{"id":30579,"date":"2014-03-14T08:43:43","date_gmt":"2014-03-14T07:43:43","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=30579"},"modified":"2016-07-27T12:10:01","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:01","slug":"m-berthe-1622-1694-primera-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/m-berthe-1622-1694-primera-parte\/","title":{"rendered":"M. Berthe (1622-1694?). Primera parte"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\"><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/santiago-ramiro-abadia-ortiz\/biografias-paules-345\/\" rel=\"attachment wp-att-128931\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-128931\" alt=\"Biografias Pa\u00fales\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/01\/Biografias-Pa%C3%BAles.jpg?resize=232%2C300\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>Thomas Berthe naci\u00f3 en 1622, en Dionchery, peque\u00f1a ciudad fuerte de la di\u00f3cesis de Reims, a una legua y media de Sedan, hacia el Occidente, sobre la orilla derecha del Meuse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">No poseemos sobre \u00e9l el menor detalle biogr\u00e1fico antes de su entrada en San L\u00e1zaro, que tuvo lugar el 26 de noviembre de 1640. Cinco a\u00f1os despu\u00e9s, el 8 diciembre de 1645, era admitido a pronunciar los santos votos. En 1649, suced\u00eda al Sr. Cuissot, en la direcci\u00f3n del seminario de los Bons-Enfants. En 1651, el Sr. Berthe fue reemplazado en los Bons-Enfants por el Sr. Guillaume Cornuel, y debi\u00f3 dedicarse por completo al alivio de Picard\u00eda: \u00ab<em>No fue hasta1660, <\/em>dice el Sr. abate Maynard, <em>cuando Vicente envi\u00f3 a Picard\u00eda sus primeros socorros y sus primeros agentes. Pero hac\u00eda quince a\u00f1os ya que esta provincia y todos los pa\u00edses lim\u00edtrofes eran presa de los males cuya tard\u00eda revelaci\u00f3n nos encontrar\u00eda incr\u00e9dulos, si no estuvieran atestiguados por los documentos m\u00e1s aut\u00e9nticos. Es suficiente, para convencerse leer el informe este mismo a\u00f1o de 1651 por los misioneros encargados por san Vicente de subvenir a las necesidades de este provincia desolada: \u00abEn todas las fronteras de Picard\u00eda, que los misioneros no hab\u00edan podido hasta entonces m\u00e1s que recorrer r\u00e1pidamente se dirigieron conboys de mulos cargados de v\u00edveres para los hambrientos, de ornamentos para las iglesias, de v\u00edveres y mantas para los enfermos. Si bien todos eran llamados a tomar parte en este abastecimiento, todos, ay, no pudieron ser elegidos. No obstante, por todas partes estall\u00f3 un concierto de alabanzas y de agradecimientos. No se puede decir, escrib\u00edan los misioneros, qu\u00e9 estallido produce eso en nuestras fronteras, que no se habla de otra cosa, y aquellos de nuestros pobres que se curan, a quienes hemos comprado algunos \u00fatiles\u00a0 con este socorro lanzan gritos al cielo por sus bienhechores. Ha habido tantos que en el \u00fanico pueblo de Guisa, de quinientos enfermos que ten\u00edamos, hay trescientos curados, a quienes hemos comprado herramientas para que se ganen la vida, seg\u00fan la costumbre de su vocaci\u00f3n. Pero el gasto no disminu\u00eda por eso en esta parte, porque los misioneros hab\u00edan transportado en treinta y cinco pueblos del decanato de Guisa los socorros que la curaci\u00f3n de los enfermos\u00a0 de la ciudad pon\u00eda a su disposici\u00f3n. All\u00ed, en efecto hab\u00edan encontrado\u00a0 a m\u00e1s de seiscientas personas reducidas a tal miseria, que habi\u00e9ndose comido los pocos granos de su cosecha, se lanzaban sobra los esqueletos de perros y de caballos, restos del encarne de los lobos. Recorr\u00edan todos estos pueblos con un peque\u00f1o caballo siempre cargado de v\u00edveres, y mientras que los hermanos distribu\u00edan esta limosna, cuidaban, vendaban a los enfermos, confesaban a todos los desdichados. La misma conducta en los alrededores de Laon donde, algunos d\u00edas antes, tres pobres del campo hab\u00edan aparecido muertos en el pav\u00e9s<\/em>\u00ab.