{"id":31837,"date":"2020-04-17T08:25:29","date_gmt":"2020-04-17T06:25:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/04\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-3\/"},"modified":"2020-03-27T16:38:36","modified_gmt":"2020-03-27T15:38:36","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-3\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 1, Secci\u00f3n 3"},"content":{"rendered":"<p>MISIONES DEL SE\u00d1OR VICENTE<\/p>\n<p><strong>SECCI\u00d3N III: Relaciones de los frutos logrados en las misiones dadas en Italia <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a7. I En varios lugares de los alrededores de Roma<\/strong><\/p>\n<p>Pasaremos de Francia a Italia, y nos acompa\u00f1ar\u00e1n los misioneros que el Sr. Vicente, como lo hemos dicho en su vida, envi\u00f3 para que se establecieran en la primera ciudad de la cristiandad. All\u00ed, habiendo sido favorablemente acogidos por el Soberano Pont\u00edfice, Urbano VIII, de felic\u00edsima memoria, hallaron donde ejercer su celo acostumbrado, siguiendo las \u00f3rdenes que les hab\u00edan dado de parte de Su Santidad, no s\u00f3lo en el recinto de Roma por las ordenaciones, conferencias espirituales, retiros y otros servicios caritativos que prestan a los eclesi\u00e1sticos, sino tambi\u00e9n en las misiones a las que han sido invitados en varios sitios, tanto de los alrededores de la ciudad, como en el resto de Italia<\/p>\n<p>Hablaremos en primer lugar de una especie de misi\u00f3n muy extraordinaria, y tan dif\u00edcil como caritativa, en la que empezaron a trabajar hace veinte a\u00f1os y contin\u00faan hoy: me refiero a los pastores de vacas y de ovejas<\/p>\n<p>Y para que los que no han estado en Roma se hagan una idea m\u00e1s clara de lo que vamos a decir sobre este tema, hay que saber que esta gran ciudad est\u00e1 como en medio de un peque\u00f1o desierto, es decir, que en cuatro o cinco leguas a su alrededor, no hay ni pueblos ni aldeas. Ello es debido, no tanto a la naturaleza del terreno, que es bastante bueno, cuanto a la calidad del aire que all\u00ed es malsano. Por esta raz\u00f3n no se encuentran personas trabajadoras que lo cultiven, porque no pueden vivir all\u00ed. Por eso las tierras quedan sin cultivar, y abundan los pastos para el ganado, que acude de todas partes para pasar all\u00ed el invierno; y en primavera lo vuelven a llevar al reino de N\u00e1poles y a otros sitios de donde han venido, de modo que los hombres que lo guardan viven cinco o seis meses en estos campos desiertos, sin o\u00edr casi nunca la santa misa ni recibir los sacramentos. Por eso, no tienen mayor preocupaci\u00f3n, porque la mayor parte son gente ruda y muy poco conocedores de las obligaciones del cristiano. Van todos los d\u00edas de un lado a otro, separados unos de otros, con el fin de llevar sus reba\u00f1os a pacer. Y por la noche los encierran en unas majadas y junto a ellas levantan unas caba\u00f1as port\u00e1tiles, adonde se retiran habitualmente diez o doce pastores juntos, y alguna vez, m\u00e1s de doce en cada una.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente, que siempre trat\u00f3 de atender a las necesidades de las almas m\u00e1s abandonadas, cuando supo el estado en que se hallaban aquellos pobres pastores la mayor parte de su vida, recomend\u00f3 especialmente a los sacerdotes que destin\u00f3 a Italia, que socorrieran a aquella pobre gente, y le dieran el pasto espiritual, mientras ellos se dedicaban a dar el corporal a sus reba\u00f1os. Sent\u00eda tanta compasi\u00f3n por ellos y tantos deseos de que los atendieran, cuanto que \u00e9l honraba con mayor devoci\u00f3n en sus trabajos, aunque bajos y viles seg\u00fan los hombres, a una de las m\u00e1s excelentes cualidades del Salvador del mundo, llamado por excelencia en el Evangelio el \u00abBuen Pastor\u00bb, y que le ha transmitido esa cualidad a todos los que ha confiado la direcci\u00f3n de su redil, que es la Iglesia, y, particularmente, al que es el primero y la Cabeza de todos los fieles, a saber, el Soberano Pont\u00edfice.