{"id":37456,"date":"2022-11-01T08:07:07","date_gmt":"2022-11-01T07:07:07","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/05\/espiritualidad-vicenciana-enfermos\/"},"modified":"2022-08-09T21:30:33","modified_gmt":"2022-08-09T19:30:33","slug":"espiritualidad-vicenciana-enfermos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-enfermos\/","title":{"rendered":"Espiritualidad vicenciana: Enfermos"},"content":{"rendered":"<h2>I. Ambiente<\/h2>\n<h3><em>1. Condiciones Sanitarias<\/em><\/h3>\n<p><strong>1. Condiciones de vida, alimentaci\u00f3n, higiene<\/strong><\/p>\n<p>Hoy nos es dif\u00edcil, al menos en los pa\u00edses eu\u00adropeos, imaginarnos la manera de vivir en los si\u00adglos precedentes, y c\u00f3mo era rudimentaria esta vida. Provocaba muertes numerosas, sobre to\u00addo, entre los j\u00f3venes; y los que sobreviv\u00edan no eran tampoco muy resistentes a las diferentes in\u00adfecciones.<\/p>\n<p>La calefacci\u00f3n era deficiente, aunque \u00e9ste no era el factor m\u00e1s peligroso. Las habitaciones no siempre se calentaban, y jam\u00e1s en casa de [os po\u00adbres. \u00c9sa era la causa de que las camas estuvie\u00adran colocadas en las alcobas, cerr\u00e1ndolas con puertas o, al menos, rodeadas de cortinas, que pend\u00edan del techo de la cama. Por lo menos en casa de los pobres estaban aireadas, puesto que no pod\u00edan pagarse cristales para sus ventanas.<\/p>\n<p>La alimentaci\u00f3n era muy diferente, seg\u00fan las regiones y las clases sociales, sobre todo. Glo\u00adbalmente, los gustos se inclinaban m\u00e1s sobre las viandas que sobre la carne, puesto que la pala\u00adbra \u00abvianda\u00bb en franc\u00e9s se refer\u00eda, todav\u00eda en el s. XVII, a toda clase de \u00abalimento\u00bb, habiendo cam\u00adbiado de sentido a finales de ese siglo. Pero los pobres no pod\u00edan comer carne todos los d\u00edas. Por otra parte, todav\u00eda no exist\u00edan las exigencias ac\u00adtuales de alimentos o pescados frescos, sobre to\u00addo, en \u00e9pocas de penuria.<\/p>\n<p>En cuanto a otros alimentos, se prefer\u00edan los cereales, queso, centeno, mijo y leguminosas, co\u00admo las habas. Se menospreciaban las zanahorias, o los nabos, considerados \u00abra\u00edces\u00bb, y la ensala\u00adda llamada \u00abhierba\u00bb; estos dos grupos eran con\u00adsiderados alimento de hambre.<\/p>\n<p>La alimentaci\u00f3n, en general, era suficiente, pero los per\u00edodos de penuria eran frecuentes, bien por las inclemencias del tiempo, bien por las guerras, interminables en algunas regiones, co\u00admo La Lorena, que en aquel tiempo no era terri\u00adtorio franc\u00e9s, y el Noroeste de Francia. Hubo ca\u00adsos dram\u00e1ticos y escenas horribles, lleg\u00e1ndose alguna vez al canibalismo.<\/p>\n<p>Tanto las memorias de esa \u00e9poca, como las cartas de los misioneros enviados en ayuda de las Provincias devastadas, nos describen todo eso, como esta carta de los sacerdotes de la Misi\u00f3n de S. Quint\u00edn, escribiendo a san Vicente en el in\u00advierno de 1651 a 1652: <em>\u00abEl hambre es de tal mag\u00adnitud que vemos a los hombres comiendo tierra, paciendo hierba, arrancando la corteza de los \u00e1r\u00adboles, desgarrando los miserables harapos con los que est\u00e1n cubiertos, para comerlos; pero lo que no nos atrever\u00edamos a decir, si no lo hubi\u00e9ramos visto y que causa horror, se comen sus brazos y sus manos, y mueren desesperados\u00bb <\/em>(IV, 288).<\/p>\n<p>Las precarias condiciones de conservaci\u00f3n de los alimentos y la ausencia de limpieza hac\u00edan que la calidad de estos alimentos fuese, con fre\u00adcuencia, poco sana. Se conoc\u00edan las salazones de pescado, el cerdo y algunas legumbres. \u00dani\u00adcamente los muy ricos y los nobles ten\u00edan neve\u00adras, es decir, fosas profundas de 3 a 4 metros, con un sumidero en el fondo, en las que duran\u00adte el invierno se apilaban capas de paja y capas de hielo desmenuzado en los estanques, el cual se pod\u00eda usar hasta bien avanzado el a\u00f1o. Preci\u00adsamos que estas fosas han sido calificadas err\u00f3\u00adneamente de \u00abcalabozos\u00bb subterr\u00e1neos. Fuera de esto, los alimentos estaban expuestos a co\u00adrromperse con bastante rapidez, y no se pon\u00eda mu\u00adcha atenci\u00f3n a esto.<\/p>\n<p>No se conoc\u00edan entonces las precauciones actuales en la forma de comer. Los platos no se generalizar\u00e1n sino a final del siglo. Todo el mun\u00addo come de la misma fuente, sobre todo, en las casas de la gente sencilla. Si la cuchara es co\u00adnocida desde hace bastante tiempo, el tenedor, introducido en Francia a lo largo del s. XVI, no se hab\u00eda extendido todav\u00eda en todas las regiones ni en todas las clases sociales, y se daba el caso de que los nobles y los reyes comieran con los de\u00addos, en una fuente para todos. Es f\u00e1cil darse cuen\u00adta lo que esto puede ocasionar en caso de epi\u00addemia.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a la bebida, el vino o la cerveza, seg\u00fan las regiones, era la bebida de los ricos, o de los d\u00edas de fiesta. Los pobres se con\u00adtentaban con el agua de r\u00edos o de pozos, incluso en las ciudades.<\/p>\n<p>En fin, la higiene era algo casi olvidado. Apar\u00adte de algunas fuentes p\u00fablicas, el agua corriente no exist\u00eda. Los pozos eran excavados en cual\u00adquier sitio, bien cerca de las fosas de aguas usa\u00addas, bien cerca de los cementerios. Respecto a los manantiales, se los ten\u00eda como saludables y puros, incluso si eran chorros poco profundos, o simples manantiales, frecuentes en zonas calc\u00e1\u00adreas, que proceden a veces de terrenos cubiertos de inmundicias. El Renacimiento hab\u00eda abandona\u00addo los acueductos romanos, y se prohibieron los ba\u00f1os p\u00fablicos, que se hab\u00edan convertido en lugares de encuentros mal vistos. En el siglo XVII, no se lavaba tampoco mucho.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con esto, reinaba la miseria. Pul\u00adgas, piojos y sarna eran corrientes, y no se ten\u00ed\u00adan medios eficaces para librarse de ellos. Se pen\u00adsaba que ciertas enfermedades se convert\u00edan en piojosas espont\u00e1neamente, que su piel engen\u00addraba los piojos, y no se buscaban medios para librarse de ellos. En cuanto a la sarna, bajo el pri\u00admer imperio, todav\u00eda se la combat\u00eda con curas de suero durante seis o m\u00e1s meses. Todav\u00eda a fina\u00adles del s. XVIII Goethe compondr\u00e1 una canci\u00f3n hu\u00admor\u00edstica a los piojos, en la 1.\u00aa\u00a0 parte de Fausto, en la escena de la Taberna de Auerbach: el Rey que ten\u00eda una pulga como favorita. Ahora, noso\u00adtros no podemos hacernos idea de lo que pod\u00eda acarrear esta plaga, y las epidemias que pod\u00edan transmitir, ya que el piojo era el veh\u00edculo del ti\u00adfus.<\/p>\n<p><em>Enfermedades y accidentes<\/em><\/p>\n<p><em>1.\u00b0 La nosolog\u00eda<\/em><\/p>\n<p>La descripci\u00f3n y calificaci\u00f3n de las enferme\u00addades eran muy imprecisas, sin criterios riguro\u00adsos. Puesto que no exist\u00edan a\u00fan los microscopios ni los term\u00f3metros, se ignoraban much\u00edsimas co\u00adsas: la naturaleza del tejido corporal, la existen\u00adcia de bacterias, la medida exacta de la fiebre y, por consiguiente, las diferencias concretas entre las enfermedades. No se ten\u00edan m\u00e1s medios que los que tuvo Hip\u00f3crates para la investigaci\u00f3n, el diagn\u00f3stico y, por tanto, para la descripci\u00f3n y la clasificaci\u00f3n de las enfermedades: el pulso, fre\u00adcuentemente tomado sin reloj, el color de la ca\u00adra, de la lengua, de la orina y de las deposiciones.<\/p>\n<p>Las descripciones que conservarnos mezclan enfermedades de carencia, enfermedades infla\u00admatorias, enfermedades contagiosas, y engloban en un mismo nombre enfermedades considera\u00addas hoy como muy diferentes.<\/p>\n<p><em>2.\u00b0 Las enfermedades de carencia<\/em><\/p>\n<p>A\u00fan no se hab\u00edan identificado las enfermeda\u00addes de carencia. No se sab\u00eda que el escorbuto, enfermedad de navegantes, era producido por la carencia de vitamina C. No ser\u00e1 hasta mediados del s. XVIII cuando se piense en el papel de los alimentos crudos. En 1795, la Marina inglesa im\u00adpuso como obligatorio llevar zumo de lim\u00f3n en los barcos. No obstante, se supon\u00eda el papel de la pre\u00adsencia equilibrada de ciertos elementos en el or\u00adganismo para asegurarlo con una alimentaci\u00f3n rica, de aguas minerales, o diversas preparacio\u00adnes.<\/p>\n<p>En fin, la deficiente alimentaci\u00f3n y el hambre acuciante, a causa de carencias de prote\u00ednas y de vitamina A, llevaban a sus v\u00edctimas a situaciones lamentables, incluso cuando no contra\u00edan infec\u00adciones, y frecuentemente se segu\u00eda la muerte.<\/p>\n<p>Un sacerdote de la Misi\u00f3n destinado en Lo\u00adrena, en San Mihiel, en 1640, nos lo ha descrito en el comienzo de su carta: \u00abEncontr\u00e9 tan gran cantidad de pobres que no pude darles a todos. Hay m\u00e1s de trescientos que se encuentran en su\u00adma necesidad, otros m\u00e1s de trescientos, en una situaci\u00f3n extrema.<\/p>\n<p>Se\u00f1or, se lo digo con toda sinceridad: hay m\u00e1s de cien que parecen esqueletos cubiertos de piel, tan horribles que, si nuestro Se\u00f1or no me diera fuerzas, no me atrever\u00eda ni a mirarlos. Tienen la piel como cuero amoratado, con las mejillas tan contra\u00eddas que se le ven los dientes totalmente secos y descubiertos, con los ojos y el rostro con\u00adtra\u00eddo. Es la cosa m\u00e1s espantosa que puede uno imaginarse\u00bb (II, 25).<\/p>\n<p><em>3.\u00b0 Las enfermedades inflatamon\u00e1s e infecciosas<\/em><\/p>\n<p>No es f\u00e1cil identificarlas, porque los t\u00e9rminos que empleaban en aquella \u00e9poca no mantienen un equivalente exacto hoy. He aqu\u00ed algunas:<\/p>\n<ul>\n<li>Los c\u00e1nceres exist\u00edan, pero no ten\u00edan de\u00adsignaci\u00f3n propia; los reconocemos gracias a lo que dicen de la manera en que estaban da\u00f1ados los \u00f3rganos.<\/li>\n<li>\u00abFluxi\u00f3n\u00bb: designa un flujo de sangre, una congesti\u00f3n, una hinchaz\u00f3n inflamatoria.<\/li>\n<li>\u00abTumor\u00bb: designa a toda clase de hincha\u00adz\u00f3n o bulto.<\/li>\n<li>\u00abApostema\u00bb: designa los accesos o tu\u00admores purulentos.<\/li>\n<li>\u00abMal de la piedra\u00bb: designa a los c\u00e1lculos y los estados inflamatorios que engendran.<\/li>\n<li>\u00abFiebre\u00bb: designa dos categor\u00edas de en\u00adfermedades: las afecciones transitorias, pero continuas, como resfriado, bronquitis, tosferina, gripe, viruelas, enteritis, tifoidea y otras \u00abfiebres p\u00fa\u00adtridas\u00bb, etc., y las fiebres peri\u00f3dicas, intermitentes, como la fiebre de Malta, el paludismo o la malaria. Hablan, por ejemplo, de la \u00abfiebre cuartana\u00bb.<\/li>\n<li>\u00abPeste\u00bb: es un t\u00e9rmino gen\u00e9rico que de\u00adsigna a toda enfermedad epid\u00e9mica que origina una fuerte mortandad: el c\u00f3lera, el tifus, igual que la peste bub\u00f3nica propiamente dicha. De hecho, los textos mencionan rara vez la mortalidad de ra\u00adtas que precede a la verdadera peste, no m\u00e1s que a los ganglios bubones, y ello les hace creer que se trataba frecuentemente del tifus, y no de la verdadera peste. Falta se\u00f1alar que la mortan\u00addad era espantosa; as\u00ed, sobre una poblaci\u00f3n de 450. 000 habitantes, los archivos del Hospital de Par\u00eds contabilizan 68. 000 muertos s\u00f3lo en la pes\u00adte de 1562. Seg\u00fan otros datos, esta epidemia se habr\u00eda llevado, en menos de dos a\u00f1os, m\u00e1s de cuarenta mil enfermos, lo cual demuestra cu\u00e1n delicado es establecer estad\u00edsticas de \u00e9pocas pa\u00adsadas. Como no sab\u00edan combatirlas y librarse de ellas, estas epidemias reaparecer\u00edan con frecuencia: la peste asol\u00f3 de nuevo Par\u00eds en 1623 y 1626. Hi\u00adzo enormes estragos en 1631, puesto que, en una cuestaci\u00f3n a domicilio para remediar la angustia de los hospitales, aceptaron s\u00e1banas y ropa blan\u00adca sin asegurarse que no estaban contaminadas, y propagaron la epidemia (I, 178).<\/li>\n<li>\u00abEl mal de N\u00e1poles\u00bb, o \u00abla gran viruela de N\u00e1poles\u00bb: designaba a la s\u00edfilis, aparecida en Pa\u00adr\u00eds en la segunda mitad del s. XV. Es preciso se\u00ad\u00f1alar que en Italia fue llamada el mal franc\u00e9s, y tambi\u00e9n en la Alsacia. El barrio tan bonito de \u00abLa Peque\u00f1a Francia\u00bb, en Estrasburgo, fue llamado as\u00ed porque se hac\u00eda alojar all\u00ed a los afectados por es\u00adte mal.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Un extracto de una carta de los sacerdotes de la Misi\u00f3n, que prestaban sus servicios en el Nor\u00adte de Francia, a san Vicente, en 1650, es un buen ejemplo de los textos de esta \u00e9poca. Podemos constatar que se trata de un documento tan pre\u00adciso como pudiera serio ahora, lo que nos mues\u00adtra c\u00f3mo san Vicente se esforzaba en formar bien a los Padres tambi\u00e9n en estas materias: <em>\u00abCausa gran compasi\u00f3n ver por doquier una gran multi\u00adtud de enfermos; son much\u00edsimos los que su\u00adfren disenter\u00eda y fiebres; otros est\u00e1n cubiertos de sarna o de p\u00farpura, (enrojecimiento enfermizo de diversa naturaleza), o de tumores y apostemas (abscesos o tumores purulentos); muchos est\u00e1n hinchados: unos en la cabeza, otros en el vientre, y otros en todo el cuerpo<\/em>.<span id='easy-footnote-1-37456' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-enfermos\/#easy-footnote-bottom-1-37456' title='&lt;em&gt;ABELLY, Vicente de Pa\u00fal, &lt;\/em&gt;libro II, cap. XI, secci\u00f3n II, n.\u00b0 219, p. 478, CEME, 1994.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>\n<p><em>4.\u00b0 Las enfermedades mentales<\/em><\/p>\n<p>Es preciso que tambi\u00e9n las mencionemos. Los locos, lun\u00e1ticos, hipocondr\u00edacos, melanc\u00f3licos, gentes afectadas del alto-mal (la epilepsia), con\u00adforman m\u00e1s o menos el panorama, junto a la ca\u00adtegor\u00eda menos caracterizada de los d\u00edscolos, los malos caracteres. Tambi\u00e9n se cre\u00eda mucho en los brujos y las posesiones diab\u00f3licas y, a partir de este siglo, los autores est\u00e1n divididos: algunos piensan que los pose\u00eddos son, de hecho, enfer\u00admos mentales.<\/p>\n<p><em>5.\u00b0 Las heridas y accidentes<\/em><\/p>\n<p>Eran tan numerosas y variadas como en nues\u00adtros d\u00edas. Habla heridas, mutilaciones, quemadu\u00adras y estallidos de \u00f3rganos internos producidos por la maldad de los hombres, por las guerras, por los bandidos, pero tambi\u00e9n por torturas legales con el hierro incandescente y el fuego. Esto \u00falti\u00admo, por desgracia, no daba ocasi\u00f3n a ning\u00fan tra\u00adtamiento, y conduc\u00eda m\u00e1s o menos r\u00e1pidamente, a la muerte. Los contempor\u00e1neos de san Vicente asist\u00edan todav\u00eda a la estrapada, como espect\u00e1culo (se izaba al condenado con una cuerda y luego se le dejaba caer brutalmente), al descuartizamiento (atando los miembros a cuatro caballos haci\u00e9ndo\u00adlos partir al galope en las cuatro direcciones), a la rueda (el condenado, atado a una rueda, recib\u00eda un mazazo sobre cada uno de sus miembros con el fin de fracturarlos, y despu\u00e9s, sobre el h\u00edgado pa\u00adra que reventara), y el apaleamiento. Los ahorca\u00addos quedaban colgados en la horca hasta que los cuervos hubieran devorado la carne.<\/p>\n<p>En casos de motines, las represiones eran horribles: lenguas cortadas, ojos reventados o sa\u00adcados, gentes desolladas vivas, como lo ser\u00e1 to\u00addav\u00eda en el s. XVIII el infeliz Dami\u00e1n por haber ara\u00f1ado a Luis XV, y a pesar de que este rey ha\u00adb\u00eda pedido que lo indultaran. Hab\u00eda heridas, mu\u00adtilaciones, quemaduras y estallidos de \u00f3rganos internos producidos por accidentes debidos a la torpeza, a la incuria o, simplemente, a las cir\u00adcunstancias naturales. Las ca\u00eddas, los accidentes de trabajo y de circulaci\u00f3n eran frecuentes. Los caballos pod\u00edan desbocarse, romperse los ejes de los carruajes, y los caminos mal empedrados pod\u00edan ceder alguna vez bajo las ruedas y vol\u00adcarse los veh\u00edculos. En consecuencia, adem\u00e1s de los enfermos, exist\u00eda una muchedumbre de im\u00adposibilitados y de averiados por accidentes, heri\u00addas de guerra o mutilaciones.<\/p>\n<p><em>6.\u00b0 Los ancianos<\/em><\/p>\n<p>La media de edad era baja. No obstante, un n\u00famero nada despreciable lograba alcanzar la edad de 60 a 80 a\u00f1os. Se era viejo, esto es, de\u00adbilitado, disminuido, tocado de toda clase de enfermedades cr\u00f3nicas, mucho antes que en nuestra \u00e9poca, si bien los ancianos constitu\u00edan un lote importante entre los enfermos y lisiados. Veremos la dura vejez que experiment\u00f3 el mis\u00admo san Vicente.<\/p>\n<p><strong>Curas y tratamientos<\/strong><\/p>\n<p><em>1.\u00b0 Profilaxis<\/em><\/p>\n<p>Esto que hemos visto acerca de la higiene nos da pie para entender que entonces no se to\u00ad maban las debidas precauciones, ineficaces las m\u00e1s de las veces, en los casos de enfermedad y epidemia. Al desconocer la transmisi\u00f3n a trav\u00e9s de los microbios, pensaban que se trasmit\u00edan a trav\u00e9s del aire, nunca a trav\u00e9s del agua. Incluso entre los m\u00e9dicos, algunos cre\u00edan todav\u00eda en la in\u00adfluencia de las constelaciones, y procuraban un m\u00ednimo de aislamiento. Sin embargo, respecto a la lepra, en los siglos XII y XIII se hab\u00edan separa\u00addo rigurosamente a los leprosos, y se hab\u00eda ven\u00adcido de esta forma esta enfermedad desde fina\u00adles de la Edad Media. Pero no se hizo nunca lo mismo con las otras plagas.<\/p>\n<p>Es verdad que cuando comenzaba a brotar una peste se intentaba colocar a los apestados se\u00adparados de los otros enfermos, pero muy pronto se los hospitalizaba con los otros. Lo maravilloso es que tales epidemias as\u00ed tratadas pudieron por fin desaparecer.<\/p>\n<p>Hacia principios del siglo XVII, se comenz\u00f3 a suponer el contagio, y a tomar precauciones in\u00addividuales, como marcar las casas de los apes\u00adtados para prohibir que cualquiera pudiera entrar; no aproximarse demasiado a los enfermos para no recibir nada de su respiraci\u00f3n; colocarse de\u00adlante de la nariz y la boca un pa\u00f1uelo empapado en esencias arom\u00e1ticas; quemar la ropa y lo uti\u00adlizado en las curas de los contagiados; cuando regresaban a sus casas, flamear los vestidos y cal\u00adzados. Por desgracia, esto no era lo general, ni siempre era posible hacerlo, sobre todo, cuando el n\u00famero de enfermos era de centenas y milla\u00adres. Tambi\u00e9n se comenz\u00f3 a aislar durante cuarenta d\u00edas a los pasajeros de los barcos que llegaban con enfermos. La palabra \u00abcuarentena\u00bb aparece en 1635.<\/p>\n<p><em>2.\u00b0 Medicina<\/em><\/p>\n<p>Una gran mezcolanza domina este campo, tanto respecto a las teor\u00edas como respecto a los productos. En 1616 Harvey hab\u00eda descubierto y demostrado la circulaci\u00f3n de la sangre, pero los sabios no estaban de acuerdo en cu\u00e1l era la cau\u00adsa que la originaba. Harvey la pone en las con\u00adtracciones espont\u00e1neas del coraz\u00f3n. Descartes lo niega, en nombre de la modernidad, conservan\u00addo la teor\u00eda m\u00e1s antigua del calor inherente al co\u00adraz\u00f3n, que hace hervir la sangre que le llega. Fue Harvey quien tuvo raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Las teor\u00edas biol\u00f3gicas son diversas, pero la m\u00e1s extendida es la de los elementos, los hu\u00admores, que se remontan hasta Hip\u00f3crates. Se cre\u00eda que las secreciones del cuerpo, sangre, la pituita o flema (la linfa), la bilis y la bilis negra (se\u00adcreci\u00f3n que se supon\u00eda del zo), se formaban, en\u00adtre otros factores, en funci\u00f3n de la proporci\u00f3n di\u00adferente de los otros elementos fundamentales (agua, aire, tierra y fuego) y de sus formas de combinarse. El aire ambiente y el agua, en parti\u00adcular, pod\u00edan ser m\u00e1s o menos puros y nocivos. Los \u00abhumores pecantes\u00bb, origen de enfermeda\u00addes, eran el resultado de maligno equilibrio de los componentes, o de un exceso de un humor respecto a los otros. D\u00e9 ah\u00ed que una primera forma de curas consistiera en restablecer el equi\u00adlibrio de los elementos.<\/p>\n<p>Por otro lado, se pensaba que los humores vi\u00adciados eran especialmente transmitidos, bien a tra\u00adv\u00e9s del tubo digestivo, bien a trav\u00e9s de la sangre. Seg\u00fan eso, era diferente el modo de tratar a los enfermos. Los tratamientos se inspiraban en es\u00adtas teor\u00edas. Primero se combat\u00edan los humores de una manera casi quir\u00fargica, inspir\u00e1ndose en la segunda teor\u00eda, haci\u00e9ndoles salir, bien por una la\u00advativa o purgante, bien por una sangr\u00eda, que se practicaba por doquier. Los m\u00e9dicos tardaron mucho tiempo en admitir que esto terminaba acabando con los enfermos. Ya entonces se prac\u00adticaban las ventosas, medio menos brutal de descongestionar los \u00f3rganos internos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se combat\u00edan estos humores de una forma m\u00e1s dulce, aportando al cuerpo los ele\u00admentos complementarios, con el fin de restable\u00adcer el equilibrio. Curaban por medio del agua, en particular, con las curas termales (se dec\u00eda \u00ablas aguas\u00bb) y los ba\u00f1os (el Hospital General de Par\u00eds ten\u00eda ba\u00f1eras sobre ruedas. Nosotros sabemos que el Sr. Vicente iba bastante regularmente a las aguas de Forges-les-Eaux. Tambi\u00e9n beb\u00edan pre\u00adparados de aguas curativas, como el de \u00abMonsieur Deure\u00bb que le vend\u00edan a san Vicente y a santa Lui\u00adsa, como veremos.