{"id":38009,"date":"2020-09-16T08:22:57","date_gmt":"2020-09-16T06:22:57","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/05\/susana-guillemin-vivir-en-la-verdad\/"},"modified":"2020-09-15T11:16:51","modified_gmt":"2020-09-15T09:16:51","slug":"susana-guillemin-vivir-en-la-verdad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/susana-guillemin-vivir-en-la-verdad\/","title":{"rendered":"Susana Guillemin: Vivir en la verdad"},"content":{"rendered":"<p><em>Ejercicios espirituales a Hermanas Sirvientes. Instrucciones. Ascensi\u00f3n-Pentecost\u00e9s, 1967<\/em><\/p>\n<p>Hemos hablado ya bastantes veces, en estas instrucciones de la ma\u00f1ana, de la Verdad, de la necesidad que tenemos de vivir en la Verdad. Quisiera, sin embargo, insistir un poco en ello, antes de pasar a otra cosa, ya que se trata de una cuesti\u00f3n b\u00e1sica.<\/p>\n<p>En su lenguaje sencillo pero \u00a1tan profundo! que de tal manera lleva a Dios, San Vicente dec\u00eda: \u00abLa sencillez&#8230; yo la llamo mi Evangelio\u00bb. Es lo mismo que si se dijera: \u00abLa verdad es hacer a Dios presente\u00bb. San Vicente tiene expresiones extremadamente sencillas pero llenas de una verdad teol\u00f3gica que queda al alcance de todos. As\u00ed es como form\u00f3 a nuestras primeras Hermanas y como dio a la Comunidad una base de solidez extraordinaria. Porque a trav\u00e9s de las ense\u00f1anzas m\u00e1s pr\u00e1cticas y en apariencia las m\u00e1s sencillas se encuentra siempre una verdad b\u00e1sica perfectamente establecida.<\/p>\n<p>Como saben ustedes muy bien, la sencillez es una de nuestras virtudes particulares, una de las tres virtudes completamente espec\u00edficas de nuestro estado. Hay que decir que, en su conjunto, la Comunidad ha conservado hasta ahora esa nota de sencillez que caracteriza a las buenas Hijas de la Caridad. No recuerdo ya qui\u00e9n dec\u00eda: \u00abLo agradable en las Hijas de la Caridad es que todas son iguales. Cuando uno se dirije a ellas siempre le reciben de manera cordial, sencilla, directa. Se tiene la impresi\u00f3n de dirigirse a quien se conoce y que le conoce a uno\u00bb. Esta s\u00ed que es una bonita alabanza. Tenemos que hacer lo posible por conservar en nuestra generaci\u00f3n, y en las que vengan detr\u00e1s, esa nota de sencillez, de desprendimiento de s\u00ed que permite darse por completo a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>La sencillez va unida a la verdad, as\u00ed como la humildad tiene mucho que ver con la pobreza. Ahora se habla mucho de verdad y de pobreza. En tiempos de San Vicente, las expresiones ten\u00edan un tinte m\u00e1s moral: se hablaba de sencillez y de humildad. Pero ambas coinciden de manera profunda. Se podr\u00eda dec\u00edr tambi\u00e9n que las caracter\u00edsticas de nuestra vocaci\u00f3n son la pobreza, la verdad y la caridad. Se podr\u00eda decir lo mismo que decimos que las virtudes espec\u00edficas de la vocaci\u00f3n son la humildad, la sencillez y la caridad. Porque quiere decir exactamente lo mismo.<\/p>\n<p>Vivir as\u00ed en Dios, en esa magn\u00edfica verdad que nos lleva a la humildad, es algo absolutamente caracter\u00edstico de lo que debemos ser. La sencillez es en cierto modo la irradiaci\u00f3n de la verdad, es como su expresi\u00f3n externa.