{"id":30735,"date":"2014-03-16T08:04:17","date_gmt":"2014-03-16T07:04:17","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=30735"},"modified":"2016-07-27T12:10:01","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:01","slug":"m-pierre-cabel-1618-1688","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/m-pierre-cabel-1618-1688\/","title":{"rendered":"M. Pierre Cabel (1618-1688)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\"><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/santiago-ramiro-abadia-ortiz\/biografias-paules-345\/\" rel=\"attachment wp-att-128931\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-128931\" alt=\"Biografias Pa\u00fales\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/01\/Biografias-Pa%C3%BAles.jpg?resize=232%2C300\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>El Sr. Cabel ha sido verdaderamente bueno, buen cristiano, buen sacerdote, buen misionero, buen predicador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Con gran sentimiento me veo obligado a decir pocas cosas de la vida y de las virtudes del gran siervo de Dios, el Sr. Cabel. En todas partes donde ha estado ha sido siempre \u00fatil y edificante; sin embargo, lo poco que voy a escribir sobre \u00e9l es lo que ha quedado en la memoria de algunos de nuestros hermanos a quienes ha dirigido por unos nueve a\u00f1os, teniendo en cuenta que por una parte los que le han conocido y aqu\u00e9llos con quienes ha vivido en las dem\u00e1s casas han muerto en su mayor\u00eda, y adem\u00e1s los que hubieran podido dar alguna informaci\u00f3n m\u00e1s particular no est\u00e1n en situaci\u00f3n de hacerlo, sea por su avanzada edad, sea por los excesivos asuntos, sea tambi\u00e9n porque se aplican m\u00e1s a practicar la virtud que a escribir sobre ella; a lo que a\u00f1adimos que el Sr. Cabel hac\u00eda lo posible por ocultarse a los ojos de los hombres con el fin de trabajar s\u00f3lo por Dios como lo vamos a ver.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Debemos no obstante consolarnos al recordar la queja de san Juan Cris\u00f3stomo con ocasi\u00f3n de los ap\u00f3stoles cuando recordaba lo poco que hab\u00eda quedado de los hechos heroicos de estas columnas de la Iglesia, y podemos a\u00f1adir lo mismo respecto de los primeros cristianos, los cuales seg\u00fan el informe de san Lucas no eran m\u00e1s que un solo coraz\u00f3n y una sola alma, como si hubiera querido decir que la caridad y la uni\u00f3n eran tan grandes en ellos que parec\u00edan no tener m\u00e1s que una sola alma para amar a Dios y animar a todos estos corazones con este amor y sin embargo no tenemos casi ning\u00fan conocimiento de las acciones extraordinarias y de las virtudes que han practicado porque en esta edad de oro nadie pensaba en otra cosa que en avanzar en los ejercicios de la caridad y en adelantar a su pr\u00f3jimo en la pr\u00e1ctica de la humildad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tenemos tambi\u00e9n raz\u00f3n en formular la misma queja a nuestros sacerdotes misioneros de los cuales apenas queda alguna memoria en aquellos que los han conocido m\u00e1s particularmente, tanto que a imitaci\u00f3n de los primeros cristianos cuyos ejemplos segu\u00edan, practicaban\u00a0 perfectamente las virtudes que ve\u00edan brillar tan manifiestamente en sus cohermanos; y como estimaban en poco lo que hac\u00edan, no pensaban m\u00e1s que en avanzar m\u00e1s y m\u00e1s en el camino de la perfecci\u00f3n, dejando a un lado cuanto hab\u00edan hecho para poner los ojos en lo que se imaginaban que les faltaba. Esto por delante, veamos lo que se puede decir del buen Sr. Cabel.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Sr. Cabel naci\u00f3 en Ch\u00e9sery, di\u00f3cesis de Ginebra a principios del a\u00f1o 1618; y como hab\u00eda sido ordenado sacerdote por Mons. Juste Gu\u00e9rin, sucesor de san Francisco de Sales, el 13 de marzo de 1642, vino al mundo en el tiempo que viv\u00eda a\u00fan esa luminaria ardiente y brillante de la Iglesia, ese incomparable san Francisco, a quien nuestro querido difunto\u00a0 profesaba gran devoci\u00f3n, leyendo con mucho calor y afecto las obras que aconsejaba de ordinario a los que estaban bajo su direcci\u00f3n, sobre todo las conferencias que este venerable prelado daba a las religiosas de la Visitaci\u00f3n de las que era fundador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En cuanto a las cualidades del Sr. Cabel, he advertido que era un hombre verdaderamente bueno, buen cristiano, buen sacerdote, buen misionero, buen predicador: cinco talentos que Dios da a muchos, pero no todos los hacen valer por igual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En primer lugar, un hombre verdaderamente bueno es aqu\u00e9l cuya naturaleza est\u00e1 sometida a la raz\u00f3n, y la raz\u00f3n a Dios; puedo decir despu\u00e9s de esto que el Sr. Cabel era un hombre verdaderamente bueno, no por inclinaci\u00f3n de la naturaleza, era la recta raz\u00f3n la que era su gu\u00eda en las cosas mismas en que se hubiera podido pensar a primera vista que pon\u00eda m\u00e1s movimiento de pasi\u00f3n; eso me descubri\u00f3 un d\u00eda en una ocasi\u00f3n semejante al darme raz\u00f3n de su proceder, en lo que vi que era un hombre muy razonable y que s\u00f3lo pretend\u00eda cumplir con su deber. Era sociable en extremo y pronto en prestar servicio a su pr\u00f3jimo en el momento oportuno e importuno, dejando a Dios por Dios, que es una virtud muy rara y la se\u00f1al infalible de un hombre verdaderamente bueno y de un esp\u00edritu muy razonable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esto se vio principalmente en el amor y la caridad que ten\u00eda para el pr\u00f3jimo, en particular por los encomendados a su cargo. Ten\u00eda un acceso dulce, gracioso y cordial; todas sus palabras iban ba\u00f1adas con la miel del santo afecto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Dec\u00eda con frecuencia en la conversaci\u00f3n palabritas para demostrar su afecto y animar en el camino de la virtud; iba siempre por delante en el saludo y sus palabras de ordinario con nosotros eran: Dios nos guarde, hermano; \u00bfc\u00f3mo est\u00e1is? Al despedirse, nos dec\u00eda con cari\u00f1o: Ruegue por m\u00ed, hermano y yo rogar\u00e9 por usted; y cuando nos encomend\u00e1bamos a sus oraciones, sobre