{"id":31298,"date":"2014-03-21T08:01:22","date_gmt":"2014-03-21T07:01:22","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=31298"},"modified":"2016-07-27T12:08:05","modified_gmt":"2016-07-27T10:08:05","slug":"frere-antoine-grenon-1620-1693","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/frere-antoine-grenon-1620-1693\/","title":{"rendered":"Fr\u00e9re Antoine Grenon (1620-1693)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\"><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/santiago-ramiro-abadia-ortiz\/biografias-paules-345\/\" rel=\"attachment wp-att-128931\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-128931\" alt=\"Biografias Pa\u00fales\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/01\/Biografias-Pa%C3%BAles.jpg?resize=232%2C300\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>El hermano Antoine Grenon, nacido en Roupier, di\u00f3cesis de Rouen, fue recibido en el seminario de Par\u00eds el 8 de marzo de 1645, a la edad de veinticinco a\u00f1os. Hizo los votos en 1648, y muri\u00f3 en Troyes el 27 de octubre de 1693. Tuvo la suerte de ver por largo tiempo a nuestro santo fundador y a los primeros misioneros. Sus buenos ejemplos y sus santos discursos le inspiraron, por la gracia de Dios, tanta estima y amor por su vocaci\u00f3n que form\u00f3 una firme resoluci\u00f3n de adquirir su esp\u00edritu y cumplir todas sus obligaciones, cosa que hizo practicando puntualmente las reglas y las pr\u00e1cticas de la Congregaci\u00f3n, y ejercit\u00e1ndose en las virtudes que le son propias. Persever\u00f3 en este mismo fervor en todos los empleos que le fueron confiados, y en todas las casas a donde fue destinado, mostr\u00e1ndose siempre y en todo lugar como un verdadero modelo de virtud y de regularidad propias de un buen misionero y. para expresar con pocas palabras la bondad de su vida y el m\u00e9rito de sus acciones, bastar\u00eda con decir que su vida entera ha sido una pr\u00e1ctica continua, ferviente y exacta de todo lo que se contiene en las reglas comunes y particulares en sus empleos; pero como sobresal\u00eda en toda clase de virtudes y como era tan ordenado en su conducta, se ha cre\u00eddo conveniente escribir el relato siguiente para la mayor gloria de Dios, el consuelo de los que le han conocido y la edificaci\u00f3n de cuantos oigan hablar de su virtuosa y buena vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su fe. \u2013 <\/em>Se mostraba lleno de fe en cuanto a todos los misterios de nuestra santa religi\u00f3n:<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify\">\n<li>por el recogimiento extraordinario que se ve\u00eda en \u00e9l los d\u00edas de las mayores solemnidades que se encuentran en el a\u00f1o;<\/li>\n<li>por su porte humilde, modesto e inm\u00f3vil en la iglesia durante el tiempo de los oficios, a los que asist\u00eda casi siempre de rodillas;<\/li>\n<li>por la diligencia que pon\u00eda en servir devotamente a las misas;<\/li>\n<li>por atenci\u00f3n con que se comportaba;<\/li>\n<li>por las frecuentes visitas que hac\u00eda al Sant\u00edsimo Sacramento en el curso del d\u00eda, cuando sus empleos se lo permit\u00edan;<\/li>\n<li>por el gran respeto con el que asist\u00eda la celebraci\u00f3n de los divinos oficios ya que, con el fin de tener el esp\u00edritu m\u00e1s libre y m\u00e1s aplicado, no quer\u00eda tomar esos d\u00edas ni bebida ni alimento en el desayuno;<\/li>\n<li>por la facilidad que ten\u00eda para ver el sentido de los santos evangelios que se propon\u00eda como asunto de meditaci\u00f3n;<\/li>\n<li>por la veneraci\u00f3n que ten\u00eda a las santas reliquias, de las que siempre llevaba una encima;<\/li>\n<li>por el culto que daba a las im\u00e1genes de Nuestro Se\u00f1or, de la sant\u00edsima Virgen y de los santos, que colgaba en su habitaci\u00f3n y en los oficinas donde trabajaba;<\/li>\n<li>por el uso devoto que hac\u00eda del agua bendita, de la que se serv\u00eda a menudo contra las tentaciones y en especial durante su \u00faltima enfermedad: se hac\u00eda dar con frecuencia agua bendita, y pidi\u00f3 incluso dos veces en la \u00faltima media hora de su vida;<\/li>\n<li>por la preparaci\u00f3n cuidada que hac\u00eda antes de confesarse o de comulgar;<\/li>\n<li>por la devoci\u00f3n que ten\u00eda a hablar de Dios y a recitar oraciones vocales: era muy fiel en recitar todos los d\u00edas el rosario meditando los misterios en el esp\u00edritu de la fe m\u00e1s viva;<\/li>\n<li>por \u00faltimo por la compasi\u00f3n que ten\u00eda por la ceguera de la mayor parte de los hombres, que se comportan m\u00e1s bien por las m\u00e1ximas del mundo que por las del Evangelio. \u00ab<em>Ellos no conocen estas verdades<\/em>, dec\u00eda muchas veces suspirando; <em>si conocieran estas m\u00e1ximas, no hablar\u00edan, no actuar\u00edan como lo hacen. Oh, qu\u00e9 poca fe hay entre los cristianos<\/em>\u00ab. Siempre ha demostrado su gran fe por sus excelentes sentimientos de religi\u00f3n y por los actos que produc\u00eda, sobre todo asistiendo con gran veneraci\u00f3n y devoci\u00f3n a la santa misa, a la oraci\u00f3n y observando fielmente sus votos.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su esperanza. \u2013<\/em>Ten\u00eda tambi\u00e9n una gran esperanza en Dios, y todos los d\u00edas le ped\u00eda con confianza en los m\u00e9ritos de Jesucristo y en la intercesi\u00f3n de la sant\u00edsima Virgen y del Esp\u00edritu Santo y las gracias que necesitaba, y sobre todo el don de oraci\u00f3n, la vigilancia sobre s\u00ed mismo y la observancia exacta del silencio. Obtuvo todas estas gracias mucho antes de su muerte. Por el mismo motivo se sent\u00eda todav\u00eda obligado a orar por todas las necesidades p\u00fablicas y particulares de la Congregaci\u00f3n y por los que se encomendaban\u00a0 a sus oraciones a causa de la\u00a0 de la gran estima que ten\u00edan de su virtud. En estas circunstancias a\u00f1ad\u00eda a sus oraciones el ayuno y otras mortificaciones. Dec\u00eda en su \u00faltima enfermedad que har\u00eda una injuria a la bondad y al poder infinito de Dios, si no tuviera la confianza de obtener el perd\u00f3n de sus pecados y la vida eterna. Esta misma confianza le hac\u00eda suspirar frecuentemente hacia los bienes del Para\u00edso, y deseaba verse pronto libre de las miserias de la vida para compartir la felicidad de los santos. Por alg\u00fan tiempo se vio unido al servicio de uno de los pensionistas de San L\u00e1zaro; era el hijo de un duque, par y mariscal de Francia, de una robusta y fuerte corpulencia, pero de un cerebro muy pobre. No obstante ten\u00eda suficiente esp\u00edritu para decir. \u00abEste hombrecito tiene muchas ganas de ir al cielo. Y le estimaba de tal manera que cuando le enviaron a Troyes, lo reclam\u00f3 con insistencia, pero lo que por encima de todo hace ver la grandeza de su esperanza es que en la mayor violencia de los dolores de su \u00faltima enfermedad, repet\u00eda estas palabras de san Francisco de Sales: \u00abEl bien que espero es tan grande que lo que sufro se cambia en placer. Y que estas otras palabras de san Pablo en la segunda a los Corintios (IV, 17): Las aflicciones breves y ligeras que sufrimos en esta vida producen en nosotros un peso eterno de gloria. <em> <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su amor a Dios.