<\/p>\n<p>Se curaba por medio del aire, aconsejando cambiar de aires, y ciertas localidades eran repu\u00adtadas por tener un aire mejor que otras. Encon\u00adtramos numerosas alusiones a ello en la corres\u00adpondencia de san Vicente con santa Luisa de Marillac.<\/p>\n<p>Se curaba por medio del fuego: la cauteriza\u00adci\u00f3n, siempre en vivo, ya que no hab\u00eda anestesia, era bastante practicada. Podemos citar un ejem\u00adplo de este tratamiento a un miembro de la Con\u00adgregaci\u00f3n del Sr. Vicente. En la repetici\u00f3n de ora\u00adci\u00f3n del 24 de agosto de 1647 (y en la siguien\u00adte), describe \u00e9l los sufrimientos del P. Duperroy, misionero en Polonia (XI, 286-289).<\/p>\n<p>El padre Vicente, hablando a prop\u00f3sito de los sufrimientos de esta vida y, especialmente, de las enfermedades, nos dijo, despu\u00e9s de haber en\u00adcomendado a las oraciones de la Compa\u00f1\u00eda al buen padre Duperroy, que estaba en manos de los cirujanos para que lo curasen de un mal que hab\u00eda dejado en \u00e9l la segunda peste, pues ten\u00eda algunas costillas cariadas y ten\u00edan que aplicarle fue\u00adgo (cauterizaci\u00f3n); y sin embargo, soportaba to\u00addos esos males con tanta paciencia que apenas le o\u00edan quejarse alguna vez.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, curaban por la tierra, es decir, por toda una variedad de sus componentes, de mi\u00adnerales diversos, incluidos los polvos de metales y de rocas consideradas curativas. Tambi\u00e9n utili\u00adzaban muchos derivados de plantas: azafr\u00e1n, es\u00adpecias, arroz, miel, rosas, cebada, etc., lo mismo que partes diversas del cuerpo de los animales. Las composiciones m\u00e1s bizarras ten\u00edan gran cr\u00e9\u00addito: la famosa \u00abtriaca\u00bb estaba hecha de adormi\u00addera, escamas de v\u00edboras, recortes de u\u00f1as y otras delicadezas. La pata de ante deb\u00eda curar la epilepsia.<\/p>\n<p>Los reduc\u00edan a polvo, o sacaban de ellos ex\u00adtractos l\u00edquidos, que se preparaban tanto para uso externo (ung\u00fcentos, emplastos), como para uso interno, bajo diversas formas: especies de pastas m\u00e1s o menos s\u00f3lidas, o bebidas (tisanas, \u00abaguas\u00bb, agua de rosa, aguafuerte, m\u00e1s o menos a base de alcohol, etc.), o tambi\u00e9n los electuarios, mezcla de productos reducidos a polvo, con miel o con jarales (la triaca era un electuario).<\/p>\n<p><em>3.\u00b0 Cirug\u00eda<\/em><\/p>\n<p>Curaban tambi\u00e9n \u00abpor medio del fuego\u00bb. La cirug\u00eda hab\u00eda progresado y continu\u00f3 progresando en el s. XVII. Restablec\u00edan las fracturas y las luxaciones, operaban sajando las heridas, perfo\u00adrando los abscesos, amputando miembros gangrenados, pero tambi\u00e9n penetrando m\u00e1s en profundidad en el organismo para realizar ces\u00e1\u00adreas o para extraer la piedra, es decir, los c\u00e1lcu\u00adlos. Sin embargo, la anestesia no aparecer\u00e1 hasta finales del s. XIX. As\u00ed, pues, operaban en vivo, atando fuertemente a los \u00abpacientes\u00bb, t\u00e9r\u00admino que dice bastante.<\/p>\n<p>Los \u00fatiles empleados para restablecer fractu\u00adras y luxaciones son muy parecidos a los caba\u00adlletes que serv\u00edan para torturar (los cuales est\u00e1n todav\u00eda en uso en el s. XVII y lo estar\u00edan hasta el XVIII). En cuanto a los instrumentos del cirujano, la lanceta (el t\u00e9rmino aparece en 1256) o escal\u00adpelo (1539), ancestre del bistur\u00ed estaba lejos de tener la precisi\u00f3n y el corte de hoy, y algunos se conformaban con un cuchillo cuidadosamente afilado, o con una navaja de afeitar. M\u00e1s de un charlat\u00e1n h\u00e1bil con sus dedos se convirti\u00f3 en ci\u00adrujano improvisado, como un famoso Hermano Santiago, que hizo estragos en Par\u00eds en 1697, cu\u00adrandero diestro. Los verdaderos cirujanos dejaban morir muchos pacientes, tantos como aqu\u00e9l, me\u00adnos por defecto quir\u00fargico que por falta de anti\u00adsepsia.<\/p>\n<h3>2. El cuidado de los enfermos<\/h3>\n<p><strong>A domicilio (familia, vecinos, Hermandades, Hermanas Grises de santa Isabel)<\/strong><\/p>\n<p>En general, los enfermos permanec\u00edan en sus casas mientras la familia pod\u00eda ocuparse de ellos, pero pod\u00eda ocurrir que toda la familia estuviera tambi\u00e9n afectada. No era extra\u00f1o que alg\u00fan ve\u00adcino o vecina se ocupara del enfermo por caridad. Los miembros de las Hermandades de devoci\u00f3n o de oficio eran generalmente socorridos por los de su Hermandad. Pero \u00fanicamente se ocupa\u00adban de los que eran miembros de su Hermandad. En fin, hab\u00eda, al menos, una familia de congrega\u00adciones franciscanas puesta bajo la advocaci\u00f3n de santa Isabel de Hungr\u00eda (1207-1231), que hac\u00eda votos y recitaba el oficio en el coro, pero que no estaba obligada a clausura porque, siguiendo el Estatuto de la Orden Tercera, ellas sal\u00edan algunas horas durante el d\u00eda, de dos en dos, para visitar y curar a los pobres, a domicilio.<span id='easy-footnote-2-37456' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-enfermos\/#easy-footnote-bottom-2-37456' title='Cf. &lt;em&gt;Guide des Archives de Meurthe-et-Moselle, &lt;\/em&gt;H. 2, 807 a 2. 872. Dict. Hist. Et G\u00e9ogr. Eccl; &lt;em&gt;Archivum Fran\u00adcisc, &lt;\/em&gt;Histor, 1. 9II, 1. 921. &lt;em&gt;Revue Francis. D&amp;#8217;Hist. &lt;\/em&gt;1. 924; 1929, p. 129s., 298s., 354s. LALLEMAND, L., &lt;em&gt;Hist. &lt;\/em&gt;&lt;em&gt;De la Cha\u00adrit\u00e9 III, &lt;\/em&gt;p. 167s.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Los nombres variaban: en Alemania y Lorena se les llamaba Hermanas de santa Isabel; Her\u00admanas Grises y Hermanas de la Calle en Flandes y norte de Francia; Terciarias en Turena. Hab\u00eda tambi\u00e9n hermanas de \u00e9stas en localidades en que ser\u00e1n llamadas las Hijas de la Caridad, tal co\u00admo Montreuil-sur-Mer (de 1457 hasta despu\u00e9s de 1759) y Nantes (desde antes de 1515 hasta 1790). (Es de notar que el t\u00e9rmino \u00abgris\u00bb se em\u00adpleaba, en sentido amplio, para indicar todo aque\u00adllo que no era verdaderamente negro, blanco o de color vivo; las Hermanas vestidas de azul, de ma\u00adrr\u00f3n, lo mismo que de gris, eran llamadas Her\u00admanas Grises; Las Hijas de la Caridad tambi\u00e9n se\u00adr\u00e1n llamadas Hermanas Grises.<\/p>\n<p><strong>En Hospitales<\/strong><\/p>\n<p>A partir de las destrucciones causadas por las invasiones b\u00e1rbaras en el s. V, los obispos se convirtieron en los responsables de los pobres, tanto en el orden temporal como en el espiritual. Poco a poco, en colaboraci\u00f3n con las municipali\u00addades, fundaron hospicios y hospitales para reci\u00adbir a los pobres transe\u00fantes y a los enfermos que no ten\u00edan a nadie que se ocupara de ellos. Estos establecimientos eran administrados bajo la res\u00adponsabilidad de los Ayuntamientos, o de los Obis\u00adpos, o de un Cap\u00edtulo de Can\u00f3nigos, y manteni\u00addos por comunidades locales, bien de mujeres so\u00adlamente, bien de mujeres y hombres, lo mismo que por algunos capellanes sacerdotes.<\/p>\n<p>En la Edad Media, los reglamentos son bas\u00adtante ejemplares, y la limpieza, la alimentaci\u00f3n y el servicio m\u00e1s bien satisfactorios. El s. XVII, qui\u00adz\u00e1 como consecuencia de las guerras de religi\u00f3n, junto a la evoluci\u00f3n de mentalidad y al empobre\u00adcimiento consiguiente a las destrucciones, ex\u00adperimenta una baja en la calidad, y las reformas, puestas en marcha desde 1535, no pudieron dar resultados m\u00e1s que a principios del s. XVII. Cada ciudad contaba con un Hospital General y uno o varios hospitales m\u00e1s, anejos al Hospital General o independientes.<\/p>\n<p>Par\u00eds, durante mucho tiempo, no cont\u00f3 m\u00e1s que con su Hospital General, puesto que el prio\u00adrato de San L\u00e1zaro, ya existente en 1122, se ha\u00adb\u00eda especializado en leprosos; no obstante, a principios del s. XVII, acogieron all\u00ed tambi\u00e9n a alie\u00adnados.<\/p>\n<p>A finales del s. XVI, el Hospital General de Pa\u00adr\u00eds result\u00f3 bastante insuficiente. Tambi\u00e9n, cuatro Hermanos de san Juan de Dios llegaban de Ita\u00adlia a Par\u00eds en 1601 y obten\u00edan cartas patentes de Enrique IV en marzo de 1602 para fundar su hos\u00adpital \u00abSan Juan Bautista de la Caridad\u00bb.<\/p>\n<p>El 19 de mayo de 1607, Enrique IV decid\u00eda construir un anexo del Hospital, el Hospital San Luis, en la parroquia de San Lorenzo, y sobre te\u00adrrenos del priorato de San L\u00e1zaro y de la Abad\u00eda de San Mart\u00edn de los Campos. El mismo edicto autorizaba la construcci\u00f3n de otro hospital en el sur, el de Santa Ana. Los hospitales de la Salpatriare y de Bicetre fueron fundados m\u00e1s tarde por Luis XIII.<\/p>\n<p>S\u00f3lo hablaremos del Hospital General de Pa\u00adr\u00eds, donde san Vicente intervino por mediaci\u00f3n de las Damas de la Caridad, y a\u00f1adiremos algu\u00adnas indicaciones sobre dos Institutos que influ\u00adyeron en el Sr. Vicente: los Hermanos de san Juan de Dios con su Hospital de la Caridad, y los Hermanos Servidores de los Enfermos, de san Ca\u00admilo de Lelis.<\/p>\n<p>1.\u00b0 El hospital General de Par\u00eds<\/p>\n<p>Su fundaci\u00f3n data, por lo menos, de principios del s. IX. Primero depend\u00eda del Obispo y del Ca\u00adp\u00edtulo, y despu\u00e9s, a partir de 1006, s\u00f3lo del Ca\u00adp\u00edtulo, quien lo entreg\u00f3 a la municipalidad de Pa\u00adr\u00eds el 4 de abril de 1505.<\/p>\n<p>Su personal estaba integrado por hermanos y hermanas bajo la direcci\u00f3n el Maestro y de una priora, y a lo largo del s. XV el servicio era all\u00ed ejemplar. En los a\u00f1os 1450\/1460 el provisor Juan Henri describe de esta forma la abnegaci\u00f3n de las hermanas en su \u00abLibro de vida activa\u00bb, dedicado a la Hermana Helena Pemelle: <em>Cuando (nosotros) las ve\u00edamos mantener la cabeza con una mano, y con la otra apoyar la espalda de los pobres en\u00adfermos, cuando los sentaban en el retrete, y les lavaban la piel y lavaban sus sucios pies y sus su\u00adcias camisas, y cortaban sus u\u00f1as, y les cortaban el pelo, y los transportaban tan malolientes de una cama a otra y, una vez muertos, los enterraban. El trabajo de esta casa es bien penoso; ha\u00adcer, rehacer las camas, enjuagar en agua clara cada ma\u00f1ana sus camisetas, calentar ropa blan\u00adca para pon\u00e9rsela en sus pies, hacer la colada ca\u00adda semana de ochocientas a novecientas s\u00e1ba\u00adnas\u2026 Luego, los unos, dif\u00edciles para hacer las curas\u2026 La injuriaban verbalmente; los otros, en el arrebato de la enfermedad, la golpeaban y her\u00edan, y otros le destrozaban a ella sus vestidos. <\/em>Parec\u00eda estar leyendo ya textos de san Vicente.<\/p>\n<p>En cambio, la costumbre de la \u00e9poca y hasta el s. XVIII, era tener en los albergues, lo mismo que en el hospital, camas bastante anchas para acostar en ellas a dos o tres personas. En tiem\u00adpos de epidemia, pod\u00eda meterse a m\u00e1s de un en\u00adfermo en una misma cama. Esto era algo co\u00adrriente en otros muchos hospitales. Se originaban batallas entre los enfermos de una misma cama, y el m\u00e1s d\u00e9bil era empujado al suelo. Las Her\u00admanas, poco numerosas, no pod\u00edan hacer gran co\u00adsa en tales casos.<\/p>\n<p>A partir del siglo XV, la calidad del servicio y el esp\u00edritu del establecimiento se fue deterioran\u00addo, lo que empuj\u00f3 a los can\u00f3nigos a entregar la administraci\u00f3n a la municipalidad. En octubre de 1535, los comisarios nombrados por Francisco I suprimen la autonom\u00eda de los hermanos y las her\u00admanas para entregarlas a los religiosos y religio\u00adsas de san Agust\u00edn.<\/p>\n<p>Enrique IV impuls\u00f3 la construcci\u00f3n de otros pa\u00adbellones, que comenz\u00f3 en 1602. Rara vez se des\u00adtaca esta obra de Enrique IV. Se continu\u00f3 con otras ampliaciones hasta despu\u00e9s de 1626, lo mismo que con la construcci\u00f3n de nuevos hos\u00adpitales. En 1646 el conjunto llamado \u00abHotel-Dieu\u00bb (Hospital General) albergaba 2. 800 enfermos en tres establecimientos.<\/p>\n<p>A pesar de todo, el modo de tratar a los en\u00adfermos resultaba defectuoso, debido a la mezcla de contagiados con no contagiados en casos de afluencia. Por el mismo tiempo, la reforma de servicios estuvo ayudada, a partir de 1608, por visitadores y visitadoras caritativas, no exentos de conflictos, dado que algunas veces \u00e9stos ca\u00adrec\u00edan de moderaci\u00f3n. La obra de la Compa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento en pro de la asistencia es\u00adpiritual comenz\u00f3 en 1632-1633 y, despu\u00e9s, gracias a los esfuerzos de una visitadora, la Sra. Goussault, las Damas de la Caridad fueron fundadas en el \u00abHo\u00adtel-Dieu\u00bb en 1634, para el servicio espiritual y cor\u00adporal.<\/p>\n<p>En fin, las religiosas agustinas del Hospital General, en quienes la tendencia contemplativa y la tendencia puramente activa se opon\u00edan, en detrimento de la calidad de servicio, pudieron ser reformadas en 1636, bajo la direcci\u00f3n de la Ma\u00addre Genoveva Bouquet, hija de un orfebre parisi\u00adno. El Sr. Vicente la hab\u00eda conocido ya en el pa\u00adlacio de la Reina Margot. Ella hab\u00eda entrado con las Hermanas del Hospital General a los 22 a\u00f1os, en 1613, y hab\u00eda hecho profesi\u00f3n en 1629. Con\u00adtribuy\u00f3 a la instituci\u00f3n de un verdadero noviciado y de una equilibrada vida de comunidad, ayuda\u00adda por el Can\u00f3nigo Francisco Ladvocat, encarga\u00addo de la reforma en 1635 y, seguramente, con la ayuda tambi\u00e9n del Sr. Vicente.<span id='easy-footnote-3-37456' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-enfermos\/#easy-footnote-bottom-3-37456' title='Cf. H\u00c9LYOT, II, COI. 496-470; ESCHOLIER, p. 34, 36, y CANDILLE, p. 38; BLUCHE, p. 732; Cf. COSTE, P., &lt;em&gt;El Se\u00f1or Vien\u00adte, el Gran Santo del Gran Siglo, &lt;\/em&gt;CEME, Salamanca, 1980, tomo I, pp. 159-161.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span> Parad\u00f3jicamente, ser\u00e1 despu\u00e9s de esta actuaci\u00f3n, bajo el reinado de Luis XIV, cuando las condiciones de albergue se hacen inhumanas, porque el rey s\u00f3lo conce\u00add\u00eda sus favores al Hospital General. El n\u00famero de enfermos aumentar\u00e1 sin cesar, sin que nadie co\u00admenzara la ampliaci\u00f3n. \u00abSe ver\u00e1n obligados a me\u00adter a 6 enfermos en una misma cama y, con frecuencia, a ocho\u00bb y esta costumbre permaneci\u00f3 hasta el s. XVIII. En 1693 se llega a quince por cama, izando a los menos tullidos sobre el techo de los baldaquinos, colocando a otros sobre ha\u00admacas con correderas instaladas bajo las camas.<\/p>\n<p>Las horrendas descripciones del Hospital Ge\u00adneral, repetidas con frecuencia, son, pues, en par\u00adte, un error de cronolog\u00eda. Citar a Cuvier y otros autores del s. XVIII para poner de relieve la acci\u00f3n del Sr. Vicente es mostrar realmente que su ac\u00adci\u00f3n humanizadora no dur\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de 1680, lo cual es m\u00e1s bien desolador, pero, desgraciada\u00admente, verdadero. En 1716, bajo la regencia de Felipe de Orleans, se volver\u00e1 a comenzar una t\u00ed\u00admida primavera al conced\u00e9rsela algunas subven\u00adciones y, m\u00e1s tarde, unos terrenos para la am\u00adpliaci\u00f3n.<\/p>\n<h3>3.\u00ba Hermanos de San Juan de Dios en Roma y, a partir de 1602, en Par\u00eds<\/h3>\n<p>Todav\u00eda estaban construyendo su estableci\u00admiento cuando san Vicente empez\u00f3 a relacionar\u00adse con ellos, a partir de fines de 1608 \u00f3 principios de 1609. Estaba situado en la calle Santos Padres (llamada entonces calle San P\u00e9re, deformaci\u00f3n de san Pedro).<\/p>\n<p><strong>Su esp\u00edritu<\/strong><\/p>\n<p>Sus casas estaban abiertas a todo tipo de po\u00adbres y de enfermos varones. \u00abTodos y cada uno de los enfermos o pobres que lleguen a nuestros hospitales y asilos ser\u00e1n recibidos con toda cari\u00addad y benevolencia. Se socorrer\u00e1 a todos, sin dis\u00adtinci\u00f3n de nacionalidad, ni de religi\u00f3n, sin acep\u00adci\u00f3n de personas, con la misma diligencia y con ese mismo sentimiento de afecto que nos obli\u00adga a venerar en nuestros hermanos la imagen de Jesucristo\u00bb.<\/p>\n<p>Los textos de la Regla de los Hermanos re\u00adflejan, a la vez, la preocupaci\u00f3n por combinar el cuidado del cuerpo y el del alma, y el m\u00e1s gran\u00adde respeto a la persona: \u00abcuando un enfermo es recibido en el Hospital, un religioso le lava los pies con algunas hierbas arom\u00e1ticas, y lo des\u00adviste; le da una camisa o camisol\u00edn, una gorra, todo bien blanco, un gorro, unas zapatillas, una ba\u00adta de casa, y le avisa con dulzura que se confie\u00adse y purifique su alma, mientras ellos se ocupa\u00adr\u00e1n de sanar las enfermedades de su cuerpo. A continuaci\u00f3n lo conduce, o lo hace llevar, a una cama provista de s\u00e1banas blancas, de un jarro para beber, de una taza, de una escupidera, de un orinal, de una poltrona al lado: se le calienta la cama si hace fr\u00edo, y se le acuesta all\u00ed solo\u00bb.<\/p>\n<p>Todo esto lo encontramos en san Vicente, desde el reglamento de la primera Caridad de Chatill\u00f3n, en noviembre de 1617, que est\u00e1 refe\u00adrido, por lo dem\u00e1s, al Hospital de la Caridad en Roma. Por supuesto, que se curaban los cuerpos, pero tambi\u00e9n las almas, empresa en la que san Vicente participa, al menos, desde principios de 1609 hasta finales de 1611. La orden se hab\u00eda di\u00advidido en dos; los Hermanos de Espa\u00f1a hac\u00edan un 4.\u00b0 voto, de servicio a los enfermos, mientras que los de Italia y del resto de Europa, bas\u00e1ndose en un breve de Clemente VIII, de 1592, no hac\u00edan m\u00e1s que el voto de hospitalidad, incluso con pe\u00adligro de su vida. Fue la rama italiana la que vino a Francia, y que conoci\u00f3 san Vicente. El ideal de amor misericordioso combina contemplaci\u00f3n y acci\u00f3n \u00abrezar para sacrificarse siempre, y sacrifi\u00adcarse rezando sin cesar\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Sus m\u00e9todos<\/strong><\/p>\n<p>Ellos introdujeron \u00abun gran progreso t\u00e9cnico en las curas\u00bb, particularmente en cirug\u00eda, muy especialmente en \u00abel corte de la piedra\u00bb, es de\u00adcir, la extracci\u00f3n de c\u00e1lculos de la vejiga. Ade\u00adm\u00e1s, los edificios eran nuevos, con salas lumi\u00adnosas y, sobre todo, con una cama individual para cada enfermo, cosa inusitadas en aquella \u00e9poca. No obstante, no s\u00f3lo tuvieron admirado\u00adres. El p\u00e1rroco de la parroquia y la abad\u00eda de Saint Germain des Pres, propietarios de los terrenos, les pusieron trabas durante mucho tiempo, y el clero, al igual que el pueblo, desconfiaba de es\u00adtos extranjeros. Un panfleto de 1627 les acusa de bebedores, y de sacar demasiado dinero para Ro\u00adma. Como ten\u00edan la reputaci\u00f3n de ser el mejor hos\u00adpital, el Hospital General ve\u00eda en ellos un temible competidor. Las cuentas que han llegado hasta nosotros muestran un gran rigor, y jam\u00e1s nadie ha podido probar nada contra ellos.<\/p>\n<h3>4. En Italia, Roma, conoce san Vicente a los Hermanos de san Camilo de Lelis<\/h3>\n<p>Los Cl\u00e9rigos Regulares Servidores de los En\u00adfermos hab\u00edan comenzado en 1582, en Roma, al reunirse cinco enfermeros ben\u00e9volos al lado de Camilo de Lelis, que se orden\u00f3 sacerdote des\u00adpu\u00e9s. Adem\u00e1s de Roma, pronto tuvieron otros establecimientos en Italia. La vida de san Cami\u00adlo de Lelis fue escrita por un disc\u00edpulo suyo que lo hab\u00eda conocido durante 25 a\u00f1os. Este compuso una vida para el p\u00fablico, impresa en 1615, y otra vida para los miembros de la Orden, escrita en\u00adtre 1615 y 1622, que contiene unas precisiones suplementarias. San Camilo, muerto en 1614, pudo haber sido conocido por san Vicente en Roma.<\/p>\n<p><strong>Su esp\u00edritu<\/strong><\/p>\n<p>El servicio de los enfermos era el gozo de Ca\u00admilo, y deb\u00eda ser el de sus Hermanos. \u00abServido\u00adres de los enfermos\u00bb deb\u00edan \u00abmirarlos como sus due\u00f1os y se\u00f1ores\u00bb. Para ello deb\u00edan vivir \u00aben santa simplicidad y humildad\u00bb, pero deb\u00edan abs\u00adtenerse de mortificaciones corporales, salvo el viernes, en que se ayunaba por la tarde. \u00abA \u00e9l le parec\u00eda dif\u00edcil que un alma pudiera amar a Dios per\u00adfectamente sin amar tambi\u00e9n al pr\u00f3jimo haci\u00e9n\u00addole el bien\u00bb. A pesar de ser una Orden con Votos solemnes, estaban exentos de recitar el oficio en el coro, para no restar tiempo a los en\u00adfermos. Pero hac\u00edan una hora de oraci\u00f3n cada d\u00eda, y Camilo quer\u00eda que se trabajara en oraci\u00f3n permanente.