{"id":31898,"date":"2020-03-24T08:07:27","date_gmt":"2020-03-24T07:07:27","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=31898"},"modified":"2020-01-26T21:56:38","modified_gmt":"2020-01-26T20:56:38","slug":"antoine-durand-1629-1703","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/antoine-durand-1629-1703\/","title":{"rendered":"Antoine Durand (1629-1703)"},"content":{"rendered":"<h2>I.- (1629-1661)<\/h2>\n<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'><em>Nacimiento y entrada en la Congregaci\u00f3n. \u2013Primeros empleos. -El Sr. Durand en Polonia. \u2013Nombrado superior en Agde. \u2013Benovolencia paternal que le testimonia san Vicente. \u2013Asiste a la asamblea general. \u2013Su nombramiento en Fontainebleau<\/em>.<\/div><\/div>\n<p>El Sr. Antoine Durand naci\u00f3 en Beaumont-de-l\u2019Oise, di\u00f3cesis de Beauvais, en el mes de abril de 1629.\u00a0 A la edad de dieciocho a\u00f1os se present\u00f3 a san Vicente quien le admiti\u00f3 en la Congregaci\u00f3n el 15 de septiembre de 1647.<\/p>\n<p>El Sr. Durand no era a\u00fan sacerdote y hab\u00eda ense\u00f1ado ya por alg\u00fan tiempo en el seminario de San Carlos, cuando recibi\u00f3 de nuestro bienaventurado Padre la orden de dirigirse a Polonia, con los Srs. Eveillard, Simon y un hermano coadjutor, bajo la direcci\u00f3n del Sr. Guillot. \u00c9ste no era a\u00fan m\u00e1s que subdi\u00e1cono, hab\u00eda formado parte de la primera colonia de misioneros establecida en Varsovia, por el Sr. Lamberto aux Couteaux. Pero no hab\u00eda tardado en caer enfermo, se hab\u00eda amparado de \u00e9l un deseo tan violento de volver a Francia, que a pesar de los \u00e1nimos de san Vicente, se hab\u00eda puesto en camino. Pero muy pronto, el sentimiento de haber causado dolor a un Padre tan bueno, contrariando la voluntad de Dios, le hizo entrar dentro de s\u00ed, y pidi\u00f3 ser destinado de nuevo a Polonia.<\/p>\n<p>Los j\u00f3venes misioneros de embarcaron en Rouen, el mes de julio, y despu\u00e9s de un viaje peligroso por la presencia de los piratas ingleses en estos parajes, llegaron a su destino, en el curso del mes de septiembre de 1654. Ese mismo a\u00f1o, el Sr. Duarnd fue ordenado sacerdote por el pr\u00edncipe Casimir Czartoryski, obispo de Posen, cuya jurisdicci\u00f3n se extend\u00eda entonces hasta Varsovia.<\/p>\n<p>Esta misi\u00f3n de Varsovia, fundada apenas hac\u00eda tres a\u00f1os, hab\u00eda sido rudamente probada. El Sr. Lamberto, su fundador, tras dos a\u00f1os de trabajos y de fatigas, hab\u00eda sucumbido por toda la fuerza de la edad. El Sr. Zelazeuski, que le hab\u00eda acompa\u00f1ado por Polonia, dud\u00f3 mucho tiempo en su vocaci\u00f3n, y acab\u00f3 por abandonarle. El Sr. Guillot, como ya hemos dicho,\u00a0 hab\u00eda regresado a Francia, donde igualmente hab\u00eda tenido que volver el hermano Posny, quien hab\u00eda desagradado al Sr. Fleury, capell\u00e1n de la reina Marie-Louise de Gonzague.<\/p>\n<p>La llegada de los nuevos misioneros levant\u00f3 los \u00e1nimos del Sr. Ozenne, tanto m\u00e1s cuando los vio plenos de ardor para ponerse inmediatamente\u00a0 al estudio del polaco. La casa de\u00a0 Sainte-Croix comenz\u00f3 desde entones a parecerse a un peque\u00f1o San L\u00e1zaro. Todo andaba bien y promet\u00eda grandes frutos de salud para este pa\u00eds tan querido del coraz\u00f3n de san Vicente: \u00abVos me dais siempre nuevos motivos de dar gracias a Dios por todas las cosas que me escrib\u00eds, dec\u00eda por entonces el bienaventurado fundador al Sr. Ozenne; tambi\u00e9n me consuela la aplicaci\u00f3n de de los Srs. Durand, \u00c9veillard y Simon, a la lengua polaca, y por\u00a0 y por los progresos que hacen; os ruego que los felicit\u00e9is de mi parte, y al Sr. Duperroy porque se ha entregado de manera que ahora da el catecismo en polaco, seg\u00fan me informan; os ruego, Se\u00f1or, que les deis un abrazo de mi parte, y les recomend\u00e9is que pidan a Dios el don de las lenguas\u2026\u00bb. Y por lo dem\u00e1s; Doy gracias a Dios por todas las que os ha hecho, en particular por la gracia que os da de\u00a0 seguir sus \u00f3rdenes, por vuestra buena direcci\u00f3n\u00a0 de la Compa\u00f1\u00eda\u00a0 y de fuera, y por la satisfacci\u00f3n que recib\u00eds de nuestros queridos cohermanos.<\/p>\n<p>Pero la Providencia quer\u00eda que esta misi\u00f3n de Polonia fuera durante tres largos a\u00f1os una fuente de dolores para san Vicente y su familia. Los cosacos de Ukrania levantados\u00a0 sus se\u00f1ores, hab\u00eda llamado en su socorro a los Moscovitas, que invadieron Lituania, mientras que Carlos Gustavo, rey de Suecia, a la cabeza de un ej\u00e9rcito formidable, pon\u00eda sitio a Varsovia, donde entr\u00f3 el 30 de agosto de 1655. Ante su cercan\u00eda, el rey Juan Cassimiro y la reina se hab\u00edan refugiado en Silesia, llev\u00e1ndose consigo a las Hijas de la Caridad, a las religiosas de la Visitaci\u00f3n, y al Sr. Ozenne. \u00c9ste previendo las desgracias que iban a caer sobre la capital y sobre todo el reino, hab\u00eda devuelto a Francia a los j\u00f3venes misioneros llegados el a\u00f1o precedente. El Sr. Durand acababa de salir de una pleures\u00eda que le hab\u00eda llevado a las puertas de la tumba; a su regreso, fue enviado a la casa de Agde, fundada en el a\u00f1o de 1654. \u00abEste establecimiento, escrib\u00eda san Vicente al Sr. Blatiron, era de hermosas esperanzas\u00a0\u00ab. El Sr. Duchesne, que fue su primer superior, propon\u00eda comenzar en \u00e9l dos seminarios, uno para la di\u00f3cesis, y el otro para la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Estos proyectos no se pudieron realizar, el local donde se hab\u00eda alojado a los misioneros\u00a0 era malsano; el Sr. Duchesne cay\u00f3 enfermo all\u00ed y muri\u00f3 a primeros de noviembre. El Sr. Mugnier, llegado de Marsella para cuidarle, se vio \u00e9l mismo en peligro. San Vicente rog\u00f3 al Sr. Abelly que escribieras a Agde a los Srs. vicarios generales a fin de que consintieran en hablar a Mons. el obispo a fin de obtener otra residencia para la peque\u00f1a familia. Este plan no tuvo efecto. El nuevo superior, el Sr. Lebas, se vio a su vez atacado por el mal y reducido al l\u00edmite; se restableci\u00f3 no obstante, pero debi\u00f3 conducir su obra en medio de tantas dificultades que san Vicente le orden\u00f3 que lo dejara con todos sus misioneros, pidiendo a Dios que bendijera la ciudad y la di\u00f3cesis sin adelantar en c\u00e1tedra o en otro lado que testimoniara descontento; deb\u00eda adem\u00e1s, antes de retirarse recibir con toda la peque\u00f1a familia la bendici\u00f3n de los Srs. vicarios generales.<\/p>\n<p>Sin embargo las cosas cambiaron de rostro y esta resoluci\u00f3n no se ejecut\u00f3. Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, en 1657, el Sr. Durand reemplazaba al Sr. Lebas en la direcci\u00f3n de la casa de Agde.<\/p>\n<p>Sabemos por las cartas de san Vicente que no le gustaba confiar la direcci\u00f3n de sus casas a j\u00f3venes misioneros. Se necesitaba pues que tuviera una soberana estima en cuanto a la virtud y los talentos del Sr, Durand, ya que le pon\u00eda, a la edad de veintiocho a\u00f1os apenas,\u00a0 a la cabeza de un establecimiento tan importante. Por lo dem\u00e1s, para sostenerle en sus trabajos, el venerable fundador le escrib\u00eda frecuentemente y con una benevolencia muy paternal. El joven superior hab\u00eda hablado un d\u00eda con demasiada vivacidad en una de sus instrucciones, y tuvo la sencillez de dar a conocer su falta a su Padre quien le respondi\u00f3. \u00abLa experiencia que ten\u00e9is de la mala manera con que se han recibido ciertas cosas que hab\u00e9is dicho en el p\u00falpito, os hace conocer bastante que no se ha de predicar nunca a los sacerdotes ni a los religiosos; pues, aparte de que no se aprovechan de nada, produce efectos contrarios. Tampoco se ha de tener en la cabeza el defecto de una comunidad o de una persona particular. Por miedo a que se escape alguna palabra o alguna mirada que les d\u00e9 motivo a imaginarse que se habla de ellas, que se las difama o se las quiere mal. Ciertamente, Se\u00f1or, se necesita una grande circunspecci\u00f3n para no chocar con nadie, y mucha caridad y humanidad para con su auditorio para edificarle\u00bb.