<\/p>\n<p>Aquellos buenos misioneros, habiendo recibido el encargo de parte de su Padre, y guiados adem\u00e1s por su propio celo, estuvieron pensando c\u00f3mo podr\u00edan trabajar en la instrucci\u00f3n de los pobres pastores. Antes de nada vieron que no hab\u00eda forma de reunirlos en ninguna iglesia para predicarles y catequizarles, como se hace en otras misiones, dado que ellos no pod\u00edan decidirse a dejar nunca solos a sus reba\u00f1os, y tampoco ser\u00eda razonable exigirles eso por los inconvenientes que se podr\u00edan seguir. Pero la caridad les sugiri\u00f3 la soluci\u00f3n para aquella coyuntura, que era la de ir a esperarlos todos los d\u00edas al anochecer, cuando volv\u00edan a sus caba\u00f1as, y pasar la noche con ellos y as\u00ed tener ocasi\u00f3n de hablarles e instruirlos. La Cuaresma les pareci\u00f3 a su vez el tiempo m\u00e1s propicio para obtener de ellos una f\u00e1cil audiencia. Siguiendo esa determinaci\u00f3n, se dividieron para lograr m\u00e1s fruto, y acudi\u00f3 un sacerdote a cada caba\u00f1a. All\u00ed esperaban, al anochecer, la vuelta de los pastores, y all\u00ed trataban de insinuarse mansamente en sus esp\u00edritus, dici\u00e9ndoles en primer lugar que no ven\u00edan a pedirles nada, sino m\u00e1s bien para hacerles bien, y les ped\u00edan que, a tal fin, aceptaran que pasaran la noche habl\u00e1ndoles de las cosas necesarias y \u00fatiles para la salvaci\u00f3n, instruy\u00e9ndolos en las principales verdades de la fe, y sobre las disposiciones requeridas para recibir dignamente los sacramentos, especialmente los de la Penitencia y de la Eucarist\u00eda, como tambi\u00e9n la forma de vivir bien y cumplir los deberes de un cristiano. Y cuando llegaba el momento del descanso, les hac\u00edan rezar, e inmediatamente se acostaban junto a ellos sobre las pieles de oveja, y a menudo, sobre la tierra desnuda. Despu\u00e9s de haber tenido en diferentes ocasiones aquellas ense\u00f1anzas, vi\u00e9ndolos suficientemente preparados, los recib\u00edan en el sacramento de la Penitencia, y les invitaban a hacer confesi\u00f3n general de noche o de d\u00eda, seg\u00fan su propia conveniencia. Y cuando hab\u00edan cumplido con el oficio de caridad en todas las caba\u00f1as de los alrededores, los juntaban a todos un d\u00eda de fiesta, o un domingo, en la capilla m\u00e1s pr\u00f3xima, pues hay varias en estas extensas campi\u00f1as; y all\u00ed celebraban la santa misa, les hac\u00edan una exhortaci\u00f3n, y les daban a todos la sagrada Comuni\u00f3n. Despu\u00e9s de ese acto, aquellos pobres pastores, a imitaci\u00f3n de los que fueron a adorar a Jesucristo en el pesebre, se volv\u00edan alabando y glorificando a Dios, y d\u00e1ndole gracias por la misericordia que hab\u00eda tenido con ellos, por medio de aquellos buenos misioneros, que a\u00fan ahora acuden de vez en cuando a ofrecerles su caritativa asistencia.<\/p>\n<p>Aunque todos esos actos de caridad para con los pobres pastores, unidos a todos los dem\u00e1s trabajos que la ciudad de Roma ofrece a los misioneros ocupan una gran parte de su tiempo, sin embargo, eso no les ha impedido extender su celo a todos los lugares de la campi\u00f1a de Roma y de las di\u00f3cesis vecinas, y a\u00fan a otras di\u00f3cesis m\u00e1s lejanas, en donde han predicado misiones que no han producido menores frutos que las de Francia. No pretendemos hablar aqu\u00ed de todas, ni tan siquiera de la vig\u00e9sima parte de las que se han dado, sino solamente de algunas m\u00e1s notables, para darle al lector una ligera idea de las ventajas espirituales que los pueblos de estas provincias han recibido y reciben todav\u00eda hoy todos los d\u00edas, con la ayuda de la gracia divina, del celo del Sr. Vicente y de los trabajos de sus hijos espirituales.<\/p>\n<p>El a\u00f1o 1642 el superior de los misioneros de Roma escribiendo al Sr. Vicente sobre este asunto:<\/p>\n<p><em> \u00abHemos dado \u2014le dice\u2014 una misi\u00f3n en un lugar, cuyo nombre vamos a omitir; es un pueblo amurallado, de tres mil habitante m\u00e1s o menos, en el camino de Roma a N\u00e1poles. La misi\u00f3n ha durado un mes; durante ella hemos hallado miserias y des\u00f3rdenes espantosos. La mayor parte de los hombres y de las mujeres no sab\u00edan ni el \u00abPater\u00bb ni el \u00abCredo\u00bb, y mucho menos las otras cosas necesarias para la salvaci\u00f3n. Hab\u00eda un gran n\u00famero de enemistades inveteradas; las blasfemias eran frecuent\u00edsimas, pero eran blasfemias que infund\u00edan horror. Varias personas de toda clase y condici\u00f3n viv\u00edan en concubinato; hab\u00eda varias mujeres p\u00fablicas y disolutas, que corromp\u00edan a la juventud; y, adem\u00e1s de todo eso, hemos encontrado mucha