<\/em> \u2014 Se puede f\u00e1cilmente conocer que amaba a Dios con toda su alma, con todo su coraz\u00f3n y con todo su esp\u00edritu por la exactitud con la que observaba los mandamientos de Dios y de la Iglesia, las reglas y las pr\u00e1cticas de la Congregaci\u00f3n y por la atenci\u00f3n que pon\u00eda en evitar las menores faltas y las menores imperfecciones, y por \u00faltimo todo lo que puede favorecer el amor propio. Ten\u00eda una caridad tal que todas las aflicciones del esp\u00edritu, las tentaciones del demonio del que eras molestado con frecuencia, las repugnancias\u00a0 que le naturaleza experimenta en la pr\u00e1ctica de la virtud, no fueron nunca capaces de separarle del amor de su Dios; por el contrario, era entonces cuando rezaba con mayor piedad y m\u00e1s se mortificaba. En estas ocasiones, sus pensamientos se volv\u00edan siempre hacia Dios, y ten\u00eda buen cuidado de no perderlo de vista. Para ello, llevaba de ordinario un crucifijo en las manos mientras ten\u00eda salud, y con m\u00e1s frecuencia todav\u00eda cuando estaba enfermo; por eso muri\u00f3 teniendo el crucifijo en las manos. Una de las razones que le hac\u00edan suspirar tanto despu\u00e9s del cielo era estar fuera de peligro de ofender a Dios. toda la pena que ten\u00eda en su \u00faltima enfermedad ven\u00eda de no poder dedicarse a Dios\u00a0 seg\u00fan su costumbre, por eso ped\u00eda a su confesor que le sugiriera los medios propios para levantar su esp\u00edritu abatido por la fuerza del mal y por la debilidad de su cuerpo y para pensar en este divino objeto de su amor. El m\u00e9dico le pregunt\u00f3 una vez en qu\u00e9 ocupaba sus pensamientos; \u00e9l le contest\u00f3 sencillamente \u00abEn los fervientes deseos que ten\u00eda el santo anciano Sime\u00f3n de ver al Mes\u00edas\u00bb. Pero luego se arrepinti\u00f3 de haber manifestado este buen sentimiento, y a\u00f1adi\u00f3 enseguida: \u00abY yo no os he descubierto mis pensamientos de impaciencia\u00bb. El m\u00e9dico confes\u00f3 que estaba soberanamente sorprendido al ver a este buen hermano tan desprendido del mundo y de su propia vida y tan unido a Dios. Medio cuarto de hora antes de expirar, dijo a su director que le ayudara a hacer un acto de amor de Dios; de manera que muri\u00f3 en el ejercicio actual de la santa caridad y del santo amor de dios, como por lo dem\u00e1s hab\u00eda vivido. Y como la boca no habla m\u00e1s que de la abundancia del coraz\u00f3n, se advirti\u00f3 tambi\u00e9n que este hermano ten\u00eda por costumbre alimentar todos sus discursos con palabras de piedad, y era muy h\u00e1bil en apartar la conversaci\u00f3n de todo otro objeto. Cuando sal\u00eda de la casa, como cuando entraba, se le ve\u00eda siempre igualmente unido a Dios de coraz\u00f3n y de esp\u00edritu<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su amor al pr\u00f3jimo<\/em>. \u2014El amor que ten\u00eda al pr\u00f3jimo era cristiano y perfecto. Ten\u00eda costumbre de alabar m\u00e1s en \u00e9l las gracias y las virtudes que los talentos naturales. Rezaba por \u00e9l, le daba buen ejemplo y, si se presentaba el caso, consejos saludables, animando a todo el mundo a su adelanto espiritual por todos los medios convenientes a su estado. Animaba a los dem\u00e1s a la huida del pecado con avisos afectuosos. Se alegraba de sus progresos en la virtud, como se entristec\u00eda y gem\u00eda por sus ca\u00eddas. Viv\u00eda en una gran paz y uni\u00f3 con sus hermanos y soportaba sin queja sus defectos e imperfecciones. Y les ayudaba de buena gana en sus trabajos y los compadec\u00eda en sus penas. Como era portero, distribu\u00eda con gusto las limosnas a los pobres seg\u00fan las disposiciones de los superiores, y a menudo interced\u00eda ante ellos para aumentar la cifra de estas limosnas. Recog\u00eda los frutos que ca\u00edan de los \u00e1rboles y los restos de las comidas para d\u00e1rselos a los pobres. Se convert\u00eda en su abogado ante los Srs. eclesi\u00e1sticos del seminario y de las personas piadosas, para conseguirles socorros. Acompa\u00f1aba la limosna corporal con la espiritual instruyendo a los pobres en los art\u00edculos del catecismo y sobre los deberes de un buen cristiano. Visitaba con mucha caridad a los enfermos de la casa, los consolaba con charlas edificantes y les procuraba todos los alivios posibles. Se interesaba ante Dios por su salvaci\u00f3n con oraciones y mortificaciones extraordinarias. Un sacerdote de la casa se hallaba en peligro de muerte, el hermano Grenon, durante ese tiempo, se levantaba varias veces por la noche para rogar a Dios buenos ratos y con insistencias para que le diera la salud, y la obtuvo al final por su perseverancia. Un hermano, que hab\u00eda estado alg\u00fan tiempo con \u00e9l, dijo que era un placer verle trabajar en todo momento, pero sobre todo cuando estaba en misiones. Su caridad era tan fuerte que trabajaba por cuatro para servir a cada uno seg\u00fan su necesidad, y mostraba siempre a los operarios evang\u00e9licos una gran alegr\u00eda, haci\u00e9ndoles buen recibimiento y sirvi\u00e9ndoles con j\u00fabilo de su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su oraci\u00f3n.