{"id":31831,"date":"2020-04-13T11:40:29","date_gmt":"2020-04-13T09:40:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/04\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-1\/"},"modified":"2020-03-27T11:53:08","modified_gmt":"2020-03-27T10:53:08","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-1\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 1, Secci\u00f3n 1"},"content":{"rendered":"<p>MISIONES DEL SE\u00d1OR VICENTE<\/p>\n<p><strong>SECCI\u00d3N I : De las misiones en general<\/strong><\/p>\n<p>No es necesario que hagamos aqu\u00ed un largo discurso para hacer ver al lector la necesidad o la utilidad de las misiones llevadas a cabo por el Sr. Vicente y los suyos.<\/p>\n<p>La experiencia, desde que empezaron hace m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os, la ha dado a conocer suficientemente. Y si todav\u00eda alguno no estuviera plenamente persuadido de eso, no tienen m\u00e1s que ver a un lado el estado deplorable en que se hallaban antes de ese tiempo la mayor parte de los pueblos, y, particularmente, los del campo, que parec\u00edan estar sepultados en las tinieblas de una profunda ignorancia de las cosas de su salvaci\u00f3n, y como consecuencia, sumergidos en toda clase de vicios; y al otro, los saludables efectos producidos por las misiones del Sr. Vicente y las conversiones admirables logradas por medio de dichas misiones. Seguramente que se ver\u00e1 obligado a reconocer y a confesar, que la mano de Dios estaba con su fiel siervo, y que entre otros excelentes medios externos para la salvaci\u00f3n de las almas, su misericordia ha querido particularmente usar, en este \u00faltimo siglo, las misiones, como uno de los m\u00e1s eficaces y m\u00e1s excelentes, y sobre el que Dios ha querido derramar con mayor abundancia sus divinas bendiciones.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed lo que un sacerdote de condici\u00f3n y de virtud, que hab\u00eda asistido y tambi\u00e9n trabajado en una misi\u00f3n en una poblaci\u00f3n importante de la provincia de Anjou, escribi\u00f3 a este prop\u00f3sito, hace m\u00e1s de veinte a\u00f1os, al Sr. Vicente:<\/p>\n<p><em>\u00abEntre las personas \u2014le dice\u2014 que han hecho confesi\u00f3n general, le puedo asegurar que hemos hallado m\u00e1s de mil quinientas que no hab\u00edan hecho nunca una buena (confesi\u00f3n); y que, adem\u00e1s de eso, en su mayor parte estaban encenagadas en pecados enormes por espacio de diez, de veinte y de treinta a\u00f1os. Y que han manifestado ingenuamente, que nunca se habr\u00edan confesado con sus pastores o confesores ordinarios. La ignorancia que hemos encontrado es grand\u00edsima; pero a\u00fan hab\u00eda m\u00e1s malicia; y la verg\u00fcenza que ten\u00edan para manifestar sus pecados llegaba hasta el punto de que algunos de ellos no pod\u00edan decidirse a declararlos sino en las confesiones generalas que hac\u00edan con los misioneros. Mas, por fin, apremiados por lo que o\u00edan en los sermones y en los catecismos, se han rendido, y han confesado sin titubear sus faltas con gemidos y l\u00e1grimas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Un gran prelado, cuya memoria es bendita, Don Santiago Lescot, obispo de Charter, escribiendo al Sr. Vicente sobre el tema de las misiones el a\u00f1o 1647, le habla en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em>\u00abNo puedo recibir una noticia m\u00e1s grata ni m\u00e1s provechosa que la que usted me da, que desea que contin\u00faen las misiones en la di\u00f3cesis, si me parece oportuno. No hay ninguna di\u00f3cesis en Francia de la que usted pueda disponer m\u00e1s libremente; y no s\u00e9 si habr\u00e1 alguna en la que las misiones puedan ser m\u00e1s \u00fatiles y necesarias, al ver la extra\u00f1a ignorancia que observo en mis visitas y que causa horror. No quiero decir nada sobre el tiempo, el lugar y las circunstancias. Lo dejo todo en sus manos, dici\u00e9ndole lo que dec\u00eda Abraham: Ecce universa coram te sunt.Soy de verdad y con todo el coraz\u00f3n, su&#8230;\u00bb etc<\/em><\/p>\n<p>Otro prelado, a quien no nombramos porque todav\u00eda vive, escribi\u00e9ndole al Sr. Vicente el a\u00f1o 1651 sobre ese mismo asunto:<\/p>\n<p><em>\u00abLa misi\u00f3n \u2014le dice\u2014 es uno de los mayores bienes y m\u00e1s necesarios que yo conozco, porque en el pobre pueblo reina la mayor ignorancia del mundo, y si usted pudiera ver c\u00f3mo es la que existe en mi di\u00f3cesis, se mover\u00eda a compasi\u00f3n. Puedo decirle con toda verdad, que la mayor parte de los cat\u00f3licos son s\u00f3lo de nombre, y \u00fanicamente porque lo eran sus padres, y no por saber lo que es ser cat\u00f3lico. Y esto es lo que nos llena de aflicci\u00f3n, especialmente al no poder poner orden alguno en la di\u00f3cesis, porque aquellos a quienes les desagrada este orden no se muestran tan contentos de ir al serm\u00f3n como de ir a misa\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente estaba demasiado convencido por su propia experiencia de la extrema necesidad que los pueblos ten\u00edan de instruirse en las cosas necesarias para la salvaci\u00f3n, y de estar preparados para hacer una confesi\u00f3n general. Y como era en las misiones cuando se les ofrec\u00edan esos servicios caritativos con m\u00e1s fruto y m\u00e1s \u00e9xito, \u00e9sa era la causa por la que el Sr. Vicente se entregaba a ellas con todo su poder, y a las que sol\u00eda invitar y orientar, en cuanto pod\u00eda, a todos los que ve\u00eda aptos para trabajar en ellas tanto de la Congregaci\u00f3n como de otras. Vamos a presentar en el p\u00e1rrafo siguiente el sumario de un peque\u00f1o discurso familiar, que dirigi\u00f3 un d\u00eda a los suyos sobre este tema; en \u00e9l se podr\u00e1 ver cu\u00e1les eran sus ideas acerca de la necesidad y de la utilidad de las misiones<\/p>\n<p><strong>\u00a7. I Notables palabras del Sr. Vicente sobre las misiones<\/strong><\/p>\n<p><em>\u00abTenemos la obligaci\u00f3n \u2014dijo, hablando cierto d\u00eda a los de su Compa\u00f1\u00eda\u2014 de trabajar en la salvaci\u00f3n de la pobre gente del campo, porque Dios nos ha llamado para eso. Y san Pablo nos invita a andar en nuestra vocaci\u00f3n y a corresponder a los eternos designios que Dios tiene para nosotros. Pues bien, este trabajo es el principal de nuestra Congregaci\u00f3n; todo la dem\u00e1s es accesorio. Porque no hubi\u00e9ramos trabajado nunca en los Ordenandos ni en los Seminarios de los eclesi\u00e1sticos, si no hubi\u00e9ramos pensado que era necesario, para mantener a los pueblos en buen estado y para conservar el fruto de las misiones, actuar de forma que hubiera buenos eclesi\u00e1sticos en ellos, imitando en eso a los conquistadores, que dejan guarniciones en las plazas que han tomado, por miedo a perder lo que hab\u00edan conquistado con tantas dificultades. \u00bfNo somos felices, hermanos m\u00edos, por realizar ingenuamente la vocaci\u00f3n de Jesucristo? Porque \u00bfqui\u00e9n manifiesta mejor la forma de vida que Jesucristo tuvo en la tierra que los misioneros? No lo digo s\u00f3lo de nosotros; tambi\u00e9n me refiero a los grandes Obreros apost\u00f3licos de diversas \u00f3rdenes, que dan misiones dentro y fuera del Reino. Ellos son los grandes misioneros, nosotros s\u00f3lo