oposici\u00f3n y resistencia, y el maligno esp\u00edritu nos ha lanzado violentos ataques de quienes deb\u00edan apoyarnos m\u00e1s. En fin, esta misi\u00f3n ha sido un sufrimiento para nosotros. No exist\u00eda humildad capaz de ganar el coraz\u00f3n de aquella gente, porque cre\u00edan que su honor perder\u00eda con instruirse y convertirse, y no hab\u00eda forma de hacer las paces con ellos, sino dejando de predicar y de confesar. A pesar de todo, despu\u00e9s de quince d\u00edas de paciencia y de perseverancia en nuestros actos y funciones ordinarias de misiones, los pueblos han empezado a abrir los ojos y a conocer sus des\u00f3rdenes y, al final, la gracia de Dios ha producido grandes bienes. Ha habido cantidad de reconciliaciones, las enemistades han desaparecido y las blasfemias han cesado. Cuatro mujeres perdidas se han convertido, y entre los concubinarios uno de los m\u00e1s obstinados que viv\u00eda desde hac\u00eda doce a\u00f1os en p\u00fablico adulterio y creaba mucho desorden en su familia y esc\u00e1ndalo en el pueblo, se ha convertido, ha dejado el pecado y ha roto con la ocasi\u00f3n\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abOtro gran fruto entre los que se recogen habitualmente en misiones es tener que arrancar un pecado abominable que no se suele nombrar, al cual estaban extraordinariamente sometidos. Se ha hecho la comuni\u00f3n general con gran preparaci\u00f3n, y todos han quedado conmovidos al o\u00edr el llanto y los gemidos, al ver las l\u00e1grimas de las almas convertidas. Y finalmente, a pesar de todos los esfuerzos del maligno esp\u00edritu, esta misi\u00f3n ha terminado con gran bendici\u00f3n\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Otro sacerdote de la misi\u00f3n de Roma escribi\u00f3 el a\u00f1o 1654 una carta en la cual, despu\u00e9s de hablarle de varias misiones en la di\u00f3cesis de Sarfina, en la Roma\u00f1a, y de todo lo que de m\u00e1s notable hab\u00eda sucedido, a\u00f1ade lo siguiente:<\/p>\n<p><em> \u00abEn la \u00faltima misi\u00f3n que tuvimos en las monta\u00f1as m\u00e1s altas de los Apeninos nos encontramos con un desorden general, que a pesar de ser cosa ordinaria en la Roma\u00f1a, es sin embargo mucho mayor en aquellos lugares apartados. Toda la juventud, muchachos y muchachas, se entretienen en amor\u00edos locos y vanos, muchas veces sin ning\u00fan deseo de casarse; y de eso no se confiesan de ordinario, as\u00ed como tampoco de los malos efectos que de ello se siguen, que son los entretenimientos peligrosos en los que pasan con frecuencia una parte de la noche; esto acontece especialmente en v\u00edsperas de fiesta. Siguiendo con estos malos afectos de unos con otras, ni siquiera tienen respeto a las iglesias, adonde no van casi nunca si no es para entretenerse con las miradas y gestos inmodestos. Aparte de los malos pensamientos y de otros des\u00f3rdenes interiores, llegan a veces a ca\u00eddas muy escandalosas, que, sin embargo, no logran hacer a los dem\u00e1s precavidos ni a los parientes m\u00e1s avisados para evitar cosas semejantes\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abHabiendo conocido por casualidad estos abusos y todas estas peligrosas y molestas consecuencias, hablamos en nuestras predicaciones de esta cuesti\u00f3n lo m\u00e1s fuertemente que pudimos a fin de acabar con todo eso. Pero el mal parec\u00eda incurable, y no faltaban buenas razones para pensar as\u00ed; esto nos daba mucha pena. M\u00e1s, al fin, con la gracia de Dios, pusimos remedio negando la absoluci\u00f3n a todos los que no ve\u00edamos muy decididos a renunciar absolutamente a todos esos locos amor\u00edos. Eso les ha impresionado mucho y ha sido el motivo de que casi todos se rindieran. Les le\u00ed p\u00fablicamente en Italiano un cap\u00edtulo del libro de Filotea, que trataba de este defecto y que les descubr\u00eda las faltas que comet\u00edan, como si el autor lo hubiera escrito expresamente para ellos. Muchos demostraron con l\u00e1grimas el dolor por su pasado y disposiciones para el provenir. \u00a1Quiera Dios concederles la perseverancia!