<\/p>\n<p>El Sr. Durand aprovecha estas hermosas lecciones y sigue consultando a san Vicente que le ense\u00f1a un d\u00eda el modo de predicar bien. \u00abLa oraci\u00f3n es un gran libro para un predicador, de ella sacar\u00e9is las verdades divinas en el Verbo eterno que es su fuente, las cuales comunicar\u00e9is luego al pueblo. Es de desear que todos los misioneros amen mucho esta pr\u00e1ctica, ya que sin su ayuda producir\u00e1n poco o ning\u00fan provecho, y con su ayuda, se asegura que toquen los corazones; ruego a Dios que os d\u00e9 el esp\u00edritu de oraci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>El joven y celoso superior ped\u00eda luego consejo para tratar con religiosos, y el caritativo Padre le escrib\u00eda: \u00abDeber\u00e9is esforzaros en servirles y demostrarles si ten\u00e9is ocasi\u00f3n que ten\u00e9is el afecto de ir a verlos alguna vez, en no tomar nunca partido contra ellos, ni en interesaros en sus asuntos m\u00e1s que para defenderlos en caridad, hablar de ellos bien, en no decir nada en el p\u00falpito ni en conversaciones particulares que pueda chocarlos, aunque ellos no os respondan de la misma manera; esto es lo que deseo que hagamos todos, pues ellos son religiosos en un estado de perfecci\u00f3n, y tambi\u00e9n los debemos honrar y servir\u00bb.<\/p>\n<p>En la escuela de este excelente maestro, el Sr. Durand aprend\u00eda tambi\u00e9n a servir de alegr\u00eda y de consuelo de sus cohermanos: \u00abVivid, le dec\u00eda el Santo, vivid con vuestros cohermanos cordial y sencillamente, de manera que al veros unidos, no se pueda saber qui\u00e9n es el superior\u00bb. Esta condescendencia no dejaba de ser para el disc\u00edpulo fiel una ocasi\u00f3n de m\u00e9rito, san Vicente lo sab\u00eda y le animaba en estos t\u00e9rminos: \u00abVer\u00e9is qu\u00e9 grande ha sido la bondad de Nuestro Se\u00f1or con los ap\u00f3stoles y los disc\u00edpulos cuando estaba en la tierra, y cu\u00e1nto ha tenido que sufrir de los buenos y de los malos, eso mismo os har\u00e1 ver que las superioridades tienen sus espinas como las dem\u00e1s condiciones, y que los superiores que quieren hacer bien su deber de palabra y con el ejemplo tienen mucho que sufrir de sus inferiores, no s\u00f3lo de los d\u00edscolos sino tambi\u00e9n de los mejores. Seg\u00fan esto, Se\u00f1or, entregaos a Dios para servirle en esta calidad, sin pretensiones de ninguna satisfacci\u00f3n por parte de los hombres.<\/p>\n<p>Algunos meses despu\u00e9s, en julio de 1659, el Sr. Durand se dirigi\u00f3 a Montpellier, donde reemplaz\u00f3 moment\u00e1neamente al Sr. Get para intentar la fundaci\u00f3n de un seminario; habiendo fracasado sus esfuerzos, el bienaventurado Padre reconociendo su entrega le escribe para felicitarle por ello. Le anima luego en medio de las dificultades nuevas que se presentan en su casa de Agde: \u00abYa es suficiente que dos hombres habiten juntos darse ejercicio, y aun cuando estuvierais solo os ser\u00edas cara a vos mismo y un motivo de paciencia, tan verdad es que nuestra vida es miserable y sembrada de cruces\u00bb.<\/p>\n<p>Estas ense\u00f1anzas eran comprendidas, y el Sr. Durand continu\u00f3 dirigiendo con sabidur\u00eda la casa que le estaba confiada. A la muerte de san Vicente, fue diputado de la provincia de Saboya a la asamblea general que design\u00f3 al Sr. Almer\u00e1s como sucesor de san Vicente. Despu\u00e9s de la elecci\u00f3n, regres\u00f3 a Agde, pero algunos meses despu\u00e9s, le volv\u00edan a llamar para tomar la direcci\u00f3n de una obra muy delicada; era nombrado superior y p\u00e1rroco de Fontainebleau; esta elecci\u00f3n mostraba la alta idea que el nuevo superior general se hab\u00eda formado de los m\u00e9ritos del celoso misionero.<\/p>\n<h2>II.- (1661-1679)<\/h2>\n<p><em> <div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>El Sr. Durand p\u00e1rroco de Fontainebleau. \u2013Su diario. \u2013Hist\u00f3rico de esta fundaci\u00f3n. -Negativa y aceptaci\u00f3n del Sr. Alm\u00e9ras. \u2013Ana de Austria y los hijos de san Vicente de Pa\u00fal. Dificultades suscitadas a los misioneros. Dos cartas in\u00e9ditas del Sr. Alm\u00e9ras. -Muerte de Ana de Austria. \u2013Estima y bondades de la reina Mar\u00eda Teresa por los misioneros. -Cumplido de Luis XIV. \u2013El Sr. Durand y la Sra. de Montespan.<\/div><\/div><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Durante su estancia en la parroquia cuyo cuidado le fue confiado, el Sr. Durand fue exacto en consignar d\u00eda a d\u00eda todo lo que juzgaba de alg\u00fan inter\u00e9s en los diversos acontecimientos en los que se encontr\u00f3 mezclado m\u00e1s o menos directamente. \u00abCreo, dice \u00e9l, en la primera p\u00e1gina de su diario, para consuelo de quienes cumplir\u00e1n m\u00e1s dignamente que yo, el lugar y el cargo que ocupo ahora, deber informar sucintamente, en cuanto pueda, diversos incidentes, o que no est\u00e1n escritos en otras partes o, si hay algunos, est\u00e1n aqu\u00ed y all\u00e1, en confusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Hemos recorrido este manuscrito y nos ha parecido que encierra m\u00e1s de una an\u00e9cdota narrada con esa fina bonhom\u00eda y esa ingenuidad un tanto maliciosa que caracterizan a ciertas memorias de la \u00e9poca. Los l\u00edmites de una simple noticia y la finalidad que nos hemos propuesto al escribirla no nos permiten publicar este interesante documento; nos limitamos a extraer del diario del misionero\u00a0 lo que se refiere m\u00e1s directamente a la fundaci\u00f3n de Fontainebleau.<\/p>\n<p>\u00abDesde la muerte del cardenal de Mazarino (1661), la reina madre Ana de Austria buscaba la ocasi\u00f3n de servir a la Congregaci\u00f3n, por el recuerdo de la estima que ten\u00eda de del difunto Sr. Vicente, nuestro muy honorable Padre, en quien ella tuvo una confianza tan particular\u00bb. La fundaci\u00f3n que hab\u00eda hecho en Metz y los abundantes bienes que recib\u00eda el pueblo con ello la hab\u00eda persuadido adem\u00e1s de la utilidad de los empleos de la Misi\u00f3n. Su proyecto llegaba incluso a fundar la peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda en todas la casas reales y quer\u00eda comenzar por el burgo y el castillo de Fontainebleau, adonde la corte acostumbraba a ir a pasar todos los a\u00f1os el verano.<\/p>\n<p>Tiempos atr\u00e1s, la caritativa princesa hab\u00eda pedido y obtenido de san Vicente de Pa\u00fal dos Hermanas de la Caridad para cuidar de los enfermos de la parroquia y encargarse de la escuela de las peque\u00f1itas. Les hab\u00eda construido una casa que, gracias a las liberalidades del rey y de las personas de la corte, se agrand\u00f3 en lo sucesivo; todo el mundo admiraba en ello el celo y desinter\u00e9s de una\u00a0 comunidad cuyo lote es el amor de los pobres.<\/p>\n<p>Pero la reina madre pensaba que su obra no estar\u00eda completa mientras los sacerdotes de la Misi\u00f3n no estuvieran a la cabeza de la parroquia: ella alimentaba desde hac\u00eda diez a\u00f1os el proyecto de establecerlos all\u00ed; pero no ve\u00eda todav\u00eda c\u00f3mo\u00bb.<\/p>\n<p>La iglesia parroquial de Saint-Louis situada en la calle mayor del burgo de Fontainebleau, no era todav\u00eda m\u00e1s que una simple capilla, construida por Luis XIII, en 1624, en un terreno donado por la marquesa de Mercoeur. Esta capilla depend\u00eda de la parroquia de Avon, atendida por los religiosos Mathurins desde el a\u00f1o 1549, bajo el reinado de Francisco I.