somos su sombra. Miren c\u00f3mo se trasladan a las Indias, al Jap\u00f3n, al Canad\u00e1, para tener terminada la obra que Jesucristo empez\u00f3, y que no ha abandonado desde el primer instante en que fue dedicado a ella por voluntad de su Padre. Pensemos que nos dice en nuestro interior: \u00a1Adelante, misioneros! \u00a1Id a donde yo os env\u00edo! \u00a1Ah\u00ed ten\u00e9is a las pobres almas que os est\u00e1n esperando, y cuya salvaci\u00f3n depende en parte de vuestras predicaciones y de vuestras catequesis!. \u00a1Eso es, Hermanos m\u00edos, lo que debemos considerar con detenimiento, porque Dios nos ha destinado para trabajar en tal tiempo, en tales sitios, y por tales personas! Es as\u00ed como destinaba El a sus profetas para ciertos lugares y para ciertas personas, y no quer\u00eda que fueran a otro sitio. Pero, \u00bfqu\u00e9 responder\u00edamos a Dios, si sucediera que, por nuestra ausencia, alguna de esas pobres almas murieran y se perdieran? \u00bfNo ser\u00eda motivo para echarnos en cara, porque seamos en cierto modo la causa de su condenaci\u00f3n, por no haberlas asistido como pod\u00edamos? Y \u00bfno deber\u00edamos temer que se nos pidiera cuenta en el momento de nuestra muerte? Por el contrario, si correspondemos fielmente a las obligaciones de nuestra vocaci\u00f3n, \u00bfno tenemos motivos para esperar que Dios nos aumentar\u00e1 de d\u00eda en d\u00eda sus gracias, que multiplicar\u00e1 cada vez m\u00e1s la Compa\u00f1\u00eda, y le dar\u00e1 hombres con tales disposiciones como convienen para trabajar con su esp\u00edritu, y que El bendecir\u00e1 todos nuestros trabajos? Y, en fin, todas esas almas que conseguir\u00e1n la salvaci\u00f3n eterna por medio de nuestro ministerio, atestiguar\u00e1n ante Dios en favor de nuestra fidelidad a nuestras funciones\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 felices ser\u00e1n los que a la hora de la muerte vean cumplidas en ellos las hermosas palabras de Nuestro Se\u00f1or: Evangelizare pauperibus misit me Domi nus. Vean, Hermanos m\u00edos, parece que Nuestro Se\u00f1or nos quiere manifestar con esas palabras que una de sus principales obras ha sido trabajar por los pobres. Pero, desgraciados de nosotros, si nos hacemos perezosos en servir y socorrer a los pobres, porque, despu\u00e9s de haber sido llamados por Dios y habernos entregado a El para eso, en cierta manera, El descansa en nosotros. Recuerden las palabras de un santo Padre: Si non pavisti, occidisti,que ciertamente se refieren al alimento corporal, pero que pueden aplicarse al espiritual con tanta verdad y a\u00fan con m\u00e1s raz\u00f3n. Piensen si no tendr\u00edamos motivos para temblar, si fall\u00e1ramos en ese punto; y, si, a causa de la edad, o bien, con el pretexto de alguna dolencia o indisposici\u00f3n, lleg\u00e1ramos a reducir y a perder nuestro primer fervor. En cuanto a m\u00ed, a pesar de mi edad, no estoy dispensado de la obligaci\u00f3n de trabajar en el servicio de los pobres. Porque, \u00bfqui\u00e9n podr\u00eda impedirlo? Si no puedo predicar todos los d\u00edas, predicar\u00e9 dos veces por semana; y si no tengo fuerzas suficientes para hacerme o\u00edr en las grandes iglesias, hablar\u00e9 en las peque\u00f1as; y si no tuviera bastante voz ni para eso, \u00bfqui\u00e9n me impedir\u00e1 hablar sencilla y familiarmente a la buena gente, como estoy hablando ahora, permiti\u00e9ndoles acercarse y ponerse en torno a m\u00ed como est\u00e1n ustedes? Conozco a ancianos que en el d\u00eda del juicio final podr\u00e1n levantarse contra nosotros y, entre otros, a un buen padre Jesuita, todo un santo, que, despu\u00e9s de predicar varios a\u00f1os en la Corte, a los sesenta a\u00f1os padeci\u00f3 una enfermedad que lo puso a morir. Dios le di\u00f3 a conocer cu\u00e1nta vanidad e inutilidad hab\u00eda en la mayor parte de aquellos sermones estudiados y pulidos, que constitu\u00edan sus predicaciones, de forma que empez\u00f3 a sentir remordimientos de conciencia. A causa de eso, en cuanto recobr\u00f3 la salud, pidi\u00f3 y obtuvo de sus superiores permiso para ir a catequizar y exhortar familiarmente a los pobres del campo. Emple\u00f3 veinte a\u00f1os en aquellos caritativos trabajos, y persever\u00f3 en ellos hasta la muerte; y estando para expirar, suplic\u00f3 una gracia que fue que enterraran junto con su cuerpo una varita que usaba en la catequesis, para que, dec\u00eda, aquella varita fuera testigo de c\u00f3mo hab\u00eda abandonado los trabajos de la Corte para servir a Nuestro Se\u00f1or en la persona de los pobres del campo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abAlguno de los que tratan de vivir mucho tiempo pudiera quiz\u00e1s temer que el trabajo de las misiones podr\u00eda abreviar el n\u00famero de sus d\u00edas y adelantar la hora de su muerte, y por eso tratar\u00eda de eximirse de ellas, en cuanto le fuera posible, como de una desgracia que ten\u00eda motivos de temer. Pero yo le preguntar\u00eda a ese tal que tuviera semejante pensamiento: \u00bfes una desgracia para quien viaja por un pa\u00eds extranjero avanzar en su camino, y acercarse a su patria? \u00bfEs una desgracia para los que est\u00e1n navegando acercarse al puerto? \u00bfEs una desgracia para un alma fiel ir a ver y poseer a su Dios? Finalmente, \u00bfes una desgracia para los misioneros ir lo antes posible a disfrutar de la gloria que su Divino Maestro les ha merecido con sus sufrimientos y con su muerte? \u00bfQu\u00e9? \u00bfSe tiene miedo a que suceda una cosa, que no sabr\u00edamos desear bastante y que siempre sucede demasiado tarde?\u00bb <\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPues bien, lo que digo aqu\u00ed a los Sacerdotes, lo digo tambi\u00e9n a los que no lo son, lo digo a todos nuestros Hermanos. \u00a1No, Hermanos m\u00edos! No crean, porque\u00a0 no est\u00e1n dedicados a la predicaci\u00f3n, que est\u00e1n por eso libres de la obligaci\u00f3n que tenemos de trabajar en la salvaci\u00f3n de los pobres, porque ustedes lo pueden hacer a su manera, quiz\u00e1s tan bien como el mismo predicador, y con menos peligro para ustedes. Est\u00e1n obligados por ser miembros de un mismo cuerpo que nosotros. Exactamente igual que todos los miembros del Sagrado Cuerpo de Jesucristo han cooperado, cada cual a su manera, a la obra de nuestra Redenci\u00f3n; porque, si la cabeza de Jesucristo ha sido agujereada por las espinas, los pies tambi\u00e9n han sido perforados con clavos, que le sujetaban a la cruz. Y si despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n esta sagrada Cabeza fue recompensada, los pies tambi\u00e9n han participado en esa recompensa, y han compartido con ella la gloria, con la que ha sido coronada\u00bb<\/em><\/p>\n<p><strong>\u00a7. II Ideas del Sr. Vicente acerca de las virtudes m\u00e1s necesarias para los misioneros, y sobre su forma de predicar<\/strong><\/p>\n<p>Como este gran siervo de Dios estaba lleno de un esp\u00edritu verdaderamente apost\u00f3lico, podr\u00eda saber bien cu\u00e1les eran las virtudes m\u00e1s convenientes y necesarias a los misioneros, puesto que \u00e9l las pose\u00eda todas en grado eminent\u00edsimo, y las hab\u00eda practicado perfect\u00edsimamente, como se ver\u00e1 en el libro tercero de esta obra. Pero no tanto como efecto de