<\/p>\n<p>Si decimos: \u00abvamos a ense\u00f1ar la sencillez a las Hermanas j\u00f3venes; nosotras, Hermanas Sirvientes, vam os a ense\u00f1ar a nuestras Hermanas a ser sencillas; vamos a emprenderla con su vocabulario, con sus modales, con su actitud, con su manera de ser\u00bb. Mal; no es as\u00ed como hay que empezar.<\/p>\n<p>Empecemos por ense\u00f1arles a ser veraces, aut\u00e9nticas. Cuando consigan esto, ser\u00e1n sencillas Por lo dem\u00e1s, las j\u00f3venes tienen este sentido de lo verdadero muy agudizado. No les importa ser sinceras hasta la brutalidad; lo que es no entender bien la verdad ni entender bien la sencillez; pero parte por lo menos de una buena intenci\u00f3n, de un buen natural podr\u00edamos decir. Apoy\u00e9monos en esta tendencia de la juventud actual a buscar una verdad un tanto ruda y externa, para conducirlas a una hermosa sencillez que sea la irradiaci\u00f3n de su pureza, de su verdad interior.<\/p>\n<p>Y empecemos, ante todo, por nosotras mismas. Antes de pensar en las Hermanas, o m\u00e1s bien desde el momento en que pensamos en ellas y en lo que tienen que hacer, pensemos en lo que debemos hacer nosotras. Empecemos por ser, nosotras, absolutamente veraces en nuestra manera de ser, en nuestra actitud interior hacia Dios.<\/p>\n<p>Que no haya nada artificial en esto. Era un poco el estilo del siglo XIX y de los otros siglos que nos han precedido: se acud\u00eda a Dios a trav\u00e9s de oraciones de seis p\u00e1ginas y con expresiones inflamadas de amor que no correspond\u00edan en absoluto con el estado en que cada uno se encontraba interiormente. No es normal; eso no es la verdad. Es cierto que de vez en cuando necesitamos ayudarnos con f\u00f3rmulas; cuando nos encontrarnos como un tronco ante el Se\u00f1or, es bueno echar mano de un texto. Hay oraciones muy hermosas, muy s\u00f3lidas desde el punto de vista doctrinal y desde el punto de vista sentimental, que sin embargo no representan un desfase con el estado normal de un alma. Sirv\u00e1monos de \u00e9stas. Pero tambi\u00e9n se dan expresiones por completo exageradas; de \u00e9stas es de las que habr\u00eda que expurgar nuestras antiguas meditaciones porque a causa de ellas no respond\u00edan a nuestro pensamiento.<\/p>\n<p>Seamos, pues, sencillas para con D\u00edos. Cuando acudimos a El, empecemos por presentarnos tales y como somos.<\/p>\n<p>Seamos sencillas tambi\u00e9n con nosotras mismas. Reconocernos, vernos como somos. Hace falta valor para vernos como somos, porque \u00a1quisi\u00e9ramos tanto ser de otra forma! Tendemos de tal manera, con todo nuestro coraz\u00f3n, con todas nuestras fuerzas, a transformarnos, que a veces podr\u00edamos llegar a considerarnos otras de las que somos en realidad, a nuestros propios ojos por una parte, a los de Dios por otra y, lo que es peor, ante los hombres; estar\u00edamos rondando la hipocres\u00eda. Tratemos, pues, de mantenernos en la realidad de nuestro ser, aunque tratemos tambi\u00e9n de transformar ese ser, poco a poco, en lo que deseamos sea.<\/p>\n<p>No s\u00f3lo tenemos que ser veraces en nuestras actitudes interiores, tenemos que serlo tambi\u00e9n en nuestras actitudes exteriores. As\u00ed tenemos que ense\u00f1ar a las Hermanas a ser sencillamente lo que son, y a tratar de ser lo que deben ser. No faltan Hermanas que caer\u00edan con facilidad en querer darse una apariencia distinta, en <em>ser m\u00e1s <\/em>en todos los sentidos: intelectual, cultural, social, etc. Es tendencia humana querer aparentar m\u00e1s <em>y <\/em>mejor que lo que uno es. Ense\u00f1emos a las Hermanas que su verdadero valor estriba, precisamente, en su actitud religiosa, y de ninguna manera en lo que son ya intelectual, ya profesional, ya socialmente. Puede ser uno un genio en todos esos aspectos y ser una p\u00e9sima religiosa, no tener valor alguno ante Dios ni ante los hombres. El valor, la calidad que siempre se le reconoce a una Hija de la Caridad es su valor religioso. Ahora bien, tampoco en este aspecto podemos superestimarnos.