{"id":30733,"date":"2016-10-02T12:00:36","date_gmt":"2016-10-02T10:00:36","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=30733"},"modified":"2016-08-06T07:52:50","modified_gmt":"2016-08-06T05:52:50","slug":"san-vicente-de-paul-henri-lavedan-11","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-henri-lavedan-11\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal (Henri Lavedan) (11)"},"content":{"rendered":"<h2>Cuarta parte: Las creaciones magn\u00edficas<\/h2>\n<h3><strong>Libera una ciudad<\/strong><\/h3>\n<p>Una de las mayores preocupaciones de Vicente de Paul era la resonancia creciente de sus trabajos, en es\u00adpecial cuando cre\u00eda haber puesto todos los medios a su alcance para ocultarlos. Entonces se ve\u00eda obligado a elu\u00addir la curiosidad de que era objeto y el testimonio de gra\u00adtitud que sus admiradores deseaban ardientemente mani\u00adfestarle. Habi\u00e9ndole permitido su servicio de galeote expe\u00adrimentar las penalidades de los forzados del mar, se pro\u00adpon\u00eda consagrarse m\u00e1s que nunca a suavizarlas, cuando la fama de una acci\u00f3n, tan natural a sus ojos se lo impidi\u00f3 y como por este motivo se ve\u00eda obligado a suspender el bien comenzado, se reprochaba continuamente ser el autor desventurado de tales interrupciones. As\u00ed sucedi\u00f3 en esta \u00faltima y notable circunstancia. Debi\u00f3 abandonar Marse\u00adlla, donde, no teniendo las galeras asiento fijo en aque\u00adllos tiempos de revueltas, su presencia ajena a las cir\u00adcunstancias de su cargo, hubiera sido m\u00e1s bien in\u00fatil.<\/p>\n<p>Parte, pues, precipitadamente y hacia Par\u00eds.<\/p>\n<p>Marchaba en r\u00e1pidas etapas cuando un asunto de ca\u00adridad lo detiene en M\u00e1con. Se encuentra en medio de una poblaci\u00f3n en efervescencia, invadida recientemente por una muchedumbre de odiosos mendigos, borrachos y desal\u00admados, que siembran a su paso la inquietud y el espan\u00adto. Su n\u00famero y brutalidad aterrorizan a los vecinos, im\u00adpotentes para defenderse y m\u00e1s a\u00fan para arrojarlos del lugar. Son de temer los peores excesos. Al menor incidente correr\u00e1 sangre&#8230; y a la matanza suceder\u00e1 el pillaje, la violaci\u00f3n, el fuego y todos los horrores.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed a Vicente completamente solo, sin escolta, sin armas, en medio de aquellos par\u00e1sitos humanos que lo ro\u00addean y lo oprimen hasta sofocarlo. \u00bfQu\u00e9 har\u00e1? Otro per\u00adder\u00eda la cabeza, \u00e9l no. Desde el primer momento compren\u00adde la situaci\u00f3n. Aquellos hombres no son criminales deci\u00addidos, bandidos de oficio, sino pordioseros vagabundos a quienes la extrema miseria y m\u00e1s que nada el hambre los ha impulsado a entrar en la poblaci\u00f3n. Es posible, pues, llegar a un acuerdo. Conoce perfectamente los vagabun\u00addos y la manera de tratarlos. \u00bfLes hablar\u00e1 en tono de man\u00addato o de s\u00faplica? No, sino en el inesperado, en el \u00fanico que puede tocarles el coraz\u00f3n por provenir del suyo en el de la bondad. \u00abAl fin y al cabo, piensa, son otros tan- los galeotes\u00bb. Por consiguiente, se lamenta en lugar de re\u00f1irlos o de exhortarlos, le expone sus quejas compasivamente. Les dice que \u00e9l tambi\u00e9n sufre al ver sus mise\u00adrias y que los aliviar\u00e1. Seg\u00fan su costumbre palpa sus lla\u00adgas sin repugnancia y examina los enfermos. Acaricia los ni\u00f1os, sonr\u00ede a las madres y para probar a todos la since\u00adridad de su compasi\u00f3n declara \u00abque los considera tan viajeros como \u00e9l mismo pero que ellos podr\u00edan ser despoja\u00addos y heridos gravemente por los enemigos de su salud; en consecuencia \u00e9l quedar\u00e1 con ellos y no se ir\u00e1 sin ha\u00adberlos antes socorrido y puesto en lugar seguro\u00bb. Los mi\u00adserables se apaciguan al o\u00edr estas palabras, le obedecen y le siguen formando un inmenso reba\u00f1o, poco antes convul\u00adsionado, ahora d\u00f3cil y sumiso en torno al pastor nuevo y maravilloso. Siendo Vicente un maestro del orden, trata de hacerlo imperar en la confusi\u00f3n reinante. Aplicando su consabido y exitoso sistema de agrupaciones divide a los pobres en dos clases, los mendigos y los vergonzantes, so\u00adcorridos a, su vez por dos asociaciones una de hombres y otra de mujeres establecidas a ejemplo de las Cofrad\u00edas de la Caridad. Gracias a esta medida, hija de las circunstan\u00adcias y del llamado del gran Capell\u00e1n de todos \u00abtanto pere\u00adgrinos como reinas\u00bb, el aspecto de la ciudad cambia ente\u00adramente en menos de quince d\u00edas. Los incidentes callejeros desaparecieron; renaci\u00f3 la paz en las casas y en los es\u00adp\u00edritus; varios centenares de pobres fueron alojados, ali\u00admentados, instruidos, y consolados por la caridad p\u00fablica.