su razonamiento como por su propia experiencia, dec\u00eda que, entre todas las virtudes, los misioneros estaban necesitados de una profunda humildad y de una gran desconfianza en s\u00ed mismos, para no atribuir a su habilidad, ni a su trabajo la conversi\u00f3n de las almas y los \u00e9xitos de sus misiones; sino que deb\u00edan atribuir fielmente toda la gloria a Dios, no qued\u00e1ndose con nada para s\u00ed, salvo la confusi\u00f3n de sus defectos y de sus fallos. Cre\u00eda tambi\u00e9n que deb\u00edan tener mucha fe y una perfecta confianza en Dios, para no dejarse llevar por el des\u00e1nimo en las penas y contrariedades, y no desalentarse por las dificultades que hallaran en sus actividades; una gran caridad y un celo ardent\u00edsimo por la salvaci\u00f3n de las almas, para ir a buscarlas y a socorrerlas y servirlas; una gran mansedumbre y paciencia para atraerlas y aguantarlas; una gran sencillez y prudencia para conducirlas directamente a Dios; un gran desprendimiento de las cosas de la tierra para estar m\u00e1s libres en los trabajos iniciados por Dios, y m\u00e1s propios para inspirar a los dem\u00e1s el amor a los bienes del cielo; una continua mortificaci\u00f3n de cuerpo y de esp\u00edritu, para que los movimientos de la naturaleza no impidan en ellos la actuaci\u00f3n de la gracia; una gran indiferencia en todo lo referente a los trabajos, lugares, cosas y personas, para pretender hacer en todo s\u00f3lo la voluntad de Dios, de forma, que los que hablan en p\u00fablico, est\u00e9n siempre dispuestos a consentir de buena gana que otro le sustituya en su lugar, y ocupe su vez durante la misi\u00f3n, si es \u00e9sa la voluntad del superior. Y a este prop\u00f3sito mandaba especialmente a sus misioneros, que dieran la preferencia a los religiosos y a otros predicadores que encontraran en las parroquias, sobre todo, cuando ten\u00edan V\u00eda Crucis, cedi\u00e9ndoles gustosamente la palabra de la predicaci\u00f3n y mostr\u00e1ndoles toda clase de muestras de respeto. Finalmente, quer\u00eda que sus misioneros fueran personas de oraci\u00f3n y ejemplares, porque pensaba que con ese medio conseguir\u00edan m\u00e1s fruto que con toda la ciencia y la elocuencia que hubiera podido emplear. La oraci\u00f3n atrae sobre ellos abundantes gracias y unci\u00f3n interior, y el buen ejemplo prepara a las almas para recibir bien lo que ellos iban a comunicar, despu\u00e9s de recibirlo de Dios.<\/p>\n<p>En cuanto a la forma de predicar en las misiones, veamos lo que el Sr. Vicente escribi\u00f3 a uno de sus sacerdotes el a\u00f1o 1633:<\/p>\n<p><em>\u00abHe sabido por varias personas \u2014le dice\u2014 la bendici\u00f3n que la bondad de Dios ha querido derramar sobre la misi\u00f3n de N. Me he quedado muy consolado por ello; y para que reconozcamos que esa gracia tan abundante viene de Dios, y solamente es concedida a los humildes, los cuales reconocen que todo el bien que se hace por medio de ellos viene de Dios, le pido con todo mi coraz\u00f3n que les conceda cada vez m\u00e1s el esp\u00edritu de humildad en todas sus funciones, porque ustedes deben creer con toda seguridad que Dios les quitar\u00e1 esa gracia desde el momento en que admitan en sus almas algo de vana complacencia, atribuy\u00e9ndose lo que pertenece solamente a Dios. \u00a1Hum\u00edllese, pues, mucho se\u00f1or!, pensando en Judas que hab\u00eda recibido unas gracias m\u00e1s excelentes que usted; y que produc\u00edan mayores efectos que las suyas; y que, a pesar de todo, se perdi\u00f3. Y \u00bfqu\u00e9 le aprovechar\u00e1 al mayor predicador del mundo, y dotado de los mayores talentos, haber hecho resonar sus predicaciones con aplausos por toda una provincia, y hasta haber convertido a varios miles de almas para Dios, si, a pesar de todo eso, llega a perderse?\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abNo le digo todo esto, se\u00f1or, por alguna raz\u00f3n especial que tenga yo para temer esa vana complacencia ni en usted ni en N., su compa\u00f1ero de trabajo; sino para que, si el demonio les ataca por ese lado, como seguramente lo har\u00e1, le dediquen mucha atenci\u00f3n y fidelidad para rechazar sus sugestiones, y para honrar la humildad de Nuestro Se\u00f1or. Estos d\u00edas ten\u00eda como tema de mi charla la vida ordinaria que Nuestro Se\u00f1or quiso llevar en la tierra. Y ve\u00eda que hab\u00eda amado tanto aquella vida com\u00fan y humilde de los dem\u00e1s hombres, que para acomodarse a ella se rebaj\u00f3 cuanto pudo, hasta ella, (\u00a1Qu\u00e9 cosa m\u00e1s maravillosa y que sobrepasa toda la capacidad del entendimiento humano!) que, aunque era la sabidur\u00eda increada del Padre Eterno, sin embargo, hab\u00eda querido predicar su doctrina con un estilo mucho m\u00e1s bajo y m\u00e1s despreciable que el de los \u00e1ngeles. Vea usted, se lo ruego, c\u00f3mo fue el estilo de su predicaci\u00f3n, y comp\u00e1relo con las Ep\u00edstolas y predicaciones de san Pedro, de san Pablo y de los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles. Parece que el estilo usado por El es el de un hombre de poca ciencia, y que el de los Ap\u00f3stoles parece como de personas que tienen mucha m\u00e1s ciencia que El. Y lo que todav\u00eda es m\u00e1s de admirar, El quiso que sus predicaciones causaran mucho menos efecto que las de los Ap\u00f3stoles, porque vemos en el Evangelio que se gan\u00f3 a los Ap\u00f3stoles y sus disc\u00edpulos, casi de uno en uno, y eso con mucho trabajo y fatiga. Y vemos que san Pedro convirti\u00f3 a cinco mil ya en su primera predicaci\u00f3n. Ciertamente, eso me ha dado m\u00e1s luz y m\u00e1s compresi\u00f3n, eso me parece, de la grande y maravillosa humildad del Hijo de Dios, que ninguna otra consideraci\u00f3n que haya podido tener sobre este asunto\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abTodos los d\u00edas decimos en la santa misa las palabras in spiritu humilitatis, etc. Pues bien, un santo var\u00f3n me dec\u00eda el otro d\u00eda, que as\u00ed lo hab\u00edan aprendido del bienaventurado obispo de Ginebra, que ese esp\u00edritu de humildad, que solemos pedir a Dios en todas nuestra eucarist\u00edas, consiste principalmente en mantenernos en una continua atenci\u00f3n y disposici\u00f3n de humillarnos sin cesar, en toda ocasi\u00f3n, tanto interior como exteriormente. Pero, se\u00f1or, \u00bfqui\u00e9n puede darnos ese esp\u00edritu de humildad? Ser\u00e1 nuestro Se\u00f1or, si se lo pedimos, y si nos hacemos fieles a su gracia, y cuidadosos en practicar sus actos. Hag\u00e1moslo as\u00ed, se lo suplico, y tratemos para eso de acordarnos uno del otro, cuando pronunciemos esa misma palabra ante el santo altar. As\u00ed lo espero de su caridad\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Y hablando una vez a los Sacerdotes de su casa sobre este mismo asunto<\/p>\n<p><em>\u00abEs preciso \u2014les dec\u00eda\u2014, que la Compa\u00f1\u00eda se d\u00e9 a Dios para explicar con comparaciones familiares las verdades del Evangelio, cuando se trabaja en las misiones. Tratemos pues de acomodar nuestro estilo de hablar a este m\u00e9todo, imitando a Nuestro Se\u00f1or que, como dice el evangelista, Sine parabolis non loqueba tur ad eos.Usemos sobriamente en nuestra predicaciones los p\u00e1rrafos de autores