{"id":34536,"date":"2014-05-28T15:21:07","date_gmt":"2014-05-28T13:21:07","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/04\/espiritualidad-vicenciana-comunidad\/"},"modified":"2014-05-28T15:21:07","modified_gmt":"2014-05-28T13:21:07","slug":"espiritualidad-vicenciana-comunidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-comunidad\/","title":{"rendered":"Espiritualidad vicenciana: Comunidad"},"content":{"rendered":"<h2>INTRODUCCI\u00d3N<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/04\/comunidad.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-34538\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/04\/comunidad-300x224.jpg?resize=300%2C224\" width=\"300\" height=\"224\" \/><\/a>En la Conferencia del 26 de abril de 1643, a requerimiento de San Vicente, o\u00edmos a una Her\u00ad mana decir: Las tres personas no son m\u00e1s que un solo y mismo Dios; est\u00e1n unidas desde toda la eternidad por el amor. De esta forma nosotras no tenemos que ser m\u00e1s que un solo cuerpo en varias personas, unidas juntamente con vistas a un mismo fin, por amor a Dios (IX, 107). Quiz\u00e1 la Hermana no est\u00e1 haciendo sino repetir lo que tantas veces ha o\u00eddo a San Vicente, pero cierta\u00admente ha incluido en su definici\u00f3n los elementos esenciales de la comunidad vicenciana: una co\u00admunidad de fe, una unidad de misi\u00f3n, una orga\u00adnizaci\u00f3n de vida.<\/p>\n<div>\n<h2>I. LA COMUNIDAD DE FE<\/h2>\n<\/div>\n<h3>1. Reunida en respuesta a una llamada<\/h3>\n<p>La Comunidad como realidad de fe significa ante todo, que se constituye en respuesta a una llamada de Dios. Una comunidad no es, sin m\u00e1s, un simple grupo humano que responde a las leyes que estudian las ciencias del comporta\u00admiento. Tampoco es que no las tenga en cuen\u00adta, porque la gracia no destruye la naturaleza. Pre\u00adcisamente del funcionamiento de esas leyes va a depender la calidad humana de la relaci\u00f3n comunitaria y el nivel de la compenetraci\u00f3n in\u00adterpersonal. Ello dar\u00e1 pie a los distintos tipos de comunidad cristiana, desde el matrimonio hasta la comunidad de amor en castidad perfecta. Pe\u00adro el grupo humano que constituye la comunidad de fe, se ha formado por obediencia a un desig\u00adnio de Dios sobre la vida de cada uno de sus miembros.<\/p>\n<p>San Vicente insiste en que ha sido Dios mis\u00admo quien ha llamado y reunido en comunidad tanto a los misioneros como a las Hijas de la Ca\u00adridad (X1, 94-97. 553; IX, 44. 144. 233. 415-8), as\u00ed co\u00admo tambi\u00e9n les ha ido confiando las distintas obras a que se dedican (IX, 144. 233-5). <em>Nuestro Se\u00ad\u00f1or ha hecho una Compa\u00f1\u00eda m\u00e1s suya que vues\u00adtra. Estad dispuestas a abrazar todos los trabajos que la Providencia os env\u00eda <\/em>(IX, 752).<\/p>\n<h3>2. Animada por la caridad<\/h3>\n<p>Pero la comunidad de fe establece tambi\u00e9n unas relaciones nuevas entre los miembros basa\u00addas en \u00abel amor que ha sido derramado en nues\u00adtros corazones por el Esp\u00edritu que nos ha sido dado\u00bb (Rom 5, 5). La comunidad vicenciana, como toda comunidad cristiana, no es un mero inter\u00adcambio de esfuerzos de cara a un prop\u00f3sito com\u00fan. Es una verdadera y real <em>comuni\u00f3n de vida, <\/em>la nue\u00adve vida, del. Esp\u00edritu que desde la cabeza llega a to\u00addos los miembros consolid\u00e1ndolos en <em>la unidad de <\/em>un solo cuerpo. Esta <em>uni\u00f3n <\/em>solidaria radica en nues\u00adtra incorporaci\u00f3n a Cristo en el que todos somos miembros, los unos de los otros, sin que pueda admitirse la insolidaridad m\u00e1s que rebajando la dig\u00adnidad del hombre al nivel de las fieras o redu\u00adciendo la verdad de cristianismo a la apariencia de la pintura (XI, 560-1). Como los primeros cristianos, la comunidad se apoya en la unidad de coraz\u00f3n, que sea el principio de nuestra vida y en la uni\u00addad de alma que nos anime en la caridad, en vir\u00adtud de esa fuerza unitiva y divina que edifica la comuni\u00f3n de los santos (XI, 543).<\/p>\n<p>La comunidad, respondiendo a los designios del Padre, realiza el deseo de comuni\u00f3n que Cris\u00adto expresara en su oraci\u00f3n, pidiendo para sus dis\u00adc\u00edpulos la unidad que \u00e9l mantiene con el Padre (IX, 21-2). Es m\u00e1s, el amor de Cristo es el v\u00edncu\u00adlo constitutivo de la solidaridad de las Hermanas, ya que es \u00e9l quien las ha unido con el v\u00ednculo de su amor (IX, 40). Unidad que San Vicente con\u00adtempla en la naturaleza, las cepas en la vi\u00f1a o las abejas en la colmena, y que quiere ver realizada en la uniformidad de la comunidad (XI, 542-543). Entender\u00eda mal la uniformidad vicenciana quien la redujera a un mero revestimiento exterior. Radi\u00adcada m\u00e1s bien, en el dinamismo de un mismo esp\u00edritu que anima a todos los miembros de la co\u00admunidad de forma que, propiamente hablando, te\u00adner uniformidad es tener un mismo juicio y una misma voluntad en las cosas de nuestra voca\u00adci\u00f3n (XI, 539-40). Y as\u00ed se integra la diversidad de individuos en la unidad de un mismo cuerpo vivo, con sus operaciones propias (XI, 539). La uni\u00adformidad, salvaguarda de la uni\u00f3n en la comuni\u00addad, tambi\u00e9n est\u00e1 en orden a la misi\u00f3n. No se tra\u00adta de cortar a todos los misioneros o a todas las Hijas de la Caridad por el mismo patr\u00f3n, sino de disponerlos igualmente para la misma misi\u00f3n. Es verdad que, a prop\u00f3sito de las ciencias, es casi imposible que todos se parezcan; pero respecto al fin de nuestra vocaci\u00f3n, que es tender a la per\u00adfecci\u00f3n, trabajar por la instrucci\u00f3n de los pueblos y el progreso de los eclesi\u00e1sticos, hemos de con\u00advenir en el mismo juicio, tenemos que juzgar de la misma manera y hacernos semejantes en la pr\u00e1ctica, y seg\u00fan se\u00f1ala la regla, tener todos un mismo esp\u00edritu para apreciar nuestros ejercicios, y un mismo coraz\u00f3n, en la medida de lo posible, para amarlos; por consiguiente acomodar nues\u00adtro juicio a las reglas, nuestra voluntad a las re\u00adglas y seguir los medios que conducen a ello (XI, 540).<\/p>\n<p>La solidez de esta uni\u00f3n comunitaria se reali\u00adza por la comuni\u00f3n en Cristo que se significa y realiza en la Eucarist\u00eda, que consagra y a\u00fana to\u00addos los esfuerzos en favor de la misi\u00f3n. Por eso los misioneros cuidar\u00e1n su celebraci\u00f3n diaria (X, 143), procurando evitar una celebraci\u00f3n ruti\u00adnaria (III, 2721, y las Hijas de la Caridad, que no han de tener inconveniente en omitirla, si el servicio a los pobres lo exige, han de procurar o\u00edrla a dia\u00adrio (IX, 57), porque es el <em>centro de toda devoci\u00f3n <\/em>(IX, 25). Pero la celebraci\u00f3n de este misterio nos introduce en el clima de amor que nos trajo Cris\u00adto encarnado para hacer efectivo el amor del Pa\u00addre. Ello har\u00e1 que quien ha comulgado bien, viva desde su identificaci\u00f3n con Cristo el compromi\u00adso de su misi\u00f3n filial, ajust\u00e1ndose a \u00e9l en todo (IX, 309-10). Hemos de honrar la vida com\u00fan que vivi\u00f3 Cristo con los Ap\u00f3stoles (X, 495), sobre el eje fundamental de que Cristo es la Regla de la Mi\u00adsi\u00f3n (XI, 429).<\/p>\n<h3><em>3. A imagen de la Trinidad<\/em><\/h3>\n<p>Asentada en esta uni\u00f3n de hijos con el Padre por la participaci\u00f3n del mismo esp\u00edritu, la Comu\u00adnidad crece y se desarrolla a imagen la de <em>Trini\u00addad. <\/em>Con esta imagen, san Vicente propone tres cosas como ideal: La igualdad de los miembros de la comunidad, su perfecta unidad y la coordi\u00adnaci\u00f3n de las diversas funciones en orden a la mi\u00adsi\u00f3n.<\/p>\n<p>La <em>igualdad <\/em>de los miembros de la comunidad, cada uno en su funci\u00f3n distinta y espec\u00edfica, tie\u00adne su traducci\u00f3n en un disfrute paritario de de\u00adrechos y bienes, porque <em>cada miembro participa del bien que hace todo el cuerpo <\/em>(IX, 21). Tambi\u00e9n ha de tener su expresi\u00f3n externa hasta el punto de que la gente de fuera no pueda conocer qui\u00e9n es el superior (VI, 68) o la Hermana Sirviente (X, 766).<\/p>\n<p>La perfecta comuni\u00f3n de los miembros de la Comunidad, unidos en la organizaci\u00f3n comunita\u00adria como miembros de un mismo cuerpo, el cuer\u00adpo m\u00edstico de Cristo (XI, 560-1), y la coordinaci\u00f3n de tareas, que, aunque diversas y realizadas por distintas personas, forman un quehacer com\u00fan al servicio de la \u00fanica y misma misi\u00f3n, son expre\u00adsi\u00f3n de una unidad interior mucho m\u00e1s profunda que radica en la misma comuni\u00f3n con Dios por su Esp\u00edritu. Ninguno de los miembros de la co\u00admunidad puede desentenderse del trabajo y de la vida de los dem\u00e1s, sino que, en perfecta co\u00admuni\u00f3n de vida y de acci\u00f3n, la hermana que atiende a los ni\u00f1os ha de estar en relaci\u00f3n con la que atiende a los pobres as\u00ed como la que atien\u00adde a los pobres, con la que cuida de los ni\u00f1os, co\u00admo miembros que son de un mismo cuerpo, con un solo coraz\u00f3n y una sola alma (X, 766). Man\u00adteng\u00e1monos en ese esp\u00edritu si queremos tener en nosotros la imagen de la Trinidadsi queremos te\u00adner una santa uni\u00f3n con el Padre, con el Hijo y con el Esp\u00edritu Santo. \u00bfQu\u00e9 es lo que forma esa unidad y esa intimidad de Dios, sino la igualdad y la distinci\u00f3n de las Personas? Y \u00bfqu\u00e9 es lo que constituye su amor, m\u00e1s que esa semejanza? (XI, 548-9). Distinci\u00f3n y semejanza que hoy tra\u00adducir\u00edamos por unidad en la diversidad. En las tres personas de la Sant\u00edsima Trinidad, dir\u00e1 en otro lugar comentando el mismo pensamiento, las operaciones, aunque sean diversas y se atribuyan a cada una en particular, tienen relaci\u00f3n una con la otra, sin que por atribuir la sabidur\u00eda al Hijo y la bondad al Esp\u00edritu, se pretenda que el Padre es\u00adt\u00e9 privado de estos dos atributos, ni que la ter\u00adcera persona carezca del poder del Padre o de la sabidur\u00eda del Hijo (X, 766-7).