<\/p>\n<p>Hay, a mi juic\u00edo, una palabra muy lamentable, que habr\u00eda que borrar de nuestro vocabulario, aunque se conservara su realidad en la debida medida. Es: \u00abTenemos que servir de edificaci\u00f3n al pr\u00f3jimo\u00bb. Esto nos lleva en seguida a actitudes un tanto falsas. No hay que intentar edificar. Hay que comportarse de tal suerte que nuestra conducta edifique. Lo que es completamente distinto. Ahora se han cambiado los t\u00e9rminos: en vez de decir \u00abedificaci\u00f3n\u00bb, se dice \u00abtestimonio\u00bb. Quiere decir lo mismo. Porque se puede intentar dar testimonio y tomar actitudes prefabricadas para ello; bien seguras podemos estar de que no habr\u00e1 tal testimonio. S\u00f3lo causa impresi\u00f3n lo que es profunda e interiormente verdadero. Aun cuando hayamos conseguido, un d\u00eda tras otro, admirar a alguien, eso se esfumar\u00e1 muy pronto, mientras que la gracia de Dios no pasa.<\/p>\n<p>No olvidemos que la evangelizaci\u00f3n, la conquista de las almas, ese toque que se les llega a dar, es algo que procede de Dios. Nosotros podemos aportar nuestro peque\u00f1o grano de arena con nuestras actitudes, nuestra manera de ser, nuestro concurso, pero en definitiva siempre es Dios el que llega a las almas.<\/p>\n<p>Si estamos llenas de Dios, porque interiormente estamos llenas de verdad y de caridad, seremos un instrumento excelente de la gracia. La gracia de Dios pasar\u00e1 por nosotras. Si, por el contrario, lo que tenemos es una actitud falsa \u2014aun cuando no sea completamente consciente\u2014, si no estamos plenamente unidas a Dios en nuestro interior porque nuestra actitud no es de verdad ni de caridad, la gracia de Dios no pasar\u00e1.<\/p>\n<p>Nuestras actitudes exteriores tienen que ser actitudes de verdad, no en el sentido de que sea necesario manifestar nuestras faltas: eso podr\u00eda llegar a ser un contra testimonio. Pero cuando surge eh nosotras una defic\u00edencia, una imperfecci\u00f3n, tengamos la humildad de mostramos sencillamente como somos, pidiendo a Dios que, a pesar de eso que somos, toque los corazones de los dem\u00e1s. Ese sentimiento, esa actitud interior de humildad y de verdad har\u00e1 que Dios se sirva acaso de nosotras para llegar al pr\u00f3jimo. Tenemos, pues, que dar ese testimonio personal de verdad, y al mismo tiempo, crear en cierto modo estructuras de verdad a nuestro alrededor.<\/p>\n<p>En su Enc\u00edclica \u00abPacem in terris\u00bb, Juan XXIII, a quien se considerar\u00e1 ciertamente como al gran maestro de la espiritualidad postconciliar,<\/p>\n<p>\u00abLa convivencia civil s\u00f3lo puede juzgarse ordenada, fruct\u00edfera y congruente con la dignidad humana si se funda en la verdad. E,s una advertencia del Ap\u00f3stol San Pablo: \u00abDespoj\u00e1ndonos de la mentira, hable cada uno Verdad con su pr\u00f3jimo, pues que todos sornos Miembros unos de otros\u00bb.