{"id":34136,"date":"2020-05-09T03:22:57","date_gmt":"2020-05-09T01:22:57","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/04\/susana-guillemin-circular-de-ano-nuevo-1968\/"},"modified":"2020-04-03T18:33:45","modified_gmt":"2020-04-03T16:33:45","slug":"susana-guillemin-circular-de-ano-nuevo-1968","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/susana-guillemin-circular-de-ano-nuevo-1968\/","title":{"rendered":"Susana Guillemin: Circular de A\u00f1o nuevo, 1968"},"content":{"rendered":"<p>Par\u00eds, 1.\u00b0 de enero de 1968<br \/>\nMis car\u00edsimas Hermanas:\u00a1La gracia de Nuestro Se\u00f1or sea siempre con nosotras!<\/p>\n<p>\u00a1Que el Se\u00f1or reavive en nosotras \u00abla antorcha de la fe\u00bb! Esta ma\u00f1ana no he encontrado ninguna oraci\u00f3n mejor, mis queridas Hermanas, que esta apremiante s\u00faplica, que por todas ustedes he dirigido a Dios \u00abpor Jesucristo, su Hijo y Nuestro Se\u00f1or\u00bb, durante la Santa Misa. Y me parec\u00eda que, por encima de los oc\u00e9anos y a trav\u00e9s del mundo entero, todas las oraciones de ustedes coincidan con la m\u00eda en perfecta unanimidad, como<\/p>\n<p>inspiradas y guiadas por las ardientes palabras con que el Sumo Pont\u00edfice reitera casi todas las semanas su primer llamamiento en el A\u00f1o de la Fe: \u00ab&#8230;. Hijos y hermanos car\u00edsimos, recordamos y celebramos este nacimiento de la Iglesia en la palabra y la sangre de los Ap\u00f3stoles mediante un expl\u00edcito, convencido y cordial acto de fe. Todo un a\u00f1o llenar\u00e1 nuestras almas este pensamiento y este prop\u00f3sito. Ser\u00e1 el a\u00f1o de la Fe\u00bb (Pablo VI, 29-6-67).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n yo quiero empezar esta circular con una breve exhortaci\u00f3n del Ap\u00f3stol San pablo: <em>\u00abHaced experiencia de vo<\/em><em>sotros mismos si est\u00e1is en la fe, contrastaos a vosotros mismos.\u00bb <\/em>(2 Cor. 13, 5).<\/p>\n<p>La fe constituye el fundamento mismo de toda vida espiritual y, con mayor raz\u00f3n, de toda vida religiosa; de ella nacen nuestras relaciones con Dios y ella es la fuente de la caridad a la que tendemos. De la claridad <em>y <\/em>el vigor de nuestra fe depende la autenticidad y la solidez de nuestra conversi\u00f3n personal y de la renovaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda, objetivos de la ya muy pr\u00f3xima Asamblea General. La fe debe ser nuestro gu\u00eda en el camino de la caridad, y por eso precisamente importa tanto que nos examinemos sobre punto tan esencial. Recojamos, pues, para meditarlo <em>y <\/em>aplicarlo a nuestra vida, lo que para nosotras ped\u00eda nuestro M. H. Padre el 19 de julio \u00faltimo: <em>\u00abQue nuestra fe sea <\/em><em>semejante a la de San Vicente: sencilla, ilustrada, humilde, vigorosa, serena y activa.\u00bb <\/em>(Contestaci\u00f3n de nuestro M. H. Padre a la felicitaci\u00f3n de las Hermans con motivo del vig\u00e9simo aniversario de su elecci\u00f3n.)<\/p>\n<h2><strong>Tener fe<\/strong><\/h2>\n<p><em>Una fe sencilla<\/em><\/p>\n<p>Podemos iniciar nuestra meditaci\u00f3n sobre la fe con la sencilla afirmaci\u00f3n de que hay que creer que la fe fue depositada en<\/p>\n<p>nosotras por el Bautismo. No como una riqueza ajena a nosotras, sino como elemento constitutivo de nuestro ser espiritual, don gratuito que Dios nos confiri\u00f3, juntamente con la filiaci\u00f3n divina. De igual forma que la concepci\u00f3n natural deposit\u00f3 en nosotros los g\u00e9rmenes de las cualidades y dones, caracter\u00edsticos de nuestra naturaleza, de nuestra condici\u00f3n humana, de igual modo el nacimiento espiritual, al imprimirnos el car\u00e1cter de \u00abhijos de Dios\u00bb, deposit\u00f3 en nosotros los g\u00e9rmenes de la fe, de la esperanza y de la caridad. \u00abTodos sois hijos de Dios, por la fe en Cristo Jes\u00fas\u00bb (G\u00e1l. 3, 26).<\/p>\n<p>Esto deber\u00eda bastar para llenar nuestro corazones de gozo y de gratitud, y a\u00fan m\u00e1s de seguridad en medio de los combates que hemos de librar para que nuestra fe se desarrolle. Lo mismo que al hombre bien nacido las cualidades de su raza le proporcionan un leg\u00edtimo sentimiento de seguridad, reafirmemos tambi\u00e9n nosotros nuestra confianza apoy\u00e1ndonos en este don de la fe que recibimos en el Bautismo.