<\/p>\n<p>\u00bfA qui\u00e9n atribuir una vez m\u00e1s el m\u00e9rito, sino a nues\u00adtro santo?<\/p>\n<p>Pero una vez m\u00e1s, el reconocimiento p\u00fablico asumi\u00f3 tales proporciones que hubo de sustraerse a ellas. \u00abTodos, dice en una de sus cartas, derramaban l\u00e1grimas de ale\u00adgr\u00eda, los regidores de la ciudad me dispensaron tantos ho\u00adnores que no pudiendo tolerarlos, tuve que salir oculta\u00admente para evitar los inacabables aplausos\u00bb. Lo cual no le impidi\u00f3 volver cuando lo reclamaba la necesidad pero siempre inopinadamente y sin dejar correr rumores. Se le cre\u00eda lejos y est\u00e1 all\u00ed, a pocos pasos, durante una se\u00admana, un d\u00eda, una hora. \u2014 \u00bfPero d\u00f3nde? Alguien lo hab\u00eda visto&#8230; Despu\u00e9s, apenas descubierta su presencia, se eclip\u00adsaba y desaparec\u00eda&#8230; Una vez partido, se sab\u00eda que hab\u00eda pasado la noche sobre la paja de alg\u00fan establo&#8230;<\/p>\n<p>Terminada su obra en M\u00e1con, Vicente volvi\u00f3 a Par\u00eds donde pensaba morar y dedicarse a sus pobres de la ca\u00adpital, cuando fue apartado de sus prop\u00f3sitos. Jam\u00e1s po\u00add\u00eda hacer lo que se propon\u00eda, y por esta raz\u00f3n, como he\u00admos dicho, tom\u00f3 la resoluci\u00f3n de no tener por anticipado voluntad propia y determinada. Una sola conserv\u00f3, la de seguir los ocultos designios que se opon\u00edan a los suyos y en los cuales se complac\u00eda en descubrir la voluntad de Dios. Debiendo una flota de diez galeras a las \u00f3rdenes del se\u00f1or de Gondi, invernar en los puertos del oc\u00e9ano des\u00adpu\u00e9s del sitio de la Rochela, parti\u00f3 para Burdeos a fin de efectuar una gira de caridad, como lo hab\u00eda hecho en Marsella, entre los galeotes de aquellas naves. Para me\u00adjor lograr su prop\u00f3sito obtuvo del Cardenal de Jourd\u00e9s, arzobispo de Burdeos, veinte religiosos que lo ayudar\u00edan en sus tareas. El mismo los escogi\u00f3 e instruy\u00f3 destinando dos a cada galera. Son \u00absus subc\u00f3mitres espirituales\u00bb y \u00e9l el c\u00f3mitre, el capit\u00e1n y el general de la caridad que se multiplica a bordo de cada nave prodigando sus cuidados, su palabra y su coraz\u00f3n a aquellos hombres a quienes ense\u00f1a a creer, a rezar, a amar dentro de los l\u00edmites en que puede hacerlo un galeote. Pero si no consigue inspi\u00adrarles el dif\u00edcil amor a los hombres, \u00e9l sabe muy bien ha\u00adcerse amar m\u00e1s que todos los hombres. El es para aquellos miserables un padre de entra\u00f1as maternales y obtiene de ellos lo que jam\u00e1s nadie podr\u00e1 obtener. Cuando est\u00e1 pre\u00adsente no es posible reconocerlos: tal es su compostura. Cuan\u00addo les habla se convierten en mansas ovejas. Uno de ellos, un turco, musulm\u00e1n obstinado, conmovido por su ternura renuncia a Mahoma para entregarse a Cristo a quien se consagra sirviendo a Vicente. El nuevo cristiano, bautizado con el nombre de Luis sigui\u00f3 por doquier a su libertador, y le sobrevivi\u00f3 largo tiempo, siempre inconsolable de ha\u00adberlo perdido.<\/p>\n<h3><strong>Las Landas lo reclaman<\/strong><\/h3>\n<p>Vicente se encontraba en aquella \u00e9poca en las inme\u00addiaciones de su pa\u00eds natal al cual no hab\u00eda vuelto desde hac\u00eda veinticuatro arios. Su madre muy anciana viv\u00eda a\u00fan, en compa\u00f1\u00eda de sus hermanos y hermanas. No nos ha de admirar la larga ausencia del hijo cuyas causas no eran la insensibilidad o el olvido. Vicente, pura bondad, ama\u00adba tiernamente a los suyos, pero con un afecto m\u00e1s bien interna como sucede entre las gentes de la campa\u00f1a, menos expansivas que las de ciudad, pera profundas y sinceras.