{"id":33587,"date":"2014-05-27T07:00:10","date_gmt":"2014-05-27T05:00:10","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=33587"},"modified":"2016-07-27T12:07:56","modified_gmt":"2016-07-27T10:07:56","slug":"claude-dufour-1618-1656","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/claude-dufour-1618-1656\/","title":{"rendered":"Claude Dufour (1618-1656)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/antoine-morando-1650-1694\/biografias-paules-346\/\" rel=\"attachment wp-att-130116\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-130116\" alt=\"Biografias Pa\u00fales\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/03\/Biografias-Pa%C3%BAles.jpg?resize=232%2C300\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>Madagascar. 18 ao\u00fbt 1656.<\/p>\n<p>El Sr. Claude Dufour naci\u00f3 en 1618, en Allanche,\u00a0 entonces di\u00f3cesis de Clermont en Auvergne, hoy de la di\u00f3cesis de Saint-Flour. Era ya sacerdote cuando fue recibido en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, en Par\u00eds, el 4 de mayo de 1644.<\/p>\n<p>Su piedad, su regularidad, su entrega atrajeron sobre \u00e9l las miradas de san Vicente que le confi\u00f3 la direcci\u00f3n de la casa de Saintes una vez pronunciados los votos el mes de junio de 1646. Los Misioneros eran enviados a esta residencia sobre todo para ocuparse de la gente del campo, pero apenas lleg\u00f3 all\u00ed el Sr, Dufour comenz\u00f3 a pensar en un seminario y organizar las conferencias eclesi\u00e1sticas, como las hab\u00eda visto practicar en Par\u00eds, bajo la direcci\u00f3n de san Vicente de Pa\u00fal. Monse\u00f1or el obispo de Saintes, feliz de secundar el celo del ferviente Misionero para la reforma de su clero, acogi\u00f3 estas ideas y las apoy\u00f3 con su autoridad.<\/p>\n<p>El nombre del Sr. Claude Dufour seguir\u00e1 unido, en los recuerdos de los or\u00edgenes de la Congregaci\u00f3n, a las luchas que el infierno suscit\u00f3 en su coraz\u00f3n contra su vocaci\u00f3n: fue la ocasi\u00f3n para san Vicente de dirigirle consejos que han servido de luz y de valor a muchas otras almas. Su tierno amor de Dios y temor por la responsabilidad que asum\u00eda en las misiones y en la direcci\u00f3n del seminario, le llevaban a una vida de soledad: quer\u00eda hacerse cartujo. San Vicente a quien hab\u00eda informado de sus perplejidades, le respondi\u00f3:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab<em>Ruego a Dios que no permita que la tentaci\u00f3n que ten\u00e9is contra vuestra vocaci\u00f3n perturbe la paz de vuestra alma.\u00a0 S\u00e9 muy bien que la Orden de los Cartujos es m\u00e1s perfecta en s\u00ed; pero no creo que Dios os pida eso despu\u00e9s de llamaros aqu\u00ed, y haber respondido vos secundando esta llamada. Su bondad os ha bendecido con una bendici\u00f3n muy particular y tal,\u00a0 que si la ten\u00e9is en consideraci\u00f3n, es por naturaleza para afirmaros invariablemente en la Congregaci\u00f3n; sobre todo si os pon\u00e9is en la situaci\u00f3n en que querr\u00edais hallaros en el juicio de Dios.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Poned por favor en un platillo de la balanza los bienes de la soledad por un lado y por el otro, los que Dios hace y har\u00e1 cada vez m\u00e1s por vos; ver\u00e9is que \u00e9stos pesan m\u00e1s. Poned tambi\u00e9n consideraci\u00f3n vuestra conformidad de vida presente con la que Jesucristo ha llevado sobre la tierra que en eso consiste vuestra vocaci\u00f3n y que la mayor necesidad que tenga hoy la Iglesia, es tener obreros que trabajen en apartar a la mayor parte de sus hijos\u00a0 de la