{"id":31834,"date":"2020-04-15T11:40:29","date_gmt":"2020-04-15T09:40:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/04\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-2\/"},"modified":"2020-03-27T16:36:55","modified_gmt":"2020-03-27T15:36:55","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-2\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 1, Secci\u00f3n 2"},"content":{"rendered":"<p>MISIONES DEL SE\u00d1OR VICENTE<\/p>\n<p><strong>SECCI\u00d3N II : Relaci\u00f3n de los frutos m\u00e1s considerables de algunas misiones particulares dadas en diversos lugares de Francia<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u00a7. I En la di\u00f3cesis de Par\u00eds<\/strong><\/p>\n<p>Por el Sr. Vicente hemos conocido el fruto muy considerable de una misi\u00f3n en una aldea de la di\u00f3cesis de Par\u00eds. El es quien la relata a la Comunidad para moverla a dar gracias a Dios<\/p>\n<p><em> \u00abRuego a la Compa\u00f1\u00eda \u2014le dice\u2014 que agradezca a Dios las bendiciones que ha derramado sobre las misiones que acaban de terminar, y particularmente la de N., que han sido notables. Exist\u00eda en esta parroquia una singular divisi\u00f3n: los habitantes sent\u00edan una gran aversi\u00f3n contra su p\u00e1rroco, y el p\u00e1rroco por su parte, estaba resentido por el mal trato recibido de sus feligreses. Por esa raz\u00f3n, los hab\u00eda llevado a pleito, y hasta hab\u00eda hecho meter en la c\u00e1rcel a tres o cuatro de los principales, porque hab\u00edan llegado hasta el extremo de poner las manos sobre \u00e9l dentro de la iglesia, o sobre alguno de los suyos. La mayor parte de los feligreses ni siquiera quer\u00edan o\u00edr misa, y se sal\u00edan de la iglesia, cuando lo ve\u00edan subir al altar. El esc\u00e1ndalo era may\u00fasculo; yo no hab\u00eda visto una cosa semejante. Aseguraban que no acudir\u00edan nunca a confesarse con \u00e9l, y que en la fiesta de Pascua no comulgar\u00edan\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abAl verse reducidos a tal estado, algunos de ellos vinieron aqu\u00ed, hace ya alg\u00fan tiempo, para rogarnos que fu\u00e9ramos a darles una misi\u00f3n. La hemos dado, y por la misericordia de Dios, todos han entrado en el buen camino. Pero lo que m\u00e1s nos mueve a bendecir y a dar gracias a Dios es que se han reconciliado perfectamente con su pastor, y que ahora se hallan en una gran paz y uni\u00f3n; por eso, est\u00e1n contentos de una y otra parte, e igualmente agradecidos. Porque diez o doce han venido aqu\u00ed a darnos las gracias de parte de toda la parroquia, y me han contado tantas cosas buenas de la misi\u00f3n, que me ha costado creerles\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00ab\u00bfQui\u00e9n es el que ha hecho eso? Se\u00f1ores, \u00fanicamente Dios. \u00bfDepend\u00eda de los hombres conseguir aquella reconciliaci\u00f3n? Seguro que, aunque todo un parlamento hubiera intentado una pacificaci\u00f3n tan dif\u00edcil entre unos individuos tan acalorados, apenas hubiera podido tener \u00e9xito, ni siquiera en lo que se refiere al orden externo\u00bb. <\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEs Dios el autor de esa buena obra, y a quien debemos darle gracias. Les ruego, se\u00f1ores, que hagan eso con todo el fervor que puedan, y, adem\u00e1s, pidan a su Divina Bondad, que d\u00e9 a la Compa\u00f1\u00eda el esp\u00edritu de uni\u00f3n y el esp\u00edritu unitivo, que no es otro que el Esp\u00edritu Santo, a fin de que, estando siempre unida, pueda unir a los externos, ya que hemos sido fundados para reconciliar las almas con Dios, y los hombres con los hombres\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Veamos ahora el resultado de otra peque\u00f1a misi\u00f3n predicada en la parroquia de N., cercana a Par\u00eds, que s\u00f3lo tiene trescientos comulgantes. En ella se han llevado a cabo nueve cosas diferentes, dignas de ser destacadas, y que servir\u00e1n para hacer ver la utilidad de las misiones, que de ordinario hacen las mismas cosas en todos los sitios pues se encuentran con las mismas necesidades<\/p>\n<p>1. Los mayordomos de las parroquias, que suelen ser elegidos dos cada a\u00f1o, y que desde hac\u00eda diez o doce a\u00f1os no hab\u00edan rendido ninguna cuenta, reten\u00edan en su poder varias cantidades pertenecientes a la iglesia y a la f\u00e1brica, fueron advertidos de la injusticia que comet\u00edan, y han presentado las cuentas, y pagado todo lo que deb\u00edan<\/p>\n<p>2. Varios particulares que guardaban desde hac\u00eda mucho varios t\u00edtulos y papeles de la iglesia, los han tra\u00eddo y entregado, y los han puesto en un arca cerrada con tres llaves<\/p>\n<p>3. Han cesado varios concubinatos, y los concubinarios se han separado, o bien, se han marchado fuera de la parroquia<\/p>\n<p>4. Todos los habitantes, hombres, mujeres y ni\u00f1os, han recibido con tanto fruto la semilla de la palabra de Dios, y han venido con tanta asiduidad a los actos de la misi\u00f3n, que no han perdido ninguna predicaci\u00f3n de la tarde, ni de la ma\u00f1ana, ni tampoco la catequesis que se daba despu\u00e9s del mediod\u00eda; asist\u00edan con una atenci\u00f3n maravillosa<\/p>\n<p>5. Aunque eran pobres, han encargado un tabern\u00e1culo y regalado un cop\u00f3n y un c\u00e1liz de plata. El que se usaba era de esta\u00f1o<\/p>\n<p>6. Han reparado en parte la iglesia, amenazada como estaba de una ruina total y pr\u00f3xima. Y adem\u00e1s, han tomado la resoluci\u00f3n de rehacerla del todo, aunque todo esto les suponga cuando menos doce mil libras<\/p>\n<p>7. Todos los pleitos y desavenencias han quedado arreglados, de forma que no hay ninguno, que se sepa, y han llegado a un acuerdo tan a lo cristiano, que llegaron a pedirse perd\u00f3n de rodillas unos a otros<\/p>\n<p>8. Todos los enfermos pobres han sido visitados, socorridos y asistidos corporal y espiritualmente<\/p>\n<p>9. Finalmente, todos los habitantes han hecho la confesi\u00f3n general buena y lealmente, y han cumplido con sus otras obligaciones, y durante el tiempo de la misi\u00f3n han quedado no solamente muy bien instruidos y muy consolados en su interior, sino tambi\u00e9n con una verdadera disposici\u00f3n y resoluci\u00f3n de vivir cristianamente en el futuro<\/p>\n<p>No seguiremos aqu\u00ed relatando en detalle los \u00e9xitos de las otras misiones, porque ser\u00eda demasiado prolijo y estar\u00eda sujeto a repeticiones. Nos contentaremos solamente con se\u00f1alar las principales circunstancias de las que se ha tenido conocimiento por el testimonio de los misioneros y de otras personas fidedignas<\/p>\n<p><strong>\u00a7. II En la di\u00f3cesis de Saintes<\/strong><\/p>\n<p>El Sr. Vicente destin\u00f3 a unos sacerdotes de su Congregaci\u00f3n a trabajar en las misiones en la di\u00f3cesis de Saintes, hacia el a\u00f1o 1634. Una persona muy piadosa le escribi\u00f3 lo siguiente:<\/p>\n<p><em>\u00abNuestro Se\u00f1or bendice m\u00e1s de lo que pudiera creerse la misi\u00f3n de Saintonge. Ha habido cantidad de conversiones de costumbres y de religi\u00f3n; pero lo que hace admirar m\u00e1s el trabajo de los misioneros es que hacen ver al pueblo la hermosura de la religi\u00f3n cat\u00f3lica seg\u00fan el m\u00e9todo habitual que usan, sin disputar. Eso hace que varios herejes se hayan convertido. La se\u00f1ora de N. me ha dicho que ve a estos buenos misioneros como a los Obreros de la primitiva iglesia, por lo que han contado los que vienen de all\u00ed, tanto cat\u00f3licos como herejes\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Hubo otros sacerdotes misioneros enviados a la misma di\u00f3cesis de Saintes por el Sr. Vicente el a\u00f1o 1640, a petici\u00f3n del difunto Sr. de Raoul, entonces obispo de dicha ciudad, y que con su clero los ha establecido en dicha ciudad. Dios ha querido dar su bendici\u00f3n a las misiones que predicaron en esa di\u00f3cesis; consigui\u00f3 muchos bienes seg\u00fan el testimonio de los Obreros, que ha sido confirmado por varias cartas de ese buen obispo<\/p>\n<p><em>\u00abEstamos \u2014dice un misionero en una de sus cartas\u2014 terminando nuestra misi\u00f3n de N., que ha durado siete semanas. No me atrever\u00eda a enviarle las bendiciones que hemos recibido por miedo a quedar demasiado satisfecho. Todo se reduce a decir que esta parroquia, que era la de peor fama de todo Saintonge por las enemistades, las discordias, los asesinatos, y por otras abominaciones que se comet\u00edan, ahora por la misericordia de Dios ha cambiado totalmente, y ha hecho una reparaci\u00f3n p\u00fablica de todos los esc\u00e1ndalos dados por ella. Ha acudido much\u00edsima gente a todos los actos de la misi\u00f3n, incluso a la catequesis; las divergencias se han apagado, los rencores se han disipado, y ha habido reconciliaciones sin que hayamos intervenido nosotros. Atribuimos todas esas gracias a la Bondad de Dios, y a los m\u00e9ritos de la Sant\u00edsima Familia de Nuestro Se\u00f1or, a la que hemos dedicado esta misi\u00f3n. Los habitantes de una parroquia situada a una legua de aqu\u00ed, despu\u00e9s de reunirse, se han dirigido a su p\u00e1rroco, y le han dicho que, ya que no pueden tener la misi\u00f3n en su parroquia, deseaban y le ped\u00edan que todas las ma\u00f1anas les ense\u00f1aran a rezar y a servir bien a Dios. Y el buen cura ha empezado a hacer eso con mucho gusto\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Otra persona, escribiendo de una misi\u00f3n que se di\u00f3 en otra parroquia de la misma di\u00f3cesis:<\/p>\n<p><em> \u00abEsta misi\u00f3n \u2014<\/em>dec\u00eda<em>\u2014 ha recibido bendiciones, y por la gracia de Dios muy extraordinarias. Se han logrado reconciliaciones muy importantes y muy dif\u00edciles que no hab\u00edan podido arreglar en el pasado ni personas de gran influencia y ni el obispo. Los corazones estaban muy amargados desde hac\u00eda tiempo, y hab\u00eda de por medio intereses y grandes perjuicios, causantes de pleitos enojos\u00edsimos.