<\/p>\n<p>La imagen de la Trinidad sirve tambi\u00e9n para fundamentar <em>la misi\u00f3n <\/em>de la comunidad en un mismo y \u00fanico amor. Las obras de caridad han de nacer de esta fuente de caridad que es Dios mismo. El amor de Dios \u00abderramado en nues\u00adtros corazones por el Esp\u00edritu\u00bb (Rom 5, 5), fructi\u00adfica en amor fraterno y en amor a los pobres. <em>Me gustar\u00eda que las Hermanas se conformasen en es\u00adto a la Sant\u00edsima Trinidad: que como el Padre se entrega totalmente al Hijo y el Hijo se entrega to\u00adtalmente al Padre, de donde procede el Esp\u00edritu Santo, de la misma manera ellas sean totalmen\u00adte la una de la otra para producir las obras de ca\u00adridad que se atribuyen al Esp\u00edritu Santo, a fin de parecerse a la Sant\u00edsima Trinidad. Porque quien dice caridad, dice Dios <\/em>(X, 766-7). Ser totalmente la una de la otra, no se consigue fomentando tan s\u00f3lo un amor sensible y natural, ni siquiera des\u00adde la valoraci\u00f3n racional que nos hace aceptar los valores innegables del otro, sino que se basa en <em>un amor cristiano, por el que se aman unos a otros por Dios, en Dios y seg\u00fan Dios, que hace que miremos a Dios y no miremos m\u00e1s que a Dios en cada uno de los que amamos <\/em>(XI, 769). Y es\u00adta comuni\u00f3n de amor pone en marcha la misi\u00f3n como extensi\u00f3n en el mundo de la inmensa y pa\u00adternal caridad de Dios, de la que hemos sido es\u00adcogidos por \u00e9l como instrumentos (XI, 543).<\/p>\n<div>\n<h2>II. PARA CONTINUAR LA MISI\u00d3N DE CRISTO<\/h2>\n<\/div>\n<p>La comunidad vicenciana, como comunidad de creyentes hace referencia a Jes\u00fas, en cuyo nom\u00adbre nos reunimos los cristianos y por cuyo Esp\u00ed\u00adritu hemos sido hechos hijos de un mismo Padre, en la Comunidad de <em>la Iglesia. Para ser verda\u00adderas Hijas de la Caridad, hay que hacer lo que hizo el Hijo de Dios en la tierra <\/em>(IX, 32). <em>Hab\u00e9is aceptado hacer lo que hacia nuestro Se\u00f1or en la tierra <\/em>(IX, 765). <em>Nuestra vocaci\u00f3n, <\/em>dir\u00e1 a los mi\u00adsioneros, <em>es una continuaci\u00f3n de la de Cristo. <\/em>(XI, 387). <em>A nosotros se nos aplica como instru\u00admentos por los que el Hilo de Dios sigue haciendo desde el cielo lo que hizo en la tierra <\/em>(X1, 387).<\/p>\n<h3><em>1. La comunidad de los Evangelios<\/em><\/h3>\n<p>Los evangelios presentan a Jes\u00fas compar\u00adtiendo una misma vida en com\u00fan con sus disc\u00ed\u00adpulos. Los l\u00edmites del grupo de seguidores de Je\u00ads\u00fas no son muy definidos. Algunas experiencias se comparten s\u00f3lo con los m\u00e1s cercanos; otras est\u00e1n reservadas s\u00f3lo al grupo de los doce; otras se viven en la comuni\u00f3n de una amistad que sin embargo no participa de la itinerancia apost\u00f3lica. A unos se les conf\u00eda una parte activa en la misi\u00f3n, otros suministran sus bienes para la causa del evangelio, otros en fin, desde la fidelidad a la Pa\u00adlabra y desde el agradecimiento por el don reci\u00adbido, aumentan el grupo de los seguidores que con Jes\u00fas bendicen y alaban al Padre. Todos sin embargo han sido llamados a una comuni\u00f3n que hace referencia continua al Padre a quien Jes\u00fas ense\u00f1a a llamar Abb\u00e1 (Mc. 14, 36; Mt. 6, 9; 23, 9), que se expresa en una relaci\u00f3n fraterna, donde las pretensiones de dominio quedan sustituidas por relaciones de servicio (Mc. 10, 43) y que pro\u00adlonga la vida y la misi\u00f3n de Jes\u00fas (Jn. 20, 21). Di\u00adr\u00edamos que los seguidores de Jes\u00fas han sido lla\u00admados a estar, a vivir y hacer con Jes\u00fas. Estos tres aspectos de la convivencia cristiana ser\u00e1n tenidos en cuenta inseparablemente en la espiri\u00adtualidad vicenciana.<\/p>\n<p>Mt. 18 puede ser considerado como la expo\u00adsici\u00f3n de la ley fundamental de la comunidad cris\u00adtiana, iniciada en la experiencia de peque\u00f1ez y limitaci\u00f3n de sus miembros, siempre dispuesta a acoger al d\u00e9bil y buscar al descarriado, y cre\u00adciendo en comuni\u00f3n con el Padre y con los her\u00admanos. El amor es ciertamente constitutivo interno de la comunidad (Jn. 15, 9) y al mismo tiempo su distintivo externo (Jn. 13, 35). Jn. 17 apunta un ideal de unidad comunitaria que en la tierra quiere reflejar la unidad de la diversidad tri\u00adnitaria y que intenta prolongar (Jn. 12, 26) la misi\u00f3n del Hijo desde el mismo amor del Padre que man\u00adtiene a los hijos de Dios en comuni\u00f3n y los env\u00eda en misi\u00f3n de salvaci\u00f3n (Jn. 20, 21).<\/p>\n<h3><em>2. La comunidad de los primeros cristianos<\/em><\/h3>\n<p>La radicalidad del evangelio fundamenta unas relaciones nuevas entre los creyentes. Confor\u00adme a la descripci\u00f3n del libro de los Hechos de los Ap\u00f3stoles, el grupo de los creyentes se caracte\u00adriza por la fidelidad a la Palabra, por la comunidad de vida y por el servicio al Evangelio.<\/p>\n<p>\u00abLos que acogieron la Palabra se bautizaron y aquel d\u00eda se les agregaron unos tres mil\u00bb (Hech. 2, 41s.). El grupo de los creyentes se re\u00fa\u00adne en respuesta a la predicaci\u00f3n; es la nueva fa\u00admilia de Jes\u00fas no fundada en la carne y la san\u00adgre sino en la apertura y fidelidad a la Palabra (Lc. 8, 21); son los nuevos hijos de Dios que no han nacido de impulso de la carne, ni por deseo de var\u00f3n, sino que han nacido de Dios (Jn. 1, 13).<\/p>\n<p>La comunidad de vida es ante todo comuni\u00f3n en una misma vida, la nueva vida del Resucitado, que se hace presente, misteriosa pero realmen\u00adte, entre ellos y que por el Esp\u00edritu los constituye en hijos del Padre. Esta vida com\u00fan se ali\u00admenta con la escucha de la Palabra, se apoya en el gozo de la presencia del Se\u00f1or en medio de ellos y se realiza en la fidelidad al mandamiento del amor cuya exigencia radical es dar la vida por los hermanos (1 Jn. 3, 17), en seguimiento del mis\u00admo Cristo, y cuya primera expresi\u00f3n es compar\u00adtir unos bienes econ\u00f3micos que se ponen en com\u00fan para utilidad de todos.<\/p>\n<p>El servicio al evangelio incluye tanto la parti\u00adcipaci\u00f3n en la predicaci\u00f3n de la Buena Nueva co\u00admo el testimonio de la realizaci\u00f3n de esa Buena Nueva: la vida y la tensi\u00f3n esperanzadora hacia un futuro renovado. El seguidor de Jes\u00fas est\u00e1 llamado ciertamente a ser luz y sal (Mat. 5, 13s.), pero tambi\u00e9n levadura en la masa y remedio compasivo y eficaz a la necesidad presente (Mat. 4, 16).<\/p>\n<p>Las narraciones sobre la comunidad de Jeru\u00adsal\u00e9n, que nos trae el libro de los Hechos (Hech. 2, 42-47; 4, 32-37) est\u00e1n fuertemente idea\u00adlizadas y contrastan con otros detalles del mismo libro (Hech. 5, 2) y sobre todo con la existencia de otras comunidades apost\u00f3licas como las de Efe-so, Corinto o Antioqu\u00eda, mucho m\u00e1s jerarquizadas (Hech. 13, 1ss; 1 Cor, 12, 28) y m\u00e1s marcadas por partidismos y divisiones (1 Cor. 11, 17-22).<\/p>\n<h3><em>3. La comunidad vicenciana: una comunidad pa\u00adra la misi\u00f3n<\/em><\/h3>\n<p>Sobre la experiencia de la comunidad primiti\u00adva, la historia de la Iglesia ha configurado un se\u00adguimiento comunitario de Cristo que adquiere sus caracter\u00edsticas peculiares en la estabilidad de los monjes, en el profetismo de los mendicantes o en la contemplaci\u00f3n activa de las \u00f3rdenes m\u00e1s modernas.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal asimila y trasvasa a su propio proyecto esta experiencia del pasado, no para en\u00admarcar en ninguno de los modelos anteriores su propia perspectiva comunitaria, sino para centrar con acierto su voluntad de prolongar la misi\u00f3n apost\u00f3lica de Jesucristo.<\/p>\n<p>La Comunidad vicenciana se forma en res\u00adpuesta a la <em>vocaci\u00f3n, <\/em>al designio que Dios tiene desde toda la eternidad sobre cada uno de sus miembros y sobre la comunidad en cuanto tal (XI, 553). Este designio no es otro que el de pro\u00adlongar la misi\u00f3n de Cristo entre los pobres (IX, 32, 34; XI, 387) o mejor, dejarle a \u00e9l mismo que la contin\u00fae en nosotros, meros instrumentos de su acci\u00f3n salvadora (XI, 389). Y para hacer lo que \u00e9l hizo hemos de hacerlo como \u00e9l lo hizo (IX, 526). <em>Honrad, pues el plan de Dios, <\/em>dir\u00e1 a las Hijas de la Caridad, en 1640, y <em>aunque os parezca muy pe\u00adque\u00f1o hasta el momento, sabed que es grande ya que se trata de amar, servir y honrar la vida de su Hijo en la tierra <\/em>(IX, 37) Los misioneros ser\u00e1n invitados a imitar la vida de los ap\u00f3stoles (X, 495) y su vocaci\u00f3n se describir\u00e1 como <em>un estado con\u00adforme a las m\u00e1ximas evang\u00e9licas, que consiste en dejarlo y abandonarlo todo, como los ap\u00f3sto\u00adles, para seguir a Jesucristo y para hacer lo que conviene a imitaci\u00f3n <\/em>suya. (XI, 697). Las Hijas de la Caridad ser\u00e1n vistas en la perspectiva de aque\u00adllas mujeres que acompa\u00f1aban a nuestro Se\u00f1or en sus correr\u00edas apost\u00f3licas (1X, 34). Es as\u00ed como la comunidad apost\u00f3lica de los amigos de Jes\u00fas se hace ejemplar y modelo para una comunidad vicenciana, misionera. Si Jes\u00fas eligi\u00f3 a unos po\u00adcos para que estuvieran con \u00e9l y para enviarlos en misi\u00f3n (Mc. 3, 14), Vicente de Pa\u00fal se fijar\u00e1 co\u00admo objetivo esta misma misi\u00f3n para la que la convivencia fraterna es un apoyo esencial.<\/p>\n<p>Las obras vicencianas responden a unos acon\u00adtecimientos le\u00eddos con perspectiva de fe. No han sido prefabricadas en laboratorio, sino que han sur\u00adgido en contacto con la realidad de cada d\u00eda. La formaci\u00f3n de la comunidad vicenciana no obe\u00addece a un plan preconcebido. El mismo fundador insistir\u00e1 una y otra vez en que \u00e9l no hab\u00eda pen\u00adsado en fundar una comunidad y desde la cum\u00adbre de su vida, al repasar las obras de la misi\u00f3n desde sus or\u00edgenes, le parecer\u00e1 estar so\u00f1ando co\u00admo el profeta Habacuc (Dan. 14, 33-39) (XI, 326-8). La comunidad vicenciana nace para la misi\u00f3n y la misi\u00f3n determina su <em>estilo de vida <\/em>comunitaria.