{"id":31852,"date":"2020-04-29T07:40:29","date_gmt":"2020-04-29T05:40:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/04\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-8\/"},"modified":"2020-03-27T16:50:29","modified_gmt":"2020-03-27T15:50:29","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-8","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-8\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 1, Secci\u00f3n 8"},"content":{"rendered":"<p>MISIONES DEL SE\u00d1OR VICENTE<\/p>\n<p><strong>SECCI\u00d3N VIII: Misiones en Irlanda <\/strong><\/p>\n<p>Fue el a\u00f1o 1646 cuando nuestro Santo Padre, Inocencio X, hizo saber al Sr. Vicente, que se hab\u00eda enterado del peligro en que se hallaba la religi\u00f3n en Irlanda a causa de la ignorancia de los cat\u00f3licos y de las acciones que emprend\u00edan los herejes. Por eso, deseaba que enviara all\u00ed algunos sacerdotes de su Congregaci\u00f3n para poner remedio a aquella situaci\u00f3n de la mejor forma posible. El humilde siervo de Dios se dispuso inmediatamente a dar satisfacci\u00f3n por puro motivo de obediencia a quien reconoc\u00eda por Cabeza de la Iglesia y Vicario de Jesucristo en la tierra. Con ese fin escogi\u00f3 a ocho misioneros de su Congregaci\u00f3n, entre los cuales hab\u00edan cinco irlandeses, todos ellos competentes y formados en las pr\u00e1cticas de las misiones, pero a quienes el Sr. Vicente juzg\u00f3 que deb\u00eda darles unos consejos saludables antes de su partida, y, entre otras cosas, les dijo:<\/p>\n<p><em>\u00abEst\u00e9n muy unidos y Dios los bendecir\u00e1; pero que sea en la caridad de Jesucristo: porque toda otra uni\u00f3n que no est\u00e9 cimentada con la sangre de ese divino Salvador, no puede subsistir. As\u00ed que deben estar ustedes unidos unos con otros en Jesucristo, por Jesucristo y para Jesucristo. El Esp\u00edritu de Jesucristo es un esp\u00edritu de uni\u00f3n y de paz. \u00bfC\u00f3mo podr\u00e1n ustedes atraer almas a Jesucristo, si no est\u00e1n unidos entre s\u00ed y con El? No se podr\u00eda. Tengan pues un \u00fanico sentir y una sola voluntad; de otro modo ser\u00eda portarse como lo caballos, que, cuando est\u00e1n enganchados al mismo arado, tiran cada uno por su lado; as\u00ed lo estropear\u00edan y romper\u00edan todo. Dios los llama a trabajar en su vi\u00f1a. Vayan all\u00ed, como si tuvieran un coraz\u00f3n \u00fanico, y una intenci\u00f3n \u00fanica. Y de esa forma producir\u00e1n fruto\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Los exhort\u00f3 tambi\u00e9n en gran manera a portarse como verdaderos hijos de obediencia para el Soberano Pont\u00edfice, que es el Vicario de Jesucristo, porque iban a una tierra, en la que hab\u00eda miembros del clero que faltaban en ese punto; y que no daban ejemplo a los dem\u00e1s cat\u00f3licos. Les dijo tambi\u00e9n de qu\u00e9 modo deb\u00edan portarse ya durante el viaje, o bien, despu\u00e9s de su llegada al sitio se\u00f1alado; y les dio algunos medios muy \u00fatiles para tener \u00e9xito en aquella importante misi\u00f3n. Ellos mismos han reconocido m\u00e1s tarde y confesado que los frutos que han producido en aquellas provincias se deben atribuir, despu\u00e9s de a Dios, a los prudentes consejos y a los avisos saludables, que el Sr. Vicente les hab\u00eda dado.