<\/em> \u2014 Ten\u00eda un atractivo particular por la oraci\u00f3n a la que se dedicaba, incluso estando todav\u00eda en el mundo, a ejemplo de un virtuoso doctor a cuyo servicio estaba, y que se retiraba varias veces al d\u00eda de su trato con el mundo para conversar con Dios seg\u00fan los consejos de nuestro bienaventurado Padre. Era san Vicente mismo quien le hab\u00eda colocado en casa del doctor y le serv\u00eda sin recibir ning\u00fan salario, y le acompa\u00f1aba s\u00f3lo para ir a misi\u00f3n. Cuando lleg\u00f3 a Misionero, aparte de la hora destinada a la oraci\u00f3n, empleaba en ello todo el tiempo que le quedaba libre, despu\u00e9s de cumplir las funciones que le prescrib\u00eda la obediencia, as\u00ed como por la noche cuando no pod\u00eda dormir, lo que era frecuente. Observaba en\u00a0 este ejercicio el m\u00e9todo de san Francisco de Sales, y aunque recibiera en \u00e9l luces extraordinarias, no por eso se humillaba menos delante de Dios por sus defectos, y se esforzaba por corregirse y ser mejor cada d\u00eda. Se inflamaba en el amor pr\u00e1ctico de la virtud que ped\u00eda continuamente a Dios, y se prescrib\u00eda actos particulares que realizar en la jornada. Se manten\u00eda en una postura muy recogida y muy humilde, y casi siempre de rodillas, en un lugar alejado de la l\u00e1mpara y del pasillo. Se le ha encontrado en salas arrodillado con el rostro contra el suelo, y sumido en el\u00a0 en el ejercicio de la oraci\u00f3n. All\u00ed era donde se retiraba, durante el invierno despu\u00e9s de la oraci\u00f3n de la comunidad, y deb\u00eda pasar un gran fr\u00edo durante su vejez; pero, a fin de no interrumpir su oraci\u00f3n, no quer\u00eda acudir a la cocina para tomar aire caliente. Ten\u00eda costumbre de decir que prefer\u00eda conversar con Dios que con los hombres. Provocaba la compunci\u00f3n\u00a0 y la edificaci\u00f3n en la familia por sus charlas, cuando le ped\u00edan que hablara en las repeticiones de la oraci\u00f3n y en las conferencias, lo que hac\u00eda con sencillez, prudencia y humildad.\u00a0 Los superiores le reconoc\u00edan como muy versado en el ejercicio de la oraci\u00f3n. San Vicente sobre todo conoc\u00eda esta cualidad de este buen hermano; por eso le enviaba a diferentes casas, a petici\u00f3n de se\u00f1ores y se\u00f1oras, para formar a sus criados en el ejercicio de la oraci\u00f3n; le empleaba por igual para ejercitar a los j\u00f3venes hermanos. Uno de estos \u00faltimos, que tuvo m\u00e1s de una vez la ocasi\u00f3n de conversar con \u00e9l mientras estaban juntos en Cr\u00e9cy aseguraba que hab\u00eda advertido que estaba siempre atento a la presencia de Dios, incluso en el tiempo del trabajo, y que le dec\u00eda repetidas veces: \u00abVenga, hermano, \u00e1nimo, conviene hablar con Dios con buenas ganas, y repetir oraciones jaculatorias, deseos ardientes de poseerle, tener con frecuencia coloquios con Nuestro Se\u00f1or, con la sant\u00edsima Virgen, con los \u00e1ngeles y los santos; hemos de tener una devoci\u00f3n especial a nuestro venerable Padre y a santa Teresa, que estaba abrasada en el amor de Dios\u00bb. \u00c9l mismo hab\u00eda trascrito en un librito oraciones tomadas de las obras de esta gran santa, que le serv\u00edan para mantenerse siempre unido a Dios. El mismo hermano se dio cuenta tambi\u00e9n que el hermano Grenon hac\u00eda de ordinario su oraci\u00f3n sobre una de las siete peticiones del <em>Pater<\/em> <em>Noster, <\/em>y confesaba que se sent\u00eda todo encendido de amor cuando le explicaba el m\u00e9todo del que se serv\u00eda para meditar una cualquiera de estas peticiones, y las resoluciones que sacaba de ellas. Su resoluci\u00f3n m\u00e1s ordinaria era observar un gran silencio y el recogimiento bien interior bien exterior; se entregaba mucho a los afectos en la oraci\u00f3n, sobre todo cuando meditaba sobre los t\u00edtulos que Nuestro Se\u00f1or toma en la Sagrada Escritura, como los de padre, hermano, m\u00e9dico, pastor y otros parecidos. Pero las meditaciones sobre la pasi\u00f3n y muerte de Jesucristo animaban m\u00e1s que el resto su fervor y santificaban sus acciones. \u00abAl verle, dec\u00eda este mismo hermano, se hubiera dicho que estaba ya en el cielo. A veces, tuve el placer de contemplarle con atenci\u00f3n, sobre todo los d\u00edas de comuni\u00f3n, y cuando asist\u00eda a la santa misa. Cerraba los ojos, y todo en Dios, mostraba entonces un rostro sonriente; le ocurr\u00eda lo mismo en la oraci\u00f3n. Oh, qu\u00e9 encanto produc\u00eda o\u00edrle en las repeticiones de oraci\u00f3n, en las conferencias y en las charlas familiares, en las cuales hablaba de la abundancia de su coraz\u00f3n\u00bb. Veamos ahora c\u00f3mo se port\u00f3 el hermano en todas las casas donde ha estado. Le ayudaba en gran manera a obrar bien\u00a0 la oraci\u00f3n. Hablando un d\u00eda de esto, dec\u00eda: \u00abLa oraci\u00f3n es la primera regla, la que es de mayor importancia, el que falta a ella falta a todas las dem\u00e1s. Por falta de oraci\u00f3n, un hombre se encuentra sin recogimiento, disipado y sin devoci\u00f3n \u00ab. Este buen hermano hab\u00eda recogido muchas oraciones bellas, tiernas y devotas, dirigidas a Nuestro Se\u00f1or, a la sant\u00edsima Virgen y a los dem\u00e1s santos, y las recitaba con gran devoci\u00f3n, deteni\u00e9ndose con un afecto particular en los buenos sentimientos que se expresaban en ellas. Hab\u00eda copiado tambi\u00e9n los m\u00e1s hermosos p\u00e1rrafos de los libros espirituales y las principales m\u00e1ximas de la vida interior. Los le\u00eda con frecuencias y hac\u00eda de ellos asunto de sus meditaciones y de sus piadosas reflexiones, en el curso del d\u00eda. Por sus repeticiones de oraci\u00f3n, se ve\u00eda muy bien que se entregaba a reducir a la pr\u00e1ctica sus meditaciones. Despu\u00e9s de su muerte, todos se disputaban estos breves escritos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su<\/em> <em>prudencia<\/em>. \u2013Este querido hermano edificaba mucho por la circunspecci\u00f3n y la prudencia de sus palabras. No dec\u00eda nunca nada que pudiera vulnerar el honor de Dios o la reputaci\u00f3n de su pr\u00f3jimo y hablaba siempre a favor de los dem\u00e1s. Discreto en sus preguntas y en sus respuestas, juzgaba y hablaba de las cosas seg\u00fan el esp\u00edritu y los sentimientos del Evangelio, pero nunca seg\u00fan las m\u00e1ximas del mundo. Empleaba todos los medios posibles para procurar el adelanto espiritual de su pr\u00f3jimo y hacerle llegar a la salvaci\u00f3n eterna. Ten\u00eda tal discernimiento que descubr\u00eda lo fuerte y lo d\u00e9bil de cada persona, y distingu\u00eda muy bien a los que tend\u00edan en serio a la virtud de los que s\u00f3lo ten\u00edan apariencias. Pero \u00e9l no descubr\u00eda nada sino cuando era necesario. Su prudencia brillaba sobre todo\u00a0 en los medios justos y apropiados que empleaba para remediar los defectos p\u00fablicos o particulares, y en la atenci\u00f3n que pon\u00eda en no decir nunca nada que no estuviera relacionado perfectamente con su estado, y por \u00faltimo en el cuidado en el que evitaba las ocasiones de disipaci\u00f3n y dem\u00e1s faltas. Todos su superiores estaban bien convencidos de su prudencia, de caridad, de su discreci\u00f3n y de su desinter\u00e9s, y de que no obraba nunca por pasi\u00f3n ni por capricho m\u00e1s que, cuando quer\u00edan ser informados del estado general o particular de la familia en la que estaba, no ten\u00edan m\u00e1s que dirigirse a \u00e9l. No obstante, \u00e9l no se ocupaba en examinar la conducta de cada uno, sino que ten\u00eda tal delicadeza de conciencia y tal uni\u00f3n con Dios, que sin escrutar nada en las acciones de los dem\u00e1s, descubr\u00eda