ignorancia y de los vicios en que est\u00e1n, y en darle buenos sacerdotes y buenos pastores que es lo que le hijo de Dios vino a hacer en la tierra; y os estimar\u00e9is demasiado feliz por entregaros, como \u00e9l y por \u00e9l mismo, a esta santa obra. Ver\u00e9is, Se\u00f1or, que aunque la vida contemplativa sea m\u00e1s perfecta que la otra, no lo es sin embargo m\u00e1s que la que abraza a la vez contemplaci\u00f3n y acci\u00f3n, como lo hace la vuestra a Dios gracias; pero aunque fuera as\u00ed, es cierto que Dios no llama a todo el mundo a las cosas m\u00e1s perfectas. Todos los miembros del cuerpo no son la cabeza y todos los \u00e1ngeles no pertenecen a la primera jerarqu\u00eda; los de las inferiores no querr\u00eda ser de las superiores; est\u00e1n contentos con la que Dios les ha dado, y los bienaventurados que tienen menos gloria no envidian a los que tienen una m\u00e1s grande. Debemos asimismo contentarnos con el estado en que estamos, por la disposici\u00f3n de la Providencia, y en el que Dios nos bendice\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Esta carta tan llena de sabidur\u00eda no disip\u00f3 por completo las alarmas del piadoso Misionero; en una nueva comunicaci\u00f3n sobre su estado, el santo Fundador de la Misi\u00f3n le respondi\u00f3:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abOs agradezco muy humildemente por la confianza que me demostr\u00e1is pidi\u00e9ndome consejo sobre el pensamiento que ten\u00e9is de entrar en los Cartujos; os dir\u00e9 sencillamente lo que querr\u00eda haberos aconsejado a la hora de la muerte, y es que camin\u00e9is en la vocaci\u00f3n en la que Dios ha querido llamaros, sin escuchar en adelante la sugesti\u00f3n de esp\u00edritu enemigo de la perseverancia final en el bien comenzado; siendo su designio sacaros de all\u00ed donde Dios os ha puesto, so pretexto de mayor seguridad por vuestra salvaci\u00f3n a fin de que entr\u00e9is en un peligro mayor de hacerlo; ya que si os saca del lugar en que est\u00e1is, os impedir\u00e1 f\u00e1cilmente entrar all\u00e1 donde pretend\u00e9is, o bien os har\u00e1 salir de donde est\u00e1is, despu\u00e9s de hallaros all\u00ed. Me han dicho que hab\u00eda cien Jesuitas en Par\u00eds que se hab\u00edan salido del seno de su santa madre, so pretexto de hacer maravillas en otra parte, y la mayor parte dan esc\u00e1ndalo y est\u00e1n en peligro de perderse. En nombre de Dios, Se\u00f1or, manteneos firme en el estado en que Nuestro Se\u00f1or os ha puesto, y rechazad el pensamiento contrario como a un enemigo del plan eterno de Dios sobre vos y sobre tantas almas que su divina Majestad quiere salvar por medio de vos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Como disc\u00edpulo d\u00f3cil, el Sr. Dufour habiendo o\u00eddo los consejos de un gu\u00eda tan autorizado, san Vicente se apresur\u00f3 a comunicarle toda su alegr\u00eda:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abNo puedo deciros, le escrib\u00eda, el consuelo que ha experimentado mi alma por la resoluci\u00f3n que Nuestro Se\u00f1or os ha dado. En verdad, Se\u00f1or, pienso que el mismo cielo se regocija: porque ay, la Iglesia tiene bastantes personas solitarias, por su misericordia, y demasiado in\u00fatiles y m\u00e1s todav\u00eda que la desgarran; su gran necesidad es tener hombres evang\u00e9licos que trabajen para purgarla, en iluminarla y en unirla su divino Esposo; y esto es lo que vos hac\u00e9is por su divina bondad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El alma del Sr Dufour era en efecto un alma verdaderamente apost\u00f3lica, y alg\u00fan tiempo despu\u00e9s, empujado por el deseo de imitar m\u00e1s perfectamente la vida de sufrimiento y laboriosa del Hombre-Dios, solicit\u00f3 el favor de consagrar los cuidados de su ministerio a los forzados de Marsella o de Toulon. San Vicente le preparaba, de alguna manera, mejor que eso: le destinaba a los lejanos trabajos de Madagascar.