profanos, y, a\u00fan entonces, que sirvan de trampol\u00edn para la Sagrada Escritura\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Tambi\u00e9n recomendaba a sus misioneros que no se dejaran llevar de un fervor excesivo en su predicaci\u00f3n, y que no elevaran tanto la voz, sino que hablaran al pueblo sencillamente, y a media voz, tanto para que le aprovechara mejor al auditorio, que entonces atiende m\u00e1s a gusto y recibe mejor lo que se le dice, como tambi\u00e9n para economizar fuerza y salud. Porque al tener que predicar muy a menudo, y casi todos los d\u00edas durante una buena parte del a\u00f1o, y en ocasiones hasta dos veces por d\u00eda, quedar\u00edan reducidos a la impotencia, si continuaran de esa forma; si a fuerza de gritar, echaran a perder la voz y la salud. He aqu\u00ed lo que se le escribi\u00f3 cierto d\u00eda a uno de sus sacerdotes:<\/p>\n<p><em> \u00abMe han advertido \u2014le dice\u2014 que hace usted demasiados esfuerzos cuando habla al pueblo, y que eso le debilita mucho. En nombre de Dios, se\u00f1or, cuide su salud y modere su palabra y sus sentimientos. Ya le he dicho en otra ocasi\u00f3n que Nuestro Se\u00f1or bendice las predicaciones que se hacen hablando a media voz y familiarmente, porque El ense\u00f1\u00f3 y predic\u00f3 de esa forma, y que esa manera de hablar, como es la natural, es tambi\u00e9n m\u00e1s c\u00f3moda que la otra, que resulta forzada, y que al pueblo le gusta m\u00e1s y le aprovecha mejor. Cr\u00e9ame, se\u00f1or, que los comediantes as\u00ed lo han reconocido, y han cambiado su forma de hablar, y no recitan ya sus versos con un tono elevado, como hac\u00edan antes; ahora lo hacen a media voz, y como hablando familiarmente a sus oyentes. Cierta persona, que hab\u00eda sido actor me lo dec\u00eda uno de estos d\u00edas. Pues si el deseo de agradar m\u00e1s al mundo ha podido influir en los actores de teatro, \u00bfqu\u00e9 motivo para su confusi\u00f3n no tendr\u00e1n los predicadores de Jesucristo, si el deseo y el celo de procurar la salvaci\u00f3n de las almas no tuviera el mismo poder en ellos?\u00bb. <\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPor lo dem\u00e1s, he sentido mucho que en lugar de hacer el gran catecismo por las tardes, usted haya predicado sermones en su misi\u00f3n. Cosa que no debe hacerse. 1. Porque el predicador de la ma\u00f1ana puede tener dificultades en la segunda predicaci\u00f3n. 2. Porque el pueblo tiene mayor necesidad de ese catecismo, y saca de \u00e9l mayor provecho. 3. Porque al predicar ese catecismo me parece que hay en cierto modo mayor ocasi\u00f3n de honrar la forma que usaba nuestro Se\u00f1or Jesucristo para ense\u00f1ar y para convertir el mundo. 4. Porque \u00e9sa es nuestra costumbre, y nuestro Se\u00f1or ha querido conceder grandes bendiciones a esa pr\u00e1ctica, ya que en ella encontramos m\u00e1s ocasiones para practicar la humildad\u00bb<\/em><\/p>\n<p><strong>\u00a7. III Orden que el Sr. Vicente observaba y que quiso fuera observado por los suyos en las misiones<\/strong><\/p>\n<p>Puesto que todas las cosas que vienen de Dios est\u00e1n ordenadas seg\u00fan \u00a0nos ense\u00f1a el santo Ap\u00f3stol y que el orden, como tambi\u00e9n lo afirma san Agust\u00edn, nos lleva a Dios, las misiones, como son obras de la gracia divina para ayudar a las almas a volver a Dios cuando est\u00e1n separadas de El por el pecado, deber\u00edan realizarse, por eso mismo, con orden y cada grupo de misioneros deber\u00eda ser como una compa\u00f1\u00eda de soldados bien disciplinados, o como un peque\u00f1o ej\u00e9rcito bien ordenado, que por su buen orden se hace terrible y formidable para los enemigos de Jesucristo.<\/p>\n<p>Esa es la raz\u00f3n por la que el Sr. Vicente ha puesto desde el principio un orden en sus misiones, que ha querido que se observara por todos los suyos de la forma siguiente. En primer lugar, los misioneros no van a trabajar a las misiones, sea donde sea, sin una orden escrita del Sr. obispo de la di\u00f3cesis, para presentarla a los Sres. p\u00e1rrocos; antes de empezar cualquier funci\u00f3n deben obtener de ellos el consentimiento, y recibir su bendici\u00f3n, o en su ausencia, la de sus vicarios. Y en caso de que se la negaran, los misioneros se vuelven despidi\u00e9ndose humildemente de ellos, para imitar y honrar as\u00ed la conformidad de nuestro Se\u00f1or, cuando fue rechazado en semejantes circunstancias, tal como lo cuenta el Evangelio.<\/p>\n<p>Una vez obtenido el mandamiento del obispo y el consentimiento del p\u00e1rroco en cuya parroquia se va a dar la misi\u00f3n, un sacerdote har\u00e1 la apertura un d\u00eda de fiesta o un domingo con un serm\u00f3n que, de ordinario, ser\u00e1 por la ma\u00f1ana, para informar a los habitantes sobre la pr\u00f3xima llegada de los misioneros y del servicio que desean prestarles, y para exhortarlos a la penitencia, y prepararlos para hacer buenas confesiones. Y el mismo d\u00eda, despu\u00e9s de v\u00edsperas, ordinariamente predica otro serm\u00f3n m\u00e1s para ense\u00f1arles la forma de hacer buenas confesiones y, especialmente, de examinarse bien, explic\u00e1ndoles brevemente los pecados m\u00e1s ordinarios, que se cometen contra los Mandamientos de Dios, o bien, alguna otra predicaci\u00f3n breve para animarlos a\u00fan m\u00e1s a confesarse.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas m\u00e1s tarde, despu\u00e9s que hayan llegado los otros misioneros destinados a trabajar en aquella parroquia, comienzan a actuar en los actos y las funciones ordinarias de las misiones, que consisten principalmente en predicar los catecismos grandes y peque\u00f1os, o\u00edr confesiones, mediar en las reconciliaciones y arreglos de los causantes de enemistades o discordias, visitar y consolar a los enfermos, corregir fraternalmente a los pecadores impenitentes, poner remedio, en cuanto cabe, a los abusos y des\u00f3rdenes p\u00fablicos, y generalmente consagrarse a todas las obras de misericordia y caridad espiritual que sean convenientes, cuyas ocasiones la Providencia se encargar\u00e1 de proporcionar, pero sin olvidar los actos propios y particulares de la oraci\u00f3n mental, del oficio divino en com\u00fan, del santo sacrificio de la misa, los ex\u00e1menes generales y dem\u00e1s actos espirituales parecidos<\/p>\n<p>Tienen tambi\u00e9n todas sus horas regladas, tanto para levantarse, acostarse, la comida, la meditaci\u00f3n, la misa, el oficio divino y otros actos que ya hemos indicado, como para las predicaciones, catequesis, confesiones y otras funciones propias de la misi\u00f3n a las que se aplican con asiduidad.<\/p>\n<p>Ordinariamente todos los d\u00edas hacen tres clases de actos p\u00fablicos, a saber: una predicaci\u00f3n muy de ma\u00f1ana, para que la pobre gente del campo pueda asistir a ella sin desatender a sus trabajos acostumbrados; el peque\u00f1o catecismo a determinada hora despu\u00e9s del mediod\u00eda, y el gran catecismo, al anochecer, a la vuelta del trabajo.