en ellas los menores \u00e1tomos de imperfecci\u00f3n. Pero no hablaba de ello nunca m\u00e1s que con los que pod\u00edan y deb\u00edan remediarlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su justicia. \u2013<\/em>Era tan justo en dar a cada uno lo que se le deb\u00eda, como no se puede serlo m\u00e1s: a Dios el culto, el amor y el servicio absoluto; a la sant\u00edsima Virgen y a los santos, los actos de una s\u00f3lida devoci\u00f3n; a la Congregaci\u00f3n, la fidelidad, el agradecimiento y el trabajo; a los superiores y oficiales de la casa obediencia; a los sacerdotes, el respeto; a sus iguales, la ayuda; a los defectuosos, el deber de la correcci\u00f3n fraterna; a los enfermos, visitas llenas de consuelo con todos los alivios imaginables; a los pobres, los socorros espirituales\u00a0 y corporales; a los afligidos, la compasi\u00f3n; a los presentes, el honor conveniente; a los ausentes, el cuidado por su reputaci\u00f3n; por \u00faltimo, al pr\u00f3jimo, todos los oficios de caridad, de piedad y de gratitud cristianas, como en juzgar bien y favorablemente de los dem\u00e1s, amar sincera y cordialmente a todo el mundo, hablar de ellos con toda la caridad posible, dar a todos el ejemplo de las virtudes y prestarle los servicios que se pueden, ayudarle con frecuentes correcciones u buenos consejos, vivir con todos en paz y buena inteligencia, con modos sociales y convenientes, a quien vive en comunidad; agradecer con diligencia y humildad por el menor servicio recibido, y poner atenci\u00f3n en hacerse todo a todos por el amor de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su fuerza<\/em>. \u2013Ten\u00eda una fuerza admirable y generosidad de coraz\u00f3n: 1\u00ba haci\u00e9ndose \u00e9l mismo violencia continua, y al hombre viejo una guerra implacable; 2\u00ba refrenando sus pasiones y regulando sus sentidos; 3\u00ba reprimiendo su car\u00e1cter ardiente y melanc\u00f3lico; 4\u00ba sufriendo valerosamente todas las aflicciones de esp\u00edritu y las tentaciones por las que fue probado, y los dolores de varias debilidades que tuvo que soportar en su vejez, como el peso de sus fatigas corporales, de las que no se dispens\u00f3 nunca, ni siquiera en la edad m\u00e1s caduca; 5\u00ba tomando de buena gana los remedios m\u00e1s amargos, y dejando de buena gana sus devociones ordinarias, cuando la obediencia le dec\u00eda otra cosa; 6\u00ba por \u00faltimo, no temiendo las repugnancias que acompa\u00f1an de ordinario a la pr\u00e1ctica de la virtud, y sobre todo la sumisi\u00f3n, el aguante de los caracteres antip\u00e1ticos, la paciencia en los malos tratos y la cercan\u00eda de la muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su templanza<\/em>. \u2013Su abstinencia y sobriedad eran pruebas evidentes de su perfecta templanza. No com\u00eda ni beb\u00eda m\u00e1s que para satisfacer la pura necesidad de reparar las fuerzas corporales. Se absten\u00eda de todo lo que pod\u00eda halagar el gusto y la sensualidad, huyendo del menor atisbo Practicaba siempre la mortificaci\u00f3n en sus comidas, escuchando \u00e1vidamente la lectura de mesa, y no sal\u00eda del refectorio antes de la lectura del martirologio, a fin de disfrutar por m\u00e1s tiempo del alimento espiritual. Como consecuencia de esta pr\u00e1ctica, se hab\u00eda formado una especie de letan\u00eda con los nombres de muchos santos a quienes invocaba como a sus protectores particulares para obtener las virtudes en las que ellos hab\u00edan sobresalido, como la paciencia de san Lorenzo, la afabilidad de san Francisco de Sales, etc.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">No solamente regulaba todos sus sentidos exteriores, como la vista, el o\u00eddo, el tacto, manteni\u00e9ndolos en los l\u00edmites de la honradez cristiana, sino que tambi\u00e9n les negaba el uso de cosas l\u00edcitas. En una palabra, se puede decir que el pudor y la modestia se ve\u00edan de tal manera en su rostro y en su porte, que serv\u00eda de predicaci\u00f3n\u00a0 muda pero eficaz a quien le mirara atentamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su sencillez<\/em>. \u2013Era sincero en sus palabras, sencillo en sus intenciones, enemigo del respeto humano y de los vanos terrores, de las mentiras y de los equ\u00edvocos, del disimulo y de los cumplidos, del fingimiento y de la hipocres\u00eda; hu\u00eda de todo artificial de la prudencia de la carne, y reglaba su exterior y su interior con una constante igualdad de esp\u00edritu.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Consideraba a sus superiores en Jesucristo, y a Jesucristo en ellos, y as\u00ed sent\u00eda por ellos una veneraci\u00f3n particular, pero sin afectaci\u00f3n. Les daba cuenta fielmente de todo lo que advert\u00eda de defectuoso sin que le detuviera el temor de nadie; no buscaba nada m\u00e1s que a Dios y no ten\u00eda otra pretensi\u00f3n que agradarle en todo lo que pensaba, dec\u00eda o hac\u00eda. Amaba tanto esta virtud de sencillez que sufr\u00eda mucho cuando ve\u00eda a alguien actuar por respeto humano o por pol\u00edtica. Le cost\u00f3 mucho sobre todo cuando supo lo que hab\u00eda pasado en una asamblea y que le parec\u00eda un poco alejado de esta virtud y del esp\u00edritu primitivo de nuestro Instituto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su humildad<\/em>. \u2013Ten\u00eda un sentimiento muy bajo de s\u00ed mismo, y buscaba con sus palabras y sus actos comunic\u00e1rselo a los dem\u00e1s. A menudo, con una profunda convicci\u00f3n, se llamaba un miserable pecador; se condenaba de ordinario a s\u00ed mismo cuando hablaba durante los retiros que hac\u00eda con la comunidad. Se humillaba profundamente publicando sus defectos, pidiendo penitencia, y encomend\u00e1ndose a las oraciones de la comunidad para obtener la gracia de corregirse y llegar a la pr\u00e1ctica de la virtud. Estando en el mundo, hab\u00eda hecho sus estudios de gram\u00e1tica y aprendi\u00f3 la lengua latina, pero nunca dej\u00f3 entrever que entend\u00eda el sentido de los pasajes latinos de la santa Escritura. No pod\u00eda aguantar que le alabaran y aprovechaba las alabanzas para hablar de s\u00ed mismo con desprecio. A veces, en su ancianidad, le preguntaban cu\u00e1ntos a\u00f1os ten\u00eda de vocaci\u00f3n, \u00e9l se contentaba con responder que desde hac\u00eda mucho abusaba de las gracias de Dios; pero que por cierto \u00e9l no abusaba de su ancianidad, ya que no hablaba de lo que hab\u00eda hecho o de lo que pod\u00eda redundar en su alabanza. Trabajaba de buena gano bajo otro hermano m\u00e1s joven que \u00e9l, y le ayudaba lo que pod\u00eda en su oficio, hasta en su m\u00e1s avanzada edad. Lavaba y secaba la vajilla de la cocina de pie y recitando