<\/p>\n<p>Este don inicial condiciona todos los dem\u00e1s, tanto si lo hemos recibido inconsciente y precozmente en el seno de una familia cristiana, como si se nos ha conferido tras la lucha que implica una conversi\u00f3n personal en plena edad adulta. A ejemplo de nuestra Santa Madre, que celebraba con gran devoci\u00f3n el aniversario de su Bautismo, acostumbr\u00e9monos a conmemorar ese d\u00eda con acciones de gracias, meditando sobre ese beneficio fundamental de la vida teologal y examinando seriamente c\u00f3mo lo hemos proyectado en nuestra vida. Si nuestra fe es l\u00edmpida y sin nubes, demos gracias al Se\u00f1or por ahorrarnos las luchas m\u00e1s turbadoras de la vida espiritual y sirv\u00e1monos de esta fe sencilla y clara para iluminar el camino de los que, menos privilegiados que nosotras, conocen la duda y la angustia.<\/p>\n<p><em>Una <\/em><em>fe <\/em><em>ilustrada<\/em><\/p>\n<p>En uno u otro caso, seamos plenamente conscientes de lo que de ndsotras exige ese don de la fe; no se trata de un dep\u00f3sito est\u00e1tico y definitivo que s\u00f3lo nos exige que lo conservemos<\/p>\n<p>intacto, poni\u00e9ndolo al abrigo de los peligros. Es una potencialidad sobrenatural presta a desarrollarse por medios imprevisibles; perfecta en s\u00ed misma, no imperar\u00e1 perfectamente en nosotros m\u00e1s que poco a poco, cuando, una vez que ha precisado sus objetivos, iluminado nuestra mente y conquistado nuestro coraz\u00f3n, se enserioree de todos los sectores de nuestra vida. Tal conquista ser\u00e1 el fruto conjugado de la gracia y de nuestro esfuerzo ininterrumpido. Lo mismo que el don de la m\u00fasica o de la poes\u00eda, innatos en el artista, apenas florecer\u00edan si permaneciesen incultos, an\u00e1logamente el talento precioso de la fe no alcanzar\u00e1 frutos de vida si no se le cultiva. Aqu\u00ed entra en juego nuestra responsabilidad y tambi\u00e9n nuestra libertad. La fe es un don, pero es tambi\u00e9n un deber y la fe no alcanzar\u00e1 frutos de vida si no se le cultiva. Aqu\u00ed impone obligaciones. \u00abLa voluntad concurre con la Gracia al acto de Fe\u00bb (Pablo VI, 21667).<\/p>\n<p>He de decirles en primer lugar y con toda mi alma: preocup\u00e9monos de nuestro estado en relaci\u00f3n con la fe. No permanezcamos en una inconsciente quietud a este respecto, porque cualquier progreso espiritual que pretendamos alcanzar s\u00f3lo puede ser el fruto de un avance en la fe. Deseemos sincera y fervientemente ilustrarnos y caldearnos en la llama de la fe; que este deseo se transforme en firme prop\u00f3sito, que se traduzca en una oraci\u00f3n continua y una vida sacramental asidua y ferviente; porque los sacramentos de la Penitencia y de la Eucarist\u00eda, recibidos con buenas disposiciones, aumentan en nosotros la fe, la esperanza y la caridad, como lo pedimos despu\u00e9s de cada una de nuestras comuniones. Oraci\u00f3n y sacramentos son las fuentes permanentes en las que hemos de alimentar nuestra vida teologal.<\/p>\n<p>En segundo lugar, ilustremos nuestra fe por medio de la lectura y el estudio. Cuando hablamos de una fe sencilla no queremos decir en modo alguno una fe sin cultivo. En una \u00e9poca en que las verdades de la fe cat\u00f3lica son tan poco conocidas y tan discutidas, tenemos el grave deber de profundizar en ellas, de tratar de comprenderlas en la medida de lo posible y siguiendo el magisterio oficial de la Iglesia. De esta forma podremos alimentar con ellas nuestra vida interior y seremos m\u00e1s aptas para hacerlas accesibles a los que nos rodean y que tal vez se nos han encomendado.<\/p>\n<p>Acojamos, pues, comprensivas las reiteradas invitaciones de la Iglesia a los Institutos religiosos para que intensifiquen la formaci\u00f3n doctrinal y espiritual de sus miembros y dispong\u00e1monos a ponerlas por obra, aunque sea al precio de aut\u00e9nticos sacrificios. El tiempo fundamentalmente destinado a esta formaci\u00f3n es, seg\u00fan la \u00abPerfectae caritatis\u00bb, el Juniorado, obligatorio ahora para todas las Hermanas que salen del Seminario. La organizaci\u00f3n de los Juniorados impone sacrificios muy duros a todas nuestras Provincias: prescindir en las obras de Hermanas cualificadas para dirigirlos, privar de refuerzos de personal a las Casas durante el per\u00edodo inicial. Eval\u00fao en su justo precio la magnitud del esfuerzo que se exige en unos tiempos en los que se hace sentir cruelmente, en la mayor\u00eda de nuestras Casas, la escasez de personal; pero les pido instantemente, mis queridas Hermanas, que contribuyan con todo cari\u00f1o, con sus buenas disposiciones, a esta obra, de capital importancia para la formaci\u00f3n de las Hermanas j\u00f3venes y, por consiguiente, para el porvenir de la Compa\u00f1\u00eda y para la eficacia de su labor al servicio de Dios y de la Iglesia.