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero por la misericordia de Dios ha acabado todo, y las personas perfectamente reconciliadas; de manera que, a nuestro parecer, a pesar de que esta parroquia estaba totalmente dividida, la hemos dejado muy unida y en gran paz por la misericordia de Dios, quien, adem\u00e1s de eso, le ha concedido otras gracias singulares para unos grandes pecadores y pecadoras p\u00fablicas, que se han convertido; para grandes y notables restituciones que se han hecho secreta y p\u00fablicamente; y tambi\u00e9n para algunos herejes a los que Dios ha tocado el coraz\u00f3n, y se han convertido\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Otro misionero, al darle cuenta al Sr. Vicente de lo que hab\u00edan hecho en la misi\u00f3n de G\u00e9mozac, de la misma di\u00f3cesis, el a\u00f1o 1647, le dec\u00eda que, adem\u00e1s de los frutos ordinarios y habituales de todas las misiones, eran siete u ocho los herejes que hab\u00edan abjurado. Y a\u00f1ad\u00eda que varios m\u00e1s estaban muy inclinados a convertirse, pero que se ve\u00edan impedidos por miedo a verse sobrecargados de impuestos, porque los \u00abprincipales\u00bb que los imponen, son herejes. E incluso, que la mayor parte se alegrar\u00eda de que el rey les obligara a ir a misa, para vencer el respeto humano que les retiene<\/p>\n<p><em> \u00abUno de esos convencidos es un anciano, al que hab\u00edamos exhortado in\u00fatilmente en varias ocasiones, Despu\u00e9s de haber hecho el \u00faltimo esfuerzo, cuando ya est\u00e1bamos para marcharnos, al ver que no sac\u00e1bamos nada de \u00e9l, se nos ocurri\u00f3 acudir a la Sant\u00edsima Virgen y suplicarle que usara de sus intercesi\u00f3n para obtener la conversi\u00f3n de aquel pobre descarriado. Con esta intenci\u00f3n fuimos a postrarnos de rodillas ante Ella y a rezar las letan\u00edas, y he aqu\u00ed que, al terminarlas, vimos a aquel anciano que ven\u00eda a confesarnos que reconoc\u00eda la verdad y que deseaba abjurar de la herej\u00eda. As\u00ed lo realiz\u00f3 ante nosotros y luego hizo confesi\u00f3n general, y a continuaci\u00f3n lo recibimos a la comuni\u00f3n. Al decirnos adi\u00f3s, nos rog\u00f3 insistentemente que lo encomend\u00e1ramos a las oraciones de todos los cat\u00f3licos\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>El superior de la casa de la misi\u00f3n de Saintes escribi\u00f3 en una de sus cartas que, habiendo permanecido un mes entero trabajando en el pueblo de Deniat, se hall\u00f3 agotado, lo mismo que los otros misioneros que estaban con \u00e9l, por la gran muchedumbre que ven\u00edan desde los lugares circunvecinos, y que se vieron obligados, al verse completamente exhaustos hasta caer agotados en el confesionario, a suprimir los actos de la misi\u00f3n, y a dejar con mucho sentimiento, a un grand\u00edsimo n\u00famero de personas que acud\u00edan de todas partes, sin poderles ofrecer el servicio que deseaban\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>A\u00f1ade que durante esa misi\u00f3n, hubo m\u00e1s de cuatrocientas reconciliaciones, y m\u00e1s de cien pleitos cancelados.<\/p>\n<p><em>\u00abY aquella buena gente \u2014<\/em>dice<em>\u2014 ten\u00edan tal deseo de confesarse que, al saber que no absolv\u00edamos a nadie si antes no se hab\u00eda reconciliado, y si no hab\u00eda hecho lo posible para acabar con sus pleitos, iban de casa en casa a buscarse unos a otros para tal fin. La v\u00edspera de nuestra marcha, una gran muchedumbre se hallaba en la iglesia en las oraciones del anochecer, y como el Sr. p\u00e1rroco dijera en alta voz que los misioneros le ped\u00edan su bendici\u00f3n para marcharse al d\u00eda siguiente, queriendo de ah\u00ed aprovecharse de la ocasi\u00f3n para animarles a hacer buen uso de las ense\u00f1anzas que les hab\u00edan hecho durante la misi\u00f3n, toda aquella gente qued\u00f3 muy conmovida, y se pusieron a gritar y llorar de tal forma, que no pudo articular palabra que pudieran entender, y los misioneros tuvieron mucha dificultad para separarse de ellos, pues no los quer\u00edan dejar partir\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Sucedi\u00f3 casi lo mismo en otro pueblo llamado Usseau, cerca de la ciudad de Niort, donde, despu\u00e9s de haber trabajado un mes entero, los misioneros cayeron en un agotamiento parecido; y al no poder sostenerse de pura debilidad, se vieron obligados, muy a pesar suyo, a dar por terminada la misi\u00f3n, dejando a una casi innumerable cantidad de personas sin confesar. Lo ped\u00edan con tantos ruegos, derramando l\u00e1grimas y lanzando agudos gritos, que no hab\u00eda coraz\u00f3n que no quedara conmovido. Se hicieron gran n\u00famero de reconciliaciones, pero los misioneros al principio hallaron mucha resistencia por haber querido suprimir el baile p\u00fablico, que se celebraba en aquel lugar en las fiestas de Pentecost\u00e9s. Era en esos d\u00edas, cuando se comet\u00edan muchos des\u00f3rdenes, hasta raptos de muchachas y asesinatos. Y como se predic\u00f3 contra ese abuso el d\u00eda de Pentecost\u00e9s, hubo algunos, que, contraviniendo a lo dicho por el predicador fueron a bailar por la tarde de aquel mismo d\u00eda. Se lo dijeron al Director de la misi\u00f3n, y \u00e9ste, acompa\u00f1ado de otros eclesi\u00e1sticos, se traslad\u00f3 al lugar. Todos los que estaban bailando se escaparon. Y al d\u00eda siguiente, despu\u00e9s de hablar duramente desde el p\u00falpito sobre aquel asunto, rompi\u00f3 el viol\u00edn del que se val\u00edan, en presencia de todo el pueblo, que estaba all\u00ed en gran n\u00famero. Aquello caus\u00f3 tal efecto por la gracia de Dios en la gente, que despu\u00e9s del serm\u00f3n, todos aquellos y aquellas que hab\u00edan bailado vinieron donde los misioneros a postrarse a sus pies, y a pedir perd\u00f3n por su falta; y todos los habitantes de aquel lugar concibieron tal horror al baile y a los males que de \u00e9l se derivaban, que lo suprimieron totalmente de su parroquia.<\/p>\n<p>Todav\u00eda se logr\u00f3 otro bien en aquella misi\u00f3n, que fue una reuni\u00f3n de eclesi\u00e1sticos de los alrededores. Se juntaron hasta diecisiete curas; se les dieron varias conferencias, y quedaron muy conmovidos, y decidieron llevar una vida verdaderamente eclesi\u00e1stica, y llevar las se\u00f1ales externas con el esp\u00edritu interior<\/p>\n<p>Finalmente las misiones que se predicaron en esta di\u00f3cesis estuvieron acompa\u00f1adas de una bendici\u00f3n tan grande, y produjeron tan buenos efectos, que el difunto Sr.obispo de Saintes en una carta que escribi\u00f3 al Sr. Vicente el a\u00f1o 1642 le dec\u00eda que los pueblos hab\u00edan acudido a darle gracias por todo. Y en otra carta del mismo a\u00f1o:<\/p>\n<p><em>\u00abHe hecho venir \u2014le dec\u00eda\u2014 a sus misioneros a esta ciudad para que descansaran algunos d\u00edas. La verdad es que hace seis meses que est\u00e1n trabajando con tanta asiduidad, que me extra\u00f1a c\u00f3mo han podido resistir, y yo mismo he ido a buscarlos a los sitios en que estaban\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y en otra carta de 1643<\/p>\n<p><em> \u00abHe pasado \u2014<\/em>dice<em>\u2014 la fiesta de Pentecost\u00e9s con sus misioneros, que trabajan con celo maravilloso, y he visto con gran consuelo la bendici\u00f3n que Dios les da a sus trabajos. No puedo darle unas gracias proporcionadas a mi obligaci\u00f3n\u00bb, etc<\/em><\/p>\n<p><strong> \u00a7. III En las di\u00f3cesis de Mende y de SaintFlour<\/strong><\/p>\n<p>A la di\u00f3cesis de Mende, en C\u00e9vennes, que estaba inundada de herejes, el Sr. Vicente envi\u00f3 en varias ocasiones a algunos de sus misioneros, ya para tratar de volverlos a la verdad, o bien, para fortalecer a los cat\u00f3licos e impedirles que cayeran en el error. Y el digno superior de los misioneros resolvi\u00f3 ir tambi\u00e9n \u00e9l en persona el a\u00f1o 1635. Por aquellos d\u00edas estaba en Roma uno de sus sacerdotes muy versado en el conocimiento de la lengua hebrea y sir\u00edaca. Le quer\u00edan persuadir que trabajara en la versi\u00f3n de la Biblia sir\u00edaca al lat\u00edn; pero el Sr. Vicente pens\u00f3 que ser\u00eda mucho mejor hacerle venir a ayudar a la misi\u00f3n que quer\u00eda dar en las C\u00e9vennes. Veamos en qu\u00e9 t\u00e9rminos le escribi\u00f3:<\/p>\n<p><em>\u00abLe suplico \u2014<\/em>le dice<em>\u2014 que no se detenga en la propuesta que le han hecho de trabajar en esa versi\u00f3n (de la Biblia) S\u00e9 muy bien que servir\u00eda para satisfacer la curiosidad de algunos, pero no, seg\u00fan creo, para el bien de las almas del pobre pueblo al que la Providencia de Dios ha predestinado a usted desde toda la eternidad. Debe bastarle, se\u00f1or, que, por la gracia de Dios, haya empleado tres o cuatro a\u00f1os en aprender el hebreo y que sepa lo bastante para sostener la causa del Hijo de Dios en su lengua original y confundir a su enemigos en este reino. Piense, pues, que hay miles de almas que le tienden la mano y le dicen as\u00ed: \u00a1Ah se\u00f1or! Usted ha sido escogido por Dios para ayudar a salvarnos; tenga piedad de nosotras y venga a tendernos la mano para sacarnos del mal estado en que esta mos. Mire que estamos sumidas en la ignorancia de las cosas necesarias para nuestra salvaci\u00f3n, y en los pecados que jam\u00e1s hemos confesado por verg\u00fcenza, y que, sin su ayuda, estamos en gran peligro de condenarnos\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPero, adem\u00e1s de los gritos de esas pobres almas que la caridad le ha hecho o\u00edr interiormente, escuche tambi\u00e9n por favor, se\u00f1or, lo que mi coraz\u00f3n le dice al suyo, que se siente sumamente apremiado por el deseo de ir a trabajar y a morir en las C\u00e9vennes, y que se marchar\u00e1 para all\u00e1, si no viene usted pronto a estas monta\u00f1as, desde donde pide a gritos ayuda el obispo y dice que esta regi\u00f3n, que en otro tiempo era la m\u00e1s floreciente en piedad de todo el reino, est\u00e1 ahora empecatada y que el pueblo muere de hambre de la palabra de Dios\u00bb<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente envi\u00f3 a\u00f1os m\u00e1s tarde a otros misioneros para que trabajaran en la misma di\u00f3cesis, a prop\u00f3sito de lo cual el difunto Sr. Marcillac, que era entonces el obispo, le escribi\u00f3 en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em> \u00abLe aseguro <\/em>\u2014le dice\u2014<em> que aprecio m\u00e1s el trabajo que los suyos hacen en la actualidad en mi di\u00f3cesis, que si me dieran cien reinos. Estoy plenamente satisfecho al ver que todos mis diocesanos se portan tan bien, y que mis p\u00e1rrocos sacan provecho de las Conferencias que sus sacerdotes fundan con \u00e9xito y bendici\u00f3n\u00bb.