<\/p>\n<p>a) La Comunidad nace para la misi\u00f3n<\/p>\n<p>E! encuentro con la necesidad espiritual en Foileville, en 1626, lleva a Vicente de Pa\u00fal a pre\u00addicar la confesi\u00f3n general e instruir al pueblo pa\u00adra la misma. Y es la abundancia del fruto que Dios ha dado a esta tarea lo que lleva a la Sra. de Gon\u00add\u00ed a sostener a unos misioneros para que conti\u00adn\u00faen la obra de las misiones. As\u00ed con la primera bina misionera, P. Vicente-P. Portail, y un buen sa\u00adcerdote a quien le pagaban 50 escudos anuales, dejando la llave de casa al vecino o rog\u00e1ndole que vaya a cuidarla por la noche (XI, 327), co\u00admienza la misi\u00f3n. El contrato de fundaci\u00f3n acor\u00addado el 17. 4. 1625 (X, 237-241), el acta de asocia\u00adci\u00f3n firmada por los primeros misioneros el 4. 9. 1626 (X, 242-243), as\u00ed como la solicitud de aprobaci\u00f3n dirigida por san Vicente al Papa Urbano VIII, el 1. 8. 1628 (1, 122), indican claramente que los misioneros se re\u00fanen en comunidad con una finalidad apost\u00f3lica, misionera. Lo cual queda as\u00ed mismo reflejado en la bula <em>Salvatoris nostri <\/em>en la que Urbano VIII aprueba la Congregaci\u00f3n de la Mi\u00adsi\u00f3n: <em>el fin principal y raz\u00f3n de ser de tal Con\u00adgregaci\u00f3n y de sus personas es procurar, con el favor de la gracia divina, junto con su propia sal\u00advaci\u00f3n, la salvaci\u00f3n de los que viven en villas, al\u00addeas\u2026 <\/em>(X, 307). Desde ese compromiso de unir el trabajo y la vida para la misi\u00f3n, durante casi treinta y tres a\u00f1os hasta la aparici\u00f3n de las Reglas Comunes, la Congregaci\u00f3n va desarroll\u00e1ndose, sin otros reglamentos y estructuras que los que la experiencia va decantando como \u00fatiles para la misi\u00f3n (X, 461-2).<\/p>\n<p>La misma orientaci\u00f3n a la misi\u00f3n encontra\u00admos en el nacimiento de la comunidad de las Hi\u00adjas de la Caridad. La experiencia de Chatill\u00f3n ha conducido a la creaci\u00f3n de las caridades. El ser\u00advicio a los pobres est\u00e1 ya en marcha, si bien las servidoras de los pobres no han sido reunidas en comunidad. El \u00e1ngel de la Providencia presenta\u00adr\u00e1 a san Vicente, el ideal de una muchacha total\u00admente dada a Dios para los pobres, encarnado en Margarita Naseau. <em>Ella ser\u00e1 la primera y la que marque el camino a las dem\u00e1s <\/em>(IX, 89). Desde ah\u00ed, la preocupaci\u00f3n insistente de santa Luisa y la reserva prudente de san Vicente (I, 141. 175) alum\u00adbrar\u00e1n, en el momento de la Providencia, la co\u00admunidad que ayude a la formaci\u00f3n y sirva de apo\u00adyo a las j\u00f3venes Hijas de la Caridad. La vida que aquellas primeras Hermanas llevan en la casa que preside y gobierna Luisa de Marillac demuestra la convicci\u00f3n en que ellas viven de que <em>Dios las ha llamado y reunido para servirle en la persona de los pobres <\/em>(X, 874). Tanto en documentos ofi\u00adciales como en las sencillas conferencias que te\u00adn\u00eda con las Hermanas, San Vicente ha descrito la funci\u00f3n que correspond\u00eda a aquella primera casa de las Hijas de la Caridad, la Casa como se le se\u00adguir\u00e1 denominando para distinguirla de los otros lugares de alquiler en que viven las Hermanas de las parroquias. En la casa se preparan para el ser\u00advicio a los pobres (II, 468), se acostumbran a una vida frugal, sostenida con su propio trabajo para no ser gravosas a quienes las necesiten (IX, 292), aprenden a coordinar sus esfuerzos bajo la di\u00adrecci\u00f3n de la obediencia, en conformidad con una regla que garantiza su servicio y les da seguridad (IX, 204) y se ejercitan en la contemplaci\u00f3n del Cristo que han de encontrar en los pobres (IX, 240). La casa en fin, sirve como lugar de reencuentro con los ideales de la propia vocaci\u00f3n, con los otros miembros de la Comunidad. Por eso vuel\u00adven a ella una vez al mes para renovar el esp\u00edri\u00adtu, tal vez relajado con las distancias y el agobio de los quehaceres, con la comunicaci\u00f3n frater\u00adna, la revisi\u00f3n de las obras que Dios va realizan\u00addo en ellas y la comunicaci\u00f3n con los superiores, de sus alegr\u00edas, penas y dificultades (IX, 129-30). Este apoyo de la Casa, tipifica el apoyo que las Hermanas reciben de su Comunidad, en el de\u00adsarrollo de su vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>b) Un estilo de vida para la misi\u00f3n<\/p>\n<p>La Comunidad vicenciana no es un fin en s\u00ed misma; sus miembros no la buscan por s\u00ed misma, sino en orden a la misi\u00f3n para la que se sienten llamados. No ha de establecerse sobre un orden o una disciplina encaminados a lograr la propia per\u00adfecci\u00f3n de los miembros de la comunidad, sino sobre una vida que pone en relaci\u00f3n unas perso\u00adnas que se conocen, respetan y ayudan en la fi\u00addelidad a la vocaci\u00f3n para la que han sido llama\u00addas: hacer lo que hizo nuestro Se\u00f1or en la tierra. No es que Vicente de Pa\u00fal no reconozca en la co\u00admunidad, valores realmente evang\u00e9licos dignos de ser conseguidos por su valor teol\u00f3gico: v. g. el anuncio de los bienes futuros, el <em>testimonio <\/em>de Cristo en el amor fraterno o el apoyo al creci\u00admiento de la caridad en cada uno de sus miem\u00adbros. Pero las Hijas de la Caridad han sido reuni\u00addas por Dios para un mismo ejercicio, el mismo que realiz\u00f3 Cristo en su vida terrena; los misio\u00adneros viven en comunidad con un mismo prop\u00f3\u00adsito, prolongar la misi\u00f3n de Cristo, misionero del Padre que recorre las aldeas y regiones anuncia\u00addo con palabras y obras la Buena Nueva. La Comunidad no puede, como tampoco puede la Iglesia, centrarse en s\u00ed misma, ni gloriarse en triunfalismos institucionales, sino que ha de man\u00adtenerse en l\u00ednea de humilde servicio a la misi\u00f3n. Una comunidad para la misi\u00f3n no puede conten\u00adtarse con una disciplina y unos horarios que supuestamente favorezcan la caridad mutua y la armon\u00eda en la comunidad hasta asemejarla a un cielo. No es que esto no se haya de conseguir. San Vicente lo afirma expresamente y lo asegu\u00adra para sus comunidades, si viven en concordia (IX, 151. 254. 1030), pero \u00e9sta no es la raz\u00f3n por la que se re\u00fanen los Misioneros o las Hijas de la Ca\u00adridad.<\/p>\n<p><em>El estilo de vida <\/em>de las comunidades vicencianas ser\u00e1 distinto del que se observa en otras comunidades de la Iglesia de Dios, porque dis\u00adtinta es la raz\u00f3n por la que sus miembros se han reunido. Cualquier tentaci\u00f3n de copia habr\u00e1 de superarse como si se tratara de un aut\u00e9ntico aten\u00adtado a la propia fidelidad cristiana en que han de mantenerse los misioneros y las Hijas de la Cari\u00addad. Lo que est\u00e1 bien para otras comunidades, no tiene por qu\u00e9 estarlo tambi\u00e9n para las suyas (IX, 935). Y como un obispo no responder\u00eda a su vocaci\u00f3n con el esp\u00edritu de un cartujo, tampoco un Misionero o una Hija de la Caridad lo har\u00edan con el esp\u00edritu de una comunidad religiosa. Y no pen\u00adsemos que san Vicente se est\u00e1 refiriendo s\u00f3lo a realidades poco significativas. <em>De aqu\u00ed depende toda vuestra perfecci\u00f3n. Si un religioso o una re\u00adligiosa, si un cartujo, un capuchino o un misione\u00adro, no tiene el esp\u00edritu y el amor a su vocaci\u00f3n, todo lo que puede hacer no es nada y lo estro\u00adpea todo; pues es distinto el esp\u00edritu de una reli\u00adgiosa y el de una Hija de la Caridad. Es preciso, para hacer las cosas bien, que cada uno se dedi\u00adque de tal forma a la adquisici\u00f3n del suyo, que no sea capaz de mezclar ninguna otra cosa, que aun\u00adque sea buena y santa en los que la profesan, ser\u00eda perjudicial y contraria a todos los que tienen que tener otro distinto <\/em>(IX, 419).<\/p>\n<p>Particularmente la comunidad de las Hijas de la Caridad, por su novedad en la Iglesia habr\u00e1 de guardarse de la tentaci\u00f3n de <em>religiosizarse, <\/em>de\u00adfendiendo la autenticidad de su esp\u00edritu como la propia vida (IX, 935). Pero tambi\u00e9n el misionero ha de defenderse de la tentaci\u00f3n del convento y de visiones cerradas a una circunstancia y a un lu\u00adgar, que impidan la respuesta \u00e1gil que requiere la misi\u00f3n (XI, 395. 397). La urgencia de la misi\u00f3n tie\u00adne que movilizar a todos, sin que valgan excusas f\u00e1ciles. Frente a la seguridad que las estructuras materiales de los monasterios o los conventos pueden proporcionar a sus habitantes, las comu\u00adnidades vicencianas han de establecerse en <em>la confianza en Dios y en la entrega que le hacen de todo lo que son y tienen para servirle en la per\u00adsona de los pobres <\/em>(IX, 1179).<\/p>\n<p>La actuaci\u00f3n decidida y constante de san Vi\u00adcente est\u00e1 dando pie a una apertura de los mol\u00addes jur\u00eddicos que \u00e9l preve\u00eda cambiables, al ritmo de las nuevas creaciones del Esp\u00edritu en su Igle\u00adsia y que el CIC. de 1983 admitir\u00e1 con el nombre de Sociedad de Vida Apost\u00f3lica. Ser\u00e1 importan\u00adte darle a entender que ser\u00e1 dif\u00edcil que pueda subsistir la Compa\u00f1\u00eda en medio de ocupaciones tan diversas, importantes, dif\u00edciles y complicadas que tiene\u2026 Y si su Santidad o la Congregaci\u00f3n a la que encomiende el estudio de este asunto no aprueba estos votos simples, que nos haga el fa\u00advor de darnos un medio para ella La Congrega\u00adci\u00f3n est\u00e1 regida por Su Santidad; le toca a \u00e9l dar\u00adnos los medios para subsistir, si no le parece bien el que nosotros le proponemos (111, 348).<\/p>\n<p>Sin duda alguna, la realizaci\u00f3n de este ideal de comunidad misionera encontr\u00f3 en tiempos de san Vicente, como puede encontrar hoy, muchas dificultades, y la tentaci\u00f3n de atrincherarse en el convento, al abrigo de unos horarios bien defini\u00addos y unas pr\u00e1cticas uniformes, ha sido cons\u00adtante.