\u00bb<\/p>\n<p>Como toda sociedad, como nuestta sociedad toda ella, nuestras casas deben tener estructuras tle verdad. Es necesario que una Hermana Sirviente se empe\u00f1e .en crear a su alrededor y a exigir ese clima de Verdad. Que jam\u00e1s, nunca, nunca, nos permitamos la menor mentira y la, menor actitud enga\u00f1osa. No debemos hacerlo, es un esc\u00e1ndalo. Cuanelo puede decirse de una Hija de la Caridad: \u00abha mentido\u00bb, cuando las gentes de fuera pueden decir: \u00abtal Hermana ha mentido, no ha dicho la verdad\u00bb, se produce un esc\u00e1ndalo; lo que muestra hasta qu\u00e9 punto tienen las personas sencillas el sentido de Dios, porque se dan bien cuenta que desde el&#8217; momento en ,que hay una mentira de por medio, Dios no est\u00e1 all\u00ed. Es una especie de certeza, una especie de prueba. Esa Hermana no vive en Dios porque miente.<\/p>\n<p>Debo decir que la gente de fuera no distingue entre una mentira peque\u00f1a y una mentira grande. Tienen esa especie de buen sentido innato de las personas sencillas, para quienes la verdad es la verdad. Una mentira \u2014igual a\u2014 Dios no est\u00e1 presente&#8230; Entonces viene el punto de interrogaci\u00f3n \u00ab\u00bfpor qu\u00e9 esa Hermana es Hermana?, u otras veces: \u00ab\u00bfDios? \u00bfd\u00f3nde est\u00e1?\u00bb&#8230; Con actuaciones de ese tipo, damos una batalla a la fe de la gente, la ponemos en situaci\u00f3n comprometida. No pueden menos de preguntarse: \u00abEsa Hermana, en pr\u00edncipio, es de Dios, pero Dios no est\u00e1 en ella\u00bb. Puede que no lleguen a formular el razonamiento en esos t\u00e9rminos, pero s\u00ed se da el mismo resultado en su pensamiento. Por el contrario, si en nuestras actitudes, en toda nuestra vida, en los menores detalles de cada d\u00eda se abre paso el testimonio de la verdad y de la caridad, la fe de los que nos contemplan se despierta, recibe un aldabonazo, se hace m\u00e1s fuerte. Somos creadores de fe; somos fortalecedores de la fe de los que nos rodean, sencillamente por la forma en que vivimos la verdad y la caridad.<\/p>\n<p>Que nuestra casa est\u00e9 cimentada&#8230; voy a decirles c\u00f3mo: en la verdad. Que sea verdaderamente por dentro lo que aparenta desde fuera. Podemos decirlo en los dos sentidos: que parezca lo que es, y que sea lo que parece. En estos puntos no puede tolerarse el menor desliz, no pueden tolerarse faltas. Prestemos gran atenci\u00f3n, porque es muy f\u00e1cil faltar.<\/p>\n<p>Prestemos atenci\u00f3n a los peque\u00f1os fraudes, que no son muy importantes, pero que sin embargo destruyen el clima de verdad. Aun cuando no est\u00e1 rotundamente mal, tampoco puede decirse que est\u00e9 rotundamente bien. Dios no est\u00e1 ah\u00ed. Siempre es el mismo razonamiento. Dios no est\u00e1 en los peque\u00f1os fraudes: \u00a1cuidado con ellos! Por ejemplo: esos peque\u00f1os privilegios que antes se conced\u00edan a las Hermanas (ahora van desapareciendo felizmente, porque la gente tiene otro concepto de las cosas): el empleado del metro o del tranv\u00eda que no ped\u00eda el billete, porque se trataba de la Hermana. Es un peque\u00f1o fraude, es una peque\u00f1a mentira, es una peque\u00f1a falta a la justicia profesional. No digo que sea muy grave. Pero, Dios no est\u00e1 ah\u00ed, Dios no est\u00e1 ah\u00ed&#8230;<\/p>\n<p>Examinemos esos peque\u00f1os detalles que constituyen la trama de la vida. Cuando se ven ciertas vidas, es como una seguridad deslumbrante: Ah\u00ed est\u00e1 Dios. Ahora que no nos oye, en la vida de Nuestro Muy Honorable Padre, \u00a1ah\u00ed est\u00e1 Dios! Es la verdad y la caridad en persona. Tenemos que llegar a ser almas as\u00ed que irradien la verdad, que irradien la caridad.