oraciones, y compromet\u00eda a sus hermanos a hacer lo mismo; barr\u00eda tambi\u00e9n las m\u00e1s viles inmundicias. Por esp\u00edritu de humildad y con el permiso de los superiores, hab\u00eda dejado su h\u00e1bito de color negro para llevar los h\u00e1bitos usados de los dem\u00e1s, y se presentaba a veces de una manera tan miserable que era capaz de hacer re\u00edr a los externos. Esta misma humildad le llevaba, por gratitud, a escribir de vez en cuando al Sr. Jolly, \u00abpara renovar, dec\u00eda \u00e9l, el recuerdo de los beneficios que he recibido de vos en particular y de mi querida madre la Congregaci\u00f3n que tantos a\u00f1os me ha aguantado y me soporta todav\u00eda hoy\u00bb. Tales eran los t\u00e9rminos en los que escrib\u00eda y que le suger\u00eda su gran humildad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su afabilidad<\/em>. \u2013Su exterior gracioso mostraba bien su afabilidad; ten\u00eda siempre el rostro sereno y palabras dulces, moderadas y amables en los labios, incluso para los que le maltrataban con palabras o acciones descorteses. No ten\u00eda para ellos la menor sombra de resentimiento, y no les respond\u00eda con ning\u00fan reproche. Las debilidades y enfermedades m\u00e1s agudas no pudieron nunca perturbar la paz y la tranquilidad de su coraz\u00f3n, ni amargar la dulzura de sus respuestas. Cuando era portero recib\u00eda a todos con educaci\u00f3n, los escuchaba con amabilidad y les satisfac\u00eda lo mejor posible; tambi\u00e9n todos los externos estaban maravillados de \u00e9l y hablaban maravillas. Los pobres, bien que importunos y a veces insolentes, nunca lograron irritarle ni arrancar de su boca una palabra de impaciencia ni de amargura. Los caracteres m\u00e1s extravagantes, los procedimientos m\u00e1s ofensivos nunca le han llevado a quejas o a impaciencias, o a decir que no pod\u00eda vivir as\u00ed o a acomodarse a semejantes maneras de hacer. Qu\u00e9 dulzura de coraz\u00f3n no necesitaba para suavizar las amarguras de todos los malos tratos, de todas las antipat\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su mortificaci\u00f3n<\/em>. \u2013Era su virtud querida, la que ten\u00eda su predilecci\u00f3n y que ha practicado constantemente y universalmente, en su exterior y su interior, hasta su muerte. Ten\u00eda de ordinario los ojos bajos y controlaba su lengua con mando; siempre ha demostrado que era el se\u00f1or, guardando un exacto y religioso silencio. Cuando se ve\u00eda obligado a hablar con los externos, no buscaba jam\u00e1s informarse de los asuntos o de las noticias del mundo, y hasta le resultaba insufrible que los dem\u00e1s lo hicieran en su presencia; evitaba todas las conversaciones\u00a0 favorables a su persona o perjudiciales al pr\u00f3jimo, y sobre todo los que eran contrarios al respeto debido a los superiores o a los Srs. sacerdotes. Nunca se le o\u00eda hablar de su tierra, ni de sus padres ni de las aventuras de su vida. Sufr\u00eda con agrado el fr\u00edo del invierno, el calor del verano, y en todos los tiempos el hambre o la sed. Regularmente se aplicaba la disciplina una vez a la semana y ped\u00eda de vez en cuando permiso para hacerlo con m\u00e1s frecuencia. En sus comidas no tomaba apenas m\u00e1s que agua; cuando tomaba vino lo\u00a0 hac\u00eda con tal cantidad de agua que perd\u00eda todo su gusto. Por lo dem\u00e1s, com\u00eda poco y de su parte lo menos agradable; no tocaba nunca lo que se serv\u00eda de extraordinario y, los d\u00edas de ayuno, se contentaba casi siempre con un solo plato. Le gustaba servirse con los restos de los dem\u00e1s, y hab\u00eda pedido a Dios la gracia de perder el gusto por todo lo que pod\u00eda halagar los sentidos. A veces dorm\u00eda en una esterilla sin manta, o tambi\u00e9n en una tabla con una manta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Estaba muy contento cuando le enviaban a las granjas de la casa, porque entonces iba a pie a pesar de sus setenta a\u00f1os, y aunque hubiera que hacer seis leguas; porque all\u00ed sobre todo pod\u00eda llevar una vida m\u00e1s austera. No com\u00eda m\u00e1s que un poco de pan y carne salada, cocida de d\u00edas, y no beb\u00eda por lo general m\u00e1s que agua y dorm\u00eda sobre paja. Edificaba mucho a la gente de la tierra. Asist\u00eda en la iglesia a todos los oficios los domingos y las fiestas, se acercaba\u00a0 los sacramentos como en casa, y programaba el tiempo para poder o\u00edr la santa misa todas las ma\u00f1anas y cuidar de las cosas temporales sin descuidar las espirituales. La gente de estas granjas se quejaron m\u00e1s de una vez\u00a0 del poco cuidado que ten\u00eda de su salud, ya que en lugar de reponerse mientras que os obreros, a quienes deb\u00eda vigilar, tomaban sus comidas, \u00e9l se pon\u00eda a hacer oraci\u00f3n. Los trataba con mucha afabilidad, aunque su temperamento fuera proclive a la c\u00f3lera. Era un hermano que val\u00eda su peso en oro; siempre igual a s\u00ed mismo, ejemplar tanto en casa como en el campo, y no hab\u00eda peligro de que dejara nunca hacer nada contra las reglas en cosa de importancia. Nunca se vio qua se haya tomado diversi\u00f3n alguna, y moderaba hasta la risa cuando ten\u00eda la ocasi\u00f3n de demostrar su alegr\u00eda, y aun entonces se reservaba. De la misma manera sab\u00eda mortificar su vista; lo hac\u00eda sobre todo al llegar a los lugares donde se deb\u00edan dar las misiones, durante el tiempo que permanec\u00eda all\u00ed, y cuando se marchaba. Adem\u00e1s, estaba muy atento a mortificar el primer movimiento de las pasiones y la ligereza de la imaginaci\u00f3n; hu\u00eda de la inutilidad de los pensamientos y la obstinaci\u00f3n del juicio por medio de su aplicaci\u00f3n continua a la presencia de Dios. Mortificaba los deseos y los afectos del amor propio como tambi\u00e9n el apego a su propia voluntad, firme en no querer ni desear otra cosa que lo que Dios le ped\u00eda. Y como amaba mucho esta virtud de la mortificaci\u00f3n, se complac\u00eda en o\u00edr hablar de ella y en hablar de ella con los dem\u00e1s; y no se le pod\u00eda producir una satisfacci\u00f3n mayor que presentarle actos en su presencia, pues sab\u00eda muy bien que sin la mortificaci\u00f3n no se pueden adquirir las dem\u00e1s virtudes y que con ella se poseen todas en un grado perfecto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su celo<\/em>. \u2013Ten\u00eda un gran celo por su propia perfecci\u00f3n, por la salvaci\u00f3n eterna de su pr\u00f3jimo y por el bien espiritual de la Congregaci\u00f3n. Cumpl\u00eda con fervor todos los ejercicios de piedad, incluso en la \u00e9poca de sus enfermedades; practicaba de continuo las virtudes propias\u00a0 de su estado y se serv\u00eda de todos los