<\/p>\n<p>a) Misioneros o Sacerdotes de la Misi\u00f3n<\/p>\n<p>Dif\u00edcilmente podr\u00eda describirse con m\u00e1s agili\u00addad, la movilidad misionera de la comunidad vicenciana que como se hace en las Reglas Comunes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n: La funci\u00f3n propia de los misioneros es recorrer a ejemplo de Cristo mismo y de los ap\u00f3stoles, los pueblos y las aldeas\u2026. Esto conlleva como primera exigencia del misionero procurar con todas sus fuerzas revestirse del esp\u00edritu de Jesucristo (X, 464). Es la primera y fundamental capacitaci\u00f3n pa\u00adra la misi\u00f3n. Cuando se dice que el Esp\u00edritu San\u00adto act\u00faa en una persona, quiere decirse que es\u00adte Esp\u00edritu, al habitar en ella, le da las mismas disposiciones e inclinaciones que ten\u00eda Jesucristo en la tierra, y \u00e9stas le hacen obrar, no dir\u00e9 con la misma perfecci\u00f3n, pero s\u00ed seg\u00fan la medida de este divino Esp\u00edritu (XI, 411). Este esp\u00edritu de la Misi\u00f3n, configurado en las cinco virtudes de sen\u00adcillez, humildad, mansedumbre, mortificaci\u00f3n y celo, como m\u00e1ximas evang\u00e9licas propias del misionero, determina un modo caracter\u00edstico de actuar en la misi\u00f3n y de convivir en la comunidad, porque ellas son como el instrumento para la ac\u00adci\u00f3n, las cinco piedras de David, y tambi\u00e9n los principios operativos inmediatos, las facultades del alma de toda la Congregaci\u00f3n y han de animar las acciones de todos nosotros (X1, 591).<\/p>\n<p>San Vicente describe la Compa\u00f1\u00eda como <em>po\u00adbres sacerdotes que vivimos sencillamente sin m\u00e1s designio que servir a la pobre gente del cam\u00adpo <\/em>(X, 292). Sus casas, incluidos los seminarios, han de llamarse casas de la Misi\u00f3n (II, 266) y sus moradores misioneros, temiendo los inconve\u00adnientes que pudieran derivarse de la aplicaci\u00f3n de ese nombre a otras comunidades (IV, 283-5), pe\u00adro tambi\u00e9n esperando que el nombre urja a rea\u00adlizar lo que en \u00e9l se significa. La suya es una vi\u00adda apost\u00f3lica, misionera.<\/p>\n<p>Desde los dichos de san Vicente recogidos por su primer bi\u00f3grafo, se ha popularizado en la Con\u00adgregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n que, conforme al sentir del fundador, el misionero ha de ser cartujo en casa y ap\u00f3stol en campa\u00f1a (XI, 801) Y sin embargo la frase no parece muy concorde con el pensamiento de san Vicente. Hay mucha diferencia entre la vi\u00adda apost\u00f3lica y la soledad de los cartujos. \u00c9sta es realmente muy santa, pero no les conviene a los que Dios ha llamado a la primera\u2026 Tenemos obli\u00adgaci\u00f3n de amar al pr\u00f3jimo, ayud\u00e1ndole de una manera distinta a como lo hacen los solitarios (III, 320). Tal vez se quiera significar que la vida del misionero ha de estar impregnada de contem\u00adplaci\u00f3n, pero entonces sobra la referencia al car\u00adtujo, porque la vida apost\u00f3lica no excluye la con\u00adtemplaci\u00f3n, sino que la abraza y se sirve de ella para conocer mejor las verdades eternas que tie\u00adne que anunciar (III, 320). El misionero no puede descuidar la oraci\u00f3n. En ella encontrar\u00e1 el arse\u00adnal m\u00edstico que le proporcionar\u00e1 toda clase de armas, no s\u00f3lo para defenderse, sino tambi\u00e9n pa\u00adra atacar y derrotar a todos los enemigos de la glo\u00adria de Dios y de la salvaci\u00f3n de las almas (XI, 778).<\/p>\n<p>La comunidad de los misioneros no se asien\u00adta ciertamente sobre el ideal del cartujo, ni si\u00adquiera para sus tiempos de estancia en casa. En realidad no se asienta sobre ninguna de las reglas tradicionales que inspiran el vivir comunitario de los religiosos. Este ser\u00e1 precisamente uno de los argumentos en los que San Vicente apoye la po\u00adsibilidad de hacer unos votos en su comunidad, sin que, por eso, \u00e9sta pase al orden religioso. <em>No\u00adsotros no tomamos ninguna de esas cuatro reglas religiosas y el santo Padre no nos ha erigido en estado religioso, sino de cl\u00e9rigos seculares<\/em> (III, 225). Las dificultades para lograr la aprobaci\u00f3n de una nueva orden religiosa eran enormes cier\u00adtamente. San Vicente no estuvo ni siquiera ten\u00adtado de intentarlo. Reconoc\u00eda sin duda la dignidad y excelencia del estado religioso, pero no duda\u00adba en aconsejar a sus misioneros que prefiriesen su comunidad <em>como un hijo bien nacido ama m\u00e1s a su madre por muy fea y pobre que sea <\/em>(X, 532). La raz\u00f3n no es otra que la fidelidad a lo que Dios quiere de nosotros.<\/p>\n<p>Tem\u00eda san Vicente que las sobrecargas inhe\u00adrentes al estado religioso pudiera entorpecer la movilidad flexible y \u00e1gil que exig\u00eda la evangeliza\u00adci\u00f3n de los pobres. No parece que fueran otras las razones que le manten\u00edan precavido ante la in\u00adsistente petici\u00f3n del prior de San L\u00e1zaro para que aceptara la oferta del priorato (X, 291-4). El estilo de la abad\u00eda y sobre todo la pervivencia en ella del Sr. Prior y de los religiosos podr\u00edan condicionar un estilo de vida que deb\u00eda mantenerse siempre li\u00adbre para la misi\u00f3n. Pero no es s\u00f3lo que la comu\u00adnidad misionera pueda sobrecargarse con unas pr\u00e1cticas no necesarias para la misi\u00f3n. Despu\u00e9s de todo \u00e9stas se podr\u00edan acomodar como se su\u00adgiere para San L\u00e1zaro (X, 289) o para la pretendi\u00adda uni\u00f3n con la comunidad de B\u00e9tharram <em>(VIII, 369), <\/em>de modo que el oficio se recitara sin can\u00adto y las ceremonias se ordenaran de tal manera que no se impidiese la salida a misiones. Adem\u00e1s tambi\u00e9n los misioneros han de ser fieles, inclu\u00adso durante la misi\u00f3n, al conjunto de pr\u00e1cticas piadosas que est\u00e1n en vigor en la Compa\u00f1\u00eda, for\u00admando en campa\u00f1a una peque\u00f1a comunidad m\u00f3\u00advil, con una organizaci\u00f3n enteramente paralela a la que se vive en las casas de la Misi\u00f3n. Es que est\u00e1 en juego otro modo de entender la voluntad de seguir a Cristo. De ah\u00ed tambi\u00e9n la precauci\u00f3n que aparece a la hora de considerar las posibles uniones con otras comunidades (VIII, 368) o de admitir personas hechas ya a vivir, conforme a otro esp\u00edritu, su entrega al Se\u00f1or (III, 344; VII, 482). El Cristo que recorre los pueblos y las aldeas evangelizando a los pobres, atrae a los misioneros hasta hacerles desear vivir y morir en la Misi\u00f3n (XI, 402).<\/p>\n<p>San Vicente reflexion\u00f3 mucho hasta dar con la f\u00f3rmula que pudiese apoyar el deseo de per\u00adseverancia de los misioneros. Vio pronto claro el compromiso de estabilidad para el que \u00e9l propo\u00adn\u00eda una expresi\u00f3n gradual con un prop\u00f3sito hecho al cabo del primer a\u00f1o de seminario, un voto sim\u00adple al cabo del segundo a\u00f1o y un voto solemne de morir en la Misi\u00f3n, al cabo de algunos a\u00f1os (II, 76). Para los otros votos que hacen los reli\u00adgiosos, suger\u00eda en cambio algunas precauciones (II, 28). No es que san Vicente desconfiara de los buenos prop\u00f3sitos con que todos llegaban a la Mi\u00adsi\u00f3n. Pero le hab\u00eda ense\u00f1ado la experiencia que la vida dura entre la gente del campo y la tenta\u00adci\u00f3n constante de buscarse un mejor acomodo en la ciudad o el deseo de vivir unas formas religio\u00adsas de m\u00e1s prestigio, hac\u00edan tambalearse la vo\u00adcaci\u00f3n de algunos (III, 348). La aprobaci\u00f3n de los votos de la Congregaci\u00f3n por Alejandro VII le lle\u00adnaba de satisfacci\u00f3n. El breve pontificio <em>Ex com\u00admissa nobis, <\/em>hac\u00eda constar: <em>Esta congregaci\u00f3n no ser\u00e1 considerada por ello en el n\u00famero de las \u00f3r\u00addenes religiosas, sino que ser\u00e1 del cuerpo del clero secular <\/em>(X, 437). Esto permit\u00eda a la Congre\u00adgaci\u00f3n mantenerse fiel a su estilo de vida propia y alcanzar la estabilidad necesaria para la perdu\u00adrabilidad de la Misi\u00f3n. A san Vicente le parece un buen hallazgo. <em>La Providencia de Dios ha inspirado finalmente a la Compa\u00f1\u00eda esta santa invenci\u00f3n de ponernos en un estado en el que tengamos la felicidad del estado religioso, gracias a los vo\u00adtos simples, pero siguiendo entre el clero y en la obediencia a los se\u00f1ores obispos, como los m\u00e1s humildes sacerdotes en sus di\u00f3cesis <\/em>(III, 224).<\/p>\n<p>b) Entregadas a Dios para servirle en los pobres<\/p>\n<p>Con m\u00e1s brillantez y novedad todav\u00eda logra Vicente de Pa\u00fal describir la movilidad \u00e1gil de las Hijas de la Caridad. Desde las primeras confe\u00adrencias que dirige a las Hermanas (IX, 21-22), po\u00addemos notar la preocupaci\u00f3n del fundador por que entiendan que el prop\u00f3sito com\u00fan con el que est\u00e1n reunidas, no es precisamente su provecho espiritual, ni el testimonio de la fraternidad en Cristo que se hace presente entre los que se re\u00ad\u00fanen en su nombre, sino sencilla y llanamente, <em>honrar la vida humana de nuestro Se\u00f1or en la tie\u00adrra. Y <\/em>bien sabemos que esta honra no es otra co\u00adsa, en el sentir vicenciano, que la continuaci\u00f3n de la obra de Cristo, en la misma l\u00ednea de servicio entregado a los pobres. Vivir en comunidad trae ciertamente ventajas personales, <em>porque cada miembro participa del bien que hace todo el cuer\u00adpo, <\/em>como tambi\u00e9n nos permite disfrutar de la pre\u00adsencia prometida del Se\u00f1or, pero todo esto es mu\u00adcha m\u00e1s verdad cuando los reunidos lo est\u00e1n <em>con el mismo designio de servir a Dios. <\/em>El provecho personal, el estar bien en la comunidad, incluso f\u00edsica y corporalmente, no tiene otra finalidad que el cumplimiento de este designio de Dios. <em>Es me\u00adnester que os conserv\u00e9is bien para el servicio a los pobres <\/em>(IX, 22). El servicio a los pobres no es algo que venga sobrea\u00f1adido a la comunidad de las Hijas de la Caridad. Est\u00e1 en la raz\u00f3n misma de su ser y sin \u00e9l no se constituye vicencianamen\u00adte ninguna comunidad. Luisa de Marillac y algu\u00adnas j\u00f3venes se dedicaban a servir a los pobres antes de que naciera la nueva comunidad. La mis\u00adma Margarita Naseau muri\u00f3 antes de que se for\u00admara el primer grupo de cuatro j\u00f3venes en casa de Santa Luisa. Si los fundadores piensan en reunirlas en comunidad, es precisamente para sostener y robustecer la voluntad de aquellas buenas j\u00f3venes, ense\u00f1\u00e1ndoles a conocer, amar y servir a Nuestro Se\u00f1or en la persona de los pobres.<\/p>\n<p>No hay ning\u00fan grupo cristiano, reconocido en la Iglesia, que pueda servir de modelo a la naciente comunidad, porque ninguno tiene el fin que ellas persiguen. \u00bfHab\u00e9is o\u00eddo alguna vez que haya ha\u00adbido una Compa\u00f1\u00eda de v\u00edrgenes y viudas que hayan tenido como fin primordial el servicio al pr\u00f3jimo?