<\/p>\n<p>Por motivos que no es \u00fatil explicar aqu\u00ed, la reina Ana de Austria pens\u00f3 que era necesario crear una parroquia nueva que comprendiera el burgo y el castillo real. La ocasi\u00f3n que buscaba se present\u00f3 por fin despu\u00e9s de la paz de los Pirineos y el matrimonio de Luis XIV con\u00a0 la infanta Mar\u00eda Teresa.<\/p>\n<p>Bien en la ida a San Juan de Luz, bien al regreso, la corte se hab\u00eda detenido en Richelieu y hab\u00eda visto trabajando a los modestos hijos de san Vicente de Pa\u00fal.\u00a0 Todo el mundo deseaba verlos trabajar de la misma forma en Fontainebleau. Durante tres meses no se habl\u00f3 en el c\u00edrculo de Sus Majestades de otra cosa que de las ventajas que habr\u00eda estableciendo una parroquia en el burgo y en confi\u00e1rsela a los sacerdotes de la Misi\u00f3n. La reina madre, como se puede figurar, tom\u00f3 el asunto con m\u00e1s inter\u00e9s que nadie. Consult\u00f3 al Sr. obispo de Rennes, su primer gran capell\u00e1n, m\u00e1s tarde arzobispo de Auch y, segura de s\u00ed misma\/\/\/, resolvi\u00f3 continuar en serio con el asunto.<\/p>\n<p>Hab\u00eda en ese momento en Fontainebleau un sacerdote de la misi\u00f3n, el Sr. Chr\u00e9tien que distribu\u00eda limosnas en el G\u00e2tinais, en nombre de la reina madre, del Sr. y Sra. princesa de Conti\/\/\/ y otras personas caritativas; Ana de Austria le encarg\u00f3 que comunicara sus intenciones al Sr. Alm\u00e9ras.<\/p>\n<p>\u00c9ste vino pues a Fontainebleau, mas con la resoluci\u00f3n de agradec\u00e9rselo a la reina y rogarle que pusiera sus ojos en alguna otra comunidad. Pero Su Majestad no quiso o\u00edr otra cosa que no fuera a favor de los pobres misioneros; como el Sr. Alm\u00e9ras se excusaba por aceptar este curato, porque nuestra congregaci\u00f3n no tiene este fin, la reina le objetaba que ya hab\u00edan recibido la de Richelieu, el Sr. Alm\u00e9ras dijo sencillamente que era para obedecer a este gran cardenal, a lo que la reina replic\u00f3 agradablemente; \u00abYa merecemos Nosotros lo que el Sr. cardenal\u00bb. El Sr. Alm\u00e9ras no ten\u00eda m\u00e1s que rendirse al deseo de la reina madre que era tambi\u00e9n el del rey. Luis XIV escrib\u00eda en efecto a Mons. el arzobispo de Sens:<\/p>\n<p>\u00abMonse\u00f1or el arzobispo de Sens, no queriendo partir de aqu\u00ed sin acabar todo lo que respecta al curato de este burgo, y a o\u00edr la misa del futuro p\u00e1rroco, me he complacido en [398] testimoniaros por esta carta, escrito de mi propia mano, que vos no podr\u00edais hacer otra cosa que me fuera m\u00e1s agradable que venir vos mismo o enviar a vuestro oficial\u00a0 para concluir el establecimiento; y el punto de la fundaci\u00f3n no debe\u00a0 deteneros, ya que a la espera de que se vea otro rumbo, he mandado expediciones necesarias para asignar, contra tales de mis granjas como sean suficientes, las seis mil libras con las que he resuelto dotar dicha parroquia; y la indemnizaci\u00f3n del curato de Avon ser\u00e1 por la preferencia a todas las cargas. De manera que ser\u00e1 un fondo asegurado. Prometi\u00e9ndome pues que vos no pong\u00e1is ning\u00fan retraso a lo que son mis intenciones, yo no le pondr\u00e9 m\u00e1s demoras, sino pedir a Dios que os tenga en su santa custodia. Escrito en Fontainebleau, el 8 de noviembre de 1661, firmado: Luis.<\/p>\n<p>La reina madre escribi\u00f3 a continuaci\u00f3n lo que sigue:<\/p>\n<p>\u00abSe\u00f1or arzobispo de Sens, espero con tanta impaciencia el establecimiento de la nueva parroquia que el rey mi hijo quiere hacer en su iglesia del burgo de Fontainebleau, que me satisface demostraros que no podr\u00edais causarme mayor gozo que llevarlo a ejecuci\u00f3n prontamente, o si vuestra salud no os lo puede permitir, enviar a alguno por vuestra parte, deseando con mucha pasi\u00f3n asistir a esta ceremonia antes de partir de este lugar. En cuanto a la fundaci\u00f3n, el rey provee de manera que la cosa est\u00e1 asegurada, y por mi parte colaborar\u00e9 con lo que sea necesario, a fin de que no sea obst\u00e1culo a una obra tan buena\u00bb.<\/p>\n<p>Mons. el arzobispo de Sens envi\u00f3 al Sr. abate Benjamin, y el Sr. Alm\u00e9ras se hizo representar por el Sr. Berthe quien, con las formalidades de uso\u00a0 tom\u00f3 posesi\u00f3n real, actual y corporal de dicho curato del burgo de Fontainebleau, reci\u00e9n erigido, como se dice en el acta que se redact\u00f3, en la fecha de 27 de noviembre de 1661 .<\/p>\n<p>El Sr. Alm\u00e9ras inform\u00f3 de este acontecimiento a toda la Compa\u00f1\u00eda por medio de una carta circular a los superiores de las casas. La reproducimos aqu\u00ed:<\/p>\n<p>Paris, octobre 1661.<\/p>\n<p>La gr\u00e2ce de Notre-Seigneur soit toujours avec nous.<\/p>\n<p>Creo haberos informado que la reina nos ha establecido en Metz hace tres o cuatro meses. Ha sido del agrado de Dios tambi\u00e9n establecernos en Fontainebleau por el rey, a petici\u00f3n de la misma reina que nos ha llamado y nos ha hecho aceptar la parroquia\u00a0 que Monse\u00f1or de Sens ha unido a nuestra Compa\u00f1\u00eda. La fundaci\u00f3n es para diez sacerdotes, a fin de que una parte d\u00e9 misiones mientras que la otra sirva a la parroquia. En un principio cuando nos hablaron de este asunto, lo temimos, ya a causa de que las parroquias no nos son propias, como porque el aire de la corte es peligroso y poco conveniente a pobres sacerdotes como somos nosotros. Cuando la reina me envi\u00f3 a buscar para hacerme la propuesta, yo part\u00ed, resuelto a excusarnos e incluso con la esperanza de que escuchar\u00eda nuestras razones, pero dijera yo lo que dijera, ella persisti\u00f3 en querer que eso fuera, y ha mostrado tanto ardor por la ejecuci\u00f3n, que nos hemos visto obligados a enviarle sacerdotes. Han tomado posesi\u00f3n el primer domingo de Adviento, la cual sus Majestades, con toda la corte, han querido autorizar con su presencia asistiendo a la primera misa solemne que fue celebrada el d\u00eda de San Andr\u00e9s.<\/p>\n<p>\u00abNo hemos dado ning\u00fan paso ni nosotros ni otro, ni directa ni indirectamente en este sentido; al contrario hemos insistido ante Dios que tuviera a bien impedirlo, pero su Providencia al usarlo de diferente manera, nosotros tenemos, me parece, todas las se\u00f1ales de una verdadera vocaci\u00f3n y por consiguiente todo motivo de confiar en su bondad, de que no s\u00f3lo la Compa\u00f1\u00eda no recibir\u00e1 ning\u00fan perjuicio como nos tem\u00edamos, sino que ella encontrar\u00e1 alguna ventaja espiritual para el buen uso que Dios le dar\u00e1 la gracia de hacer, o confusi\u00f3n si le ocurre, o buen \u00e9xito si sigue adelante.<\/p>\n<p>De cualquier forma, Se\u00f1or, os ruego que pid\u00e1is a Dios y hag\u00e1is que se lo pidan aquellos de vuestra familia que conserve entre nosotros el esp\u00edritu primitivo de sencillez, de pobreza y humildad, en particular en ese puesto que, en apariencias, no debe de ser favorable para estas virtudes tan estimadas, queridas y practicadas por Nuestro Se\u00f1or, en el amor del cual soy, etc.\u00bb<\/p>\n<p>Como era de esperar, los religiosos Mathurins hicieron una viva oposici\u00f3n a la entrada de los misioneros en sus nuevas funciones. Pues ellos se consideraban como injustamente despojados de un bien que les pertenec\u00eda de tiempos atr\u00e1s y, como suele suceder en estas cosas, no faltaban personas, bien en la corte, bien en la localidad, que abrazaran su querella y les instaran a reclamar sus derechos. La reina madre hab\u00eda contado con el general de la orden, que se hallaba por entonces en Espa\u00f1a y se sent\u00eda deudor, \u00abpues esta buena princesa le hab\u00eda hecho estudiar y formado su fortuna, siendo hijo de una lavandera de Fontainebleau\u00bb. Pero el general no crey\u00f3 deber ceder a la reina, y \u00e9sta se sinti\u00f3 muy apenada.