<\/p>\n<p>Anotemos una de sus f\u00f3rmulas: \u00abLa oraci\u00f3n que corta los brazos a la Caridad no sirve de na\u00adda. Es una gran perfecci\u00f3n, mientras se est\u00e1 a tiempo, de servir a los pobres y de dejar enton\u00adces a Dios por Dios: ya tendremos tiempo de contemplarlo en el cielo\u00bb.<\/p>\n<p>A los votos solemnes de pobreza, castidad y obediencia ellos a\u00f1aden un 4.\u00b0 voto: servir a los pobres enfermos todo el tiempo de su vida, y 4 votos simples: entre ellos el de no aceptar nin\u00adguna dignidad fuera de su Congregaci\u00f3n,, selvo si hay dispensa del Papa. La f\u00f3rmula de los votos de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n retomaba, a ve\u00adces, palabra por palabra, aqu\u00e9lla de los Camilos.<\/p>\n<p>Habremos observado tantos elementos pre\u00adsentes en san Vicente, que es preciso admitir que \u00e9l los ha visitado en Roma, tanto como a los Hermanos de san Juan de Dios, y que incluso habr\u00e1 conocido a san Camilo, que no muri\u00f3 has\u00adta 1614. El P. Andr\u00e9 Dodin, en un curso de 1948, ense\u00f1aba tambi\u00e9n que los religiosos de los que san Vicente hab\u00eda olvidado el nombre eran los Camilos.<\/p>\n<p><strong>Sus m\u00e9todos<\/strong><\/p>\n<p>En conjunto, eran tan precisos y de cariz hu\u00admano y cristiano como el de los Hermanos de san Juan de Dios. Destaquemos s\u00f3lo, en cuanto al es\u00adtilo de la relaci\u00f3n pastoral, una preocupaci\u00f3n de discreci\u00f3n con los moribundos, para no aterrar a los moribundos. Y, sobre todo, de no hablarles demasiado, sino, por el contrario, continuar ani\u00adm\u00e1ndolos con dulzura y recitarles algunas inno\u00advaciones, porque pueden entender, aunque no den se\u00f1ales de ello.<\/p>\n<p><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>He aqu\u00ed, dispuesto el cuadro donde el Sr. Vi\u00adcente va a evolucionar, y esclarecidas algunas de sus fuentes.<\/p>\n<h2>II. La aportaci\u00f3n de San Vicente<\/h2>\n<p>San Vicente revel\u00f3 un d\u00eda a sus misioneros el secreto de uno de los resortes de su caridad: Cuando uno ha sentido en s\u00ed mismo las debilida\u00addes y las tribulaciones es m\u00e1s sensible a las de los dem\u00e1s. Los que han sufrido la p\u00e9rdida de sus bienes, de la salud y del honor, est\u00e1n mucho me\u00adjor dispuestos para consolar a las personas que se encuentran con estas aflicciones y dolores, que los dem\u00e1s, que no saben lo que es eso (XI, 716).<\/p>\n<p>Todos los documentos muestran que nos dice eso porque \u00e9l mismo pas\u00f3 por esa expe\u00adriencia. Por eso, antes de exponer su acci\u00f3n y su estilo, es preciso recordar lo que \u00e9l mismo vivi\u00f3, tanto a causa de las pruebas corporales, como de los medios para remediarlas o aliviarlas.<\/p>\n<h3>Su propia experiencia<\/h3>\n<p><strong>1. Sus enfermedades y accidentes<\/strong><\/p>\n<p>San Vicente ten\u00eda una verdadera fuerza f\u00edsica y una gran resistencia a la fatiga. Era capaz de recorrer largas distancias a pie, y tambi\u00e9n era un jinete a toda prueba. Sin embargo, desde su juventud sufri\u00f3 diversos accidentes, y qued\u00f3 su\u00adjeto a los ataques de afecciones de toda clase. Fue herido por una flecha cuando ten\u00eda 24 a\u00f1os, en 1605.<\/p>\n<p>En 1608 \u00f3 1609, despu\u00e9s de su llegada a Pa\u00adr\u00eds, lo vemos tendido durante cierto tiempo en la habitaci\u00f3n que comparte con su compatriota, quien sospecha de que le ha robado la bolsa. Ha\u00adcia 1615, en casa de los Gondi, como conse\u00adcuencia de una alta fiebre, comienzan a hinch\u00e1r\u00adsele las piernas, cosa que le atormentar\u00e1 toda su vida, y le abrumar\u00e1 en sus \u00faltimos a\u00f1os, compli\u00ad c\u00e1ndose con \u00falceras supurantes, aparte de los accesos peri\u00f3dicos de su \u00abfiebrecilla\u00bb, que le du\u00adraba de tres a quince d\u00edas, agravada con frecuencia con los males de sus piernas: son todos s\u00edntomas del paludismo. Por \u00faltimo, sufri\u00f3 inflamaci\u00f3n de la vejiga, o de la pr\u00f3stata. Despu\u00e9s de su muer\u00adte, la autopsia revelar\u00e1 en su brazo \u00abun hueso\u00bb plano y oval, \u00abde la anchura de un escudo de pla\u00adta\u00bb, calcificaci\u00f3n resultante, sobre todo, de los embates infecciosos del paludismo.<\/p>\n<p>\u00c9l habla poco de su salud, a no ser con san\u00adta Luisa, cuando ambos intercambian con toda li\u00adbertad sobre este tema. Tambi\u00e9n lo evoca rara\u00admente con otros con quienes se cartea, y en las pl\u00e1ticas a las Hermanas y a los Misioneros. El 2 de agosto de 1640, cuando tiene 50 a\u00f1os, expli\u00adca a las Hijas de la Caridad que frecuentemente no duerme de noche, y que, a veces, la fiebre le obliga a provocar los sudores, pero que, a pesar de todo, se levanta a las cuatro (IX, 45).<\/p>\n<p>18 a\u00f1os m\u00e1s tarde, por el contrario, a sus 77 a\u00f1os, el 6 de octubre de 1659, confesar\u00e1 indi\u00adrectamente que se le da alguna vez el caso de des\u00adcansar por la ma\u00f1ana: <em>En cuanto a m\u00ed, os confieso que nunca concedo descanso a mi pobre y mi\u00adserable cuerpo, y que nunca me parece que ten\u00adgo m\u00e1s necesidad de descansar por la ma\u00f1ana que el d\u00eda anterior <\/em>(IX, 101) (expresi\u00f3n complica\u00adda: El sentido es: cuando me acaece el dar reposo a mi pobre y miserable cuerpo, me parece que tengo una necesidad mayor de reposar al d\u00eda si\u00adguiente que el d\u00eda anterior).<\/p>\n<p>En este intervalo nos tropezamos con esta confidencia a santa Luisa, el 25 de noviembre de 1656 sobre el descanso que se toma, a pesar de todo, cuando est\u00e1 enfermo: <em>Me encuentro me\u00adjor del constipado, gracias a Dios, y hago todo lo que puedo por reponerme; no salgo de la habi\u00adtaci\u00f3n, descanso toda la ma\u00f1ana. <\/em>(VI, 132).<\/p>\n<p>No podemos revisar m\u00e1s que algunas de sus confidencias sobre sus enfermedades y acci\u00addentes. Y veremos un verdadero diario de salud, lo mismo que unas indicaciones sobre los trata\u00admientos. En mayo de 1631, con 59 a\u00f1os, escri\u00adbe a santa Luisa: <em>Mi peque\u00f1a indisposici\u00f3n no es esta vez la fiebre ordinaria, sino cierta molestia en la pierna, por haberme alcanzado una coz de un caballo, y por un peque\u00f1o tumor que comenz\u00f3 ha\u00adce ocho o quince d\u00edas; se trata de tan poca cosa que, si no fuera por el excesivo cari\u00f1o que tienen conmigo, no dejar\u00eda de salir a la ciudad\u00bb <\/em>(I, 173). El primero de mayo de 1633, a sus 59 a\u00f1os, le cuenta a santa Luisa: <em>La ca\u00edda del caballo por en\u00adcima de m\u00ed ha sido de las m\u00e1s peligrosas, y la pro\u00adtecci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or de las m\u00e1s especiales. Ha sido la bondad de Dios la que ha tratado de esta suerte, y el mal uso de mi vida el que ha obli\u00adgado a ense\u00f1arme sus azotes. Le suplico que me ayude a obtener la gracia de enmendarme en el porvenir, y de alcanzar una nueva vida. S\u00f3lo me ha quedado una peque\u00f1a dilataci\u00f3n de los nervios de un pie que, por ahora, no me da mucho dolor. Ma\u00f1ana tendr\u00e1n que purgarme, y pasado ma\u00f1a\u00adna podr\u00e9 salir en coche para ir a una legua de aqu\u00ed<\/em> (I, 250).<\/p>\n<p>De nuevo le declara a Luisa de Marillac en una carta despu\u00e9s de 1637: Me encuentro bas\u00adtante mejor de mi fiebrecilla, gracias a Dios. Ayer me tom\u00e9 las aguas y me propongo continuar con ellas, si las encuentro; con la ayuda de Dios, me parece que me sientan bien, como siempre lo han hecho (II, 140). Despu\u00e9s de 1639, por una vez \u00e9l no tiene ning\u00fan mal, le dice a santa Luisa: Me encuentro bien, gracias a Dios, y soy el amor de Nuestro Se\u00f1or su muy humilde y obediente ser\u00advidor (II, 140).<\/p>\n<p>El 14 de enero de 1649, en plena guerra de la Fronda, despu\u00e9s de unas gestiones con la Rei\u00adna y Mazarino para intentar lograr la paz, deber\u00e1 evitar la venganza de Mazarino, lo mismo que la de los partidarios de la Fronda, y entonces inicia una aventura de cinco meses a caballo, esca\u00adpando del pillaje, en plena tormenta de nieve a lo largo de 80 kms en total, doscientas cuarenta ovejas de la granja de Orsigny, al sur de Par\u00eds. Y a continuaci\u00f3n, cabalgando hasta Le Mans, An\u00adgers y Nantes, antes de poder regresar a Par\u00eds. El lunes de Pascua, 5 de abril de 1649, tach\u00f3 es\u00adto en su carta a santa Luisa: He estado con un poco de fiebre durante la noche, despu\u00e9s de ha\u00adberme ca\u00eddo al agua, debajo del caballo; no hu\u00adbiera podido salir de all\u00ed si no me hubieran reco\u00adgido. Ya estoy bastante bien, gracias a Dios. Fue a una media legua de Durtal. El santo fue salva\u00addo por uno de sus sacerdotes, que le acompa\u00f1aba. Volvi\u00f3 a subir totalmente empapado en el caba\u00adllo y fue a secarse a una peque\u00f1a choza de los alrededores (III, 386, nota 3).<\/p>\n<p>En una carta a santa Luisa, posterior a 1645, nos cuenta que \u00e9l era sensible a las corrientes de aire, cuando ten\u00eda escalofr\u00edos (que son ya s\u00ednto\u00admas de comienzos de fiebre): Si la Se\u00f1orita Le Gras acepta que acuda al locutorio, lo har\u00e1 de muy buena gana, a pesar de mi resfriado. La ex\u00adperiencia me ha hecho ver que siempre que sal\u00adgo con este estado, cojo un nuevo constipado seguido a veces de fiebre; pero har\u00e1 todo lo que desee la Se\u00f1orita (III, 57). Hacia 1650 escribe a santa Luisa: No tengo fiebre, Se\u00f1orita; s\u00f3lo ten\u00adgo un poco de constipado, que va disminuyendo, gracias a Dios. He tomado ya la cuarta purga, y me parece que es bastante (III, 579). El 14 de no\u00adviembre de 1655 leemos en una carta de Luisa de Marillac la primera alusi\u00f3n a la agravaci\u00f3n del mal de la pierna, que va a torturarlo cada vez m\u00e1s. Nos encontraremos m\u00e1s tarde con este texto, porque all\u00ed vemos todo el razonamiento terap\u00e9u\u00adtico de santa Luisa.<\/p>\n<p>El 20 de noviembre de 1655 declara a Marcos Cogl\u00e9e, miembro de su Congregaci\u00f3n: Me en\u00adcuentro mejor, gracias a Dios, aunque sigo en ca\u00adma curando una erisipela que me ha salido en la pierna, despu\u00e9s que me dej\u00f3 la fiebre IV, 444). El doctor Parturier ve en estos males de piernas los s\u00edntomas de una arteritis que, unida a los ac\u00adcesos de fiebre, lo relaciona con el paludismo. El 23 de noviembre de 1655 se le escapa una alu\u00adsi\u00f3n a su salud, hablando con uno de sus amigos. Luis de Chandenier, sacerdote de las Conferen\u00adcias de los martes, p\u00e1rroco de Toumus: Me en\u00adcuentro cada vez mejor, gracias a Dios, aunque me sigue molestando la pierna, de forma que ten\u00adgo que guardar cama y seguir con medicinas (V, 445).<\/p>\n<p>Volvemos con su confidente habitual, Luisa de Marillac, el 25 de noviembre de 1656: Me en\u00adcuentro mejor del constipado, gracias a Dios y ha\u00adgo todo lo que puedo por reponerme: no salgo de la habitaci\u00f3n, &#8216; descanso toda la ma\u00f1ana; como to\u00addo lo que me dan, y me tomo todas las tardes una especie de julepe (jarabe mucilaginoso o narc\u00f3ti\u00adco) que me prepara el hermano Alejandro (V, 132).<\/p>\n<p>El 1658 su carroza vuelca, al romperse la sopanda, y la cabeza de san Vicente choca vio\u00adlentamente contra el empedrado; se puso con fiebre d\u00edas despu\u00e9s. Se vio obligado a guardar cama, y lo creyeron en peligro de muerte. \u00c9l lo refiere en varias cartas.<\/p>\n<p>En fin, en sus dos \u00faltimos a\u00f1os experiment\u00f3 cada vez m\u00e1s afecciones. Su carta del 13 de ju\u00adlio de 1659 a Luis Rivet, Superior de Saintes, nos muestra c\u00f3mo tambi\u00e9n \u00e9l se preocupaba de la sa\u00adlud de los miembros de la Congregaci\u00f3n: Le agra\u00addezco la preocupaci\u00f3n que muestra por mi salud. No tengo ninguna nueva enfermedad, pero sin embargo hace siete u ocho meses que no salgo, debido al mal de mis piernas que ha aumentado y, adem\u00e1s, tengo un derrame en un ojo desde ha\u00adce cinco o seis semanas, y no estoy mejor, a pe\u00adsar de los diversos medios empleados para mi cu\u00adraci\u00f3n \u00a1bendito sea Dios!<\/p>\n<p>Me preocupa su debilidad de est\u00f3mago y el desmayo en que se encuentra. La culpa es de sus grandes trabajos con los que ha aumentado los m\u00e9ritos de su alma, al mismo tiempo que con\u00adsum\u00eda las fuerzas de su cuerpo. Le ruego, Padre, que haga tanto cuanto pueda para ponerse bien, y que se cuide mejor que lo ha hecho (VIII, 25).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s su estado se fue degradando pau\u00adlatina e inexorablemente, impidi\u00e9ndole salir de casa y, m\u00e1s tarde, bajar a las salas comunes. Abelly nos enumera sus sufrimientos: \u00falceras, sobre todo en las piernas y en los pies, hincha\u00adz\u00f3n y dolores en las rodillas. Dificultad de orinar, proveniente, sin duda, de una inflamaci\u00f3n de la vejiga o de la pr\u00f3stata. <em>Las piernas al fin le falla\u00adron totalmente el a\u00f1o 1660, \u00faltimo a\u00f1o de su vi\u00adda, y ya no pudo decir m\u00e1s la santa Misa, pero sigui\u00f3 oy\u00e9ndola hasta el d\u00eda de su muerte, por m\u00e1s que sufriera lo indecible en trasladarse de su ha\u00adbitaci\u00f3n a la capilla, vi\u00e9ndose obligado a usar mu\u00adletas para andar.<\/em><\/p>\n<p>\u2026 pero si consideramos los grandes dolores que las rodillas hinchadas y los pies ulcerados le causaban sin cesar, y, principalmente, durante la noche, pues no pod\u00eda encontrar ni sitio ni postu\u00adra que lo aliviaran, debemos reconocer que su vi\u00adda era en aquellas circunstancias un continuo martirio.<\/p>\n<p>Pero, adem\u00e1s,\u2026 el \u00faltimo a\u00f1o de su vida le so\u00adbrevino una gran dificultad para orinar, que le pro\u00addujo muchos dolores y molestias sin cuento, por\u00adque no pod\u00eda levantarse ni ayudarse de ninguna de sus piernas, y el menor movimiento que hacia al coger con sus manos una cuerda que estaba ata\u00adda a una viga de la habitaci\u00f3n, le produc\u00eda dolores muy agudos. En medio de los mayores sufrimientos no se le o\u00eda ninguna queja; solamente algunas aspiraciones hacia Dios, y repet\u00eda con frecuencia estas palabras: \u00a1Ah, Salvador m\u00edo! \u00a1Mi buen Sal\u00advador y otras parecidas\u2026!<\/p>\n<p>A\u00f1adamos que estas miserias no estorbaban en forma alguna su esp\u00edritu de penitencia: Entre tantos dolores siempre se mantuvo en su estilo de vida dura y austera, sin tolerar jam\u00e1s que le acostaran en una cama blanda, sino en un jer\u00adg\u00f3n, para pasar sobre \u00e9l cinco o seis horas de la noche.<span id='easy-footnote-4-37456' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-enfermos\/#easy-footnote-bottom-4-37456' title='Cf. ABELLY, L. o. c. I. I. c. 50, p\u00e1g. 223-224. sin que le haya quedado ninguna molestia; por eso le hemos hecho tomar esta ma\u00f1ana su pe\u00adque\u00f1a medicina\u2026 Cuando se haya purgado, si se siente bien tres d\u00edas mas tarde, le permitiremos volver al colegio. He dicho si se siente bien tres d\u00edas m\u00e1s tarde, o sea, si no se repite su mal (I, 190).'><sup>4<\/sup><\/a><\/span>\n<p><strong>2. Sus conocimientos m\u00e9dicos, en relaci\u00f3n con los de santa Luisa<\/strong><\/p>\n<p>Hemos tomado una parte de sus conoci\u00admientos m\u00e9dicos de diferentes fragmentos de sus cartas. Adem\u00e1s, en este campo como en mu\u00adchos otros, no lo podemos separar de santa Lui\u00adsa, puesto que ellos pon\u00edan en com\u00fan sus des\u00adcubrimientos.<\/p>\n<p>1 .\u00b0 Teor\u00edas acerca de los tratamientos<\/p>\n<p>La carta del 17 de octubre de 1631 a Luisa de Marillac nos demuestra hasta qu\u00e9 punto el Sr. Vi\u00adcente ten\u00eda la preocupaci\u00f3n de instruirse con los m\u00e9dicos, y de relacionar el juicio acerca de la en\u00adfermedad con el conocimiento del conjunto de la persona. Se trata del hijo de santa Luisa, Miguel, que contaba entonces 18 a\u00f1os: Su hijo lleg\u00f3 con un peque\u00f1o dolor de cabeza, hace cuatro o cin\u00adco d\u00edas. Le hicimos sangrar al d\u00eda siguiente y guar\u00addar cama. El Sr. Quartier nos ha dicho que no ha\u00adb\u00eda que purgarlo hasta que se le pasase el dolor de cabeza, lo cual le ocurri\u00f3 tres d\u00edas m\u00e1s tarde,<\/p>\n<p>Vemos en este \u00faltimo p\u00e1rrafo que \u00e9l ejerc\u00eda tambi\u00e9n en materia de diagn\u00f3stico y de pron\u00f3s\u00adtico. Encontramos otras trazas en algunos de los pasajes citados aqu\u00ed. En este \u00faltimo caso, la curaci\u00f3n del joven Miguel ha necesitado m\u00e1s tiempo que el previsto: no ser\u00e1 hasta el 14 de sep\u00adtiembre {de 1631) cuando podr\u00e1 regresar al co\u00adlegio, como nos lo se\u00f1ala una carta del 15 (I, 187).<\/p>\n<p>Pero \u00e9l sab\u00eda echar una mirada cr\u00edtica sobre los m\u00e9dicos, aunque no haya querido reempla\u00adzarlos jam\u00e1s. Contin\u00faa confiando en el criterio de \u00e9stos, aunque con reservas, como lo atestigua es\u00adta carta a santa Luisa, fechada en septiembre de 1651, acerca del mal estado de salud de su hijo, que ten\u00eda entonces 38 a\u00f1os: Yo estoy muy pre\u00adocupado, Se\u00f1orita, por la preocupaci\u00f3n que usted siente con la enfermedad del se\u00f1or administra\u00addor (su hijo Miguel era entoaces baile de san L\u00e1\u00adzaro); le expreso los mismos deseos que ayer mismo le manifest\u00e9 a usted y a su hijo, esto es, que hagan caso del m\u00e9dico. Pero \u00bfc\u00f3mo va ser posible que se pueda superar una inclinaci\u00f3n que est\u00e1 en \u00e9l tan arraigada? (Una enfermedad cr\u00f3ni\u00adca). Despu\u00e9s de todo, se cree que los m\u00e9dicos ha\u00adcen morir m\u00e1s enfermos que los que sanan, pues\u00adto que Dios quiere que lo reconozcamos como el m\u00e9dico soberano de las almas y de los cuerpos, sobre todo con los que no utilizan medicinas. Sin embargo, cuando uno est\u00e1 enfermo, hay que so\u00admeterse al m\u00e9dico y obedecerlo (IV, 248).<\/p>\n<p>Su diagn\u00f3stico es particularmente interesan\u00adte en materia de posesiones. Mientras muchos de sus contempor\u00e1neos eclesi\u00e1sticos y religio\u00adsos creen enseguida en una posesi\u00f3n diab\u00f3lica ante comportamientos o palabras delirantes o melanc\u00f3licas, \u00e9l, lo mismo que un buen n\u00famero de m\u00e9dicos y no pocos obispos, ve\u00eda m\u00e1s bien un desarreglo ps\u00edquico, y desanconsejaba viva\u00admente los exorcismos.<\/p>\n<p>Citemos estas l\u00edneas de su largo informe, no datado, al duque de Atri acerca de su hija: Varias personas de grave piedad, temiendo que esa bue\u00adna ni\u00f1a estuviese agitada por alguna posesi\u00f3n u obsesi\u00f3n maligna\u2026 que hac\u00eda tres a\u00f1os que no rezaba a Dios, y cerca de dos a\u00f1os que la hab\u00edan tenido encerrada en una habitaci\u00f3n en Port-Royal\u2026 Mi pensamiento fue al principio que se trataba s\u00f3\u00adlo de ese humor melanc\u00f3lico que la afectaba\u2026 \u00abDespu\u00e9s la joven habl\u00f3 en varias ocasiones du\u00adrante mucho tiempo con el Sr. Vicente\u00bb. Y fue en esta acci\u00f3n donde yo me confirm\u00e9 en la opini\u00f3n que tenla anteriormente\u2026 ella se vio totalmente liberada (I, 472).<\/p>\n<p>Hubo tambi\u00e9n pretendidos posesos en Chi\u00adn\u00f3n. El Obispo no cre\u00eda en esos casos, ni tampoco san Vicente, escribi\u00f3 a Lamberto Aux Couteaux, el 22 de julio de 1640: Sobre esa buena mucha\u00adcha, todo lo que me han dicho me hace descon\u00adfiar de su esp\u00edritu (II, 58).<\/p>\n<p>2.\u00b0 La prevenci\u00f3n<\/p>\n<p>Es preciso recordar que el a\u00f1o 1631 estuvo marcado por una epidemia que hizo grandes es\u00adtragos. Podremos resaltar que el Sr. Vicente, al menos en esta ocasi\u00f3n, no la llama \u00abla peste\u00bb, cuando escribe a Luisa de Marillac: Me gustar\u00eda saber si hay contagio en los alrededores de esa parroquia (de san Nicol\u00e1s de Chardonnet, en Pa\u00adr\u00eds) o dentro de ella, y si tienen miedo sus damas (de la Caridad de san Nicol\u00e1s) (I, 178-179).<\/p>\n<p>El, en todo caso, no sent\u00eda miedo. Adem\u00e1s de esto, en 1632 \u00f3 enero de 1633, Luisa de Marillac da la impresi\u00f3n de haber temido que ha atrapa\u00addo la peste despu\u00e9s de haber visitado a una en\u00adferma, y el Sr. Vicente la incita a no temer el con\u00adtagio, a ejemplo de las Damas de la Caridad: La bondad de Dios sobre los que se entregan a \u00c9l en el ejercicio de la Cofrad\u00eda de la Caridad, en la que ninguno de cuantos a ella pertenecen ha si\u00addo tocado por la peste, me obliga a tener una perfect\u00edsima confianza en que no le alcanzar\u00e1 el mal. \u00bfCreer\u00e1, Se\u00f1orita, que no s\u00f3lo visit\u00e9 al difunto se\u00f1or superior de san L\u00e1zaro, que muri\u00f3 de la peste, sino que incluso percib\u00ed su aliento? Sin embargo, ni yo, ni los otros que lo asistieron has\u00adta el \u00faltimo momento, hemos sufrido mal algu\u00adno. No, Se\u00f1orita, no tema; nuestro Se\u00f1or quiere servirse de usted para algo que se refiere a su glo\u00adria, y creo que la conservar\u00e1 para ello. Celebrar\u00e9 la santa Misa por su intenci\u00f3n (I, 238).<\/p>\n<p>Observemos la menci\u00f3n del papel atribuido al aliento, y el uso de uno de los remedios muy co\u00adrrientes en aquella \u00e9poca: el recurso a la plegaria y a la santa Misa, adem\u00e1s de las precauciones se\u00ad\u00f1aladas antes. Queda se\u00f1alar que, as\u00ed y todo, hu\u00adbo una v\u00edctima entre las personas cercanas al Sr. Vicente: Margarita Naseau, que siempre la con\u00adsider\u00f3 la primera Hija de la Caridad, muri\u00f3 de es\u00adta peste en 1633, por haber acostado en su mis\u00adma cama a una apestada.