medios posibles para sacrificarse por completo a Dios. Se ingeniaba para ayudar a los miembros de la Congregaci\u00f3n y tambi\u00e9n a los externos en su adelanto espiritual con sus oraciones o sus mortificaciones, con sus buenos ejemplos y sus charlas espirituales; se entregaba de buena gana a instruir a los hermanos j\u00f3venes en las reglas y las pr\u00e1cticas de la Congregaci\u00f3n y ense\u00f1arles a cumplir devotamente con su oficio; hacer repetir a los criados encomendados a sus cuidados los puntos principales de la doctrina cristiana, y hablar con todos de cosas de piedad, lo que hac\u00eda de buenas maneras y con mucho esp\u00edritu y con gran satisfacci\u00f3n del que le escuchaba. Cuando distribu\u00eda en la puerta la limosna a los pobres, les preguntaba si rezaban a Dios por la ma\u00f1ana y la noche, y si asist\u00edan devotamente a la santa misa los d\u00edas de fiesta, si se confesaban de cuando en cuando durante el a\u00f1o y si se aprend\u00edan las cosas necesarias para la salvarse y todo lo que debe saber un buen cristiano, y por \u00faltimo si les preocupaba la salvaci\u00f3n de su alma. Un d\u00eda habiendo o\u00eddo decir que el jansenismo duraba todav\u00eda, hizo muchas mortificaciones y oraciones para obtener que fuera destruido por completo, y pidi\u00f3 con mucha insistencia a profesores del seminario que le hicieran buena guarra. Como amaba a la congregaci\u00f3n tan tiernamente como un ni\u00f1o ama a su madre, trabajaba con sus oraciones y mortificaciones extraordinarias para obtener de Dios para ella la conservaci\u00f3n de su esp\u00edritu primitivo y la fidelidad a sus reglas y a sus pr\u00e1cticas, que tanto le importaban. Compromet\u00eda a muchos hermanos a respetarlas y a estimarlas, y les comunicaba los sentimientos de san Vicente respecto a la observancia de las reglas; y tomaba a menudo su defensa contra los que no hablaban de ellas con toda la reverencia debida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Este mismo celo le hac\u00eda atento y vigilante en observar las menores faltas, de manera que, aunque no viera gran cosa de un ojo, pues hab\u00eda perdido el otro, se enteraba no obstante de toda falta en esta materia, y todos estaban tan persuadidos de ello que nadie se atrev\u00eda en su presencia a obrar o hablar contra la regla, pues no dejaba pasar ninguna inobservancia, por peque\u00f1a que fuese, sin procurarle el remedio conveniente. Bastaba que los Srs. eclesi\u00e1sticos del seminario se dieran cuenta que se hallaba en el patio para mantenerse modestos y callados; y si ten\u00edan entre ellos alguna dificultad, el primero que le ve\u00eda aparecer dec\u00eda \u00abAh\u00ed tenemos al hermano Antoine, y en el mismo instante todos se callaban y se preparaban a escuchar, tal era la fuerza de su celo y de sus buenos ejemplos. Ten\u00eda siempre gran placer en ir a misiones aunque le costara mucho por una hernia respetable. All\u00ed llevaba una vida muy pobre y muy austera en lo referente a su alimentaci\u00f3n, su lecho y sus ropas. No tomaba m\u00e1s que los restos de los dem\u00e1s y, por esp\u00edritu de humildad, no quer\u00eda comer con los sacerdotes y cuando estaba a punto de partir de un lugar para ir a otro, todo su alimento consist\u00eda en un\u00a0 trozo de pan seco mientras hac\u00eda las maletas. Durante el invierno, en casa o en misi\u00f3n, no se acercaba nunca al fuego para calentarse. Le gustaba mucho estar delante del sant\u00edsimo Sacramento los momentos que sus ocupaciones le dejaban libres, y dec\u00eda que los hermanos de la Misi\u00f3n no tienen tiempo para el recreo pues tienen cantidad de ocupaciones diversas durante el d\u00eda. Tomaba de ordinario en misi\u00f3n un lugar retirado en la iglesia, detr\u00e1s de alguna columna para no verse molestado mientras asist\u00eda las v\u00edsperas y, cuando pod\u00eda, a los sermones. Mostraba siempre una gran atenci\u00f3n y un gran respeto por la palabra de Dios, de cualquier manera que fuera anunciada al pueblo. Animaba tambi\u00e9n a los misioneros j\u00f3venes a este santo ministerio, y se entregaba de continuo a pedir a Dios por la conversi\u00f3n de las almas. Era igual de celoso por la pureza de su alma, nunca se paraba a conversar con las personas del sexo, y ten\u00eda mucho cuidado de impedir que ninguna mujer entrara en las habitaciones de los misioneros. Era tan exacto y recogido en todos los ejercicios de piedad y\u00a0 en sus empleos como si estuviera en su casa y no se negaba nunca a hacer la lectura de mesa, aunque hubiera estado trabajando todo el d\u00eda, y dec\u00eda por costumbre\u00a0 que la lectura espiritual le serv\u00eda de descanso. Advert\u00eda a los superiores cuando ve\u00eda que com\u00edan algo con el pan en el desayuno, y con esta misma santa libertad y con prudencia, les expon\u00eda los defectos que hab\u00eda notado en cualquiera otra ocasi\u00f3n. Este celo le hac\u00eda querer\u00a0 tiernamente a los buenos obreros y a la Congregaci\u00f3n entera, porque trabajaba por la salvaci\u00f3n de las almas, y se entristec\u00eda mucho cuando ve\u00eda faltas o inobservancias de regla, y mucho m\u00e1s cuando alguno volv\u00eda a las cebollas de Egipto. No dejaba pasar ning\u00fan d\u00eda sin traer a cuento algunas palabras o alg\u00fan rasgo de nuestro santo fundador, contando su manera de hablar o de actuar, a fin de ayudar a los dem\u00e1s as\u00ed a entrar en su esp\u00edritu.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su pobreza<\/em>. \u2013Le gustaba y practicaba fielmente la pobreza. Se vest\u00eda y se alimentaba como un pobre sin quejarse nunca; se contentaba con lo que se le daba y ped\u00eda frecuentemente los h\u00e1bitos viejos y usados por los dem\u00e1s y se los pon\u00eda aun as\u00ed por mucho tiempo, con todos los remiendos. No ten\u00eda nada propio; jam\u00e1s daba nada ni recib\u00eda nada sin permiso; no hab\u00eda que temer que no rindiera cuenta al procurador y que no le devolviera por la noche el resto del dinero que hab\u00eda tenido a disposici\u00f3n durante el d\u00eda; pues era \u00e9l quien iba a hacer las provisiones, y hac\u00eda sus compras con mucho ahorro. \u00c9l ten\u00eda igualmente un gran cuidado de de los bienes y de los muebles de las comunidad y de todo o que depend\u00eda de \u00e9l. no contento con cuidar de lo que estaba a su disposici\u00f3n, recog\u00eda todo lo que ve\u00eda abandonado o en peligro de perderse, y si ve\u00eda alguna prodigalidad en el alimento o en lo dem\u00e1s, avisaba amablemente a los oficiales o a los que cuidaban de esas cosas. Inspiraba adem\u00e1s su amor por la pobreza a los otros hermanos, y les recordaba que hab\u00edan hecho voto de ello a Nuestro Se\u00f1or, y si observaba