<span id='easy-footnote-1-30579' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/m-berthe-1622-1694-primera-parte\/#easy-footnote-bottom-1-30579' title='Maynard, Vida de san Vicente, tomo IV, p. 162.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00ab<em>Se advierte, <\/em>dice tambi\u00e9n el abate Maynard, <em>en una carta dirigida a san Vicente por el magistrado de Reims, la menci\u00f3n de un misionero, constituido por \u00e9l intendente o inspector general de la empresa caritativa. En efecto, Aparte de los misioneros distribuidos en las diferentes di\u00f3cesis, Vicente hab\u00eda se\u00f1alado r\u00e1pidamente a otro, lleno de tanta inteligencia como de celo, a quien hab\u00eda confiado autoridad sobre sus cohermanos, con la direcci\u00f3n de la obra. Era su ojo y su brazo propio, su ministro en el departamento de la caridad extranjera. Este sacerdote ten\u00eda misi\u00f3n de recorrer incesantemente las dos provincias (Picard\u00eda y Champa\u00f1a) para reconocer los puestos que deb\u00edan ser ocupados, el varadero estado de los pobres; para dirigir y velar el modo de Actuar de los misioneros y buscarles suplentes entre las personas caritativas en todos los lugares donde no pod\u00edan establecerse; para normalizar el gasto, aumentarlo o disminuirlo en la proporci\u00f3n del n\u00famero y de la necesidad de los pobres y de los enfermos. De todo ello daba cuenta a san Vicente, y \u00e9ste, a su vez, informaba a las Damas de la Caridad, en la asamblea que se celebraba cada semana, por la necesidad de la Obra de las provincias<\/em>\u00ab.<span id='easy-footnote-2-30579' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/m-berthe-1622-1694-primera-parte\/#easy-footnote-bottom-2-30579' title='t. IV, p. 168'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>\n<p style=\"text-align: justify\">El s\u00fabito desplazamiento del Sr. Berthe, que no llevaba m\u00e1s que un a\u00f1o o dos de superior de los Bons-Enfants, y el caso que san Vicente hizo luego de su sabidur\u00eda y de su alta experiencia nos inducen a creer que el retrato trazado aqu\u00ed por el sabio historiador de nuestro bienaventurado Padre no es otro que el del celoso misionero cuya vida resumimos aqu\u00ed. M\u00e1s tarde, en 1656 cuando se trate de enviar al Sr. Berthe a una misi\u00f3n extraordinaria, al L\u00edbano, san Vicente, c\u00f3mo es propio de esta obra, llamar\u00e1\u00a0 como testimonio los elogios que de \u00e9l hicieron las Damas de la Caridad, sobre su conducta en Picard\u00eda y en Champa\u00f1a. Por lo dem\u00e1s, la carta siguiente, escrita por san Vicente al Sr. Bert, en Laon, el mes de octubre de 1652, no servir\u00eda de poco para confirmar esta conjetura, que equivale para nosotros a una certeza:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>Paris, 19 octubre 1652.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abMonsieur,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>Sigo sintiendo pena por el estado en que os encontr\u00e1is, deseo tanto, si es del agrado de Dios, que ya os hay\u00e1is recobrado del todo. Os ruego no obstante que no os deis prisa por actuar, sino que teng\u00e1is mucho cuidado de restableceros. Todav\u00eda no he recibido vuestra carta, que deb\u00eda recibir ayer; dicen que el ordinario no ha llegado; he enviado cuatro veces. Cuando os sint\u00e1is con bastantes fuerzas para venir, pod\u00e9is hacerlo.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>La asamblea continuar\u00e1 la asistencia de los p\u00e1rrocos pobres y dar\u00e1 al mes los cien escudos que ha dado hasta hoy: disponed a alguna persona de ah\u00ed para recibirlos y distribuirlos fielmente, sea Mons. de J\u00e9rancourt o a alg\u00fan otro, con tal que sea caritativo y desinteresado. Dar\u00e1n tambi\u00e9n para Sedan lo que es de costumbre hacer; dad orden que el Sr. Cogl\u00e9e lo reciba en el ordinario. No s\u00e9 si son cien francos al mes; os ruego que me lo dig\u00e1is. Las cebadas se podr\u00e1n aplicar pues todas a los pobres enfermos. Os abrazo cordialmente, y soy en el amor de Nuestro Se\u00f1or, etc.