<\/p>\n<p>3.\u00b0 Los remedios<\/p>\n<p>El Sr. Vicente utilizaba aqu\u00e9llos en boga, en su \u00e9poca. Se apresuraba para anotar las f\u00f3rmu\u00adlas nuevas que encontraba, a hac\u00e9rselas comu\u00adnicar y a comunicarlas; testigo de ello es este pasaje de una carta a Edmundo Jolly el 17 de agosto de 1657, que no es, ni mucho menos, un querer preguntar, sino la petici\u00f3n de que se le env\u00ede la f\u00f3rmula. <em>Me preguntaba usted si es con\u00adveniente que durante las misiones, si hay alguna persona que sepa poner remedio a ciertas en\u00adfermedades corporales, se le permita dedicarse a ello. Deduzco de esta pregunta que alguno se ha dedicado anteriormente a ello; y es conve\u00adniente que sepa de qui\u00e9n se trata, cu\u00e1les son los remedios que ha aplicado, y para qu\u00e9 clase de ma\u00adles. As\u00ed, pues, le ruego que me lo indique antes de que pueda contestarle <\/em>(VI, 276).<\/p>\n<p>Se trata del misionero Luis Eu, del que dir\u00e1, el 21 de diciembre, en una carta que citaremos m\u00e1s tarde, que no ve inconveniente en que este Padre siga curando de esta forma a los pobres. El 23 de junio de 1658 junta este ansia de reme\u00addios a una visi\u00f3n de fe: Usar los remedios tem\u00adporales que le ordenen a uno para el alivio y la cu\u00adraci\u00f3n de su enfermedad; hacerlo as\u00ed es tambi\u00e9n honrar a Dios, que ha creado las plantas y le ha dado a cada una virtud (XI, 347).<\/p>\n<p>Nos contentaremos con se\u00f1alar algunos de esos remedios: El agua del Sr. Deure, que pare\u00adce que tuvo diferentes f\u00f3rmulas. Encontramos la primera menci\u00f3n en mayo de 1630, escribiendo a Luisa de Marillac (I, 147). Algo m\u00e1s tarde, an\u00adtes de 1634, escribe a Luisa de Marillac: En cuan\u00adto al agua, beba sin cuidado; no ha hecho nunca da\u00f1o a nadie y muchos se han curado con ella. La se\u00f1ora de Portmal (no conocida fuera de esta cita) empieza a sentirse bien. Le har\u00e9 decir al Sr. Deure que se la envi\u00e9, o bien d\u00edgale usted a la Se\u00ad\u00f1orita que se lo mande decir (I, 199).<\/p>\n<p>Pasados ya once a\u00f1os tenemos de nuevo otra menci\u00f3n el 16 de julio de 1645, esta vez de san\u00adta Luisa: Estoy preocupada por su mal, que temo sea m\u00e1s grave de lo que nos han dicho. Si fuera usted uno de nuestros pobres, me parece que nuestras aguas del Sr. Deure le habr\u00edan curado pronto, mientras que los ung\u00fcentos, de la clase que sean, reavivan el mal y lo mantienen siem\u00adpre en supuraci\u00f3n (II, 461).<\/p>\n<p>Destaquemos el razonamiento terap\u00e9utico de santa Luisa, avalado por la experiencia, y que es exacto, ya que los ung\u00fcentos de entonces no eran siempre as\u00e9pticos. A partir de este momento ya no volvemos a tener noticias de esta agua del Sr. Deure, bien porque se hayan perdido las car\u00adtas que hablan de ello, bien porque los resultados no han sido suficientemente satisfactorios y se de\u00adj\u00f3 de usar, o bien el Sr. Deure hab\u00eda muerto. Ya hemos dicho que el Sr. Vicente se mostraba tan apresurado en comunicar las f\u00f3rmulas como en recogerlas. He aqu\u00ed un ejemplo, referente al Sr. De Hopille, Gran Vicario de Ag\u00e9n, en una carta del 11 de noviembre de 1657 al Superior de Ag\u00e9n, Ed\u00adme Menestrier: <em>Le env\u00edo una nota en la que se explica la manera de hacer esa agua que se toma como remedio contra el mal de piedra, la forma de emplearla y sus propiedades. Haga el favor de entreg\u00e1rsela al Sr. De Hopille, que nos la he pedido <\/em>(VI, 548). Puede ser que esta nota sea la que mencionaba ya al Sr. De Comet el 24 de julio de 1607. El Hospicio de Marans, en Charente Mar\u00ed\u00adtima, conserva en un antiguo manuscrito una f\u00f3r\u00admula atribuida a san Vicente (I, 80, nota 18):<\/p>\n<p>4.\u00b0 El t\u00e9, los jarabes y otras cocciones o infusiones<\/p>\n<p>Santa Luisa usaba bastante abundantemente el t\u00e9 como remedio, y se lo aconsejaba a san Vi\u00adcente. Nosotros hoy sabemos que la cafe\u00edna con\u00adtenida en \u00e9l en menor proporci\u00f3n que el caf\u00e9 es beneficiosa para el coraz\u00f3n y para la circulaci\u00f3n de los vasos capilares del cerebro y, por consi\u00adguiente, de la memoria, tomada en dosis peque\u00ad\u00f1as de tazas de caf\u00e9 o t\u00e9. Otras bebidas son men\u00adcionadas de forma salpicada en las cartas. En cuanto a los emplastos y pomadas encontramos tambi\u00e9n numerosas menciones, pero por des\u00adgracia, sin las f\u00f3rmulas de sus componentes.<\/p>\n<p>Terminemos este apartado con tres cartas de santa Luisa que resumen un poco los conoci\u00admientos de ambos y, sobre todo, sus investiga\u00adciones sobre los remedios. El 18 de marzo de 1651 ella le propone este complejo tratamiento a san Vicente: Perm\u00edtame decirle que me pare\u00adce que es necesario, para aliviar el mal que le ha causado su herida, mandar sacar sangre del lado de ac\u00e1, aunque s\u00f3lo sea una sangradera, para so\u00adfocar el ardor que puede producirse encima con el movimiento de los humores que producen las purgas, pero me parece absolutamente necesa\u00adrio que no emplee usted tanto la sal por encima durante algunas semanas.<\/p>\n<p>Le env\u00edo una especie de pomada que tengo la experiencia que es muy buena para quitar el ar\u00addor y calmar el dolor. Me gustar\u00eda, Padre, que la probase usted frotando todos los alrededores y poniendo por encima un lienzo plegado, como una compresa de tres o cuatro dobles, empapa\u00adda en esta agua, despu\u00e9s de que se haya enfria\u00addo un poco sobre la ceniza caliente. Hay que cam\u00adbiarla, al menos, dos veces al d\u00eda. Y si el ardor de la herida fuera tan grande que secara en seguida el lienzo, habr\u00eda que empapar\u00eda m\u00e1s veces y te\u00adner cuidado, si se pega a la herida, de no sacar\u00adlo sin humedecerlo antes un poco, para que no quite la costra.<\/p>\n<p>Pero, en nombre de Dios, mi venerado Pa\u00addre, no espere tanto tiempo para llamar al Sr. Pimpernelle, que fue el que me cur\u00f3 la pierna con cierto ung\u00fcento que al principio hizo una lla\u00adga muy grande, pero que luego la cur\u00f3.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1, si manda usted que lo sangren y em\u00adplea tres o cuatro d\u00edas este remedio, ya no ne\u00adcesite usted nada m\u00e1s. Se lo deseo con todo mi coraz\u00f3n, y le ruego que su caridad le pida mise\u00adricordia a nuestro buen Dios por mi pobre alma (IV, 169).<\/p>\n<p>El 14 de noviembre de 1655 le escribe sobre el mal de su pierna: Perm\u00edtame que le diga que es absolutamente necesario que su pierna no es\u00adt\u00e9 m\u00e1s de medio cuarto de hora colgando, y que no sienta el calor del fuego. Si se le enfr\u00eda, habr\u00eda que calentarla con alg\u00fan pa\u00f1o caliente por enci\u00adma de los calcetines, y si le parece a usted bien probar esta pomada dulce que le env\u00edo, frotando con ella ligeramente y poniendo encima un pa\u00f1o mojado en dos dobleces con agua tibia, espero que podr\u00e1 sentarle bien. Cuando el pa\u00f1o se en\u00adfr\u00ede, habr\u00e1 que recalentarlo, pero que el agua no est\u00e9 del todo caliente ni del todo fr\u00eda. Las sangr\u00edas le han debilitado el cuerpo, junto con ese mal; y cuando pone usted el pie en tierra, el calor y los humores acuden all\u00ed como a la parte m\u00e1s d\u00e9bil. Me gustar\u00eda que no bebiera usted tanta agua, y que dejase a las entra\u00f1as templarse y refrescar\u00adse, para no enviar tan violentamente el calor a la pobre pierna enferma. Con el consejo del m\u00e9di\u00adco, quiz\u00e1 con medio escudo de sales minerales (original franc\u00e9s: cristal mineral) en el primer va\u00adso de agua que se tome por la ma\u00f1ana podr\u00eda us\u00adted pasar mejor d\u00eda (V, 440-441).<\/p>\n<p>El 22 de diciembre de 1658, santa Luisa le ha\u00adbla todav\u00eda de su mal de las piernas: El temor que tengo de que venga de nuevo la helada me obli\u00adga a tomarme la libertad de decirle que creo que su dolor de piernas pasar\u00e1 cuando usted se pur\u00adgue. Perm\u00edtame que le explique una manera que me han ense\u00f1ado y que no produce ninguna mo\u00adlestia: el peso de un escudo de sen, metido en remojo durante una hora en medio cuarto de litro del primer caldo ordinario, y tom\u00e1rselo muy caliente. Tom\u00e1rselo poco antes de la comida, y co\u00admer un potaje despu\u00e9s de haber tomado esa pe\u00adque\u00f1a cantidad, tambi\u00e9n muy caliente. Esto, re\u00adpetido durante dos o tres d\u00edas, hace el efecto de una medicina muy fuerte, pero sin debilitarle a uno; y continuar as\u00ed, una o dos veces por sema\u00adna, si le sienta a usted. De esta forma podr\u00e1 sen\u00adtir alg\u00fan alivio en esas pobres piernas. Me olvidaba decirle que esto no le impide seguir tomando la sopa de la ma\u00f1ana ni comer al mediod\u00eda.<\/p>\n<p>Me parece que ha sido el Sr. De Lorme, o al\u00adg\u00fan otro m\u00e9dico de experiencia, el que ha ense\u00ad\u00f1ado este secreto, que \u00e9l utiliza hace m\u00e1s de treinta a\u00f1os. Nos gustar\u00eda mucho que lo ensaya\u00adse y que lo continuase, para ver si Dios le da su bendici\u00f3n a su empleo; la prueba no le har\u00e1 nin\u00adg\u00fan da\u00f1o, al menos por la experiencia que yo ten\u00adgo cuando lo he usado (VII, 351).<\/p>\n<p>Ya es el momento de pasar al estilo de rela\u00adciones con los enfermos que san Vicente propu\u00adso y llev\u00f3 a cabo.<\/p>\n<h3>El estilo de su actuar<\/h3>\n<p>El Sr. Vicente no lo inventa todo. \u00c9l sabe re\u00adcuperar del pasado, pero tambi\u00e9n sabe inventar.<\/p>\n<p>Veremos en primer lugar c\u00f3mo siente \u00e9l la preo\u00adcupaci\u00f3n por la eficacia; quiere tratamientos que curen o, al menos, alivien. Por ello busca ser com\u00adpetente y le preocupa la formaci\u00f3n. Pero tam\u00adbi\u00e9n experimenta una preocupaci\u00f3n humanizante, bien sea para asegurar unos cuidados a los m\u00e1s desfavorecidos \u2014y por eso puede llam\u00e1rsele pre\u00adcursor de la protecci\u00f3n social\u2014, bien sea para asegurar la calidad de las relaciones personales, curando en las casas, si es posible, pero tambi\u00e9n en los hospitales.<\/p>\n<p>1.\u00b0 Ser competentes y estar formados<\/p>\n<p>San Vicente y santa Luisa insistieron en la ne\u00adcesidad de una formaci\u00f3n seria, en los diferentes campos donde deb\u00edan trabajar las Hermanas: en el plan doctrinal y catequ\u00e9tico, y en el plan de re\u00adlaciones, para todas, y en el plan medical, de pe\u00addiatr\u00eda o de pedagog\u00eda, seg\u00fan fueran los servi\u00adcios de las Hermanas.<\/p>\n<p>El 1 de enero de 1654 toma como tema de su conferencia esto, con generalidades, pero dan\u00addo los motivos: Fijaos, Hermanas m\u00edas; todas sa\u00adb\u00e9is ya, estoy seguro de ello, qu\u00e9 importante es que una Hermana est\u00e9 bien informada de lo que tiene que hacer cuando se la manda a alg\u00fan si\u00adtio. Las Damas la piden; se sienten muy conso\u00adladas cuando ven a una Hermana que est\u00e1 bien preparada en todo; los pobres tambi\u00e9n se sien\u00adten felices cuando se los instruye y se los sirve mejor (IX, 594).<\/p>\n<p>Los medios para formarse eran las conferen\u00adcias, pero tambi\u00e9n la lectura; y si un numeroso grupo de Hermanas llegaba sin saber leer, uno de sus primeros deberes, como se los recuerda el Sr. Vicente el 22 de enero de 1645, era aprender a leer: Vuestra regla os ordena, hijas m\u00edas, apren\u00adder a leer y a escribir en las horas destinadas para esto. Yo desear\u00eda, Hermanas m\u00edas, que tu\u00advieseis todas este conocimiento, no ya para ser sabias, pues esto muchas veces no hace m\u00e1s que hinchar el coraz\u00f3n y llenarlo del esp\u00edritu de orgullo, sino porque eso os ayudar\u00eda a servir me\u00adjor a Dios (IX, 212).<\/p>\n<p>Una vez que hab\u00edan recibido la formaci\u00f3n ini\u00adcial, las Hermanas destinadas al cuidado de los enfermos deb\u00edan continuar todav\u00eda form\u00e1ndose al lado de los m\u00e9dicos y, entre ellas, como se lo ex\u00adplica en esta misma conferencia: Adem\u00e1s, hijas m\u00edas, ten\u00e9is que tener un gran respeto con las \u00f3rdenes que os den los se\u00f1ores m\u00e9dicos para el tratamiento que pongan a vuestros enfermos, y tened cuidado de no faltar a ninguna de sus pres\u00adcripciones, tanto por lo que se refiere a las horas, como a las dosis de las drogas, ya que a veces se trata de asuntos de vida o muerte.<\/p>\n<p>Tened tambi\u00e9n mucho cuidado de fijaros en la manera con que los m\u00e9dicos tratan a los en\u00ad fermos en las ciudades, para que cuando est\u00e9is en las aldeas, sig\u00e1is su ejemplo, o sea, en qu\u00e9 ca\u00adsos ten\u00e9is que sangrar, cu\u00e1ndo ten\u00e9is que reti\u00adrar la sangr\u00eda, qu\u00e9 cantidad de sangre ten\u00e9is que sacar cada vez, cu\u00e1ndo hay que hacer sangr\u00eda en el pie, cu\u00e1ndo las ventosas, cu\u00e1ndo las medicinas y todas esas cosas que sirven en la diversidad de enfermos con quienes pod\u00e1is encontraros\u2026 Es conveniente que teng\u00e1is algunas charlas sobre es\u00adte tema (IX, 214-215).<\/p>\n<p>\u00bfEl ser competentes lleva consigo que uno de\u00adba creerse superior a los otros y exigir m\u00e1s con\u00adsideraci\u00f3n? Una de las plagas de nuestro mundo es la sectorizaci\u00f3n, la especializaci\u00f3n por secto\u00adres, que se ignoran mutuamente, y la estratifica\u00adci\u00f3n en capas donde las que est\u00e1n m\u00e1s arriba menosprecian a las de abajo: as\u00ed, frecuentemen\u00adte, en los hospitales, las enfermeras se creen superiores a las ayudantes t\u00e9cnico-sanitarias, etc. Esta tentaci\u00f3n ya exist\u00eda en tiempos de san Vi\u00adcente. \u00c9l luch\u00f3 para que los Padres no menos\u00adpreciaran a los Hermanos y, como santa Luisa, pa\u00adra que las Hermanas que son m\u00e1s competentes no miren por encima del hombro a las otras.<\/p>\n<p>\u00c9l imagina una objeci\u00f3n de unas Hermanas cuando les habla del respeto cordial, el 1 de ene\u00adro de 1644: Pero, Padre, me dir\u00e9is, las que saben sangrar y cuidar los males, las que tienen mu\u00adchos conocimientos, \u00bfno pueden pretender m\u00e1s honor y deferencia que las dem\u00e1s? Hijas m\u00edas, to\u00addo eso no vale nada, y todo se puede perder en un instante. Hemos visto a algunas personas ol\u00advidarse en una enfermedad de todo lo que sab\u00ed\u00adan. Si el respeto que se les deb\u00eda, como cristia\u00adnos, estaba fundado en esas cualidades, adi\u00f3s todo ese respeto (IX, 155).<\/p>\n<p>2.\u00b0 Atenci\u00f3n \u00absocial\u00bb<\/p>\n<p>Las Damas y las Hermanas daban de comer y curaban gratuitamente a los enfermos pobres. El Sr. Vicente no olvidaba, sin embargo, a aqu\u00e9\u00adllos que, teniendo su sueldo, ten\u00edan habitualmente de qu\u00e9 vivir y con qu\u00e9 curarse, pero que las cir\u00adcunstancias los pon\u00edan en aprieto. Dos veces, por lo menos, encontramos en sus escritos unas di\u00adrectrices que indican un sentido de la protecci\u00f3n social que casi no existi\u00f3 hasta nuestro siglo.<\/p>\n<p>El 17 de setiembre de 1656 le escribe a Luis Rivet, Superior de Saintes: Si pueden ustedes pa\u00adgarle a su criado el salario de los cuatro meses de enfermedad, as\u00ed como los gastos de medici\u00adnas y del m\u00e9dico, creo que convendr\u00e1 que le pa\u00adguen, ya que se trata de un hombre pobre y un buen servidor (VI, 84).<\/p>\n<p>Es verdad que no impone en este caso una obligaci\u00f3n estricta, sino que dice s\u00f3lo \u00abconven\u00addr\u00eda\u00bb, aunque la raz\u00f3n esgrimida puede resultar restrictiva: \u00abya que se trata de un hombre pobre y un buen servidor\u00bb. Es claro que, si no era po\u00adbre, la obligaci\u00f3n ser\u00eda menos apremiante. \u00bfPe\u00adro podemos suponer que de no haber sido un buen servidor, el Sr. Vicente habr\u00eda dispensado al superior de cargar con los gastos? Nada da pie para comprender la frase en este sentido; m\u00e1s bien parece a\u00f1adir simplemente un argumento de m\u00e1s para exhortado a ello; \u00e9ste es un proceder al que san Vicente est\u00e1 bastante acostumbrado. Apenas un a\u00f1o m\u00e1s tarde, el 15 de junio de 1657 emplea con Antonio Durand, Superior de Agde, una postura se\u00f1alando claramente la obligaci\u00f3n: \u00abtiene usted\u00bb, aunque tambi\u00e9n a\u00f1ada ciertos ma\u00adtices: \u00ablo m\u00e1s razonable que sea posible\u00bb \u00absiem\u00adpre que se presente ocasi\u00f3n\u00bb: Le pido a Nuestro Se\u00f1or que les devuelva la salud a esos hombres que se han ca\u00eddo desde el tejado de su casa o, si quiere disponer de ellos, que les d\u00e9 su gloria. Realmente es una pena ver c\u00f3mo les ocurren es\u00adtas cosas a las personas que trabajan por noso\u00adtros, y un motivo de temor, al menos para m\u00ed, de que mis pecados sean la causa de ello. Tiene us\u00adted que visitarlos y hacer que los atiendan en su enfermedad lo m\u00e1s razonable que sea posible y, si mueren, manifestarles a sus viudas o a sus pa\u00adrientes m\u00e1s cercanos el pesar que ustedes sien\u00adten, haci\u00e9ndoles esperar sus servicios y su pro\u00adtecci\u00f3n, y servirlos efectivamente siempre que se presente ocasi\u00f3n de hacerlo (VI, 310).<\/p>\n<p>3.\u00b0 Servicio corporal y espiritual<\/p>\n<p>La primera Cofrad\u00eda de la Caridad surge el 23 de agosto de 1617. En el acta de asociaci\u00f3n de las Damas, el Sr. Vicente les propone como fin: Asistir corporal y espiritualmente (X, 571). Cor\u00adporalmente, administr\u00e1ndoles su bebida y su comida y los medicamentos. Espiritualmente, ha\u00adciendo que los que mueren salgan de este mun\u00addo en buen estado, y los que curen tomen la resoluci\u00f3n de bien vivir en adelante. La f\u00f3rmula: haciendo que los que mueren salgan de este mundo en buen estado, y que los que curen to\u00admen la resoluci\u00f3n de bien vivir en adelante, gra\u00adbada en el m\u00e1rmol de su memoria, la repetir\u00e1 hasta su muerte, marcando fuertemente un as\u00adpecto capital del ministerio vicenciano, incluidos los padres misioneros. El 8 de diciembre siguiente el primer rengl\u00f3n ya se cumplir\u00eda: asistir corporal y espiritualmente (X, 574 y 579).<\/p>\n<p>El gran motivo de la misi\u00f3n con los pobres y los enfermos es para \u00e9l a la vez la reconciliaci\u00f3n, e incluso la amistad, entre las personas y las fa\u00admilias, y con Dios, la salvaci\u00f3n eterna de cada uno. As\u00ed se lo explica a las Hermanas el jueves, 19 de julio de 1640: Es preciso que sep\u00e1is que el designio de Dios en vuestra fundaci\u00f3n ha sido, desde toda la eternidad, que lo honr\u00e9is contribu\u00adyendo con todas nuestras fuerzas al servicio de las almas, para hacerlas amigas de Dios, esto es, disponi\u00e9ndolas con gran cuidado a recibir los sacramentos, y esto incluso antes de que os ocu\u00adp\u00e9is del cuerpo\u2026 Durante sus enfermedades, tened mucho cuidado de prepararlos para la muer\u00adte, y de que tomen buenas resoluciones para bien vivir, si Dios permite que se curen. De esta for\u00adma, hijas m\u00edas, de enemigos que eran de Dios, se convertir\u00e1n en amigos de Dios (IX, 39).<\/p>\n<p>La insistencia sobre el servicio espiritual tan\u00adto como el corporal se mantendr\u00e1 siempre con\u00adsolidado en las Cofrad\u00edas de la Caridad, por ejem\u00adplo, en el Reglamento de la Caridad de se\u00f1oras en Montmirail: Pensar\u00e1n con frecuencia que, pa\u00adra ser buenas sirvientes de los pobres, es preci\u00adso asistirlos espiritual y corporalmente, y tener compasi\u00f3n de su miseria (X, 618).<\/p>\n<p>Vicente sabe, por otra parte, que ya otros le han precedido en este ejercicio de un ministerio espiritual llevado a cabo por laicos, en particular por unos hombres, miembros de la Compa\u00f1\u00eda del Santo Sacramento. Lo explica en 1636 a las Da\u00admas de la Caridad del Hospital General de Par\u00eds: A las oficiales\u2026 Les ha parecido oportuno designar trece o catorce de las m\u00e1s asiduas y piadosas, a fin de dedicarse de dos en dos cada d\u00eda para ha\u00adcer todo lo posible a fin de reparar solamente a las mujeres enfermas a la confesi\u00f3n general, ya que Dios ha querido disponer de unos cuantos hombres de piedad y debidamente preparados para trabajar con los hombres e introducirlos a que hagan dicha confesi\u00f3n general (X, 901).<\/p>\n<p>El 29 de noviembre de 1633, son fundadas las Hijas de la Caridad. Curiosamente, en 1634 fun\u00adda con la se\u00f1ora Goussault las Damas de la Ca\u00adridad del Hospital General, mientras que Genoveva Bouquet comienza a trabajar en la reforma de las Hermanas de este Hospital General. Tanto con las Hijas de la Caridad como con las Damas, insisti\u00adr\u00e1 siempre sobre la importancia del ministerio espiritual. As\u00ed, el 22 de enero de 1646: \u00bfCre\u00e9is, hijas m\u00edas, que Dios espera de vosotras sola\u00admente que les llev\u00e9is a sus pobres un trozo de pan, un poco de carne y de sopa y algunos re\u00admedios? Ni mucho menos, no ha sido \u00e9se su de\u00adsignio al escogeros para el servicio que le rend\u00eds en la persona de los pobres; \u00e9l espera de voso\u00adtras que mir\u00e9is por sus necesidades espirituales tanto como por las corporales. Necesitan el ma\u00adn\u00e1 espiritual, necesitan el esp\u00edritu de Dios (IX, 229).