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de recibir la bendici\u00f3n, partieron de Par\u00eds el mismo a\u00f1o 1646, y se dirigieron a Nantes. All\u00ed se vieron obligados a detenerse por alg\u00fan tiempo. Mientras esperaban una ocasi\u00f3n para embarcarse, se dedicaron a servir y a consolar a los enfermos de los hospitales, como tambi\u00e9n a instruir a los pobres, y a otras obras parecidas<\/p>\n<p>Todo ello con permiso, y por orden de lo superiores ordinarios. Tambi\u00e9n dieron conferencias espirituales a las se\u00f1oras de la Caridad de la parroquias, con el fin 327 de darles a conocer la manera de visitar y atender a los enfermos con el esp\u00edritu de nuestro Se\u00f1or Jesucristo.<\/p>\n<p>Bajaron a Saint-Nazaire, cerca de la desembocadura del r\u00edo Loira, pues all\u00ed es donde se suele embarcar, y como se encontraron con muchos otros pasajeros, les dieron una especie de misi\u00f3n, mientras estaban a la espera de la partida de un barco holand\u00e9s, que los deb\u00eda llevar. Entre los pasajeros hab\u00eda un gentilhombre ingl\u00e9s hereje, y se convirti\u00f3 a nuestra santa religi\u00f3n. En eso se pudo ver una actuaci\u00f3n especial de la divina misericordia que quer\u00eda salvarlo, porque tres d\u00edas m\u00e1s tarde qued\u00f3 herido de muerte, y cuando vio que no pod\u00eda liberarse de ella, no dejaba de dar gracias a Dios, porque lo hab\u00eda puesto en el camino de su salvaci\u00f3n antes de morir, cosa que \u00e9l hac\u00eda con tan grandes muestras de agradecimiento por aquella gracia y de entendimiento por los pecados de su vida pasada, que arranc\u00f3 l\u00e1grimas de los ojos de todos los que lo oyeron hablar, su les caus\u00f3 grand\u00edsima edificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El demonio, rabioso, porque aquella presa se le hab\u00eda escapado, y previendo que aquellos misioneros le arrebatar\u00edan muchas otras, hizo todos los esfuerzos por dificultar su viaje, y les promovi\u00f3 varias persecuciones y tempestades, tanto en tierra como en el mar; pero pudieron escaparse de ellas por una especial protecci\u00f3n de Dios, que los libr\u00f3 de varios peligros de muerte, que parec\u00edan inevitables.<\/p>\n<p>Llegados que fueron a Irlanda, se separaron, para trabajar. Algunos fueron a la di\u00f3cesis de Limerick; otros, a la de Cashel. Empezaron a dar catequesis; m\u00e1s adelante sermones sencillos, claros y pat\u00e9ticos, porque el Sr. Vicente les hab\u00eda recomendado que se dedicaran sobre todo a dar instrucciones familiares para ense\u00f1ar bien a los pueblos las verdades de la fe y las obligaciones del criticanismo. M\u00e1s adelante les incitaron a vivir de acuerdo con aquellos conocimientos, renunciando al pecado por la penitencia, y abrazando la pr\u00e1ctica de las virtudes propias de su condici\u00f3n. Aquella forma de ense\u00f1ar y de predicar atra\u00eda a la gente de todos los sitios, y era aprobada enteramente por los Sres Prelados; y el Sr. Nuncio de Irlanda, cuando supo el fruto que produc\u00edan las misiones felicit\u00f3 a los misioneros, y los anim\u00f3 a continuar, y hasta lleg\u00f3 a invitar a los eclesi\u00e1sticos y a los religiosos del pa\u00eds a trabajar de la misma manera, y a acomodarse a aquel modo de ense\u00f1ar y de predicar<\/p>\n<p>No se puede decir cu\u00e1n grandes fueron los frutos de las misiones, cuyos actos eran casi desconocidos en aquella tierra, y c\u00f3mo ser\u00eda la devoci\u00f3n de los cat\u00f3licos, que acud\u00edan de todos los lugares aleda\u00f1os, hasta de los m\u00e1s lejanos, para asistir a la catequesis y a los sermones, y para hacer una confesi\u00f3n general. Ten\u00edan que esperar semanas enteras para poder acercarse al confesor, a causa de la gran cantidad de gente que se presentaba. Y lo que es m\u00e1s de notar, los p\u00e1rrocos y otros eclesi\u00e1sticos de los sitios en donde se predicaban misiones, eran los primeros, de ordinario, en hacer su confesi\u00f3n general, mostr\u00e1ndose adem\u00e1s muy interesados en aprender el m\u00e9todo de catequizar y de predicar, que usaban m\u00e1s tarde para mantener y conservar el bien que las misiones hab\u00edan producido en sus parroquias.