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abComo me hab\u00e9is expresado en varias ocasiones, le escrib\u00eda, que sent\u00edais inclinaci\u00f3n de dedicaros a la salvaci\u00f3n de los pueblos lejanos, habi\u00e9ndose presentado la ocasi\u00f3n, os he ofrecido a nuestro Se\u00f1or para ello, y lo que es m\u00e1s, he enviado vuestro nombre a Roma, cuya aprobaci\u00f3n es necesaria. Ya est\u00e1is pues unido a la adorable Providencia\u00a0 para este efecto. Nuestro Se\u00f1or continuar\u00e1 por vos y con vos la Misi\u00f3n que \u00e9l ha comenzado cuando estaba en la tierra. Oh Se\u00f1or, qu\u00e9 felicidad la de ser elegido por Dios para una obra de las m\u00e1s importantes, a la que un sacerdote pueda ser llamado\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Los retrasos del embarque se prolongaron m\u00e1s de lo previsto, y el Sr. Dufour fue enviado a Sedan. Se le llam\u00f3 enseguida a Par\u00eds, para confiarle durante una ausencia del Sr. Alm\u00e9ras la direcci\u00f3n del seminario interno; se puede adivinar qu\u00e9 pensamientos de celo deb\u00eda inspirar este hombre apost\u00f3lico a los j\u00f3venes novicios de la Congregaci\u00f3n naciente. Por \u00faltimo, en el mes de septiembre de 655, sacaba plaza en Nantes en una embarcaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda de las Indias.<\/p>\n<p>Hizo escala en la isla de R\u00e9. \u00ab<em>Levamos anclas en la rada de Saint-Martin, cerca de la Rochelle, el 29 de octubre de 1655 <\/em>\u00ab, escrib\u00eda m\u00e1s tarde. El viaje dur\u00f3 hasta el mes de agosto del a\u00f1o siguiente. La vida del fervoroso Misionero a bordo del buque <em>la<\/em> <em>Mar\u00e9chale, <\/em>en el que se hab\u00eda embarcado fue la de un sacerdote que siente en todas partes la necesidad de predicar el Evangelio, de instruir y de salvar almas.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abHe tratado,<\/em> escrib\u00eda \u00e9l<em>, de observar punto por punto lo que se determin\u00f3 en una conferencia que tuve antes de nuestra partida con mis queridos cohermanos, respecto de la oraciones p\u00fablicas, los catecismos y otros medios de adelantar la gloria de Dios y procurar la salvaci\u00f3n de todos; aunque la experiencia nos haya hecho ver que hay que comportarse distintamente seg\u00fan los diversos talantes de los capitanes, y condescender con ellos en todo lo que no es malo, aun cuando ello nos parezca menos bueno. A la gente de mar les gustan las oraciones breves.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>He dado el catecismo en Adviento y en Cuaresma, tres veces a la semana; incluso en los dem\u00e1s tempos, la mayor parte de los que no eran adictos entonces no faltaban y los d\u00edas en que no hab\u00eda catecismo, hac\u00eda una lectura espiritual, bien de la Vida de los Santos, bien de alg\u00fan otro libro bueno, deteni\u00e9ndome de vez en cuando en las cosas m\u00e1s notables que yo repet\u00eda despacio para producir efecto. No podr\u00eda expresar los buenos efectos que la lectura espiritual ha producido en la mayor parte de nuestros marinos y soldados; Algunos no contentos con la lectura que les hac\u00eda, iban a continuarla en privado. Tres veces a la semana, mi\u00e9rcoles, viernes y s\u00e1bado recit\u00e1bamos juntos el rosario. Por la tarde, en Adviento cant\u00e1bamos c\u00e1nticos espirituales; durante la Cuaresma y despu\u00e9s de Pascua, ten\u00edamos una santa conversaci\u00f3n, al final de la cual dec\u00eda una palabra para lograr m\u00e1s fruto.