<\/em> Y por una carta escrita el a\u00f1o siguiente, esto es, 1643, el mismo prelado le habla en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em>\u00abYa se van \u2014le dice\u2014 su se\u00f1ores misioneros a darle cuenta de lo que he-mos hecho en las C\u00e9vennes de mi di\u00f3cesis. He pasado visita general y recibido a treinta o cuarenta hugonotes para la abjuraci\u00f3n de sus errores, y dejado otros tan-tos en situaci\u00f3n de hacer lo mismo dentro de pocos d\u00edas. Hemos celebrado solemnemente la misi\u00f3n con un aprovechamiento incre\u00edble. Y como estos bienes nos llegan de Dios y de la buena ayuda de usted, no puedo usar de nadie que le haga una relaci\u00f3n m\u00e1s fiel que esos buenos sacerdotes\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El a\u00f1o 1636, el difunto Sr. Abad Olier, que posteriormente fue fundador y primer superior del Seminario de San Sulpicio, gran siervo de Dios, de alt\u00edsima virtud, y cuya memoria es bendita, pidi\u00f3 al Sr. Vicente algunos sacerdotes de su Congregaci\u00f3n para ir a dar misiones en las tierras de su abad\u00eda de P\u00e9brac, en la di\u00f3cesis de Saint-Flour.Se encamin\u00f3 a la misi\u00f3n con ellos y con otros virtuosos y celosos eclesi\u00e1sticos. Dieron su primera misi\u00f3n en SaintIlpize. Cuando termin\u00f3 la misi\u00f3n, el abad, admirado de los efectos de la gracia que aparecieron en aquellas actividades, escribi\u00f3 la carta siguiente en el mes de junio del mismo a\u00f1o al Sr. Vicente y a los Eclesi\u00e1sticos de la Conferencia de San L\u00e1zaro, a la que tambi\u00e9n \u00e9l pertenec\u00eda:<\/p>\n<p><em>\u00abNo puedo \u2014les dice\u2014 estar por m\u00e1s tiempo ausente de la Compa\u00f1\u00eda de ustedes sin darles cuenta de lo que ha pasado en estos pueblos. Se empez\u00f3 la misi\u00f3n el domingo despu\u00e9s de la Ascensi\u00f3n, y dur\u00f3 hasta el 15 de este mes. El pueblo, al comienzo, ven\u00eda como nosotros deb\u00edamos desear, a saber, seg\u00fan que los pod\u00edamos ir confesando; pero esto se hac\u00eda con tales movimientos de la gracia, que era f\u00e1cil saber donde confesaban los sacerdotes,ya que los penitentes, con sus suspiros y sollozos se hac\u00edan o\u00edr por todas partes\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPero, al final, el pueblo acud\u00eda en tan gran n\u00famero, y nos apremiaba con tanto ardor, que nos resultaba casi imposible atenderlo. Se les ve\u00eda, desde el alba hasta el anochecer, en la iglesia, sin beber ni comer, esperando la ocasi\u00f3n para confesarse\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abA veces, en favor de los forasteros, nos ve\u00edamos obligados a prolongar m\u00e1s de dos horas la catequesis. Sal\u00edan tan hambrientos de la palabra de Dios como entraron; y ten\u00edamos que servirnos del p\u00falpito para dar la catequesis, por no haber sitio en la iglesia a causa de la gran multitud que la llenaba del todo hasta las puertas y las ventanas, que estaban atestadas de oyentes. Esto mismo se ve\u00eda tambi\u00e9n en el serm\u00f3n de la ma\u00f1ana y en la instrucci\u00f3n de la tarde. No puedo decir m\u00e1s sino que Dios sea bendito, pues se comunica con tanta misericordia y liberalidad a sus criaturas y, sobre todo, a los pobres. Porque hemos observado que es en ellos donde El reside, y para asistir a los pobres El pide la cooperaci\u00f3n de sus servidores\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abNo le nieguen, se\u00f1ores, esa ayuda a Jesucristo; es demasiado grande el honor de trabajar bajo El, y de contribuir a la salvaci\u00f3n de las almas y a la gloria que obtendr\u00e1 de all\u00ed para toda la eternidad. Han comenzado ustedes felizmente, y sus primeros ejemplos me han hecho salir de Par\u00eds. Contin\u00faen con esos divinos trabajos, ya que realmente no hay nada semejante en la tierra\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00ab\u00a1Par\u00eds! \u00a1T\u00fa entretienes a personas, que, con la gracia de Dios podr\u00edan convertir a gran n\u00famero de almas! \u00a1Ah! \u00a1Cu\u00e1ntas buenas obras se hacen sin fruto en esta gran ciudad! \u00a1Cu\u00e1ntas conversiones aparentes! \u00a1Cu\u00e1ntos discursos perdidos por falta de disposiciones en los que los escuchan! Aqu\u00ed, una palabra es una predicaci\u00f3n, y todos los pobres con poqu\u00edsima instrucci\u00f3n se ven llenos de bendiciones y de gracias,\u00bb etc<\/em><\/p>\n<p>Y en otra carta del 10 de febrero del a\u00f1o siguiente habla en los siguientes t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em>\u00abLa cuarta misi\u00f3n se ha dado hace quince d\u00edas. En ella se han administrado dos mil confesiones generales, aunque s\u00f3lo est\u00e1bamos seis obreros, y, a la noche, est\u00e1bamos agotados por la gente que nos llegaba desde siete u ocho leguas de la regi\u00f3n, a pesar del riguroso fr\u00edo y de la incomodidad del sitio, que es un verdadero desierto. Aquella buena gente tra\u00eda provisiones para tres o cuatro d\u00edas, y se retiraban a las granjas; y en ellas se les o\u00eda conversar de lo que hab\u00edan o\u00eddo en la predicaci\u00f3n y en el catecismo. Y en la actualidad se les ve a los campesinos y a sus mujeres dar la misi\u00f3n en sus familias, a los pastores y labradores cantar los Mandamientos de Dios en el campo, y preguntarse unos a otros sobre lo que hab\u00edan aprendido durante la misi\u00f3n. En fin, la nobleza, para la que parec\u00eda que no habl\u00e1bamos por ser nuestro lenguaje tan vulgar, despu\u00e9s de cumplir cristiana y ejemplarmente con su deber, nos ha dejado marchar derramando l\u00e1grimas. Cinco hugonotes han abjurado su herej\u00eda en esta \u00faltima misi\u00f3n: cuatro de ellos, que nos segu\u00edan ya antes, han vuelto a buscarnos, y eso, se\u00f1ores, para ense\u00f1arnos, como lo han ense\u00f1ado con frecuencia ustedes, que la conversi\u00f3n de las almas es obra de la gracia; nosotros somos los que le ponemos obst\u00e1culos por nuestra parte, y Dios quiere siempre obrar o en la nada, o por la nada, es decir, en aquellos y por aquellos que reconocen y confiesan su impotencia y su inutilidad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u00a7. IV En las di\u00f3cesis de Ginebra y de Marsella<\/strong><\/p>\n<p>No podemos conocer los frutos que los misioneros establecidos en Annecy han producido con la gracia de Dios por un testimonio m\u00e1s aut\u00e9ntico y m\u00e1s seguro que el de D. Justo Gu\u00e9rin, obispo de Ginebra, que escribi\u00f3 sobre ella al Sr. Vicente el mes de junio de 1640 en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em>\u00ab\u00a1Ojal\u00e1 Dios le hiciera ver el centro de mi coraz\u00f3n, ya que realmente le amo y le venero a usted con toda la intensidad de mi afecto, y reconozco que soy el hombre m\u00e1s obligado de todos los hombres del mundo a la caridad de usted por los grandes beneficios y los frutos que realizan los se\u00f1ores misioneros, sus queridos hijos en Dios, en nuestra di\u00f3cesis, que son tales que yo no los puedo expresar y que resultan incre\u00edbles, excepto para los que los ven. Yo pude ser su testigo ocular con ocasi\u00f3n de la visita que empec\u00e9 despu\u00e9s de Pascua. Todo el mundo los quiere, los aprecia y los alaba un\u00e1nimemente. Cierto, se\u00f1or, su doctrina es santa y su conducta tambi\u00e9n. Provocan en todos una grand\u00edsima edificaci\u00f3n con su vida irreprochable. Cuando acaban su misi\u00f3n en una aldea, se marchan de all\u00ed a otra y todo el pueblo los acompa\u00f1a con l\u00e1grimas y gemidos diciendo: \u00a1Ay Dios mio! \u00bfQu\u00e9 vamos a hacer? \u00a1Se marchan nuestros buenos Padres!Y durante varios d\u00edas van a buscarlos a las aldeas. Se ven personas de otras di\u00f3cesis que acuden a confesarse con ellos y se han observado conversiones admirables conseguidas por su medio. Su superior ha recibido de Dios grandes dones, junto con un celo maravilloso por su gloria y por la salvaci\u00f3n de las almas. Predica con mucho fervor y gran fruto. La verdad es que estamos muy agradecidos al Sr. Comendador de Sillery por haberse cuidado de su manutenci\u00f3n. \u00a1Qu\u00e9 digna de admiraci\u00f3n es la Divina Providencia por haber inspirado suavemente en el coraz\u00f3n de ese buen se\u00f1or la idea de procurarnos esos Obreros evang\u00e9licos! Dios es el que ha hecho todo esto, sin que haya intervenido para nada el hombre, teniendo en cuenta nuestra necesidad y la triste vecindad en que estamos de la desgraciada ciudad de Ginebra\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y en otra carta del mes de octubre de 1641:<\/p>\n<p><em>\u00abReconozco que estoy obligado para siempre con usted y con sus queridos hijos, nuestros buenos se\u00f1ores de la misi\u00f3n, que cada vez van trabajando mejor y ganando m\u00e1s almas para el cielo. Ciertamente, se\u00f1or, no dejar\u00e9 nunca de admirar la protecci\u00f3n de la Divina Providencia sobre esta pobre di\u00f3cesis, por habernos enviado a esos buenos obreros por medio de usted. Por eso no dejar\u00e9 nunca de agradecerles, y de igual modo a usted, ya que ser\u00eda demasiado ingrato si no lo hiciera. \u00a1Ay! Hemos perdido, con gran pena de nuestra parte, al Sr. Comendador de Sillery, nuestro gran bienhechor\u00bb,<\/em> etc<\/p>\n<p>El mismo prelado escribi\u00f3 otra carta al Sr. Vicente el mes de agosto de 1644 en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em>\u00abSus misioneros contin\u00faan enriqueciendo cada vez m\u00e1s el cielo con las almas que ponen en estado de salvaci\u00f3n, ense\u00f1\u00e1ndoles el camino y proponi\u00e9ndoles los medios para llegar all\u00ed, con sus ense\u00f1anzas, catequesis, exhortaciones, predicaciones y administraci\u00f3n de sacramentos, con la vida buena que llevan y los buenos ejemplos que dan en todos los lugares adonde van a misionar. S\u00f3lo hay una cosa que lamento, que son muy pocos en relaci\u00f3n con la gran extensi\u00f3n de nuestra di\u00f3cesis, que tiene 585 parroquias, \u00a1Ay! \u00a1Si nuestro Se\u00f1or me concediera la gracia, antes de morir, de ver que han recorrido todos los lugares de esta di\u00f3cesis, dir\u00eda verdaderamente con todo mi coraz\u00f3n y con un consuelo especial\u00edsimo de mi alma: Nunc dimittis servum tuum, Domine, secundum verbum tuum in pace!