<\/p>\n<p>Se necesitaba pues una prudencia especial por parte del Sr. Durand cuando, el\u00a0 15 de diciembre 1661, vino a instalarse en la parroquia de Fontainebleau. Alarmado \u00e9l mismo por su responsabilidad, alegaba su juventud para no aceptar el cargo delicado que se le impon\u00eda: ten\u00eda entonces treinta y un a\u00f1os. El Sr. Alm\u00e9ras que le conoc\u00eda muy bien se limit\u00f3 a responderle: \u00bb\u00a0Si se os encuentra demasiado joven o incapaz, el Sr. Berrthe podr\u00e1 ocupar vuestro lugar\u00bb.<\/p>\n<p>El primer cuidado del nuevo p\u00e1rroco fue proporcionar a su parroquia la gracia de una misi\u00f3n. \u00abSe comenz\u00f3 a partir del Adviento pero tuvo poco fruto, dice, bien porque los pueblos estaban muy divididos en sentimientos, como porque la corte estaba a punto de salir, y todos estaban m\u00e1s ocupados en limpiar la basura que hab\u00edan dejado que en limpiar su conciencia. Los otros corr\u00edan a Par\u00eds tras sus deudores\u00bb.<\/p>\n<p>No seguiremos al Sr. Durand en el relato de las dificultades que surg\u00edan sin cesar que encontraba cada d\u00eda en el desempe\u00f1o de su ministerio; no queremos insistir en estas oposiciones encarnizadas y en nada edificantes que le hicieron. Duraron m\u00e1s de cuatro a\u00f1os, y el rey y la reina se cansaron tambi\u00e9n. El Sr. Alm\u00e9ras dec\u00eda a menudo al p\u00e1rroco de Fontainebleau \u00abque si hubiera previsto tantos obst\u00e1culos, habr\u00eda resistido con mayor fuerza a Su Majestad para suplicarla que empleara a otros y no a nosotros.<\/p>\n<p>El Sr. Durand nos ha conservado en su diario una preciosa carta del primer sucesor de san Vicente, que nunca se ha publicado. Es del 24 de julio de 1664, y tiene naturalmente su lugar en esta noticia.<\/p>\n<p>De Par\u00eds, 24 de julio de 1664<\/p>\n<p>\u00abMonsieur,<\/p>\n<p>\u00abLa gr\u00e2ce de Notre-Seigneur soit avec nous pour jamais!<\/p>\n<p>Os he escrito varias cartas, desde que el rey est\u00e1 en Fontainebleau, y en particular el \u00faltimo mes, que tanto se habla de vuestro asunto, por las que os he dado a saber mis sentimientos, y os he dado los consejos que me han parecido convenientes sobre el tema; pero como yo no s\u00e9 si se los hab\u00edais comunicado a los de vuestra casa, y que pienso que es oportuno que est\u00e9n informados lo mismo que vos, he cre\u00eddo que ser\u00eda bueno escribiros hoy el resumen de todo ello, de lo que os suplico que les inform\u00e9is.<\/p>\n<p>Es pues bueno que sepan que hace tres a\u00f1os, hall\u00e1ndose la corte en Fontainebleau, o\u00ed alg\u00fan rumor sobre el plan que se dec\u00eda que la reina madres ten\u00eda de entregarnos el curato de Fontainebleau, lo que yo cre\u00ed en un principio que eran palabras que se lleva el aire y que no me pareci\u00f3 veros\u00edmil, o al menos que yo ve\u00eda tan distante y tan desproporcionado para nosotros que no me detuve a pensarlo. No obstante, algunas semanas despu\u00e9s, recib\u00ed orden de Su Majestad de ir a verla lo antes posible, que me fue reiterada dos d\u00edas despu\u00e9s, por lo que vi que hab\u00eda que obedecer para o\u00edr m\u00e1s expresamente sus intenciones; pero yo acud\u00eda con un plan formado de expresarle tan buenas razones para excusarnos que daba por cierto que cuando me hubiera concedido el honor de escucharme, Ella abandonar\u00eda el proyecto.<\/p>\n<p>A mi llegada, sin embargo, me sorprendi\u00f3 saber que las cosas estaban tan adelantadas, que Su Majestad hab\u00eda obtenido del rey, no s\u00f3lo el permiso de establecernos en Fontainebleau, sino tambi\u00e9n la fundaci\u00f3n y su renta, la iglesia, la casa vecina y el lugar, con el jard\u00edn m\u00e1s tarde; que hab\u00eda mandado a Mons. de Sens que viniera pronto a la corte para concluir este asunto con su autoridad eclesi\u00e1stica, erigiendo esta nueva parroquia que se nos entregar\u00eda. Todos estos largos tr\u00e1mites me afligieron mucho, tanto m\u00e1s porque personas adictas\u00a0 a esta obra me dijeron que habiendo llevado las cosas la reina hasta tal punto, con un afecto tan grande que tiene por nosotros, se sentir\u00eda muy ofendida si nos neg\u00e1ramos, sin embargo, todo lo que me pod\u00edan decir, y que un sacerdote mismo de la Compa\u00f1\u00eda, que estaba presente, entraba en el sentimiento de aceptar, por las razones que acabo de dar. No pude no obstante resolverme a ver a la reina ese d\u00eda, aunque ella mostrara alguna impaciencia por hablarme lo antes posible, y dej\u00e9 para el d\u00eda siguiente para encomendar una vez m\u00e1s el asunto a Dios. El d\u00eda hab\u00eda llegado, all\u00ed fui, y aunque sus primeras palabras fueran\u00a0 que ella \u00abhab\u00eda o\u00eddo decir que yo tengo dificultades\u00bb; pero que ella me rogaba \u00absobre todo no rechazarla\u00bb, y eso de un modo tan dulce, tan buena, tan servicial que m\u00e1s no se puede; a lo cual a\u00f1ad\u00eda el relato de su plan, de todo cuanto Ella hab\u00eda hecho para llegar a su ejecuci\u00f3n, y del sentimiento que ten\u00eda por la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>A pesar de todo ello, yo no dejaba de suplicarle con toda humildad y con insistencia que considerara : 1\u00ba que unos pobres sacerdotes de pueblo no son id\u00f3neos para la corte y que tambi\u00e9n la corte no les era propia, sino m\u00e1s bien capaz de hacerles perder el esp\u00edritu de sencillez, de humildad y de desinter\u00e9s, de lo que hacen profesi\u00f3n; 2\u00ba que las parroquias no les son propias tampoco, por muchas razones que no le pod\u00eda explicar en detalle; 3\u00ba que nos costar\u00eda mucho trabajo encontrarle de repente tantos como se necesitaban. Ser\u00eda largo decir todo lo que Su Majestad me respondi\u00f3, y todo lo que yo le repliqu\u00e9; pero al final me result\u00f3 imposible resistir a su voluntad.<\/p>\n<p>\u00bb\u00a0Despu\u00e9s de todo, debimos entrar en esta parroquia, y seguir all\u00ed como sab\u00e9is que se ha hecho hasta ahora; pero siempre con gran peso en nuestro esp\u00edritu, y un gran placer por que la Compa\u00f1\u00eda se viera un d\u00eda libre; lo que hace que haya escrito a menudo que no hubiera prisas por encontrar los medios humanos para establecerse, que no se buscara el favor de los se\u00f1ores y se\u00f1oras de la corte, y cosas parecidas. Y cuando me enter\u00e9 que las cosas han cambiado de rostro, y que se hablaba m\u00e1s que nunca de establecer a los reverendos Padres Mathurins, no me apen\u00e9 por ello, sino que al contrario me alegr\u00f3, ya que la Compa\u00f1\u00eda no habiendo entrado en aquel lugar sino con repugnancia, y por pura sumisi\u00f3n\u00a0 a las voluntades del rey y de la reina, ve\u00eda luz para salir de \u00e9l con su permiso y conformidad.<\/p>\n<p>\u00abY habiendo sabido que trataban de dar escr\u00fapulos al rey por lo que hab\u00eda hecho, diciendo que los Padres Mathurins ten\u00edan bulas seg\u00fan las cuales Su Majestad no hab\u00eda podido establecernos, os rogu\u00e9 que fuerais a ver al rey para asegurarle de nuestra entera sumisi\u00f3n y que, como no hab\u00edamos entrado en la parroquia m\u00e1s que por obediencia, est\u00e1bamos dispuestos a devolverla a la menor se\u00f1al de su voluntad. Es verdad que os he enviado algunas memorias para justificar el procedimiento del rey, de la reina y del Sr. de Sens y del nuestro, y hacer ver que pod\u00edamos aceptar y poseer leg\u00edtimamente esta parroquia que ha sido erigida y de la que se nos ha provisto de acuerdo con los c\u00e1nones y las formas; todo se ha dicho con ese fin, y no para disputar nuestro derecho y tratar de mantenernos en un lugar del que deseamos m\u00e1s bien salir, particularmente estando las cosas como est\u00e1n ahora, para hacer callar\u00a0 todas las quejas y murmuraciones, tanto de los reverendos Padres como de algunos de la corte, y es la humilde petici\u00f3n que os he mandado hacer de nuestra parte a la reina madre.