eclesi\u00e1stico; segundo, que su temperamento parece tender m\u00e1s a \u00e9l que al mundo; que ha podido ser ese joven quien ha embarullado su fantas\u00eda en esto y que esto le ha tra\u00eddo a la memoria las peque\u00f1as aversiones de la comu\u00adnidad de San Nicol\u00e1s; pero que, si las cosas se le representan debidamente, la ra\u00adz\u00f3n volver\u00e1 a ocupar su puesto, que es peligroso favorecer su fantas\u00eda d\u00e1ndole un vestido corto [de seglar] a no ser para ir al campo; y aun en este caso, convendr\u00eda que fuera modesto. Y si despu\u00e9s de todo esto, persevera, in nomine Domini, habr\u00e1 que echarle una mano. Pero aceptar f\u00e1cilmente el cambio de las disposiciones que ha parecido tener toda su vida de ser eclesi\u00e1stico, como consecuencia de la altera\u00adci\u00f3n que ese joven libertino ha hecho en su esp\u00edritu, no creo que sea conveniente\u00bb.<\/p>\n<p>Se pens\u00f3 que se ordenara ya de menores y Vicente meditaba d\u00f3nde colocarlo: con su amigo el obispo Pavillon, en Alet, cerca de los Pirineos, o en otro lugar donde pudiera ejercer de cl\u00e9rigo. Habl\u00f3 con el p\u00e1rroco de San Nicol\u00e1s de Chardonnet quien, por ped\u00edr\u00adselo Vicente de Pa\u00fal, estuvo dispuesto a recibirlo entre sus cl\u00e9rigos sin t\u00edtulo. Y Miguel Ant\u00f3nio Le Gras, hijo de Luisa de Marillac, recibi\u00f3 las \u00f3rdenes menores en 1639. Iba a cumplir 26 a\u00f1os o los acababa de cumplir.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todo indica que en 1639 la cofrad\u00eda se hab\u00eda transformado plenamente en una cofrad\u00eda bien organizada e independiente de hecho, aunque no jur\u00eddicamente, de las otras Carida\u00addes de se\u00f1oras. 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