<\/p>\n<p>Si en todo este tiempo no volvi\u00f3 al techo paterno era porque dosconfiaba de su coraz\u00f3n. Este hombre tan manso y tan apartado de su propia voluntad hasta parecer in\u00addiferente, trat\u00e1ndose de ciertos puntos, sobre todo de los relacionados con su misi\u00f3n, desplegaba una f\u00e9rrea energ\u00eda. Estaba convencido de que aun si\u00e9ndole penoso, su apos\u00adtolado no se aven\u00eda con los lazos familiares. Precisamente porque eran <em>lazos, <\/em>pese a su naturaleza sagrada, natural y permitida a otros, era necesario que se librase de ellos. No pretend\u00eda romperlos sabiendo que no se le exig\u00eda un sa\u00adcrificio semejante, pero no quer\u00eda que fueran para \u00e9l motivo de inquietud o preocupaci\u00f3n. Desde el momento en que se hab\u00eda propuesto abandonarlo todo, pertenec\u00eda a Dios y a todos\u2026 comprendidos \u00abentre todos\u00bb sus padres, lo cual no imped\u00eda que a pesar de tal inflexibilidad les reservase un lugar especial en su coraz\u00f3n. Las grandes almas, dota\u00addas de la flexibilidad que proviene de la gracia, poseen el arte de proceder sin equivocarse, conciliando los debe\u00adres m\u00e1s opuestos sin que ninguno se resienta y sin que este doble afecto disminuya, encontrando en este ejercicio n medio de acrecentarlo. Seguro ahora de s\u00ed mismo, decidi\u00f3 visitar a los suyos. Despu\u00e9s de la ruda y saludable prueba a la cual se hab\u00eda condenado, se sent\u00eda dichoso de poder entregarse sin escr\u00fapulos a una alegr\u00eda sin peligros. Adem\u00e1s, procediendo as\u00ed, no ced\u00eda \u00fanicamente a un deseo afectuoso mucho tiempo reprimido. Su principal finalidad era observar si despu\u00e9s de tanto tiempo la piedad de los suyos hab\u00eda sufrido menoscabo y en este caso volverlos al antiguo fervor. Comprendiendo que los t\u00edtulos y ho\u00adnores que hab\u00eda debido sufrir a pesar suyo no eran capa\u00adces de hacerle olvidar la humildad de su condici\u00f3n, se pro\u00adpuso en primer t\u00e9rmino ense\u00f1arla a amar y adem\u00e1s de\u00adclararles \u00abde una vez por todas que habiendo podido vi\u00advir hasta entonces del trabajo de sus manos, no esperasen nada de \u00e9l\u00bb. Este lenguaje y comportamiento parecen sor\u00adprendentes, sin embargo condicen con el rigorismo religio\u00adso de la \u00e9poca y con el car\u00e1cter del Capell\u00e1n que habi\u00e9n\u00addose entregado a Dios sin reserva resuelto a despojarse de todo, hubiera cre\u00eddo robar a los pobres consagrando parte de su tiempo, de su trabajo a de sus beneficios a sus parientes quienes, seg\u00fan \u00e9l eran menos necesitados.<\/p>\n<p>Los bi\u00f3grafos de Vicente nos relatan su vuelta al pa\u00eds natal con igual donaire y emoci\u00f3n. No se hosped\u00f3 en casa de su madre, sin duda para evitar enternecimientos im\u00adportunos habitando bajo el techo natal. Fue recibido por el p\u00e1rroco de Pouy, su pariente y amigo, no sin cierta confusi\u00f3n. No vari\u00f3 en este tiempo su vida ordinaria de piedad y mortificaci\u00f3n. A pesar de su edad y de las dig\u00adnidades de que lo sab\u00edan revestido, no se not\u00f3 en \u00e9l cam\u00adbio alguno. A todos les pareci\u00f3 el mismo ni\u00f1o prodigio<sup>,<\/sup> so de a\u00f1os atr\u00e1s. Sin embargo su cabeza comenzaba a blanquear. Corr\u00edan vertiginosos los minutos con la rapidez pe\u00adculiar del tiempo precioso. Los breves d\u00edas pasados en Pouy fueron demasiado cortos para sus planes y se dedi\u00adc\u00f3 a aprovecharlos de la aurora al crep\u00fasculo hasta m\u00e1s tarde. Ahito de recuerdos, comi\u00f3 poco y durmi\u00f3 mal. Las confidencias de la noche lo transportaban a un pasado que parec\u00eda de ayer, renovada con nueva frescura. Su alma rejuvenecida resucitaba a cada instante el alma de las co\u00adsas. Volvi\u00f3 a sentir la emoci\u00f3n del bosque, de los p\u00e1ramos, de otros reba\u00f1os y de otro mast\u00edn que corri\u00f3 a su encuen\u00adtro como si lo conociera; respir\u00f3 la brisa que soplaba del mar, y hasta se quit\u00f3 un momento los zapatos para cami\u00adnar descalzo sobre la