<\/p>\n<p>Este es nuestro parecer y nuestro proceder respecto del asunto, por el que pido a la Compa\u00f1\u00eda, en nombre de Nuestro Se\u00f1or, como os lo he pedido ya, Se\u00f1or, en muchas cartas, que tranquilic\u00e9is vuestro \u00e1nimo por esa parte, y aguard\u00e9is en paz el cumplimiento de la voluntad de Dios en nosotros, lo cual debe sernos siempre muy agradable, pase lo que pase, y mientras tanto ocuparse con fidelidad en las funciones de la parroquia, en el servicio de los pobres, y principalmente de los enfermos, en la observancia m\u00e1s exacta que nuca de nuestras reglas y pr\u00e1cticas, tener siempre respeto a los reverendos Padres Mathurins; no decir nada que les pueda herir, y hacerles todos los oficios de caridad que nos puedan presentar las ocasiones, mediante lo cual la Compa\u00f1\u00eda se atraer\u00e1 m\u00e1s bendiciones que con todas las ayudas humanas y todas las industrias y diligencias para mantenernos; y la mayor bendici\u00f3n que no pueda venir, y que yo deseo de todo coraz\u00f3n, es que podamos volvernos atr\u00e1s con el consentimiento de Sus Majestades, por la razones ya dichas, y otras m\u00e1s. Ruego a Nuestro Se\u00f1or que ha permitido todo lo que ha pasado y pasa que os d\u00e9 la paciencia, la fuerza y la prudencia necesarias para comportaros bien en todo esto, y que conceda a la Compa\u00f1\u00eda la gracia de permanecer siempre en su esp\u00edritu de sencillez, de humildad y de desinter\u00e9s.<\/p>\n<p>Soy de coraz\u00f3n en su amor, Se\u00f1or, Vuestro muy humilde servidor,<\/p>\n<p>Alm\u00e9ras,\u00a0 i. p. d. l.\u00a0 C. d. 1. M., S. g.\u00a0\u00bb<\/p>\n<p>Estos sabios consejos eran del gusto del Sr. Durand quien, en medio de tantas contrariedades, luchaba para no perder esta paciencia, fuerza y prudencia que le recomendaba el Sr. Alm\u00e9ras. El rey, habiendo nombrado a los comisarios que deb\u00edan zanjar la diferencia con imparcialidad, el Sr. Durand present\u00f3 una memoria en la que expone simplemente las razones por las cuales \u00abhab\u00eda que quitarles todo el curato, si no se separaba el castillo. Pues, ah\u00ed estaba la principal dificultad; se habr\u00eda cedido sin dificultad a los misioneros el resto de la parroquia, si \u00e9stos hubieran renunciado a toda jurisdicci\u00f3n sobre el castillo real. As\u00ed que, no era posible a los ojos de Sus Majestades. La memoria acababa as\u00ed \u00abPara ponerse a cubierto de las quejas y de las murmuraciones, es m\u00e1s conveniente, en esta ocasi\u00f3n que la Providencia presenta, que los misioneros abandonen el curato, porque ni el aire de la corte ni los curatos les son propios por diversas razones que aleg\u00f3 el Sr. Alm\u00e9ras a Su Majestad, la cual le mand\u00f3 aceptar el de Fontainebleau.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, todas estas dificultades desaparecieron el mes de agosto de 1666. Los comisarios nombrados por el rey se pronunciaron a favor de los misioneros, concediendo a los religiosos Mathurins algunas compensaciones.<\/p>\n<p>\u00bb\u00a0El Sr. Le Tellier, escribe el Sr. Durand, nos entreg\u00f3 este testimonio complaciente, diciendo, despu\u00e9s de la conclusi\u00f3n, que no lo hab\u00edamos solicitado, si bien su mujer y su hijo estaban bajo la direcci\u00f3n de los misioneros. Yo era el confesor de su mujer, y el Sr. abate Le Tellier, su hijo, hab\u00edas estado en los Bons-Enfants para disponerse al sacerdocio\u00bb.<\/p>\n<p>El Sr. Alm\u00e9ras escribe al superior de Foantainebleau al conocer la feliz conclusi\u00f3n\u00a0 de un asunto que le ha causado tanta tristeza, esta carta edificante:<\/p>\n<p>\u00abDe Conflans, 12 de agosto de 1666.<\/p>\n<p>.\u00bbMonsieur,<\/p>\n<p>\u00abLa gr\u00e2ce de Notre-Seigneur soit avec nous pour jamais!<\/p>\n<p>No puedo menos que escribiros estas breves palabras por la conclusi\u00f3n\u00a0 de nuestro asunto, lleno de agradecimiento porque finalmente se han arreglado las cosas, por lo que debemos dar gracias a Dios y estimar que su Providencia adorable, habi\u00e9ndonos mantenido en la parroquia y el castillo, es Ella tambi\u00e9n la que ha ordenado las condiciones que se deben incluir en el decreto; y debemos atenernos por igual a las onerosas como a las favorables, ya que todas proceden de una misma conducta; y no solamente haremos bien en aprobarlo todo en relaci\u00f3n con Dios que as\u00ed lo quiere, sino por caridad hacia estos buenos Padres, y aun por justicia; como nos han colocado en su lugar, es pues una gran humillaci\u00f3n para ellos. Era razonable que tuvieran alguna compensaci\u00f3n de honor y de inter\u00e9s. No era justo que todas las ventajas fueran nuestras, y debemos reconocer sobre todo, que las acciones que brillan son de ellos, como la utilidad temporal, juzg\u00e1ndonos bien felices que nuestra parte sea el trabajo y el fruto de las almas. Aqu\u00ed es donde debemos decir: <em>Da mihi animas, caetera tolle tibi.<\/em><\/p>\n<p>\u00abOs ruego, Se\u00f1or, y a toda vuestra familia, que entr\u00e9is en estos pensamientos y deis testimonios sinceros, en las ocasiones, en particular en los d\u00edas que estos venerables religiosos asuman sus derechos honor\u00edficos, acogi\u00e9ndolos de buen grado, ofreci\u00e9ndoles y proporcion\u00e1ndoles con agrado todo cuanto est\u00e9 en nuestro poder, de manera que reconozcan en vuestros rostros, en vuestras palabras y vuestras conductas el respeto y el afecto de vuestros corazones para con sus personas. Har\u00e9is bien en visitarlos tambi\u00e9n de vez en cuando, servirles en lo posible, hablar bien de ellos, sin quejaros o mostraros secos si no os devuelven la rec\u00edproca; ser\u00e1 el modo de vivir en paz y buena inteligencia juntos, y edificar a los pueblos. Es el ruego que os hago, a vos y vuestra peque\u00f1a comunidad, a quienes saludo de todo coraz\u00f3n, y que soy en el amor de nuestro Se\u00f1or,<\/p>\n<p>Vuestro humilde servidor,<\/p>\n<p>Alm\u00e9ras\u00bb.<\/p>\n<p>M\u00e1s abajo: \u00abOs ruego, Se\u00f1or, que le\u00e1is esta carta a vuestra peque\u00f1a familia, y entregar al Sr. Arzobispo de Sens la que me tomo el honor de escribirle; tal vez ser\u00e1 lo mejor que envi\u00e9is a un sacerdote para entregarla en propias manos\u00bb.<\/p>\n<p>La reina Ana de Austria no vio a los hijos de san Vicente de Pa\u00fal en pac\u00edfica posesi\u00f3n del establecimiento que su celo hab\u00eda conseguido; esta princesa hab\u00eda muerto el 20 de enero de 1666. Hab\u00eda mostrado siempre a los misioneros de Fontainebleau, y m\u00e1s en particular a su superior la m\u00e1s cordial benevolencia. Cuando la corte se alojaba en el castillo, la reina madre rara vez dejaba de asistir por la ma\u00f1ana y por la tarde a los oficios de la parroquia que edificaba con su piedad. El rey y toda la familia real compart\u00edan esta estima de Ana de Austria hacia los modestos sacerdotes de la Misi\u00f3n, y cuando, para presentar sus respetos a Sus Majestades, o para el ejercicio de su ministerio, el p\u00e1rroco acud\u00eda a la corte, ten\u00eda la seguridad de encontrar siempre la mejor acogida.<\/p>\n<p>El Sr. Durand nos cuenta c\u00f3mo tuvo el honor de bautizar al duque de Anjou, el primer pr\u00edncipe que naci\u00f3 en Fontainebleau despu\u00e9s de la fundaci\u00f3n de los misioneros en la parroquia.