<\/p>\n<p>Con el tiempo se vieron los efectos, durante la persecuci\u00f3n que Cromwell suscit\u00f3 en aquel pobre reino contra los cat\u00f3licos. Porque no hubo ni un p\u00e1rroco o pastor de aquellas tierras, donde se hab\u00eda dado la misi\u00f3n, que abandonara a sus ovejas: todos se mantuvieron constantemente atendi\u00e9ndolas y defendi\u00e9ndolas, hasta que fueron condenados a muerte, o desterrados por confesar la fe cat\u00f3lica. Efectivamente, todos sufrieron una u otra cosa; y se ha sabido, que uno de los m\u00e1s animosos de aquellos valientes curas, cuando fue a verse con uno de los sacerdotes de la Misi\u00f3n, que viv\u00eda en una caba\u00f1a al pie de una monta\u00f1a, para hacer con \u00e9l la confesi\u00f3n general, sucedi\u00f3 que la noche siguiente, en el momento en que estaba administrando los sacramentos a algunos enfermos, fue preso y degollado por soldados herejes. Una muerte gloriosa coron\u00f3 su vida inocente; dio cumplimiento al gran deseo que ten\u00eda de sufrir por nuestro Se\u00f1or, tal como lo hab\u00eda manifestado un a\u00f1o antes en un retiro que hizo en Limerick con los sacerdotes de la misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Como la persecuci\u00f3n de los herejes iba creciendo m\u00e1s cada d\u00eda, por fin se vieron obligados a interrumpir la misiones del campo, y por consejo y \u00f3rdenes del Sr.Vicente, algunos misioneros volvieron a Francia, pero antes de marcharse de Irlanda, fueron a despedirse del Sr. Arzobispo de Casthel el 16 de agosto de 1658, quien les entreg\u00f3 la siguiente carta dirigida al Sr. Vicente, carta que estaba escrita en lat\u00edn, y que ha sido traducida al franc\u00e9s de la siguiente manera:<\/p>\n<p><em>\u00abLa partida de sus misioneros me ofrece la ocasi\u00f3n de demostrarle mi reconocimiento y gratitud por haberse dignado, con su gran caridad, socorrer con sus sacerdotes misioneros al peque\u00f1o reba\u00f1o que Dios me ha confiado, tal como se ha llevado a cabo no s\u00f3lo en un tiempo muy indicado para nuestras necesidades, sino tambi\u00e9n en unas circunstancias sumamente necesarias. La verdad es que sus trabajos han excitado a los pueblos a la devoci\u00f3n, que va aumentando de d\u00eda en d\u00eda. Y aunque esos buenos sacerdotes han sufrido muchas molestias desde su llegada a esta tierra, no han dejado por ello de entregarse continuamente a los trabajos de su misi\u00f3n como obreros infatigables que, con la ayuda de la gracia, han extendido y aumentado gloriosamente el culto y la gloria de Dios\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEspero que este mismo Dios, que es bueno y omnipotente, ser\u00e1 su recompensa y la de ellos. Por mi parte, le pedir\u00e9 que le conserve a usted muchos a\u00f1os, ya que le ha escogido para bien y utilidad de la Iglesia\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Obispo de Limerick escribi\u00f3, a su vez, por ese mismo tiempo, al Sr. Vicente en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em> \u00abEs justo, se\u00f1or, que le agradezca con todo mi coraz\u00f3n el favor que de usted he recibido por sus sacerdotes y que le exponga la grand\u00edsima necesidad que de ellos tenemos en