todo en los retiros, dec\u00eda con gran cari\u00f1o: S\u00ed, hermano, no le olvidar\u00e9 en el altar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Cuando se enteraba que alguno de nosotros se sent\u00eda indispuesto iba al punto a visitarle para demostrarle c\u00f3mo compart\u00eda su mal, exhort\u00e1ndole a hacer buen uso y a ofrec\u00e9rselo a Dios. Hacia el final de sus d\u00edas, cuando no pod\u00eda ya sostenerse, no se cansaba de recibir amablemente a los que iban a verle, aunque le incomodara, animando incluso a los que ten\u00edan alguna preocupaci\u00f3n a enfrentarse a ella para sentirse mejor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esta gran bondad del Sr. Cabel no se ha visto menos con los Srs. pensionistas, de cuyo cuidado espiritual se hab\u00eda hecho cargo al llegar aqu\u00ed, que del nuestro, y m\u00e1s a\u00fan por el estado violento en que est\u00e1n. Iba a verlos a menudo y los consolaba, los exhortaba a la paciencia y a hacer buen uso de sus aflicciones, haciendo lo posible por procurar la libertad a los que se comportaban bien, confirm\u00e1ndolos cada vez m\u00e1s en sus buenas resoluciones, de manera que a un buen n\u00famero de ellos les ha ido bien despu\u00e9s de recibir la libertad, para gran consuelo y satisfacci\u00f3n de los padres, hasta algunos han dejado el mundo para consagrarse a Dios en comunidades religiosas donde han vivido y viven todav\u00eda con gran edificaci\u00f3n. Su caridad se ha dejado ver tambi\u00e9n\u00a0 con estos se\u00f1ores por los cuidados que se tomaba de ellos cuando estaban enfermos, sobre todo con los pobres alienados; ya que si bien en otros tiempo los visitara como a los dem\u00e1s, se ocupaba m\u00e1s de ellos en aquel tiempo, visit\u00e1ndolos tres o cuatro veces al d\u00eda para inspirarles alg\u00fan buen pensamiento o para cuidarse\u00a0 en alg\u00fan buen momento en que la raz\u00f3n aparece en algunos y ponerlos a bien con Dios y asegurar su salvaci\u00f3n, confes\u00e1ndolos y d\u00e1ndoles la absoluci\u00f3n. Tenemos un prueba de ello entre otras en la persona de uno de estos alienados que se pon\u00eda tan enfurecido que se vieron obligados a dejarle los grilletes en las manos, que romp\u00eda todo lo que encontraba, y a quien por esto le hab\u00edan empotrado el asiento, la mesa y la cama en la pared de su habitaci\u00f3n. Puesto en oraci\u00f3n el Sr. Cabel, como no dejaba de hacerlos en semejantes casos, este pobre, despu\u00e9s de dieciocho o veinte a\u00f1os de extravagancias y de locura, volvi\u00f3 en s\u00ed, se confes\u00f3 perfectamente, respondi\u00f3 muy bien al sacerdote de la parroquia que le administr\u00f3 la extrema unci\u00f3n y habr\u00eda comulgado como vi\u00e1tico si su mal que era extremo se lo hubiera permitido, pues apenas llegaba a sorber una cucharada de caldo. El Sr. Cabel era as\u00ed por su bondad y su caridad la bendici\u00f3n de esta casa de los pensionistas, haciendo entrar a estos se\u00f1ores en el buen orden y no dudo que haya impedido muchos des\u00f3rdenes en esta juventud sujeta en esta edad a sus libertades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En segundo lugar, un buen cristiano que, estando animado por el esp\u00edritu de Nuestro Se\u00f1or, le imita lo mejor que puede en su vida, en sus costumbres y en sus divinas virtudes. Los que han conocido al Sr Cabel pueden asegurar que ten\u00eda el esp\u00edritu de Nuestro Se\u00f1or y que ha trabajado tanto que le ha sido posible formarse a s\u00ed mismo, y a los que estaban bajo su direcci\u00f3n sobre este original. As\u00ed no s\u00f3lo ha tenido este nombre de cristiano, sino que el nombre ha estado seguido de las obras y ha caminado por las huellas de aqu\u00e9l\u00a0 de quien ha recibido este glorioso nombre y conformado su vida con sus m\u00e1ximas y la profesi\u00f3n de su fe, la cual ha sido muy grande como se le ha visto en el trabajo continuo que desarrollaba, a ejemplo de su divino prototipo seg\u00fan el que se moldeaba para hacer conocer a Dios cada vez mejor para que se le honrara como lo merece a lo que ven\u00edan a parar sus fecundas exhortaciones y las charlas familiares que ten\u00eda con los ordenandos, ejercitantes, pensionistas, como con otros hermanos en nuestras conferencias espirituales y comunicaciones en las que este esp\u00edritu de buen cristiano se manifestaba tan admirablemente. Amaba de tal manera a Nuestro Se\u00f1or que ten\u00eda su santo nombre casi continuamente en los labios, pronunci\u00e1ndole como ejemplo en toda ocasi\u00f3n. Instru\u00eda de maravilla a los pensionistas en los misterios que este divino Salvador ha operado para nuestra salvaci\u00f3n, cuyas fiestas se celebran en el curso del a\u00f1o; llevaba a todo el mundo a pasar estos santos d\u00edas y su octava con gran devoci\u00f3n a fin de sacar el fruto que cada fiel debe sacar con ello. Por eso en las penitencias que impon\u00eda, mandaba siempre alguna oraci\u00f3n breve diciendo por ejemplo a cada momento:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Para decir todos los d\u00edas de la octava. Hac\u00eda lo mismo para las fiestas de la sant\u00edsima Virgen y de los santos. Era muy devoto de esta incomparable Reina del cielo y de la tierra, y de todos esos grandes hombres que han imitado tan fielmente a Nuestro Se\u00f1or durante su vida; era un gozo escuchar su paneg\u00edrico que compon\u00eda los d\u00edas de sus fiestas, pues no omit\u00eda ninguno sin predicar a los pensionistas, sin olvidarse del Evangelio de los domingos, dando buenos medios para imitarlos y buenas moralejas muy eficaces para llevarlos a todos a huir del vicio y abrazar la virtud. En esto se le ve\u00eda con frecuencia cuando hablaba de tantos des\u00f3rdenes a los que los cristianos se dejaban conducir, hablaba con tal fuerza y vigor de esp\u00edritu que todos se sent\u00edan impresionados y, como ya he dicho, ha convertido a muchos. Ten\u00eda un talento maravilloso para la predicaci\u00f3n que no ocult\u00f3 sino que le ha dado la importancia seg\u00fan los planes de Dios que se lo hab\u00eda dado para su gloria y el bien de las almas. Ha ejercido este ministerio durante m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os, sabiendo bien que uno de los principales deberes de un sacerdote es anunciar la palabra de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En