<\/p>\n<p>Mucho mayor cuidado hemos de poner en los grandes fraudes. Los grandes fraudes que a veces se tiene demasiada tendencia a cubrir con un manto de legalidad. \u00abNo puedo hacer eso porque resaltar\u00eda en mis cuentas y podr\u00eda verme cogida\u00bb. No es ese el motivo por el que no debe hacerse. No debemos hacer trampas aunque de ellas hubiera de resultar una cantidad de dinero a favor de los pobres. No tenemos derecho a cometer el fraude. No nos est\u00e1 permitido.<\/p>\n<p>No tenemos derecho, por ejemplo, a hacer declaraciones inexactas. Vamos de excursi\u00f3n con los ni\u00f1os; llevamos cincuenta y seis y declaramos cincuenta, dici\u00e9ndonos \u00aben el grupo, bien pueden pasar, no los van a contar, no ocurrir\u00e1 nada\u00bb. Pues es una mentira y es una injusticia. Es grave. Son cosas que no podemos en manera alguna hacer. Enga\u00f1ar, cometer fraudes&#8230; no dejar\u00e1n de present\u00e1rsenos ocasiones de ello, pero tenemos que guardarnos muy bien de hacerlo. El hecho de la presencia de una Hermana al frente de un grupo, de un establecimiento, en cualquier situaci\u00f3n que se presente, debe ser para toda persona de fuera de la Comunidad, servicios administrativos, bienhechores, amistades, la garant\u00eda de la verdad. \u00abVa una Hermana, seguro que todo est\u00e1 en regla\u00bb. Tenemos que llegar a crear en torno nuestro esa mentalidad. Por la gracia de Dios, existe, pero no la ataquemos y, por supuesto, no para conservar nuestra buena reputaci\u00f3n sino porque nuestra raz\u00f3n de ser en este mundo es la de hacer a Dios presente. Lo repito y lo repetiremos siempre&#8230; Hacer a Dios presente no es hablar de El en todo momento, es hacerle presente siendo lo que El es y porque El est\u00e1 con nosotras.<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntas veces tambi\u00e9n las Hermanas que est\u00e1n en Hospitales, en centros m\u00e9dicos, ambulatorios, las que atienden a los enfermos en sus domicilios, no se ven solicitadas a dar certificados falsos! No deben hacerlo, aun bajo el pretexto de la mayor caridad. No tenemos derecho a dar un certificado falso nunca, jam\u00e1s. He citado otras veces un caso que se ha repetido en no s\u00e9 cu\u00e1ntas ocasiones. Una Hermana va a cuidar en su domicilio a un abuelo o a una abuela enferma. El obrero le presenta una hoja de reembolso de la Seguridad Social: \u00abHermana, si le parece, vamos a ponerlo a nombre de mi mujer, porque ella tiene derecho al seguro y podr\u00e9 cobrar esa cant\u00eddad que suponen las visitas del m\u00e9dico y las medicinas, m\u00edentras que el abuelo, o la abuela, no tienen derecho al seguro\u00bb. Es una tentaci\u00f3n. \u00bfVoy a inclinarme del lado de la caridad para que esas pobres gentes puedan cobrar el seguro y resarcirse de los gastos de m\u00e9dico y farmacia que tanto agravan su presupuesto? \u00bfHago un certificado falso? \u00bffirmo una hoja de enfermedad que garantiza que la enferma tiene derecho al seguro? \u00bfo me niego a hacerlo en nombre de la verdad y de la justicia?