<\/p>\n<p>Los temas m\u00e1s habituales de las predicaciones, adem\u00e1s de las dos que se tienen en la apertura de la misi\u00f3n (de las que ya hemos hablado) son las partes, m\u00e1s al detalle, de la Penitencia, de las postrimer\u00edas del hombre, de la enormidad del pecado, de los rigores de la justicia de Dios para con los pecadores, del endurecimiento del coraz\u00f3n, de la impenitencia final, de la mala verg\u00fcenza, de las reca\u00eddas en el pecado, de la maledicencia, de la envidia, de los odios y las enemistades, de los juramentos y las blasfemias, de la intemperancia en la bebida y en la comida, y de otros pecados parecidos que comete m\u00e1s ordinariamente la gente del campo; como tambi\u00e9n, de la penitencia, del buen uso de las tribulaciones y de la pobreza, de la caridad, del buen empleo del d\u00eda, de la manera de rezar bien, de frecuentar dignamente los sacramentos, de asistir devotamente al santo sacrificio de la misa, de la imitaci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or, de la devoci\u00f3n a la Sant\u00edsima Madre, de la perseverancia, y de otras virtudes parecidas y buenas obras propias de las personas campesinas.<\/p>\n<p>Se cambian el orden y los temas de las predicaciones, seg\u00fan las circunstancias y las necesidades; y se acortan o alargan otras, seg\u00fan que la misi\u00f3n sea m\u00e1s o menos corta; y su duraci\u00f3n se regula seg\u00fan el tama\u00f1o de los poblados, el n\u00famero y la preparaci\u00f3n de las personas. De ordinario se prolonga hasta que todos los habitantes del lugar, mayores y peque\u00f1os, est\u00e9n suficientemente instruidos y puestos en estado de salvarse por medio de confesiones generales a las que se les suele invitar tanto como se pueda.<\/p>\n<p>En cuanto al gran catecismo, que se predica al anochecer, las materias ordinarias son: en primer lugar, la explicaci\u00f3n de los misterios principales de la religi\u00f3n, a saber: la Sant\u00edsima Trinidad, Encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios y el sant\u00edsimo Sacramento del altar; adem\u00e1s de los Mandamientos de Dios, de los de la iglesia, y tambi\u00e9n de los Sacramentos, de los art\u00edculos de fe, de la oraci\u00f3n dominical y de la salutaci\u00f3n ang\u00e9lica. Todo ello en proporci\u00f3n con la duraci\u00f3n de la misi\u00f3n, como ya hemos dicho al hablar del tema de las predicaciones de la ma\u00f1ana. Y si la misi\u00f3n no dura co mo para explicar todas esas cosas, se reduce a las m\u00e1s importantes y necesarias, que se ense\u00f1an breve y familiarmente, seg\u00fan el alcance de los oyentes.<\/p>\n<p>El gran catecismo se predica, como ya lo hemos dicho, a eso del anochecer desde el p\u00falpito para mayor comodidad de los oyentes; y se comienza ordinariamente con una recapitulaci\u00f3n del anterior catecismo. Sobre \u00e9l, durante algo menos de un cuarto de hora, se hacen algunas preguntas a los ni\u00f1os, e inmediatamente se explica el tema que se va a tratar, y despu\u00e9s de esa explicaci\u00f3n, a la que se da un poco de m\u00e1s extensi\u00f3n, se sacan de ella algunos frutos y algunas consecuencias morales para juntar la ense\u00f1anza y la edificaci\u00f3n de los oyentes.<\/p>\n<p>El catecismo peque\u00f1o se tiene a una determinada hora despu\u00e9s del mediod\u00eda para ense\u00f1ar a los ni\u00f1os. El primer d\u00eda se comienza con una breve exhortaci\u00f3n familiar, con la que se les invita a que asistan, y se les dan los avisos necesarios para portarse bien en la misi\u00f3n. Y despu\u00e9s, los d\u00edas siguientes se les explican las verdades de la fe, de los principales misterios de nuestra religi\u00f3n, de los Mandamientos de Dios y de las dem\u00e1s materias que se tratan en el gran catecismo. Pero todo familiar y de modo adaptado al alcance de su corto desarrollo intelectual. El catecismo peque\u00f1o se hace sin subir al p\u00falpito; se da el catecismo entre los ni\u00f1os. Al final, se les hace cantar los Mandamientos de Dios para inculcarlos mejor en su memoria.<\/p>\n<p>Al final de la misi\u00f3n se cuida de modo especial la preparaci\u00f3n de los ni\u00f1os que a\u00fan no han recibido el Sant\u00edsimo Sacramento y que se cree que ya son capaces de recibirlo, para que hagan su primera Comuni\u00f3n; y adem\u00e1s de las ense\u00f1anzas particulares que se les hicieron durante la misi\u00f3n, se les a\u00f1ade una exhortaci\u00f3n m\u00e1s la v\u00edspera de la Comuni\u00f3n para prepararlos mejor, y otra, inmediatamente antes de comulgar en presencia del Sant\u00edsimo Sacramento para excitarlos a una mayor devoci\u00f3n y reverencia al adorable Misterio. Y despu\u00e9s de v\u00edsperas se organiza una procesi\u00f3n solemne. En ella se lleva el sant\u00edsimo Sacramento, los ni\u00f1os que han hecho la primera comuni\u00f3n asisten a la procesi\u00f3n y van de dos en dos con el pueblo detr\u00e1s. Y a la vuelta de la procesi\u00f3n, se tiene otra breve exhortaci\u00f3n a los ni\u00f1os y al pueblo, y, finalmente, como acci\u00f3n de gracias y conclusi\u00f3n de la ceremonia, se canta el \u00abTe Deum laudamus\u00bb. Y algunas veces, al d\u00eda siguiente, muy temprano, se canta una misa de acci\u00f3n de gracias. Al final de ella, se predica sobre la perseverancia, si es que no se habl\u00f3 de ella alg\u00fan d\u00eda antes. Todav\u00eda est\u00e1 vigente la costumbre, introducida por el Sr. Vicente en las misiones, de fundar, cuando se ve posible dadas las circunstancias del lugar, la Cofrad\u00eda de la Caridad, constituida por mujeres y muchachas para asistir corporal y espiritualmente a los enfermos pobres; y, para eso, cuando est\u00e1 para acabarse la misi\u00f3n, se dan unos avisos especiales sobre el tema de la caridad para con los pobres, y de los reglamentos y actos ordinarios de la Conferencia<\/p>\n<p>Cuando los confesores han quedado ya libres al final de la misi\u00f3n, se dedican a confesar a todos los ni\u00f1os que todav\u00eda no han alcanzado la edad propia para comulgar, pero que ya tienen suficiente discernimiento para cometer pecados y ofender a Dios. Para prepararlos a ese sacramento y ense\u00f1arles a confesarse bien, se les dan algunas lecciones particulares, proporcionadas a su alcance. Con ellas se trata de poner remedio a dos abusos que hab\u00eda tiempo atr\u00e1s en la mayor parte de las parroquias del campo: uno es que en algunos lugares les hac\u00edan confesarse a los ni\u00f1os p\u00fablicamente y todos juntos; y en otros no les hac\u00edan confesarse nunca, sino en edad de comulgar<\/p>\n<p>Finalmente, durante el tiempo de la misi\u00f3n, se visita a menudo a los enfermos, y, sobre todo, a los pobres, procur\u00e1ndoles, en cuanto se pueda, toda clase de ayudas corporales y espirituales, y prepar\u00e1ndoles y ayud\u00e1ndoles a hacer buenas confesiones con el fin de asegurar mejor su salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Visitan tambi\u00e9n a los maestros y maestras de escuela, y les dan las lecciones y los consejos necesarios para desempe\u00f1ar dignamente su oficio, y para encaminar a los ni\u00f1os a la virtud, y a inspirarles la piedad.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se da una cosa que el Sr. Vicente observaba en las misiones, y que quer\u00eda fuera observada con exactitud por los suyos, a saber, que dieran sus ense\u00f1anzas y prestaran todos los servicios, de los que ya hemos hablado, gratuitamente y sin ser en absoluto gravosos para las personas a las que se les ofrece el servicio caritativo, exceptuando simplemente el alojamiento y utensilios necesarios, que no se pueden llevar con comodidad. Los sacerdotes de su Congregaci\u00f3n siempre han observado esos detalles.