\u00bb,<\/em>etc<\/p>\n<p>En cuanto a las misiones predicadas en Marsella y en Provenza las ha habido de dos clases: unas en la costa y las otras tierra adentro. Las primeras a los forzados a galeras, y las segundas a los campesinos, y todas han recibido grandes bendiciones de Dios<\/p>\n<p>Las misiones de la galeras empezaron el a\u00f1o 1643 con gran contento de Juan Bautista Gaud, dign\u00edsimo obispo de Marsella; muri\u00f3 poco despu\u00e9s en olor de santidad<\/p>\n<p>Veamos lo que escribi\u00f3 el 6 de marzo a la se\u00f1ora Duquesa de Aiguillon, que estaba muy interesada porque el duque de Richelieu, su sobrino, era entonces general de las Galeras, y por eso hab\u00eda rogado al Sr. Vicente que enviara all\u00ed a sus sacerdotes<\/p>\n<p><em>\u00abTodav\u00eda no hace mucho \u2014le dice el buen prelado\u2014 que le he escrito, a la llegada de los se\u00f1ores de la misi\u00f3n que ha querido usted enviar aqu\u00ed para trabajar en las galeras; pero no puedo retrasarme m\u00e1s en darle cuenta de lo que pasa aqu\u00ed, del consuelo que reciben todos los que estan ocupados en ese trabajo tan penoso, y yo con ellos. No dudo que usted sentir\u00e1 lo mismo. Hemos empezado a dar la misi\u00f3n al mismo tiempo en siete galeras con ocho misioneros de los que est\u00e1n en Provenza para trabajar en cuatro, y hemos distribuido en las otras tres a los que han mandado desde Par\u00eds. Les presto ayuda a unos y a otros cuando tienen necesidad de ella, particularmente para los italianos, que son muchos en las galeras. El fruto ha superado con mucho las esperanzas. Ciertamente se han encontrado en primer lugar personas no s\u00f3lo ignorantes, sino tambi\u00e9n empedernidas en sus pecados y que no quer\u00edan ni o\u00edr hablar de las cosas de Dios, amargadas hasta el extremo por su miserable condici\u00f3n. Pero poco a poco la gracia de Dios, por medio de esos eclesi\u00e1sticos, de tal manera ha ablandado los corazones que al presente manifiestan tanto arrepentimiento, como anteriormente obstinaci\u00f3n. Quedar\u00eda usted admirada, Se\u00f1ora, si conociera el n\u00famero de los que han estado tres, cuatro, cinco y diez a\u00f1os sin confesarse; ha habido quienes han permanecido en ese estado por espacio de veinticinco a\u00f1os, y que afirmaban que no quer\u00edan hacer nada, mientras estuvieran en cautividad. Pero, por fin, nuestro Se\u00f1or se ha manifestado el Due\u00f1o y ha expulsado a Satan\u00e1s de esas almas sobre las que hab\u00eda adquirido tanto poder. Alabo a Dios porque le ha dado ese deseo; la venida de los misioneros me ha decidido a dar esta misi\u00f3n, que quiz\u00e1s la hubiera diferido para otro tiempo. Y es de temer que varios de los galeotes habr\u00edan muerto en el mal estado en que estaban. Espero que se recoger\u00e1n los mismos frutos en las dem\u00e1s galeras. No le puedo decir, Se\u00f1ora, cu\u00e1ntas gracias dan esos pobres forzados a quienes les han proporcionado una ayuda tan saludable para sus almas. Estoy buscando los medios para conseguir que las buenas disposiciones en que est\u00e1n puedan continuar. Me voy ahora a dar la absoluci\u00f3n a cuatro herejes que se han convertido en las galeras; todav\u00eda hay m\u00e1s que tienen el mismo deseo, porque estas cosas extraordinarias les mueven en gran manera\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Dos o tres meses m\u00e1s tarde el Sr. Vicente recibi\u00f3 una carta del superior de sus misioneros de Marsella. En ella, despu\u00e9s de comunicarle la triste noticia de la muerte del Sr. Obispo, le habla a continuaci\u00f3n de esa misi\u00f3n en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em>\u00abTodav\u00eda nos queda una misi\u00f3n que dar en una galera, y basta por este a\u00f1o. Este trabajo es muy pesado; pero lo que m\u00e1s nos ayuda a soportarlo es el cambio notable que se advierte en estos pobres forzados, que nos da toda la satisfacci\u00f3n posible. Ayer catequic\u00e9 a siete turcos de varias galeras a quienes hab\u00eda hecho venir aqu\u00ed. Dios, por su misericordia, quiere bendecir esta empresa, que encomiendo a sus santos sacrificios. Otro turco ha sido bautizado en la galera, cuando estaba enfermo. Y adem\u00e1s de esos turcos, se han convertido unos treinta herejes, y han abjurado todos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y por otra carta del primero de junio del mismo a\u00f1o de 1643 escrita por el mismo al Sr. Vicente:<\/p>\n<p><em>\u00abAyer \u2014le dice\u2014, fiesta de la Sant\u00edsima Trinidad, bautizaron en la iglesia catedral a nueve turcos a la vista de toda la ciudad de Marsella, encontr\u00e1ndose todas las calles cubiertas de gente que bendec\u00eda a Dios. Hemos querido a prop\u00f3sito darle relieve a este acto para animar a otros turcos que parecen vacilar. Hoy han venido dos nuevos a verme y a decirme que tambi\u00e9n quieren hacerse cristianos. Ven\u00edan acompa\u00f1ados de otro a quien bautizaron hace unos diez d\u00edas. Seguimos d\u00e1ndoles la catequesis en italiano dos veces al d\u00eda para darles la mayor firmeza y solidez posibles; si no, correr\u00edan el peligro de volverse de nuevo al mahometismo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>En adelante, el Sr. Vicente siempre ha mantenido misioneros en Marsella, que han continuado y siguen todav\u00eda manteniendo de vez en cuando la obra de las misiones en las galeras, incluso despu\u00e9s de su traslado a Toulon. Y siempre producen grand\u00edsimos bienes para la salvaci\u00f3n de las almas de los pobres forzados.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de las misiones de galeras, los mismos sacerdotes las han predicado en varios sitios del campo con no menos fruto. He aqu\u00ed lo que uno de ellos contaba de lo que hac\u00edan en una de las misiones el a\u00f1o 1647:<\/p>\n<p><em>\u00abAcabamos de salir \u2014dice\u2014 de una misi\u00f3n que nos ha tenido cinco semanas atados al confesionario, al p\u00falpito y a los arreglos de pleitos con tanto \u00e9xito y tan gran fruto que puedo decir sin exageraci\u00f3n que no es posible desear m\u00e1s. Se han rehabilitado nueve o diez matrimonios clandestinos, se han hecho veinticinco o treinta arreglos de pleitos, donde se trataba a veces de sumas importantes y hasta de cuestiones de honra y de vida; y casi todas se han hecho de buena gana, sin que interviniera un tercero, y hasta algunas en la iglesia p\u00fablicamente y durante la predicaci\u00f3n, con tanta emoci\u00f3n y l\u00e1grimas que ten\u00eda que interrumpirse el predicador. Tambi\u00e9n sucedi\u00f3 que un hombre de condici\u00f3n mediana, llevado por la c\u00f3lera, respondi\u00f3 con poca discreci\u00f3n a uno de los nuestros, acompa\u00f1ando su respuesta con una blasfemia p\u00fablicamente en la puerta de la iglesia. Quince d\u00edas m\u00e1s tarde se sinti\u00f3 tan arrepentido que espont\u00e1neamente, para satisfacer aquel pecado, se impuso a s\u00ed mismo la penitencia de pagar cien escudos para reparar la iglesia ante la que hab\u00eda proferido aquella blasfemia\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u00a7. V En las di\u00f3cesis de Reims, de Toul y de Ru\u00e1n<\/strong><\/p>\n<p>Entre las misiones de la di\u00f3cesis de Reims una de las m\u00e1s importantes es la que se dio por orden del rey en la ciudad de Sedan el a\u00f1o 1643. El superior de la misi\u00f3n le escrib\u00eda al Sr. Vicente lo siguiente:<\/p>\n<p><em> \u00abLe dir\u00e9, se\u00f1or, que desde que Dios quiso formar la peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda de la misi\u00f3n, no ha trabajado nunca con tanta utilidad y necesidad como aqu\u00ed lo hace. Los herejes siguen edific\u00e1ndose y acudiendo a las predicaciones, que alaban mucho. Y en cuanto a los cat\u00f3licos, hay que trabajar con ellos como se har\u00eda con personas totalmente nuevas; pues, como desde hace cuatro o cinco a\u00f1os la predicaci\u00f3n es libre en esta ciudad, casi no se ha hablado m\u00e1s que de controversias y muy poco de las pr\u00e1cticas y los actos de religi\u00f3n y de piedad. Ha habido muchos que han confesado francamente que no cre\u00edan que fuera necesario confesar todos los pecados. Estos mismos abusos se comet\u00edan en la recepci\u00f3n de la sagrada Comuni\u00f3n, etc.; de forma que hubo que empezar por instruirles en los primeros principios de la religi\u00f3n. Es cierto que no ha sido sin mucho consuelo, al ver el gusto con que todos escuchaban lo que se les dec\u00eda y c\u00f3mo lo practicaban con fidelidad. No sabr\u00edan admirar bastante la gracia que Dios les ha concedido, ni saben qu\u00e9 hacer para agradec\u00e9rselo como a ellos les gustar\u00eda\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Por la gran necesidad que hab\u00eda se puede juzgar cu\u00e1les han sido los frutos de esta misi\u00f3n, que fueron efectivamente muy considerables. El difunto Sr. d\u2019\u00c9tampes, por entonces arzobispo de Reims, manifest\u00f3 su agradecimiento y dio gracias especial\u00edsimas con las cartas que escribi\u00f3 a este prop\u00f3sito al Sr. Vicente<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se predicaron m\u00e1s adelante misiones en varios sitios de la misma di\u00f3cesis, y, entre otras, el director de la misi\u00f3n que dio en el pueblo de Sillery (29) al terminar las guerras, le dec\u00eda al Sr. Vicente, que s\u00f3lo hab\u00eda encontrado ochenta habitantes, pues todos los dem\u00e1s hab\u00edan muerto de hambre y miseria; pero aquel peque\u00f1o n\u00famero hab\u00eda manifestado tan buenas disposiciones, que no se pod\u00eda desear m\u00e1s; y particularmente, hablando de los que se hab\u00edan presentado al acercarse a la sagrada mesa:<\/p>\n<p><em>\u00abHan comulgado \u2014dice\u2014 con tan gran sentimiento que sus l\u00e1grimas atestiguaban de forma imposible de explicar la presencia muy adorable de su divino Salvador, que tomaba posesi\u00f3n de sus corazones sensiblemente tocados. Su conversi\u00f3n es tan sincera que todos ellos protestan en alta voz que no solamente quieren renunciar a todos los pecados sino sufrir mejor con paciencia y resignaci\u00f3n todo lo que Dios quiera, y servirle lo mejor posible s\u00f3lo por amor a El. Eso es lo que dicen, repitiendo con frecuencia: \u00a1todo por amor a Dios!