arena. Descans\u00f3, so\u00f1\u00f3 y rez\u00f3 entre los \u00e1rboles del bosque. El Adour segu\u00eda desliz\u00e1ndose l\u00edm\u00adpido y majestuoso per <em>saecula. <\/em>El cielo era claustral. Las cosas ten\u00edan un aspecto de eternidad; en las tinieblas azu\u00adlinas brillaban las estrellas con el mismo destello inquie\u00adtante que all\u00e1 lejos, en otras regiones, impresionaba la re\u00adtina de los galeotes agobiados por el peso de las cadenas. Sab\u00eda que aquel era su \u00faltimo viaje al pa\u00eds natal. No vol\u00adver\u00eda a ver a su madre ni a <em>sus <\/em>parientes. Todo le habla\u00adba de separaci\u00f3n. Su coraz\u00f3n y su mente se empapaban de adioses. Eran los abrazos de la separaci\u00f3n final.<\/p>\n<p>Por fin hubo de partir.<\/p>\n<p>Aqu\u00e9l d\u00eda peregrin\u00f3 desde la iglesia de Pouy hasta la vetusta capilla de Nuestra Se\u00f1ora de Buglose en la cual, siendo pastor de pocos a\u00f1os elevara sus plegarias. Su fa\u00admilia y casi todos los habitantes lo acompa\u00f1aron al lugar, venerado entonces como nunca, pues en 1620 se le hab\u00eda restituido la imagen de la Virgen, su patrona. La esta\u00adtua, enterrada por manos piadosas hac\u00eda cincuenta a\u00f1os para sustraerla a la furia de los extremistas, fue descubier\u00adta por un ni\u00f1o, pastor como Vicente, en una marisma, al seguir a una vaca que tuvo la milagrosa ocurrencia de ir a beber en aquel sitio. Despu\u00e9s de la misa, Vicente reu\u00adni\u00f3 a los suyos en una comida \u00edntima y frugal y les diri\u00adgi\u00f3 las \u00faltimas palabras que escuchar\u00edan de sus labios: recomendaciones&#8230; casi mandatos. Los exhort\u00f3 a permanecer toda su vida en el sencillo estado en que Dios tuvo a bien ponerlos&#8230; Despu\u00e9s los bendijo y sin la menor fla\u00adqueza les dijo adi\u00f3s para siempre&#8230; Pero cuando estuvo lejos y s\u00f3lo, m\u00e1s s\u00f3lo que cuando yac\u00eda en la esclavitud berberisca, su coraz\u00f3n se estremeci\u00f3 y dio curso libre a las l\u00e1grimas. Mucho despu\u00e9s, recordando el suceso, se acusaba, ante sus hermanos en religi\u00f3n de la supuesta falta: \u00abEl d\u00eda de mi partida sufr\u00ed tanto al abandonar a mis pobres parientes, que no hice otra cosa en todo el trayecto sino llorar sin cesar. A las l\u00e1grimas sigui\u00f3 la idea de ayudarlos d\u00e1ndoles a \u00e9ste esto, a aqu\u00e9l aquello; de esta manera mi es\u00adp\u00edritu enternecido les repart\u00eda lo que ten\u00eda y lo que no ten\u00eda&#8230; \u00ab.<\/p>\n<p>Asaltado por escr\u00fapulos, temores y remordimientos no sab\u00eda c\u00f3mo prodigar su coraz\u00f3n y cumplir con su deber. A veces, recordando la pobreza en que hab\u00eda encontrado y abandonado a sus parientes, se hac\u00eda amargos reproches; otras se juzgaba culpable por abandonarse a flaquezas sen\u00adtimentales que lo distra\u00edan del servicio de Dios.<\/p>\n<p>Por m\u00e1s de tres a\u00f1os anduvo en dudas si socorrer\u00eda materialmente a sus hermanos y hermanas o no, yendo de un deseo al otro sin jam\u00e1s decidirse.<\/p>\n<p>Con el tiempo y la reflexi\u00f3n, que era en \u00e9l una for\u00adma de orar, tom\u00f3 la decisi\u00f3n m\u00e1s costosa, la de resistir a la naturaleza. No ascendi\u00f3 s\u00f3lo el \u00e1spero camino, la Pro\u00advidencia hizo la mitad. As\u00ed nos lo dice con profundo acento de gratitud: <em>\u00abDios <\/em>me <em>quit\u00f3 la ternura por mis parientes; <\/em>y aunque necesitaron de limosna Y la necesiten todav\u00eda, me concede la gracia de remitirlos a su bondad y de esti\u00admarlos m\u00e1s dichosos que si hubieran sido favorecidos\u00bb.<\/p>\n<p>Por dura que nos parezca la conducta de Vicente he\u00admos de comprenderla antes que criticarla. La moral de los santos es superior a la moral de los dem\u00e1s hombres; sien\u00adten la, preocupaci\u00f3n de obligaciones y exigencias superiores que escapan al com\u00fan de los mortales. Consideran sus deberes bajo un aspecto especial y reciben \u00f3rdenes a las cuales han de obedecer. Sus afectos naturales se transfi\u00adguran en el amor divino. Su amor es diverso del nuestro, celestial y no terreno. Sus operaciones se desenvuelven en la amplitud del infinito que los circunda. Vicente, al con\u00adfiar a Dios el cuidado de los suyos, le demostraba su con\u00adfianza de la manera m\u00e1s h\u00e1bil y segura, oblig\u00e1ndolo m\u00e1s eficazmente a socorrerlos. Ten\u00eda as\u00ed la seguridad de asis\u00adtir y enriquecer a su familia con mayores riquezas que las que \u00e9l hubiera podido ofrecerles. \u00bfPod\u00eda, adem\u00e1s, res\u00adponder de la virtud de <em>sus <\/em>hermanos y hermanas como para estar cierto de la prudencia de los mismos? \u00bfEran \u00e9stos desinteresados y sin ambici\u00f3n? Lo ignoramos.