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Dos meses antes, escribiendo san Vicente al Sr. Blatiron, superior en G\u00e9nova, le hab\u00eda informado ya del triste estado de la salud del Sr. Berthe, y en el mes de enero de este mismo a\u00f1o 1652, hab\u00eda anunciado al Sr. Lambert, superior en Varsovia, que el Sr. Berthe partir\u00eda sin falta para Roma. Fue hacia mediados de abril cuando el Sr. Berthe lleg\u00f3 a Roma, adonde ven\u00eda a ocupar el puesto del Sr. d\u2019Horgny, quien deb\u00eda a su vez reemplazarle en los Bons-Enfants, despu\u00e9s del Sr. Cornuel. \u00c9sta es la carta de san Vicente, que recibi\u00f3 nada m\u00e1s llegar a Roma, a prop\u00f3sito de las negociaciones para la aprobaci\u00f3n de nuestros votos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00ab25 abril 1653.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>Monsieur,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abDoy gracias a Dios por vuestra feliz llegada a Roma, y le pido que os conserve\u00a0 como lo ha hecho en el viaje y bendiga vuestros trabajos como de los m\u00e1s importantes que se puedan emprender por la Compa\u00f1\u00eda, pues se trata de su consolidaci\u00f3n. Har\u00e9is bien comenzando por las siete iglesias para pedir a Dios el \u00e9xito de este asunto y luego consultar a alguna persona que tenga gran experiencia y sea h\u00e1bil para hacerla salir a flote. Pienso que tambi\u00e9n estar\u00eda bien que hablarais con Mons. Massary, que nos honra con su benevolencia, para que os coloque con su influencia\u00a0 bajo la protecci\u00f3n de la Sagrada Congregaci\u00f3n y. con el fin de hacerles comprender que nuestros empleos son tan diversos, tan trabajosos y extensos, y que, por consiguiente, disipan, rechazan y exponen a tantos encuentros a los que se los asignan, que es dif\u00edcil que perseveren si no hay alg\u00fan lazo en la Compa\u00f1\u00eda que los retenga. Y nos pasar\u00eda como les pas\u00f3 a otras congregaciones en que los individuos no ten\u00edan ninguna obligaci\u00f3n a la obediencia, y se marchaban cuando quer\u00edan y cuando el superior quer\u00eda disponer de algunos para enviarlos lejos o cerca por la gloria de Dios, no consegu\u00eda nada, no teniendo derecho a hacerse obedecer: de manera que si los misioneros eran libres\u00a0 de hacer o no hacer el bien [252] que se propusiera, de ir o quedarse donde tuvieran m\u00e1s inclinaci\u00f3n, y de dejarlo todo seg\u00fan su primera fantas\u00eda , es casi imposible mantenernos y continuar los bienes comenzados (mucho menos emprender otros), dado que muchos son tan ligeros que lo que les guste hoy ma\u00f1ana ya se habr\u00e1n cansado. Tal vez que la Sagrada Congregaci\u00f3n estando bien informada de la necesidad de nuestros votos, por los inconvenientes que surgir\u00edan por no hacerlos, nos har\u00e1 la gracia de acudir al Santo Padre para obtenernos lo que pedimos, pues estamos dedicados a su servicio de forma muy particular.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abDeb\u00e9is sin embargo tener cuidado de no poner en duda, en las memorias y la r\u00e9plica que presentar\u00e9is, el permiso que tenemos de hacer dichos votos; pero suponiendo la costumbre en que estamos de hacerlos, exponed (como hicieron en otro tiempo algunos sacerdotes de Roma, que se erigieron en Congregaci\u00f3n y que hac\u00edan voto de estabilidad) que muchos, despu\u00e9s de pasar alg\u00fan tiempo en ella, se aburren, o son persuadidos por los padres a salir o, con alg\u00fan otro pretexto, hacen que se les dispensen sus votos por el ordinario, y As\u00ed abandonan con facilidad su empresa, por lo que la Congregaci\u00f3n recibe un notable