<\/p>\n<p>Por doloroso que sea, no se puede dudar. No tenemos derecho a hacer eso. Si se les puede ayudar de otra manera, ayud\u00e9mosles. Pero nunca se puede faltar a la justicia con pretexto de caridad. No ser\u00eda un acto de caridad lo que se har\u00eda. Ser\u00eda algo falso, ser\u00eda un error. Es bastante dif\u00edcil hacer comprender esto a algunas Hermanas, a las que arrastra su buen coraz\u00f3n: \u00abDespu\u00e9s de todo, el Estado es rico; la Seguridad Social es rica; \u00bfqu\u00e9 pueden importarle veinte mil francos menos? no tiene importanc\u00eda\u00bb. Es faltar a la verdad. Dios no est\u00e1 ah\u00ed. Es contra la justicia.<\/p>\n<p>Debemos tener una conciencia muy sensible a todos esos puntos y no dejamos arrastrar por la opini\u00f3n que reina en el ambiente. Tenemos que saber resistir. Y si resistimos, los que parec\u00edan desaprobarnos en un principio, acabar\u00e1n por sentir respeto hacia las Hermanas en su conjunto y hacia la misma Iglesia, porque desgraciadamente por una parte y felizmente por otra, a trav\u00e9s de nosotras se juzga a la Iglesia y a Dios.<\/p>\n<p>A partir del momento en que una lleva un h\u00e1bito religioso, ya no se compromete una sola. Llevamos siempre detr\u00e1s de nosotras a la Compa\u00f1\u00eda, a la Iglesia y a Dios. Todo lo que hacemos recae en ellos de una manera o de otra. Aunque nos quieran convencer de lo contrario, as\u00ed es.<\/p>\n<p>Hago un llamamiento a la memoria de las Hermanas que han asistido a muchas personas a la hora de la muerte, que a veces se han encontrado con dificultades para hacerles aceptar al sacerdote y los sacramentos. En ge,neral, aquellos que se nos escapan y a los que no podemos recobrar son los que en su vida han recibido un esc\u00e1ndalo de alg\u00fan sacerdote. Yo he visto desgraciados como esos que dec\u00edan: \u00abHermana, yo rezo, hasta todo el d\u00eda \u2014y era verdad, ten\u00edan el rosario, rezaban\u2014, me dirijo a Dios directamente y le pido perd\u00f3n de mis culpas; estoy seguro de que El me oye. \u00a1Pero no me hable de Sacerdotes! \u00bfC\u00f3mo quiere usted que crea si he visto a sacerdotes hacer esto y lo otro?\u00bb. Guardando la debida proporci\u00f3n, nuestra conducta recae as\u00ed tambi\u00e9n en la opini\u00f3n y en la fe de la gente. Entonces, tratemos de vivir en la verdad y de establecer estructuras de verdad en torno a nosotras.<\/p>\n<p>Que nuestras cuentas sean exactas. Que haya una gran claridad en nuestras contabilidades. Que no tengamos un libro para presentar aqu\u00ed y otro para presentar en otro sitio. No. \u00a1Nada de historias de esas! \u00a1De ninguna manera! Si nos encontramos con ello al llegar a una casa o a una organizaci\u00f3n, tenemos que arreglamos de forma que podamos ir reduciendo la cosa poco a poco hasta llegar a una situaci\u00f3n absolutamente clara. Todo tiene que ser claro, pero sobre todo, en el plano econ\u00f3mico.<\/p>\n<p>Yo quisiera que pudi\u00e9ramos llegar, en todas nuestras casas, en todas nuestras Provincias, a vivir normalmente. Pienso que la pobreza no consiste en tener una vida tan s\u00f3rdida que llegue a comprometer la salud y la higiene, que no d\u00e9 la nota justa de personas normales, como las que conviven en tomo nuestro. No pienso que la pobreza consista en eso, aunque no cabe duda que hay restricciones que imponerse; tiene que haber en nuestra vida cierta incomodidad, procedente de la pr\u00e1ctica de la pobreza. Pero pienso que la pobreza consiste sobre todo en tener las manos libres de todo dinero retenido sin deber. Tendr\u00edamos que llegar a vivir normalmente en nuestras casas y, llegadas al final del ejercicio, al terminar el a\u00f1o, una vez cumplidos nuestros deberes con la Comunidad, la Provincia y la Curia generalicia, todo lo que fuera beneficio en la casa, distribuirlo, repartirlo, yo dir\u00eda que ostensiblemente, no para que nos vean, pero s\u00ed para que se sepa que no nos quedamos con nada. Me parece que ah\u00ed est\u00e1 la verdadera pobreza.