<\/p>\n<p>Es muy posible que Vicente, conociendo sus caracte\u00adres e inclinaciones naturales, temiese ver su bondad con\u00advertida en incentivo de la pereza y tener que oponer la negativa a sus pedidos frecuentes y reiterados. Antes que llegar a este extremo, prefiri\u00f3 suprimir la ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Los santos son categ\u00f3ricos, y lo son a pesar suyo por destino. Vicente no ignoraba el poder de sus plegarias di\u00adrigidas en favor de su familia. Sab\u00eda que al ser escuchadas ser\u00edan de m\u00e1s precio que todo el oro del mundo. Abando\u00adn\u00f3 a sus parientes sin pesar, aunque persuadido de no volverlos a ver, porque para \u00e9l la tierra no era m\u00e1s que un lugar de tr\u00e1nsito y etapa anterior al gran reposo de la eternidad donde no existe la palabra adi\u00f3s.<\/p>\n<p>Habiendo, pues, consumado su postrer sacrificio, libre y despojado de todo, pobre de esp\u00edritu, se\u00f1or de s\u00ed mismo como lo puede ser un hombre que no posee nada ni perte\u00adnece a nadie, servidor obligado de la miseria humana, po\u00addr\u00e1 lanzarse en adelante con todo el \u00edmpetu de su alma a la inmensidad de los designios que constituyen su voto y su anhelo.<\/p>\n<h3><strong>La misi\u00f3n<\/strong><\/h3>\n<p>Hasta entonces Vicente hab\u00eda sido el hombre ardiente y obstinado que s\u00f3lo cuenta consigo mismo para rendir el m\u00e1ximum de esfuerzo que hubiera exigido a los dem\u00e1s, quiz\u00e1 sin obtenerlo. Por raz\u00f3n de econom\u00eda se empe\u00f1aba en hacerlo todo por s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Sin ir muy lejos hubiera encontrado personas que se ofreciesen espont\u00e1nea y gratuitamente a prestar sus ser\u00advicios; pero precisamente porque se ofrec\u00edan se considera\u00adba obligado a remunerarlos de un modo o de otro y por poco que fuera, pesaba sobre sus recursos siempre escasos&#8230; mientras que \u00e9l&#8230; no estaba obligado a guardar consigo mismo ning\u00fan miramiento. Por otra parte su idea fija acerca del m\u00e9rito personal lo llevaba a rechazar cualquier ayuda; su amor a la independencia en las empresas con\u00adcebidas por \u00e9l sin auxilio alguno le induc\u00edan a continuar siendo obrero y patrono de las mismas.<\/p>\n<p>Hab\u00eda nacido para dirigir, tanto una vida como una comunidad, tanto una obra como una conciencia, ya fuese la de una reina o la de un galeote.<\/p>\n<p>Pero abrumado por el peso de una tarea en cotidiano crecimiento, temi\u00f3 sucumbir y accedi\u00f3 a los reiterados con\u00adsejos de la se\u00f1ora de Gondi: admitir\u00eda colaboradores for\u00admados bajo su direcci\u00f3n, celosos y experimentados en el trato de los pobres. Vicente resisti\u00f3 siempre a esta insinua\u00adci\u00f3n, confundido ante la idea de tener y formar disc\u00edpulos; pero ahora se preguntaba&#8217; si esta humildad no ser\u00eda el velo de un secreto orgullo fundado en la direcci\u00f3n exclusiva de sus obras y en el acaparamiento de la gloria ante sus ojos y los ajenos. Esta reflexi\u00f3n significaba su derrota: se di- rigi\u00f3 a la se\u00f1ora de Gondi para manifestarle que se doble\u00adgaba ante sus razones y juzgaba oportuno consolidar la obra de las Misiones seg\u00fan lo exig\u00edan su car\u00e1cter y du\u00adraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La condesa de Joigny, impresionada por el feliz \u00e9xi\u00adto de las primeras misiones del capell\u00e1n, y empe\u00f1ada en extenderlas, decidi\u00f3 destinar un fondo de 15.000 libras a alguna comunidad para que se predicasen cada cinco a\u00f1os en todos sus dominios. Vicente, a quien juzg\u00f3 digno y ca\u00adpaz de ejecutar sus proyectos, se encarg\u00f3 inmediatamente de invertir fructuosamente la suma.