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>El d\u00eda de la Purificaci\u00f3n tuvimos la primera comuni\u00f3n de los ni\u00f1os, que se hallaban en n\u00famero de doce. Estaban muy bien dispuestos a esta santa acci\u00f3n. . Un buen soldado me ayud\u00f3 mucho a instruirlos y a ense\u00f1arles a rezar a Dios. Creo que le ha escogido para hacer de \u00e9l un catequista de los pobres b\u00e1rbaros de Madagascar: se entreg\u00f3 a nosotros; y si, queremos recibirlo, probablemente ser\u00e1 feliz de ser admitido en la Compa\u00f1\u00eda. Los buenos ejemplos de \u00e9ste y de muchos m\u00e1s me han producido mucha alegr\u00eda; pero los juramentos y palabras viles de algunos me han desagradado mucho\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>La autoridad adquirida por el hombre apost\u00f3lico aparece en el detalle que a\u00f1ade: \u00ab<em>Cuando alg\u00fan marino o soldado se han hecho culpables de blasfemias, se les han colocado las cadenas, o bien les hac\u00eda pedir perd\u00f3n a Dios y a todo el mundo, y besar el suelo, y gracias a Dios, ha habido mucha enmienda. Pero cuando alg\u00fan oficial, como un lugarteniente o capit\u00e1n ha ca\u00eddo en uno de estos defectos, ha sido un mal al que no he sabido poner remedio<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Todo este bien no se lograba sin encontrar contradictores. \u00ab<em>Pero<\/em>, a\u00f1ad\u00eda el Sr. Dufour, <em>Dios me ha dado la gracia de sobreponerme al mal por el bien, y de ganar por la paciencia una gloriosa victoria sobre la c\u00f3lera de mis enemigos. Me he dedicado a serles cada vez m\u00e1s \u00fatil, y los esfuerzos de mi buena voluntad para con ellos han sido otros tantos carbones ardiendo, que cayendo sobre sus cabezas, las han abrasado de caridad para con Dios y de amor por m\u00ed. De hecho,\u00a0 ha sucedido que los que estaban opuestos a lo que yo trataba de hacer para llevar a los del barco a vivir bien, me han ayudado m\u00e1s tarde a realizar mis ejercicios sobre los cuales ha derramado Dios gran bendici\u00f3n<\/em>\u00ab. Pasajeros y marinos se hab\u00edan unido al misionero:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abTodos, dice, estaban satisfechos de tenerme y preguntaban con frecuencia si no quer\u00eda acompa\u00f1arlos en el viaje que iba a continuar hacia el mar Rojo, dando a entender que estaban tristes por la resoluci\u00f3n que yo hab\u00eda tomado de detenerme en Madagascar, porque mi cometido no conten\u00eda ninguna orden de ir a otro lado.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Por \u00faltimo, su afecto se ha dejado ver en la confianza que han tenido conmigo, viniendo a confesarse, todos sin excepci\u00f3n de uno solo, aunque algunos no se hubieran atrevido a ir a confesarse desde hac\u00eda tiempo, y algunos no se hab\u00edan acercado desde hac\u00eda diez a\u00f1os: A Dios sea dada la gloria. Me siento tan fortalecido por el auxilio extraordinario del cielo que todo lo hago y todo lo sufro. Lo digo para mayor gloria de Dios, para cooperar a la misma [20] gracia de Dios, y a\u00f1ado con el Ap\u00f3stol: Quis me separabit, etc. \u00abQui\u00e9n me separar\u00e1 del amor de mi Dios?