<\/p>\n<p>Fui llamado por un lacayo del Se\u00f1or, que vino a decirme de su parte que fuera a bautizar al hijo que Dios le diera. Me qued\u00e9 en la antec\u00e1mara esperando que la Se\u00f1ora diera a luz. Cuando entr\u00e9, La Se\u00f1ora estaba rodeada del rey, de las reinas, de las princesas y damas de calidad de la corte. El Sr. abate de Mont\u00e9gu hab\u00eda venido expresamente de su abad\u00eda pr\u00f3xima Pontoise para hacer esta ceremonia; estaba en la c\u00e1mara paseando y mir\u00e1ndome con harta pena. El Sr. cardenal Antoine pretend\u00eda tambi\u00e9n hacerla. Pero el obispo de Valence recibi\u00f3 la orden de\u00a0 ir a Par\u00eda para la entrada del Sr. legado, lo que acept\u00f3 con repugnancia, previendo que esta ocasi\u00f3n se le escapar\u00eda. El Sr. ministro de los Padres Mathurins estaba al acecho, pretendiendo asistir tambi\u00e9n\u2026 En medio de tantos y de tan poderosos concurrentes, tuve la preferencia y bautic\u00e9 al peque\u00f1o pr\u00edncipe, en las rodillas de la comadrona, en presencia del rey y de las reinas, y de Monse\u00f1or, quienes firmaron en nuestro registro. El rey quer\u00eda hacerme firmar antes que \u00e9l\u2026<\/p>\n<p>En otras circunstancias en que el honor de bautizar a un pr\u00edncipe de la familia real compet\u00eda a alg\u00fan ilustre personaje, Sus Majestades ten\u00edan siempre el cuidado de avisar de antemano al p\u00e1rroco; de la misma forma que no dejaban de pedirle dispensa de la abstinencia cuando, seg\u00fan el parecer de los m\u00e9dicos, su salud lo exig\u00eda.<\/p>\n<p>En nuestros d\u00edas cu\u00e1ntos, que no son ni de los Luis XIV ni de los pr\u00edncipes de la sangre no tienen la misma sumisi\u00f3n ni las mismas consideraciones con el p\u00e1rroco de su parroquia.<\/p>\n<p>Pocos d\u00edas despu\u00e9s de la muerte de la reina madre, el Sr. Durand se dirigi\u00f3 a Par\u00eds, donde el Sr. Alm\u00e9ras le dijo que viniera para acompa\u00f1arle en su visita de condolencia a Sus Majestades. La mala salud del Sr. Alm\u00e9ras no le permiti\u00f3 llegar hasta Saint-Germain-en-Laye, donde resid\u00eda la corte: el Sr. Durand fue recibido por la reina Mar\u00eda Teresa, en la ausencia del rey. \u00abLanc\u00e9 una breve arenga, dice, que cay\u00f3 muy bien, y me respondi\u00f3: \u00abSe\u00f1or, quiero agradeceros y luego aseguraros que todo lo que yo pueda hacer por vos, lo har\u00e9, y recomendar\u00e9 dada la ocasi\u00f3n vuestros intereses al rey. No podr\u00e9 hacer lo que hac\u00eda mi t\u00eda, por no tener los medios; pero tendr\u00e9 al menos el mismo afecto y obrar\u00e9 seg\u00fan mis posibilidades\u00bb. Ella me recomend\u00f3 a mis oraciones al Sr. Delf\u00edn que estaba all\u00ed, y permanec\u00ed por alg\u00fan tiempo con su Majestad mostr\u00e1ndole en particular la p\u00e9rdida que hab\u00eda sufrido por la muerte de la reina madre. Esta buena princesa me respondi\u00f3 suspirando: Ay, s\u00ed, muy grande. Hay\u00a0 que conformarse con la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>Este afecto por los misioneros lo mostr\u00f3 Mar\u00eda Teresa con pruebas en diferentes circunstancias, pero se ve\u00eda sobre todo su asiduidad en su iglesia durante la temporada de la corte en Fontainebleau. Como Ana de Austria, ella se complac\u00eda en asistir a los oficios y daba a la gente del poblado y a la corte el edificante ejemplo de comulgar con frecuencia.<\/p>\n<p>El rey por su parte dio varias veces al Sr. Durand muestras inequ\u00edvocas\u00a0 de su satisfacci\u00f3n. Un d\u00eda que el superior de Fontainebleau hab\u00eda ido al castillo para una visita de despedida a Sus Majestades. \u00abYo salud\u00e9 al rey, cuenta \u00e9l, y le dije: \u00abSe\u00f1or, \u00bfVuestra Majestad no tiene nada que mandar?\u00bb El rey me respondi\u00f3 lo m\u00e1s amablemente del mundo: \u00abSe\u00f1or, lo hac\u00e9is tan bien, y todo el mundo est\u00e1 tan satisfecho de vuestra conducta, que no tengo nada que recomendaros sino exhortaros a continuar haciendo el bien\u00bb.<\/p>\n<p>Un cumplido as\u00ed de la boca de la que una sola palabra esperada como un or\u00e1culo causaba un regocijo o una desesperaci\u00f3n extrema a todos los cortesanos, era muy capaz de perturbar un poco al modesto hijo de san Vicente de Pa\u00fal. Pero recordaba las ense\u00f1anzas de su bienaventurado Padre y exclamaba en su confusi\u00f3n: <em>Non nobis, Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam.<\/em><\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, la situaci\u00f3n del p\u00e1rroco de Fontainebleau, a pesar del allanamiento de las dificultades que encontr\u00f3 la fundaci\u00f3n en un principio, no dejaba de ser siempre muy delicada; este trato casi diario con ilustres personajes y con el rey mismo ped\u00eda por parte del Sr. Durand el mayor tacto. Nadie ignora los tristes esc\u00e1ndalos que deshonraban la corte del gran rey quien, por una singular mezcla de debilidad y de fe, hab\u00eda tratado en m\u00e1s de una circunstancia de hacer caminar al mismo tiempo el desorden y la devoci\u00f3n. El Sr. Durand no deb\u00eda juzgar a aquellos que dirig\u00edan la conciencia del rey; pero sab\u00eda mostrarse firme \u00e9l mismo en el ejercicio de su temible ministerio, fuesen los que fuesen la calidad y los t\u00edtulos de la persona que viniera a solicitarlo.<\/p>\n<p>Hacia el a\u00f1o 1675, con ocasi\u00f3n de un jubileo, la duquesa de Montespan comenz\u00f3 a sentir remordimientos y a formar proyectos de reformas cien veces emprendidos y cien veces abandonados. \u00abla Sra. duquesa de Richelieu, escribe el Sr. Durand, vino a nuestra iglesia y me hizo llamar; fui a encontrarla para saber lo que deseaba de m\u00ed. Me dijo que la Sra. de Montespan deseaba confesarse. Yo le dije que era un asunto grave, y que la suplicaba que me dispensara. Me asegur\u00f3 que no hab\u00eda nada malo en su conducta, y que ella me respond\u00eda de ello. Le dije que eso no bastaba, y que la ocasi\u00f3n y el esc\u00e1ndalo subsist\u00edan. Ella me insisti\u00f3 que fuera a o\u00edrla; yo resist\u00ed siempre\u00a0 hacerlo. Ella me dijo: \u00abEsc\u00fachela a modo de confianza, yo fui al confesionario. Le dije primero a esta dama que no pod\u00eda confesarla. Me dijo cantidad de cosas llenas de esp\u00edritu para obligarme a hacerlo. Le supliqu\u00e9 que me dispensara hasta que yo hubiera pedido consejo a personas h\u00e1biles. Y ah\u00ed rompimos\u00bb.<\/p>\n<p>No obstante, la Sra. de Montespan no parece haber guardado odio al celoso misionero que la trataba con esta libertad verdaderamente apost\u00f3lica.\u00a0 Y m\u00e1s tarde, cuando ella debi\u00f3 reconocer por fin que, en este mundo, todo es vanidad y aflicci\u00f3n de esp\u00edritu y que ella se dio a Dios con las l\u00e1grimas de un verdadero arrepentimiento, en recuerdo tal vez del sacerdote animoso que no hab\u00eda temido hacerle ver la verdad, se dedic\u00f3 a extender sus caridades en la parroquia de de Fontainebleau que ella hab\u00eda escandalizado con sus des\u00f3rdenes.<\/p>\n<p>Fue ella en efecto la que, en 1698, fund\u00f3 en esta parroquia el hospital conocido con el nombre de las Filles-Bleues, a causa del color de los h\u00e1bitos de aquellos a quienes all\u00ed se alimentaban. El p\u00e1rroco del burgo ten\u00eda su direcci\u00f3n espiritual, y las hermanas de la Caridad la administraci\u00f3n; all\u00ed manten\u00edan a sesenta hu\u00e9rfanas, a quienes alimentaban e instru\u00edan cristianamente desde los siete a\u00f1os. En el mismo hospital viv\u00edan veinte hombres y veinte mujeres ya decr\u00e9pitos, a quienes se procuraba los socorros que la caducidad de los a\u00f1os y sus debilidades reclamaban.<\/p>\n<h2>III.- (1679-1703)<\/h2>\n<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'><em>El Sr. Durand deja Fontainebleau (1679). \u2013Es colocado en Angers. \u2013Funda la casa de Dijon. \u2013El Sr. Durand en Sedan. \u2013Es nombrado diputado a la asamblea general de 1685. \u2013Fundaci\u00f3n de la casa real de Saint-Cyr<\/em>.