<\/p>\n<p>Pero sucedi\u00f3 lo imprevisto: los Jesuitas, los Padres del Oratorio, y otras Ordenes declinaron la invitaci\u00f3n, ale\u00adgando unas su escaso personal y otras los numerosos com\u00adpromisos contra\u00eddos anticipadamente. Grande fue su sor\u00adpresa al comprobar que en la pr\u00e1ctica del bien era m\u00e1s di\u00adf\u00edcil hacer aceptar el dinero que procurarlo. Sin embargo la se\u00f1ora de Gondi no se desanim\u00f3 ante el fracaso. En la certeza de que sus fondos lograr\u00edan alg\u00fan d\u00eda el destino deseado, volvi\u00f3 a sepultarlos en sus cofres. Estos reposaron durante siete a\u00f1os, pero no la se\u00f1ora de Gondi. Juzgando que el proyecto no estaba a\u00fan maduro, se consagr\u00f3 a am\u00adpliarlo y perfeccionarlo. Cont\u00f3 para ello con el concurso de su marido quien, ganado por la causa, prometi\u00f3 a\u00f1adir treinta mil libras de las quince mil donadas por su mujer. Disponiendo de este capital m\u00e1s que suficiente para co\u00admenzar, lejos de lamentar la negativa de las comunidades en las que esperaban contratar sus misioneros, se congratula\u00adron por ello. En efecto, como aseguraba Vicente, todos los a\u00f1os se un\u00edan a \u00e9l numerosos sacerdotes doctos y virtuo\u00adsos para trabajar en la campa\u00f1a. Era pues f\u00e1cil y pr\u00e1c\u00adtico formar una especie de comunidad estable y perpetua, a condici\u00f3n de procurarles una casa en que pudiesen reu\u00adnirse y vivir en com\u00fan.<\/p>\n<p>El conde de Gondi, entusiasmado por la idea, la comunic\u00f3 a su hermano el arzobispo de Par\u00eds, quien no con\u00adtento con aprobarla, prometi\u00f3 su ayuda activa.<\/p>\n<p>En cuanto a la casa, exist\u00eda una desocupada, un an\u00adtiguo colegio construido a mediados del siglo XIII y de\u00adnominado de los Buenos Hijos que ser\u00eda la cuna so\u00f1ada de la Congregaci\u00f3n; en cuanto al fundador y cabeza de la comunidad, \u00bf qui\u00e9n mejor que el indispensable se\u00f1or Vi\u00adcente?<\/p>\n<p>A pesar de su alegr\u00eda ante el \u00e9xito de sus secretos de\u00adseos se hizo rogar llevado por el h\u00e1bito de rechazar todo lo que tuviese aspecto de honor o dignidad. S\u00f3lo cedi\u00f3 an\u00adte el deber y el sacrificio. Se le demostr\u00f3 sin dificultad que aceptando el cargo se ver\u00eda frente a ambos m\u00e1s de lo que sospechaba. Pero el escozor de los escr\u00fapulos no le permi\u00adti\u00f3 dar la respuesta definitiva sino despu\u00e9s de un retiro preparatorio, en el cual, impresionado al extremo por los derroches de virtud que preve\u00eda en el futuro determin\u00f3 \u00abno emprender nada en adelante mientras durasen aque\u00adllos trasportes causados por los grandes bienes que vis\u00adlumbraba\u00bb.<\/p>\n<p>El 6 de marzo de 1624 recibi\u00f3 oficialmente el t\u00edtulo de Superior del Colegio de los Buenos Hijos, del cual seis d\u00edas despu\u00e9s, Antonio Portail, uno de sus primeros com\u00adpa\u00f1eros, tom\u00f3 posesi\u00f3n en su nombre. El de fundador de la Misi\u00f3n (este era el nombre de la nueva funda\u00adci\u00f3n) le fue acordado el a\u00f1o siguiente, el 17 de abril de 1625. No ser\u00eda desacertado atribuir tal lentitud a los de\u00adseos de Vicente, siempre propenso a evitar lo que tuviera visos de pompa o ceremonia. Quiso que esta fuese simple y sencilla; seg\u00fan su deseo realiz\u00f3se en la residencia de Con- di, calle Pav\u00e9e, parroquia de San Salvador. El se\u00f1or y la se\u00f1ora de Gondi figuran en primera l\u00ednea en las p\u00e1ginas del contrato, mientras Vicente de Paul apenas es mencio\u00adnado, ya porque \u00e9l as\u00ed lo quisiese, ya porque conoci\u00e9ndose su inclinaci\u00f3n a pesar inadvertido, se le nombr\u00f3 lo menos posible para complacerlo. Pero a pesar de faltar su nom\u00adbre donde debiera brillar, su presencia resplandece en ca\u00adda l\u00ednea del admirable documento, que lleva el trazo de su pluma y la huella de su pensamiento. S\u00f3lo \u00e9l era ca\u00adpaz de redactar las disposiciones con semejante firmeza y claridad. Cada palabra es eco del sacrificio y caridad que animaban su alma. Cuando el se\u00f1or y la se\u00f1ora Gondi se expresan diciendo <em>nosotros, <\/em>ha de sobreentenderse que Vi\u00adcente habla junto a ellos dirigi\u00e9ndolos y super\u00e1ndolos con toda su grandeza, a pesar del m\u00e9rito de los esposos.