{"id":32473,"date":"2015-05-17T08:51:49","date_gmt":"2015-05-17T06:51:49","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=32473"},"modified":"2016-07-26T17:21:21","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:21","slug":"panegirico-de-san-vicente-de-paul-sr-de-boulogne-obispo-de-troyes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/panegirico-de-san-vicente-de-paul-sr-de-boulogne-obispo-de-troyes\/","title":{"rendered":"Paneg\u00edrico de San Vicente de Pa\u00fal (sr. de Boulogne, Obispo de Troyes)"},"content":{"rendered":"<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>Spiritus Domini super me, ut mederer contritis corde, ut praedicarem captivis <\/em><em>indulgentiam, ut consolarer omnes In\u00ad<\/em><em>gentes.<br \/>\n<\/em>Ha reposado sobre m\u00ed el esp\u00edritu del Se\u00f1or, y me ha enviado para curar a los de coraz\u00f3n contrito y predicar la re\u00addenci\u00f3n a los esclavos, y para consolar a todos los que lloran.<br \/>\n(Isa\u00edas, LXI, 1 y 2.)<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/04\/san-vicente-de-paul-y-pobres.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-145312\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/04\/san-vicente-de-paul-y-pobres-300x208.jpg?resize=300%2C208\" alt=\"san-vicente-de-paul-y-pobres\" width=\"300\" height=\"208\" \/><\/a>Tales son los conmovedores rasgos con que el Salvador del mundo nos declara el fin y los resultados de su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Que los fil\u00f3sofos orgullosos traten de alucinar a los pueblos con brillantes discursos; que los conquistadores se dejen llevar de la ambici\u00f3n de acumular laureles al mismo tiempo que ruinas sobre ruinas; la gloria del Salvador consiste en romper las cadenas, y su triunfo en consolar a los afligidos. Si ha de manifestar predilecci\u00f3n a algunos, estos ser\u00e1n los pobres; si ha de manifestar su poder, ser\u00e1 en favor de los desgraciados, y su Coraz\u00f3n no quedar\u00e1 todav\u00eda satisfecho si no deja tras s\u00ed ministros de su misericordia, los cuales, revestidos de su esp\u00edritu, servir\u00e1n, de edad en edad, de pruebas y testigos del siguiente or\u00e1culo del profeta: \u00abEl es\u00adp\u00edritu del Se\u00f1or ha descansado sobre m\u00ed, para curar a los contritos de coraz\u00f3n, predicar la libertad a los cautivos y consolar a todos cuantos lloran\u00bb.<\/p>\n<p>A vista de esta sublime caridad, amados cristianos, ya hab\u00e9is repetido el nombre del m\u00e1s perfecto h\u00e9roe de la misma, como tambi\u00e9n su m\u00e1s tierno modelo, y vuestros corazones se dirigen a Vicente de Pa\u00fal; Vicente de Pa\u00fal, a quien Dios concedi\u00f3, seg\u00fan las palabras del Esp\u00edritu Santo, \u00abaquella grandeza de coraz\u00f3n, aquella alma tan generosa y expansiva, que se dilata corno las playas del ir\u00bb, la cual no rechaza s\u00faplica alguna y atiende a toda clase de necesidades; atormentado por la pasi\u00f3n de hacer a los hombres, emprende, al mismo tiempo que declara guerra a todos los vicios, proporcionar socorros a toda clase de infortunios; se consagra as\u00ed a la gloria de los templos como a la conservaci\u00f3n de las casas r\u00fasticas; se le ve ser Misionero de las campi\u00f1as y el or\u00e1culo de los Pont\u00edfices; el catequista de los ni\u00f1os y el legislador del Clero; el \u00faltimo de la casa de Dios y el protector de las iglesias; y cuya solemnidad, por decirlo as\u00ed, ha llegado a ser una fiesta nacional, donde la Religi\u00f3n y la Patria parece que se disputan la gloria de tributarle altos honores y sublimes elogios.<\/p>\n<p>Cristianos, \u00bfqu\u00e9 esper\u00e1is o\u00edr de m\u00ed? \u00bfEs por ventura un discurso? \u00bfUna historia? \u00bfDese\u00e1is saber el esp\u00edritu de las virtudes de este gran Santo, o la relaci\u00f3n de sus acciones? \u00bfQu\u00e9? \u00bfser\u00e1 necesario acumular en este lugar las reflexiones a los hechos? \u00bfSer\u00e1 preciso limitarse a narrar las cosas, o a conmover y halagar m\u00e1s a los o\u00eddos curiosos que a interesar los corazones sensibles? La historia de Vicente de Pa\u00fal, hermanos m\u00edos, os es harto conocida: no sabr\u00e9is dar un paso por esta ciudad sin encontrar por doquier las se\u00f1ales de la caridad y de su celo; y si las lenguas pudieran alguna vez callar, las piedras clamar\u00edan y anunciar\u00edan su gloria y su triunfo. Entregu\u00e9monos, pues, m\u00e1s a los movimientos de la oratoria que a los pormenores propios del historiador, o m\u00e1s bien, que el orador no se atenga a reglas, sino que procure s\u00f3lo mover los corazones: esforc\u00e9monos en alabar a Vicente sin arte alguno, del mismo modo que \u00e9l am\u00f3 sin medida; procuremos, si es preciso, convertir en elogio suyo una parte de aquella unci\u00f3n superabundante de que fue penetrada su alma, y no pongamos t\u00e9rmino en manera alguna al sentimiento, as\u00ed como \u00e9l no la puso al celo y a la ternura.<\/p>\n<p>\u00a1Lejos, pues, de este lugar esos esp\u00edritus soberbios que s\u00f3lo saben conmoverse con estrepitosas revoluciones e imponentes espect\u00e1culos! En el elogio de Vicente de Pa\u00fal no se halla cosa alguna que pueda atraer sus miradas. Concret\u00e1ndonos a los sencillos sucesos de su vida, tan ocultos como su ministerio; hall\u00e1ndonos siempre obligados a seguirle entre pobres, enfermos, presos, ni\u00f1os abandonados, d\u00e9biles ancianos, madres desconsoladas y no pudiendo alabar una sola de sus virtudes sin al mismo tiempo un mal y una miseria, no sabremos ofrecerles esos brillantes rasgos que encantan, o esos grandes estremecimientos que causan admiraci\u00f3n; pero \u00a1qu\u00e9 nos importa su indiferencia! \u00a1Hag\u00e1monos o\u00edr y responder de las almas misericordiosas! \u00a1Desgraciados de nosotros si temi\u00e9semos referir lo que kla caridad no tuvo reparo en practicar, y si nos olvid\u00e1semos alguna vez que esta reina de las virtudes lo engrandece y ennoblece todo, tanto en el orador que la en\u00adcomia, como en el h\u00e9roe que la pr\u00e1ctica!<\/p>\n<p>\u00bfDe qui\u00e9n mejor podr\u00e9 ocuparme, ni qu\u00e9 cuadro m\u00e1s expresivo puedo presentar para mover los corazones y arrebatar la admiraci\u00f3n de todos? No hallo otro mejor que el espect\u00e1culo de un Sacerdote sencillo, de cuyas manos sa\u00adl\u00edan, a manera de grandes olas, larguezas m\u00e1s que reales; que fue en Francia, durante medio siglo, la caridad p\u00fablica y la Providencia visible; que por s\u00ed solo erigi\u00f3 m\u00e1s monu\u00admentos de beneficencia que cuantos pudo concebir y crear el genio m\u00e1s fecundo, cuyo atrevido celo luch\u00f3 constante\u00admente contra las api\u00f1adas borrascas y los conjurados ele\u00admentos, y cuya caridad activa y previsora al mismo tiempo, abrazando juntamente el presente y el porvenir, corres\u00adponde en alg\u00fan modo a la bondad, grandeza, magnificen\u00adcia y omnipotencia divina.<\/p>\n<p>Tal es el doble aspecto bajo el cual vamos a presentaros a Vicente de Pa\u00fal. Os lo mostraremos como bienhechor de su siglo, como bienhechor de las generaciones futuras, y no menos admirable en el ejercicio que en los efectos de su misericordia; grande por todas las generosas virtudes que adornaban su alma, m\u00e1s grande todav\u00eda por esos magn\u00edfi\u00adcos establecimientos que le deben su existencia. En dos palabras: caridad de Vicente de Pa\u00fal y todo lo que hizo al practicarla; caridad de Vicente de Pa\u00fal y todo lo que obr\u00f3 para perpetuarla: tal es el plan del presente discurso.<\/p>\n<h2>Punto primero<\/h2>\n<p>La Providencia, que velaba de una manera muy parti\u00adcular por la gloria de Vicente, le otorg\u00f3 el privilegio de nacer sin antepasados; ya fuese que ella se complaciera en confundir la vanidad humana mostr\u00e1ndonos la m\u00e1s exce\u00adIente alma, educada en el seno de la obscuridad; ya fuese que tuviese el designio de ense\u00f1arnos, por medio de un gran ejemplo, que la fortuna no tiene la menor importancia cuan\u00addo se trata del h\u00e9roe que forma e inspira la Religi\u00f3n; ya fuese, en fin, que quisiese ciar nuevo brillo a las obras de Vicente, en la distancia que separaba el punto de donde part\u00eda, del t\u00e9rmino a donde deb\u00eda llegar : en la humilde vivienda de un labrador naci\u00f3 aquel que llegar\u00eda a ser el ornamento de su siglo y el bienhechor de su patria.<\/p>\n<p>No esper\u00e9is os refiera aqu\u00ed el encadenamiento de los su\u00adcesos por los cuales le gui\u00f3 el Se\u00f1or desde su tierna infan\u00adcia hasta colocarle en el santuario; ni c\u00f3mo, ca\u00eddo por un accidente imprevisto en manos de piratas y conducido a playas b\u00e1rbaras, llev\u00f3 los hierros del cautiverio. Nada dire\u00admos del milagro con que el Cielo deshizo las cadenas de aquel que hab\u00eda de romper y suavizar m\u00e1s tarde las cade\u00adnas de tantos otros; no me detendr\u00e9 en exponeros c\u00f3mo en dos a\u00f1os de esclavitud se ensay\u00f3 en su apostolado, ha\u00adciendo volver a su amo a la fe de sus padres, mediante la saludable impresi\u00f3n de los c\u00e1nticos divinos. Pasaremos en silencio sus heroicos trabajos en la Parroquia de Clichy, donde s\u00f3lo los resultados de su predicaci\u00f3n igualaron a los efectos de su caridad, y en la cual, en menos de un a\u00f1o, restableci\u00f3 el culto divino y levant\u00f3 un augusto tem\u00adplo. Nada tampoco diremos acerca de \u00e9l como pastor de un nuevo reba\u00f1o en Chatillon-les-Dombes,donde obr\u00f3 nue\u00advas maravillas y llev\u00f3 a cabo en el espacio de seis meses la total regeneraci\u00f3n de una Parroquia abandonada hac\u00eda me\u00addio siglo; todo esto podr\u00eda servir de paneg\u00edrico de alg\u00fan otro, pero para Vicente de Pa\u00fal esto es el menor resplan\u00addor y destello que despide su magn\u00edfica corona; mayores objetos nos llaman la atenci\u00f3n; dirij\u00e1monos con \u00e9l a la ca\u00adpital de Francia, adonde le llama la Providencia. Colocado en medio del torbellino de negocios y placeres, Vicente no descubre m\u00e1s que grandes des\u00f3rdenes que remediar, y grandes esc\u00e1ndalos para destruirlos. Ya Francisco de Sales le distingue; ya estas dos almas sublimes se buscan, se entienden y unen la una a la otra. Vicente, atra\u00eddo por la dulce majestad que brilla en la frente del santo Obispo de Ginebra, cree, seg\u00fan dice, contemplar en \u00e9l al Salvador del mundo conversando con los hombres sobre la tierra. Francisco de Sales descubre en Vicente el celo unido a la prudencia, la ciencia embellecida por el candor y el divino arte de gobernar las almas. El uno toma por regla y modelo al m\u00e1s santo de los Prelados, y el otro conf\u00eda al m\u00e1s pru\u00addente y virtuoso de los Sacerdotes el Instituto de las monjas de la Visitaci\u00f3n, con que acababa de enriquecer a la Iglesia, y los progresos que hizo en la piedad le probaron muy presto que dep\u00f3sito tan precioso no hab\u00eda podido ser con\u00adfiado a manos m\u00e1s h\u00e1biles.