<\/div><\/div>\n<p>A finales del a\u00f1o1679, El Sr. Durand dej\u00f3 la corte de Fontainebleau y las obras cuyo \u00e9xito\u00a0 hab\u00edan asegurado su prudencia y su celo; fue reemplazado por el Sr. Denis Laudin cuya sucesi\u00f3n en Angers \u00e9l mismo iba a tomar. Esta casa, fundada hac\u00eda cuatrocientos a\u00f1os, acababa de recibir un incremento de individuos, y las misiones dadas en la di\u00f3cesis bajo la prudente direcci\u00f3n del Sr. Durand produjeron los frutos m\u00e1s consoladores. Despu\u00e9s de una permanencia de tres a\u00f1os en Angers en medio de estos trabajos apost\u00f3licos, el Sr. Durand fue enviado a Dijon para recibir la direcci\u00f3n de una nueva casa; dos a\u00f1os despu\u00e9s, en 1683, fue enviado a Sedan.<\/p>\n<p>En 1685, vino a Par\u00eds como diputado de la provincia de Champa\u00f1a a la asamblea general que se tuvo ese a\u00f1o; de vuelta a Sedan, continu\u00f3 dirigiendo esta casa hasta 1690, \u00e9poca en la que una nueva obra muy importante se le iba a encomendar: era la direcci\u00f3n de la casa de Saint-Cyr, y los servicios prestados por los sacerdotes de la Misi\u00f3n a la obra de la Sra. de Maintenon, nos obligan a dar aqu\u00ed lo hist\u00f3rico de esta fundaci\u00f3n. Esto es lo que leemos en las Memorias del tiempo.<\/p>\n<p>\u00abDejo Roma donde se nos van a expedir las bulas, para hablar de algo muy interesante, que pasaba aqu\u00ed poco m\u00e1s o menos por aquel tiempo, y es esto. La Sra. de Maintenon habiendo reflexionado sobre la importancia que ten\u00eda para esta casa, tener siempre buenos confesores, y temiendo que no fuera f\u00e1cil encontrarlos, si los que ten\u00edamos, sabios y prudentes, llegaran a faltar, y comprendiendo bien que habr\u00eda pocos eclesi\u00e1sticos seculares<\/p>\n<p>que pudieran convenirnos, no entendiendo esos se\u00f1ores apenas el esp\u00edritu de comunidad, y que ella temiera tambi\u00e9n que nos llegaran algunos sospechosos en doctrinas o que nos vi\u00e9ramos expuestas a cambiarlos con frecuencia, por el deseo de conseguir beneficios o de hacer otra cosa que no fuese confesar a ni\u00f1as. D\u00e1ndoles pues vueltas a todos estos pensamientos en la cabeza, ella se los comunic\u00f3 al Sr. abate des Marets, al Sr. Gabelin y a los Srs.Brisacier y Tiberge; ellos entraron en estas vistas, y convinieron en que sacerdotes de comunidad nos convendr\u00edan m\u00e1s que otros; dedicaron alg\u00fan tiempo a reflexionar sobre la elecci\u00f3n que se iba a hacer y, despu\u00e9s de pensarlo, el Sr. de Brisacier dijo que no cre\u00eda nada mejor que los Srs. de la Congregaci\u00f3n de San L\u00e1zaro, cuya piedad, regularidad, buena doctrina y modestia ser\u00edan de una gran seguridad para una casa como aqu\u00e9lla. La Sra. de Maintenon favoreci\u00f3 este consejo de buen grado pues esta Congregaci\u00f3n era muy estimada por el rey, tanto que les hab\u00eda encomendado Versalles, Fontainebleau y en otras partes; el Sr. abate des Marets aprob\u00f3 esta idea; y se tom\u00f3 enseguida la resoluci\u00f3n de dar los pasos necesarios para tener a estos se\u00f1ores. La primera que tom\u00f3 la Sra. De Maintenon fue hablar con el rey, quien no teniendo por su parte otro deseo que mostrarse favorable a todo lo que pod\u00eda robustecer lo espiritual as\u00ed como lo temporal de la casa, dio su consenso y quiso \u00e9l mismo hablar con el Sr Jolly, que era a la saz\u00f3n Superior general de estos Se\u00f1ores. Le llam\u00f3 y le propuso el asunto. Este General que era un hombre sabio, y no hac\u00eda nada sin madura deliberaci\u00f3n, expuso en primer lugar a Su Majestad que, en cuanto a\u00a0 su Instituto, no se hab\u00edan fundado m\u00e1s que para los pobres del campo, que no les conven\u00eda encargarse de una casa que no estaba compuesta m\u00e1s que de nobleza, y todav\u00eda menos ser directores de comunidad de ni\u00f1as; que esto les estaba particularmente prohibido, y que suplicaba muy humildemente a Su Majestad que le excusara. El rey le respondi\u00f3 que no hab\u00eda reglas sin su excepci\u00f3n; que Saint-Cyr no deb\u00eda ser considerado como un convento, ya que no eran religiosas (pues no lo \u00e9ramos todav\u00eda); que la comunidad no era m\u00e1s que una peque\u00f1a parte de las personas que iban a dirigir; que respecto de las se\u00f1oritas ser\u00eda para estos se\u00f1ores una continua misi\u00f3n, puesto que se suceder\u00edan continuamente; que en realidad eran nobles, pero que se hallaban en una situaci\u00f3n particular que no ten\u00eda consecuencia contra lo que les estaba prescrito; que cuando ellos daban misiones en los pueblos, los nobles no estaban excluidos; que por \u00faltimo no cre\u00eda que hubiera en ello nada opuesto formalmente a las intenciones de su Fundador; que en todo caso \u00e9l pod\u00eda deshacer sus dudas. El Sr. Jolly respondi\u00f3 muy respetuosamente al rey, que no pod\u00eda resolver nada que no se hubiera hablado en su consejo; que le suplicaba que se lo permitiera. El rey lo vio bien; la cosa fue discutida en la asamblea de los encargados, en San L\u00e1zaro, para ayudar al Superior general con sus consejos. Se concluy\u00f3 aceptar la propuesta que se les hab\u00eda hecho de tal parte, y para un asunto en el que hab\u00eda tanto bien quehacer. Al cabo de algunos d\u00edas de aquello, el Sr. Jolly vino a Versalles a dar la respuesta al rey, quien se sinti\u00f3 complacido por la aceptaci\u00f3n voluntaria; pues, aunque hubiera podido servirse de su autoridad, prefer\u00eda que se hiciera libremente. Se habr\u00eda podido poner los ojos en otras Congregaciones o en los religiosos; no se quiso \u00e9stos \u00faltimos porque se tem\u00eda que quisieran difundir aqu\u00ed el esp\u00edritu de su Orden, que no se hubiera ajustado tal vez con el que nos es particular. Se consider\u00f3 que no era lo mismo con los Srs. de San L\u00e1zaro, cuyo Instituto tiene alguna relaci\u00f3n con el nuestro; ya que su principal fin es el celo de la salvaci\u00f3n de las almas, y que ellos tienen por lo dem\u00e1s, como cualquier religioso, reglas y una disciplina muy estricta; que ser\u00edan por este doble ejercicio muy capaces de inspirarnos el amor\u00a0 de nuestro Instituto y el de la observancia de las reglas; se hubiera podido decidir por los Jesuitas que tienden al mismo fin; pero hubo razones en aquella \u00e9poca para detenerse en estos se\u00f1ores; el rey ya los hab\u00eda puesto en varias de sus casas reales y estaba contento con ellos. Una de las principales razones que impidieron llamar a los Jesuitas es\u00a0 que se enfrentan a muchas contradicciones, y que hubiera sido dif\u00edcil que no recayeran sobre nosotros; lo que el Sr. de Maintenon no cre\u00eda que fuera \u00fatil a la casa.