<\/p>\n<p>Ellos escribieron, pero \u00e9l compuso y dict\u00f3. A decir verdad, s\u00f3lo fueron los celosos secretarios de su genio, los generosos banqueros de su concepci\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 dicen, pues, los tres, en substancia? Lo siguiente: \u00abque compadecidos de ver a los habitantes de las ciudades plenamente instrui\u00addos mientras que el pueblo de la campa\u00f1a permanece solo y abandonado, deciden acudir en su ayuda congregando al\u00adgunos sacerdotes de sana doctrina y de reconocida capaci\u00addad y celo que se aplicar\u00e1n \u00fanica y exclusivamente a la salvaci\u00f3n del pobre pueblo, yendo de aldea en aldea a ex\u00adpensas de los fondos comunes, para predicar, instruir, ex\u00adhortar y catequizar a los pobres e inducirlos a hacer confe\u00adsi\u00f3n general, sin retribuci\u00f3n alguna, a fin de distribuir gratuitamente los dones que recibieron gratuitamente de las manos liberales de Dios&#8230; \u00ab. Estos sacerdotes no de\u00adb\u00edan ejercitar su ministerio m\u00e1s que en la campa\u00f1a; les estaba prohibido predicar y administrar los sacramentos en las grandes ciudades a <em>no ser en caso de notable necesidad; <\/em>deb\u00edan adem\u00e1s <em>asistir espiritualmente <\/em>a <em>los galeotes <\/em>para <em>que sacaran provecho de sus penas corporales. <\/em>Al observar la sencillez y precisi\u00f3n del contrato no podemos menos de admirar el perfecto desinter\u00e9s de los fundadores: lo dan todo sin pedir nada; si algo exigen no es para ellos sino para los pobres, sus eternos acreedores.<\/p>\n<p>A los dos meses de quedar concluido el asunto de las Misiones, la se\u00f1ora de Gondi cuya salud siempre delica\u00adda se resent\u00eda d\u00eda a d\u00eda, cay\u00f3 gravemente enferma. Hac\u00eda a\u00f1os que su salud se identificaba con la de las obras que sosten\u00eda. Le parec\u00eda \u2014y as\u00ed lo dec\u00eda \u2014que mientras tu\u00adviera en su coraz\u00f3n la preocupaci\u00f3n por alguna obra vir\u00adtuosa, \u00e9ste seguir\u00eda latiendo. Se encontraba entonces en la flor de la edad y pod\u00eda prometerse largos y pr\u00f3speros d\u00edas para hacer el bien en este mundo. Pero como si hubiera prodigado imprudentemente y de una sola vez toda la ca\u00adridad que debiera dispensar en su existencia entera, se en\u00adcontr\u00f3 de pronto quebrantada de cuerpo y de proyectos, desvinculada de las cosas terrenas y a punto de caer, mejor dicho, de subir, madura para el cielo. El derroche de ener\u00adg\u00edas empleado en la \u00faltima y gran obra, parec\u00eda atajarle los pasos para cualquier otra empresa.<\/p>\n<p>El acta de nacimiento de la Congregaci\u00f3n ten\u00eda para ella el valor de un testamento. Su misi\u00f3n conclu\u00eda. En este lapso de su vida y tal como siempre lo anhelara, Vicente fue su gu\u00eda.<\/p>\n<p>As\u00ed se extingui\u00f3 el 23 de junio de 1625, a los cuarenta y dos a\u00f1os de edad, la ilustre y virtuosa dama Francisca Margarita de Silly, condesa de Joigny, marquesa de Yles d&#8217;Or y otros lugares. De su f\u00edsico s\u00f3lo nos queda el retrato del grabador Duflos. En \u00e9l aparece en vestido de corte con adornos de finas perlas, cuello de gorguera a la florenti\u00adna, abanico en mano y deslumbrante de lujo y de belle\u00adza juvenil.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber cumplido con los despojos de la dama aguardaba a Vicente otro deber: anunciar la noti\u00adcia al general que en aquellos d\u00edas se hallaba de viaje por tierras del mediod\u00eda. En aquella \u00e9poca era raro que en caso de ausencia, sobre todo lejana, los parientes pr\u00f3ximos del moribundo dispusiesen de los medios para llegar a tiempo y recibir el \u00faltimo suspiro. La agon\u00eda no espera.