<\/p>\n<p>Mas, al tiempo que se aplica a tan nobles tareas, vi\u00e9nele al pensamiento un nuevo designio que le aqueja; ve que todo se hace en favor de las ciudades y que abundan en ellas las ense\u00f1anzas, mientras que los habitantes de las campi\u00f1as envejecen en la ignorancia y mueren sin apenas consuelo. Conmovido con tantos males, Vicente clama con el Salva\u00addor del mundo: \u00abMe compadezco de este pobre pueblo, de este buen pueblo tan \u00e1vido de ense\u00f1anza como susceptible de virtuosas impresiones: <em>miserear super turba?.\u00bb <\/em>Toda su solicitud se dirige hacia los habitantes de las campi\u00f1as; pero \u00bfqu\u00e9 podr\u00e1 hacer por s\u00ed solo para arrancar el velo de la ig\u00adnorancia que las envuelve? Habla, y multitud de incansables operarios vienen a ponerse bajo su bandera y unirse a su celo apost\u00f3lico. F\u00fandanse tambi\u00e9n por sus cuidados esas Conferencias en donde se re\u00fane en su derredor todo lo m\u00e1s notable del santuario por su saber y virtud. En ellas, Bos\u00adsuet preludiaba sus triunfos, y esta \u00e1guila, joven a la saz\u00f3n, se ensayaba en tomar su sublime vuelo y en llevar el rayo. \u00abVi\u00adcente, dice este grande hombre, era como el alma de estas reuniones, donde esparc\u00eda a la vez la unci\u00f3n y la luz: <em>pium coetuin animabat Vincentius.\u00bb <\/em>En ellas fue donde, elevando sus ideas a la altura de sus sentimientos, precis\u00f3 las Escri\u00adturas en su sentido genuino, redujo la Religi\u00f3n a su esp\u00edritu primitivo, el sacerdocio a sus reglas sagradas y la predica\u00adci\u00f3n a su verdadero objeto. \u00bfQu\u00e9 les dec\u00eda, pues, este santo Sacerdote? Que era menester preparar con la pureza de la vida los grandes efectos de los discursos, y que la autori\u00addad de la virtud por s\u00ed sola, pod\u00eda sostener la autoridad de la palabra; que la ciencia hincha, pero que la caridad edifica; que la elocuencia verdadera desde\u00f1a la elocuencia, y que, en fin, \u00abla oraci\u00f3n es al predicador lo que es el arma al ca\u00adpit\u00e1n y al soldado\u00bb.<\/p>\n<p>Penetrados de estas sencillas m\u00e1ximas, m\u00e1s instructi\u00advas que los libros, se ve\u00eda salir a esos hombres de Dios, de este nuevo cen\u00e1culo, para renovar los trabajos, as\u00ed como tambi\u00e9n las maravillas de los primeros disc\u00edpulos. Como ellos, recorr\u00edan las peque\u00f1as aldeas, partiendo el pan de la divina palabra en las r\u00fasticas moradas: <em>circuibant per cas\u00ad<\/em><em>tella; <\/em>como ellos, sembraban por todas partes, y por todas partes recog\u00edan abundantes mieses. \u00ab\u00a1Oh, cu\u00e1n hermosos son los pies de los que andan entre monta\u00f1as, anunciando la paz y predicando los bienes eternos!\u00bb Escuchad esos prolongados gemidos impulsados por la compunci\u00f3n; mirad ese santo estremecimiento que se refleja en todos los semblantes, esos penitentes postrados a los pies de los alta\u00adres; esos pecadores endurecidos que se vuelven a sus casas, como aquellos de que habla el Evangelio, hiri\u00e9ndose los pechos; esas irreconciliables familias que se juran amistad indisoluble: tales son los efectos de su celo, sustentados por los milagros de su caridad. D\u00e9biles oradores de las capi\u00adtales y de las cortes, \u00bfqu\u00e9 somos nosotros, comparados con estos hombres apost\u00f3licos? Aparecen al p\u00fablico, y les sigue un gent\u00edo inmenso; hablan, y se convierten las muchedumbres. Vicente los env\u00eda a instruir a nuestros guerreros y recordar las buenas costumbres en el seno mismo de la li\u00adcencia de los campamentos; cuatro mil soldados se encor\u00advan bajo el yugo de la penitencia y hacen revivir las vir\u00adtudes de las primeras .legiones cristianas. Env\u00edalos a los pueblos de Cevenne, donde parecen hallarse acantonados el error y la insubordinaci\u00f3n; al o\u00edr su voz, el esp\u00edritu de cis\u00adma se detiene, los reba\u00f1os descarriados abandonan sus falsos pastores, y caen por tierra, corno las de Jeric\u00f3, las murallas de la herej\u00eda, al sonido de sus trompas evang\u00e9li\u00adcas. Emprenden visitar los hospitales para sembrar en ellos la instrucci\u00f3n cristiana, no menos necesaria que los soco\u00adrros del arte; ochocientos mahometanos no tardan en abrir los ojos a la luz y en abjurar de su falso profeta: \u00a1tan eficaz y poderoso es el celo unido a la bondad! \u00a1Tanto es el se\u00adcreto de la persuasi\u00f3n por el imperio de la virtud y por el atractivo del buen ejemplo!<\/p>\n<p>Pero \u00bfqu\u00e9 son esas otras colonias que van a marchar Mara nuevos climas? Vicente ha levantado sus ojos, si\u00adrviendo la palabra del Evangelio, y a lo lejos ha descu\u00adbierto mayores frutos que recoger, una mies m\u00e1s abun\u00addante, en saz\u00f3n de segarse. En Irlanda ha visto a los hijos de la fe, expuestos a perderla por la sugesti\u00f3n o la violen\u00adcia. En Polonia y en Italia, a los pobres y apestados, reclamando a grandes voces ministros que les presten consue\u00adlos; en T\u00fanez y en Argel, las v\u00edctimas de la opresi\u00f3n, ba\u00f1ando con sus l\u00e1grimas las dolorosas cadenas; en Madagascar, una comarca inmensa sentada en las sombras de la muerte, no aguardando m\u00e1s que operarios para la propagaci\u00f3n de la luz evang\u00e9lica. Grandes son estos males y estas necesidades; pero su alma es mayor todav\u00eda, y a todos ellos proveer\u00e1. En vano Cromwel jura perder a los cat\u00f3licos; el ano hip\u00f3crita podr\u00e1 bien impedir que los Reyes socorran <strong>un <\/strong>Rey; pero ciertamente no impedir\u00e1 que Vicente so\u00adrra a los pobres. In\u00fatilmente la tierra y el cielo, los hombres y los elementos, contrariar\u00e1n su celo en la Misi\u00f3n de Madagascar; en vano por tres veces los obreros que env\u00ede ser\u00e1n sepultados bajo las olas; Vicente no mandar\u00e1 a los vientos y a la tempestad; pero a pesar de los vientos y de la tempestad, enviar\u00e1 nuevos obreros; y si sus resultados no coronan sus esfuerzos, \u00e9l probar\u00e1 al menos que el cielo puede trastornar sus empresas, pero no su valor; que su caridad es tan fuerte como la muerte y que el oc\u00e9ano es menos indomable que invencible su celo apost\u00f3lico. <em>Aquae <\/em><em>multae non potuerunt extingzare caritatem.<\/em><\/p>\n<p>Cristianos: \u00bfqu\u00e9 conviene admirar m\u00e1s aqu\u00ed, a Vicente, que sabe siempre hacer salir y hallar para cada necesidad hombres apost\u00f3licos, o a esos hombres apost\u00f3licos siempre fieles y d\u00f3ciles bajo la direcci\u00f3n de Vicente? \u00bfPor qu\u00e9 se\u00adcreto, o por qu\u00e9 encanto sab\u00eda inspirarles tanta virtud y tanto valor? Ensalcemos hoy a esos m\u00e1rtires de la miseri\u00adcordia, a la par que de la verdad; alabanza y honor mil veces a esos conquistadores que el lenguaje sencillo llama Misioneros. \u00bfQu\u00e9 misterioso resorte animaba sus almas su\u00adblimes? Si la beneficencia, si la virtud, si la sana filosof\u00eda valen algo sobre la tierra, \u00bfqu\u00e9 cosa hay m\u00e1s admirable que sus heroicos trabajos? Renunciar al descanso; atravesar los torrentes, mares y desiertos inmensos; darse a entender a hombres para los cuales es enteramente mudo el espec\u00adt\u00e1culo de la naturaleza; reunir sus errantes familias, buscar\u00adlos en el interior de los bosques, y seguirlos a lo m\u00e1s alto de los montes y alcanzarlos a trav\u00e9s de los abismos; hacer, no obstante su inconstancia, que permanezcan en un lugar; amansarlos, a pesar de su barbarie; formarles a la vez un coraz\u00f3n, un alma, una moral, un culto, una patria; y todos estos esfuerzos admirables, sin esperanza alguna de inter\u00e9s y sin ning\u00fan otro aguij\u00f3n que el ansia de procurar el bien pasar de los hombres&#8230; \u00a1Ciertamente, cristianos, algo de su\u00adblime y de divino se encuentra en todo esto! \u00bfC\u00f3mo la tierra entera no se postra ante esos hombres o esos dioses? Que brillantes aventureros, con la doble ambici\u00f3n de la fortuna y de la gloria, hayan emprendido conquistar el mundo, nada hay en ello que no sea humano y aun vulgar; pero que haya hombres que se expongan a tantos peligros y se sujeten a tantos sacrificios sin otro est\u00edmulo que el amor a la verdad, sin otra esperanza que el martirio, esto es el milagro mayor del hero\u00edsmo humano, esto es el triunfo m\u00e1s hermoso de la Religi\u00f3n que lo inspira.