\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El mismo sacerdote escribi\u00e9ndole al Sr. Vicente desde el pueblo de Lourdes, donde se estaba dando la misi\u00f3n alg\u00fan tiempo m\u00e1s adelante:<\/p>\n<p><em>\u00abPor aqu\u00ed \u2014dice\u2014 las cosas van tal como usted desea; con eso est\u00e1 dicho todo. Uno de nuestros frutos ha sido que han echado la \u00faltima mano para acabar de construir lo que faltaba de la iglesia, lo cual no habr\u00edan hecho nunca sin la misi\u00f3n. Se han prohibido las tabernas, lo mismo que las reuniones por la noche. No jura nadie, y el nombre santo de Dios se pronuncia siempre con mucho respeto. Algunos han ido a casa de sus enemigos para pedirles perd\u00f3n de rodillas por las ofensas que les hab\u00edan hecho\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y desde otro sitio de la misma di\u00f3cesis llamado Fontaine, al escribir al Sr. Vicente, le habla con estas palabras:<\/p>\n<p><em>\u00abDios, que ha bendecido las misiones anteriores, parece aumentar sus gracias en \u00e9sta, ya que se ha puesto fin a concubinatos que hab\u00edan durado m\u00e1s de veinticinco a\u00f1os y han terminado todos los pleitos. Un gran n\u00famero de personas, no s\u00f3lo del pueblo sino de los lugares vecinos, que llevaban veinte, treinta y treinta y cinco a\u00f1os abusando de los sacramentos, han reconocido y detestado sus cr\u00edmenes. Los vecinos del pueblo llaman y convidan a parientes de sitios m\u00e1s alejados, para que vengan a participar de los frutos de la misi\u00f3n. Y ven\u00eda gente principal desde siete, diez y catorce leguas de la parte de Rethel\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Finalmente, este buen misionero que trabajaba en el pueblo de Ay, de la misma di\u00f3cesis, dice en una de sus cartas dirigidas al mismo Sr. Vicente:<\/p>\n<p><em>\u00abCuando llegamos aqu\u00ed, algunos de los principales quer\u00edan cerrarnos las puertas, pues hab\u00edan indispuesto a la gente en contra nuestra; pero despu\u00e9s de unos d\u00edas de paciencia, Dios, que nos hab\u00eda enviado a esta lugar por orden de nuestro superiores, ha cambiado de tal forma los corazones que jam\u00e1s ha comenzado mejor ninguna misi\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>Se confiesan con toda seriedad, y con las se\u00f1ales de una verdadera contrici\u00f3n; restituyen puntualmente; van a pedirse perd\u00f3n de rodillas unos a otros; rezan por la ma\u00f1ana y por la tarde, y demuestran que est\u00e1n decididos a cambiar completamente de vida y a ser cristianos de verdad; no se cansan de escuchar la palabra de Dios. El Ministro (protestante) que hab\u00eda en este pueblo ha huido y los pocos herejes de este lugar, que son unos pobres viticultores muy ignorantes, no se pierden ninguna de nuestras predicaciones\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>En cuanto a la di\u00f3cesis de Ru\u00e1n, el Sr. Vicente envi\u00f3 en diversos momentos a Sacerdotes de su Congregaci\u00f3n, que consiguieron en sus misiones, con la ayuda de la gracia de Dios, los mismos frutos que en las otras di\u00f3cesis. Para evitar repeticiones nos contentaremos con presentar aqu\u00ed una carta que el Sr. Arzobispo de Ru\u00e1n escribi\u00f3 al Sr. Vicente el a\u00f1o 1656, y que da a entender la satisfacci\u00f3n que ten\u00eda por los misioneros y por sus trabajos:<\/p>\n<p><em>\u00abNo me cansar\u00e9 <\/em>\u2014le dice\u2014<em> de enviarle cartas, ya que usted no se cansa de hacernos el bien. El que mi di\u00f3cesis ha recibido por medio de sus santos Obreros, es una prueba cert\u00edsima. Y como doy gracias a Nuestro Se\u00f1or por ver que su esp\u00edritu se ha difundido tan abundantemente en los sacerdotes que usted ha formado por su gracia, no quisiera por mi parte desear para su Iglesia y la gloria de su sagrado Nombre, sino que todos los eclesi\u00e1sticos tuvieran la misma capacidad y el mismo fervor. Le devuelvo pues al valiente Sr. N. y a su generosa tropa; han combatido valerosamente contra el pecado. Espero que en otras circunstancias no se cansar\u00e1 de continuar bajo el estandarte del primado de Normand\u00eda, que aprecia sus virtudes, que alaba su celo, y que est\u00e1 a disposici\u00f3n de su ilustre Jefe, su muy humilde y muy &#8230;\u00bb etc<\/em><\/p>\n<p>En cuanto a la di\u00f3cesis de Toul, aunque qued\u00f3 devastada por los desastres de la guerra, con todo, los misioneros establecidos en la ciudad de Toul no han dejado de sentir las bendiciones de Dios en las misiones donde han trabajado. Veamos en qu\u00e9 t\u00e9rminos le escribe el superior al Sr. Vicente el a\u00f1o 1656 acerca de una misi\u00f3n, la tercera en la que hab\u00eda intervenido:<\/p>\n<p><em>\u00abNo puedo \u2014le dice\u2014 expresarle las bondades que nuestro Se\u00f1or ha tenido con nuestra localidad. Hemos o\u00eddo cerca de quinientas confesiones generales, sin tener un s\u00f3lo d\u00eda de descanso durante todo el mes. El mal tiempo invernal, que hab\u00eda cubierto los caminos con nieve de dos pies de espesor, no ha podido impedir que esta pobre gente, rica en fe y \u00e1vida de la palabra de Dios, a pesar de las vejaciones extraordinarias que recibe de la gente de guerra, nos haya hecho ver que el reino de los cielos es para ellos. Se ha prodigado todo el bien que se puede desear, y nos vemos obligados a decir que Jesucristo ha quedado contento al ver que se extend\u00eda por estos lugares la fragancia de su Evangelio\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y en otra carta escrita algo m\u00e1s adelante por el mismo:<\/p>\n<p><em>\u00abAcabamos <\/em>\u2014dice\u2014<em> de dar la misi\u00f3n en un pueblo grande llamado Charmes, de donde, despu\u00e9s de haber trabajado durante cinco semanas, hemos vuelto un poco cansados, pero con el coraz\u00f3n lleno de gozo y de consuelo por las bendiciones que nuestro Se\u00f1or ha derramado sobre nosotros y sobre todas las personas de aquel sitio, y tambi\u00e9n de otras muchas parroquias de los alrededores. El Sr. P\u00e1rroco es un hombre muy celoso, y desde \u00e9l hasta el m\u00e1s peque\u00f1o de su parroquia, todos han hecho la confesi\u00f3n general, sin que haya habido uno solo sin confesarse; pero adem\u00e1s esas confesiones estaban bien hechas y con unos sentimientos de tan sincera conversi\u00f3n, que, de las veinticinco misiones que llevo predicadas, no recuerdo ninguna en la que el pueblo me haya parecido tan impresionado como en \u00e9sta. Despu\u00e9s de haber satisfecho a Dios y al pr\u00f3jimo ofendido de la mejor manera que ser\u00eda de desear, todos se esfuerzan ahora en seguir nuestros consejos para mantenerse en gracia de Dios. En este mismo lugar hay un convento de buenos religiosos; estos reverendos Padres estaban muy sorprendidos al ver tantas maravillas, y, sobre todo, su superior, que es un verdadero santo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abTodos estos gloriosos trofeos que Nuestro Se\u00f1or ha conseguido con su gracia sobre los corazones que hab\u00edan sido rebeldes a sus leyes y que le han dado gloria mediante una verdadera penitencia, nos obligan a darle muy humildemente las m\u00e1s rendidas gracias, y a m\u00ed, sobre todo, a trabajar, m\u00e1s a\u00fan que lo que he hecho, reconociendo por experiencia que \u00e9ste es el mejor medio para ayudar a las almas. He vuelto de esta misi\u00f3n con este pensamiento y este deseo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u00a7. VI En varios sitios de Breta\u00f1a<\/strong><\/p>\n<p>Las misiones de Breta\u00f1a no tuvieron menos \u00e9xito que las de otras Provincias. El superior de los misioneros instalados en SaintM\u00e9en, de la di\u00f3cesis de SaintMalo, escribi\u00f3 al Sr. Vicente el a\u00f1o 1657, al terminar la misi\u00f3n de Pleurtuit, que hab\u00edan o\u00eddo en confesi\u00f3n a m\u00e1s de tres mil personas, y que si volv\u00edan, se necesitar\u00edan m\u00e1s de veinte confesores para poder satisfacer a la multitud que se presenta. Dice entre otras cosas, que en esta misi\u00f3n cierta persona de condici\u00f3n, a la salida de la iglesia, se puso de rodillas en el cementerio, delante de todo el mundo, para pedir perd\u00f3n a los que hab\u00eda ofendido; todos quedaron muy sorprendidos por aquella acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y que otra, antes de presentarse al tribunal de la confesi\u00f3n, fue por su propia iniciativa hasta ocho leguas de distancia, para suplicar perd\u00f3n a una persona que hab\u00eda ofendido muy levemente.