<\/p>\n<p>Por diligentes que fuesen los deudos en pagar gu\u00edas y caballer\u00edas, la muerte cabalgando con mayor presteza so\u00adl\u00eda llegar antes que ellos. Ocurr\u00eda tambi\u00e9n que se hac\u00eda tarde para prevenirlos por medio de un correo, cuando el enfermo empezaba a peligrar, y \u00e9ste deb\u00eda partir sin con\u00adtemplar el rostro en que hubiera deseado fijar el adi\u00f3s de su postrer mirada y privado de los brazos en que hubiera repo\u00adsado dulcemente. Vicente antes que escribir, prefiri\u00f3 di\u00adrigirse a la Provenza al encuentro del se\u00f1or de Gondi para atenuar mejor el golpe que habr\u00eda de recibir. As\u00ed lo hizo gracias a la ciencia de su coraz\u00f3n, empleando todas las precauciones imaginadas y apaciguando la desesperaci\u00f3n que result\u00f3 de la fatal nueva. Pose\u00eda como nadie el don de consolar. Las mayores penas se esfumaban ante la vir\u00adtud de su palabra, la fuerza de su confianza en Dios, de su fe en la eterna reuni\u00f3n merecida y ganada con la be\u00adlleza del amor. El se\u00f1or de Gondi encontr\u00f3 en Vicente el director espiritual y el apoya necesario a semejante prue\u00adba, pero qued\u00f3 definitivamente consolado. La muerte de su esposa lo separ\u00f3 de todo. Abatido, flotando a la deriva como un le\u00f1o de la pobre barca de su vida, y no viendo m\u00e1s refugio que Dios, resolvi\u00f3 consagrarle el resto de <em>sus <\/em>d\u00edas. Vicente lo comprend\u00eda demasiado para oponerse a sus prop\u00f3sitos. Su primera intenci\u00f3n fue abandonar la casa se\u00f1orial donde ya nada lo reten\u00eda. Aunque la difunta pidi\u00f3 expresamente en su testamento que su capell\u00e1n \u00abpermane\u00adciese junto a su marido y a sus hijos\u00bb y no obstante las instancias del general en igual sentido, Vicente demand\u00f3 y obtuvo su libertad. Poco despu\u00e9s el se\u00f1or de Gondi, re\u00adnunciando al mundo y abandonando t\u00edtulos, fortuna, em\u00adpleos, dignidades, honores, llevando s\u00f3lo su ilustre nombre del que tambi\u00e9n se hubiera despojado de buena gana, fue a ocultar su gloria en el Oratorio, fundado por el se\u00f1or de B\u00e9rulle en 1621.<\/p>\n<p>All\u00ed lo aguarda la oraci\u00f3n como lo prescrib\u00eda esta pa\u00adlabra grave y radiante: <em>oremos. <\/em>As\u00ed se prepara a reunirse en la tumba y en el m\u00e1s all\u00e1 con la compa\u00f1era de su vida sepult\u00e1ndose ya en vida. Esta renunciaci\u00f3n, cuyo eco fue enorme en la Corte y en la ciudad, aument\u00f3 a\u00fan m\u00e1s el poder espiritual de Vicente a quien se le atribuy\u00f3, aunque su acci\u00f3n, como lo hemos visto, fue muy indirecta. Tal vez la larga amistad con el santo, el ejemplo e irresistible in\u00adfluencia de su virtud, fueron para el futuro oratoriano una preparaci\u00f3n misteriosa y providencial.<\/p>\n<p>El se\u00f1or de Gondi vivi\u00f3 treinta y cinco a\u00f1os en el retiro de la religi\u00f3n, dejando despu\u00e9s de su muerte, fama de hombre excepcional y \u00abtan distinguido en la oscuridad por su piadoso renunciamiento, por su alteza de alma y su mortificaci\u00f3n, como ilustre en el siglo por su valent\u00eda y el brillo de su celo al servicio del rey\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuarta parte: Las creaciones magn\u00edficas Libera una ciudad Una de las mayores preocupaciones de Vicente de Paul era la resonancia creciente de sus trabajos, en es\u00adpecial cuando cre\u00eda haber puesto todos los medios a su &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-henri-lavedan-11\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":398801,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[5],"tags":[224,119,125,172,127,117,120,128],"class_list":["post-30733","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vicente-de-paul","tag-berulle","tag-gondi","tag-joigny","tag-pobreza","tag-portail","tag-pouy","tag-senora-de-gondi","tag-silly"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>San Vicente de Pa\u00fal (Henri Lavedan) (11) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-henri-lavedan-11\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"San Vicente de Pa\u00fal (Henri Lavedan) (11) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Cuarta parte: Las creaciones magn\u00edficas Libera una ciudad Una de las mayores preocupaciones de Vicente de Paul era la resonancia creciente de sus trabajos, en es\u00adpecial cuando cre\u00eda haber puesto todos los medios a su ... 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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