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de ser el Misionero de los pobres, Vicente de Pa\u00fal va a mostrarse su tutor y su padre; en adelante todas las necesidades de los desgraciados van a ser necesidades de su coraz\u00f3n a los ojos de una caridad ordinaria, los pobres son hombres; a los ojos de Vicente de Pa\u00fal, parece que no hay m\u00e1s hombres que los desvalidos; mientras que \u00e9l los encuentre en la tierra, no gozar\u00e1 ni de alegr\u00eda ni de reposo; y sirvi\u00e9ndonos de su tierna expresi\u00f3n, esta ser\u00e1 \u00absu pesadilla y su dolor\u00bb. Mas \u00bfqu\u00e9 har\u00e1 para consolarse, y qu\u00e9 podr\u00e1 hacer contra tanta miseria? Comienza por interesar en su obra a ese sexo d\u00e9bil, que parece haber criado el Cielo para la sensibilidad, y \u00e9l, de su misma flaqueza, saca el est\u00edmulo m\u00e1s poderoso para la piedad y conmiseraci\u00f3n. Re\u00fane a su alrededor todo cuanto hay de m\u00e1s puro y celoso entre las mujeres cristianas, y forma esas reuniones de ca\u00adridad, cuyo modelo no hab\u00eda hallado en parte alguna; me\u00addio, sin embargo, tan eficaz y sencillo, que parece extra\u00f1o que alguien no hubiera pensado en \u00e9l antes que Vicente. En ellas es donde bajo los auspicios de Vicente se tratan, no los intereses pol\u00edticos, sino los intereses de la humani\u00addad. All\u00ed acude el pobre a exponer sus aflicciones, seguro de ser escuchado y atendido. Era necesario recoger a los hu\u00e9rfanos, rescatar a los cautivos y dotar a las v\u00edrgenes; precisaba buscar trabajo para la industria indigente, esta\u00adblecer una escuela para los campesinos o sostener un hos\u00adpital que se hallaba en estado precario; reparar las p\u00e9r\u00addidas causadas por un naufragio o por el rigor de las estaciones; levantar una casa pajiza consumida por las llamas, o bien retraer a una familia de la pendiente de su ruina; desde aquellas reuniones, como desde el centro de su cari\u00addad, todo lo dirig\u00eda y a todo prove\u00eda Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>No pens\u00e9is, sin embargo, que estas nuevas Paulas, estas nuevas Marcelas que animaba el sacerdote santo, solamente se distinguiesen por sus limosnas abundantes; Vicente de Pa\u00fal les dec\u00eda frecuentemente \u00abque era menester servir a Dios con sus propias manos y con el sudor de su rostro\u00bb; que ninguna fatiga hab\u00eda de serles penosa, ning\u00fan servicio arredradas cuando la caridad reclamase sus cuidados y sa\u00adcrificios. \u00a1Qu\u00e9 cosa tan agradable era contemplar esa confe\u00adderaci\u00f3n heroica de m\u00e1s de doscientas ilustres se\u00f1oras, que, fortificadas con el c\u00f3digo de caridad que Vicente les dio, toman por teatro de su celo el <em>Hotel-Diere <\/em>de la capital; concibe el generoso designio de desterrar todos los abusos, de res\u00adtablecer la disciplina y de hacer de esa morada, desgracia\u00addamente tan temible para el pobre, la dulce esperanza del remedio de su miseria y el t\u00e9rmino feliz de sus postreros d\u00edas! Sin duda regocijose el Cielo, como se extra\u00f1\u00f3 la tierra, a vista del espect\u00e1culo de tantas mujeres fuertes que re\u00adcorr\u00edan de uno en uno los lechos del dolor, \u00abhumillando su alma\u2014como habla el Esp\u00edritu Santo\u2014 delante de pobres y enfermos\u00bb, disput\u00e1ndose cada una el ser la m\u00e1s activa y cari\u00f1osa, y, como nobles rivales de las sagradas v\u00edrgenes, mezclar con todos los socorros humanos los consuelos del cristianismo. \u00a1Ah, entonces pudo bien llamarse y con justo t\u00edtulo, a dicho asilo del dolor, la casa de Dios! \u00a1Oh templo de su Caridad! Todo habla en \u00e9l de su bondad paternal; el pobre no duda ya de su Providencia, y por vez primera desea morir all\u00ed, dichoso, en sus \u00faltimos momentos, de percibir, entre los cuidados consoladores de estas almas divinas, las primicias y fruici\u00f3n anticipada de la misericor\u00addia eterna!<\/p>\n<p>Pero la caridad de Vicente no deb\u00eda limitarse a socorrer las miserias particulares, por muchas, m\u00faltiples y grandes que fuesen. Es poco para \u00e9l aliviar a familias sin n\u00famero, a parroquias enteras; su caridad siempre en aumento, su providencia infatigable, dir\u00eda yo, va a sustentar los Esta\u00addos. Presa de cinco diferentes naciones, que se disputan la gloria o infamia de devastarlas, la Lorena y el Barrois no son m\u00e1s que teatro de horror, donde se encuentra repro\u00adducido todo cuanto han llorado las lamentaciones prof\u00e9ti\u00adcas. No s\u00f3lo se halla en dichos lugares tristemente obscurecida la hermosura de Si\u00f3n, todos sus caminos en luto, sus templos derribados, llorosos sus Sacerdotes y desola\u00addas sus v\u00edrgenes, sino que tambi\u00e9n todas las crueldades se encuentran juntas a todas las profanaciones, y el conjunto de todos los males de la anarqu\u00eda con todas las plagas de la naturaleza. Las llamas han consumido cuanto se ha es\u00adcapado de la espada; el contagio ha devorado lo que se ha librado del hambre; no se ve en las campi\u00f1as m\u00e1s que desiertos y en las ciudades ruinas; por todas partes hom\u00adbres&#8230; restos de hombres, de ni\u00f1os espirando en el regazo de sus madres; de madres&#8230; \u00a1oh cielos! \u00bfContar\u00e9 aqu\u00ed su horroroso sustento? \u00bfQu\u00e9 limosnas, qu\u00e9 socorros o qu\u00e9 mi\u00adlagros bastar\u00e1n, pues, para atender a calamidades seme\u00adjantes? \u00bfQui\u00e9n contar\u00e1, para repararlas, con bastante fuerza y valor, bastante poder\u00edo y riquezas? El pobre Sacerdote Vicente. Nuevo Jos\u00e9, salvar\u00e1 este nuevo Egipto. Verdad es que no ha previsto los d\u00edas de hambre y esterilidad, como el ministro de Fara\u00f3n; no ten\u00eda, como \u00e9l, ni tesoros reuni\u00addos, ni siete a\u00f1os de recolecciones en reserva; pero tiene m\u00e1s todav\u00eda; su celo a toda prueba, su caridad, que&#8217; basta para todo, y los caudales de la Providencia, que nunca le faltaron. En vano se le objeta que no har\u00eda bien en soco\u00adrrer a los enemigos del reino: Vicente responde que si la Lorena es enemiga de Francia, los desgraciados que ella contiene son amigos de Dios. Adornado de tan sublime sentimiento, les env\u00eda ministros de paz, que hacen brillar el estandarte de la caridad en esas regiones de discordia, y llevan la vida a ese dilatado y espacioso sepulcro. M\u00e9\u00addicos y Pastores a un tiempo, curan y ense\u00f1an; coloca\u00addos entre los moribundos y los muertos para consolar a los unos y dar sepultura a los otros, aqu\u00ed distribuyen orna\u00admentos para los altares, all\u00ed instrumentos para el trabajo, levantan a la vez las casas y los templos, y por todas par\u00adtes se muestran doblemente dignos de Vicente. M\u00e1s de veinticinco poblaciones consoladas le colmaron de bendi\u00adciones; respira la Lorena entera; y lo que no pudo empren\u00adder el poder\u00edo de los Reyes, lo lleva a t\u00e9rmino Vicente de Pa\u00fal, sin m\u00e1s apoyo que su virtud, sin otro cr\u00e9dito que su apost\u00f3lico celo.<\/p>\n<p>Nada he exagerado, hermanos m\u00edos, en lo que llevo dicho; \u00bfy no os parece, por ventura, que me dejo llevar menos de la verdad que del entusiasmo? No extra\u00f1ar\u00eda, cristianos, que os sintierais tentados a no darme cr\u00e9dito; \u00bfcu\u00e1l ser\u00e1, pues, el exceso de vuestra admiraci\u00f3n cuando sep\u00e1is que estos socorros no fueron moment\u00e1neos o limos\u00adnas pasajeras, por las cuales el Sacerdote santo se se\u00f1al\u00f3 en estos calamitosos tiempos, sino que sostuvo por muchos a\u00f1os esta carga inmensa; cuando teng\u00e1is noticia que al mismo tiempo que invert\u00eda en estas regiones innumerables cantidades, part\u00edan tesoros nuevos para el Artois, el Maine, Angoumois y Berri, y que, al mismo tiempo que sus hijos repart\u00edan a manos llenas los tesoros de la misericordia, \u00e9l acog\u00eda, socorr\u00eda, alimentaba a los emigrados de Irlanda que hu\u00edan de la persecuci\u00f3n, a los refugiados loreneses que escapaban de la miseria, a las numerosas comunidades privadas a la vez de asilo y sustento, a legiones enteras de guerreros que, derramando su sangre por el Estado, el Estado los ten\u00eda olvidados; caridad, munificencia verdade\u00adramente inconcebible, y que parecer\u00edan fabulosos, si no atestiguasen su existencia monumentos aut\u00e9nticos, y si, por decirlo as\u00ed, no toc\u00e1semos con la generaci\u00f3n que es testigo de ella. Pero es necesario, sin embargo, acostumbrarnos a los milagros, porque males nuevos har\u00e1n que se manifiesten nuevas maravillas. La Picard\u00eda se halla en grandes apuros y la Champa\u00f1a ve renovarse en su interior los males de la Lorena, esto es, la guerra por de fuera y la guerra por dentro. Pronto comprende Vicente de Pa\u00fal que todo re\u00adpresenta la imagen de la muerte, que no se encuentra all\u00ed m\u00e1s que fantasmas hambrientos, que la angustia ha llegado a su colmo, y que un solo instante de dilaci\u00f3n pod\u00eda ser causa de males incalculables. Todo lo comprende; y a buen seguro que aun cuando el mal est\u00e9 por encima de todo lo que puede decirse, el remedio no estar\u00e1 sobre sus fuerzas. Muy pronto pone en movimiento su piadosa asocia\u00adci\u00f3n; da prisa, insta, conjura; si sus discursos no bastan, hace hablar las l\u00e1grimas; cuantas m\u00e1s dificultades se le presentan, m\u00e1s recursos encuentra; se cansar\u00e1 el Cielo primero de des\u00adcargar castigos, que Vicente de Pa\u00fal de dar, asistir, expender y repartir socorros. Durante m\u00e1s de diez a\u00f1os estas infor\u00adtunadas provincias vieron renacer sucesivamente sus mi\u00adserias; durante m\u00e1s de diez a\u00f1os Vicente de Pa\u00fal prodig\u00f3 los socorros y multiplic\u00f3 sus larguezas. \u00bfPor qu\u00e9 admira\u00adble industria pod\u00eda aumentar incesantemente esos me\u00addios a proporci\u00f3n de las necesidades? \u00bfD\u00f3nde pose\u00eda ese secreto m\u00e1gico de sostener esa contribuci\u00f3n eterna que no falta a mal alguno, y que es suficiente para todas las mise\u00adrias? Cristianos, en el tesoro de sus econom\u00edas, de sus sa\u00adcrificios y de sus privaciones, en las privaciones diarias im\u00adpuestas a sus propios hijos, a los cuales, como a \u00e9l, faltaba a veces lo necesario; en aquella atractiva dulzura, a la cual nada pod\u00eda rehusarse; en un no s\u00e9 qu\u00e9 arte divino de en\u00adse\u00f1ar, de inspirar la misericordia; en un rio s\u00e9 qu\u00e9 abandona y confianza en Dios, que jam\u00e1s le enga\u00f1aba; en un no s\u00e9 qu\u00e9 poder inefable, no de multiplicar los alimentos para las hambrientas muchedumbres; no de convertir las piedras en pan, pero s\u00ed de multiplicar las almas caritativas, y de cambiar los corazones de los ricos y tenerlos , por decirlo as\u00ed, en sus manos, como el Ser Supremo tiene en las suyas los corazones de los reyes.