\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn fin, se\u00f1or, aunque al principio los p\u00e1rrocos de aquellos lugares nos ten\u00edan por esp\u00edas y nos hicieron pasar ante los ojos de aquellos pueblos por personas sospechosas, al ver, sin embargo, la sencillez de nuestra conducta, el respeto que les mostr\u00e1bamos, nuestra manera de actuar en las misiones y principalmente que no ten\u00edamos nada de inter\u00e9s, empezaron a tenernos m\u00e1s afecto y puedo decirle que nos hemos ganado sus corazones. Muchos de ellos nos lo han demostrado incluso con l\u00e1grimas\u00bb<\/em><\/p>\n<p><strong>\u00a7. II En los obispados de Viterbo, de Palestrina y otros sitios<\/strong><\/p>\n<p>Un sacerdote de la misi\u00f3n de Roma escribiendo al Sr. Vicente, el mes de diciembre de 1655, a prop\u00f3sito de lo que sucedi\u00f3 en una misi\u00f3n dada en el obispado de Viterbo:<\/p>\n<p><em>\u00abEl Sr. Cardenal Brancaccio \u2014dice\u2014 nos hizo el honor de llamarnos a Viterbo, de donde es obispo, y nos envi\u00f3 a Vetralla, pueblo importante de su di\u00f3cesis, a dos jornadas de Roma. Al llegar all\u00ed, aunque tropezamos con muchas dificultades en nuestro humilde trabajo, conseguimos o\u00edr a mil setecientas personas en confesi\u00f3n general, que demostraban estar muy impresionadas y arrepentidas. Lo que me parece que contribuy\u00f3 m\u00e1s a conmover a aquel pueblo es lo que aparentemente deb\u00eda tener menos efecto, a saber: 1\u00ba. La explicaci\u00f3n de los actos del cristiano, que ten\u00edamos todas las ma\u00f1anas a la salida de la primera misa; 2\u00ba. La instrucci\u00f3n familiar que se ten\u00eda luego sobre los principales misterios de la fe, y sobre el modo de confesarse bien; 3\u00ba. El examen general que hac\u00edamos en voz alta, con las oraciones ordinarias al anochecer, inmediatamente despu\u00e9s de nuestra predicaci\u00f3n. Pero lo que caus\u00f3 impresi\u00f3n en sus esp\u00edritus fue una reprimenda muy seria que les hizo nuestro predicador al final de su exhortaci\u00f3n para la preparaci\u00f3n a la comuni\u00f3n, dici\u00e9ndoles de parte de Dios que nadie tuviera el atrevimiento de acercarse a la sagrada mesa sin haberse reconciliado previamente con sus enemigos. Y creo que esa exhortaci\u00f3n, animada como estaba del esp\u00edritu de Nuestro Se\u00f1or, obr\u00f3 m\u00e1s fruto que todo lo dem\u00e1s, sobre todo respecto a la reconciliaci\u00f3n de quienes se ten\u00edan un odio mortal y las restituciones notables que se hicieron, ya que desde aquella predicaci\u00f3n ni se ha visto ni o\u00eddo ya m\u00e1s que de los arreglos que se llevaban a cabo y del perd\u00f3n que se ped\u00edan unos a otros con l\u00e1grimas en los ojos, no s\u00f3lo en las casas, sino en medio de la calle, y especialmente en la iglesia delante de todo el mundo. Lo mismo se hac\u00eda en lo referente a la restituci\u00f3n de los bienes mal adquiridos y en el pago de las antiguas deudas abandonadas, y todo ello de forma p\u00fablica y sin preocuparse para nada de la propia reputaci\u00f3n\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSi me pusiera a referir aqu\u00ed todos los casos particulares que hemos visto y o\u00eddo sobre este tema, tendr\u00edamos demasiadas cosas que decir; solamente referir\u00e9 tres o cuatro de las principales. La primera tuvo lugar durante la procesi\u00f3n: en ella, cuando uno de nuestros sacerdotes iba poniendo a los hombres de dos en dos para hacerles ir ordenadamente, la Divina Providencia dispuso las cosas de tal manera que dos habitantes de aquel lugar, que se ten\u00edan un odio muy arraigado desde hac\u00eda a\u00f1os, se vieron colocados por casualidad uno junto al otro, y caminaron incluso durante alg\u00fan tiempo los dos juntos sin que ninguno de ellos se diera cuenta; pero, cuando se reconocieron, Dios les toc\u00f3 el coraz\u00f3n tan fuertemente, que en un instante su odio tan vivo se troc\u00f3 en una sincera amistad y sus corazones se encontraron en tal disposici\u00f3n que, derramando l\u00e1grimas, se abrazaron y se pidieron perd\u00f3n, delante de toda la concurrencia, y con unas palabras tan cordiales que todo el mundo se llen\u00f3 de admiraci\u00f3n y de consuelo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em> \u00abEl segundo caso fue el de cierto vecino de aquel mismo lugar, que desde hac\u00eda mucho tiempo le deb\u00eda a otro 400 escudos y nunca se los hab\u00eda querido pagar, a\u00fan cuando a veces se le presion\u00f3 por medio de la justicia y hasta con sentencia de excomuni\u00f3n, de modo que ya no quedaba esperanza alguna para su fiador. Mas, se sinti\u00f3 de pronto tan impresionado que en aquel mismo instante le pag\u00f3 los 400 