perjuicio en sus funciones. Por eso ella suplica muy humildemente a nuestro Santo Padre que declare dichos votos indispensables a cualquiera otro que a Su Santidad y al Superior general de la Compa\u00f1\u00eda; declarar prohibido a Nuestros Se\u00f1ores los obispos dispensar de ellos en lo futuro a ning\u00fan s\u00fabdito de ella, y a los que los han hecho ya o los hagan de aqu\u00ed en adelante, dirigirse a ellos para lo mismo, ni a otro que tenga poder de dispensar votos; lo que fue otorgado a los susodichos sacerdotes. Ya buscar\u00e9 la bula y os la enviar\u00e9. Espero tambi\u00e9n que, con la gracia de Dios, logr\u00e9is un final parecido de vuestra misi\u00f3n. S\u00e9 que en Roma se siente cierta aversi\u00f3n al estado religioso, y que la idea que se tendr\u00e1 de que queremos pasar a este estado ser\u00e1 un impedimento a nuestro plan; pero podr\u00e9is asegurar de lo contrario (siendo nuestros votos simples y no de religi\u00f3n), y que la regla que hemos hecho para ello( y que Mons. el arzobispo ha confirmado, seg\u00fan la facultad que tiene de la Santa Sede de aprobar nuestras reglas) establece expresamente que nosotros no intentamos separarnos del clero ni entrar en el estado religioso. Dir\u00e9is que hemos perdido este a\u00f1o a cinco o seis personas de la Compa\u00f1\u00eda, siguiendo el parecer de alg\u00fan malintencionado que les dijo que nuestros votos son nulos, y mientras los creyeron buenos, perseveraron, tan verdad es que nuestra ligereza natural es grande, cuando no tenemos ning\u00fan lazo que retenga. En cuanto a m\u00ed, yo no tendr\u00e9 ninguno que me impida, mediante la gracia de Nuestro Se\u00f1or, ser por completo, como lo soy en su amor, etc.\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Sr. d`Horgny habiendo salido de Roma en el curso del a\u00f1o 1653, el Sr. Berthe fue superior en su lugar. \u00c9sta es la carta que recibi\u00f3 en tal calidad:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00ab18 julio 1653.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abMonsieur,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abVos nos hab\u00e9is visto aqu\u00ed o\u00edr las confesiones en sobrepelliz, lo que hacemos tambi\u00e9n en las misiones del campo y en la casa. Bueno pues, me entero que nuestra familia de Roma no tiene esta costumbre, aunque nuestros se\u00f1ores los prelados lo hayan ordenado as\u00ed. Decidle pues de mi parte que la ruego que se someta, y cuantos se cuidan de la casa y de las misiones que pongan mano firme\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El 10 de octubre siguiente, una nueva carta de san Vicente, dirigida al superior de la casa de Roma, autorizaba, exponiendo los motivos de la autorizaci\u00f3n, al Sr. Jolly a aceptar el dominio del Esp\u00edritu Santo de Toul, con la intenci\u00f3n de resignar este beneficio y de unirle a la Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Una carta de 31 del mismo mes anunciaba al Sr. Blatiron, superior de G\u00e9nova, que el Sr. Berthe iba a ser encargado de reivindicar, para nosotros solos, en la corte de Roma, el t\u00edtulo de misioneros y expresaba el dolor de que no tuvi\u00e9semos casa en Lyon donde resid\u00edan los sacerdotes que quer\u00edan llamarse con el mismo nombre que nosotros. Veremos bien pronto que estaba reservado al Sr. Berthe contribuir en gran parte a la fundaci\u00f3n de la casa deseada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La carta que san Vicente dirig\u00eda el 9\/ de noviembre de 1653 al magistrado de Valen\u00e7ay, embajador del rey de Francia a Roma, parece hacer alusi\u00f3n a la reivindicaci\u00f3n del t\u00edtulo de misionero:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abMonseigneur,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abAcompa\u00f1o la inclusa que el rey os escribe para recomendarnos a vuestra protecci\u00f3n; confieso, Monse\u00f1or, que nos equivocar\u00edamos recurriendo a este