\u00bb Todo lo que me dicen para desanimarme no hace sino animarme m\u00e1s, nada, fuera del pecado, es capaz de asustarme\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Por fin abordamos en Madagascar. Pero parece ser que el Sr. Dufour no deb\u00eda m\u00e1s que ver esta tierra prometida a su celo apost\u00f3lico. Apenas se hab\u00eda bajado a esta orilla tan deseada, cuando se puso a la obra de la evangelizaci\u00f3n, y tan s\u00f3lo unos d\u00edas despu\u00e9s mor\u00eda.<\/p>\n<p>Veamos c\u00f3mo uno de sus cohermanos, casi moribundo \u00e9l tambi\u00e9n, informaba al Sr. Bouraise, el m\u00e1s antiguo de los Misioneros de Madagascar, el fallecimiento del Sr. Dufour, al que se hab\u00eda sentido tan feliz de abrazar, y que esperaba tener por compa\u00f1ero de sus trabajos por mucho tiempo.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abNo puedo anunciaros\u00a0 la muerte de nuestro muy querido Sr. Dufour, sin sentir un dolor inexpresable. Sabemos tan s\u00f3lo qu\u00e9 grande era este siervo de Dios, que no respiraba m\u00e1s que su gloria y que pod\u00eda maravillosamente extender su reino entre los pueblos de esta gran isla de San Lorenzo. Hab\u00eda comenzado un diccionario de la lengua del pa\u00eds, con el catecismo y otras cosas m\u00e1s muy \u00fatiles para esta pobre gente, sin dejar por ello de visitar a los pobres enfermos, de quienes tenemos un gran n\u00famero en la isla de Santa Mar\u00eda. Como la cantidad de sus m\u00e9ritos y de buenas obras estaba colmada, Dios, este buen maestro de la vi\u00f1a, le ha querido dar la recompensa completa de sus trabajos. De verdad, el Sr. Dufour era insaciable; pero Dios se ha mostrado contento con su buena voluntad\u00a0\u00ab.<\/em><\/p>\n<p>Algunos d\u00edas despu\u00e9s sucumb\u00eda tambi\u00e9n el Misionero que escrib\u00eda estas l\u00edneas, y el Sr. Bouraise, a quien se las dirig\u00eda, anunciaba este doble duelo a san Vicente:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>El Sr. Dufour, dice, acaba de morir. Es un hombre que es canonizado por todo el mundo, incluso por quienes le traicionaban. Se ha ganado en poco tiempo mucha gloria, tanto por sus sufrimientos como por sus trabajos. El Sr. Prevost ha muerto un mes despu\u00e9s del Sr. Dufour, y han sido enterrados uno tras otro, al pie de la cruz que hab\u00edan plantado. \u00c9l trabajado mucho tambi\u00e9n. Os dir\u00e9 francamente, a la vez que honor la virtud, los motivos y el amor de Dios que les hac\u00edan obrar as\u00ed, que hab\u00eda exceso; pues pasaban en el agua vestidos del todo, y despu\u00e9s de aguantar la lluvia, no se cambiaban la ropa; hac\u00edan grandes austeridades, y no com\u00edan a veces m\u00e1s que una vez al d\u00eda. Si hubieran moderado un poco su celo, estar\u00edan a\u00fan llenos de vida y servir\u00edan para la conversi\u00f3n de nuestros pobres Indios. Que Dios quiera proveer, como sea de su grado. No os expreso mi dolor: pienso que hacen m\u00e1s conversiones en el cielo con sus oraciones que cuando estaban en la tierra.\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, el Sr. Nicolas \u00c9tienne, buen juez de las virtudes apost\u00f3licas, recogiendo en Madagascar el eco del bien y de las virtudes que recordaba el nombre del Sr. Claude Dufour, escrib\u00eda a su vez a san Vicente de Pa\u00fal:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abEl Sr. Dufour ha parecido siempre, en nuestra Compa\u00f1\u00eda, como un astro luminoso, no s\u00f3lo por sus exhortaciones, predicaciones fervientes y frecuentes, sino mucho m\u00e1s por la pr\u00e1ctica de todas las virtudes, y sobre todo por el celo de las almas del que estaba pose\u00eddo, que las tempestades, los escollos, los naufragios, en una palabra, todas las incomodidades unidas a algunas tablas de madera carcomida, como es