escudos, y desde entonces siguen siendo buenos amigos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEl tercero fue que un rico avaricioso, que, desde hac\u00eda bastante tiempo, le deb\u00eda 100 escudos a un pobre hombre que hab\u00eda acabado perdiendo todas las esperanzas de cobrar su dinero, de pronto se sinti\u00f3 tocado por Dios, y sin que nadie se lo pidiera, puso en pr\u00e1ctica casi lo de Zaqueo: le devolvi\u00f3 al pobre hombre tres o cuatro veces m\u00e1s de lo que le deb\u00eda, d\u00e1ndole una casa y una vi\u00f1a, con lo que pudo arreglarse toda su familia\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn fin, el cuarto caso fue el de un padre que, habiendo concebido y fomentado en su coraz\u00f3n durante cerca de tres a\u00f1os un odio mortal contra otra persona que hab\u00eda querido matar a su hijo y hasta le hab\u00eda herido en un brazo, dej\u00e1ndolo mutilado y oblig\u00e1ndole adem\u00e1s a gastar mucho dinero para que se pudiera curar, a pesar de eso y del resentimiento que le guardaba, llev\u00f3 a cabo dos acciones dignas de un verdadero cristiano: la primera, perdon\u00f3 de coraz\u00f3n a su enemigo, el cual hab\u00eda intentado asesinar a su hijo; y la segunda, dispens\u00f3 y perdon\u00f3 voluntariamente todos los gastos que pod\u00eda haberle exigido, a pesar de que antes de aquella misi\u00f3n hubo muchas personas que intentaron reconciliarlos y buscar un arreglo sin haber conseguido nada\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEsta es una parte de los frutos de esta misi\u00f3n, de la que se puede decir con verdad que produjo efectos maravillosos por la mano omnipotente de Dios, pues los obreros que trabajaban en ella no eran, ni mucho menos, capaces de obrar esas maravillas con unos medios tan d\u00e9biles como los que hemos referido. Esto es lo que me da motivos para decirle lo mismo que en otro tiempo dec\u00edan aquellos que ve\u00edan los milagros que hac\u00eda Mois\u00e9s en presencia del fara\u00f3n: \u00abDigitus Dei est hic\u00bb: es el dedo de Dios el que hace estas cosas admirables, y no la elocuencia ni la ciencia ni la sabidur\u00eda ni el poder de los hombres. Quiz\u00e1s ha sido por esto por lo que la Divina Providencia no ha querido que nuestro prelado y eminent\u00edsimo cardenal asistiera a nuestra misi\u00f3n, como nos lo hab\u00eda hecho esperar, al haberse roto una rueda de su carreta cuando ya se hab\u00eda puesto en camino para venir; pues, si nos hubiera hecho ese honor, quiz\u00e1s se hubiera atribuido a su presencia y autoridad la gloria de estas maravillas, que Dios ha querido reservarse solamente para El\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El mismo sacerdote misionero cuenta en una de sus cartas el \u00e9xito de otra misi\u00f3n que se di\u00f3 el mes de enero del a\u00f1o siguiente. En ella habla de esta manera:<\/p>\n<p><em> \u00abEn la misi\u00f3n que acabamos de dar en Breda hemos observado una gran asistencia del pueblo a nuestros sermones y catecismos, a los que asist\u00edan con tantos deseos de aprovecharse que todo lo que escuchaban causaba una viva impresi\u00f3n en sus corazones, de manera que los ve\u00edamos luego instruirse y exhortarse los unos a los otros. Toda la ma\u00f1ana del d\u00eda de la comuni\u00f3n se pas\u00f3 en medio de reconciliaciones y abrazos, que se hac\u00edan unos a otros. Ah\u00ed se ve\u00eda manifiestamente la fuerza de la gracia de Dios, ya que los m\u00e1s distinguidos del lugar, tanto hombres como mujeres, dejando aparte todos los respetos humanos, no pon\u00edan ninguna dificultad en humillarse ante los m\u00e1s pobres, y en pedirles perd\u00f3n por las faltas que hab\u00edan cometido contra ellos. Pero cuando llegamos a la predicaci\u00f3n, que se tuvo inmediatamente antes de la comuni\u00f3n, los corazones se enternecieron de tal modo que falt\u00f3 muy poco para que algunos no cayeran desvanecidos. El que estaba predicando se vio obligado a interrumpir por dos veces su serm\u00f3n, y a dejar de hablar para detener las l\u00e1grimas y los suspiros de este pueblo. Acabada que fue la predicaci\u00f3n, un sacerdote de aquella tierra se adelant\u00f3 hacia el altar mayor, y postrado en tierra, pidi\u00f3 en voz alta perd\u00f3n, por la vida escandalosa que hab\u00eda llevado, en primer lugar a Dios y luego al pueblo; la gente, extraordinariamente impresionada por aquel ejemplo, se puso