tercer lugar, un buen sacerdote es quien est\u00e1 colocado entre la naturaleza divina y la naturaleza humana, para honrar a una con sus sacrificios, y a la otra con sus palabras y sus ejemplos. El Sr. Cabel era el buen sacerdote que pose\u00eda estas dos partes que se piden en el pont\u00edfice, poderoso en palabras y en ejemplos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tambi\u00e9n era un verdadero disc\u00edpulo de Nuestro Se\u00f1or, piadoso en sus juicios, justo en sus consejos, devoto en el altar y en la salmodia en el coro, estable y frecuente en la iglesia a donde llegaba siempre el primero, sobrio en las comidas, prudente en la alegr\u00eda, puro en su conciencias, asiduo en la oraci\u00f3n, paciente en la adversidad, generoso en la prosperidad, rico en virtud, diligente en sus acciones, prudente en sus palabras, verdadero en sus predicaciones; por \u00faltimo, este buen sacerdote sal\u00eda de su lecho como el f\u00e9nix de su nido, sin otras llamas que las de ese gran sol de justicia que quema a los \u00e1ngeles en el cielo y los corazones angelicales en la tierra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Sr. Cabel, como verdadero sacerdote de Jesucristo, estaba lejos de ese esp\u00edritu de orgullo y de ambici\u00f3n que pierde a casi todo el mundo, y s\u00f3lo pensaba en agradar a Dios en todas las cosas y en desempe\u00f1ar bien las obligaciones de su ministerio para su mayor gloria y la salvaci\u00f3n de sus hermanos. Dios solo era su bien, en la consideraci\u00f3n que le pertenec\u00eda por entero; por eso dijo a una de nuestros hermanos que hab\u00eda ido a verle d\u00edas antes de su muerte, quien habl\u00e1ndole de la hinchaz\u00f3n de sus piernas daba se\u00f1ales de participar de sus dolores: Hermano, dice este hombre de Dios, Dios dispondr\u00e1 de m\u00ed como le plazca; es el due\u00f1o de todo, las piernas son de \u00e9l tambi\u00e9n lo mismo que todo el cuerpo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Estaba tan atento a Dios, que parec\u00eda que era visiblemente, de suerte que parec\u00eda que le gobernaba el Esp\u00edritu Santo en todo y por todas partes, y que no hablaba ni obraba sino por el movimiento de este divino Maestro, como todos los que le han conocido lo han podido observar. De ah\u00ed proced\u00edas que todas sus palabras tend\u00edan a Dios, no teniendo otra cosa que hacer por su parte que secundar los buenos sentimientos que Dios le inspiraba. Habr\u00eda estado hablando un d\u00eda entero sin cansarse, sin otro estudio ni preparaci\u00f3n que prestar atenci\u00f3n a las luces que recib\u00eda del cielo, y muchos se han admirado con frecuencia de esta gran facilidad que ten\u00eda de hablar de Dios, que es una gran prueba del amor que sent\u00eda por \u00e9l; ya que se habla de lo que se ama. Este divino amor era su peso y tambi\u00e9n toda su fuerza, que le hac\u00eda infatigable; me cont\u00f3 haber servido \u00e9l solo la parroquia de Sedan en una quincena de Pascua; hall\u00e1ndose enfermos todos los dem\u00e1s de nuestra casa. Trabajaba noche y d\u00eda sin tiempo para tomar sus comidas. Este gran amor y este gran valor le hicieron lograr bienes inmensos: era el ojo del ciego, el pie del cojo y el padre nutricio de los pobres para quienes escrib\u00eda fervorosas cartas en Par\u00eds, para procurarles grandes limosnas; era el consuelo de los afligidos y el l\u00e1tigo de los herejes que le ten\u00edan no obstante estima, vi\u00e9ndole incansable en las funciones de su ministerio. Me dijo que una vez un luterano estaba enfermo en Sedan, en casa de una mujer hugonote; al verle ella en peligro de muerte, le pregunt\u00f3 si iba a buscar al ministro de su pr\u00e9dica o al cura de la parroquia; este hombre, que era casi de su religi\u00f3n, le dijo que llamara a quien quisiera, esta mujer mand\u00f3 venir al Sr. Cabel, que puso en muy poco tiempo a este luterano en canino de salvaci\u00f3n, le hizo abjurar de sus errores y hacer profesi\u00f3n de la fe cat\u00f3lica; y una vez bien instruido, se muri\u00f3 confortado con los sacramentos. Existe un gran n\u00famero de conversiones que ha operado Dios por este siervo suyo y buen sacerdote tanto entre los cat\u00f3licos como entre los herejes; hemos visto aqu\u00ed grandes conversiones entre los pensionistas desde que ha llevado las direcci\u00f3n\u00a0 espiritual, como ya se ha dicho; de donde se puede inferir la gloria que tiene en el cielo; \u00abpues quien haya sido la causa de la conversi\u00f3n de un pecador del camino del error salvar\u00e1 su alma de la muerte y cubrir\u00e1 una multitud de pecados\u00bb, dice Santiago.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Todos somos testigos de su gran trabajo en las funciones de su vocaci\u00f3n, y puedo decir que trabajaba por cuatro, sobre todo los domingos y fiestas; desde las cuatro y cuarto, por la ma\u00f1ana, confesaba, y a menudo hasta las siete, que iba a los pensionistas, donde confesaba tambi\u00e9n; luego predicaba\u00a0 casi una hora, dec\u00eda la misa a los pensionistas, tras lo cual ven\u00eda otra vez a confesar a la sacrist\u00eda, o a asistir a la misa mayor, o al menos a una parte, ten\u00eda tanto celo en ello\u00a0 seg\u00fan el esp\u00edritu primitivo, que se le ha visto llegar despu\u00e9s de la poscomuni\u00f3n, por no haber podido venir antes, y todo ello sin tomar refresco alguno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ten\u00eda de ordinario dos ejercitantes, y a veces tres o cuatro, incluso en el tiempo en que dirig\u00eda a un grupo de nuestros hermanos en retiro, y a menudo se iba a confesar donde las Hijas de la Caridad, aparte de la direcci\u00f3n que ten\u00eda de los pensionistas y de nuestros hermanos. Escrib\u00eda tambi\u00e9n un gran n\u00famero de cartas, y me dec\u00eda que era para mantener la caridad y la uni\u00f3n, consolar, alegrar y animar a sus cohermanos. No s\u00e9 c\u00f3mo pod\u00eda encontrar tiempo para tanto trabajo, y hay que confesar que en ello ha tenido el car\u00e1cter de los mayores santos cuyas vidas est\u00e1n llenas de tan grandes trabajos que no se puede comprender c\u00f3mo pod\u00edan tener tiempo para hacer lo que han hecho, pero los santos pueden hacerlo todo bien en aqu\u00e9l que los conforta, y los malos perezosos no hacen nada m\u00e1s que