<\/p>\n<p>Se\u00f1alemos todav\u00eda esto otro, del 11 de no\u00adviembre de 1657: Un turco, un id\u00f3latra, puede asistir al cuerpo. Por eso nuestro Se\u00f1or no ten\u00eda ning\u00fan motivo para instituir una Compa\u00f1\u00eda sola\u00admente con esa finalidad, ya que la naturaleza obli\u00adga suficientemente a ello. Pero no pasa lo mis\u00admo con el alma. No todos pueden ayudarles en eso, y Dios os ha escogido principalmente para que les deis las instrucciones necesarias para su salvaci\u00f3n. Pensad en vosotras mismas (X, 917).<\/p>\n<p>Este texto es esclarecedor, no s\u00f3lo para una teolog\u00eda de los ministerios de los laicos y de las mujeres, sino tambi\u00e9n para el plan de su con\u00adcepci\u00f3n de la naturaleza. En verdad, san Vicente cree en el pecado original. Pero podemos obser\u00advar que tambi\u00e9n cree que la naturaleza tiene ca\u00adpacidades para hacer el bien, cree en los valores naturales y en una ayuda natural. Es \u00e9ste un tex\u00adto para que lo reflexionemos tambi\u00e9n ahora, cuan\u00addo el aspecto del servicio corporal no atrae tan\u00adto las vocaciones femeninas, ya que se puede llevar a cabo permaneciendo en la vida laical o en el matrimonio.<\/p>\n<p>Con los Misioneros, \u00e9l recuerda, por el con\u00adtrario, que incluso los sacerdotes han de preo\u00adcuparse del servicio corporal. Por lo menos, tenemos una referencia de las actividades medi\u00adcales o paramedicales de los Hermanos o de los Padres de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Se tra\u00adta del P. Luis d&#8217;Eu, que prodigaba remedios a los pobres de la regi\u00f3n de Roma, y del que ya hemos hablado antes. El 21 de diciembre de 1657 el Sr. Vicente escribe al Superior, el P. Edmundo Jolly: Haga el favor de consultar si hay alg\u00fan peligro en que los sacerdotes se pongan a dar algunos re\u00admedios a los pobres para curarlos de ciertos ma\u00adles que puedan padecer; yo no veo en ello nada malo; y me parece que, si otros tampoco lo ven, deber\u00eda usted dejar que el P. d&#8217;Eu ejerciera su ca\u00adridad en esas ocasiones, con tal que esos reme\u00addios corporales no lo aparten de sus funciones es\u00adpirituales, ni le cuesten mucho trabajo y dinero (VII, 30-31).<\/p>\n<p>Muchos Misioneros murieron cuando atend\u00ed\u00adan a los apestados en G\u00e9nova. Leamos de nue\u00advo este fragmento de una carta del 6 de diciem\u00adbre de 1658, citada al principio, en el que el Sr. Vicente evocaba las objeciones de algunos de su congregaci\u00f3n en tales servicios: Tenemos que asistirlos y hacer que los asistan de todas las ma\u00adneras, nosotros y los dem\u00e1s\u2026 Hacer esto es evan\u00adgelizar de palabra y de obra; es lo m\u00e1s perfecto; y es lo que nuestro Se\u00f1or practic\u00f3 y tienen que practicar los que le representan en la tierra por su cargo y por su car\u00e1cter, como son los sacerdo\u00adtes (XI, 393-394).<\/p>\n<p>4.\u00b0 Prioridad a las curas a domicilio<\/p>\n<p>San Vicente pone el acento de forma especial en el servicio a los enfermos en sus domicilios, porque imita lo que hac\u00eda nuestro Se\u00f1or, y por\u00adque permite evitar las diferentes miserias de la promiscuidad. Precisamente, para eso fueron fun\u00addadas las Cofrad\u00edas de la Caridad, ya en 1617; exceptuamos a la Compa\u00f1\u00eda de Se\u00f1oras del Hos\u00adpital General de Par\u00eds, fundada en 1634 para-vi\u00adsitar a los hospitalizados.<\/p>\n<p>El 2 de febrero de 1653 explica a las Herma\u00adnas el esp\u00edritu de su Compa\u00f1\u00eda siguiendo esa mis\u00adma l\u00ednea: No conozco ninguna Compa\u00f1\u00eda religio\u00adsa m\u00e1s \u00fatil a la Iglesia que las Hijas de la Caridad, si se penetran bien de su esp\u00edritu en el servicio que pueden hacer al pr\u00f3jimo, a no ser las Her\u00admanas del Hospital Mayor y las de la Plaza Real. (Hospitalarios de la Caridad de Nuestra Se\u00f1ora, que atend\u00edan desde 1629 un hospital para muje\u00adres}, que son Hijas de la Caridad y religiosas al mis\u00admo tiempo, ya que se dedican al servicio de los enfermos, aunque con la diferencia de que los sir\u00adven en sus propias casas y no asisten m\u00e1s que a los que les llevan, mientras que vosotras vais a buscar al enfermo en su casa y asist\u00eds a todos los que morir\u00edan sin vuestra ayuda, porque no se atreven a pedirla.<\/p>\n<p>En esto obr\u00e1is como obraba nuestro Se\u00f1or. \u00c9l no ten\u00eda una casa donde acogerlos; iba de ciudad en ciudad, de aldea en aldea, y curaba a todos los que encontraba (IX, 525; X, 748-749).<\/p>\n<p>Las numerosas se\u00f1ales de atenci\u00f3n que \u00e9l recomienda muestran bastante bien con qu\u00e9 gran humanidad deben ser realizadas estas curas a domicilio. Sus directrices a las Damas de Chati\u00adll\u00f3n, a partir de noviembre y diciembre de 1617, son bien conocidas. Estaban inspiradas, de suyo, en los Reglamentos de los Hermanos de san Juan de Dios y en los de los Servidores de los Pobres Enfermos, de san Camilo de Lelis, que \u00e9l hab\u00eda conocido: La que est\u00e9 de d\u00eda, despu\u00e9s de haber tomado todo lo necesario de la tesorera para po\u00adder darles a los pobres la comida de aquel d\u00eda, pre\u00adparar\u00e1 los alimentos, se los llevar\u00e1 a los enfermos, los saludar\u00e1 cuando llegue con alegr\u00eda y caridad, acomodar\u00e1 la mesita sobre la cama, pondr\u00e1 encima una mantel, un vaso, la cuchara y pan, har\u00e1 lavar las manos al enfermo y rezar\u00e1 el Be\u00adned\u00edcite, echar\u00e1 el potaje en una escudilla y pon\u00addr\u00e1 la carne en un plato, acomod\u00e1ndolo todo en dicha mesita; luego invitar\u00e1 caritativamente al en\u00adfermo a comer, por amor de Dios y de su santa Madre, todo ello con mucho cari\u00f1o, como si se tratase de su propio hijo o, mejor dicho, de Dios, que considera como hecho a s\u00ed mismo el bien que se hace a los pobres.<\/p>\n<p>Le dir\u00e1 algunas palabritas sobre nuestro Se\u00ad\u00f1or; con este prop\u00f3sito, procurar\u00e1 alegrarlo si lo encuentra muy desolado, le cortar\u00e1 en trozos la carne, le echar\u00e1 de beber, y despu\u00e9s de haber\u00edo ya preparado para que coma, si todav\u00eda hay alguno despu\u00e9s de \u00e9l, lo dejar\u00e1 para ira buscar al otro y tratarlo del mismo modo, acord\u00e1ndose de em\u00adpezar siempre por aqu\u00e9l que tenga consigo a al\u00adguna persona, y de acabar con los que est\u00e1n so\u00adlos, a fin de poder estar con ellos m\u00e1s tiempo; lue\u00adgo volver\u00e1 por la tarde a llevarles la cena con el mismo orden que ya hemos dicho.<\/p>\n<p>\u2026En cuanto a los que est\u00e9n en peligro de muerte inminente, se encargar\u00e1n de avisar al se\u00f1or p\u00e1rroco para que les administre la extre\u00admaunci\u00f3n, les mover\u00e1n a que tengan confianza en Dios, y que piensen en la muerte y pasi\u00f3n de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, encomend\u00e1ndose a la sant\u00edsima Virgen, a los \u00c1ngeles, a los santos y, es\u00adpecialmente, a los patronos de la ciudad, y a aque\u00adllos cuyo nombre llevan; har\u00e1n todo esto con un gran celo de cooperar en la salvaci\u00f3n de las almas, y de llevarlos como de la mano hasta Dios. Las sir\u00advientas de la Caridad se preocupar\u00e1n de hacer que entierren a los muertos a costa de la Cofrad\u00eda, darles una mortaja, mandar que hagan la fosa, a no ser que el muerto tenga medios para ello o pro\u00advea a ello el rector de la iglesia, rog\u00e1ndoles en es\u00adte caso que as\u00ed lo haga, y asistir\u00e1n a los funerales de aquellos a quienes hayan atendido durante su enfermedad, si pueden hacerlo c\u00f3modamente, ocupando en todo esto el lugar de madres que acompa\u00f1an a sus hijos hasta el sepulcro; de esta manera practicar\u00e1n por entero, y con mucha edi\u00adficaci\u00f3n, las obras de misericordia espiritual y corporal. Debemos destacar esa preocupaci\u00f3n de enlazar las relaciones de proximidad hasta m\u00e1s all\u00e1 de la muerte; eso era una cosa normal en aquella \u00e9poca, y desde mucho tiempo antes: las diferentes Cofrad\u00edas de piedad o de oficios lo con\u00adten\u00edan en sus reglamentos (X, 577-580).<\/p>\n<p>5.\u00b0 Humanizaci\u00f3n de los Hospitales<\/p>\n<p>Ya hemos visto que no hay que ennegrecer el cuadro de los hospitales antes de la actuaci\u00f3n del Sr. Vicente, ya que, desde hac\u00eda tiempo, ha\u00adb\u00eda muchas cosas buenas, y que la situaci\u00f3n se volvi\u00f3 mucho m\u00e1s negra algunos a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte. Por otra parte, acord\u00e9monos de la situaci\u00f3n dentro de ciertos hospitales y hospicios nuestros, no hace todav\u00eda mucho tiempo. As\u00ed, pues, conviene constatar que, cuando estudia\u00admos los reglamentos para las Hijas de la Caridad destinadas a un Hospital General o a un hospital, lejos de criticar el reglamento de aquel centro, el Sr. Vicente recomienda a las Hermanas acatarlo (cfr. X, 683) y sabemos que en \u00e9l se prove\u00edan in\u00adcluso golosinas. No obstante, el Sr. Vicente se\u00f1ala ciertas disposiciones que contribuyeron a hacer que los enfermos est\u00e9n m\u00e1s a gusto con peque\u00ad\u00f1os obsequios. Citaremos algunos textos para las Damas visitadoras, que no est\u00e1n al cuidado de los enfermos, que no tienen la responsabilidad del cuidado de los enfermos, y otros para las Hi\u00adjas de la Caridad de hospitales que los cuidaban.<\/p>\n<h3>Consejos a las damas visitadoras del Hospital General de Par\u00eds<\/h3>\n<p>En una carta del 25 de julio de 1634 a Fran\u00adcisco Du Coudray, a quien le pide que obtenga del Papa unas indulgencias para las Cofrad\u00edas de la Caridad, le expone la labor de las Damas de la Ca\u00adridad: Hemos fundado una (Cofrad\u00eda de la Caridad) hace poco, compuesta de cien o de ciento vein\u00adte damas de alta calidad (Las Damas del Hospi\u00adtal General de Par\u00eds) que hacen la visita todos los d\u00edas y asisten, de cuatro en cuatro, a ochocien\u00adtos o novecientos pobres o enfermos, con hela\u00addos, caldos, consom\u00e9s, confituras y otras clases de dulces, adem\u00e1s de su alimento ordinario que les proporciona la casa, para disponer a esas po\u00adbres gentes a hacer confesi\u00f3n general de su vi\u00adda pasada y procurar que los que mueran partan de este mundo en buen estado, y los que sanen prometan seriamente no ofender m\u00e1s a Dios; de forma que esto se lleva a cabo con una bendici\u00f3n particular de Dios (I, 287-288).<\/p>\n<p>Fij\u00e9monos en la importancia dada a los dulces y a las golosinas. No es ninguna innovaci\u00f3n; ya lo encontramos antes que \u00e9l, casi con las mismas expresiones, en los reglamentos de los diversos hospitales o en los registros de contabilidad. Eso prueba que \u00e9l los estudiaba. La redacci\u00f3n de es\u00adta carta al P. Du Coudray sit\u00faa estas golosinas en relaci\u00f3n con las incitaciones a la conversi\u00f3n. Ta\u00adles pr\u00e1cticas nos sorprenden hoy con su cariz de dulce presi\u00f3n. Pero, por un lado, en aquella \u00e9po\u00adca eso no era algo chocante. Y, por otro lado, hay que subrayar que se trata de una carta, escrita a vuelapluma. Los textos oficiales de los regla\u00admentos no mencionan esta expresi\u00f3n: \u00abpara disponer\u00bb, lo que demuestra bien que el Sr. Vi\u00adcente no pensaba en absoluto presionar a los enfermos. Los que no se confesaban, recib\u00edan las mismas golosinas, porque el Sr. Vicente no buscaba presionarlos, sino crear en ellos lazos de confianza, como vemos en otros muchos textos. Al igual que los Hermanos de san Juan de Dios, \u00e9l quer\u00eda que se acogiera a todo pobre, sin dis\u00adtinci\u00f3n de religi\u00f3n ni ninguna otra cosa.<\/p>\n<p>Encontramos esta menci\u00f3n de las golosinas en todos los reglamentos de las Damas de la Ca\u00adridad visitadoras, y de las Hijas de la Caridad de los Hospitales. Por el contrario, jam\u00e1s la encon\u00adtramos en los reglamentos de las Cofrad\u00edas de la Caridad que visitaban y cuidaban a los enfermos en sus casas. \u00bfHabr\u00eda que ver aqu\u00ed una compen\u00adsaci\u00f3n al sufrimiento que representa para un en\u00adfermo el verse alejado de su propia casa y vivir mezclado con otros? \u00bfOtro simplemente el hecho de que entonces les es m\u00e1s dif\u00edcil procurarse es\u00adtas golosinas que cuando est\u00e1 con su familia? Por el contrario, encontramos mencionada la ro\u00adpa blanca y los vestidos en los reglamentos de las Caridades, y no en los de los hospitales, por\u00adque en este caso el establecimiento suministra\u00adba estas cosas.<\/p>\n<p>Una conferencia de 1636, citada antes, pre\u00adcisa el servicio espiritual. Todo ello fue recogido de nuevo en el Reglamento de 1660, que destaca mejor la unidad del servicio corporal y esp\u00edri\u00adtu: Las Damas se distribuir\u00e1n para ir por turno a servir a los enfermos, haci\u00e9ndolo de dos mane\u00adras: 1.\u00b0\u2026ir\u00e1n dos cada d\u00eda a instruir a las muje\u00adres enfermas en las verdades cristianas necesa\u00adrias para la salvaci\u00f3n, las preparar\u00e1n para que hagan una confesi\u00f3n general de toda su vida, les expondr\u00e1n los motivos y la forma de hacerla bien, y les exhortar\u00e1n a servirse de todos los medios posibles para salvarse, con la ayuda de Dios, tan\u00adto si mueren como si curan de aquella enferme\u00addad.<\/p>\n<p>2.\u00b0 Las que hayan sido destinadas a distri\u00adbuirles la colaci\u00f3n se dirigir\u00e1n a las dos, al Hos\u00adpital (General)\u2026 distribuir\u00e1n a los enfermos las golosinas y refrigerios preparados para ellos, se\u00adg\u00fan el orden que lleve la encargada, aprovechando la ocasi\u00f3n para consolar a los enfermos con alguna palabra edificante apropiada a sus necesidades {X, 966). Fij\u00e9monos en esta \u00faltima frase: el Sr. Vi\u00adcente, lo mismo que santa Luisa, no quieren que hagan discursos estereotipados, sino palabras que salgan realmente de nosotros, y adaptados a cada persona.<\/p>\n<p>Y todo esto lo une conjuntamente con la ado\u00adraci\u00f3n y la ofrenda, en l\u00ednea con el sacerdocio bautismal, lo mismo que lo une a la santificaci\u00f3n personal: Todas adorar\u00e1n a nuestro Se\u00f1or, en\u00adtrando en la capilla del hospital, le ofrecer\u00e1n el ser\u00advicio que le van a rendir\u2026 Se retirar\u00e1n a las cin\u00adco en verano y a las cuatro en invierno, despu\u00e9s de haber dado gracias a Dios por el favor que les hizo de servir a sus pobres miembros, le pedir\u00e1n perd\u00f3n por las faltas que hayan cometido, y la gra\u00adcia de enmendarse; luego ofrecer\u00e1n a Dios a los pobres enfermos, rog\u00e1ndoles que los santifique a ellos y a todos los que los asisten\u2026<\/p>\n<p>\u2026Se actuar\u00e1 siempre por puro amor de Dios, mirando \u00fanicamente al bien mayor que pueda ha\u00adcerse, y no a los lugares y las personas que ha\u00adyan sido recomendadas.<\/p>\n<p>Todas las damas, tanto las oficiales como las dem\u00e1s, se esforzar\u00e1n por adquirir la perfecci\u00f3n cristiana que requiere su condici\u00f3n\u2026<\/p>\n<p>Y para que se conserven y se vayan perfec\u00adcionando en este esp\u00edritu, adem\u00e1s de sus co\u00admuniones ordinarias y particulares, comulgar\u00e1n todas juntas los s\u00e1bados de las cuatro t\u00e9mporas, que es cuando se conceden las sagradas \u00f3rdenes, a fin de que quiera Dios conceder buenos sacer\u00addotes a su Iglesia, y nuevas bendiciones a la Com\u00adpa\u00f1\u00eda (X, 966-968).<\/p>\n<p>Aparte de la preocupaci\u00f3n general por la san\u00adtificaci\u00f3n personal, es preciso se\u00f1alar de nuevo la insistencia sobre responsabilizarse de la \u00abcon\u00addici\u00f3n\u00bb de cada persona, <em>y la <\/em>uni\u00f3n con la Euca\u00adrist\u00eda, cada una personalmente, pero tambi\u00e9n to\u00addas juntas, en la l\u00ednea del Cuerpo M\u00edstico, cuya perspectiva le viene frecuentemente a la mente a san Vicente como a los del cardenal B\u00e9rulle.<\/p>\n<h3>Reglamentos de las Hijas de la Caridad de Angers (finales de 1639) y de Nantes (1646)<\/h3>\n<p>En el Reglamento de Angers, que data de 1640 y de principios del 1641, el empleo de la jor\u00adnada est\u00e1 previsto hasta en los detalles m\u00e1s in\u00adsignificantes, uniendo el servicio corporal hecho en la ma\u00f1ana y la tarde, al espiritual, realizado m\u00e1s bien a media ma\u00f1ana y al principio de la tar\u00adde. Veamos lo esencial de ese reglamento: A las seis ir\u00e1n a la sala de los enfermos, vaciar\u00e1n los cubos, har\u00e1n las camas, limpiar\u00e1n las salas, da\u00adr\u00e1n las medicinas\u2026 A las siete dar\u00e1n el desayu\u00adno a los m\u00e1s enfermos, haci\u00e9ndoles tomar un caldo o un huevo fresco, y a los dem\u00e1s, un poco de manteca o manzanas cocidas. Despu\u00e9s de es\u00adto\u2026 pondr\u00e1n mucho cuidado en hacer tomar el cal\u00addo a los enfermos que hayan tomado las medi\u00adcinas, en las horas indicadas.<\/p>\n<p>\u2026 Instruir\u00e1n a los ignorantes en las cosas ne\u00adcesarias para la salvaci\u00f3n, les mover\u00e1n a hacer una confesi\u00f3n general de toda su vida pasada y, des\u00adpu\u00e9s, a confesarse y comulgar todos los domin\u00adgos\u2026, consolar\u00e1n a los que est\u00e9n muy enfermos; les har\u00e1n actos de fe, esperanza y caridad, de contrici\u00f3n y de conformidad con la voluntad de Dios; dispondr\u00e1n a los que est\u00e9n pr\u00f3ximos a mo\u00adrir para que salgan de este mundo en buen es\u00adtado, y a los que curen a no ofender nunca a Dios y, en el caso de que lo ofendan, a confesarse lo antes posible.<\/p>\n<p>Pondr\u00e1n mucho inter\u00e9s en que los pobres en\u00adfermos tengan todo lo que necesitan, la comida en las horas ordenadas, la bebida cuando tengan sed y, a veces, algunas golosinas para comer.<\/p>\n<p>\u2026Una vez que hayan comido los pobres (ellas) har\u00e1n (sus comidas y sus oraciones).<\/p>\n<p>Hecho esto\u2026 procurar\u00e1n entretener a los en\u00adfermos.<\/p>\n<p>\u2026Si no hay en Angers una Compa\u00f1\u00eda de Da\u00admas de la Caridad en el hospital para dar la cola\u00adci\u00f3n a los pobres enfermos, las Hermanas se dirigir\u00e1n a la enfermer\u00eda a las dos en punto, para darles algunas confituras para la colaci\u00f3n, como peras y manzanas cocidas y, si les parece bien a esos se\u00f1ores, pastas y rosquillas.<\/p>\n<p>Las que no tengan que estar guardando en\u00adfermos volver\u00e1n a sus ocupaciones y, si no tie\u00adnen nada urgente que hacer, se quedar\u00e1n en la enfermer\u00eda para instruir a los pobres, disponer a los reci\u00e9n llegados a la confesi\u00f3n general y hacer que hagan actos interiores de fe, de esperanza, de caridad, de contrici\u00f3n y de conformidad con la voluntad de Dios, y consolarlos, lo mismo que por la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>\u2026Despu\u00e9s de la acci\u00f3n de gracias\u2026 har\u00e1n acostar antes de las siete a los enfermos que es\u00adt\u00e9n levantados, disponiendo que haya vino y al\u00adgunas golosinas para atender a las necesidades de los m\u00e1s enfermos.<\/p>\n<p>\u2026A las ocho se retirar\u00e1n las Hermanas, de\u00adjando a una de ellas en la enfermer\u00eda para que vele y asista a los m\u00e1s enfermos y ayude a los moribundos a bien morir; \u00e9sta acabar\u00e1 su rosario durante el primer sue\u00f1o de los enfermos y pasar\u00e1 la noche en vela, leyendo y dando alguna cabe\u00adzada mientras descansen los enfermos (X, 640, 682ss).<\/p>\n<p>Fij\u00e9monos en la importancia que da siempre a las golosinas y a los dulces que tan apreciados son por los enfermos y las personas de edad (la diabetes y el papel que juega en ella el az\u00facar era poco conocido). En fin, en Nantes el modo de acoger las Damas visitadoras est\u00e1 previsto en una corta frase: Recibir\u00e1n a las personas que vi\u00adsiten a los enfermos con respeto, mansedumbre y humildad, haciendo lo posible por contentarlas y edificarlas (X, 710).<\/p>\n<h3>Un esp\u00edrituhumano y cristiano a la vez o, mejor, teologal<\/h3>\n<p>1.\u00b0 Este esp\u00edritu tiene su fundamento teol\u00f3gico: Jes\u00fas est\u00e1 realmente en el pobre<\/p>\n<p>San Vicente estuvo marcado especialmente por dos pasajes evang\u00e9licos: por el vers\u00edculo 18 del cap\u00edtulo 4 de san Lucas: \u00abme envi\u00f3 a evan\u00adgelizar a los pobres\u00bb y por el cap\u00edtulo 25 de san Mateo, sobre todo, por el vers\u00edculo 40: \u00abcada vez que lo hicisteis con uno de \u00e9stos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis\u00bb, texto que \u00e9l ci\u00adta desde el reglamento de la Primera Caridad de Chatill\u00f3n (X, 575). Y saca esta conclusi\u00f3n: eso significa que hay en ello una especie de presen\u00adcia real de Jes\u00fas en los pobres. Y se lo dice a las Hijas de la Caridad el 25 de noviembre de 1658, cuando les explica por qu\u00e9 llamarlos nuestros ma\u00adestros: Los pobres son nuestros amos; son nues\u00adtros reyes; hay que obedecerlos; y no es una exa\u00adgeraci\u00f3n llamarlos de ese modo, ya que nuestro Se\u00f1or est\u00e1 en los pobres (IX, 1. 137).<\/p>\n<p>Mucho m\u00e1s, es justamente porque son po\u00adbres, esto es, desfigurados, casi sin aspecto de hombres, por lo que se encuentra en ellos Jes\u00fas, desfigurado por su pasi\u00f3n, al mismo tiempo que resucitado. El 16 de marzo de 1642 el Sr. Vicen\u00adte acaba de evocar la Pasi\u00f3n de Jes\u00fas, y una Her\u00admana a\u00f1ade, habiendo aprendido bien la lecci\u00f3n: Una Hermana observ\u00f3 que ser\u00eda conveniente, al entrar en la habitaci\u00f3n de los enfermos, ver en ellos a nuestro Se\u00f1or en la cruz, y decirles que su cama ten\u00eda que representarles la cruz de nues\u00adtro Se\u00f1or en la que ellos sufren con El (IX, 78).