\u2026 \u00bfhab\u00e9is o\u00eddo decir jam\u00e1s que haya habido muchachas que se entregasen de tal for\u00adma al servicio del pr\u00f3jimo que se les ve unas veces en tal casa asistiendo a un enfermo, otras veces en tal otra, dispuestas a ir y venir a todos los sitios adonde Dios las llame?\u2026 Est\u00e1is haciendo algo nunca visto (IX, 1088).<\/p>\n<p>La vida de las religiosas ciertamente no les puede servir de modelo. La Hija de la Caridad no es religiosa, ni puede sedo, pues para ser reli\u00adgiosas hay que vivir en el claustro. Las Hijas de la Caridad no podr\u00e1n jam\u00e1s ser religiosas; \u00a1mal\u00addici\u00f3n al que hable de hacerlas religiosas! (IX, 594). Ciertamente el claustro, sobre todo en la rigidez de entonces, impedir\u00eda el ir y venir de las Hijas de la Caridad en busca del pobre. Pero no es \u00e9se el \u00fanico inconveniente que la Hija de la Caridad encuentra en la vida religiosa. Lo que san Vicen\u00adte defiende con tanto ardor es la fidelidad al es\u00adp\u00edritu que Dios les ha dado. Cuando Dios hizo la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, le dio un es\u00adp\u00edritu particular. (IX, 524) Y ciertamente no es el de las religiosas. No pens\u00e9is en la grandeza de las religiosas; estimadlas mucho y no busqu\u00e9is ex\u00adcesivamente su trato; no porque este trato no sea bueno y excelente, sino porque la comuni\u00adcaci\u00f3n de su esp\u00edritu particular no es propio para vosotras. Y esto es verdad tanto de los religiosos como de las religiosas. (IX, 526). Es que Dios ha dado a las Hijas de la Caridad un esp\u00edritu que no es el de las religiosas. Estar\u00eda bonito ver a una Hija de la Caridad tomar el esp\u00edritu de las carme\u00adlitas, que tienen un esp\u00edritu tan austero. El vues\u00adtro es un esp\u00edritu de caridad que os obliga a con\u00adsumiros en el servicio del pr\u00f3jimo. Estar\u00eda bonito ver a un obispo entrar en la cartuja para hacerse cartujo. No har\u00eda lo que Dios pide de \u00e9l, sino lo que pide a los otros. (IX, 934) Es justamente ah\u00ed donde San Vicente cifra toda la fuerza de su ar\u00adgumentaci\u00f3n. Las Hijas de la Caridad se han dado a Dios para servirle en la persona de los po\u00adbres. No es a Dios como absoluto de su vida, an\u00adte quien todo se relativiza, sino a Dios que ha descubierto su amor a los pobres envi\u00e1ndoles a su Hijo y que acepta el servicio que le hacemos en la persona de los pobres, a quien se han con\u00adsagrado. Ellas expresan que son totalmente de Dios siendo totalmente de los pobres. Esta pe\u00adculiar consagraci\u00f3n les permitir\u00e1 vivir en un esta\u00addo de caridad, tan perfecto como el estado de perfecci\u00f3n de las religiosas, si son verdaderas Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>No piensa san Vicente que la Hija de la Cari\u00addad, por no ser religiosa no est\u00e9 llamada a la per\u00adfecci\u00f3n. S\u00f3lo que las Hijas de la Caridad no ne\u00adcesitan ser religiosas para alcanzar la perfecci\u00f3n. <em>El estado religioso es muy santo; pero de ah\u00ed no se sigue que s\u00f3lo se santifiquen los que lo abra\u00adzan <\/em>(IX, 764). Por estar su vocaci\u00f3n m\u00e1s abierta al mundo, las Hijas de la Caridad, necesitan m\u00e1s virtud que las religiosas en su convento (IX, 1178- 9). El seguimiento de Cristo exige de las Hijas de la Caridad, como por lo dem\u00e1s de todo cris\u00adtiano que se precie de serio, seguir con Cristo has\u00adta el final, en la imitaci\u00f3n de sus virtudes, en el revestimiento de sus actitudes de Siervo de los designios de amor del Padre. Los <em>Consejos evang\u00e9licos, <\/em>e incluso los <em>votos, <\/em>que se admiti\u00adr\u00e1n pronto en la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Ca\u00adridad, est\u00e1n en esta l\u00ednea de mayor cercan\u00eda o fidelidad en el seguimiento de Cristo, a fin de ca\u00adpacitarse mejor para realizar su servicio a los po\u00adbres. San Vicente se preocup\u00f3 mucho de instruir a sus hijas para que supieran presentarse en con\u00adformidad con el esp\u00edritu de su vocaci\u00f3n, sin que dejasen que el hecho de hacer unos votos, llevara a los dem\u00e1s a confundirlas con las religiosas.<\/p>\n<p>Pese a la novedad de vida que San Vicente re\u00adconoce en las Hijas de la Caridad, todav\u00eda su cla\u00adrividencia le permiti\u00f3 encontrar un modelo para sus hijas. Es un modelo no estructurado, ni re\u00adconocido como tal en la Iglesia: las j\u00f3venes cam\u00adpesinas. Las Hijas de la Caridad han de ser como esas mujeres que san Vicente recuerda de sus pri\u00admeros a\u00f1os y que ha vuelto a encontrar en el contacto con los pobres del campo. Se trata de mujeres que viven su cristianismo en medio del mundo, fieles a lo que Dios pide de ellas. Las Hi\u00adjas de la Caridad han de aprender en ese espejo, la sencillez, la humildad, la sobriedad en las co\u00admidas, la pureza, la modestia, la pobreza, la con\u00adfianza en la Divina Providencia, la obediencia (IX, 91-103). Es el bagaje espiritual que les permitir\u00e1 responder a su vocaci\u00f3n con la perfecci\u00f3n que requiere. Otros modelos hechos no puede en\u00adcontrar la Hija de la Caridad como no sean el ejemplo de Mar\u00eda, (IX, 97) la primera en escuchar y cumplir la Palabra de su Hijo y las piadosas mu\u00adjeres (IX, 34, 38-39) que acompa\u00f1aban al Se\u00f1or en sus correr\u00edas apost\u00f3licas y le asist\u00edan con sus bie\u00adnes (Lc. 8, 2s).<\/p>\n<p>La Hija de la Caridad no es m\u00e1s que una bue\u00adna cristiana, (1X, 749) que se ha tomado en serio el seguimiento de Cristo y la continuaci\u00f3n de su obra de salvaci\u00f3n de los pobres. Desde este ide\u00adal de buena cristiana, san Vicente se atrever\u00e1 a perfilar su esp\u00edritu como una apertura a Dios, a los pobres y a las hermanas que el Se\u00f1or ha lla\u00admado y reunido para su servicio en los pobres. Re\u00adpito una vez m\u00e1s que el esp\u00edritu de vuestra com\u00adpa\u00f1\u00eda, consiste en el amor de nuestro Se\u00f1or, el amor a los pobres, vuestro amor mutuo, la humildad y la sencillez (IX, 537). La apertura a Dios se vive en la sencillez que les hace buscarle en todo, con rectitud, sin doblez ni artificio. La aper\u00adtura al pobre se vive en la humildad, por la que conscientes de su peque\u00f1ez, pero gozosas con la mirada de amor que Dios ha puesto en ellas, se mantienen cercanas al pobre, en actitud de ser\u00advicio. La apertura a las hermanas se vive desde la caridad, que no es m\u00e1s que el amor que, reci\u00adbido corno don del Padre, fructifica en su propio coraz\u00f3n como amor a Dios, amor a los pobres y amor fraterno. Es un estilo de vida que desarro\u00adlla el camino por el que el cristiano se dirige al Padre, por el Hijo, en el Esp\u00edritu y que realiza tam\u00adbi\u00e9n en su plenitud las exigencias de los conse\u00adjos evang\u00e9licos de obediencia, pobreza y amor en castidad perfecta.<\/p>\n<p>San Vicente no dispon\u00eda de un instrumento jur\u00eddico que le permitiera presentar con precisi\u00f3n el rostro externo de la nueva vocaci\u00f3n naciente al servicio de los pobres, en la Iglesia. Pero su idea era clara y su tes\u00f3n inquebrantable a la hora de librar a sus hijas de compromisos que pudieran hacerles perder agilidad para un servicio adecua\u00addo al pobre. Su vocaci\u00f3n exige presencia en el mundo. Por eso mismo necesitan m\u00e1s perfec\u00adci\u00f3n que las religiosas. Pero ellas no son religio\u00adsas y las ayudas que los conventos, las rejas y los velos proporcionan a las religiosas, tienen que buscarlas en el dinamismo de ese otro convento que \u00e9l, como osado arquitecto de la espiritualidad, se atreve a dise\u00f1ar, en el que las estructuras ma\u00adteriales son sustituidas por exigencias del propio esp\u00edritu: los claustros por las calles de la ciudad y las salas de los hospitales, las rejas por el te\u00admor de Dios, la clausura por la obediencia, el ve\u00adlo por la santa modestia (IX, 1178-9). Un estilo de vida ciertamente original.<\/p>\n<div>\n<h2>III. EN COMUNI\u00d3N DE VIDA FRATERNA<\/h2>\n<\/div>\n<p>Todo grupo humano puede describirse como un sistema de relaciones condicionado por una ta\u00adrea com\u00fan, por la coordinaci\u00f3n de funciones que han de desarrollar los distintos miembros y por el disfrute de unos bienes econ\u00f3micos que sa\u00adtisfagan la necesidad de los mismos en el de\u00adsempe\u00f1o de la tarea que se les ha asignado. La eficacia de un grupo no se mide por la suma de realizaciones individuales, sino que la coordinaci\u00f3n de esfuerzos produce un resultado mayor, de di\u00adf\u00edcil precisi\u00f3n y evaluaci\u00f3n, pero que en \u00faltimo t\u00e9r\u00admino redunda en una mayor satisfacci\u00f3n de cada uno. Esta eficacia depende fundamentalmente de la cohesi\u00f3n interna del grupo, entendiendo por tal, un apoyarse y ayudarse mutuos en la consecu\u00adci\u00f3n de la meta que como tal grupo se han fija\u00addo. La Psicolog\u00eda Social se\u00f1ala como factores de cohesi\u00f3n, el sentido de pertenencia al grupo, el grado de informaci\u00f3n, horizontal y vertical, exis\u00adtente en \u00e9l y la corriente afectiva con que inte\u00adract\u00faan los individuos. Favorecen el sentido de pertenencia, la discusi\u00f3n y aceptaci\u00f3n com\u00fan de los objetivos, una direcci\u00f3n participativa y nue\u00advamente, la corriente afectiva vigente entre los miembros.<\/p>\n<p>Una comunidad de fe, como lo es la comu\u00adnidad vicenciana, no se reduce sin m\u00e1s, ya lo he\u00admos dicho, a un grupo humano. Pero la comuni\u00f3n de vida, que es don del Esp\u00edritu, se expresa en una integraci\u00f3n tal de la persona en la comunidad que cada uno acepta como propios los objetivos comunes y ponga a disposici\u00f3n de los dem\u00e1s sus haberes personales para el discernimiento, pla\u00adnificaci\u00f3n, realizaci\u00f3n, y revisi\u00f3n de lo que se ha de hacer.