esta tierra. Puedo asegurarle con confianza que sus trabajos han hecho m\u00e1s frutos y han convertido m\u00e1s almas que los de todos los dem\u00e1s eclesi\u00e1sticos, adem\u00e1s, por su ejemplo y su buena conducta, la mayor parte de la nobleza de uno y de otro sexo se han convertido en modelos de virtud y devoci\u00f3n, tal como no se vio nunca entre nosotros hasta la llegada de sus misioneros por estas tierras. Es cierto que las revueltas y las luchas de este reino han sido un gran impedimento para sus funciones. Sin embargo, la memoria de las cosas que se refieren a Dios y a la salvaci\u00f3n se ha grabado tanto por su medio en el esp\u00edritu de los habitantes de las ciudades y de la gente del campo, que todos bendicen a Dios igualmente en sus adversidades, como en su prosperidad. Yo mismo espero salvarme con su asistencia\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Como la violencia de la persecuci\u00f3n iba creciendo cada vez m\u00e1s en Irlanda, el Sr. Vicente pens\u00f3 que s\u00f3lo pod\u00eda dejar all\u00ed a tres sacerdotes de su Congregaci\u00f3n, y esos tres siguieron trabajando en la salvaci\u00f3n de la gente con gran \u00e9xito y bendici\u00f3n, con la ayuda de la gracia de Dios, a pesar de las dificultades y los peligros con que se encontraban. Experimentaban manifiestamente que bastaba con que estuvieran dos o tres reunidos en nombre de nuestro Se\u00f1or para sentir el socorro de la divina Presencia; porque, habiendo emprendido un trabajo que estaba muy por encima de sus fuerzas, lograron a pesar de todo salir adelante por una ayuda especial de su bondad. Me refiero a la misi\u00f3n que dieron en la cuidad de Limerick, que el Sr. Obispo la hab\u00eda deseado as\u00ed, tanto porque no se pod\u00eda trabajar ya m\u00e1s en el campo, (los herejes se hab\u00edan apoderado de \u00e9l), como porque los pobres aldeanos cat\u00f3licos se hab\u00edan refugiado en dicha ciudad. Y lo que anim\u00f3 a\u00fan m\u00e1s a los obreros evang\u00e9licos fue que aquel buen prelado quiso trabajar tambi\u00e9n en \u00e9l en llos actos de la misi\u00f3n. Hab\u00eda cerca de veinte mil comulgantes en Limerick; todos hicieron confesi\u00f3n general, y algunos, con pecados enormes, dieron grandes muestras de una verdadera conversi\u00f3n. Toda la ciudad se puso en estado de penitencia, para atraer la ayuda y las gracias de la divina bondad. Los regidores municipales, por su parte, contribuyeron mucho a dicho ambiente, porque adem\u00e1s del buen ejemplo dado por ellos con su asiduidad a los actos de la misi\u00f3n, usaron de su autoridad para desarraigar el vicio y para exterminar los esc\u00e1ndalos y des\u00f3rdenes p\u00fablicos. Entre otras cosas dictaron leyes e impusieron castigos contra los que juraran y blasfemaran. Eso sirvi\u00f3 mucho para que ese detestable pecado fuera totalmente desterrado de la ciudad y de los lugares circunvecinos. Dios tambi\u00e9n quiso autorizar lo que hac\u00edan los regidores con dos accidentes ocurridos, uno en Turles, donde un carnicero hab\u00eda blasfemado del nombre de Dios en pleno mercado; un sacerdote de la misi\u00f3n que pasaba por all\u00ed le llam\u00f3 la atenci\u00f3n, y la correcci\u00f3n caritativa que le hizo, produjo tal efecto, que el culpable, entrando dentro de s\u00ed le dijo al misionero: \u00abEstoy contento por haber sido condenado al cepo por mi crimen, pero le ruego que me acompa\u00f1e hasta all\u00ed; cuando se dirigi\u00f3 a la prisi\u00f3n por propio impulso, alguno de sus parientes quiso hacerle desistir, para evitar, dec\u00eda, la