a gritar en voz alta: \u00abMisericordia\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEl demonio, envidioso de tan grandes \u00e9xitos, se esforz\u00f3 en impedirlos perturbando el buen orden y la disposici\u00f3n del pueblo en la procesi\u00f3n que tuvo lugar despu\u00e9s de v\u00edsperas, a causa de la precedencia entre algunas cofrad\u00edas de penitentes establecidas en la parroquia. Pero Dios, por su bondad, impidi\u00f3 aquel desorden, pues en medio de la disputa alguno indic\u00f3 que el predicador hab\u00eda dicho que les tocaba la precedencia a los penitentes vestidos de blanco; y entonces, por el gran respeto que todo el mundo sent\u00eda a cuanto viniera de \u00e9l, hizo que todos acataran aquella palabra, sin meterse en m\u00e1s discusiones. De este modo la procesi\u00f3n transcurri\u00f3 con mucha piedad y con una especial edificaci\u00f3n de todos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abCreo que no debo omitir aqu\u00ed una cosa que sucedi\u00f3. Le exhortamos al pueblo a comprar una cruz de plata para su iglesia, y no hubo ni una sola persona que no quisiera participar en tan buena obra, de manera que todos hicieron un esfuerzo por contribuir a ella, y se logr\u00f3 recoger una cantidad superior a cien escudos, que era mucho m\u00e1s de lo que se necesitaba\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>En cuanto al obispado de Palestrina, la relaci\u00f3n de las misiones que se predicaron el a\u00f1o 1657 nos dice que la primera se dio en un pueblo grande de mil doscientos comulgantes, llenos todos de enemistades y, si hemos de hablar con propiedad, todos ensangrentados por los frecuentes homicidios que se comet\u00edan, pues llegan hasta setenta en tres a\u00f1os. Este pueblo, aunque era cruel y habituado a los cr\u00edmenes, a pesar de eso, gust\u00f3 la palabra de Dios, acudi\u00f3 con exactitud a los actos de la misi\u00f3n que dur\u00f3 un mes, y, al final, us\u00f3 tan bien de ella que casi todos hicieron confesi\u00f3n general, y se reconciliaron perfectamente con Dios y con sus enemigos. Hemos visto a varios que hab\u00edan estado diez o quince a\u00f1os sin querer hablarse, que lo han hecho de buena gana en dicha ocasi\u00f3n. Una viuda, cuyo marido hab\u00eda sido asesinado, y que hab\u00eda negado la paz a sus enemigos, a pesar de todos los ruegos que le hicieron, entre otros el Sr. Cardenal Colonna, se\u00f1or de dicho lugar, para que se la concediera, qued\u00f3 tan conmovida por una predicaci\u00f3n, que sin ninguna reconven\u00f3n previa hizo llamar al Sr. P\u00e1rroco y al notario, y se reconcili\u00f3, concediendo el perd\u00f3n con gran alegr\u00eda.<\/p>\n<p>Otra viuda, que se hab\u00eda manifestado tan dif\u00edcil en perdonar a un hombre que hab\u00eda matado a su marido, le perdon\u00f3 tambi\u00e9n de muy buena gana en esa ocasi\u00f3n, y dec\u00eda que jam\u00e1s hab\u00eda sentido tal consolaci\u00f3n en todo el tiempo de su vida. Despu\u00e9s de eso algunos de sus parientes, como le hubieran querido recordar que no deb\u00eda haber perdonado ni tan f\u00e1cilmente ni tan pronto, para manifestar mejor su amor hacia su marido difunto, les respondi\u00f3 que quer\u00eda salvar su alma, y que si no lo hubiera hecho, lo har\u00eda a\u00fan de buena gana.<\/p>\n<p>Un joven, que ten\u00eda un brazo mutilado por un enemigo suyo, a quien no quer\u00eda ni ver, habi\u00e9ndole encontrado a la salida de una predicaci\u00f3n en la plaza p\u00fablica, se puso de rodillas, y levant\u00e1ndose lo abraz\u00f3 con tanto afecto y cordialidad, que su ejemplo y su palabra sirvieron much\u00edsimo para mover a otras personas a perdonar las injurias que hab\u00edan recibido.<\/p>\n<p>Pero la m\u00e1s importante de todas las reconciliaciones realizadas en esta misi\u00f3n, y donde m\u00e1s manifiestamente ha aparecido el efecto particular de la gracia de Dios fue la que se consigui\u00f3 entre dos de las principales familias del pueblo, entre individuos de una de las familias, que hab\u00edan matado a uno de otra familia y herido gravemente a su hermano. Ese hecho de tal modo enfureci\u00f3 a los hermanos que quedaban vivos y que eran muy crueles, que decidieron exterminar a aquella familia, pues algunos miembros de ella hab\u00edan cometido el asesinato, y uno de los hermanos, para vengar la muerte del otro, hab\u00eda matado, despu\u00e9s de tres a\u00f1os, a diez personas