<\/p>\n<h3><em>1. El discernimiento comunitario<\/em><\/h3>\n<p>La Comunidad vicenciana tiene bien claro cu\u00e1l es el fin para el que la ha reunido el Se\u00f1or: ser\u00advirle en la persona de los pobres. Pero \u00bfqu\u00e9 exi\u00adge de nosotros en cada momento hist\u00f3rico y en cada circunstancia este designio de Dios? La Con\u00adgregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n hab\u00eda nacido para instruir a los pobres del campo, pero luego vino el aten\u00adder a los eclesi\u00e1sticos, los seminarios, las Hijas de la Caridad, los pobres del Nombre de Jes\u00fas, los dementes de San L\u00e1zaro, los ni\u00f1os exp\u00f3\u00adsitos, las misiones extranjeras. Y todo ello lo va justificando el Fundador como <em>realizaci\u00f3n efec\u00adtiva y pr\u00e1ctica del evangelio, <\/em>en la conferencia del 6 de diciembre de 1658, sobre la finalidad de la Congregaci\u00f3n (XI, 381-98). La actitud fundamen\u00adtal del misionero es la disponibilidad para lo que Dios quiera. <em>Entregu\u00e9monos a Dios, padres, pa\u00adra ir por toda la tierra a llevar su santo evangelio; y en cualquier sitio donde \u00e9l nos coloque, sepa\u00admos mantener nuestro puesto y nuestras pr\u00e1cti\u00adcas hasta que quiera su divina voluntad sacarnos de ah\u00ed <\/em>(XI, 290).<\/p>\n<p>a) El Servicio de la autoridad<\/p>\n<p>San Vicente se\u00f1ala como primer criterio para discernir la voluntad de Dios, hacer lo mandado y evitar lo prohibido (X, 467). El criterio tiene sus limitaciones, porque el mismo texto sugiere que lo mandado se cumpla debidamente y siempre que se vea que viene de Dios, de la Iglesia, de los superiores o de las Reglas o Constituciones de la Congregaci\u00f3n. Parece que se impone una reflexi\u00f3n l\u00facida y cr\u00edtica. Con todo, en las mis\u00admas Reglas Comunes de los misioneros, San Vi\u00adcente describe una figura de superior que hoy se nos antoja bastante desp\u00f3tica, ante la que al s\u00fab\u00addito no le queda otra alternativa que el sometimiento de una especie de obediencia ciega y la sumisi\u00f3n respetuosa de su juicio, voluntad y ac\u00adtitudes, en una dependencia total (X, 486-490). Y es que san Vicente necesita asegurar la comuni\u00addad sobre la obediencia. Sin ella el panorama de una comunidad ser\u00eda monstruoso. Para com\u00adprenderlo, imaginaos lo que ser\u00eda un cuerpo, si los brazos y los pies, que son los principales miem\u00adbros para la acci\u00f3n, no quisiesen estar unidos a \u00e9l. No habr\u00eda nada tan rid\u00edculo, dejar\u00edan el cuerpo mutilado y ellos mismos empezar\u00edan a podrirse; porque separados del cuerpo, s\u00f3lo valdr\u00edan para ser enterrados. Lo mismo pasar\u00eda con una co\u00admunidad en donde no se observase la obedien\u00adcia. La superiora que no tuviese la virtud de la obe\u00addiencia de la forma y manera debida, y las her\u00admanas que no la practicasen, se desmembrar\u00edan unas de otras (IX, 484). Es importante notar que para Vicente de Pa\u00fal la obediencia es una relaci\u00f3n de comuni\u00f3n, de interrelaci\u00f3n al servicio de la mi\u00adsi\u00f3n, de la tarea com\u00fan de todo el cuerpo de la comunidad.<\/p>\n<p>Se enga\u00f1ar\u00eda quien desde la lectura de las Reglas Comunes, dedujera que \u00e9se era el con\u00adcepto de superior y sobre todo la pr\u00e1ctica de ese oficio que \u00e9l segu\u00eda o aconsejaba seguir. En la abundante correspondencia con los misioneros a los que \u00e9l hab\u00eda confiado el oficio de superior en las casas de la Congregaci\u00f3n, as\u00ed corno en las conferencias, a los misioneros o a las Hijas de la Caridad, san Vicente perfila otra figura de supe\u00adrior m\u00e1s en consonancia con nuestra sensibilidad y que completa su visi\u00f3n evang\u00e9lica de la autori\u00addad como medio e instrumento para el discer\u00adnimiento de lo que Dios quiere de nosotros.<\/p>\n<p>El superior tiene una funci\u00f3n de servicio, ejem\u00adplaridad y animaci\u00f3n en la comunidad. Los textos son sumamente l\u00facidos. Como la superiora es la cabeza o el alma que anima a los miembros de toda la Compa\u00f1\u00eda, tiene que ser una regla viva que debe constituir el ejemplo de lo que las dem\u00e1s tienen que hacer, instruy\u00e9ndolas m\u00e1s bien con su buen ejemplo que con sus palabras. (X, 817). Y todav\u00eda con m\u00e1s precisi\u00f3n y urgencia: Si es ne\u00adcesario que haya una Superiora, una Sirviente, es para dar ejemplo de virtud y de humildad a las de\u00adm\u00e1s, para que sea la primera en hacer las cosas, la primera en echarse a los pies de la otra her\u00admana, la primera en pedir perd\u00f3n, la primera en dejar su opini\u00f3n para seguir la de las otras (X, 767). Es un servicio que se vive por un tiempo y que no nace de la propia categor\u00eda personal, sino del encargo que se le ha hecho (X1, 238). Como su mi\u00adsi\u00f3n es ayudar a discernir lo que Dios quiere de nosotros, ha de ejercerse no desde el autorita\u00adrismo, por la pasi\u00f3n de parecer el superior ni el due\u00f1o (XI, 238), sino desde la voluntad de en\u00adcuentro e intercambio con los s\u00fabditos, no consider\u00e1ndolos como a inferiores sino como a hermanos (V, 53) oy\u00e9ndolos con gusto (VII, 405) y soportando sus limitaciones y negligencias. Si los de su comunidad se cansan de trabajar o son reacios a obedecer, tiene usted que aguantarles. Consiga de ellos lo que pueda. En verdad es bue\u00adna cosa mantenerse firme para llegar al fin; pero s\u00edrvase de medios convenientes, atrayentes y suaves (IV, 75). Habr\u00e1 pues de llenarse de Dios y armarse de paciencia y tolerancia, como reflejo de la mansedumbre con que obr\u00f3 nuestro Se\u00f1or (IV, 75. 541; XI, 236).<\/p>\n<p>Desde esta funci\u00f3n animadora, ha de verse tambi\u00e9n la correcci\u00f3n de los s\u00fabditos. El s\u00fabdito ha de llevar a bien que el superior venga a co\u00adnocer sus defectos (X, 478). Nada puede temer\u00adse de este conocimiento que no sea una ayuda para el progreso del individuo y de su buena in\u00adserci\u00f3n en la comunidad.<\/p>\n<p>Correlativamente a esta apertura y cercan\u00eda del superior, el s\u00fabdito ha de cultivar una actitud res\u00adpetuosa y dialogante (IX, 707-8), mir\u00e1ndolos en Dios (X, 486) y reconoci\u00e9ndoles la buena inten\u00adci\u00f3n (IV, 373) y el derecho de una visi\u00f3n diferen\u00adte (II, 342-3). As\u00ed pues, Hijas m\u00edas, cuando haya entre vosotras estos sentimientos contrarios, to\u00adca a la hermana particular ceder ante la hermana sirviente, a no ser que avise a la se\u00f1orita o al su\u00adperior. En las comunidades bien ordenadas se practica de esta forma (IX, 283). Y ello porque sin la ayuda de la obediencia, apenas podr\u00edamos li\u00adbrarnos de las trampas de la propia subjetividad. De ordinario nos enga\u00f1amos a nosotros mismos y nos dejamos llevar de nuestras pasiones, de for\u00adma que tenemos necesidad de alguien que nos gu\u00ede para hacer el bien. Creedme, mis queridas hermanas, la obediencia tiene que ser vuestra principal virtud (IX, 82).<\/p>\n<p>b) El di\u00e1logo comunitario<\/p>\n<p>De los doce cap\u00edtulos de las Reglas Comu\u00adnes de los misioneros, dos est\u00e1n dedicados al trato, bien de los miembros de la comunidad entre s\u00ed, bien con los externos. Y aun cuando el trato sea m\u00e1s extenso que la mera comunicaci\u00f3n verbal, lo cierto es que gran parte de estos cap\u00ed\u00adtulos se refieren a las materias, modos y tiempos de las conversaciones. Sabemos tambi\u00e9n que san Vicente aludi\u00f3 con frecuencia en sus confe\u00adrencias y escritos al tema de la comunicaci\u00f3n tan\u00adto de los s\u00fabditos con los superiores como de los miembros de la comunidad entre s\u00ed.<\/p>\n<p>Hay una preocupaci\u00f3n en san Vicente por aceptar a un Dios encarnado, que se nos hace pre\u00adsente en el hombre. Si \u00e9l ha colocado a ciertas personas junto a nosotros, es menester saber escuchar a Dios a trav\u00e9s de lo que ellas dicen. <em>Es Dios quien os habla y os instruye por vosotras mis\u00admas sobre lo que \u00e9l quiere que hag\u00e1is <\/em>(IX, 357). Porque piensa que una conversaci\u00f3n distendida ata los corazones y Dios bendice los consejos que as\u00ed se reciben, de forma que los asuntos van entonces mejor, prescribe unos ratos de recrea\u00adci\u00f3n a las Hermanas para contarse lo que han he\u00adcho, las dificultades que han encontrado y planear juntas las cosas que tienen que hacer (X, 773) o para expansionar el esp\u00edritu, como dice a los mi\u00adsioneros y estudiantes (XI, 257), encarg\u00e1ndoles mezclar lo \u00fatil con lo agradable (X, 498). Pero en\u00adtiende que la conversaci\u00f3n tiene que llevar a la comuni\u00f3n de las personas m\u00e1s all\u00e1 de un mero intercambio ordenado de conceptos. Y as\u00ed re\u00adchaza como elemento pernicioso en la comuni\u00addad, un esp\u00edritu cerrado, aun cuando se d\u00e9 en personas, por otra parte, amenas y divertidas. Hay otro esp\u00edritu cerrado y las personas que lo tie\u00adnen dicen f\u00e1cilmente todas las cosas, excepto lo que deben\u2026 En la conversaci\u00f3n tendr\u00e1n gran fa\u00adcilidad para hablar de cosas indiferentes y tem\u00adporales, pero en lo espiritual no se les podr\u00e1 sa\u00adcar ni una palabra (IX, 701).<\/p>\n<p>El di\u00e1logo sirve adem\u00e1s para encontrar entre todos no s\u00f3lo las grandes l\u00edneas de actuaci\u00f3n en fidelidad para la Comunidad, sino tambi\u00e9n la de\u00adterminaci\u00f3n de los medios concretos de acci\u00f3n. Nadie tiene derecho a determinar en comunidad por su cuenta lo que ha de hacer ni menos im\u00adponer su parecer personal a los dem\u00e1s. Vivir en comunidad significa aceptar para uno las deci\u00adsiones de la Comunidad. Resulta aleccionador el estudio de las Asambleas Generales de la Con\u00adgregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, tenidas en vida del Fun\u00addador. Son la institucionalizaci\u00f3n del di\u00e1logo en la Compa\u00f1\u00eda, que por otra parte estaba siendo pr\u00e1c\u00adtica habitual en la conducta del Superior General, respecto a los asuntos m\u00e1s importantes. En la res\u00adpuesta al Sr. Obispo de Lescar, neg\u00e1ndole la con\u00adcesi\u00f3n de cuatro sacerdotes para Betharram, in\u00adcluye san Vicente esta raz\u00f3n: Tampoco podr\u00eda\u00admos hacerlo sin el consentimiento de las casas que componen nuestra compa\u00f1\u00eda, e incluso de sus personas (VIII, 368). En la Asamblea de 1642, el primer Superior General confiesa haber hecho su primer acto de obediencia a la Compa\u00f1\u00eda, al acep\u00adtar la continuaci\u00f3n en su cargo. (X, 361). Pero no s\u00f3lo se establece el di\u00e1logo a nivel de asamble\u00adas. Para la predicaci\u00f3n, al comienzo de la Com\u00adpa\u00f1\u00eda, nos junt\u00e1bamos y asist\u00edan tambi\u00e9n los se\u00ad\u00f1ores obispos de Boulogne y Alet y el Abate Olier, se propon\u00eda alg\u00fan tema sobre una virtud o un vi\u00adcio; cada uno tomaba papel y pluma y escrib\u00eda el motivo y la raz\u00f3n que ten\u00eda para huir de ese vicio o abrazar esa virtud, y luego se buscaba su defi\u00adnici\u00f3n y los medios para ella; al final se reun\u00eda to\u00addo lo que se habla escrito y se compon\u00eda un dis\u00adcurso. Lo hac\u00edamos sin ning\u00fan libro, cada uno de su cosecha (XI, 578).