confusi\u00f3n que recaer\u00eda sobre toda la familia. A lo que el misionero le contest\u00f3 que hab\u00eda que dejarle hacer una buena acci\u00f3n para satisfacer a la justicia de Dios y para reparar el esc\u00e1ndalo que hab\u00eda dado a muchas personas. Ante aquella respuesta el pariente se enfureci\u00f3, y cogi\u00f3 unas piedras, amenazando al misionero con matarlo, si no hac\u00eda desistir a su familiar de dar aquella satisfacci\u00f3n. Pero Dios en aquel mismo instante hiri\u00f3 a aquel desgraciado con una enfermedad desconocida, que le hac\u00eda sacar la lengua totalmente negra de la boca sin que la pudiera meter, hasta que, habiendo rezado por \u00e9l, y despu\u00e9s de aplicarle agua bendita en la lengua, que pudo meter gracias a ese medio, pidi\u00f3 perd\u00f3n por su falta e hizo penitencia, lo mismo que el carnicero, quien ingres\u00f3 en la c\u00e1rcel y fue sometido al cepo.<\/p>\n<p>El otro accidente sucedi\u00f3 en la Rakelle en la persona de un gentil hombre, hab\u00eda jurado y blasfemado en plena calle, y otro gentilhombre, amigo suyo, que estaba presente, le dijo que exist\u00eda la disposici\u00f3n de besar la tierra, sin tardar, en el mismo sitio en que se hab\u00eda jurado. Y como el blasfemo se riera de aquella advertencia, el otro, movido por el sentimiento de la ofensa cometida contra Dios, se puso de rodillas, en lugar del culpable, en medio de la calle, y bes\u00f3 el suelo, aunque estaba lleno de barro. El blasfemo volvi\u00f3 a burlarse de \u00e9l, pero, al volver a su casa, Dios permiti\u00f3 que cayera del caballo, y la herida que recibi\u00f3 por aquella ca\u00edda le hizo abrir los ojos, y reconocer el pecado que hab\u00eda cometido. Sinti\u00f3 un gran remordimiento por ello en su conciencia, que le hizo decidirse a hacer una buena confesi\u00f3n general de toda su vida a uno de los sacerdotes de la misi\u00f3n. En adelante se port\u00f3 virtuosamente, y sirvi\u00f3 de ejemplo para la conversi\u00f3n de muchos m\u00e1s<\/p>\n<p>Mientras trabajaba en aquella misi\u00f3n de Limerick, el Sr. Obispo la escribi\u00f3 la siguiente carta al Sr. Vicente. Por ella se pueden conocer las grandes bendiciones que Dios derram\u00f3 sobre aquella misi\u00f3n. La hemos traducido del lat\u00edn al franc\u00e9s de la manera siguiente:<\/p>\n<p><em>\u00abCon frecuencia le hemos escrito a su Reverencia acerca de la situaci\u00f3n de los misioneros que tiene en este reino. Puedo decirle delante de Dios que nunca hemos o\u00eddo decir que se haya logrado tan gran progreso y avance en la fe cat\u00f3lica, como el que hemos notado estos \u00faltimos a\u00f1os con su habilidad, su piedad y su dedicaci\u00f3n; especialmente a comienzos de este a\u00f1o, cuando empezamos la misi\u00f3n en esta ciudad, en donde hay por lo menos veinte mil comulgantes; y eso, con tanto fruto y aplauso de todos que no dudo de que, gracias a Dios, la mayor parte se han librado de las garras de Satan\u00e1s, gracias al remedio que han puesto a tantas confesiones inv\u00e1lidas, borracheras, juramentos, adulterios y dem\u00e1s des\u00f3rdenes, que han quedado suprimidos por completo. La ciudad ha cambiado de aspecto, vi\u00e9ndose obligada a recurrir a la penitencia por la peste, el hambre, la guerra y los peligros que nos abruman por todos los lados, y que recibimos como se\u00f1ales manifiestas de la c\u00f3lera de Dios. Su bondad, sin embargo, nos ha querido hacer este favor, aunque seamos siervos in\u00fatiles, de emplearnos para esta obra que ciertamente result\u00f3 dif\u00edcil en sus comienzos, llegando a creer algunos