recomendaci\u00f3n si no fuera para daros un pretexto de hablar m\u00e1s a menudo de nuestros peque\u00f1os asuntos en Su Santidad y para apremiarla; pues vuestra caridad, Monse\u00f1or, es tan grande con nosotros, y nos lo ha probado\u00a0 en todas las ocasiones, que nos parece que vuestra bondad recibe nuestros peque\u00f1os intereses con tal calor como si fueran los suyos. Oh Monse\u00f1or, c\u00f3mo obliga a esta peque\u00f1a compa\u00f1\u00eda, y a m\u00ed en particular, a pedir a Dios por vos para que santifique m\u00e1s y m\u00e1s vuestra querida alma y bendiga sus conductas para el bien de su Iglesia y de este Estado. El Sr. Berthe, que cumple ahora el cargo de Superior de nuestra peque\u00f1a familia, os presentar\u00e1 el asunto presente que debemos negociar ante Su Santidad para el bien de nuestra peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda; y yo, Monse\u00f1or, os repito las ofertas de mi obediencia perpetua, que soy en el amor de nuestro Se\u00f1or, vuestro\u2026\u00bb<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El 22 de noviembre el Sr. Berthe recib\u00eda la carta siguiente:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abMonsieur,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abNo dudo que sep\u00e1is muy bien cu\u00e1nto importa que los que dirigen no hagan nada\u00a0 de importancia sino de mutuo acuerdo; alabo a Dios porque veo que est\u00e1is ya en esta pr\u00e1ctica, pulsando el parecer de dos o tres cuando se presentan asuntos que requieren esta circunspecci\u00f3n. Despu\u00e9s de recibida vuestra carta, he consultado a dos o tres de nuestros superiores para que hagan lo mismo y renovar\u00e9 esta orden en todas partes, ya que todos los d\u00edas experimento su necesidad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00bb\u00a0Fue en el transcurso de este a\u00f1o de 1653, cuando el Sr. Legendre se dirigi\u00f3 al\u00a0 principio de la cuaresma a Todi, ciudad episcopal de la Umbria, donde su celo se vio coronado por Dios de tal manera que no encontraba tiempo para satisfacer a los que ped\u00edan ser escuchados en confesi\u00f3n, aunque se pasara el d\u00eda entero en el santo tribunal. Adem\u00e1s una vez concluida su atenci\u00f3n al pobre pueblo, se entrega de lleno a la santificaci\u00f3n de algunos castillos dependientes de la ciudad de Todi donde se derramaban las mismas bendiciones sobre su santo ministerio.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">De Todi se fue a la di\u00f3cesis de Sabina donde trabaj\u00f3 en Cotto-Vecchio. En estas regiones las poblaciones ven\u00edan incluso los d\u00edas festivos de tres y cuatro millas de distancia para escuchar las predicaciones, y el d\u00eda de la comuni\u00f3n general toda la poblaci\u00f3n de las regiones circunvecinas se dirig\u00eda en procesi\u00f3n al lugar donde se celebraba la misi\u00f3n. Con la fecha de este a\u00f1o se lee en Collet: \u00abFue por las \u00f3rdenes del cardenal Brancaccio, obispo de Viterbo, como los sacerdotes de la Misi\u00f3n trabajaron en su di\u00f3cesis. Comenzaron por un pueblo grande que est\u00e1 a dos jornadas de Roma donde, a pesar de las dificultades que les hab\u00edan puesto, oyeron mil setecientas confesiones generales que se hicieron que se hicieron con grandes muestras de dolor y de penitencia\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El d\u00eda que se hab\u00eda se\u00f1alado para la comuni\u00f3n de un n\u00famero bastante alto de personas del que se sent\u00edan satisfechos, el predicador al final del discurso con el que quer\u00eda preparar al pueblo a esta grande acci\u00f3n, prohibi\u00f3 de parte de Dios a quienquiera que fuese que se acercara a la santa mesa, sin reconciliarse con sus enemigos. Esta orden comunicada de una manera viva y apremiante produjo un efecto totalmente extraordinario. A los odios violentos, que toda la energ\u00eda de los misioneros no hab\u00edan podido calmar, sucedieron reconciliaciones