inocentes. Esta reconciliaci\u00f3n era muy dif\u00edcil de lograr, tanto porque las ofensas eran recientes, como porque los que quer\u00edan cometer el asesinato andaban recorriendo todo el d\u00eda por el campo de miedo a que los pudiera coger la justicia, y s\u00f3lo volv\u00edan a casa por la noche, as\u00ed que era muy dif\u00edcil hablar con ellos. Adem\u00e1s, estando como estaban tan enfurecidos no hab\u00eda ni traza de poder doblegar sus corazones; uno de ellos lleg\u00f3 a decir que no quedar\u00eda contento hasta que hubiera matado a todos los de la otra familia. Sin embargo, a pesar de todas esas dificultades, y despu\u00e9s de varias tentativas, Dios quiso que se lograra aquella buena obra por un efecto singular\u00edsimo de su gracia. El predicador de la misi\u00f3n hab\u00eda ido a buscar, en un lugar apartado, a los que quer\u00edan cometer los asesinatos, y despu\u00e9s de hablarles durante unos cinco minutos, les suplic\u00f3 en nombre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, al tiempo que los abrazaba cordialmente, que perdonaran e hicieran las paces. E inmediatamente el principal de ellos, vivamente emocionado por sus palabras, se quit\u00f3 el sombrero, y levantando los ojos al cielo, ba\u00f1ado en l\u00e1grimas, le dijo: \u00abPrometo a Dios y a su Reverencia la paz, y quiero hacerla\u00bb. Dicho eso, se retir\u00f3 para llorar con m\u00e1s libertad. Despu\u00e9s convino en hacer las paces el d\u00eda siguiente; pero aparecieron nuevos obst\u00e1culos y tan grandes que se cre\u00eda que se iba a estropear todo. Pero se le comunic\u00f3 que se hab\u00eda acudido a la Sant\u00edsima Virgen,por cuya poderosa intercesi\u00f3n todos los impedimentos quedaron superados e hicieron las paces con tanta bendici\u00f3n, que la mayor parte de los habitantes que hab\u00edan venido a la iglesia para admirar un acto tan hermoso, lloraba de alegr\u00eda, bendiciendo a Dios, porque ve\u00eda a los ofendidos y a los ofensores abrazarse con tanto afecto. Un anciano dijo a un joven de la parte contraria, a quien odiaba antes a muerte: \u00abQuiero ante todo tenerle por hijo\u00bb, a lo que el otro le respondi\u00f3: \u00abY yo le tendr\u00e9 por mi padre\u00bb.<\/p>\n<p>Ser\u00eda demasiado largo contar al detalle todos los arreglos y todas las reconciliaciones que se hicieron en esta misi\u00f3n. La divisi\u00f3n de los corazones era casi general en aquel lugar, porque la ofensa que se hace a un particular se extiende a todos sus parientes, y su enemistad rec\u00edprocamente a toda la parentela de quien ha ofendido, de modo que llegan a no hablarse entre s\u00ed, ni a saludarse nunca m\u00e1s unos a otros. Mas, por la misericordia de Dios, no hemos sabido, que, al terminar la misi\u00f3n, haya quedado alguno enemistado: todos se han reconciliado verdadera y sinceramente.<\/p>\n<p>Otro equipo de misioneros hab\u00eda ido a trabajar a las parroquias que depend\u00edan de la Abad\u00eda de Subiaco. Dieron all\u00ed cuatro misiones a las que Dios concedi\u00f3 grand\u00edsimas bendiciones, tanto en raz\u00f3n de las reconciliaciones por las que varias enemistades hab\u00edan quedado superadas, como por los remedios que se pusieron a las malas amistades y a varios esc\u00e1ndalos p\u00fablicos. Por no repetir, aqu\u00ed solamente referimos lo sucedido en una de las parroquias. Tres mujeres p\u00fablicas pidieron p\u00fablicamente perd\u00f3n en la iglesia a todo el pueblo por el esc\u00e1ndalo que le hab\u00edan dado en el pasado. En cuanto a la blasfemia, como reinaba en gran manera en aquel lugar, todos acordaron firmemente evitar aquel funesto pecado, y varios convinieron entre s\u00ed, que si alguno de ellos profer\u00eda blasfemias en el juego, perder\u00eda la partida, o bien pagar\u00eda cierta cantidad de dinero que ser\u00eda distribuida entre los pobres; pero otros acordaron abandonar por entero el juego, lo cual es mejor y m\u00e1s seguro. Y porque los d\u00edas de fiesta el pueblo, en la mayor parte del tiempo, estaba ocioso sin saber a qu\u00e9 dedicarse, aceptaron con mucha docilidad y afecto el consejo que les dieron de hacer comprar un salterio grande y un antifonario para cantar las v\u00edsperas en sus iglesias los d\u00edas de fiesta y domingos. Y adem\u00e1s, algunos libros espirituales, a saber, la Vida de los Santos, las obras de Granada y otros parecidos, para hacer, esos d\u00edas, reunidos en la iglesia, una hora de lectura espiritual.