<\/p>\n<p>Si acaso con cierto fondo de reserva, porque el abandono en Dios no impide de todas formas alguna prudencia. Estos d\u00edas hemos le\u00eddo que la prudencia es la virtud de los superiores, la virtud de los que mandan y tienen una responsabilidad. Si es posible, esa prudencia puede hacernos formar un fondo razonable de reserva. Esto est\u00e1 tolerado y aprobado por el Concilio. Pero una vez constituido ese fondo, abramos las manos, no retengamos el dinero. Que nuestro porvenir descanse en Dios. Y que todo esto sea claro, sea cosa sabida, conocida y que as\u00ed se pueda destruir el mito de las Comunidades ricas, de las Comunidades avaras que tanto da\u00f1o ha hecho a la Iglesia durante los \u00faltimos siglos. As\u00ed es como debemos establecer nuestras casas en una especie de estatuto de verdad.<\/p>\n<p>Inclusive yo dir\u00eda (se trata de un detalle): que esa verdad nuestra aparezca tambi\u00e9n en nuestros locales, en nuestro material. Es verdad que en el mundo se da ahora un retorno a la verdad. Gusta lo que es verdadero. En el plano de la arquitectura, en general las construcciones aparentan lo que son: antes se constru\u00eda con un material y se decoraba simulando otro: falso m\u00e1rmol, falso oro, falsas flores y hasta falsas velas, todo era simulado. Hab\u00eda una apariencia pero no realidad. Todo era artificial. Importaba aparentar. Ahora se construye un altar de piedra o de cemento y se deja tal cual. Las velas, son velas de verdad. Cuando hay flores, son naturales. Y si no las hay, no se ponen flores y es mucho mejor. S\u00ed, es cierto: se est\u00e1 dando un esfuerzo en el mundo y en la Iglesia, un esfuerzo muy notorio, hacia la verdad. Pero esta verdad exterior no es dif\u00edcil. Mucho m\u00e1s dif\u00edcil es conseguir esa veracidad en las actitudes interiores, en la vida moral. De todas formas pienso que la organizaci\u00f3n exterior, las cosas materiales que nos sirven de marco de vida, tienen una repercusi\u00f3n, crean un clima, forman en cierto modo unas estructuras.<\/p>\n<p>Antes, hace alg\u00fan tiempo, hab\u00eda Hermanas responsables de un oficio, que en realidad desempe\u00f1aba otra Hermana. Era una estructura de \u00abno verdad\u00bb. Todo esto debe desaparecer. Si no se puede hacer una cosa, no la hagamos; si se puede hacer, hag\u00e1mosla. Pero hag\u00e1mosla con toda daridad. Que todo el mundo pueda ver, investigar lo que hacemos y que despu\u00e9s de haberlo examinado puedan decir: \u00abLa realidad es como aparece al exterior\u00bb. Todo esto es extremadamente importante y forma parte de nuestro caminar hacia Dios.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ejercicios espirituales a Hermanas Sirvientes. Instrucciones. 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A las Hermanas que van a emitir los Votos por primera vez Entre las manos de San Vicente y bajo su especial protecci\u00f3n, van ustedes Hermanas, a pronunciar ma\u00f1ana sus Santos Votos, que las entregar\u00e1n definitivamente al Se\u00f1or. 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