<\/p>\n<p>Por otra parte, he observado llena de satisfacci\u00f3n que en numerosos sitios se ponen en marcha diferentes iniciativas \u2014cursillos, conferencias, jornadas de estudio\u2014 para responder a las necesidades de las Hermanas de m\u00e1s edad, que no gozaron en su tiempo de una formaci\u00f3n doctrinal completa, as\u00ed como tambi\u00e9n para actualizar conocimientos ya adquiridos, pero insuficientemente impregnados de las ense\u00f1anzas del Concilio. Este esfuerzo debe intensificarse; ha de enfocarse de modo que \u2014ya sea por grupos de edades o por categor\u00eda profesional\u2014 alcance, poco a poco, a la totalidad de las Hermanas, teniendo cuidado tambi\u00e9n de no quedarse en un plano intelectual en exceso, sino procurando que se proyecte sobre la vida real.<\/p>\n<p>Profundizar en las verdades de fe, preparar para la lectura personal de la Sagrada Escritura, que debe ser nuestro constante alimento espiritual; impulsar a vivir de fe, tal es el fin a que debe dirigirse ese trabajo de formaci\u00f3n que hay que realizar. Los Superiores tienen la responsabilidad de organizar este trabajo, pero no es \u00fanicamente cosa suya, sino de todas las Hermanas, que tendr\u00e1n que participar en \u00e9l, organizar el oficio o la Casa para facilitarlo; reemplazar por m\u00e1s o menos tiempo a sus compa\u00f1eras, etc.<\/p>\n<h2><strong>Vivir de fe<\/strong><\/h2>\n<p><em>\u00abEs preciso que nos acostumbremos a seguir siempre y en todo <\/em><em>las indicaciones de la fe\u00bb, <\/em>dec\u00eda nuestro Santo Fundador.<\/p>\n<p>La fe no es \u00fanicamente un acto de la inteligencia; es adhesi\u00f3n del coraz\u00f3n, fuente de vida. Una fe profunda y ardiente no s\u00f3lo anima todos nuestros pensamientos, sino que arrastra, adem\u00e1s, las inclinaciones de nuestro coraz\u00f3n y determina los actos de nuestra voluntad; una fe as\u00ed nos lanza continuamente hacia Dios, nos hace vivir bajo su mirada, bajo su dependencia, con el constante deseo de servirle, de hacerle conocer <em>y <\/em>amar, de hacernos semejantes a El <em>y <\/em>aceptar plenamente sus designios sobre nosotros. Ante nuestra vida, tan mediocre aun despu\u00e9s de tantos a\u00f1os de entrega al Se\u00f1or, \u00bfno es cierto que debemos preguntarnos con sinceridad?<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo se explica que mi vida, que consagr\u00e9 por completo al Se\u00f1or a impulsos de una fe viva, sea tan poco conforme con las ense\u00f1anzas de esta fe, del Evangelio, de Cristo?<\/p>\n<p>Se trata del doloroso misterio de la debilidad humana, de nuestra inconstancia. <em>Una fe humilde, fuerte, serena, <\/em>deber\u00eda invadir progresivamente toda nuestra vida, establecer un contacto permanente entre Dios y nosotras, revelamos su Divina Providencia sobre los hombres, los acontecimientos y sobre nosotras mismas, y hacer que nos adhiri\u00e9semos firmemente a la Voluntad Divina, aun cuando nos llevase a veces por caminos desconcertantes.<\/p>\n<p>No son siempre las Hermanas m\u00e1s cultas ni m\u00e1s inteligentes las que viven m\u00e1s de la fe, sino las que, por su humildad de mente y coraz\u00f3n, se mantienen bajo el influjo del Esp\u00edritu Santo. Si queremos ver un ejemplo vivido podemos comprobarlo en las vidas de nuestras primeras Hermanas, tan humildes, tan fuertes y tan serenas en su fe, que han escrito las p\u00e1ginas m\u00e1s evang\u00e9licas de nuestra historia, suscitando la admiraci\u00f3n de San Vicente. Si la peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda ha recibido la gracia de una asombrosa prosperidad, no busquemos la raz\u00f3n en otra parte que en la extraordinaria pureza de la fe de los que presidieron sus or\u00edgenes: nuestros Fundadores y sus primeras Hijas. Notemos de paso que la vocaci\u00f3n caritativa de San Vicente, lo mismo que la de Santa Luisa, fueron se\u00f1aladas en sus comienzos por una violenta tentaci\u00f3n contra la fe, que superaron: San Vicente haciendo voto de consagrarse a los pobres, y Santa Luisa con la seguridad que recibi\u00f3 de lo Alto de que \u00abllegar\u00eda un d\u00eda en que se encontrar\u00eda&#8230; en un determinado lugar para socorrer al pr\u00f3jimo\u00bb.