<\/p>\n<p>Pero olvidemos, si es posible, todo cuanto ha hecho hasta aqu\u00ed Vicente, y no aparecer\u00e1 ni menos grande ni menos admirable. Lo dicho no es todav\u00eda m\u00e1s que \u00abel comienzo de los dolores\u00bb; y para Vicente todav\u00eda no es m\u00e1s que un principio de trabajos y de gloria. Parece que el Cielo, para dar un espect\u00e1culo a la tierra, quiso aumentar entonces las miserias y calamidades, y se complaci\u00f3 en igualar las nece\u00adsidades a su compasi\u00f3n y ternura. Jam\u00e1s se borrar\u00e1 de la memoria ese tiempo de aturdimiento y de v\u00e9rtigo nacio\u00adnal, mezcla inexplicable de rid\u00edculas escenas y sangrientas cat\u00e1strofes; tiempo de discordias civiles promovidas por los m\u00e1s descontentos, en las cuales cada cual, arrastrado m\u00e1s all\u00e1 de sus propias intenciones, pasaba sin cesar, y a veces en un mismo d\u00eda, de la insubordinaci\u00f3n a la obedien\u00adcia y de la obediencia a la revoluci\u00f3n; en las cuales los me\u00adjores esp\u00edritus marchaban ciegamente, sin saber ad\u00f3nde les impulsaban las pretensiones m\u00e1s opuestas; y en las cuales finalmente el Estado, conmovido casi en sus fundamentos, se agitaba en las convulsiones, tanto m\u00e1s deplorables, cuanto se ignoraba igualmente el origen del mal y la apli\u00adcaci\u00f3n del remedio: revoluci\u00f3n extra\u00f1a, la cual, por singu\u00adlaridad inaudita en nuestros anales, no fue menos calami\u00adtosa en sus consecuencias que fr\u00edvola en su objeto. Entre estas vagas agitaciones y tristes furores, a la vez tan crue\u00adles y tan vanos, no tenemos que preguntar de qu\u00e9 lado se puso Vicente de Pa\u00fal. Hermanos m\u00edos, Vicente se puso de parte de Dios, del Rey y de los pobres; los pobres, que desgraciadamente siempre son v\u00edctimas de los grandes, en este tiempo mayormente pagaron con males lamentables sus f\u00fatiles pretensiones. Mientras maquinaban los pr\u00ednci\u00adpes, negociaban los ministros, los pobres desfallec\u00edan, to\u00adcando a las puertas de la muerte. Nada se escapa a la vista de Vicente de Pa\u00fal: ve la multitud de inocentes confundi\u00addos en la proscripci\u00f3n con los culpables, la ciudad de las delicias sumergida repentinamente en un abismo de horro\u00adres, y la princesa de las provincias convertida en un de\u00adsierto de desolaci\u00f3n y duelo. Conmu\u00e9vense sus entra\u00f1as a vista de semejante espect\u00e1culo; se esfuerza en dirigir todos los esp\u00edritus hacia la paz, del mismo modo que los corazo\u00adnes hacia la misericordia. Despu\u00e9s de haber llorado al pie del Altar santo por las iniquidades del pueblo, va a gemir al pie del Trono por sus calamidades. El m\u00e1s humilde de los Sacerdotes se presenta con fortaleza santa delante de la Madre de su Rey, y mil veces m\u00e1s intr\u00e9pido que dies\u00adtro, y deferente con los cortesanos, le habla en favor de los pobres, con tanta verdad y valor como si se hubiera hallado, seg\u00fan dijo \u00e9l mismo, en el tribunal del Divino Juez. \u00a1Hermosa y grande palabra! \u00a1Ah! no es, pues, cierto que sea d\u00e9bil la piedad, y que el menosprecio de s\u00ed mismo sea in\u00adcompatible con la grandeza verdadera. Mas \u00bfqu\u00e9 son los negocios de los pobres cuando se trata de los negocios del Estado? \u00a1Qu\u00e9 importa que el hu\u00e9rfano gima en el abandono y que la viuda perezca en la indigencia, a trueque de que la pol\u00edtica triunfe, que el intrigante llegue a su fin y el ambi\u00adcioso conserve su cr\u00e9dito y su puesto! Vicente, pues, ha hablado en vano, y los pobres s\u00f3lo tienen a \u00e9l por su salva\u00addor y su padre; a m\u00e1s de dos mil alimenta cada d\u00eda en su propia casa; todos los d\u00edas asiste por sus cuidados a catorce mil enfermos; el trigo faltar\u00e1 a los m\u00e1s ricos, pero no faltar\u00e1 a Vicente; lo que no tiene, lo pide prestado, lo que no puede hallar prestado, lo crea.<\/p>\n<p>All\u00ed muchos pueblos anegados vense socorridos al ins\u00adtante; aqu\u00ed prov\u00e9ense de Pastores las campi\u00f1as abandona\u00addas; all\u00e1 se erige bajo su protecci\u00f3n un Monte de piedad, que pone en desesperaci\u00f3n los p\u00e9rfidos socorros de la ava\u00adricia; ac\u00e1 m\u00e1s de ocho mil j\u00f3venes vense recogidas en el asilo de la virtud y libradas del peligro de la pobreza, que abre el camino para el crimen&#8230; \u00a1Maravillosa omnipotencia de la caridad de Vicente! \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s podremos a\u00f1adir ahora para su gloria? Una gloria m\u00e1s grande todav\u00eda, cual es la de las cruces y pruebas, la de las calumnias de que es objeto y de las persecuciones que tiene que sufrir. Se le acusa de tener parte en las calamidades p\u00fablicas, habiendo hecho tanto para prevenirlas y remediarlas; de favorecer los nue\u00advos impuestos, \u00e9l, que tanto hab\u00eda gemido por los antiguos, ya tan costosos para el pobre; de fomentar la licencia de los cortesanos, \u00e9l, que por su santa libertad con los gran des, se expuso a la desgracia de Mazarino, como diez a\u00f1os antes se expuso a la desgracia de Richelieu a estas imputaciones locas siguen los ultrajes, a los ultrajes los atenta\u00addos. Dos veces saquean horriblemente su casa; dos veces es insultada su persona; vese obligado a huir de Reunes y de Burdeos, y aqu\u00e9l, que ha salvado la vida a tantos des\u00adgraciados, h\u00e1llase expuesto a perder la suya. \u00a1C\u00f3mo! \u00bfY merecen los hombres, tan insensibles, que se les haga el bien a costa de tantos trabajos? \u00bfY es posible que se d\u00e9 tan horrible ingratitud? Efectivamente, hermanos m\u00edos. Y se la concibe, por poco que se reflexione sobre la perversidad humana. Pero lo que no se concibe es la dulzura imperturbable de Vicente entre tantas violencias; su resoluci\u00f3n es vengarse por medio de nuevos beneficios; el partido que abraza es olvidar todos los agravios, para consolar y socorrer todas las miserias, y emplear, para obtener la gracia de los culpables, un cr\u00e9dito del cual jam\u00e1s se quiso servir ni para s\u00ed ni para los suyos. \u00abDios m\u00edo \u2014 exclamaba un d\u00eda Vicente de Pa\u00fal viendo al santo Obispo de Ginebra, Dios m\u00edo, si Francisco de Sales es tan bueno, preciso es que. Vos, Se\u00f1or, se\u00e1is tambi\u00e9n muy bueno en Vos mismo! Consecuencia admirable; deduzc\u00e1mosla tambi\u00e9n nosotros en este d\u00eda, para gloria de Vicente. \u00a1No, gran Dios! no es s\u00f3lo en los libros, ni en el espect\u00e1culo sublime de los cielos, donde es necesario aprender a conoceros, sino tambi\u00e9n en el alma del justo, en esas almas predestinadas y misericordiosas, a las cuales vuestra mano se complace en enriquecer; porque si la emanaci\u00f3n es tan buena, \u00bfqu\u00e9 debe ser el principio de donde viene? y si la d\u00e9bil imagen <em>es <\/em>tan tierna y amable, \u00bfqu\u00e9 se deber\u00e1 pensar de la substancia y del principio mismo?<\/p>\n<p>No creamos, sin embargo, cristianos, que en Vicente de Pa\u00fal s\u00f3lo hubo gran celo sin talento, y mucha bondad pero sin elevaci\u00f3n. Lejos de nosotros este miserable concepto, no menos injurioso al genio que a la virtud, y que tristemente se complace en confundir corazones misericordiosos y sencillos. Por poco que se conoz\u00adca al santo Sacerdote que estamos ensalzando, no se igno\u00adrar\u00e1 que sus conocimientos igualaban a sus beneficios, y que su genio no era menos sorprendente que su virtud. Y si no, decidme: \u00bfc\u00f3mo llamaremos esa facilidad admirable a combinar los objetos m\u00e1s distintos, en dedicarse a ocupaciones las m\u00e1s opuestas, y pasar de unas a otras sin confusi\u00f3n en su multitud, como sin embarazo en sus dificultades. \u00bfC\u00f3mo nombraremos esa aptitud para elevarse y rebajarse a su vez, seg\u00fan los lugares que ocupa y las personas con quien trata, desde el hombre del pueblo al cual dirige, hasta el Monarca a quien asiste en sus \u00faltimos momentos; desde el hijo de la campi\u00f1a con el cual habla sencillamente, hasta el Maestro en Israel, con quien habla el lenguaje de perfectos; desde el alma celestial, que dirige a las regiones m\u00e1s elevadas de la virtud, hasta el inveterado pecador a quien victoriosamente aparta del hediondo abismo de sus des\u00f3rdenes? \u00bfQu\u00e9 conocimiento no necesitaba para mos\u00adtrarse siempre superior a s\u00ed mismo, ya inspirase a sus alumnos los sentimientos dignos de su nacimiento, ya dirigiese a la virgen cristiana por los senderos humildes de la vida interior; ya gobernando una Parroquia u ocupando un lugar en el Consejo de los Reyes, ya resolviendo en sus Conferencias las m\u00e1s importantes cuestiones sobre el dogma y la moral; ya sea que, encargado cerca de Enrique <em>el Grande <\/em>de una espinosa negociaci\u00f3n, se porte en ella con tanta ha\u00adbilidad como buen \u00e9xito; ya sea, en fin, que combata los errores de su tiempo y quite la m\u00e1scara a sus autores? \u00a1De qu\u00e9 talento tan singular no estaba dotado para atraer a sus discursos los primeros hombres de su tiempo, y obligar a decir al Pr\u00edncipe de los oradores franceses que \u00abcuando el santo Sacerdote hablaba se cre\u00eda o\u00edr a Dios que se expre\u00adsaba por su boca!\u00bb No: el que tan bien sab\u00eda tratar los asuntos como las conciencias; que mezclaba tan bien la fortaleza con la dulzura, la actividad con la prudencia, el conocimiento de la Religi\u00f3n con el conocimiento del cora\u00adz\u00f3n humano; aquel a quien admiraba Richelieu, a quien es\u00adtimaba Mazarino, a quien honraba Conti, a quien consultaba el gran Cond\u00e9; aquel a quien nunca sali\u00f3 mal una sola de sus empresas; que siempre supo conducir a su voluntad voluntades tan diferentes, y no sufri\u00f3 equivocaciones en los consejos que di\u00f3 ni en los medios que puso en pr\u00e1ctica; este hombre, digo, no ha podido ser un hombre ordinario. Pero \u00bfqu\u00e9 hablamos de talento y de genio? Hermanos m\u00edos, Vicente tuvo el talento del celo y el genio de la misericordia; tuvo el talento de dar sin cesar y de no poseer cosa alguna, de privarse de todo para poder todav\u00eda dar; tuvo el don, no de hacer bajar del cielo el roc\u00edo y la lluvia, pero s\u00ed de suplir a la lluvia y el roc\u00edo, cuando el cielo los negaba.<\/p>\n<p>No busquemos otra gloria, y en este d\u00eda desaparezca toda otra hermosura a vista de la de su radiante caridad. No con\u00adsideremos m\u00e1s que al \u00fanico hombre cuyo amor por la po\u00adbreza igual\u00f3 siempre a su amor por los pobres; que humilde a proporci\u00f3n que era m\u00e1s interesante, no se fiaba en sus pro\u00adpios beneficios; y siendo nutricio de su naci\u00f3n, se disputaba hasta su propia subsistencia, y en el mismo tiempo que hac\u00eda correr por las cuatro partes del mundo el torrente de sus limosnas, todav\u00eda preguntaba a sus hijos si era verdad que mereciese vivir y comer el pan de los pobres, \u00e9l, que nada hac\u00eda para ganar el suyo. \u00bfLo hab\u00e9is o\u00eddo, Hermanos m\u00edos? No hac\u00eda nada para ganar el pan que com\u00eda. \u00a1Palabras sencillas, palabras admirables! Bien se puede decir aqu\u00ed, con el gran Obispo de Meaux, \u00abque ellas obscurecen los m\u00e1s excelentes discursos, y que era necesario no hablar m\u00e1s que este lenguaje\u00bb. No, gran Santo; no, gran hombre; nada hab\u00e9is hecho para ganar el pan, si pensamos en todo lo que todav\u00eda os queda que obrar. Vuestra gloria, vuestro triunfo singular e inmortal consiste en que los trabajos que bastar\u00edan para esclarecer muchas vidas ilustres, no son m\u00e1s que el ensayo y preludio de la vuestra.