<\/p>\n<p>\u00abEl Sr. Jolly vino aqu\u00ed varias veces para hablar con de Maintenon y los Srs. abates des Marets, Brisacier y Tiberge, del n\u00famero de confesores que nos dar\u00eda, y de las condiciones del tratado que se deb\u00eda hacer entre ellos y nosotros; convinieron en darnos cinco sacerdotes y tres hermanos de los que uno atender\u00eda la iglesia y la sacrist\u00eda para limpieza y buen orden; que nosotros dar\u00edamos cuatrocientas libras de pensi\u00f3n por cada sacerdote, y cien escudos por los hermanos, a fin de que estos se\u00f1ores no pierdan aqu\u00ed el esp\u00edritu de su vocaci\u00f3n, habr\u00eda algunos de ellos que ir\u00edan a dar misiones, en las tierras dependientes de la casa, o en la di\u00f3cesis de Chartres cuando no tuvieran que hacer en nuestras tierras; a lo que la Sra. de Maintenon consinti\u00f3 con tanto mayor grado porque su celo la llevaba siempre a todo lo que pod\u00eda contribuir al bien de las almas. Celebradas estas convenciones y otras que vienen en el tratado, que pondr\u00e9 aqu\u00ed\u00a0 luego, no se trataba ya m\u00e1s que de un alojamiento para estos se\u00f1ores, que no dejaba de\u00a0 preocuparnos; pues no nos quedaba nada, ni ning\u00fan lugar dispuesto para establecer a una comunidad de sacerdotes, por peque\u00f1a que fuese. Se necesitaban las celdas, una enfermer\u00eda, una cocina, un comedor, una\u00a0 biblioteca, una sala para recibir a personas del exterior y otros arreglos. El Sr. Jolly vino con el Sr. H\u00e9bert, p\u00e1rroco de Versalles, y un hermano arquitecto de la casa para ver lo que ten\u00edamos para alojamiento: no pudieron hacer nada con las escasas habitaciones que quer\u00edan entregarles, y de las que costar\u00eda luego mucho prescindir. Contado esto al rey mand\u00f3 al Sr. Mansard que viniera aqu\u00ed a hacer el plan de un nuevo edificio. Encontr\u00f3 uno ya comenzado en el ala que est\u00e1 despu\u00e9s de la iglesia hasta la otra ala destinada al exterior; hab\u00eda tan solo en esta ala edificios para los equipos de la Sra. de Maintenon, alojar a los hortelanos y dem\u00e1s gente. El Sr.Mansard se detuvo all\u00ed, traz\u00f3 un plan de edificaci\u00f3n proporcionada al gusto y a la comodidad de estos se\u00f1ores; se trabaj\u00f3 en ello con tal inter\u00e9s y diligencia que se termin\u00f3 casi al cabo de seis meses. Mientras se le dejaba secar, el Sr. Jolly redact\u00f3 una memoria de todas las cosas necesarias, tanto en cuesti\u00f3n de muebles como bater\u00eda de cocina, ropas, etc.<\/p>\n<p>La memoria ascendi\u00f3 cinco mil trescientas sesenta y ocho libras diez sueldos. El Sr. de Maintenon se lo llev\u00f3 a la comunidad con lo tratado de las convenciones que se hab\u00edan celebrado entre ellos y nosotros; luego se mand\u00f3 darles la suma indicada en esta memoria, para que hicieran sus compras como quisieran. Se les dio tambi\u00e9n quinientas libras para libros; vinieron a establecerse, en su nueva casa, en el mes de agosto de 1691, y all\u00e1 han seguido siempre;\u00a0 pero se han hecho de tiempo en tiempo ampliaciones y ajustes, de lo que tendr\u00e9 ocasi\u00f3n de hablar en otra parte.<\/p>\n<p><em>\u00bb\u00a0Condiciones del tratado.<\/em><\/p>\n<p>El Superior general de la congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n ser\u00e1 superior inmediato de la comunidad de las damas y se\u00f1oritas de Saint-Louis, dependiendo de la jurisdicci\u00f3n del obispo de Chartres; dicho Superior general tendr\u00e1 entera libertad de cambiar al superior y dem\u00e1s sacerdotes de la Misi\u00f3n que haya establecido en Saint-Cyr, cuando lo juzgue conveniente: podr\u00e1 hacer todos los a\u00f1os y con m\u00e1s frecuencia incluso la visita de la casa y comunidad de las damas de Saint-Louis y, en caso de que no pueda podr\u00e1 encomendar a alguna otra persona.<\/p>\n<p>\u00abEnviar\u00e1 al menos en las cuatro t\u00e9mporas del a\u00f1o confesores extraordinarios que pertenecer\u00e1n al cuerpo de dicha congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n; tendr\u00e1 libertad de enviar a quienes no pertenezcan a dicha congregaci\u00f3n, y si la superiora de las damas se lo pide. Los sacerdotes de la Misi\u00f3n estar\u00e1n encargados de toda la direcci\u00f3n espiritual de la casa y comunidad de las damas y se\u00f1oritas de Saint-Louis, as\u00ed como de todas las personas que est\u00e9n en el recinto de la casa, para la administraci\u00f3n de los sacramentos y de las instrucciones particulares, como de los retiros y dem\u00e1s ejercicios seg\u00fan el uso y las reglas de dicha casa. Uno de dichos sacerdotes celebrar\u00e1 a las seis y media de la ma\u00f1ana una misa rezada, para los conversos y criados; otro celebrar\u00e1 una a las ocho para las damas y las se\u00f1oritas, y otra se dir\u00e1 a las diez, y una cuarta en la capilla de la enfermer\u00eda. Una de dichas misas debe ser celebrada por el descanso de las almas de los reyes de Francia y por la reina, esposa del rey nuestro fundador; otra por la intenci\u00f3n del mismo rey, para dar gracias a Dios por los favores que derrama\u00a0 incesantemente sobre la familia real y para pedirle que tenga a bien su\u00a0 divina Majestad dar al rey de Francia las luces necesarias para bien gobernar el Estado y exaltar la Iglesia cat\u00f3lica en su reino. Despu\u00e9s de la misa de comunidad, se debe cantar el <em>Exaudiat<\/em> con el vers\u00edculo y la oraci\u00f3n, y en el d\u00eda se\u00f1alado en el ceremonial, en salud.<\/p>\n<p>Los m\u00e9dicos, cirujanos y boticarios de la comunidad asistir\u00e1n con sus cuidados y medicamentos a aquellos de dichos sacerdotes y hermanos, establecidos para el servicio espiritual de dicha comunidad, que est\u00e1n enfermos, sin por ello pedirles ninguna retribuci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y en otra convenci\u00f3n se contrataron a tres sacerdotes y un hermano para dar misiones en nuestras tierras, habiendo probado que no era posible que los confesores de la casa lo hicieran, pues este empleo ocupa m\u00e1s el tiempo en que son necesarios para ejercer las funciones de su ministerio respecto de las personas de la casa.<\/p>\n<p>La misma convenci\u00f3n para los gastos de los confesores extraordinarios, para el pan y el vino del Santo Sacrificio, para el aceite de la l\u00e1mpara que arde ante el Sant\u00edsimo Sacramento y para las medicinas que se necesiten, ense\u00f1ando la experiencia que es m\u00e1s c\u00f3modo que proporcion\u00e1rselo de la casa. Terminar\u00e9 este art\u00edculo de los Srs. Confesores diciendo que tenemos toda la raz\u00f3n de bendecir a Dios por haber permitido que nos den personas tan sabias, tan regulares, y tan llenas de celo para cumplir en nosotras las funciones de su ministerio; se puede decir que el buen ejemplo que nos den contribuya tanto a nuestro adelanto espiritual como sus palabras; y que no nos queda otra cosa que desear por ese lado que aprovechar sus santas lecciones.<\/p>\n<p>\u00abPor ese tiempo, el rey orden\u00f3 a todo el mundo que llevara a la Moneda toda la vajilla de plata superflua; la Sra. de Maintenon no encontr\u00f3 m\u00e1s que cuatro candeleros que no crey\u00f3 serle necesarios, se los don\u00f3 a nuestra sacrist\u00eda para aumentar el lampadario en el tiempo de la exposici\u00f3n del Sant\u00edsimo Sacramento.<\/p>\n<p>El Sr. Durand se puso a la obra para organizar esta casa seg\u00fan las intenciones de la fundadora, y lo consigui\u00f3 plenamente.<\/p>\n<p>El autor de las Memorias citadas anteriormente hace de \u00e9l el mayor elogio, hablando de la sabidur\u00eda de su direcci\u00f3n y de la seguridad de su doctrina; pues logr\u00f3 combatir el <em>quietismo<\/em> , y por sus cuidados de Chartres, informado sobre las disposiciones de la casa, le dio el \u00faltimo golpe prohibiendo la lectura de los escritos de la Sra Guyon.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de pasar un a\u00f1o en la casa de Saint-Cyr, fue enviado a Arras para tomar la direcci\u00f3n del seminario. Hab\u00eda sido precedido algunos a\u00f1os antes por el Sr. Bornier H\u00e9bert quien, despu\u00e9s de ser p\u00e1rroco de Versalles,\u00a0 fue obispo de Agen, estuvo cuatro a\u00f1os en esta casa de donde vino a San L\u00e1zaro, 1695.\u00a0 All\u00ed se encuentra, en 1697, secretario de la asamblea dom\u00e9stica que se tuvo all\u00ed para nombrar a dos diputados a la Asamblea provincial. Asisti\u00f3 a la Asamblea general de ese a\u00f1o como secretario de la congregaci\u00f3n, y con el mismo t\u00edtulo otra vez a la de 1703. .<\/p>\n<p>A la muerte del Sr. Jolly, el Sr. Faure, vicario general, nombr\u00f3 al Sr. Durand director de las Hijas de la Caridad en lugar del Sr. Talec. Desempe\u00f1\u00f3 las funciones de director hasta 1699. A partir de ese a\u00f1o, perdemos el rastro del Sr. Durand. 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