mal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por \u00faltimo, este buen sacerdote era todo de todos para ganarlo a todos a Jesucristo, consider\u00e1ndose deudor de todos, de los sabios y de los ignorantes, pobres y ricos, grandes y peque\u00f1os, j\u00f3venes y ancianos; pero no hay raz\u00f3n para admirarse si el Sr. Cabel hac\u00eda tantas cosas y no se desanimaba por nada, como aceptaba de buena gana todo aquello con lo que le quer\u00edan cargar, porque habiendo comenzado desde la juventud a hacer el bien con fervor, sin volverse nunca atr\u00e1s, ha continuado y perseverado hasta el fin con el mismo ardor y un deseo insaciable de rendir a Dios y al pr\u00f3jimo todos los servicios de que era capaz; y lo que es de admirar en \u00e9l es que no ha cre\u00eddo que su edad avanzada y sus debilidades, de las que dir\u00e9 unas palabras de paso enseguida, le debieran dispensar, tan verdad es lo que dice el Esp\u00edritu Santo por la boca del Sabio, que el amor es fuerte como la muerte, y que ser\u00e1 bien dif\u00edcil que el hombre abandone en su vejez las virtudes que haya contra\u00eddo en su juventud.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Un buen misionero es el que est\u00e1 animado por el esp\u00edritu de su vocaci\u00f3n, que es una eminente participaci\u00f3n\u00a0 del esp\u00edritu de los ap\u00f3stoles, y sobre todo del primer misionero, Nuestro Se\u00f1or Jesucristo. El Sr. Cabel pose\u00eda las virtudes que componen este esp\u00edritu en un\u00a0 alto grado. Su sencillez le preservaba de todo fingimiento, hipocres\u00eda, duplicidad o disimulo. Hac\u00eda sus obras con gran tranquilidad de esp\u00edritu, sin perturbarse, aborrec\u00eda la mentira y no se excusaba de sus faltas. Cuando ve\u00eda que alguno de la Compa\u00f1\u00eda no caminaba en este esp\u00edritu, esto le produc\u00eda un vivo resentimiento, como lo ha expresado repetidas veces. Nos avisaba con sentimientos tiernos en extremo, exhort\u00e1ndonos con palabras muy impresionantes a obrar unos con otros en este esp\u00edritu de sencillez y de uni\u00f3n. Por \u00faltimo, ten\u00eda el fruto de la sencillez, que es estar sin envidia; estaba muy contento con el estado en que Dios le hab\u00eda puesto, y se manten\u00eda en \u00e9l en el orden que se dirige recto a Dios, sin querer suplantar a nadie; era enemigo de la duplicidad que es ro\u00edda por la envidia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su humildad. \u2013<\/em>Se daba poca importancia a s\u00ed mismo, aunque mucha al car\u00e1cter sacerdotal del que se sent\u00eda honrado, y sab\u00eda hacerse respetar en las ocasiones en que era necesario. Muy circunspecto en lo que pod\u00eda redundar en alabanza suya, recib\u00eda con buen coraz\u00f3n los avisos y las correcciones, diciendo claramente sus defectos, hasta donde lo permit\u00eda la prudencia. No se hallaba a gusto en las superioridades, y tan s\u00f3lo le reten\u00edan el puro amor de Dios y la obediencia; pero su humildad no dejaba pasar ninguna ocasi\u00f3n sin que insistiera ante los superiores mayores para que le libraran del cargo de superior. El Sr. Alm\u00e9ras le descarg\u00f3 del de Sedan y del de Saint- M\u00e9en, por sus muy insistentes peticiones, prefiriendo ser inferior que superior, de obedecer a todos en lugar de mandar a uno solo, lo que da a entender que no aspiraba a los primeros puestos y que, seg\u00fan el esp\u00edritu de san Pedro, su patr\u00f3n, no ambicionaba tener dominio sobre el clero, sino que se contentaba con ser de buena gana el modelo del reba\u00f1o por la pr\u00e1ctica de la humildad. El afecto que ten\u00eda hacia esta virtud se vio durante todo el tiempo que dirigi\u00f3 a los Srs. pensionistas. Le amaba tanto m\u00e1s porque no hay en ello ning\u00fan brillo ni ninguna ventaja exterior, sino muchas preocupaciones y solicitud, y a veces incluso rechazos y desprecios por parte de estos se\u00f1ores, que no sobrellevan sus males con paciencia y se olvidan con frecuencia del car\u00e1cter de aquellos a quienes hablan. Esta virtud ha brillado tambi\u00e9n entre nosotros en las exhortaciones que nos daba las fiestas y domingos; se colocaba entre nosotros en los bancos, no queriendo sede particular como es costumbre hacerlo en semejante ocasi\u00f3n p\u00fablica; y como durante estos \u00faltimos a\u00f1os se adormec\u00eda f\u00e1cilmente a causa de dormir poco durante la noche y hab\u00eda trabajado mucho toda la ma\u00f1ana (estas charlas se hac\u00edan los domingos y fiestas, desde la una hasta las dos), y tambi\u00e9n por causa de su edad, adem\u00e1s de las precauciones que pon\u00eda de su parte, haci\u00e9ndose estornudar con una pluma que se met\u00eda en la nariz para despertarse, encontraba bien que alguien le tirara de los h\u00e1bitos. Cuando nos confesaba en la iglesia, no quer\u00eda tampoco silla especial, content\u00e1ndose\u00a0 con sentarse en los bancos a lo largo de los balaustres. Todo ello muestra su inclinaci\u00f3n por la humildad exterior que practicaba con tanto cuidado, y que proced\u00eda del interior para cuya conservaci\u00f3n hu\u00eda como peste de todo lo que se le opon\u00eda. De ah\u00ed este desprecio por todas las cosas de la tierra y por todas las grandezas del mundo, que \u00e9l consideraba como barro, como le dijo a uno de nuestros hermanos, el cual habi\u00e9ndole dicho que hab\u00eda propuesto a un oficial la inclinaci\u00f3n que sent\u00eda por un empleo en el que parec\u00eda de cierta preeminencia, el Sr. Cabel le dijo bien claro que all\u00ed no estaba el camino de los santos, que nunca hab\u00eda que presentarse ni adelantarse a ning\u00fan cargo, que era una tentaci\u00f3n del diablo el que solo pod\u00eda inspirar tales sentimientos. No aprobaba tampoco que nosotros los hermanos nos dedic\u00e1ramos a leer libros curiosos y elevados, sabiendo muy bien, como dec\u00eda a veces, que necesit\u00e1bamos m\u00e1s calor para servir a Dios que luces para conocerle, dado que, para gente que hace todos los d\u00edas tantos ejercicios espirituales como nosotros hac\u00edamos, las luces que no nos faltan\u00a0 y que el libro mismo de nuestras reglas es suficiente para conducirnos a una eminente perfecci\u00f3n, si se practica bien. Se puede creer que una conducta as\u00ed, que \u00e9l trataba de inspirar, no proced\u00eda m\u00e1s que del afecto por la