<\/p>\n<p>Todo esto es fruto de la Misi\u00f3n misma de Je\u00ads\u00fas, que quiso no s\u00f3lo ser a imagen nuestra, uno de nosotros, sino mucho m\u00e1s, ser nuestro mo\u00addelo, hombre perfecto, a la vez que \u00abvar\u00f3n de do\u00adlores\u00bb y, finalmente, los que sufren son los que est\u00e1n hechos a su imagen; \u00c9l es el prototipo. Y esto mismo es lo que san Vicente explica a los Misioneros, en un escrito sin fechar: <em>Cuando uno ha sentido en s\u00ed mismo las debilidades y las tri\u00adbulaciones, es m\u00e1s sensible a las de los dem\u00e1s\u2026 Ya sab\u00e9is que nuestro Se\u00f1or quiso experimentar en s\u00ed mismo todas las miserias. Tenemos un Pon\u00adt\u00edfice \u2014dice san Pablo\u2014 que sabe compadecer nuestras debilidades, porque las ha experimentado \u00e9l mismo <\/em>(Heb 4, 15).<\/p>\n<p>\u00a1S\u00ed, Sabidur\u00eda eterna, t\u00fa has querido experi\u00admentar y tomar sobre tu inocente persona todas nuestras pobrezas! Ya sab\u00e9is, hermanos m\u00edos, que \u00c9l hizo todo esto para santificar todas las aflicciones a las que estamos sujetos, y para ser el original y el prototipo de todos los estados y condiciones de los hombres (XI, 716-717).<\/p>\n<p>La misma ense\u00f1anza vemos en estas pala\u00adbras bien conocidas sin fecha, a los Misioneros: Dadle la vuelta a la medalla y ver\u00e9is con las luces de la fe que son \u00e9sos los que nos representan al Hijo de Dios que quiso ser pobre; El casi no te\u00adn\u00eda aspecto de hombre en su pasi\u00f3n, y pas\u00f3 por loco entre los gentiles, y por piedra de esc\u00e1nda\u00adlo entre los jud\u00edos; y por eso mismo pudo defi\u00adnirse como el evangelista de los pobres (XI, 725).<\/p>\n<p>Y es por eso mismo por lo que, al servir a los enfermos, es a Jes\u00fas, el var\u00f3n de dolores, al que encontramos: si Jes\u00fas est\u00e1 realmente en los po\u00adbres, servirlos es servirle a \u00c9l. El Sr. Vicente de\u00adc\u00eda sin cesar, y lo repite todav\u00eda el 25 de no\u00adviembre de 1659: Deb\u00e9is tratar a los pobres con mucha mansedumbre y respeto,\u2026 acord\u00e1ndoos de que es a nuestro Se\u00f1or a quien hac\u00e9is este servicio, ya que \u00c9l lo considera como hecho a s\u00ed mismo: \u00abcum ipso sum in tribulatione\u00bb (yo estoy con \u00e9l en la tribulaci\u00f3n, sal. 90 (91), 15), dice ha\u00adblando de los pobres: Si \u00e9l est\u00e1 enfermo, yo tam\u00adbi\u00e9n lo estoy, si est\u00e1 en la c\u00e1rcel, yo tambi\u00e9n; si tiene grilletes en los pies, los tengo yo con \u00e9l (IX, 1. 194).<\/p>\n<p>2.\u00b0 Este esp\u00edritu tambi\u00e9n es teologal por su refe\u00adrencia a la bondad de Dios y a la caridad de Cristo<\/p>\n<p>Servir a los pobres es convertirse en las ma\u00adnos caritativas de la Providencia. San Vicente ex\u00adpresa esta idea muchas veces con f\u00f3rmulas muy gr\u00e1ficas, como la del 11 de noviembre de 1657: Est\u00e1is destinadas a representar la bondad de Dios delante de esos pobres enfermos (IX, 73). Ade\u00adm\u00e1s, servir a los pobres es imitar a Jesucristo, y continuar lo que El hizo. El Sr. Vicente lo afirm\u00f3 m\u00e1s de una vez, como el 9 de marzo de 1642, di\u00adrigi\u00e9ndose a las Hijas de la Caridad: \u00a1Qu\u00e9 felici\u00addad, hermanas m\u00edas, hacer lo que un Dios ha he\u00adcho en la tierra! (IX, 73).<\/p>\n<p>La misma ense\u00f1anza da a los Misioneros el 6 de diciembre de 1658: \u00a1Evangelizar a los pobres es un oficio tan alto que es, por excelencia, el ofi\u00adcio del Hijo de Dios! Y a nosotros se nos dedica a ello como instrumentos por los que el Hijo de Dios sigue haciendo desde el cielo lo que hizo en la tierra (XI, 387). Con 16 a\u00f1os de intervalo, bella continuidad en su espiritualidad. Y observemos que la expresi\u00f3n empleada corresponde a aque\u00adlla que define, en la teolog\u00eda cl\u00e1sica, el papel del ministro de un sacramento: \u00abinstrumento\u00bb. La repite todav\u00eda el 30 de mayo de 1659, hablando sobre la caridad. Hemos sido escogidos por Dios como instrumentos de su caridad inmensa y pa\u00adternal, que desea reinar y ensancharse en las al\u00admas (XI, 553).<\/p>\n<p>En fin, servir a los pobres es hacer el milagro de la Resurrecci\u00f3n: resurrecci\u00f3n espiritual, cier\u00adtamente. El Sr. Vicente, que hab\u00eda tomado pose\u00adsi\u00f3n del priorato de san L\u00e1zaro por la casualidad de un deseo de su prior, vio en ello un signo pro\u00advindencial. Escuch\u00e9moslo explicar a los Misio\u00adneros la obra de los retiros espirituales, en un extracto sin fecha: Esta casa, hermanos m\u00edos, ser\u00adv\u00eda antes de refugio para los leprosos; se los re\u00adcib\u00eda aqu\u00ed y ninguno se curaba; ahora sirve para recibir pecadores, que son enfermos cubiertos de lepra espiritual, pero que se curan, por la gra\u00adcia de Dios. M\u00e1s a\u00fan: son muertos que resucitan.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 dicha que la casa de san L\u00e1zaro sea un lugar de resurrecci\u00f3n! Este santo, despu\u00e9s de haber permanecido durante tres d\u00edas en el se\u00adpulcro, sali\u00f3 lleno de vida; Nuestro Se\u00f1or, que lo resucit\u00f3 a \u00e9l, les concedi\u00f3 esta misma gracia a mu\u00adchos que, despu\u00e9s de haber permanecido aqu\u00ed al\u00adgunos d\u00edas, como en el sepulcro de L\u00e1zaro, sa\u00adlen con una vida nueva. \u00bfQui\u00e9n no se alegrar\u00e1 con semejante bendici\u00f3n, y qui\u00e9n no sentir\u00e1 un amor y un agradecimiento muy grande para con la bon\u00addad de Dios por semejante bien? (XI, 712).<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n imagen de una resurrecci\u00f3n cor\u00adporal: el servicio corporal a los enfermos y los heridos est\u00e1 beneficiado con esta misma mirada de resurrecci\u00f3n, que la cita frecuentemente a las Hijas de la Caridad. La explicaci\u00f3n que da de ella a las cuatro Hermanas enviadas a Sed\u00e1n, el 23 de julio de 1654, es un poco largo (IX, 652-653). Con\u00adtent\u00e9monos con la manera con que transmite a las Hijas de la Caridad el 8 de septiembre de 1657 las noticias llegadas de las Hermanas de Polonia, que cuidaban a los heridos en el cerco de Varso\u00advia: \u00a1Salvador m\u00edo! \u00bfNo es admirable ver a unas pobres mujeres entrar en una ciudad sitiada? \u00bfY para qu\u00e9? Para reparar lo que los malos destru\u00adyen. Los hombres van all\u00e1 para destruir, los hom\u00adbres van a matar, y ellas para devolver la vida por medio de sus cuidados. Ellos los env\u00edan al infier\u00adno, pues es imposible que en medio de aquella carnicer\u00eda no haya algunas pobres almas en pe\u00ad cado mortal; pero estas pobres Hermanas hacen todo lo que pueden para rhandarlos al cielo (IX, 911).<\/p>\n<p>Ahora podemos comprender que este servi\u00adcio, que contin\u00faa la caridad de Jes\u00fas, y ofrecido a Jes\u00fas mismo, sea una consagraci\u00f3n. El Sr. Vi\u00adcente, fiel a la concepci\u00f3n del sacerdocio bautis\u00admal que impregna a toda la escuela berullana, ve toda misi\u00f3n y todo servicio a los pobres en una perspectiva de ofrenda y de consagraci\u00f3n: \u00abofrez\u00adcamos a Dios\u00bb, \u00abentregu\u00e9monos\u00bb, \u00abconsagr\u00e9\u00admonos\u00bb, son palabras que le afloran sin cesar, ba\u00adjo diversas formas.<\/p>\n<p>El 22 de octubre de 1650 el Sr. Vicente de\u00adclara a siete Hermanas al enviarlas a Misi\u00f3n: Si os llevan a ver al obispo de esa di\u00f3cesis, le pe\u00addir\u00e9is su bendici\u00f3n;\u2026 le dir\u00e9is que sois unas po\u00adbres Hijas de la Caridad, que os hab\u00e9is entrega\u00addo a Dios para el servicio a los pobres (IX, 498). El 9 de febrero de 1653 expone as\u00ed el esp\u00edritu de la Compa\u00f1\u00eda a las Hijas de la Caridad: El esp\u00edritu de la Compa\u00f1\u00eda consiste en entregarse a Dios para amar a nuestro Se\u00f1or y servirlo en la perso\u00adna de los pobres corporal y espiritualmente, en sus casa o en otras partes, para instruir a las j\u00f3\u00advenes pobres, a los ni\u00f1os y, en general, a todos los que la Providencia os env\u00eda (IX, 533).<\/p>\n<p>A sus 75 a\u00f1os, en abril de 1656, deja todav\u00eda estallar su entusiasmo en una carta a un Padre de la Misi\u00f3n que acababa de hacer sus votos: Le abrazo con todo el afecto de mi alma, conside\u00adrando a la suya como una v\u00edctima ofrecida conti\u00adnuamente a la gloria de su soberano Se\u00f1or, que trabaja por su perfecci\u00f3n y por la salvaci\u00f3n de su pr\u00f3jimo. \u00a1Dios m\u00edo, Padre! \u00a1Qu\u00e9 felicidad la de aqu\u00e9llos que se entregan a \u00e9l sin reserva para re\u00adalizar las obras que Jesucristo realiz\u00f3, y para prac\u00adticar las virtudes que \u00c9l practic\u00f3 IV, 555).<\/p>\n<p>Concluyamos con una expresi\u00f3n recortada, dirigida a los Misioneros el 7 de noviembre de 1659, pero v\u00e1lida para todo servicio prestado a los pobres y a los enfermos, que es, tanto como la predicaci\u00f3n, continuaci\u00f3n de la misi\u00f3n de Jes\u00fas: Agradecer a Dios la gracia que nos ha concedido al habernos puesto en este estado, y al estar as\u00ed consagradas para continuar la misi\u00f3n de su Hijo y de los Ap\u00f3stoles (XI, 643).<\/p>\n<p>La pr\u00e1ctica de este esp\u00edritu puede resumirse en dos puntos: San Vicente los se\u00f1al\u00f3 el 11 de noviembre de 1657 ante las Hijas de la Caridad: se, virlos con respeto y con devoci\u00f3n (IX, 916).<\/p>\n<p>3.\u00b0 Respeto cordial, bondad, misericordia, com\u00adpasi\u00f3n<\/p>\n<p>No basta con proveer a los enfermos de ali\u00admentos y curas; incluso la competencia t\u00e9cnica (m\u00e9dica, social o pastoral) tampoco basta: con\u00adviene tambi\u00e9n dedicar a cada uno un poco de atenci\u00f3n, un poco de tiempo y, sobre todo, su co\u00adraz\u00f3n, ah\u00ed hace falta el coraz\u00f3n, la presencia ca\u00adri\u00f1osa, la intuici\u00f3n agradable, atenta y respetuo\u00adsa; en resumen, eso que puede designarse con una palabra de moda \u2014pero todav\u00eda poco pues\u00adta en pr\u00e1ctica\u2014: la escucha. San Vicente llama\u00adba a esto, respeto cordial, o bondad.<\/p>\n<p>San Vicente habla con frecuencia del respe\u00adto, pero siempre acompa\u00f1ado de simpat\u00eda y de proximidad, de \u00abcordialidad\u00bb, como a \u00e9l le gusta decir, y su frase preferida es: practicar \u00abel respeto cordial mutuo\u00bb, incluso cuando es preciso exigir. \u00c9sta es una manera delicada de mostrar al otro que estarnos pendientes de \u00e9l, que lo observa\u00admos, que cuenta para nosotros, y que no es s\u00f3\u00adlo objeto de nuestros cuidados.<\/p>\n<p>San Vicente estuvo ciertamente atento a ello, porque \u00e9l mismo era sensible a las muestras de atenci\u00f3n, aunque luchara por liberarse de ellas por humildad. Nos lo confiesa, al menos una vez, en el caso de un perrito destinado a la reina de Polonia, que las Hermanas guardaban antes de en\u00advi\u00e1rselo. No es la \u00fanica vez que el Sr. Vicente mi\u00adra con simpat\u00eda a los animales y saca unas lec\u00adciones de ellos; con ellos se vigila menos que delante de la personas. El 7 de mayo de 1655, es\u00adcribi\u00e9ndole al P. Carlos Ozenne, misionero en Var\u00adsovia, le comunica noticias del perro: <em>D\u00edgale a la Se\u00f1orita de Villers que el peque\u00f1o favorito (el pe\u00adrrito) empieza ya a dignarse mirarme, y que me da lecci\u00f3n en muchas cosas, y me llena de con\u00adfusi\u00f3n <\/em>(V, 354). Helo aqu\u00ed, impresionado porque un perrito lo ha mirado: \u00a1c\u00f3mo se revela el alma del Sr. Vicente en estos peque\u00f1os detalles! En\u00adtre estas lecciones apostamos que estaba \u00e9sta de saber prestar atenci\u00f3n a los otros, ser amable.<\/p>\n<p>Desde 1641 recomendaba esto a las Herma\u00adnas del Hospital General de Angers: (Ellas) vivi\u00adr\u00e1n con mucha bondad, mansedumbre y cordia\u00adlidad unas con otras y con los pobres (X, 685).<\/p>\n<p>El 25 de noviembre de 1659 el duod\u00e9cimo ar\u00adt\u00edculo (del reglamento de parroquias): Aunque no deber ser demasiado condescendientes con los enfermos, cuando \u00e9stos se nieguen a tomar las medicinas o sean muy insolventes, con todo, se guardar\u00e1n bien de tratarlos con aspereza o des\u00adpreciarlos; al contrario, los tratar\u00e1n con respeto y humildad, acord\u00e1ndose de que la rudeza o des\u00adprecio con que los traten se dirigen a Nuestro Se\u00f1or, del mismo modo que el honor y servicio que puedan prestarles (IX, 1. 193).<\/p>\n<p>El 2 de junio de 1658, al comentar el art\u00edculo 39 de las Reglas, les explic\u00f3 ampliamente a las Hermanas lo que eran la cordialidad y el respeto: La cordialidad propiamente hablando, es el afec\u00adto de la caridad que se tiene en el coraz\u00f3n\u2026 Si ten\u00e9is amor a los pobres, demostrar\u00e9is que os sent\u00eds muy gustosas de verlos. Cuando una Her\u00admana tiene amor a otra Hermana, se lo demues\u00adtra en sus palabras. Esto se llama cordialidad, es\u00ad to, una exultaci\u00f3n del coraz\u00f3n por la que se de\u00admuestra que uno est\u00e1 muy contento de estar con otra persona\u2026 La cordialidad es, pues, una ale\u00adgr\u00eda que se siente en el coraz\u00f3n cuando se ve a una persona a quien se ama y que se refleja, en un segundo momento en el rostro, pues cuando una persona siente alegr\u00eda en su coraz\u00f3n no lo puede ocultar\u2026 Tambi\u00e9n puede decirse que si la caridad fuera un \u00e1rbol, la rama ser\u00eda la cordialidad.<\/p>\n<p>\u2026 Hay personas que tiene la santa costum\u00adbre de no tratar nunca con nadie m\u00e1s que con un rostro alegre y sonriente y que demuestran siem\u00adpre, con algunas palabras de cordialidad, la alegr\u00eda que sienten al volver a ver a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2026 Cuando trat\u00e9is con el pr\u00f3jimo, es menes\u00adter que os esforc\u00e9is en ejercer esta cordialidad como cuando sirv\u00e1is a los enfermos, hacer que aparezca cierto gozo en nuestro rostro, para de\u00admostrarles el placer que sent\u00eds al servirlos, y mos\u00adtraros contentas de hablar con ellos; pero es pre\u00adciso que sea una alegr\u00eda moderada, no sea que os exced\u00e1is.<\/p>\n<p>\u2026 Hay tambi\u00e9n otra (virtud) que les reco\u00admienda esta misma regla a las Hijas de la Cari\u00addad, que es el respeto.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 quiere decir respeto, hijas m\u00edas? Res\u00adpeto es una virtud por la cual una persona de\u00admuestra que siente deferencia y veneraci\u00f3n por otra, y que la estima.<\/p>\n<p>Habremos notado al leer este bello t\u00e9rmino \u00abveneraci\u00f3n\u00bb, que indica bien el matiz de respe\u00adto mezclado de apego y de afecto, tal como uno puede sentirlo ante una santa y buena persona.<\/p>\n<p>\u2026 Hijas m\u00edas\u2026 es menester que estas dos vir\u00adtudes de la cordialidad y del respeto se encuen\u00adtren en las Hijas de la Caridad, juntamente las dos, porque si s\u00f3lo demostr\u00e1is tener cordialidad con una persona, no le guard\u00e1is respeto, y si s\u00f3\u00adlo le demostr\u00e1is respeto, todav\u00eda os falta la cor\u00addialidad.<\/p>\n<p>\u2026 La cordialidad, hijas m\u00edas, es una virtud que os hace demostrar el amor que ten\u00e9is a todo el mundo; el respeto es un testimonio de la estima en que ten\u00e9is a la persona que respet\u00e1is. La cor\u00addialidad procede del coraz\u00f3n; el respeto tiene su fuente en el entendimiento, pues procede del co\u00adnocimiento del m\u00e9rito de la persona a la que se cree digna de honor (IX, 1. 037-1. 041).<\/p>\n<p>El respeto cordial no se contenta con mostrar un rostro agradable. El texto precedente nos muestra que debe llegar hasta la escucha, se\u00adguida de su puesta en pr\u00e1ctica. Hablar mucho no es recomendable; vale m\u00e1s escuchar. En este te\u00adma, los textos del Sr. Vicente son innumerables, y sus expresiones son verdaderos hallazgos.<\/p>\n<p>Escuchar es renunciar al propio punto de vis\u00adta y dejar entrar el del otro, como lo explica san Vicente a las Hijas de la Caridad el 18 de octubre de 1655: Es Dios el que os ha encomendado el cuidado de sus pobres, y ten\u00e9is que porteros con ellos con su mismo esp\u00edritu, compadeciendo sus miserias y sinti\u00e9ndolas en vosotras mismas en la medida de lo posible, como aquel que dec\u00eda: \u00abyo soy perseguido con los perseguidos, maldito con los malditos, esclavo con los esclavos, afligido con los afligidos, y enfermo con los enfermos\u00bb (IX, 751).<\/p>\n<p>Sus exhortaciones de ponerse a la escucha, del 11 de noviembre de 1657, hechas a las Hijas de la Caridad ya incluyen el enunciado de la con\u00addici\u00f3n sin la cual no: la no-defensiva, aceptar to\u00addo sin creerse atacado: Vuestro principal empleo, despu\u00e9s del amor de Dios y del deseo de haceros agradables a su Divina Majestad, tiene que ser\u00advir a los pobres enfermos con mucha dulzura y cordialidad, compadeci\u00e9ndoos de su mal y escu\u00adchando sus peque\u00f1as quejas, como tiene que hacerlo una buena madre; porque ellos os miran como a sus madres nutricias y como a personas enviadas por Dios para asistirlos. Por eso est\u00e1is destinadas a representar la bondad de Dios de\u00adlante de esos pobres enfermos.<\/p>\n<p>Nuestro Se\u00f1or es, junto con ese enfermo, el que recibe el servicio que le hac\u00e9is. Seg\u00fan eso, no s\u00f3lo hay que tener mucho cuidado en alejar de s\u00ed la dureza y la impaciencia, sino adem\u00e1s afanarse en servir con cordialidad y con gran dul\u00adzura, incluso a los m\u00e1s enfadados y dif\u00edciles, sin olvidarse de decirles alguna buena palabra (IX, 2. 915-2. 916).<\/p>\n<p>Ya \u00e9l hab\u00eda dicho el 31 de julio de 1634 a las Hijas de la Caridad: Soportad sus malos humores, animadlos a sufrir por el amor de Dios, no os irri\u00adt\u00e9is jam\u00e1s contra ellos, y no les dig\u00e1is palabras duras; bastante tienen con sufrir su mal. Pensad que sois su \u00e1ngel de la guarda invisible, su padre y su madre, y no los contradig\u00e1is m\u00e1s que en lo que les es perjudicial, porque entonces ser\u00eda una crueldad concederles lo que piden. Llorad con ellos; Dios os ha constituido para que se\u00e1is su con\u00adsuelo (IX, 25).<\/p>\n<p>El 27 de abril de 1659 una Hermana recuerda el ejemplo de Sor B\u00e1rbara Angiboust. Sor Juana Luce dijo: Padre, yo viv\u00ed en los galeotes con ella. Ten\u00eda mucha paciencia para soportar las dificul\u00adtades con que all\u00ed se tropieza por causa del mal humor de aquellas personas. Pues, a pesar de que algunas veces se irritaban con ella hasta llegar a echarle por tierra el caldo y la carne, dici\u00e9ndole todo lo que les suger\u00eda la impaciencia, ella lo su\u00adfr\u00eda sin decir nada, y lo volv\u00eda a recoger con man\u00adsedumbre, poni\u00e9ndoles tan buena cara como si no le hubieran dicho ni hecho nada.<\/p>\n<p>\u2014Eso est\u00e1 muy bien hecho: ponerles la mis\u00adma cara que antes. \u2014Padre, y no solamente eso, sino que en cinco o seis ocasiones impidi\u00f3 que les pegaran los guardias (IX, 1. 165).<\/p>\n<p>La escucha en el respeto cordial debe llegar hasta la ternura. Ser tierno, ternura, enternecer\u00adse, otras tantas palabras muy frecuentes en san<\/p>\n<p>Vicente. No ternura consigo mismo, que lo vuel\u00adve duro para los otros, sino dureza para s\u00ed, a fin de poder ser enteramente tierno para los otros. Pero como el coraz\u00f3n humano es espont\u00e1nea\u00admente duro, lo mismo que la nuca es r\u00edgida (Ex, 32, 9), es preciso enternecerlo, lo cual supone al\u00adguna vez triturarlo. Eso es lo que parece dar a en\u00adtender este pasaje del 6 de agosto de 1656 a los Misioneros: Cuando vayamos a vera los pobres, hemos de entrar en sus sentimientos para sufrir con ellos y ponernos en las disposiciones de aquel gran ap\u00f3stol que dec\u00eda: \u00abOmnibus omnia factus sum\u00bb (1 Cor 9, 22); de forma que no recaiga so\u00adbre nosotros la queja que anta\u00f1o hizo Nuestro Se\u00f1or por boca de un profeta: \u00abSustinui qui simul mecum contristaretur, et non fuit\u00bb (Sal 69, 21).<\/p>\n<p>Para ello es precioso que sepamos enterne\u00adcer nuestros corazones y hacerlos capaces de sentir los sufrimientos y las miserias del pr\u00f3jimo, pidiendo a Dios que nos d\u00e9 el verdadero esp\u00edritu de misericordia, que es el esp\u00edritu propio de Dios; pues, como dice la Iglesia, es propio de Dios con\u00adceder su misericordia y dar este esp\u00edritu (oraci\u00f3n de las letan\u00edas de los santos) (XI, 233-234).<\/p>\n<p>Todo esto est\u00e1 en conformidad con la mejor psicolog\u00eda, pero Vicente se basa, sobre todo, en el ejemplo del Se\u00f1or Jes\u00fas, que nosotros tene\u00admos que seguir. Leamos, entre otros, este pasaje de la larga conferencia a los Misioneros sobre la caridad, del 30 de mayo de 1659: Y paso ense\u00adguida al cuarto efecto de la caridad. Consiste en no ver sufrir a nadie sin sufrir con \u00e9l, no ver llo\u00adrar a nadie sin llorar con \u00e9l. Se trata de un acto de amor que hace entrar a los corazones unos en otros para que sientan lo mismo, lejos de aque\u00adllos que no sienten ninguna pena por el dolor de los afligidos ni por el sufrimiento de los pobres.