<\/p>\n<p>Hasta el presente, hermanos m\u00edos, le hemos visto trabajar por el bien de sus contempor\u00e1neos; su alma inmensa se dedica tambi\u00e9n al servicio de las futuras generaciones. Ca\u00adridad de Vicente de Pa\u00fal y todo lo que hizo para practi\u00adcarla, era mi parte primera: caridad de Vicente de Pa\u00fal y todo cuanto hizo para perpetuarla: esta es mi segunda parte.<\/p>\n<h2>Punto segundo<\/h2>\n<p>Uno de los m\u00e1s grandes y m\u00e1s nobles privilegios de la caridad divina es ese sello de inmortalidad, con el cual aparece constantemente a trav\u00e9s de los trastornos y vicisitudes de los tiempos. Al paso que las otras virtudes parecen sucum\u00adbir con el cuerpo y desaparecer con las sombras de la vida, la caridad, siempre llena de vida y siempre augusta, se for\u00adtalece por la destrucci\u00f3n <em>y <\/em>triunfa de la muerte misma; lo cual hizo decir al Ap\u00f3stol que la caridad nunca muere: <em>caritas nunquam excidit. <\/em>Estaba reservado para Vicente de Pa\u00fal experimentar m\u00e1s que otro santo alguno la verdad de dicho or\u00e1culo, mostr\u00e1ndonos su caridad, toda resplan\u00addeciente de la doble inmortalidad del cielo y de la tierra. No bastaban a su coraz\u00f3n ni limosnas transitorias ni soco\u00adrros que acabasen con su muerte; quiso dar a todo el bien que hac\u00eda una acci\u00f3n duradera y fecunda, luchar, por hablar as\u00ed, contra los tiempos, y asegurar, en cuanto le fuese posi\u00adble, hasta las \u00faltimas edades, la felicidad de sus conciudada\u00adnos. Vamos a verle abrazar, con su previsi\u00f3n activa, la pos\u00adteridad m\u00e1s atrasada, y, dominando el porvenir, perpetuar el apostolado de su caridad, el ministerio de su caridad, los monumentos de su caridad y la poderosa influencia de su caridad.<\/p>\n<p>Digo primeramente perpetuar el apostolado de la cari\u00addad. Al o\u00edr esto, cristianos, cada uno de vosotros ha re\u00adpetido el nombre de Sacerdotes de la Misi\u00f3n. Bastantes otros hab\u00edan fundado Congregaciones para el cultivo de las ciencias, para el cuidado de la educaci\u00f3n, para dedicar\u00adse a las piadosas meditaciones de la vida contemplativa. Vicente concibe el proyecto de una tribu sacerdotal, que se entregar\u00e1 totalmente a la ense\u00f1anza de los sencillos y al apostolado de las campi\u00f1as, la cual, destinada por raz\u00f3n de su estado a las humildes funciones de la casa de Dios, se prohibir\u00e1 el ejercicio del ministerio en las grandes ciudades, y, poniendo en la salvaci\u00f3n de los pobres su objeto prin\u00adcipal, mirar\u00e1 como accesorio todo lo dem\u00e1s. Merced, pues, a Vicente de Pa\u00fal, existe todav\u00eda en la Iglesia una Asocia\u00adci\u00f3n donde se prefieren las cargas a las dignidades, la po\u00adbreza a las riquezas, las virtudes modestas al resplandor de los talentos, y la utilidad a la gloria; una Compa\u00f1\u00eda, en la cual los trabajos no podr\u00e1n ser m\u00e1s grandes, ni menores las recompensas; una Congregaci\u00f3n tanto m\u00e1s querida para la Religi\u00f3n y el Estado, cuanto que sirve a la una sin pretensi\u00f3n y al otro sin inter\u00e9s; una Corporaci\u00f3n, en fin, que, sin despreciar la ciencia, prefiere la s\u00f3lida, sencilla, usual, y popular pr\u00e1ctica. \u00a1Designio admirable, que s\u00f3lo Dios pudo inspirar! \u00a1Oh, cu\u00e1nta grandeza se halla en esta sublime sencillez! \u00a1Cu\u00e1n lejos est\u00e1 esta popularidad divina de la gigantesca hinchaz\u00f3n de la sabidur\u00eda humana! \u00a1Cu\u00e1n sublime es, pues, esta Religi\u00f3n Santa, que hace, de lo m\u00e1s d\u00e9bil y obscuro, objeto de su primera solicitud! \u00bfQu\u00e9 otra Religi\u00f3n se ocupa del pobre pueblo? \u00bfCu\u00e1l otra ha dicho jam\u00e1s: \u00abDejad que se acerquen a m\u00ed los ni\u00f1os; bienaven\u00adturados los pobres de esp\u00edritu? \u00bfQu\u00e9 sabio, qu\u00e9 legislador se ha cre\u00eddo nunca destinado por estado y profesi\u00f3n a la instrucci\u00f3n del hombre ignorante y r\u00fastico? Propio es de la filosof\u00eda el sobresalir, el querer distinguirse, el concentrarse en cierto n\u00famero de esp\u00edritus, que llama privilegiados, y creerse tanto m\u00e1s esclarecida cuanto m\u00e1s dista de la capa\u00adcidad del vulgo. \u00bfQu\u00e9 otra cosa es, pues, \u00e9sta, sino aque\u00adlla ciencia orgullosa, de la cual se hallan excluidos casi todos los hombres, por su estado o por su ignorancia? Pro\u00adpio es de la Religi\u00f3n dilatarse, extenderse y abrazar-lo todo en sus ense\u00f1anzas, como el sol lo abarca todo con su ex\u00adtensa luz; su grandeza consiste en ser com\u00fan a todos, y su sublimidad en ser de todos entendida. La verdad, dicen los fil\u00f3sofos, no se ha hecho para el pueblo; y esto precisa\u00admente nos prueba que su filosof\u00eda no es verdadera.<\/p>\n<p>Pero Vicente de Pa\u00fal no creer\u00eda haber hecho a\u00fan cosa alguna, si despu\u00e9s de asegurar el pasto de la instrucci\u00f3n de las ovejas, no diera tambi\u00e9n la misma estabilidad y duraci\u00f3n a la educaci\u00f3n de los Pastores. No contento con haber establecido ejercicios particulares, donde los sagrados ministros vayan a recogerse y renovarse todos los a\u00f1os en la gracia de su ordenaci\u00f3n, abre tambi\u00e9n para los j\u00f3venes levitas perpetuos asilos, donde ser\u00e1n alimentados con la leche de la piedad, tomar\u00e1n gusto a las sagradas letras y se probar\u00e1n sus talentos y su vocaci\u00f3n. Estas Escuelas ecle\u00adsi\u00e1sticas, mandadas ya fundar por el Concilio Tridentino, bosquejadas en Italia por el gran Borromeo, se establecie\u00adron y consolidaron en Francia por Vicente de Pa\u00fal. M\u00e1s de sesenta Seminarios se erigieron por sus cuidados, cuyo n\u00famero aument\u00f3se en lo sucesivo por una santa emulaci\u00f3n; a \u00e9l se deben principalmente esos preciosos establecimientos, ri donde se ha perpetuado hasta nuestros d\u00edas el esp\u00edritu sacerdotal, donde han germinado virtudes tan ilustres, de donde han salido tantas lumbreras y cuyo restablecimiento puede por s\u00ed solo resucitar la Iglesia en Francia, consolarla en sus reveses y reparar sus p\u00e9rdidas, que desgraciada\u00admente podr\u00edan ser irremediables.<\/p>\n<p>Para extender y perpetuar estas dichosas cunas de fieles ministros, trabaj\u00f3 sin descanso Vicente en procurar a la Iglesia excelentes y virtuosos Prelados. Puesto en el Con\u00adsejo de la Regente, y agregado al importante Ministerio im\u00adpropiamente llamado de Gracias eclesi\u00e1sticas, puesto que en esto no hay gracia y que la eterna ley del m\u00e1s digno debe decidir la elecci\u00f3n, Vicente no puso a la cabeza de las Di\u00f3\u00adcesis m\u00e1s que or\u00e1culos y modelos. <sub>\u00a1<\/sub>Lejos del santuario esa median\u00eda presuntuosa que quer\u00eda invadir el patrimonio de los talentos! \u00a1M\u00e1s lejos todav\u00eda esa ambici\u00f3n intrigante y atrevida, que no se averg\u00fcenza de usurpar el sagrado dere\u00adcho del trabajo y de la virtud! En los hospitales, en las misiones, entre los catequistas humildes y laboriosos ope\u00adrarios, busca Vicente el m\u00e9rito modesto que debe ascender a las Sedes episcopales. Cuando se le habla de las preten\u00adsiones del nacimiento y de las distinciones de carne y san\u00adgre, responde que la real dignidad del Sacerdote, como la de Melquisedec, no tiene necesidad de nombre y de ge\u00adnealog\u00eda, y que los verdaderos antepasados del Obispo son sus talentos y virtudes. \u00a1Oh, si pudiera referiros en este lu\u00adgar la lista gloriosa de todos los Obispos santos que fueron elegidos por su voto! Ver\u00edais a casi todos brillar por los dones de la munificencia, a casi todos adquirir inmortales derechos al reconocimiento de los pueblos, a casi todos autores de esas leyes sinodales que todav\u00eda son la honra de nuestra disciplina, y a casi todos enriquecer sus iglesias con esos establecimientos util\u00edsimos, que, por decirlo as\u00ed, no han dejado cosa alguna que hacer a sus sucesores. De este modo, por elecci\u00f3n de Vicente, la Iglesia en Francia alcanz\u00f3 nuevo vigor; as\u00ed se fue formando poco a poco ese c\u00e9lebre Clero, digno del siglo m\u00e1s grande de la monarqu\u00eda; as\u00ed queda para siempre ese ejemplo de la omnipotencia del dispensador de las sagradas dignidades, que parece tener en sus manos los dos incontrastables principios: de la resurrecci\u00f3n y de la ruina; recompensa la virtud, y se multiplican las virtudes ; olvida los talentos, y mueren los talentos; y tiene tanto po\u00adder para renovar el santuario, que parece mandar en \u00e9l, como el Eterno manda en el Universo con los grandes m\u00f3\u00adviles del temor y de la esperanza.<\/p>\n<p>Siendo esto as\u00ed, \u00bfc\u00f3mo los mismos resortes no producen las mismas ventajas? Y por ventura, este Clero, en otro tiempo tan admirado y despu\u00e9s privado de su grandeza, animado ahora con semejante medio, \u00bfno volver\u00eda a levan\u00adtarse con honor y con gloria? \u00bfQu\u00e9 momento m\u00e1s favora\u00adble puede darse, para entregarse a una dulce esperanza, que el presente, en que reina tan feliz y perfecto acuerdo entre el sucesor de San Pedro y el sucesor de San Luis? \u00a1Estr\u00e9\u00adchese, pues, m\u00e1s y m\u00e1s este sagrado lazo, tan propio para afianzar el poder mutuo y la prosperidad com\u00fan! \u00a1Tenga fuerza bastante este nuevo convenio entre la Corona y la Tiara para conciliar todos los intereses, volver a los altares su primitiva dignidad, dar al trono nuevas columnas, a la moral nuevos defensores, a la impiedad nuevos diques, nueva vida a Francia, y, en fin, tenga virtud de comunicar al Rey y a su augusta prosapia nuevas gracias y bendiciones fecundas!