humildad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su<\/em> <em>mortificaci\u00f3n<\/em>. \u2013Pod\u00eda decir con el Ap\u00f3stol que su cuerpo estaba siempre rodeado de la mortificaci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or, a fin de que la vida de nuestro divino Salvador se manifestara en \u00e9l; los grandes trabajos que ha emprendido por la salvaci\u00f3n de las almas son una prueba de ello. No era m\u00e1s que di\u00e1cono cuando iba ya a misiones con nuestros sacerdotes de Annecy. Una vez ya sacerdote, en 1642,\u00a0 fue vicario de una parroquia grande, y despu\u00e9s de cuarenta y seis a\u00f1os de sacerdote ha trabajado sin descanso hasta la muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Apenas la campana de levantarse a las cuatro de la ma\u00f1ana hab\u00eda acabado de sonar, cuando se le ve\u00eda salir de su habitaci\u00f3n, aun con los grandes fr\u00edos, sin ropa de cama, como si se tratara de los grandes calores de verano, para ir a saludar a Nuestro Se\u00f1or; volv\u00eda por su ropa y se dirig\u00eda a la oraci\u00f3n. Nunca se calentaba en invierno, por duro que fuera el fr\u00edo y por septuagenario que fuera, y con todas sus enfermedades; paseaba despu\u00e9s de la comida lo que pod\u00eda, para calentarse un poco los pies. No desayunaba nunca, aunque su edad hubiera parecido necesitar este alivio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Estaba sometido a varias debilidades corporales, pero su gran mortificaci\u00f3n se las hac\u00eda despreciar. Me dijo hace unos a\u00f1os que, desde hac\u00eda treinta a\u00f1os, uno de sus intestinos le sal\u00eda por el ano de suerte que vi\u00e9ndose obligado a veces a tomar medicina le resultaba un gran motivo de mortificaci\u00f3n y una gran incomodidad en todo tiempo y en todo lugar. Aparte de eso, ten\u00eda desde hac\u00eda mucho una hernia por la que sufr\u00eda mucho sin quejarse. Su mortificaci\u00f3n se dej\u00f3 ver tambi\u00e9n en el escaso cuidado que se tomaba para sus comodidades, content\u00e1ndose con lo m\u00e1s necesario; como tambi\u00e9n en el amor al trabajo, sin rechazar cualquier cosa que le impusieran, y sin decir nunca: Ya basta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pod\u00edamos incluir tambi\u00e9n en este apartado el cuidado que ten\u00eda en guardar la modestia, en todo su exterior, y que estaba siempre bien compuesto; caminaba siempre al mismo paso y sin precipitaci\u00f3n, aunque fuera siempre bastante r\u00e1pido. Esta modestia se reflejaba sobre todo en el coro. No se dispensaba nunca del oficio a no ser por razones leg\u00edtimas como la confesi\u00f3n o la predicaci\u00f3n a los pensionistas. Se manten\u00eda en su sede como una estatua, no produciendo otro movimiento que el del coro o de los labios para alabar a Dios. En el altar estaba como un \u00e1ngel; dec\u00eda la santa misa con un fervor que encantaba a los que se fijaban; nunca se apoyaba en el respaldo de la sede, pero se sentaba en el puro borde, manteni\u00e9ndose siempre recto estando sentado o de pie. No miraba a la cara a las personas a quienes hablaba, y elevaba los ojos al cielo a menudo al hablar y no alzaba la voz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Lo que le sosten\u00eda en una gran modestia era su uni\u00f3n continua con Dios interiormente, as\u00ed que lo que parec\u00eda por fuera no era sino un reflejo de su modestia interior, sin la cual la exterior\u00a0 no es m\u00e1s que pintura que enga\u00f1a a los que se divierten con ella. Cuando iba y ven\u00eda, oraba a Dios vocalmente, cumpliendo as\u00ed a la letra lo que dice Santiago que hay que orar siempre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Estaba siempre lleno interiormente del esp\u00edritu de penitencia y de mortificaci\u00f3n y, como es de presumir no se perdonaba en las necesidades p\u00fablicas, por las cuales dec\u00eda con frecuencia en la santa misa tantas colectas como se pueden decir; lo que hac\u00eda que se prolongara un poco, pues era algo acomodaticio en este punto, no siendo ni demasiado largo ni demasiado corto;\u00a0 como tambi\u00e9n cuando ten\u00eda que estudiar los casos que se refer\u00edan a los pecados de la carne, para reprimirla por el saco y el cilicio con los que es de creer que se cargaba en estas ocasiones, como se lo dice, hablando en general, a estos Srs. pensionistas de este vicio \u00abEs preciso (son sus propias palabras), cuando uno se ve obligado a estudiar esta clase de materias, cargarse de penitencias y de cilicio para cortar las revueltas de la carne\u00bb. Se puede decir tambi\u00e9n lo mismo de este hombre de Dios, cuando en las parroquias o en las misiones estaba obligado a confesar a toda clase de personas, cuyos vicios m\u00e1s comunes son la impureza y la borrachera; pero sobre todo cuando encontraba a personas t\u00edmidas a quienes les cuesta descubrirse a un confesor sobre la materia del sexto mandamiento y se tiene la obligaci\u00f3n de descender a lo particular del vicio para asegurar su conciencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su mansedumbre. \u2013<\/em>Aun cuando fuera austero consigo mismo por la inclinaci\u00f3n que ten\u00eda hacia los sufrimientos\u00a0 y la mortificaci\u00f3n, no ten\u00eda humor molesto ni ninguna virtud inc\u00f3moda para el pr\u00f3jimo. Ten\u00eda un acceso f\u00e1cil, demostrando una gran afabilidad y serenidad en su rostro. No hac\u00eda nada con precipitaci\u00f3n o aturdimiento; sino que todas sus acciones y sus palabras estaban compuestas y articuladas. Ten\u00eda un gran aguante con el pr\u00f3jimo, y preciso era que fuese grande para soportar como lo ha hecho durante tantos a\u00f1os a esp\u00edritus tan poco d\u00f3ciles como son la mayor parte de estos se\u00f1ores que \u00e9l gobernaba, para tenerlos a todos contentos con su direcci\u00f3n, como ellos lo dec\u00edan en sus encuentros; como tambi\u00e9n respecto de nosotros hermanos la mayor parte de los cuales no tiene una gran educaci\u00f3n en el mundo. Esta dulzura se manifestaba en particular en las repeticiones de oraci\u00f3n, en el tiempo de los retiros, donde algunos, por olvido, volv\u00edan a repetir lo mismo o dec\u00edan algo fuera del tema, cosas risibles por simpleza, y no obstante \u00e9l no los reprend\u00eda, sino que los escuchaba con paciencia hasta el final sin demostrarles el