<\/p>\n<p>Y en otra carta del a\u00f1o 1658 cuenta varias cosas notables que se hicieron en la misi\u00f3n de Mauron:<\/p>\n<p><em> \u00abTodos los d\u00edas, incluso los laborables, hab\u00eda m\u00e1s de mil doscientas personas que asist\u00edan a la catequesis; no faltaban nunca los principales del lugar, as\u00ed como tampoco a la predicaci\u00f3n. Ha habido muchos criados y criadas que han dejado a sus amos, porque no quer\u00edan darles tiempo para venir, prefiriendo perder sus ganancias que la ocasi\u00f3n tan hermosa que ten\u00edan de instruirse. Tambi\u00e9n ha habido madres que, despu\u00e9s de haber cumplido con sus deberes en esta misi\u00f3n, se han puesto a servir en lugar de sus hijas, para que \u00e9stas pudieran hacer otro tanto, y varios criados y criadas que han pedido a sus amos y amas, que les permitieran venir a las instrucciones, descont\u00e1ndoles de la paga el tiempo que emplearan en ellas sin poder trabajar\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEl domingo de Quincuag\u00e9sima y los d\u00edas siguientes hubo una afluencia tan grande y tan extraordinaria de gente que se present\u00f3 a recibir la sagrada Eucarist\u00eda que nos vimos obligados a seguir dando la comuni\u00f3n hasta las siete de la tarde. Y una vez acabada la misi\u00f3n, me enter\u00e9 que, del gran n\u00famero de tabernas que hab\u00eda en aquel lugar, no hab\u00eda quedado ni una sola, ya que nos hab\u00edan o\u00eddo decir en una de nuestras predicaciones que era muy dif\u00edcil que se salvaran los taberneros por dar de beber en exceso, seg\u00fan se acostumbra en esta tierra, de manera que actualmente, en los intercambios comerciales que hacen unos con otros, en vez de poner alg\u00fan dinero para beber juntos, seg\u00fan se estila en esta tierra, lo entregan a la Cofrad\u00eda de la Caridad, que hemos fundado para los pobres enfermos del lugar\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El a\u00f1o siguiente el mismo misionero escribiendo lo que hab\u00eda sucedido en otra misi\u00f3n:<\/p>\n<p><em> \u00abYa ha terminado \u2014dice\u2014, gracias a Dios, nuestra misi\u00f3n de Plessala. Dios ha derramado sobre ella con tanta abundancia su bendici\u00f3n, que todos los que han trabajado all\u00ed est\u00e1n de acuerdo en afirmar que no han visto cosa parecida, ni donde haya habido tanta cosa buena\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abHemos notado que ha venido gente de diecisiete parroquias aldeanas. Varios hombres me han dicho, cuando se acercaron a confesarse, que llevaban diez d\u00edas esperando en la iglesia, y pienso que les ha ocurrido lo mismo a m\u00e1s de quinientas personas. Se han conseguido grand\u00edsimos bienes a prop\u00f3sito de las reconciliaciones, sobre todo entre la nobleza. En todo esto nos ha ayudado mucho el Sr. Bar\u00f3n de Rechau. Tiene una casa en esta parroquia, adonde hab\u00eda venido a pasar unos d\u00edas desde SaintBrieu, que es donde tiene su residencia habitual. Y habiendo escuchado nuestra primera predicaci\u00f3n, vino a vernos con su Se\u00f1ora esposa a la casa en la que nos aloj\u00e1bamos y nos dijo que no se marchar\u00eda hasta que hubiera terminado la misi\u00f3n. Entonces le ped\u00ed que nos ayudara a acabar con las disensiones, que aqu\u00ed son muy numerosas, y a conseguir la avenencia entre las personas que est\u00e1n re\u00f1idas, sobre todo, las personas m\u00e1s distinguidas. Y lo ha conseguido con una bendici\u00f3n extraordinaria\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abLos d\u00edas de Carnaval transcurrieron entre actos piadosos. El lunes tuvimos procesi\u00f3n solemne; en ella el Sr. Obispo de SaintBrieu llev\u00f3 el sant\u00edsimo Sacramento. Asisti\u00f3 todo el pueblo con tanta devoci\u00f3n y modestia y con un orden tan bello, marchando de cuatro en cuatro, que, aunque estuvo lloviendo durante toda la procesi\u00f3n, que dur\u00f3 unas dos horas, no hubo nadie que abandonara su fila. Este mismo prelado administr\u00f3 la confirmaci\u00f3n el martes siguiente en el cementerio, bajo el viento y la lluvia, por no haber sitio suficiente en la iglesia, pues estaba totalmente llena de comulgantes\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Obispo de Tr\u00e9guier orden\u00f3 que se diera una misi\u00f3n en Guincamp, despu\u00e9s de la de Morlaix, el a\u00f1o 1648. Para tal fin le escribe al Sr. Vicente y le dice:<\/p>\n<p><em> \u00abSu carta nos ha encontrado a todos atareados en nuestra misi\u00f3n, de la que espero mucho. Uno de sus sacerdotes predica en ella admirable y devotamente. Otro hace el catecismo principal a una hora despu\u00e9s del mediod\u00eda, y se hace admirar y amar de peque\u00f1os y de grandes. Y otro predica el catecismo peque\u00f1o, y mi lectoral lo hace por las ma\u00f1anas en bajo bret\u00f3n. En fin, todos trabajan, y no me han querido dejar ocioso, porque predico dos d\u00edas por semana. Todos empezaremos a confesar ma\u00f1ana, Dios mediante. La gente de esta tierra est\u00e1 muy admirada, porque no est\u00e1n acostumbrados a las misiones; todos dan su opini\u00f3n sobre ellas de manera distinta, pero con respeto. Espero que con la gracia de Dios todo ir\u00e1 bien\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y en otra carta del a\u00f1o 1650, que escribi\u00f3 al Sr. Vicente a prop\u00f3sito de otra misi\u00f3n, le habla en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em>\u00abLe doy las gracias por el fiel ministerio de sus cuatro sacerdotes en las misiones de este lugar. Su capacidad, su celo y su asiduidad en predicar y confesar han sido tan grandes que han obtenido un gran \u00e9xito; y puedo decir que todos los habitantes de este lugar, de toda edad, sexo y condici\u00f3n, se han convertido, y tengo muchos motivos para alabar a Dios por haberme dado, por medio de usted, tan buenos obreros. El Sr. N. tiene una energ\u00eda en el p\u00falpito que nadie le resiste. Se lo pido ya para la misi\u00f3n de N. del a\u00f1o pr\u00f3ximo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><strong>\u00a7. VII En varios sitios de Borgo\u00f1a y de Champa\u00f1a<\/strong><\/p>\n<p>El Sr. Vicente hab\u00eda mandado algunos sacerdotes de su Congregaci\u00f3n el a\u00f1o 1642 a predicar la misi\u00f3n en la parroquia de SaintCyr, de la di\u00f3cesis de Sens. He aqu\u00ed lo que le dice el se\u00f1or del lugar despu\u00e9s de terminarse la misi\u00f3n:<\/p>\n<p><em>\u00abLos trabajos <\/em>\u2014le dice<em>\u2014 de sus se\u00f1ores sacerdotes, junto con el ejemplo de su piedad han logrado tal cambio de vida en mis campesinos que apenas pueden reconocerlos sus vecinos. De m\u00ed s\u00e9 decirle que no los conozco, y no puedo menos de estar convencido de que Dios me ha enviado una nueva colonia para poblar mi aldea. Esos se\u00f1ores no encontraron m\u00e1s que esp\u00edritus rudos, cuyo cambio s\u00f3lo era posible lograr por medio de la gracia que acompa\u00f1a a sus obreros, y especialmente a \u00e9stos, a quienes usted se ha tomado la molestia de enviar para la conversi\u00f3n de este pueblo y la m\u00eda. Es un efecto de la misericordia de Dios y una muestra de la prudencia de usted el haber enviado a unas personas tan apropiadas para nuestras necesidades. Y despu\u00e9s de darle gracias por todo ello, no nos queda m\u00e1s que ofrecer ardientes plegarias a Dios, para que llene de bendiciones a su Compa\u00f1\u00eda, a la que juzgo como una de las m\u00e1s \u00fatiles para la gloria de Dios que hay en la iglesia. No obstante, me quedo con el temor de que esta pobre gente, por carecer de un buen pastor que la gu\u00ede y la mantenga en las buenas resoluciones que han tomado en esta misi\u00f3n que les ha resultado tan \u00fatil, caigan f\u00e1cilmente en el pecado de omisi\u00f3n, y se olviden o dejen de poner en pr\u00e1ctica todo lo que tan juiciosamente les han ense\u00f1ado. Como usted no les ha querido dar un p\u00e1rroco, creo que, al habernos engendrado de nuevo para nuestro Se\u00f1or, est\u00e1 obligado al menos a procurarles uno con sus oraciones, tal como se lo suplico con todo mi coraz\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>La se\u00f1ora de SaintCyr no fue menos agradecida que su se\u00f1or esposo. Veamos c\u00f3mo le habla al Sr. Vicente en una carta que le escribi\u00f3 sobre el mismo asunto:<\/p>\n<p><em>\u00abAunque me considero incapaz de poder agradecer dignamente tanto honor y tantos bienes como hemos recibido por su medio en nuestra parroquia, no puedo mantener prisionera esta verdad de que, despu\u00e9s de Dios, es usted en cierto modo nuestro salvador, por medio de esos buenos se\u00f1ores que nos ha enviado y que han logrado maravillas en este lugar. Se han ganado hasta tal punto el afecto del se\u00f1or de SaintCyr, que tengo miedo de que caiga enfermo al verse sin su presencia. Me creo incapaz de expresarle mis sentimientos, ya que estoy demasiado triste para poder decirle otra cosa\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Le Boucher, vicario general de la abad\u00eda de MonstierSaintJean, le escribi\u00f3 el a\u00f1o 1644 al Sr. Vicente a prop\u00f3sito de las misiones que se estaban dando en Borgo\u00f1a:<\/p>\n<p><em>\u00abPor todas partes \u2014le dice\u2014 va usted haciendo el bien en servicio de Dios, de la Iglesia y de la santa religi\u00f3n. Vengo ahora de Tonnerre, donde he visto a sus queridos hijos los Sacerdotes de la Misi\u00f3n conducidos por un hombre de Dios. He de confesarle, Se\u00f1or, que todos esos buenos sacerdotes hacen maravillas con sus ense\u00f1anzas y sus buenos ejemplos, reconcilian a muchas almas con Dios y con su pr\u00f3jimo\u00bb,<\/em> etc<\/p>\n<p>Uno de los misioneros que trabajan en esa Provincia el a\u00f1o 1650, escribiendo al Sr. Vicente:<\/p>\n<p><em> \u00abHe de darle cuenta \u2014le dice\u2014 del fruto que sus oraciones y santos sacrificios han conseguido tanto en Joigny como en Longron, donde ahora estamos dando la misi\u00f3n. De Joigny s\u00f3lo le dir\u00e9 que es admirable la asiduidad de sus habitantes en venir a escuchar las predicaciones y catecismos, y su diligencia en levantarse por la ma\u00f1ana, ya que a veces se empezaba a tocar para la predicaci\u00f3n a las dos despu\u00e9s de media noche, y , sin embargo, se llenaba la iglesia\u00bb, etc<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPero he de confesarle con franqueza, que noto mayores bendiciones en el campo que en las ciudades, y advierto all\u00ed m\u00e1s se\u00f1ales de una verdadera y sincera penitencia y de la primera rectitud y sencillez del cristianismo naciente. Esa buena gente no se acerca ordinariamente a confesarse sino derramando l\u00e1grimas, se creen los mayores pecadores del mundo y piden mayores penitencias que las que se les puede imponer. Ayer una persona que se hab\u00eda confesado con otro misionero vino a rogarme que le impusiera una penitencia mayor que la que le hab\u00edan impuesto, y que le mandase ayunar tres d\u00edas por semana durante todo el a\u00f1o. Otro, que le pusiera como penitencia caminar con los pies descalzos sobre el suelo durante la helada. Y tambi\u00e9n ayer vino un hombre, y me dijo: Padre, he o\u00eddo en la predicaci\u00f3n que no hay mejor medio para dejar de jurar que ponerse en seguida de rodillas ante las perso nas delante de las cuales se ha jurado; as\u00ed lo acabo de hacer, pues apenas advert\u00ed que hab\u00eda dicho \u00abpor mi fe\u00bb, me arrodill\u00e9 ante todos y ped\u00ed a Dios misericordia\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Unos dos meses m\u00e1s tarde, el mismo sacerdote, que segu\u00eda d\u00e1ndole cuenta al Sr. Vicente de las cosas sucedidas en las misiones de Borgo\u00f1a:<\/p>\n<p><em>\u00abSi es justo \u2014le dice\u2014 que el que ha plantado un \u00e1rbol, disfrute vi\u00e9ndolo producir fruto, tambi\u00e9n