que alguno pusiera afectaci\u00f3n en sus ropas, o mostrara alguna repugnancia en llevar vestidos de un color o de una forma diferentes de los que se les daban, se lo dec\u00eda enseguida a los que pod\u00edan poner remedio a este mal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su castidad<\/em>. \u2013Era muy casto, mortificando siempre sus sentidos exteriores e interiores; entregado casi de continuo a la oraci\u00f3n, incluso mientras trabajaba, caminaba siempre en la presencia de Dios. Hu\u00eda con todo cuidado de la conversaci\u00f3n vana e in\u00fatil, de toda delicadeza, como de todo exceso en el comer y en el beber; evitaba la pereza y la ociosidad; observaba un riguroso silencio y una absoluta templanza acompa\u00f1ada de la actividad y del amor al trabajo. Llevaba los ojos tan modestos que saliendo a la ciudad con un compa\u00f1ero, no sab\u00eda siquiera con qui\u00e9n hab\u00eda hablado este compa\u00f1ero y no miraba nunca a la cara de las personas de otro sexo, y hu\u00eda siempre que pod\u00eda de la ocasi\u00f3n de hablarles; y cuando estaba obligado a hacerlo, por su oficio de portero, les respond\u00eda con unas palabras y se retiraba al momento; para con sus hermanos no demostraba nunca ninguna amistad particular, y se guardaba cuidadosamente de no transgredir esta regla que proh\u00edbe tocarse unos a otros, ni siquiera jugando.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su obediencia<\/em>. \u2013Consideraba la virtud de la obediencia como el camino m\u00e1s seguro para llegar a la perfecci\u00f3n y unirse a Dios. Por eso daba mucha importancia a todo lo que ven\u00eda de parte de los superiores, honrando a Nuestro Se\u00f1or en su persona, y con toda sumisi\u00f3n de su voluntad y de su juicio a sus \u00f3rdenes; y adem\u00e1s emprend\u00eda valientemente su defensa contra los que quer\u00edan buscar de qu\u00e9 criticar. Aunque el buen hermano amara mucho la pr\u00e1ctica de la mortificaci\u00f3n y los ejercicios de la vida interior, como las oraciones, las lecturas espirituales, la asistencia a la santa misa y dem\u00e1s ejercicios parecidos, no hac\u00eda ninguno extraordinario sin los debidos permisos, y dejaba de buena gana los ejercicios de piedad para ejecutar lo que se le mandaba. Aparte de eso, descubr\u00eda sinceramente sus penas y sus tentaciones a los superiores lo antes que pod\u00eda, y recib\u00eda las respuestas y los remedios que le daban como venidos de la mano de Dios, y se somet\u00eda a ellos con confianza y respeto. Fue siempre fiel a la pr\u00e1ctica de no pedir ni rehusar, puntual en hallarse en los lugares destinados a recibir los avisos y las \u00f3rdenes de los superiores, en los d\u00edas y en los momentos indicados. Practicaba la misma obediencia en sus enfermedades, bien con los remedios, bien con la santa comuni\u00f3n, aunque deseara mucho recibirla m\u00e1s a menudo que el uso de la Congregaci\u00f3n no le permit\u00eda<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su paciencia<\/em>. \u2013Se ha advertido su paciencia en la paz y la calma con que soport\u00f3 muchas contradicciones y reproches por parte de aquellos mismos que deb\u00edan tener con \u00e9l m\u00e1s consideraciones, as\u00ed como en las frecuentes enfermedades que padeci\u00f3 en el curso de su larga vida, en su fidelidad a la observancia de las reglas y en la frecuencia de sus actos de mortificaci\u00f3n. La atenci\u00f3n que ten\u00eda de notar los defectos que ve\u00eda y de informar a quien por derecho serv\u00eda para m\u00e1s de un reproche t\u00e1cito por su negligencia y despreocupaci\u00f3n, y a veces se atra\u00eda por ello palabras desagradables y malos procedimientos; pero \u00e9l no se turbaba por ello ni se inquietaba tampoco. Desde hac\u00eda tiempo ya ten\u00eda una hernia importante que le hac\u00eda sufrir mucho pero no quiso excusarse de caminar ni de trabajar como si se hallar en plena salud. No llevaba siquiera el vendaje, \u00fanico remedio a este mal, a fin de tener ocasi\u00f3n de sufrir m\u00e1s y de practicar la paciencia. \u00abTengo mucho gusto, dec\u00eda este buen hermano tan amante de los sufrimientos, al ver caerse esta casa de barro\u00bb. Con la misma paciencia sufri\u00f3 muchos accesos de fiebre y la p\u00e9rdida de un ojo, varios a\u00f1os antes de su muerte. Se vio varias veces en peligro de perder el otro, pero conservaba la misma resignaci\u00f3n a la divina Providencia. La p\u00e9rdida de su ojo le ocasion\u00f3 flujos\u00a0 ardientes con violentos dolores de cabeza que soport\u00f3 siempre sin la menor queja. En estas ocasiones, tomaba por las buenas los remedios m\u00e1s repugnantes y soportaba bien las operaciones m\u00e1s dolorosas. No conced\u00eda en sus enfermedades ninguna satisfacci\u00f3n a la sensualidad y no exig\u00eda esos alivios que la humanidad busca a menudo bajo pretexto de necesidad o de convalecencia; pero \u00e9l se somet\u00eda por completo a las \u00f3rdenes del m\u00e9dico y del enfermero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su regularidad. \u2013<\/em>Observaba con gran exactitud las peque\u00f1as reglas como las m\u00e1s importantes y hasta las menores pr\u00e1cticas de la Congregaci\u00f3n. Asist\u00eda con fervor a la oraci\u00f3n y tomaba en ella resoluciones pr\u00e1cticas conformes a sus necesidades; a los ex\u00e1menes particulares, y no faltaba y se dirig\u00eda para ello a la capilla saliendo de la mesa. Iba tambi\u00e9n exactamente a la capilla para el examen general un poco antes que los dem\u00e1s, a fin de tener m\u00e1s tiempo para recogerse y preparar su esp\u00edritu a hacer los actos propios en este devoto ejercicio. No dejaba de hacer cada tres meses su comunicaci\u00f3n interior con sinceridad y docilidad; la hac\u00eda por escrito y de viva voz, y cada a\u00f1o hac\u00eda el retiro acostumbrado. Asist\u00eda de buena gana a las peque\u00f1as conferencias que se dan a los hermanos despu\u00e9s de cenar los d\u00edas de fiesta y los domingos, y observaba seg\u00fan su costumbre una gran modestia, sent\u00e1ndose sin apoyarse en el respaldo del banco para no dormir, y si sent\u00eda venir al sue\u00f1o se pon\u00eda de pie para combatirlo. A los dem\u00e1s les hac\u00eda tambi\u00e9n la caridad de despertarlos cuando se dorm\u00edan, y escuchaba con una santa avidez todo lo que se dec\u00eda. Era puntual en servirse devotamente del agua bendita y en hacer de rodillas una breve oraci\u00f3n al salir de su habitaci\u00f3n o al entrar, como en visitar el sant\u00edsimo Sacramento al salir de casa o a su regreso. Los d\u00edas de su vocaci\u00f3n ped\u00eda permiso para comulgar, se humillaba delante de la comunidad y se encomendaba a sus oraciones. Era diligente en prepararse