<\/p>\n<p>Fe y Caridad est\u00e1n \u00edntimamente vinculadas, y cada una de ellas s\u00f3lo puede crecer paralelamente y a impulsos de la otra. Hasta tal punto, que vivir en caridad aviva nuestra mirada de fe, y reanimar nuestra fe hace m\u00e1s ardiente nuestra caridad. Esto hay que vivirlo a lo largo de nuestras jornadas en busca incesante del Dios de Amor, que nos prueba y nos gu\u00eda hacia El. Nuestra vocaci\u00f3n ha constituido una victoria de la fe en nosotras; a la luz de la fe hemos \u00abvisto\u00bb a Dios, hemos \u00abvisto\u00bb a Cristo y, habi\u00e9ndolo visto, lo hemos amado hasta tal punto, que lo hemos preferido a todo. Este ha sido el punto de partida de nuestro encuentro personal con Cristo, de nuestra vida a El consagrada.<\/p>\n<p>Y as\u00ed hemos emprendido nuestro caminar en la vida con Cristo, apoyadas en Cristo. Palabra de Dios, con el don de nosotras mismas, aut\u00e9ntico y profundamente sincero, y que de buena fe cre\u00edamos total. Pero muy pronto, al correr de los a\u00f1os y de las circunstancias, hemos descubierto qu\u00e9 imperfecto y fr\u00e1gil era ese don, incesantemente combatido por nuestro ego\u00edsmo esencial, por nuestro orgullo inconsciente, por una ingenua sobrevaloraci\u00f3n de nosotras mismas, por el atractivo de las criaturas y por tantas otras inclinaciones naturales. La inmersi\u00f3n en un mundo materializado por preocupaciones profesionales, las responsabilidades del oficio y aun apost\u00f3licas, tras los a\u00f1os de Seminario y de preparaci\u00f3n a los Santos Votos, nos expone al riesgo de estancarnos y aun retroceder en nuestra vida de uni\u00f3n a Cristo por la fe y la caridad. Entonces es, casi s\u00edempre, cuando sobreviene el momento cr\u00edtico en que la vida religiosa se orienta hacia la santidad o recae en la mediocridad y la tibieza. De todas formas, toda vida consagrada conoce la hora de esa segunda conversi\u00f3n definitiva a la fe, en la que, libre de las ilusiones inherentes a todo comienzo y en plena posesi\u00f3n de su madurez humana y religiosa, le invita Dios a elegir con plena lucidez, a optar por la fe con miras a la caridad. \u00a1Dichosas las que responden a este llamamiento! \u00a1Ojal\u00e1 que todas las Hijas de la Caridad se encuentren entre ellas!<\/p>\n<p><em>Una fe humilde<\/em><\/p>\n<p>La gracia de la fe s\u00f3lo est\u00e1 segura en los corazones humildes que, firmemente convencidos de su fragilidad, todo lo esperan de Dios. Su humildad ejerce un atractivo irresistible sobre el Se\u00f1or, que se complace en comunicarse a ellos y atender sus deseos.<\/p>\n<p>Que nuestra fe sea humilde y sencilla, recibida con inmensa gratitud, como un beneficio inapreciable del que no somos dignos y que tenemos que hacer fructificar. Que el humilde conocimiento de nosotras mismas nos mantenga en continua oraci\u00f3n, pidiendo el acrecentamiento de nuestra fe; que nos lleve a fundamentar esa fe en la ense\u00f1anza oficial de la Iglesia, la palabra del Papa, la del Episcopado, la de los organismos autorizados tal como los Dicasterios romanos; la de los Superiores, a fin de que permanezcamos en la recta doctrina y no nos dejemos seducir por corrientes de opini\u00f3n que descansan sobre un solo individuo, aunque sea sacerdote o aun obispo. En esta \u00e9poca de confusi\u00f3n <em>y <\/em>de efervescencia de los esp\u00edritus tenemos m\u00e1s necesidad que nunca de mantenemos firmes en la fe por medio de la humildad y la obediencia.<\/p>\n<p><em>Una fe s\u00f3lida<\/em><\/p>\n<p>No creamos que esas bases de humildad y de obediencia impliquen eludir la responsabilidad y compromiso personal. Vivir seg\u00fan la fe es un combate ininterrumpido y exige un gran valor; no sabemos hasta d\u00f3nde nos querr\u00e1 conducir el Se\u00f1or si permanecemos fieles, y el acto de fe inicial consiste precisamente en aceptar esa incertidumbre y comprometernos a seguir a Cristo sin que podamos prever el porvenir. \u00abAs\u00ed, pues, como recibisteis a Cristo Jes\u00fas, al Se\u00f1or, caminad en El, arraigados en El <em>y <\/em>edific\u00e1ndoos sobre El, <em>y <\/em>fortaleci\u00e9ndoos en la fe, seg\u00fan fuisteis enseriados, rebosando en hacimiento de gracias\u00bb (Col. 2, 6).