que no la podr\u00edamos llevar a cabo. Pero Dios se ha servido de los d\u00e9biles para confundir a los fuertes de este mundo. Los principales de esta ciudad se muestran tan puntuales a las predicaciones, a los catecismos y a los dem\u00e1s efectos de la misi\u00f3n, que la iglesia catedral resulta peque\u00f1a. No podr\u00edamos aplacar la c\u00f3lera de Dios mejor que extirpando los pecados, que son el fundamento y la causa de todos los males. Y acabaremos mal, si Dios no nos tiende la mano. A El es a quien toca tener misericordia de nosotros y perdonarnos. Le confieso, se\u00f1or, que me siento deudor ante sus hijos de la salvaci\u00f3n de mi alma. Escr\u00edbales algunas palabras de consuelo. No conozco que haya bajo el cielo una misi\u00f3n tan \u00fatil como \u00e9sta de Irlanda; pues, aunque hubiera ciento, la misi\u00f3n ser\u00eda siempre grande para tan pocos obreros. Nuestros pecados son nuestro mayor mal. \u00a1Qui\u00e9n sabe si quiere Dios arrancarnos de este reino y darle a los perros el Pan de los \u00e1ngeles, para nuestra verg\u00fcenza y confusi\u00f3n\u00bb<\/em><\/p>\n<p>A\u00f1adiremos a la carta de ese buen prelado otra que el Sr. Vicente escribi\u00f3 el mes de abril del a\u00f1o 1650 al superior de los misioneros que hab\u00edan quedado en Limerick para alentarlo en las dif\u00edciles circunstancias en que pod\u00edan verse.<\/p>\n<p><em>\u00abLos hemos quedado muy edificados con su carta, al ver en ella dos maravillosos efectos de la gracia de Dios. El primero es ver c\u00f3mo se ha entregado usted a Dios para resistir en el pa\u00eds en que se encuentra, en medio de peligros, prefiriendo exponerse a la muerte antes que dejar de asistir al pr\u00f3jimo. El segundo, al ver c\u00f3mo se preocupa por la vida de sus hermanos, envi\u00e1ndolos a Francia para alejarlos del peligro. El esp\u00edritu del martirio le ha impulsado a lo primero, y la prudencia le ha obligado a llevar a cabo lo segundo. Ambas cosas han sido sacadas del ejemplo de nuestro Se\u00f1or, el cual, cuando estaba a punto de sufrir los tormentos de su muerte por la salvaci\u00f3n de los hombres, quiso garantizar y librar a sus disc\u00edpulos diciendo: Dejad a \u00e9stos y no los toqu\u00e9is.<\/em><\/p>\n<p><em>As\u00ed es como ha obrado usted, como un verdadero hijo de Padre tan adorable, a quien le doy infinitas gracias por haber producido en usted estos actos de caridad tan soberana, que es el culmen de todas las virtudes. Le ruego que le llene a usted todas ellas, a fin de que, practic\u00e1ndola en todo y siempre, la infunda en el coraz\u00f3n de los que carecen de ella. Puesto que los dem\u00e1s se\u00f1ores que est\u00e1n con usted se encuentran en la misma disposici\u00f3n de seguir ah\u00ed a pesar del peligro real de guerra y de contagio, creemos que convendr\u00e1 dejarlos. \u00bfQu\u00e9 sabemos nosotros de lo que Dios les tiene destinado? La verdad es que no les habr\u00e1 dado en vano una resoluci\u00f3n tan santa \u00a1Dios m\u00edo! \u00a1Qu\u00e9 inescrutable son tus juicios! \u00a1He aqu\u00ed que, al cabo de una misi\u00f3n de las m\u00e1s fructuosas y quiz\u00e1s de las m\u00e1s necesarias que hemos visto, detienes, al parecer, el curso de tus misericordias sobre esta ciudad penitente, para cargar todav\u00eda m\u00e1s tu mano sobre ella, a\u00f1adiendo a las desgracias de la guerra el azote de la enfermedad! Es que deseas cosechar a las almas bien dispuestas y reunir el buen trigo en tus graneros. \u00a1Adoramos tu voluntad, Se\u00f1or\u00bb, etc<\/em><\/p>\n<p>Con much\u00edsima raz\u00f3n hablaba