desde la noche a la meditaci\u00f3n del d\u00eda siguiente y no iba a acostarse hasta las nueve menos cuarto. Por la ma\u00f1ana a las cuatro se levantaba siempre sin luz y se encontraba de los primeros en la oraci\u00f3n. Los d\u00edas en que a causa de la enfermedad o de la edad, se le permit\u00eda descansar se levantaba\u00a0 a las cinco y media. Los viernes no tomaba nada antes de comer. Era dif\u00edcil reportar a los superiores las faltas que ve\u00eda cometer contra las reglas o los usos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Era tambi\u00e9n muy exacto en guardar un riguroso silencio en el refectorio y en las oficinas, evitando toda ocasi\u00f3n de encontrarse\u00a0 con los dem\u00e1s junto al fuego durante el invierno, y detenerse en la cocina cuando no hab\u00eda necesidad verdadera. De vez en cuando, en el cap\u00edtulo, ped\u00eda ser avisado de sus defectos y hacer las humillaciones, y besar los pies a miembros de la casa. Avisaba igualmente en esp\u00edritu de humildad y de caridad a los que hab\u00edan pedido ser avisados. Con frecuencias se humillaba en las conferencias y en las repeticiones de oraciones, pidiendo perd\u00f3n por sus inobservancias de reglas que \u00e9l cre\u00eda cometer pero \u00e9l le\u00eda estas reglas con frecuencia y devotamente. Para conservar siempre el recogimiento, hac\u00eda actos de presencia de Dios, al son del reloj, y repet\u00eda durante el d\u00eda jaculatorias, y acompa\u00f1aba con la recitaci\u00f3n de diversas oraciones vocales. Insist\u00eda mucho ante aquel que le cortaba el pelo para que se lo cortara muy corto y de manera que sus orejas quedaran al descubierto. Pon\u00eda tambi\u00e9n atenci\u00f3n en que su abrigo como el de los dem\u00e1s hermanos no descendiera m\u00e1s abajo de las rodillas. Dec\u00eda que los reglamentos estaban hechos para ser observados y si se faltaba en los de menor importancia, se faltar\u00eda luego en los m\u00e1s fundamentales; que las reglas, decretos y resoluciones de las asambleas y las respuestas de los superiores generales eran de grande consecuencia para el bien de la Congregaci\u00f3n. Finalmente los superiores estaban de tal manera convencidos de su regularidad que le enviaron a la casa de Troyes para servir de modelo a los otros hermanos en la observancia de las reglas. Sufri\u00f3 all\u00ed mucho como se puede juzgar por la carta siguiente que escribi\u00f3 un d\u00eda a uno de los superiores mayores. \u00abOs suplico que excus\u00e9is el honor y la libertad que me tomo al escribiros, pero lo hago por la gloria de Dios y para informaros que N\u2026 y N\u2026me demuestran gran aversi\u00f3n, ya que informo de sus faltas a los superiores\u00a0 que los reprenden luego y no les dejan toda la libertad que quer\u00edan. Ponen dificultades para someterse a la regla del silencio, se los ve hablar a todas horas y divertirse juntos o con los externos contra el orden y sin necesidad. Quieren salir a la ciudad todas las semanas, hacerse amigos y divulgar en el exterior todo lo que se hace aqu\u00ed y en las dem\u00e1s casas, y para recoger all\u00ed noticias del mundo y tomar refrescos. Y como no se les permiten todos estos paseos, se enfadan y murmuran contra el superior y contra quien los ha avisado; dicen que no tengo caridad y que tengo un esp\u00edritu raro porque no quiero charlar con ellos ni entretenerme con discursos in\u00fatiles. Mi venerado y querido Padre, me echo a sus pies con toda humildad y todo el respeto posible y os ruego que dispong\u00e1is de m\u00ed como del peor de vuestros hijos\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En su \u00faltima enfermedad rogaba a menudo a uno de los confesores de la casa que fuera firme en la regularidad, y le contaba las funestas consecuencias que hab\u00eda visto de ciertos abusos que se hab\u00edan introducido insensiblemente, y le mostraba la importancia record\u00e1ndole los reglamentos hechos por san Vicente y los primeros misioneros. El mismo sacerdote le preguntaba la v\u00edspera de su muerte si no ten\u00eda nada que decir para la edificaci\u00f3n com\u00fan, y le record\u00f3 tambi\u00e9n la exacta observancia de la regla y la atenci\u00f3n a hacerla cumplir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Sus virtudes principales. \u2013 <\/em>Las principales virtudes\u00a0 que se vieron m\u00e1s en la vida de nuestro buen hermano Antoine Grenon fueron una constante y universal mortificaci\u00f3n de todos sus sentidos, de sus pasiones y de las potencias su alma, hasta su muerte; un perfecto desprendimiento de las criaturas y una entera renuncia a s\u00ed mismo; una profunda humildad, una pronta obediencia y una entrega a Dios y a la oraci\u00f3n, una vigilancia infatigable por observar todas las reglas y pr\u00e1cticas y por hacerlas observar, un fervor siempre ardiente e igual en los ejercicios de piedad y en la pr\u00e1ctica de la virtud; un gran coraje para el trabajo, para el cumplimiento de sus obligaciones y para el buen empleo del tiempo; por \u00faltimo un deseos santa y urgente de ser todo entero y totalmente de Nuestro Se\u00f1or y de llevar a \u00e9l a todos los dem\u00e1s con sus palabras y sus ejemplos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Conclusi\u00f3n de esta relaci\u00f3n. <\/em>\u2013El conjunto de todas estas virtudes le hac\u00eda igual y universalmente digno de amor y de estima, de suerte que las personas de la congregaci\u00f3n como los externos le admiraban como a un excelente cristiano, un verdadero misionero, un modelo de todas las virtudes y un hombre del todo muerto al mundo y unido santamente a su Dios. Todos los eclesi\u00e1sticos que le hab\u00edan conocido y hab\u00edan tratado con \u00e9l en el seminario mostraban hacia \u00e9l una estima extraordinaria y todos los que ven\u00edan a la puerta cuando era portero se sent\u00edan muy edificados por \u00e9l; en todas partes no se hablaba de otra cosa que de su bondad y con elogios. Esta estima aument\u00f3 maravillosamente despu\u00e9s de dejar este mundo. Entonces todos los hermanos, los criados y muchos sacerdotes de la Misi\u00f3n pidieron con insistencia tener alg\u00fan libro o alguna estampa de lo que ten\u00eda en su habitaci\u00f3n; se deseaba sobre todo el crucifijo del que tan bien se hab\u00eda servido para la santificaci\u00f3n de su alma. Todos reconocieron que el hermano Antoine hab\u00eda tenido la muerte de los justos y que su memoria ser\u00eda siempre en bendici\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El hermano Antoine Grenon, nacido en Roupier, di\u00f3cesis de Rouen, fue recibido en el seminario de Par\u00eds el 8 de marzo de 1645, a la edad de veinticinco a\u00f1os. 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