es justo que usted participe de las bendiciones que Dios ha dado abundantemente a nuestro peque\u00f1o trabajo. Le puedo asegurar que en las misiones que hemos dado despu\u00e9s de la de Joigny, creo que no ha quedado nadie sin hacer la confesi\u00f3n general. Y es una maravilla ver qu\u00e9 conmovido ha quedado este pueblo, hasta el punto de que me he visto obligado a hablarles s\u00f3lo en los primeros d\u00edas acerca de los temas que excitan a la penitencia, a causa de la compunci\u00f3n de sus corazones. Porque ten\u00eda miedo que les causara da\u00f1o a su imaginaci\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Sobre esto hemos de se\u00f1alar que aquel sacerdote misionero que ten\u00eda la gracia de mover al pueblo a la penitencia, era tambi\u00e9n \u00e9l muy penitente, y hac\u00eda lo que predicaba<\/p>\n<p>Entre las misiones que se dieron en Champa\u00f1a una de las m\u00e1s interesantes fue la de Ru\u00e1n, de la di\u00f3cesis de Troyes; tuvo lugar el a\u00f1o 1657. El Sr. Obispo envi\u00f3 a ella a sus dos Vicarios Generales, y tambi\u00e9n acudi\u00f3 \u00e9l en persona, y trabaj\u00f3 durante varios d\u00edas. Dur\u00f3 seis semanas, y con la gracia de Dios estuvo acompa\u00f1ada de grandes bendiciones, por lo que el pueblo manifest\u00f3 su agradecimiento a su prelado; pues en ella se dieron todas las clases de bienes que se pueden dar en las misiones. Y los se\u00f1ores Vicarios Generales, maravillados, dec\u00edan que era tiempo perdido para los eclesi\u00e1sticos, si no se dedicaban de aquella forma a la salvaci\u00f3n de las almas; y que el medio m\u00e1s seguro de conseguir fruto era predicar y catequizar seg\u00fan el m\u00e9todo de la misi\u00f3n. El pueblo era tan asiduo a las predicaciones y a las catequesis que el p\u00e1rroco del lugar les dec\u00eda que no hab\u00eda visto nunca tanta gente en su iglesia el d\u00eda de Pascua, como la que ve\u00eda los d\u00edas laborables durante el tiempo de la misi\u00f3n<\/p>\n<p>El Sr. Obispo de Ch\u00e2lonssurMarne pidi\u00f3 al Sr. Vicente algunos de sus sacerdote el a\u00f1o 1658 para predicar la misi\u00f3n en varios lugares de su di\u00f3cesis, y oblig\u00f3 a varios de sus curas a asistir para aprender la manera de instruir a sus feligreses. Veamos lo que uno de los sacerdotes misioneros escribi\u00f3 al Sr. Vicente:<\/p>\n<p><em> \u00abNuestra misi\u00f3n de Vassi, \u2014le dice\u2014 ha recibido todas las bendiciones que pod\u00eda esperar. Nos han estado ayudando cuatro curas p\u00e1rrocos y un buen eclesi\u00e1stico, todos ellos capaces y virtuosos. Dos de ellos han asimilado tan bien el m\u00e9todo de la Compa\u00f1\u00eda en sus predicaciones, que, aunque estaban poco preparados para hablar en p\u00fablico, ahora s\u00ed lo hacen tan \u00fatilmente y con la facilidad que yo conozco entre las personas de su profesi\u00f3n. Los cat\u00f3licos, que la herej\u00eda hab\u00eda dejado manchados e infectados de ideas perniciosas, las han abandonado y han quedado confirmados en los buenos sentimientos, dispuestos a llevar una vida verdaderamente cristiana. Y no s\u00f3lo los habitantes del lugar, sino los de cuatro y cinco sitios de alrededor han aprovechado maravillosamente la misi\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEstamos ahora ocupados en la misi\u00f3n de Holmoru. Esperamos todav\u00eda alcanzar mayores bienes, dada la cantidad de gente, y el afecto que nos tienen los Sres p\u00e1rrocos es tan grande, que hoy mismo han acudido expresamente doce curas desde tres o cuatro leguas para asistir a los actos y aprender el m\u00e9todo de ense\u00f1ar al pueblo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><strong>\u00a7. VIII En otros lugares de Francia<\/strong><\/p>\n<p>Cuando el Sr. Vicente empez\u00f3 a mandar a sus sacerdotes para trabajar fuera de la di\u00f3cesis de Par\u00eds y en los lugares m\u00e1s alejados del reino, un abad muy c\u00e9lebre escribi\u00f3 una carta de congratulaci\u00f3n en el mes de diciembre de 1627. Y en ella le hablaba sobre aquel asunto<\/p>\n<p><em>\u00abAcabo de volver \u2014le dice\u2014 de un largo viaje que he hecho por cuatro Provincias; ya le he informado del buen olor que se extiende por las Provincias donde hay instalada una casa de su santa Compa\u00f1\u00eda, que trabaja en la instrucci\u00f3n y en la edificaci\u00f3n de los pobres aldeanos. En verdad, pienso que no hay nada en la Iglesia de Dios que sea m\u00e1s edificante, ni m\u00e1s digno que los que llevan sobre s\u00ed el car\u00e1cter y el orden de Jesucristo. Hay que pedir a Dios que infunda su Esp\u00edritu de perseverancia a un proyecto tan provechoso para el bien de las almas; a \u00e9l se dedican muy pocos de los que se consagran como conviene al servicio de Dios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente envi\u00f3 a dos de sus sacerdotes a la di\u00f3cesis de Montauban (48) hacia el a\u00f1o 1630 para fortalecer a los cat\u00f3licos en la pureza de la fe, porque, como viv\u00edan entre herejes, estaban en continuo peligro de mancharse con sus errores, y al cabo de dos a\u00f1os de trabajo continuo, los hizo volver al redil. Pero, aunque hab\u00edan sido principalmente enviados all\u00ed para ayudar a los cat\u00f3licos, Dios le hizo la gracia, mientras all\u00ed estuvieron, de convertir a veinticuatro herejes.<\/p>\n<p>Y a\u00f1os m\u00e1s tarde, el difunto Sr. de Murviel, obispo de Montauban, escribi\u00f3 al Sr. Vicente sobre el asunto de los brujos que hab\u00eda en su di\u00f3cesis, y la pena que ten\u00eda por tener que limpiarla de aquella gentuza. Y conclu\u00eda la carta con estas palabras:<\/p>\n<p><em>\u00abLos sacerdotes de la Misi\u00f3n son muy necesarios en esta di\u00f3cesis, pues en los lugares donde han trabajado anteriormente no se ha encontrado ning\u00fan brujo, ni bruja. He ah\u00ed el provecho que los catecismos y las confesiones generales hacen por toda partes: poner a los pueblos en tan buena situaci\u00f3n, que los demonios no pueden hacer nada contra ellos con sus sortilegios, tal como hacen con las personas que est\u00e1n sumidas en la ignorancia y en el pecado\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El a\u00f1o 1634 el Sr. Vicente envi\u00f3 a otros misioneros a trabajar en la di\u00f3cesis de Burdeos, y ellos le dijeron que el pueblo acud\u00eda a la misi\u00f3n desde los lugares m\u00e1s lejanos con tanto fervor, que en su mayor parte se quedaban semanas enteras en el lugar donde se daba la misi\u00f3n, esperando que les tocara la vez para hacer la confesi\u00f3n general. Algunos se pon\u00edan de rodillas y declaraban en voz alta sus pecados para obtener la absoluci\u00f3n; otros dec\u00edan que prefer\u00edan morir que volverse a sus casas sin hacer la confesi\u00f3n general.<\/p>\n<p>Y el a\u00f1o 1638 algunos sacerdotes de la misi\u00f3n fueron enviados por el Sr. Vicente a trabajar en la di\u00f3cesis de Lu\u00e7on. He aqu\u00ed lo que uno de ellos le escribi\u00f3 tres a\u00f1os m\u00e1s tarde de que se hubieran dedicado a misiones por aquellos lugares:<\/p>\n<p><em>\u00abEs inimaginable <\/em>\u2014le dice\u2014<em> cu\u00e1n empapados est\u00e1n ahora nuestros trabajos por los consuelos que nuestro buen Dios nos env\u00eda para darnos \u00e1nimos. Las almas del Poitou que parec\u00edan duras como piedras han quedado prendidas en el fuego sagrado de la devoci\u00f3n tan intensamente y con tanto fervor, que parece que no puede apagarse en mucho tiempo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Otro, al escribirle sobre la misi\u00f3n que se di\u00f3 en SaintGilles a orillas del mar, dice que en aquel lugar las disensiones y disputas se hab\u00edan apagado, los corazones divididos reconciliados, los pleitos m\u00e1s dif\u00edciles arreglados, los bienes ajenos restituidos, los pobres aliviados y los enfermos consolados y atendidos por la Cofrad\u00eda de la Caridad. Y finalmente los cat\u00f3licos fortalecidos en la verdadera religi\u00f3n<\/p>\n<p>El difunto Sr. de Nivelle, obispo de Lu\u00e7on, al escribir al Sr. Vicente el a\u00f1o 1642 sobre las misiones que los Sacerdotes de su Compa\u00f1\u00eda estaban dando en su di\u00f3cesis, le dice:<\/p>\n<p><em>\u00abSi Dios quiere que el Instituto de Sacerdotes de su Congregaci\u00f3n permanezca muchos a\u00f1os en su Iglesia, podemos esperar grandes frutos. La di\u00f3cesis de Lu\u00e7on, donde desde hace tres o cuatro a\u00f1os trabajan siguiendo las \u00f3rdenes de usted, ya los ha recibido en tal abundancia, especialmente en el mismo Lu\u00e7on, en donde su misi\u00f3n ha sido tan fructuosa, que me siento infinitamente agradecido al Sr. Cardenal de Richelieu por haberlos proporcionado, y a usted, se\u00f1or, por haberlos enviado. Sobre todo, su superior trabaja continuamente con un tes\u00f3n admirable; tiene talentos muy apropiados para conseguir el efecto deseado, y su celo hace que lo aprecien todos. Es digno de elogio en todo lo que hace, fuera de que se pasa en sus trabajos, si es que puede haber alg\u00fan exceso en las actividades que se emprenden para ganar almas a Dios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Otros sacerdotes misioneros hab\u00edan salido hacia Angulema el a\u00f1o 1640, y una dama de alcurnia deseaba que dieran la misi\u00f3n en el pueblo de Saint-Amant, que le pertenec\u00eda. Uno de sus principales oficiales le escribi\u00f3 a la se\u00f1ora en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em>\u00abPienso \u2014<\/em>le dice\u2014<em> que no puedo empezar mi carta por un asunto que le sea m\u00e1s agradable que por el feliz \u00e9xito de la misi\u00f3n de su tierra de Saint-Amant. Ha sido un \u00e9xito con tantas bendiciones, que no solamente los pueblos que dependen de ella, m\u00e1s tambi\u00e9n las treinta y cuatro parroquias vecinas han comparecido en ella y se han manifestado con actos de piedad inimitables. Los M\u00ednimos y los Capuchinos no eran menos celosos: su ejemplo ha atra\u00eddo a gran parte de los personajes m\u00e1s importantes de la ciudad de Angulema. Le puedo asegurar, se\u00f1ora que, seg\u00fan el com\u00fan sentir, los misioneros nunca han trabajado con mayor utilidad por la gloria de Dios: han convertido a cinco o seis de los hugonotes importantes de Montignac. El Sr. Duque de la Rochefoucauld ha quedado tan