con las que no se contaba. Cada d\u00eda se realizaban acuerdos entre familias divididas hasta el furor. Se ped\u00edan perd\u00f3n unos a otros en las casas, en las calles, y con m\u00e1s entusiasmo aun en la iglesia, para tener m\u00e1s testigos de su dolor y de su arrepentimiento. Casi lo mismo sucedi\u00f3 con el pago de las viejas deudas y\u00a0 la restituci\u00f3n de los bienes mal adquiridos; que la injusticia fuera secreta o no, se reparaba p\u00fablicamente y se sacrificaba la reputaci\u00f3n a la justicia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Es en 1653 tambi\u00e9n cuando el Sr. Legendre, ayudado de algunos compa\u00f1eros, comenz\u00f3 su campa\u00f1a apost\u00f3lica en Torri, en la di\u00f3cesis de Sabina. La Misi\u00f3n fue singularmente bendecida por Dios, como lo probaron las restituciones, los acuerdos, el cese de las enemistades, protestadas solemnemente. De Torri se dirigi\u00f3 a Tarano, luego a Ciciguano, tierra de la di\u00f3cesis de Civita-Castellano, y todas estas misiones fueron fecundadas en frutos de restituciones, de paz y de conversiones cumplidas con gran publicidad. Despu\u00e9s de la \u00faltima misi\u00f3n, se debieron retirar a Roma porque durante la cuaresma todos los p\u00falpitos estaban ocupados por predicadores especiales. Pero llegados a Roma estuvieron lejos de dejar descansar a su celo: la princesa de Solmona les confi\u00f3 limosnas para distribuirlas a sus s\u00fabditos de la Sabina. Partieron pues al punto para Ginestra donde durante siete d\u00edas confesaron a cien personas. De all\u00e1 se fueron a Montorio, luego a Netassio, Vivaro, Scarpa, Pocili, Moreiconi y por \u00faltimo a Starzano, donde confesaron en poco m\u00e1s de un mes a 1400 personas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Veamos lo que escrib\u00eda sobre esto san Vicente al Sr. Barthe, el 2 de enero de 1654:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abLa oferta que me hac\u00e9is de vuestro coraz\u00f3n, se la he hecho yo a Dios y le he pedido que junte uno y otro en el de Nuestro Se\u00f1or. Alabo a Dios por las piedad de esta buena princesa que se cuidad de la salud y de la buena alimentaci\u00f3n de los pobres habitantes de sus tierras, como tambi\u00e9n del afecto de que da muestras hacia la Compa\u00f1\u00eda. Me satisface que le hay\u00e1is concedido un sacerdote para visitarlos y distribuirles sus limosnas, y que el Sr. Legendre se haya encontrado en lugar y estado de hacerlo lo antes posible; quiera Dios que se recupere para su mayor gloria, y seg\u00fan las intenciones de esta buena dama. Es un motivo de consuelo para nosotros que parezca que Nuestro Se\u00f1or quiera aplicar en todas partes a la Compa\u00f1\u00eda al servicio de alivio de los m\u00e1s pobres.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abEl Sr. d\u2019Horgny ha llegado aqu\u00ed hace dos d\u00eda y con buena salud, gracias a Dios; le he entregado vuestra carta, pero \u00e9l no puede contestaros hoy; ser\u00e1 por el correo ordinario pr\u00f3ximo.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abYo le he hablado de las dos casas cuya compra hab\u00e9is propuesto; no piensa sin embargo que trat\u00e9is de la granja, y os ruego que no lo hag\u00e1is. No se inclina tampoco y tomar la casa en la que resid\u00eds, ya que es demasiado cerrada en sus edificaciones y situada en un lugar en el que no nos podemos o\u00edr, lo que es de tener en cuenta en una comunidad. El aire all\u00ed no obstante es excelente, y si no veis otra cosa mejor en otra parte, pienso que har\u00e9is bien en quedaros ah\u00ed, en saber con precisi\u00f3n lo que se quiere tener finalmente, y en concluir la cosa si veis seguridad y que el precio sea razonable. Calculad de seis a siete mil libras que debemos recibir estos d\u00edas, para ayudaros a hacer esta adquisici\u00f3n, y decidme si las encontrar\u00e9is por ah\u00ed, y a cu\u00e1nto el cambio. No os escrib\u00ed la semana pasada, porque estaba en misi\u00f3n a tres leguas de Par\u00eds, donde he pasado las fiestas.