<\/p>\n<p>Dios ha previsto para cada una de nosotras el recorrido espiritual por el que quiere condirnos hasta El, y \u00absus caminos no son nuestros caminos\u00bb; en este caminar la fe es nuestra \u00fanica seguridad.<\/p>\n<p>Que las luces de la fe sean realmente la regla habitual de nuestros juicios y de nuestra conducta. Mis queridas Hermanas, seamos muy sinceras con nosotras mismas y comprobemos hasta qu\u00e9 punto estamos influidos por el ambiente materialista y racionalista en el que vivimos sumergidas. Enjuiciamos todo seg\u00fan su eficacia inmediata; confiamos en los planes y m\u00e9todos que provienen de t\u00e9cnicas humanas; creemos que todo consiste en hacer estad\u00edsticas y previsiones sobre el porvenir. Lejos de mi intenci\u00f3n criticar todo esto, que forma parte del arsenal moderno de la caridad; prescindir de ello ser\u00eda tentar a Dios. Pero estemos bien convencidas de que, una vez realizado todo eso, no habremos hecho nada a\u00fan si la fe y la caridad no han sido las fuentes iniciales de todo ese trabajo. Y es posible que Dios, que juzga de otra manera que nosotras, entre en acci\u00f3n contrariando nuestros planes para probar, consolidar, purificar nuestra fe y nuestra caridad; el menor acto de fe y de aceptaci\u00f3n en medio de la oscuridad y el sufrimiento es m\u00e1s fecundo sobrenaturalmente que todas nuestras realizaciones humanas. \u00abDios quiere que nos ejercitemos en la fe durante esta vida; nuestra salvaci\u00f3n depende de que aceptemos plenamente su plan\u00bb (Pablo VI, 15369).<\/p>\n<p>\u00bfNo podr\u00eda ser un acto comunitario de valor excepcional buscar juntas, en cada una de nuestras casas, \u00abel paso del Se\u00f1or\u00bb, cuando interviene en nuestra actividad?<\/p>\n<p>No lo descubrir\u00edamos solamente en las pruebas espectaculares, sino en numerosos acontecimientos cotidianos; en los contactos con l\u00e1 gente que nos rodea. \u00a1Qu\u00e9 estupendo ser\u00eda, de cuando en cuando, reunirse entre Hermanas para ir buscando y conociendo los llamamientos que nos hace el Se\u00f1or, lo que espera de nosotras, lo que realiza en los dem\u00e1s! Ser\u00eda una verdadera escuela de contemplaci\u00f3n, de esa contemplaci\u00f3n aut\u00e9ntica de Dios en nosotras y en nuestros hermanos, especificamente vicenciana, que debe impregnar toda nuestra vida. Hemos de ayudarnos mutuamente a vivir de fe.<\/p>\n<p>\u00a1Tengamos una fe fuerte y vigorosa! y permanezcamos firmemente abrazadas a la verdad tal como la profesa la Iglesia. No vacilemos en puntos esenciales como la fe en la Eucarist\u00eda tal como se nos ense\u00f1a en la \u00abMysterium Fidei\u00bb, y el culto a la Virgen como nos lo recomienda el Santo Padre en la Enc\u00edclica \u00abSignum Magnum\u00bb. Se necesita haber alcanzado cierto vigor en la fe y cierto grado de caridad \u2014sobre todo en algunos pa\u00edses\u2014para resistir a la seducci\u00f3n de la novedad que arrastra ciegamente a los esp\u00edritus.<\/p>\n<p>\u00a1Tengamos una fe fuerte y vigorosa! aunque nos sintamos inmersos en la duda y en la oscuridad. \u00abEl primer fallo de Pedro y de cualquiera que haya sido llamado a seguir al Maestro, el fallo de todos, es la duda\u00bb, dec\u00eda Pablo VI el 12 de abril, recordando en seguida las palabras del IVIaestro: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 dud\u00e1is, hombres de poca fe?\u00bb Convenz\u00e1monos de que la victoria sobre la duda no se alcanza por razonamientos humanos, sino de Dios que la concede a la oraci\u00f3n. Si estamos en una noche de tinieblas y de dudas, arroj\u00e9monos en Dios con un ardiente acto de fe. \u00a1Que nuestra fe sea fuerte y vigorosa! no pidamos cuenta a D\u00edos de sus designios sobre nosotros. Nos hemos entregado a El y, quisi\u00e9ramos, sin embargo, seguir manejando el tim\u00f3n de nuestra vida. Cuando los Superiores no nos dirigen seg\u00fan nuestras m\u00edras humanas, entra en nosotros la tentaci\u00f3n y dudamos del amor de Dios. Si nos convenci\u00e9semos a nosotros mismos de que Dios nos ama y nos gu\u00eda, nos invadir\u00eda una alegr\u00eda inalterable a\u00fan en medio de las mayores dificultades y en ausencia de todo apoyo humano.