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 cari\u00f1oso era el Hijo de Dios! Le llaman para que vaya a ver a L\u00e1zaro y va; la Magdalena se levanta y acude a su encuentro llorando; la si\u00adguen los jud\u00edos llorando tambi\u00e9n; todos se po\u00adnen a llorar. \u00bfQu\u00e9 es lo que hace nuestro Se\u00f1or? Se pone a llorar con ellos, lleno de ternura y com\u00adpasi\u00f3n. Ese cari\u00f1o es el que lo hizo venir del cie\u00adlo; ve\u00eda a los hombres privados de su gloria y se sent\u00eda afectado por su desgracia. Tambi\u00e9n noso\u00adtros hemos de sentir este cari\u00f1o por el pr\u00f3jimo afligido y tomar parte en su pena (Xl, 560-561).<\/p>\n<p>Y enseguida nos expone la raz\u00f3n profunda, que muestra su alma m\u00edstica:\u2026 \u00bfY c\u00f3mo puedo yo sentir su enfermedad sino a trav\u00e9s de la par\u00adticipaci\u00f3n que los dos tenemos en Nuestro Se\u00f1or, que es nuestra cabeza? Todos los hombres com\u00adponen un cuerpo m\u00edstico; todos somos miem\u00adbros unos de otros. Nunca se ha o\u00eddo que un miembro, ni siquiera en los animales, haya sido insensible al dolor de las dem\u00e1s miembros; que una parte del hombre haya quedado magullada, herida, violentada, y que los dem\u00e1s no lo hayan sentido\u2026 Con mucha m\u00e1s raz\u00f3n, los cristianos, que son miembros de un mismo cuerpo y miem\u00adbros entre s\u00ed, tienen que padecer juntos. \/C\u00f3mo! iSer cristiano y ver afligido a un hermano, sin llo\u00adrar con \u00e9l ni sentirse enfermo con \u00e9l! Eso es no tener caridad; es ser cristiano en pintura; es ca\u00adrecer de humanidad; es ser peor que las bestias (XI, 560-561).<\/p>\n<p>Aqu\u00ed nos encontramos lejos de la simple fi\u00adlantrop\u00eda a base de emotividad: estamos en ple\u00adna teolog\u00eda m\u00edstica. M\u00e1s que remitirnos al ejem\u00adplo de Nuestro Se\u00f1or, nos remite a su presencia en nosotros. La ternura en la escucha y el respeto cordial se muestra tambi\u00e9n por una palabra de bondad cordial, dicha con entero conocimiento. Siempre es posible decir una palabra salida del co\u00adraz\u00f3n, incluso cuando tenemos muchos enfer\u00admos que visitar o curar; para eso no se necesita mucho tiempo.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente se lo explica detalladamente a las Hermanas el 11 de noviembre de 1657: Sin olvidarse de decirles alguna buena palabra\u2026 Hay que decirles siempre alguna cosa por el estilo pa\u00adra llevarlos a Dios. No decir muchas cosas a la vez, sino ir poco a poco d\u00e1ndoles la instrucci\u00f3n que necesitan\u2026<\/p>\n<p>De la misma forma, una buena Hija de la Ca\u00adridad que le dice unas buenas palabras a un en\u00adfermo es como si lanzara un dardo que inflama su coraz\u00f3n en el amor de Dios (alusi\u00f3n a las fle\u00adchas de Cupido en la mitolog\u00eda)\u2026<\/p>\n<p>Un alma buena de verdad, que ama mucho a Nuestro Se\u00f1or y a la sant\u00edsima Virgen, que no mira ninguna otra cosa en cuanto hace, m\u00e1s que agradar a Jesucristo, es como una llama de amor que penetra en el coraz\u00f3n de aqu\u00e9llos a quienes habla.<\/p>\n<p>\u2026 Quiz\u00e1s me diga alguna: \u00abPadre, tenemos que atender a treinta enfermos; \u00bfes posible lle\u00advarles a cada uno su porci\u00f3n e instruirlos?\u00bb Mis queridas Hermanas, responder\u00e9 a eso que habr\u00e1 que decirles, al menos, una buena palabra de pa\u00adsada, algunas frases de nuestro Se\u00f1or, procu\u00adrando elevarse hasta Dios para tomar del coraz\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or algunas palabras de consuelo.<\/p>\n<p>\u2026 Y as\u00ed decirle alguna cosa seg\u00fan las necesi\u00addades que veamos en \u00e9l. Y para lograr que esto resulte \u00fatil, ten\u00e9is que llenares del esp\u00edritu de Nuestro Se\u00f1or, de modo que todos vean que lo am\u00e1is y que intent\u00e1is hacerlo amar\u2026 Las que es\u00adt\u00e9n, llenas de Dios hablar\u00e1n con afecto, porque lle\u00advan a Dios en el coraz\u00f3n, y lo que salga de ese coraz\u00f3n llevar\u00e1 consigo un poco de fuego que penetrar\u00e1 en el del enfermo; ser\u00e1 como un b\u00e1l\u00adsamo que lo llena todo con su aroma (IX, 2. 916- 2. 918).<\/p>\n<p>San Vicente, siempre sensible tambi\u00e9n a la jus\u00adticia como a la pureza de intenci\u00f3n, quiere que mostremos a todos la misma ternura y les con\u00adsagremos el mismo tiempo. El 11 de noviembre de 1659 nos comenta el n.\u00b0 8, tan sabio, de las<\/p>\n<p>Reglas de las Hermanas de las Parroquias:\u2026 or\u00addenando los ejercicios y tiempos, seg\u00fan que el n\u00famero y la necesidad de los enfermos sea ma\u00adyor o menor\u2026 una Hermana que se empe\u00f1ase en quedarse mucho tiempo instruyendo a un enfer\u00admo, con perjuicio de otro, no obrar\u00eda como es de\u00adbido. Es preciso que sepa ordenar su tiempo, de modo que no deis a Pedro el tiempo que se de\u00adbe dar a Juan (IX, 1187).<\/p>\n<p>En fin, esta gran bondad llena de respeto de\u00adbe tambi\u00e9n practicarse en el interior de nuestras comunidades, aunque el Sr. Vicente recomienda siempre a sus seguidores ser exigentes consigo mismos y resistentes, y que \u00e9l mismo siempre lo ha sido. Su experiencia de la enfermedad lo em\u00adpuja a recomendarnos el estar todav\u00eda m\u00e1s aten\u00adtos cara a los enfermos.<\/p>\n<p>Encontramos un texto muy importante y muy actual en su conferencia a las Hermanas sobre la uniformidad, del 18 de noviembre de 1657:\u2026 En nuestras enfermedades\u2026 ten\u00e9is que evitar los mimos excesivos y contentares con el trato que se da a los pobres. Pero os digo que si alguna, debido a sus enfermedades o a su edad o a su debilidad, necesita algo m\u00e1s, la Caridad que atien\u00adde a todas las necesidades tiene que tenerlo en cuenta.<\/p>\n<p>\u2026 Las personas enfermas necesitan cuida\u00addos especiales; pero si no, esto ser\u00eda una (carni\u00adcer\u00eda).<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo tratar a una persona enferma y acha\u00adcosa como a las dem\u00e1s, sin consideraci\u00f3n algu\u00adna? Hijas m\u00edas, hay que atenderla cuando la edad o las achaques la han reducido a ese estado, si no, ser\u00eda una injusticia.<\/p>\n<p>Por eso, hijas m\u00edas, no os preocup\u00e9is, no os aflij\u00e1is las que sois ancianas o est\u00e1is enfermas, si no pod\u00e9is seguir a las dem\u00e1s. La Compa\u00f1\u00eda es una madre que sabe distinguir bien entre sus hi\u00adjos enfermos y los que est\u00e1n bien (IX, 949-950).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de estos largos desarrollos sobre la primera virtud del esp\u00edritu vicenciano, que es el respeto cordial, pasemos a la segunda, que no se subdivide, y que ya hemos abordado en los fun\u00addamentos teol\u00f3gicos: la devoci\u00f3n.<\/p>\n<p>4.\u00b0 La devoci\u00f3n: servir a los pobres es una especie de liturgia, o de octavo sacramento<\/p>\n<p>La palabra devoci\u00f3n (al menos en trances) ha sufrido un empobrecimiento de sentido respec\u00adto a la \u00e9poca de san Francisco de Sales y de san Vicente. Entonces todav\u00eda conservaba su sentido original, etimol\u00f3gico, de \u00abestar dedicado\u00bb a al\u00adguien, entregado, consagrado, a su servicio y a su honor, y especialmente frente a Dios. tanto en san Vicente como en san Francisco de Sales, sig\u00adnifica el apego activo a Dios para servirlo con un amor ardiente en toda su vida, de forma que toda nuestra vida se convierta en un culto ofrecido a Dios \u2014en la l\u00ednea de san Pablo: todo por la glo\u00adria de Dios (1 Cor 10, 31).<\/p>\n<p>As\u00ed que para san Vicente hay una \u00abpresencia real\u00bb de Jes\u00fas en los pobres \u2014ya lo hemos vis\u00adto antes\u2014 y saca la conclusi\u00f3n de esto: su servi\u00adcio es una especie de culto tributado al Hijo de Dios, una verdadera \u00abdedicaci\u00f3n\u00bb, la cual lleva consigo el respeto cordial, como \u00e9l lo declara a las Hijas de la Caridad el 11 de noviembre de 1657: As\u00ed, pues, esto es lo que os obliga a servirles con respeto, como a vuestros amos, y con devoci\u00f3n, porque representan para vosotros a la persona de Nuestro Se\u00f1or, que ha dicho: \u00ablo que hag\u00e1is al m\u00e1s peque\u00f1o de los m\u00edos, lo considerar\u00e9 como hecho a m\u00ed mismo\u00bb (Mt 25, 44). Efectivamente, hijas m\u00ed\u00adas, nuestro Se\u00f1or es, junto con ese enfermo, el que recibe el servicio que le hac\u00e9is. Seg\u00fan eso, no s\u00f3lo hay que tener mucho cuidado en alejar de s\u00ed la dureza y la impaciencia, sino adem\u00e1s afanar\u00adse en servir con cordialidad y con dulzura, incluso a las m\u00e1s enfadosos y dif\u00edciles, sin olvidarse de decirles alguna buena palabra (IX, 916.<\/p>\n<p>Es sorprendente ver al Sr. Vicente poner en igualdad el culto de Nuestro Se\u00f1or en la liturgia, el culto que se tributa en la santa Eucarist\u00eda, y en la persona de los pobres y los enfermos. Es \u00e9se todo el sentido del art\u00edculo 1.\u00b0 de las Reglas Co\u00admunes de las Hijas de la Caridad, porque \u00abhon\u00adrar\u00bb quiere decir tributar un culto, y ese culto se realiza sirvi\u00e9ndolo en los pobres: Honrar a Nues\u00adtro Se\u00f1or Jesucristo como la fuente y el modelo de toda caridad, sirvi\u00e9ndolo corporal y espiritual\u00admente en la persona de los pobres, sean enfer\u00admos, sean ni\u00f1os, sean prisioneros u otros, que, por verg\u00fcenza, no se atreven a mostrar sus ne\u00adcesidades.<\/p>\n<p>Dicho de otra forma, el servicio a los pobres, tal corno san Vicente lo vivi\u00f3 y nos lo recomienda, es una verdadera experiencia espiritual. La vida m\u00edstica vicenciana no es s\u00f3lo uni\u00f3n con Dios o con Jesucristo en s\u00ed mismo, sino uni\u00f3n con Dios y con Jes\u00fas presente en la persona de los pobres, in\u00adcluso cuando son repugnantes, desagradables, rebeldes, agresivos, corno hemos visto en los fundamentos teol\u00f3gicos. No faltan textos para ello; content\u00e9monos con este pasaje del 13 de fe\u00adbrero de 1646, apoyando la palabra de una Her\u00admana: Hijas m\u00edas, \u00a1cu\u00e1nta verdad es esto! Serv\u00eds a Jesucristo en la persona de los pobres: Y esto es tan verdad como que estamos aqu\u00ed. Una Her\u00admana ir\u00e1 diez veces cada d\u00eda a vera los enfermos, y diez veces cada d\u00eda encontrar\u00e1 en ellos a Dios\u2026 Id a ver a los pobres condenados a cadena per\u00adpetua, y en ellos encontrar\u00e9is a Dios; servid a esos ni\u00f1os, y en ellos encontrar\u00e9is a Dios. Hijas m\u00edas, \u00a1cu\u00e1n admirable en esto! S\u00ed, Dios acoge con agrado el servicio que hac\u00e9is a esos enfer\u00admas y lo considera, como hab\u00e9is dicho, hecho a \u00e9l mismo (IX, 240).<\/p>\n<p>Evidentemente, este encuentro no es siem\u00adpre tan agradable como hacerlo delante del sa\u00adgrario o en un mullido oratorio. Y san Vicente ya lo advert\u00eda a los suyos, prepar\u00e1ndolos a la pa\u00adciencia, como ya hemos visto. Pero ello no impi\u00adde que esto sea un verdadero encuentro, e in\u00adcluso, un encuentro m\u00edstico, quiz\u00e1s m\u00e1s verdadero que las efusiones m\u00e1s o menos sensibles. Es es\u00adta convicci\u00f3n la que hace comprender la frase que \u00e9l repite muchas veces a las Hijas de la Ca\u00adridad: dejar la oraci\u00f3n o la santa Misa cuando un pobre llama para una necesidad urgente es dejar a Dios por Dios. Ya hemos visto que la frase es de san Camilo de Lelis, del que san Vicente de\u00adbi\u00f3 aprenderla, aunque \u00e9l la refiera a santo Tom\u00e1s de Aquino, que, en efecto, tiene una expresi\u00f3n an\u00e1loga.<\/p>\n<p>Una frase dirigida a las Hermanas el 31 de ju\u00adlio de 1634 recoge bien todo esto: Hijas m\u00edas, sabed que cuando dej\u00e9is la oraci\u00f3n y la santa Mi\u00adsa por el servicio a los pobres, no perder\u00e9is na\u00adda, ya que servir a los pobres es ir a Dios; y te\u00adn\u00e9is que ver a Dios en sus personas (IX, 25).<\/p>\n<p>En \u00e9sta convicci\u00f3n que da toda su profundi\u00addad a este texto tan conocido de su conferencia del 5 de diciembre del 1659 a los Misioneros, ha\u00adblando de la castidad: Que no se permita nada es\u00adpecial, ni en la comida ni en el vestido; except\u00fao siempre a los enfermos, \u00a1pobres enfermos!, pa\u00adra atender a los cuales habr\u00eda que vender hasta los c\u00e1lices de la Iglesia. Dios me ha dado mucho cari\u00f1o hacia ellos, y le ruego que d\u00e9 este mismo esp\u00edritu a la Compa\u00f1\u00eda (XI, 4. 675). No se trata aqu\u00ed de una simple sensibilidad que nos lleva a extre\u00admos, sino de una consecuencia de su doctrina, porque es, en verdad, hacer servir tambi\u00e9n los c\u00e1\u00adlices para el culto de Jesucristo, y de una forma tan aut\u00e9ntica como en la Eucarist\u00eda.<\/p>\n<h2>III. \u00bfY cuando uno mismo est\u00e1 enfermo?<\/h2>\n<p>Todo esto es muy bonito cuando uno tiene to\u00addav\u00eda fuerzas. Pero llega un tiempo en el que no\u00adsotros mismos estamos al otro lado de la barre\u00adra, tocados por la enfermedad durante m\u00e1s o me\u00adnos tiempo, de forma m\u00e1s o menos dolorosa y m\u00e1s o menos grave. El Sr. Vicente en persona cumpli\u00f3 una gran parte de su labor en medio en diversas enfermedades, y eso le autoriza para aclararnos tambi\u00e9n en este campo para que ha\u00adgamos buen uso de la enfermedad y captemos el sentido cristiano de la enfermedad.<\/p>\n<p>Sus ense\u00f1anzas pueden resumirse en cuatro puntos: acogida de la enfermedad por abandono a la Providencia. paciencia, obediencia, y con\u00adciencia de tener todav\u00eda una misi\u00f3n que cumplir.<\/p>\n<p>Estos cuatro puntos est\u00e1n presentados, de forma global, en el n.\u00b0 3 del cap\u00edtulo 6 de las Re\u00adglas Comunes de los Misioneros, que expresa muy claramente las virtudes propias de los en\u00adfermos, y les recuerda que todav\u00eda son muy \u00fati\u00adles a la Compa\u00f1\u00eda, teniendo incluso una misi\u00f3n de predicar: Nuestros enfermos deben persuadirse de que no est\u00e1n en la enfermer\u00eda o en la cama s\u00f3lo para curarse, sino tambi\u00e9n para predicar al menos con el ejemplo, como desde un p\u00falpito, las virtudes cristianas, en particular la paciencia y la conformidad con la voluntad de Dios. As\u00ed se\u00adr\u00e1n para los que les asisten y les visitan como el suave aroma de Cristo, y aprovechar\u00e1n la enfer\u00admedad para hacerse m\u00e1s fuertes en la virtud (2 Cor 12, 9); Una de las virtudes que m\u00e1s necesi\u00adtan los enfermos es la obediencia. Por eso obe\u00addecer\u00e1n con mucha fidelidad a los m\u00e9dicos del alma y tambi\u00e9n a los del cuerpo, as\u00ed como al enfermero y a las otras personas destinadas a cuidarlos. Par\u00eds, jueves 29 de diciembre de 1994 (IX, 1. 037-1. 041).<\/p>\n<p>1. Acogida de la enfermedad, abandono en ma\u00adnos de la Providencia<\/p>\n<p>Un cristiano acepta la enfermedad, no s\u00f3lo porque es Dios quien se la env\u00eda, sino, sobre to\u00addo, porque la escala de valores reales no es la de nuestra sensibilidad \u2014que se expresa al ver en el sufrimiento el mal supremo, o que se ocul\u00adta en su caparaz\u00f3n estoicamente, haci\u00e9ndose m\u00e1s grande que ese mal\u2014 sino la de nuestra fe, que sabe que ese mal nos prepara para ver y re\u00adcibir un bien mucho mayor. Eso es lo que el Sr. Vicente escribe, en 1631, a Isabel du Fay, re\u00adcord\u00e1ndole al mismo tiempo la obligaci\u00f3n de cui\u00addarse: \u00a1Dios m\u00edo, cu\u00e1n admirables y adorables son los caminos por donde \u00c9l la conduce, se\u00f1orita! Ciertamente no ahorra nada para la santificaci\u00f3n de un alma. Entrega el cuerpo y el esp\u00edritu a la debilidad para robustecerla en el menos precio de las cosas de la tierra y en el amor a su Ma\u00adjestad, hiere y cura; crucifica en su cruz para glo\u00adrificar en su gloria; en una palabra: da la muerte para hacer vivir en la eternidad. Apreciemos esas apariencias de mal para obtener los verdaderos bienes que produce, se\u00f1orita, y as\u00ed seremos fe\u00adlices en este mundo y en el otro. (I, 185). Apre\u00adciemos el juego de palabras, tan rico en teolog\u00eda paulina: estar crucificado con Jes\u00fas para resuci\u00adtar con \u00c9l: ah\u00ed est\u00e1 toda la espiritualidad del mis\u00adterio pascual.<\/p>\n<p>\u00bfQuiere decir esto que hay que exponerse te\u00admerariamente a las enfermedades? Ciertamen\u00adte no, si atendemos a lo que escribi\u00f3 a Luisa de Marillac a lo largo de 1632, estimul\u00e1ndola a to\u00admar precauciones para no caer enferma. Es ver\u00addad que emplea una expresi\u00f3n enigm\u00e1tica, que pude interpretarse de maneras diversas, sobre todo, si la sacamos de contexto: <em>Por amor de Dios, Se\u00f1orita, no se ponga enferma en el ca\u00admino. Hay que aceptar la enfermedad como a un estado muy divino. Es cierto que Nuestro Se\u00f1or la ayuda de una manera especial. Pero me pare\u00adce que usted es verdugo de s\u00ed misma por el po\u00adco cuidado que de ella tiene. Est\u00e9 alegre, se lo suplico <\/em>(1, 200).<\/p>\n<p>La enfermedad, \u00abestado muy divino\u00bb, no quie\u00adre ciertamente decir que es preciso exponerse a ella, imaginando que Nuestro Se\u00f1or nos pro\u00adteger\u00e1 de una manera especial. Parece que eso quiere decir, por el contrario, que no se debe de\u00adsearla, lo mismo que no se desea ser Dios \u2014aun\u00adque la aceptemos como venida de la mano de Dios si nos viene, a pesar de todas nuestras pre\u00adocupaciones. \u00abDar lugar a la enfermedad\u00bb (acep\u00adtar la enfermedad) significa probablemente no \u00abhacerle un lugar\u00bb, sino m\u00e1s bien \u00abdejarle un lu\u00adgar si viene\u00bb, evitando ser \u00abverdugo de s\u00ed mis\u00admo\u00bb\u2026 Esta interpretaci\u00f3n parece confirmada por lo que aparece en un extracto de conferencia no fechada, donde se ve el realismo del Sr. Vicen\u00adte: de hecho, la enfermedad es un estado im\u00adpertinente, casi insoportable, y no divino en s\u00ed mismo, pero que puede al menos servir a los designios de Dios; ella contiene un tesoro, pero bien oculto. Hay que reconocer que el estado de la enfermedad es un estado molesto, y casi in\u00adsoportable por la naturaleza. Sin embargo, es uno de los medios m\u00e1s poderosos de que Dios se sirve para que cumplamos con nuestro deber, para qu&#8217;e nos despeguemos del afecto al peca\u00addo y para llenarnos de sus dones y de sus gra\u00adcias. \u00a1Oh Salvador! \u00a1T\u00fa que tanto sufriste y que moriste para redimirnos y mostrarnos c\u00f3mo es\u00adte estado de dolor pod\u00eda glorificar a Dios y ser\u00advir a nuestra santificaci\u00f3n, conc\u00e9denos que podamos conocer el gran bien y el inmenso te\u00adsoro que est\u00e1 oculto en este estado de enfer\u00admedad! Por medio de \u00e9l, hermanos m\u00edos, se pu\u00adrifica el alma, y los que carecen de virtud tienen un medio eficaz para adquirirla. Es imposible en\u00adcontrar un estado m\u00e1s adecuado para practicar\u00adla. En la enfermedad, la fe se ejercita de forma maravillosa, la esperanza brilla con todo su es\u00adplendor, la resignaci\u00f3n, el amor de Dios y de to\u00addas las dem\u00e1s virtudes encuentran materia abun\u00addante para su ejercicio (XI, 760).<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, el Sr. Vicente a\u00f1ade otro efec\u00adto ben\u00e9fico: la enfermedad hace que nos conoz\u00adcamos a nosotros mismos y a los otros. Es ah\u00ed donde se reconoce lo que cada uno encierra y lo que es. Es la medida con la que podemos son\u00addear y saber de forma m\u00e1s segura hasta d\u00f3nde llega la virtud de cada uno, si abunda en ella, si hay poco o nada de ella. Jam\u00e1s se observa me\u00adjor lo que es el hombre que cuando est\u00e1 en la en\u00adfermer\u00eda. He ah\u00ed, las pruebas m\u00e1s seguras que se tienen para reconocer a los que son m\u00e1s virtuo\u00adsos y a los que son menos.<\/p>\n<p>Todo esto se resume en una frase del 28 de junio de 1658: Hemos de considerar que todo lo que nos pasa en este mundo nos viene de Dios, o es El el que permite que nos suceda: la muer\u00adte, la vida, la salud, la enfermedad, todo esto nos viene por orden de la divina providencia y, de al\u00adguna manera que a veces no sabemos, siempre es por el bien y la salvaci\u00f3n de los hombres (XI, 244, 247). En el resto de esta conferencia evoca c\u00f3mo el devoto Hermano Antonio Fland\u00edn Maillet sab\u00eda acoger las enfermedades: Recibo las en\u00adfermedades como si vinieran de parte de Dios. De aqu\u00ed se deriva esta consecuencia: saber tolerar las enfermedades con paciencia, y meditar sus mo\u00adtivos.<\/p>\n<p><em>2. <\/em>Paciencia<\/p>\n<p>Est\u00e1 recomendada en el art\u00edculo de las Reglas Comunes a los Misioneros, citada antes, por una simple palabra, lo mismo que en el art\u00edculo 15.\u00b0 de las de las Hijas de la Caridad, comentado por san Vicente el 11 de noviembre de 1657: Las Hermanas enfermas\u2026 tambi\u00e9n no tienen que im\u00adpacientarse ni murmurar cuando no se les trata a su gusto, imagin\u00e1ndose que ellas no saben tan bien lo que hay que hacer como e! m\u00e9dico o las enfermeras; y que, en el fondo, siendo pobres, deben estar muy contentas de sufrir algo por el amor de Dios, que se complace tambi\u00e9n en el ejer\u00adcer la paciencia de aqu\u00e9llas (IX, 925).<\/p>\n<p>El 28 de junio de 1658, recomienda a los Mi\u00adsioneros que se cuiden, y despu\u00e9s a\u00f1ade: Pero tener tantos mimos con nosotros mismos, de\u00adrrumbarnos por el menor da\u00f1o que tenemos que sufrir, \u00a1oh Salvador!, eso es lo que tenemos que evitar. Si; hermanos m\u00edos, tenemos que romper con ese esp\u00edritu y con ese cari\u00f1o excesivo a nos\u00adotros mismos (XI, 347).