as\u00ed el Sr. Vicente, como previendo el futuro; porque pareci\u00f3 por los sucesos posteriores que, por las misiones que dieron a prop\u00f3sito, Dios quer\u00eda preparar a aquella gente para dos grandes tribulaciones que deb\u00edan servir para probar su paciencia y su fe. La primera fue una gran epidemia, que se adue\u00f1\u00f3 del pa\u00eds, y que caus\u00f3 tan grande estrago en la ciudad de Limerick, que murieron cerca de ocho mil personas, y el hermano del Sr. Obispo fue uno de ellos, por haberse expuesto con los misioneros, yendo a visitar a los enfermos, a consolarlos y a atender a sus necesidades.<\/p>\n<p>Era una maravilla ver a aquella pobre gente soportar aquel azote, no s\u00f3lo con paciencia, sino tambi\u00e9n con paz y tranquilidad de esp\u00edritu, diciendo que mor\u00edan contentos, porque se hab\u00edan aligerado de la pesada carga de sus pecados, pues la hab\u00edan depositado en el sacramento de la penitencia con las confesiones generales.<\/p>\n<p>Otros dec\u00edan que no lamentaban su muerte, porque Dios hab\u00eda querido enviarles a los padres santos (as\u00ed es c\u00f3mo llamaban a los sacerdotes de la misi\u00f3n) para purificar sus almas. Hab\u00eda tambi\u00e9n otros que en su enfermedad no ped\u00edan otra cosa sino participar en las oraciones de sus confesores, a quienes ellos cre\u00edan que les deb\u00edan la salvaci\u00f3n. En una palabra, los sanos y los enfermos manifestaban abiertamente su agradecimiento y sus buenas disposiciones. Oyendo y viendo eso el buen prelado, no pod\u00eda contener las l\u00e1grimas, ni ten\u00eda reparo en decir con frecuencia estas palabras: <em>\u00ab\u00a1Ah! Aunque el Sr. Vicente no hubiera hecho nunca por la gloria de Dios m\u00e1s que el bien que han hecho a esta pobre gente, se deber\u00eda considerar bienaventurado\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Pero por haber crecido la prueba y por una nueva tribulaci\u00f3n, aquella pobre ciudad de Limerick se vio asediada y finalmente tomada por los herejes. Hicieron morir cruelmente a muchos habitantes a causa de la fe cat\u00f3lica que profesaban y, se\u00f1aladamente a cuatro de los principales de la ciudad, que manifestaron en aquella ocasi\u00f3n cu\u00e1nto se hab\u00edan aprovechado, tanto de las ense\u00f1anzas y predicaciones de la misi\u00f3n, como de lo retiros espirituales que hab\u00edan hecho m\u00e1s tarde en la casa de los misioneros, por el celo invencible del que dieron muestras en la defensa de la religi\u00f3n cat\u00f3lica, y especialmente el Sr. Tom\u00e1s Strich, quien, al salir del retiro fue elegido alcalde de la ciudad. En aquel cargo se declar\u00f3 abiertamente contrarios a todos los enemigos de la Iglesia, y al recibir la llaves de la ciudad, las puso inmediatamente, por consejo de su confesor, en las manos de la imagen de la sant\u00edsima Virgen, suplic\u00e1ndole que recibiera a la ciudad bajo su protecci\u00f3n, y oblig\u00f3 al mismo tiempo a toda la corporaci\u00f3n de la ciudad a ir ante \u00e9l camino de la iglesia, donde el acto piadoso se realiz\u00f3 con muchas ceremonias, y a la vuelta, el nuevo alcalde pronunci\u00f3 una arenga muy cristiana a toda la multitud para alentarla a mantener una fidelidad inviolable a Dios, a la iglesia y al Rey, ofreciendo su propia vida por una causa justa. Aquel ofrecimiento fue aceptado por Dios, pues como los enemigos tomaban la ciudad alg\u00fan tiempo m\u00e1s adelante, le hizo la gracia de sufrir el martirio con otros tres de los m\u00e1s representativos, que hab\u00edan sido compa\u00f1eros suyos en el