menor descontento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Mostraba gran compasi\u00f3n a los que ca\u00edan por debilidad y los excusaba con toda la caridad posible. Cuando alguno de los hermanos iba verle por alguna preocupaci\u00f3n espiritual o por alguna tentaci\u00f3n, le recib\u00eda con una dulzura incre\u00edble y se las arreglaba para dejarle contento, consolado y animado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su celo. \u2013<\/em>Procuraba con mucho fervor todo lo que contribu\u00eda a la gloria de Dios, y alejaba siempre que pod\u00eda lo que le era opuesto. Ten\u00eda el don de las l\u00e1grimas y le empleaba como el profeta-rey en llorar las injurias hechas a Dios\u00a0 y la p\u00e9rdida de los pecadores, y no ten\u00eda gozo m\u00e1s grande que ver a Dios bien servido y muy honrado. Amaba el ornamento de su casa, que es la iglesia, y sent\u00eda mucho las irreverencias que se comet\u00edan en ella; reprend\u00eda valerosamente a los escandalosos, a los blasfemos y a los pecadores p\u00fablicos. Por \u00faltimo, el mismo celo de la gloria de Dios le llevaba a alabar y honrar a los santos y a procurar que se los honrara; y para ello, cuando predicaba a los Srs. pensionistas, no dejaba de anunciar todos los domingos despu\u00e9s de su exordio, antes de entrar en materia, las fiestas principales de la semana que no son m\u00e1s que de devoci\u00f3n, exhortando a todos a pasar esos d\u00edas devotamente en las virtudes de las que cada santo nos ha dado ejemplo. Ten\u00eda muy en particular una tierna devoci\u00f3n a la sant\u00edsima Virgen, a cuyo altar llegaba con frecuencia un poco antes del examen general para rezarle alguna oraci\u00f3n; y para mostrarle y a todo el mundo que estaba entregado a su servicio, llevaba el rosario en su cintura, seg\u00fan la laudable costumbre que nuestro venerable fundador ha introducido, a la que llamaba santa y dec\u00eda que deb\u00eda observarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El celo por la gloria de Dios produc\u00eda en \u00e9l el celo de su propia perfecci\u00f3n. Eso se ha visto por el gran afecto que ten\u00eda a la oraci\u00f3n mental seg\u00fan el m\u00e9todo ense\u00f1ado por san Francisco de Sales y por nuestro venerable fundador, y ha sido uno de los m\u00e1s fervientes en condenar el m\u00e9todo de los jansenistas de aquel tiempo, porque ve\u00eda que llevaba a la ilusi\u00f3n y al error, y que \u00e9l era del parecer que no hab\u00eda que reducir en m\u00e9todo lo que no era m\u00e1s que un don de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ten\u00eda en una alta estima todas las santas reglas, costumbres o usos de la Compa\u00f1\u00eda; \u00e9l las ha practicado con gran celo y por el gran amor que ten\u00eda a su vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Celebraba o\u00edr hablar de Dios, sea en las conferencias sea en cualquier otra parte, y lo sent\u00edas de verdad cuando se hallaba en conversaciones donde no se hablaba m\u00e1s que de bagatelas, o de cualquier otra cosa, o de las novedades, como me ha contado alguna vez. Ten\u00eda varias pr\u00e1cticas de fervor por las cuales se manten\u00eda en la devoci\u00f3n; de manera que en las repeticiones de oraci\u00f3n de la comunidad o en nuestros retiros, e incluso en sus predicaciones, le costaba contener las l\u00e1grimas y evitar los sollozos, lo que proced\u00eda de su don de l\u00e1grimas y de la unci\u00f3n de su devoci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su celo por la salvaci\u00f3n de las almas. \u2013<\/em>Siendo tan celoso de la gloria de Dios y de su propia santificaci\u00f3n, no pod\u00eda evitar, como ya se ha dicho, ser muy celoso de la salvaci\u00f3n de las almas. Sab\u00eda que es uno de los sacrificios m\u00e1s agradables que se pueda hacer a Dios el de entregarse sin reserva a la salvaci\u00f3n de las almas rescatadas por la sangre preciosa de Jesucristo, y era con vistas de esta santa muerte y pasi\u00f3n como predicaba con tanto celo para tratar de hacer de suerte que la sangre de este divino Salvador no les fuera in\u00fatil. Esta era a raz\u00f3n por la que no se ahorraba esfuerzos, teni\u00e9ndose por demasiado afortunado al consumir su vida por el mismo fin que su divino Maestro hab\u00eda dado la suya.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Cada a\u00f1o, por semana santa, se tomaba un d\u00eda para o\u00edr la confesi\u00f3n de aquellos de entre los pensionistas alienados en quienes advert\u00eda algo de raz\u00f3n; luego les daba a todos en general la bendici\u00f3n; y para ello advert\u00eda a nuestros hermanos que se ocupaban de ellos, dos o tres d\u00edas antes para hacerles subir a la capilla en el momento se\u00f1alado. Cuando alguno de esta pobre gente se mor\u00eda, y a\u00fan en la enfermedad y en otros tiempos ten\u00eda mucho cuidado de encomendarlo a las oraciones de la comunidad, y \u00e9l mismo no se olvidaba de\u00a0 de rezar a Dios por \u00e9l. Ten\u00eda una ternura y una devoci\u00f3n particulares por los difuntos; ya que, aparte de las misas que dec\u00eda y de las oraciones que hac\u00eda por ellos, ten\u00eda esta santa pr\u00e1ctica de dar a decir a sus penitentes al fin de cada mes un <em>De profundis <\/em>por las almas de las personas fallecidas en aquel mes; y en los d\u00edas de la Conmemoraci\u00f3n de los difuntos, hac\u00eda una ferviente exhortaci\u00f3n para que todos rezaran a Dios por las almas del Purgatorio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La fama del celo del Sr. Cabel era tal que no ha habido nadie de los que han tenido la suerte de conocerle y hablarle que no se hayan sentido muy edificados y envueltos en su virtud, y que varios han publicado por todas partes teni\u00e9ndole como santo. Veamos un ejemplo: En el tiempo en que el Sr Cabel estaba en Sedan, entre varias personas de conciencia, el principal era el Sr. mariscal de Faber, gobernador de aquella ciudad, el cual se hab\u00eda hecho recomendable a\u00a0 todo el mundo por sus virtudes heroicas. Un d\u00eda varias personas de condici\u00f3n, conversando en Par\u00eds sobre la piedad de este buen se\u00f1or, le admiraban sinceramente, cuando uno de los que compon\u00edan esta honorable asamblea y que conoc\u00eda la virtud del Sr. Cabel, dijo: \u00abSe\u00f1ores, no hay que extra\u00f1arse si ven ustedes