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de todas esas funciones que se practican con las personas seglares, el Sr. Vicente quer\u00eda tambi\u00e9n que sus misioneros se dedicaran, como ya lo hacen, durante el tiempo de sus misiones, a prestar los servicios que puedan a los eclesi\u00e1sticos de los lugares donde trabajan, especialmente por medio de Conferencias espirituales, en las que tratan con ellos acerca de las obligaciones de su estado, de los defectos que principalmente deben evitar, de las virtudes que est\u00e1n obligados a practicar, y que los hacen m\u00e1s aptos y m\u00e1s preparados, y de otros temas parecidos.<\/p>\n<p>Ya desde el principio, como ya lo hemos dicho, el Sr. Vicente era muy asiduo en dar misiones, al ver la necesidad de esa caritativa ocupaci\u00f3n, y el gusto que sent\u00eda el pueblo en aprovecharse de ellas, de forma que, cuando se ve\u00eda obligado a volver a Par\u00eds, le parec\u00eda, as\u00ed lo dijo varias veces, que \u00ablas puertas de la ciudad deb\u00edan ca\u00e9rsele encima\u00bb, tantos eran sus escr\u00fapulos por dedicarse a otras cosas, que no a la salvaci\u00f3n de aquellas pobres almas, que se perd\u00edan por carecer de asistencia.<\/p>\n<p>Pero, cuando reconoci\u00f3 por propia experiencia que aquella ocupaci\u00f3n, muy penosa por cierto y que, adem\u00e1s, disipa mucho el alma, no se puede continuar sin sufrir alguna relajaci\u00f3n, decidi\u00f3 conceder cada a\u00f1o alg\u00fan tiempo de descanso a los Obreros dedicados a las misiones. Y le pareci\u00f3 que el tiempo m\u00e1s propio era el de la recolecci\u00f3n y la vendimia, porque los campesinos est\u00e1n tan ocupados en recoger la cosecha, que no pueden, sin un contratiempo notable, asistir a los actos de la misi\u00f3n. Dedic\u00f3, pues, esa \u00e9poca tanto para dar tiempo a los misioneros para estudiar, componer y preparar las materias que deben predicar y ense\u00f1ar en las misiones siguientes, como para darles tambi\u00e9n medios, despu\u00e9s de haber servido a los dem\u00e1s, para trabajar para ellos mismos y en su propia perfecci\u00f3n, dedic\u00e1ndose con m\u00e1s desahogo y tranquilidad al recogimiento y a la oraci\u00f3n, igual que nuestro Se\u00f1or hac\u00eda con sus ap\u00f3stoles, cuando un d\u00eda estando ya de vuelta de los lugares por donde los hab\u00eda mandado a predicar, y despu\u00e9s de contarle lo que hab\u00edan hecho, les dijo:\u00a0 \u00abVenite seorsum in desertum locum, et requiescite\u00bb Marc.6 \u00abVenid un poco a un lugar solitario, para estar all\u00ed durante alg\u00fan tiempo descansando tranquilamente\u00bb. Y eso es lo que el Sr. Vicente procuraba a sus miembros durante las vacaciones espirituales que les hac\u00eda tomar. Buena parte de ellas las empleaban en hacer los actos del Retiro, las confesiones anuales y la renovaci\u00f3n de su interior. Porque a las personas que se dedican a la salvaci\u00f3n de los dem\u00e1s y a las funciones apost\u00f3licas les sucede lo que a los relojes, que, seg\u00fan van sirviendo al p\u00fablico, se les van bajando las pesas, y se paran. Por eso necesitan de un cuidado especial para reparar la p\u00e9rdida que causa la disipaci\u00f3n externa con la pr\u00e1ctica del recogimiento interior. Y el Sr. Vicente para eso les dec\u00eda a veces:<\/p>\n<p><em>\u00abque la vida de un misionero deb\u00eda ser la vida de un cartujo en casa y de un ap\u00f3stol en el campo, y que, cuanto m\u00e1s cuidadosamente trabaje en su perfecci\u00f3n interior, tanto m\u00e1s fructuosos ser\u00e1n sus actividades y sus trabajos en el bien espiritual de los dem\u00e1s\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y en una carta que escribi\u00f3 el a\u00f1o 1631 a uno de sus sacerdotes, habl\u00e1ndole del mismo tema: <em>\u00abLlevamos \u2014dice\u2014 una vida casi tan solitaria en Par\u00eds como la de los cartujos, porque no predicamos, ni catequizamos, ni confesamos en la ciudad, casi nadie se preocupa de nosotros, y tampoco nosotros nos preocupamos de nadie. Y esta soledad nos hace desear el trabajo del campo y el trabajo en la soledad\u00bb<\/em><\/p>\n<p><strong>\u00a7. IV Consejos del Sr. Vicente a sus misioneros referentes a la forma de actuar con los herejes en las misiones<\/strong><\/p>\n<p>As\u00ed como se encuentran con frecuencia herejes en los sitios donde se dan misiones, particularmente en ciertas provincias, como las de Guyena, Languedoc, Poitou, etc., donde la ciza\u00f1a se ha extendido m\u00e1s que en otras partes; as\u00ed, el Sr. Vicente, cuya caridad no conoc\u00eda l\u00edmites, y que se preocupaba de la salvaci\u00f3n de esos descarriados con tanto afecto como de las de los dem\u00e1s, quer\u00eda que los de su Compa\u00f1\u00eda se dedicaran, seg\u00fan sus posibilidades, en las misiones a procurar la conversi\u00f3n de los herejes con quienes se tropezaban. Pero para tener \u00e9xito les prescrib\u00eda varias normas que la experiencia le hab\u00eda dado a conocer como muy convenientes para ese fin.<\/p>\n<p>Estaba persuadido de que las discusiones y las disputas en materia de religi\u00f3n, y especialmente las que se llevan a cabo con acritud y palabras mordaces, eran en absoluto impropias para convertir herejes. Por eso a los suyos les recomendaba que las evitaran totalmente, sobre todo, las invectivas y las recriminaciones. Dec\u00eda a este prop\u00f3sito que la gente docta no pod\u00eda ganarle al demonio en soberbia, porque \u00e9l tiene a\u00fan m\u00e1s que ellos, pero que, por el contrario, lo vencer\u00edan f\u00e1cilmente con la humildad, porque era un arma de la que no pod\u00eda usar \u00e9l. Y a\u00f1ad\u00eda que no hab\u00eda visto ni o\u00eddo que un hereje se convirtiera con la sutileza de un argumento, pero s\u00ed con la mansedumbre y con la humildad.<\/p>\n<p>Aunque el Sr. Vicente no fuera de la opini\u00f3n de que sus misioneros se metieran en debates y disputas con los herejes, con todo les recomendaba que aprendieran con inter\u00e9s todo lo perteneciente a la Teolog\u00eda pol\u00e9mica y a las controversias para estar preparados, seg\u00fan la m\u00e1xima del pr\u00edncipe de los ap\u00f3stoles, para dar raz\u00f3n de su fe, defendiendo la verdad y convenciendo la falsedad de los errores contrarios; conversando amistosamente con los herejes, y respondiendo mansamente a sus objeciones, m\u00e1s bien para convertirlos que para confundirlos. Y siempre les ha obligado a dar conferencias, y a estudiar especialmente esa cuesti\u00f3n. Pongo a continuaci\u00f3n lo que escribi\u00f3 sobre ese tema el a\u00f1o 1628, desde la ciudad de Beuvais, donde entonces estaba, a quien hab\u00eda dejado en su ausencia la direcci\u00f3n del Colegio de Bons-Enfants de Par\u00eds.