<\/p>\n<p>Se va creando as\u00ed un modo de actuar comu\u00adnitario en el que una direcci\u00f3n participativa va ha\u00adciendo que todos los miembros de la comunidad se sientan corresponsables de la misi\u00f3n y de que se tomen las decisiones convenientes por quien corresponda. Una comunidad que no dialoga s\u00f3\u00adlo con las palabras, sino tambi\u00e9n con la vida, en un intercambio de acci\u00f3n. <em>No debemos estar uni\u00addos s\u00f3lo en cuanto a los sentimientos interiores, sino adem\u00e1s en las obras exteriores, ocup\u00e1ndo\u00adnos todos en ellas seg\u00fan nuestras obligaciones; y como todos los cristianos tienen que concurrir en todo lo referente al cristianismo, tambi\u00e9n no\u00adsotros hemos de cooperar en todos los trabajos de la Misi\u00f3n, conform\u00e1ndonos en el orden y en la manera <\/em>(XI, 542).<\/p>\n<p>c) Otras pr\u00e1cticas de discernimiento<\/p>\n<p>Los misioneros y las Hermanas fueron alen\u00adtados a encontrar la voluntad de Dios en la ora\u00adci\u00f3n, en la meditaci\u00f3n de la Palabra de Dios. El hombre de acci\u00f3n que es Vicente de Pa\u00fal, trata\u00adr\u00e1 de afianzar a sus comunidades en la pr\u00e1ctica de la meditaci\u00f3n diaria. Y quien urge a sus hijos a ir a socorrer a los pobres con la rapidez con que se corre a apagar un fuego (XI, 724), no duda en aconsejar a las Hermanas tranquilidad, sin prisas, para acoger la Palabra de Dios como tierra bue\u00adna, bien labrada y cultivada, que recibe la semilla y le da el jugo necesario y la hace madurar a su debido tiempo (IX, 366).<\/p>\n<p>Interesa subrayar c\u00f3mo la luz recibida en la ora\u00adci\u00f3n ha de ser compartida con los hermanos en la comunidad. La oraci\u00f3n personal se convierte as\u00ed tambi\u00e9n en elemento al servicio del discerni\u00admiento comunitario. En este motivo se apoya la insistencia para que se comunique a los dem\u00e1s los pensamientos tenidos en la oraci\u00f3n. Es pre\u00adciso que lo diga con sencillez y humildad, con el convencimiento y el sentimiento de que no pro\u00adcede de ella, sino de Dios que se la ha dado y que quiere que haga part\u00edcipes a las dem\u00e1s, lo mis\u00admo que las dem\u00e1s comunican lo que tambi\u00e9n ellas han tenido (IX, 358).<\/p>\n<p>Otras pr\u00e1cticas de la comunidad tambi\u00e9n tie\u00adnen un marcado car\u00e1cter de revisi\u00f3n y discerni\u00admiento para adecuar la respuesta a las llamadas que el Se\u00f1or hace en cada momento a sus ele\u00adgidos. As\u00ed los Ejercicios Espirituales, que se han de hacer anualmente en sus comunidades, son tiempo para el discernimiento en decisiones im\u00adportantes (III, 440). En la nota que, sacada de un escrito aut\u00f3grafo, nos ha transmitido Abelly, san Vicente subraya esta finalidad de los Ejercicios: conocer la voluntad de Dios y una vez conocida, someterse a ella, conformarse a ella, unirse a ella y tender de este modo, avanzar y llegar final\u00admente a la propia perfecci\u00f3n (X, 183). El que hab\u00eda instruido a sus misioneros sobre c\u00f3mo ayu\u00addar a los ejercitantes a llegar a ser un perfecto cris\u00adtiano y perfecto en la vocaci\u00f3n en que uno est\u00e1 (XI, 80), no pod\u00eda dejar de aconsejarlos a los su\u2011<br \/>\nyos como un medio excelente para volver a pa\u2011<br \/>\nneros a seguir lo que hab\u00edas comenzado (X, 330).<\/p>\n<h3><em>2) La cordialidad respetuosa<\/em><\/h3>\n<p>La comunidad vicenciana, como toda comu\u00adnidad cristiana, es un encuentro de hermanos en Cristo, en quien permanecen por la fidelidad a su Palabra y a su mandamiento de amor. Se trata de un amor aprendido en aqu\u00e9l que dio su vida por nosotros y se\u00f1al\u00f3 la autenticidad y altura del ver\u00addadero amor en la entrega generosa de la propia vida por los hermanos.<\/p>\n<p>En este aspecto el afianzamiento y crecimiento de la comunidad no puede venir m\u00e1s que por la indisoluble uni\u00f3n de todos y cada uno de los miembros de la comunidad con Cristo. Hay en efecto un texto construido con ideas del Kempis que Abelly ha puesto en boca de San Vicente. <em>El que quiera vivir en comunidad tiene que decidir\u00adse a vivir como un peregrino en la tierra, a hacerse un loco por Jesucristo, a cambiar de costumbres, a mortificar todas las pasiones, a buscar pura\u00admente a Dios, a servir a todos los dem\u00e1s, como el m\u00e1s peque\u00f1o de todos; debe estar convenci\u00addo de que ha venido a servir y no a gobernar, a sufrir y trabajar y no a vivir entre placeres y en la ociosidad. Tiene que saber que all\u00ed se le prueba a uno como al oro en el crisol, que es imposible perseverar si uno no quiere humillarse por Dios; y tiene que estar muy seguro de que si obra de este modo, sentir\u00e1 una verdadera alegr\u00eda en es\u00adte mundo y tendr\u00e1 vida eterna en el otro <\/em>(X, 184).<\/p>\n<p>Esta voluntad de entrega y servicio se vive en el juego diario de la convivencia entre los her\u00admanos, que se ha de construir con un entrama\u00addo de virtudes que designar\u00edamos como cordiali\u00addad respetuosa.<\/p>\n<p>a) Como amigos que se quieren bien<\/p>\n<p>Los misioneros han de convivir entre s\u00ed <em>como amigos que se quieren bien <\/em>(X, 496). Este querer\u00adse bien tiene todas las connotaciones del aut\u00e9nti\u00adco amor cristiano vivido desde la realidad de la con\u00addici\u00f3n humana. Hay que superar ciertamente la mera espontaneidad natural. <em>El amor cristiano que se ha formado en los corazones por la caridad no s\u00f3lo est\u00e1 por encima del amor de inclinaci\u00f3n y del que es producido por el apetito sensitivo, que or\u00addinariamente trae m\u00e1s da\u00f1os que beneficios, sino incluso por encima del amor razonable <\/em>(XI, 769). Pero tampoco es v\u00e1lido un espiritualismo descar\u00adnado y sin rostro humano. Hemos de demostrar\u00adnos mutuamente que nos queremos de coraz\u00f3n. <em>Hemos de adelantarnos a los dem\u00e1s para ofre\u00adcerles cordialmente nuestros servicios y nuestras ganas de complacerles\u2026. Y despu\u00e9s de dec\u00edrse\u00adlo con los labios, confirm\u00e1rselo con las obras, sirviendo efectivamente a cada uno y haci\u00e9ndo\u00adse todo para todos <\/em>(XI, 563). Esta es la conclusi\u00f3n de la larga lista de actos de caridad que el Fun\u00addador quiere que est\u00e9n en vigencia entre sus hijos (X, 474; XI, 556-64).<\/p>\n<p>Distingue san Vicente un respeto <em>grave y se\u00adrio <\/em>y un <em>respeto cordial <\/em>(IX, 145). El primero nace del miedo m\u00e1s que de la buena voluntad hacia la persona respetada. Es propio de inferiores hacia superiores y no sirve para construir la comuni\u00addad. El segundo nace del amor y es como su ca\u00adra externa. La cordialidad es al amor como el co\u00adlor a la manzana (IX, 1037-8). Pero naciendo de la misma fuente, cordialidad y respeto han de ir uni\u00addos. Una cordialidad sin respeto, estar\u00eda expues\u00adta <em>a familiaridades poco convenientes <\/em>(IX, 145).<\/p>\n<p>Una amistad respetuosa y cordial constituye la trama de las relaciones comunitarias que dis\u00adpone a la comunidad para la misi\u00f3n y hace cre\u00adcer a las personas en la alegr\u00eda de una vida pa\u00adra Dios y con Dios, de suerte que la comunidad se mantiene <em>en una gran uni\u00f3n hasta el punto que se podr\u00e1 decir de las Hijas de la Caridad que est\u00e1n en un peque\u00f1o para\u00edso en la tierra <\/em>(IX, 151). Es un respeto que no obsta a la amistad sincera (X, 496) ni a la alegr\u00eda espont\u00e1nea de nuestro tra\u00adto (X1, 28).<\/p>\n<p>b) Estima, Tolerancia, Condescendencia<\/p>\n<p>Tres puntales ha se\u00f1alado san Vicente para la construcci\u00f3n de este entramado de amistad cor\u00addial y respetuosa: la estima, la tolerancia y la con\u00addescendencia.<\/p>\n<p>La <em>estima <\/em>es la alta consideraci\u00f3n que nos merecen los dem\u00e1s. Resulta de una visi\u00f3n de fe con la que, considerando a los dem\u00e1s como a los propios \u00e1ngeles y templos de Dios (IX, 152), va\u00adloramos a los dem\u00e1s, no desde la cortedad de nuestra visi\u00f3n humana, sino desde la perspecti\u00adva de Dios que los ha elegido, como a los m\u00e1rti\u00adres de Jesucristo, para instrumentos de su amor salvador (IX, 256). As\u00ed se comprende que san Vi\u00adcente diga que nunca hay raz\u00f3n para perder la es\u00adtima que nos merecen los hermanos. Las cosas y tambi\u00e9n las personas ofrecen perspectivas di\u00adferentes y, si un <em>asunto tiene cien caras, siem\u00adpre es posible mirarlo por la m\u00e1s hermosa <\/em>(IX, 257). Y esta estima nos impone el deber de aceptar su colaboraci\u00f3n y ofrecerles nuestros servicios en una aut\u00e9ntica comuni\u00f3n de vida y de misi\u00f3n (XI, 563). No se trata de una mera valoraci\u00f3n te\u00f3\u00adrica, sino de una aceptaci\u00f3n sincera que genera una opini\u00f3n positiva de los otros, sin fijarse en sus peque\u00f1os defectos (IX, 153) y que nos lleva a ade\u00adlantarnos en gestos de simpat\u00eda, afecto y buen tra\u00adto, sin afectaci\u00f3n alguna, (IX, 158), nacidos del amor que les profesamos. La fuente del respeto es la estima y la estima se forma en el coraz\u00f3n, y del respeto nace la mansedumbre (XI, 255).