<\/p>\n<p>Lo que nos falta es el verdadero conocimiento de Dios. Inconscientemente, lo concebimos a nuestra imagen y le adjudicamos nuestras disposiciones e infidelidades humanas. La fe debe llevarnos poco a poco a una certidumbre tal de su presencia, de su acci\u00f3n y de su amor hacia nosotros, que todo lo veamos a trav\u00e9s de esta luz y que as\u00ed nos adhiramos, serenos y, confiados, a todo lo que El quiere o permite.<\/p>\n<p><em>Una fe serena<\/em><\/p>\n<p>\u00abQue Dios multiplique aquellos cuya fe es fuerte y serena\u00bb (Pablo VI, 14667).<\/p>\n<p>As\u00ed es, muy a menudo, la fe de la H\u00edja de la Caridad, hemos de reconocerlo. Su vida, plena de Dios porque est\u00e1 entregada a la caridad, no deja r\u00fang\u00fan resquicio por donde pueda entrar la tentaci\u00f3n contra la fe; vive continuamente en la presencia de Dios, al que descubre y sirve en el pobre; \u00abve\u00bb a Dios, en cierto modo, y lo da a los dem\u00e1s incesantemente. Esta fe sencilla y serena parece ser una de las gracias particulares que Dios ha otorgado a la Compa\u00f1\u00eda; roguemos para que nos la conserve.<\/p>\n<p>El ejercicio de la caridad hacia el pr\u00f3jimo mantiene la vitalidad de la fe, la hace como natural. La caridad es el fruto de la fe, pero tambi\u00e9n su expresi\u00f3n m\u00e1s cierta, la m\u00e1s pura. Desde el nacimiento de la Iglesia, la caridad entre los hermanos es el signo de la fe.<\/p>\n<h2><strong>Dar testimonio de nuestra fe<\/strong><\/h2>\n<p><em>Una fe viva<\/em><\/p>\n<p>El don de la fe, como todos los dem\u00e1s, no se nos ha dado solamente para que personalmente encontremos a Dios. Es un don hecho a la Iglesia, a trav\u00e9s de nosotros, para la salvaci\u00f3n de todos, y somos responsables, respecto de nuestros hermanos, de la fe que a trav\u00e9s de nosotros debe llegar hasta ellos. Esta obligaci\u00f3n es com\u00fan a todos los cristianos, pero para nosotras, Hijas de la Caridad, se a\u00f1ade a ella la obligaci\u00f3n suplementaria y libremente adquirida de emplearnos en el servicio corporal <em>y <\/em><em>espiritual <\/em>de los Pobres. \u00bfY acaso pueden esperar de nosotras otro servicio m\u00e1s urgente que el de transmitirles el don de la fe?<\/p>\n<p>Vemos perfectamente las presiones que se ejercen sobre nuestros contempor\u00e1neos, y c\u00f3mo el rostro del verdadero Dios est\u00e1 velado para ellos por multitud de falsos dioses a los que adora el mundo moderno. El dios del oro, el dios del poder, el dios de la comodidad, el dios de la ciencia&#8230; El coraz\u00f3n del Papa est\u00e1 angustiado; teme por su reba\u00f1o: \u00abLa vida religiosa de la pr\u00f3xima generaci\u00f3n puede verse sometida a una ruda prueba, si no la sostiene una fe aut\u00e9ntica y fuerte\u00bb (14667).<\/p>\n<p>Transmitir la fe debe ser nuestra preocupaci\u00f3n permanente; estamos habituados m\u00e1s bien a preocuparnos de la conversi\u00f3n moral, pero si miramos con atenci\u00f3n en torno nuestro, nos daremos cuenta de que la fe est\u00e1 en baja y de cu\u00e1n vacilante y poco ilustrada es, incluso en aquellos que se declaran \u00abcreyentes\u00bb. Los hombres tienen necesidad de ver y de escuchar a Jesucristo a trav\u00e9s de nuestras palabras y de nuestra vida.<\/p>\n<p>Recordemos la promesa hecha a Santa Catalina, nuestra Hermana, promesa que es un compromiso para nosotras: \u00abD\u00edos se servir\u00e1 de nuestras dos Familias para reanimar la fe\u00bb. Y no olvidemos tampoco que, desde nuestros or\u00edgenes, \u00abla ense\u00f1anza de las verdades que hay que creer\u00bb, fue considerada como el deber inseparable de toda acci\u00f3n caritativa. Debemos sacar de aqu\u00ed una gran lecci\u00f3n para el momento presente: toda Hija de la Caridad debe ser, all\u00ed donde el Se\u00f1or la destine, catequista de la fe, no s\u00f3lo junto a sus Pobres, sino tambi\u00e9n con aquellos con quienes trabaja y con todos cuantos encuentra. Esto exige evidentemente una formaci\u00f3n previa en el g\u00e9nero de catequesis apropiado a cada oficio y a las gentes a quienes se dirige. Esto constituye un imperioso deber, exige algo m\u00e1s que conocimientos y m\u00e9todos. Hace falta la entrega absoluta de toda una vida: palabra, acci\u00f3n, oraci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>Hablar de lo que creemos<\/em><\/p>\n<p>Aun aparte de toda ense\u00f1anza propiamente dicha, hemos de anunciar a Dios con nuestra palabra. Importa mucho que