<\/p>\n<p><em> \u00ab\u00bfC\u00f3mo sigue la Compa\u00f1\u00eda? \u00bfEst\u00e1n todos bien de salud? \u00bfEst\u00e1n alegres? \u00bfContin\u00faan observando los peque\u00f1os reglamentos? \u00bfEstudian y se ejercitan en la controversia? Y \u00bfse observa el orden prescrito? Le suplico, se\u00f1or, que se esfuercen en dominar el manual de B\u00e9can. Es imposible ponderar bastante la utilidad de ese peque\u00f1o libro. Dios ha querido servirse de este desgraciado (est\u00e1 hablando de s\u00ed mismo) para la conversi\u00f3n de tres personas, despu\u00e9s de salir yo de Par\u00eds. Y tengo que confesar que la mansedumbre, la humildad y la paciencia en el trato con estos pobres descarriados es el alma de este bien. He dedicado dos d\u00edas para convertir a uno. Los otros dos no me han costado tanto. He querido decirle esto para mi confusi\u00f3n, para que la compa\u00f1\u00eda vea que, si Dios ha querido servirse del m\u00e1s ignorante y desgraciado de ella, con mayor eficacia se servir\u00e1 de cada uno de los de dicha compa\u00f1\u00eda\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Esa era su norma, unir a la doctrina y al estudio de la controversia una buena provisi\u00f3n de humildad, de mansedumbre, de paciencia, para servirse de ellas cuando hab\u00eda que hablar o discutir con los herejes. Quer\u00eda tambi\u00e9n que se les manifestara respeto y afecto, no para halagarlos en sus errores, sino para ganar m\u00e1s f\u00e1cilmente y eficazmente sus almas. Sobre todo cre\u00eda que la vida virtuosa y ejemplar de los cat\u00f3licos, y, en especial, de los eclesi\u00e1sticos y de los misioneros tendr\u00edan mayor fuerza que ninguna otra cosa para arrancarlos del error, y hacerles abrazar la verdadera religi\u00f3n. Eso es lo que m\u00e1s ha inculcado en sus cartas, como, cuando entre otras, escribiendo al superior de la casa de Sedan, le habla en esos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em>\u00abCuando el Rey lo envi\u00f3 a Sedan, fue con la condici\u00f3n de no disputar nunca con los herejes, ni desde el p\u00falpito, ni en particular, sabiendo que eso sirve de poco y que muchas veces se hace m\u00e1s ruido que fruto. La vida buena y el buen olor de las virtudes cristianas llevadas a la pr\u00e1ctica atrae a los descarriados al camino recto, y confirma en \u00e9l a los cat\u00f3licos. As\u00ed es como la Compa\u00f1\u00eda podr\u00e1 hacer algo en la ciudad de Sedan, a\u00f1adiendo a los buenos ejemplos los actos de nuestras funciones, instruyendo al pueblo seg\u00fan nuestros usos, predicando contra el vicio y las malas costumbres, hablando de la necesidad, la belleza y la pr\u00e1ctica de las virtudes y de los medios de adquirirlas. En eso es en lo que usted debe trabajar principalmente. Y si desea hablar de algunos puntos de controversia, no lo haga, a no ser que aluda a ello el evangelio del d\u00eda: entonces podr\u00e1 usted sostener y probar las verdades que combaten los herejes, e incluso responder a sus razones, pero sin nombrarlos para nada y sin hablar de ellos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y uno de los Hermanos de la Congregaci\u00f3n de la misi\u00f3n, muy h\u00e1bil cirujano, tuvo la idea de marchar a la isla de Madagascar para ayudar al establecimiento de la fe por medio de las posibilidades de su arte y de su caridad. El Sr. Vicente le envi\u00f3, para embarcarse, a la Rochela en el mes de diciembre del a\u00f1o 1659, con otros sacerdotes de su misma Compa\u00f1\u00eda. Pero el buen hermano, cuando vio que varios hugonotes iban a realizar el mismo viaje que \u00e9l y a embarcarse en el mismo barco que los deb\u00eda llevar a aquella isla, sufri\u00f3 una grave contrariedad, y la dio a conocer al Sr. Vicente por una carta. El prudente superior de los misioneros le respondi\u00f3 de esta manera:<\/p>\n<p><em> \u00abEstoy muy apenado, porque he sabido que usted va a tener algunos herejes en su barco y, por consiguiente, tendr\u00e1 mucho que sufrir por parte de ellos. Pero en fin, Dios es el Amo, y as\u00ed lo ha permitido por unas razones que no conocemos; quiz\u00e1s para obligarle a usted a estar m\u00e1s recatado en presencia de ellos, m\u00e1s humilde, y m\u00e1s devoto para con Dios, y m\u00e1s caritativo para con el pr\u00f3jimo; as\u00ed ver\u00e1n la hermosura y la santidad de nuestra religi\u00f3n y, por ese medio, se ver\u00e1n movidos a volver a ella. Ser\u00e1 necesario evitar con cuidado exquisito toda clase de disputas y de invectivas contra ellos, mostrarse paciente y bondadoso, incluso cuando digan algo contra usted, o contra nuestra fe y nuestras costumbres. La virtud es tan hermosa y tan amable, que se ver\u00e1n obligados a amarla en usted, si la practica bien. Es de desear que en los servicios que va a prestar usted a Dios en el barco, no haga ninguna acepci\u00f3n de personas, y que tampoco haga distinci\u00f3n entre los cat\u00f3licos y los hugonotes, para que \u00e9stos sepan que usted los ama en Dios. Espero que sus buenos ejemplos aprovechar\u00e1n a unos y otros. Cuide su salud, se lo ruego, y la de los misioneros\u00bb, etc<\/em><\/p>\n<p><strong>\u00a7. V De los frutos en general producidos por las misiones del Sr. Vicente y los suyos<\/strong><\/p>\n<p>Ya que, seg\u00fan la frase del Evangelio, el \u00e1rbol se conoce por sus frutos, y que no hay se\u00f1al m\u00e1s segura de su bondad y fertilidad, que ver la abundancia y la utilidad de los frutos que producen, no podr\u00edamos conocer mejor la excelencia y la utilidad de las misiones, y de los trabajos de los misioneros instruidos por el Sr. Vicente, que relatando los efectos saludables que han causado y los grandes bienes que han producido en toda la Iglesia. Diremos en primer lugar algo sobre los frutos en general, y despu\u00e9s bajaremos al detalle y a lo particular, pero todo sencillamente y sin ninguna exageraci\u00f3n, porque no pretendemos aqu\u00ed hacer un paneg\u00edrico, sino un sencillo relato donde, no obstante, el lector hallar\u00e1 tanta mayor satisfacci\u00f3n y a\u00fan edificaci\u00f3n, cuanto que ver\u00e1 la pura verdad de las cosas contadas sin ning\u00fan artificio y con la mayor sinceridad.<\/p>\n<p>Hemos dicho en la parte primera c\u00f3mo, a\u00fan antes de que el Sr. Vicente instituyera la Congregaci\u00f3n, empez\u00f3 sus primeras misiones el a\u00f1o 1617, y las fue predicando hasta el a\u00f1o 1625, no s\u00f3lo en los pueblos y las aldeas de varias di\u00f3cesis, sino tambi\u00e9n en el Hospital de Petites Maisons de Par\u00eds y en el de los Galeotes, y en Burdeos, en las galeras. Le ayudaron en ellas varios eclesi\u00e1sticos de erudici\u00f3n y de piedad, y tambi\u00e9n de condici\u00f3n y de nacimiento. No conocemos el n\u00famero de misiones que predic\u00f3 \u00e9l en persona durante esos siete u ocho primeros a\u00f1os; pero consta que las dio en casi todas las tierras de la casa de Gondi, comprendiendo en ellas las de la se\u00f1ora generala de las Galeras, que abarcaban cerca de cuarenta poblaciones entre ciudades, pueblos y aldeas; y que, adem\u00e1s, predic\u00f3 en otros sitios. Despu\u00e9s del nacimiento de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, hecho que ocurri\u00f3 el a\u00f1o 1625, hasta el a\u00f1o 1632 en que se estableci\u00f3 en San L\u00e1zaro, dieron entre \u00e9l y los suyos, cuando menos ciento cuarenta misiones. Y despu\u00e9s del a\u00f1o 1632 hasta la muerte del gran siervo de Dios, s\u00f3lo la casa de San L\u00e1zaro por orden suya hab\u00eda dado unas setecientas misiones; y en varias de ellas ha trabajado con gran bendici\u00f3n. Si a todas esas se a\u00f1aden todas las que han predicado las otras casas de su Compa\u00f1\u00eda repartidas en