<\/p>\n<p>En otra relaci\u00f3n enviada por el superior de los Sacerdotes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n de Roma se dice, al hablar de las \u00faltimas misiones dadas en sitios que no nombra, que Dios ha derramado sus bendiciones habituales: han cesado los esc\u00e1ndalos, se han eliminado lo concubinatos, las mujeres p\u00fablicas se han convertido, las ocasiones de los pecados deshonestos, muy frecuentes en aquellos sitios, han desaparecido, y ha habido tal cantidad de arreglos de desavenencias y pleitos tanto civiles como criminales, que s\u00f3lo en una misi\u00f3n un notario inteligent\u00edsimo estuvo ocupado seis d\u00edas escribiendo los acuerdos realizados. Hemos logrado terminar con contratos usurarios y revocar algunas enajenaciones de los bienes de la iglesia, que se hab\u00edan hecho injustamente. Y no s\u00f3lo los vicios y los des\u00f3rdenes han quedado suprimidos, sino que tambi\u00e9n se ha plantado en los corazones el gusto por la virtud, y se han puesto en uso todas las clases de buenas obras, especialmente las de la caridad. Ah\u00ed van dos o tres ejemplos.<\/p>\n<p>Al final de una de las misiones, el m\u00e9dico de uno de los lugares en que se hab\u00edan dado, movido por un impulso de caridad, se ofreci\u00f3 a no quedarse durante tres a\u00f1os, con nada de todos sus honorarios, a condici\u00f3n de que el celem\u00edn de trigo que cada casa ten\u00eda que darle todos los a\u00f1os, se fuera acumulando a lo largo de esos tres a\u00f1os con el fin de hacer un monte de piedad de unos cien sextarios de trigo, que servir\u00edan para prestar a los pobres; cosa que qued\u00f3 decidida con el consentimiento de los habitantes.<\/p>\n<p>En el mismo sitio, un oficial, al ver que los ni\u00f1os estaban poco instruidos por no haber una persona capaz de ense\u00f1arles, se oblig\u00f3 a dar todos los a\u00f1os una gran parte de su sueldo que servir\u00eda de salario para un buen maestro.<\/p>\n<p>La comunidad de los habitantes del mismo lugar eligi\u00f3 a dos protectores de los pobres. Su oficio consist\u00eda en impedir que los pobres fueran gravados injustamente con impuestos por ciertos da\u00f1os que los arrendatarios del se\u00f1or pretenden a veces que les han hecho. Y tambi\u00e9n eligieron a un depositario de los muebles de los pobres que los polic\u00edas exigen al aplicar la ley; dichos muebles, por no haber depositario, casi siempre se perd\u00edan para los pobres.<\/p>\n<p>Vemos ahora una peque\u00f1a muestra de los excelentes frutos que el Sr. Vicente ha hecho nacer en Italia por el ministerio de los sacerdotes de su Congregaci\u00f3n establecidos en Roma. Hemos hablado de lo que sucedi\u00f3 en ocho o nueve misiones, aunque se hayan dado m\u00e1s de doscientas en los veinte a\u00f1os que llevan en la ciudad capital de la cristiandad. Pero hemos cre\u00eddo que basta con eso para dar a conocer la abundante gracia, que Dios quer\u00eda derramar sobre todos los proyectos de su fiel siervo, y sobre lo trabajos y las ocupaciones que Dios hab\u00eda puesto bajo su direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>Concluiremos este cap\u00edtulo con un p\u00e1rrafo de una carta que el Sr. cardenal Spada escribi\u00f3 desde Roma al Sr. Vicente, el a\u00f1o 1651, donde le habla en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em>\u00abEl Instituto de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, del que usted es Fundador y Superior General, adquiere cada d\u00eda mayor cr\u00e9dito y fama por aqu\u00ed. Me han servido mucho y bien en mi ciudad y en toda la di\u00f3cesis de Albano, donde he visto los frutos extraordinarios conseguidos en estos pueblos, sus buenos sacerdotes han trabajado con tanto esfuerzo, caridad, desinter\u00e9s y prudencia, que todos se han quedado sumamente edificados. Es mi deber darle gracias por ello, como lo hago, asegur\u00e1ndole que lo hago con un sentimiento especial, y que no dejar\u00e9 de publicarlo para el bien y la propagaci\u00f3n de ese santo Instituto, siempre que se me presente la ocasi\u00f3n\u00bb,<\/em> etc.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISIONES DEL SE\u00d1OR VICENTE SECCI\u00d3N III: Relaciones de los frutos logrados en las misiones dadas en Italia \u00a7. 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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