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abEl Sr. d`Horgny va a trabajar el asunto del hermano Levasseur\u00a0 seg\u00fan su carta, y el primer d\u00eda os escribir\u00e1\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El 5 de junio de 1654, san Vicente consuela al Sr. Berthe porque la casa que habitan los misioneros en Roma no ha podido serles vendida como consecuencia de la negativa del propietario. Le informa que la reina de Polonia, enterada de los bienes que se hab\u00edan hecho en la misi\u00f3n de Roma, ha quedado muy impresionada y le apuesta a esperar que Nuestro Se\u00f1or proveer\u00e1 al establecimiento de la Compa\u00f1\u00eda en la Ciudad santa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El 19 del mismo mes, san Vicente le escribi\u00f3 otra vez:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abMonsieur,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abMe alegro que hay\u00e1is puesto el relato de T\u00fanez en estado de ser presentado a la Sagrada Congregaci\u00f3n\u00a0 y que Nuestros Srs. los cardenales hayan quedado satisfechos por lo que doy gracias a Dios y a vos, Se\u00f1or, que hab\u00e9is tomado parte en este trabajo.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>Las cartas de Mons. el obispo de Sarzina y del Sr. Vincenzo Greco que me hab\u00e9is enviado me han dado gozo y confianza. No puedo contestarlas ahora, porque habiendo pasado tres d\u00edas en los campos, he encontrado muchos asuntos a mi regreso, que me quitan el medio de cumplir este deber; ser\u00e1 en otra ocasi\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>En cuanto a la casa del Hibernois que se vende, no hay que pensar en comprarla, por lo que me han dicho los Srs. d\u2019Horgny y Alm\u00e9ras, por las razones que pod\u00e9is saber; hay que esperar una ocasi\u00f3n mejor\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Acabamos de o\u00edr hablar a san Vicente de las cartas de Mons. el obispo de Sarzina, que le han causado a la vez gozo y confusi\u00f3n. Es que en efecto hacia finales del mes de abril\u00a0 de este mismo a\u00f1o 1654, los misioneros de Roma fueron invitados a\u00a0 e ejercitar su celo en Sarzina en la di\u00f3cesis de Umbr\u00eda a petici\u00f3n de Mons. Beghini, obispo de esta ciudad, que hac\u00eda dos a\u00f1os ya que solicitaba la misi\u00f3n. La primera pues que se dio en esta di\u00f3cesis fue la de Sarzina misma, peque\u00f1a ciudad episcopal. La comuni\u00f3n general que no fue precedida m\u00e1s que de diez d\u00edas de ejercicios preparatorios contaba m\u00e1s de 1600 personas, tan grande hab\u00eda sido\u00a0 la edificaci\u00f3n del ejemplo dado por\u00a0 el clero que hab\u00eda asistido a todos los ejercicios teniendo a la cabeza a Mons. Beghini en persona, que presid\u00eda todas las predicaciones\u00a0 y le gustaban sobremanera. De Sarzina los misioneros pasaron a San Dami\u00e1n, donde los sollozos de los oyentes impidieron al predicador hacerse entender y donde la comuni\u00f3n general fue universal y llena de fervor. De San Dami\u00e1n se fueron a Bontagnano, Monte-Sarbo y Banchio, adonde los pueblos llegaban de cuatro y de cinco millas de distancia para asistir a los ejercicios. A pesar de las monta\u00f1as escarpadas y dif\u00edciles de atravesar, los misioneros se dirigieron tambi\u00e9n de Banchio a Bivoschio, Monte-Brialo, le Baizi y por \u00faltimo a Vargaretto, y en todas partes se recogieron abundantes frutos de vida eterna procurados por el celo de estos excelentes misioneros y la entrega toda paternal del venerable pastor, Mons. Bighini.