satisfecho que se ha decidido a ped\u00edrselos al Sr. Vicente para dar la misi\u00f3n en Verteuil la primavera pr\u00f3xima, y tambi\u00e9n en Marsillac. Los se\u00f1ores N. y N. que han asistido a la misi\u00f3n, han quedado tan fuertemente conmovidos, que uno de ellos se ha separado y ha resuelto no ver ya m\u00e1s a su concubina y el otro se ha casado leg\u00edtimamente con la que estaba con \u00e9l\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente envi\u00f3 tambi\u00e9n misioneros a la misma di\u00f3cesis el a\u00f1o 1643; no se conocen detalles de sus trabajos, pero le parecieron tan \u00fatiles al Sr. du Perron, obispo de Angulema, que le escribi\u00f3 al Sr. Vicente el mes de enero del a\u00f1o siguiente en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em>\u00abAunque ya le di las gracias por el env\u00edo de sus se\u00f1ores misioneros a esta di\u00f3cesis, he cre\u00eddo que no deber\u00eda dejar pasar la carta de nuestra peque\u00f1a Conferencia sin acompa\u00f1arla de esta muestra, aunque muy d\u00e9bil, del vivo sentimiento que tengo ante el fruto que recibe esta di\u00f3cesis por la caridad que usted ha tenido con nosotros, al darnos estos Obreros. Sin embargo, mi consuelo ser\u00e1 siempre imperfecto hasta que usted no colme esta felicidad, que no es m\u00e1s que pasajera, con una misi\u00f3n estable y permanente en esta di\u00f3cesis, mucho m\u00e1s necesitada que las dem\u00e1s. Cuando yo sepa que est\u00e1 usted en disposici\u00f3n de concedernos este favor, procurar\u00e9 encontrar por aqu\u00ed los medios para hacer esta fundaci\u00f3n, de la que espero que Dios recibir\u00e1 mucha gloria y la Iglesia no pocas ventajas para la salvaci\u00f3n de las almas, que ya s\u00e9 que es lo \u00fanico que ustedes buscan como finalidad de todas sus acciones\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>A esta carta le sigui\u00f3 otra, a los quince d\u00edas, de un virtuoso eclesi\u00e1stico de Angulema dirigida al Sr. Vicente en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em>\u00abDentro de unos momentos tomar\u00e9 el caballo para llevar a sus misioneros que trabajan en Blanzac el dinero que usted me ha enviado para sus necesidades. Perm\u00edtame, por favor, que me muestre de nuevo importuno y le reitere mis humildes s\u00faplicas en favor de esta pobre y desolada di\u00f3cesis, que le pide Obreros estables para socorrerla en sus necesidades espirituales, que son de suma gravedad, y que no ser\u00edan irremediables, si hubiera aqu\u00ed personas con tanto celo y con una caridad tan desinteresada como los de esa casa de San L\u00e1zaro, que se cuidaran de ellas. S\u00e9 muy bien, se\u00f1or, que la Providencia podr\u00e1 servirse de otros mil medios, cuando le plazca; pero est\u00e1 claro que ha puesto sus ojos sobre usted y le ha escogido entre otros muchos miles para socorrer no solamente a las pobres di\u00f3cesis de este reino, sino principalmente a las que parecen estar casi abandonadas por todo el mundo\u00bb,etc<\/em><\/p>\n<p>El difunto Sr. de Montchal, arzobispo de Toulouse, que le escribe al Sr. Vicente el a\u00f1o 1640:<\/p>\n<p><em>\u00abNo puedo \u2014<\/em>le dice\u2014<em> dejar marchar a esos dos misioneros, que ha enviado usted a esta tierra y que ahora vuelven para ah\u00ed, sin agradecerle con todo mi coraz\u00f3n los grandes servicios que le han hecho a Dios en mi di\u00f3cesis. No ser\u00eda capaz de indicarle los esfuerzos que han realizado ni los frutos que han obtenido, por los que me siento especialmente agradecido con usted, ya que han estado trabajando precisamente en mi descargo. Uno de ellos ha llegado a dominar la lengua de esta tierra hasta hacerse admirar por los que la hablan, y se ha mostrado infatigable en su trabajo. Cuando hayan recobrado las fuerzas, le suplico que me los env\u00ede de nuevo, ya que estoy pensando en obligar a hacer los Ejercicios a los Ordenandos, y tengo necesidad una vez m\u00e1s de su ayuda por este motivo. Todo ser\u00e1 para la gloria de Dios, si usted nos ayuda\u00bb, etc<\/em><\/p>\n<p>El a\u00f1o 1648 el superior de la misi\u00f3n de Richelieu escribi\u00f3 al Sr. Vicente que tres misioneros acababan de dar dos misiones en el BasPoitou; y que entre las gracias que Dios hab\u00eda hecho por su ministerio, la conversi\u00f3n de doce herejes no fue ciertamente la menor<\/p>\n<p>A prop\u00f3sito de eso es bueno destacar una circunstancia bastante notable, que es que esas conversiones de herejes, a las que acabamos de aludir, y otras muchas que tuvieron lugar desde las primeras misiones del Sr. Vicente hasta ahora, se lograron no disputando contra ellos, ni prometi\u00e9ndoles ayudas, empleos, u otras ventajas temporales, sino por una gracia especial de Dios, que acompa\u00f1aba a las ense\u00f1anzas y a los buenos ejemplos de los misioneros; solamente d\u00e1ndoles a conocer las verdades cristianas en su pureza los han atra\u00eddo a la religi\u00f3n cat\u00f3lica, de una forma tanto m\u00e1s segura cuanto m\u00e1s apartada est\u00e1 de todo inter\u00e9s humano.<\/p>\n<p>Por ese tiempo, los mismos misioneros, despu\u00e9s de dar la misi\u00f3n en la parroquia de Sach\u00e9, de la di\u00f3cesis de Tours (58), le escribieron al Sr. Vicente que, aunque s\u00f3lo hab\u00eda seiscientas personas en edad de comulgar en esta parroquia, sin embargo, hubo mil doscientas en la comuni\u00f3n general; que esta misi\u00f3n hab\u00eda estado acompa\u00f1ada de grand\u00edsimas bendiciones de Dios, que hab\u00eda producido gran n\u00famero de reconciliaciones, de restituciones, de verdaderas conversiones, y de otros frutos parecidos; que el Sr. P\u00e1rroco, su vicario y otros cinco eclesi\u00e1sticos hab\u00edan hecho confesi\u00f3n general; y que uno de los m\u00e1s ricos del pueblo, muy apegado a sus riquezas y que no hac\u00eda limosnas sino rar\u00edsima vez y en peque\u00f1\u00edsima cantidad, hab\u00eda quedado tan tocado que hab\u00eda hecho decir en el serm\u00f3n que dar\u00eda pan tres veces a la semana a todos los pobres que se presentaran pidiendo en su puerta.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esta misi\u00f3n, se dio otra en el pueblo de Villaine, de la misma di\u00f3cesis. Y la misma bendici\u00f3n se manifest\u00f3 en la concurrencia y la asiduidad de los pueblos, en las conversiones de los pecadores, y en las reconciliaciones de enemigos, entre los cuales hubo trece o catorce por desavenencias importantes. La comuni\u00f3n general se realiz\u00f3 con gran efusi\u00f3n de l\u00e1grimas; y en la procesi\u00f3n, a la que asist\u00edan cerca de dos mil personas, el Sr. P\u00e1rroco, de ochenta y ocho a\u00f1os de edad, dijo llorando de alegr\u00eda, que estaba agradecido a Dios por tantas gracias como hac\u00eda a las almas que estaban bajo su gu\u00eda, y que nunca hab\u00eda visto tal cantidad de gente, ni devoci\u00f3n semejante en su iglesia, como la que ve\u00eda entonces<\/p>\n<p>A\u00fan se di\u00f3 otra misi\u00f3n el a\u00f1o 1640 en la misma di\u00f3cesis de Tours, en la parroquia de Chailly. En ella, adem\u00e1s de las bendiciones ordinarias que Dios derrama por su bondad en semejantes circunstancias, hubo cuatro o cinco arreglos y reconciliaciones muy importantes. Uno, entre el Sr. p\u00e1rroco y un habitante, que lo hab\u00eda injuriado<\/p>\n<p>Otro, entre los mayordomos de la parroquia que hab\u00edan administrado los bienes de la iglesia los cinco a\u00f1os anteriores, y el que estaba entonces de administrador; y este arreglo fue muy ventajoso para la iglesia, que estaba muy mal dotada de ornamentos. Y el tercero, entre unos oficiales de justicia, que, desde hac\u00eda seis o siete a\u00f1os viv\u00edan muy enemistados. El cuarto, entre dos gentileshombres, que estaban enzarzados en un pleito. El quinto, entre uno de los principales burgueses y un arrendatario suyo, por unas cuentas que estaban en discusi\u00f3n, y que podr\u00edan llevar a la ruina al labrador.<\/p>\n<p>Omitimos aqu\u00ed infinidad de frutos parecidos de las misiones que se dieron en grand\u00edsimo n\u00famero en otros sitios de este reino, que si las tuvi\u00e9ramos que narrar al detalle, adem\u00e1s de las repeticiones continuas y enojosas, habr\u00eda que utilizar varios vol\u00famenes. Lo poco que se ha relatado aqu\u00ed bastar\u00e1 para servir de muestra, y para hacer ver las grandes gracias y bendiciones que Dios ha querido derramar sobre todo el reino por el ministerio del Sr. Vicente y de los suyos. Digo grandes gracias, si se las quiere pesar en la balanza del santuario, y juzgar su valor por el precio que han costado a Jesucristo; quien, para hacernos conocer cu\u00e1nto deber\u00edamos apreciar la conversi\u00f3n de los pecadores, y, por consiguiente, todos los medios que puedan contribuir a ello, declar\u00f3 en el Evangelio \u00abQue habr\u00e1 una alegr\u00eda muy especial entre los \u00e1ngeles en el cielo a\u00fan cuando se convierta y haga penitencia un solo pecador\u00bb en la tierra, y debemos creer que esos esp\u00edritus celestiales tan sabios y tan esclarecidos s\u00f3lo se alegran por un motivo que lo merece.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISIONES DEL SE\u00d1OR VICENTE SECCI\u00d3N II : Relaci\u00f3n de los frutos m\u00e1s considerables de algunas misiones particulares dadas en diversos lugares de Francia &nbsp; \u00a7. 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Primera parte Se public\u00f3 en Barcelona (Espa\u00f1a), como ap\u00e9ndice a la traducci\u00f3n de la obra del Sr. Arturo Loth: San Vicente de Pa\u00fal y su misi\u00f3n social, una tesis hist\u00f3rica en extremo\u2026","rel":"","context":"En \u00abVicente de Pa\u00fal\u00bb","block_context":{"text":"Vicente de Pa\u00fal","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/fundadores\/vicente-de-paul\/"},"img":{"alt_text":"pemartin","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/04\/pemartin-189x300.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":119820,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/mision-e-identidad-de-la-congregacion-de-la-mision\/","url_meta":{"origin":31834,"position":5},"title":"Misi\u00f3n e identidad de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"29\/05\/2015","format":false,"excerpt":"I. 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