lo hagamos con tacto y discreci\u00f3n, teniendo en cuenta la capacidad receptiva de los que nos escuchan, pero a la vez, sin ning\u00fan respeto humano. Si tenemos fe comprenderemos que Dios llama interiormente a cada hombre y que nuestras palabras audibles se unir\u00e1n a aquellas que El no cesa de pronunciar en el coraz\u00f3n de cada uno; no creemos bastante en esta acci\u00f3n de Dios, en su misericordia, en su presencia, y por eso somos tan pusil\u00e1nimes, callando ante las opiniones en boga de que alardean nuestros interlocutores, cuando en el fondo, todo su ser, bajo el trabajo misterioso de Dios, espera oscuramente que le llevemos a la verdad. Y esto no es s\u00f3lo una realidad trat\u00e1ndose de los externos, sino tambi\u00e9n en el interior de nuestras Comunidades, donde, por un pudor culpable, no hablamos bastante de nuestra vida de fe. \u00a1Cu\u00e1nto hay que pedir al Esp\u00edritu Santo que nos inspire para que sepamos callar y hablar bajo su impulso! Si somos humildes <em>y <\/em>sinceras, sabremos hablar de Dios s\u00edn discursos, sencillamente, porque vivimos en El y su Nombre acude a nuestros labios tan naturalmente como aspiramos el aire necesario para nuestra vida, sin ni siquiera darnos cuenta de ello.<\/p>\n<p><em>Poner en acci\u00f3n nuestra fe<\/em><\/p>\n<p>Este \u00abponer en acci\u00f3n\u00bb es el signo que debe confirmar la palabra. La fe que anima nuestra vida debe revelarse, hacerse visible, tanto en los detalles como en nuestra conducta general. No se trata solamente de proclamarnos cristianos, sino de vivir como cristianos, es decir, en la verdad, la justicia y la caridad, a fin de anunciar a los dem\u00e1s el mensaje de salvaci\u00f3n que hemos recibido.<\/p>\n<p>El gran esc\u00e1ndalo de los peque\u00f1os y de los d\u00e9biles es el \u00abdicen pero no hacen\u00bb. Que Dios nos d\u00e9 luz y fuerza para obrar seg\u00fan nuestra fe, a fin de que todos puedan creer.<\/p>\n<p>Que la verdad y la justicia sean la base de nuestra caridad. Que la alegr\u00eda radiante de nuestra vida anuncie que Dios es sobradamente bueno, que es verdaderamente Padre. Que nuestra paz y nuestra obediencia en la prueba vengan a confirmar nuestra indefectible esperanza. Que todo, en nuestra manera de vivir, venga a probar que creemos sinceramente en el Evangelio, tal como fue anunciado y vivido por Jesucristo, seg\u00fan las Bienaventuranzas.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es en definitiva el fin supremo de la pr\u00f3xima Asamblea General y del gigantesco trabajo que nos imponemos todas para que resulte fructuosa? Solamente \u00e9ste: Que la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, una vez que ha comparado su vida con las prescripciones del Evangelio, se reajuste a su Divino Maestro, a Cristo. Y que por este medio, se convierta, por cada uno de sus miembros y por cada una de sus comunidades, en signo de Dios entre los Pobres, en verdadero testimonio de la fe por la caridad.<\/p>\n<p>El testimonio supremo es el martirio. Escuchemos las conmovedoras palabras de Pablo VI sobre San Pedro y San Pablo en su discurso de apertura del a\u00f1o de la fe:<\/p>\n<p>\u00abY para que no quedase duda sobre la certeza de su nueva, maravillosa y exigente ense\u00f1anza, a ejemplo del Maestro y con El, seguros de una victoria final, sellaron con la sangre su testimonio. La entregaron con heroica sencillez, para nuestra certeza, para nuestra unidad, para nuestra paz, para nuestra salvaci\u00f3n. Y para todos los hermanos seguidores de Cristo, m\u00e1s a\u00fan, para toda la humanidad.\u00bb<\/p>\n<p>El testimonio del martirio, derramando nuestra sangre, no se nos pedir\u00e1 seguramente; pero existen otros martirios que no son \u00e9ste, y si somos fieles, el Se\u00f1or nos ofrecer\u00e1 ocasi\u00f3n para que le rindamos el supremo homenaje del martirio de nuestro cuerpo, de nuestro coraz\u00f3n, de nuestra voluntad, de nuestra mente&#8230; Cuando se nos presente esta cruz, no nos escandalicemos como los que no tienen fe; en la adversidad que nos agobie, ya provenga de circunstancias desgraciadas o de la voluntad contraria de los dem\u00e1s, aunque sean los Superiores, reconozcamos el paso del Se\u00f1or y alegr\u00e9monos porque habr\u00e1 llegado el momento del encuentro verdadero, de la uni\u00f3n vital con Cristo, el momento del testimonio irrefutable. Es la hora de la fecundidad espiritual y de engendrar almas en la fe.