m\u00e1s de veinticinco di\u00f3cesis, de dentro y de fuera del reino de Francia, \u00bfqui\u00e9n podr\u00e1 concebir la magnitud, la extensi\u00f3n, y la multiplicidad de los bienes que ha conseguido para gloria de Dios y para utilidad de su iglesia? \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 decir cu\u00e1ntas personas, que estaban en ignorancia criminal de las cosas de su salvaci\u00f3n, han sido instruidas en las verdades que ten\u00edan obligaci\u00f3n de saber? \u00bfcu\u00e1ntas otras que se hab\u00edan estancado durante toda su vida en el estado de pecado han sido recuperadas con las confesiones generales? \u00bfcu\u00e1ntos sacrilegios, que se comet\u00edan en la recepci\u00f3n indigna de los sacramentos, han sido reparados? \u00bfcu\u00e1ntas enemistades y cu\u00e1ntos odios desarraigados, y cu\u00e1ntas usuras desterradas? \u00bfcu\u00e1ntos concubinatos y otros esc\u00e1ndalos eliminados?. Pero tambi\u00e9n, \u00bfcu\u00e1ntas pr\u00e1cticas religiosas y actos caritativos instaurados? \u00bfcu\u00e1ntas buenas obras y virtudes se han puesto en pr\u00e1ctica en lugares donde ni siguiera eran conocidas? Y adem\u00e1s, \u00bfcu\u00e1ntas almas santificadas y salvadas, que glorifican ahora a Dios en el cielo, que, sin la ayuda que recibieron en las misiones, quiz\u00e1s habr\u00edan perseverado en sus pecados hasta la muerte, y que ahora blasfemar\u00edan y maldecir\u00edan de Dios con los demonios en el infierno? S\u00f3lo El que conoce la magnitud y el n\u00famero de todos los bienes que su gracia ha obrado por el ministerio de sus servidores en los trabajos apost\u00f3licos, y que los publicar\u00e1 un d\u00eda para su mayor gloria. Y para comprender todo en pocas palabras, me parece que su Providencia misericordiosa ha querido usar las misiones para cooperar eficazmente a los principales efectos que hab\u00eda determinado producir por medio de la Encarnaci\u00f3n de su Hijo, y que hab\u00eda hecho predecir por su profeta, a saber:Borrar la iniquidad, abolir y exterminar el pecado, y restablecer la santidad y la justicia\u00bb.Con la esperanza de que Dios descubrir\u00e1 en la eternidad todo eso, solamente referiremos algunas peque\u00f1as muestras en los cap\u00edtulos siguientes. Pero antes haremos aqu\u00ed unas observaciones necesarias sobre este asunto.<\/p>\n<p>La primera es que los misioneros no han puesto por escrito los frutos de sus misiones<\/p>\n<p>Han preferido hacer buenas obras que escribirlas, y lo que vamos a presentar lo \u00a0hemos encontrado por casualidad hace poco por aqu\u00ed y por all\u00e1, en algunas cartas, entre tant\u00edsimas, escritas tanto por los obispos en cuyas di\u00f3cesis el Sr. Vicente hizo trabajar siguiendo \u00f3rdenes de ellos, como por los misioneros de su Congregaci\u00f3n al darle cuenta de las misiones. Si hubiera podido revisarlas todas, habr\u00eda hallado todav\u00eda cosas mucho mejores, pero ser\u00eda demasiado inmenso hablar largo y tendido acerca de ese tema, y lo poco que vamos a referir servir\u00e1 para juzgar del resto.<\/p>\n<p>La segunda observaci\u00f3n es que el Sr. Vicente no quer\u00eda que sus misioneros hicieran los trabajos aprisa y corriendo; sino que les dedicaran todo el tiempo disponible y necesario para llevarlos bien a cabo, y para conseguir el fruto que se propon\u00edan, que era la instrucci\u00f3n de los ignorantes, la conversi\u00f3n de los pecadores, la santificaci\u00f3n de las almas y el restablecimiento del servicio de Dios. Y a tal fin, cuando trabajaban en alg\u00fan sitio, no se marchaban hasta que todo el pueblo hubiera quedado bien instruido y puesto en estado de salvarse, empleando para eso cinco o seis semanas en los pueblos mayores, aunque, a decir verdad, el tiempo que de ordinario empleaban en las aldeas medianas era de tres semanas m\u00e1s o menos, y para lugares m\u00e1s peque\u00f1os, quince d\u00edas o poco m\u00e1s.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, con el fin de que los que trabajaban en las misiones estuvieran mejor dispuestos para darlas con bendici\u00f3n, el Sr. Vicente instituy\u00f3 una regla: que todos los que iban a darse a Dios para servirle en la Congregaci\u00f3n, renunciaran a todos los cargos y a la gesti\u00f3n de los negocios; y as\u00ed desprendidos de todo y enteramente libres, pudieran dedicarse sin ning\u00fan impedimento a las funciones caritativas de las misiones, y, a imitaci\u00f3n del Hijo de Dios, ir de aldea en aldea a evangelizar a los pobres.<\/p>\n<p>Aunque el principal proyecto del Sr. Vicente haya sido proveer a las necesidades casi extremas de los pobres del campo, y aunque haya aplicado especialmente a ese servicio y esa asistencia a los de su Compa\u00f1\u00eda, no por eso ha tenido menos caridad para con los habitantes de las ciudades. Porque ha animado e impulsado a varios virtuosos eclesi\u00e1sticos, particularmente a los que se re\u00fanen en San L\u00e1zaro para las Conferencias espirituales a emprender misiones en diversas ciudades del reino, e incluso, en la de Par\u00eds. All\u00ed, asistidos con los caritativos consejos y la prudente direcci\u00f3n del Sr. Vicente, han logrado \u00e9xito con una gran bendici\u00f3n. Y no s\u00f3lo los que han sido empleados por \u00e9l se han dedicado a esas santas actividades; tambi\u00e9n hemos visto a un gran n\u00famero de otros eclesi\u00e1sticos, despu\u00e9s de que el Sr. Vicente hab\u00eda fundado su Congregaci\u00f3n de misioneros, unirse y asociarse, y hasta formar unas Compa\u00f1\u00edas en varias Provincias para dar misiones y trabajar en la instrucci\u00f3n y en la salvaci\u00f3n de los pueblos; unos, imit\u00e1ndole y animados por su celo; otros, alentados por el \u00e9xito de sus misiones, y algunos puede ser que por emulaci\u00f3n. Pero el gran siervo de Dios animado por una caridad verdaderamente apost\u00f3lica aprobaba, apreciaba y alababa siempre much\u00edsimo todo lo que se hac\u00eda para el servicio de Dios, ya fuera por su imitaci\u00f3n o por emulaci\u00f3n, o por alg\u00fan otro motivo. No le importaba, con tal de que Jesucristo fuera anunciado, su Santo Nombre conocido y glorificado, y las almas redimidas por su sangre, santificadas y salvadas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISIONES DEL SE\u00d1OR VICENTE SECCI\u00d3N I : De las misiones en general No es necesario que hagamos aqu\u00ed un largo discurso para hacer ver al lector la necesidad o la utilidad de las misiones llevadas &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-1\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[266,5],"tags":[218,119,143],"class_list":["post-31831","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly","tag-gondi","tag-san-lazaro"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 1, Secci\u00f3n 1 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-1\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 1, Secci\u00f3n 1 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"MISIONES DEL SE\u00d1OR VICENTE SECCI\u00d3N I : De las misiones en general No es necesario que hagamos aqu\u00ed un largo discurso para hacer ver al lector la necesidad o la utilidad de las misiones llevadas ... 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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