tanta virtud en el Sr. mariscal, porque tiene a un hombre de una gran virtud y a un santo por director, que es el Sr. Cabel, sacerdote de la Misi\u00f3n y p\u00e1rroco de Sedan\u00bb. \u00c9se es un buen testimonio de la piedad y del celo de nuestro difunto, por los que ha cumplido plenamente los deberes de su ministerio\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Era fiel en hacer por caridad la correcci\u00f3n a los que ve\u00eda ofender a Dios, tom\u00e1ndose el tiempo para hacerlo. Ten\u00eda un m\u00e9todo particular al administrar el sacramento de penitencia: hac\u00eda en pocas palabras una peque\u00f1a exhortaci\u00f3n a sus penitentes, que era un resumen de lo m\u00e1s necesario, con relaci\u00f3n a aquello de lo que se hab\u00edan acusado; y como era uno de los confesores que he visto aqu\u00ed que impusiera\u00a0 las penitencias m\u00e1s fuertes, repet\u00eda dos veces la que impon\u00eda para que se acordaran mejor; se apoyaba para las penitencias que daba algo fuertes en dos principios de los cuales uno era que las penas de la otra vida eran extremas y sin ning\u00fan m\u00e9rito incluso en el purgatorio, era conveniente imponerlas en el tribunal de la penitencia que pudieran de alguna manera\u00a0 prevenir a aquellas, si no en todo, al menos en parte, adem\u00e1s de que la penitencia que va unida al sacramento es mucho m\u00e1s eficaz que la que se hace por propia voluntad; el segundo fundamento era, en aquellos que no solamente hab\u00edan merecido el purgatorio, sino varias veces el infierno se deb\u00edan aceptar las penitencias para reparar de alguna manera el placer que se ten\u00eda al ofender a Dios; que si aquellos a quienes se les impon\u00edan eran inocentes, esto les servir\u00eda de aumento de meritos; uniendo tambi\u00e9n a eso que muchos viendo que se les impon\u00eda poca penitencia se imaginan que las faltas de que se han confesado no son considerables; es lo que muchos le han o\u00eddo decir, si no en sus propios t\u00e9rminos, al menos en el mismo sentido. Hac\u00eda cuanto estaba en \u00e9l para el adelanto y la salvaci\u00f3n de las almas; pero cuando el pecador no respond\u00eda a su celo, sufr\u00eda, gem\u00eda y ofrec\u00eda sus oraciones y sus santos sacrificios a Dios para calmar su c\u00f3lera y obtener misericordia para los pobres pecadores. He advertido en el tiempo de los retiros anuales su gran celo por animarnos a trabajar\u00a0 por nuestra salvaci\u00f3n y nuestra perfecci\u00f3n; estaba tan inflamado del amor de Dios en estas ocasiones que sus palabras y su rostro estaban encendidos; y al verle y o\u00edrle, parec\u00eda que hubiera querido destilarnos su coraz\u00f3n en pleno sollozo por el impulso de su gran celo y de su amor; y apoyaba fuertemente en la cuenta que debemos dar a Dios por todos los medios de los que ha privado a otros que tal vez habr\u00edan hecho mejor uso de ellos. Nos dec\u00eda incluso que no hab\u00eda hermanos en las religiones o comunidades que tuvieran tantos auxilios espirituales como tenemos nosotros, y se sorprend\u00eda que muchos no sacaran provecho como \u00e9l lo hab\u00eda deseado.\u00a0\u00a0\u00a0 Nos recomendaba sin cesar la caridad y la observancia de nuestras reglas en general y en particular las de nuestros oficios, y sobre todo que se fuera muy obediente a los oficiales. Su celo por la conservaci\u00f3n del esp\u00edritu primitivo de nuestra Congregaci\u00f3n es inexplicable, tan grande era; todos saben que es eso lo que le llev\u00f3 a oponerse a innovaciones que algunos particulares hab\u00edan querido introducir en antiguos usos de la Compa\u00f1\u00eda, como me lo cont\u00f3 con l\u00e1grimas en los ojos el d\u00eda de Navidad de 1686; la asamblea general de 1692 ha reconocido y aprobado este santo celo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Un buen predicador. \u2013<\/em>Era un buen predicador que trataba de sobresalir tanto en la virtud y en la perfecci\u00f3n por encima de aquellos a quienes ense\u00f1aba que estaba persuadido que era el \u00fanico medio de serles \u00fatil. Nos ped\u00eda que fu\u00e9ramos humildes, muy mortificados y sumisos, y es cierto que ten\u00eda toda la raz\u00f3n, ya que es de desear para la edificaci\u00f3n de la casa y de la ciudad donde se vive y para ser el buen olor de Nuestro Se\u00f1or en todos los lugares adonde se va, y en particular para dar un gran gozo y tranquilidad a los superiores, a quienes no cuesta nada dirigir a sus inferiores cuando tienen estas virtudes, y que por el contrario no tienen penas mayor que tener que dirigir a gente que est\u00e1 desprovista de ellas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Predicaba como ya he dicho con un celo y una fuerza admirables, sobre todo a los Srs. pensionistas, cuya salvaci\u00f3n le preocupaba tanto que `parec\u00eda que les hablaba m\u00e1s bien con las entra\u00f1as que con la boca. Una vez entre otras predicando sobre la Pasi\u00f3n, su celo le transport\u00f3 tanto que se vio obligado a detenerse y acabar su serm\u00f3n en voz baja, por no permitirle los sollozos de su coraz\u00f3n y las l\u00e1grimas de sus ojos proseguir de otra forma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Practicaba lo que predicaba. He referido ya que el Sr. Cabel sobresal\u00eda en humildad y en perfecci\u00f3n y en mortificaci\u00f3n, y que \u00e9l ha practicado en estos dos puntos lo que predicaba a los dem\u00e1s; pero puedo decir que no ha sobresalido menos en sumisi\u00f3n y en obediencia; las diversas ocupaciones de las que se le ha encargado al mismo tiempo son un honorable testimonio. Ser\u00eda \u00e9ste el lugar para contar su exactitud en los ejercicios de la Comunidad, pero como ya he dicho algo de paso no dir\u00e9 m\u00e1s. Todo se entiende suficientemente en un hombre que ha conservado siempre el esp\u00edritu de su seminario y que no ha perdonado nada para escalar la cima de la perfecci\u00f3n, como lo ha hecho el Sr. Cabel. He admirado a este venerable anciano de setenta a\u00f1os ser como un ni\u00f1o en la presencia de su superior y obedecerle sin replicar a la menor se\u00f1al de su voluntad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Su obediencia. &#8211;<\/em>Le daba a entender sinceramente que estaba lleno de bondad para obedecerle y que pod\u00eda todo lo que la obediencia ordena con la ayuda divina que no