un nav\u00edo en el que se atraviesa el oc\u00e9ano, no han podido impedirle, durante diez o doce a\u00f1os, importunar a sus Superiores para obtener la gracia de morir en ultramar, entre los infieles. Esta gracia le fue otorgada el a\u00f1o 1655, con gran contento de su coraz\u00f3n, pues se consum\u00eda por el deseo extremo de procurar seg\u00fan sus medios la gloria de Dios y la conversi\u00f3n de las almas. Lo demostr\u00f3 bien en los buques donde predicaba, catequizaba, instru\u00eda a\u00a0 los ignorantes, reprend\u00eda a los delincuentes, grandes y peque\u00f1os, sin ning\u00fan respeto humano. Cuando la embarcaci\u00f3n estaba a punto de perderse y hac\u00eda agua por todos partes, sin que el piloto pudiera reconocer su verdadera direcci\u00f3n, El Sr. Dufour mando reunirse a toda la tripulaci\u00f3n, y dirigi\u00e9ndose a los oficiales que se desesperaban por su salvaci\u00f3n, \u00e9l les dijo que alzaran la mano, y prometieran a Dios hacer lo que \u00e9l les propusiera; que en este caso, les aseguraba de su parte que ver\u00edan la tierra antes de quince d\u00edas. Fue obedecido y todos prometieron hacer una buena confesi\u00f3n general y comulgar, con excepci\u00f3n de dos, que murieron m\u00e1s tarde sin sacramentos.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abPero, como a los quince d\u00edas, los oficiales, no viendo tierra, dec\u00edan a este hombre apost\u00f3lico que se hab\u00eda acabado, que no aparec\u00eda ning\u00fan continente, \u00e9l, sin sorprenderse, pero con la confianza en Dios, respondi\u00f3 que el sol no se hab\u00eda puesto todav\u00eda, y que asistieran a V\u00edsperas. Su consejo fue escuchado: Oh maravilla de Dios, que no abandona nunca a los que esperan en \u00e9l! A mitad del oficio, un marinero grit\u00f3: \u00abTierra! Tierra\u00bb!\u00a0 Noticia que regocij\u00f3 y consol\u00f3 a todo el mundo, tanto m\u00e1s\u00a0 porque era la tierra, tan deseada, de Madagascar.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abEntonces los que le hab\u00edan odiado en un principio y hasta perseguido cambiaron de sentimiento y le miraron como a un santo, como se lo he o\u00eddo yo a ellos mismos. Por \u00faltimo, llegado a esta isla, el objeto de todos sus deseos, no pudo quedarse m\u00e1s que ocho d\u00edas y, durante este escaso tiempo, produjo muchos frutos en sus conversaciones con los franceses, los actos de caridad con los enfermos y muchas conferencias que tuvo con el Sr. Bourdaise, sobre los medios de adelantar el reino de Jesucristo y destruir el de Sat\u00e1n. Sin tomarse el tiempo de descanso, se volvi\u00f3 al mar y se fue a Santa Mar\u00eda, isla distante del fuerte doscientas leguas. Llegado all\u00ed, lo primero que hizo fue abrazar a su querido compa\u00f1ero, el Sr. Pr\u00e9vost, luego visit\u00f3 a los enfermos que eran numerosos. Ayudado por un joven negro que le serv\u00eda de int\u00e9rprete, plant\u00f3 doce cruces en las doce monta\u00f1as de esta isla. Pero la n\u00famero doce fue plantada en su coraz\u00f3n, porque fue atacado por la enfermedad de la que muri\u00f3 despu\u00e9s de las fatigas intolerables. Hemos tenido la suerte de\u00a0 estar bajo su direcci\u00f3n en el seminario. Dios quiera que, como hemos sido sus hijos, luego sucesores en sus viajes, seamos del mismo modo los imitadores de sus virtudes\u00bb.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Madagascar. 18 ao\u00fbt 1656. El Sr. Claude Dufour naci\u00f3 en 1618, en Allanche,\u00a0 entonces di\u00f3cesis de Clermont en Auvergne, hoy de la di\u00f3cesis de Saint-Flour. 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