<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber continuado el apostolado de su cari\u00addad, Vicente de Pa\u00fal trabaja en perpetuar el ministerio. Por desgracia mueren los bienhechores de la humanidad, pero la miseria jam\u00e1s muere. Vicente legar\u00e1 a la posteridad una nueva Congregaci\u00f3n, ornamento inmortal de la Iglesia cat\u00f3\u00adlica, una Asociaci\u00f3n de hero\u00ednas cristianas, de la cual no ser\u00e1 menos su inventor que su fundador; en ella hallar\u00e1n los po\u00adbres y desvalidos siervas, hermanas, madres cari\u00f1osas que jam\u00e1s les faltar\u00e1n. Se ver\u00e1, pues, a las Hijas de la Caridad desempe\u00f1ando a la vez los oficios de Mar\u00eda y de Marta, mezclando felizmente la actividad del celo con el recogimiento santo de la vida contemplativa, practicando en medio de la sociedad las virtudes pac\u00edficas del claustro, y juntando a la severidad m\u00e1s grande para consigo mismas la m\u00e1s tierna compasi\u00f3n para con los afligidos. \u00a1Oh singulares y conmove\u00addoras maravillas de la piedad cristiana! \u00bfPodremos admirar bastantemente esa inalterable paciencia y magn\u00e1nima for\u00adtaleza para superar todos los disgustos que parecen inven\u00adcibles, y esa abnegaci\u00f3n heroica entre los objetos que con\u00admueven los sentidos, y el en\u00e9rgico valor que hace triunfar de la misma compasi\u00f3n que las anima? \u00bfQu\u00e9 fuerza desco\u00adnocida sostiene a ese sexo delicado? \u00bfQu\u00e9 mano las defiende y aparta lejos de ellas los males que tratan de aliviar? \u00bfPor qu\u00e9 milagro salvan su vida del mismo modo que su virtud? \u00bfEs tal vez una columna protectora que camina ante ellas? \u00bfEs acaso un rayo de la gloria divina que resplandece a su vista? Los escritos p\u00fablicos nada dicen de su valor habitual; no ensalzan ese continuo sacrificio de d\u00eda y de noche; \u00a1ben\u00addito sea por esto el Cielo! Luego es cierto que existen almas sublimes, para las cuales obrar tanto bien es como un deber com\u00fan y ordinario, del cual nadie se ocupa. Todo por Dios, todo por la virtud: nada por el amor propio, por el inter\u00e9s, por la fortuna, por la buena opini\u00f3n. \u00a1Hijas respetables, oh Hermanas, mis venerables Hermanas, pues el sacerdocio os adopta, vosotras sois nuestras colaboradoras y colegas, dispensadoras augustas de la caridad; recibid hoy el tributo de reconocimiento que la humanidad os debe! A vosotras se os permite ser tan humildes y modestas como \u00fatiles y generosas; pero \u00bfnos ser\u00eda permitido a nosotros ser ingratos? \u00bfPodr\u00edamos olvidar el sacrificio perpetuo de vuestra libertad, de vuestro descanso, de vuestra misma vida, y arrebatar as\u00ed a la piedad su ejemplo m\u00e1s conmovedor, como a Vicente de Pa\u00fal su m\u00e1s hermosa corona?<\/p>\n<p>Pero d\u00e9monos prisa a referir sus obras, puesto que nuestro h\u00e9roe no cesa de edificar y emprender otras nuevas.<\/p>\n<p>Adornado siempre del esp\u00edritu de caridad, que jam\u00e1s muere, concibe el proyecto sublime de dar a cada clase de miserables un asilo seguro, y de continuar los monumentos de su misericordia, como la fortuna perpet\u00faa sus rigores y la naturaleza sus enfermedades. Veo en primer lugar, entre los desgraciados que mueven su piedad, a esos forzados culpables, que parece hacer indignos de la compasi\u00f3n p\u00fablica el crimen mismo que les ha puesto las cadenas. Se acuerda de ellos, a ejemplo del Ap\u00f3stol, como si estuviera encadenado con ellos, <em>tamquam simul vineti; <\/em>su coraz\u00f3n le ha transportado ya a los tristes lugares donde se encuentran encerra\u00addos. \u00a1Oh Dios! \u00bfSon estos lugares una prisi\u00f3n, o m\u00e1s bien un extenso sepulcro? Ve hombres, para los cuales el hambre, la desnudez, los b\u00e1rbaros tratamientos, no hacen de su vida entera m\u00e1s que una lenta y cruel muerte; ve desdichados, que s\u00f3lo conocen a la humanidad por la rabia que tienen a sus semejantes, que entienden el sentimiento por el dolor, y a Dios s\u00f3lo por las blasfemias. A vista de tal espect\u00e1culo, amargas l\u00e1grimas corren por sus mejillas, y en los transportes santos de su alma oprimida promete al Cielo y a la tierra no perdonar nada para proporcionar al\u00adg\u00fan consuelo a semejantes infelices; interesa en favor de ellos todas las almas tiernas y piadosas; solicita el valimiento del General de las galeras; pide socorros al Gobierno; re\u00adclama altamente en favor de ellos los sagrados derechos de la Religi\u00f3n, que han echado al olvido, y de la humanidad que han ultrajado. Prep\u00e1rales un asilo nuevo, m\u00e1s saluda\u00adble y m\u00e1s seguro; les env\u00eda ministros de paz que, no con\u00adtentos con ense\u00f1arles a usar bien de las penas, trabajan con constancia en suaviz\u00e1rselas. Su coraz\u00f3n no quedaba a\u00fan satisfecho; lo que emprendi\u00f3 en la capital lo ejecut\u00f3 muy pronto en las extremidades de Francia. Luis XIII, movido por los grandes bienes obrados por su celo, le nombr\u00f3 Ca\u00adpell\u00e1n General de las galeras; \u00a1dignidad nueva, grande y magn\u00edfica superintendencia, digna de ser creada para Vicente de Pa\u00fal, como Vicente de Pa\u00fal hab\u00eda creado una nueva misericordia! Ufano con un t\u00edtulo que no le daba m\u00e1s que penas y que s\u00f3lo le proporcionaba fatigas que de \u00e9l sin cesar se originaban, parti\u00f3 para los diferentes puertos del Reino. Se le ve sucesivamente en Bayona, Marsella, Bur\u00addeos, volar sobre esas prisiones flotantes y esparcir en ellas toda clase de saludables instrucciones, juntamente con toda clase de auxilios, como encuentra toda clase de males, juntos con toda clase de cr\u00edmenes. \u00a1Cu\u00e1l debi\u00f3 ser la sorpresa de estos tristes forzados cuando se les present\u00f3 Vicente por pri\u00admera vez, cuando vieron a este venerable Sacerdote, a este \u00e1ngel del Cielo penetrar en sus obscuras moradas, tocar la paja h\u00fameda que les sirve de cama, levantar sus pesadas ca\u00addenas, ir de uno en uno para escuchar sus quejas y derra\u00admar en sus almas afligidas el b\u00e1lsamo precioso de la resig\u00adnaci\u00f3n y de la paciencia! \u00a1Supremo poder de la caridad de Vicente! Los m\u00e1s desesperados se arrojan en sus brazos, le llaman su padre y le proclaman su amigo; esas almas endu\u00adrecidas, tanto por la enormidad de sus maldades cuanto por el exceso de sus tormentos, se abren a la compunci\u00f3n y se reducen a la virtud; y sus tiranos implacables se enterne\u00adcen por primera vez; pues es sabido que despu\u00e9s de la im\u00adpunidad no hay injusticia m\u00e1s grande que la extrema justi\u00adcia. No diremos aqu\u00ed que Vicente llev\u00f3 las cadenas de un forzado que quer\u00eda tornarse a sil familia. \u00bfPor qu\u00e9 aducir hechos menos ciertos en un discurso en que al orador no le queda lugar para referir las maravillas m\u00e1s aut\u00e9nticas, y en el cual, para ser elocuente, no necesita m\u00e1s que ser veraz? No es absolutamente cierto que para librar a un forzado se privase de su propia libertad; pero s\u00ed que es indudable que sus cuidados, su tiempo y su vida entera estuvieron, como uno de sus principales objetos, consagra\u00addos a la asistencia y alivio de estos desdichados, y no se crey\u00f3 desobligado para con ellos hasta que les proporcion\u00f3 saludables instrucciones, tan duraderas como los mismos socorros, les asign\u00f3 fondos para misiones perpetuas; su ca\u00adridad, viviendo en lo venidero, les levanta en Marsella, del mismo modo que en la capital, un edificio para su alivio y solaz, y, en fin, con una real dotaci\u00f3n obtenida por sus di\u00adligencias, da consistencia a esos asilos consoladores, donde sus hijos contin\u00faan a\u00fan los prodigios de su misericordia y nos ofrecen cada d\u00eda el m\u00e1s hermoso de los espect\u00e1culos: el crimen consolado por las manos mismas de la virtud.<\/p>\n<p>Mas, \u00f3yese un gran grito en Rama: <em>Vox in Rama audita <\/em><em>est. <\/em>\u00bfDe d\u00f3nde vienen esas voces lastimeras y esos tristes acentos: <em>ploratus et ululatus multus? \u00bfSer\u00e1n, <\/em>por ventura, todav\u00eda los gemidos de Raquel, inconsolable por haber perdido, a sus hijos? \u00bfSer\u00e1n a\u00fan los gritos de los crueles raptores que acaban de arrancar los tiernos infantes de los brazos de sus temblorosas madres? \u00a1Por desgracia, las mis\u00admas madres son las que sacrifican tristemente a su honor perdido el fruto de sus entra\u00f1as! \u00bfPodremos escuchar sin estremecernos el estado a que se encuentran reducidas esas v\u00edctimas de la verg\u00fcenza y del crimen? Expuestos esos tiernos infantes en las plazas p\u00fablicas, vendidos a bajo pre\u00adcio, confiados a manos mercenarias que los destinan a usos inhumanos, sepultados con frecuencia palpitando todav\u00eda, siempre inciertos de su suerte y abandonados a la ventura, perecen sin remedio de hambre y de miseria. \u00bfC\u00f3mo la po\u00adlic\u00eda toleraba tales maldades o tales cr\u00edmenes? \u00bfC\u00f3mo la hu\u00admanidad, a vista de esto, no se indignaba? \u00bfC\u00f3mo la Reli\u00adgi\u00f3n no fulminaba contra tales horrores todos sus anate\u00admas? \u00bfC\u00f3mo la patria misma, interesada en recoger estos infortunados, los miraba con indiferencia? Vanas cuestiones, cristianos, cuando nos quedan otras m\u00e1s arduas que resol\u00adver. \u00a1Ah! Pensemos m\u00e1s bien c\u00f3mo a la grandeza de tantos males Vicente de Pa\u00fal supo llevar la grandeza del remedio; c\u00f3mo muestra para con sus pobres ni\u00f1os un coraz\u00f3n mil veces m\u00e1s tierno que el coraz\u00f3n de sus madres; c\u00f3mo, mien\u00adtras que la humanidad y la naturaleza nada hablan por ellos, \u00e9l supo buscarles a la vez tantas manos que les ali\u00admentasen; c\u00f3mo, en fin, fue asaz afortunado para abrirles este respetable y magn\u00edfico asilo, cuya sola idea hab\u00eda sido desconocida antes de \u00e9l, y del cual no se hallaba cosa se\u00admejante en pueblo alguno, y que \u00e9l solo bastar\u00eda para in\u00admortalizar su memoria.<\/p>\n<p>Pero \u00a1cu\u00e1ntos obst\u00e1culos y contrariedades surgieron a la vez contra una empresa tan \u00fatil e importante! \u00bfQu\u00e9 es lo que veo? Aumentada la licencia de las costumbres, y con ella el n\u00famero de estos ni\u00f1os abandonados; nuevos males traen consigo nuevas necesidades; ac\u00e1banse los recursos de la caridad, el primer fervor se resfr\u00eda. Aquellas mujeres generosas, cuyo celo antes Vicente ten\u00eda m\u00e1s bien que contener que excitar, se arrepienten al fin de haber emprendido tanto; por primera vez estas grandes almas le faltan. Vicente mismo, Vicente, acostumbrado a emprender lo imposible, siente conmoverse por las dificultades. \u00bfQu\u00e9 digo? Mientras todo parece desesperado, \u00e9l espera enton\u00adces, y la imposibilidad misma se tornar\u00e1 para \u00e9l en recurso. Convoca en el primer templo de la corte al consejo general de estas hero\u00ednas cristianas, y all\u00ed, levantando de repente la voz como inspirado de lo alto, elocuente sin pretender serlo, mezclando felizmente a lo pat\u00e9tico de un movimiento inesperado toda la autoridad del ministerio santo, les propone pronunciar la sentencia de estos ni\u00f1os: \u00abde ser sus madres o sus jueces, y decidir al instante sobre su vida o su muerte.