falta nunca a un verdadero obediente. Cuando hablaba del superior era siempre con respeto, y no le nombraba nunca sin descubrirse profundamente, llam\u00e1ndole siempre nuestro muy honrado Padre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Hac\u00eda cuidadosamente con agrado y de buena gana lo que la obediencia deseaba de \u00e9l, y obedec\u00eda tambi\u00e9n humildemente a un oficial subordinado como al visitador y al superior general; no hay que sorprenderse, ya que obedec\u00eda por Dios a quien miraba siempre en la persona de sus superiores; era muy antiguo de vocaci\u00f3n, era h\u00e1bil y experimentado en todas las funciones de la Compa\u00f1\u00eda, era bueno para las misiones, para los seminarios, para los ordenandos, para los ejercitantes, para las parroquias. en una palabra val\u00eda para todo, siendo muy docto como le ha calificado gente bastante conocedora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Hab\u00eda sido visitador de la provincia de Champa\u00f1a, hab\u00eda sido superior de dos de las casas m\u00e1s importantes de nuestra congregaci\u00f3n; hab\u00eda presidido una asamblea provincial y hab\u00eda sido diputado a la asamblea general que eligi\u00f3 al Sr. Alm\u00e9ras como segundo superior, y a pesar de ello se le ha visto como s\u00fabdito en casas peque\u00f1as y bajo j\u00f3venes superiores comportarse con ellos humildemente como lo har\u00eda un virtuoso seminarista, y esto lo hemos presenciado aqu\u00ed con respecto a dos subasistentes que le sucedieron en este oficio, los cuales no vinieron al mundo sino varios a\u00f1os despu\u00e9s de que fuera sacerdote y misionero y con todo los respetaba en este oficio como a sus superiores\u2026Eso es ser buen predicador y hombre apost\u00f3lico practicar fielmente lo que se quiere que los dem\u00e1s hagan, por eso\u00a0 est\u00e1 en olor de santidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">As\u00ed es como hizo valer los cinco talentos que recibi\u00f3 de su divino Maestro, quien le habr\u00e1 dicho a la hora de su muerte lo que todos tenemos raz\u00f3n para creer: \u2018\u00c1nimo, siervo bueno y fiel; por haber sido fiel en lo poco, te constituir\u00e9 sobre lo mucho, entra en el gozo de tu Se\u00f1or\u2019.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Veamos lo que el Sr. Jolly, nuestro muy honorable Padre, escribi\u00f3 despu\u00e9s de la muerte de nuestro querido difunto, que confirma un poco lo que he dicho en este compendio:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En Par\u00eds, 26 de septiembre de 1688.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00ab\u2026 Es del agrado de Dios visitar a la Compa\u00f1\u00eda con frecuentes p\u00e9rdidas que hacemos de sus mejores s\u00fabditos como la del Sr. Pierre Cabel que muri\u00f3 esta ma\u00f1ana aqu\u00ed. Prestaba\u00a0 durante cerca de cuarenta y cinco a\u00f1os muy buenos servicios a Nuestro Se\u00f1or en nuestra congregaci\u00f3n, por la que ha sentido siempre el afecto\u00a0 de un verdadero hijo y un gran celo por la conservaci\u00f3n de su esp\u00edritu primitivo. Era fiel en la observancia de las reglas en su vejez como si no hubiera hecho m\u00e1s que empezar; ten\u00eda el don de las l\u00e1grimas, era sencillo, humilde, bueno, mortificado y muy celoso por la salvaci\u00f3n de las almas, en cuyo servicio fue incansable; aqu\u00ed era muy admirado vi\u00e9ndole a la edad de setenta a\u00f1os trabajar por as\u00ed decirlo como entre cuatro. Estaba amenazado de hidropes\u00eda hac\u00eda un mes y comenzaba a form\u00e1rsele los \u00faltimos d\u00edas; no dejaba de ir a confesar a la sacrist\u00eda como si hubiera estado sano, y ello hasta los dos \u00faltimos d\u00edas de su vida, que Dios se ha llevado esta ma\u00f1ana para darle en el cielo la vida eterna en recompensa por tantos trabajos como ha sufrido durante su largo peregrinar para el servicio de su divina Majestad. No me olvido de rogaros, Se\u00f1or, que le deis y tribut\u00e9is las asistencias acostumbradas\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Para concluir este resumen de la vida y de las virtudes del difunto Sr. Cabel, he cre\u00eddo que el elogio que el Eclesi\u00e1stico hace de Calef pod\u00eda convenir como las letras de su nombre al Sr. Cabel, \u00abEl Se\u00f1or dio a este mismo Caleb una gran fuerza y su cuerpo permaneci\u00f3 en su vigor hasta en su ancianidad, y subi\u00f3 a un lugar de la tierra prometida que su raza conserv\u00f3 siempre como su herencia, a fin de que todos los hijos de Israel reconozcan\u00a0 que es bueno obedecer al Dios santo en su ancianidad como si no hubiera hecho m\u00e1s que comenzar; ten\u00eda el don de l\u00e1grimas, era sencillo, humilde, bueno, mortificado y muy celoso de la salvaci\u00f3n de las almas, para el servicio de las cuales no ahorr\u00f3 esfuerzos, y se le admiraba aqu\u00ed al verle a la edad de setenta a\u00f1os trabajar por as\u00ed decirlo como entre cuatro. Estaba amenazado de hidropes\u00eda desde hac\u00eda un mes, que comenzaba a formarse hac\u00eda unos d\u00edas, no dejaba de ir\u00a0 a confesar a la sacrist\u00eda, como si estuviera sano, y esto hasta los dos \u00faltimos d\u00edas de su vida, que Dios se la ha quitado esta ma\u00f1ana para darle en el cielo la vida eterna en recompensa de tantos trabajos como ha sufrido\u00a0 durante su larga peregrinaci\u00f3n por el servicio de su divina Majestad. No se me olvida, Se\u00f1or, rogarle que le den y le tributen las asistencias acostumbradas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Para concluir este breve resumen de la vida y de las virtudes del difunto Sr. Cabel, he cre\u00eddo que el elogio que hace el Eclesi\u00e1stico de Caleb pod\u00eda convenir as\u00ed como las letras de su nombre al Sr. Cabel.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00ab`El Se\u00f1or dio a este mismo Caleb una gran fuerza y su cuerpo sigui\u00f3 con su vigor hasta en su ancianidad, y ascendi\u00f3 a un lugar de la tierra prometida que su raza conserv\u00f3 siempre como herencia suya, a fin de que todos los hijos de Israel reconozcan que es bueno obedecer al Dios santo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Sr. Cabel ha sido verdaderamente bueno, buen cristiano, buen sacerdote, buen misionero, buen predicador. 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