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n nos guiar\u00e1, nos sostendr\u00e1 en este rudo camino de la fe, sino Mar\u00eda, a la que el Concilio saluda como \u00abmiembro supereminente de la Iglesia, modelo y ejemplar admirable para ella, en la Fe y en la Caridad\u00bb? (LG, 53).<\/p>\n<p>Toda la vida de Mar\u00eda est\u00e1 jalonada de actos de fe silenciosos, razonados, plenos, con una plenitud de adhesi\u00f3n a Dios que nos confunde. Miremos vivir a la Virgen y sabremos lo que es la fe cuando impera sobre una existencia liberada del pecado, plenamente d\u00f3cil al Esp\u00edritu Santo. En las diversas circunstancias de nuestra vida, encontraremos luz y \u00e1nimo, ejemplo para nuestra fe, junto a la Virgen en el Templo, consagrando a Dios su Virginidad en contra de las convicciones y costumbres de su pueblo; junto a la Virgen de la Anunciaci\u00f3n, supeditando el aceptar la maternidad divina a la conservaci\u00f3n de su virginidad, pero creyendo siempre en el poder de Dios; junto a la Virgen silenciosa, poniendo en manos de Dios su honor ante los hombres; en fin, junto a la Virgen de Nazaret, durante el incomprensible prolongarse de su vida oculta; y, durante la Pasi\u00f3n, \u00a1junto a la Virgen del Calvario!<\/p>\n<p>Leamos con los ojos de la fe la vida de Mar\u00eda y pid\u00e1mosle con instancia que nos obtenga el don de una fe semejante a la suya: \u00absencilla, ilustrada, humilde, s\u00f3lida, serena, activa\u00bb.<\/p>\n<p>Confiemos a la Virgen Inmaculada, mis queridas Hermanas, la Asamblea General que vemos ya tan pr\u00f3xima. Pid\u00e1mosle que presida los trabajos y los dirija irresistiblemente a una renovaci\u00f3n de la fe en la peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda, y al cumplimiento de la Voluntad de Dios respecto de nosotras. Que se digne ser nuestra inspiradora, nuestra gu\u00eda, en la revisi\u00f3n de las Constituciones. Me parece que puedo decir con verdad que todos los medios humanos se han puesto en marcha para la perfecci\u00f3n de esta Asamblea; nos queda ahora poner toda nuestra confianza en los recursos de la fe. Ya rezan todas desde hace varios meses el Veni Creator, todos los d\u00edas, con esta intenci\u00f3n, como se lo recomend\u00f3 N.M.H. padre. Perm\u00edtanme suplicarles que intesifiquen m\u00e1s a\u00fan esta oraci\u00f3n a\u00f1adiendo a ella la ofrenda de ayunos y mortificaciones. Sigue siendo verdad que la gracia se concede a la oraci\u00f3n y al ayuno; empleemos estos \u00abrecursos de la fe\u00bb. Que cada una se imponga alg\u00fan esfuerzo personal, seg\u00fan se lo inspire el Se\u00f1or, pero tambi\u00e9n, que, en nuestras Casas ofrezcamos, de com\u00fan acuerdo todas las Hermanas, alguna jornada de penitencia y algunas oraciones por esta intenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este trabajo de renovamos y de profundizar en cada una de nosotras y en toda la Compa\u00f1\u00eda, confi\u00e9moslo tambi\u00e9n a la intercesi\u00f3n de nuestras queridas Hermanas difuntas, cuyas notas seguir\u00e1n a continuaci\u00f3n de la visi\u00f3n de conjunto en torno a la Compa\u00f1\u00eda que pensamos ofrecerles.<\/p>\n<p>Encomendemos tambi\u00e9n a Mar\u00eda las intenciones de Nuestro Muy Honorable Padre, que gu\u00eda en el esp\u00edritu de San Vicente a la doble familia confiada a su solicitud, las de Nuestro Respetable Padre Jamet, Director General, y de Nuestro Venerado Padre Castelin. No olvidemos tampoco a nuestros Misioneros, tan abnegados y celosos por el bien de nuestras almas y de nuestras obras.<\/p>\n<p>Unidas a nuestra Venerada Madre Blanchot, a nuestras Hermanas Consejeras, Ec\u00f3noma General, Secretaria General y Secretarias, les renuevo la seguridad de mi solicitud y quedo en el amor de Jes\u00fas y Mar\u00eda Inmaculada,<\/p>\n<p>mis car\u00edsimas Hermanas, su humilde servidora y afect\u00edsima,<\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><em>Sor Susana Guillemin,<\/em><br \/>\nInd.h.d.l.c.s.d.l.p.e.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Par\u00eds, 1.\u00b0 de enero de 1968 Mis car\u00edsimas Hermanas:\u00a1La gracia de Nuestro Se\u00f1or sea siempre con nosotras! \u00a1Que el Se\u00f1or reavive en nosotras \u00abla antorcha de la fe\u00bb! 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