\u00bb Conmovidas a vista de semejante alternativa, y sin poder resistir a la virtud con que hablaba, no supieron responder m\u00e1s que con l\u00e1grimas. Vicente, en efecto, ha triunfado; toda su alma ha pasado a las entra\u00f1as de ellas; la obra de Dios se ha concluido r\u00e1pidamente; todos aquellos ni\u00f1os quedan recogidos sin distinci\u00f3n y sin reserva, siendo proclamada con solemnidad la fiesta de su feliz adopci\u00f3n.<\/p>\n<p>Vicente podr\u00e1 dar ahora curso libre a su ternura. \u00a1Qu\u00e9 de medios va a probar para sustentarlos con poco gasto, distribuirlos en las campi\u00f1as, favorecer su insensible des\u00adarrollo y proporcionar suave temperatura a sus cuerpos delicados! \u00a1Cu\u00e1ntos sinsabores y asiduos cuidados para ve\u00adlar por su educaci\u00f3n, dirigir su alma hacia el bien y ense\u00ad\u00f1arlas a cultivar a la vez los talentos y la virtud! Me com\u00adplazco sobre todo en contemplar a Vicente de Pa\u00fal con sus blancos cabellos recogiendo en sus brazos a esas cria\u00adturas inocentes, estrech\u00e1ndolas contra su seno, inclin\u00e1ndose sobre ellas, a ejemplo de Eliseo, y, como \u00e9l, aplicando sus manos a las manos de ellos, sus ojos a los de ellos, y repetirles en estos vivos y dulces abrazos aquellas palabras del profeta: \u00abAunque vuestra madre os haya abandonado, yo jam\u00e1s os abandonar\u00e9.\u00bb \u00a1Gran Santo! yo correspondo a vuestros paternales sentimientos celebrando vuestros tier\u00adnos cuidados por estas inocentes v\u00edctimas; par\u00e9ceme que con s\u00f3lo nombrarlas se reaniman vuestros sagrados restos y palpita a\u00fan ese gran coraz\u00f3n, donde se refugi\u00f3 toda la ternura maternal. \u00a1Oh si los pudi\u00e9ramos reunir todos en este templo! \u00a1Oh si pudi\u00e9ramos reunir alrededor de vues\u00adtro altar todas las cunas de estos nuevos Mois\u00e9s! Sin duda alguna que sus acentos lastimeros y sus gracias ingenuas hablar\u00edan aqu\u00ed con mayor elocuencia que nuestros insigni\u00adficantes discursos, y todos esos trofeos de la misericordia, mil veces m\u00e1s brillantes que los de la victoria belicosa, pondr\u00edan el colmo al elogio de la caridad creadora que de ello en siglo traer\u00e1 millares de ni\u00f1os a la Religi\u00f3n y otros &#8216;linares de apoyos a la patria: <em>Ex ore infantium et lactentium perfecisti laudem.<\/em><\/p>\n<p>Pero otra obra m\u00e1s grande a\u00fan estaba reservada a su ternura: \u00bfQu\u00e9 es ese espacioso monumento, cuyo solo nombre inspira igualmente el horror y la l\u00e1stima, y que sucesivamente desgarra el alma y la enternece, y en donde se produce el mal bajo sus aspectos m\u00e1s t\u00e9tricos y el vicio bajo sus formas m\u00e1s odiosas? Por estos rasgos todos vendr\u00e9is a reconocer el Hospital general de esta Corte. \u00a1Qui\u00e9n podr\u00e1 sondearlas profundidades lamentables de este abismo de miseria, degradaci\u00f3n e infortunios! Aqu\u00ed se hallan encerrados esos ociosos farsantes que sorprenden la compasi\u00f3n p\u00fablica; aqu\u00ed esos hombres, m\u00e1s infelices que culpables, que han sido arruinados por la fortuna o la imprevisi\u00f3n; aqu\u00ed esos j\u00f3venes v\u00edctimas del error, a quienes un momento de debilidad los ha precipitado en el abismo; aqu\u00ed esos monstruos de perversidad, que, por su permanencia habitual en el crimen, han perdido hasta el triste consuelo de los remordimientos. Por una parte esos furiosos privados de raz\u00f3n, privados hasta del instinto de humanidad, que ri\u00f1en en medio de sus cadenas; por otra, esos cad\u00e1veres vivos, todos cubiertos de las llagas del oprobio, y mostrando a la vista conmovida hasta qu\u00e9 punto la corrupci\u00f3n ha podido castigarse a s\u00ed misma&#8230; \u00a1Ah! Dejemos todos estos tristes objetos, tan dolorosos a la vista como dif\u00edciles de describirlos, para considerar a Vicente de Pa\u00fal, que, concibiendo el designio de reunir en un solo lugar todas las miserias humanas, librando al mismo tiempo a la humanidad de esos espect\u00e1culos desconsoladores, a la sociedad de esas cargas peligrosas, al Estado de todos esos miembros degradados, levanta uno de los m\u00e1s fuertes baluartes para la p\u00fablica tranquilidad. \u00bfSer\u00e1 tal vez que se haya debilitado\u00bb su esp\u00edritu de misericordia, o acaso la justicia, que algunas veces es m\u00e1s repugnante que el crimen mismo? Puede ser que no se encuentren sino muy raras veces esos cuidados consoladores para endulzar los pesares del infortunio. \u00bfSer\u00eda, en fin, olvido de lo que recomendaba el mismo: respetar la humanidad en los mismos que la envilecen, y convencerse bien de que no se tiene siempre el derecho de tornar desdichados aquellos mismos a quien no se ha podido convertir en buenos?<\/p>\n<p>Mas cualesquiera que sean aqu\u00ed los abusos que puedan figurarse las almas en exceso sensibles, no engrandeceremos menos al Sacerdote magn\u00e1nimo que, tan sabio en la elecci\u00f3n de los medios como intr\u00e9pido en vencer los obs\u00adt\u00e1culos, llev\u00f3 a cabo esta memorable empresa, que en vano hab\u00edan intentado Enrique IV en su acendrado amor a la Francia, y M\u00e9dicis en su espl\u00e9ndida magnificencia.<\/p>\n<p>\u00a1Oh si yo pudiera, cristianos, mostraros esas otras obras de beneficencia cristiana, de las cuales unas deben a Vicente su fundaci\u00f3n o restablecimiento, otras su desarrollo! Ver\u00eda\u00admosle: aqu\u00ed levantar, con las mismas manos que prepararon tan dulces cunas para la infancia, un asilo seguro para cua\u00adrenta ancianos; all\u00ed abrir un refugio preservador de la ino\u00adcencia; aqu\u00ed un lugar de penitencia para ese sexo culpable que sacrifica el pudor a las necesidades, que el crimen aumenta, pero no satisface; por todas partes ciudades de re\u00adfugio para la humanidad; en Sainte-Reine un hospicio reli\u00adgioso para los viajeros; en la capital las Hijas hu\u00e9rfanas, las Hijas de la Magdalena, las Casas de la Providencia, de la Uni\u00f3n cristiana, de la Propagaci\u00f3n de la Fe, la de las Hijas de Santa Genoveva y la de las Hijas de la Cruz. Casi m\u00e1s tiempo necesito yo para nombrarlas que \u00e9l para construir\u00adlas, consolidarlas y proveerlas. Qui\u00e9n es, pues, este hom\u00adbre extraordinario que emprende cuanto desea, que ejecuta cuanto emprende y eterniza cuanto ejecuta? \u00bfQu\u00e9 puede ofrecer la historia antigua y moderna de los pueblos, com\u00adparable al espect\u00e1culo de un ciudadano ignorado, que s\u00f3lo con el ascendiente de su virtud hace salir un mundo nuevo de sus manos creadoras? Ya hemos visto que la reparaci\u00f3n lolamente del Hotel-Dieu tuvo grandes dificultades para el mismo poder real. En vano esta noble empresa excit\u00f3 el celo de las personas de bien; en vano para conseguirlo se crey\u00f3 deber lisonjear la vanidad y alentar el amor propio; fue preciso renunciar a ello por largo tiempo, a causa de las dificultades que surg\u00edan sin cesar. \u00bfQu\u00e9 concepto, pues, se ha de formar del hombre prodigioso que, dividiendo sus fuerzas sobre objetos tan costosos como \u00fatiles, los lleva a su perfecci\u00f3n con igual facilidad, y reproduciendo su cari\u00addad bajo tantas formas como hay clases de miserias, lleva a cabo todos esos asilos tutelares que nos asombran por su n\u00famero, no menos que por su grandeza?<\/p>\n<p>Justo es reconocerlo: Vicente de Pa\u00fal encontr\u00f3 en su si\u00adglo recursos que le habr\u00edan faltado en el nuestro. No obs\u00adtante tantos esc\u00e1ndalos y desgracias de que fue Por mucho tiempo testigo, se le ofrecieron miles de ocasiones para secundar felizmente su celo. En este tiempo, cuando se ve\u00edan en la Corte, al lado de grandes debilidades, admirables conversiones; en la milicia, famosos h\u00e9roes, que se gloriaban de ser cristianos; en la capital, revueltas y facciones, pero tambi\u00e9n principios y costumbres vigorosos; sobre el trono a Luis XIII, para quien fue siempre sagrada la justicia; Ana de Austria, cuyo nombre fue como inseparable del de la misericordia; al frente del Estado a Richelieu y Mazarino, cuyo talento laborioso alcanzaba siglos enteros; cuando figuraban en la Magistratura Mol\u00e9, el apoyo del d\u00e9bil, menos que el terror del intrigante; Le Tellier y Lamoignon, cuyos talentos igualaban sus virtudes; S\u00e9guier, no menos amante de las letras que de los pobres; en el santuario, Francisco de Sales, B\u00e9rulle, Sourdis, La Rochefoucauld, Abelli y Godeau, Vialart y Solminiac, nombres ilustres y santos al mismo tiempo; y en otro orden menos eminente, Eudes y<\/p>\n<p>Bourdoise, y Condren y aquel humilde Sacerdote Bernard, tan rico en fe y en buenas obras, y aquel Francisco de Regis, \u00e9mulo del Ap\u00f3stol de las Indias, y aquel virtuoso Ollier, tan digno de ser su amigo, y t<sub>o<\/sub>da aquella numerosa de Sacerdotes tan notables, almas grandes y sencillas, que no escrib\u00edan por el bien de la humanidad, sino que obraban cuanto bueno pod\u00edan por ella. Mas notemos, para gloria de Vicente de Pa\u00fal, c\u00f3mo supo \u00e9l servirse de todos estos dig\u00adnos y venerables personajes, y c\u00f3mo \u00e9stos a su vez se asociaban a sus piadosos designios; c\u00f3mo supo \u00e9l ganar su m\u00e9rito y su confianza, animar su celo y poner para provecho de los pobres, su estima; y fortalecido con todos estos ilustres apoyos y con todas sus poderosas ayudas, comen\u00adzar, proseguir y perfeccionar el inmortal edificio de su mi\u00adsericordia.<\/p>\n<p>Pero \u00bfpor qu\u00e9 no he de enumerar, en alabanza suya, las incomparables matronas que tuvieron tanta parte en sus beneficios, lo mismo que en su gloria? Se\u00f1oras D&#8217;Aligre, de Herse, Traversai, Lamoign\u00f3n, Fouquet; y vos, ilustre se\u00f1ora de Gond\u00ed, primer instrumento de sus vastos desig\u00adnios; y vos, ilustre Pollali\u00f3n, siempre avara para con vos misma y siempre pr\u00f3diga para con el pobre; y vos, piadosa Mirami\u00f3n, que, despu\u00e9s de haberlo dado todo, a\u00fan encon\u00adtrabais medio de dar m\u00e1s; y vos, inmortal d&#8217;Aiguill\u00f3n, que, a las inmensas desgracias, llevasteis inmensos recursos; y vos, gran Duquesa de Mantua, m\u00e1s grande todav\u00eda cuando vuestras manos serv\u00edan a los pobres, que cuando llevaban el cetro; y vos, magn\u00e1nima Luisa de Marillac, alma sublime, que siempre estuvisteis al nivel de la de Vi\u00adcente; y vosotras todas, sus santas colaboradoras, que cada una seg\u00fan sus fuerzas, o mejor sobre sus fuerzas, sin cesar prove\u00edsteis al inagotable tesoro de sus magn\u00edficas limosnas, recibid en este d\u00eda los desahogos de mi coraz\u00f3n y el tributo de nuestros obsequios; rep\u00e1rtase entre todos el incienso que quemamos delante del altar, y que jam\u00e1s se borre de nuestra memoria el recuerdo de vosotras juntas, como a vuestros grandes corazones estuvieron siempre unidos, en admirable concierto de celo y de virtud.