retiro espiritual, y lo fueron tambi\u00e9n en el martirio. Se presentaron los cuatro, no solamente con constancia, sino tambi\u00e9n con alegr\u00eda, vestidos con sus mejores galas para manifestarla al exterior, y antes de ser ejecutados, lanzaron arengas que arrancaron l\u00e1grimas de los ojos de todos los presentes, y hasta de los herejes, declarando ante el cielo y la tierra que mor\u00edan por la confesi\u00f3n y la defensa de la religi\u00f3n cat\u00f3lica. Aquello sirvi\u00f3 para confirmar a todos los dem\u00e1s cat\u00f3licos en su fe, y para preferir toda clase de violencias antes que faltar a la fidelidad debida a Dios.<\/p>\n<p>Uno de los tres sacerdotes de la Congregaci\u00f3n de la misi\u00f3n que hab\u00edan quedado en Irlanda acab\u00f3 tambi\u00e9n gloriosamente su vida, en medio de los trabajos de las misiones; y los otros dos que se mantuvieron firmes en Limerick durante la peste y durante el asedio, se marcharon despu\u00e9s de ser tomada la ciudad, disfrazados, no sin gran peligro para sus vidas, y se vieron obligados a volver a Francia el a\u00f1o 1652. En Irlanda hab\u00edan permanecido unos seis a\u00f1os, ocupados con los compa\u00f1eros suyos en trabajar sin tregua en las misiones. Se vieron en ellas mantenidos a costa de la casa de san L\u00e1zaro por la caridad inagotable del Sr. Vicente, quien, por no resultar importuno para nadie, s\u00f3lo recibi\u00f3 como ayuda una limosna que le entreg\u00f3 la se\u00f1ora duquesa d`Aiguillon, para tener alguna parte en los gastos de viaje de los misioneros y en la compra de ornamentos que les eran necesarios.<\/p>\n<p>Ciertamente se realizaron en las misiones de Irlanda m\u00e1s de ochenta mil confesiones generales y, obras buenas sin cuento; pero no podemos hablar de ellas m\u00e1s al detalle, porque la humildad del Sr. Vicente quiso que permanecieran ocultas bajo el velo del silencio. Cuando volvi\u00f3 el superior de aquellas misiones, le pregunt\u00f3 al prudente Superior General, si le gustar\u00eda que hiciera una peque\u00f1a relaci\u00f3n; m\u00e1s \u00e9l respondi\u00f3: \u00a1Que bastaba con que Dios hubiera conocido todo lo que se hab\u00eda hecho, y que la humildad de nuestro Se\u00f1or ped\u00eda a la peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda de la misi\u00f3n ocultarse en Dios con Jesucristo para honrar su vida oculta\u00bb. A\u00f1adi\u00f3 <em>\u00abque la sangre de los m\u00e1rtires no quedar\u00eda olvidada ante Dios, y que tarde o temprano servir\u00eda para producir nuevos cat\u00f3licos\u00bb<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISIONES DEL SE\u00d1OR VICENTE SECCI\u00d3N VIII: Misiones en Irlanda Fue el a\u00f1o 1646 cuando nuestro Santo Padre, Inocencio X, hizo saber al Sr. Vicente, que se hab\u00eda enterado del peligro en que se hallaba la &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-8\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[266,5],"tags":[218,143],"class_list":["post-31852","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly","tag-san-lazaro"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 1, Secci\u00f3n 8 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-8\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 1, Secci\u00f3n 8 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"MISIONES DEL SE\u00d1OR VICENTE SECCI\u00d3N VIII: Misiones en Irlanda Fue el a\u00f1o 1646 cuando nuestro Santo Padre, Inocencio X, hizo saber al Sr. Vicente, que se hab\u00eda enterado del peligro en que se hallaba la ... 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