<\/p>\n<p>Al Sr. Vicente le gusta tambi\u00e9n tomar los ejem\u00adplos de paciencia de sus Misioneros o de las Her\u00admanas.<\/p>\n<p><em>3. <\/em>Obediencia<\/p>\n<p>San Vicente habl\u00f3 frecuentemente de la obe\u00addiencia; el 11 de noviembre de 1657 les habla a prop\u00f3sito de los deberes de las Hermanas en\u00adfermas: Por ah\u00ed, es por donde se conoce la virtud de una persona: en si obedece bien al m\u00e9dico cuando est\u00e1 enferma; la se\u00f1al de una verdadera Hija de la Caridad o de un verdadero religioso es cuando se deja hacer todo lo que quieren el m\u00e9\u00addico o sus enfermeros (IX, 925).<\/p>\n<p>Ocho d\u00edas m\u00e1s tarde, el 18 de noviembre de 1657, en un p\u00e1rrafo citado antes, cuando recor\u00addaba a las Hermanas las consideraciones que han de tenerse con los enfermos, tambi\u00e9n les evoca la necesaria obediencia: Cuando cre\u00e1is necesitar alguna cosa, encomend\u00e1dselo a Dios y pedidle que, si lo necesit\u00e1is de verdad, os lo d\u00e9 a conocer. Y despu\u00e9s de haberlo encomen\u00addado a Dios, si cre\u00e9is que es su voluntad que lo dig\u00e1is, pod\u00e9is propon\u00e9rselo con indiferencia a la Superiora. Acordaos bien de esto: proponerlo con indiferencia y en caso de necesidad. Y pe\u00addidle a Dios que os d\u00e9 a conocer si \u00e9sa es su vo\u00adluntad, hasta que os sint\u00e1is en esa indiferencia de conseguirlo o de que se os niegue lo que pi\u00add\u00e1is (IX, 950).<\/p>\n<p><em>4. <\/em>Conciencia de tener todav\u00eda una misi\u00f3n<\/p>\n<p>El texto de las Reglas Comunes de los Mi\u00adsioneros citado al principio de esta parte tiene esta bella imagen que concierne a la misi\u00f3n de los enfermos. Ellos est\u00e1n como en un p\u00falpito, para predicar con el ejemplo. Tiene a la vez la mi\u00adsi\u00f3n de rezar y de ofrecerlo por la Iglesia. Una ima\u00adgen parecida aparece en el extracto de confe\u00adrencia no fechada, que ya hemos citado: Hemos de alabar a Dios de que, por su bondad y miseri\u00adcordia, haya en la Compa\u00f1\u00eda enfermos y achaco\u00adsos que hacen de sus sufrimientos y enferme\u00addades un espect\u00e1culo de paciencia, donde presentan todo el esplendor de sus virtudes. Le daremos gracias a Dios por habernos dado estos compa\u00f1eros (XI, 761).<\/p>\n<p>Los enfermos pueden colaborar todav\u00eda de otra forma: testifican que Dios permite quiz\u00e1 la en\u00adfermedad para hacer ver que El es bastante po\u00adderoso para hacer su obra sin nosotros.<\/p>\n<p>San Vicente repiti\u00f3 muchas veces que los asuntos de Dios se ejercitan algunas veces me\u00adjor cuando se les soporta que cuando se act\u00faa. Lo dice generalmente en otros contextos que no son los de la enfermedad, pero es bueno aplicar tambi\u00e9n esos textos para la enfermedad, porque nos muestran lo esencial: que es Dios el que, en definitiva, act\u00faa.<\/p>\n<p>Contando la de santa Luisa, encontraremos tres veces la expresi\u00f3n: Honrar el no hacer de Nuestro Se\u00f1or. Citemos la primera, entre 1626 y mayo de 1629: Procure vivir contenta en medio de sus motivos de descontento, y honre siempre el no hacer y el estado desconocido del Hijo de Dios. All\u00ed est\u00e1 su centro y lo que El espera de us\u00adted para el presente y para el porvenir, por siem\u00adpre II, 126).<\/p>\n<p>La \u00faltima es del 13 de octubre de 1639. Por causa de la propia enfermedad de \u00e9l, santa Lui\u00adsa se ve obligada al no-hacer, conteni\u00e9ndose con\u00adtra su voluntad. Sigo con mi fiebrecilla\u2026 Su car\u00adta me hizo ver anteayer que hab\u00eda en mi esp\u00edritu cierto pesar por ello. \u00a1Dios m\u00edo! \u00a1Cu\u00e1n feliz es, Se\u00f1orita, al tener el correctivo de las prisas! Las obras que hace el mismo Dios no se estropean jam\u00e1s por el no-hacer de los hombres. Le ruego que conf\u00ede en El.<\/p>\n<p>En fin, tambi\u00e9n lo emplea con el P. Guiller\u00admo Desdames, que est\u00e1 en Varsovia, el 11 de abril de 1659 (VII, 417). Veamos todav\u00eda otra ex\u00adpresi\u00f3n, en otro contexto, pero tan expresiva que podemos retenerla. El 14 de enero de 1640, san Vicente recuerda a Luis Abelly, Vicario General de Bayona, que muchas veces hacemos m\u00e1s bien tolerando a los pecadores que queriendo actuar demasiado fuerte (II, 10). Aqu\u00ed, el t\u00e9rmi\u00adno \u00absufriendo\u00bb designa menos el sufrimiento que una cierta \u00abpasividad\u00bb o \u00abtolerancia\u00bb, pala\u00adbra que significa apoyo. Pero podemos aplicarla a la enfermedad, en sentido acomodaticio: Yo tengo una absoluta confianza en que un prelado que obre de esa forma (con dulzura) har\u00e1 mucho m\u00e1s provecho a esas personas que todas las censuras eclesi\u00e1sticas juntas. Nuestro Se\u00f1or y los santos hicieron mucho m\u00e1s sufriendo que obran\u00addo.<\/p>\n<p>En fin, es ante los sufrimientos f\u00edsicos de sus Misioneros y de las Hermanas c\u00f3mo san Vicen\u00adte recibi\u00f3 del Esp\u00edritu Santo m\u00e1s mirada profun\u00addas sobre el lugar inevitable del sufrimiento en nuestras vidas. Podemos aplicar a la enfermedad lo que \u00e9l dice en una conferencia de abril de 1655, a prop\u00f3sito de las persecuciones y del peligro de martirio del P. Francisco Le Blanc, pri\u00adsionero de los protestantes en Escocia: Es nues\u00adtro hermano el que sufre; \u00bfno tenemos que sufrir con \u00e9l?\u2026 Es lo que Dios hace cuando uno le ha hecho notables servicios: lo carga de cru\u00adces, de aflicciones y de oprobios. Padres y her\u00admanos m\u00edos, tiene que haber algo muy grande, incomprensible al entendimiento humano, en las cruces y en los sufrimientos, ya que Dios suele pagar el servicio que se le hace con aflicciones, persecuciones, c\u00e1rceles y martirio, a fin de ele\u00advar a un grado de perfecci\u00f3n y de gloria a los que se entregan perfectamente a su servicio (XI, 98- 99).<\/p>\n<p>El Sr. Vicente, frecuentemente, junt\u00f3 la fe en la Providencia con la constataci\u00f3n de los males y los fracasos: creer que Dios sacar\u00e1 de ello el bien. Pero la frase que muestra mejor hasta qu\u00e9 punto realiz\u00f3 de manera devastadora el esc\u00e1ndalo del sufrimiento permitido por un Dios bueno, es esta confesi\u00f3n transmitida por Abelly: Y \u00bfqu\u00e9 va\u00admos a hacer nosotros, sino querer lo que quiere la divina Providencia y no querer lo que ella no quiere? Esta ma\u00f1ana me ha venido durante mi pobre oraci\u00f3n un gran deseo de querer todo lo que acontece en el mundo, tanto de bueno co\u00admo de malo, todas las penas en general y en particular, puesto que Dios las quiere, ya que las env\u00eda (VI, 440).<\/p>\n<p>Hablar de decir s\u00ed a la voluntad de Dios cuan\u00addo todo va bien, o m\u00e1s o menos bien, es f\u00e1cil. De\u00adcir s\u00ed cuando uno mismo est\u00e1 destrozado, es m\u00e1s dif\u00edcil, pero comprensible. Mas cuando uno ve sufrir a los que ama, y desplegarse la desgracia sobre el mundo, befado el nombre de Dios y su reino, sin que se vislumbre el final, tal como lo. vivi\u00f3 san Vicente, entonces eso desborda las fuer\u00adzas de la raz\u00f3n, y uno se queda en la fe pura y desnuda\u2026 Eso es lo que esta frase nos revela de Viente: la adhesi\u00f3n a un Dios que \u00e9l ama, pero que no lo comprende\u2026<\/p>\n<p>A pesar de todo, \u00e9l vive en esperanza, vive el misterio pascual; la Cruz como camino para la Resurrecci\u00f3n; los enfermos y los lisiados son la bendici\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda, como escrib\u00eda el 19 de junio del 1658 al P. Louis Dupont, superior de Tr\u00e9guier (VII, 159). Y lo repite en la Casa-Madre el 28 de junio siguiente, durante la conferencia ya citada, a\u00f1adiendo el motivo teol\u00f3gico de la En\u00adcarnaci\u00f3n: Hemos de creer que las personas en\u00adfermas de la Compa\u00f1\u00eda son una bendici\u00f3n para la misma Compa\u00f1\u00eda y para la casa; y esto lo hemos de tener m\u00e1s en cuenta por el hecho de que Nuestro Se\u00f1or Jesucristo quiso este estado de aflicci\u00f3n, que \u00e9l mismo acept\u00f3 para si, habi\u00e9ndose hecho hombre para sufrir (XI, 345).<\/p>\n<p>Y recomienda incluso la alegr\u00eda en medio de las pruebas, ya desde 1632, a Luisa de Marillac, por la confianza de sentirse amada de Dios: Es\u00adt\u00e9 llena de confianza de que usted es hija muy querida de Nuestro Se\u00f1or, por su misericordia. Le ordeno tambi\u00e9n que se procure una santa alegr\u00eda en su coraz\u00f3n con todas las distracciones que le sean posibles (I, 201).<\/p>\n<p>Al final de su vida, el 6 de junio de 1659, des\u00adpu\u00e9s de sus terribles noches, har\u00e1 referencia a san Francisco predicando la alegr\u00eda perfecta de San\u00adtiago en las pruebas: Tenemos necesidad de al\u00adguna contrariedad que nos afirme en la confian\u00adza en Dios, en el despego de nosotros mismos y en esa plenitud de gozo que acompa\u00f1a a todos los que sufren. \u00a1Que el colmo de vuestra dicha sea pasar por toda clase de pruebas! (Sant 1, 2) \u00bfQui\u00e9n nos afianzar\u00e1 en este gozo perfecto, es\u00adto es, en la fuente de la verdadera alegr\u00eda? Quie\u00adre decir esto que todos los motivos de alegar\u00eda est\u00e1n acumulados y encerrados en un alma afli\u00adgida y perseguida, poni\u00e9ndola en un estado bie\u00adnaventurado (XI, 572).<\/p>\n<h2>IV. Conclusi\u00f3n general<\/h2>\n<p>1. El necesario despojamiento<\/p>\n<p>Para poder dejar que Jes\u00fas act\u00fae de esa for\u00adma en nosotros y para nosotros, para podernos unir a \u00c9l en sus miembros sufrientes, aunque se\u00adan repugnantes, y para poder recibir su gozo in\u00adcluso en la prueba del dolor, comprendemos la ne\u00adcesidad de despojarnos de nosotras mismas, de toda b\u00fasqueda personal, y dejarnos llenar de Dios y de Jes\u00fas. Ese es tambi\u00e9n el estilo de nuestro servicio a los pobres. San Vicente lo dijo en mu\u00adchas ocasiones, para diversos ministerios. Co\u00adnocemos su mejor expresi\u00f3n acu\u00f1ada, en 1656, escribiendo al P. Antonio Durand, cuya misi\u00f3n era la formaci\u00f3n de los sacerdotes: Por consi\u00adguiente, Padre, debe vaciarse de s\u00ed mismo para revestirse de Jesucristo (XI, 236).<\/p>\n<p>El Sr, Vicente tambi\u00e9n designa esta labor con otras expresiones: Primero, la pureza de inten\u00adci\u00f3n. Todav\u00eda es una noci\u00f3n asc\u00e9tica, es decir, dependiente en gran parte de nuestro ejercicio (sentido del t\u00e9rmino griego ascesis), de nues\u00adtros esfuerzos. Purificar nuestra intenci\u00f3n es tra\u00adbajar en no buscar m\u00e1s que la alegr\u00eda de Dios y de los pobres. Para conseguirlo, ser\u00e1 preciso que nos preguntemos con frecuencia: \u00ab\u00bfA qui\u00e9n voy a agradar? \u00bfAl otro o a Dios? \u00bfO a m\u00ed?\u00bb Y tambi\u00e9n: \u00abqui\u00e9n manda y qui\u00e9n obedece? \u00bfel pobre o yo?\u00bb.<\/p>\n<p>Buscar s\u00f3lo la alegr\u00eda de Dios supone que el servicio de los pobres, al igual que toda vida des\u00adpu\u00e9s de Jes\u00fas, da alegr\u00eda a Dios. Querer la ale\u00adgr\u00eda de Dios es ser Dios mismo, se atreve a de\u00adcirles a las Hermanas el 18 de octubre de 1655: \u00a1Qu\u00e9 estado tan dichoso\u2026 sin poder hacer m\u00e1s obras que las que agradan a Dios! Eso es hacer en cierto modo, lo que Dios hace, pues todo lo que \u00c9l realiza es para su gloria y su placer; de modo que podemos decir que, cuando hacemos alguna obra con esa finalidad de agradar a Dios, hacemos, en cuanto es posible, lo que \u00c9l hace, y de esta forma somos Dios mismos (IX, 757).<\/p>\n<p>Todav\u00eda desarrolla este tema de la alegr\u00eda de Dios el 21 de julio de 1658, explicando mejor su fundamento teol\u00f3gico: A ver con qu\u00e9 esp\u00edritu ha\u00adc\u00e9is vuestro trabajo, la confianza que ten\u00e9is en El, todo esto lo mira con tanto gozo que parece que no es posible otro mayor. \u00bfPor qu\u00e9? Porque se ve a s\u00ed mismo en ello, cuando ve esas virtudes en vosotras. Por eso no puede menos de amaros, pues tambi\u00e9n nosotros amamos a las cosas que se nos parecen. Y una vez que una persona ha llegado a ese grado, Dios se complace en su alma, al ver en ella las huellas de las divinas per\u00adfecciones que ha puesto all\u00ed por su gracia, de su amor, de su bondad, de su sabidur\u00eda. El Hijo ve all\u00ed su conformidad con la voluntad de Dios su Padre, y pone all\u00ed su complacencia.<\/p>\n<p>\u2026 \u00a1Cu\u00e1nto consuelo para vosotras saber que no s\u00f3lo la oraci\u00f3n es agradable a Dios, sino tam\u00adbi\u00e9n todas las ocupaciones, hasta las m\u00e1s bajas, cuando se hacen para seguir las reglas, como la\u00advar los pies a los pobres, besar la tierra, ver a un enfermo, ir a vaciar un cubo! Todo esto es tan agradable a Dios que a veces \u00e9l prefiere esas co\u00adsas tan peque\u00f1as a otras mayores, sobre todo si se hacen como es debido (IX, 1082).<\/p>\n<p>Falta esta pregunta concreta: \u00bfquiero en ver\u00addad alegrar \u00fanicamente a Dios? \u00bfA qui\u00e9n quie\u00adro agradar? El 2 de noviembre de 1655, el Sr. Vi\u00ad cente nos recuerda, tal como lo hab\u00eda hecho Je\u00ads\u00fas, que las mejores obras, de hecho, pueden ser buscadas por nosotros mismos y, por lo tan\u00adto, perder su valor a los ojos de Dios, y de los mismos pobres, si llegan a darse cuenta: <em>Una Hermana ir\u00e1 de buena gana a tal parroquia, por\u00adque las damas la quieren y hablan bien de ella; otra hablar\u00e1 con afabilidad y dulzura a los po\u00adbres, porque dicen que es una buena Hermana y que cumple muy bien su deber. \u00a1Ay, Herma\u00adnas m\u00edas! Esta es una m\u00e1xima del mundo: ha\u00adcer las cosas por la propia satisfacci\u00f3n. Tened cui\u00addado con ella! <\/em>(IX, 762).<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, es preciso purificar nuestras in\u00adtenciones, imitando en esto, como en todo, a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, dec\u00eda \u00e9l el 19 de ju\u00adlio de 1640: \u00a1Oh, mis queridas Hermanas! Hay que imitar al Hijo de Dios que no hac\u00eda nada si\u00adno por el amor que ten\u00eda a Dios su Padre. De es\u00adta forma, vuestro prop\u00f3sito, al venir a la Caridad, tiene que ser puramente por el amor y el gusto de Dios; mientras est\u00e9is en ella, todas vuestras acciones tienen que tender a este mismo amor (IX, 38).<\/p>\n<p>E insiste en ello el 13 de febrero de 1646: Un medio para hacer el servicio de los pobres como Dios quiere, es hacerlo con caridad, hijas m\u00edas\u2026 Es hacerlo en Dios porque Dios es caridad, es ha\u00adcerlo puramente por Dios; es hacerlo en gracia de Dios, porque el pecado nos separa de la ca\u00adridad de Dios,\u2026No ser\u00e9is verdaderas Hijas de la Caridad mientras no hay\u00e1is purificado todos vues\u00adtros motivos, mientras no hay\u00e1is arrancado todas las ra\u00edces de vuestras costumbres viciosas, mien\u00adtras no os hay\u00e1is separado de vuestros apegos particulares (IX, 238).<\/p>\n<p>La segunda expresi\u00f3n es: \u00abel puro amor\u00bb. Ex\u00adpresi\u00f3n netamente m\u00edstica, es decir, que aqu\u00ed es Dios quien nos ofrece amarlo puramente y es\u00adtar unidos a El. Desde el 19 de julio de 1640 in\u00advit\u00f3 a ello a las Hermanas: C\u00f3mo se puede amar a Dios soberanamente. Os lo voy a decir. Se tra\u00adta de amarlo m\u00e1s que a cualquier cosa, m\u00e1s que al padre, a la madre, a los parientes, a los ami\u00adgos, a una criatura cualquiera; amarlo m\u00e1s que a s\u00ed mismo, porque, si se presentase alguna co\u00adsa contra su gloria y su voluntad, o si fuese po\u00adsible morir por el, valdr\u00eda m\u00e1s morir que hacer algo contra su gloria y su amor (IX, 37).<\/p>\n<p>Pocas veces emplea esta expresi\u00f3n, pero las Hermanas la retuvieron, y santa Luisa la usa\u00adr\u00e1 m\u00e1s de una vez. Un 11 de julio, entre 1646 y 1649, una Hermana la utiliza al hablar de la pu\u00adreza de intenci\u00f3n, lo cual muestra su relaci\u00f3n: La advertencia que nos hace san Pablo de que, aunque hagamos toda clase de buenas obras, si no tenemos caridad, que quiere decir puro amor de Dios, esto no nos servir\u00e1 de nada (IX, 334-335).<\/p>\n<p>2. El c\u00e9ntuplo prometido<\/p>\n<p>No obstante, el Sr. Vicente no es un hombre de una sola pieza, no se le puede reducir a un es\u00adquema simple. A partir de sus primeras cartas, lo encontramos sensible a los \u00abconsuelos\u00bb, y aqu\u00ed volver\u00e1 siempre. Primero, aunque no busque es\u00adta intenci\u00f3n, no subraya que es normal encontrar placer de servir a Dios y a los pobres, como lo ha\u00adce Sor Andrea, de la que habla el 25 de mayo de 1654: \u00abNo tengo ninguna pena y ning\u00fan remor\u00addimiento, m\u00e1s que el de haberme deleitado mu\u00adcho en el servicio de los pobres\u00bb. Y como yo le preguntase: \u00abNo, Padre, no hay nada, a no ser que sent\u00eda mucha satisfacci\u00f3n al ir por esos pueblos a ver a esas buenas gentes; volaba de gozo por poder servirlos\u00bb (IX 612).<\/p>\n<p>El 25 de noviembre de 1659 ense\u00f1a a las Hermanas que hay verdaderas satisfacciones al servir a los pobres: Yo os confieso, hijas m\u00edas, que nunca he sentido mayor consuelo que cuan\u00addo tuve el honor de servir a los pobres. Esto es lo que constituye el gozo y el consuelo de las Hi\u00adjas de la Caridad. \u00abDichoso el hombre que tiene piedad y presta\u00bb (Sal III (112), 5). Es feliz el hombre que practica la caridad. Y entre todas las obras de caridad no hay ninguna que proporcio\u00adne tanto consuelo como la visita a los pobres (IX, 1190).<\/p>\n<p>Resumiendo: el servicio a los pobres, en la abnegaci\u00f3n, es el camino de la verdadera felici\u00addad. La raz\u00f3n profunda de ello se la da a los Mi\u00adsioneros en enero de 1657: Dios ama a los po\u00adbres y, por consiguiente, ama a quienes aman a los pobres; pues cuando se ama mucho a una per\u00adsona, se siente tambi\u00e9n afecto a sus amigos y servidores (XI, 273).<\/p>\n<p>El 24 de noviembre de 1658 da \u00e1nimos a sor Ana Hardemont, en Ussel, desanimada en ese destino aislado y dif\u00edcil: Les ha costado a uste\u00addes alg\u00fan trabajo acomodarse a las costumbres del pa\u00eds, pero tambi\u00e9n han conseguido un gran m\u00e9rito delante de Dios por haber superado sus repugnancias y haber cumplido la divina voluntad por encima de la suya\u2026 Hermana, \u00a1qu\u00e9 conso\u00adlada se sentir\u00e1 usted en la hora de la muerte por haber consumido su vida por el mismo motivo por el que Nuestro Se\u00f1or dio la suya! \u00a1Por la caridad, por Dios, por los pobres!\u2026 \u00bfY qu\u00e9 mayor acto de amor se puede hacer que entregarse a s\u00ed mis\u00admo por completo, de estado y de oficio, por la salvaci\u00f3n y el alivio de los afligidos? En eso es\u00adt\u00e1 toda nuestra perfecci\u00f3n (VII, 326).<\/p>\n<p>El 7 de febrero de 1660, le recuerda al P. Santiago de la Fosse todos los trabajos de asis\u00adtencia espiritual y corporal que la Compa\u00f1\u00eda de los misioneros ha asumido, y a\u00f1ade: Usted mis\u00admo ha tenido parte en ese gran trabajo y ha cre\u00ad\u00eddo que iba a morir en \u00e9l, lo mismo que muchos otros, que dieron su vida por conservar la de los miembros doloridos de Jesucristo, que es aho\u00adra su recompensa y ser\u00e1 alg\u00fan d\u00eda la de usted (VIII, 226).<\/p>\n<p>Terminamos con el panorama que pint\u00f3 a las Hijas de la caridad el 13 de febrero de 1646, y que resume todo el sentido que \u00e9l da al servicio a los pobres y a los enfermos: revelarles la bon\u00addad de Dios: Si Dios da una eternidad bienaven\u00adturada a los que no le han ofrecido m\u00e1s que un vaso de agua, \u00bfqu\u00e9 no dar\u00e1 a una Hija de la Ca\u00adridad, que lo deja todo y se entrega a s\u00ed misma para servirlo durante toda su vida?\u2026 Tiene mo\u00adtivos para esperar ser de aqu\u00e9llos a los que se dir\u00e1: \u00abvenid, benditos de mi Padre, poseed el rei\u00adno que os est\u00e1 preparado\u00bb (Mt 25, 34).<\/p>\n<p>Otro nuevo motivo es que los pobres asisti\u00addos por ella ser\u00e1n sus intercesores delante de Dios; acudir\u00e1n en mont\u00f3n a su encuentro; dir\u00e1n al buen Dios: \u00abDios m\u00edo, \u00e9sta es la que nos asis\u00adti\u00f3 por tu amor; Dios m\u00edo, \u00e9sta es la que nos en\u00adse\u00f1\u00f3 a conocerte\u2026 \u00c9sta es la que me ense\u00f1\u00f3 a creer que hab\u00eda un Dios en tres personas; yo no lo sab\u00eda. Dios m\u00edo, \u00e9sta es la que me ense\u00f1\u00f3 a esperar en ti; \u00e9sta es la que me ense\u00f1\u00f3 tus bon\u00addades por medio de las suyas (IX, 240-241).<\/p>\n<h2>Bibliograf\u00eda<\/h2>\n<p>Azcouvi, A., <em>Possession e rationalit\u00e9, Au debut du XVII si\u00e9cle, <\/em>en Rev. Sc. Phil et Th. BLUCHE, F., <em>Dicctionnaire du Gran Si\u00e9cle, <\/em>FAYARD, 1989. CANDILE, <em>Monsieur Vincent et l&#8217;hopital, <\/em>Cahiers Ozanam, 28-28, SOCIETE, S. V. PAUL, 1987. CHALUMEAU, R., <em>L&#8217;assistance aux malades pauvres au XVII s\u00e9cle, <\/em>Rev. XVII SIECLE CHAM\u00adPON, P., <em>La Charit\u00e9, <\/em>Les vieux h\u00f3pitaux, LARO, CIBA, Lyon, 1983. CITATELLI, S., <em>Vie de Saint Ca\u00admille de Lellis, <\/em>DDB, 1993. CURET, M., <em>Une medecine de la mer, <\/em>Medecine et Arm\u00e9es. t. 8, n.\u00b0 10, 1980. DODIN, A., <em>Vicente de Paul et les malades, <\/em>Chiers Ozanam, 28-29, 1970. SO\u00adCIETE, S. V. PAUL. 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