<\/p>\n<p>La tolerancia no es sin\u00f3nimo de indiferencia. No aguantamos a [os dem\u00e1s porque no nos que\u00adde otro remedio al no estar en nuestras manos prescindir de ellos. Es cierto que la tolerancia se nos impone desde la constataci\u00f3n de las fre\u00adcuentes alteraciones del propio humor, que po\u00addr\u00e1n facilitarnos la comprensi\u00f3n de los humores cambiables de los dem\u00e1s (IX, 1031). Pero tam\u00adbi\u00e9n cabe una valoraci\u00f3n positiva de la diferen\u00adcia. La diversidad del otro es don de Dios que hemos de agradecer y cultivar, tratando de inte\u00adgrarla en la unidad de la comunidad. Esta acep\u00adtaci\u00f3n positiva ayudar\u00e1 a soportar las deficien\u00adcias de los dem\u00e1s, sin echarles en cara sus faltas, antes bien tratando de ocultarlas y disi\u00admularlas, ofreci\u00e9ndoles como contrarr\u00e9plica el ejemplo de nuestra propia fidelidad (IX, 264-281). Nada de lo que podamos decir para exhortar a nuestro pr\u00f3jimo a que cumpla con su deber, es tan poderoso como el ejemplo (IX, 277). Y as\u00ed co\u00admo esta tolerancia es aceptaci\u00f3n pac\u00edfica de las limitaciones del otro, es tambi\u00e9n ayuda para la aceptaci\u00f3n agradecida de sus pareceres y juicios, aun de los opuestos a los nuestros, porque na\u00addie se molesta por lo que le dice una persona a quien ama (IX, 154). La tolerancia es en efecto la ley que ensambla todos los elementos de la comunidad. \u00bfNo veis c\u00f3mo es menester tener pa\u00adciencia en todas las cosas para que puedan se\u00adguir adelante? Un edificio necesita algo que lo sos\u00adtenga; si no, no podr\u00eda construirse. Veis c\u00f3mo las piedras m\u00e1s gruesas sostienen a las m\u00e1s pe\u00adque\u00f1as; lo mismo la madera: las vigas sostienen a los listones; veis entonces c\u00f3mo en la tierra todo se hace por medio de sostenerse mutua\u00admente. El cuerpo humano no podr\u00eda hacer sus fun\u00adciones si los miembros no se sostuvieran entre s\u00ed (X1, 1032). Bien sab\u00eda san Vicente que no ped\u00eda cosas f\u00e1ciles. La convivencia lleva irremediable\u00admente roces y encuentros hirientes y sangrantes. A esto hab\u00eda que a\u00f1adir la rudeza de los or\u00edgenes de casi todos los miembros de sus nacientes co\u00admunidades. El \u00fanico camino inequ\u00edvoco est\u00e1 en la reconciliaci\u00f3n. Las personas vulgares se mo\u00adlestan mucho m\u00e1s f\u00e1cilmente que los esp\u00edritus se\u00adlectos y las personas civilizadas. El medio m\u00e1s f\u00e1\u00adcil para mantenerlas en paz es acostumbrarlas a la reconciliaci\u00f3n (IX, 116).<\/p>\n<p>La <em>condescendencia <\/em>es consecuencia de esa estima de los otros y de su tolerancia respetuosa y agradecida. Desde la aceptaci\u00f3n, en el Se\u00f1or, de la superioridad del otro, se prefiere su juicio, su parecer, sus gustos y sus obras, sacrificando los propios en aras del cari\u00f1o sincero que se le profesa. En palabras del mismo san Vicente con\u00addescendencia quiere decir <em>ponerse de acuerdo con el pr\u00f3jimo. <\/em>El camino no es otro que el que se se\u00f1ala en el evangelio: \u00abSi tu pr\u00f3jimo quiere que des con \u00e9l un paso, da diez\u00bb (Mt. 5, 41). San Vicente anota que los doctores aplican esto a la condescendencia (IX, 1032-3). En la comunidad vicenciana, la condescendencia es un principio universal. Ata\u00f1e a todos sus miembros, no s\u00f3lo a los superiores, y se extiende a todo lo que no sea pecado (XI, 758). Una vez m\u00e1s se hace para las comunidades vicencianas, ejemplo y regla la persona del obispo de Ginebra que dec\u00eda: <em>Pre\u00adfiero hacer mi voluntad en la de los dem\u00e1s que la suya en la m\u00eda y m\u00e1s quiero condescender con cien personas que obligar a una sola a que con\u00addescienda conmigo <\/em>(IX, 1035). No se trata sin m\u00e1s de contentar a todos, <em>porque las Hijas de la Caridad no tienen por qu\u00e9 contentarse unas a otras; lo \u00fanico que tienen que buscar es conten\u00adtar a Dios en todas las cosas <\/em>(IX, 845)\u2022 La con\u00addescendencia en las cosas malas no ser\u00eda virtud, sino un gran defecto que provendr\u00eda del libertinaje de esp\u00edritu o de nuestra cobard\u00eda y pusilanimidad (XI, 758).<\/p>\n<h3><em>3. La comunidad de bienes<\/em><\/h3>\n<p>La comunidad vicenciana quiere compartir una misma vida. Para ello no basta vivir en una misma casa o compartir un mismo trabajo. El Se\u00f1or nos ha llamado y reunido, haci\u00e9ndonos part\u00edcipes de su misma vida, alimentada por un mismo pan, al ser\u00advicio de la misma misi\u00f3n. Quien quiera compartir la vida habr\u00e1 de poner al servicio de esta misi\u00f3n, y a disposici\u00f3n de sus hermanos, sus fuerzas y sus talentos para ir haciendo realidad los ideales de la vocaci\u00f3n. La comunidad sostiene una acci\u00f3n co\u00adm\u00fan que se realiza con la participaci\u00f3n de todos, desde sus distintas posibilidades.<\/p>\n<p>Al servicio de la misi\u00f3n com\u00fan cada miembro de la comunidad pone cuanto ha recibido del Se\u00ad\u00f1or. El pensamiento paulino de que a cada uno se le ha dado la participaci\u00f3n del Esp\u00edritu para uti\u00adlidad com\u00fan (1 Cor. 12, 7), se traduce en una inter\u00adcomunicaci\u00f3n de bienes, que recurre frecuen\u00adtemente en el pensamiento vicenciano. Dios nos ha dado los pensamientos buenos en la oraci\u00f3n para nosotros y para los dem\u00e1s (IX, 358). Y si ha tocado el coraz\u00f3n de las Hijas de la Caridad para hacerlo particularmente sensible al respeto mu\u00adtuo y a la mansedumbre, es para aprovecharlo en la comunidad, <em>para que los us\u00e9is bien <\/em>(IX, 253).<\/p>\n<p>Aprobando y alentando la ayuda mutua que, en las predicaciones y catecismos que hacen cada d\u00eda, se prestan dos misioneros, san Vicente dice: La fatiga ser\u00e1 dulce y todo el trabajo resultar\u00e1 f\u00e1\u00adcil, el fuerte aliviar\u00e1 al d\u00e9bil y el d\u00e9bil amar\u00e1 al fuerte y obtendr\u00e1 de Dios mayores fuerzas; y as\u00ed, Se\u00f1or, tu obra se har\u00e1 a tu gusto y para la edifi\u00adcaci\u00f3n de la Iglesia y los obreros se multiplicar\u00e1n atra\u00eddos por el olor de tanta caridad (111, 234).<\/p>\n<p>Expresi\u00f3n externa de este intercambio de vi\u00adda es la comunicaci\u00f3n de los bienes materiales. Es un disfrute frugal al servicio de unas personas que se sienten enviadas a servir a los pobres y que no pueden serles onerosas en nada. La mi\u00adsi\u00f3n no tiene que resentirse por ello. Las bases econ\u00f3micas de la comunidad han de estar bien consolidadas, antes de proceder a su fundaci\u00f3n (VII, 183). Los bienes materiales son como el ner\u00advio que vertebra toda la acci\u00f3n y la vida de la co\u00admunidad y la expresi\u00f3n de la Providencia de Dios sobre la misma. <em>El nervio de la Compa\u00f1\u00eda es ese poco bien que ten\u00e9is, pero si eso llega a fallar; no podr\u00e9is manteneros. Por eso es menester poner mucho cuidado en ese bien y mirarlo como aquel que les da Nuestro Se\u00f1or como sost\u00e9n a sus ser\u00advidoras <\/em>(X, 818).<\/p>\n<p>Este nivel de intercambio econ\u00f3mico no s\u00f3lo se vive en las comunidades concretas, en las que todos los bienes son comunes y a cada uno se le distribuyen por el superior (X, 481), seg\u00fan sus necesidades, sino incluso entre todos los miem\u00adbros de la Compa\u00f1\u00eda. <em>Unas hermanas, trabajan\u00addo por los dem\u00e1s, estar\u00e1n en un lugar donde ser\u00advir\u00e1n a los pobres, sin que nadie contribuya a ello, y esto gracias al trabajo de las hermanas que es\u00adt\u00e9n en otros lugares, gracias tambi\u00e9n al trabajo que ellas mismas puedan hacer en sus momentos de descanso <\/em>(IX, 449).<\/p>\n<p>Este compartir comunitario no es tarea de un d\u00eda. Se prolonga con la vida misma y lo normal es que sufra sus altibajos. La comunidad vicenciana ha de mantenerse en la actitud de revisi\u00f3n con\u00adtinua puesta en vigencia desde los or\u00edgenes. Nos quedan testimonios sobrados de c\u00f3mo, desde los comienzos, fueron instruidas aquellas Her\u00admanas y aquellos sacerdotes para hacer revisio\u00adnes peri\u00f3dicas de su vivir y de su hacer comuni\u00adtario, a fin de ajustarlo a sus prop\u00f3sitos (IX, 67). Habr\u00eda que a\u00f1adir las frecuentes instrucciones sobre c\u00f3mo aprovechar bien los avisos (IX, 338\u00ad56) o sobre la necesidad de la correcci\u00f3n frater\u00adna, bien directamente, bien mediante la ayuda de los superiores (IX, 338).<\/p>\n<h2><strong>BIBLIOGRAF\u00cdA ESPEC\u00cdFICA:<\/strong><\/h2>\n<p>A. DODIN, El nacer de una familia vicenciana: Las Hijas de la Caridad, en Lecciones de Vicen\u00adcianismo. CEME, 1978, Salamanca.- A. DODIN, Evoluci\u00f3n de la Vida comunitaria y sus exi\u00adgencias, en Vicente de Paul, Inspirador de la Vida Comunitaria. 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LLORET, La Comunidad Vicenciana, Reali\u00addad vida de Fe, en Identidad Vicenciana en un mundo de increencia. CEME, 1990. Sala\u00admanca.- P. PARDI\u00d1AS, De los Reglamentos a las Constituciones de las Hijas de la Caridad, en Vicente de Pa\u00fal, la Inspiraci\u00f3n Permanente. CEME, 1982. Salamanca.- J. SUESCUN, Vida Fraterna para la Misi\u00f3n, en Don total para el Servicio, CEME, 1982. Salamanca.- J. SUESCUN, La Identidad de las Hijas de la Caridad y los dinamismos comunitarios, en Identidad de las Hijas de la Caridad en las Constituciones y Estatutos de 1983, CEME, 1984, Salamanca.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>INTRODUCCI\u00d3N En la Conferencia del 26 de abril de 1643, a requerimiento de San Vicente, o\u00edmos a una Her\u00ad mana decir: Las tres personas no son m\u00e1s que un solo y mismo Dios; est\u00e1n unidas &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-comunidad\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":388395,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[226],"tags":[218,173,172,127,143,129],"class_list":["post-34536","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-espiritualidad-vicenciana","tag-abelly","tag-chatillon-les-dombes","tag-pobreza","tag-portail","tag-san-lazaro","tag-urbano-viii"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Espiritualidad vicenciana: Comunidad - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-comunidad\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Espiritualidad vicenciana: Comunidad - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"INTRODUCCI\u00d3N En la Conferencia del 26 de abril de 1643, a requerimiento de San Vicente, o\u00edmos a una Her\u00ad mana decir: Las tres personas no son m\u00e1s que un solo y mismo Dios; est\u00e1n unidas ... 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