<\/p>\n<p>Y ahora venid, ap\u00f3stoles modernos de la filantrop\u00eda, y arrodillaos a los pies de Vicente. Compendiad en un solo punto de vista todos los monumentos de su celo; imaginad todos los sacrificios y privaciones que debieron costar, y los muchos obst\u00e1culos y dificultades que suponen. Calculad, si os es posible, sus larguezas acumuladas, los fondos desti\u00adnados a las Misiones, los fondos destinados a los Semina\u00adrios, los fondos destinados a los hospitales y los fondos destinados a las c\u00e1rceles; y a\u00f1adid a estas buenas obras, otras muchas que ocultaba su humildad; no os cans\u00e9is de contar, como Vicente de Pa\u00fal no se cansaba de ejecutar; y luego haced que se toque delante de vosotros la trompeta, inscribid vuestros nombres en los monumentos de la Fama, ense\u00f1ad al mundo entero los gloriosos progresos que ha hecho la humanidad, publicad a los cuatro vientos vues\u00adtras fastuosas suscripciones, vuestros planes de econom\u00eda salvadora, vuestros socorros tan bien calculados y las insignes obras de filantrop\u00eda.<\/p>\n<p>Mas, no; guard\u00e9monos de mezclar nada triste y amargo en un discurso consagrado al triunfo de la caridad cristiana. Deteneos m\u00e1s bien en contemplar esta Religi\u00f3n santa, toda embellecida por sus virtudes, toda resplandeciente por sus buenas obras. \u00bfPor qu\u00e9 resistir a sus atractivos? \u00bfPor qu\u00e9 atacarla con vanas sutilezas, cuando ella no os responde sino con obras de caridad? \u00bfPor qu\u00e9 os obstin\u00e1is en cavilar cuando no hay necesidad sino de sentir? \u00bfNecesita, para probar su divinidad, de otro argumento que el bien que est\u00e1 haciendo sobre la tierra? \u00abDecid lo que hab\u00e9is visto\u2014dec\u00eda una vez Jesucristo a los disc\u00edpulos de Juan:\u2014los enfermos recobran la salud, los pobres son evangelizados\u00bb. Pues a vos\u00adotros dirigimos hoy el mismo lenguaje: mirad todos esos mi\u00adlagros de la caridad, que todos los d\u00edas y en todos los mo\u00admentos obra la Religi\u00f3n santa; mirad por cu\u00e1n innumerables canales derrama el esp\u00edritu de vida en el cuerpo social; mirad c\u00f3mo su moral ejerce poderoso atractivo hasta en las m\u00e1s humildes aldeas, y su dulce luz en las tinieblas de las caba\u00f1as, y sus generosos desvelos all\u00ed donde hace su asiento el infortunio. \u00bfDe qu\u00e9 os sirve el disputar? \u00bfQu\u00e9 fruto sacan de todo esto vuestros sofistas? \u00abLos enfermos recobran la salud, los pobres son evangelizados\u00bb. \u00a1Ah! un principio tan saludable, \u00bfes posible que no sea bueno? y un principio tan bueno, \u00bfpuede no ser verdadero? <em>Renunciate que vidistis: <\/em><em>leprosi munclantur, pauperes evangelizantur. <\/em><\/p>\n<p>Pero mientras recorremos la historia de tantas maravi\u00adllas, olvidamos que se acumulan los a\u00f1os sobre Vicente, y que toca ya al t\u00e9rmino de su carrera. \u00a1Cu\u00e1n breve es <em>la <\/em>existencia de los genios entre los mortales! \u00bfY c\u00f3mo, sin embargo, estos h\u00e9roes de la humanidad, que tanto parti\u00adcipan de la bondad y santidad de Dios, no se hallan exen\u00adtos de la fragilidad y de la caducidad del barro? \u00a1Muere, pues, como el resto de los mortales, aquel cuyos alientos, durante toda su vida, no han sido otra cosa que arranques de amor hacia el pobre! Mas admiremos la Providencia, que no permitir\u00e1 que, dejando de vivir Vicente, deje de ser \u00fatil a la humanidad. Muere, es cierto; pero la influencia de su caridad fecunda ser\u00e1 eterna; a\u00fan m\u00e1s, sus huesos profe\u00adtizar\u00e1n como los de Jos\u00e9, y del fondo mismo de su tumba radiar\u00e1n los vivos rayos de luz que reanimar\u00e1n el fuego sagrado de la misericordia en los corazones que est\u00e1n llama\u00addos a perpetuar el deseo de las obras ben\u00e9ficas, y a dar un nuevo impulso a la caridad p\u00fablica. \u00a1Admirable revoluci\u00f3n! El esp\u00edritu de Vicente se mezcla en todo. Sus fundaciones son causa de otras no menos abiertas a la miseria, y no me\u00adnos favorables para el desgraciado. Colocados en los palacios reales sus humildes hijos, nos muestran el dichoso con\u00adtraste de la sencillez, aproximada al espect\u00e1culo de la gran\u00addeza. Formado por los disc\u00edpulos del santo Sacerdote, bien pronto aparece el Fundador venerable de las Escuelas Cristianas, donde el pueblo aprende esta ignorancia que lo sabe todo esto es: el amor de Dios y del trabajo.<\/p>\n<p>Exti\u00e9ndese y se perfecciona el gusto de saludables reformas, y arte de socorrer a los necesitados, se vuelve de d\u00eda en d\u00eda m\u00e1s activo e industrioso. Un siglo, fecundo en artes y letras, comienza por fin a ocuparse de los hombres, y Luis <em>el Grande <\/em>se persuade que no ser\u00e1 verdaderamente digno de este nombre sino haci\u00e9ndose amar de la humanidad por sus leyes tutelares, mil veces m\u00e1s gloriosas que sus conquistas. Por todas partes se levantan hospicios, por todas partes se multiplican las escuelas en favor de los pobres, y los dep\u00f3sitos hasta ahora desconocidos&#8217; en favor de la mendicidad. Cada Pastor establece entre su reba\u00f1o asocia\u00adciones cristianas, formadas seg\u00fan el modelo de las de San Vicente. Las naciones extranjeras las adoptan con santa envidia, y en su noble emulaci\u00f3n se glor\u00edan de tener tam\u00adbi\u00e9n sus piadosas hospitalarias, que desde un extremo a otro de la Europa cat\u00f3lica derraman, juntamente con el buen olor de sus virtudes, sus saludables socorros y aten\u00adciones para que nada falte a la gloria de Vicente de Pa\u00fal; las obras que ha fundado su celo, protegidas visiblemente desde el Cielo de una manera del todo particular, se ver\u00e1n sobrevivir a todas las tempestades pasadas entre nosotros, y escapando de este instinto de destrucci\u00f3n que lo ha ani\u00adquilado todo con su furor imp\u00edo, sobrenadar entre las rui\u00adnas de todas las instituciones antiguas, y, herederas del es\u00adp\u00edritu de su ilustre Padre, transmitirlo de generaci\u00f3n en ge\u00adneraci\u00f3n, oblig\u00e1ndonos a celebrar por siempre jam\u00e1s su nombre y a bendecir su memoria: <em>\u00abEt justitia ejus manet <\/em><em>in <\/em><em>saeculum saeculi\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed es como la mayor parte del bien que hoy d\u00eda disfru\u00adtan los pobres, es debido a Vicente de Pa\u00fal, digno de nues\u00adtro eterno reconocimiento por los muchos servicios presta\u00addos a la humanidad durante su vida, y por todos los que aun despu\u00e9s de su muerte le presta de continuo. As\u00ed que la pos\u00adteridad no cesar\u00e1 de repetir que un solo Sacerdote, ani\u00admado del esp\u00edritu de su estado, que es el mismo esp\u00edritu de Dios, ha hecho m\u00e1s en bien de su Naci\u00f3n que el mayor de sus ministros y el m\u00e1s grande de sus Reyes. Por esto tambi\u00e9n los enemigos del sacerdocio ser\u00e1n los m\u00e1s ingra\u00adtos de todos los culpables, cuando no los m\u00e1s inconsecuen\u00adtes entre los sofistas, y muy bien podremos decir aqu\u00ed, que la impiedad no es menos un vicio del coraz\u00f3n que un error del entendimiento. Adem\u00e1s, con esto queda invencible\u00admente probada esta importante verdad, que si nosotros debemos a Vicente tan se\u00f1alados beneficios, tambi\u00e9n debe Vicente a la Religi\u00f3n tantos bienes por \u00e9l ejecutados. Real\u00admente, ella es la que hizo grande su coraz\u00f3n santific\u00e1ndole, y que, por el m\u00e1s sublime de los motivos, le inspir\u00f3 el m\u00e1s sublime de los sentimientos.<\/p>\n<p>En efecto, \u00bfpens\u00e1is que hubiera amado tanto a los hombres si no se hubiese sentido abrasado del amor de Dios? \u00bfPens\u00e1is que hubiera arrostrado tantas contradicciones y vencido tantas dificultades y obst\u00e1culos, si no hubiera tenido otro gu\u00eda que el entusiasmo de humanidad, tan f\u00e1cil en inflamarse como pronto en debilitarse y extinguirse? \u00bfPens\u00e1is, en fin, que hubiera hecho todo lo que hizo, s\u00ed no hubiera &#8216;tenido otra esperanza que el tiempo, otro aliento que el humo de la gloria y otra ambici\u00f3n que una vana estatua? \u00a1Una estatua! Pero \u00a1c\u00f3mo! \u00bfCon este tan raqu\u00edtico honor se ha de medir al hombre justo? \u00bfCon un precio tan miserable han de premiarse ochenta a\u00f1os de sa\u00adcrificios y de virtudes? \u00bfQu\u00e9 tiene de com\u00fan esta fr\u00edvola recompensa, que el orgullo puede alcanzar y de que puede participar el vicio con la sencilla humildad, el heroico des\u00adprendimiento y la atractiva modestia? As\u00ed, pues, que se afecte querer colocarle entre esos grandes hombres con los cuales nada tuvo de com\u00fan, ni por el g\u00e9nero de sus trabajos, ni menos por la elevaci\u00f3n de sus miras; que se le atribuya una f\u00fatil gloria, por la cual \u00e9l nada trabaj\u00f3, y esos honores c\u00edvicos que \u00e9l mismo hubiera rehusado: por nues\u00adtra parte, le devengamos, en el nombre sagrado de la Re\u00adligi\u00f3n, como un. h\u00e9roe que a ella s\u00f3lo pertenece, que no vivi\u00f3 sino para ella, y no ha sido formado sino por ella y Mara ella; y prosternados, no delante de su estatua, sino delante de su altar, su digno y \u00fanico monumento, le con\u00adjuramos que eleve nuestras almas a la altura de la suya; pro\u00admetemos sobre su santo sepulcro amar, a su imitaci\u00f3n, a los pobres; en fin, aqu\u00ed vendremos a buscar, junto a sus sagra\u00addas cenizas, esta celestial llama que arde en su coraz\u00f3n, esta santa caridad que, deriv\u00e1ndose del seno de Dios, es siem\u00adpre pura como su motivo, inmensa como su objeto e inmortal corno su recompensa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Spiritus Domini super me, ut mederer contritis corde, ut praedicarem captivis indulgentiam, ut consolarer omnes In\u00adgentes. 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