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Despu\u00e9s de sus trabajos en Sarzina los misioneros entraron en Roma, pero no fue por mucho tiempo, ya que el mes de octubre del mismo a\u00f1o, abordaron de nuevo la Sabina, donde Foglia, Zianello, Cotonello y Castiglione fueron los afortunados testigos de su fatigas y de los \u00e9xitos proporcionados a sus sufrimientos y a su dedicaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Y no es ciertamente porque no hayan encontrado muchas dificultades por la parte misma en que hab\u00eda que esperar m\u00e1s bien entusiasmo y ayuda. Baste para convencerse con leer el extracto siguiente de una carta citada por Abelly hacia el a\u00f1o 1654:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abAunque en un principio los p\u00e1rrocos de aquellos lugares nos tuvieran por esp\u00edas y nos hubiesen hecho pasar al esp\u00edritu de los pueblos por gente sospechosa, viendo sin embargo la sencillez de nuestro proceder, el honor que nosotros les inspir\u00e1bamos, el estilo que manten\u00edamos en nuestras misiones, y principalmente que nosotros est\u00e1bamos in inter\u00e9s, se han mantenido fieles a nosotros y puedo decir que nos hemos llevado sus corazones, de lo que todos ellos han dado testimonio con l\u00e1grimas.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abNo puedo omitir algo sucedido en un lugar cercano, donde hab\u00eda un sacerdote muy vicioso, en su vida, que gloriaba de no haber venido a ninguna de nuestras predicaciones, y poco despu\u00e9s sucedi\u00f3, por un justo castigo de Dios, que fue murto miserablemente, en el mismo lugar en que hab\u00eda dicho esta fanfarronada, por otro sacerdote malo que me hab\u00eda dado hermosas palabras para hacerme creer que quer\u00eda cambiar de vida, pero sin ning\u00fan efecto\u00bb. La oferta de un establecimiento en Piemont habiendo sido comunicada por el Sr. Berthe a san Vicente, esta es la respuesta que recibi\u00f3 el 3 de julio de 1654 el superior de Roma: \u00abNos vemos obligados a este buen eclesi\u00e1stico del Piemont por el deseo que muestra de que nuestra Compa\u00f1\u00eda se establezca en Tur\u00edn; tal vez eso quiere decir que nosotros mismos ped\u00edamos la casa abandonada de la que ya os he hablado; pero no lo haremos, teniendo por m\u00e1xima, como sab\u00e9is, no introducirnos nunca en un lugar, si no somos llamados. Digamos que lo deber\u00edamos hacer en esta ocasi\u00f3n, porque ser\u00eda una puerta abierta para m\u00e1s gloria de Dios en aquel pa\u00eds, debemos estimar lo contrario y esperar que Dios sea m\u00e1s honrado por nuestra sumisi\u00f3n a la Providencia esperando sus \u00f3rdenes que si intent\u00e1ramos adelantarnos a ellas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Bajo un superior tan bueno, la casa de Roma no pod\u00eda por menos que prosperar. Los servicios que prestaba bajo la direcci\u00f3n del Sr. Berthe a la gloria de Dios y a la peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda son innumerables y san Vicente en cada una de sus cartas no deja de agradec\u00e9rselo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En su carta del 16 de agosto de 1654, a\u00f1ade:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abOh Se\u00f1or qu\u00e9 consuelo siento por la paz y la uni\u00f3n que me dec\u00eds que reinan en vuestra querida familia, y que he pedido a Dios de todo coraz\u00f3n que la conserve y perfecciones cada vez m\u00e1s. Yo la saludo prosternado en esp\u00edritu a sus pies y a los vuestros\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abNuestro Se\u00f1or ha tra\u00eddo a la Compa\u00f1\u00eda al Sr. Chardon que se hab\u00eda salido, escribe tambi\u00e9n san Vicente, el 18 de septiembre, y el Sr. Berthe que le ha recibido en Roma me escribe que le debe enviar a G\u00e9nova donde podr\u00e1 ocupar el lugar\u00a0 del buen Sr. Martin que se vuelve a Francia para ir a dirigir nuestra casa de Sedan\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Thomas Berthe naci\u00f3 en 1622, en Dionchery, peque\u00f1a ciudad fuerte de la di\u00f3cesis de Reims, a una legua y media de Sedan, hacia el Occidente, sobre la orilla derecha del Meuse. 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